Una aclaración necesaria sobre la protección de la antigua mezquita/ermita de Serena (Bédar)

Completamos el anterior post referente a la mezquita/ermita de Serena, pero antes de nada, una fe de erratas respecto a la denominación de la protección de la antigua mezquita, posteriormente Ermita de Serena.

En anteriores referencias hemos indicado que el inmueble fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2012, un error que se repite desde hace tiempo y del que nosotros mismos nos hemos hecho eco en diversas ocasiones. No entraremos en el origen del error, que procede de las noticias publicadas en su momento, pero, consultado el texto oficial del BOJA, lo correcto es precisar que la Orden de 14 de febrero de 2012 inscribió la Ermita de Serena en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como “bien de catalogación general” (CG).

La propia resolución identifica el edificio como la antigua mezquita de Serena, posteriormente ermita y almazara, y protege la integridad del inmueble.

Es una precisión jurídica importante, pero no cambia sustancialmente el problema que nos ocupa. La Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía establece que el Catálogo General comprende tanto los BIC como los bienes de catalogación general, y que la inscripción de estos últimos implica la aplicación de las normas de protección previstas en la propia Ley.

Además, el deber de conservación no depende exclusivamente de que un inmueble sea BIC. El artículo 14 establece el deber de conservar, mantener y custodiar los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, estén o no catalogados.

Retomando nuestro último post, hemos de indicar que, después del devastador incendio sufrido este verano, el inmueble se vio afectado por el derrumbe parcial de su cubierta.

La Ley 14/2007 establece expresamente que los municipios tienen la misión de colaborar activamente en la protección y conservación del patrimonio histórico situado en su término municipal. Y añade que, en caso de urgencia, pueden adoptar las medidas cautelares necesarias para salvaguardar aquellos bienes cuyo interés se encuentre amenazado.

Además, la misma Ley establece que, cuando se pone en conocimiento de la Administración un peligro de destrucción o deterioro de un bien del Patrimonio Histórico Andaluz, deben llevarse a cabo las actuaciones que procedan, contemplando expresamente la situación en la que una construcción o alguno de sus elementos pueda amenazar con derrumbarse de forma inminente, poniendo en peligro la seguridad pública o la integridad del patrimonio protegido. En estos supuestos, los ayuntamientos están habilitados para adoptar las medidas necesarias, incluido el apuntalamiento.

Esto no significa que los ayuntamientos tengan que asumir automáticamente la restauración completa de inmuebles privados, pero sí significa que, ante un inmueble catalogado que ha sufrido un incendio y un derrumbe parcial, parece razonable que se haya llevado a cabo, al menos, una inspección técnica del estado del mismo. 

¿Es este el caso de la mezquita/ermita de Serena?

En caso de que no se haya realizado, solicitamos públicamente al Ayuntamiento de Bédar que:

1. Se realice una inspección técnica del inmueble con carácter urgente, para determinar su estado de estabilidad y seguridad, incluyendo el riesgo de nuevos desprendimientos o de un deterioro estructural importante.

2. Se evalúe el riesgo que la situación actual supone para la conservación de los elementos históricos del edificio, adoptando las medidas cautelares de seguridad y protección que sean necesarias, si procede.

3. Se dé traslado de la situación a la Delegación Territorial competente en materia de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, para que pueda ejercer, en su caso, las competencias de tutela y conservación que le corresponden.

Creemos que lo que solicitamos es, en resumen, que un bien del Patrimonio Histórico Andaluz, que acaba de sufrir un incendio y un derrumbe parcial, sea inspeccionado técnicamente y que las Administraciones competentes determinen qué riesgos existen y qué medidas son necesarias para evitar que el deterioro continúe.

En este caso, una inspección técnica es probablemente el mínimo que cabe esperar para saber qué está ocurriendo realmente con el edificio y qué puede hacerse antes de que el daño sea mayor.

La Ruta del Agua de Bédar y sus pinturas murales andalusíes: a salvo del incendio, pero no del abandono

En los últimos días hemos querido comprobar sobre el terreno el estado de la Ruta del Agua de Bédar tras el grave incendio que ha afectado a buena parte de la sierra. Aunque las llamas llegaron a aproximarse peligrosamente a los núcleos urbanos de Bédar y Bedarín, el entorno inmediato por el que discurre este conocido itinerario se ha librado, afortunadamente, de los efectos del fuego. Del mismo modo, las importantes pinturas murales andalusíes del siglo XI de la Balsa Alta de Bédar también han quedado intactas, evitando así una pérdida patrimonial de enorme relevancia.

