Una aclaración necesaria sobre la protección de la antigua mezquita/ermita de Serena (Bédar)

Completamos el anterior post referente a la mezquita/ermita de Serena, pero antes de nada, una fe de erratas respecto a la denominación de la protección de la antigua mezquita, posteriormente Ermita de Serena.

En anteriores referencias hemos indicado que el inmueble fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2012, un error que se repite desde hace tiempo y del que nosotros mismos nos hemos hecho eco en diversas ocasiones. No entraremos en el origen del error, que procede de las noticias publicadas en su momento, pero, consultado el texto oficial del BOJA, lo correcto es precisar que la Orden de 14 de febrero de 2012 inscribió la Ermita de Serena en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como “bien de catalogación general” (CG).

La propia resolución identifica el edificio como la antigua mezquita de Serena, posteriormente ermita y almazara, y protege la integridad del inmueble.

Es una precisión jurídica importante, pero no cambia sustancialmente el problema que nos ocupa. La Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de Andalucía establece que el Catálogo General comprende tanto los BIC como los bienes de catalogación general, y que la inscripción de estos últimos implica la aplicación de las normas de protección previstas en la propia Ley.

Además, el deber de conservación no depende exclusivamente de que un inmueble sea BIC. El artículo 14 establece el deber de conservar, mantener y custodiar los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, estén o no catalogados.

Retomando nuestro último post, hemos de indicar que, después del devastador incendio sufrido este verano, el inmueble se vio afectado por el derrumbe parcial de su cubierta.

La Ley 14/2007 establece expresamente que los municipios tienen la misión de colaborar activamente en la protección y conservación del patrimonio histórico situado en su término municipal. Y añade que, en caso de urgencia, pueden adoptar las medidas cautelares necesarias para salvaguardar aquellos bienes cuyo interés se encuentre amenazado.

Además, la misma Ley establece que, cuando se pone en conocimiento de la Administración un peligro de destrucción o deterioro de un bien del Patrimonio Histórico Andaluz, deben llevarse a cabo las actuaciones que procedan, contemplando expresamente la situación en la que una construcción o alguno de sus elementos pueda amenazar con derrumbarse de forma inminente, poniendo en peligro la seguridad pública o la integridad del patrimonio protegido. En estos supuestos, los ayuntamientos están habilitados para adoptar las medidas necesarias, incluido el apuntalamiento.

Esto no significa que los ayuntamientos tengan que asumir automáticamente la restauración completa de inmuebles privados, pero sí significa que, ante un inmueble catalogado que ha sufrido un incendio y un derrumbe parcial, parece razonable que se haya llevado a cabo, al menos, una inspección técnica del estado del mismo. 

¿Es este el caso de la mezquita/ermita de Serena?

En caso de que no se haya realizado, solicitamos públicamente al Ayuntamiento de Bédar que:

1. Se realice una inspección técnica del inmueble con carácter urgente, para determinar su estado de estabilidad y seguridad, incluyendo el riesgo de nuevos desprendimientos o de un deterioro estructural importante.

2. Se evalúe el riesgo que la situación actual supone para la conservación de los elementos históricos del edificio, adoptando las medidas cautelares de seguridad y protección que sean necesarias, si procede.

3. Se dé traslado de la situación a la Delegación Territorial competente en materia de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, para que pueda ejercer, en su caso, las competencias de tutela y conservación que le corresponden.

Creemos que lo que solicitamos es, en resumen, que un bien del Patrimonio Histórico Andaluz, que acaba de sufrir un incendio y un derrumbe parcial, sea inspeccionado técnicamente y que las Administraciones competentes determinen qué riesgos existen y qué medidas son necesarias para evitar que el deterioro continúe.

En este caso, una inspección técnica es probablemente el mínimo que cabe esperar para saber qué está ocurriendo realmente con el edificio y qué puede hacerse antes de que el daño sea mayor.

La mezquita nazarí de Serena (Bédar), un patrimonio que se pierde

El incendio ha afectado gravemente al entorno de Serena, con daños de consideración en algunas viviendas.

La antigua mezquita de Serena, en Bédar, posteriormente ermita y almazara, es uno de los testimonios históricos más singulares de Bédar. Su valor no es solo arquitectónico: sus muros conservan la memoria de la Serena nazarí, de la transformación del edificio tras la conquista cristiana y de los distintos usos que ha tenido a lo largo de los siglos. Precisamente por su importancia histórica y cultural, fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 2012.

Arriba, lamentable estado en el que ha quedado el bien tras el incendio.

Arriba, reconstrucción del aspecto que debió tener la mezquita de Serena durante su uso como iglesia.

Sin embargo, su estado de conservación ya era muy preocupante. La propia documentación de su declaración como BIC advertía del acusado deterioro del inmueble tras el cese de su actividad y señalaba los restos de su antigua cubierta de teja árabe.

A esta situación se suma ahora un nuevo daño. Este verano, el fuego alcanzó la mezquita de Serena, quemando parte del techo de tejas que todavía se conservaba y deteriorando aún más un bien que ya se encontraba en un estado muy precario.

Una vez más, asistimos al deterioro de un elemento fundamental de nuestro patrimonio histórico. Cada parte que desaparece supone también la pérdida de una parte de nuestra memoria colectiva.

La mezquita de Serena no debería quedar reducida a unas ruinas olvidadas. Es un Bien de Interés Cultural y un testimonio excepcional de la historia de Bédar. Su conservación no puede seguir esperando mientras el paso del tiempo, el abandono y ahora también el fuego hacen irreversible su deterioro.

Proteger este patrimonio es conservar nuestra historia antes de que ya no quede nada que proteger.

Estado de la pedanía de Serena tras el incendio. La pedanía de Serena ha sido una de las más afectadas.

La Balsa Alta de Bédar: a 150 metros de perder para siempre un patrimonio único

Hay ocasiones en las que un acontecimiento nos obliga a mirar de nuevo aquello que tenemos delante.

El incendio que este verano de 2026 arrasó buena parte de la sierra de Bédar dejó tras de sí una enorme destrucción ambiental, daños materiales y una profunda preocupación por nuestro patrimonio. La Balsa Alta, afortunadamente, se salvó.

Pero estuvo muy cerca de no hacerlo.

En la visita que realizamos después del incendio pudimos comprobar que el frente de las llamas había llegado aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan las pinturas de la Balsa Alta, en dirección al Castillo de los Moros. Las pinturas no fueron alcanzadas por el fuego y los restos permanecieron a salvo… esta vez tuvimos suerte.

