Presentación de Poemas 2006-2016 de Virginia Fernández Collado

Para quien todavía no lo sepa, el 26 de mayo (este viernes) se realiza la presentación de Poemas 2006-2016 de Virginia Fernández Collado.  El acto se realizará en el Museo de Arte de Almería (Plaza Carlos Cano s/n, 04006, Almería), a las 19:00.

El libro, que el que esto escribe ha tenido la oportunidad de leer, está teniendo una repercusión notable y excelentes críticas, apareciendo en diferentes medios. El último artículo es de hoy mismo, publicado por Antonio Torres en “La Voz de Almería” al que pueden acceder pulsando sobre la imagen.

Virginia no pierde oportunidad de hablar maravillas de su pueblo, Bédar, y de su gente; una publicidad impagable dada la repercusión que está alcanzando su libro. Es más, corren rumores que en la presentación habrá novedades muy interesantes con respecto al devenir de este magnífico libro de poesías. Es por eso que esperamos que haya una más que nutrida representación del ayuntamiento en la presentación de una de las mejores obras producidas en Bédar que yo recuerde…

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El artículo no tiene desperdicio, pueden acceder a él accediendo al enlace de la imagen o bien transcrito aquí mismo:

Antonio Torres

Director de Canal Sur

Virginia Fernández Collado (Bédar, 1977) tuvo éxito en  la reciente Feria del Libro con  su antología poética Poemas  2006-2016. Se define como poeta y matiza que no se le llame poetisa. La sorprendimos en la Plaza de la Catedral firmando su última obra poética, un trabajo que condensa 10 años de creación e incluye los poemas de Depredador, una de sus obras singulares.

El viernes presentará en el Museo de Arte de Almería Poemas 2006.2016. Será presentado por representantes de la Fundación Fondo Kati como Antonio Vila e Ismael Diadié Haidara (Mali, 1957); el presidente de Unesco en Andalucía, Ángel Bañuelos Arroyo, y  los reconocidos poetas Pilar Quirosa y Juan José Ceba.  Éste  subraya el valor del silencio en la poesía de Virginia. “En mayo presentan sus libros en Almería dos poetas del silencio, que tanto respeto y me interesan: Virginia Fernández Collado y Leonardo Soriano”, explica Ceba.

Virginia Fernández tiene ojos y mirada que denotan viveza, inteligencia. Cada instante nuevo en la vida, viene con nuevas bellezas. Leer y escribir los pétalos de las flores desde Bédar. Son frases sencillas y auténticas que le delatan a una escritora que disfrutan del restaurante Miramar, la prolongación del pasillo de su casa, que llevan con acierto una familia querida y admirada por todos, Pedro Cano y Catalina Collado, junto a sus hijos Ana y Juan Pedro.

Es una mujer con gran agudeza y visión de las cosas simples para sacar lo mejor. “Me inspiran las cosas cotidianas  como la belleza de la naturaleza, los asuntos de amor, cuestiones de mi familia y de Bédar que es el pueblo de mis raíces”. Desde niña comenzó a fijarse y a conversar con los ingleses que viven en su localidad de perfil árabe y muy bien cuidada. Los extranjeros afincados en esa pequeña gran villa se mezclan con los vecinos. Todos se conocen y se llaman con sus nombres o apodos.  Esa influencia anglosajona le dota de desparpajo y seguridad.

Se nota en Virginia que desde su más tierna infancia ya disfrutaba de las costumbres de los “guiris” que pasan por el estanco de su prima Mariquitina  o la carpintería de su padre Jesús. Hasta en los hábitos se nota la influencia inglesa. “Me he quedado con la costumbre de cenar temprano, sobre las siete de la tarde, y madrugar. Esa multiculturalidad llega a toda la población”.

La poeta se dio a conocer en el  XIII Certamen de Creación Joven Ciudad de Almería. Hija de Jesús Fernández, innovador carpintero,  escribe poesía desde los 10 años, siendo su poeta de cabecera Fernando Pessoa. Profesora de Gestión y Administración de Empresas, en el IES Murgi de El Ejido, señala que la poesía es su pasión. Reitera que le supone un descanso después de enseñar contabilidad a sus alumnos. Pone el ejemplo de Pessoa, que venía del campo científico y las letras le llevaban al bienestar, rememora la poeta de Bédar, casada con un conocido profesor que se exilió de Mali

Explica a todo el mundo que Bédar tiene personalidad propia para ser visitada. “La ruta del agua es un espectáculo único con una vegetación en torno a Balsa Alta en la que el paisaje árabe se mezcla con el verde, con lo céltico, algo único”, dice, tras confesar que le da ánimo que los índices de lectura indican que se lee más que nunca.

