En marcha el proyecto para la rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Desde la semana pasada, los geólogos Thomas Pesenti y Maxence Regnault, se encuentran estudiando la mina Mulata de Bédar. Durante todo un mes, se encargarán de cartografiar esta mina, estudiar su estructura geológica, los diferentes minerales que en ella se encuentra, evaluar la seguridad de la misma y elaborar los proyectos más adecuados para ponerla en valor.

 

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Noticia publicada en la Voz de Almería el sábado 9 de junio.

 

El ayuntamiento de Bédar, tras la compra de los terrenos en los que se encuentra esta mina, ha dado un paso importante en el desarrollo turístico del municipio, que posee importantes vestigios mineros en casi todo su término municipal.

El proyecto, con la ayuda de las asociaciones Bédar Sostenible y Asociación de Amigos de El Argar, cuenta con la colaboración de la Universidad de Lorraine, acuerda con algunos de los alumnos que cada año vienen a realizar un curso de campo la realización de estas estancias de puesta en valor del patrimonio minero. Gracias a esta colaboración se pueden realizar a precios muy razonables lo que de otra manera sería muy costoso, la principal dificultad para un pueblo pequeño como Bédar.

La elección de esta mina, la Mulata, se explica esencialmente por su cercanía al pueblo. Tras años de funcionamiento de la ruta minera de Bédar, con un éxito más que considerable, el Ayuntamiento pretende invitar a estos visitantes a visitar el pueblo con una oferta irresistible: la visita a auténticas minas de finales del siglo XIX, la mina Higuera y la mina Mulata.

 

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De izquierda a derecha, Rocío Jódar, Ine Thijs, Thomas Pesenti, Maxence Regnaul y José Ramón Muñoz, posando a la entrada de la mina Mulata.

 

La Higuera ya fue cartografiada y estudiada durante 2017, por un equipo también dirigido por Thomas Pesenti, estando situada junto al trayecto de la vía de senderismo. La combinación de ambas minas junto a la ruta de senderismo pueden resultar uno de los complejos turísticos más interesantes de toda la zona.

La mina Mulata se encuentra en uno de los lugares más icónicos, el cerro que preside el pueblo, lo cual supuso no pocas molestias para los bedarenses, es quizás por eso que esta antigua explotación se había casi olvidado. Sin embargo, una exhaustiva investigación nos ha permitido devolverla a la vida, aunque todavía quedan muchas incógnitas alrededor de esta antigua mina.

 

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Dos fotografías del interior de la mina Mulata, concretamente en la “sala” más grande de la mina, donde existen pasos elevados y estrechas trancadas que conducen a otros niveles de la misma.

 

Fue demarcada en 1873 por Gerónimo Abad, un comerciante y agente de minas de Almería. Junto a la mina El Negrito, creó una sociedad minera, que sería la que gestionaría esta mina hasta su caducidad, se trataba de la Sociedad Minera La Mulata y el Negrito”. Su propietario encargó un informe ingeniero Manuel Lacasa, cuya memoria resultó ser un auténtico folleto publicitario, en el que se destacaban las bondades de la mina y se exponían las condiciones de arrendamiento, es quizás la primera vez que se realizaba algo parecido. Manuel Lacasa estimó en más de un millón de toneladas de mineral de hierro, una cantidad nada despreciable.

Aunque no fue hasta 1896 que la mina fue preparada para su explotación a la vez que la construcción del ferrocarril que la sociedad minera de Chávarri había construido para llevar el mineral a Garrucha, se llevó a cabo cierta actividad minera, a la altura del barranco de la Cueva Oscura, de carbonatos de hierro, que se utilizaban como fundentes para reducir los plomos argentíferos de sierra Almagrera.

La verdadera historia de esta mina comenzó en 1896. La Mulata, arrendada a la sociedad propietaria por el marqués de Chávarri por mediación del vicecónsul inglés en Garrucha, George Pecket, que disponía de diversas minas en arrendamiento en Bédar. La Mulata era una de las dos principales minas, una de las más prometedoras y punto de partida de uno de los ramales del ferrocarril.

 

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Pilares dejados por los mineros para estabilizar el techo de la explotación.

 

Sin embargo, las cosas no serían para Chávarri. Las poderosas empresas mineras como la Chávarri Lecoq y Compañía estaban acostumbradas a manejar a su antojo los poderes políticos de la época. Sin embargo podemos decir que al marqués de Chávarri se le atragantó este negocio.

A pesar del trabajo que la industria minera podía aportar al pueblo, no todo discurrió como previsto. El director jefe de la sociedad, Manuel Figuera, se encontró con un problema análogo al de la mina Santa Catalina, en Serena, pues la parte habitaba limitaba mucho tanto las labores como la vía para transportar el mineral. Atrapado entre Bédar y la sierra (las Rellanas), Manuel Figuera optó por una solución análoga a la adoptada en Santa Catalina, con la construcción de un túnel inferior de transporte que daría fácil salida a los minerales contenidos en el cerro. A la vez, se inició el trabajo a cielo abierto en la cima del cerro, donde se ubicaban importantes masas de mineral. El túnel desembocaba en el barranco de la Cueva Oscura, pero hasta la cabecera del ramal de ferrocarril había un importante desnivel. Un plano inclinado permitiría bajar las vagonetas para cargarlas en el ferrocarril.

 

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Plano incluido en la memoria de Manuel Lacasa de 1873. Se aprecia la masa de mineral en el cerro además de los diversos yacimientos en el barranco de la Cueva Oscura.

 

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Acción de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito.

 

No nos consta que se construyera ningún tipo de tolva para la carga en los vagones del tren (a diferencia de su mina melliza, Santa Catalina), por lo que seguramente se cargaba directamente en los vagones desde una plataforma de madera elevada. El plano inclinado, o plano de la Mulata, estuvo en funcionamiento hasta 1916, fecha en el que se desmanteló para construir una tolva cónica y un túnel (el túnel de la Palmera) que permitiría al ferrocarril acceder justo debajo de la salida de la Cueva Oscura.

Para llevar a cabo una explotación no bastaba con disponer de la concesión minera, debía realizarse la expropiación de los terrenos que se necesitaban. Esta expropiación era forzosa siempre que no se demostrara que la explotación del subsuelo sería beneficiosa, cosa harto difícil de demostrar.

Solo la explotación de la mina Mulata supuso la expropiación de 40 terrenos, la mayor parte buenos terrenos de regadío con árboles frutales, naranjos y parras, comprendiendo también 5 casas. El problema con las expropiaciones es que siempre surgían divergencias entre el precio por los terrenos que se iban a ocupar, lo que hacía que muchas veces estos expedientes se retrasaran mucho.

 

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Maxence Regnault durante los trabajos de cartografía de la mina.

 

Chávarri tuvo problemas no solo con los propietarios de los terrenos, también con los propietarios de las concesiones mineras. En especial alcanzó cierta fama el pleito con la sociedad propietaria de la mina Santa Catalina, pero también hubo problemas con los de la Mulata. Chávarri no estaba de nada contento con la calidad y distribución del hierro de estas minas, que a su parecer eran demasiado pobres y en poca cantidad, aunque eso no impidió que las explotara extensamente. Además, parte de la culpa era del mismo Chávarri, pues el deficiente el estrío del mineral (operaciones que se llevan a cabo para eliminar la ganga o impurezas del mineral) rebajaba mucho el valor del hierro exportado.

Además, el yacimiento de mineral de hierro no era tan regular como lo hacía presuponer las masas de mineral en superficie. Con numerosas zonas estériles, el trabajo subterráneo no fue nada fácil, con el desarrollo de galerías irregulares y explotaciones en huecos y pilares que buscaban las zonas más ricas.

 

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Panorámica del cerro de la Señora de Bédar, con las dos principales rozas (explotaciones a cielo abierto) y las numerosas bocaminas. Nótese la cercanía de Bédar a la mina.

 

Pero que los propietarios de la mina, que vivían en Almería, cobraran o no, a los bedarenses les traía sin cuidado. A parte del espinoso asunto de las expropiaciones, los trabajos en las canteras en el cerro, a escasos metros del pueblo, ocasionaban importantes molestias. Por lo general un minero hacía sonar una caracola para avisar a la gente del pueblo que empezaba la tira de barrenos, ante tal señal más valía ponerse a cubierto ante la eventualidad de que cayeran piedras, como sucedió en diversas ocasiones. Además, las vibraciones continuas debieron producir no pocas grietas en las casas.

También debió ocasionar gran disgusto el que se derribara la ermita de la cima del cerro, dedicada a la Virgen de la Cabeza. La progresión de la cantera obligó a derribarla. Como compensación, la sociedad minera hizo construir otra ermita no muy lejos.

Por otro lado, el supuesto beneficio al crear más trabajo para las explotaciones de Chávarri, tampoco fue lo que se esperaba. Las continuas paralizaciones de la actividad minera hicieron que el trabajo fuera muy irregular y precario.

