La historia olvidada de Bédar: las explotaciones mineras en el barranco de la Fuentecica.

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Panorámica de Bédar con una vista en dirección al barranco de la Fuentecica. Es un barranco muy frecuentado ya que en su parte colindante al pueblo se encuentra la fuente Temprana (de ahí su nombre) y en su parte más alta la conocida como Balsa Alta o Basalta.

Hoy hablaremos de una episodio de la historia de Bédar muy poco conocido, relacionado con el desarrollo de la minería de hierro a finales del siglo XIX y principios del XX. A pesar de que ya se conoce con bastante exactitud las compañías mineras que se establecieron en Bédar y las minas que trabajaron, poco se sabe de la relación que las mismas tuvieron con los vecinos y propietarios de Bédar. Otras minas y sociedades mineras no tuvieron quizás demasiados problemas debido a la lejanía de sus principales minas de los núcleos de población más importantes. Pero la existencia de grandes yacimientos de mineral de hierro en las cercanías y por debajo de Bédar harían que a no mucho tardar alguna de las compañías mineras intentaran obtener beneficio. El conflicto, entonces, estaría servido.

Así fue. Llama la atención los restos de minas de cierta envergadura que se encuentran justo al lado del núcleo urbano de Bédar. Al lado del actual “campo de fútbol” se observan numerosos restos de escorias y rozas de explotación. El mismo cerro de la Señora se haya ocupado por una gran roza minera antigua, el mismo cerro está perforado por numerosas galerías y cavidades, de tal manera que es posible transitar desde el mismo campo de fútbol hasta el barranco de Bédar, junto a la carretera a Lubrín, por medio de las galerías y trancadas que atraviesan el cerro.

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Justo detrás del actual campo de fútbol, se puede apreciar una depresión en el terreno, que se correspondería con la antigua tolva de carga de las minas Mozambique y Segunda Mulata. Justo enfrente, se observan algunos trabajos (rozas y desmontes) de la mina Mozambique.

Sin duda, la cercanía de estas minas a las casas del pueblo ocasionó numerosos conflictos con los vecinos, y realmente así fue, aunque ninguna historia se ha conservado en la tradición oral. No es nada que sorprenda demasiado, sobre todo si tenemos en cuenta el acusado proceso de “amnesia histórica” que ha sufrido Bédar en lo que respecta a su historia minera. Lo único que se conservan son algunas historias sobre el trato que se le daba a los muchachos de cuadrillas de gavia que trabajaban en las minas de lo que se conocía como barranco de la Fuentecica, donde hoy podemos encontrar el campo de fútbol y algunas viviendas. Estas historias cuentan cómo los capataces azuzaban a los niños que transportaban el mineral, en unos petos que llevaban a la espalda, y cómo eran azotados con cinturones para mantener el ritmo. Incluso llegaron a recitarme en una ocasión, parte de una copla o comparsa antigua que decía algo así como “Si quieres ver a tu hijo morir, envíalo a la mina, y entrégalo al capataz…” Estas historias, que podrían en un principio considerarse como meras exageraciones, no lo son tanto en el momento en el que se pueden encontrar historias semejantes en los periódicos de la época, referentes al trato que se daba a estos niños. Otros detalles que se dan son demasiado precisos como para ser una invención, como el hecho de que estos niños llevaban el mineral a la espalda, sobre unas cestas (de esparto, se supone) con una capacidad para una arroba de mineral, sujetos a la espalda por unos petos de lata que evitaban que la humedad del mineral empapase la ropa. 

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En la fotografía, algunas de las labores de desmote en Mozambique. Las labores en esta mina se limitaron a una explotación a cielo abierto y algunas galerías.

Lo cierto es que los problemas empezaron en el mismo momento que la Sociedad de Chávarri se puso como objetivo el explotar los ricos yacimientos próximos a Bédar, lo cual acabaría con la construcción del ferrocarril cuyo ramal de “La Mulata” partiría precisamente desde estas minas.

