Continuación de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Bédar, Serena)

Desde el día de hoy prosiguen los trabajos de estudio y puesta a punto de la mina Higuera, en Serena. Thomas Pesenti y Quentin Brunsmann son dos alumnos de geología de la Universidad de Nancy. Thomas y Quentin continuarán con el trabajo iniciado en 2015 por Helene Velcin y Clément Vorgy, en el que cartografiaron en 3D esta mina de Serena y realizaron el primer estudio de circuitos de visitas y medidas de seguridad a realizar.

El stage de trabajo de este año se planeó en Nancy junto Thomas Pesenti, tras el stage anual que la universidad de Nancy viene realizando en Bédar desde hace 4 años. Se propone a los mejores alumnos de esta universidad un stage de preparación en Bédar de cara a mejorar su preparación, a la vez que se realizan importantes avances en el objetivo que nos hemos marcado, objetivo también del Ayuntamiento de Bédar, de hacer visitable una de las minas más impresionantes de Bédar, la mina Higuera.

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En la fotografía, realizada a la entrada de la mina y de izquierda a derecha: Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, José Ramón Muñoz (concejal del Ayuntamiento de Bédar) e Ine Thijs, representante de Bédar Sostenible.

Este año, además de la habitual colaboración de los miembros de Bédar Sostenible, del ayuntamiento de Bédar y de la Asociación de Amigos del Argar, nos complace contar con la importante colaboración del Club Deportivo Aventura Sierra Almagrera. Francisco Mulero y Elios García, miembros del CD Aventura Sierra Almagrera, se reunieron con los estudiantes franceses para revisar el material que utilizaran éstos durante el mes de estudio.

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Los estudiantes franceses entre Francisco Mulero (izquierda) y Elios García (derecha), miembros del Club Deportivo Aventura Sierra Almagrera.

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Ambos estudiantes, acompañados de miembros de Bédar Sostenible y del concejal del Ayuntamiento de Bédar, José Ramón Muñoz, realizaron una pequeña visita a la mina en la que se realizarán los estudios.

José Ramón Muñoz además es la única persona que realiza visitas guiadas a las minas de Bédar, por lo que conoce bien la historia minera de Bédar, como pueden ver en su página web: http://www.bedarminera.com/ruta_minera.php

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En el interior del a mina, recorrieron algunas de las galerías más importantes, mientras realizaban observaciones generales sobre la geología de la misma y la diferente mineralogía que presenta. El trabajo sin duda se presenta interesante.

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Los visitantes de la mina Higuera, al final del túnel principal.

Los trabajos se realizarán durante todo el mes de junio. Iremos informando.

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Estado actual del patrimonio arqueológico minero en Bédar.

Es inevitable que los restos mineros de Bédar estén sometidos a un proceso continuo de deterioro. Al deterioro propio al abandono, se han sumado en muchos puntos la destrucción deliberada, sobre todo en la época de los “locos años” de la construcción, en la que se vio afectado especialmente el patrimonio minero de El Pinar, uno de los más antiguos y característicos de Bédar. A esta destrucción de la mano del hombre, se ha de añadir la provocada por los desastres naturales, sin ir más lejos el terrorífico incendio del año 2012, que afectó de lleno los restos mineros de las minas Pobreza y Alerta, provocando daños irreparables.

Es por eso que lo asombroso sea que muchos de ellos, con más de un siglo de antigüedad sigan ahí, a pesar de que nunca se haya realizado ningún tipo de trabajo de mantenimiento o restauración sobre ninguno de ellos.

De vez en cuando supervisamos las estructuras más importantes, y comprobamos como el deterioro es imparable. No nos hacemos ilusiones con que se puedan realizar trabajos de restauración de algunos elementos. En una provincia donde los políticos incumplen repetidamente con su deber de proteger el patrimonio de su tierra no esperamos que se fijen en el patrimonio minero-industrial de Bédar (véanse las vergonzosas actuaciones de la Junta con respecto a los yacimientos arqueológicos en El Argar y las intolerables declaraciones de diputados con raíces almerienses como José Luis Sánchez Teruel). Al menos, creemos, se deberían llevar algunas acciones de urgencia para asegurar y evitar el previsible deterioro y pérdida de algunos elementos claves de nuestro patrimonio que amenazan derrumbe, como apuntalar la única chimenea que queda en pie en Bédar, perteneciente a una fundición de plomo de mediados del siglo XIX; pero ni eso se plantea.