Pero basta imaginar unos metros más de avance del incendio para comprender lo que podríamos estar lamentando hoy: la desaparición irreversible de uno de los testimonios pictóricos andalusíes más singulares conservados en nuestra provincia.

Y eso debería hacernos reaccionar.

Porque la Balsa Alta no es simplemente una antigua construcción hidráulica.

Una historia que lleva décadas esperando

La importancia de la Balsa Alta se conoce desde hace muchos años.

En 2004 existe ya una Ficha de Informe Completo de Patrimonio Inmueble Arqueológico, fechada el 23 de junio, elaborada por Eva Jiménez Jiménez, M.ª del Rosario Torres Fernández y M.ª del Mar Nicolás Martínez.

En mayo de 2007, la Delegación Provincial de Cultura realizó una visita al lugar junto con el arqueólogo Patrice Cressier. A partir de aquella visita se planteó la necesidad de preparar una intervención.

Y en agosto de 2009, la arqueóloga Sophie Gilotte presentó, a petición de la Delegación de Cultura de Almería, un proyecto denominado «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar», contando con Manuel López-Gay Salmerón para la parte correspondiente a restauración.

Gilotte explicaría posteriormente que aquel proyecto de estudio, preservación y puesta en valor no llegó a concretarse, principalmente por razones presupuestarias.

En 2014 publicó su estudio La balsa alta de Bédar (Almería): una pregunta abierta al arte pictórico andalusí en contexto hidráulico, donde señalaba la necesidad de un estudio global que incluyera sondeos arqueológicos, prospección sistemática, limpieza y análisis de las pinturas y estudio del sistema hidráulico y del asentamiento medieval relacionado.

Es decir, hace ya muchos años que los especialistas vienen señalando que este lugar necesitaba una actuación integral.

También desde Bédar hemos contribuido a su conocimiento

Desde El Faro de Bédar hemos intentado durante años documentar y dar a conocer las pinturas y el patrimonio histórico de nuestro municipio.

En el caso de la Balsa Alta, esa labor tuvo además una consecuencia que consideramos importante dejar constancia.

Las fotografías que realizamos y publicamos de las pinturas en 2004 fueron utilizadas posteriormente por la investigadora Carmen Barceló.

En su estudio publicado en 2020 en la revista científica Al-Qanṭara, Barceló explica expresamente que pudo disponer de un reportaje fotográfico de los trazos árabes gracias a la página dedicada a las pinturas de El Faro de Bédar.

Y añade que aquellas imágenes hicieron posible interpretar con mayor facilidad el texto árabe, una tarea que había resultado imposible a partir de las reproducciones publicadas anteriormente.

La investigadora cita además expresamente en su bibliografía nuestro artículo «El Faro de Bédar. Las pinturas de la Balsa Alta».

No pretendemos atribuirnos un mérito que corresponde fundamentalmente a los investigadores que han estudiado el monumento, pero sí creemos importante dejar constancia de que la documentación fotográfica realizada y difundida desde este blog contribuyó al conocimiento científico de las pinturas.

En definitiva, también desde Bédar se ha aportado conocimiento a la investigación de este excepcional conjunto.

966: una fecha que cambió nuestra visión de la Balsa Alta

El trabajo de Carmen Barceló supuso un importante avance.

El estudio de la inscripción árabe permitió fechar el conjunto en el año 355 de la Hégira, 966 de nuestra era, durante el gobierno del califa al-Hakam II.

El propio título del artículo lo deja claro: Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966).

Estamos, por tanto, ante un testimonio de época califal, con una antigüedad de más de mil años.

Las pinturas conservan escritura árabe, representaciones figurativas, animales, posibles escenas de caza, motivos geométricos y otros elementos cuyo estudio completo todavía está pendiente.

Y precisamente aquí encontramos una de las cuestiones que hacen que la conservación de la Balsa Alta sea todavía más urgente. Barceló concluyó su estudio señalando la necesidad de realizar una excavación profesional del monumento.

La recomendación científica está ahí. El proyecto de intervención de 2009 también está ahí. La documentación patrimonial de la Junta está ahí.

Y el monumento sigue esperando.

Una nueva visita y una posible nueva figura

Durante una de nuestras visitas a la Balsa Alta, en el verano de 2025, ocurrió algo que nos hizo volver a pensar en todo aquello que todavía puede estar oculto.

Mientras examinábamos las pinturas, uno de los asistentes llamó nuestra atención sobre una zona que hasta entonces no habíamos identificado como una posible representación figurativa.

Entre las gruesas concreciones de carbonatos que cubren buena parte de las pinturas parecía distinguirse otra posible figura de un cánido. Insistimos en una palabra: posible. En la imagen superior vemos a la izquierda la zona que examinamos y, a la derecha, la posible figura de un cánido, casi completamente cubierta por las concreciones.

No pretendemos que una observación realizada durante una visita sustituya al trabajo de un restaurador, arqueólogo o especialista en pintura mural.Precisamente lo contrario.

Lo que esta observación demuestra es la necesidad de que ese trabajo especializado se realice.

Porque si la interpretación se confirmase, estaríamos ante un nuevo elemento figurativo que se añadiría al repertorio ya conocido de la Balsa Alta.

Y aparece entonces una pregunta mucho más importante:

¿Qué puede haber debajo de las zonas que hoy permanecen cubiertas por las concreciones?

Podría no haber nada más. Pero también podrían conservarse nuevos dibujos, nuevas figuras o incluso nuevos fragmentos de escritura. Ya en el primer estudio que se realizó se realizaron varias catas y se confirmó esta posibilidad.

La única forma de saberlo es mediante una intervención científica, controlada y realizada por especialistas.

Y entonces llegó el incendio

El incendio de julio de 2026 ha convertido esa necesidad en algo todavía más evidente.

Las llamas no alcanzaron finalmente las pinturas, pero llegaron aproximadamente hasta 150 metros de ellas.

Cualquiera que conozca el terreno puede comprender lo que significa esa distancia cuando un incendio forestal avanza impulsado por el viento y la vegetación seca.

Un cambio de dirección del viento o unas condiciones meteorológicas ligeramente diferentes… y hoy podríamos estar hablando de las pinturas de la Balsa Alta en pasado.

No estamos exagerando el peligro: el fuego estuvo allí.

Y la Balsa Alta no dispone de una protección acorde con el valor que hoy sabemos que tiene.

El incendio nos ha dado un aviso que no deberíamos desaprovechar.

¿Qué puede hacer el Ayuntamiento?

Esta es la parte en la que queremos ser especialmente claros.

