Pinar de Bédar: la mina “Mentira”

Seguimos con un apartado más de la investigación minera en Bédar. Volvemos a El Pinar de Bédar, a otra de las minas poco conocidas, la Mentira, que, aunque parezca mentira y sin querer repetirme mucho, antes se llamaba Verdad, aunque la verdad es que sabemos muy poco sobre ella.

Lo que sí que parece claro es que a veces los nombres de las minas, especialmente los registros de plomo más antiguos, recibían nombres muy curiosos, y en El Pinar de Bédar tenemos numerosos ejemplos.

 

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A la derecha, plano de la zona explotada hacia 1850, entre las minas de Dos Hermanas y Sanguijuela encontramos la concesión de explotación de terreras Aquí te quiero escopeta y la mina la Verdad. El plano de la derecha muestra la misma zona hacia 1870, la zona está ocupada ahora por una concesión mayor de nombre Mentira, propiedad de la sociedad Filantropía.

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Diferentes elementos estudiados ubicados sobre un plano de google maps. Se observan los grandes depósitos de escombreras entre los vestigios del antiguo bosque de pinos que ocupa la parte alta del barranco del Gato, uno de los pocos que queda en la zona.

 

Un conjunto de estas pequeñas y antiguas minas de plomo se encuentran en la parte más alta del barranco del Gato, justo al norte de las más conocidas minas de Dos Hermanas y Medidas Extraordinarias. Sin embargo, la práctica ausencia de documentación sobre ellas contrasta con la gran cantidad de restos mineros que existen en la zona, que indican una más que intensa actividad extractiva y mineralúrgica para la extracción de la galena, en especial de triturado y lavado de minerales.

Aunque sospechamos que se trata de una de las zonas en las que está documentado que se extrajo mineral durante el siglo XVI, la intensa actividad minera posterior ha borrado los posibles vestigios que hubieran quedar.

La Mentira aparece como una de las concesiones mineras propiedad de la sociedad Filantropía cuando ésta fue adquirida por la Compañía de Aguilas previo arriendo en 1878. Sabemos, sin embargo, que hacia 1850 el espacio ocupado por Mentira lo ocupaban las pequeñas minas Verdad, una de las minas pertenecientes a la sociedad Constancia, participada por Heredia y la familia Berruezo de Garrucha, y una pequeña concesión para la explotación de terreras (escombreras) con el curioso nombre de Aquí te quiero escopeta, demarcada al menos desde 1848. El hecho de la existencia de una concesión para el aprovechamiento de escombreras nos lleva ya a la existencia de una actividad minera anterior, sabiendo que el inicio de la minería moderna de plomo en el Pinar de Bédar data de 1843.

El estudio en detalle sobre el terreno nos da muchas más pistas, que merecen ser comentadas.

 

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Zona de escombreras y minas superficiales (alguna de ellas reaprovechada como vivienda de minero) de la zona de la concesión de Aquí te quiero escopeta, con el aspecto habitual de las minas de El Pinar, con numerosos vestigios del tratamiento y lavado de minerales.

 

Este sector del barranco del Gato, en su lado izquierdo ascendiendo por ella, presenta grandes escombreras, procedentes de diversas galerías muy irregulares y de poca profundidad que jalonan toda esta ladera. Las escombreras, que corresponderían a la vieja concesión de Aquí te quiero escopeta, presentan diferente granulometría, lo que nos habla de diferentes procesos de triturado y lavado para la obtención de la preciada galena.

En su margen derecho, sin embargo, muestra una serie de restos mineros que difieren en parte de lo que viene siendo habitual en este coto minero. La presencia de lo que a primera vista parece un cortijo, con numerosos restos de cerámica doméstica, puede engañar, ya que no existen tierras cultivables en las cercanías. Junto al cortijo hay pequeñas galerías, pero destacan principalmente la presencia de un pozo y de una galería de características muy diferentes a las que habitualmente se encuentras en estas minas.

