Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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Minas de Bédar: Mis Hijos, San Francisco y Amarillo Oro, minas de serpentina y mármol

Cuando se habla de minería en la sierra de Bédar, se cree generalmente que Hierros de Garrucha fue la última iniciativa minera antes del cese de toda actividad. Sin embargo no es así, todavía en 1973 se explotaban unas canteras, pero no eran de mineral de hierro, eran de serpentina. Esta parte de la historia es bastante más desconocida, pero hoy vamos a intentar arrojar un poco más de luz sobre la explotación de serpentina verde en Bédar.

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Concesiones de serpentina y mármol entre Lubrín y Los Gallardos. 1973.

Para comenzar, las historias que corren por Bédar nos hablan de una compañía que explotó “mármol verde” en el barranco de los Chorreadores. En ese paraje se podían encontrar unos cuantos buenos bancales, propiedad algunos de ellos de Juan Bolea, que es de quien pude obtener más información. La compañía llegó a un acuerdo económico con éste y otros propietarios de bancales en el barranco de los Chorreadores para la explotación de la piedra verde que allí se puede encontrar. Los trabajos se iniciaron, haciendo desaparecer en poco tiempo varios bancales. La piedra que se extraía se la llevaban en camiones, y para el trabajo en la cantera no se disponía de mucha maquinaria, salvo un winche que había pertenecido a Hierros de Garrucha. Cuentan que el encargado de los trabajos se hospedaba en Bédar, en una habitación alquilada. Según cuentan, un buen día se pararon los trabajos, y cuando quisieron darse cuenta, el encargado desapareció también, dejando en la habitación alquilada (dicen que a Pedro Cano), un montón de piedras. Del acuerdo que se llegó con los propietarios de terrenos, al menos en lo que respecta a Juan Bolea, éste no llegó a ver ni una peseta. Eso sí, el barranco de los Chorreadores quedó destrozado a la altura de la cantera, que quedó como no deben acabar nunca este tipo de trabajos: sin tapar. Tras varias de las lluvias torrenciales que, periódicamente, azotan el levante almeriense, los escombros de piedra verde corrieron barranco abajo, colmatando hasta casi hacerla desaparer, la tolva minera del barranco de la Cueva Oscura.

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Plano con los principales yacimientos de serpentinas en la Sierra de Bédar. 1973 Destacan los yacimientos cercanos a Bédar y entre la Torrecica y el Albarico.

Esto es lo que la tradición oral a la que he podido tener acceso nos cuenta. La verdad es que los restos de la cantera y el destrozo que supuso en el barranco de los chorreadores es visible hoy en día, con enormes capas de escombros de serpentina junto a un corte vertical, lo que hace bastante creíble estos testimonios. Afortunadamente, hemos podido  localizar documentación sobre la empresa que realizó estos trabajos, junto a algo de documentación.

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La empresa se llamaba IMPOSSA (Industrial Poliminera de Serpentinas, S.A.), y estaba domiciliada en Tíjola. La cantera de serpentina que se explotó en el barranco de los Chorreadores se llamaba “Mis hijos“, pero no fue la única, otra cantera de serpentina fue explotada también cerca de la cortijada abandonada de la Torrecica, cerca de Los Pinos, su nombre: “San Francisco“. Además, esta empresa explotaba otra concesión de  mármol de color caramelo, de nombre “Amarillo Oro“, cuyo lugar exacto desconocemos, pero que seguramente tiene relación con la dolomía de color caramelo de El Pinar de Bédar.

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Bloque de serpentina verde “manzana” en la concesión de “Mis Hijos”, en el barranco de los Chorreadores.

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Afloramiento de serpentinas verdosas a lal altura del barranco de los Chorreadores. El Malecom y la mina Mulata se observan al fondo.

Un informe de J.C. Jacquin de febrero de 1973 nos da más información sobre esta empresa. IMPOSSA se constituyó en Tíjola en 1966, compuesta por 5 accionistas principales. El accionista mayoritario vendió sus acciones a sus nietos.  En 1973 el accionista mayoritario era José Oliver Corsera, presidente del Consejo de Administración. En el momento de la constitución de la sociedad, el capital era de 1.050.000 pesetas. IMPOSSA adquirió posteriormente la empresa CODOMA, una pequeña sociedad que disponía de material de calidad, parece que la compra de esta sociedad fue para evitar la competencia que ésta les podría ocasionar.

