Minas de Bédar: Mis Hijos, San Francisco y Amarillo Oro, minas de serpentina y mármol

Cuando se habla de minería en la sierra de Bédar, se cree generalmente que Hierros de Garrucha fue la última iniciativa minera antes del cese de toda actividad. Sin embargo no es así, todavía en 1973 se explotaban unas canteras, pero no eran de mineral de hierro, eran de serpentina. Esta parte de la historia es bastante más desconocida, pero hoy vamos a intentar arrojar un poco más de luz sobre la explotación de serpentina verde en Bédar.

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Concesiones de serpentina y mármol entre Lubrín y Los Gallardos. 1973.

Para comenzar, las historias que corren por Bédar nos hablan de una compañía que explotó “mármol verde” en el barranco de los Chorreadores. En ese paraje se podían encontrar unos cuantos buenos bancales, propiedad algunos de ellos de Juan Bolea, que es de quien pude obtener más información. La compañía llegó a un acuerdo económico con éste y otros propietarios de bancales en el barranco de los Chorreadores para la explotación de la piedra verde que allí se puede encontrar. Los trabajos se iniciaron, haciendo desaparecer en poco tiempo varios bancales. La piedra que se extraía se la llevaban en camiones, y para el trabajo en la cantera no se disponía de mucha maquinaria, salvo un winche que había pertenecido a Hierros de Garrucha. Cuentan que el encargado de los trabajos se hospedaba en Bédar, en una habitación alquilada. Según cuentan, un buen día se pararon los trabajos, y cuando quisieron darse cuenta, el encargado desapareció también, dejando en la habitación alquilada (dicen que a Pedro Cano), un montón de piedras. Del acuerdo que se llegó con los propietarios de terrenos, al menos en lo que respecta a Juan Bolea, éste no llegó a ver ni una peseta. Eso sí, el barranco de los Chorreadores quedó destrozado a la altura de la cantera, que quedó como no deben acabar nunca este tipo de trabajos: sin tapar. Tras varias de las lluvias torrenciales que, periódicamente, azotan el levante almeriense, los escombros de piedra verde corrieron barranco abajo, colmatando hasta casi hacerla desaparer, la tolva minera del barranco de la Cueva Oscura.

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Plano con los principales yacimientos de serpentinas en la Sierra de Bédar. 1973 Destacan los yacimientos cercanos a Bédar y entre la Torrecica y el Albarico.

Esto es lo que la tradición oral a la que he podido tener acceso nos cuenta. La verdad es que los restos de la cantera y el destrozo que supuso en el barranco de los chorreadores es visible hoy en día, con enormes capas de escombros de serpentina junto a un corte vertical, lo que hace bastante creíble estos testimonios. Afortunadamente, hemos podido  localizar documentación sobre la empresa que realizó estos trabajos, junto a algo de documentación.

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La empresa se llamaba IMPOSSA (Industrial Poliminera de Serpentinas, S.A.), y estaba domiciliada en Tíjola. La cantera de serpentina que se explotó en el barranco de los Chorreadores se llamaba “Mis hijos“, pero no fue la única, otra cantera de serpentina fue explotada también cerca de la cortijada abandonada de la Torrecica, cerca de Los Pinos, su nombre: “San Francisco“. Además, esta empresa explotaba otra concesión de  mármol de color caramelo, de nombre “Amarillo Oro“, cuyo lugar exacto desconocemos, pero que seguramente tiene relación con la dolomía de color caramelo de El Pinar de Bédar.

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Bloque de serpentina verde “manzana” en la concesión de “Mis Hijos”, en el barranco de los Chorreadores.

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Afloramiento de serpentinas verdosas a lal altura del barranco de los Chorreadores. El Malecom y la mina Mulata se observan al fondo.

Un informe de J.C. Jacquin de febrero de 1973 nos da más información sobre esta empresa. IMPOSSA se constituyó en Tíjola en 1966, compuesta por 5 accionistas principales. El accionista mayoritario vendió sus acciones a sus nietos.  En 1973 el accionista mayoritario era José Oliver Corsera, presidente del Consejo de Administración. En el momento de la constitución de la sociedad, el capital era de 1.050.000 pesetas. IMPOSSA adquirió posteriormente la empresa CODOMA, una pequeña sociedad que disponía de material de calidad, parece que la compra de esta sociedad fue para evitar la competencia que ésta les podría ocasionar.