Esto no impide que vigilemos y alertemos de todos aquellos elementos que corren más riesgo.

El último deterioro documentado afecta a los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza, en la mina de demasía a Sagunto. La caseta, construida a finales del siglo XIX y rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha, ha sufrido el derrumbe de algunos de sus muros, como se puede ver en las fotografías:

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En las fotografías superiores, vemos los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza en 2011.

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En nuestra última visita en 2017, hemos observado con pesar cómo se ha caído casi toda la fachada.

Una de las pérdidas más sentidas fue a causa del pavoroso incendio de 2012, que acabó con la icónica entibación de madera del socavón San Toribio de la mina Alerta. Las fotografías dejan clara la pérdida:

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En las fotografaís superiores, aspecto de la entibación conservada en el socavón San Toribio en 2011.

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En la fotografía superior, realizada por José Manuel Sanchís en 2014, se observa como la entibación a ardido completamente, colapsando la galería. Una pérdida irreparable, ya solo nos quedan las fotografías para recordarlo.

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Otra pérdida, menos conocida, es la del hundimiento del socavón de San Darío de la mina Pobreza, que contemplamos en las dos fotografías superiores. Esta galería permitía un acceso sencillo a las labores interiores de esta tan importante como desconocida mina de Bédar. De hecho, había algunos proyectos para investigar los yacimientos de esta mina. El que esto escribe pudo explorar esta galería durante un buen trecho hasta que la prudencia le aconsejó dar media vuelta para volver con ayuda más especializada, dada la enormidad y complejidad de la red de galerías. Sin embargo, en 2012 comprobamos que había colapsado, aunque no sepamos si el incendio tuvo algo que ver.

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Sin duda, una de las peores pérdidas es la completa destrucción de los restos del importante Lavadero mecánico de El Pinar de Bédar, de finales del siglo XIX (pieza clave del patrimonio minero de Bédar), a manos del urbanismo descontrolado. Las dos fotografías superiores se realizaron en 2004, poco antes de que fueran derribadas. Son de las pocas fotografías que nos han quedado.

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Además de estas estructuras afectadas, nos preocupa (y mucho) el deterioro imparable de unas de las joyas del patrimonio minero de Bédar, la tolva embudo de Tres Amigos. A pesar de su impresionante tamaño y esmerada construcción (el cono, de más de 25 metros de diámetro en su parte superior) apenas se aprecia en la fotografía superior. A pesar de todo, sigue impresionando cuando se ve en directo, pero si no se limpia y se evita la proliferación de maleza de todo tipo (incluso pequeños árboles), el trabajo de mampostería acabará por destruirse, quizás irreparablemente.

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Otra de nuestras principales preocupaciones es, y sigue siendo, la chimenea de la fundición Carmen (en la fotografía superior). Este es uno de los restos más antiguos de la minería de Bédar, de mediados del siglo XIX. Se trata de una fundición de plomo que incluye un lavadero mecánico y una explotación (un pozo  minero). A pesar de su antigüedad, está bastante bien conservado y se pueden apreciar numerosas características que diferencian esta fundición de las que se construyeron en la época cerca la costa, convirtiéndola en una estructura única que nos puede ayudar mucho a comprender el importante episodio minero del plomo del siglo XIX.

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Como pueden ver en la fotografía superior, la chimenea presenta una gran grieta en el lateral que amenaza seriamente la estructura. Lo ideal sería un cerclaje con bandas metálicas, como se hace en numerosas chimeneas antiguas para evitar que se abran y se derrumben. Si eso no fuera posible (aunque no entendemos por qué no puede serlo), al menos realizar algún tipo de obra de apuntalamiento que evite el derrumbe hasta que se pueda hacer algo mejor. Es la última chimenea de Bédar, es un símbolo de la minería de esta zona y cuando caiga (lo que ocurrirá tarde o temprano si no se hace nada) perderemos algo más que una vieja chimenea.