No pensamos que el Ayuntamiento de Bédar deba esperar pasivamente a que otra Administración tome la iniciativa.

La Ley 4/2026 de Patrimonio Cultural de Andalucía atribuye a los municipios funciones en materia de protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural situado en su término municipal.

Eso no significa que el Ayuntamiento pueda excavar o restaurar las pinturas directamente sin autorización.

Las intervenciones arqueológicas y determinadas actuaciones sobre bienes patrimoniales deben realizarse conforme a los procedimientos establecidos por la Junta de Andalucía.

Pero hay una diferencia fundamental entre no tener competencia para autorizar una excavación y no poder impulsar una actuación.

El Ayuntamiento sí puede impulsar el proyecto.

–Puede presupuestarlo.

–Puede contratar los estudios técnicos que correspondan.

–Puede buscar financiación.

–Puede solicitar formalmente la colaboración de la Junta.

–Y puede promover que la actuación se tramite con carácter prioritario cuando exista un riesgo para la conservación.

Otros municipios de nuestro entorno ya han demostrado que es posible

No hace falta imaginar un modelo teórico, tenemos ejemplos muy próximos:

En Vera, el Ayuntamiento ha impulsado un Proyecto General de Investigación de seis años para la antigua ciudad de Bayra, con una dotación anunciada de 1.347.218 euros, con la intención de convertir el yacimiento en un parque arqueológico visitable. El proyecto contempla excavación, conservación y puesta en valor, y se acompaña de actuaciones relacionadas con la ampliación del BIC, un centro de interpretación y recepción de visitantes, vallado y mejora de accesos.

En Mojácar, el Ayuntamiento ha impulsado junto con la Universidad de Granada proyectos de investigación, conservación y puesta en valor de Mojácar la Vieja, con la intención de convertir el yacimiento en un recurso cultural y visitable.

En Antas, el patrimonio arqueológico se ha convertido igualmente en una línea de actuación municipal. El municipio cuenta con el Centro de Interpretación de la Cultura Argárica y ha impulsado diferentes actuaciones relacionadas con la investigación y difusión de su patrimonio. Las investigaciones recientes en el Cabezo María han sacado además a la luz una iglesia tardoantigua y han planteado la posible existencia de una comunidad monástica cristiana.

Y Macael ofrece otro ejemplo de colaboración entre administraciones para convertir un patrimonio histórico e industrial en recurso turístico. El municipio ha trabajado con la Junta de Andalucía en la puesta en valor y difusión de su patrimonio relacionado con el mármol, culminando recientemente con la apertura del Parque Minero.

No se trata de comparar unos municipios con otros, cada localidad tiene sus necesidades, sus presupuestos y sus circunstancias.

Pero estos ejemplos demuestran algo:

Un Ayuntamiento puede tomar la iniciativa, buscar investigadores, elaborar proyectos, conseguir financiación y trabajar conjuntamente con la Junta y otras instituciones para convertir el patrimonio en un recurso cultural y turístico.

¿Qué proponemos para la Balsa Alta?

Creemos que el Ayuntamiento podría comenzar por algo perfectamente concreto.

1. Un diagnóstico técnico

Encargar a especialistas una evaluación del estado actual de la estructura y de las pinturas.

Especialmente después del incendio, debería comprobarse también el estado de la vegetación, los riesgos derivados del fuego y las condiciones de seguridad del enclave.

2. Recuperar el proyecto de 2009

Localizar el «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar» presentado por Sophie Gilotte en agosto de 2009.

Comprobar qué actuaciones contemplaba, cuáles llegaron a realizarse y cuáles quedaron pendientes.

3. Actualizarlo

Incorporar los conocimientos obtenidos posteriormente, especialmente el estudio de Carmen Barceló y la datación de 966.

Y estudiar específicamente las zonas cubiertas por carbonatos, incluida la posible nueva figura que observamos durante nuestra visita de 2025.

4. Pedir formalmente a Cultura el expediente actual

El Ayuntamiento debería solicitar a la Delegación Territorial de Cultura de Almería el estado actual del expediente (fecha de inicio, actuaciones realizadas y pendientes, el régimen de protección aplicable y las autorizaciones necesarias para la intervención).

Es importante saber si ese expediente corresponde al procedimiento iniciado a raíz del proyecto de 2009 o si se trata de un expediente posterior.

5. Elaborar un proyecto por fases

No es necesario plantear que todo se haga de golpe.

Podría comenzar con una primera fase de documentación y diagnóstico, pasar a una investigación arqueológica con estudio de las pinturas, plantear proyectos de conservación y proteción y, finalmente, su puesta en valor.

Y cada fase podría tener su correspondiente presupuesto y financiación.

6. Presupuestarlo

Este punto nos parece esencial.

La Balsa Alta necesita una partida presupuestaria.

No necesariamente para ejecutar de inmediato una actuación completa, que puede requerir varios años, sino para comenzar por aquello que resulta imprescindible: conocer con precisión su estado, protegerla y redactar el proyecto.

La Ley 4/2026 contempla además mecanismos de actuación urgente cuando existe peligro de pérdida o destrucción del patrimonio arqueológico.

La cercanía a la que llegó el incendio debería ser, como mínimo, motivo suficiente para que los técnicos valoren específicamente esta cuestión.

Naturalmente, las necesidades urgentes derivadas del incendio (protección de las personas, viviendas, caminos, infraestructuras y recuperación de los daños materiales) deben tener prioridad cuando exista una necesidad inmediata.

Pero eso no significa que la Balsa Alta deba quedar nuevamente relegada.

Una inversión que puede devolver mucho más de lo que cuesta

En los últimos años hemos visto en Bédar inversiones en nuevas infraestructuras y equipamientos.Todas pueden tener su utilidad y no pretendemos cuestionar la conveniencia de atender las necesidades del municipio.

Pero creemos que también es legítimo plantear una pregunta:

¿No merece un monumento de más de mil años, único por sus pinturas y su cronología califal, un esfuerzo de planificación y financiación al menos comparable al que dedicamos a algunas infraestructuras mucho más recientes?

No estamos hablando de construir algo desde cero, estamos hablando de conservar algo que ya existe.

Algo que ha sobrevivido durante más de mil años.

Algo que ha sido estudiado por investigadores como Patrice Cressier, Sophie Gilotte y Carmen Barceló.

Algo cuya inscripción nos permite situarlo en el año 966.

Y algo que este verano estuvo aproximadamente a 150 metros de desaparecer para siempre.