Hablamos concretamente de tres minas: La Mulata, Segunda Mulata y Mozambique. El primer y habitual paso tras conseguir las concesiones mineras era el de realizar la expropiación de la superficie necesaria para realizar los trabajos mineros. Esta expropiación era forzosa siempre que no fuera dudosa la ventaja de la explotación del subsuelo sobre la del suelo, cosa poco frecuente. El problema que surgía habitualmente era la divergencia con los propietarios al respecto del precio que había que abonarse por los terrenos, lo que hacía interminables dichos expedientes de expropiación, judicializados muchas veces, lo que hacía que tardaran mucho tiempo en resolverse.

 DSCN1176En la fotografía se aprecian los que queda de la antigua tolva de carga en el barranco de la Fuentecica. Obsérvese el muro de la parte superior de la misma y los restos de un “resbaladero” o rampa de carga del mineral que procedía del pozo Plaza (Segunda Mulata).

El problema es que el terreno que se pretendía expropiar estaba ocupado por tierras de regadío, con numerosos árboles frutales y cortijos, por lo que las dificultades fueron más de las que ya se podían prever. Incluso el alcalde de Bédar de esa época (1895-1896) parece que favoreció a los propietarios, poniendo todas las trabas posibles a la ocupación de estos terrenos. En 1900, el Ayuntamiento de Bédar ordenó paralizar los trabajos en Mozambique y Segunda Mulata, por el riesgo que suponía la cercanía de la fuente Temprana, con miedo a que la Sociedad de Chávarri desviara las aguas para satisfacer sus propias necesidades. El conflicto judicial se prolongó por casi 20 años.

No en vano, en la prensa de la época se pueden encontrar las quejas de los vecinos de Bédar, ya que las fincas rústicas de esa zona no podían disponer del agua que tenían en propiedad, y hasta se indica que había disminuido el caudal de agua en la fuente pública.

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En la fotografía se puede observar los depósitos de estériles de mina depositados en el barranco procedentes de la mina Mozambique.

Otro problema importante derivaba de la misma explotación de las minas. Las explosiones de dinamita en las rozas colindantes con el pueblo suponían un problema más que evidente, ya que las rocas proyectabas caían directamente sobre las casas y calles del pueblo. Si no se registró ninguna desgracia era porque los mineros avisaban de la pegada de los barrenos haciendo sonar una caracola, de manera que la gente tuviera tiempo de ponerse a refugio.

 

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Todavías son visibles los efectos de las últimas explosiones de dinamita en los desmontes de la mina Mozambique.

El tercer gran problema que suponía la explotación, y el más importante por su repercusión, era el tema de los escombros. Según se informa en la prensa, la Sociedad de Chávarri lanzaba los escombros al mismo barranco de la Fuentecica, lo cual suponía un enorme riesgo para el pueblo, ya que al situarse el mismo en la parte alta del pueblo, dichos escombros bloqueaban (y bloquean) el curso natural de las aguas. Como zona semiárida que es, el suelo es incapaz de absorber el agua de las lluvias copiosas, lo que en Bédar puede suponer peligrosas riadas, que periódicamente provocan numerosos daños en las instalaciones y calles del pueblo. Bloquear un barranco suponía, por lo tanto, un riesgo más que evidente. Se recoge en la prensa de la época como las riadas habían provocado numerosos daños en las fincas rústicas colindantes a este barranco. Es muy clarificador lo que afirma el corresponsal del periódico El Radical de marzo de 1907: “…la misma Compañía posee otra mina a unos cincuenta metros de la población, cuyos vaciaderos amenazan enterrar el pueblo en días de inundación, y cuyas galerías, según la dirección de los trabajos, amenazan también con cortar y hacer desaparecer el agua de la fuente pública, corriendo el peligro de ser encauzada por alguna tubería propiedad particular.”

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Panorámica de La Mulata desde la mina Mozambique. Junto a la tolva del barranco de la Fuentecica había una trancada que permitía el acceso de los mineros hasta las galerías inferiores. Las rozas y bocaminas que se observan en la fotografía dan acceso también a estos niveles inferiores de explotación de la mina Mulata, por las que se puede atravesar, aún hoy en día, de un lado a otro del cerro. Por supuesto, no recomendamos a nadie que lo intente.