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Si la chimenea de la fundición Carmen de El Pinar es la última chimenea y un símbolo de la vieja minería bedarense del plomo, el castillete del pozo P (Mina Mahoma) es el último castillete de extracción que queda en pie en Bédar. Es, por méritos propios, un símbolo de la otra gran minería de Bédar, la del hierro. Y empieza a preocuparnos. Estructuralmente muy parecida a algunos castilletes de Sierra Almagrera, parece que si no se ha colapsado todavía es porque las traviesas de madera que sujetaban las poleas mantienen unido ambos muros del castillete. Eso hasta ahora, pero habría que empezar a analizar su estabilidad y, en caso necesario, proponer medidas que eviten su más que previsible colapso cuando las maderas que la unen acaben cediendo al tiempo y la podredumbre.

Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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Viaje a la mina Angelita (Los Pinos, Bédar)

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Las vistas son insuperables desde las cimas de los cerros cercanos a Los Pinos. Desde aquí observamos Sierra Cabrera y Mojácar.

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Hoy haremos una visita a una de las minas más desconocidas de Bédar, la mina Angelita. No pudimos encontrarla hasta hace relativamente poco, y es una de esas extrañas minas de las cuales primero conocimos su nombre y más que probable existencia, y posteriormente conseguimos localizar las labores. La mina Angelita, no muy lejos de Santa Catalina, era una de las minas propiedad del vicecónsul inglés Clifton Pecket. Una vez construido el ferrocarril  en 1896, lo que venía a ser una mina poco rentable se convirtió, casi de la noche a la mañana, en una mina más que interesante. La cercanía del cargadero de ferrocarril de Santa Catalina la hacía una mina fácilmente explotable, y a buen seguro que Clifton Pecket contaba ya con ello.

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En la concesión de Angelita se encuentran dos labores diferenciadas, la primera no es más que una galería y algunos trabajos superficiales en el cerro que se muestra en la fotografía. Se ve la bocamina a la altura del bancal con árboles y algunas pequeñas labores superficiales sobre la ladera del cerro.

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Interior de la galería, de no mucho recorrido. Esta parte de la concesión no contenía gran cantidad de mineral.

Sabemos, con seguridad, que esta mina fue explotada a partido por un viejo conocido, Carlos Bahlsen, al menos en 1898. Volvió a ser explotada entre 1903 y 1908, esta vez por parte del mismo Clifton Pecket o por medio de partidarios como Arturo Lengo (de hecho un representante de C. Pecket) o D. Martínez. Puede que en total se hayan extraído una decena de miles de toneladas, aunque seguramente fueran mucho más, pues los datos son siempre muy difíciles de localizar, sobre todo en estas minas olvidadas.

La concesión contiene dos áreas de labores. Sin duda la más importante es la que se encuentra más cerca de Santa Catalina, en la que se explotó un yacimiento de óxidos de hierro. Vamos a visitarla por dentro.

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La mina, como muchas de esta época, está explotada según un sistema de galerías de reconocimiento-exploración y por medio de huecos y pilares. Es lo que cabe esperar de estos yacimientos de óxidos tan irregulares, tan típicos de la Sierra de Bédar. En la fotografía superior vemos uno de los huecos, se observa como se ha dejado en el centro un pilar casi minúsculo de mineral de buena calidad, siendo más pobre el mineral que se observa en techo y suelo. Al fondo, una obra de mampostería, para estabilizar el hueco dejado por la explotación del yacimiento de óxidos de hierro.

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La mina se compone de un socavón principal, que se sigue por un galería que atraviesa todo el cerro en el que se encuentra la mina, con anchurones explotados por huecos y pilares, donde el mineral más rico formaba bolsadas. A ambos lados (y hacia abajo, generalmente) parten diversas galerías de exploración, que siguen prolongaciones laterales del yacimiento principal, parcialmente explotado en muchas ocasiones. Obsérvese en la fotografía superior otro pilar de buen mineral dejado por los mineros para evitar el hundimiento del techo, en este punto se observa que la capa de mineral de buena calidad apenas tiene un metro de espesor.

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La galería principal presenta muchos refuerzos con mampostería seca, aprovechando los estériles procedentes de la misma explotación. En la fotografía superior, un  muro de mampostería reforzando uno de los laterales de uno de los anchurones principales.