El “cortijo” está claramente ligado a esta mina, en terrenos de lo que fue la mina Verdad, y seguramente se trataba de un almacén de mineral y habitación para un guarda de minas. Desconocemos a qué compañía pudo pertenecer, pues no se trata del cortijo-almacén que poseía la mina Constancia, cuyo almacén sabemos hoy que estaba en la mina Justicia del Cielo, ni tampoco del almacén de la sociedad Filantropía, pues se encontraba también en otro lugar.

 

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Ruinas del cortijo-almacén y pozo de la concesión.

 

La principal galería supone el punto más misterioso de esta mina, ya se explotara como Verdad o como Mentira. A diferencia de las galerías típicas de la zona, irregulares, poco cuidadas y poco profundas, esta mina es regular y bien labrada (para lo que es la zona, claro está), sin marcas de martillos neumáticos ni de barrenos, pero sin espacios claramente dispuestos para la disposición de candiles, aunque algunas hubieran podido servir para ello sin dificultad. La galería desciende en una pendiente pronunciada, aproximadamente unos 20 metros (lo cual es bastante para la media de la zona), sin bifurcaciones, hasta el frente de corte.

A la salida de la mina se haya una zona de escombrera con restos evidentes de machacado, así como un pequeño edificio en ruinas cuya funcionalidad desconocemos. El pozo parece un esfuerzo de explorar y acceder a un yacimiento que se asociaba claramente a esta galería, digamos, inusual.

 

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Zona a la salida de la galería, con los restos de un edificio pequeño rectangular y una escombrera con morfología de zona de triturado y posiblemente lavado.

 

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Aspecto y entrada de la galería principal de la concesión, cuya morfología es claramente diferente de las otras explotaciones de la zona, como las que hemos visto en Aquí te quiero escopeta.

 

Lo único que podemos afirmar con seguridad es que esta mina fue explotada o al menos investigada por rebuscadores de la sierra (mineros que buscaban mineral en minas abandonadas y escombreras), pues hayamos la parte superior de un carburero que data de principios del siglo XX, si tenemos en cuenta que las lámparas de acetileno se patentaron en 1899 y que se trata de un modelo de estilo antiguo.

A penas quedan restos del mineral explotado en esta galería, cuyo yacimiento, seguramente una veta de galena de mejor calidad que lo habitual, fue explotado a conciencia. Sin duda la galería se abandonó al perderse dicha veta en profundidad, ya que existen catas laterales en algunos puntos, pero que no se continuaron.

La antigüedad originaria de esta galería nos ofrece algunas dudas, aunque no disponemos de ningún indicio que sustente esta hipótesis, más que las características mismas de la galería.

 

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Algunas de las muestras recogidas en las paredes de la galería muestran sin duda alguna cual era el mineral explotado: la galena.

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Parte superior de un carburo encontrado en el frente de corte de la galería principal. Por su diseño se puede datar de principios del siglo XX.

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Minas de Bédar: la cabecera del plano de Santa Catalina

Tres Amigos

 

La estación de Tres Amigos, punto de partida del ferrocarril minero a Garrucha, comprende las tolvas reguladoras de los ramales de la mina Mulata y Santa Catalina. Ambas tolvas, muy diferentes en concepción y funcionamiento, aprovechaban el hecho de que ambos ramales se encontraban por encima del nivel de la estación.

Sin embargo, para hacer descender los vagones cargados desde las cabeceras de los ramales hasta las respectivas tolvas, se precisaban de planos inclinados. Se trataba de unos sistemas que estaban pensados para frenar en su descenso la vagoneta cargada y, de paso, aprovechar el empuje para hacer subir una vagoneta vacía. El cable de arrastre estaba enrollado en torno a un tambor, que solía estar instalado en la parte superior del plano. El sistema de freno era por fricción, por medio de un cable o cinta que, sujeta al tambor, podía tensarse o destensarse a voluntad, mediante un pesado volante ubicado sobre un pivote, que hacía ascender o descender un enorme tornillo.

