Minas menores de Bédar: la mina Cuaresma

Seguimos con los trabajos de catalogación del patrimonio minero de Bédar, en concreto con la difícil identificación de lo que hemos dado en llamar “minas menores”.

En muchas de las miles de concesiones mineras que se registraron en el término de Bédar no pasaron de ser meros planos y sus correspondientes sociedades, simple “minería de papel”. La especulación, en especial tras la instalación del ferrocarril de Chávarri, solo dio frutos en algunas contadas ocasiones, fuera de las minas más ricas.

La mina Cuaresma podría haber sido otra de otras tantas concesiones mineras de mineral de hierro sin más de interés. La concesión minera, que ostenta el número 14.281, se representó en algunos planos que se conservan y la documentación parece indicar como interesado a Manuel Caravaca Alarcón, un vecino de Garrucha conocido por su actividad registradora en la provincia (lo que se puede traducir por “especuladora”) y que en Bédar se encuentra especialmente relacionado como propietario de una de las minas importantes, la mina Alerta. También aparece relacionado, no sabemos si como un propietario más o fruto de algún arrendamiento, el vecino de Bédar Rafael Jordá Pérez, del que se poseen menos datos, con cierta actividad registradora también en la provincia.

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La concesión minera no hubiera tenido mayor interés, a pesar de haber sido mencionada por el ingeniero de minas S. Czyszkowski en 1897, colindante de la concesión Segunda Mulata, aunque reconociendo su poca importancia, con solo algunas trazas de mineral.

El reconocimiento de la mina, que se encuentra cercana a las ruinas del Cortijo Alambre de Bédar, muestra sin embargo cierta actividad minera, pero de escasa entidad, sobre unos pequeños crestones de mineral que parece que se abandonó por no continuarse en profundidad. Algunos muros de mampostería seca, unas pequeñas escombreras y un pozo de unos 3 metros de profundidad son los restos más notables. A pesar de su escasa entidad, la presencia de trabajos permite que esta concesión minera adquiera el estatus de mina y se incorpore al catálogo de las de Bédar.

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Los crestones de mineral de hierro de la mina Cuaresma son la continuación de otros que se encuentran en el límite de las concesiones Mozambique y Segunda Mulata, las concesiones colindantes y que se observan al otro lado de la carretera de Bédar a Serena.

 

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Crestones de mineral de la mina Cuaresma con Bédar al fondo.

 

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Pequeños muros de mampostería seca y escombreras de la mina.

 

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Pequeño pozo sobre la zona mineralizada que deja al descubierto una pequeña masa de mineral.

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Bédar: El ramal de la mina Mulata y la Cueva Oscura

Antes de empezar el tema de hoy, nuestra más sincera felicitación para el grupo de bordado que ha llevado a cabo el manto de la virgen, bajo la dirección de Juan Luis González Gallardo, cuya labor fue reconocida el pasado día de Andalucía.

 

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Entrega del reconocimiento el 28 de febrero de 2019

 

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Presentación del manto en una exposición en Olula del río y nuevo proyecto previsto para la Virgen de los Dolores. En la fotografía, el alcalde de Olula del río, Antonio Martinez junto a un concejal del ayuntamiento.

 

Siguiendo con con el tema que nos ocupa, en el anterior post comentábamos el proyecto de la vía verde Garrucha-Bédar de la que se oye hablar desde hace tiempo. En interés que Los Gallardos y Bédar podrían tener en este proyecto es más que evidente, pues facilitaría enormemente el flujo de visitantes desde las playas. El problema es, como casi siempre, saber aprovechar de estas oportunidades.

En Bédar, la ruta verde acaba oficialmente en la antigua estación de Tres Amigos, punto de partida de la ruta de las minas de este municipio, que aprovecha el antiguo ramal minero que provenía de la mina Santa Catalina, junto a la pedanía de Serena. Sin embargo, la segunda vía, la de la mina Mulata, ha prácticamente desaparecido bajo nuevas construcciones y campos de cultivo.

 

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La Cueva Oscura en 2004. Gran parte de la entrada se encuentra cubierta con escombros que han sido arrastrados por el barranco.

 

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Aspecto de la mina en 1898. Dado que la locomotora no podía subir por el plano inclinado, desde la bocamina hasta el plano inclinado los vagones del tren tuvieron que ser conducidos por medio de caballerizas.

