La villae romana de Roceipón, Vera

Leíamos hace unas semanas en diferentes medios una triste noticia que ya viene siendo, desgraciadamente, habitual por estas tierras. Se trata del último ataque contra el patrimonio arqueológico de nuestra zona.

Así, en varios medios se daba la noticia de la destrucción de parte del yacimiento de el Roceipón, en Vera. Destacamos la noticia de La Opinión de Almería (http://www.laopiniondealmeria.com/2017/03/la-villa-romana-de-roceipon-puede-estar.html). En el artículo el periodista Manuel León nos narra los hechos, que serían la vergüenza para cualquier municipio, comarca o región española, pero que para nosotros ya va siendo casi lo habitual. Para variar, la repercusión se me antoja casi nula, está claro que no nos importa que se destruya impunemente nuestro patrimonio. El de todos.

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Zonas afectadas. El Roceipón.

Resulta que una máquina agrícola estuvo trabajando tranquilamente sobre el yacimiento de cara a preparar una plantación de lechugas. Sorprendentemente este yacimiento, aunque conocido desde hace mucho tiempo (desde que Siret hizo la primera excavación), todavía no tiene la categoría de BIC (Bien de Interés Cultural), aunque tiene incoado ya el expediente para que así sea declarado.

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Restos arqueológicos en la parte afectada delimitados por una cinta de la policía local.  El Roceipón.

Resulta que un informante avisó al arqueólogo veratense Domingo Ortíz, concretamente el 18 de marzo. A pesar de ésto, la máquina agrícola siguió trabajando tranquilamente hasta el 20 de marzo, en el que nuevas denuncias de vecinos de la localidad, que advirtieron al arqueólogo, provocaron finalmente una reacción por parte de las autoridades municipales. Un policía local acordonó la zona y puso en marcha los pesados e ineficientes mecanismos burocráticos en estos casos. A pesar de todo, la máquina siguió trabajando sin problema alguno hasta el 28 de marzo… Parece el argumento de una película cómica, pero es realmente lo que pasó.

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Restos en el yacimiento de el Roceipón, Vera.

Aunque Alfredo Valdivia, delegado de Cultura está esperando el “informe técnico correspondiente” para “proceder según la ley de Patrimonio”, en Vera la gente ya sabe lo que pasará… nada de nada. Saben lo que pasará porque siempre pasa igual. El destrozo será recubierto por la vegetación del lugar, se olvidará lo que pasó, seguirán acumulándose basuras y así hasta el siguiente destrozo. Sí señores, esto es Almería.

Me gustaría saber lo que piensa de todo ésto nuestro ilustre diputado José Luís Sánchez Teruel,  ya saben,  el diputado almeriense del PSOE que votó en contra de una excavación de emergencia en el yacimiento de El Argar de Antas. Igual la  Comisión de Cultura de la Junta vuelve a recomendar limpiar las estructuras parcialmente visibles, como hizo en El Argar…  Es una vergüenza que estos “políticos” cobren por el “trabajo” que hacen. Veamos de nuevo su fotografía, que no se nos olvide:

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Para apreciar el nivel de destrozo nos desplazamos a la zona, y nos entristeció bastante ver toda la zona explanada y restos arqueológicos por doquier. Algunos restos que pudimos fotografiar en la zona afectada los incluimos en este post, creemos que dan una idea del valor de lo destrozado.

¿Y qué se han cargado exactamente? Pues se trata de una gran villae romana. Aunque la mayor parte de lo investigado en este lugar corresponde a las últimas fases de ocupación, la ocupación de la zona se remonta realmente a la época tardopúnica. El Roceipón fue ya excavado por Siret y posteriormente por A. Pérez Casas, entre 1976 y 1982, gracias a estas excavaciones, sabemos lo poco que se conoce sobre este importante yacimiento.

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Fragmentos de Terra Sigillata con decoración. Roceipón.

Siret ya habla de una población romana, concretamente una población de importancia … que debió alcanzar su máximo esplendor en la segunda mitad del siglo III y primera del siglo IV, de nuestra Era. Siret menciona diferentes restos, entre los que destacan estiletes de hueso, un objeto de nácar y un tapón de ánfora en yeso con dos inscripciones.

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Fragmentos murales de estuco pintado procedentes de la zona afectada por los desmontes. El Roceipón, Vera.

La villa romana incluía una pars urbana, una pars rustica destinada posiblemente a almacenamiento y una tercera industrial. En la pars urbana, en la parte sureste del yacimiento, se documentó una villa romana tardoimperal, con los restos de un mosaico polícromo con motivos geométricos y decoración parietal de estuco pintado, además de algunas monedas bajoimperiales. Concretamente, bajo el mosaico polícromo se encontró una moneda de Constancio Galo (351-354 d.C). La existencia de diferentes reformas constatan la pervivencia de este núcleo de población, remontándose los hallazgos numismáticos hasta la época púnica.

En cuanto a la pars industrial, en la zona noroeste se identificaron una serie de piletas relacionadas con la industria de salazón u oleaginosa, en la parte central una estancia rectangular con opus incertum recorrida por una atarjea cuya funcionalidad sería la de almacenamiento o establo. Entre los restos, nuevamente se menciona material numismático bajoimperial.

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Restos de época medieval. Destaca el fragmento de ataifor con decoración vegetal. El Roceipón.

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Hallazgos numismáticos. A la izquierda una moneda de 2 cuartos de Felipe II con dos resellos, el primero de 4 Maravedís con ceca de Cuenca y el segundo de (1)65(-) sin ceca. AE2, 9 grs, 21-23 mm de diámetro, siglo XVII. La moneda de la derecha se trata de un Diner de Valencia de la época de los Austrias “+VAL-” AE, 0,4 grs, 14 mm de diámetro. El Roceipón

Entre los restos recogidos se mencionan fragmentos de cerámica y un fragmento de ánfora púnica. Entre los restos romanos destacan fragmentos de Terra Sigillata Hispánica, Africana y Gálica, además de restos de cerámica de cocina norteafricana, fragmentos de ánfora romana, cerámica de cocina tardía y algunos restos medievales.

El diferente material encontrado abarcaría desde el siglo III a. C. hasta la primera mitad del siglo VI d. C. con una ocupación posterior medieval.

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Cerca de la zona afectada se encuentra el “acueducto del Roceipón”, que conserva uno de los arcos. No tenemos información sobre él o sobre la posible relación con esta antigua villa.

Bibliografía:

  1. Chávez Álvarez, María Esther. Análisis del territorio durante la ocupación protohistórica y romana en la depresión de Vera y Valle del río  almanzora, Almería. Universidad de la Laguna, Departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua.
  2. Mario Gutiérrez Rodríguez, Daniel Hernández San José y Esther Chávez Álvarez. Análisis de visibilidad e interferencias sobre el patrón de asentamiento: Cabezo María, un caso en la depresión de Vera durante la Antigüedad Tardía. ANTIQVITAS 2012, Nº 24 (pp. 187-202)
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¡Agua!

