Minas San Ignacio y Santa Cecilia. Serena (Bédar)

El Hoyo Júpiter y toda la zona minera que la rodea es una de las más importantes de la sierra de Bédar. A finales del siglo XIX, y partiendo de una serie de concesiones mineras que allí poseía la familia Orozco, la todopoderosa Compañía de Águilas estableció un plan de explotación de las inmensas reservas de mineral que atesora esta sierra.

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Para que la explotación resultara rentable, se instaló en 1888 un cable aéreo de transporte hasta Garrucha, del que mucho hemos hablado. Sin embargo, fue en 1885 cuando los ingenieros cubicaron la masa de mineral e idearon un ambicioso plan de explotación de la sierra. Este plan lo debemos al ingeniero noruego Fredrik Dietrichson y al alemán Ferdinand Putz.

Descubrir este plan de acción no ha sido fácil, dado la escasez de documentación preservada, pero gracias a los escritos de Dietrichson, a varios planos conservados, a la correspondencia de Manuel Figuera y a una exhausta investigación del terreno, tenemos una buena idea de cómo se desarrollaron estas labores, hasta configurar los restos mineros que, hoy en día, pueden ser visitados en la ya conocida ruta minera de Bédar.

Una de los planos que más información han dado ha sido uno de los que más nos ha costado interpretar. Veámolos aquí escaneado y reducido (el plano original es de unos 1,8 metros de largo):

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Plano inédito de superfície de las Cañadicas en 1896 perteneciente a la planimetría de la Compañía de Águilas. Al Norte (parte superior del plano) se observa una colina y el avance de las hoyas de explotación de la mina Júpiter, las rozas Colorada y Negra. Destaca el complejo sistema de transporte en superície, con planos automotores y diferentes túneles y tolvas.

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Fotografía de Los Pinos y el barranco de la Hoya desde la cima de la colina al norte de la concesión de Júpiter.

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Desde esa cima, y hacia en NE, se observa el pozo P con su castillete en el centro del barranco de la Hoya y al fondo el impresionante cerro Cabrero.

A diferencia de la mayoría de planos, éste representa las labores superficiales del Hoyo Júpiter y de la concesión de Porfiado durante 1896. Se observan las diferentes vías de transporte de mineral y de escombros, así como los principales “hoyos” o canteras de extracción de mineral. Como punto muy interesante, se ve la salida de la galería a la altura de la cabecera del Plano Grande, punto vital que fue la base del “descifrado” del plano.

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En las laderas de este cerro no faltan preocupantes fracturas del terreno que denotan la intensa actividad de minería subterránea. en algunos lugares, las vetas de óxidos de hierro son visibles en la calcita.

De una manera resumida, y para no aburrir al lector con demasiados detalles, cabe decir que donde hoy hay un enorme hoyo, antes había un cerro. Este cerro, casi de puro mineral de hierro, fue explorado en profundidad mediante una serie de pocillos. Gracias a la información obtenida por los pocillos, Dietrichson estimó que las reservas de mineral alcanzaban los 3.000.000 de toneladas, algo que al resto de ingenieros de la Compañía le pareció excesivo, para algunos incluso una idiotez. Nadie pensaba que las reservas sobrepasaran las 750.000 toneladas, y ese debió ser el parecer de los directores de la Compañía, pues ni compraron las concesiones a sus propietarios cuando tuvieron la oportunidad, ni instalaron un sistema de transporte de demasiada capacidad (el cable era barato y fácil de construir, pero de mucha menos capacidad que un ferrocarril).

Sin embargo, el tiempo le dio la razón a Dietrichson, pues las reservas de esta zona parecía no agotarse nunca. En especial cuando empezaron a explotarse las minas aledañas, que, poco a poco, fueron conectándose al cargadero de mineral ubicado en la concesión de San Manuel.

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Al Este del cerro se observa un pequeño desmonte donde antes se situó el pozo J (que durante un tiempo confundimos erróneamente con el pozo F). El pozo en sí ya no existe, en algún momento fue cubierto. Al fondo, y ya en el barranco de la Hoya junto al camino, se encuentran las escombreras de lo que fue el pocillo de exploración nº 8, que también fue enterrado.