 

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Edificios de la cabecera del plano del ramal de Santa Catalina.

 

Lo que se descendía y ascendía eran los mismos vagones del ferrocarril, con capacidad para 3 toneladas y media. Era importante disponer de un freno seguro, ya que en el caso de que una vagoneta cargada descendiera sin control, el accidente podría tener graves consecuencias, algo que ya ocurrió en uno de los planos de la Mulata.

Por desgracia, la cabecera del plano de la tolva del ramal de la vía Mulata, el de la tolva embudo, ha sido prácticamente arrasado, a excepción del pequeño taller de fraguas. El de Santa Catalina, sin embargo, ha permanecido sin tocar, olvidado gracias a la derivación que se realizó durante Hierros de Garrucha para el paso de camiones. Esta cabecera de Santa Catalina se componía según la documentación disponible de un pequeño taller para la fragua, un edificio para una báscula de 8.000 kilos y del castillete que albergaba el freno y el cabrestante para el servicio del plano inclinado.

 

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Las imágenes de satélite nos muestran los restos de estos tres edificios donde los documentos indican que estaban, así como el trayecto del antiguo plano inclinado, lo que deja la posibilidad de realizar algún tipo de actuación que ponga en valor estas estructuras, tan ligadas a la icónica tolva-depósito de Tres Amigos. Además, y esto es realmente excepcional, se ha conservado el volante del freno de este castillete, que estaba instalado en este punto, gracias a que se reconvertió en prensa artesanal de vino por su peso, utilizando el tornillo original que accionaba el cable de freno, con cierto parecido al timón de un navío.

 

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Volante y tornillo del freno del plano inclinado de Santa Catalina.

 

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Las vagonetas de 3,5 toneladas iban numeradas y con la marca CLCº, es decir, Chávarri, Lecoq y Compañía.

 

La vía verde Garrucha-Bédar

vagonvagon3Jardinera del ferrocarril Bédar-Garrucha siendo arrastrada por caballos en sentido a Bédar.

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Portada de los planos de la línea del ferrocarril.

 

Uno de los asuntos de los que se habla con cierta frecuencia en el levante almeriense es el de la vía verde del viejo ferrocarril de los Chávarri que conectaba Garrucha con Bédar.

En muchos lugares se han reconvertido las viejas líneas de ferrocarril en vías verdes, una forma fácil de favorecer el Turismo por medio de unas infraestructuras sin uso. Pero hasta para esto parece que no somos capaces de reaccionar en nuestro levante almeriense, tan rico en patrimonio como escaso en iniciativa e interés de sus habitantes.

En efecto, esta antigua vía minera, de unos 17 km de recorrido, conecta la costa con la sierra de Bédar, lo que supondría un eje de conexión perfecto entre una serie de municipios que tendrían mucho que ganar, desde el punto de vista de promoción turística. Para Garrucha y Mojácar se trataría de una novedad en la oferta de actividades, y para Los Gallardos y Bédar supondría una nueva e interesante forma de atraer visitantes.

 

Tres Amigos webLocomotora del ferrocarril Bédar-Garrucha en la estación de Tres Amigos.

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Recorrido del ferrocarril en la actualidad, hasta su origen en la mina Mulata de Bédar.

 

La vía recorre los municipios de Mojácar, Garrucha, Los Gallardos y Bédar, que son  los que tendrían que ponerse de acuerdo para dicho proyecto. Los terrenos del ferrocarril, como antigua vía minera volvieron ya a ser propiedad del Estado, al haber finalizado su periodo de cesión para explotación.