Es consciente que para llegar hasta aquí ha habido muchas mujeres que han trabajado duro en la emigración o desde sus calles. Hace un siglo, cuando Colombine ya se paseaba por el mundo como periodista y escritora, que las mujeres trabajaran fuera del hogar era algo vulgar o con el adjetivo de pobres. Mujeres que siempre han defendido la libertad. La historia de Bédar pone acento en trabajadores que han sabido salir adelante, muchas de ellas cuidando de los hijos y del bancal por culpa de la emigración. O cuidando con final trágico a los maridos enfermos de la brutal silicosis.

 

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Seguimos con Cadima (Los Gallardos)

Seguimos aportando datos sobre el patrimonio del levante almeriense. Esta vez volvemos a la antigua villa romana de Cadima, en Los Gallardos. Todavía esperamos a que las autoridades se decidan a rescatar del olvido estos importantes restos de nuestro pasado. Mientras tanto, siguen llegándonos nuevos datos.

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Las ruinas, junto al curso del río Aguas, siguen su lenta e imparable erosión. Nuevos bloques han caído al río, otros pronto seguirán el camino.

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Los restos procedentes de esta antigua villa y que nos han hecho llegar diferentes particulares dejan bien clara la importancia de este emplazamiento arqueológico, entre ellas diversas monedas del emperador romano Constancio II, lo que eleva ya el total de monedas bajoimperiales de este emperador haladas en Cadima a 23, de un total de 86 monedas romanas que se pueden datar entre el 216 d.C hasta el 392 d.C, al final del reinado de Valentiniano II.

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Destaca una moneda recortada procedente de Arse-Saguntum, que puede datarse en el siglo uno antes de Cristo. En el lado contrario, varias monedas y un ponderal de época del Califato de Córdoba y de la Taifa de Almería (siglo X y principios del XI) indican la presencia de una población estable también durante esta época.

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Denario del emperador Caracalla del 216 d.C. procedente de Cadima.

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Antoniniano del emperador Galieno procedente de Cadima. Acuñado entre el 260 y el 268 d.C, en el reverso está representado un antílope.

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Follis de Constantino I “Magno” procedente de Cadima. Fue acuñada en Roma entre el 315 y 316 d.C.

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Nueva aportación de una moneda muy desgastada de época del emperador Valente (364-375 d.C.)

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Dos de las nuevas aportaciones del emperador Constancio II procedentes de Cadima. Se trata de dos medio centenionales de este emperador, que se pueden datar entre el 337 y el 354 d.C.

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Centenional del emperador Constancio procedente de Cadima. Moneda acuñada en un lugar tan distante de Los Gallardos como lo es Alejandría, entre el 351 y el 355 d.C.

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Fracción de dirham de Man ben Muhammad ben Sumadih, de la Taifa de Almería (1041-1051 d.C.)

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Fragmentos de “terra sigillata” decorada procedente de Cadima.

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Otro fragmento de “terra sigillata” romana decorada. Hay que destacar que se trata del mismo tipo de decoración que presenta otro trozo de “terra sigillata” procedente de la vecina Roceipón y que ya presentamos en este blog:

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Otra de las fotografías enviadas nos muestra un pequeño fragmento mural de estuco pintado, la antigua decoración de una vivienda romana de época:

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Este pequeño fragmento de estuco decorado, procedente de Cadima, nos recuerda mucho de nuevo a los observados en Roceipón, de dos poblaciones que debieron ser contemporáneas:

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En fin, las fotografías también van llegando, lo que confirma la importancia de estos enclaves.

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Restos de cerámica en Cadima.

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Fragmento de una “tegulae” (teja)  romana.

Minas San Ignacio y Santa Cecilia. Serena (Bédar)

El Hoyo Júpiter y toda la zona minera que la rodea es una de las más importantes de la sierra de Bédar. A finales del siglo XIX, y partiendo de una serie de concesiones mineras que allí poseía la familia Orozco, la todopoderosa Compañía de Águilas estableció un plan de explotación de las inmensas reservas de mineral que atesora esta sierra.

