Bédar y Los Gallardos: nuevas aportaciones fotográficas

Pasamos  mostrar las últimas fotografías recibidas de hallazgos casuales para la sección de arqueología, aunque por el momento no disponemos de medidas ni pesos. En primer lugar se trata de tres monedas de la zona de Cadima (Los Gallardos) y que hemos procedido a dibujar para que se puedan apreciar más los detalles:

 

1.- Divo Claudio, en le reverso figua estante, al parecer con lanza y brazo alzado con cornucopia.

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2.- Ejemplar muy deteriorado pero en el que se puede apreciar una moneda de Constantino I acuñada en conmemoración de la victoria contra los Sármatas. La moneda fue labrada entre los años 322 y 325 d.c. en algunas cecas occidentales en conmemoración de la victoria obtenida sobre el rey Rausimodus en el años 322 d.c. Constantino hizo retroceder a los invasores bárbaros Sármatas, expulsándolos más allá del Danubio. El mal estado de la moneda impide apreciar la ceca, pero se aprecia en el anverso parte del nombre del emperador “CONSTAN” y en el reverso muestra una Victoria portando palma (y un trofeo militar que no se aprecia bien) y pisando un cautivo que, aunque no se aprecia, debe estar con las manos atadas. Se aprecia en el reverso parte de la leyenda “SARMATIA DEVICTA”.

SALMATAS

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3.- Moneda tipo FEL(ICIUM) TEMP(PORIUM) REPARATIO (restauración de los tiempos felices) que muestra en el reverso un soldado alanceando un jinete caído. Acuñada en la ceca de Nicomedia, presenta una “.S.” a la izquierda del campo. Este tipo de reverso fue acuñado por los emperadores Constancio II, Constante, Magnencio, Constancio Galo y Juliano II, el Apóstata.

 

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De Bédar nos llegan fotografías de varios fragmentos de cerámica medieval, encontradas cerca del castillo moro, que nos han parecido interesantes. Desconocemos también las medidas exactas.

 

1.- Cerámica esgrafiada, fragmento con decoración mixta pintada y esgrafiada que recuerda, vagamente, una forma humana.

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2.- Fragmento de cerámica esgrafiada con decoración de espirales.

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3.- Finalizamos con este curioso fragmento de cerámica en verde y manganeso, el primero del que tenemos noticia de este tipo procedentes de las cercanías de este castillo.

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Un paseo por Roceipón y Cadima

Es suficiente con pasearse un poco para darse cuenta de dos cosas, de la riqueza arqueológica de nuestra comarca y de lo poco que nos importa.

Leía, con cierto interés, las últimas noticias contra el expolio en la provincia, en concreto la operación “Soho” en Roquetas por parte de la policía autonómica, que aportará una gran cantidad de monedas descontextualizadas al museo de Almería; y otra intervención de la guardia civil contra alguien que pretendía vender una veintena de monedas romanas, casi todas bajoimperiales, por ebay, aunque todavía no saben de donde pueden provenir, lo que no augura nada bueno para la investigación.

 

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Lamentable aspecto del yacimiento de Roceipón. Las bandas que la policía local había dispuesto para delimitar los restos, hace tiempo que han desaparecido.

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Fragmentos de estuco pintados romanos (trazos verdes, azules, morados y rojos) y un fragmento de decoración (Roceipón)

 

En fin, nos anuncian con bombo y platillos pequeños golpes contra expoliadores, lo cual está muy bien. Pero parece que se intenta culpabilizar a estas actividades como las principales culpables de los problemas de expolio, olvidando a los verdaderos y grandes expoliadores, los que arrasan con yacimientos enteros en días, la mayor parte de las veces con las autoridades haciendo la vista gorda. La construcción y las labores agrícolas extensivas son, realmente, el principal peligro que afecta a nuestro patrimonio.

Ya ni siquiera comento la indignante actitud de ciertos políticos, no olvidamos como el diputado José Luís Sánchez Teruel, secretario general del PSOE en Almería, votó en contra de una excavación de urgencia en El Argar… aunque lo peor fueron las ridículas justificaciones para hacerlo, cuando lo único que había son las conocidas y manidas maniobras que utilizan los políticos para perpetuarse en sus poltronas y que, a la postre, los convierten en unos perfectos inútiles para la sociedad.

Así que aprovechando las vacaciones, me acerqué al yacimiento romano de Roceipón a ver como estaba la cosa después de que fuera arrasado en gran parte para plantar lechugas, con un impacto casi nulo en la prensa provincial y sin responsables, por lo visto. Paseando entre trozos de cerámica romana y restos de estuco pintado mezclados con basura, me pregunto qué pensará de esto el que trincaron intentando vender veinte monedas en internet… ¿que no me creen? vean algunas fotos de lo que se puede ver por ahí.

 

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El yacimiento de Cadima se erosiona lenta pero inexorablemente.

 

Nos pasamos luego por una villa romana de la misma época en Los Gallardos, Cadima. Por supuesto, no hay ningún tipo de indicación de donde se encuentra, y tampoco tendría mucho sentido porque no hay nada que ver, excepto los restos que la erosión del río Aguas va dejando expuestas en su lento avance.

Este yacimiento, en el que se han encontrado numerosas monedas durante las labores agrícolas (cuentan que un labrador llamado Jacinto llegó a juntar varios kilos de monedas de bronce a lo largo de arar las tierras), parece haber sido muy afectado también por las labores agrícolas, con la colina donde se encontraba la necrópolis, completamente arrasada. Muchas monedas y otros artefactos procedentes de esta antigua villa romana se han encontrado con el tiempo, principalmente en labores agrícolas y en otros movimientos de tierra, y por nuestra iniciativa, hemos podido documentar muchas de ellas.

Las últimas piezas que hemos podido documentar (aunque no hemos podido llegar a pesar, desgraciadamente) nos han llamado mucho la atención, pues podrían datarse en el siglo I d.C.

