La Balsa Alta de Bédar: a 150 metros de perder para siempre un patrimonio único

Hay ocasiones en las que un acontecimiento nos obliga a mirar de nuevo aquello que tenemos delante.

El incendio que este verano de 2026 arrasó buena parte de la sierra de Bédar dejó tras de sí una enorme destrucción ambiental, daños materiales y una profunda preocupación por nuestro patrimonio. La Balsa Alta, afortunadamente, se salvó.

Pero estuvo muy cerca de no hacerlo.

En la visita que realizamos después del incendio pudimos comprobar que el frente de las llamas había llegado aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan las pinturas de la Balsa Alta, en dirección al Castillo de los Moros. Las pinturas no fueron alcanzadas por el fuego y los restos permanecieron a salvo… esta vez tuvimos suerte.

Pero basta imaginar unos metros más de avance del incendio para comprender lo que podríamos estar lamentando hoy: la desaparición irreversible de uno de los testimonios pictóricos andalusíes más singulares conservados en nuestra provincia.

Y eso debería hacernos reaccionar.

Porque la Balsa Alta no es simplemente una antigua construcción hidráulica.

Una historia que lleva décadas esperando

La importancia de la Balsa Alta se conoce desde hace muchos años.

En 2004 existe ya una Ficha de Informe Completo de Patrimonio Inmueble Arqueológico, fechada el 23 de junio, elaborada por Eva Jiménez Jiménez, M.ª del Rosario Torres Fernández y M.ª del Mar Nicolás Martínez.

En mayo de 2007, la Delegación Provincial de Cultura realizó una visita al lugar junto con el arqueólogo Patrice Cressier. A partir de aquella visita se planteó la necesidad de preparar una intervención.

Y en agosto de 2009, la arqueóloga Sophie Gilotte presentó, a petición de la Delegación de Cultura de Almería, un proyecto denominado «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar», contando con Manuel López-Gay Salmerón para la parte correspondiente a restauración.

Gilotte explicaría posteriormente que aquel proyecto de estudio, preservación y puesta en valor no llegó a concretarse, principalmente por razones presupuestarias.

En 2014 publicó su estudio La balsa alta de Bédar (Almería): una pregunta abierta al arte pictórico andalusí en contexto hidráulico, donde señalaba la necesidad de un estudio global que incluyera sondeos arqueológicos, prospección sistemática, limpieza y análisis de las pinturas y estudio del sistema hidráulico y del asentamiento medieval relacionado.

Es decir, hace ya muchos años que los especialistas vienen señalando que este lugar necesitaba una actuación integral.

También desde Bédar hemos contribuido a su conocimiento

Desde El Faro de Bédar hemos intentado durante años documentar y dar a conocer las pinturas y el patrimonio histórico de nuestro municipio.

En el caso de la Balsa Alta, esa labor tuvo además una consecuencia que consideramos importante dejar constancia.

Las fotografías que realizamos y publicamos de las pinturas en 2004 fueron utilizadas posteriormente por la investigadora Carmen Barceló.

En su estudio publicado en 2020 en la revista científica Al-Qanṭara, Barceló explica expresamente que pudo disponer de un reportaje fotográfico de los trazos árabes gracias a la página dedicada a las pinturas de El Faro de Bédar.

Y añade que aquellas imágenes hicieron posible interpretar con mayor facilidad el texto árabe, una tarea que había resultado imposible a partir de las reproducciones publicadas anteriormente.

La investigadora cita además expresamente en su bibliografía nuestro artículo «El Faro de Bédar. Las pinturas de la Balsa Alta».

No pretendemos atribuirnos un mérito que corresponde fundamentalmente a los investigadores que han estudiado el monumento, pero sí creemos importante dejar constancia de que la documentación fotográfica realizada y difundida desde este blog contribuyó al conocimiento científico de las pinturas.

En definitiva, también desde Bédar se ha aportado conocimiento a la investigación de este excepcional conjunto.

966: una fecha que cambió nuestra visión de la Balsa Alta

El trabajo de Carmen Barceló supuso un importante avance.

El estudio de la inscripción árabe permitió fechar el conjunto en el año 355 de la Hégira, 966 de nuestra era, durante el gobierno del califa al-Hakam II.

El propio título del artículo lo deja claro: Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966).

Estamos, por tanto, ante un testimonio de época califal, con una antigüedad de más de mil años.

Las pinturas conservan escritura árabe, representaciones figurativas, animales, posibles escenas de caza, motivos geométricos y otros elementos cuyo estudio completo todavía está pendiente.

Y precisamente aquí encontramos una de las cuestiones que hacen que la conservación de la Balsa Alta sea todavía más urgente. Barceló concluyó su estudio señalando la necesidad de realizar una excavación profesional del monumento.

La recomendación científica está ahí. El proyecto de intervención de 2009 también está ahí. La documentación patrimonial de la Junta está ahí.

Y el monumento sigue esperando.

Una nueva visita y una posible nueva figura

Durante una de nuestras visitas a la Balsa Alta, en el verano de 2025, ocurrió algo que nos hizo volver a pensar en todo aquello que todavía puede estar oculto.

Mientras examinábamos las pinturas, uno de los asistentes llamó nuestra atención sobre una zona que hasta entonces no habíamos identificado como una posible representación figurativa.

Entre las gruesas concreciones de carbonatos que cubren buena parte de las pinturas parecía distinguirse otra posible figura de un cánido. Insistimos en una palabra: posible. En la imagen superior vemos a la izquierda la zona que examinamos y, a la derecha, la posible figura de un cánido, casi completamente cubierta por las concreciones.

No pretendemos que una observación realizada durante una visita sustituya al trabajo de un restaurador, arqueólogo o especialista en pintura mural.Precisamente lo contrario.