La vía se conserva razonablemente en buen estado si tenemos en cuenta que tiene más de 100 años y que en varios puntos ha sido invadida por cultivos privados y otras estructuras, aunque no se trata de daños irreparables. En su recorrido, puentes y túneles pueden ser fácilmente recuperados, aunque el cruce de las principales vías de transporte podrían suponer un problema , en especial el paso por la autopista y el recorrido del AVE.

El aspecto histórico-patrimonial también sería un punto importante a tratar, con paneles informativos que rememoren su uso original como ferrocarril minero. Desde el punto de carga en Garrucha como las diferentes casas de peones vieros, cuyos restos todavía se encuentran junto al recorrido de la vía. Si olvidar de la conducción de agua con la que los Chávarri regaban sus cultivos de uva con el agua que se alumbraba en las minas.

 

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Vía minera en su recorrido por la sierra de Bédar.

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Caseta de los peones de vías.

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Estación de Garrucha.

 

En el aspecto histórico, últimamente se están recuperado muchos datos históricos referentes a este ferrocarril, incluidas fotografías de las locomotoras. Como dato curioso, recogido en el libro Trenes, Cables y Minas de Almería, el ferrocarril disponía de una “jardinera” o pequeño vagón para el transporte del personal de las minas. Esta jardinera se acoplaba a los convoyes para ir hasta la estación de Tres Amigos de Bédar. Pero para la bajada la jardinera podía aprovechar la pendiente favorable de la vía para bajar sola, con la sola ayuda del freno. Los días que no había convoy que subiera a Bédar, la jardinera podia subir por tracción animal, a modo de los viejos tranvías a caballos.

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El Pinar de Bédar: la mina Águila

Volvemos a ver hoy una de las centenares de minas poco conocidas de Bédar, la mina Águila, ubicada en El Pinar de Bédar. Como de costumbre, se trata de una mina muy poco conocida, pero con una cierta importancia en la historia minera del municipio por una serie de razones que no vamos a tratar aquí en profundidad, ya que pronto nuestro amigo José Berruezo publicará pronto un artículo, fruto de una concienzuda investigación al respecto de la oscura época minera que se desarrolló entre los años 1850 y 1860.

 

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En general, la mina Águila nos lleva al casi desconocido tema de la participación local en la minería. Aunque los trabajos mineros estuvieron copadas por empresas extranjeras, los vecinos de Bédar no se limitaron a ser simples espectadores o trabajadores en ellas, hubo muchas iniciativas, algunas de las cuales merecen un capítulo propio en la historia minera de la localidad.

Esta mina es el centro precisamente de uno de estos proyectos, cuyas consecuencias podremos conocer con detalle gracias al trabajo de José Berruezo. El promotor no fue otro que Antonio Bolea Rodríguez, el padre del conocido y estimado médico bedarense Antonio Bolea García. Pocos sospechan de la intensa actividad minera de esta familia, en especial en las minas de plomo de El Pinar de Bédar. Fallecido en 1902 a los 80 años, Antonio Bolea Rodríguez fue una persona muy respetada en el pueblo, habiendo sido también secretario del Ayuntamiento, y del que sospechamos que tuvo un papel importante, aunque todavía no está claro, en el famoso motín de 1850.

 

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Los restos en esta pequeña mina no se diferencian demasiado de las similares del mismo periodo, aunque los trabajos son de cierta importancia si tenemos en cuenta los medios precarios que se utilizaron para su explotación, en busca de las finas vetas de galena que caracterizan estos criaderos. A parte de las características galerías de poca profundidad, destaca una hoya o explotación a cielo abierto de ciertas dimensiones.

 

Bédar: trabajos para la rehabilitación de la mina Mulata.

Entramos en la recta final de los trabajos de cartografía de la mina Mulata. A la espera de la elaboración de los planos definitivos y presentación de los proyectos turísticos más apropiados para esta mina, Thomas Pesenti y Maxence Regnault comienzan a facilitarnos numerosos datos y planos provisionales de la mina.