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Para que la explotación resultara rentable, se instaló en 1888 un cable aéreo de transporte hasta Garrucha, del que mucho hemos hablado. Sin embargo, fue en 1885 cuando los ingenieros cubicaron la masa de mineral e idearon un ambicioso plan de explotación de la sierra. Este plan lo debemos al ingeniero noruego Fredrik Dietrichson y al alemán Ferdinand Putz.

Descubrir este plan de acción no ha sido fácil, dado la escasez de documentación preservada, pero gracias a los escritos de Dietrichson, a varios planos conservados, a la correspondencia de Manuel Figuera y a una exhausta investigación del terreno, tenemos una buena idea de cómo se desarrollaron estas labores, hasta configurar los restos mineros que, hoy en día, pueden ser visitados en la ya conocida ruta minera de Bédar.

Una de los planos que más información han dado ha sido uno de los que más nos ha costado interpretar. Veámolos aquí escaneado y reducido (el plano original es de unos 1,8 metros de largo):

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Plano inédito de superfície de las Cañadicas en 1896 perteneciente a la planimetría de la Compañía de Águilas. Al Norte (parte superior del plano) se observa una colina y el avance de las hoyas de explotación de la mina Júpiter, las rozas Colorada y Negra. Destaca el complejo sistema de transporte en superície, con planos automotores y diferentes túneles y tolvas.

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Fotografía de Los Pinos y el barranco de la Hoya desde la cima de la colina al norte de la concesión de Júpiter.

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Desde esa cima, y hacia en NE, se observa el pozo P con su castillete en el centro del barranco de la Hoya y al fondo el impresionante cerro Cabrero.

A diferencia de la mayoría de planos, éste representa las labores superficiales del Hoyo Júpiter y de la concesión de Porfiado durante 1896. Se observan las diferentes vías de transporte de mineral y de escombros, así como los principales “hoyos” o canteras de extracción de mineral. Como punto muy interesante, se ve la salida de la galería a la altura de la cabecera del Plano Grande, punto vital que fue la base del “descifrado” del plano.

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En las laderas de este cerro no faltan preocupantes fracturas del terreno que denotan la intensa actividad de minería subterránea. en algunos lugares, las vetas de óxidos de hierro son visibles en la calcita.

De una manera resumida, y para no aburrir al lector con demasiados detalles, cabe decir que donde hoy hay un enorme hoyo, antes había un cerro. Este cerro, casi de puro mineral de hierro, fue explorado en profundidad mediante una serie de pocillos. Gracias a la información obtenida por los pocillos, Dietrichson estimó que las reservas de mineral alcanzaban los 3.000.000 de toneladas, algo que al resto de ingenieros de la Compañía le pareció excesivo, para algunos incluso una idiotez. Nadie pensaba que las reservas sobrepasaran las 750.000 toneladas, y ese debió ser el parecer de los directores de la Compañía, pues ni compraron las concesiones a sus propietarios cuando tuvieron la oportunidad, ni instalaron un sistema de transporte de demasiada capacidad (el cable era barato y fácil de construir, pero de mucha menos capacidad que un ferrocarril).

Sin embargo, el tiempo le dio la razón a Dietrichson, pues las reservas de esta zona parecía no agotarse nunca. En especial cuando empezaron a explotarse las minas aledañas, que, poco a poco, fueron conectándose al cargadero de mineral ubicado en la concesión de San Manuel.

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Al Este del cerro se observa un pequeño desmonte donde antes se situó el pozo J (que durante un tiempo confundimos erróneamente con el pozo F). El pozo en sí ya no existe, en algún momento fue cubierto. Al fondo, y ya en el barranco de la Hoya junto al camino, se encuentran las escombreras de lo que fue el pocillo de exploración nº 8, que también fue enterrado.