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Las galerías secundarias muchas veces presentan refuerzos de mampostería, pues a la vez que se excavaban se explotaba el mineral que contenía, y para evitar el hundimiento y ante la escasez de madera en la zona, los mineros solían realizar este tipo de entibamiento con mampostería seca, muy típica de Bédar.

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Obsérvese en el techo de esta galería los restos de mineral rico que se siguió (a la vez que se explotaba), la galería recorre una veintena de metros hasta que toca estéril. La mampostería evita el hundimiento del techo.

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En esta fotografía vemos el avance de la galería. Los restos de óxido del techo son un testimonio del filón que siguieron los mineros y que justificó el esfuerzo de entibamiento. Una de las ventajas del entibamiento con mortero seco es que se pueden utilizar rocas estériles de la propia explotación y ahorrarse de esta manera el tener que transportarlas hasta el interior. En todo caso, hay que reconocer que los pedriceros de Bédar tenían fama de ser bastante buenos, y entibaciones como ésta, que ha durado más de 100 años, parecen atestiguarlo. Todo es mampostería seca, no se ha utilizado ni mortero ni yeso.

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Otras galerías no necesitaban mampostería porque la roca era lo suficientemente estable como para avanzar si más. Sin embargo, vemos los restos de un extraño muro de mampostería con mortero en la entrada, a modo de murete y en el que parece perfilarse una entrada a modo de puerta. Desconocemos totalmente la utilidad de esta obra, aunque no es la primera vez que vemos muros parecidos. ¿Muros para contener filtraciones de agua provenientes de la galería? Obsérvese en la parte superior de la galería, algunos “cascabeles”, como llaman en Bédar a estos opiliones o patilargos (no son realmente arañas), que suelen encontrarse agrupados en grandes cantidades en muchas minas. Se les llama así seguramente porque hacen vibrar el cuerpo cuando se les molesta, como cuando se sacude un cascabel.

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Esta galería presenta algo todavía más raro. Aunque estamos acostumbrados a ver las marcas de los martillos neumáticos o las perforaciones con barrena para la instalación de cartuchos, no deja de llamarnos la atención las manchas negras que se ven en paredes y techo. Estas son marcas muy parecidas a las que dejan los candiles de aceite cuando se dejaban colgados en las paredes de la mina, ejemplo de ello los tenemos en minas del Pinar de Bédar, en la que se pueden ver las manchas negras en las paredes, en una de las cuales encontramos un candil que las ocasionaba.

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Sin embargo, cuando nos acercamos observamos esto. Una marca clara de barreno clara (de arriba a abajo) rodeada de una mancha negra. Esto también lo habíamos visto antes, y también en El Pinar de Bédar. Se trata de restos de la explosión de un cartucho de pólvora, introducido en el agujero practicado con el barreno. Estos restos solo se encuentran en una de las galerías laterales, en el resto de labores no se encuentran. Puede que esta galería fuera más antigua que el resto, pues sabemos que esta mina fue explotada, al menos, en dos periodos diferentes, al menos en 1898, y no es descartable que en esa fecha todavía se utilizaran cartuchos de pólvora (mucho menos potentes pero puede que más baratos). La cuestión queda ahí planteada, se aceptan sugerencias e ideas.

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Claro está, las minas nunca están deshabitadas del todo. No solo nos encontramos con los a veces molestos “cascabeles”, aquí tenemos también un escarabajo “minero” y los habituales “morciguillos” bedarenses, habitantes habituales de estas minas.

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Finalmente salimos por el otro lado de la montaña, después de un agradable recorrido bajo tierra. Se trata de una salida discreta, pero no dejamos de estarle agradecidos porque nos ha ahorrado todo el camino de vuelta, dejándonos muy cerca de Los Pinos.

Minas de El Pinar: Dos Hermanas

Hoy vamos a hablar de otra de las minas de El Pinar de Bédar, una de las poco conocidas. Se trata de una de las minas propiedad de la sociedad del industrial Manuel Agustín Heredia, que comenzó a realizar registros en Bédar en 1849, mediante su representante Francisco Javier Méndez de Sotomayor, un teniente coronel retirado.