Bédar tiene aquí una oportunidad

La recuperación de la Balsa Alta no debería contemplarse únicamente como un gasto, puede convertirse en una oportunidad para Bédar.

Una actuación científica rigurosa permitiría incorporar un nuevo elemento a la historia que podemos contar sobre nuestro municipio: la historia de su pasado andalusí, de sus sistemas hidráulicos, de sus paisajes históricos y de una pequeña pero extraordinaria muestra de arte pictórico califal.

Podría integrarse además en la Ruta del Agua, conectarse con otros elementos del patrimonio histórico de Bédar y convertirse, con el tiempo, en un nuevo recurso para el turismo cultural.

Y hay una última razón para hacerlo ahora:

El incendio de este verano ha dejado una imagen muy dura de nuestra sierra y de nuestro municipio. Necesitamos reconstruir y recuperar lo que el fuego destruyó, pero también puede demostrar que sabe proteger aquello que el fuego no consiguió destruir.

Por eso hacemos desde aquí un llamamiento respetuoso al Ayuntamiento de Bédar:

No dejemos que la Balsa Alta tenga que esperar otros veinte años.

Antes de que sea demasiado tarde.

La Ruta del Agua de Bédar y sus pinturas murales andalusíes: a salvo del incendio, pero no del abandono

En los últimos días hemos querido comprobar sobre el terreno el estado de la Ruta del Agua de Bédar tras el grave incendio que ha afectado a buena parte de la sierra. Aunque las llamas llegaron a aproximarse peligrosamente a los núcleos urbanos de Bédar y Bedarín, el entorno inmediato por el que discurre este conocido itinerario se ha librado, afortunadamente, de los efectos del fuego. Del mismo modo, las importantes pinturas murales andalusíes del siglo XI de la Balsa Alta de Bédar también han quedado intactas, evitando así una pérdida patrimonial de enorme relevancia.

Arriba: Contraste entre el entorno de Bédar, que ha permanecido afortunadamente a salvo del incendio, y la ladera de la sierra, completamente calcinada, visible al fondo.

Esta es, sin duda, una noticia positiva dentro de una tragedia ambiental de grandes dimensiones. Sin embargo, conviene recordar que el hecho de que la ruta no haya sido alcanzada por el incendio no significa que pueda recorrerse sin precauciones.

La Ruta del Agua continúa mostrando las consecuencias de las lluvias torrenciales sufridas el pasado año. Es cierto que se han llevado a cabo algunos trabajos de reparación, consolidándose diversos caminos e instalándose barandillas de madera en determinados puntos para mejorar la seguridad. No obstante, el itinerario sigue presentando tramos que requieren especial atención. El sector comprendido entre la Fuente Temprana y la Balsa Alta continúa siendo el más delicado, tanto por el deterioro del sendero como por la abundante vegetación, que en algunos puntos dificulta considerablemente el paso.

Arriba: Una de las protecciones de madera en un punto cercano a la Balsa Alta.

Dado que actualmente no nos consta ninguna señalización que prohíba transitar por la ruta, consideramos oportuno advertir a quienes deseen recorrerla de que no se trata de un itinerario apto para personas con movilidad reducida y de que es imprescindible extremar la precaución, especialmente en aquellos tramos que discurren junto a las acequias, donde el terreno puede resultar resbaladizo o presentar zonas estrechas y expuestas.

Arriba: Uno de los tramos más delicados del recorrido entre la Balsa Alta y la Fuente Temprana. El deterioro del sendero obliga en algunos puntos a transitar por la propia acequia, por lo que es necesario extremar la precaución.

Un patrimonio excepcional que sigue esperando protección

Si la situación del sendero invita a la prudencia, mucho más preocupante es la de uno de los elementos patrimoniales más singulares que alberga este paraje: las pinturas murales andalusíes del siglo XI.

A día de hoy permanecen completamente inaccesibles para el público, sin medidas de protección efectivas y sin que exista un proyecto conocido para su restauración, estudio o puesta en valor. Han transcurrido décadas desde su descubrimiento y, pese a tratarse de un conjunto excepcional dentro del patrimonio andalusí, su situación continúa siendo la misma: abandono e indiferencia administrativa.

Arriba: La Balsa Alta de Bédar, uno de los enclaves más emblemáticos del patrimonio histórico e hidráulico de la localidad, afortunadamente preservado del incendio.

Desde este blog hemos venido denunciando esta realidad de forma reiterada. Hemos trasladado nuestras preocupaciones tanto a las autoridades municipales como a los responsables competentes en materia de patrimonio cultural, impulsando además las iniciativas encaminadas a su estudio y difusión. Resulta difícil no constatar que buena parte del conocimiento generado sobre este enclave ha partido precisamente de este modesto espacio de divulgación, mientras las instituciones responsables siguen sin ofrecer una respuesta acorde con el valor histórico del conjunto.

Arriba: Fotografía de las pinturas murales andalusíes de la Balsa Alta de Bédar, realizada en 2004. El reportaje fotográfico llevado a cabo por este blog fue fundamental para que la profesora Carmen Barceló, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Valencia, pudiera estudiar y traducir las inscripciones conservadas. Gracias a ese trabajo se identificó el texto fundacional del conjunto: «El primero del mes de ŷumādà al-ājira del año cincuenta y cinco y trescientos. Fue escrito…», una inscripción que permite fechar las pinturas el 25 de mayo de 966, durante el califato de al-Ḥakam II. Publicados en la revista científica Al-Qanṭara bajo el título Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966), estos resultados confirmaron la extraordinaria importancia histórica de unas pinturas únicas que, pese a su relevancia y a la contribución decisiva de este blog para su documentación y estudio, continúan hoy sin protección efectiva, sin restaurar y sin posibilidad de ser visitadas.

En esta ocasión, además, las pinturas han escapado literalmente de la destrucción. Hemos podido comprobar que el frente del incendio llegó aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan, en dirección al Castillo de los Moros, una zona que todavía no nos ha sido posible visitar para evaluar su estado.

La proximidad del fuego obliga a una reflexión inevitable. De haber ardido la espesa vegetación que rodea este enclave, es muy probable que hoy estuviéramos lamentando la desaparición irreversible de un bien patrimonial único. Habría sido una pérdida irreparable para la historia de Bédar y para el patrimonio andalusí en su conjunto.

Arriba: Tramo de la Ruta del Agua entre la Balsa Alta y la fuente de los Chorreadores. Tras los daños ocasionados por las lluvias torrenciales del pasado año, el camino ha sido reparado y dotado de nuevas protecciones de madera para mejorar la seguridad de los visitantes.