En lo que concreta a la explotación, las concesiones de Júpiter, Porfiado y Mahoma fueron las más productivas, junto con la de San Manuel. Todo empezó con una enorme cantera, ubicada en las concesiones de San Manuel, Porfiado y Júpiter, siendo esta última la situada más al norte. De esta cantera, donde llegaron a trabajar 200 mineros en superfície, se extrajeron cantidades ingentes de mineral, y aún la capa de mineral de hierro seguía en profundidad. El problema fue que una vez alcanzada la cota 365, la cantidad de estériles que tenían que transportar para seguir trabajando en cantera era tan grande, que no había literalmente espacio para su almacenamiento. Fue entonces cuando empezó la explotación por galerías, que partían de forma radial de la parte más al Norte, al Este y al Oeste de esta enorme cantera. Desde ahí, la explotación se dirigió fundamentalmente hacia el Oeste, pues allí la Compañía disponía de más concesiones mineras con bastante buen mineral, mientras que las concesiones mineras al norte y Este fueron adquiridas por Chávarri (Santa Catalina y la Higuera, fundamentalmente).

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Al sur del cerrillo de Júpiter nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Se tratan de las minas San Ignacio y Santa Cecilia, al norte del Hoyo Júpiter. En el terreno, totalmente colapsado, se observan parte de las labores al descubierto.

Es por eso que hoy en día se puede observar el enorme Hoyo, que se correspondería con las concesiones de Porfiado y Júpiter, y más al norte una gran cantidad de bocaminas. El explicar cómo se desarrollaron y planificaron estas labores internas es algo complicado y no es éste el lugar, pero hay que decir que las explotaciones se dividían en numerosos trabajos diferentes. Estos trabajos, también llamados “minas”, muchas veces eran entregados a partidarios (contratistas), pequeñas empresas mineras, muchas veces familiares, que explotaban a partido una pequeña parte de la mina, entregando el mineral a la Compañía. Tan solo algunos trabajos eran realizados por mineros a jornal de la Compañía, normalmente los más ricos o los que la Compañía considerara más importantes.

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El terreno irregular de las minas de San Ignacio y Santa Cecilia están sembradas de galerías y depósitos de mineral. Entre los restos, dos peligrosos pozos.

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Uno de los pozos, muy irregular y sin obra de refuerzo de mampostería, dispone de un pequeño murete en su parte superior. Siempre hay que andar con mucho cuidado por terrenos mineros.

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El segundo pozo, tan irregular como el anterior, conserva parte de una estructura de madera en su parte superior. Da la impresión que el pozo quedó al descubierto al hundirse parte del terreno.

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Vista del Hoyo Júpiter y de Porfiado desde la parte superior de las labores de San Ignacio.

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Depósitos de mineral en Santa Cecilia.

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Entre los restos, dispuestos de forma anárquica, se encuentra esta traviesa de vía minera.

En este trabajo “a partido”, muy bien documentado, participaban no pocos mineros de Bédar, en pequeñas empresas de partidarios. Algunos de los nombres de estas “minas” nos han llegado hasta hoy día, como por ejemplo “Dos de Mayo”, “Los lobos” o “la mina de Diego”, sin que sepamos exactamente donde estaban. A parte de estas “minas a partido”, las labores se dividían en diferentes sectores, independientemente de las concesiones donde se ubicaban. Estas zonas o “sectores” eran zonas más amplias que las “minas”, aunque no sabemos qué criterios seguían para realizar estas divisiones.

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Las labores al Este del Hoyo Júpiter están menos desarrolladas. No sabemos si por disponer de menos reservas de mineral o por estar demasiado cerca de las concesiones de Chávarri (la Higuera y Santa Catalina).

De esta manera, sabemos que la zona minera al Este del Hoyo Júpiter (la zona entre las concesiones mineras Mahoma y Júpiter) se llamaba la “zona de San Jacinto”. Disponemos de un plano de labores de esta zona, y tiene su interés porque se trata de toda la zona al Este del Hoyo, justo por debajo de donde se observa el Hoyo Júpiter en la actual ruta mineral y que llega hasta el pozo J, en Mahoma.

Siguiendo sin duda una forma sistemática y ordenada de trabajo, los pozos principales de extracción se denominaban con letras mayúsculas, así tenemos localizados con cierta seguridad el pozo F o “pozo de la Zaranda“, el pozo P (el que dispone de castillete), el Pozo J, el pozo M y el pozo H. Junto a éstos, había otros pocillos que eran de ventilación, con nombres de santos, sin olvidar los originales pocillos de exploración que se practicaron para explorar la zona (numerados del 1 al 10).