El sistema de riego tradicional de Bédar es una de las peculiaridades más interesantes del municipio. En pocos sitios se conserva el sistema de riego tradicional como en Bédar, cuyo sistema es heredado del que ya utilizaban los moriscos, y aún se conservan historias sobre las acequias y balsas, historias que se remontan a la época musulmana.
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Fuente Cahara, agua procedente de “la Pecera” y la entrada de la cimbra.
El mismo escribano del rey, Rodrigo Alonso, al realizar el apeo de los bienes que los moriscos tenían en Bédar, no puede ocultar su admiración por este sistema por tandas, que permitía aprovechar al máximo la poca agua de la que se disponía y regar, de forma proporcional y equitativa, todos los pagos de regadío. A los que conocen el sistema de riego actual, le sorprenderá leer lo que Rodrigo Alonso indicó al respecto en el siglo XVI, y se asombrarán de comprobar que prácticamente no ha variado:

Fuentes y el encaminamiento de aguas:

Preguntado que agua tiene y le pertenece al dicho lugar de Bédar y de que río se saca y por qué acequia se trae y como se regaba con ella y que agua tenían en propiedad los moriscos del dicho lugar, dijeron que en el dicho lugar y su término no hay ríos y que solo hay cuatro fuentes con que se riega la tierra arbolada que son las siguientes:

Una que llaman la fuente Vedarin, que está desde el pueblo hacia la parte de Lubrín, que podrá echar media hazada de agua. Que con ella se riegan las heredades del pago de Vedarín y la dicha agua se recoge en una balsa que está junto a la fuente y los vecinos que tenían heredades en el dicho lugar regaban por sus tandas y orden tomando el agua la primera heredad, conforme al repartimiento que de ella tenían hecho, y todos gozaban igualmente de ella respecto de la tierra que cada uno tenía.

Otra fuente que se llama Alain, que nace encima del pueblo en una rambla que echa media hazada de agua con la cual se riega el pago de Jumintal, que tiene una balsa junto a la fuente, y de ella sale una acequia con que se regaban todas las heredades del dicho pago por sus tandas, y con la misma orden que el pago antes de este, prefiriendo siempre el riego las heredades más cercanas al agua. Y acabado de regar el dicho pago se tomaba la dicha agua por otra acequia de la misma balsa y se llevaba al pago de Vedarin y se regaban las heredades que alcanzaba. Y las que no se podían regar con ella se acababan de regar con el agua de la fuente de Vedarin, y que las dichas tandas se tomaban de doce en doce e de quince en quince días conforme a como tenían necesidad la tierra de riego, y por ser poco el hilo de estas dos fuentes se metía siempre en las balsas y no se regaba con él.

Hay otra fuente encima del pueblo en una rambla que nace de la sierra que está frontero del Castillo que se llama la fuente de Cahara, que echará una hazada de agua con la cual se riega el pago de Cahara y otro pago que está junto al pueblo que se dice el pago de Aofar. Los cuales dichos pagos se riegan por sus tandas en esta manera que está una balsa en bajo de la dicha fuente donde siempre entra el hilo de agua en ella con la cual se riegan las heredades de los dichos pagos. Y primero se riegan las heredades del pago de Cahara y acabadas se riegan la del pago de Aofar, y la más tierra que de allí abajo alcanza tomándola por sus tandas y orden como se ha declarado, y el que ha de regar tiene cuenta el día antes a la puesta del sol de tapar la balsa.

Tiene otra fuente junto de la Almazara del pueblo que se llama el Begira, que en nuestro lenguaje quiere decir la fuente temprana, que tiene poca agua con la cual se regaban las heredades que alcanzaba del pago de Baguira. Recogiéndose en una balsa que está junto a la fuente y la orden que tenían de regar con la dicha agua era la que tenían con las demás fuentes del dicho lugar y todos los dichos pagos tienen su acequia principal, y de ellas salen sus ramales por donde se riegan las heredades conforme al orden de tandas que tenían.

Sin duda sorprende que este sistema haya sobrevivido durante cuatro siglos con tan pocos cambios, y sorprende más aunque todavía se siga regando así. Sin embargo cada vez son menos los que riegan y, como ya sabrán muchos, los acuíferos están siendo sobreexplotados. En un paraje donde apenas ha habido agua para llegar 4 balsas, es raro encontrarse un chalet campestre que no disponga de piscina. Sería necesario empezar a pensar en cómo proteger y conservar este sistema tradicional de riego, uno de las más importantes bienes históricos que posee el municipio, antes de que acabe siendo un simple recuerdo.

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Antigua Balsalta, la “de los moros”.

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Graffitis musulmanes en la Basalta de los moros. Según los especialistas, datan del siglo XI. En el perro que aparece en el centro, de representa una escena de caza, se ha basado el logo de la asociación Bédar Sostenible.

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Acequia en dirección a la Basalta.

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Basalta, la balsa de recogida del agua de la fuente Cahara.

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Salida de la Basalta, división en las dos acequias madre.

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Acequia madre en dirección a la Fuente Temprana. junto a la acequia discurre un pequeño camino utilizado por los regantes. Este camino es estrecho y muy frecuentemente junto a barrancos bastante profundos. No siempre está en buen estado, por lo que hay que recorrerlos con cuidado, en especial esta acequia madre, que es la que sigue la actual “ruta del Agua” de Bédar, que utiliza este trayecto existente entre la Fuente Temprana y la Basalta.

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Acequia a la altura del Malecón, el antiguo pago Aofar.

Para comprender hasta qué punto el sistema se ha mantenido, veamos algunos datos recogidos en 2012:

El pago de Jamontar posee su propia balsa, que se corresponde con la fuente Alaín mencionada por Rodrigo Alonso. La tanda es de 11 días, tres de los cuales es para el riego de tierras (heredades) del pago de Jamontar y los 8 siguientes el de Bedarín. La acequia madre de esta balsa es la conocida como “acequia de los moros”, sobre la cual existe una curiosa historia. Cuentan que los regantes de Bedarín, necesitados de agua para sus tierras y tras algunos problemas con los regantes de Jamonar, construyeron en una sola noche una acequia para poder llevar el agua a sus tierras.

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La fuente Alaín se corresponde con “los Chorreadores”, “Chorradores” o “Chorreaores”. El agua procede tanto de la fuente, actualmente protegida por una caseta y de una mina de agua, la mina de los Chorreadores. Se trata de una mina moderna, construida a finales del siglo XIX o principios del XX. La galería es de 80 metros y posee una “lumbrera”, o pozo de aireación de sección circular. La mina atraviesa terrenos de diferente consistencia, por lo que tuvo que realizarse trabajos de entibado con mampostería, como se puede observar en la fotografía, realizada a la altura de la “lumbrera” de la mina.

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Aunque no podemos afirmarlo con seguridad, la construcción de la mina de agua de los Chorreadores tenga que ver con esta sociedad de nombre “La Fortuna”, constituida el 15 de abril de 1915 para la explotación de aguas subterráneas en dicho barranco.

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Se pueden observar preciosas concreciones en las paredes de la mina, consecuencia de los muchos años de paso del agua.

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La Balsa de Jamontar tal y como estaba en 2003, sin verja de protección.

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Actualmente la Balsa de Jamonar luce este aspecto.

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Regulador de salida de la Balsa de Jamontar. Hay dos acequias madre, una es la acequia de los moros y la otra sirve para regar los terrenos por debajo de la balsa, en el pago de Jamontar.

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Acequia de los moros, en dirección a Bedarín.

La fuente Vedarin mencionada por Rodrigo Alonso se corresponde con la Balsa Nueva de Bedarín, con una tanda de 11 días.