El estudio no se ha limitado a una simple cartografía 3D, se ha estudiado también desde un punto de vista geológico y mineralogico, identificándose las zonas seguras y las que hay que evitar por su inestabilidad o peligrosidad. También confirma que, contrariamente de lo que se podría pensar, las galerías no se encuentran por debajo del pueblo y que no hay  ninguna casa que haya sido construida enteramente sobre labores subterráneas. En el siguiente plano superpuesto en Google Maps podemos ver la extensión de estas galerías con respecto a la montaña:

 

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Los datos confirman la presencia de amplias salas bajo la montaña, apropiadas para diversas actividades turísticas y, posiblemente, a otras actividades económicas que pueden suponer un plus para la población. La red de galerías es caótica, tal y como lo hacía suponer la historia de esta mina, en los que se siguió una capa muy irregular de mineral de hierro.

 

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En las fotografías superiores, la sala principal de la mina Mulata, iluminada en ocasión de la visita del alcalde de Bédar, Angel Collado, junto a uno de los concejales y el policía local.

Otro de los objetivos era confirmar los datos tanto históricos como procedentes de la tradición oral que afirmaban la existencia de un túnel de transporte en la parte más baja de la mina que comunicaba los barrancos de la Fuentecica con el de la Cueva Oscura y que se utilizó para dirigir el mineral de hierro de La Mulata hasta el cargadero del ferrocarril.

 

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En la fotografía superior, la búsqueda de minerales en la pared de una de las galerías.

 

 

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Dicha galería de transporte se construyó en el emplazamiento de un antiguo punto de agua de la localidad, la Cueva Oscura. Esta galería, a la que por el momento solo se puede acceder por el interior de la mina, sigue recogiendo este agua. Para su exploración y cartografiado, los geólogos han tenido que improvisar un calzado impermeable que les permitiera pasar por la galería semi-inundada, como se observa en la fotografía superior.

 

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En la fotografía superior, sección de la galería inferior de transporte de la vía Mulata, con el curso de agua.

 

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Punto final del túnel de transporte de la mina Mulata. El trayecto se encuentra obstruido en el punto en el que se alcanzaba la tolva cónica que se encontraba en el barranco de la Fuentecica y que sería para transportar el mineral de otras minas adyacentes a la Mulata, en concreto la Segunda Mulata (el conocido como Pozo Plaza) y la mina Mozambique. Como se observa en la fotografía superior, la galería estaba reforzada con mampostería en este punto. La tolva fue completamente colmatada de escombros y tierra, que a su vez obstruyó la galería inferior al caer por la compuerta de carga.

 

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A la galería de transporte también conecta con este pozo, que se corresponde en superficie al pozo que se encuentra más o menos en el centro de la roza del Indio, y que se encuentra parcialmente obstruido. Fue utilizado seguramente para poder cargar el mineral de la cantera.

 

El Pinar de Bédar: los partidarios de la Compañía de Águilas

La minería en el Pinar de Bédar tiene una larga e interesante historia. Aunque probablemente fueron explotadas sus vetas de cobre en la prehistoria y las de plomo por los romanos y en época hispano-musulmana, los primeros datos documentales de su explotación nos llevan al siglo XVII, en el que se registra una intensa actividad.

El prolongado periodo de explotación entre 1843 y 1926 se puede dividir en varios periodos muy bien definidos, en los que se alternan fases de minería artesanal y otras de intensa mecanización.

 

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Restos de un ataifor de época nazarita hayado en una escombrera de una mina de plomo en La Gamberra.

 

El periodo más largo y del que tenemos más información es el de los “partidarios de la Compañía de Águilas”, que trabajaron en estas minas aproximadamente entre 1885 y 1926. Esta información procede de varios documentos, en especial algunas cartas de los directores mineros de la Compañía de Águilas, pero el que más información aporta es sin duda el ingeniero Otto Pütz, que en 1906 visita estas minas, experiencias que recoge en un artículo que publicó en una revista alemana.