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Imagen actual de la Cueva Oscura de Bédar, punto de partida del ramal de la vía Mulata. Actualmente está en gran parte cubierta por el material arrastrado por el barranco, pero en su momento la mina disponía de dos galerías de transporte.

 

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Galería de transporte de la mina Mulata, Cueva Oscura.

 

El abandono de este antiguo ramal de la mina Mulata es un problema para el pueblo de Bédar, pues se trataría de la vía de acceso perfecto hacia la mina Mulata y hacia el mismo pueblo y su zona comercial. En efecto, el antiguo trazado del ramal de la mina Mulata se ve interrumpido en numerosos tramos por parte de edificios y campos de cultivos. El puente que cruzaba la antigua carretera a los Gallardos está prácticamente destruido e impracticable, mientras que el otro puente que se ubicaba a la altura del paraje de la Palmera todavía presenta los estribos, lo que permitiría el emplazar un nuevo tablero. La rehabilitación de esta vía, con las modificaciones necesarias, sería uno de los puntos importantes a tratar para poder reconducir el flujo de visitantes hacia el pueblo.

La propia mina, la Mulata, ha sido objetivo de estudio de cara a su explotación turística, estudio que ya está en manos del ayuntamiento. Esta mina, origen del otro gran ramal minero del ferrocarril junto al de la mina Santa Catalina, parte desde el punto conocido como Cueva Oscura, antiguo punto de partida del ramal. Un plano inclinado se encargaba de hacer descender los vagones cargados del ferrocarril hacia un punto ubicado a un nivel inferior en el barranco de Bédar, en el punto conocido como la Palmera, desde donde la pequeña locomotora 020T “Mulata” podía conducirlos hacia la gran Tolva en embudo de Tres Amigos.

 

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Tramo conservado del ramal de la mina Mulata.

 

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Sólidos estribos del puente de la Palmera.

 

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Vista de Bédar y la mina Mulata desde la Palmera. Frente a la fotografía, el desnivel que salvaba el plano inclinado.

El ferrocarril Bédar-Garrucha: luz al final del túnel

En diversas ocasiones hemos comentado la falta de fotografías del ferrocarril de Bédar y, en general, la casi ausencia de fotografías de las labores mineras que la Sociedad Chávarri, Lecoq y Compañía desarrolló en Bédar entre 1896 y 1926.

 

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Una de las locomotoras con un convoy de mineral saliendo del cargadero de Tres Amigos. Se trata de un dibujo pero está inspirado en el aspecto real que tenían estas locomotoras y vagones de mineral.

 

No disponemos hasta el momento de ninguna fotografía de época que nos muestre los trabajos de minas tan importantes como son la mina Mulata, la Higuera o Santa Catalina, tampoco del ferrocarril cuando estaba en funcionamiento, salvo una solitaria fotografía realizada en Garrucha en la que se observan algunos vagones del ferrocarril.

Y desde luego, fotografías tuvo que haber. Los esfuerzos para localizarlas hasta ahora han sido infructuosos, aún tras el contacto con uno de los familiares del ingeniero jefe de la compañía de Chávarri, Andrés López de La Presa.

 

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Una de las 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha durante las obras de construcción del puerto de Garrucha, donde fue rebautizada como “Fortuna”.

 

Pero es sobre todo con el asunto del ferrocarril donde más se nota la ausencia. La importante comunidad de aficionados al ferrocarril no comprenden la existencia de este inexplicable “agujero negro”, pues hay diferentes fotografías de las locomotoras una vez cerrada la línea férrea. De hecho, salvo las dos pequeñas locomotoras que realizaban el servicio en los ramales de las minas Santa Catalina y Mulata, hemos podido seguir gran parte de la carrera de las tres grandes locomotoras cuando salieron de Bédar.

Las tres locomotoras que prestaron servicio en el trayecto Bédar-Garrucha eran las únicas de la serie 7AC de 1895, donde las siglas AC hacen referencia a locomotoras de 3 ejes acoplados para vía métrica. Los modelos más parecidos del fabricante, la belga Saint Léonard, fueron unas locomotoras que se enviaron al “CF du Congo”, el ferrocarril del Congo.