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Corte de la cantera de serpentina en la concesión “Mis Hijos” de Bédar.

Esta empresa disponía de una concesión de dolomía en Tíjola (“Nacarina“), otra de mármol en Macael (“Plan 72″, otra de serpentina en Bayarque (“Recuperada“) y dos concesiones en Bédar, una de serpentina (“San Francisco“) de 540 pertenencias y otra de mármol (“Amarillo Oro“, de 1 Ha 90 a). CODOMA disponía de una concesión de serpentina en Lubrín (“La Milagrosa“), que estaba en funcionamiento en 1973 y que producía 70 toneladas por día, de manera casi continua.

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Tal y como afirman los testigos, la empresa abandonó los trabajos sin realizar los trabajos habituales de clausura que se han de realizar en estos casos, para restaurar el paisaje y evitar perjuicios a los propietarios. Dejaron gran cantidad de escombros a la altura del barranco de los Chorreadores, arrastrados en gran parte por las riadas que de tiempo en tiempo azotan esta zona. Las fotografías muestran el gran volumen de escombros que todavía quedan en la zona.

IMPOSSA disponía de otras concesiones que eran propiedad de los accionarios de la sociedad y que arrendadas a la empr3esa. Propiedad de José Oliver eran las concesiones “Mis Hijos” (serpentina, Bédar) y “José Manuel” (serpentina, Bayarque), además de otra concesión en Lubrín (“Nuestra Señora del Socorro“). Antonio Molina, otro de los accionistas, tenía arrendada la concesión de serpentina “Dos Amigos“, en Albanchez.

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Parte de lal escasa documentación que disponemos sobre esta empresa. Se trata de un requerimiento para la ocupación temporal de terrenos de 1969  y una carta dirigidas a Juan Jódar Cánovas para negociar el arrendamiento de parte de unos bancales colindantes a las labores, de un año antes, al que no dio respuesta. En este caso, el propietario no tenía ningún interés en arrendar dichos terrenos (sabia decisión visto lo ocurrido después), que de otra forma podrían haber sido expropiados. Sin embargo, el asunto no llegó a más porque la empresa cesó antes los trabajos.

En total, la empresa disponía de 780 pertenencias de serpentina y dos hectáreas y media de mármol.  En 1973 estaban en producción la cantera  de La Milagrosa (CODOMA) que proporcionaba 1000 toneladas mensuales de serpentina triturada para la fabricación de aglomerados. Las canteras “San Francisco”, “José Manuel”, “Nuestra Señora del Socorro” y “Dos Amigos” proporcionaban de 2.000 a 2.500 toneladas de serpentina triturada, así como bloques de 40 cm para la fabricación de placas. Se trataba de una serpentina de color verde, más o menos oscura, que era transportado a Tíjola para su trituración. La tonelada de serpentina triturada de primera calidad se vendía a 700 pesetas la tonelada.

La cantera de mármol “Amarillo Oro“, de Bédar, proporcionaba un material con un tono entre beige y caramelo oscuro, destinado a la fabricación de aglomerados. La cantera “Plan 72″ de Macael proporcionaba un mármol entre beige y rosa, estando a la espera de poder explotar mármol blanco.

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Además de la fábrica en Tíjola, la empresa disponía de un “almacén-regulador” en Zurgena.  En asociación con LLOBREFGAT-FAYOS, IMPOSSA disponía también de un almacén en Felanitx-Porto Colom (Mallorca). Esta empresa suministraba de serpentina verde a Cataluña, Baleares , Valencia, Almería, Madrid, La Mancha y Sevilla. De esta manera monopolizaba un 60% del mercado nacional de triturados de serpentina.

Concretamente, la concesión de “Mis Hijos” producía una serpentina color verde manzana medianamente compacta. La de “San Francisco” producía una serpentina verde oscura, muy compacta y de primera clase, que permitía extraer bloques.

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Fotografías de la cantera San Francisco, cerca de la cortijada abandonada de La Torrecica. Se observa el crote de la cantera y el carril por la que accedían los camiones. Se trataba de una serpentina verde oscura de buena calidad, de la que se obtenía tanto serpentina para triturar como serpentina en bloques.

Con el cierre de estas canteras, cuya fecha exacta desconocemos, acaba oficialmente la actividad minera. Posteriormente se realizaron trabajos de para la extracción de muestras y sondeos para valorar las posibilidades de algunas de las minas, pero no volvería a reactivarse ninguna explotación. Al menos hasta hoy.