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Ya habíamos comentado algo al respecto de una moneda recortada que, aunque muy desgastada, dejaba entrever la proa de un navío y un busto, y que podría corresponderse con algún ejemplar procedente de Sagunto o, puede, de la ciudad de Carteia.

Mucho más nos llamó la atención una de estas dos piezas, de factura muy similar, una de las cuales dejó claro que nos encontrábamos ante un cuadrante de Obulco o de Cástulo (más probable) pues representaba claramente un toro con un creciente. No queremos dejar de recordar el hallazgo de un tesorillo de monedas de Cástulo en la vecina Baria.

 

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Otra de ellas también fue identificada como del siglo I d. C, procedente esta vez de Sagunto. Aunque muy desgastada, se aprecia claramente la representación de una concha marina, típica de esta ceca.

 

 

Como último, una pequeña placa de bronce nos llamó mucho la atención, pues nos hizo recordar ciertos ídolos oculados.

 

 

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Y hasta aquí el pequeño paseo de hoy. Seguiremos informando.

 

Bédar: mina La Fe

Estamos en el punto culminante de las fiestas de agosto en Bédar, en plena fiesta de Los Moriscos, que ya debe ir por la décima edición. No publicamos fotografías de esta fiesta ya que hay muchas, junto a videos, que circulan por las redes sociales.

Sí que recordamos que este domingo 5, a las 22:00, se realiza la función teatral en la plaza del ayuntamiento, “El Club de las Solteras”, que promete ser muy divertido. Intentaremos conseguir alguna grabación para los que no puedan ir a verlo, pero por el momento no hemos encontrado a nadie que nos quiera “prestar” tal servicio, son de esas cosas típicas que pasan en Bédar.

Sí que nos ha llamado la atención un “spot” de un video promocionado por el Ayuntamiento de Bédar, con el nombre de “Regreso” por parte de ActúaCórdoba, que pueden ver a continuación:

 

Este video es la confirmación de que, con el tiempo, el municipio se ha ido concienciando en el potencial turístico de su pasado minero…”las posteriores generaciones no han ocultado tu pasado”.

Y ciertamente el pasado, aunque no ocultado, sí que ha estado bastante olvidado. Durante estos últimos 14 años hemos realizado avances importantes, aunque todavía falta trabajo por realizar. Aún todavía quedan aspectos de la historia minera de Bédar totalmente olvidadas, como es el caso que nos ocupa, la mina de La Fe.

 

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Plano que indica la posición de la concesión minera de La Fe con respecto a Bédar. Su posición entre minas que fueron explotadas intensamente como Unión de Tres Amigos o El Negrito, hacía prever la presencia de mineral.

 

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Indicios de óxidos de hierro en las paredes de roca del barranco.

 

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Vista de Bédar desde la mina Unión de Tres Amigos.

 

Esta concesión minera se demarcó en el paraje de la Loma de las Yeseras, en febrero de 1884, y se encontraba junto a la importante concesión de Unión de Tres Amigos, con la que compartía linde.

No era propiedad de ninguna de las grandes compañías mineras que explotaron las minas de Bédar. La mina pertenecía a Francisco Ruiz Carrillo, un contratista local de Bédar, uno de los diversos mineros locales que aprovechaban la presencia del ferrocarril y el cable aéreo para explotar minas que, de otra forma, no hubieran sido rentables.

En este tipo de minería, de la cual conocemos varios ejemplos en Bédar, dependía financieramente de las grandes compañías, que o bien ponían a disposición el material necesario, o avanzaba dinero a cuenta del mineral que posteriormente extraían. Para las grandes Compañías era un negocio rentable, pues se ahorraban el tener que utilizar sus propios jornaleros, y solo pagaban por el mineral extraído, evitando así todo riesgo.

 

 

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Terrenos que ocupaba la antigua concesión minera de la Fe. Las zonas con restos de explotaciones se encuentran a muy poca distancia del antiguo camino de Bédar a Vera, que seguía la dirección del carril que se dirige hacia la derecha en la fotografía.

 

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Vista de El Curato y al fondo Mojácar y Turre desde terrenos de la concesión.

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Labores mineras junto al barranco.

 

Sin embargo, la explotación de esta mina no parece que fuera muy exitosa. en 1897 el ferrocarril de los Chávarri se puso en marcha, cantidades importantes de mineral de hierro eran extraídas de la mina Unión de Tres Amigos. Fue entonces cuando Francisco Carrillo quiso reclamar como suya parte de esta mina de Unión de Tres Amigos, justificándose en el hecho de que ésta estaba mal demarcada. Pero poco pudo hacer Francisco Ruiz contra la todopoderosa sociedad minera vizcaína.

Podría creerse que su posición justo al lado de una mina rica daba esperanzas de poder encontrar grandes cantidades de mineral. Sabemos que Francisco Ruiz firmó un contrato con la Compañía de Águilas por la que recibió 1000 pesetas a cuenta de minerales, pero llegado el mes de julio de 1897, todavía no habían podido dar con cantidades explotable. Si había hierro, sin duda estaba a gran profundidad, y solo con la ayuda de la sociedad Chávarri, que ya había avanzado bastante en Unión de Tres Amigos, podía tener alguna posibilidad de llegar a él.

Esta es  toda la información que hemos podido recuperar con respecto a esta mina, lo que no está nada mal si tenemos en cuenta la poca documentación que se ha conservado. Faltaba la obligada investigación de campo, tanto para confirmar esta historia como para poder hacerse una idea de si finalmente la explotación de Francisco Ruiz pudo pasar de un mero intento.

 

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Pequeña explotación a cielo abierto en el punto 1. Se trata de la explotación de un pequeño afloramiento de óxidos de hierro que no tuvo continuidad a tenor de lo observado.