Arriba: Contraste entre el entorno de Bédar, que ha permanecido afortunadamente a salvo del incendio, y la ladera de la sierra, completamente calcinada, visible al fondo.

Esta es, sin duda, una noticia positiva dentro de una tragedia ambiental de grandes dimensiones. Sin embargo, conviene recordar que el hecho de que la ruta no haya sido alcanzada por el incendio no significa que pueda recorrerse sin precauciones.

La Ruta del Agua continúa mostrando las consecuencias de las lluvias torrenciales sufridas el pasado año. Es cierto que se han llevado a cabo algunos trabajos de reparación, consolidándose diversos caminos e instalándose barandillas de madera en determinados puntos para mejorar la seguridad. No obstante, el itinerario sigue presentando tramos que requieren especial atención. El sector comprendido entre la Fuente Temprana y la Balsa Alta continúa siendo el más delicado, tanto por el deterioro del sendero como por la abundante vegetación, que en algunos puntos dificulta considerablemente el paso.

Arriba: Una de las protecciones de madera en un punto cercano a la Balsa Alta.

Dado que actualmente no nos consta ninguna señalización que prohíba transitar por la ruta, consideramos oportuno advertir a quienes deseen recorrerla de que no se trata de un itinerario apto para personas con movilidad reducida y de que es imprescindible extremar la precaución, especialmente en aquellos tramos que discurren junto a las acequias, donde el terreno puede resultar resbaladizo o presentar zonas estrechas y expuestas.

Arriba: Uno de los tramos más delicados del recorrido entre la Balsa Alta y la Fuente Temprana. El deterioro del sendero obliga en algunos puntos a transitar por la propia acequia, por lo que es necesario extremar la precaución.

Un patrimonio excepcional que sigue esperando protección

Si la situación del sendero invita a la prudencia, mucho más preocupante es la de uno de los elementos patrimoniales más singulares que alberga este paraje: las pinturas murales andalusíes del siglo XI.

A día de hoy permanecen completamente inaccesibles para el público, sin medidas de protección efectivas y sin que exista un proyecto conocido para su restauración, estudio o puesta en valor. Han transcurrido décadas desde su descubrimiento y, pese a tratarse de un conjunto excepcional dentro del patrimonio andalusí, su situación continúa siendo la misma: abandono e indiferencia administrativa.

Arriba: La Balsa Alta de Bédar, uno de los enclaves más emblemáticos del patrimonio histórico e hidráulico de la localidad, afortunadamente preservado del incendio.

Desde este blog hemos venido denunciando esta realidad de forma reiterada. Hemos trasladado nuestras preocupaciones tanto a las autoridades municipales como a los responsables competentes en materia de patrimonio cultural, impulsando además las iniciativas encaminadas a su estudio y difusión. Resulta difícil no constatar que buena parte del conocimiento generado sobre este enclave ha partido precisamente de este modesto espacio de divulgación, mientras las instituciones responsables siguen sin ofrecer una respuesta acorde con el valor histórico del conjunto.

Arriba: Fotografía de las pinturas murales andalusíes de la Balsa Alta de Bédar, realizada en 2004. El reportaje fotográfico llevado a cabo por este blog fue fundamental para que la profesora Carmen Barceló, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Valencia, pudiera estudiar y traducir las inscripciones conservadas. Gracias a ese trabajo se identificó el texto fundacional del conjunto: «El primero del mes de ŷumādà al-ājira del año cincuenta y cinco y trescientos. Fue escrito…», una inscripción que permite fechar las pinturas el 25 de mayo de 966, durante el califato de al-Ḥakam II. Publicados en la revista científica Al-Qanṭara bajo el título Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966), estos resultados confirmaron la extraordinaria importancia histórica de unas pinturas únicas que, pese a su relevancia y a la contribución decisiva de este blog para su documentación y estudio, continúan hoy sin protección efectiva, sin restaurar y sin posibilidad de ser visitadas.