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Publicidad de la Sociedad Anónima de Saint-Léonard, fabricante de locomotoras entre 1817 y 1843

 

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Placa de matrícula que portaban la mayor parte de las locomotoras fabricadas por la sociedad St. Léonard. Las locomotoras de Bédar llevaban los números 993, 994 y 995, de 1985.

 

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Pero esta ausencia de fotografías puede cambiar en poco tiempo si las siglas que aquí presentamos significan lo que sospechamos:  CLCª… sí, Chávarri, Lecoq y Cª.  Además del ferrocarril, es posible que pronto nos encontremos también con material gráfico de minas muy conocidas por todos los bedarenses. Seguiremos informando.

 

Bédar: mina La Fe

Estamos en el punto culminante de las fiestas de agosto en Bédar, en plena fiesta de Los Moriscos, que ya debe ir por la décima edición. No publicamos fotografías de esta fiesta ya que hay muchas, junto a videos, que circulan por las redes sociales.

Sí que recordamos que este domingo 5, a las 22:00, se realiza la función teatral en la plaza del ayuntamiento, “El Club de las Solteras”, que promete ser muy divertido. Intentaremos conseguir alguna grabación para los que no puedan ir a verlo, pero por el momento no hemos encontrado a nadie que nos quiera “prestar” tal servicio, son de esas cosas típicas que pasan en Bédar.

Sí que nos ha llamado la atención un “spot” de un video promocionado por el Ayuntamiento de Bédar, con el nombre de “Regreso” por parte de ActúaCórdoba, que pueden ver a continuación:

 

Este video es la confirmación de que, con el tiempo, el municipio se ha ido concienciando en el potencial turístico de su pasado minero…”las posteriores generaciones no han ocultado tu pasado”.

Y ciertamente el pasado, aunque no ocultado, sí que ha estado bastante olvidado. Durante estos últimos 14 años hemos realizado avances importantes, aunque todavía falta trabajo por realizar. Aún todavía quedan aspectos de la historia minera de Bédar totalmente olvidadas, como es el caso que nos ocupa, la mina de La Fe.

 

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Plano que indica la posición de la concesión minera de La Fe con respecto a Bédar. Su posición entre minas que fueron explotadas intensamente como Unión de Tres Amigos o El Negrito, hacía prever la presencia de mineral.

 

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Indicios de óxidos de hierro en las paredes de roca del barranco.

 

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Vista de Bédar desde la mina Unión de Tres Amigos.

 

Esta concesión minera se demarcó en el paraje de la Loma de las Yeseras, en febrero de 1884, y se encontraba junto a la importante concesión de Unión de Tres Amigos, con la que compartía linde.

No era propiedad de ninguna de las grandes compañías mineras que explotaron las minas de Bédar. La mina pertenecía a Francisco Ruiz Carrillo, un contratista local de Bédar, uno de los diversos mineros locales que aprovechaban la presencia del ferrocarril y el cable aéreo para explotar minas que, de otra forma, no hubieran sido rentables.

En este tipo de minería, de la cual conocemos varios ejemplos en Bédar, dependía financieramente de las grandes compañías, que o bien ponían a disposición el material necesario, o avanzaba dinero a cuenta del mineral que posteriormente extraían. Para las grandes Compañías era un negocio rentable, pues se ahorraban el tener que utilizar sus propios jornaleros, y solo pagaban por el mineral extraído, evitando así todo riesgo.

 

 

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Terrenos que ocupaba la antigua concesión minera de la Fe. Las zonas con restos de explotaciones se encuentran a muy poca distancia del antiguo camino de Bédar a Vera, que seguía la dirección del carril que se dirige hacia la derecha en la fotografía.

 

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Vista de El Curato y al fondo Mojácar y Turre desde terrenos de la concesión.

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Labores mineras junto al barranco.

 

Sin embargo, la explotación de esta mina no parece que fuera muy exitosa. en 1897 el ferrocarril de los Chávarri se puso en marcha, cantidades importantes de mineral de hierro eran extraídas de la mina Unión de Tres Amigos. Fue entonces cuando Francisco Carrillo quiso reclamar como suya parte de esta mina de Unión de Tres Amigos, justificándose en el hecho de que ésta estaba mal demarcada. Pero poco pudo hacer Francisco Ruiz contra la todopoderosa sociedad minera vizcaína.