La fuente Cahara se correspondería, a su vez, con la ya famosa Balsa Alta o “Basalta”. El descubrimiento de graffitis de época musulmana en la antigua balsa datadoso en el siglo XI denota la gran antigüedad de este sistema de balsas y acequias. Aunque no hay documentación histórica oficial, la tradición oral de Bédar cuenta que la antigua balsa de los moros era bastante pequeña, por lo que cuando construyeron una cimbra en el barranco del mismo nombre se vieron obligados a construir otra balsa más grande junto a la antigua. La cimbra hoy en día sigue proporcionando parte del agua a la balsa, a parte de la proveniente de la antigua “fuente Cahara”.

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El sistema de medida de las tandas se sigue haciendo con una caña, con la que se mide el descenso del nivel del agua. Este sistema, imaginamos, no ha cambiado desde que los moriscos regaban.

De la Basalta, que tiene una tanda de 13 días, salen dos acequias madre. La primera acequia madre se dirige hacia la fuente Temprana (Begira), con los que se riegan tierras en el pago de la Fuente y llegando hasta la huerta de don Pepe y algunas tierras del cortijo Bernardo.

La segunda acequia madre se dirige hacia el Malecom (antiguo pago Aofar), desde aquí una acequia cubierta atraviesa el pueblo hasta la parte más baja, el paraje conocido como “la Meseta”, acabando en “las Oliveras”, junto a la carretera a Los Gallardos.

La cuarta fuente es la de Begira o Fuente Temprana, más conocida como “la Fuente”. Con sus aguas se riegan las tierras del mismo pago.

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Vieja balsa en Serena.

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Balsa de Bedarín, un hilo de agua alimenta la balsa.

Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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Beatificación del párroco José Castaño Galera

 

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En el día de ayer, sábado 25 de marzo de 2017, fue beatificado como mártir el párroco de Bédar José Castaño Galera junto con otros 114 almerienses.

Para conocer un poco lo que pasó, incluyo algunos pasajes del artículo “Sacerdotes asesinados en el Levante Almeriense en 1936 (2ª parte)” publicado en el nº 15 de la revista Axarquía:

“Nuestro sacerdote había nacido en Bédar el 8 de noviembre de 1870 y allí fue bautizado al día siguente. Hijo de una familia de labradores, supo desde niño lo que es el duro trabajo del campo, por eso trabajó sin desfallecer ganando sus sustento hasta el último día de su vida.”

“Destacó Don José por su sencillez evangélica: vida de oración, atención a todos sin distinción ni acepción de personas y extrema pobreza. Recuerdan todavía hoy algunos octogenarios de Bédar haber visto al cura ´rebuscar´olivas en el campo para poder sobrevivir, pues debido a la extrema pobreza de los feligreses no obtenía estipendio alguno por sus servicios pastorales”

Al estallar la Guerra Civil fue detenido y obligado a realizar trabajos forzados entre golpes e insultos, sin apenas comida ni bebida.

Finalmente el anciano párroco ya no pudo más. “…don José se encontraba ya muy débil por los duros trabajos, el poco alimento y su avanzada edad; por la tarde se sentó en el suelo y soltó el azadón con el que trabajaba; entonces los milicianos le amenazaron diciéndole que, si no picaba, lo iban a matar, y él respondió: ‘Haced lo que queráis, muero gustoso por Cristo’. Le pusieron varias veces el astil del azadón en las manos pero ya no tenía fuerzas para sujetarlo, y allí mismo entre insultos, blasfemias y golpes lo acribillaron a tiros.”

Al acto de beatificación, llevado a cabo en Aguadulce, acudieron alrededor de 6000 personas, entre las cuales una representación del pueblo de Bédar.A continuación incluimos algunas fotografías facilitadas por Mariana Recio Moncayo y Francisco Soler Antequera:

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Bédar: la mina Esperanza

Aunque deberíamos hablar más bien de la mina “Demasía a Sagunto”, esta mina es más conocida como mina “Esperanza”, nombre de uno de los pozos principales.

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La tolva de la mina Esperanza es una tolva para el almacenamiento y regulación del mineral en forma de medio cono invertido. Presenta un cuidado trabajo de mampostería. En la parte inferior se ubicaban cuatro compuertas para la carga del mineral en las vagonetas.

Se trata de una de las minas periféricas al centro inicial de explotación en Serena por parte de la Compañía de Águilas y su explotación se llevó a cabo a finales del siglo XIX como una continuación de las de Porfiado, Júpiter, Mahoma, Vulcano y Sagunto.

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Detalle del resbaladero de la tolva de la mina Esperanza.

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Pared lateral de la tolva. Obsérvese la pared antigua y la pared de cemento reforzado, parte de las obras de rehabilitación de la vieja tolva por Hierros de Garrucha.

La explotación se inició en la parte más alta del criadero que ocupa los terrenos situados en la confluencia del barrando de la Hoya con el de Los Lobos, mediante las galerías de San Marcial y de San Bartolomé. Desde estas galerías se establecieron unas vías de transporte que conducían el mineral hasta la vía de Vulcano. La vía de San Marcial discurría a una cota de 390 m, por lo que llegaba 15 metros por encima del origen de la vía Vulcano. La vía de San Bartolomé presentaba una pendiente ligeramente favorable.

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Caseta de motores. Es la antigua caseta de motores rehabilitada por Hierros de Garrucha.

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Depósito de agua para el motor.

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Base de cemento y anclajes del motor instalado por Hierros de Garrucha. En los restos de los muros derruidos se observa los restos del mortero de cal utilizado en su construcción, lo que confirma que se trata de una antigua construcción de las primeras minas rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha.

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Todavía quedan algunos restos metálicos.

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Transformador eléctrico instalado por Hierros de Garrucha para la alimentación del motor del pozo y para los compresores. La construcción de ladrillo contrasta con el elaborado trabajo de mampostería de la caseta de motores.

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Antiguo plano de las galerías de la mina Esperanza. A la izquierda está la concesión de Demasía a Santiago y a derecha la de Vulcano. Como se ve, el socavón de San Bartolomé (Pozo de las Palas) era parte de las labores de la concesión de Vulcano. La explotación ocupaba terrenos en ambas concesiones. En rojo el trayecto de las vías mineras de transporte.

El criadero de mineral buzaba en dirección al SO, así que cuando se agotaron las capas más superficiales se realizó la explotación a partir de los pozos Esperanza, Entremedio y San Víctor. Se instaló un motor de extracción en el pozo Esperanza, seguramente a la vez que se construyó la tolva de almacenamiento que hoy se puede ver. El mineral se conectaba con la vía Vulcano por medio de la vía Esperanza.

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Pozo Esperanza. Pozo principal de extracción de la mina. 68 metros de profundidad.

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Galería de servicio del Pozo Esperanza. Da acceso al pozo a unos 9 metros por debajo de su parte superior. Era por donde accedían los mineros que bajaban a las labores. Se observan varios listones de madera para entibación que nunca llegaron a ser transportado a su destino.

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Muy cerca del camino de acceso a la caseta de motores encontramos esta bocamina con un pozo justo delante, medio oculto entre la vegetación. Tengan mucho cuidado si pasean por estos parajes.

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Pozo Fortuna, al otro lado del barranco de Los Lobos.

