La cerámica esgrafiada del castillo de los moros de Bédar

 

CASTILLO

 

Volvemos a uno de los lugares más icónicos de Bédar, el castillico de los moros, para hablar esta vez sobre cerámica. Desde hace mucho tiempo, he visto aparecer pequeños fragmentos de una cerámica decorada en blanco y negro, con motivos a veces muy llamativos,  siempre procedentes del castillo roquero bedarense.

Como ya he comentado otras veces, en la época en la que los caminos hacia el castillo eran practicables, era un pasatiempo habitual entre los más pequeños el ir a la búsqueda de tesoros. Esto consistía básicamente en subir al castillo y hacer algún agujero. Como siempre surgía cerámica, a veces se recogía como “trofeo” y, claro está, siempre se acababa perdiendo. Recuerdo haber visto bastante de esta cerámica, que ahora reconozco pero que por esos entonces no era más que una simple curiosidad pasajera.

Con el tiempo, y al ir interesándome más por la historia de Bédar, empecé a guardar los fragmentos que me llamaban más la atención.  Por lo general, los muchachos perdían rápidamente el interés por los “tesoros” que encontraban. Otras veces yo mismo pude recoger algunos fragmentos interesantes que habían caído por la pendiente del cerro, puestos al descubierto por la erosión y arrastrados por el viento, la lluvia o los animales, todos procedentes de la antigua fortaleza.

Hoy vamos a hablar un poco de estos fragmentos, aunque desafortunadamente es una pequeña proporción de los que he llegado a ver. Quiero advertir que quien escribe estas líneas lo hace desde la casi total ignorancia sobre cerámica medieval, así que toda rectificación o información adicional será más que bienvenida.

Así que nos encontramos con una serie de fragmentos de cerámica decoradas con una técnica mixta en la que se combina la pintura y la incisión. La pieza se recubría con una capa de óxido de manganeso, que posteriormente se rasgaba con un buril o con punzones para mostrar el color natural del barro o bien de una capa de engalba blanca o amarillenta que se aplicaba previamente. También se completaba la decoración aplicando el manganeso a modo de pintura.  Las pastas utilizadas eran generalmente calcáreas de color claro y de paredes finas, lo que contrastaba vivamente con el color negro del óxido de manganeso.

 

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Diferentes fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se observan diferentes tipos de decoración, motivos vegetales, rombos, rectángulos, triángulos a base de líneas paralelas, etc.

 

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Más fragmentos de cerámica esgrafiada procedente del castillo de Bédar mostrando diferentes tipos de decoración.

 

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Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se presentan básicamente líneas, la mayor parte pintadas.

 

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Uno de los fragmentos de cerámica esgrafiada más interesante. Se trata de un fragmento  del borde superior de, seguramente, una jarrita o  jarra. Presenta una decoración a base de una cenefa de espirales esgrafiadas superior junto a otros motivos de espirales. Nótese el parecido con otra cerámica del mismo tipo hallada en Cádiz. Además, parece presentar motivos pseudoepigráficos.

 

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Algunos de los fragmentos hallados parecen estar decorados con caracteres pseudoepigráficos (vocablos en cúfico ilegibles).

 

Cronológicamente, la cerámica esgrafiada se fecha entre la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII (desde el inicio del dominio almohade en la península), aunque hay formas más tardías atribuidas a los siglos XIV y XV, siendo algo más toscas y con menos desarrollo de la decoración, muchas veces limitado a la parte superior de jarritas y jarritos.

Este tipo de cerámica se extendió por el litoral mediterráneo occidental (desde Castellón hasta Cádiz) y el norte de África, aunque también aparece en zonas interiores de la Península Ibérica. Los centros de producción en su época de mayo esplendor (siglos XII y XIII) se encuentran en el área levantina y murciana. La producción de este tipo de cerámica fue desapareciendo conforme los reinos cristianos fueron avanzando hacia el Sur.

 

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Este curioso fragmento, correspondiente posiblemente al borde superior de una taza o copa, presenta una decoración con líneas paralelas y lo que parece escritura en cúfico, aunque puede tratarse de pseudoepigrafía o del algún otro tipo de decoración (¿triángulos?)