Confiamos en que esta grave tragedia sirva, al menos, para poner de manifiesto la extraordinaria vulnerabilidad de estos bienes culturales. La conservación del patrimonio no puede depender únicamente de la fortuna o de que un incendio cambie de dirección en el último momento. Es necesaria una actuación decidida que garantice su protección, su estudio y su adecuada puesta en valor antes de que sea demasiado tarde.

Porque el patrimonio histórico no solo se pierde por la acción del fuego. También desaparece lentamente cuando el abandono se convierte en la norma y la inacción institucional acaba siendo la respuesta habitual.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

El cable minero español que inspiró un proyecto para Yellowstone

A finales del siglo XIX, mientras el Parque Nacional de Yellowstone comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos naturales de Estados Unidos, un periódico norteamericano publicaba una curiosa propuesta para facilitar la visita a uno de sus parajes más espectaculares. La idea consistía en construir un tranvía aéreo que permitiera a los viajeros cruzar el impresionante cañón del río Yellowstone suspendidos sobre el vacío.

Lo sorprendente no era únicamente el proyecto, sino la fuente de inspiración elegida por sus promotores.

El modelo propuesto no procedía de Suiza ni de los Alpes, sino del sureste de España. Más concretamente, de un cable aéreo minero construido entre las sierras de Bédar y el puerto de Garrucha, en la provincia de Almería.

Puede parecer una afirmación exagerada, pero la documentación de la época no deja lugar a dudas.

En marzo de 1897, el periódico estadounidense The Abilene Monitor explicaba que los visitantes más aventureros podrían recorrer el desfiladero «según los planos del paso de Villa Reforma del teleférico Bédar-Garrucha, en la provincia de Almería, sur de España«. La ilustración que acompañaba la noticia (abajo a la derecha) reproducía, además, una estructura extraordinariamente parecida al célebre paso de Villa Reforma, uno de los puntos más espectaculares del cable almeriense.

¿Cómo había llegado una instalación minera española a convertirse en referencia para un proyecto al otro lado del Atlántico?

La respuesta hay que buscarla en la extraordinaria importancia técnica que alcanzó aquel cable aéreo.

Construido entre 1887 y 1888 para transportar el mineral de hierro desde las minas de Serena, en Bédar, hasta el embarcadero de Garrucha, la línea tenía una longitud cercana a los dieciséis kilómetros. En el momento de su inauguración era una de las mayores obras de ingeniería de este tipo existentes en el mundo y, según la documentación técnica de la época, poseía la mayor capacidad de transporte conocida entre los cables aéreos entonces en funcionamiento.

Su construcción fue dirigida por el ingeniero noruego Gustav Thorkildssen para la firma alemana Julius Pohlig, una de las empresas más prestigiosas del sector. En ella participó también Karl Bahlsen, quien años después se establecería definitivamente en Almería y desarrollaría una intensa actividad industrial como constructor e instalador de cables aéreos.

El éxito de la instalación fue inmediato.

Las revistas especializadas comenzaron a publicar artículos sobre sus soluciones técnicas. Los fabricantes de teleféricos utilizaron fotografías del cable en sus catálogos comerciales y algunos de sus elementos constructivos pasaron a estudiarse como ejemplo de las posibilidades que ofrecía el sistema alemán de transporte por cable.

Entre todas las imágenes difundidas destacó especialmente la del paso de Villa Reforma, donde la línea salvaba un profundo barranco mediante una elevada estructura metálica que impresionó a ingenieros y técnicos de numerosos países.

No resulta extraño, por tanto, que cuando alguien imaginó una forma espectacular de atravesar el gran cañón de Yellowstone recurriera precisamente a aquel ejemplo español que ya era conocido en los ambientes internacionales de la ingeniería.

Aunque el proyecto norteamericano nunca llegó a construirse, constituye un magnífico ejemplo del prestigio alcanzado por una obra que hoy permanece prácticamente olvidada, cuyo perfil y principales características técnicas, procedentes del Archivo Nacional Noruego, se representan en la imagen inferior.

Paradójicamente, mientras miles de personas visitan cada año Yellowstone sin conocer esta curiosa conexión histórica, en Almería apenas sobreviven algunos restos dispersos de una infraestructura que fue admirada en todo el mundo y considerada una referencia tecnológica de su tiempo.

La historia del cable de Bédar-Garrucha es solo una de las muchas que forman parte del patrimonio industrial español. Durante décadas, los cables aéreos permitieron explotar yacimientos situados en lugares donde el ferrocarril resultaba inviable, modificando el paisaje y convirtiéndose en piezas fundamentales del desarrollo económico de numerosas comarcas mineras.

Sin embargo, la mayor parte de estas instalaciones desaparecieron tras el cierre de las explotaciones. Lo que hoy conocemos sobre ellas se debe, en gran medida, a la conservación de planos, fotografías, archivos empresariales y documentación técnica dispersa en numerosos archivos nacionales e internacionales.

Precisamente esa labor de recuperación documental es la que ha permitido reconstruir episodios tan sorprendentes como la influencia del cable de Bédar en el proyecto de Yellowstone.

Para saber más

Esta historia forma parte del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla, una obra que reúne más de veinte años de investigación sobre los sistemas históricos de transporte por cable en el sureste español. El libro documenta su evolución tecnológica, sus protagonistas y más de un centenar de líneas mediante fotografías históricas, planos originales y abundante documentación inédita procedente de archivos españoles y extranjeros.

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Un viaje por los cables aéreos de la minería: un nuevo libro recupera una historia casi olvidada

El próximo 17 de julio verá la luz Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla (1884–1966), una obra que reúne por primera vez un estudio sistemático de una de las infraestructuras más características, y al mismo tiempo más desconocidas, de la minería del sureste peninsular. A través de sus páginas, el lector descubrirá cómo estos ingenios permitieron salvar barrancos, sierras y grandes desniveles para transportar millones de toneladas de mineral desde las explotaciones hasta los ferrocarriles o los embarcaderos. Aunque se trata de un trabajo de investigación, está concebido para que pueda ser disfrutado tanto por especialistas como por cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

El libro no se limita a catalogar instalaciones. Cada cable aéreo se estudia en su contexto histórico y tecnológico, analizando las circunstancias de su construcción, las empresas y los ingenieros que participaron en su diseño, las soluciones técnicas adoptadas y su evolución a lo largo del tiempo. El resultado es una obra que combina el rigor de la investigación con una narración accesible, permitiendo comprender no solo cómo eran estas instalaciones, sino también por qué representaron un avance decisivo para la minería de finales del siglo XIX y buena parte del XX.