Podría creerse que su posición justo al lado de una mina rica daba esperanzas de poder encontrar grandes cantidades de mineral. Sabemos que Francisco Ruiz firmó un contrato con la Compañía de Águilas por la que recibió 1000 pesetas a cuenta de minerales, pero llegado el mes de julio de 1897, todavía no habían podido dar con cantidades explotable. Si había hierro, sin duda estaba a gran profundidad, y solo con la ayuda de la sociedad Chávarri, que ya había avanzado bastante en Unión de Tres Amigos, podía tener alguna posibilidad de llegar a él.

Esta es  toda la información que hemos podido recuperar con respecto a esta mina, lo que no está nada mal si tenemos en cuenta la poca documentación que se ha conservado. Faltaba la obligada investigación de campo, tanto para confirmar esta historia como para poder hacerse una idea de si finalmente la explotación de Francisco Ruiz pudo pasar de un mero intento.

 

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Pequeña explotación a cielo abierto en el punto 1. Se trata de la explotación de un pequeño afloramiento de óxidos de hierro que no tuvo continuidad a tenor de lo observado.

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Galería número 3 efectuada sobre unos indicios de mineralización en la ladera del barranco.

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Frente de la galería número 3 en estéril, tras un recorrido de unos 6-7 metros.

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Galería número 2, también sobre indicios de mineralización, con los mismos resultados que la galería número 3.

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Frente de la galería número 2.

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Cantera en el punto número 4.

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Marcas de martillo neumático en la cantera del punto número 4.

 

La localización de la mina fue fácil dado a su posición a la importante y bien conocida Unión de Tres Amigos. La exploración del terreno no nos decepcionó, con la localización de dos pequeñas labores a cielo abierto, dos galerías de exploración de pocos metros de desarrollo y algo que no habíamos encontrado antes, los vestigios de un antiguo sondeo.

En el plano indicamos la posición de estos restos mineros. Con los números 1 y 4 identificamos las pequeñas explotaciones a cielo abierto, realizadas en dos zonas con indicios de mineralización de hierro en superficie, pero que tal y como parece resultaron de muy poca importancia. El número 4, en particular, se encuentra en la parte superior de un cerro.

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Agujero de perforación de la sonda ante la galería número 2, que dejaron sin tapar. Alguien se ha preocupado en protegerla con un ladrillo decorativo de cemento para evitar que pequeños animales caigan dentro.

 

Con los números 2 y 3 se indican las dos pequeñas galerías. Justo delante de la galería número 2 es donde encontramos una perforación vertical en una pequeña plataforma junto al barranco, con un diámetro de unos 30-40 centímetros y con una profundidad que no hemos podido calcular, pero que debe superar los 20 metros.

Los restos, una vez más, confirman los datos documentales. Al parecer, tras realizar los trabajos sobre los crestones de mineral en superficie, pronto vieron que no tenían continuidad. Las dos galerías de exploración también dieron con una capa estéril. Ante estos decepcionantes resultados, solo quedaba ver si realmente había mineral en profundidad, de ahí a que realizaran el sondeo, que no debió ser para nada satisfactorio. Por la cantidad de mineral de hierro que se pudo haber extraído de las dos pequeñas canteras que se observan, difícilmente se pudo haber compensando ni siquiera la cantidad de dinero adelantada por la Compañía de Águilas.

 

La mina Mulata de Bédar: fin de los trabajos de cartografía

Finalizados ya los trabajos en la mina Mulata, los dos geólogos franceses preparan ya el informe definitivo que será entregado al ayuntamiento de Bédar en el plazo de unas semanas.

 

Son varios proyectos de uso turístico los que se propondrán para esta mina, que presenta galerías irregulares e inmensas salas, cuya estabilidad aseguran diversos pilares. La particularidad de esta mina es que se encuentra muy cerca del núcleo de población de Bédar, por lo que facilita cualquier tipo de actividad que en ella se quiera realizar, ya sean espectáculos en sus enormes salas o bien en las enormes rozas a cielo abierto, especialmente en la conocida como roza del Indio.

 

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La mina fue explotada entre 1896 y 1927, aproximadamente. Gracias al esquema superior podemos hacernos una idea de la disposición de la mina con respecto a Bédar. Ésta ocupa el cerro en el que se encarama Bédar y que antaño estaba coronada por la antigua ermita de la Virgen de la Cabeza, que tuvo que ser derribada con el avance de las labores mineras. Las labores se realizaron en superficie por medio de dos grandes rozas o canteras, pero también se iniciaron trabajos subterráneos en una explotación en huecos y pilares.