Lo que esta observación demuestra es la necesidad de que ese trabajo especializado se realice.

Porque si la interpretación se confirmase, estaríamos ante un nuevo elemento figurativo que se añadiría al repertorio ya conocido de la Balsa Alta.

Y aparece entonces una pregunta mucho más importante:

¿Qué puede haber debajo de las zonas que hoy permanecen cubiertas por las concreciones?

Podría no haber nada más. Pero también podrían conservarse nuevos dibujos, nuevas figuras o incluso nuevos fragmentos de escritura. Ya en el primer estudio que se realizó se realizaron varias catas y se confirmó esta posibilidad.

La única forma de saberlo es mediante una intervención científica, controlada y realizada por especialistas.

Y entonces llegó el incendio

El incendio de julio de 2026 ha convertido esa necesidad en algo todavía más evidente.

Las llamas no alcanzaron finalmente las pinturas, pero llegaron aproximadamente hasta 150 metros de ellas.

Cualquiera que conozca el terreno puede comprender lo que significa esa distancia cuando un incendio forestal avanza impulsado por el viento y la vegetación seca.

Un cambio de dirección del viento o unas condiciones meteorológicas ligeramente diferentes… y hoy podríamos estar hablando de las pinturas de la Balsa Alta en pasado.

No estamos exagerando el peligro: el fuego estuvo allí.

Y la Balsa Alta no dispone de una protección acorde con el valor que hoy sabemos que tiene.

El incendio nos ha dado un aviso que no deberíamos desaprovechar.

¿Qué puede hacer el Ayuntamiento?

Esta es la parte en la que queremos ser especialmente claros.

No pensamos que el Ayuntamiento de Bédar deba esperar pasivamente a que otra Administración tome la iniciativa.

La Ley 4/2026 de Patrimonio Cultural de Andalucía atribuye a los municipios funciones en materia de protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural situado en su término municipal.

Eso no significa que el Ayuntamiento pueda excavar o restaurar las pinturas directamente sin autorización.

Las intervenciones arqueológicas y determinadas actuaciones sobre bienes patrimoniales deben realizarse conforme a los procedimientos establecidos por la Junta de Andalucía.

Pero hay una diferencia fundamental entre no tener competencia para autorizar una excavación y no poder impulsar una actuación.

El Ayuntamiento sí puede impulsar el proyecto.

–Puede presupuestarlo.

–Puede contratar los estudios técnicos que correspondan.

–Puede buscar financiación.

–Puede solicitar formalmente la colaboración de la Junta.

–Y puede promover que la actuación se tramite con carácter prioritario cuando exista un riesgo para la conservación.

Otros municipios de nuestro entorno ya han demostrado que es posible

No hace falta imaginar un modelo teórico, tenemos ejemplos muy próximos:

En Vera, el Ayuntamiento ha impulsado un Proyecto General de Investigación de seis años para la antigua ciudad de Bayra, con una dotación anunciada de 1.347.218 euros, con la intención de convertir el yacimiento en un parque arqueológico visitable. El proyecto contempla excavación, conservación y puesta en valor, y se acompaña de actuaciones relacionadas con la ampliación del BIC, un centro de interpretación y recepción de visitantes, vallado y mejora de accesos.

En Mojácar, el Ayuntamiento ha impulsado junto con la Universidad de Granada proyectos de investigación, conservación y puesta en valor de Mojácar la Vieja, con la intención de convertir el yacimiento en un recurso cultural y visitable.

En Antas, el patrimonio arqueológico se ha convertido igualmente en una línea de actuación municipal. El municipio cuenta con el Centro de Interpretación de la Cultura Argárica y ha impulsado diferentes actuaciones relacionadas con la investigación y difusión de su patrimonio. Las investigaciones recientes en el Cabezo María han sacado además a la luz una iglesia tardoantigua y han planteado la posible existencia de una comunidad monástica cristiana.

Y Macael ofrece otro ejemplo de colaboración entre administraciones para convertir un patrimonio histórico e industrial en recurso turístico. El municipio ha trabajado con la Junta de Andalucía en la puesta en valor y difusión de su patrimonio relacionado con el mármol, culminando recientemente con la apertura del Parque Minero.

No se trata de comparar unos municipios con otros, cada localidad tiene sus necesidades, sus presupuestos y sus circunstancias.

Pero estos ejemplos demuestran algo:

Un Ayuntamiento puede tomar la iniciativa, buscar investigadores, elaborar proyectos, conseguir financiación y trabajar conjuntamente con la Junta y otras instituciones para convertir el patrimonio en un recurso cultural y turístico.

¿Qué proponemos para la Balsa Alta?

Creemos que el Ayuntamiento podría comenzar por algo perfectamente concreto.

1. Un diagnóstico técnico

Encargar a especialistas una evaluación del estado actual de la estructura y de las pinturas.

Especialmente después del incendio, debería comprobarse también el estado de la vegetación, los riesgos derivados del fuego y las condiciones de seguridad del enclave.

2. Recuperar el proyecto de 2009

Localizar el «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar» presentado por Sophie Gilotte en agosto de 2009.

Comprobar qué actuaciones contemplaba, cuáles llegaron a realizarse y cuáles quedaron pendientes.

3. Actualizarlo

Incorporar los conocimientos obtenidos posteriormente, especialmente el estudio de Carmen Barceló y la datación de 966.

Y estudiar específicamente las zonas cubiertas por carbonatos, incluida la posible nueva figura que observamos durante nuestra visita de 2025.