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Impresionante fotografía de los “balcones” y del socavón general del Hoyo Júpiter desde las labores de Santa Cecilia.

Las diferentes Hoyas o canteras (tambén rozas) a cielo abierto de Júpiter y Porfiado también recibieron nombres. Sabemos que en Porfiado se encontraban las rozas de Porfiado, San Marcos y del Teléfono. En Júpiter estaban las rozas Negra y Colorada, denominadas así por los diferentes minerales que se extraían, uno negro más rico en hierro y pobre en fósforo; y otro rojo más pobre en hierro y con más fósforo. En general, la Compañía  mezclaba los minerales de diferente calidad para obtener un producto homogéneo, en especial controlando la cantidad de fósforo, que no interesaba en absoluto a los compradores.

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Castillete del pozo P. Se trata del único castillete conservado en Bédar y que recuerda mucho a los de sierra de Almagrera. Una impresionante y simbólica obra que debería conservarse, el castillete amenaza derrumbarse si no se actúa a medio plazo.

La zona al Norte de los hoyos de Júpiter, que se encuentra justo al pie de la colina que se ve representada en el plano de superficie de 1896, fue explotada por galerías durante la fase de galerías, con varios pozos que creemos que fueron básicamente de ventilación. En esta zona se delimitaron las “minas” de las que hoy hablamos, las de San Ignacio y Santa Cecilia. Si los nombres se han conservado no es porque aparezcan en ningún mapa de los que quedan, se conservaron porque ambas minas fueron explotadas también por Hierros de Garrucha a mediados del siglo XIX. Muchos de estos antiguos nombres fueron recogidos por los mineros de Hierros de Garrucha, seguramente como parte de la información que el ingeniero Don Ovidio Fernández facilitó a Don Felipe Guillén. Los mineros de Hierros de Garrucha explotaron estas antiguas minas de San Ignacio y Santa Cecilia, explotando en retirada los pilares de mineral o “claves” que dejaron los viejos mineros, de manera que todo el terreno acabó colapsándose. Este hundimiento ha dejado una marca visible, un paisaje característico, en la zona al norte del Hoyo.

Y hasta aquí por hoy. Seguiremos con la minería de este interesante paraje.

Algunos interesantes hallazgos

En ocasiones nos envían fotografías de diversas piezas encontradas en nuestros campos. De las recibidas, queremos destacar dos piezas realmente bonitas y/o curiosas, aunque desconocemos su procedencia.

La primera se trata de una hebilla de bronce de aspecto medieval con una bonita decoración representando un león (aunque la cabeza se asemeje más bien a la de un gato)

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La segunda de ellas nos ha llamado muchísimo la atención por la figura que se representa. Se trata, al parecer, de un pequeño colgante de cobre, una especie de amuleto. La figura que se representa nos recuerda a los chamanes con características de animales que se representan en algunas pinturas prehistóricas.

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No cabe duda que este “amuleto” lleva representada una figura que porta un cuchillo en una mano y que ostenta claramente lo que parece una cola de cánido (lobo o perro). Hemos resaltado en azul la figura para que se aprecie. Podría tratarse de un chamán en alguna ceremonia, puede que íbero (no nos es desconocido el importante simbolismo que poseía el lobo para el pueblo íbero y para muchas otras culturas), aunque es algo que se escapa a nuestros limitados conocimientos. En todo caso ahí está la pieza, de indudable belleza, con tan extraña criatura que hemos decidido adoptar como logo de este blog.

Ponderal andalusí hallado en Los Gallardos

Las escasas referencias a la existencia de poblado de época hispano-musulmana en Los Gallardos provienen de los datos relativos a la excavación de emergencia realizada en Cadima por la empresa Gipsia en 2009-2010, estudio que no nos consta que haya sido publicado todavía. En este estudio se afirma que en época islámica se instaló sobre en la ubicación que antaño ocupara la villa romana conocida como “Cadima” una necrópolis de los siglos X-XIII, utilizándose algunos espacios como vertederos y un posible hogar.

Durante este tiempo nos han ido enviando diferentes fragmentos de monedas de esta época hallados en Cadima, al parecer procedentes de un área muy concreta, a tenor de la información facilitada.  Se trataría de monedas muy fragmentadas y desgastadas, que claramente han sido utilizadas para intercambios comerciales. Dos son fragmentos de época del califato, una de la taifa de Almería anexionada a la de Valencia y cuatro fragmentos de dirhams y divisores de dirham de la taifa de Almería.