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Firma de Javier Méndez de Sotomayor, procedente de un documento de 1850

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Aunque inicialmente se afirmaba que la empresa de Heredia sería la que llegó tuvo mayor actividad extractiva en El Pinar en estos inicios de la minería moderna, hoy sabemos que no es así. Todo parece indicar que fue la empresa minera Filantropía, de la familia Orozco, la que acaparó las minas más ricas de El Pinar. Pero la historia fue más compleja de lo que parece, pues otras compañías se formaron alrededor de las primeras concesiones mineras, que empezaron a registrarse a partir de 1843, a causa de la crisis que comenzaba a afectar a la minería de la vecina Sierra de Almagrera. De esta primera época poco sabemos, salvo que parece que hubo una importante participación de mineros locales. Parte de la poca información de la que disponemos de esta primera época procede de los archivos de la familia Berruezo, la primera sociedad minera de la que tenemos noticias es la que explotaba las minas tituladas San Sebastián Triunfante, Consuelo y Observación, según se indica en un documento de mayo de 1843 (archivo familia Berruezo).

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En otro de los documentos se menciona la Sociedad Constancia (1949, archivo de la familia Berruezo), que incluía alguna de las minas más conocidas de El Pinar: Justicia, Suerte, Verdad, Amparo y Ley. En esta sociedad nos encontramos como socio a Francisco Javier Méndez de Sotomayor, por lo que sus actividades mineras no estaban solo ligadas a la empresa de Heredia.

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Plano de situación de la concesión de Dos Hermanas, junto a la de Reformada, en el paraje conocido como de los Cerrillos de San Antonio el Alto.

Sabemos que la Sociedad Heredia estuvo en actividad al menos desde 1849, en minas que tenía arrendadas a Juan Antonio Orozco Baño. En 1852 la Sociedad Heredia demarcaría las concesiones de Dos Hermanas y Heredia,  y con posterioridad adquiriría o arrendaría la de Suerte (desconocemos si la misma mina que la que era propiedad de la sociedad Constancia).

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Concesión de Dos Hermanas, fotografías realizadas en 2004, antes de la “gran destrucción”.

Todo parece indicar que las minas de esta sociedad no eran las más ricas de la zona, siendo Filantropía la que se había hecho con las propiedades más productivas. En concreto, en la mina Suerte se describe un tipo de yacimiento de galena que los mineros llamaban cacaruca, localismo que viene a significar “algo difícil de realizar”. De hecho, los mineros conocían esta concesión de Suerte como La Caracuca. Se referían sin duda a la presencia de pequeños cristales de galena diseminados, muy difíciles de separar de la roca y concentrar, pero que aún así fueron objeto de explotación.

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Antiguo candil tipo “Almadén” hayado en 2008 en una de las pequeñas minas, de nombre olvidado, que se pueden encontrar en Dos Hermanas. Tanto el tipo de candil, como los métodos de explotación utilizados en esta mina (barrenos de pólvora), eran los utilizados durante la segunda mitad del siglo XIX. De la misma manera, se extraía un mineral formado por pequeños cristales de galena que tapizan las rocas, que se corresponderían con el mineral conocido como “caracuca”.

Pero sin duda, el documento que indica que las minas de Filantropía contenían más y mejor mineral es el encontrado en el Archivo Municipal de Vera, del año 1850: Interdicto de Don Pedro Mª Orozco en nombre de la Empresa minera titulada Filantropía contra Dn. Francisco Javier Méndez de Sotomayor, representante en esta ciudad de Don Manuel Agustín Heredia de la de Málaga. En él se describe como a finales de 1850 la sociedad Filantropía plantea un interdicto contra la el representante de la sociedad Heredia, acusándolos de haber ordenado a sus mineros partidarios extraer mineral de sus minas No ganamos para sustos y Bien estar, habiendo transportado ciento noventa y siete arrobas de mineral de garbillo hacia su almacén.

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Concesión de Dos Hermanas, 2004. Galería y escombreras de diferente tamaño, lo que indica la utilización de un procedimiento de triturado y, posiblemente, de lavado.