 

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Bédar a finales del siglo XIX antes de que las labores en el cerro obligaran a derribar la ermita de la Virgen de la Cabeza, que se observa en el ángulo superior izquierdo de la fotografía.

 

Como el pueblo de Bédar bloqueaba una de las posibles salidas del mineral, para dar salida al mineral se excavó una galería a una cota inferior que conectaba los barrancos a ambos lados del túnel (representado en el esquema con un segmento del mismo), este es el túnel de transporte. A su paso por debajo de la roza del Indio, un pozo permitía su conexión.

 

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Galería inferior de transporte, medio inundada a día de hoy.

 

La roza más grande es conocida como “roza del Indio” y es fácilmente accesible por medio de un pequeño camino, permitiendo un acceso al complejo subterráneo, aunque para ello debería adecuarse, pue el paso es muy complicado.

Uno de las últimas visitas realizadas a la mina durante los trabajos ha sido la de los dueños del restaurante Miramar  (https://www.facebook.com/pages/El-Miramar/441517149263822) y la casa rural Los Castros (https://www.facebook.com/Alojamiento-Rural-Los-Castros-B%C3%A9dar-393312804199368/), dos reconocidos negocios de Bédar. Para que todos podamos compartir su experiencia, han grabado esta visita, dirigida por los geólogos franceses, sin duda unos guías de excepción.  Adjuntamos al inicio de este blog el enlace del video en Youtube, que aconsejamos vivamente visionar.

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La fotografía superior da una idea de la dimensiones de alguna de las salas de esta mina. Se encuentran en lo que podría llamarse la “Gran Sala”, justo delante de una vertiginosa trancada que lleva al nivel inferior de la mina.

 

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Dos pilares de sostén de la “Gran Sala”, uno de ellos no es más que una columna de mineral que se ha conservado sin explotar, detrás de ella, una columna rectangular de grandes dimensiones fabricada en mampostería.

 

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Esta fotografía es útil para apreciar las dimensiones del pilar de mampostería de la “Gran Sala” de la mina.

 

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En general, los huecos de explotación han dejado enormes salas de formas muy caprichosas.

 

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Thomas Pesenti y Maxence Regnault, los geólogos franceses que han llevado a cabo los trabajos de cartografía 2D-3D de la mina.

 

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El nivel inferior de la mina no es menos espectacular que el superior. Grandes salas de nuevo aseguradas por pilares de mineral y de mampostería de enormes dimensiones. En este punto observamos un tronco solitario. Aunque pueda parecer que está puesto como soporte del techo, no es en absoluto esa su función. Un tronco como éste sería totalmente ineficaz como soporte, además de estar junto a dos pilares de soporte. Realmente, estos troncos, que eran importados de Europa central, tenían como característica principal que crujían ostensiblemente antes de romperse, lo que daba tiempo a los mineros a ponerse a salvo. Cuando “la madera cantaba” más vale que se pusieran a salvo. El tronco de la fotografía lleva casi 100 años como testigo.

Como siempre, iremos informando de las novedades en cuanto a la evolución de este interesante proyecto.

 

Trabajos de rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Llegado al ecuador de los trabajos en la mina Mulata, el equipo formado por Thomas Pesenti y Maxence Regnault, han avanzado bastante en los trabajos de cartografía y análisis geológico, a inicativa del Ayuntamiento de Bédar. Los geólogos reciben la ayuda de la representante de la asociación Bédar Sostenible, Ine Thijs, que nos ha enviado una serie de fotografías del trabajo que realizan en la mina. No queremos dejar de agradecer el apoyo de la Asociación Amigos de El Argar y a su presidente, Julián Pérez Flores, que ha hecho posible finalmente posible la realización de estos trabajos.

Gracias a Ine, podemos hacernos una idea del trabajo que, en estos momentos, se están realizando en el subsuelo de Bédar.