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Galería número 3 efectuada sobre unos indicios de mineralización en la ladera del barranco.

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Frente de la galería número 3 en estéril, tras un recorrido de unos 6-7 metros.

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Galería número 2, también sobre indicios de mineralización, con los mismos resultados que la galería número 3.

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Frente de la galería número 2.

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Cantera en el punto número 4.

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Marcas de martillo neumático en la cantera del punto número 4.

 

La localización de la mina fue fácil dado a su posición a la importante y bien conocida Unión de Tres Amigos. La exploración del terreno no nos decepcionó, con la localización de dos pequeñas labores a cielo abierto, dos galerías de exploración de pocos metros de desarrollo y algo que no habíamos encontrado antes, los vestigios de un antiguo sondeo.

En el plano indicamos la posición de estos restos mineros. Con los números 1 y 4 identificamos las pequeñas explotaciones a cielo abierto, realizadas en dos zonas con indicios de mineralización de hierro en superficie, pero que tal y como parece resultaron de muy poca importancia. El número 4, en particular, se encuentra en la parte superior de un cerro.

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Agujero de perforación de la sonda ante la galería número 2, que dejaron sin tapar. Alguien se ha preocupado en protegerla con un ladrillo decorativo de cemento para evitar que pequeños animales caigan dentro.

 

Con los números 2 y 3 se indican las dos pequeñas galerías. Justo delante de la galería número 2 es donde encontramos una perforación vertical en una pequeña plataforma junto al barranco, con un diámetro de unos 30-40 centímetros y con una profundidad que no hemos podido calcular, pero que debe superar los 20 metros.

Los restos, una vez más, confirman los datos documentales. Al parecer, tras realizar los trabajos sobre los crestones de mineral en superficie, pronto vieron que no tenían continuidad. Las dos galerías de exploración también dieron con una capa estéril. Ante estos decepcionantes resultados, solo quedaba ver si realmente había mineral en profundidad, de ahí a que realizaran el sondeo, que no debió ser para nada satisfactorio. Por la cantidad de mineral de hierro que se pudo haber extraído de las dos pequeñas canteras que se observan, difícilmente se pudo haber compensando ni siquiera la cantidad de dinero adelantada por la Compañía de Águilas.

 

Villaricos: La toma de Baria por Publio Cornelio Escipión

Hoy vamos a comentar uno de los episodios sin duda más dramáticos de la antigüedad en esta Tierra de Vera. Se trata de la conquista de la ciudad de Baria por Publio Cornelio Escipión durante la segunda Guerra Púnica. Es una historia muy desconocida, a pesar de tratarse de un acontecimiento de importancia durante el desarrollo de la guerra entre romanos y cartagineses por el control del Mediterráneo.

No es el lugar par extenderse sobre los orígenes de esta guerra, pero seguro que a muchos les sonará el episodio del general cartaginés Aníbal Barca cruzando los Alpes con su ejército en el 218 a. C. y sorprendiendo a las legiones romanas. La segunda guerra entre romanos y cartaginenses comenzó con la toma de Sagunto por parte de los segundos. Aunque Sagunto se encontraba dentro de la zona de influencia cartaginesa, según el tratado resultante del primer enfrentamiento entre ambas potencias, se trataba de una ciudad aliada de Roma, lo que fue el casus belli que originó el conflicto.

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Publio Cornelio Escipión

Roma planeó un doble ataque sobre Cartago y contra la península ibérica, pero Aníbal sorprendió a los romanos invadiendo la península itálica por el lugar más impensado: atravesando los Alpes. En la famosa batalla de Cannas, que se saldó con victoria del ejército de Aníbal, participó un joven tribuno, Publio Cornelio Escipión, que pudo escapar con vida.

En el 210 a.C. fue el momento de los romanos de devolver el golpe, con la llegada precisamente de Escipión a Tarragona al mando de un ejército. Aprovechando la dispersión de los ejércitos cartaginenses en la península, Escipión lanzó un audaz ataque sorpresa con el que tomó la capital cartaginense en la península, la ciudad de Qart Hadasht (Cartago Nova).

 

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En la fotografía superior, un duplo de Baria de 18,53 gr, el doble de un shekel de unos 10-11 gramos, siguiendo la metrología de los acuñados en Ebusus (Ibiza). En Baria se emiten también mitades, de unos 5-5,5 gramos.  Para sus amonetaciones, las autoridades de una ciudad solían escoger un símbolo de la autonomía política de la ciudad e ilustrar o hacer propaganda de alguno de los elementos identitarios que les fueran más queridos. La iconografía de Baria es muy significativa, presenta una cabeza femenina velada mirando hacia la derecha y una palmera datilera en el reverso, como representación del árbol de la vida. Esta cabeza presenta a la diosa Astarté con un estilo egiptizante (identificada con la Isis egipcia).  La mitad representaba también un símbolo también claramente de influencia egipcia, un ureus (un sol con cobras reales) en el anverso y al igual que un duplo una palmera en el reverso.

 

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Mitad  (medio shekel) de Baria. En su anverso muestra un “ureus” de influencia egipcia, en el reverso, la palmera datilera. En el sistema monetario de Baria solo se usaron los dobles de la unidad (el shekel) y su mitad o divisor, algo que no era  inédito en el mundo púnico. Vendrían a ser como los billetes grandes y la moneda menuda para pequeños intercambios. Pudo haber, sin embargo, otro tipo de divisores a base de amonetaciones en plomo.

 

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Tagilit (Tíjola), ciudad púnica bajo la influencia de Baria, emite moneda posiblemente entre finales del siglo III y la primera mitad del siglo II a. C. En sus amonetaciones, como la representada en el dibujo superior, aparece en el anverso de nuevo la diosa Astarté y una representación de un pilar-estela isíaco, lo que indica una extensión o influencia de los cultos de Baria hacia su ciudad satélite.