En lo que concreta a la explotación, las concesiones de Júpiter, Porfiado y Mahoma fueron las más productivas, junto con la de San Manuel. Todo empezó con una enorme cantera, ubicada en las concesiones de San Manuel, Porfiado y Júpiter, siendo esta última la situada más al norte. De esta cantera, donde llegaron a trabajar 200 mineros en superfície, se extrajeron cantidades ingentes de mineral, y aún la capa de mineral de hierro seguía en profundidad. El problema fue que una vez alcanzada la cota 365, la cantidad de estériles que tenían que transportar para seguir trabajando en cantera era tan grande, que no había literalmente espacio para su almacenamiento. Fue entonces cuando empezó la explotación por galerías, que partían de forma radial de la parte más al Norte, al Este y al Oeste de esta enorme cantera. Desde ahí, la explotación se dirigió fundamentalmente hacia el Oeste, pues allí la Compañía disponía de más concesiones mineras con bastante buen mineral, mientras que las concesiones mineras al norte y Este fueron adquiridas por Chávarri (Santa Catalina y la Higuera, fundamentalmente).

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Al sur del cerrillo de Júpiter nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Se tratan de las minas San Ignacio y Santa Cecilia, al norte del Hoyo Júpiter. En el terreno, totalmente colapsado, se observan parte de las labores al descubierto.

Es por eso que hoy en día se puede observar el enorme Hoyo, que se correspondería con las concesiones de Porfiado y Júpiter, y más al norte una gran cantidad de bocaminas. El explicar cómo se desarrollaron y planificaron estas labores internas es algo complicado y no es éste el lugar, pero hay que decir que las explotaciones se dividían en numerosos trabajos diferentes. Estos trabajos, también llamados “minas”, muchas veces eran entregados a partidarios (contratistas), pequeñas empresas mineras, muchas veces familiares, que explotaban a partido una pequeña parte de la mina, entregando el mineral a la Compañía. Tan solo algunos trabajos eran realizados por mineros a jornal de la Compañía, normalmente los más ricos o los que la Compañía considerara más importantes.

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El terreno irregular de las minas de San Ignacio y Santa Cecilia están sembradas de galerías y depósitos de mineral. Entre los restos, dos peligrosos pozos.

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Uno de los pozos, muy irregular y sin obra de refuerzo de mampostería, dispone de un pequeño murete en su parte superior. Siempre hay que andar con mucho cuidado por terrenos mineros.

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El segundo pozo, tan irregular como el anterior, conserva parte de una estructura de madera en su parte superior. Da la impresión que el pozo quedó al descubierto al hundirse parte del terreno.

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Vista del Hoyo Júpiter y de Porfiado desde la parte superior de las labores de San Ignacio.

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Depósitos de mineral en Santa Cecilia.

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Entre los restos, dispuestos de forma anárquica, se encuentra esta traviesa de vía minera.

En este trabajo “a partido”, muy bien documentado, participaban no pocos mineros de Bédar, en pequeñas empresas de partidarios. Algunos de los nombres de estas “minas” nos han llegado hasta hoy día, como por ejemplo “Dos de Mayo”, “Los lobos” o “la mina de Diego”, sin que sepamos exactamente donde estaban. A parte de estas “minas a partido”, las labores se dividían en diferentes sectores, independientemente de las concesiones donde se ubicaban. Estas zonas o “sectores” eran zonas más amplias que las “minas”, aunque no sabemos qué criterios seguían para realizar estas divisiones.

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Las labores al Este del Hoyo Júpiter están menos desarrolladas. No sabemos si por disponer de menos reservas de mineral o por estar demasiado cerca de las concesiones de Chávarri (la Higuera y Santa Catalina).

De esta manera, sabemos que la zona minera al Este del Hoyo Júpiter (la zona entre las concesiones mineras Mahoma y Júpiter) se llamaba la “zona de San Jacinto”. Disponemos de un plano de labores de esta zona, y tiene su interés porque se trata de toda la zona al Este del Hoyo, justo por debajo de donde se observa el Hoyo Júpiter en la actual ruta mineral y que llega hasta el pozo J, en Mahoma.

Siguiendo sin duda una forma sistemática y ordenada de trabajo, los pozos principales de extracción se denominaban con letras mayúsculas, así tenemos localizados con cierta seguridad el pozo F o “pozo de la Zaranda“, el pozo P (el que dispone de castillete), el Pozo J, el pozo M y el pozo H. Junto a éstos, había otros pocillos que eran de ventilación, con nombres de santos, sin olvidar los originales pocillos de exploración que se practicaron para explorar la zona (numerados del 1 al 10).

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Impresionante fotografía de los “balcones” y del socavón general del Hoyo Júpiter desde las labores de Santa Cecilia.