Suponemos que todas estas dificultades son las que obligaron a la compañía a paralizar los trabajos de desmonte del cerro (es decir, el trabajo de las canteras) en octubre de 1897, despidiendo a un gran número de operarios que se ocupaban de esta explotación. Suponemos que su paralización se debió a todos los problemas que la cercanía de Bédar conllevaba, pues este tipo de explotación siempre es el más rentable para el explotador, lo cual seguramente no ayudó a mejorar el concepto que de ella tenía el marqués de Chávarri.

A partir de entonces las labores fueron siempre subterráneas, trabajándose en dos grandes socavones (bocaminas), el superior, a media altura del cerro, y otro más inferior. Todo el mineral era canalizado por medio de la galería de transporte inferior. Seguramente, de no haberse paralizado la evolución de esta mina, Bédar no tendría la misma fisonomía que hoy presenta, situada al lado de un enorme hoyo o, lo más seguro, viéndose obligada a buscar un emplazamiento menos peligroso.

 

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Ante la falta de documentos gráficos, podemos ver aquí una reconstrucción de como debió ser el plano inclinado de la mina Mulata. Ubicado en el barranco de la Cueva Oscura, el plano servía para salvar el desnivel existente entre la parte más alta, conocida como el Peraico y la parte más baja, llamada La Palmera. El plano solo contaba con un freno, un tambor montado en una estructura de mampostería que era frenado a voluntad por medio de un cable tensado que se controlaba desde un pequeño volante. Este freno permitía controlar la bajada de la vagoneta cargada (evitando que bajara muy deprisa y se estrellara), impulsando a su vez a una vagoneta vacía que subía. En funcionamiento era sencillo, el volante, dispuesto sobre una estructura parecida a una pera, hacía subir y bajar un tornillo central que, conectado a un cable, tensaba o destensaba el cable del tambor, al igual que los frenos de algunas bicicletas estáticas actuales. El volante del freno podía estar junto al tambor (como en el caso del plano de Santa Catalina) o en la parte baja del mismo (como ocurría con el plano de la mina Higuera). En este caso el volante del freno parece que estaba en la parte inferior, a tenor de las pocas noticias de época en las que se menciona este plano inclinado. Un operario se encargaría de estar atento al freno y regular el descenso de las vagonetas cargadas, mientras que otros dos operarios descargaban las vagonetas. No hay noticia de la existencia de tolvas de carga, por lo que seguramente los operarios descargaban las vagonetas en los vagones del ferrocarril por medio de una plataforma de madera elevada al pie del plano inclinado. No es probable que el plano fuera de doble vía, un pequeño desdoblamiento a mitad del plano permitiría el cruce entre la vagoneta que subía y la que bajaba.

Hoy en día, y como vestigio de este tumultuoso pasado, resta un cerro que más parece un queso de Gruyere, prácticamente hueco y manteniéndose gracias a varios pilares de mampostería que dejaron los explotadores.

Y hasta aquí este pequeño repaso histórico a la mina que hoy en día el Ayuntamiento quiere poner en valor. Seguiremos informando.

 

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Bédar: la Vía Vulcano

Una de las partes más espectaculares de la ruta de la minería de Bédar es sin duda la Vía Vulcano. Esta antigua vía minera conecta el cargadero de San Manuel con el trayecto correspondiente a la vía Esperanza, el estrecho sendero discurre a cierta altura del barranco de Los Lobos, con algunas zonas bastante vertiginosas, atravesando también tres pequeños túneles.

Pocos conocen la historia de esta vía minera, desconocida por los muchos visitantes que vienen a hacer la ruta, así como por los diferentes guías que por ella los llevan. Solo los guías de Bédar la conocen y la explican.

Para quien no la conozca, la historia minera de Bédar se vertebra en torno a dos grandes compañías mineras, la Compañía de Águilas, que construyó un cable aéreo para el transporte del mineral de hierro a Garrucha en 1888 y la Sociedad minera del marqués de Chávarri, que hizo lo propio pero con un ferrocarril en 1896. Ambos sistemas de transporte funcionaron en paralelo hasta 1916, en que se fusionaron ambas compañías.

 

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Las tolvas de Vulcano.

 

Lo abrupto de la sierra de Bédar dio más de un dolor de cabeza a los ingenieros que debían diseñar los transportes hasta las respectivas estaciones de carga. Una maraña de vías mineras, cables aéreos secundarios y planos inclinados aseguraban que todo el mineral de las minas que la Compañía de Águilas poseía en Serena, llegara al cargadero de San Manuel.

La que se convertiría en el eje del transporte de todas minas sería la conocida como Vía Vulcano. Su nombre viene de una de esas  minas, la mina Vulcano. La vía originariamente daba salida al mineral extraído por el pozo “Y”, uno de los diferentes pozos de la gran explotación en la que se convirtió todo el coto. A ella pronto llegaron vías mineras de pozos y bocaminas más alejados, las vías de  San Marcial y Esperanza, y en su trayecto, de poco más de 1km, se fueron conectando por medio de galerías, planos inclinados y hasta un ramal de cable aéreo, las minas Carabinera, Saturno y Demasía a Sagunto.

Solo un guía bien formado en la historia minera de Bédar puede enseñar al visitante la ingeniosidad de los ingenieros de finales del siglo XIX.

 

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Una de las tolvas conserva todavía las compuertas metálicas, en la que se pueden apreciar los restos del ultimo cargamento de mineral.

 

En este punto de conexión entre las diferentes vías (San Marcial, Esperanza y Vulcano) es donde se construyó más adelante, en una fecha que no conocemos, las famosas “tolvas de Vulcano”. Estas tolvas aprovechan perfectamente la pendiente rocosa de la ladera del barranco y el desnivel entre la vía Esperanza y la de Vulcano. La mayor, con más de 30 metros de diámetro en su parte Superior, dispone de tres compuertas de carga, la más pequeña solo dos.

Su utilidad era la de poder almacenar el mineral y poder darle salida cuando los barcos de carga llegaban a Garrucha. Aunque sin datos que puedan comprobarlo, la hipótesis más factible es que se construyeron cuando el avance de las labores subterráneas procedentes del Hoyo Júpiter habían avanzado tanto que el coste de llevar el mineral por el camino habitual (por medio de la galería número 4 y el Plano Grande) resultaba demasiado costoso.

Los ingenieros deberion percatarse de la posibilidad de prolongar una de las galerías hasta conectar con la Vía Vulcano, la pendiente era favorable y resultaría muy cómodo y económico dar salida a toda esa parte de la mina. Esta nueva bocamina, de nombre socavón San Pablo o más conocida como el socavón de Los Lobos, se hizo efectiva en una época indeterminada, seguramente a principios del siglo XX. La Vía Vulcano se convertía así en el eje de transporte principal. Ya sin uso el pozo Y ni la vía de San Marcial, la vía Vulcano era la continuación de la Vía Esperanza.

 

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Interesantísimo fragmento de plano de finales del siglo XIX que muestra el origen de la Vía Vulcano antes de la construcción de las tolvas. El pozo “Y”, representado por un rectángulo dividido, se conecta con la vía por medio de una galería. Un desdoblamiento de la vía al principio de la misma facilitaría el cruce de las vagonetas que llegaban vacías con las que partían llenas. Un pequeño ramal conectaba con el barranco de los Lobos, cuyo lecho a esa altura está muy próximo a la vía. Los barrancos fueron las primeras vías de transporte por excelencia, por lo que seguramente ese pequeño ramal facilitaba el ascenso hacia la Vía Vulcano del mineral procedente de las pequeñas canteras que existen a lo largo del barranco y, especialmente, la conocida por los mineros como “roza del tío Pepe”. El plano nos muestra como llegan también la Vía Esperanza y la Vía San Marcial. Otra vía, la de San Alfonso, discurría a un nivel Superior, de la que desconocemos tanto su procedencia como su final.

 

Cuando la empresa minera Hierros de Garrucha volvió a abrir las minas en 1952, retomó los mismos sistemas de transporte que anteriormente se habían diseñado. Los ingenieros Alfredo Dorn y Ovidio Fernández aportaron los planos y datos necesarios para poder retomar la explotación en el punto en el que se dejó más de veinte años atrás. Se rehabilitó el viejo Plano Grande, pero también la vía Vulcano, el socavón de San Pablo y como no, las tolvas de Vulcano.

El uso de estas tolvas-reguladoras quedaba más que justificado. El mineral procedente de la mina Esperanza podía descender a la vía Vulcano por medio de un plano inclinado o bien almacenarse en las tolvas, si es que era preciso por no haber en ese momento barcos de transporte en la rada de Garrucha. Una iniciadas las tareas de carga en el puerto, este mineral podia ser trasladado rápidamente hasta el cable aéreo cuyo cargadero Hierros de Garrucha instaló en el mismo sitio en el que se encontraba el antiguo.