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Cuarto de shekel (2,9 gramos) de la ciudad de Ebusus del tipo XII. En el anverso se representa el dios Bes vestido con faldellín y sosteniendo una maza y una serpiente. En el reverso, un toro embistiendo a la izquierda, posiblemente relacionado con el culto al dios Melqart. El dios Bes, al parecer procedente de Nubia, gozó de una gran popularidad en Egipto y de ahí pasó al mundo fenicio. Era un dios atípico, se representaba como un ser bajito que sacaba la lengua burlonamente, con panza, orejas de soplillo y barba. Era un dios muy adorado por las clases populares, como el protector de la casa y encargado de alejar los espíritus maléficos; también estaba relacionado con las relaciones amorosas, el matrimonio y la música. En Baria también se encontraron figuras del dios Bes, pero sin duda donde tuvo más relevancia fue en la ciudad fenicia de Ibossim o Ebusus (Ibiza), lo que se refleja en todas las monedas que acuñaron.

 

Baria se ubicaba sobre la antigua ensenada formada en la desembocadura del río Almanzora, al pie de Sierra Almagrera, conocida por sus ricos recursos minerales, y controlando las fértiles vegas fluviales. Desde su posición en la costa, podía comunicarse con la Bastetania íbera. Su puerto era un punto de paso obligatorio hacia el estrecho de Gibraltar (Gadir) y el norte de África. Tras la toma de Qart Hadasht, Baria era el siguiente paso lógico, su control podría evitar la llegada de refuerzos desde Gadir y el norte de África. Dada la importancia estratégica de Baria para los cartagineses, ésta estaba bien defendida y disponía de una guarnición y fuertes murallas.

La toma de Qart Hadasht debió alertar a los habitantes de Baria, aliados de los cartagineses, que se aprestaron a la defensa. De hecho, fue Baria la única ciudad del sur de la península que resistió a los romanos, el resto, simplemente, capitularon.  Sin duda el asalto de Baria fue un mensaje claro de lo que pasaba a los que se les oponían al poder romano.

Las fuentes que nos hablan de este asedio son coherentes entre sí, además se ha podido documentar arqueológicamente este episodio, lo cual no es muy habitual. Según estas fuentes, Escipión puso asedio a las murallas de Baria, y mientras impartía justicia en su campamento (como era la costumbre), afirmó que al día siguiente impartiría justicia en el tempo situado tras las murallas de la ciudad, en el templo de Afrodita (equiparable a la diosa Astarté púnica) que dominaba la ciudad (en esa época era habitual impartir justicia en los templos).

 

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Cráneo hallado en la fosa común de la tumba 62 de la necrópolis de Villaricos que muestra marcas de arma blanca en el occipital y parietales posteriores (Siret).

 

A parecer, el asedio de la ciudad duró 3 días y la ciudad fue tomada al asalto. Los registros arqueológicos han confirmado esta destrucción de la ciudad, que fue realmente traumática. Estratos de ceniza con numerosos fragmentos cerámicos indican el suceso, rotas de forma voluntaria, junto a numerosos adobos descompuestos. Tras el ataque, quedaron amplias áreas abandonadas que no volvieron a ocuparse. Además, la ciudad dejó de acuñar moneda, a pesar de que contaba con numerosos recursos mineros. Otras ciudades de fundación fenicia siguieron emitiendo moneda con toda normalidad, pero el asalto romano paró la evolución de estas emisiones de Baria. Además, Siret excavó tumbas en las que se encontraron enterramientos colectivos, sin ajuares, en los que un cráneo estaba marcado por marcas de un arma blanca, sin duda una víctima del asalto.

Baria fue la única ciudad fenicia que se resistió por la fuerza de las armas, todo el litoral hasta Gadir cayó en manos de Escipión sin lucha. En la batalla de Baecula en el 208 a. C., Escipión derrotó al hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca; posteriormente vencería en la batalla de Ilipa, en el 206 a. C. a los últimos caudillos cartagineses en la Turdetania, Asdrúbal Giscón y Magón Barca. Así acaba el dominio cartaginés de la península.

Posteriormente Publio Cornelio Escipión acabaría derrotando a Aníbal en la batalla de Zama, cerca de Cartago, en el 202 a. C. poniendo fin al conflicto.

Las ermitas desaparecidas de Bédar

Volvemos a hablar de las ermitas que fueron parte de la historia de Bédar pero que, por unos motivos u otros, acabaron desapareciendo. Han quedado muy pocos vestigios de estas ermitas, tanto físicos como fotográficos.

La más significativa es sin duda la ermita de N. S. de la Cabeza. Según cuenta la leyenda, la devoción a esta Virgen se remonta a la aparición el 12 de agosto de 1227 a un pastor llamado Juan Alonso de Rivas en el Cerro de la Cabeza, cerca de la localidad de Andújar, en Jaén. Este acontecimiento ocurre poco después de la entrega del castillo de Andújar al rey Fernando III en 1225, para facilitar la repoblación cristiana se promovía la devoción en esos lugares, y es en 1227 cuando se inicia la devoción a la Virgen de la Cabeza. La expansión  fue gracias a los pastores trashumantes, que llevaron esta devoción a numerosos lugares de la península.

La historia de la construcción de la primera ermita de la Virgen de la Cabeza en Bédar es muy conocida, ya recogida por Flores González Grano de Oro. La parroquia de Bédar era inicialmente un anejo de la de Antas y ambas celebraban las fiestas en honor a esta Virgen. A medida que los pueblos fueron creciendo, se decidió que uno de ellos se quedaría con la imagen, y sería aquél que construyera antes una ermita en su punto más alto. Fueron los vecinos de Bédar quienes acabaron antes una ermita en el cerro de la Señora, esta es la primera ermita del pueblo.

