Cayo Aurelio Valerio Diocleciano en Cadima

Echábamos de menos alguna moneda de este emperador procedente de Cadima, emperador con la que se puso fin a la crisis del siglo III de la que hemos hablado en diferentes ocasiones en este blog. Por fin nos ha llegado esta esperada aportación, junto a unas no menos interesantes monedas de Constancio II y Constantino I, esta última procedente de una ceca que no habíamos encontrado antes entre los ejemplares de Cadima y Baria: Heraclea. Estas tres nuevas aportaciones numismáticas no solo nos hablan de una época en la que el Imperio romano se salvó, por muy poco, de un anticipado final, también nos habla de uno de los hechos quizás más importantes de nuestra era: la adopción del cristianismo como religión del imperio. Desde las persecuciones de los cristianos por parte de Diocleciano pasamos a la persecución del paganismo por parte de Constancio II.

PROBO.jpg

Antoniniano del emperador Probo procedente de Cadima

Aunque Probo fue un buen emperador, fue asesinado por las legiones, eligiendo a Caro. Caro murió fulminado por un rayo cuando estaba luchando contra los persas. Numeriano, su hijo, no duró tampoco mucho, asesinado presuntamente a manos de su suegro Aper.

En el 284 d.C. Diocleciano dio muerte a Aper y fue proclamado emperador por el ejército de Asia Menor. En el 285 d.C., tras la muerte del hermano de Numeriano, Carino, coemperador junto a éste, el Senado reconoció la dignidad imperial a Diocleciano.

Las reformas que llevó a cabo Diocleciano dieron fin a la crisis del siglo III, que a punto estuvo con acabar con el imperio. Las reformas de Diocleciano ayudaron a estabilizarlo económica y militarmente, permitiendo que perdurase todavía unos cien años más.

DIOCLECIANO. Antoniniano, acuñado en  la oficina 5ª de Siscia (Panonia Superior), entre los años 284-294 d.C. A/ “IMP. DIOCLETIANVS AVG.” Busto radiado a derecha. R/ “IOVI. CONSERVAT. AVGG.” Jupiter estante a izquierda (poco visible). En exergo: XXI ε. XXI: Numerales indicativos de peso y valor, 20 partes de cobre por una de plata.

Diocleciano dividió el imperio en dos partes, la oriental y la occidental, que será gobernada por un emperador. Diocleciano Augusto eligió la parte oriental y  nombró a Maximiliano Augusto como emperador de la parte occidental. Cada emperador estaría auxiliado por dos Césares. Este sistema es el llamado Gobierno de los Cuatro o Tetrarquía. Cada 20 años los emperadores serían sustituidos por los Cesares, que a su vez nombrarían nuevos Césares.

Esta división dio buenos resultados, pues los diferentes emperadores y Césares podían dedicarse a los problemas de sus respectivas regiones. Diocleciano fortaleció la figura del emperador, implantando el absolutismo imperial y reforzando las tradiciones y religión romanas.

CONSTANTINO MAGNO. Follis  acuñado en  la oficina 2ª de Heraclea, en el año 324 d.C. A/ “CONSTANTIVS AVG” Busto a la derecha. R/ “(DN. CONSTANTINI MA)X AVG.” Corona de laurel con inscripción VOT/./XX y estrella debajo. En exergo: SMHB AE. 3,9 grs.  19 mm.

Diocleciano iniciaría la que se convirtió en la mayor persecución oficial del imperio contra los cristianos, pues sus ideas impugnaban las instituciones esenciales de la sociedad romana. El cristianismo fue visto desde el principio como una amenaza contra las tradiciones romanas, rechazaban los festejos públicos y se negaban a participar en el culto imperial. Los primeros emperadores se mostraron reacios a formular leyes contra ellos, la mayoría de las persecuciones se llevaron a cabo por iniciativa de funcionarios del gobierno local. Con Decio y Valeriano se empezaron a aprobar leyes contra los cristianos, obligándoles a participar de ritos paganos, pero Galieno decretó el cese temporal de la persecución.

CONSTANCIO II. Medio centenional, acuñado en la 1ª oficina de Aquileia (Italia), entre los años 355-361d.C. A/ “D. N. CONSTANTIVS (PF. AVG.)” Busto diademado a derecha. R/ “FEL. TEMP. REPARATIO” Soldado lanceando a jinete caído. En exergo: A Q P (rama) AE. 2,7 grs.  17-18 mm

Se estima que la persecución de Diocleciano se saldó con la muerte de entre 3000 y 3500 cristianos, así como la tortura, encarcelamiento o destierro de muchos otros. Sin embargo, no acabaron con la Iglesia, pero sí consiguió que se dividiera entre los que habían cumplido con las imposiciones imperiales y los que se mantuvieron puros.  Constantino I (Constantino Magno) acabó adoptando el cristianismo como el culto imperial en el 312 d.C. Con su hijo Constancio II se inició la persecución cristiana del paganismo, con nuevas leyes desde el 350 d.C. que penalizaban los sacrificios paganos y la adoración de ídolos.

 

 

 

 

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