 

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Los partidarios utilizaban simples tornos de albardilla para el acceso a los pozos. Para bajar simplemente etrelazaban la pierna en la soga de esparto.

 

La Compañía de Águilas, que había adquirido el coto minero de El Pinar de Bédar, había intentado sacar beneficio en esta minas de plomo por medio de una gran inversión en maquinaria. Sin embargo, tuvo que abandonar el proyecto en 1884 ante la falta de beneficios. Sin embargo, esto no supuso el fin de la minería.

La Compañía decidió dar partidos de rebusca a los mineros, con el fin de retener a los trabajadores, pues estaba en marcha un nuevo proyecto de explotar las cercanas minas de hierro de Serena. Estos “rebuscadores de la sierra” o “partidarios”, que era como los conocían, buscaban por cuenta propia el mineral que podía haber quedado en las diferentes minas y vaciaderos, llegando a beneficiar hasta 300 toneladas de mineral al mes.

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Criba cartagenera, esquema realizado por Otto Putz de las utilizadas en el Pinar de Bédar.

 

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Mesa de arroyo o “Royo”, de los utilizados en el Pinar de Bédar (O. Putz).

 

La Compañía de Águilas les arrendaba parcelas de terreno, que explotaban de forma autónoma. Además, la Compañía les proporcionaba el agua necesaria para el lavado de minerales, comprándoles luego el mineral concentrado que habían obtenido.

A pesar de la dificultad del trabajo, llegaron a haber hasta 100 de estas explotaciones en 1906, en las que en algunas trabajaban familias enteras. En estas pequeñas parcelas, por las que pagaban una pequeña cantidad a la Compañía, se concentraban numerosos pozos y galerías. Había muchos niños empleados en los trabajos, y aunque se trabajaba en alguna mina, la mayor parte de las tareas eran de lavado de minerales. No era raro que las escombreras que un partidario había lavado ya, fueran lavadas de nuevo por otro para aprovechar hasta la más pequeña partícula de mineral.

 

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Diferentes casas-cueva ocupadas por los mineros que trabajaban para la Compañía de Águilas. Disponían de alacenas, minúsculas habitaciones y un hogar con chimeneas improvisadas en la roca. La última fotografía muestra uno de los hornos de la fundición Carmen rehabilitado como vivienda.

 

En las pocas minas en explotación se trabajaba a cielo abierto, pero también por medio de pozos. En los pozos se utilizaban los tornos de albardilla, las cuerdas y cestas eran de esparto y los mineros bajaban por ellos simplemente enlazando su pierna en la soga, sin otra medida de seguridad. Los niños eran especialmente utilizados en las minas, pues su pequeño tamaño les permitía acceder más fácilmente, transportando el mineral en unas cestas que llevaban a la espalda.

Casi todo el mineral extraído, al igual que las escombreras, debía ser sometido a un tratamiento que les ocupaba la mayor parte del tiempo. Primero trituraban el mineral con unas pesadas mazas con mango de madera flexible, que volteaban por encima de la cabeza para golpear con más fuerza. Algunas de los partidarios poseían molinos trituradores propulsados por mulas, pero era tal su coste que era muy raro que se utilizaran.

Para el lavado se utilizaban diversas máquinas.  Dejando a parte las cribas cartageneras, se usaban unas copias artesanales de maquinaria moderna, pero fabricadas con los materiales que estos mineros tenían más a mano.  Su construcción permitía que fueran fácilmente desinstaladas y trasladadas a otra zona o vaciadero.

 

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Casa-cueva al parecer realizada aprovechando una explotación minera pre-existente.