Las diferentes Hoyas o canteras (tambén rozas) a cielo abierto de Júpiter y Porfiado también recibieron nombres. Sabemos que en Porfiado se encontraban las rozas de Porfiado, San Marcos y del Teléfono. En Júpiter estaban las rozas Negra y Colorada, denominadas así por los diferentes minerales que se extraían, uno negro más rico en hierro y pobre en fósforo; y otro rojo más pobre en hierro y con más fósforo. En general, la Compañía  mezclaba los minerales de diferente calidad para obtener un producto homogéneo, en especial controlando la cantidad de fósforo, que no interesaba en absoluto a los compradores.

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Castillete del pozo P. Se trata del único castillete conservado en Bédar y que recuerda mucho a los de sierra de Almagrera. Una impresionante y simbólica obra que debería conservarse, el castillete amenaza derrumbarse si no se actúa a medio plazo.

La zona al Norte de los hoyos de Júpiter, que se encuentra justo al pie de la colina que se ve representada en el plano de superficie de 1896, fue explotada por galerías durante la fase de galerías, con varios pozos que creemos que fueron básicamente de ventilación. En esta zona se delimitaron las “minas” de las que hoy hablamos, las de San Ignacio y Santa Cecilia. Si los nombres se han conservado no es porque aparezcan en ningún mapa de los que quedan, se conservaron porque ambas minas fueron explotadas también por Hierros de Garrucha a mediados del siglo XIX. Muchos de estos antiguos nombres fueron recogidos por los mineros de Hierros de Garrucha, seguramente como parte de la información que el ingeniero Don Ovidio Fernández facilitó a Don Felipe Guillén. Los mineros de Hierros de Garrucha explotaron estas antiguas minas de San Ignacio y Santa Cecilia, explotando en retirada los pilares de mineral o “claves” que dejaron los viejos mineros, de manera que todo el terreno acabó colapsándose. Este hundimiento ha dejado una marca visible, un paisaje característico, en la zona al norte del Hoyo.

Y hasta aquí por hoy. Seguiremos con la minería de este interesante paraje.

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El pozo San Fidel, mina Esperanza (Bédar)

Uno de los aspectos más peligrosos de la exploración de los restos mineros antiguos es el de la presencia de pozos desconocidos. Aunque en este sentido es mucho más peligrosa Sierra Almagrera, no faltan en Bédar pozos por toda la sierra que no están ni indicados ni mucho menos protegidos. Todos los años, descubrimos y/o documentamos uno o dos nuevos. Algunos están siendo difíciles de ubicar correctamente, como ocurre con el pozo “J” de la mina Mahoma o el pozo “F” o pozo de la Zaranda. A la inversa también ocurre, con la presencia de pozos de nombre desconocido.

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Corte lateral a la altura del pozo Esperanza entre la concesión de demasía a Sagunto y la de Neptuno. En el mismo se representa la posición del pozo de San Fidel, que se representa en línea discontinua al no se cortada por el perfil, la profundidad era similar a la del pozo Esperanza.

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Representación de las labores a nivel de la concesión demasía a Sagunto. El pozo San Fidel se encuentra en un pequeño barranco entre las montañas que separan el barranco de los Lobos y el río Jauto. Se indica también la posición del pozo Fortuna y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). En rojo se indica el trayecto de la vía de transporte o Vía Esperanza.

Otras veces tenemos más suerte, con en el pozo que nos ocupa hoy. Las labores de la demasía a Sagunto, eran más conocidas como mina Esperanza, por uno de sus pozos principales de extracción, pero en la concesión había más pozos, de los cuales hemos identificado el pozo Fortuna y el pozo San Víctor.

La planimetría conservada nos mostraba otro pozo más en terrenos de esta concesión, el pozo San Fidel, cercano a los límites con las concesiones de Neptuno y de la Gloria, en una zona que tenía fama de disponer de importantes reservas de mineral (en especial la concesión La Gloria). Tras algunas comprobaciones pudimos localizar la ubicación aproximada de dicho pozo y, a diferencia de otras veces, el pozo seguía todavía allí. Cabe decir que muchos de los pozos fueron cubiertos o “tapados”, ya sea por las propias compañías mineras (cuando dejaban de tener utilidad) o bien por agricultores o los propietarios de los terrenos, por el riesgo evidente que suponían tanto para personas como para animales.

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El pozo, de sección circular, está protegido por un pequeño murete. Junto a él se encuentra el inicio de una galería pero sin recorrido y una escombrera.

El pozo de San Fidel se encontraba donde se suponía que debía de estar. Según los planos disponibles, conectaba con la galería de San Mateo 2º. No debió tratarse de un pozo de extracción, su difícil ubicación en un barranco entre dos montañas, el pequeño murete de protección que presenta y la ausencia de restos de cualquier instalación de extracción (castillete o casa de máquinas) nos hace pensar en un pozo de exploración y/o ventilación.