 

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Dos vistas de la Vía Vulcano en su vertiginoso trayecto junto al barranco de Los Lobos. Esta es una de las secciones más pintorescas del recorrido por la ruta de las minas.

 

En el tiempo de las antiguas minas, las vagonetas de mineral se transportaban por la Vía Vulcano tiradas por mulas, esto es, se trataba de un “ferrocarril de sangre”. Hierros de Garrucha decidió modernizar un poco el sistema y adquirió pequeños tractores diesel fabricadas por Batignolles-Châtillon, modelo M 4115 BE. Estas pequeñas máquinas de 2,8 toneladas llegaron a Bédar en 1955, y resultaron perfectas para las pequeñas vías de montaña en las que quería usarse.

Diseñada para mulas arrastrando una o dos vagonetas, la Vía Vulcano es bastante estrecha. A pesar de que las tractoras eran de pequeño tamaño, podía arrastrar bastantes vagonetas cargadas. Tal y como nos comentaba el caballista de Hierros de Garrucha Antonio Imbernón (QEPD), ver la pequeña locomotora arrastrando tal cantidad de vagonetas por la estrecha senda al lado del barranco era algo que no dejaba de impresionar. Ocurría muchas veces que las vagonetas traseras descarrilaban y caían al barranco, pero siempre los maquinistas eran lo bastante hábiles con sus pequeños artefactos para poder subirlas de nuevo a la vía. A pesar de lo peligroso del trayecto, no hubo desgracias que lamentar en la Vía Vulcano (no fue así en el Plano Grande).

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Las pequeñas tractoras M4115 BE permitían transportar de manera rápida y eficaz gran cantidad de vagonetas. El maquinista debía ir con cuidado por la Vía Vulcano. El maquinista debía mirar con frecuencia por los laterales para comprobar la buena marcha, ya que el compartimento motor quitaba bastante visibilidad frontal. Sin embargo los maquinistas adquirieron gran pericia en el uso de estas pequeñas locomotoras, incluso la usaban para desbloquear el Plano Grande cuando alguna vagoneta se quedaba atascada, con el riesgo que conllevaba subir por la gran pendiente de este plano. En la reconstrucción, una de estas tractoras en las operaciones de carga en las tolvas de Vulcano.

Mojácar: la mina La Fraternidad y el alto horno de Bestouan

Hoy vamos a hablar de un tema que, aparentemente, no tiene nada que ver con la minería de la zona de Bédar.

A parte de las zonas bien conocidas de Almagrera, Herrerías y Bédar, la minería en sierra Cabrera es una de las grandes desconocidas. Explotadas para suministro de la ferrería (los altos hornos) que los Orozco instalaron en Garrucha, poco más se conoce sobre estas minas.

Se considera que la decisión de la transformación en Alto Horno de la fundición de plomo San Ramón de Garrucha en 1857, propiedad de los Orozco, se debió al buen funcionamiento de una fábrica metalúrgica del mismo tipo fundada por una empresa española en Málaga.  Sin embargo, es posible que la inspiración  haya venido de un lugar mucho más cercano y totalmente inesperado.

Este nuevo establecimiento de Garrucha, que se conocería como El Martinete, disponía de una máquina de vapor con un alto horno complementado con cuatro hornos reverberos y dos de afino.  La fábrica se abastecía del mineral de las minas que los Orozco poseían en Bédar, Cabrera y Pulpí.

 

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Una de las minas propiedad de los Orozco era La Pirógena, comprada a José Grave. Ubicada en el término municipal de Mojácar, La Pirógena se demarcó en 1858 junto a otra mina de nombre La Fraternidad, y es precisamente sobre esta mina sobre la que vamos a tratar hoy.

La Fraternidad fue demarcada en el cerro de las Menas, en el término de Mojácar el 4 de agosto de 1856, con el número de registro 3981. El título de propiedad se obtuvo el 23 de diciembre del mismo año. El interesado era José Riancho, conocido por actuar como agente para diferentes propietarios de minas.

En este caso el interés sería saber para quién registró José Riancho esta mina. Podría parecer que también para los Orozoco, pero la sorpresa viene cuando descubrimos el verdadero propietario de esta mina y, sobre todo, el destino del mineral que de ella extraían.  En efecto, la mina fue adquirida y explotada por una sociedad francesa, la Société des Mines de l’Est de l’Espagne.

La mina, de dos pertenencias mineras, se encontraba justo al borde de la playa. Los propietarios disponían del terreno en el que se encontraba así como de varios edificios para el alojamiento de los ingenieros, contramaestres y trabajadores. La mina se explotaba a cielo abierto por medio de seis canteras, sin necesidad de pozos, galerías ni de ningún tipo de obra de estabilización.

El mineral se transportaba directamente desde cada cantera a los lugares de almacenamiento junto a la playa, desde donde se cargaba directamente a los vapores fondeados en la rada.

 

 

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Restos de las labores en la mina La Fraternidad (cerro de Las Menas, Mojácar.) Fotografías procedentes de la página Patrimonio Minero de Andalucía Oriental (http://minasdealmeria.es/mining/?page_id=%20505)

 

La ubicación junto a la playa, facilitaba la carga en los vapores, por medio de barcazas con una capacidad para cuatro a cinco toneladas de mineral y que podían hacer entre diez y trece viajes por día, dependiendo del estado de la mar. El transporte por mar hacía aumentar el precio de la tonelada de mineral a no más de 6,3 francos franceses. La disposición junto a la playa, en una rada al abrigo del viento y disponible 20 días por mes, permitía el acceso de los vapores de gran tonelaje. Debido a esta disposición, los compradores del mineral se habían habituado a ir a buscar el mineral a la misma mina. Entre los cargamentos más importantes destacaban el vapor Solferino comandado por el capitán Perdleton y el Investigator del capitán Caver, que cargaron en enero de 1862 y por cuenta de la sociedad Ebbw Wale Company, 1.100 toneladas de mineral el primero y 1.000 el segundo.

El mineral que proporcionaba y a tenor de la información proporcionada por los mismos explotadores, era de excelente rendimiento y muy apropiada para la fundición de hierros dulces y resistentes, así como de aceros. Se trataba de un hierro peróxido anhidro, en el que el polvo rojo del óxido era más oscuro a causa del polvo negro del manganeso. El yacimiento parecía provenir de la descomposición casi completa de un hierro carbonatado manganesífero muy puro cuya forma cristalina todavía se podía encontrar frecuentemente en geodas. La apariencia de este mineral era de un rojo negruzco, metaloide en las fracturas, de masa compacta y regular. Las gangas eran poco importantes, formada por cal carbonatada. La ausencia de azufre y de otros metales molestos para la fundición habían valido el sobrenombre entre los franceses de “mine douce” o “mina dulce”.

 

 

Restos de las labores en la mina La Fraternidad (cerro de Las Menas, Mojácar.) Fotografías procedentes de la página Patrimonio Minero de Andalucía Oriental (http://minasdealmeria.es/mining/?page_id=%20505)

 

Este mineral se mostraba muy apropiado para los altos hornos, favorecido por el tipo de ganga presente. Los análisis mostraban un rendimiento de un 45 a un 53 por ciento de fundición, con una proporción de sílice que no rebasaba el 2 por ciento y con una proporción de manganeso que facilitaba la fusión del mineral. Se realizaron diversos análisis, por parte del ingeniero Brustlein, que dirigía los trabajos en la mina y por la M.M. Johnson Matthey and Company de Londres. Los resultados arrojaban una riqueza media de al menos un 70% de peróxido de hierro, lo que significaba más de un 50% de hierro puro.  De esta manera se obtenía una fundición en los ensayos de muy buena calidad y especialmente apropiada para la elaboración de aceros.

 

 

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Restos de la fábrica de hierro de Bestouan, en Cassis. Entre las estructuras que quedan, esta chimenea de 33 metros de altura.

 

Lo interesante de esta sociedad minera es que poseía un Alto Horno en la localidad de Cassis, cerca de Marsella, la fábrica de hierro de Bestouan,  también justo al lado del mar y a tres kilómetros de la línea de ferrocarril de Toulon a Marsella. La fábrica, propiedad del ingeniero de minas Louis Voulland y de Félix Roger, un comerciante marsellés que parece que fue el propietario original de la mina La Fraternidad. La fábrica se construyó entre 1856 y 1857, aunque de los tres altos hornos previstos, solo uno se acabó. La fábrica estaba dispuesta de manera que fuera accesible para los barcos. En la liquidación de la sociedad se especifica que dicha fundición ocupaba un espacio de más de 2 hectáreas y disponía de un alto horno en funcionamiento y uno en construcción, alojamientos, almacenes, sala de máquinas, sala de coladas, fraguas, un molino y hangares. Disponía también de un embarcadero y de toda la maquinaria necesaria: calderas, fuelles mecánicos y todas las herramientas necesarias para su funcionamiento. En total, la construcción de la fábrica había costado más de medio millón de francos franceses.

