Viaje a la mina Angelita (Los Pinos, Bédar)

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Las vistas son insuperables desde las cimas de los cerros cercanos a Los Pinos. Desde aquí observamos Sierra Cabrera y Mojácar.

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Hoy haremos una visita a una de las minas más desconocidas de Bédar, la mina Angelita. No pudimos encontrarla hasta hace relativamente poco, y es una de esas extrañas minas de las cuales primero conocimos su nombre y más que probable existencia, y posteriormente conseguimos localizar las labores. La mina Angelita, no muy lejos de Santa Catalina, era una de las minas propiedad del vicecónsul inglés Clifton Pecket. Una vez construido el ferrocarril  en 1896, lo que venía a ser una mina poco rentable se convirtió, casi de la noche a la mañana, en una mina más que interesante. La cercanía del cargadero de ferrocarril de Santa Catalina la hacía una mina fácilmente explotable, y a buen seguro que Clifton Pecket contaba ya con ello.

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En la concesión de Angelita se encuentran dos labores diferenciadas, la primera no es más que una galería y algunos trabajos superficiales en el cerro que se muestra en la fotografía. Se ve la bocamina a la altura del bancal con árboles y algunas pequeñas labores superficiales sobre la ladera del cerro.

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Interior de la galería, de no mucho recorrido. Esta parte de la concesión no contenía gran cantidad de mineral.

Sabemos, con seguridad, que esta mina fue explotada a partido por un viejo conocido, Carlos Bahlsen, al menos en 1898. Volvió a ser explotada entre 1903 y 1908, esta vez por parte del mismo Clifton Pecket o por medio de partidarios como Arturo Lengo (de hecho un representante de C. Pecket) o D. Martínez. Puede que en total se hayan extraído una decena de miles de toneladas, aunque seguramente fueran mucho más, pues los datos son siempre muy difíciles de localizar, sobre todo en estas minas olvidadas.

La concesión contiene dos áreas de labores. Sin duda la más importante es la que se encuentra más cerca de Santa Catalina, en la que se explotó un yacimiento de óxidos de hierro. Vamos a visitarla por dentro.

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La mina, como muchas de esta época, está explotada según un sistema de galerías de reconocimiento-exploración y por medio de huecos y pilares. Es lo que cabe esperar de estos yacimientos de óxidos tan irregulares, tan típicos de la Sierra de Bédar. En la fotografía superior vemos uno de los huecos, se observa como se ha dejado en el centro un pilar casi minúsculo de mineral de buena calidad, siendo más pobre el mineral que se observa en techo y suelo. Al fondo, una obra de mampostería, para estabilizar el hueco dejado por la explotación del yacimiento de óxidos de hierro.

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La mina se compone de un socavón principal, que se sigue por un galería que atraviesa todo el cerro en el que se encuentra la mina, con anchurones explotados por huecos y pilares, donde el mineral más rico formaba bolsadas. A ambos lados (y hacia abajo, generalmente) parten diversas galerías de exploración, que siguen prolongaciones laterales del yacimiento principal, parcialmente explotado en muchas ocasiones. Obsérvese en la fotografía superior otro pilar de buen mineral dejado por los mineros para evitar el hundimiento del techo, en este punto se observa que la capa de mineral de buena calidad apenas tiene un metro de espesor.

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La galería principal presenta muchos refuerzos con mampostería seca, aprovechando los estériles procedentes de la misma explotación. En la fotografía superior, un  muro de mampostería reforzando uno de los laterales de uno de los anchurones principales.

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Las galerías secundarias muchas veces presentan refuerzos de mampostería, pues a la vez que se excavaban se explotaba el mineral que contenía, y para evitar el hundimiento y ante la escasez de madera en la zona, los mineros solían realizar este tipo de entibamiento con mampostería seca, muy típica de Bédar.

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Obsérvese en el techo de esta galería los restos de mineral rico que se siguió (a la vez que se explotaba), la galería recorre una veintena de metros hasta que toca estéril. La mampostería evita el hundimiento del techo.

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En esta fotografía vemos el avance de la galería. Los restos de óxido del techo son un testimonio del filón que siguieron los mineros y que justificó el esfuerzo de entibamiento. Una de las ventajas del entibamiento con mortero seco es que se pueden utilizar rocas estériles de la propia explotación y ahorrarse de esta manera el tener que transportarlas hasta el interior. En todo caso, hay que reconocer que los pedriceros de Bédar tenían fama de ser bastante buenos, y entibaciones como ésta, que ha durado más de 100 años, parecen atestiguarlo. Todo es mampostería seca, no se ha utilizado ni mortero ni yeso.

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Otras galerías no necesitaban mampostería porque la roca era lo suficientemente estable como para avanzar si más. Sin embargo, vemos los restos de un extraño muro de mampostería con mortero en la entrada, a modo de murete y en el que parece perfilarse una entrada a modo de puerta. Desconocemos totalmente la utilidad de esta obra, aunque no es la primera vez que vemos muros parecidos. ¿Muros para contener filtraciones de agua provenientes de la galería? Obsérvese en la parte superior de la galería, algunos “cascabeles”, como llaman en Bédar a estos opiliones o patilargos (no son realmente arañas), que suelen encontrarse agrupados en grandes cantidades en muchas minas. Se les llama así seguramente porque hacen vibrar el cuerpo cuando se les molesta, como cuando se sacude un cascabel.

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Esta galería presenta algo todavía más raro. Aunque estamos acostumbrados a ver las marcas de los martillos neumáticos o las perforaciones con barrena para la instalación de cartuchos, no deja de llamarnos la atención las manchas negras que se ven en paredes y techo. Estas son marcas muy parecidas a las que dejan los candiles de aceite cuando se dejaban colgados en las paredes de la mina, ejemplo de ello los tenemos en minas del Pinar de Bédar, en la que se pueden ver las manchas negras en las paredes, en una de las cuales encontramos un candil que las ocasionaba.

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Sin embargo, cuando nos acercamos observamos esto. Una marca clara de barreno clara (de arriba a abajo) rodeada de una mancha negra. Esto también lo habíamos visto antes, y también en El Pinar de Bédar. Se trata de restos de la explosión de un cartucho de pólvora, introducido en el agujero practicado con el barreno. Estos restos solo se encuentran en una de las galerías laterales, en el resto de labores no se encuentran. Puede que esta galería fuera más antigua que el resto, pues sabemos que esta mina fue explotada, al menos, en dos periodos diferentes, al menos en 1898, y no es descartable que en esa fecha todavía se utilizaran cartuchos de pólvora (mucho menos potentes pero puede que más baratos). La cuestión queda ahí planteada, se aceptan sugerencias e ideas.

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Claro está, las minas nunca están deshabitadas del todo. No solo nos encontramos con los a veces molestos “cascabeles”, aquí tenemos también un escarabajo “minero” y los habituales “morciguillos” bedarenses, habitantes habituales de estas minas.

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Finalmente salimos por el otro lado de la montaña, después de un agradable recorrido bajo tierra. Se trata de una salida discreta, pero no dejamos de estarle agradecidos porque nos ha ahorrado todo el camino de vuelta, dejándonos muy cerca de Los Pinos.

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