En esta ocasión, además, las pinturas han escapado literalmente de la destrucción. Hemos podido comprobar que el frente del incendio llegó aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan, en dirección al Castillo de los Moros, una zona que todavía no nos ha sido posible visitar para evaluar su estado.

La proximidad del fuego obliga a una reflexión inevitable. De haber ardido la espesa vegetación que rodea este enclave, es muy probable que hoy estuviéramos lamentando la desaparición irreversible de un bien patrimonial único. Habría sido una pérdida irreparable para la historia de Bédar y para el patrimonio andalusí en su conjunto.

Arriba: Tramo de la Ruta del Agua entre la Balsa Alta y la fuente de los Chorreadores. Tras los daños ocasionados por las lluvias torrenciales del pasado año, el camino ha sido reparado y dotado de nuevas protecciones de madera para mejorar la seguridad de los visitantes.

Confiamos en que esta grave tragedia sirva, al menos, para poner de manifiesto la extraordinaria vulnerabilidad de estos bienes culturales. La conservación del patrimonio no puede depender únicamente de la fortuna o de que un incendio cambie de dirección en el último momento. Es necesaria una actuación decidida que garantice su protección, su estudio y su adecuada puesta en valor antes de que sea demasiado tarde.

Porque el patrimonio histórico no solo se pierde por la acción del fuego. También desaparece lentamente cuando el abandono se convierte en la norma y la inacción institucional acaba siendo la respuesta habitual.

El cable minero español que inspiró un proyecto para Yellowstone

A finales del siglo XIX, mientras el Parque Nacional de Yellowstone comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos naturales de Estados Unidos, un periódico norteamericano publicaba una curiosa propuesta para facilitar la visita a uno de sus parajes más espectaculares. La idea consistía en construir un tranvía aéreo que permitiera a los viajeros cruzar el impresionante cañón del río Yellowstone suspendidos sobre el vacío.

Lo sorprendente no era únicamente el proyecto, sino la fuente de inspiración elegida por sus promotores.

El modelo propuesto no procedía de Suiza ni de los Alpes, sino del sureste de España. Más concretamente, de un cable aéreo minero construido entre las sierras de Bédar y el puerto de Garrucha, en la provincia de Almería.

Puede parecer una afirmación exagerada, pero la documentación de la época no deja lugar a dudas.

En marzo de 1897, el periódico estadounidense The Abilene Monitor explicaba que los visitantes más aventureros podrían recorrer el desfiladero «según los planos del paso de Villa Reforma del teleférico Bédar-Garrucha, en la provincia de Almería, sur de España«. La ilustración que acompañaba la noticia (abajo a la derecha) reproducía, además, una estructura extraordinariamente parecida al célebre paso de Villa Reforma, uno de los puntos más espectaculares del cable almeriense.

¿Cómo había llegado una instalación minera española a convertirse en referencia para un proyecto al otro lado del Atlántico?

La respuesta hay que buscarla en la extraordinaria importancia técnica que alcanzó aquel cable aéreo.

Construido entre 1887 y 1888 para transportar el mineral de hierro desde las minas de Serena, en Bédar, hasta el embarcadero de Garrucha, la línea tenía una longitud cercana a los dieciséis kilómetros. En el momento de su inauguración era una de las mayores obras de ingeniería de este tipo existentes en el mundo y, según la documentación técnica de la época, poseía la mayor capacidad de transporte conocida entre los cables aéreos entonces en funcionamiento.

Su construcción fue dirigida por el ingeniero noruego Gustav Thorkildssen para la firma alemana Julius Pohlig, una de las empresas más prestigiosas del sector. En ella participó también Karl Bahlsen, quien años después se establecería definitivamente en Almería y desarrollaría una intensa actividad industrial como constructor e instalador de cables aéreos.

El éxito de la instalación fue inmediato.

Las revistas especializadas comenzaron a publicar artículos sobre sus soluciones técnicas. Los fabricantes de teleféricos utilizaron fotografías del cable en sus catálogos comerciales y algunos de sus elementos constructivos pasaron a estudiarse como ejemplo de las posibilidades que ofrecía el sistema alemán de transporte por cable.

Entre todas las imágenes difundidas destacó especialmente la del paso de Villa Reforma, donde la línea salvaba un profundo barranco mediante una elevada estructura metálica que impresionó a ingenieros y técnicos de numerosos países.