Además de suministrar el mineral para su propia fundición, el hierro de esta mina se exportaba a otros lugares:

  • Altos Hornos de Marsella: 5.500 toneladas.
  • Fundiciones y fraguas de Alais (Benoit-d’Azy): 20.000 toneladas.
  • MM. Petin, Gaudet et Compagnie para Toga (Córcega): 12.000 toneladas.
  • MM. Petin, Gauder et Compagnie para las fundiciones de Givors: 15.000 toneladas.
  • Ebbw Vale Co. (de Newport): 48.000 toneladas.
  • Diversas fábricas, especialmente en Haumont; MM. Jacquinot et Compagnie, de Solenzara; MM. James Brown; Richard Cowel; fundiciones de Montaire y de Terre-Noire, fundiciones de Vonlte y Bességues: 42.500 toneladas.

En total, 143.000 toneladas de mineral de hierro exportado.

Desde el mes de enero de 1861 la  progresión de las labores en la mina habían permitido el corte de 5.000 toneladas por mes, o lo que es lo mismo 60.000 toneladas anuales. Los trabajos de extracción estaban asegurados por una contrata con una empresa local, a un coste de 3,5 francos por tonelada. Esto dejaba un beneficio medio de 200.000 francos a la sociedad explotadora a pesar de que la empresa extractora solicitaba un aumento del precio debido a la dificultad de los trabajos que los ingenieros pretendían llevar a cabo para aumentar la producción.

A pesar de las buenas perspectivas, y de la misma manera que ocurrió con el El Martinete de los Orozco, la empresa acusó pérdidas y tuvo que ser liquidada. En 1864 El Martinete ya había dejado de funcionar, a causa del coste del carbón exportado desde Gran Bretaña, agravado por las disposiciones arancelarias proteccionistas para el carbón asturiano. Sin contar con la mala gestión empresarial, también influyó el coste del transporte del mineral de hierro desde las diferentes minas que poseían los Orozco.

Por su parte, la desconocida gemela del Martinete, la fábrica de Bestouan, no corrió mejor suerte, pues su puesta en marcha coincidió con una crisis económica, disminuyendo los pedidos y aumentando el coste, todo dificultado por el coste de los transportes y el tratado de libre comercio con Inglaterra. En 1858 Louis Vouilland deja el cargo y se tomó la decisión de liquidar la sociedad, que fue adjudicada a un banco de París, incluida la propiedad de la mina en Mojácar, La Fraternidad.

En el momento de su liquidación, en 1862, la Société des Mines de l’Est de l’Espagne se encontraba bajo la razón social de H. Besaucèle et Compagnie, siendo M. Besaucèle el gerente liquidador de la sociedad. En esos momentos todavía se encontraban almacenados en la playa unas 9.000 toneladas de mineral.

Esta tan desconocida historia de una mina hasta ahora tan poco conocida, nos lleva a descubrir una desconocida fábrica gemela de nuestro El Martinete de Garrucha, a más de 1200 km de distancia, y con el mismo destino marcado por el fracaso. ¿Hasta qué punto la decisión de Orozco de transformar la fundición de San Ramón en un alto horno fue influenciada por esta iniciativa francesa?

 

 

 

 

 

 

 

Bédar: la mina de Los Corrales, un ejemplo de minería local. La mine de Los Corrales, un exemple d’exploitation minière locale de fer.

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Hoy vamos a mostrar cómo avanza la investigación de las minas de Bédar con un ejemplo, en concreto la localización e identificación de una mina de hierro de principios de siglo a partir de documentos. Esto en sí ya es bastante excepcional, pues la escasez documental de este importante periodo es lo habitual, por lo que habitualmente se trabaja sobre minas conocidas localizadas durante exploraciones de campo, de las que luego se busca la documentación.

Las dos últimas minas localizadas a partir de documentación escrita ha sido la mina de Los Corrales y la mina La Fe. Hoy hablaremos de la primera.

Aujourd’hui nous allons présenter le travail d’enquête historique sur les mines de Bédar avec un exemple concret, la localisation et l’identification d’une mine du début du siècle XX à partir de documents.

L’identification d’une mine à partir de documents est déjà très exceptionnelle, puisque il y a très peu de documentations historiques. D’habitude, nous travaillons sur place avec des restes miniers et on essaye ensuite de trouver quelques informations dans les faibles bases de données disponibles. Les des dernières mines localisés à partir de documentation préalable sont La Fe et Los Corrales. Aujourd’hui nous allons parler de cette dernière exploitation.

 

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Ubicación de la mina de Los Corrales en un plano de 1925.  Emplacement de la mine de Los Corrales dans un plan de 1925. 

 

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Curioso graffiti en el túnel que atraviesa la autovía que nos recuerda dónde estamos. Sur la photo, un graffiti dans le tunnel qui traverse l’autoroute Almeria-Vera qui nous rappelle où est-ce que nous sommes…

 

Todo comienza cuando nuestro buen amigo Rafael Guerrero nos facilita un documento procedente del Archivo Municipal de Vera, el importante archivo municipal gestionado por Manuel Caparrós. Se trata de una denuncia de 1904 por parte de un minero vecino de Vera, Diego González Cano, contra sus vecinos José Soler y Juan Martínez Flores, presidente y tesorero respectivamente de una sociedad minera de nombre Santa Isabel, sociedad constituida para la explotación de una mina de hierro ubicada en Los Corrales, de la diputación de Los Giles.

Tout a commencé quand notre bon ami Rafael Guerrero nous a envoyé un document provenant des Archives locales de la ville de Vera géré par Manuel Caparrós, un important centre de documentation de référence du Levant de la province d’Almería. Il s’agit d’une plainte judiciaire de 1904 de la part d’un minier de Vera, Diego González Cano, contre ses voisins José Soler et Juan Martínez Flores, le président et le trésorier respectivement de la société minière Santa Isabel. Cette société s’était constituée pour l’exploitation d’une mine de fer placée sur le lieu qu’on appelle Los Corrales, dans la circonscription de Los Giles (Bédar).

 

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El marco natural en el que se encuentra esta mina es incomparable. En la fotografía tenemos un bonito ejemplar de tortuga mora hembra (Testudo graeca). Los Corrales, 2018. Le milieu naturel où se trouve cette mine est incomparable, sur la photo une tortue maure (Testudo graeca), Los Corrales, 2018.

 

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Glaucium corniculatum (amapola loca- pavot cornu). Los Corrales, 2018.

 

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Barlia robertiana (orquídea gigante- orchis géant). Los Corrales, 2018.

 

Tan solo uno de los nombres nos era conocido, se trata de Juan Martínez Flores, registrador de una concesión minera de nombre San Antonio Segundo, junto a la concesión minera de La Perdiz, que tomó en arriendo la Sociedad Vizcaína de Bédar.

En 1908, el ingeniero José Prats realiza un informe sobre las minas de hierro que poseía la Sociedad Vizcaína de Bédar, en la que describe en la mina de La Perdiz la presencia de una serie de trabajos mineros junto al kilómetro 14 del trazado del ferrocarril de Chávarri, en concreto un tajo y labores por galerías en trancada. Estas labores, aunque José Prats las localiza en La Perdiz, se encuentran en realidad en el límite entre ésta y la colindante de San Antonio Segundo, indicando que “fue explotada por una compañía domiciliada en Vera, en esos momentos paralizada, que había dejado una buena cantidad de mineral amontonado en el exterior del frente beta del filón II, junto al kilómetro 14 de la vía férrea.” Desgraciadamente, no da más datos sobre esta empresa, pero la coincidencia de domicilio de la misma (Vera) junto al hecho de que la concesión San Antonio Segundo haya sido registrada por el mencionado Juan Martínez Flores, nos hace plantearnos la hipótesis de que esta mina ubicada en el filón II descrito por José Prats, haya sido explotado bien por esta sociedad minera Santa Isabel o bien por medio de otra sociedad minera relacionada con Juan Martínez, también domiciliada en Vera.

Seulement un de ces noms nous était connu, celui de Juan Martínez Flores, l’exploitant d’une concession minière nommée San Antonio Segundo, placée à Bédar aussi, près d’une autre concession nommée La Perdiz. Ces concessions avaient été prises en location pour une société minière avec du capital basque, la société minière Vizcaína de Bédar.