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Corte de la cantera de serpentina en la concesión “Mis Hijos” de Bédar.

Esta empresa disponía de una concesión de dolomía en Tíjola (“Nacarina“), otra de mármol en Macael (“Plan 72″, otra de serpentina en Bayarque (“Recuperada“) y dos concesiones en Bédar, una de serpentina (“San Francisco“) de 540 pertenencias y otra de mármol (“Amarillo Oro“, de 1 Ha 90 a). CODOMA disponía de una concesión de serpentina en Lubrín (“La Milagrosa“), que estaba en funcionamiento en 1973 y que producía 70 toneladas por día, de manera casi continua.

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Tal y como afirman los testigos, la empresa abandonó los trabajos sin realizar los trabajos habituales de clausura que se han de realizar en estos casos, para restaurar el paisaje y evitar perjuicios a los propietarios. Dejaron gran cantidad de escombros a la altura del barranco de los Chorreadores, arrastrados en gran parte por las riadas que de tiempo en tiempo azotan esta zona. Las fotografías muestran el gran volumen de escombros que todavía quedan en la zona.

IMPOSSA disponía de otras concesiones que eran propiedad de los accionarios de la sociedad y que arrendadas a la empr3esa. Propiedad de José Oliver eran las concesiones “Mis Hijos” (serpentina, Bédar) y “José Manuel” (serpentina, Bayarque), además de otra concesión en Lubrín (“Nuestra Señora del Socorro“). Antonio Molina, otro de los accionistas, tenía arrendada la concesión de serpentina “Dos Amigos“, en Albanchez.

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Parte de lal escasa documentación que disponemos sobre esta empresa. Se trata de un requerimiento para la ocupación temporal de terrenos de 1969  y una carta dirigidas a Juan Jódar Cánovas para negociar el arrendamiento de parte de unos bancales colindantes a las labores, de un año antes, al que no dio respuesta. En este caso, el propietario no tenía ningún interés en arrendar dichos terrenos (sabia decisión visto lo ocurrido después), que de otra forma podrían haber sido expropiados. Sin embargo, el asunto no llegó a más porque la empresa cesó antes los trabajos.

En total, la empresa disponía de 780 pertenencias de serpentina y dos hectáreas y media de mármol.  En 1973 estaban en producción la cantera  de La Milagrosa (CODOMA) que proporcionaba 1000 toneladas mensuales de serpentina triturada para la fabricación de aglomerados. Las canteras “San Francisco”, “José Manuel”, “Nuestra Señora del Socorro” y “Dos Amigos” proporcionaban de 2.000 a 2.500 toneladas de serpentina triturada, así como bloques de 40 cm para la fabricación de placas. Se trataba de una serpentina de color verde, más o menos oscura, que era transportado a Tíjola para su trituración. La tonelada de serpentina triturada de primera calidad se vendía a 700 pesetas la tonelada.

La cantera de mármol “Amarillo Oro“, de Bédar, proporcionaba un material con un tono entre beige y caramelo oscuro, destinado a la fabricación de aglomerados. La cantera “Plan 72″ de Macael proporcionaba un mármol entre beige y rosa, estando a la espera de poder explotar mármol blanco.

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Además de la fábrica en Tíjola, la empresa disponía de un “almacén-regulador” en Zurgena.  En asociación con LLOBREFGAT-FAYOS, IMPOSSA disponía también de un almacén en Felanitx-Porto Colom (Mallorca). Esta empresa suministraba de serpentina verde a Cataluña, Baleares , Valencia, Almería, Madrid, La Mancha y Sevilla. De esta manera monopolizaba un 60% del mercado nacional de triturados de serpentina.

Concretamente, la concesión de “Mis Hijos” producía una serpentina color verde manzana medianamente compacta. La de “San Francisco” producía una serpentina verde oscura, muy compacta y de primera clase, que permitía extraer bloques.

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Fotografías de la cantera San Francisco, cerca de la cortijada abandonada de La Torrecica. Se observa el crote de la cantera y el carril por la que accedían los camiones. Se trataba de una serpentina verde oscura de buena calidad, de la que se obtenía tanto serpentina para triturar como serpentina en bloques.

Con el cierre de estas canteras, cuya fecha exacta desconocemos, acaba oficialmente la actividad minera. Posteriormente se realizaron trabajos de para la extracción de muestras y sondeos para valorar las posibilidades de algunas de las minas, pero no volvería a reactivarse ninguna explotación. Al menos hasta hoy.

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