 

Primero se usaba la criba cartagenera, con el que se recuperaban las partículas más gruesas. Se trataba de un gran cajón con agua y una criba que se accionaba con una palanca. Lo que pasaba por la criba y se depositaba en el fondo del cajón se llevaba a una máquina llamada “Royo”, o mesa de arroyo. Era una tabla larga ligeramente inclinada en la que se exponía el mineral a una corriente de agua que se llevaba las partículas menos densas.  Conforme se lavaba, y a base de numerosas repeticiones, la tierra se iba volviendo más gris, hasta que la galena estaba lo suficientemente concentrada como para poder ser vendida. Un operario se encargaba de ir retirando el mineral limpio y poniendo más tierra, sin interrumpir el proceso de lavado.

La tercera y última máquina era el “Rumbo”, forma en que se conocía a estas copias artesanales de los “round-buddles” de origen inglés. En el Rumbo se lavaba la tierra arrastrada por el agua en los Royos, que se sacaba con una azada especial llamada “rodillo”. Esta arena fina todavía contenía partículas de galena que eran susceptibles de ser concentradas con el Rumbo.

El Rumbo era una superficie cónica con muy poca inclinación. La arena se arrastraba con agua hasta la superfície cónica, por la que descendía lentamente ayudada por unos fragmentos de lona que rotaban lentamente (de forma manual). La galena se quedaba en la zona más central mientras que las partículas más ligeras eran arrastradas más hacia la periferia. De esta manera se recogía la parte central, que era de nuevo pasada por la máquina, y así de 4 a 5 veces, en un proceso que llevaba aproximadamente una hora.

El trabajo se llevaba a cabo durante largas horas bajo el sol abrasador. El beneficio era muy poco, pero les permitía sobrevivir. Muchos de estos mineros vivían en pequeñas e insalubres casas-cueva. Incluso se llegaron a habilitar los hornos de la antigua fundición Carmen como vivienda improvisada para estos mineros. A pesar de la ineficiencia de estas máquinas artesanales, estos mineros obtenían beneficios gracias a la repetición sin pausa de los diferentes procesos de lavado. Además del plomo, se obtenía, como producto secundario, una cierta cantidad de mineral de cobre, pero de escasa calidad.

 

 

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Dibujo y reconstrucción a escala de uno de estos rumbos descritos por O. Putz en 1906. como los rumbos mecanizados de los que derivaban, la plataforma circular era de de 4 métros de diámetro, tamaño óptimo para rentabilizar el lavado.

 

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Plataforma de un “round-buddle” parcialente desenterrada. Se trata de una de las que funcionaron en lavadero mecánico de la mina Reforma a la par que el lavadero Grande de El Pinar (1882-1884). La plataforma está construida de mortero de cal y se puede observar el lugar donde estaba el eje y los radios que se utilizaron para su construcción. El diámetro es de 4 métros.

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Ampliación de una fotografía de José Rodrigo en el que se muestra el round-buddle excavado en la fotografía anterior, que formaba parte de una batería de estos artefactos, todos movidos por una máquina de vapor. Los elementos básicos eran los mismos, en azul se observa la plataforma circular de 4 métros, el amarillo los soportes del eje, y el rosa los depósitos para el mineral  y el agua.

 

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Restos de un rumbo artesanal ubicado en la mina Aprovechado. de 1,8 métros de diámetro, está ya lejos de los 4 metros de los primeros Rumbos, por lo que debe tratarse de uno de fase tardía.

 

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Ensayo de lavado con “Rumbo” a escala, de 15 cm de plataforma. La característica más importante para su funcionamiento era la inclinación de la pendiente de la plataforma de lavado. Rumbos con plataformas de menos de 4 metros podían funcionar perfectamente, tal y como lo demuestra esta miniatura de 15 centímetros de plataforma pero con la inclinación correcta. Sin embargo, estos Rumbos en miniatura debían ser muy ineficaces y requérir de muchas más repeticiones para obtener los mismos resultados que con uno más grande.

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El lavado con el Rumbo era una tarea repetitiva y monótona. A falta de máquina que moviera el ingenio, habitualmente era un muchacho el que, subido a la traviesa, accionaba el eje.