En 1908, l’ingénieur José Prats élabore un rapport sur les mines à la disposition de la société Vizcaína de Bédar, dont les concessions de La Perdiz et San Antonio Segundo. José Prats décrit dans La Perdiz la présence d’une série de travaux miniers à proximité du kilomètre 14 du tracé du chemin de fer de Victor Chávarri, pour le transport jusqu’au port de la ville de Garrucha des minerais d’une importante société minière de Bédar, propriété du Marquis de Chávarri. Les travaux consistaient en une carrière et des galeries descendantes. Ces travaux, bien que José Prats les place dans la concession de La Perdiz, se trouvent en réalité dans la limite entre celle-ci et celui de San Antonio Segundo. José Prats indique que « la mine avait été exploité par une compagnie domiciliée à Vera, paralysée à ce jour, avec une bonne quantité de minerai entassé à l’extérieur à côté du kilomètre 14 du chemin de fer. » Malheureusement, il ne donne plus de données sur cette société, mais la coïncidence de domicile (Vera) en plus du fait que la concession Sant Antonio Segundo avait été inscrite par Juan Martínez Flores, nous fait nous poser l’hypothèse dont ces travaux placées sur le filon II décrit par José Prats ont été exploités soit par cette société minière Santa Isabel soit au moyen d’une autre société minière liée à Juan Martínez.

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Mina Abeja, barranco de la Fuensanta, 2006.  Sur la photo supérieure, la mine Abeja, ravin de la Fuensanta, 2006

 

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Puente de la Barrilla en el barranco de la Fuensanta, trazado del ferrocarril de Chávarri, 2006.  Sur les deux photos supérieures, le pont de la Barrilla, ravin de la Fuensanta, sur le tracé du chemin de fer de Chávarri, 2006.

 

Cabe destacar que en el filón I de la concesión La Perdiz descrito por José Prats, existen también trabajos mineros en trinchera, que podrían haber estado en relación con la explotación de la anteriormente mencionada sobre el filón II, siendo explotada por los misma sociedad. La falta de más información impide avanzar más, ya que la única información de la que disponemos es que recibía el nombre de mina Abeja, según se recoge en una memoria del Plan Nacional de la Minería de 1975-1976.

Il convient de noter que dans le filon I de la concession de La Perdiz il y a aussi des travaux miniers qui pouvaient être aussi en rapport avec l’exploitation susmentionnée. Le manque d’information empêche de progresser. Nous n’avons que peu de donnés sur les travaux du filon I, concrètement qu’ils étaient nommés mine Abeja (abeille), selon une mémoire du Plan National Minière de 1975-1976.

 

 

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Plano de la concesión de La Perdiz y otras colindantes a la vía férrea de Chávarri. Estan indicadas las minas de Ureña y los dos compadres, San Antonio Segundo y Abeja. Plan de la concession de La Perdiz et d’autres limitrophes au chemin de fer de Chávarri. On marque les mines de Ureña y los dos compadres, San Antonio Segundo et Abeja

 

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La Cuesta Blanca, junto al paraje de Los Collados, 2018. Sur la photo supérieur, le lieu dit la Cuesta Blanca (la pente blanche), près du site de Los Collados, 2018.

 

En todo caso, la explotación de la mina de Los Corrales debía ser comprobada en el terreno. Aunque la información no era demasiado precisa, la mención del paraje y su situación en la diputación de Los Giles, nos lleva a un paraje con ese nombre mencionado en un plano de 1925, junto a otro de nombre “Cuesta Blanca”, que nos ayudó a ubicar dicho paraje de Los Corrales, en un paraje muy cercano a la pedanía de Los Collados, hoy en Los Gallardos, pero que en 1904 formaba parte de la Diputación de Los Giles (Bédar).

En tout cas, l’enquête sur place de cette exploitation de Los Corrales était obligée. Bien que le document ne fût pas très précis, la mention du placement dans la circonscription de Los Giles et avec l’aide d’un plan daté en 1925, on trouve le site dit Los Corrales au côté d’un autre nommé La Cuesta blanca (la pente blanche), description précise qui a été très utile pour sa localisation

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Depósito de mineral en la mina de Los Corrales, 2018.  Sur les photos supérieures, le depôt de minerai dans la mine Los Corrales, 2018.

 

La posible presencia de minas de hierro en la zona de Los Collados no nos era desconocida, aunque solo disponíamos de un anuncio publicado en el Diario de Almería de 21 de agosto de 1919, en el que se ofrecían varias minas de hierro en este lugar, de las que muy posiblemente forma parte la mina de la que hoy hablamos.

En dicho lugar de Los Corrales, efectivamente, encontramos los trabajos mineros que buscábamos. Concretamente un depósito con cierta cantidad de mineral de hierro no lejos de dos bocaminas hundidas. No muy lejos, se encuentra otra bocamina de lo que parece una pequeña explotación de hierro oligisto.

En fait, il s’avère que Los Corrales se trouve très proche de la commune de Los Collados, petite localité qui appartient à la ville de Los Gallardos, mais qu’en 1914 appartenait à Bédar. Nous disposions déjà des indices sur la présence de mines dans cet endroit, car nous avons trouvé une annonce publiée dans le journal Diario de Almería du 21 août 1919, dans lequel s’offrent quelques mines de fer dans Los Collados, dont très possiblement il faisait partie notre mine.

Dans Los Corrales nous trouvons, effectivement, les travaux miniers que nous cherchions. Il s’agit concrètement d’un dépôt avec quelques tonnes de bon minerai et des entrées de mines enfoncées pas très loin. On peut trouver aussi très proche une petite exploitation de fer oligiste.

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Bocamina en Los Corrales con hundimiento de terreno que correspondería a otra entrada, 2018.  Sur les photos supérieures, l’entrée de la mine de Los Corrales et un affaissement du terrain, ce qui se correspondrait avec une autre entrée, 2018.

 

Aunque de poca entidad, esta mina nos lleva de nuevo a una parte de la historia minera muy poco conocida. Como se indica en el documento, el minero denunciante había trabajo en esta mina junto a algunos de sus hijos. Aunque pueda parecer que la minería de finales del siglo XIX- principios del XX era una minería en la cual los mineros trabajaban casi en exclusiva para las grandes compañías mineras (La Compañía de Águilas o la sociedad minera de Chávarri), casi siempre en malas condiciones, lo cierto es que había muchos mineros que trabajaban por su cuenta, en sus propias concesiones o bien arrendando o subarrendando concesiones mineras.

Bien que mineure, cette mine nous rappelle une partie de l’histoire de Bédar très peu connue : Diego González y travaillait avec certains de ses fils. Bien qu’on peut penser que le travail dans la mine pendant la fin du XIXème siècle et le début du XXème siècle était essentiellement une histoire de journaliers liés en exclusivité à des grandes compagnies minières (La Compagnie d’Aguilas ou la société minière de Chávarri), d’habitude dans de mauvaises conditions, la vérité c’est qu’il y avait beaucoup de mineurs qui travaillent par leur compte, soit dans leurs propres concessions minières soit en location ou sous-location.  

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Cristales de barita sobre los óxidos de hierro que forman el yacimiento. Sur les photos supérieures, des cristaux de baryte sur les oxydes de fer qui forment le gisement.

 

Esta participación de mineros locales, cuya importancia por el momento no podemos estimar, fue consecuencia de la presencia de medios de transporte eficaces de mineral hasta el puerto de Garrucha. En especial el ferrocarril de Chávarri era especialmente importante, más que el cable aéreo de la Compañía de Águilas, pues su capacidad de transporte era mucho mayor.

Cette participation de mineurs locaux, dont nous ne pouvons pas encore estimer l’importance, a été la conséquence de la présence d’un réseau de transport effectif de minerai jusqu’au port de Garrucha. Le chemin de fer de Chávarri était particulièrement important, plus que le câble aérien de la Compagnie d’Aguilas, puisque sa capacité de transport était beaucoup plus grande.

 

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Mina de oligisto cercana a la mina principal, 2018. Sur les photos supérieures, une mine d’oligiste près de la mine principale, 2018.

 

Es por eso que las concesiones que estos mineros locales explotaban, ya fueran propias o arrendadas, se encontraban muy cerca del ferrocarril de Chávarri. Para la sociedad minera de Chávarri el negocio era especialmente provechoso, pues compraba el mineral a estos mineros para transportarla en su ferrocarril, ahorrándose los gastos de explotación.

Les mines exploitées par les mineurs locaux étaient placés toujours le plus près possible du chemin de fer de Chávarri, puisque le bénéfice dépendait de l’économie dans le transport. Pour la société de Chávarri l’affaire était presque parfaite, ce n’était pas nécessaire d’investir en l’exploitation des mines, il suffisait d’acheter les minéraux à ces exploitants et les transporter confortablement à Garrucha pour y avoir un bénéfice facile..

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Anuncio en el periódico Diario de Almería del 19 de agosto de 1919. Annonce publicitaire dans el Diario de Almería de 19 août 1919 au sujet d’une offre de location de cinq mines de fer au parage de Los Collados, députation de Los Giles (Bédar).