No resulta extraño, por tanto, que cuando alguien imaginó una forma espectacular de atravesar el gran cañón de Yellowstone recurriera precisamente a aquel ejemplo español que ya era conocido en los ambientes internacionales de la ingeniería.

Aunque el proyecto norteamericano nunca llegó a construirse, constituye un magnífico ejemplo del prestigio alcanzado por una obra que hoy permanece prácticamente olvidada, cuyo perfil y principales características técnicas, procedentes del Archivo Nacional Noruego, se representan en la imagen inferior.

Paradójicamente, mientras miles de personas visitan cada año Yellowstone sin conocer esta curiosa conexión histórica, en Almería apenas sobreviven algunos restos dispersos de una infraestructura que fue admirada en todo el mundo y considerada una referencia tecnológica de su tiempo.

La historia del cable de Bédar-Garrucha es solo una de las muchas que forman parte del patrimonio industrial español. Durante décadas, los cables aéreos permitieron explotar yacimientos situados en lugares donde el ferrocarril resultaba inviable, modificando el paisaje y convirtiéndose en piezas fundamentales del desarrollo económico de numerosas comarcas mineras.

Sin embargo, la mayor parte de estas instalaciones desaparecieron tras el cierre de las explotaciones. Lo que hoy conocemos sobre ellas se debe, en gran medida, a la conservación de planos, fotografías, archivos empresariales y documentación técnica dispersa en numerosos archivos nacionales e internacionales.

Precisamente esa labor de recuperación documental es la que ha permitido reconstruir episodios tan sorprendentes como la influencia del cable de Bédar en el proyecto de Yellowstone.

Para saber más

Esta historia forma parte del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla, una obra que reúne más de veinte años de investigación sobre los sistemas históricos de transporte por cable en el sureste español. El libro documenta su evolución tecnológica, sus protagonistas y más de un centenar de líneas mediante fotografías históricas, planos originales y abundante documentación inédita procedente de archivos españoles y extranjeros.

Ya disponible a la venta en AMAZON

Mañana verá la luz una historia que permanecía casi oculta…

Entre las páginas del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla aparece la figura de Carlos Bahlsen, un ingeniero de origen alemán que llegó a Almería y terminó convirtiéndose en uno de los grandes impulsores de su desarrollo industrial.

Desde La Maquinista, su fábrica junto a Las Almadrabillas, salieron soluciones técnicas que ayudaron a mover la minería almeriense: cables aéreos, maquinaria e instalaciones que hoy forman parte de la memoria industrial de nuestra tierra.

Gracias a la documentación conservada por la familia Bahlsen-Lacal y a otros archivos consultados, este libro recupera la trayectoria de un hombre apasionado por la ingeniería y devuelve a Bahlsen el lugar que merece en la historia industrial de Almería.

Mañana, 17 de julio, disponible en Amazon.

Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.

Disponible dentro de dos días, el 17 de julio.

El castillico de los moros de Bédar

Hace poco nos hicimos eco de los trabajos arqueológicos que se llevan a cabo en el cerro del Espíritu Santo, en Vera, promovidos por su ayuntamiento. Pero no son los únicos, trabajos similares se llevan también a cabo en Mojácar y Antas, y un poco más lejos en Huércal-Overa y Macael. Parece que la comarca se despierta tras muchos años ignorando su patrimonio y que empieza a darse cuenta de su potencial turístico, con campañas de excavación, exposiciones e incluso museos, que van a dinamizar y diversificar la oferta turística.

No nos hacemos ilusiones con respecto a Bédar. Aunque no tenemos nada que envidiar al resto en cuanto a patrimonio arqueológico, es un pueblo demasiado pequeño para proyectos tan ambiciosos. A pesar de todo, sí que creemos que hay actuaciones que podrían llevarse a cabo si hubiera voluntad política y apoyo de los vecinos, es por eso que iniciamos un pequeño recorrido por nuestras joyas patrimoniales más prominentes y, cómo no, empezamos por nuestro castillico de los moros.