Uno de sus principales valores reside en la amplitud y diversidad de las fuentes consultadas. La investigación se apoya en una extensa documentación procedente de archivos públicos y privados, prensa histórica, publicaciones técnicas nacionales e internacionales, memorias de empresas mineras, expedientes administrativos, planos originales, catálogos de fabricantes y una extraordinaria colección de fotografías históricas, muchas de ellas inéditas. Ese trabajo de documentación ha permitido identificar instalaciones prácticamente desconocidas, reconstruir trazados desaparecidos y aclarar numerosos aspectos técnicos que hasta ahora permanecían dispersos o sin estudiar.

La estructura de la obra facilita distintos niveles de lectura. Quien busque una visión general encontrará una introducción que explica el desarrollo de la tecnología de los cables aéreos, sus principales fabricantes y los sistemas constructivos empleados. A partir de ahí, el catálogo reúne cada instalación conocida en una extensa región del sureste español mediante fichas ampliamente documentadas, acompañadas de mapas, planos, fotografías históricas, esquemas y referencias documentales que convierten el libro tanto en una obra de consulta como en una referencia para investigadores, historiadores, ingenieros y aficionados al patrimonio industrial.

Con su publicación el 17 de julio, esta obra aspira a convertirse en un referente sobre la historia de los cables aéreos mineros en España y, al mismo tiempo, a contribuir a la difusión y valoración de un patrimonio tecnológico que, pese a haber desaparecido en gran medida del paisaje, sigue siendo fundamental para comprender la historia minera e industrial del sureste español. Es una invitación a descubrir un capítulo poco conocido de nuestro pasado, donde la ingeniería, la minería y el territorio se entrelazan para contar una historia tan fascinante como desconocida.

Desaparece el último castillete de Bédar: adiós al pozo P de la mina Mahoma

Con la desaparición del último castillete que permanecía en pie en Bédar, el del pozo P de la mina Mahoma, se cierra un capítulo fundamental de la historia minera del municipio. Esta estructura, que durante décadas formó parte inseparable del paisaje bedarense, no era solo un vestigio industrial, sino también un símbolo de la memoria colectiva de generaciones de mineros y de familias que vivieron vinculadas a la extracción de mineral. Su pérdida supone la desaparición de uno de los últimos testimonios visibles de un pasado que marcó profundamente la identidad de la localidad.

Resulta especialmente triste comprobar cómo, año tras año, el patrimonio histórico minero de Bédar ha ido deteriorándose o desapareciendo sin que se hayan tomado medidas suficientes para garantizar su conservación. Castilletes, galerías, cargaderos y otras infraestructuras que narraban la extraordinaria historia minera de la Sierra de Bédar han sucumbido al abandono y al paso del tiempo. Esta situación contrasta con la de otros municipios de la comarca, como Lubrín, donde se están impulsando iniciativas para recuperar y poner en valor antiguas infraestructuras mineras como parte de su patrimonio cultural y turístico. Mientras allí se trabaja para preservar estas huellas del pasado, en Bédar algunos de sus elementos más emblemáticos terminan desapareciendo por falta de actuaciones que garanticen su mantenimiento.

La desaparición del castillete del pozo P de la mina Mahoma debe servir como una llamada de atención sobre la necesidad urgente de proteger lo que aún queda de este patrimonio excepcional. Conservar estos restos no significa anclarse en el pasado, sino valorar y transmitir una herencia cultural única que forma parte de la historia de Bédar. Hoy decimos adiós al último castillete, pero también lamentamos que con él se haya perdido otra pieza irremplazable de la memoria minera de nuestro pueblo.

El castillico de Serena (Bédar)

Hoy continuamos con el otro castillico de Bédar, el de Serena. Olvidado durante mucho tiempo, fue redescubierto por el investigador Juan Antonio Soler en 2010, siguiendo las indicaciones del Libro de Apeo y convencido de que una población independiente en época nazarí como lo fue Serena, debía contar con su propio castillo defensivo.

Como se indica en el Libro de Apeo y Repartimiento de Serena, la «antigua fortaleza» se encontraba a un lado del gollizno del camino que seguía desde el pago de la Coca hasta el pago de la Mar. 

Una vez localizado, la abundancia de cerámica medieval en superficie y la identificación de un felus de 1474 acabaron por confirmar el hallazgo. Más tarde, se pudo documentar algunos dirhemes de plata procedentes de este castillo, posiblemente hallados en los trabajos realizados para enterrar un cable telefónico o de la luz. También aparecierón otros restos, algunos de los cuales hemos podido documentar, como por ejemplo una punta de flecha, un virote de ballesta, clavos antiguos, una contera de estilete, un viejo anillo decorado con unas líneas onduladas, etc.

Veamos, algunos de estos restos:

dinr5

Nº 1. Fracción de 1/2 dirham de ‘Alī ibn Sa’ad (Abū al-Hasan ‘Alī, conocido como Muley Hacén o Mulhacén, 1464–1485) de 0,19 gramos de plata. Medina n.º 263. Es a destacar que el recorte de este medio dirham es muy cuidadoso y parece que con la intención de conservar una parte de las leyendas religiosas.

Leyendas (las leyendas que se indican entre paréntesis están fuera del cospel por recorte):

IA (izquierda): (No dios sino) / Dios, Mahoma / enviado de Dios

IIA (derecha): (Siervo de D)ios ‘Alī / (Al-Gaih) Bīllāh / Granada

medir2

Nº 2. Medio dirham anónimo del reino nazarí de Granada de 0,73 gramos de plata, Medina n.º 266 (Vives n.º 2197) Datada entre el 1238-1492.  Presenta dos perforaciones.

En cuanto a las leyendas, este tipo de dirham llevaba únicamente leyendas religiosas, de las que en este ejemplar se pueden ver la primera línea y la segunda parcialmente (IA izquierda y IIA derecha, respectivamente, por lo que la ceca no es visible en nuestro ejemplar:

dirhem nazari

Las monedas de plata nazaríes no llevan fecha y tan solo el nombre del emir con Muḥammad I (1230–1273), después son anónimas y no vuelven a tener el nombre del sultán hasta ‘Alī ibn Sa’ad (1464–1485) y Muḥammad XIII. Es por este motivo que este tipo de dirham no es útil para estimar muy precisamente la fecha, ya que se emitieron desde 1238 hasta 1492. De los 4 medios dirham anónimos descritos en Serena, es el de mejor factura, a pesar de que la acuñación es defectuosa.

medio

Nº 3. 1/2 dirham. A diferencia de la anterior la acuñación es más descuidada y la escritura más tosca y con ceca de Almería (Medina nº. 266 d). Es de vellón de 0,78 grs. Presenta una grieta, al parecer por el intento fallido de perforarla.