Destaca especialmente el fragmento de divisor de Abd al-Aziz, rey de la taifa de Valencia, pues en ella se lee con claridad “Al-Nasir” (El Protector). Es conocido que Abd Al-Aziz nombró como gobernador de Almería a su hijo Abd Allah, al que precisamente dio el título de “Al-Nasir”. Sin embargo, Abd Allah murió muy rápidamente, sin dejar rastro de lo que hubiera podido hacer como gobernador… al menos hasta que localizamos esta moneda. Tras la muerte de Abd-Allah, el cuñado de Abd Al-Aziz, Man ben Sumadih, se independizó de Valencia, inaugurando la dinastía de los Banu Sumadih, al que pertenecen cuatro divisores de dirham encontrados en Cadima.

Este conjunto de monedas pueden comprenderse entre el año 915 d. C. y el 1051 d. C. A continuación podemos ver estos fragmentos analizados y comentados:

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 1. Año 915-916 d.C. Abd-Al-Rahman III. Califato de Córdoba.

Fragmento de dirham  correspondiente a la zona central de 0,4 gr. En su cara IA se lee “WAHDAHU LAHU (SA)RIKA” (SOLO ÉL, COMPROMISO PARA ÉL). En la cara IIA se lee el título y nombre de Abd-Al-Rahman III “AL NASIR, AL-RHAMAN”.

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2. Año 990-998. Hisham II. Califato de Córdoba.

 Fragmento de dirham  de 0,31 gramos. En la cara IA parte de la fecha de acuñación 38? H. En la cara IIA se aprecia parte de un fragmento de El Corán (Sura 61, misión profética de Mahoma).

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Fragmento de una fracción de dirhem (posiblemente medio dirhem) de 0,7 grs. En la cara IA IC: “AL-NASIR (NO DIOS) SINO DIOS … (MAHOMA EL ENVIADO DE DIOS). En cara IIA IIC: acuñación a nombre del Imán Hisam, leyendas no legibles o incompletas. Leyendas IM: ilegibles.  

 mon3mon2 4. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento de un dirham de vellón, 1,28 grs. Se aprecia la doble orla y parte de las leyendas de la cara IA.

Taifa de Almería, 433-443 H. 2,4 gr. Vellón. Man Ben Sumadih. Fracción de Dirham.  5. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento de dirham de vellón, 2,4 gramos. En IA: “NO DIOS SINO DIOS”. En IIA: “MAHOMA EL ENVIADO DE DIOS”.

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6. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fracción (divisor) de dirham recortado de vellón, 0,8 grs. 12×10 mm. Las orlas no se pueden leer por estar recortadas.  Leyenda en IA: “MAHOMA ES EL ENVIADO DE (DIOS). En IIA: “AL IMAN (…) AMIR AL-MUMININ (PRINCIPE DE LOS CREYENTES). Desgraciadamente está recortada en donde estaría el nombre el Imán.

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 7. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento (divisor) de dirham recortado de vellón, 1,09 grs. 18×8 mm. Leyendas IA: “NO DIOS SINO (DIOS)”. En IIA: “(MAHO)MA ES (EL ENVIADO) DE DIOS”. Variante con adornos (luna creciente y punto) de la fracción de dirham de plata Baja con las inscripciones centrales según VIVES 1040 y PRIETO 354 (Las monedas fraccionarias de los reinos de Taifas. Rafael Frochoso Sánchez y Antonio Medina Gómez. NUMISMA N. 242, P. 81).

Hasta aquí, todo encaja perfectamente con el periodo indicado anteriormente (siglos X-XIII), aunque la abundancia de fragmentos de este tipo nos hace pensar en que existió una población permanente durante este periodo en los terrenos que ocupaba la antigua villa romana Cadima, en el actual término municipal de Los Gallardos.

Llama también la atención el hallazgo de una “blanca” de los Reyes Católicos en la misma zona y que también hemos podido analizar:

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Se trata de una “Blanca” de 18-19 mm y 1,1 grs de peso. Como ceca parece que lleva una “G” (Granada) invertida en el anverso, algo extraña, pero es alta la variabilidad en este tipo de monedas, prácticamente se puede decir que no hay dos iguales.  La blanca era una moneda de vellón de escaso valor (de ahí lo de “no tener ni blanca”), con un valor de medio maravedí. El nombre de “blanca” le venía por un tratamiento que recibían para que adquirieran un brillo plateado, que se conserva muy raramente. Su presencia en esta zona es, sin embargo, de muy difícil interpretación, puede que se trate simplemente de una pérdida casual.