 

A lo largo de nuestras investigaciones hemos podido recopilar varios ejemplos de estos mineros locales. Tenemos ejemplos en la explotación de la mina Mahoma, Gracia, Ureña y Compadres, La Fe… además de las ya mencionadas mina Abeja (filón I de la concesión La Perdiz) y San Antonio Segundo (descrita como filón II de la concesión La Perdiz por el ingeniero José Prats). Muchas estas sociedades mineras tenían un marcado carácter familiar, así se confirma en las sociedades que explotaron en arrendamiento la mina Mahoma y la propia mina de Los Corrales que nos ocupa, en la que se ocupaban también a los hijos. Disponemos de otro dato interesante sobre una explotación llevada da a cabo en 1914, por parte de otro minero local de nombre Agustín Flores Zamora, que contó con varios empleados, entre ellos sus hijos. Desconocemos en qué mina o concesión trabajaron, solo que estaba cercana al ferrocarril, por lo que podría tratarse de alguna de las ya mencionadas (Gracia, Abeja, etc.)

Nous avons trouvé quelques exemples du travail de ces mineurs locaux, par exemple les travaux effectués dans la mine Mahoma, Gracia, Ureña y dos Compadres, la Fe… en plus des déjà mentionées mine Abeja (le filon I de la concession La Perdiz) ou San Antonio Segundo (le filon II décrit pour la même concession de La Perdiz).

Ces exploitations « locales » avaient un caractère nettement familial, comme dans la documentation consultée, ou l’exploiteur travaillait avec ses fils. Nous disposons aussi d’informations intéressantes sur une exploitation menée pour Agustín Flores Zamora en 1914, un mineur local qui a disposé de quelques employés, dont ses fils. Nous ignorons dans quel mine ou concession ils ont travaillé, seulement qu’elle était près du chemin de fer, dans ce casil pourrait s’agir d’une des mines que nous avons abordé aujourd’hui (La Gracia, La Abeja…)

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Mina San Antonio Segundo, junto al trazado del ferrocarril. Presenta una cantera y diversas labores subterráneas, 2014.  Trois photos de la mine San Antonio Segundo, près du tracé du chemin de fer. Il présente une carrière et diverses galeries souterraines, 2014.

 

A estos explotadores locales se unía el fenómeno de los “contratistas”, muy utilizados por las grandes compañías. Estos contratistas, por lo general también mineros locales, eran contratados no para realizar una explotación minera de forma autónoma, sino para la realización de una tarea muy concreta. Podía tratarse de la excavación de una galería, un pozo, la instalación de maquinaria o el corte de una cierta cantidad de mineral.

A ces exploiteurs mineurs s’ajoutait le phénomène des « contractants », très utilisés par les grandes compagnies minières. Ces contractants, en général aussi des mineurs locaux, n’étaient pas engagés que pour la réalisation d’une tâche précise. Il pouvait s’agir de l’excavation d’une galerie, d’un puits, de l’installation d’une machine ou l’extraction d’une certaine quantité de minerai.

 

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Bocamina y galería de la mina Ureña y dos Compadres, 2006. Sur les photos supérieures, la entrée et une galerie de la mine Ureña y dos Compadres, 2006.

 

En resumidas cuentas, el trabajo minero no se limitó a los mineros contratados al jornal por las grandes compañías. Hubo muchos otros trabajadores, en una dimensión todavía muy desconocida, que o bien emprendieron sus propias explotaciones aprovechando la presencia del ferrocarril, o bien se dedicaron a realizar trabajos como contratistas para estas compañías.

En fin de compte, le travail minier n’était pas limité aux journaliers payés par les grandes compagnies, i y avait beaucoup d’autres travailleurs liés directement ou indirectement à l’exploitation minière. Il s’agit toujours d’une dimension très inconnue très liée à la présence, surtout, du chemin de fer, ou à la même activité des grandes compagnies, qui avaient besoin des contractants pour diminuer ses propres dépenses.

 

 

Una reliquia de las minas de Bédar. Une relique des mines de Bédar.

Vamos a hablar hoy de uno de los pocos restos que han sobrevivido de las viejas minas de Bédar y que hemos  podido recuperar, en vistas de poder donarlos al futuro museo de las minas de Bédar.

Su recuperación ha sido posible gracias  a las gestiones de Andrew Devey, residente de El Pinar que realizó todas las gestiones para su cesión.

Se trata de una pieza muy especial, pues es uno de los primeros cascos industriales de seguridad utilizados. Lejos de lo que pueda creerse, durante las antiguas minas de bédar (mediados del siglo XIX y principios del XX), los mineros no utilizaban cascos de forma habitual. Los cascos que se utilizaban, si se utilizaban, eran simples protecciones de cuero. No es hasta 1919 que la empresa de Edward D. Bullard patentó el primer casco de protección industrial, fabricado en lona endurecida al vapor, con pegamento y pintura de color negro. Los primeros modelos estaban claramente inspirados en los cascos con ala M1917 “Brodie”, que usaron los soldados ingleses durante la Primera Guerra Mundial.

 

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El casco, hallado en El Pinar de Bédar, es claramente uno de estos primeros modelos. La capa de lona presenta todavía restos de pegamento y pintura negra, tal y como se describen estos primeros modelos. Este ejemplar fue expuesto en el bar de El Pinar durante mucho tiempo, hasta el fallecimiento de sus propietarios, tras lo cual, su hija lo cedió en vista de su exposición en el futuro museo de Bédar. Le damos las gracias.

 

Nous allons parler aujourd’hui d’un des rares restes des anciennes mines de fer de Bédar qui ont survécu et que nous avons pu récupérer pour le futur musée des mines de Bédar. Cela a été possible grâce aux démarches d’Andrew Devey, un anglais résidant à El Pinar. Il s’agit d’une pièce vraiment spécial, car nous reconnaissons une des premiers casques de sécurité industriels fabriqués. Loin de ce qu’on peut croire, les miniers ne portaient pas des casques dans cette époque-là (dans le moitié du XIXe siècle et le principe du XXe), tout au plus des protections en cuir.

 

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C’est en 1919 qu’Edward D. Bullard dépose le brevet du premier casque de protection industrielle. Les premiers modèles étaient de bâche endurcie sous vapeur, avec de la colle et de la peinture noire, inspirés dans les casques M1917 « Brodie » qui portaient les soldats anglais pendant la Première Guerre Mondiale.

Sans doute, le casque, trouvée à El Pinar de Bédar s’agit d’un de ces premiers modèles, on voit toujours les restes de colle et de la peinture noire originale sur la surface dénudée de bâche. Depuis sa découverte, cet exemplaire a été exposé dans le bar de El Pinar pendant beaucoup d’années, jusqu’au décès de ses propriétaires. Finalement, la fille des propriétaires l’a cédé en vue de son exposition dans le futur musée de Bédar, et nous le remercions.

 

La cerámica esgrafiada del castillo de los moros de Bédar

 

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Volvemos a uno de los lugares más icónicos de Bédar, el castillico de los moros, para hablar esta vez sobre cerámica. Desde hace mucho tiempo, he visto aparecer pequeños fragmentos de una cerámica decorada en blanco y negro, con motivos a veces muy llamativos,  siempre procedentes del castillo roquero bedarense.

Como ya he comentado otras veces, en la época en la que los caminos hacia el castillo eran practicables, era un pasatiempo habitual entre los más pequeños el ir a la búsqueda de tesoros. Esto consistía básicamente en subir al castillo y hacer algún agujero. Como siempre surgía cerámica, a veces se recogía como “trofeo” y, claro está, siempre se acababa perdiendo. Recuerdo haber visto bastante de esta cerámica, que ahora reconozco pero que por esos entonces no era más que una simple curiosidad pasajera.

Con el tiempo, y al ir interesándome más por la historia de Bédar, empecé a guardar los fragmentos que me llamaban más la atención.  Por lo general, los muchachos perdían rápidamente el interés por los “tesoros” que encontraban. Otras veces yo mismo pude recoger algunos fragmentos interesantes que habían caído por la pendiente del cerro, puestos al descubierto por la erosión y arrastrados por el viento, la lluvia o los animales, todos procedentes de la antigua fortaleza.

Hoy vamos a hablar un poco de estos fragmentos, aunque desafortunadamente es una pequeña proporción de los que he llegado a ver. Quiero advertir que quien escribe estas líneas lo hace desde la casi total ignorancia sobre cerámica medieval, así que toda rectificación o información adicional será más que bienvenida.

Así que nos encontramos con una serie de fragmentos de cerámica decoradas con una técnica mixta en la que se combina la pintura y la incisión. La pieza se recubría con una capa de óxido de manganeso, que posteriormente se rasgaba con un buril o con punzones para mostrar el color natural del barro o bien de una capa de engalba blanca o amarillenta que se aplicaba previamente. También se completaba la decoración aplicando el manganeso a modo de pintura.  Las pastas utilizadas eran generalmente calcáreas de color claro y de paredes finas, lo que contrastaba vivamente con el color negro del óxido de manganeso.