En la escombrera adyacente al pozo se pueden encontrar carbonatos, limonitas y bonitos ejemplares de hematites con geodas con cristales de calcita.

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Escombreras junto al pozo.

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Diferentes minerales de hierro de la escombrera del pozo San Fidel. Se observan las formaciones características de hematites así como geodas con cristales de calcita.

 

Mina Concepción: los Trances del río Jauto, Bédar.

Hoy vamos a hablar de una de las minas más desconocidas de toda la sierra de Bédar. Se trata de la mina Concepción. Quizás sea más conocido el paraje conocido como “Trance” o “Trances” del río Jauto, al oeste de Carabinera, junto al camino que lleva hasta los Castaños. Aunque no muy lejos de el Albarico, se trata de una zona muy aislada a la que solo se puede llegar por un pequeño carril de tierra desde Los Castaños.

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Trances del río Jauto. El número 1 se correspondería con una galería que llega hasta el río Jauto, donde forma una gran oquedad, conectada con la superfície con una especie de tolva o pozo con obra de mampostería. El número 2 se corresponde con una explotación a cielo abierto, donde se encontrarían algunas galerías. El número 3 indica la posición de un pequeño desmonte con un pozo. Quedaría una cuarta zona minera que no hemos estudiado pero que se encontraría cerca del cortijo de los Sotos.

La zona pasó por tiempos mejores, numerosos cortijos en ruinas  se encuentran a lo largo de todo el trayecto del río Jauto, aprovechando el agua de este río, que captaban por medio de pozos y norias. Hoy en día son pocos los que viven en este paraje. Entre ellos Daniel, que habita actualmente en el viejo cortijo de los Trances, que compró y rehabilitó, y que nos acompañó a ver los restos mineros de esta vieja mina, que se encuentran en sus terrenos.

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Los trances del río Jauto y el cortijo de los Trances.

No muy lejos del cortijo, en dirección al Jauto, se encuentra una pequeña explotación a cielo abierto y una galería que, desde un terreno de cultivo, se dirige hacia el Jauto, junto al que se encuentra un gran hueco o galería de la que se debió extraer una cantidad respetable de mineral. Una especie de pozo (o tolva), protegida por obra de mampostería, conecta con este gran hueco o gruta. Daniel nos cuenta que entre la pequeña explotación con el pozo o tolva y la pequeña explotación a cielo abierto, había dos o tres pozos, uno de los cuales alcanzaba los 130 metros de profundidad (?), cubiertos todos actualmente.

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Bocmina de la galería que conecta con el río Jauto (1)

En cuanto a las minas en sí, Daniel poco nos pudo decir. La explotación no fue nunca muy grande, y el motivo de que fueran tan lejos para explotar el mineral solo se justificaba por la riqueza del mineral de hierro que contiene. Hasta que llegamos nosotros, poca gente se había interesado por ellas, incluyendo un hombre que cierto día llegó a la zona y que comentó que tenían intención de hacer sondeos para ver la cantidad de mineral disponible. Claro está que no hicieron nada, pudo tratarse de algún agente de Hierros de Garrucha que fue a interesarse por los yacimientos de hierro de la zona.

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Pozo-tolva de mampostería que conecta con las labores (1)

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Salida de la galería junto al río Jauto  (1)

La documentación antigua que hemos podido consultar nos ofrece más información sobre esta mina. Se trataría de una de las minas del vicecónsul inglés George Pecket, demarcada el 20 de octubre de 1892. Dada su ubicación, el transporte del mineral de esta mina era un problema y dificultaba mucho su explotación. Así lo reconoce Miguel Figuera en su correspondencia, que comenta las dificultades de transportar el mineral desde esta mina hasta el ferrocarril de Chávarri, y que tan solo sería posible llegar a un acuerdo de transporte con la Compañía de Águilas, cuya mina más cercana conectada al sistema de transporte general era la mina Carabinera, siguiendo el río Jauto.

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Explotación a cielo abierto junto al cortijo de los Trances (2)

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Ubicación de uno de los pozos (según el testigo) ya tapado, entre las zonas 1 y 2.

Sabemos que Concepción fue una de las minas explotadas a partido por Carlos Bahlsen, junto con otras también propiedad de Clifton Pecket (Angelita y Soria). Esta explotación se limitó al año 1898 y se contabilizaron 3700 toneladas de mineral de hierro extraído, que seguramente fue transportado hacia el cable aéreo de la Compañía por medio de carretas y mulos, siguiendo el río Jauto. Fue sin duda durante este año de 1898 cuando se realizaron los trabajos que se pueden observar hoy en día.