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Parte del trayecto de la vía Esperanza. Todavía quedan algunas traviesas.

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Pozo precariamente cubierto junto al trazado de la vía Esperanza. El intento de cubrir el pozo con ramas, quizás bienintencionado en un principio, convierte este pozo en una especie de trampa muy peligrosa. Se trata posiblemente del pozo Entremedio o del pozo San Víctor. Repito, mucho cuidado si andan por estos parajes, además de éstos, la mina fue importante y posiblemente hay otros pozos que puede que estén escondidos entre la vegetación.

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Pequeña casa-cueva cerca de la antigua ubicación del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas), podría tratarse de un pequeño abrigo para el guarda o de un polvorín.

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Hierros de Garrucha volvió a explotar esta antigua mina. Habiendo ya caducado la antigua concesión de Demasía a Sagunto, Hierros de Garrucha demarcó otra con el nombre Esperanza, nombre del pozo principal de la antigua mina, pues es así como se conocía la mina en general. Obsérvese como la nueva concesión rodea a la de Vulcano, que no había caducado. Obsérvese también la anotación junto al nombre de la concesión “pozo”, ya que es así como se conocía realmente, “Pozo Esperanza”.

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Son raros los planos que nos den más detalles de estas explotaciones. En la imagen, un corte longitudinal a la altura del pozo Esperanza y atravesando el barranco de Los Lobos. Obsérvese el pozo de servicio a una cota de 306 metros, el nombre de una galería (San Andrés) y un pozo que estaba a la altura del barranco, el pozo de La Palmera.

La abertura de la mina en 1952 por parte de la empresa Hierros de Garucha supuso la rehabilitación de toda la vía Esperanza y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). El mineral se transportaba por ambas vías, que se reunían en una antes de cruzar el barranco de la Hoya por el puente actual. Otro puente, hoy derribado, cruzaba el barranco de Los Lobos en dirección al pozo Esperanza. Inicialmente el mineral se transportaba con mulos hasta el cargadero de San Manuel, pero conforme la producción del pozo Esperanza y pozo de las Palas fue aumentando, se instaló una vía y empezó a utilizarse una pequeña locomotora diésel.

 

Billetes locales: el dinero del alcalde

Tras el Alzamiento nacional,  la reacción popular había evitado la caída del Gobierno, que desprovisto de los medios de control se encontraba impotente. La Guerra Civil había comenzado. El capitán de la guardia civil Pascual Morales no había faltado a la verdad, el poder real del Estado Republicano había desaparecido, los sindicatos y partidos políticos de izquierdas empezaron a dirigir la resistencia contra los sublevados pero sin poner en ningún momento en duda la legalidad del Estado. Empezaron a formarse comités, que variaban mucho según los partidos políticos o sindicatos predominantes en cada zona. Inicialmente eran unas juntas de defensa contra los insurgentes, pero acabaron actuando en otros ámbitos como la economía, la política, la admistración…

Se produce en estos momentos una ola de violencia contra todo lo que se creía relacionado con los rebeldes, se quemaron iglesias, ataques a propiedades y detenciones descontroladas de sospechosos que realizaban incluso hasta simples civiles. Para las fuerzas leales al gobierno era vital organizar las pocas fuerzas militares y las milicias para poder enfrentarse a los rebeldes que habían triunfado en la vecina Granada. Para este fin se constituye el Comité Central Antifascista. Estaba formado por una serie de delegaciones que se encargaban de los diferentes ámbitos de organización y se caracterizaba por no tener una administración organizada y actuar más coordinando y orientando a los diferentes comités surgidos tras la sublevación. Una de las delegaciones del Comité, la de orden público y prisiones, que estaba controlada por el anarquista Juan del Águila, fue la responsable de gran parte de las ejecuciones que tuvieron lugar en este inicio de la guerra.

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Billetes locales de Mojácar. Se observa una serie de 2 de noviembre de 1937, 26 cts (negro) y 50 céntimos (morado), y otra de 2 de diciembre de 1937 con 2 pesetas (verde). Es más que posible que también existiera un valor de 1 peseta como en el resto de series. Es una de las series emitidas más tarde.

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Otro billete local de Mojácar de 25 cts (negro) procedente de colección privada.

Las columnas empezaron a salir hacia Granada, arretando Motril y Guadix a los insurrectos y participando, junto a milicias procedentes de Cartagena, Murcia y Alicante, de la toma de otras localidades cercanas a Granada, aunque esta última no pudieron ocuparla.

En esta situación, el gobernador civil Juan Peinado Vallejo, había perdido prácticamente todo su poder pero continuaba en su puesto, reflejo de la situación que se vivía en la España Republicana, con un gobierno carente de poder que poca cosa podía hacer más que ir legalizando las decisiones y actuaciones que los nuevos poderes iban tomando. En cada municipio se había formado un comité, pero a pesar de esto los ayuntamientos continuaron funcionando, aunque generalmente carentes de poder. Estos comités  tomaron diferentes nombres, como el “Comité antifascista del Frente Popular” de Los Gallardos o el “Comité del Frente Popular” de Vera y no todos asumieron en igual grado las funciones que antes tenían los ayuntamientos, fueron desde la simple cooperación hasta que se hubiera normalizado la situación (Los Gallardos) o simple “ayuda” (Lubrín) hasta el extremo contrario: asumir algunas competencias propias del Gobernador Civil como es el nombramiento de concejales (como ocurrió en Albox).

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Tirada de billetes locales de Antas. Se observanlos valores de 25 cts (rojo) y 50 cts (azul) del 15 de junio de 1937 y firmadas por Francisco Simón. También existía una emisión de 1 peseta de la cual no hemos visto ningún ejemplar. También es posible que existiera un valor de 2 pesetas como en el resto de series de este tipo. Obsérvense las líneas que aparecen en estos dos billetes, se trata de papel de libreta, lo que indica la falta de papel en la época.

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Billete local de Antas de 50 cts (azul) procedente de http://www.BilletesMunicipales.com, presenta también el reverso con el número de serie 1505. Como característica especial, la firma del presidente del consejo está en color rojo.

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Billete local de Antas 50 cts (azul) vendido en http://www.todocolección, se trata del mismo ejemplar que el anterior, nº 1505 de serie. La mala calidad del papel hacía que se deterioraran rápidamente.

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Otro billete local de Antas de 25 cts (rojo) procedente de http://www.BilletesMunicipales.com

También hay que tener en cuenta que en la provincia de Almería el proceso revolucionario fue más débil  que en otras zonas, por lo que se crearon pocas colectividades agrícolas por parte de la CNT y UGT. Las pocas colectividades que se llevaron a cabo fueron más tardías que en otras zonas y se mantuvieron en una situación muy precaria. En Bédar no se tiene noticia que se creara ninguna colectividad agrícola, sí que se sabe que hubo en Vera, Antas y Mojácar. En Almería, por sus características (tamaño de explotaciones y propiedades con una mayoría de pequeños propietarios) no habían tenido mucho efecto las incautaciones de tierra que se habían llevado a cabo durante la República, lo mismo que pasó con la ley sobre arrendamientos colectivos, que tuvo poca incidencia en la provincia almeriense. Aunque se produjo una expropiación de la tierra de los que eran considerados enemigos del régimen, situación que el gobierno legalizó mediante decreto del 7 de octubre de 1936, en Almería la cantidad de tierra útil expropiada fue mucho menor que en otras zonas y casi toda lo fue por motivos políticos.