 

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Solo conocemos un fragmento con epigrafía clara. Pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra “AL-GHIBTA”, o lo que es lo mismo “la dicha”.

 

Este tipo de decoración esgrafiada se utilizaba especialmente para recipientes destinados a la contención, transporte y servicio de líquidos como el agua, siendo la jarrita la forma más habitual, aunque se pueden encontrar en otros tipos cerámicos, como jarras, tazas, tinajas, etc.

Los motivos decorativos son los habituales en este tipo de cerámica, encontramos motivos vegetales, geométricos y también epigráficos en cúfico o bien vocablos ilegibles (pseudoepigráficos). Entre los motivos geométricos encontramos espirales, cordones, puntos, reticulados de rombos, líneas paralelas y retículas cuadradas.

 

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Algunos fragmentos de cerámica del castillo de Bédar se pueden correlacionar fácilmente con la decoración típica de los alfares de la zona de levante. En este caso concreto, nótese el parecido de la decoración que presentan varios fragmentos con los de una jarra esgrafiada estilo almohade procedente de la Alcazaba de Almería (Muso de Almería). Esta jarra presenta una decoración dispuesta en bandas transversales independientes con una cenefa central de triángulos a base de un par de líneas paralelas zigzagueantes.

 

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Nótese también el parecido de la decoración hexagonal que presenta este fragmento de cerámica esgrafiada de Bédar con piezas de cerámica halladas en el Pozo de San Nicolás, en Murcia.

 

Este tipo de cerámica esgrafiada y pintada al manganeso no es muy abundante si la comparamos con otros tipos. De hecho se la considera como un tipo de cerámica de lujo, muy ligada a los recipientes para la contención y servicio de líquidos, es posible que se tratara de una cerámica de tipo ritual, para la ablución antes de la oración de los viernes.

Durante los siglos XIV y XV se produjo una nueva fase de producción de este tipo de cerámica, con motivos más descuidados, menor desarrollo del esgrafiado y más motivos pintados (líneas y motivos geométricos). Estas producciones están vinculadas a la influencia del imperio meriní, de origen bereber surgido tras la caída del imperio almohade (siglos XIII y XIV) y que  llegó a controlar algunas partes de Andalucía.

 

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Destaca la casi total ausencia de fragmentos de cerámica esgrafiada en la vecina fortaleza de Serena. Esto puede ser debido a que hace relativamente poco tiempo que se descubrió esta fortaleza. También se ha encontrado un pequeño fragmento de cerámica esgrafiada al manganeso en la antigua atalaya del cerro de la Cruz, que debió estar asociada a la fortaleza de Serena, vigilando el camino que la comunicaba con Bédar y también como forma de comunicarse con la fortaleza del pueblo vecino en caso de necesidad.

 

Se considera como un tipo de cerámica urbana, pues se encuentra especialmente en ciudades o pueblos grandes, pero también es posible encontrarla en fortalezas rurales, como es el caso de Bédar, aunque en mucha  menor cantidad. En la fortaleza de Serena está prácticamente ausente, solo conocemos dos pequeños fragmentos. También se conoce un pequeño fragmento procedente de la atalaya vigía que estuvo ubicada en el cerro de la Cruz.

Y hasta aquí este pequeño viaje al pasado y a esta interesantísima fortaleza de Bédar con un pasado todavía muy desconocido. Esperamos que sirva para dar a conocerla más entre los vecinos y todos los apasionados por la historia y la arqueología de nuestra tierra, y para que algún día se puedan realizar algún tipo de puesta en valor de estos elementos de nuestro patrimonio que puedan, además, repercutir positivamente en el potencial turístico de este bello pueblo.

Bibliografía:

-Las cerámicas esgrafiadas de Cádiz y la difusión de las producciones esgrafiadas en el suroeste peninsular y el magreb. Francisco Cavilla Sánchez-Molero.

-Producción y comercialización d la cerámica esgrafiada y pintada en el  ámbito del estrecho de Gibraltar. El caso de Ceuta. José Manuel Hita Ruiz y Fernando Villada Paredes. Almoraina 42, 2011.

-Cerámica esgrafiada: estado de la cuestión. Almudena Crespo Pascual. AAC12, 2001, pp. 353-370

 

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