 

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Reconstrucción del aspecto que debió tener la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar.

 

La ermita, de planta rectangular, disponía de un pequeño patio a la entrada, un tejado a cuatro aguas y un pequeño campanario. Quedan pocas fotografías que nos muestran como era, porque su ubicación en la cima del cerro fue también el motivo de su desaparición.

 

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Dos de las imágenes conocidas de la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar, a finales del siglo XIX.

 

La explotación a cielo abierto de la enorme masa de mineral de hierro donde se ubicaba la ermita hizo muy peligroso que los feligreses se acercaran a ella, por lo que al final se decidió derruirla. Esto debió ocurrir poco después de la puesta en funcionamiento del ferrocarril Bédar-Garrucha, en 1897. La compañía minera, en compensación, construyó una monumental ermita cerca de la primera, en el lugar conocido como “el Pecho”, en la parte más alta de Bédar. Esta ermita disponía de sacristía y de todo lo necesario para realizar los oficios en ella, incluido un púlpito. No hay constancia de que dispusiera de campanario, aunque tampoco podemos descartarlo, dado la falta de fotografías de época de esta ermita.

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Fotografía de las fiestas de Moros y Cristianos del año 1989 en Bédar, que se celebran habitualmente en “el Pecho”. La parte posterior de las ruinas de esta ermita, convenientemente encalada, servía de fondo a la Virgen de la Cabeza, que preside las fiestas. Es a destacar las enormes dimensiones de esta ermita, construida por la sociedad minera del marqués de Chávarri en compensación por la pérdida de la primera ermita.

 

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Reconstrucción de los restos de esta ermita antes de su derribo para la renovación de la plaza del Pecho y la construcción de la tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Los agujeros laterales se formaron en los huecos laterales de los que disponía la ermita para colocar las imágenes.

Esta segunda ermita fue derribada para la renovación de la plaza, construyéndose la que sería la nueva ermita de la Virgen de la Cabeza, la que haría número tres.

 

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Tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Con un cierto parecido a la primera, aunque más pequeña, dispone también de un pequeño campanario.

La otra ermita de la que vamos a hablar es una de las más desconocidas, la ermita del otro patrón de Bédar, San Gregorio. Éste disponía de una pequeña ermita donde se guardaba la imagen, y que estaba ubicada precisamente en la plaza de San Gregorio, más conocida como “la Cruz”.

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Reconstrucción de la ermita de San Gregorio según la descripción de los testigos.

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En esta fotografía de los años 50, realizada por la fotógrafa Antonia García, se aprecian los restos del muro de la ermita de San Gregorio, justo al lado del grupo de gente que posa, a la derecha de la fotografía.

 

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Por dimensiones y forma, la ermita de San Gregorio debió ser muy similar a la actual de Santiago, en Serena.

 

Desconocemos cuando se construyó y el aspecto que tenía. Los testimonios la describe como una ermita rectangular muy pequeña y sencilla, con el espacio apenas necesario para guardar la imagen. Adosada al muro de la calle nueva, estaba provista también de un pequeño campanario.

La ermita fue derribada durante la guerra civil, y durante un tiempo no quedó más vestigio de ella que los restos de un muro.

En marcha el proyecto para la rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Desde la semana pasada, los geólogos Thomas Pesenti y Maxence Regnault, se encuentran estudiando la mina Mulata de Bédar. Durante todo un mes, se encargarán de cartografiar esta mina, estudiar su estructura geológica, los diferentes minerales que en ella se encuentra, evaluar la seguridad de la misma y elaborar los proyectos más adecuados para ponerla en valor.

 

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Noticia publicada en la Voz de Almería el sábado 9 de junio.

 

El ayuntamiento de Bédar, tras la compra de los terrenos en los que se encuentra esta mina, ha dado un paso importante en el desarrollo turístico del municipio, que posee importantes vestigios mineros en casi todo su término municipal.

El proyecto, con la ayuda de las asociaciones Bédar Sostenible y Asociación de Amigos de El Argar, cuenta con la colaboración de la Universidad de Lorraine, acuerda con algunos de los alumnos que cada año vienen a realizar un curso de campo la realización de estas estancias de puesta en valor del patrimonio minero. Gracias a esta colaboración se pueden realizar a precios muy razonables lo que de otra manera sería muy costoso, la principal dificultad para un pueblo pequeño como Bédar.

La elección de esta mina, la Mulata, se explica esencialmente por su cercanía al pueblo. Tras años de funcionamiento de la ruta minera de Bédar, con un éxito más que considerable, el Ayuntamiento pretende invitar a estos visitantes a visitar el pueblo con una oferta irresistible: la visita a auténticas minas de finales del siglo XIX, la mina Higuera y la mina Mulata.

 

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De izquierda a derecha, Rocío Jódar, Ine Thijs, Thomas Pesenti, Maxence Regnaul y José Ramón Muñoz, posando a la entrada de la mina Mulata.

 

La Higuera ya fue cartografiada y estudiada durante 2017, por un equipo también dirigido por Thomas Pesenti, estando situada junto al trayecto de la vía de senderismo. La combinación de ambas minas junto a la ruta de senderismo pueden resultar uno de los complejos turísticos más interesantes de toda la zona.

La mina Mulata se encuentra en uno de los lugares más icónicos, el cerro que preside el pueblo, lo cual supuso no pocas molestias para los bedarenses, es quizás por eso que esta antigua explotación se había casi olvidado. Sin embargo, una exhaustiva investigación nos ha permitido devolverla a la vida, aunque todavía quedan muchas incógnitas alrededor de esta antigua mina.

 

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Dos fotografías del interior de la mina Mulata, concretamente en la “sala” más grande de la mina, donde existen pasos elevados y estrechas trancadas que conducen a otros niveles de la misma.