Además de las labores junto al cortijo de los Trances, hay otras labores de menor entidad en dos puntos no muy lejos del cortijo. Una de estas labores consisten en un pequeño desmonte con un pozo, el segundo punto de explotación no pudimos explorarlo, pero se trataría también de pequeños trabajos.

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Desmonte y pozo en la zona 3.

En 1920, la empresa Unión Bedareña rehabilitó el registro minero de Concepción, aunque no nos consta que se realizaran trabajos en ella. En 1975 la mina fue explorada en 1975, describiéndose una capa de mineral sobre una capa de oligisto micáceo, describiendo cuatro galerías a distinto nivel siguiendo la mineralización, siendo la más importante la inferior, provista de una tolva donde descargaban el mineral las labores superiores.

Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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Bédar: la mina Esperanza

Aunque deberíamos hablar más bien de la mina “Demasía a Sagunto”, esta mina es más conocida como mina “Esperanza”, nombre de uno de los pozos principales.

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La tolva de la mina Esperanza es una tolva para el almacenamiento y regulación del mineral en forma de medio cono invertido. Presenta un cuidado trabajo de mampostería. En la parte inferior se ubicaban cuatro compuertas para la carga del mineral en las vagonetas.

Se trata de una de las minas periféricas al centro inicial de explotación en Serena por parte de la Compañía de Águilas y su explotación se llevó a cabo a finales del siglo XIX como una continuación de las de Porfiado, Júpiter, Mahoma, Vulcano y Sagunto.

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Detalle del resbaladero de la tolva de la mina Esperanza.

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Pared lateral de la tolva. Obsérvese la pared antigua y la pared de cemento reforzado, parte de las obras de rehabilitación de la vieja tolva por Hierros de Garrucha.

La explotación se inició en la parte más alta del criadero que ocupa los terrenos situados en la confluencia del barrando de la Hoya con el de Los Lobos, mediante las galerías de San Marcial y de San Bartolomé. Desde estas galerías se establecieron unas vías de transporte que conducían el mineral hasta la vía de Vulcano. La vía de San Marcial discurría a una cota de 390 m, por lo que llegaba 15 metros por encima del origen de la vía Vulcano. La vía de San Bartolomé presentaba una pendiente ligeramente favorable.

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Caseta de motores. Es la antigua caseta de motores rehabilitada por Hierros de Garrucha.

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Depósito de agua para el motor.

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Base de cemento y anclajes del motor instalado por Hierros de Garrucha. En los restos de los muros derruidos se observa los restos del mortero de cal utilizado en su construcción, lo que confirma que se trata de una antigua construcción de las primeras minas rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha.

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Todavía quedan algunos restos metálicos.

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Transformador eléctrico instalado por Hierros de Garrucha para la alimentación del motor del pozo y para los compresores. La construcción de ladrillo contrasta con el elaborado trabajo de mampostería de la caseta de motores.

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Antiguo plano de las galerías de la mina Esperanza. A la izquierda está la concesión de Demasía a Santiago y a derecha la de Vulcano. Como se ve, el socavón de San Bartolomé (Pozo de las Palas) era parte de las labores de la concesión de Vulcano. La explotación ocupaba terrenos en ambas concesiones. En rojo el trayecto de las vías mineras de transporte.

El criadero de mineral buzaba en dirección al SO, así que cuando se agotaron las capas más superficiales se realizó la explotación a partir de los pozos Esperanza, Entremedio y San Víctor. Se instaló un motor de extracción en el pozo Esperanza, seguramente a la vez que se construyó la tolva de almacenamiento que hoy se puede ver. El mineral se conectaba con la vía Vulcano por medio de la vía Esperanza.

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Pozo Esperanza. Pozo principal de extracción de la mina. 68 metros de profundidad.

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Galería de servicio del Pozo Esperanza. Da acceso al pozo a unos 9 metros por debajo de su parte superior. Era por donde accedían los mineros que bajaban a las labores. Se observan varios listones de madera para entibación que nunca llegaron a ser transportado a su destino.

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Muy cerca del camino de acceso a la caseta de motores encontramos esta bocamina con un pozo justo delante, medio oculto entre la vegetación. Tengan mucho cuidado si pasean por estos parajes.

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Pozo Fortuna, al otro lado del barranco de Los Lobos.

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Parte del trayecto de la vía Esperanza. Todavía quedan algunas traviesas.