Las leyendas, que se ven parcialmente, son las siguientes en IA (izquierda) y IIA (derecha):

ALMERIA

Parece que las emisiones con ceca de Almería eran de peor calidad que las de Granada. en este ejmplar se puede apreciar además parte de la grafila de otro cuño en IIA (derecha).

medir1

Nº 4. Fragmento de 1/2 dirham de plata de 0,26 gr de peso. Se pueden leer parcialmente las dos primeras líneas del texto, lo que permite su clasificación aunque la ceca no es visible. Presenta una única perforación que ha agrietado la pieza.

dir4

Nº 5. Fragmento de 1/2 dirham de vellón de 0,73 gr de peso de acuñación descuidada, con escritura tosca y con ceca de Almería, del mismo tipo que la nº. 3 pero más tosca. Presenta igualmente una perforación que parece haber sido hecha con un estilete.

cuarto1(1)

N.º 6. 1/4 de dirham de plata de 0,38 gramos del reino nazarí de Granada (Medina n.º 269). Son tres los ejemplares de este tipo y de los tres éste es el que presenta una escritura menos tosca y una mejor acuñación a pesar de lo irregular del cospel. Es la única que no está perforada. Se trata del tipo «almohade» o «rombo» con la datación entre 1238-1492.

Las leyendas son como siguen:

c

La ceca se encuentra en las esquinas que delimita el rombo, se trata también de monedas anónimas sin fecha.

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N.º 7. 1/4 de dirham de vellón de 0,38 gramos del reino nazarí de Granada tipo rombo (Medina n.º 269). La escritura es tosca si se compara con la anterior (aunque lleva las mismas leyendas) y la plata es de menos calidad, pues contiene cobre (vellón.) Presenta dos perforaciones, lo que es remarcable para una moneda tan pequeña.

cuarto2

N.º 8. Fragmento de 1/4 de dirham de vellón del que no disponemos del peso. Por el tamaño se trata con toda seguridad de un 1/4 de dirham tipo rombo (Medina n.º 269).

almoh

N.º 9. Esta  pieza es una de las más sorprendentes de todo el conjunto. Se trata de un dirham incompleto almohade de plata de Abd al Mu’min ben Alī de 0,24 gramos de peso. Está muy deteriorado y sus leyendas casi ilegibles. Presenta una perforación única (es posible que otra perforación sea la causante de la parte faltante pues no presenta las marcas de corte típicas de los fragmentos.) 

Las pocas leyendas y orlas restantes muestran una orla cuadrada dentro de una circular. Las únicas leyendas visibles se encuentran en IIA (derecha), lo que permite identificarla como una Vives nº 196 a nombre de  Abd al Mu’min ben Alī pero atribuida a Idris I (1227-1232). Los nazaríes utilizaron las monedas existentes a su llegada al poder, aunque inmediatamente empezaron a acuñar las suyas propias, sustitutendo paulatinamiente. De hecho, el sistema nazarí siguió el patrón almohade en sus emisiones.

felus

N.º 10.  Se trata de una moneda muy diferente al resto, ya que se trata de una emisión en bronce de 1,34 gr. Se trata de un felus de cobre del reino nazarí de Granada, Medina n.º 272 y atribuido a ‘Alī ibn Sa’ad (Muley Hacén.)

Solo son legibles parcialmente las leyendas por uno de sus lados. El interés de estos felus es que solía indicarse la fecha, y afortunadamente las leyenas legibles de este ejemplar nos indican la misma:

f

Se trata del año 1474 (897 de la Hégira), catorce años antes de la entrega de las plazas de Mojácar y Vera al rey Don Fernado, lo que aconteció en julio de 1488, tras lo cual todas las alquerías de la zona se entregaron, entre ellas la de Serena, representada por Almaf Canif. Tras su entrega, todas las fortalezas fueron derribadas excepto las de Vera y Mojácar, para evitar que fueran utilizadas en caso de insurrección.

Este grupo de monedas documentadas nos permite llegar a algunas conclusiones sobre el mismo castillo. Nos encontramos con un muy limitado número de monedas, lo que parece ser solo una parte de un acúmulo de monedas de época nazarí que pudo haberse ocultado poco antes de la entrega de Serena a Fernando el Católico en 1488. La presencia de un fragmento de dirham del sultán Abū al-Hasan ‘Alī, además de un felus de 1474 que con toda evidencia formaba parte del conjunto, parecen indicar que el ocultamiento se produjo poco antes de este hecho histórico, entre 1474 y 1488, seguramente como consecuencia del miedo ante la llegada de las huestes cristianas. La mayor parte se compone de monedas anónimas y sin fecha de las cecas de Granada y Almería, varias fragmentadas y casi todas con diferentes perforaciones. La presencia de una moneda atribuible a la época almohade puede resultar extraña, pero según se ha comentado en alguna ocasión, parece que hubo acuñaciones almohades con un período de circulación muy prolongado e incluso algunos tipos almohades que continuaron acuñándose por los nazaríes, según el historiador Ibn Jatib, que las describe entre las que circulaban en su tiempo.

Para acabar, veremos otros de los restos que hemos podido documentar:

 Dos anillos de bronce que parecen representar ojos (un elemento de buena suerte) y uno de plata con líneas onduladas.

Esta contera de espada atestigua la función primordialmente militar de esta estructura.

Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes de Bédar de origen probable nazarí. A la izquierda encontramos un interesante fragmento procedente del castillico de Serena en el que se aprecia lo que parece un índalo, seguramente algún tipo de decoración que aparenta una forma antropomorfa y que recuerda vivamente a otro fragmento hallado en Bédar (derecha), cercano a la fuente, con una figura similar.

El castillico de los moros de Bédar

Hace poco nos hicimos eco de los trabajos arqueológicos que se llevan a cabo en el cerro del Espíritu Santo, en Vera, promovidos por su ayuntamiento. Pero no son los únicos, trabajos similares se llevan también a cabo en Mojácar y Antas, y un poco más lejos en Huércal-Overa y Macael. Parece que la comarca se despierta tras muchos años ignorando su patrimonio y que empieza a darse cuenta de su potencial turístico, con campañas de excavación, exposiciones e incluso museos, que van a dinamizar y diversificar la oferta turística.