 

Fue demarcada en 1873 por Gerónimo Abad, un comerciante y agente de minas de Almería. Junto a la mina El Negrito, creó una sociedad minera, que sería la que gestionaría esta mina hasta su caducidad, se trataba de la Sociedad Minera La Mulata y el Negrito”. Su propietario encargó un informe ingeniero Manuel Lacasa, cuya memoria resultó ser un auténtico folleto publicitario, en el que se destacaban las bondades de la mina y se exponían las condiciones de arrendamiento, es quizás la primera vez que se realizaba algo parecido. Manuel Lacasa estimó en más de un millón de toneladas de mineral de hierro, una cantidad nada despreciable.

Aunque no fue hasta 1896 que la mina fue preparada para su explotación a la vez que la construcción del ferrocarril que la sociedad minera de Chávarri había construido para llevar el mineral a Garrucha, se llevó a cabo cierta actividad minera, a la altura del barranco de la Cueva Oscura, de carbonatos de hierro, que se utilizaban como fundentes para reducir los plomos argentíferos de sierra Almagrera.

La verdadera historia de esta mina comenzó en 1896. La Mulata, arrendada a la sociedad propietaria por el marqués de Chávarri por mediación del vicecónsul inglés en Garrucha, George Pecket, que disponía de diversas minas en arrendamiento en Bédar. La Mulata era una de las dos principales minas, una de las más prometedoras y punto de partida de uno de los ramales del ferrocarril.

 

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Pilares dejados por los mineros para estabilizar el techo de la explotación.

 

Sin embargo, las cosas no serían para Chávarri. Las poderosas empresas mineras como la Chávarri Lecoq y Compañía estaban acostumbradas a manejar a su antojo los poderes políticos de la época. Sin embargo podemos decir que al marqués de Chávarri se le atragantó este negocio.

A pesar del trabajo que la industria minera podía aportar al pueblo, no todo discurrió como previsto. El director jefe de la sociedad, Manuel Figuera, se encontró con un problema análogo al de la mina Santa Catalina, en Serena, pues la parte habitaba limitaba mucho tanto las labores como la vía para transportar el mineral. Atrapado entre Bédar y la sierra (las Rellanas), Manuel Figuera optó por una solución análoga a la adoptada en Santa Catalina, con la construcción de un túnel inferior de transporte que daría fácil salida a los minerales contenidos en el cerro. A la vez, se inició el trabajo a cielo abierto en la cima del cerro, donde se ubicaban importantes masas de mineral. El túnel desembocaba en el barranco de la Cueva Oscura, pero hasta la cabecera del ramal de ferrocarril había un importante desnivel. Un plano inclinado permitiría bajar las vagonetas para cargarlas en el ferrocarril.

 

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Plano incluido en la memoria de Manuel Lacasa de 1873. Se aprecia la masa de mineral en el cerro además de los diversos yacimientos en el barranco de la Cueva Oscura.

 

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Acción de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito.

 

No nos consta que se construyera ningún tipo de tolva para la carga en los vagones del tren (a diferencia de su mina melliza, Santa Catalina), por lo que seguramente se cargaba directamente en los vagones desde una plataforma de madera elevada. El plano inclinado, o plano de la Mulata, estuvo en funcionamiento hasta 1916, fecha en el que se desmanteló para construir una tolva cónica y un túnel (el túnel de la Palmera) que permitiría al ferrocarril acceder justo debajo de la salida de la Cueva Oscura.

Para llevar a cabo una explotación no bastaba con disponer de la concesión minera, debía realizarse la expropiación de los terrenos que se necesitaban. Esta expropiación era forzosa siempre que no se demostrara que la explotación del subsuelo sería beneficiosa, cosa harto difícil de demostrar.

Solo la explotación de la mina Mulata supuso la expropiación de 40 terrenos, la mayor parte buenos terrenos de regadío con árboles frutales, naranjos y parras, comprendiendo también 5 casas. El problema con las expropiaciones es que siempre surgían divergencias entre el precio por los terrenos que se iban a ocupar, lo que hacía que muchas veces estos expedientes se retrasaran mucho.

 

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Maxence Regnault durante los trabajos de cartografía de la mina.

 

Chávarri tuvo problemas no solo con los propietarios de los terrenos, también con los propietarios de las concesiones mineras. En especial alcanzó cierta fama el pleito con la sociedad propietaria de la mina Santa Catalina, pero también hubo problemas con los de la Mulata. Chávarri no estaba de nada contento con la calidad y distribución del hierro de estas minas, que a su parecer eran demasiado pobres y en poca cantidad, aunque eso no impidió que las explotara extensamente. Además, parte de la culpa era del mismo Chávarri, pues el deficiente el estrío del mineral (operaciones que se llevan a cabo para eliminar la ganga o impurezas del mineral) rebajaba mucho el valor del hierro exportado.

Además, el yacimiento de mineral de hierro no era tan regular como lo hacía presuponer las masas de mineral en superficie. Con numerosas zonas estériles, el trabajo subterráneo no fue nada fácil, con el desarrollo de galerías irregulares y explotaciones en huecos y pilares que buscaban las zonas más ricas.

 

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Panorámica del cerro de la Señora de Bédar, con las dos principales rozas (explotaciones a cielo abierto) y las numerosas bocaminas. Nótese la cercanía de Bédar a la mina.

 

Pero que los propietarios de la mina, que vivían en Almería, cobraran o no, a los bedarenses les traía sin cuidado. A parte del espinoso asunto de las expropiaciones, los trabajos en las canteras en el cerro, a escasos metros del pueblo, ocasionaban importantes molestias. Por lo general un minero hacía sonar una caracola para avisar a la gente del pueblo que empezaba la tira de barrenos, ante tal señal más valía ponerse a cubierto ante la eventualidad de que cayeran piedras, como sucedió en diversas ocasiones. Además, las vibraciones continuas debieron producir no pocas grietas en las casas.