Bédar y Serena formaron parte de la frontera del reino de Granada durante los siglos XIV y XV. Fue durante el reinado del rey de Granada, Muhammad V que se construyeron y repararon la mayor parte de las fortalezas de la frontera. Cada núcleo de población, por pequeño que fuese, debía disponer por lo menos de una torre de refugio para la población. Una serie de atalayas vigilaban la posible llegada de tropas enemigas. Sin duda fueron tiempos difíciles, los ataques cristianos se cebaban especialmente sobre las poblaciones de la frontera. Se sabe que en 1436 las tropas murcianas ocuparon varias plazas nazaritas, entre ellas Bédar. Pero no Serena. Bédar fue recuperada por las tropas nazaritas entre 1446 y 1447, bajo el reinado de Muhammad X «El Cojo».

El de Bédar es un castillo roquero, un Hisn, según Leví Provençal, o castillos ubicados en lugares elevados con accesos difíciles. Este castillo se remonta más allá de la época nazarita, desconociéndose cuándo se construyó, aunque los restos allí documentados nos hacen pensar que puede ser mucho más antiguo de lo que se podría suponer. Hace ya unos años, un arquitecto técnico de la Universidad de Granada, Mariano Martín García, tuvo a bien visitar este castillo, cuyo resultado fue la descripción que realiza de estas ruinas en su artículo «Notas para el estudio de la arquitectura militar en la zona de la Axarquía almeriense (siglos VIII al XVIII)(2)» aparecido en la revista Axarquía n º 3 del verano de 1998, pp. 67-68. En este interesante artículo, además de una pormenorizada descripción, el autor nos refiere la dificultad de acceso y el estado de abandono en que se encuentran las ruinas, algo que, desgraciadamente, no ha cambiado en 2025.

El aljibe del Castillo de Bédar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 3,5 x 2 m. y al parecer estaba cubierto con una bóveda de mampostería (piedra sin labrar unida con mortero de cal), sus paredes de hormigón de cal evitaba que se filtrara el agua. La parte de la meseta situada al norte-noroeste está repleta de abundantes restos de muros de mampostería en hiladas, vestigios de edificaciones, pero es en la parte sur-suroeste donde se pueden observar todavía algunos muros que se mantienen en pie, así como también algún fragmento de muro en la entrada por el este, los restos de las torres que defendían el acceso.

Finalmente, Vera capituló en 1488 ante el rey don Fernando, y tras Vera hicieron lo mismo todas las villas y alquerías de la zona. El Macarche, por Bédar y Almaf Canif por Serena, se entregaron al rey Don Fernando. Tras la conquista, las fortalezas de Bédar y Serena fueron derribadas para evitar que fueran utilizadas en caso de sublevación de la población mudéjar. Ahí acaba la historia conocida de estas fortalezas: el castillo de Bédar no fue tomado ni destruido al asalto, fue, simplemente, derribado.

Hoy no existe ningún acceso, por lo que llegar hasta él supone un empinado ascenso campo a través. En su cima aún se ven algunos lienzos de la muralla y el aljibe, además de poder disfrutar de una vista espectacular de todo el golfo de Vera. La creación de una ruta segura, así como la segurización del acceso y del propio castillo, podrían ser acciones realizables y que supondrían un incremento de la oferta turística.

Nunca se ha realizado un estudio arqueológico en este castillo, al menos que nos conste. Los hallazgos ocasionales documentados que sabemos con seguridad que proceden de este castillo son pocos, pero muy significativos. Se conoce también el hallazgo de tres monedas de época musulmana procedentes del castillico: un felus de cobre nesjí sin ceca, un dirhem anónimo almohade con ceca de Málaga y un octavo de dirham nazarí con ceca de Granada que se guardan en colecciones privadas, aunque solo hemos podido documentar una:

Pequeñas pinzas dentadas utilizadas para pequeñas intervenciones en la piel.

Un octavo de dirhem nazarí (9 x 8,5 mm y 0,2 g de peso) con ceca de Granada. Es el único hallazgo monetario de época hispanomusulmana procedente de este castillo que hemos podido documentar.