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En cuanto a la tirada de Turre, es del 3 de julio de 1937, de los cuales están descritos los valores típicos de 25 cts, 50 cts y 1 peseta, sin descartar tampoco un valor de 2 pesetas. Están firmados por el presidente Damián Grima.

La escasa inclinación revolucionaria de la provincia junto al hecho de que las instituciones gubernamentales continuaran funcionando facilitó que los planes de Largo Caballero en Almería tuvieran éxito sin muchos problemas. Con la llegada del nuevo gobernador civil de la provincia, Gabriel Morón Díaz (nombrado el 23 de octubre de 1936 en sustitución de Juan Peinado Vallejo),  se inician estos cambios. Las medidas tomadas por Morón tenían el objetivo de devolver a manos de las autoridades civiles todas las funciones que habían sido arrebatadas por el Comité Central y los comités locales, controlar la milicias que se encontraban en retaguardia y normalizar la justicia. Uno de los pasos fue el de acabar con la Delegación de presos que como ya habíamos dicho estaba en manos de los anarquistas, cosa que finalmente consigue con la creación del Consejo Provincial de Seguridad, que estaba formado por representantes de todas las formaciones políticas y sindicatos. La actuación del nuevo gobernador se destacó también por la defensa de los pequeños propietarios y por la lucha contra las incautaciones descontroladas sin autorización.

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Billete de Bédar de 50 cts (negro) procedente de subasta, solo anverso.

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Billete local de Bédar de valor de 25 cts (negro), colección particular. Ostenta el número de serie 1333, el más alto de los ejemplares que conocemos. Procedente de colección particular.

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Otro ejemplar de 25 cts (negro) de Bédar, colección particular, número de serie 807.

Con la llegada del nuevo gobernador civil de la provincia, Gabriel Morón Díaz (nombrado el 23 de octubre de 1936 en sustitución de Juan Peinado Vallejo),  se inician estos cambios. Las medidas tomadas por Morón tenían el objetivo de devolver a manos de las autoridades civiles todas las funciones que habían sido arrebatadas por el Comité Central y los comités locales, controlar la milicias que se encontraban en retaguardia y normalizar la justicia. Uno de los pasos fue el de acabar con la Delegación de presos, que estaba en manos de los anarquistas, cosa que finalmente consigue con la creación del Consejo Provincial de Seguridad, que estaba formado por representantes de todas las formaciones políticas y sindicatos. La actuación del nuevo gobernador se destacó también por la defensa de los pequeños propietarios y por la lucha contra las incautaciones descontroladas sin autorización.

La creación de los Consejos Municipales a partir de enero de 1937 acabó de consolidar la reorganización del Estado Republicano. El Gobernador de Almería empezó a trabajar en este sentido a finales de noviembre reorganizando algunos de los ayuntamientos de la provincia entre el 6 de noviembre hasta el 3 de enero del  año 1937;  Morón creó unas corporaciones locales donde estarían representados los partidos políticos y sindicatos de una forma proporcional al número de afiliados (aunque algunas se formaron siguiendo un modelo igualitario). Este proceso, que contó con las objeciones de los anarquistas implicaba la desaparición de los comités locales; en  la toma de esta decisión hizo participar al Comité Central en una de sus últimas órdenes emitidas ya que fue disuelto el 7 de diciembre de 1936 cediendo su poder al Gobierno. Entre estos ayuntamientos creados antes de la creación de los Consejos Municipales se encuentra el de Los Gallardos, con un alcalde del PSOE. El proceso continuó con la constitución de los Consejos Municipales a partir de enero de 1937.

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Billete local de Bédar de 50 cts (negro) procedente de subasta.

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Billete local de Bédar de valor de 50 cts (negro) procedente de colección particular. Número de serie 841.

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Otro ejemplar de billete local de Bédar de valor de 50 cts (negro), también de colección particular. Número de serie 38, de las más bajas conocidas.

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Otro ejemplar de billete de 50 cts de Bédar (negro), también procedente de colección particular, parece que lleva el número de serie 130.

Por un decreto del 23 de diciembre de 1936 se crean los consejos provinciales, un paso muy importante para la recuperación del control por parte del Gobierno Republicano. El Consejo Provincial de Almería queda constituido finalmente el 9 de enero de 1937 que tenía como presidente a Gabriel Morón Díaz y dominada por los partidos marxistas (PSOE, UGT y PCE).  En el decreto ministerial del 4 de enero de 1937 se constituyen los Consejos Municipales y tras su publicación se inicia el proceso de formación de estos consejos en la provincia de Almería; se debía llegar a un acuerdo entre sus participantes y si no lo conseguían el gobernador civil tendría capacidad de decisión. La mayoría de estos consejos municipales se constituyeron antes de mayo de 1937, incluido el de Bédar, aunque otros se retrasaron bastante más. La mayor parte de problemas que surgieron  durante su formación fueron debidos a la oposición de los anarquistas por la distribución que se hacía de los consejeros.

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Billete local de 1 peseta (rojo) de Bédar, procedente de subasta. Solo frontal.

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Billete local de Bédar de 1 peseta (rojo) procedente de colección particular. Número de serie 1080.

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Billete local de Bedár de 1 peseta (rojo) procedente de colección particular.

El Consejo Municipal se Bédar se constituye el 25 de abril de 1937 con la siguiente composición:  Como presidente estaba Juan Fernández Campoy, de la UGT y de profesión carpintero. Como Vicepresidente 1º Pedro Ramos Martos, de la CNT, jornalero; como vicepresidente 2º Juan Martínez Guerrero, de la UGT, propietario; como síndico a Ginés González Fernández, del JSU, jornalero; como vocales estaban Diego Rodríguez Meca,  de la UGT, propietario, José Ramos Martos, de las JJLL, jornalero y Matías Castro Fernández, de la UGT, propietario.

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Billete local de 2 pesetas (azul), procedente de subasta.

Varios son los problemas con los que tuvieron que enfrentarse los Consejos Municipales, la incorporación a filas de los representantes del consejo hacía necesario el cubrir con frecuencia estas vacantes, lo que llegó a dar problemas al faltar en ocasiones consejeros suficientes para realizar una sesión. También fueron importantes los problemas económicos, producidos sobretodo por la incapacidad para recaudar los impuestos municipales. No se recaudó nada durante todo el año 1937, el proceso revolucionado sufrido había desmontado todo el aparato administrativo necesario para esta labor. A esto se añade la resistencia tradicional de los almerienses a pagar este tipo de impuestos, postura a veces reforzada por la actitud de los anarquistas. Las dificultades de abastecimiento se fueron arrastrando hasta el final de la guerra,  aunque estaban en parte aliviados por los cultivos  tuvieron que imponerse cartillas de racionamiento, aunque no se consiguió solucionar el problema.

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Dos acciones por valor de 10 pesetas de la Cooperativa Popular de Bédar, creada para el abastecimiento del pueblo, con fecha de 23 de Octubre de 1937. Está firmada por el presidente Juan Fernández, el mismo que firmó todos los billetes de la serie de Bédar. La imprenta también es la misma que la que imprimía los billetes, la imprenta Haro de Bédar.