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Pozo precariamente cubierto junto al trazado de la vía Esperanza. El intento de cubrir el pozo con ramas, quizás bienintencionado en un principio, convierte este pozo en una especie de trampa muy peligrosa. Se trata posiblemente del pozo Entremedio o del pozo San Víctor. Repito, mucho cuidado si andan por estos parajes, además de éstos, la mina fue importante y posiblemente hay otros pozos que puede que estén escondidos entre la vegetación.

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Pequeña casa-cueva cerca de la antigua ubicación del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas), podría tratarse de un pequeño abrigo para el guarda o de un polvorín.

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Hierros de Garrucha volvió a explotar esta antigua mina. Habiendo ya caducado la antigua concesión de Demasía a Sagunto, Hierros de Garrucha demarcó otra con el nombre Esperanza, nombre del pozo principal de la antigua mina, pues es así como se conocía la mina en general. Obsérvese como la nueva concesión rodea a la de Vulcano, que no había caducado. Obsérvese también la anotación junto al nombre de la concesión “pozo”, ya que es así como se conocía realmente, “Pozo Esperanza”.

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Son raros los planos que nos den más detalles de estas explotaciones. En la imagen, un corte longitudinal a la altura del pozo Esperanza y atravesando el barranco de Los Lobos. Obsérvese el pozo de servicio a una cota de 306 metros, el nombre de una galería (San Andrés) y un pozo que estaba a la altura del barranco, el pozo de La Palmera.

La abertura de la mina en 1952 por parte de la empresa Hierros de Garucha supuso la rehabilitación de toda la vía Esperanza y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). El mineral se transportaba por ambas vías, que se reunían en una antes de cruzar el barranco de la Hoya por el puente actual. Otro puente, hoy derribado, cruzaba el barranco de Los Lobos en dirección al pozo Esperanza. Inicialmente el mineral se transportaba con mulos hasta el cargadero de San Manuel, pero conforme la producción del pozo Esperanza y pozo de las Palas fue aumentando, se instaló una vía y empezó a utilizarse una pequeña locomotora diésel.

 

Bédar: la mina Santa Catalina

Hoy hablaremos de una de las minas poco conocidas de Bédar. Se trata, sin embargo, de una de las minas más importantes de la Sierra, y va siendo hora que tratemos un poco en profundidad sobre ella. Aunque disponemos de información sobre ella, la falta de planos y otros documentos sobre ella hace bastante difícil su estudio. Dentro de lo que es la carencia de documentación minera en Bédar, las minas de la Sociedad de Chávarri son de las que menos información se ha conservado.

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Visión panorámica de la mina Santa Catalina.

La concesión Santa Catalina fue demarcada en 1873 por el vecino de Almería Pedro Lledó y Valdivia, en terrenos de Pedro Simón Castaño, muy cerca de Serena. La concesión se encuentra junto a concesiones muy ricas en mineral, como la Higuera, Júpiter y Mahoma, es por eso que fue pretendida por la Compañía de Águilas. El director de la Compañía, Juan Pié y Allué, viajó Almería para llegar a un acuerdo con el representante de los propietarios, José España y Lledó, aunque llegó tarde, pues el contrato ya había sido firmado con el representante de Clifton Pecket, que actuó como un mero intermediario de la sociedad de Víctor Chávarri.

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Pequeño barranco entre las concesiones de La Higuera (a la derecha) y Santa Catalina. En el centro se encuentra un pequeño depósito de estériles procedente de Santa Catalina.

Dentro de los problemas por impagos que tuvo Chávarri con casi todos los propietarios de las minas que tuvo arrendadas en Bédar, la de Santa Catalina fue la que más complicaciones le causó. José España y Lledó, propietario de un 57,5% de acciones de la mina y representante del resto, era además un abogado muy competente, que plantó cara a la poderosa compañía minera. El pleito, que fue ampliamente seguido por la prensa, se conoció como “El Asunto Chávarri”, y en cierta manera espoleó al resto de propietarios de minas arrendadas por la sociedad de Chávarri y que también consideraban que se habían incumplido los contratos. Se dice que Don Andrés López de la Presa, ingeniero director de estas minas, recibió amenazas de muerte a causa de los pleitos con los propietarios. El conflicto llegó a su fin en 1901 con la compra de la concesión minera por un total de 40.000 pesetas, una importante suma para la época.

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Cargadero de mineral en Santa Catalina. Aunque está cubierto por vegetación, se observa bien el resbaladero del cargadero y un muro lateral.

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Muro lateral del cargadero de Santa Catalina.