 

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Diferentes fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se observan diferentes tipos de decoración, motivos vegetales, rombos, rectángulos, triángulos a base de líneas paralelas, etc.

 

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Más fragmentos de cerámica esgrafiada procedente del castillo de Bédar mostrando diferentes tipos de decoración.

 

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Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se presentan básicamente líneas, la mayor parte pintadas.

 

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Uno de los fragmentos de cerámica esgrafiada más interesante. Se trata de un fragmento  del borde superior de, seguramente, una jarrita o  jarra. Presenta una decoración a base de una cenefa de espirales esgrafiadas superior junto a otros motivos de espirales. Nótese el parecido con otra cerámica del mismo tipo hallada en Cádiz. Además, parece presentar motivos pseudoepigráficos.

 

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Algunos de los fragmentos hallados parecen estar decorados con caracteres pseudoepigráficos (vocablos en cúfico ilegibles).

 

Cronológicamente, la cerámica esgrafiada se fecha entre la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII (desde el inicio del dominio almohade en la península), aunque hay formas más tardías atribuidas a los siglos XIV y XV, siendo algo más toscas y con menos desarrollo de la decoración, muchas veces limitado a la parte superior de jarritas y jarritos.

Este tipo de cerámica se extendió por el litoral mediterráneo occidental (desde Castellón hasta Cádiz) y el norte de África, aunque también aparece en zonas interiores de la Península Ibérica. Los centros de producción en su época de mayo esplendor (siglos XII y XIII) se encuentran en el área levantina y murciana. La producción de este tipo de cerámica fue desapareciendo conforme los reinos cristianos fueron avanzando hacia el Sur.

 

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Este curioso fragmento, correspondiente posiblemente al borde superior de una taza o copa, presenta una decoración con líneas paralelas y lo que parece escritura en cúfico, aunque puede tratarse de pseudoepigrafía o del algún otro tipo de decoración (¿triángulos?)

 

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Solo conocemos un fragmento con epigrafía clara. Pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra “AL-GHIBTA”, o lo que es lo mismo “la dicha”.

 

Este tipo de decoración esgrafiada se utilizaba especialmente para recipientes destinados a la contención, transporte y servicio de líquidos como el agua, siendo la jarrita la forma más habitual, aunque se pueden encontrar en otros tipos cerámicos, como jarras, tazas, tinajas, etc.

Los motivos decorativos son los habituales en este tipo de cerámica, encontramos motivos vegetales, geométricos y también epigráficos en cúfico o bien vocablos ilegibles (pseudoepigráficos). Entre los motivos geométricos encontramos espirales, cordones, puntos, reticulados de rombos, líneas paralelas y retículas cuadradas.

 

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Algunos fragmentos de cerámica del castillo de Bédar se pueden correlacionar fácilmente con la decoración típica de los alfares de la zona de levante. En este caso concreto, nótese el parecido de la decoración que presentan varios fragmentos con los de una jarra esgrafiada estilo almohade procedente de la Alcazaba de Almería (Muso de Almería). Esta jarra presenta una decoración dispuesta en bandas transversales independientes con una cenefa central de triángulos a base de un par de líneas paralelas zigzagueantes.

 

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Nótese también el parecido de la decoración hexagonal que presenta este fragmento de cerámica esgrafiada de Bédar con piezas de cerámica halladas en el Pozo de San Nicolás, en Murcia.

 

Este tipo de cerámica esgrafiada y pintada al manganeso no es muy abundante si la comparamos con otros tipos. De hecho se la considera como un tipo de cerámica de lujo, muy ligada a los recipientes para la contención y servicio de líquidos, es posible que se tratara de una cerámica de tipo ritual, para la ablución antes de la oración de los viernes.

Durante los siglos XIV y XV se produjo una nueva fase de producción de este tipo de cerámica, con motivos más descuidados, menor desarrollo del esgrafiado y más motivos pintados (líneas y motivos geométricos). Estas producciones están vinculadas a la influencia del imperio meriní, de origen bereber surgido tras la caída del imperio almohade (siglos XIII y XIV) y que  llegó a controlar algunas partes de Andalucía.

 

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Destaca la casi total ausencia de fragmentos de cerámica esgrafiada en la vecina fortaleza de Serena. Esto puede ser debido a que hace relativamente poco tiempo que se descubrió esta fortaleza. También se ha encontrado un pequeño fragmento de cerámica esgrafiada al manganeso en la antigua atalaya del cerro de la Cruz, que debió estar asociada a la fortaleza de Serena, vigilando el camino que la comunicaba con Bédar y también como forma de comunicarse con la fortaleza del pueblo vecino en caso de necesidad.

 

Se considera como un tipo de cerámica urbana, pues se encuentra especialmente en ciudades o pueblos grandes, pero también es posible encontrarla en fortalezas rurales, como es el caso de Bédar, aunque en mucha  menor cantidad. En la fortaleza de Serena está prácticamente ausente, solo conocemos dos pequeños fragmentos. También se conoce un pequeño fragmento procedente de la atalaya vigía que estuvo ubicada en el cerro de la Cruz.

Y hasta aquí este pequeño viaje al pasado y a esta interesantísima fortaleza de Bédar con un pasado todavía muy desconocido. Esperamos que sirva para dar a conocerla más entre los vecinos y todos los apasionados por la historia y la arqueología de nuestra tierra, y para que algún día se puedan realizar algún tipo de puesta en valor de estos elementos de nuestro patrimonio que puedan, además, repercutir positivamente en el potencial turístico de este bello pueblo.

Bibliografía:

-Las cerámicas esgrafiadas de Cádiz y la difusión de las producciones esgrafiadas en el suroeste peninsular y el magreb. Francisco Cavilla Sánchez-Molero.

-Producción y comercialización d la cerámica esgrafiada y pintada en el  ámbito del estrecho de Gibraltar. El caso de Ceuta. José Manuel Hita Ruiz y Fernando Villada Paredes. Almoraina 42, 2011.

-Cerámica esgrafiada: estado de la cuestión. Almudena Crespo Pascual. AAC12, 2001, pp. 353-370

 

La fundición Carmen de Bédar: estado de la investigación

Volvemos hoy a hablar de un elemento del patrimonio arqueológico industrial más notables de Bédar, la fundición Carmen. Su nombre era el de Carmen de Bédar y no Virgen del Carmen como hemos visto en algún lado.

No hay absolutamente ninguna documentación sobre esta fundición, al menos de momento. Tan solo sabemos que fue registrada en 1845 por Francisco Cano Torres en el paraje de la arboleja del Pino. Es casi seguro que estuvo ligada a una sociedad minera poco conocida, de nombre Alfonso Moreno y Compañía, que en esos años parece que desarrolló una intensa actividad tanto en el Pinar como en escoriales de plomo cercanos al pueblo.

 

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Barajamos la posibilidad de que la actividad de esta fundición se prolongara hasta 1848, en la que posiblemente fue completada con una estación de lavado de minerales para el aprovechamiento de escoriales procedente de unas concesiones registradas por Miguel Aduncín y José Giménez Peña. De esta manera, se recoge la instalación de un lavadero de nombre muy poco imaginativo (se llamó Lavadero), en febrero de 1848, a nombre del mismo José Giménez.

Sin embargo, no deja de ser una mera hipótesis que Lavadero fuera una ampliación de Carmen de Bédar, aunque es posible por las fechas. Lo que es seguro es que la actividad de esta fábrica no continuara más allá de 1848, de otra manera hubiera sido mencionada por Madoz en su obra.

 

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Imagen Google Maps de la fundición Carmen de Bédar.

 

Los restos de la fundición son en todo equiparables a las construidas en toda la zona a partir de 1841, tras la fiebre minera desatada tras el descubrimiento del Jaroso en sierra Almagrera. A diferencia de otras fundiciones más conocidas de la costa, la fundición bedarense ha pasado mucho tiempo desapercibida, creyéndose parte de las instalaciones que la todopoderosa Compañía de Águilas estableció a partir de 1885. Sin embargo, la vetusta fundición sobrevivió a esta agitada época de finales del siglo XIX. Poco faltó para que desapareciera definitivamente en 2004 víctima de las urbanizaciones, tal y como le pasó al desafortunado Lavadero Grande, pero se salvó casi milagrosamente.

Sin embargo, la fundición sigue amenazada por el abandono. Tampoco se ha respetado su entorno inmediato, que ha sido allanado como parte del ya obsoleto plan urbanístico de El Pinar. Pero si no se actúa rápido, tanto la chimenea como el inusual horno de cuba de la fundición pronto no serán más que recuerdos, amenazados como están por grietas que ponen en peligro su estabilidad estructural. Vuelvo a señalar a las autoridades competentes, y no sé cuantas veces van ya, que si no se apuntalan rápido estas estructuras, acabarán cayendo.