Otro problema al que se tuvieron que enfrentar los concejos municipales fue la falta de moneda fraccionaria. En el momento en el que estalla la guerra había en circulación monedas de 50 céntimos, 1, 2 y 5 pesetas de plata emitidas durante la monaquía; monedas de 5, 10 y 25 céntimos de cobre, 25 céntimos en cuproníquel y de 1 peseta de plata emitidas por el gobierno republicano. Además de las monedas circulaban billetes de 25, 50, 100, 500 y 1000 pesetas. Al iniciarse la guerra la gente comenzó guardar todas las monedas de plata, ya que por el mismo hecho de estar fabricados de este metal las hacía más valiosas que lo que realmente indicaban. Además, el gobierno había empezado a recogerlas para sustituir las piezas monárquicas por otras republicanas, usar esta plata para hacer frente al esfuerzo económico que suponía la guerra y, de paso, evitar que pudieran ser llevadas al extranjero. Pero la tendencia a acumular las monedas de plata era imparable, lo que llevó a una carestía de estas monedas fraccionarias, es por este motivo que se comienzan a crear vales en algunos comercios que faciliten los intercambios, vales no respaldados por ninguna entidad bancaria ni organismo oficial. Este era un problema importante, porque la ausencia de moneda fraccionaria dificultaba mucho el correcto desarrollo de las transacciones mercantiles.

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Serie completa de billetes de locales de Los Gallardos. Son de una tirada del 26 de Julio de 1937 con los valores habituales de 25 cts (rojo), 50 cts (verde) y una peseta (azul). A otra tirada de 15 de septiembre de 1937 corresponden los billetes de 10 cts (negro). Como se observa, del único ejemplar del cual disponemos del reverso, el billete no dispone de número de serie. El billete de 2 pesetas (morado) procede de http://www.BilletesMunicipales.com y como se puede ver, la emisión data del 15 de septiembre de 1937, como el de 10 céntimos.

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Billete de 25 cts (rojo) vendido por http://www.todocoleccion.net en el que se dispone del reverso. Como pasa con el de 1 peseta anterior, no dispone de número de serie. ¿Es posible que se trate de una constante en la emisión de Los Gallardos? Sería necesario analizar más ejemplares. Lo que si se observa en casi todos estos billetes de Los Gallardos es que se ha utilizado hojas de libreta para su impresión, por lo que asombra mucho más que se hayan conservado.

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Otro de los billetes locales de 10 cts (negro), vendido en http://www.todocoleccion.net

La situación llegó a tales extremos que algunos municipios decidieron emitir billetes municipales, garántizándolos adecuadamente. También algunos organismos locales como sindicatos o comités hicieron sus propias emisiones para facilitar el pago de jornales. Llegaron a usarse a vales o talones realizados por sucursales de Banco usándose como dinero, pero el propio Gobierno puso límite a esta práctica en enero de 1937. Sin embargo, la situación de carestía llegó a tal punto  que la mayor parte de los ayuntamientos se vieron obligados a emitir sus propios billetes a lo largo del año 1937. Estos billetes tenían como objetivo el resolver el problema con billetes locales con una validez que no iba más allá del término municipal de la localidad que los ponía en circulación.

A lo largo de 1937 los diferentes municipios van tomando la decisión de emitir estos billetes, pero no siempre los ayuntamientos depositaban le equivalente en moneda de curso legal para avalar estas emisiones.  Aunque hubo, de alguna manera, consentimiento por parte del Gobierno, éste intentó acabar con esta situación con una emisión de monedas de bronce de 1 y 2 pesetas, de las cuales solo llegaron a realizarse las de 1 peseta y ésta no circuló hasta finales del año 1937, tomando medidas para acabar con el acaparamiento de las monedas de plata. Para poner fin a las emisiones municipales se adoptan varias medidas: se publica un decreto el 24 de diciembre que autorizaban la entrada en circulación de monedas de 10, 25 y 50 céntimos.  Más tarde, el 6 de febrero de 1938, se publica otro decreto que obliga a la recogida de estos billetes locales en el plazo de un mes por aquellos que las habían realizado, a cambio de monedas o billetes del Estado o del Banco de España; acabado el plazo no podrían usarlas. El incumplimiento de esta disposición conllevaba la imposición de multas. Este decreto se amplia con otro del 7 de febrero en el que se reduce el plazo a 20 días y sin prórroga hasta el 28 de febrero.  A pesar de estas medidas, algunos de estos billetes siguieron circulando hasta finales de 1938.

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Imagen 1. Certificado provisional de 1 peseta “dinero rojo” de los puestos en circulación el 18 de enero de 1938, en el anverso  lleva una figura de la Victoria de Samotracia y en el reverso la fuente de la Cibeles de Madrid. Este billete procede de Bédar (colección particular).

El Gobierno, para solucionar el problema de la moneda fraccionaria, dispuso también un plazo para retirar las monedas de plata de 50 céntimos, 1, 2 y 5 pesetas y sustituirlas por los certificados de plata ya emitidios o por unos nuevos certificados provisionales de 50 céntimos, 1 y 2 pesetas. Se aprobó la fabricación de unos 30 millones de estos certificados nuevos de 1 peseta que se ponen en circulación el 18 de enero (imagen 1).

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Imagen 2. Certificado provisional de moneda divisionaria de 50 céntimos que empezaron a ponerse en circulación a partir de la orden del Ministerio de Hacienda de febrero de 1938. En el anverso llevan una cabeza de matrona que representa a la República. Este billete fue encontrado en Bédar (colección particular).

Mientras se fabricaba moneda fraccionaria suficiente y dadas las dificultades que había en las provincias para llevar a cabo estos decretos se pone en circulación, establecida el 24 de febrero de 1938, unos círculos de cartón  con el escudo de la República que llevaban adheridos timbres móviles y de correos. También en febrero se pusieron en funcionamiento unos certificados provisionales por valor de 50 céntimos (imagen 2) y ya en julio unos por valor de 2 pesetas (imagen 3).

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Imagen 3. Certificado provisional de 2 pesetas que comienzan a ponerse en circulación después del 30 de julio de 1938. En el anverso presentan una alegoría de la República. Ejemplar encontrado en Bédar (colección particular).

El Consejo Municipal de Bédar realiza una emisión de billetes locales en agosto de 1937. Los billetes, impresos en las Imprentas Haro de Vera  (uno de los principales centros de fabricación de moneda local) eran de  25 y 50 céntimos y 1 peseta y  usaban el mismo diseño que los emitidos en otras localidades cercanas: Turre, Antas, Mojácar y Los Gallardos. Estos billetes solo tenían validez dentro del término municipal de Bédar.

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Billetes de la serie de Garrucha, valores de 1 peseta (verde) y 25 céntimos (azul), con resello en rojo de la República española, firma trasera en azul y vendidos en http://www.todocolección.net. El número de serie, en negro, aparece en la esquinas superior derecha, como viene siendo habitual en otros billetes similares. Presentan un reverso la decoración típica de la imprenta de Haro, idéntica a los representados en las series de Antas-Bédar-Los Gallardos-Turre Mojácar, aunque el diseño del resto del billete es diferente.

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Similar a la de Garrucha es la serie de Carboneras, en la imagen un 25 cts (azul) vendido en todocolección. A diferencia de los de Garrucha, presenta un diseño diferente en el anverso y un encuadre decorativo tanto en en reverso como en en anverso, por lo que resulta un reverso muy parecido a las series del tipo de Bédar. La firma se encuentra en el reverso, como en los billetes de Garrucha y el número de serie, en negro, en la esquina superior derecha.