También debió ocasionar gran disgusto el que se derribara la ermita de la cima del cerro, dedicada a la Virgen de la Cabeza. La progresión de la cantera obligó a derribarla. Como compensación, la sociedad minera hizo construir otra ermita no muy lejos.

Por otro lado, el supuesto beneficio al crear más trabajo para las explotaciones de Chávarri, tampoco fue lo que se esperaba. Las continuas paralizaciones de la actividad minera hicieron que el trabajo fuera muy irregular y precario.

Suponemos que todas estas dificultades son las que obligaron a la compañía a paralizar los trabajos de desmonte del cerro (es decir, el trabajo de las canteras) en octubre de 1897, despidiendo a un gran número de operarios que se ocupaban de esta explotación. Suponemos que su paralización se debió a todos los problemas que la cercanía de Bédar conllevaba, pues este tipo de explotación siempre es el más rentable para el explotador, lo cual seguramente no ayudó a mejorar el concepto que de ella tenía el marqués de Chávarri.

A partir de entonces las labores fueron siempre subterráneas, trabajándose en dos grandes socavones (bocaminas), el superior, a media altura del cerro, y otro más inferior. Todo el mineral era canalizado por medio de la galería de transporte inferior. Seguramente, de no haberse paralizado la evolución de esta mina, Bédar no tendría la misma fisonomía que hoy presenta, situada al lado de un enorme hoyo o, lo más seguro, viéndose obligada a buscar un emplazamiento menos peligroso.

 

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Ante la falta de documentos gráficos, podemos ver aquí una reconstrucción de como debió ser el plano inclinado de la mina Mulata. Ubicado en el barranco de la Cueva Oscura, el plano servía para salvar el desnivel existente entre la parte más alta, conocida como el Peraico y la parte más baja, llamada La Palmera. El plano solo contaba con un freno, un tambor montado en una estructura de mampostería que era frenado a voluntad por medio de un cable tensado que se controlaba desde un pequeño volante. Este freno permitía controlar la bajada de la vagoneta cargada (evitando que bajara muy deprisa y se estrellara), impulsando a su vez a una vagoneta vacía que subía. En funcionamiento era sencillo, el volante, dispuesto sobre una estructura parecida a una pera, hacía subir y bajar un tornillo central que, conectado a un cable, tensaba o destensaba el cable del tambor, al igual que los frenos de algunas bicicletas estáticas actuales. El volante del freno podía estar junto al tambor (como en el caso del plano de Santa Catalina) o en la parte baja del mismo (como ocurría con el plano de la mina Higuera). En este caso el volante del freno parece que estaba en la parte inferior, a tenor de las pocas noticias de época en las que se menciona este plano inclinado. Un operario se encargaría de estar atento al freno y regular el descenso de las vagonetas cargadas, mientras que otros dos operarios descargaban las vagonetas. No hay noticia de la existencia de tolvas de carga, por lo que seguramente los operarios descargaban las vagonetas en los vagones del ferrocarril por medio de una plataforma de madera elevada al pie del plano inclinado. No es probable que el plano fuera de doble vía, un pequeño desdoblamiento a mitad del plano permitiría el cruce entre la vagoneta que subía y la que bajaba.

Hoy en día, y como vestigio de este tumultuoso pasado, resta un cerro que más parece un queso de Gruyere, prácticamente hueco y manteniéndose gracias a varios pilares de mampostería que dejaron los explotadores.

Y hasta aquí este pequeño repaso histórico a la mina que hoy en día el Ayuntamiento quiere poner en valor. Seguiremos informando.

 

Bédar: la Vía Vulcano

Una de las partes más espectaculares de la ruta de la minería de Bédar es sin duda la Vía Vulcano. Esta antigua vía minera conecta el cargadero de San Manuel con el trayecto correspondiente a la vía Esperanza, el estrecho sendero discurre a cierta altura del barranco de Los Lobos, con algunas zonas bastante vertiginosas, atravesando también tres pequeños túneles.

Pocos conocen la historia de esta vía minera, desconocida por los muchos visitantes que vienen a hacer la ruta, así como por los diferentes guías que por ella los llevan. Solo los guías de Bédar la conocen y la explican.

Para quien no la conozca, la historia minera de Bédar se vertebra en torno a dos grandes compañías mineras, la Compañía de Águilas, que construyó un cable aéreo para el transporte del mineral de hierro a Garrucha en 1888 y la Sociedad minera del marqués de Chávarri, que hizo lo propio pero con un ferrocarril en 1896. Ambos sistemas de transporte funcionaron en paralelo hasta 1916, en que se fusionaron ambas compañías.

 

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Las tolvas de Vulcano.

 

Lo abrupto de la sierra de Bédar dio más de un dolor de cabeza a los ingenieros que debían diseñar los transportes hasta las respectivas estaciones de carga. Una maraña de vías mineras, cables aéreos secundarios y planos inclinados aseguraban que todo el mineral de las minas que la Compañía de Águilas poseía en Serena, llegara al cargadero de San Manuel.

La que se convertiría en el eje del transporte de todas minas sería la conocida como Vía Vulcano. Su nombre viene de una de esas  minas, la mina Vulcano. La vía originariamente daba salida al mineral extraído por el pozo “Y”, uno de los diferentes pozos de la gran explotación en la que se convirtió todo el coto. A ella pronto llegaron vías mineras de pozos y bocaminas más alejados, las vías de  San Marcial y Esperanza, y en su trayecto, de poco más de 1km, se fueron conectando por medio de galerías, planos inclinados y hasta un ramal de cable aéreo, las minas Carabinera, Saturno y Demasía a Sagunto.

Solo un guía bien formado en la historia minera de Bédar puede enseñar al visitante la ingeniosidad de los ingenieros de finales del siglo XIX.