Sin embargo, una última aportación es mucho más significativa. No se trata de una moneda, pero sí de algo muy relacionado con ellas y con el comercio:

 

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Lo que observamos aquí es un ponderal hispano-árabe rectangular (12×12 mm) de 3,7 grs de peso. Gracias a la clasificación realizada por Tawfíq Ibrāhīm sobre estos ponderales, sabemos que en las leyendas que presenta (repetida tres veces en ambas caras) es la siguiente:

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Viene a decir lo siguiente: “La justicia es de Dios“. Este concepto de “justicia” en un ponderal se ha de interpretar como que se trata de un peso completo y justo. En el mundo musulmán, la obligatoriedad del peso justo viene claramente indicada en el Corán.  El peso se corresponde con el de un dinar (mientras el dirham era la moneda de plata, la de oro era el dinar). Este tipo de ponderales están ampliamente descritos en la obra de Ibrāhīm, con la repetición de esta leyenda en ambas caras, siendo una de las más habituales.

Lo importante es que la presencia de un ponderal, junto con las monedas fragmentarias, va a favor de la existencia de un intercambio comercial y, por lo tanto, de un núcleo estable de población.

Para saber más:

-Ponderales andalusíes. Tawfíq Ibrāhīm. NUMISMA, núm 223, año XLIII, julio-diciembre 1993.

 

El pozo San Fidel, mina Esperanza (Bédar)

Uno de los aspectos más peligrosos de la exploración de los restos mineros antiguos es el de la presencia de pozos desconocidos. Aunque en este sentido es mucho más peligrosa Sierra Almagrera, no faltan en Bédar pozos por toda la sierra que no están ni indicados ni mucho menos protegidos. Todos los años, descubrimos y/o documentamos uno o dos nuevos. Algunos están siendo difíciles de ubicar correctamente, como ocurre con el pozo “J” de la mina Mahoma o el pozo “F” o pozo de la Zaranda. A la inversa también ocurre, con la presencia de pozos de nombre desconocido.

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Corte lateral a la altura del pozo Esperanza entre la concesión de demasía a Sagunto y la de Neptuno. En el mismo se representa la posición del pozo de San Fidel, que se representa en línea discontinua al no se cortada por el perfil, la profundidad era similar a la del pozo Esperanza.

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Representación de las labores a nivel de la concesión demasía a Sagunto. El pozo San Fidel se encuentra en un pequeño barranco entre las montañas que separan el barranco de los Lobos y el río Jauto. Se indica también la posición del pozo Fortuna y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). En rojo se indica el trayecto de la vía de transporte o Vía Esperanza.

Otras veces tenemos más suerte, con en el pozo que nos ocupa hoy. Las labores de la demasía a Sagunto, eran más conocidas como mina Esperanza, por uno de sus pozos principales de extracción, pero en la concesión había más pozos, de los cuales hemos identificado el pozo Fortuna y el pozo San Víctor.

La planimetría conservada nos mostraba otro pozo más en terrenos de esta concesión, el pozo San Fidel, cercano a los límites con las concesiones de Neptuno y de la Gloria, en una zona que tenía fama de disponer de importantes reservas de mineral (en especial la concesión La Gloria). Tras algunas comprobaciones pudimos localizar la ubicación aproximada de dicho pozo y, a diferencia de otras veces, el pozo seguía todavía allí. Cabe decir que muchos de los pozos fueron cubiertos o “tapados”, ya sea por las propias compañías mineras (cuando dejaban de tener utilidad) o bien por agricultores o los propietarios de los terrenos, por el riesgo evidente que suponían tanto para personas como para animales.

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El pozo, de sección circular, está protegido por un pequeño murete. Junto a él se encuentra el inicio de una galería pero sin recorrido y una escombrera.