4. Pedir formalmente a Cultura el expediente actual

El Ayuntamiento debería solicitar a la Delegación Territorial de Cultura de Almería el estado actual del expediente (fecha de inicio, actuaciones realizadas y pendientes, el régimen de protección aplicable y las autorizaciones necesarias para la intervención).

Es importante saber si ese expediente corresponde al procedimiento iniciado a raíz del proyecto de 2009 o si se trata de un expediente posterior.

5. Elaborar un proyecto por fases

No es necesario plantear que todo se haga de golpe.

Podría comenzar con una primera fase de documentación y diagnóstico, pasar a una investigación arqueológica con estudio de las pinturas, plantear proyectos de conservación y proteción y, finalmente, su puesta en valor.

Y cada fase podría tener su correspondiente presupuesto y financiación.

6. Presupuestarlo

Este punto nos parece esencial.

La Balsa Alta necesita una partida presupuestaria.

No necesariamente para ejecutar de inmediato una actuación completa, que puede requerir varios años, sino para comenzar por aquello que resulta imprescindible: conocer con precisión su estado, protegerla y redactar el proyecto.

La Ley 4/2026 contempla además mecanismos de actuación urgente cuando existe peligro de pérdida o destrucción del patrimonio arqueológico.

La cercanía a la que llegó el incendio debería ser, como mínimo, motivo suficiente para que los técnicos valoren específicamente esta cuestión.

Naturalmente, las necesidades urgentes derivadas del incendio (protección de las personas, viviendas, caminos, infraestructuras y recuperación de los daños materiales) deben tener prioridad cuando exista una necesidad inmediata.

Pero eso no significa que la Balsa Alta deba quedar nuevamente relegada.

Una inversión que puede devolver mucho más de lo que cuesta

En los últimos años hemos visto en Bédar inversiones en nuevas infraestructuras y equipamientos.Todas pueden tener su utilidad y no pretendemos cuestionar la conveniencia de atender las necesidades del municipio.

Pero creemos que también es legítimo plantear una pregunta:

¿No merece un monumento de más de mil años, único por sus pinturas y su cronología califal, un esfuerzo de planificación y financiación al menos comparable al que dedicamos a algunas infraestructuras mucho más recientes?

No estamos hablando de construir algo desde cero, estamos hablando de conservar algo que ya existe.

Algo que ha sobrevivido durante más de mil años.

Algo que ha sido estudiado por investigadores como Patrice Cressier, Sophie Gilotte y Carmen Barceló.

Algo cuya inscripción nos permite situarlo en el año 966.

Y algo que este verano estuvo aproximadamente a 150 metros de desaparecer para siempre.

Bédar tiene aquí una oportunidad

La recuperación de la Balsa Alta no debería contemplarse únicamente como un gasto, puede convertirse en una oportunidad para Bédar.

Una actuación científica rigurosa permitiría incorporar un nuevo elemento a la historia que podemos contar sobre nuestro municipio: la historia de su pasado andalusí, de sus sistemas hidráulicos, de sus paisajes históricos y de una pequeña pero extraordinaria muestra de arte pictórico califal.

Podría integrarse además en la Ruta del Agua, conectarse con otros elementos del patrimonio histórico de Bédar y convertirse, con el tiempo, en un nuevo recurso para el turismo cultural.

Y hay una última razón para hacerlo ahora:

El incendio de este verano ha dejado una imagen muy dura de nuestra sierra y de nuestro municipio. Necesitamos reconstruir y recuperar lo que el fuego destruyó, pero también puede demostrar que sabe proteger aquello que el fuego no consiguió destruir.

Por eso hacemos desde aquí un llamamiento respetuoso al Ayuntamiento de Bédar:

No dejemos que la Balsa Alta tenga que esperar otros veinte años.

Antes de que sea demasiado tarde.

Incendio de Bédar: el barranco del Servalico, entre las cenizas y la memoria minera

La reciente visita al barranco del Servalico y a la antigua mina Pobreza deja una impresión difícil de olvidar. El incendio ha arrasado por completo este paraje, transformando un paisaje que hasta hace poco estaba cubierto por pinares y matorral mediterráneo en una extensión de terreno ennegrecido. La violencia del fuego no solo ha afectado al medio natural, sino también a varias viviendas de la zona, recordándonos que este tipo de catástrofes tiene consecuencias tanto ambientales como humanas.

Arriba: el poste indicador, derribado y calcinado por el incendio, se ha convertido en un triste símbolo de la tragedia que ha asolado el barranco del Servalico.

Arriba: indicador de la Ruta de la Minería parcialmente calcinado por el incendio.

Paradójicamente, la desaparición de la cubierta vegetal ha dejado al descubierto numerosos restos del patrimonio minero que durante décadas permanecían ocultos entre la maleza. Hoy es posible recorrer con facilidad las ruinas de la mina Pobreza y contemplar elementos que hasta hace poco apenas eran visibles. Destacan especialmente las antiguas bocaminas de San José y San Diego, así como las tolvas del antiguo cable aéreo minero que transportaba el mineral hasta El Pinar de Bédar, vestigios de una intensa actividad minera que marcó profundamente la historia del municipio.

Arriba: las arboledas calcinadas son lo que queda tras el devastador paso del incendio.

Arriba: una de las casas alcanzadas por el incendio, testimonio de los daños causados más allá del medio natural.

Entre las imágenes más representativas del desastre se encuentra el poste indicador de direcciones, derribado por el incendio, con el mástil completamente quemado y los indicadores de la ruta reducidos a estructuras calcinadas. Se ha convertido, de forma involuntaria, en un símbolo de la devastación sufrida por el barranco del Servalico y de la fragilidad tanto del patrimonio natural como del histórico frente a este tipo de episodios.

Arriba: bocamina de la galería San José.

Arriba: bocamina de la galería San Diego.