En Bédar, muy pocos recuerdan ya haber usado estos billetes, a los que se referían como “el dinero del alcalde”, unas simples “tiras de papel”. Pocos billetes de estos quedaron, los que no fueron recogidos por las autoridades gubernamentales fueron destruidos o perdidos al ser considerados como papeles inútiles. Los billetes eran firmados por el presidente del Comité, Juan Fernández, en la misma Bédar, concretamente en un edificio, cercano a donde ahora está el campo de fútbol, que llamaban precisamente por eso “El Banco”.

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Aún vemos el mismo reverso en este billete de la serie de Cuevas del Almanzora de 25 cts (negro con filigrana amarilla o roja) de 2 de junio de 1937 ofertado en todocoleccion y otro de 1 peseta (negro con filigrana al parecer verde) ofrecido en ebay. El papel no parece ser de muy buena calidad, muchos aparecen rotos o remendados por haberse roto por el pliegue central. La firma aparece en el anverso, en azul (no se aprecia en el ejemplar de 1 peseta por su mal estado de conservación) y el número de serie, también en azul, en la esquina superior derecha del reverso. Ambos presentan el reverso con la figura decorativa habitual utilizada por la imprenta Haro. También existían, como viene siendo habitual, los valores de 50 cts y 2 pesetas. Parecen un modelo de transición entre los modelos más básicos y monocolores de la serie de Bédar y los más elaborados de Sorbas y Albox.

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Ejemplar de billete de 2 pesetas de Cuevas de Almanzora de 2 de junio de 1937. Aunque no se aprecia bien, presenta la filigrana habitual, parece ser negro con filigrana amarilla.

Estos billetes, muy escasos y buscados por los coleccionistas, son cada vez más raros de encontrar. Creemos que se han perdido definitivamente los documentos de los acuerdos de los consejos municipales en los que se aprobó la cantidad de este tipo de papel moneda que se emitiría. Según los ejemplares estudiados, hubo al menos dos emisiones, una del 20 de agosto de 1937 (valores de 25 cts, 50 cts y 1 peseta) y otra de 12 de noviembre de 1937 (valor de 2 pesetas). El número de serie más alto en uno de estos billetes es el 1333, que ostenta uno de los billetes de 50 céntimos que se encuentra en una colección particular.

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Cómo no, la serie de Vera también impresa en la imprenta de Haro, que se ubicaba en esta localidad. Quizás por esto mismo, los billetes de Vera son más cuidados que el resto, aunque presentan algunos de los elementos decorativos usados en otras series, especialmente en los cuadros decorativos. Presentan también las mismas filigranas en el fondo, con distintas combinaciones de colores (negro-rojo, morado-azul y verde-amarillo) que les da un aspecto más cuidado. Están ausentes los reversos con la decoración típica, aunque en los billetes de 25 y 50 cts no vemos los reversos. En cambio, en el reverso del billete de 1 peseta se observa el escudo de Vera. En esta serie existía también un billete de valor de 2 pesetas y una variante del billete de 50 céntimos:

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Billete de 2 pesetas y variante de billete de 50 céntimos, con la misma estética que el resto.

Billetes del mismo tipo que el de Bédar se imprimieron también para Los Gallardos, Antas, Turre y Mojácar, y parece que los valores eran siempre de 25 cts, 50 cts, 1 peseta y 2 pesetas, con la excepción de los billetes de 10 cts conocidos en Los Gallardos. Todos los billetes presentan la misma decoración en el reverso, con el número de serie en una esquina (no siempre, por lo visto) y muchas veces impresos en papel de mala calidad, como papel de libreta, ante la carencia de papel para las impresiones. Por delante iban firmados por el presidente y con el sello del consejo municipal, éste último no siempre. Los motivos decorativos y colores se repetían, pero se alternaban de diferente forma en cada uno de los municipios. Estos billetes se imprimieron en la Imprenta Haro de Vera, que también suministró billetes para las localidades de Garrucha, Carboneras, la misma Vera, Cuevas del Almanzora y Sorbas. Por la estética, se podrían dividir en tres grupos según la estética de los billetes, las de Bédar-Los Gallardos-Antas-Turre y Mojácar; más alargados y simples, de un solo color y todos con el mismo reverso. Los de Carboneras y Garrucha, también alargados y de un solo color que presentan el mismo reverso pero con diferencias importantes en el anverso, centrado en el escudo de la República española con diferentes decoraciones. Finalmente los de Cuevas del Almanzora, Vera, Albox y Sorbas, más grandes, más cuidados y con mejor estética, con combinaciones de dos colores en la filigrana del fondo y los detalles y que, al parecer, presentaban el escudo del municipio en el reverso.

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La serie de Sorbas, del 15 de agosto de 1937 también realizada en la imprenta de Haro, sigue la estética de los billetes veratenses. Mismas combinaciones de filigrana (siempre la misma), aunque algunas decoraciones de los encuadres no aparecen en otros billetes. No conocemos los reversos.

A pesar todo, en todas estas localidades no se conocen ejemplares de todos los valores, lo cual no quiere decir que no se imprimieran. Pudiera ser que en todos se imprimieran los mismos valores, pero que todavía no se hayan encontrado ejemplares de todos, incluido el de 10 céntimos de Los Gallardos. Si alguno de los lectores dispone de más información, les agradeceríamos que la compartiera con nosotros.

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Los billetes locales de Albox de la serie impresa por la imprenta Haro quizás sean de los más elaborados de los creados en la imprenta Haro. Los motivos utilizados son los mismos que en los billetes de Vera y Sorbas, con las mismas filigranas y combinaciones de colores. En las imagenes se observan tres de estos ejemplares a la venta en http://www.gargoncoins. com,  se observa el de 25 cts (negro con filigrana roja), 50 cts (rojo con filigrana verde); y de 1 peseta (azul con filigrana amarilla). Los encuadres son los mismos que se utilizaron para los billetes de Sorbas. Están firmados en el anverso por el presidente y depositario (en tinta azul) y con el seyo del ayuntamiento republicano. En el reverso llevan el número de serie en la esquina superior izquierda. Destaca el reverso con una representación de la Justícia. A destacar el curiosísimo billete con la inhabitual cifra de 2,5 pesetas, (verde con filigrana morada?) de la página http://www.billetesMunicipales.com

Bédar: la mina Santa Catalina

Hoy hablaremos de una de las minas poco conocidas de Bédar. Se trata, sin embargo, de una de las minas más importantes de la Sierra, y va siendo hora que tratemos un poco en profundidad sobre ella. Aunque disponemos de información sobre ella, la falta de planos y otros documentos sobre ella hace bastante difícil su estudio. Dentro de lo que es la carencia de documentación minera en Bédar, las minas de la Sociedad de Chávarri son de las que menos información se ha conservado.

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Visión panorámica de la mina Santa Catalina.