Entonces la explotación minera era muy precaria y “a partido”. Los mineros buscaban el mineral donde podían, dentro de los límites de las concesiones de la sociedad para la que trabajaban, sin dirección facultativa alguna. El  mineral que extraían, que entonces era todavía obtenido por medio de garbillos (mineral menudo garbillado), era transportado hacia el almacén que cada compañía disponía en la Sierra de El Pinar (que en el caso de la sociedad de Heredia creemos que pudo estar en la concesión Heredia, en la Gamberra). Los mineros cobraban según la cantidad extraída, y dicho mineral se guardaba hasta el fin de la varada, momento en el que se transportaba a las fundiciones de la costa para su venta. No hay que decir que este sistema de explotación suponía un gran riesgo de accidente para los mineros, pues muchas veces se aventuraban por peligrosas galerías, sin supervisión alguna, en busca de algo más de mineral. La presencia de poco mineral en estas minas de Heredia explica el por qué de este curioso “robo” de mineral en las concesiones Bien estar y No ganamos para sustos, ubicados en el barranco de San Manuel, junto a la de Suerte.

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Antigua alpargata de esparto y tela olvidada dentro de una galería. Pudo pertenecer a un minero o a alguien que visitó la mina posteriormente.

En los años sesenta, Guillermo Huelin reunió un grupo de minas en el Pinar para abastecer las fundiciones de la costa. Incluía, como cedidas, las tres concesiones que entonces eran propiedad de Heredia (Suerte, Heredia y Dos Hermanas), luego reunidas en la Sociedad Minas de plomo de Pinar de Bédar (junto con minas de la sociedad Filantropía) para pasar a ser propiedad de la Compañía de Águilas.

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Escombreras de roca menuda, se observan también estructuras en mampostería seca en la concesión de Dos Hermanas (2004). Estos restos implican procesos de triturado y posiblemente también de lavado. Aunque los documentos de 1850 nos hablan solo de mineral “de garbillo”,  el lavado del mineral se instauró entre los procesos de extracción de mineral antes de la llegada de la Compañía de Águilas, inicialmente con sistemas muy sencillo de lavado con cribas. Posteriormente, y especialmente durante el periodo de los partidarios de la Compañía de Águilas, el lavado de mineral se convirtió en la única forma de extracción de mineral, dado lo menudo de las partículas de galena. El agua se convirtió en imprescindible para la explotación de estos yacimientos.

La concesión de Dos Hermanas fue demarcada en el paraje conocido como de los Cerrillos de San Antonio el Alto. Los restos mineros que se podían observar en esta zona, como se puede observar en las fotografías, se correspondían con lo que debió ser este tipo de explotación anárquica: pequeñas minas con numerosas bocaminas y pequeñas escombreras de mineral. No debió ser muy importante la actividad en esta zona durante la etapa de explotación con la Compañía de Águilas, no se vio afectada por los grandes trabajos de esta Compañía ni tampoco forma parte de las concesiones que sabemos fueron repartidas entre los partidarios que trabajaban para la Compañía de Águilas. Pero dada la intensa actividad extractiva en estas minas tampoco se puede descartar que se realizaran trabajos en épocas posteriores, entre los que incluimos lo que parece un intento de asegurar el suministro de agua hacia la concesión de Convenio, aunque no podemos asegurar en qué época se perforó esta galería.

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2010: Obras de conducción de agua por medio de una galería. Como era imprescindible contar con agua para las tareas de lavado, muchas zonas de la sierra no se explotaban debido a la falta de conducciones para hacer llegar de este elemento a las minas más alejadas de los pozos de agua, según se explica en documentos de época de la Compañía de Águilas. No descartamos que se trate de trabajos realizados por la Compañía de Águilas durante la primera época para instalar lavaderos en la concesión Convenio o que fueran posteriores para asegurar el suministro de agua para la explotación por parte de los partidarios de esta Compañía. La falta de documentación al respecto nos impide saber más, pero los restos indican claramente un sistema de transporte de agua hacia esta concesión.

Más tarde, en 2008, las excavadoras arrasaron con casi la mayor parte de los restos mineros que quedaban en esta concesión, por lo que lo que nos queda de esta mina son las diversas fotografías que acompañan este post, aunque la urbanización prevista quedó abortada por la crisis, generando el paisaje post apocalítico de calles con farolas sin casas que podemos observar hoy en día. Lo que es muy difícil de entender es como se permite que se construyan viviendas en zonas mineras como ésta, con  más de 70 años de intensa actividad, con multitud de galerías desconocidas que nunca fueron recogidas en planos.