Arriba; ruinas del edificio de la fragua de la mina Pobreza.

Arriba: tolvas de mampostería de la estación de carga del cable aéreo minero de la mina Pobreza.

Arriba: aljibe de la mina Pobreza.

Cuando la naturaleza comience a recuperarse, la vegetación volverá a cubrir progresivamente estas antiguas explotaciones mineras. Sin embargo, esta visita también invita a reflexionar sobre la necesidad de actuar para conservar y proteger este legado. No basta con dejar que el tiempo siga su curso y confiar en que el monte oculte nuevamente estos restos. La recuperación del entorno natural debe ir acompañada de medidas destinadas a documentar, consolidar y poner en valor el patrimonio minero, de manera que ambos, naturaleza e historia, puedan coexistir y preservarse para las generaciones futuras.

De Bédar al mundo: veinte años de investigación sobre los cables aéreos mineros

Más de veinte años de investigación han dado lugar a la obra más completa publicada hasta la fecha sobre los cables aéreos mineros en el sureste español. El próximo 13 de agosto tendrá lugar la presentación pública de este libro, una oportunidad única para descubrir una parte esencial de nuestro patrimonio industrial y tecnológico.

Aunque el libro comenzó a gestarse a partir de las investigaciones sobre el cable aéreo minero de Bédar, pronto trascendió el ámbito local para convertirse en un estudio de alcance mucho más amplio. A través de cientos de documentos, fotografías inéditas y archivos consultados en España, Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Noruega, reconstruye la historia y la evolución de unos sistemas de transporte que fueron decisivos para el desarrollo de la minería moderna.

La obra analiza por primera vez de forma sistemática la evolución tecnológica de los cables aéreos, el papel de ingenieros y empresas que marcaron su desarrollo y reúne un extenso catálogo de las líneas documentadas en el este de Andalucía y Melilla. Es el resultado de más de dos décadas de investigación y constituye una valiosa aportación tanto para especialistas como para cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

La presentación tendrá lugar el 13 de agosto y será una excelente ocasión para conocer de primera mano el proceso de investigación, descubrir algunas de las historias más sorprendentes que esconde el libro y conversar con su autor. Una invitación a mirar con nuevos ojos unas infraestructuras que, aunque en muchos casos han desaparecido, contribuyeron de forma decisiva al desarrollo económico y social de nuestro territorio.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

La sierra que amamos, devastada por el fuego

Aún no hemos salido del shock provocado por la tragedia que está viviendo nuestra sierra. En estos momentos no cabe otra valoración que no sea la de confiar en que el incendio pueda ser controlado cuanto antes, que se localice a las personas desaparecidas y que se preste toda la ayuda posible a quienes han resultado damnificados. Lo primero son las víctimas, sus familias y todas aquellas personas que, además del sufrimiento y la incertidumbre, ni siquiera saben todavía si conservan sus hogares o sus propiedades. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los servicios de extinción de incendios, a los cuerpos de seguridad, a los equipos de emergencias, a los voluntarios, a los profesionales de la información y a los ayuntamientos que han habilitado espacios de acogida y han prestado apoyo a quienes lo necesitaban. Gracias a todos los que, de una u otra forma, están ayudando en estos momentos tan difíciles.

Como blog dedicado al estudio, la divulgación y la defensa del patrimonio, especialmente del patrimonio minero, vivimos también estos días con una enorme tristeza. Nos duele profundamente el inmenso daño causado a nuestro patrimonio natural, a la flora y la fauna que forman parte inseparable de la identidad de esta sierra, pero también nos preocupa el patrimonio histórico y cultural que ha quedado amenazado por las llamas. La imagen que acompaña estas líneas, con el fuego avanzando peligrosamente cerca del histórico Palacete de los Chávarri, en Bédar, refleja la angustia que hemos sentido durante estas interminables horas.

Sabemos que, cuando llegue el momento, habrá que evaluar los daños y trabajar para recuperar todo aquello que sea posible. Será un camino largo y difícil, pero queremos dejar claro desde hoy nuestro compromiso de no dejar de trabajar por la recuperación de nuestra querida sierra, de su patrimonio natural, histórico e industrial, porque constituye una parte irremplazable de nuestra memoria colectiva y de nuestra identidad.

Hoy, sin embargo, es tiempo de solidaridad, de respeto y de esperanza. Esperanza en que el incendio quede definitivamente controlado, en que no haya que lamentar más pérdidas y en que todas las administraciones competentes pongan los medios necesarios para que una tragedia como esta no vuelva a repetirse. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes están sufriendo y la mejor forma de honrar y proteger el extraordinario legado que todos tenemos la responsabilidad de conservar.

El castillico de los moros de Bédar

Hace poco nos hicimos eco de los trabajos arqueológicos que se llevan a cabo en el cerro del Espíritu Santo, en Vera, promovidos por su ayuntamiento. Pero no son los únicos, trabajos similares se llevan también a cabo en Mojácar y Antas, y un poco más lejos en Huércal-Overa y Macael. Parece que la comarca se despierta tras muchos años ignorando su patrimonio y que empieza a darse cuenta de su potencial turístico, con campañas de excavación, exposiciones e incluso museos, que van a dinamizar y diversificar la oferta turística.

No nos hacemos ilusiones con respecto a Bédar. Aunque no tenemos nada que envidiar al resto en cuanto a patrimonio arqueológico, es un pueblo demasiado pequeño para proyectos tan ambiciosos. A pesar de todo, sí que creemos que hay actuaciones que podrían llevarse a cabo si hubiera voluntad política y apoyo de los vecinos, es por eso que iniciamos un pequeño recorrido por nuestras joyas patrimoniales más prominentes y, cómo no, empezamos por nuestro castillico de los moros.