La fundición bedarense posee algunas características muy inusuales, si las comparamos con sus contemporáneas, características que nos ha llevado mucho tiempo analizar y comprender y que expondremos en el presente post, con ánimo de despertar el interés de las autoridades que han de conservar este importante elemento patrimonial de Bédar.

Nos ayudaremos para ello de una imagen de Google Maps donde hemos marcado las principales secciones de la fundición y donde hemos marcado la procedencia de los principales restos encontrados.

 

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Estructuras principales de la fundición Carmen de Bédar. En amarillo se representan los hornos de reverbero y de manga. En azul las conducciones hidráulicas, lavadero y depósitos. En naranja el pozo de extracción. En verde almacenes y oficinas. En rojo se indican la posición de diferentes artefactos hallados durante la investigación.

 

La primera de las estructuras que identificamos son las de fundición (A-amarillo). Es innegable la presencia de tres hornos de reverbero, con tres hogares paralelos que permitirían fundir el plomo en los hornos que habrían estado ubicados justo encima, en una sección que, por la presencia de restos de pilares, estuvo cubierta. De estos hornos no quedan más que algunos restos de ladrillos refractarios y algunas escorias de fundición.

 

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La chimenea de la fundición Carmen de Bédar lleva más de 150 en pie, pero el tiempo y el abandono pasan factura. Si no se toman medidas pronto, acabará cayendo la última chimenea de Bédar.

 

La evacuación de los humos, de toxicidad conocida desde antaño, eran conducidos por una pequeña galería de condensación de humos de 28 metros hasta la chimenea, ubicada en lo más alto de un pequeño cerro. Esta es la primera característica anómala de esta fundición. Aunque la chimenea se alejaba para evitar intoxicar a los operarios, las galerías de humos tenían otra función más práctica, pues eran la forma de recuperar el plomo que se encontraba en los humos. Por sublimación, el plomo se condensaba en las paredes de dichas galerías. Cuanto más larga era la galería, más plomo podía recuperarse. Es por eso que estas galerías eran lo suficientemente grandes como para permitir el paso a un hombre, siendo a veces muy largas y sinuosa para maximizar la recuperación del preciado metal.

 

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Galería de humos de la fundición Carmen de Bédar. Con 28 metros de largo y apenas 1 metro de ancho por 72 cm de alto, no permitía la recuperación de plomos sublimados y alejaba a duras penas los humos tóxicos de la fundición, priorizando del tiro de los hornos para el ahorro de combustible.

 

Sin embargo, cuanto más larga era la galería, menor era el tiro del horno y más combustible se precisaba para la fundición (en el caso que nos ocupa, carbón coke inglés). Esta corta galería, que además era de muy pequeñas dimensiones (imposible que un operario pudiera pasar por dentro para recuperar el plomo sublimado) indica que la prioridad era el ahorro de combustible. No es nada raro, pues la lejanía relativa del puerto de Garrucha debía suponer un gasto de transporte que no debía ser compensado por el plomo recuperado en dicha galería. Recordamos la presencia de preocupantes grietas que amenazan con acabar con la última chimenea de Bédar.

 

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Hogares de los hornos de reverbero de la fundición Carmen de Bédar. Posteriormente fueron rehabilitados como vivienda (precaria) de los mineros partidarios que, para la Compañía de Águilas, extraían y lavaba el mineral de plomo de los agotados criaderos.

 

Otro aspecto  muy curioso el extraño y artístico horno de cuba o de manga (B-amarillo), de unos 10 metros de altura, ubicado en uno de los extremos del complejo. Estos hornos se utilizaban para tratar minerales de segunda, por estar muy oxidados o contener muchas impurezas, o bien para tratar los residuos procedentes de los hornos de reverbero, que podían contener todavía una cantidad aprovechable de plomo. En todo caso la identificación de esta estructura fue complicada hasta que descubrimos la abertura inferior típica de este tipo de hornos, del mismo tipo que las conocidas “caleras” muy utilizadas en la zona. Este horno único por su curiosa construcción también está amenazado por preocupantes grietas que ponen en riesgo la estructura.

 

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Estado actual de la curiosa parte superior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. Si no se actúa pronto, la estructura corre el riesgo de hundirse.

 

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Interior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. en la parte inferior se aprecia la abertura típica de este tipo de hornos y que identifica a esta estructura como tal.

 

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Esquema de la ubicación del horno de manga y del pozo en la fundición Carmen de Bédar.

 

En azul hemos representado todas las canalizaciones y estructuras que, sin lugar a dudas, denotan la existencia de un lavadero en esta fundición (C, D y E azules). Las instalaciones se pueden dividir en un sistema de aporte de agua, representado por una serie de acequias y pequeños depósitos de almacenamiento que se dirigen sin duda alguna desde alguna zona desconocida ubicada en la actual urbanización (posiblemente un pozo), hasta la fundición. Dentro de la fundición se aprecian restos de acequias que permitían llevar el agua hacia una estructura formada por muros paralelos donde estaba instala algún tipo de lavadero mecánico, hay que destacar la presencia de una muesca en la que estaba instalado algún tipo de mecanismo rotativo. El Hallazgo de unas placas perforadas de 8 milímetros (b-rojo) deja pocas dudas sobre la existencia de este lavadero.

En tercer lugar, había otras acequias que llevaban el agua resultante hacia unos pequeños depósitos de decantación, sistema habitualmente utilizado para poder recuperar las pequeñas partículas de plomo que hubieran podido quedar tras el proceso de lavado.

La presencia de estos depósitos de decantación hemos podido demostrarla mediante una pequeña cata en la zona indicada en azul en el plano, llegando hasta la base de una de ellas, que por lo demás estaba impregnada de partículas de plomo. El hallazgo de una pequeña bomba de agua (a-rojo) así como de diferentes elementos metálicos (c-rojo) confirma la existencia de un sistema de control del agua en estos depósitos. Dada la presencia de los restos de una acequia que parece dirigirse a la zona delante de los hornos de reverbero, es muy posible que hubiera más depósitos de decantación en esa zona.

 

CARMEN1

Esquema del lavadero con restos de acequias de la fundición Carmen de Bédar.

CRIBA

Chapa perforada de 8 milímetros, parte del sistema de cribado del lavadero. Hallada en el punto b-rojo, en la zona donde estuvo ubicado uno de los depósitos de decantación.

 

BOMBA DE AGUA

Bomba de agua encontrada en el punto a-rojo. La presencia de este elemento concreto indica la presencia de un lavadero mecanizado, lo que comporta que necesariamente estuvo dotada de algún tipo de máquina de vapor.

 

DIVERSO

Diferentes elementos metálicos encontrados en el punto c-rojo. Podría tratarse de restos de la maquinaria utilizada para accionar el lavadero de la fundición.

 

CONTRAPESO

Pieza de hierro fundico hayada en el punto d-rojo. Provista de una perforación central, es de función desconocida, posiblemente algún componente de la maquinaria de los lavaderos de la fundición.

 

También es a destacar la presencia de un pozo de explotación minero, con restos que indica que estuvo dotado de un pequeño castillete de explotación, movidos por un pequeño motor o torno. Está marcado en el plano con la G-naranja. La instalaciones de esta fundición cuenta con todos los elementos propios del proceso de extracción, lavado y fundición de mineral, algo que la diferencia de otros establecimientos similares, solo dedicados a la fundición y, más raramente, al lavado del mineral cuando éste no llegaba lo suficientemente limpio.

 

POZO

 

POZO2

Pozo ubicado en la fundición Carmen de Bédar. En el interior se pueden ver diferentes niveles en la explotación

 

Finalmente, no podría faltar algún tipo de edificio de almacén y oficinas. El marcado como G-verde debió ser el almacén para guardar el valioso mineral ya procesado. El edificio disponía de dos puertas paralelas y una sola ventana, justo al lado de las instalaciones de la fundición. Prudentemente alejada de las instalaciones (y de su tóxico producto) se encuentra otra edificación H-verde, sin duda algún tipo de oficinas o alojamiento del director de la fundición.

 

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Entorno degradado alrededor de los restos de la fundición Carmen de Bédar.

 

Un estudio más pormenorizado sin duda depararía más sorpresas sobre el funcionamiento y origen de esta fundición, así como de la misteriosa compañía minera Alfonso Moreno y Compañía, exponente de un periodo de la minería de Bédar muy poco conocida.  Mientras tanto, exhortamos a las autoridades competentes a tomar las medidas necesarias para evitar su deterioro, siendo urgente el apuntalamiento provisional de las estructuras mencionadas, a la espera de poder aplicar otras medidas que permitan evitar su colapso, como por ejemplo los cerclajes metálicos usados en muchas chimeneas antiguas.

 

Fund Carmen

Reconstrucción artística del aspecto que debió tener la fundición Carmen de Bédar cuando estuvo en funcionamiento a mediados del siglo XIX. Una de las fundiciones más singulares del siglo minero almeriense.