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 2008: Las excavadoras acaban, en pocos meses, con más de 100 años de historia minera en El Pinar.

 

 

El Pinar de Bédar: un universo de minerales verdes

No recuerdo donde lo leí una vez, que El Pinar de Bédar es un “universo de minerales verdes”.  Nada más acertado, aunque también los hay azules, amarillos, blancos… y todas las variaciones imaginables de color entre ellos.

Existe una “especie” de coleccionista de minerales que se dedica a buscar y fotografiar los pequeños cristales gracias a potentes lupas y equipos fotográficos adecuados. Estas fotografías de minerales micro pueden llegar a ser realmente espectaculares, superando con mucho lo que los simples minerales “macro” nos ofrecen, que en El Pinar no es poco. Estos coleccionistas hablan de verdaderas maravillas en este universo “micro” de El Pinar, pero a veces es difícil poder acceder a estas fotografías, algunas de las cuales se pueden encontrar en ciertos foros especializados de Internet y artículos en papel. Yo mismo he llegado a realizar algunas fotografías (llamarlas “micro” sería muy exagerado) para poder mostrar estas pequeñas maravillas que no mucha gente conoce.

Pero esto a veces cambia, recientemente una usuaria de Facebook (cómo no) a tenido a bien publicar una serie de estas fotografías, obtenidas de minerales procedentes de la mina Reformada de El Pinar, una zona bien conocida por muchos coleccionistas. Previa autorización, publicamos estas fotografías realizadas y publicadas por Ine Thijs en Internet.

Prepárense para un paseo por el universo de minerales verdes de El Pinar de Bédar, mina Reformada (Ine Thijs):

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Mina San Marcos

Esta vez nos vamos a los inicios de la minería moderna en Bédar, en esa desconocida época que arranca en 1843, cuando se iniciaron los primeros trabajos mineros en el pago de Alcornia.

Entonces El Pinar no era más que un conjunto de grandes escombreras y minas antiguas, que en Bédar llamaban, simplemente, la “Mina Grande”, de la que contaban leyendas sobre su origen que no nos han llegado.

CONVENIO

Plano de demarcación de la mina Convenio, en el barranco de San Marcos (El Pinar, Bédar).

Fue cuando la minería en Almagrera empezó a perder fuelle cuando se empezó a trabajar de nuevo en las viejas minas de El Pinar. No han quedado muchos datos sobre este periodo, tampoco muchos restos, pues la intensa actividad posterior los borró, como hizo desparecer también los vestigios de la antigua explotación medieval.

Afortunadamente, hemos encontrado datos sobre una de estas primeras explotaciones mineras, y sorprendentemente, todavía pudimos examinar los restos de la misma, gracias a que se encontraban en uno de los rincones de más difícil acceso de la zona. Me refiero a la mina San Marcos.

LOMA MEDIO

En la fotografía, la loma del Medio del barranco de San Marcos, a la izquierda de la fotografía, y cubierta de pinos, se encuentra la Umbría del Medio (2005).

Estas primeras minas, monopolizadas por pequeñas sociedades mineras participadas por gente de la zona, funcionaban de una manera muy sencilla, equiparable a las primeras explotaciones de Almagrera. A partir de un acceso, pozo o trancada, se extraía el mineral y se trataba directamente en bocamina, ya fuera con garbillo incialmente (cribas manuales) o posteriormente utilizando sistemas de lavado, por medio de percusión en tinas o harneros suspendidos (cribas cartageneras). El mineral procesado se solía guardar en pequeños cortijos-almacén, donde eran almacenados hasta que, al final de cada varada, el mineral era llevado al punto de venta para ser subastado a los agentes de las fundiciones.

Por la disposición del mineral de plomo en Almagrera predominaron los pozos. En Bédar, al estar el mineral más superficial y diseminado, predominaron las pequeñas galerías, trancadas y socavones, pero también se utilizaron pozos en ocasiones.