 

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Una de las tolvas conserva todavía las compuertas metálicas, en la que se pueden apreciar los restos del ultimo cargamento de mineral.

 

En este punto de conexión entre las diferentes vías (San Marcial, Esperanza y Vulcano) es donde se construyó más adelante, en una fecha que no conocemos, las famosas “tolvas de Vulcano”. Estas tolvas aprovechan perfectamente la pendiente rocosa de la ladera del barranco y el desnivel entre la vía Esperanza y la de Vulcano. La mayor, con más de 30 metros de diámetro en su parte Superior, dispone de tres compuertas de carga, la más pequeña solo dos.

Su utilidad era la de poder almacenar el mineral y poder darle salida cuando los barcos de carga llegaban a Garrucha. Aunque sin datos que puedan comprobarlo, la hipótesis más factible es que se construyeron cuando el avance de las labores subterráneas procedentes del Hoyo Júpiter habían avanzado tanto que el coste de llevar el mineral por el camino habitual (por medio de la galería número 4 y el Plano Grande) resultaba demasiado costoso.

Los ingenieros deberion percatarse de la posibilidad de prolongar una de las galerías hasta conectar con la Vía Vulcano, la pendiente era favorable y resultaría muy cómodo y económico dar salida a toda esa parte de la mina. Esta nueva bocamina, de nombre socavón San Pablo o más conocida como el socavón de Los Lobos, se hizo efectiva en una época indeterminada, seguramente a principios del siglo XX. La Vía Vulcano se convertía así en el eje de transporte principal. Ya sin uso el pozo Y ni la vía de San Marcial, la vía Vulcano era la continuación de la Vía Esperanza.

 

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Interesantísimo fragmento de plano de finales del siglo XIX que muestra el origen de la Vía Vulcano antes de la construcción de las tolvas. El pozo “Y”, representado por un rectángulo dividido, se conecta con la vía por medio de una galería. Un desdoblamiento de la vía al principio de la misma facilitaría el cruce de las vagonetas que llegaban vacías con las que partían llenas. Un pequeño ramal conectaba con el barranco de los Lobos, cuyo lecho a esa altura está muy próximo a la vía. Los barrancos fueron las primeras vías de transporte por excelencia, por lo que seguramente ese pequeño ramal facilitaba el ascenso hacia la Vía Vulcano del mineral procedente de las pequeñas canteras que existen a lo largo del barranco y, especialmente, la conocida por los mineros como “roza del tío Pepe”. El plano nos muestra como llegan también la Vía Esperanza y la Vía San Marcial. Otra vía, la de San Alfonso, discurría a un nivel Superior, de la que desconocemos tanto su procedencia como su final.

 

Cuando la empresa minera Hierros de Garrucha volvió a abrir las minas en 1952, retomó los mismos sistemas de transporte que anteriormente se habían diseñado. Los ingenieros Alfredo Dorn y Ovidio Fernández aportaron los planos y datos necesarios para poder retomar la explotación en el punto en el que se dejó más de veinte años atrás. Se rehabilitó el viejo Plano Grande, pero también la vía Vulcano, el socavón de San Pablo y como no, las tolvas de Vulcano.

El uso de estas tolvas-reguladoras quedaba más que justificado. El mineral procedente de la mina Esperanza podía descender a la vía Vulcano por medio de un plano inclinado o bien almacenarse en las tolvas, si es que era preciso por no haber en ese momento barcos de transporte en la rada de Garrucha. Una iniciadas las tareas de carga en el puerto, este mineral podia ser trasladado rápidamente hasta el cable aéreo cuyo cargadero Hierros de Garrucha instaló en el mismo sitio en el que se encontraba el antiguo.

 

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Dos vistas de la Vía Vulcano en su vertiginoso trayecto junto al barranco de Los Lobos. Esta es una de las secciones más pintorescas del recorrido por la ruta de las minas.

 

En el tiempo de las antiguas minas, las vagonetas de mineral se transportaban por la Vía Vulcano tiradas por mulas, esto es, se trataba de un “ferrocarril de sangre”. Hierros de Garrucha decidió modernizar un poco el sistema y adquirió pequeños tractores diesel fabricadas por Batignolles-Châtillon, modelo M 4115 BE. Estas pequeñas máquinas de 2,8 toneladas llegaron a Bédar en 1955, y resultaron perfectas para las pequeñas vías de montaña en las que quería usarse.

Diseñada para mulas arrastrando una o dos vagonetas, la Vía Vulcano es bastante estrecha. A pesar de que las tractoras eran de pequeño tamaño, podía arrastrar bastantes vagonetas cargadas. Tal y como nos comentaba el caballista de Hierros de Garrucha Antonio Imbernón (QEPD), ver la pequeña locomotora arrastrando tal cantidad de vagonetas por la estrecha senda al lado del barranco era algo que no dejaba de impresionar. Ocurría muchas veces que las vagonetas traseras descarrilaban y caían al barranco, pero siempre los maquinistas eran lo bastante hábiles con sus pequeños artefactos para poder subirlas de nuevo a la vía. A pesar de lo peligroso del trayecto, no hubo desgracias que lamentar en la Vía Vulcano (no fue así en el Plano Grande).

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Las pequeñas tractoras M4115 BE permitían transportar de manera rápida y eficaz gran cantidad de vagonetas. El maquinista debía ir con cuidado por la Vía Vulcano. El maquinista debía mirar con frecuencia por los laterales para comprobar la buena marcha, ya que el compartimento motor quitaba bastante visibilidad frontal. Sin embargo los maquinistas adquirieron gran pericia en el uso de estas pequeñas locomotoras, incluso la usaban para desbloquear el Plano Grande cuando alguna vagoneta se quedaba atascada, con el riesgo que conllevaba subir por la gran pendiente de este plano. En la reconstrucción, una de estas tractoras en las operaciones de carga en las tolvas de Vulcano.