Bédar y Serena formaron parte de la frontera del reino de Granada durante los siglos XIV y XV. Fue durante el reinado del rey de Granada, Muhammad V que se construyeron y repararon la mayor parte de las fortalezas de la frontera. Cada núcleo de población, por pequeño que fuese, debía disponer por lo menos de una torre de refugio para la población. Una serie de atalayas vigilaban la posible llegada de tropas enemigas. Sin duda fueron tiempos difíciles, los ataques cristianos se cebaban especialmente sobre las poblaciones de la frontera. Se sabe que en 1436 las tropas murcianas ocuparon varias plazas nazaritas, entre ellas Bédar. Pero no Serena. Bédar fue recuperada por las tropas nazaritas entre 1446 y 1447, bajo el reinado de Muhammad X «El Cojo».

El de Bédar es un castillo roquero, un Hisn, según Leví Provençal, o castillos ubicados en lugares elevados con accesos difíciles. Este castillo se remonta más allá de la época nazarita, desconociéndose cuándo se construyó, aunque los restos allí documentados nos hacen pensar que puede ser mucho más antiguo de lo que se podría suponer. Hace ya unos años, un arquitecto técnico de la Universidad de Granada, Mariano Martín García, tuvo a bien visitar este castillo, cuyo resultado fue la descripción que realiza de estas ruinas en su artículo «Notas para el estudio de la arquitectura militar en la zona de la Axarquía almeriense (siglos VIII al XVIII)(2)» aparecido en la revista Axarquía n º 3 del verano de 1998, pp. 67-68. En este interesante artículo, además de una pormenorizada descripción, el autor nos refiere la dificultad de acceso y el estado de abandono en que se encuentran las ruinas, algo que, desgraciadamente, no ha cambiado en 2025.

El aljibe del Castillo de Bédar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 3,5 x 2 m. y al parecer estaba cubierto con una bóveda de mampostería (piedra sin labrar unida con mortero de cal), sus paredes de hormigón de cal evitaba que se filtrara el agua. La parte de la meseta situada al norte-noroeste está repleta de abundantes restos de muros de mampostería en hiladas, vestigios de edificaciones, pero es en la parte sur-suroeste donde se pueden observar todavía algunos muros que se mantienen en pie, así como también algún fragmento de muro en la entrada por el este, los restos de las torres que defendían el acceso.

Finalmente, Vera capituló en 1488 ante el rey don Fernando, y tras Vera hicieron lo mismo todas las villas y alquerías de la zona. El Macarche, por Bédar y Almaf Canif por Serena, se entregaron al rey Don Fernando. Tras la conquista, las fortalezas de Bédar y Serena fueron derribadas para evitar que fueran utilizadas en caso de sublevación de la población mudéjar. Ahí acaba la historia conocida de estas fortalezas: el castillo de Bédar no fue tomado ni destruido al asalto, fue, simplemente, derribado.

Hoy no existe ningún acceso, por lo que llegar hasta él supone un empinado ascenso campo a través. En su cima aún se ven algunos lienzos de la muralla y el aljibe, además de poder disfrutar de una vista espectacular de todo el golfo de Vera. La creación de una ruta segura, así como la segurización del acceso y del propio castillo, podrían ser acciones realizables y que supondrían un incremento de la oferta turística.

Nunca se ha realizado un estudio arqueológico en este castillo, al menos que nos conste. Los hallazgos ocasionales documentados que sabemos con seguridad que proceden de este castillo son pocos, pero muy significativos. Se conoce también el hallazgo de tres monedas de época musulmana procedentes del castillico: un felus de cobre nesjí sin ceca, un dirhem anónimo almohade con ceca de Málaga y un octavo de dirham nazarí con ceca de Granada que se guardan en colecciones privadas, aunque solo hemos podido documentar una:

Pequeñas pinzas dentadas utilizadas para pequeñas intervenciones en la piel.

Un octavo de dirhem nazarí (9 x 8,5 mm y 0,2 g de peso) con ceca de Granada. Es el único hallazgo monetario de época hispanomusulmana procedente de este castillo que hemos podido documentar.

Amuleto monetiforme realizado a molde en plomo, en relieve y por ambas caras. En una de sus caras se aprecia una inscripción, la sura CXII del Corán, un resumen del credo islámico en el que se hace mención a la unicidad de Dios, una fórmula muy utilizada también en monedas y en la arquitectura. Vendría a decir: «Di: Él es Dios Único, Dios Eterno, no engendró ni fue engendrado, y no hay otro semejante a Él».  Por el otro costado presenta una estrella de seis puntas, una hexalfa o sello de Salomón. Se utiliza para protegerse del mal de ojo, sobre todo si está rodeada por un círculo. Este tipo de amuleto se suele datar en función del tipo de escritura cúfica utilizad, por lo que podría corresponderse al siglo XI, y en todo caso, anterior a la época de la que datan la mayoría de restos conocidos hasta ahora de este castillo. las fotografías de este amuleto se expusieron en la exposición «La protección contra el mal en la historia» que se llevó a cabo en el castillo de Chipiona en 2019, tal y como se aprecia en la fotografía inferior:

Fragmento de cerámica al manganeso del castilllo de Bédar, probablemente de origen nazarí. Está pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra «AL-GHIBTA», o lo que es lo mismo «la dicha».

Ponderal de plomo, con las siguientes medidas y peso: 14,98 gramos de peso, 21-23 mm de diámetro y un grosor de unos 3-4 mm.  El estudio de los ponderales ligados al mundo ibérico parece indicar un sistema predominantemente basado en la dracma griega, de 8,6 gr. en el siglo IV a. C; otro en una unidad de 7,2 gr. durante el s. III a. C, y  una época final en la que se basaría en los 7 gr. o incluso menores. El ponderal del castillo de Bédar, de casi 15 gramos de peso, correspondería perfectamente a un múltiplo de las unidades que se mencionan, lo que deja un interrogante sobre el origen de este yacimiento.