La explotación de la mina fue irregular, se retrasó el inicio de la explotación porque surgieron problemas con la expropiación de los terrenos. En 1897 la mina estaba en explotación mediante un pozo y  un plano inclinado, bajo la dirección inicialmente del ingeniero Manuel Figuera. En 1899, y ya siendo Don Andrés López director, se indica las dificultades que se encontraban los mineros debido a la ligereza con la que se habían realizado alguna de las primeras obras, así el muro del plano inclinado amenazaba con derrumbarse, o el pozo se obstruía o bien las vagonetas descarrilaban en el túnel.

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Túnel de la Higuera en su extremo a la altura de la concesión de Santa Catalina. Obsérvese que se trata de un túnel amplio y con un cuidadoso trabajo de mampostería, lo llama la atención al tratarse de una labor interior. El motivo es que en un principio se pretendió que la locomotora de Santa Catalina pudiera arrastrar los vagones hasta este punto para su carga, aunque bien sea por el coste o por dificultades para su construcción, se abandonó esta idea y se acabó el túnel con una galería simple sin ningún tipo de refuerzo. El transporte se realizaba con vagonetas, seguramente arrastradas por mulas y se estableció el cargadero para la carga del ferrocarril en el otro extremo del túnel.

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Compuertas de carga en el extremo del túnel de la Higuera. Gracias a los trabajos de cartografía realizados por los estudiantes de Nancy, podemos ubicar estas compuertas en la zona donde se encontraba la tolva de carga de la mina Santa Catalina. Precisamente el túnel se encuentra obstruido a causa de los escombros lanzados por la tolva.

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Ubicación de la tolva de carga en el túnel de La Higuera

A pesar de las dificultades, siempre fue considerada como una de las minas más ricas de la zona, siendo la cabecera de uno de los dos ramales del ferrocarril, que recibía su nombre de esta mina. Según las Declaraciones de los mineros, fue la tercera más productiva, con casi 45.000 toneladas de mineral explotado, solo detrás de La Mulata y El Silencio. La concesión caducó en marzo de 1941.

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Corta junto al cargadero. El cargadero se alimentaba con el mineral extraído en esta corta, que está atravesada por una vía minera. Sin embargo es posible que también recibiera mineral por otra vía minera que se rodea el cerro, en dirección hacia otra pequeña corta.

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Muro de mampostería de refuerzo para vía minera.

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Muro de mampostería y mortero de cal. Parecen los restos de una pequeña balsa.

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Dos vistas del Socavón General

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En las dos fotografías superiores se ven algunas bocaminas cercanas al Socavón general.

En cuanto al funcionamiento de esta mina, la falta de documentación dificulta mucho la interpretación de los restos que todavía se pueden observar. Se sabe que se explotaba mediante un pozo principal y un plano inclinado. Información recogida en 1975  describe varias rozas, un socavón hundido y un pozo, el pozo del Embudo, que podría tratarse del pozo principal de explotación. A pesar de esto, se sabe que el mineral era transportado a través del túnel de La Higuera, la concesión colindante. El mineral se cargaba en las vagonetas dentro del túnel, posiblemente mediante una tolva desde el exterior, tal y como se recoge de testimonios de algunos mineros de Hierros de Garrucha.

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En las dos fotografías superiores, algunas galerías de la mina Santa Catalina.

Por el túnel de la Higuera el mineral llegaba hasta el cargadero conocido como de Santa Catalina, en el primer pozo de luces de la mina Higuera, donde se acumulaba en una tolva provista de nueve compuertas para la carga en los vagones del ferrocarril, que accedían mediante un túnel de 60 metros. Cabe decir que inicialmente se planteó en preparar el túnel de la Higuera para que la locomotora pudiera atravesar toda la Higuera hasta la misma mina Santa Catalina, motivo por el cual ambos extremos del túnel están preparados para ello, con una anchura mayor de lo normal y con una cobertura de mampostería de buena calidad (el túnel de la Higuera se empezó a la vez por ambos extremos). Pero finalmente se abandonó el proyecto (supuestamente por su coste) y se completó el túnel como un simple túnel de transporte con vagonetas.

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Plano de demarcación y algunas de las labores en la mina Santa Catalina.