El pozo de San Fidel se encontraba donde se suponía que debía de estar. Según los planos disponibles, conectaba con la galería de San Mateo 2º. No debió tratarse de un pozo de extracción, su difícil ubicación en un barranco entre dos montañas, el pequeño murete de protección que presenta y la ausencia de restos de cualquier instalación de extracción (castillete o casa de máquinas) nos hace pensar en un pozo de exploración y/o ventilación.

En la escombrera adyacente al pozo se pueden encontrar carbonatos, limonitas y bonitos ejemplares de hematites con geodas con cristales de calcita.

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Escombreras junto al pozo.

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Diferentes minerales de hierro de la escombrera del pozo San Fidel. Se observan las formaciones características de hematites así como geodas con cristales de calcita.

 

“Poemas 2006-2016”. Virginia Fernández Collado

Domingo, noviembre 3, 2013

Te regalo el universo en silencio,

porque no hay palabras

no hace falta decir que la nieve es bella

Las palabras no siempre son reflejo

de labios y pluma,

a veces son cuchillas

o naufragios

o soledades

mientras los pájaros vuelan libres

en el cielo de la primavera.

Tengo entre mis manos el libro Poemas 2006-2016 de Virginia Fernández Collado. Los lectores del Faro de Bédar ya estarán familiarizadas con esta autora, pues en varias ocasiones hemos hablado de ella.

El libro, con una estética clásica muy sencilla, y un tacto agradable, recuerda a los buenos viejos libros de siempre. En sus 705 hojas se recoge la obra de esta poetisa bedarense, que desde hace tiempo viene mostrando una brillante trayectoria en el siempre difícil e incomprendido mundo de la poesía.

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No esperen una poesía complicada o pesada, y pese que a que su volumen puede asustar, la poesía que contiene es ligera y fácil de leer. Incluso para los que, como yo, no somos consumidores habituales (ni siquiera excepcionales) de poesía, nos damos cuenta de que se trata de poesía de la buena. No nos hace falta la opinión de ningún crítico, filolólogo o de una especie similar, supuesto experto en el tema, para ver que es algo auténtico. Olvídense de métricas, sentidos ocultos o influencias de otros autores… solo pretende ser poesía. Ni más ni menos.

He de confesar que no lo he leído todo, ni siquiera he seguido un orden al hacerlo. No es un libro con un principio y un final, es un libro para abrir y leer algunos poemas, y luego ir más adelante (o más atrás) y leer uno o dos más.  Lo mejor es que… lo seguiré leyendo.

Y como no soy el único que piensa que es poesía de calidad, el libro está alcanzando, por méritos propios, cierta notoriedad en los medios. Desde el artículo publicado en el Diario de Almería a una aparición estelar en Canal Sur (que está dando mucho que hablar en Bédar) y que pueden ver en el video adjunto a este post.

Y nada más se puede decir. Aconsejo comprarlo (está disponible en Amazon) y descubran que aunque pensaban que eso de la poesía no iba con ustedes… igual les gusta un poquito.

No quiero acabar sin reproducir la reseña que aparece en el mismo libro, para los que no conozcan la evolución de esta autora:

Virginia Fernández Collado

Nació en Bédar (Almería) en 1977. Profesora de Administración de empresas en Educación Secundaria. Ha relizado cursos de doctorado en Economía Aplicada. Máster en “Asesoría Fiscal” por la escuela de negocios GADE de Madrid. Ha publicado en EP(S) El País Semanal en la sección de opinión “Cartas&Colaboradores”. En “El diario urbano” en Santiago de Chile y en Quillota (Chile). Ha colaborado en la revista “Axarquía”. Algunos de sus poemas aparecen en libros conjuntos como Antología del poeta y artista virtual (Ediciones Monsieur James, Quebec-Canadá 2010); Antología del Poeta Virtual (PR Ediciones, Madrid, 2010); Un poema a Pablo Neruda. Homenaje (Edición a cargo de Alfredo Asís, Chile, 2010). Lo demás es oscuridad (Coordinadores PIlar Quiroga-Cheyrouze y Mario Sanz, 2013). Libertad tras las rejas (Coordinador Toño Jerez, 2013) y La honda presencia, 20 poetas al encuentro de Antonio López (Mar de plástico, 2013), entre otros. Ha publicado su poemario Depredador (La oficina ediciones, 2015). 1er Premio (modalidad poesía) en el XIII Certamen de Creación Joven, Ciudad de Almería en 2011.