 

Aunque cueste de creer, este tipo de minería se mantuvo hasta 1926. Los restos estudiados en El Pinar nos llevan a pensar que los diferentes sistemas de lavado utilizados por estos partidarios sufrieron una especie de “regresión”. Por ejemplo, de los 4 métros de diámetros que tienen los Rumbos descritos por Putz (al igual que los rumbos mecanizados de los que derivan), se han encontrado algunos rumbos de tan solo 1,5 metros de diámetro. Aunque estos “mini-rumbos” eran sin duda capaces de lavar mineral, debían ser muy ineficaces, lo que en la práctica supondría un aumento del tiempo necesario para lavar una misma cantidad de mineral.

Sea como fuere, en 1916 se registra una producción anual ya bastante reducida procedente de los “partidarios”, tan solo 74,6 toneladas. Esta cantidad se redujo a unas casi residuales 44 toneladas en 1926, cuando ya solo trabajaban en las minas 62 mineros. Aunque se dio posteriormente algún partido de rebusca, se puede considerar este año de 1926 como el del fin de la minería del plomo.

 

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Marcados en rojo, la ubicación de los restos de “Rumbos” artesanales conocidos. Estos se encuentran en el paraje de La Gamberra, mina Reforma, mina Aprovechado y barranco de San Marcos. En cuanto a los puntos en amarillo, indica la presencia de casas-cueva, especialmente abundantes cerca de la fundición Carmen de Bédar y en la parte más alta del barranco del Gato. Había más de estas casas-cueva cerca el centro de la urbanización, desparecidas actualmente.

 

 

¡Salvad la chimenea de Bédar!

 

Hace mucho tiempo que la chimenea de la fundición de plomo Carmen de Bédar  presenta unas grietas alarmantes. Siendo como es la última chimenea ligada al pasado minero de Bédar que queda en pie, sería una verdadera lástima que se viniera abajo. Desde hace tiempo que se pide que se haga algo, pero al fin parece que algo empieza a moverse.

Esta fundición de plomo, construida en 1845, es una de las más singulares de las construidas en el levante almeriense, y la más alejada de la costa, lo que explica su características especiales, de las cuales ya hemos hablado anteriormente. Sus hornos de reverbero reconvertidos en viviendas precarias de mineros es uno de los aspectos más curiosos que nos muestra esta fundición.

 

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El elemento más distintivo de las fundiciones de plomo es, sin duda, su chimena. La de Carmen de Bédar ha resistido a más de ciento cincuenta años de minería intensiva y urbanizaciones igualmente intensivas. En cierta manera es un auténtico milagro que todavía esté en pie.

 

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Pero poco a poco los vecinos de Bédar se han ido sensibilizando con la importancia de conservar su última chimenea. en especial los que más cerca la tienen, los habitantes de la urbanización de El Pinar de Bédar. De esta manera, se ha iniciado una recogida de firmas para que se pueda exigir  al área de Cultura de la Diputación de Almería, que ponga las medidas necesarias para impedir la pérdida de este elemento fundamental del patrimonio de Bédar.  Una solución rápida para parar su deterioro es realmente fácil, tal y como ha puesto de manifiesto uno de los miembros de Bédar Sostenible, que ha confirmado que con un simple cerclaje metálico en la parte superior se puede evitar que se abra la estructura y se derrumbe.

Esta recogida de firmas, vehiculada por la asociación Bédar Sostenible, se mantendrá abierta por dos semanas. Por supuesto, todo el mundo que esté cansado de quejarse y lamentarse y quiera pasar a la acción, puede ayudarnos contactando con la asociación al mail Bedarsostenibleinfo@gmail.com para poder participar. Además, es posible incorporarse al nuevo grupo de Whatsapp de Bédar Sostenible, para todos aquellos que quieran participar en los diferentes proyectos que se llevan a cabo.

 

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