Un amuleto del Castillico de los Moros de Bédar en una exposición en Chipiona

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No se produce con frecuencia, pero a veces alguna de los elementos del patrimonio de Bédar traspasa sus fronteras. Así encontramos en la exposición “La protección contra el mal en la historia” que se ha llevado a cabo en el castillo de Chipiona, la siguiente referencia:

Amuleto monetiforme del Castillico de los Moros (Bédar, Almería). En el anverso se representa una estrella de seis puntas o “sello de Salomón” en un círculo. En el reverso, caracteres escritos contra el “mal de ojo”.

 

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Se trata de uno de los amuletos que utilizó alguno de los musulmanes que habitaron el Castillico de los Moros de Bédar para protegerse contra el “mal de ojo” (o para proteger a su caballo.) Hallada casualmente hace mucho tiempo en las ruinas de nuestro castillo, Bédar Sostenible siguió su pista y consiguió finalmente acceder a este amuleto y realizar algunas fotografías y un dibujo, que hoy se muestran al público en esta interesante exposición sobre la protección contra el mal en la historia. Reproducimos aquí, por su interés, los textos de la exposición.

La protección contra el mal en la historia

El miedo a lo desconocido ha acompañado al ser humano a lo largo de toda su historia. Desde los primeros testimonios escritos, contamos con ejemplos que nos informan de la creencia en toda clase de rituales, tradiciones y uso de objetos para alejar el mal en su numerosas manifestaciones. Igualmente, a día de hoy se siguen utilizando muchos gestos y remedios que continúan con el empleo de prácticas y objetos que se han venido manejando casi sin modificaiones desde hace varios siglos. Gracias a esos textos y a los paralelos antropológicos qeu conocemos, podemos interpretar como remedios y amuletos contra el mal numerosas piezas arqueológicas que han venido apareciendo en excavaciones realizadas en numerosos puntos de nuestra geografía.

El tipo de objetos que han sido considerados como amuletos y protectores contra el mal es en apariencia heterogéneo. NO obstante, pueden ser englobados en varias categorías. Por una parte, todo aquello que simbolice protección, tanto entre los humanos como en la naturaleza, puede ayudar frente a lo malo. Dentro de esta categoría, la protección puede expresarse en términos defensivos, caso de las conchas que por su dureza preservan el contenido de su interior. Y también en términos ofensivos (pues no hay a veces mejor defensa que un buen ataque), entrando en esta categoría animales fieros, atributos de éstos, así como gestos amenazantes. Por otro lado, la lucha contra el mal adopta en ocasiones formas impúdicas para entretener y distraer a demonios y genios malignos. Se pueden incluir en esta clase representaciones de penes y actos sexuales, entre otros. Por último, también es habitual encontrar a lo largo de la historia salmos y encantamientos donde se invoca a las divinidades protectoras o se lucha directamente a través de la palabra escrita contra las fuerzas del mal.

A partir de estas ideas, en la presente exposición se trata de dar a conocer algunos de los elementos más representativos en la lucha del ser humano contra el mal, documentados tanto en Chipiona como en puntos cercanos, desde la época tartésica hasta nuestros días.

 

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Remedios contra el mal en Al-Andalus

La sociedad andalusí, mayoritariamente musulmana, mantuvo en su ideario colectivo creencias ancestrales sobre seres y prácticas mágicas que podían causar importantes males y agravios a los miembros de la comunidad.

Una de las preocupaciones existentes en la época era que algún genio maligno (yinn, ifrit) perjudicara a los miembros de la familia al residir bajo el umbral de la casa. También tales males podían ser obra directa del Demonio (Saytan o Iblis). Para evitar o combatir esto se solían poner cuencos mágicos o amuletos protectores en dicho umbral, e incluso quemar incienso para prevenir o convertir su presencia en beneficiosa (en el caso de los yunun). Los genios actuaban generalmente por la noche, asusando a los habitantes de la casa mediante ruidos y extraños fenómenos. A la acción de estos seres se atribuía igualmente la reiteración de infortunios y la aparición de enfermedades y síntomas como fiebre, parálisis, pérdida de memoria, desorientación, locura, problemas respiratorios, epidemias, epilepsia, importencia, esterlidad e incluso desvíos sexuales. Algunos tipos de genios, como por ejemplo el ifrit, podían acarrear también muertes. Estas entidades malignas no sólo podían perjudicar a miembros de la comunidad, también a los animales, a los alimentos y a las cosechas. Asimismo, se pensaba que éstas y otras desgracias podían haber sido desencadenadas por personas envidiosas que, bien mediante magia negra bien invocando a Satán, lanzaban un “mal de ojo” a otros individuos.

Cuando se creía que algún problema o daño podía estar ocasionado por alguno de estos seres o por el “mal de ojo”, el musulmán se encomendaba a Dios (Allah) mediante la oración, pues todo lo que ocurría en el mndo material e inmaterial respondía a su voluntad. Otros fieles solían acudir a magos o morabitos, cuyos conocimientos y acciones se derivaban de la voluntad de Dios, quien les proyectaba de una mayor bendición espiritual (baraka). Para sanar a los afectados, estos intermediarios solían recitar suras concretas del Corán, invocar los nombres de Dios y de los ángeles, u ordenar a los demonios que cesaran en su mal.

Tanto para contrarrestar tales males como para prevenirlos, el fiel podía hacer abluciones rituales, pues se consideraba que el agua tenía un don purificador que eliminaba el mal. También podía hacer uso de talismanes o de amuletos personales (hirz) que ahuyentaban tales males. Los seres maléficos que los causaban solían detestar los nombres de Dios y de los ángeles, con lo que era algo frecuente que en los amuletos protectores se hiciera referencia a éstos. También había aleyas específicas del corán que se dejaban por escrito en estos talismanes o en cartas mágicas, en combinación o no con símbolos apotropaicos como el creciente lunar, la estrella de 6 u 8 puntas (en representación de astros protectores o de Salomón), la cabeza y cornamenta de un bóvido, distintos caracteres mágicos (p.e. letras y números qeu podían insertarse en figuras geométricas) o la llamada “Mano de Fátima” (Jamsa). En oras ocasiones se escribían fórmulas no coránicas procedentes de libors de magia egipcios, hebreos, griegos o sirios, textos incomprensibles que podían incluso transcribirse a caracteres arábigos. También podían usarse amuletos para proteger a animales de muy alta estima, como los caballos.

 

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