Amuleto monetiforme realizado a molde en plomo, en relieve y por ambas caras. En una de sus caras se aprecia una inscripción, la sura CXII del Corán, un resumen del credo islámico en el que se hace mención a la unicidad de Dios, una fórmula muy utilizada también en monedas y en la arquitectura. Vendría a decir: «Di: Él es Dios Único, Dios Eterno, no engendró ni fue engendrado, y no hay otro semejante a Él».  Por el otro costado presenta una estrella de seis puntas, una hexalfa o sello de Salomón. Se utiliza para protegerse del mal de ojo, sobre todo si está rodeada por un círculo. Este tipo de amuleto se suele datar en función del tipo de escritura cúfica utilizad, por lo que podría corresponderse al siglo XI, y en todo caso, anterior a la época de la que datan la mayoría de restos conocidos hasta ahora de este castillo. las fotografías de este amuleto se expusieron en la exposición «La protección contra el mal en la historia» que se llevó a cabo en el castillo de Chipiona en 2019, tal y como se aprecia en la fotografía inferior:

Fragmento de cerámica al manganeso del castilllo de Bédar, probablemente de origen nazarí. Está pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra «AL-GHIBTA», o lo que es lo mismo «la dicha».

Ponderal de plomo, con las siguientes medidas y peso: 14,98 gramos de peso, 21-23 mm de diámetro y un grosor de unos 3-4 mm.  El estudio de los ponderales ligados al mundo ibérico parece indicar un sistema predominantemente basado en la dracma griega, de 8,6 gr. en el siglo IV a. C; otro en una unidad de 7,2 gr. durante el s. III a. C, y  una época final en la que se basaría en los 7 gr. o incluso menores. El ponderal del castillo de Bédar, de casi 15 gramos de peso, correspondería perfectamente a un múltiplo de las unidades que se mencionan, lo que deja un interrogante sobre el origen de este yacimiento.

Para más información:

Las rutas de senderismo de Bédar (Almería): Circuito urbano y ruta del agua

El hermanamiento de Vera, Cuevas del Almanzora y Mazarrón

En el evento han estado presentes el alcalde de Mazarrón, Ginés Campillo Méndez, el alcalde de Vera, Alfonso García Ramos, y el alcalde de Cuevas del Almanzora, Antonio Fernández Liria, acompañados por concejales y cronistas de las respectivas corporaciones municipales y numerosos vecinos.

Magda Navarro Arias y nuestra el cronista de Mazarrón, Mariano Guillén Riquelme.

Estuvieron presentes los cronistas Mariano Guillén Riquelme (Mazarrón), Enrique Fernández Bolea (Cuevas del Almanzora) y Gabriel Flores Garrido (Vera).

Los alcaldes y cronistas de los tres pueblos posando para las fotografías con los ejemplares de nuestros libros.

En la ceremonia se rendió tributo a los mineros que marcaron nuestra historia con su esfuerzo y sacrificio, manifestando la oportunidad que este acuerdo representaba para estrechar lazos en temas de turismo, cultura y desarrollo local. Es sin duda launa muestra de la voluntad de trabajar entre pueblos hermanos para preservar la nuestra memoria histórica y el patrimonio que conecta a estos pueblos.

Magda Navarro, Guillén Riquelme, Gabriel Flores y Manuel Caparrós, el técnico responsable del Archivo Municipal de Vera, posan con los libros que intercambiaron durante la ceremonia de hermanamiento.

Durante el acto, los alcaldes se intercambiaron varios presentes característicos de dichos pueblos, pero desde nuestro humilde blog queremos dar las gracias a la representación de Vera por regalar ejemplares de dos de nuestros libros: «Trenes, Cables y Minas de Bédar, Los Gallardos, Garrucha y Mojácar» y nuestro último trabajo «Atlas ilustrado de las fundiciones del Levante Almeriense (ss.XIX-XX)«, que está en venta todavía en Amazon. Adjuntamos algunas fotografías cortesía de nuestra amiga y colaboradora, la investigadora histórica de Vera Magda Navarro Arias.

A nuestro parecer, pueblos como Bédar y Garrucha, con un gran pasado y patrimonio minero, también deberían estar participando de este hermanamiento. Especialmente Bédar tuvo una gran relación con la minería, no solo de Vera y de Cuevas del Almanzora, sino también de Mazarrón. Esperamos que no se olviden de ellos en todos los proyectos que surgan de este hermanamiento, que esperamos que sean muchos y muy fructíferos.

Documentos para la historia de Bédar (3): vestigios documentales de la Oficina del antiguo poblado minero de El Pinar

En el poblado minero de El Pinar de Bédar se encontraban las oficinas y casas-dirección de la Compañía de Águilas, la Sociedad para la explotación de las minas de hierro de Bédar y la Unión Bedareña. Durante su larga existencia (1875-1940), llegaron a acumularse en oficinas y almacenes grandes cantidades de documentación, incluidos libros, catálogos, planos… Aparentemente todo se había perdido, salvo contados documentos milagrosamente conservados, aunque a veces la insistencia da sus frutos y encontramos algunas cosas interesantes. Veamos algunas.