Disponemos más información gracias a un inventario de mineral de 1916, en el que se da contabilizan cuatro volquetes de mina de una tonelada de capacidad, un volquete de 400 kilos y dos vertederas de tolvas, una de ellas de hierro fundido. También disponía de un malacate y un torno de pozo, además de una chabola de mampostería para fragua. En referencia al malacate de esta mina, en el único plano donde se muestran algunas de las galerías de esta mina se encuentra precisamente el “pozo del Malacate”, aunque ante la ausencia de más documentación, no podemos reconstruir de momento el funcionamiento de la mina, la ubicación del pozo de explotación o pozo del Embudo (si es que eran el mismo) ni conocemos la ubicación y utilidad del plano inclinado. Los testimonios posteriores solo hablan del “Socavón principal o general” de la mina, de una vía minera de superficie que recorría el centro de la concesión y de la “tolva” de carga en el túnel de la Higuera. Los mineros de Hierros de Garrucha podían ir por estas galerías desde la entrada del túnel de la Higuera hasta las labores del hoyo Júpiter, pues las galerías de Santa Catalina llegaron a conectar con las de Júpiter.

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Paralizados los trabajos con el cierre de las minas en los años veinte, Santa Catalina no volvió a ser explotada durante la época de Hierros de Garrucha. No han quedado restos de los trabajos realizados en esta mina, todos los elementos metálicos fueron desmantelados. Tan solo hemos podido encontrar esta punta de barrena, con incisiones en espiga, en uno de los frentes de trabajo de las galerías de la mina. Debe de datar de principios del siglo XX.

Las minas del barranco del Albarico (Bédar)

El barranco del Albarico, situado al oeste de Los Pinos y La Torrecica,es un largo y abrupto barranco que viene a desembocar en el río Jauto, cerca del cerro Cabrero.

En esta zona las minas son menos abundantes que en los alrededores de Serena o Bédar, pero hay algunas. En concreto, la documentación existente habla concretamente de 3 minas, Cuatro Amigos, Gorbea y La Unión, aunque solo disponemos de alguna descripción de la mina Unión.

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En la confluencia del barranco del Albarico con el río Jauto, cerca donde pasaba el antiguo camino de Sorbas a Bédar, nos encontramos con los restos del cortijo “del peñón negro”. El nombre le viene por un crestón de mineral de hierro junto al mismo, que no debió pasar desapercibido para los buscadores de minas.

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Dicho peñón está formado por mineral de hierro de buena calidad, como parte de una capa de mineral que parece seguir en dirección al barranco.

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En efecto, un poco al NO no encontramos con unos registros superficiales que dejan al descubierto el mineral (fotografía superior), aunque no aparecen trabajos de más entidad. Estos terrenos se encuentran dentro de la vieja concesión minera de Los Tres Palitos, que demarcó Abaldo Ubad Terriza. Sabemos que el director de la sociedad de Chávarri, Manuel Figuera, la consideraba como una mina interesante para explotar.

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El mineral de hierro es de buena calidad, pero la posición de la mina hacía difícil su transporte. Aunque cercana al río Jauto, una vía de paso natural, la mina más cercana con un sistema de transporte era la de Carabinera, a 1 km aproximadamente de distancia por dicho barranco.

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Bastante más al norte de Los Tres Palitos, nos encontramos con la cortijada del Albarico, junto al barranco del mismo nombre. Con unas insuperables vistas (como se observa en la fotografía superior), cerca de esta cortijada nos encontramos con más restos mineros, en terrenos de la vieja concesión minera Itálica, que formaba parte de las minas del vicecónsul Pecket.

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Los restos de esta mina, cuyo nombre exacto desconocemos, se disponen en la ladera del barranco del Albarico. Está compuesta por dos pequeños “trabajanderos” o  pequeñas canteras, del que se retiró  una pequeña cantidad de mineral.

Sin embargo, es sorprendente un hallazgo que realizaron los estudiantes de Nancy en esta concesión, muy cerca de esta mina. Se trata de unas vetas de galena, de espesor centimétrico, que discurren entre las de mineral de hierro. Sorprende el hecho de que los buscadores de minerales no hubieran descubierto estas vetas de galena, pues sin duda hubieran explotado la mina. En El Pinar de Bédar se explotaban minas de galena que consistía en pequeños gránulos de mineral en las grietas de la roca, requiriendo de lavado para obtener el mineral, y aún los escombros se lavaban y relavaban para obtener hasta la más mínima cantidad de este mineral. El elevado precio que se pagaba por él justificaba estos esfuerzos, por el que obtenían beneficioso a pesar de no disponer de buenos sistemas de transporte. Mostramos aquí algunas muestras de este mineral, extraídas de estas vetas:

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En cuanto al mineral de hierro, se observan en la zona algunos montones de un muy buen mineral, preparado para ser transportado por carretas o mulos, aunque nunca se pudo hacer. Cerca nos encontramos con los “trabajanderos” de donde se extrajo el mineral.

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Y hasta aquí las minas del barranco del Albarico, seguiremos investigando.