Para más información:

Las rutas de senderismo de Bédar (Almería): Circuito urbano y ruta del agua

El misterioso final de la locomotora «Chimpún» de Garrucha

Hoy hablaremos de una de las viejas locomotoras del ferrocarril Bédar-Garrucha, injustamente olvidada: la «Chimpún». Se trataba una pequeña locomotora de gasolina para maniobras adquirida tardíamente por la compañía minera, pocos años antes de la paralización de las labores, pero que tuvo un papel importante en la construcción del puerto de Garrucha durante los difíciles años de preguerra y durante la guerra civil.

Representación artística de la «Chimpún» en las obras de construcción del puerto de Garrucha elaborada a partir de una de las dos fotografías conocidas en las que aparece esta locomotora (abajo). Probablemente estaría pintada en verde oscuro (Deutzgrün), pues era el color corporativo característico de Deutz en esa época y no hay constancia de que fuera pintada a su llegada a Garrucha.

Es posible que recibiera algún nombre de bautizo, aunque no se hace referencia alguna en la documentación conservada. Según testimonios orales (Trenes, cables y minas de Almería, 2000) parece que se la conocía popularmente como la «Chimpún», a causa del característico ruido de su motor a gasolina.

En 1922, la Unión Bedareña compró un tractor diésel Deutz con el número de serie 4224 con motor C XIV F de 10 caballos de potencia para las maniobras en la estación junto a Garrucha. Esta compra formó parte de un gran esfuerzo de inversión de capital, tras la Primera Guerra Mundial, que pretendía modernizar las instalaciones, con un ambicioso plan de nuevas infraestructuras y material. Sin embargo, y a pesar del dinero invertido, los trabajos se demoraron demasiado y el mercado internacional no permitió que la actividad se mantuviera, paralizándose los trabajos en 1923.

Anuncio de locomotoras de combustión con motor Otto-Deutz de 1921. La ilustración muestra una locomotora del mismo tipo que la adquirida por la Unión Bedareña.

Pero no acabó aquí la vida útil de esta locomotora. En 1933 fue arrendada para el servicio en una desconocida línea de ferrocarril de transporte de yesos de 2,8 km de longitud, para unas canteras pertenecientes a los Berruezo cercanas a Garrucha sobre la que pronto publicaremos un artículo dando todos los detalles. Posteriormente, fue adquirida por la empresa constructora del puerto de Garrucha por 6.400 pesetas, siendo utilizada en las obras de construcción del puerto. Las dos únicas fotografías conocidas (hasta el momento) que nos muestran esta locomotora lo hacen a cierta distancia, lo que nos impide apreciar los detalles, pero parece que fue intensamente utilizada para el acarreo de piedras hacia los espigones desde la cantera junto a Garrucha.

Marca de fábrica de la portada de la carpeta que sobre esta locomotora se guardaba en las oficinas de la Unión Bedareña, aunque no contenía documento alguno, probablemente por haberse entregado tras la compra por la empresa constructora del puerto.

Le perdemos la pista durante la guerra civil , aunque es de suponer que se utilizó durante todo el conflicto en dichas obras del puerto, ya que los trabajos se continuaron todo el tiempo, ya que en los documentos de la Unión Bedareña se registra la venta de los repuestos que disponían para la misma al nuevo propietario. No sabemos si la «Chimpún» fue desguazada o si el nuevo propietario le buscó otro destino, pero en todo caso desaparece de la historia conocida. Al igual que pasa con las «gemelas» (las dos locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha), su final sigue siendo un misterio.

Para más información:

Reconstrucción de los hornos de la fundición Carmelita (Villaricos, Cuevas del Almanzora)

Volvemos al interesante asunto de las fundiciones de plata y plomo del siglo XIX y prinicipios del XX en el Levante almeriense, y que tratamos en profundidad en la obra «Atlas ilustrado de fundiciones del Levante almeriense», que se puede adquirir por Amazon.

Horno de manga de la fundición Carmelita según las descripciones y planos de Saglio, en 1848. El horno, construido en ladrillo, disponía de una rampa anterior por la que se deslizaban las escorias (las «gachas»), mientras que el plomo líquido se depositaba en una pequeña cubeta lateral a la rampa, por medio de un orificio conocido domo «bigote». El aire se inyectaba por la parte trasera, procedente de unos grandes fuelles llamados «pavas», accionados por mulas. La carga del mineral calcinado y el combustible (carbón destilado o coque) se efectuaba por la parte superior trasera, a la que se accedía por una escaleras que daba acceso a una plataforma de carga. Los humos se evacuaban por la parte superior, que se conectaba a una serie de galerías de condensación que conducirían los tóxicos humos hasta la chimenea, alejada convenientemente de las instalaciones. La construcción era especialmente esmerada, las instalaciones contaban con artísticos arcos y columnas, todo un lujo para una instalación de este tipo, que denota los grandes beneficios que estaban recibiendo todos los socios de la mina Virgen del Carmen del Jaroso.

Una de las fundiciones más icónicas es la de Carmelita, ubicada en Villaricos, instalada por los socios de la mítica mina de plata Virgen del Carmen, en el barranco Jaroso de sierra Almagrera, la primera en la que se llegó al celebérrimo filón de plomo argentífero. Al igual que su contemporánea, la fundición San Ramón de Garrucha, instalada por los socios de la mina Observación, los afortunados socios de la Virgen del Carmen también instalaron una fundición para el tratamiento de sus minerales en 1842. El lugar elegido fue Villaricos, ocupando los terrenos que hoy ocupa el barrio del Carmen, sobre los restos de la antigua ciudad púnico-romana de Baria. De esta fundición tan solo quedan algunos tramos de las galerías de condensación de humos, además del nombre del barrio y de la calle que lo cruza, la calle del Carmen.