 

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Material utilizado por los geólogos en los trabajos de cartografía de la mina (Fotografía cortesía de Thomas Pesenti)

 

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Thomas Pesenti tomando notas sobre el plano (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnault y Thomas Pesenti recogiendo datos(fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Pilar de mineral dejado por los mineros. La explotación por “huecos y pilares” prevee el dejar estos pilares, normalmente del mismo mineral explotado, para asegurar la estabilidad de la explotación (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Otro de estos pilares en la mina Mulata (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Algunos de los huecos de la mina Mulata son de grandes dimensiones, lo que ofrece múltiples posibilidades como museo, sala de proyecciones o de exposiciones, son las “grandes salas” de la mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Fantástica fotografía realizada en el momento exacto en la que Thomas Pesenti saltaba desde una de las paredes de la galería (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnault descendiendo por la vertiginosa trancada que da acceso a la zona inferior de la mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnaul descendiendo por una de los varios desniveles que presenta esta mina. Nos da una idea de las dimensiones de los huecos (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Thomas Pesenti y Maxence Regnault analizando uno de los minerales presentes en esta mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

Seguiremos informando…

 

 

En marcha el proyecto para la rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Desde la semana pasada, los geólogos Thomas Pesenti y Maxence Regnault, se encuentran estudiando la mina Mulata de Bédar. Durante todo un mes, se encargarán de cartografiar esta mina, estudiar su estructura geológica, los diferentes minerales que en ella se encuentra, evaluar la seguridad de la misma y elaborar los proyectos más adecuados para ponerla en valor.

 

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Noticia publicada en la Voz de Almería el sábado 9 de junio.

 

El ayuntamiento de Bédar, tras la compra de los terrenos en los que se encuentra esta mina, ha dado un paso importante en el desarrollo turístico del municipio, que posee importantes vestigios mineros en casi todo su término municipal.

El proyecto, con la ayuda de las asociaciones Bédar Sostenible y Asociación de Amigos de El Argar, cuenta con la colaboración de la Universidad de Lorraine, acuerda con algunos de los alumnos que cada año vienen a realizar un curso de campo la realización de estas estancias de puesta en valor del patrimonio minero. Gracias a esta colaboración se pueden realizar a precios muy razonables lo que de otra manera sería muy costoso, la principal dificultad para un pueblo pequeño como Bédar.

La elección de esta mina, la Mulata, se explica esencialmente por su cercanía al pueblo. Tras años de funcionamiento de la ruta minera de Bédar, con un éxito más que considerable, el Ayuntamiento pretende invitar a estos visitantes a visitar el pueblo con una oferta irresistible: la visita a auténticas minas de finales del siglo XIX, la mina Higuera y la mina Mulata.

 

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De izquierda a derecha, Rocío Jódar, Ine Thijs, Thomas Pesenti, Maxence Regnaul y José Ramón Muñoz, posando a la entrada de la mina Mulata.

 

La Higuera ya fue cartografiada y estudiada durante 2017, por un equipo también dirigido por Thomas Pesenti, estando situada junto al trayecto de la vía de senderismo. La combinación de ambas minas junto a la ruta de senderismo pueden resultar uno de los complejos turísticos más interesantes de toda la zona.

La mina Mulata se encuentra en uno de los lugares más icónicos, el cerro que preside el pueblo, lo cual supuso no pocas molestias para los bedarenses, es quizás por eso que esta antigua explotación se había casi olvidado. Sin embargo, una exhaustiva investigación nos ha permitido devolverla a la vida, aunque todavía quedan muchas incógnitas alrededor de esta antigua mina.

 

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Dos fotografías del interior de la mina Mulata, concretamente en la “sala” más grande de la mina, donde existen pasos elevados y estrechas trancadas que conducen a otros niveles de la misma.

 

Fue demarcada en 1873 por Gerónimo Abad, un comerciante y agente de minas de Almería. Junto a la mina El Negrito, creó una sociedad minera, que sería la que gestionaría esta mina hasta su caducidad, se trataba de la Sociedad Minera La Mulata y el Negrito”. Su propietario encargó un informe ingeniero Manuel Lacasa, cuya memoria resultó ser un auténtico folleto publicitario, en el que se destacaban las bondades de la mina y se exponían las condiciones de arrendamiento, es quizás la primera vez que se realizaba algo parecido. Manuel Lacasa estimó en más de un millón de toneladas de mineral de hierro, una cantidad nada despreciable.

Aunque no fue hasta 1896 que la mina fue preparada para su explotación a la vez que la construcción del ferrocarril que la sociedad minera de Chávarri había construido para llevar el mineral a Garrucha, se llevó a cabo cierta actividad minera, a la altura del barranco de la Cueva Oscura, de carbonatos de hierro, que se utilizaban como fundentes para reducir los plomos argentíferos de sierra Almagrera.