DEPOSITO

Depósito de agua ubicado en la loma del Medio, cercano al cortijo-almacén y pozo de la mina San Marcos. Podría tratarse de un depósito para suministro de agua para los procesos de lavado del mineral (2005).

San Marcos se demarcó en el paraje conocido como la Umbría del Medio, el 25 de abril de 1844. Se trata, pues, de una de las primeras minas. No podemos dudar de la importancia de esta mina, como ocurrió con otras minas muy conocidas de la zona (Unión de Tres Amigos o Silencio), la mina acabó dando nombre al barranco entero, y hoy todavía se conoce este barranco como de San Marcos.
Entre los restos de esta mina distinguimos un cortijo-almacén y un pozo principal, que disponde una protección en mampostería no muy alto. Probablemente, se accedería a las labores por el pozo mediante la utilización de un torno manual, como era habitual en las minas de Almagrera y de El Pinar. El mineral se trataría cerca del pozo, mediante triturado y garbillado. Hay que decir que el garbillo, dadas las características de la roca madre de cada lugar, debió ser mucho más efectivo en las minas de El Pinar que no en las de Almagrera. Sorprende, no muy lejos del cortijo, la presencia de un pequeño depósito de agua con restos de canalizaciones que, sin duda, están relacionadas con labores de lavado del mineral.

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Interior del depósito de la loma del Medio (2005).

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Pero ¿de donde traían el agua? Está muy documentada la ausencia de fuentes de agua en esta sierra, y en no pocas minas de El Pinar el agua para el tratamiento de mineral se tenía que llevar a lomos de mulas. No fue hasta que la Compañía de Águilas perforó el “pozo Bomba” en la década de 1870, que no se dispuso de agua suficiente, y aun así había muchos lugares a donde no llegaba porque no existían canalizaciones. Sin embargo, antes de la llegada de la Compañía de Águilas tenemos indicios más que suficientes para creer que se construyeron pozos y sistemas de abastecimiento de agua, como por ejemplo la red de acequias y canales de suministro de la fundición Carmen de Bédar o la galería de 150 metros que, desde la zona de San Atonio el Alto, atraviesa la sierra para conectar con el barranco de San Marcos.

TUNEL

Túnel de 150 metros que conecta con el barranco de San Marcos desde la zona de San Antonio el Alto. Se observa a la derecha los soportes de la tubería que atravesaba este túnel.

Este túnel conserva los restos de las estructuras de soporte y mampostería de una tubería que, supuestamente, abastecería de agua a las minas del barranco de San Marcos desde un antiguo pozo, ya desaparecido. No hay dudas sobre su utilización, aunque no podemos asegurar que abasteciera precisamente a la mina San Marcos,aunque el hecho de que la galería se encuentre a la altura del barranco donde está el almacén y la presencia del pequeño depósito de agua antes descrito, no hacen descabellado pensar que se trató de un esfuerzo en optimizar el lavado de mineral asegurando el suministro, más o menos continuo y económico, del agua necesaria.

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Lo que sí que podemos dar por sentado es la antiguedad de esta mina y estos restos. A partir de 1949, sociedades mineras más poderosas, como la sociedad Filantropía de los Orozco, se hizo con la propiedad de todas estas minas. En concreto, en el barranco de San Marcos, demarcaron sus minas allí, aunque siguieron trabajándose de la misma forma precaria que antes. En 1870, se utilizó este cortijo como punto de partida de la concesión minera de Filantropía de nombre “Convenio”. Para entonces ya se informaba de que este cortijo estaba abandonado.

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Pozo de la mina de San Marcos con su murete de protección (2005).

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Interior del pozo de la mina de San Marcos (2005).

Desgraciadamente, en el año de la “gran destrucción” de 2008, las excavadoras que cambiaron la fisonomía de este paraje llegaron a los restos de este cortijo, de una mina de 1844, borraron (literalemente) el pozo de la mina y echaron abajo casi todos los muros que quedaban del almacén. No voy a denunciar de nuevo este hecho, cosa que ya he hecho en innumerables ocasiones anteriores, pero está muy feo destrozar cosas que no sabes ni lo que son y sobre todo sin ningún sentido, porque no había planeado construir nada en el barranco de San Marcos. ¿Por qué entonces molestarse en hacer un camino hacia ninguna parte y destrozar estos restos?