Aquí tenemos un copiador de una factura emitida el 22 de mayo de 1938 por parte de la Unión Bedareña, firmada por quien en esos momentos estaba al cargo de las instalaciones: el ingeniero Ismael Fernández. Se trata de la venta a Amador Requena y Félix Rosa de una serie de objetos que, claramente, provienen del laboratorio y hospital minero instalados en El Pinar, sin duda destinados al hospital militar de Vera, ya que nos encontramos en plena guerra civil.

Tenemos que destacar los efectos vendidos del «Servicio Accidentes», que nos deja echar un vistazo al material con el que se contaba para los accidentes de los mineros. Así nos encontramos con pastillas de malvavisco, una planta medicinal conocida por sus efectos contra la inflamación y la tos. También contaban con quinina y vaselina. Se incluyen algunos utensilios como bombonas de esterilización y una damajuana. Otro elemento interesante son las bañeras de cristal para ojos, pequeñas copas de cristal adaptables a los ojos y que servían para dar baños para tratar ojos secos e irritados.

Otro elemento interesante es un tomo de la Estadística de Obras Públicas de 1895 y 1896. Curiosamente, alguien escribió a lápiz en su portada lo siguiente «recuperado de la carbonera de la Máquina del Desagüe», lo que indica claramente que, por algún motivo, acabó en la carbonera de la estación de desagüe principal del El Pinar, que contaba con una máquina Klein con balancín, y que algún empleado de la compañía minera recogió y devolvió a las oficinas. No cabe duda de que se trata de uno de los libros de la biblioteca que la Compañía de Águilas poseía en su oficina, porque en su interior se aprecia claramente el sello y fecha de la misma: «Compañía de Águilas. 27 Jun. 1898, Bédar».

Y acabamos con un documento no menos curioso, que da una idea de los interesantes volúmenes de los que debía estar provista la biblioteca de la Compañía de Águilas. En este caso es un precioso tomo de de las instalaciones mecánicas de la Exposición Universal de París de 1900, con interesantes ilustraciones. El sello no deja lugar a dudas de la procedencia de este bonito volumen.

Pedro Nolasco Soler, «El Santo» de la fundición Carmelita de Villaricos

Hoy, 20 de octubre de 2024, ha subido a los altares como santo el lorquino Pedro Nolasco Soler, junto seis mártires más, asesinados en Damasco en 1860 por odio a la fe. Son los conocidos como «mártires de Damasco». Lo que es muy poco conocido de este santo es que trabajó como operario de la fundición de plomo Carmelita de Villaricos (Cuevas del Almanzora), donde ya fue apodado precisamente como «El Santo», predicción que hoy se ha visto finalmente cumplida. Este curioso aspecto de la biografía de Pedro Soler se recoge en la reciente obra «Atlas ilustrado de las fundiciones del levante Almeriense, ss. XIX-XX«, publicada en agosto de este año.

Pedro nació el 31 de enero de 1827 en el barrio de San Cristóbal de Lorca. Fue ordenado fraile franciscano en el convento de frailes misioneros para Jerusalén y Marruecos, situado en Priego (Cuenca). Fue destinado a la Casa-misión de Damasco, donde fue martirizado en la noche del 9 al 10 de julio de 1860, en el marco de la persecución islámica contra los cristianos, en la que los musulmanes drusos cometieron matanzas contra los cristianos maronitas desde el Líbano hasta Siria, tras el reconocimiento de la libertad de culto por parte del Imperio Otomano. Los franciscanos prefirieron morir antes de negar a Cristo.

Lo que no es tan conocido es que Pedro Soler, antes de ser ordenado, fue a trabajar como peón en la fábrica de fundición del Carmen o Carmelita, en Villaricos. Allí destacó por su humildad y habilidad, ocupando los escasos ratos de ocio en la lectura de libros instructivos y en hablar con los demás operarios de asuntos morales, consagrándose a catequizar e instruir. Por todo esto, recibió el sobrenombre de «El Santo». Toda una premonición.