La concesión Santa Catalina fue demarcada en 1873 por el vecino de Almería Pedro Lledó y Valdivia, en terrenos de Pedro Simón Castaño, muy cerca de Serena. La concesión se encuentra junto a concesiones muy ricas en mineral, como la Higuera, Júpiter y Mahoma, es por eso que fue pretendida por la Compañía de Águilas. El director de la Compañía, Juan Pié y Allué, viajó Almería para llegar a un acuerdo con el representante de los propietarios, José España y Lledó, aunque llegó tarde, pues el contrato ya había sido firmado con el representante de Clifton Pecket, que actuó como un mero intermediario de la sociedad de Víctor Chávarri.

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Pequeño barranco entre las concesiones de La Higuera (a la derecha) y Santa Catalina. En el centro se encuentra un pequeño depósito de estériles procedente de Santa Catalina.

Dentro de los problemas por impagos que tuvo Chávarri con casi todos los propietarios de las minas que tuvo arrendadas en Bédar, la de Santa Catalina fue la que más complicaciones le causó. José España y Lledó, propietario de un 57,5% de acciones de la mina y representante del resto, era además un abogado muy competente, que plantó cara a la poderosa compañía minera. El pleito, que fue ampliamente seguido por la prensa, se conoció como “El Asunto Chávarri”, y en cierta manera espoleó al resto de propietarios de minas arrendadas por la sociedad de Chávarri y que también consideraban que se habían incumplido los contratos. Se dice que Don Andrés López de la Presa, ingeniero director de estas minas, recibió amenazas de muerte a causa de los pleitos con los propietarios. El conflicto llegó a su fin en 1901 con la compra de la concesión minera por un total de 40.000 pesetas, una importante suma para la época.

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Cargadero de mineral en Santa Catalina. Aunque está cubierto por vegetación, se observa bien el resbaladero del cargadero y un muro lateral.

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Muro lateral del cargadero de Santa Catalina.

La explotación de la mina fue irregular, se retrasó el inicio de la explotación porque surgieron problemas con la expropiación de los terrenos. En 1897 la mina estaba en explotación mediante un pozo y  un plano inclinado, bajo la dirección inicialmente del ingeniero Manuel Figuera. En 1899, y ya siendo Don Andrés López director, se indica las dificultades que se encontraban los mineros debido a la ligereza con la que se habían realizado alguna de las primeras obras, así el muro del plano inclinado amenazaba con derrumbarse, o el pozo se obstruía o bien las vagonetas descarrilaban en el túnel.

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Túnel de la Higuera en su extremo a la altura de la concesión de Santa Catalina. Obsérvese que se trata de un túnel amplio y con un cuidadoso trabajo de mampostería, lo llama la atención al tratarse de una labor interior. El motivo es que en un principio se pretendió que la locomotora de Santa Catalina pudiera arrastrar los vagones hasta este punto para su carga, aunque bien sea por el coste o por dificultades para su construcción, se abandonó esta idea y se acabó el túnel con una galería simple sin ningún tipo de refuerzo. El transporte se realizaba con vagonetas, seguramente arrastradas por mulas y se estableció el cargadero para la carga del ferrocarril en el otro extremo del túnel.

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Compuertas de carga en el extremo del túnel de la Higuera. Gracias a los trabajos de cartografía realizados por los estudiantes de Nancy, podemos ubicar estas compuertas en la zona donde se encontraba la tolva de carga de la mina Santa Catalina. Precisamente el túnel se encuentra obstruido a causa de los escombros lanzados por la tolva.

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Ubicación de la tolva de carga en el túnel de La Higuera

A pesar de las dificultades, siempre fue considerada como una de las minas más ricas de la zona, siendo la cabecera de uno de los dos ramales del ferrocarril, que recibía su nombre de esta mina. Según las Declaraciones de los mineros, fue la tercera más productiva, con casi 45.000 toneladas de mineral explotado, solo detrás de La Mulata y El Silencio. La concesión caducó en marzo de 1941.

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Corta junto al cargadero. El cargadero se alimentaba con el mineral extraído en esta corta, que está atravesada por una vía minera. Sin embargo es posible que también recibiera mineral por otra vía minera que se rodea el cerro, en dirección hacia otra pequeña corta.

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Muro de mampostería de refuerzo para vía minera.

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Muro de mampostería y mortero de cal. Parecen los restos de una pequeña balsa.

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Dos vistas del Socavón General

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En las dos fotografías superiores se ven algunas bocaminas cercanas al Socavón general.

En cuanto al funcionamiento de esta mina, la falta de documentación dificulta mucho la interpretación de los restos que todavía se pueden observar. Se sabe que se explotaba mediante un pozo principal y un plano inclinado. Información recogida en 1975  describe varias rozas, un socavón hundido y un pozo, el pozo del Embudo, que podría tratarse del pozo principal de explotación. A pesar de esto, se sabe que el mineral era transportado a través del túnel de La Higuera, la concesión colindante. El mineral se cargaba en las vagonetas dentro del túnel, posiblemente mediante una tolva desde el exterior, tal y como se recoge de testimonios de algunos mineros de Hierros de Garrucha.

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En las dos fotografías superiores, algunas galerías de la mina Santa Catalina.

Por el túnel de la Higuera el mineral llegaba hasta el cargadero conocido como de Santa Catalina, en el primer pozo de luces de la mina Higuera, donde se acumulaba en una tolva provista de nueve compuertas para la carga en los vagones del ferrocarril, que accedían mediante un túnel de 60 metros. Cabe decir que inicialmente se planteó en preparar el túnel de la Higuera para que la locomotora pudiera atravesar toda la Higuera hasta la misma mina Santa Catalina, motivo por el cual ambos extremos del túnel están preparados para ello, con una anchura mayor de lo normal y con una cobertura de mampostería de buena calidad (el túnel de la Higuera se empezó a la vez por ambos extremos). Pero finalmente se abandonó el proyecto (supuestamente por su coste) y se completó el túnel como un simple túnel de transporte con vagonetas.

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Plano de demarcación y algunas de las labores en la mina Santa Catalina.

Disponemos más información gracias a un inventario de mineral de 1916, en el que se da contabilizan cuatro volquetes de mina de una tonelada de capacidad, un volquete de 400 kilos y dos vertederas de tolvas, una de ellas de hierro fundido. También disponía de un malacate y un torno de pozo, además de una chabola de mampostería para fragua. En referencia al malacate de esta mina, en el único plano donde se muestran algunas de las galerías de esta mina se encuentra precisamente el “pozo del Malacate”, aunque ante la ausencia de más documentación, no podemos reconstruir de momento el funcionamiento de la mina, la ubicación del pozo de explotación o pozo del Embudo (si es que eran el mismo) ni conocemos la ubicación y utilidad del plano inclinado. Los testimonios posteriores solo hablan del “Socavón principal o general” de la mina, de una vía minera de superficie que recorría el centro de la concesión y de la “tolva” de carga en el túnel de la Higuera. Los mineros de Hierros de Garrucha podían ir por estas galerías desde la entrada del túnel de la Higuera hasta las labores del hoyo Júpiter, pues las galerías de Santa Catalina llegaron a conectar con las de Júpiter.

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Paralizados los trabajos con el cierre de las minas en los años veinte, Santa Catalina no volvió a ser explotada durante la época de Hierros de Garrucha. No han quedado restos de los trabajos realizados en esta mina, todos los elementos metálicos fueron desmantelados. Tan solo hemos podido encontrar esta punta de barrena, con incisiones en espiga, en uno de los frentes de trabajo de las galerías de la mina. Debe de datar de principios del siglo XX.