En 1848 fue visitada por Saglio, quien nos legó unas precisas descripciones de las instalaciones, del funcionamiento y también algunos planos, que han sido vitales para reconstruir cómo era esta fundición. Saglio nos indica que los acaudalados socios de Carmen habían instalado una fundición con cierto lujo, los hornos principales eran sólidos y las instalaciones contaban con arcos y columnas. Se trataba de los hornos conocidos como de manga, diseñados para obtener el plomo metálico de los minerales calcinados, cuya primera porción contenía toda la plata, que se extraía en unos hornos especiales llamados copelas. La fundición disponía de algunos adelantos de la época, especialmente un bocarte de triturado de mineral movido por una máquina de vapor. En 1848, sin embargo, los 5 hornos de manga de los que disponía la fundición eran ventilados por un gran fuelle (conocido como «pava») movido por mulas.

Así acabaron la casi totalidad de los algo más de una docena de lingotes de Carmelita recuperados de los restos del vapor holandés Grete, hundido por un submarino inglés en 1943. Lo vemos en una caja de anillas de plomo de redes de pesca rotos, listos para ser reciclados y reutilizar el plomo para fabricar nuevas anillas. El fundidor que se encargaba de estas labores, en Vinaroz, comenta lo difícil que era fundir estos lingotes, ya que no era un plomo puro. Lo que no sabía es que la impureza era de plata.

Los detallados planos de Saglio nos permiten reconstruir, artísticamente, como era el mítico horno de la no menos mítica fundición Carmen (o Carmelita). Curiosamente, varios lingotes de esta fundición fueron localizados en un pecio cerca del cabo Oropesa, en Castellón, lo que no deja de ser un misterio visto el barco en el que se descubrieron (un barco holandés hundido por un submarino inglés en 1943).

Para más información, pueden consultar toda la historia de esta fundición, y todas las demás de la zona, en el mencionado atlas ilustrado de fundiciones, de venta en Amazon.

El día de Andalucía y la minería

Llega un nuevo 28 de febrero, día de Andalucía, mientras vemos la llegada de nuevo de los estudiantes franceses de geología de la Universidad de Nancy en su cita anual (y ya van 11 si no contamos el maldito año de 2020). Haciendo un rápido balance de estos más de 10 años de difusión y promoción de soluciones turísticas centradas, especialmente en el abundante patrimonio minero existente en la sierra de Bédar, y no podemos menos que estar satisfechos.

Un día, quizás, la vía verde Bédar-Garrucha se habilite para el turismo, como lo está siendo el antiguo trazado del ferrocarril entre Lucainena y Agua Amarga, como podemos ver en la fotografía superior, con la reconstrucción de uno de los puentes de la línea. Pero para que eso ocurra hace falta una cohesión y voluntad que, de momento, los organismos públicos locales están lejos de alcanzar.

A la hora en la que redactamos estas líneas, el alcalde de Bédar debe estar entregando el bien merecido galardón como persona distinguida a uno de los voluntarios que colaboró en la recuperación de la vagoneta aérea minera sistema Bleichert procedente del 2º cable (Serena-Los Gallardos) que se exhibe a la entrada el pueblo. Desde el 13 de febrero del presente mes, y gracias a una generosa subvención procedente de la Diputación, se está renovando la vía de la minería de Bédar, que cada vez gana más en prestigio a causa de la espectacularidad y su alta carga patrimonial.

En una de esas curiosas coincidencias, el 11 de febrero también se publicó una guía sobre las rutas mineras de Bédar y Los Gallardos que, aunque no es oficial, ha sido elaborada por el promotor cuyas investigaciones las ha hecho posibles. En este sentido, queremos agradecer la asociación APAMILE por su publicidad y a los más de 32.000 internautas que ya han visto el video promocional y especialmente a los centenares que lo han compartido. Recordamos que la guía está a la venta por Amazon, es suficiente con teclear «guía minera Bédar» para poder localizarla.

Nueva guía para las rutas mineras de Bédar y Los Gallardos

Desde el 11 de febrero está a la venta la nueva guía para las rutas mineras de Bédar y Los Gallardos. Se trata de unas rutas muy transitadas que transcurren por algunos de los principales núcleos mineros existentes en la sierra de Bédar.

Animación con inteligencia artificial (MyHeritage) de una fotografía de 1903 de Tres Amigos, la primera en la que vemos la locomotora y la tolva de Tres Amigos en su configuración inicial.

Desde su inauguración oficiosa en 2008 la ruta no ha sido puesta al día y, con el tiempo, las explicaciones que dan los guías (cuando hay guías y cuando las dan) están obsoletas y son muy incompletas. Pero la investigación ha avanzado mucho y, para volver a ponerla al día, el autor se ha decidido a publicar este pequeño libro-guía de 132 páginas, profusamente ilustrado con más de 180 fotografías, dibujos y planos.

Hablamos, sin duda, de la persona que mejor las conoce estas rutas. Fue quien realizó el diseño de la ruta minera de Bédar y que además indagó en la historia de todos los elementos que se pueden ver, de manera que el visitante no solo puede observar una gran variedad de elementos del patrimonio minero sino que además puede comprenderlos y conocer su historia como muy pocas rutas del mismo tipo permiten hoy en día.