No nos hacemos ilusiones con respecto a Bédar. Aunque no tenemos nada que envidiar al resto en cuanto a patrimonio arqueológico, es un pueblo demasiado pequeño para proyectos tan ambiciosos. A pesar de todo, sí que creemos que hay actuaciones que podrían llevarse a cabo si hubiera voluntad política y apoyo de los vecinos, es por eso que iniciamos un pequeño recorrido por nuestras joyas patrimoniales más prominentes y, cómo no, empezamos por nuestro castillico de los moros.

Bédar y Serena formaron parte de la frontera del reino de Granada durante los siglos XIV y XV. Fue durante el reinado del rey de Granada, Muhammad V que se construyeron y repararon la mayor parte de las fortalezas de la frontera. Cada núcleo de población, por pequeño que fuese, debía disponer por lo menos de una torre de refugio para la población. Una serie de atalayas vigilaban la posible llegada de tropas enemigas. Sin duda fueron tiempos difíciles, los ataques cristianos se cebaban especialmente sobre las poblaciones de la frontera. Se sabe que en 1436 las tropas murcianas ocuparon varias plazas nazaritas, entre ellas Bédar. Pero no Serena. Bédar fue recuperada por las tropas nazaritas entre 1446 y 1447, bajo el reinado de Muhammad X «El Cojo».

El de Bédar es un castillo roquero, un Hisn, según Leví Provençal, o castillos ubicados en lugares elevados con accesos difíciles. Este castillo se remonta más allá de la época nazarita, desconociéndose cuándo se construyó, aunque los restos allí documentados nos hacen pensar que puede ser mucho más antiguo de lo que se podría suponer. Hace ya unos años, un arquitecto técnico de la Universidad de Granada, Mariano Martín García, tuvo a bien visitar este castillo, cuyo resultado fue la descripción que realiza de estas ruinas en su artículo «Notas para el estudio de la arquitectura militar en la zona de la Axarquía almeriense (siglos VIII al XVIII)(2)» aparecido en la revista Axarquía n º 3 del verano de 1998, pp. 67-68. En este interesante artículo, además de una pormenorizada descripción, el autor nos refiere la dificultad de acceso y el estado de abandono en que se encuentran las ruinas, algo que, desgraciadamente, no ha cambiado en 2025.

El aljibe del Castillo de Bédar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 3,5 x 2 m. y al parecer estaba cubierto con una bóveda de mampostería (piedra sin labrar unida con mortero de cal), sus paredes de hormigón de cal evitaba que se filtrara el agua. La parte de la meseta situada al norte-noroeste está repleta de abundantes restos de muros de mampostería en hiladas, vestigios de edificaciones, pero es en la parte sur-suroeste donde se pueden observar todavía algunos muros que se mantienen en pie, así como también algún fragmento de muro en la entrada por el este, los restos de las torres que defendían el acceso.

Finalmente, Vera capituló en 1488 ante el rey don Fernando, y tras Vera hicieron lo mismo todas las villas y alquerías de la zona. El Macarche, por Bédar y Almaf Canif por Serena, se entregaron al rey Don Fernando. Tras la conquista, las fortalezas de Bédar y Serena fueron derribadas para evitar que fueran utilizadas en caso de sublevación de la población mudéjar. Ahí acaba la historia conocida de estas fortalezas: el castillo de Bédar no fue tomado ni destruido al asalto, fue, simplemente, derribado.

Hoy no existe ningún acceso, por lo que llegar hasta él supone un empinado ascenso campo a través. En su cima aún se ven algunos lienzos de la muralla y el aljibe, además de poder disfrutar de una vista espectacular de todo el golfo de Vera. La creación de una ruta segura, así como la segurización del acceso y del propio castillo, podrían ser acciones realizables y que supondrían un incremento de la oferta turística.

Nunca se ha realizado un estudio arqueológico en este castillo, al menos que nos conste. Los hallazgos ocasionales documentados que sabemos con seguridad que proceden de este castillo son pocos, pero muy significativos. Se conoce también el hallazgo de tres monedas de época musulmana procedentes del castillico: un felus de cobre nesjí sin ceca, un dirhem anónimo almohade con ceca de Málaga y un octavo de dirham nazarí con ceca de Granada que se guardan en colecciones privadas, aunque solo hemos podido documentar una:

Pequeñas pinzas dentadas utilizadas para pequeñas intervenciones en la piel.

Un octavo de dirhem nazarí (9 x 8,5 mm y 0,2 g de peso) con ceca de Granada. Es el único hallazgo monetario de época hispanomusulmana procedente de este castillo que hemos podido documentar.

Amuleto monetiforme realizado a molde en plomo, en relieve y por ambas caras. En una de sus caras se aprecia una inscripción, la sura CXII del Corán, un resumen del credo islámico en el que se hace mención a la unicidad de Dios, una fórmula muy utilizada también en monedas y en la arquitectura. Vendría a decir: «Di: Él es Dios Único, Dios Eterno, no engendró ni fue engendrado, y no hay otro semejante a Él».  Por el otro costado presenta una estrella de seis puntas, una hexalfa o sello de Salomón. Se utiliza para protegerse del mal de ojo, sobre todo si está rodeada por un círculo. Este tipo de amuleto se suele datar en función del tipo de escritura cúfica utilizad, por lo que podría corresponderse al siglo XI, y en todo caso, anterior a la época de la que datan la mayoría de restos conocidos hasta ahora de este castillo. las fotografías de este amuleto se expusieron en la exposición «La protección contra el mal en la historia» que se llevó a cabo en el castillo de Chipiona en 2019, tal y como se aprecia en la fotografía inferior:

Fragmento de cerámica al manganeso del castilllo de Bédar, probablemente de origen nazarí. Está pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra «AL-GHIBTA», o lo que es lo mismo «la dicha».

Ponderal de plomo, con las siguientes medidas y peso: 14,98 gramos de peso, 21-23 mm de diámetro y un grosor de unos 3-4 mm.  El estudio de los ponderales ligados al mundo ibérico parece indicar un sistema predominantemente basado en la dracma griega, de 8,6 gr. en el siglo IV a. C; otro en una unidad de 7,2 gr. durante el s. III a. C, y  una época final en la que se basaría en los 7 gr. o incluso menores. El ponderal del castillo de Bédar, de casi 15 gramos de peso, correspondería perfectamente a un múltiplo de las unidades que se mencionan, lo que deja un interrogante sobre el origen de este yacimiento.

Para más información:

Las rutas de senderismo de Bédar (Almería): Circuito urbano y ruta del agua