Aunque poco ha quedado en la tradición oral con respecto a estos problemas, cosa que ya digo que no ha de sorprender demasiado, sí que ha quedado una cosa bien clara, y es que se sabe perfectamente que este barranco está colmatado de escombros.

Cuando se construyó el campo de fútbol primero, y las casas colindantes después, no dejaron de escucharse algunos comentarios de sorpresa al respecto de la idoneidad de “construir sobre escombros de mina”. Junto al campo de Fútbol se encontraba una antigua tolva cónica, bastante grande, que fue completamente cubierta con tierra para aprovechar el terreno como cultivo. Todavía quedan visibles parte de las paredes de la misma y su resbaladero, utilizado para lanzar el mineral procedente de la vía de servicio del pozo Plaza (mina Segunda Mulata). Esta tolva recogía todo el mineral procedente de las minas Mozambique y Segunda Mulata, y por medio de una galería inferior de transporte que atravesaba el cerro de la Señora, el mineral se llevaba a una segunda tolva, gemela a la anterior, ubicada en el barranco de Bédar (conocido como el barranco de la Cueva Oscura), desde la que se cargaba directamente el mineral en los vagones del ferrocarril, dentro del túnel conocido como “la Palmera”. No siempre el transporte de estas minas fue así, ya que nos referimos a los últimos años de explotación en los años veinte, pero no es el momento ahora de tratar de estos asuntos. Baste el ejemplo para ver la complejidad de galerías y trancadas que perforan toda la zona, además del importante depósito de escombros, algo evidente todavía en muchas zonas del barranco.

pozoplazaBocamina del pozo Plaza en Segunda Mulata (fotografía de 2004). El acceso a esta mina tenía mucha pendiente, por lo que ha de considerarse como muy peligroso. En la fotografía se aprecia cómo está tapado apenas con un montón de ramas secas y maleza. Desconocemos el estado actual de esta bocamina. Es muy peligrosa.

 

Sabiendo esto, no deben sorprender las dificultades que se comenta que experimentaron los obreros de las casas colindantes al campo de fútbol, en especial a la hora de construir las cimentaciones de las casas y piscinas.

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Plano anterior a 1896 en los que se aprecian las tres minas de las que hemos hablado. También se marca el trazado del barranco de la Fuentecica, que rodea el pueblo en dirección a la concesión minera de Dos Amigos. Se indica también la posición de la antigua Ermita del cerro de la Señora y la “Fuente de Bédar”. Las labores en Mozambique se llevaron a cabo desde el mismo barranco de la Fuentecica en dirección a la fuente, de ahí que se paralizaran los trabajos. La explotación de la mina Mulata tuvo otro daño colateral, que es el derribo de la ermita mencionada. Como compensación, la Sociedad de Chávarri construyó otra ermita en la parte superior del pueblo, que no hace muchos años también fue derribada y sustituida por la actual ermita.

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En la fotografía superior, la vieja ermita de Bédar en la cima del cerro de la Señora, antes de que fuera derribada al considerarse peligroso que la gente subiera hasta ella, ya que justo al lado se llevó a cabo una gran explotación a cielo abierto para aprovechar la gran masa de mineral que se ve reflejado en el plano inferior, justo donde se encontraba la ermita. Esta explotación a cielo abierto o “roza” se llamó en Bédar “roza del Indio”, no sabemos muy bien por qué. Corresponde, de todas formas a la parte superior de la mina Mulata o “Mulata alta”, cuyo mineral era transportado aprovechando el túnel inferior que conectaba con la tolva de la Cueva Oscura.

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El plano de la fotografía superior muestra los yacimientos de hierro que se reconocieron en el cerro de la Señora antes de que se iniciaran las explotaciones a gran escala. Antes de esto tan solo se habían realizado algunos trabajos mineros a nivel de los yacimientos situados junto al barranco de la Cueva Oscura por parte de una Sociedad minera llamada “La Mulata”, que tan solo llegó a explotar una limitada cantidad de carbonatos de hierro que se vendían en la costa como fundente para las fundiciones de plomo. Posteriormente se descubrieron más yacimientos en dirección hacia el barranco de la Fuentecica, lo que motivó la explotación de las minas Segunda Mulata y Mozambique.

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