Interior de la tolva-depósito de Tres Amigos. La tolva inicial fue construida en 1896 por la compañía del ferrocarril y en su ampliación de 1919 se utilizó una mezcla de cemento Portland y arena, una fórmula especificada por el ingeniero bedarense Francisco Nieto. La ampliación se hizo siguiendo los planos elaborados en La Maquinista, completando la trinchera inicial con una bóveda, configurando así un túnel que permitía cargar en el interior y, además por el exterior, haciéndola más versátil y permitiendo una carga mucho más rápida que con la única compuerta inicial.

Como ya saben los que la han visitado, estas rutas incluyen estrechos senderos junto a barrancos, túneles, el paso por trincheras, la visita a tolvas monumentales y todo tipo de infraestructura minera, incluidos ferrocarriles y cables aéreos de transporte. Aunque la ruta de por sí es muy atractiva visualmente, es una experiencia muy diferente cuando conocemos la historia de todos esos elementos patrimoniales y aún mejor si, como el autor hace, nos explican las curiosidades y secretos que esconde, que no son pocos.

¿Sabe usted dónde tuvo lugar el peor accidente minero en la sierra de Bédar? ¿sabe lo que significan las cruces grabadas a la entrada del túnel del Servalico? ¿sabe en qué consistía el trabajo de un galguero y los riesgos que corría? ¿sabía usted que la tolva de Tres Amigos actual no era antes como la vemos hoy? ¿sabe cómo acabaron las locomotoras gemelas o la diésel del ferrocarril de Bédar a Garrucha?

Y no se queda ahí el interés de esta obra. El autor nos avanza importantes novedades, fruto de sus más de 20 años de investigaciones sobre la minería y metalurgia levantina, que vienen a completar muchas incógnitas y lagunas de la historia, que afectan a muchos de los restos que se pueden visitar en estas rutas. Entre otros, el autor desvela la identidad de los constructores de las tolvas de la trinchera Villalta, la tolva-depósito de Tres Amigos, las tolvas de Vulcano y la tolva Esperanza, además de las fechas y hasta el coste que tuvieron tales trabajos. También se desvelan los misterios referentes a la renombrada vía Vulcano, sus orígenes y evolución en el tiempo, con aclaradores planos y nueva información.

Impresionante vista del pozo P captada con una cámara con cabria por Antonio González Jódar.

Y no se queda ahí el interés de esta obra. En sus más de 20 años de investigación sobre la minería levantina, el autor nos avanza importantes novedades, fruto de sus investigaciones, que vienen a completar muchas incógnitas y lagunas de la historia, lo que incluye a muchos de los restos que se pueden visitar. Entre otros, el autor desvela la identidad de los constructores de las tolvas de la trinchera Villalta, la tolva-depósito de Tres Amigos, las tolvas de Pobreza, Vulcano y la de la mina Esperanza, además de las fechas y hasta el coste que tuvieron los trabajos. También se desvelan los misterios referentes a la renombrada vía Vulcano, sus orígenes y evolución en el tiempo, con aclaradores planos y nueva información. Entre todo, no podemos dejar de destacar una fantástica panorámica de Tres Amigos en 1903, la primera fotografía conocida de la Estación de Tres Amigos de la sociedad de Víctor Chávarril. En definitiva, un libro que todo buen aficionado a estas rutas, y a la historia y el patrimonio minero en general, no debe perderse.

Para ilustrar sus explicaciones, el autor incluye cartas y planos originales y un interesantísimo catálogo visual de objetos encontrados localizados durante las exploraciones sobre el terreno y las visitas a familiares de ingenieros y mineros. Este catálogo incluye, entre otros, un curiosísimo magnetómetro sueco de Thalen-Tiberg de 1901 con el número de serie 161, de los que creemos que se conservan muy pocos ejemplares.

La antigua vía del ferrocarril Bédar-Garrucha pasando junto a los restos de la caseta de guardavías n.º 1. cerca del Trinchera Villalta.

Ya en la portada vemos un ejemplo de hasta donde ha llegado la investigación, pues nos muestra la plaquita con filigrana del álbum que los trabajadores de la Compañía de Águilas regalaron al director de la sociedad minera en 1891 cuando dejó el cargo para volver a su país, Noruega. El álbum, que contiene fotografías de gran valor histórico, acabó en una rama de la familia que emigró a Estados Unidos, donde fue localizado gracias a una increíble combinación de casualidades. El resultado es un pequeño libro, de fácil lectura y muy ilustrado, que está en venta en Amazon desde el día por el módico precio de unos 14 euros (en función del país y tasas varias).

Visitantes en la ruta de prueba de 2009, en la que antes de empezar el recorrido se visitó la tolva-embudo y los restos de la mina Unión de Tres Amigos.

Para acabar, nos enteramos de que hace poco se han iniciado el pasado día 13 unas obras de mantenimiento y reparación de la ruta minera de Bédar en su tramo entre San Manuel y el puente sobre el barranco de Hoya. Tenemos que decir que la casi coincidencia con la publicación de estra guía no tiene absolutamente nada que ver con el inicio de estas obras, tan solo es una muy curiosa casualidad. En todo caso, nos alegramos de que se realicen estos trabajos porque algunos tramos de la vía vulcano y el plano inclinado que conecta con la vía Esperanza necesitaban algunas mejoras y unos paneles informativos vendrían muy bien.

En cuanto a la ruta minera de Los Gallardos, hemos de decir que está muy cuidada y con buenos paneles informativos. El derrumbe que existía en uno de los terraplenes cerca de la primera caseta de guardavías ha sido correctamente reparado y tan solo esperamos que se pueda pueda poner prontamente a punto el paso por el puente de la Cueva de la Barrilla que, en el día de hoy, está impracticable y obliga a descender y subir por el barranco.