Extraña moneda del “castillico de los moros” de Bédar.

Parecía que el “castillo de los moros” de Bédar no podía darnos más sorpresas, pero recientemente hemos localizado un objeto procedente de este castillo de lo más extraño. Supongo que algunos de los que lean esto recordarán como, de niños, subían al castillos a la busca de “tesoros”. Las historia de un tesoro en el castillo (supongo que como en todos los sitios donde hay castillos antiguos) era reclamo más que suficiente para subir al castillo para hacer algún agujero.

Claro está que el botín no pasaba de algún trozo de cerámica. Pero tras la pérdida de los caminos de ascenso al castillo, la subida se ha convertido en algo tan penoso que raramente alguien sube por allí.

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Nunca se han realizado ninguna excavación, al menos que tengamos noticia, y la única descripción más o menos profesional proviene del arquitecto técnico de la Universidad de Granada, Mariano Marín García. El castillo presenta un aljibe rectangular con unas dimensiones aproximadas de 3,5 x 2 m. La parte de la meseta situada al norte-noroeste está llena de abundantes restos de muros de mampostería en hiladas, pero es en la parte sur-suroeste donde se encuentran observar todavía algunos muros que se mantienen en pie, así como también algún fragmento de muro en la entrada por el este, los restos de las torres que que defendían el acceso.

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El castillo despertó de nuevo cierto interés tras el descubrimiento “oficial” de la curiosas decoraciones existentes en la Balsa Alta, que se encuentra en el barranco al pie de la edificación. Aunque presuponíqmos aue dicha edificación militar era de época nazarita, tal y como ocurre con el castillo de la vecina Serena, las conclusiones de los arqueólogos que estudiaron los restos (María del Rosario Torres Fernández y Mª del Mar Nicolás Martínez) apuntan hacia un pabellón de caza o de recreo, de entre los siglos X o XI, asociado a esta fortaleza. En cierta manera, esto venía ya a indicarnos que nuestro castillo podría ser anterior a la época del reino de Granada.

Entre los restos que sabemos que proceden de esta fortaleza nos encontramos con diferentes fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso, muy típica de época nazarí.

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A parte de otros objetos, como fragmentos de plomo, una punta de flecha y un fragmento de herradura, destacan unas pequeñas pinzas con dientes, que se utilizaban para pequeñas intervenciones en la piel, así como para la extracción de cuerpos extraños, etc. Una curiosa muestra de “instrumental médico” que, con permiso de los arqueólogos que son lo que de verdad entienden de esto, podría atribuirse también a la mencionada época nazarí… pero ya se trata de un objeto muy inusual.

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Hasta ahora no teníamos conocimiento de ningún hallazgo numismático en este castillo, lo que podría dar más pistas sobre su origen. Sin embargo, hace unas semanas nos han comunicado el hallazgo de una pieza numismática procedente de este lugar.

Aunque, según nos cuentan, el hallazgo fue hace mucho tiempo, nos aseguran que procede del castillo, concretamente de su parte superior. No  le dieron más importancia a este curioso objeto hasta que decidieron comunicarnos el hallazgo. Como en otras ocasiones, esperábamos encontrarnos con el típico felus o dirhem de época nazarí, pero la primera fotografía que recibimos nos dejó estupefactos:

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Se trataba de una pequeña pieza de cospel rectangular, en el que se apreciaban varios trazos muy débiles, sobre los que destacaba claramente un resello bien marcado que había dejado una fisura en parte superior y un doblez a lo largo de toda la moneda… el resello parecía una letra del alfabeto árabe. En el siguiente dibujo destacamos los diferentes trazos de la pieza original en verde y del resello en naranja:

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Consciente de lo inusual (raro no, rarísimo) de los resellos árabes, solicitamos ver la pieza directamente.

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Se trata de una pequeña pieza de cobre de cospel rectangular de 20×22 mm y 1,2 grs de peso. Se trataría, pues, de un felus. En el anverso se aprecia claramente un resello con una letra árabe, que ha fisurado y doblado la moneda y cuya impresión se aprecia claramente en el reverso (marcado en naranja en la segunda imagen). Los trazos de la moneda original parecen mostrar un busto de frente (los trazos son muy débiles, pero se aprecian los puntos de una armadura, lo que puede ser un escudo a la derecha en su parte inferior, una imagen circular en la parte derecha superior y, puede, una figura esférica a su izquierda. El resello estaría justo en lo que vendría a ser el rostro del busto, como si hubieran querido hacerlo desaparecer a propósito. El reverso está muy deteriorado y no se aprecia casi nada, aunque se observa claramente la impresión dejada por el resello, que deforma la moneda hasta el punto de fisurarla. En el siguiente dibujo hemos representado los trazos que aparecen:

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Los trazos de la moneda original se habrían visto bastante afectados al recalentar el cospel para acuñar el siguiente resello:   rese.  Podría tratarse del final  de la palabra Allah ( الله  ), una  y una h; o quizás de la palabra LAHU, que significa EL, refiriéndose a Dios.

Será a partir del 720 d. C. con la reforma de Al-Malik que se impone el clásico patrón musulmán con las típicas leyendas unitarias y mencionando al profeta. Aunque antes de esta fecha y ante la falta de moneda propia los nuevos pobladores musulmanes utilizaron la moneda que existía previamente, los resellos de este tipo son rarísimos. No hemos podido identificar la moneda base, además del desgaste natural la moneda tuvo que ser recalentada para aplicarle el resello, lo que hizo más difícil apreciar los trazos de la moneda origina. Podríamos encontrarnos ante una moneda anterior, visigoda o bizantina.
En todo caso hemos de tener en cuenta el lugar del hallazgo, del cual no podemos dudar (un castillo de época musulmana derribado tras la conquista cristiana de Vera). También es imoprtante la extraña tipología que muestra (un resello de tipo árabe aplicado, parece que intencionadamente, sobre el rostro representado en una moneda que no hemos podido identificar con seguridad). Todas estas inusuales características nos llevan a pensar en un felus resellado de la primera época de la dominación musulmana, siglo VIII. De confirmarse estas suposiciones, y ahí están las pruebas, podría tratarse de uno de los restos más antiguos encontrados en Bédar… y ya pueden ustedes suponer lo que ello puede suponer para para la historia de este castillo.

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