En los últimos días hemos querido comprobar sobre el terreno el estado de la Ruta del Agua de Bédar tras el grave incendio que ha afectado a buena parte de la sierra. Aunque las llamas llegaron a aproximarse peligrosamente a los núcleos urbanos de Bédar y Bedarín, el entorno inmediato por el que discurre este conocido itinerario se ha librado, afortunadamente, de los efectos del fuego. Del mismo modo, las importantes pinturas murales andalusíes del siglo XI de la Balsa Alta de Bédar también han quedado intactas, evitando así una pérdida patrimonial de enorme relevancia.
Arriba: Contraste entre el entorno de Bédar, que ha permanecido afortunadamente a salvo del incendio, y la ladera de la sierra, completamente calcinada, visible al fondo.
Esta es, sin duda, una noticia positiva dentro de una tragedia ambiental de grandes dimensiones. Sin embargo, conviene recordar que el hecho de que la ruta no haya sido alcanzada por el incendio no significa que pueda recorrerse sin precauciones.
La Ruta del Agua continúa mostrando las consecuencias de las lluvias torrenciales sufridas el pasado año. Es cierto que se han llevado a cabo algunos trabajos de reparación, consolidándose diversos caminos e instalándose barandillas de madera en determinados puntos para mejorar la seguridad. No obstante, el itinerario sigue presentando tramos que requieren especial atención. El sector comprendido entre la Fuente Temprana y la Balsa Alta continúa siendo el más delicado, tanto por el deterioro del sendero como por la abundante vegetación, que en algunos puntos dificulta considerablemente el paso.
Arriba: Una de las protecciones de madera en un punto cercano a la Balsa Alta.
Dado que actualmente no nos consta ninguna señalización que prohíba transitar por la ruta, consideramos oportuno advertir a quienes deseen recorrerla de que no se trata de un itinerario apto para personas con movilidad reducida y de que es imprescindible extremar la precaución, especialmente en aquellos tramos que discurren junto a las acequias, donde el terreno puede resultar resbaladizo o presentar zonas estrechas y expuestas.
Arriba: Uno de los tramos más delicados del recorrido entre la Balsa Alta y la Fuente Temprana. El deterioro del sendero obliga en algunos puntos a transitar por la propia acequia, por lo que es necesario extremar la precaución.
Un patrimonio excepcional que sigue esperando protección
Si la situación del sendero invita a la prudencia, mucho más preocupante es la de uno de los elementos patrimoniales más singulares que alberga este paraje: las pinturas murales andalusíes del siglo XI.
A día de hoy permanecen completamente inaccesibles para el público, sin medidas de protección efectivas y sin que exista un proyecto conocido para su restauración, estudio o puesta en valor. Han transcurrido décadas desde su descubrimiento y, pese a tratarse de un conjunto excepcional dentro del patrimonio andalusí, su situación continúa siendo la misma: abandono e indiferencia administrativa.
Arriba: La Balsa Alta de Bédar, uno de los enclaves más emblemáticos del patrimonio histórico e hidráulico de la localidad, afortunadamente preservado del incendio.
Desde este blog hemos venido denunciando esta realidad de forma reiterada. Hemos trasladado nuestras preocupaciones tanto a las autoridades municipales como a los responsables competentes en materia de patrimonio cultural, impulsando además las iniciativas encaminadas a su estudio y difusión. Resulta difícil no constatar que buena parte del conocimiento generado sobre este enclave ha partido precisamente de este modesto espacio de divulgación, mientras las instituciones responsables siguen sin ofrecer una respuesta acorde con el valor histórico del conjunto.
Arriba: Fotografía de las pinturas murales andalusíes de la Balsa Alta de Bédar, realizada en 2004. El reportaje fotográfico llevado a cabo por este blog fue fundamental para que la profesora Carmen Barceló, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Valencia, pudiera estudiar y traducir las inscripciones conservadas. Gracias a ese trabajo se identificó el texto fundacional del conjunto: «El primero del mes de ŷumādà al-ājira del año cincuenta y cinco y trescientos. Fue escrito…», una inscripción que permite fechar las pinturas el 25 de mayo de 966, durante el califato de al-Ḥakam II. Publicados en la revista científica Al-Qanṭara bajo el título Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966), estos resultados confirmaron la extraordinaria importancia histórica de unas pinturas únicas que, pese a su relevancia y a la contribución decisiva de este blog para su documentación y estudio, continúan hoy sin protección efectiva, sin restaurar y sin posibilidad de ser visitadas.
En esta ocasión, además, las pinturas han escapado literalmente de la destrucción. Hemos podido comprobar que el frente del incendio llegó aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan, en dirección al Castillo de los Moros, una zona que todavía no nos ha sido posible visitar para evaluar su estado.
La proximidad del fuego obliga a una reflexión inevitable. De haber ardido la espesa vegetación que rodea este enclave, es muy probable que hoy estuviéramos lamentando la desaparición irreversible de un bien patrimonial único. Habría sido una pérdida irreparable para la historia de Bédar y para el patrimonio andalusí en su conjunto.
Arriba: Tramo de la Ruta del Agua entre la Balsa Alta y la fuente de los Chorreadores. Tras los daños ocasionados por las lluvias torrenciales del pasado año, el camino ha sido reparado y dotado de nuevas protecciones de madera para mejorar la seguridad de los visitantes.
Confiamos en que esta grave tragedia sirva, al menos, para poner de manifiesto la extraordinaria vulnerabilidad de estos bienes culturales. La conservación del patrimonio no puede depender únicamente de la fortuna o de que un incendio cambie de dirección en el último momento. Es necesaria una actuación decidida que garantice su protección, su estudio y su adecuada puesta en valor antes de que sea demasiado tarde.
Porque el patrimonio histórico no solo se pierde por la acción del fuego. También desaparece lentamente cuando el abandono se convierte en la norma y la inacción institucional acaba siendo la respuesta habitual.




