La verdadera historia de esta mina comenzó en 1896. La Mulata, arrendada a la sociedad propietaria por el marqués de Chávarri por mediación del vicecónsul inglés en Garrucha, George Pecket, que disponía de diversas minas en arrendamiento en Bédar. La Mulata era una de las dos principales minas, una de las más prometedoras y punto de partida de uno de los ramales del ferrocarril.

 

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Pilares dejados por los mineros para estabilizar el techo de la explotación.

 

Sin embargo, las cosas no serían para Chávarri. Las poderosas empresas mineras como la Chávarri Lecoq y Compañía estaban acostumbradas a manejar a su antojo los poderes políticos de la época. Sin embargo podemos decir que al marqués de Chávarri se le atragantó este negocio.

A pesar del trabajo que la industria minera podía aportar al pueblo, no todo discurrió como previsto. El director jefe de la sociedad, Manuel Figuera, se encontró con un problema análogo al de la mina Santa Catalina, en Serena, pues la parte habitaba limitaba mucho tanto las labores como la vía para transportar el mineral. Atrapado entre Bédar y la sierra (las Rellanas), Manuel Figuera optó por una solución análoga a la adoptada en Santa Catalina, con la construcción de un túnel inferior de transporte que daría fácil salida a los minerales contenidos en el cerro. A la vez, se inició el trabajo a cielo abierto en la cima del cerro, donde se ubicaban importantes masas de mineral. El túnel desembocaba en el barranco de la Cueva Oscura, pero hasta la cabecera del ramal de ferrocarril había un importante desnivel. Un plano inclinado permitiría bajar las vagonetas para cargarlas en el ferrocarril.

 

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Plano incluido en la memoria de Manuel Lacasa de 1873. Se aprecia la masa de mineral en el cerro además de los diversos yacimientos en el barranco de la Cueva Oscura.

 

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Acción de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito.

 

No nos consta que se construyera ningún tipo de tolva para la carga en los vagones del tren (a diferencia de su mina melliza, Santa Catalina), por lo que seguramente se cargaba directamente en los vagones desde una plataforma de madera elevada. El plano inclinado, o plano de la Mulata, estuvo en funcionamiento hasta 1916, fecha en el que se desmanteló para construir una tolva cónica y un túnel (el túnel de la Palmera) que permitiría al ferrocarril acceder justo debajo de la salida de la Cueva Oscura.

Para llevar a cabo una explotación no bastaba con disponer de la concesión minera, debía realizarse la expropiación de los terrenos que se necesitaban. Esta expropiación era forzosa siempre que no se demostrara que la explotación del subsuelo sería beneficiosa, cosa harto difícil de demostrar.

Solo la explotación de la mina Mulata supuso la expropiación de 40 terrenos, la mayor parte buenos terrenos de regadío con árboles frutales, naranjos y parras, comprendiendo también 5 casas. El problema con las expropiaciones es que siempre surgían divergencias entre el precio por los terrenos que se iban a ocupar, lo que hacía que muchas veces estos expedientes se retrasaran mucho.

 

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Maxence Regnault durante los trabajos de cartografía de la mina.

 

Chávarri tuvo problemas no solo con los propietarios de los terrenos, también con los propietarios de las concesiones mineras. En especial alcanzó cierta fama el pleito con la sociedad propietaria de la mina Santa Catalina, pero también hubo problemas con los de la Mulata. Chávarri no estaba de nada contento con la calidad y distribución del hierro de estas minas, que a su parecer eran demasiado pobres y en poca cantidad, aunque eso no impidió que las explotara extensamente. Además, parte de la culpa era del mismo Chávarri, pues el deficiente el estrío del mineral (operaciones que se llevan a cabo para eliminar la ganga o impurezas del mineral) rebajaba mucho el valor del hierro exportado.

Además, el yacimiento de mineral de hierro no era tan regular como lo hacía presuponer las masas de mineral en superficie. Con numerosas zonas estériles, el trabajo subterráneo no fue nada fácil, con el desarrollo de galerías irregulares y explotaciones en huecos y pilares que buscaban las zonas más ricas.

 

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Panorámica del cerro de la Señora de Bédar, con las dos principales rozas (explotaciones a cielo abierto) y las numerosas bocaminas. Nótese la cercanía de Bédar a la mina.

 

Pero que los propietarios de la mina, que vivían en Almería, cobraran o no, a los bedarenses les traía sin cuidado. A parte del espinoso asunto de las expropiaciones, los trabajos en las canteras en el cerro, a escasos metros del pueblo, ocasionaban importantes molestias. Por lo general un minero hacía sonar una caracola para avisar a la gente del pueblo que empezaba la tira de barrenos, ante tal señal más valía ponerse a cubierto ante la eventualidad de que cayeran piedras, como sucedió en diversas ocasiones. Además, las vibraciones continuas debieron producir no pocas grietas en las casas.

También debió ocasionar gran disgusto el que se derribara la ermita de la cima del cerro, dedicada a la Virgen de la Cabeza. La progresión de la cantera obligó a derribarla. Como compensación, la sociedad minera hizo construir otra ermita no muy lejos.

Por otro lado, el supuesto beneficio al crear más trabajo para las explotaciones de Chávarri, tampoco fue lo que se esperaba. Las continuas paralizaciones de la actividad minera hicieron que el trabajo fuera muy irregular y precario.

Suponemos que todas estas dificultades son las que obligaron a la compañía a paralizar los trabajos de desmonte del cerro (es decir, el trabajo de las canteras) en octubre de 1897, despidiendo a un gran número de operarios que se ocupaban de esta explotación. Suponemos que su paralización se debió a todos los problemas que la cercanía de Bédar conllevaba, pues este tipo de explotación siempre es el más rentable para el explotador, lo cual seguramente no ayudó a mejorar el concepto que de ella tenía el marqués de Chávarri.

A partir de entonces las labores fueron siempre subterráneas, trabajándose en dos grandes socavones (bocaminas), el superior, a media altura del cerro, y otro más inferior. Todo el mineral era canalizado por medio de la galería de transporte inferior. Seguramente, de no haberse paralizado la evolución de esta mina, Bédar no tendría la misma fisonomía que hoy presenta, situada al lado de un enorme hoyo o, lo más seguro, viéndose obligada a buscar un emplazamiento menos peligroso.

 

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Ante la falta de documentos gráficos, podemos ver aquí una reconstrucción de como debió ser el plano inclinado de la mina Mulata. Ubicado en el barranco de la Cueva Oscura, el plano servía para salvar el desnivel existente entre la parte más alta, conocida como el Peraico y la parte más baja, llamada La Palmera. El plano solo contaba con un freno, un tambor montado en una estructura de mampostería que era frenado a voluntad por medio de un cable tensado que se controlaba desde un pequeño volante. Este freno permitía controlar la bajada de la vagoneta cargada (evitando que bajara muy deprisa y se estrellara), impulsando a su vez a una vagoneta vacía que subía. En funcionamiento era sencillo, el volante, dispuesto sobre una estructura parecida a una pera, hacía subir y bajar un tornillo central que, conectado a un cable, tensaba o destensaba el cable del tambor, al igual que los frenos de algunas bicicletas estáticas actuales. El volante del freno podía estar junto al tambor (como en el caso del plano de Santa Catalina) o en la parte baja del mismo (como ocurría con el plano de la mina Higuera). En este caso el volante del freno parece que estaba en la parte inferior, a tenor de las pocas noticias de época en las que se menciona este plano inclinado. Un operario se encargaría de estar atento al freno y regular el descenso de las vagonetas cargadas, mientras que otros dos operarios descargaban las vagonetas. No hay noticia de la existencia de tolvas de carga, por lo que seguramente los operarios descargaban las vagonetas en los vagones del ferrocarril por medio de una plataforma de madera elevada al pie del plano inclinado. No es probable que el plano fuera de doble vía, un pequeño desdoblamiento a mitad del plano permitiría el cruce entre la vagoneta que subía y la que bajaba.

Hoy en día, y como vestigio de este tumultuoso pasado, resta un cerro que más parece un queso de Gruyere, prácticamente hueco y manteniéndose gracias a varios pilares de mampostería que dejaron los explotadores.

Y hasta aquí este pequeño repaso histórico a la mina que hoy en día el Ayuntamiento quiere poner en valor. Seguiremos informando.