Minas de Bédar: Angustias; Adela y Leonor

Seguimos con otra mina de hierro de Bédar, las minas “Las Angustias” y “Adela y Leonor”. Estas concesiones fueron registradas en 1887 y 1888 en el barranco de la Mortera, sobre una mineralización de carbonatos y óxidos de hierro. Se ubican en un abrupto barranco que baja de las Rellanas. Es de remarcar que todavía se conserva el nombre de “Mortera” para designar este paraje, aunque el barranco se conoce actualmente con el nombre de la mina que una vez se explotó: Las Angustias.

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De estas dos concesiones, en 1897 la Sociedad minera de Víctor Chávarri poseía 25 acciones de de las 100 que conformaban la Sociedad propietaria de las mismas, de las cuales 7 pertenecían al mismísimo Víctor Chávarri y 18 a Manuel Figuera, entonces ingeniero director de la sociedad de Chávarri. Sabemos que durante este periodo, Manuel Figuera intentó buscar partidarios para que explotaran la mina, pues el mineral no estaba excesivamente lejos de la cabecera del ramal de ferrocarril de la Mulata. Sabemos que ofreció las minas a unos compradores de Cuevas de Almanzora, que visitaron estas minas en marzo de 1897, llegando a firmar un contrato de arrendamiento en el cual Manuel Figuera dispondría del 42% de las acciones de la Sociedad, vendiendo el mineral a la Sociedad de Chávarri, que lo transportaría a Garrucha. El problema principal era que las concesiones se encontraban demasiado lejos de la cabecera del ferrocarril, por lo que sería necesario construir algún tipo de sistema de transporte por medio de un pequeño ramal de cable aéreo.

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Vista del barranco de las Angustias y del antiguo carril minero que recorría las concesiones de “Las Angustias” y “Adela y Leonor”.

Sin embargo, el negocio no prosperó, al parecer Víctor Chávarri se opuso finalmente cuando todo el proyecto de negocio estaba ya realizado, algo que tiene que ver con los motivos por los que finalmente Manuel Figuera dejó el cargo de director de las minas de Chávarri, siendo sustituido por el nuevo director, y mano derecha de Víctor Chávarri para temas mineros, Don Andrés López de la Presa.

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Restos de edificio y minerales correspondientes a los trabajos realizados en estas concesiones a finales del siglo XIX.

Manuel Figuera siguió intentando hacer negocio con estas concesiones. En 1900, y ante la noticia de la llegada a la sierra de Bédar de una nueva sociedad con capital vasco e inglés, la The Garrucha Iron Mining Company Ltd, intentó vender estas concesiones. Según los datos que poseemos sobre este ofrecimiento, Manuel Figuera afirma haber adquirido ambas concesiones por un total de 17.000 pesetas. Finalmente, parece que el negocio volvió a salir mal.

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Entre las labores de exploración de finales del siglo XIX destacan dos pozos y varias trincheras. La escasa entidad de estas labores indican que se trataban simplemente de labores de exploración.

Tenemos que esperar hasta 1952, cuando Hierros de Garrucha reinició los trabajos de extracción en las viejas minas del coto de Bédar. Entre las minas “re-explotadas” por esta sociedad se encuentra la mina de las Angustias.

En los terrenos de estas dos concesiones podemos encontrar una serie de trabajos de exploración: una vía minera, varias trincheras y pozos, además de una pequeña edificación. Sin duda se tratan de los trabajos realizados a finales del siglo XIX de cara a evaluar el yacimiento de minerales de hierro de estas concesiones. Estos trabajos sin duda no pasaron desapercibidos para los ingenieros de Garrucha, que pudieron comprobar la buena calidad del mineral, como ya había indicado Manuel Figuera en su época. Hierros de Garrucha decidió explotar este rico mineral, por lo que instaló un cable aéreo que conectaba la bocamina principal de esta mina con la carretera de Lubrín a bédar, donde instaló una tolva metálica junto a la carretera, donde se cargaban los camiones que llevaban el mineral hasta Garrucha.

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No hay ningún documento ni fotografía de este cable aéreo, toda la información procede de testimonios. Los restos que quedan en esta mina confirman, sin lugar a dudas, la existencia de este cable aéreo. Según estos testimonios, Juan Girona se encargó de instalar este cable aéreo que, aprovechando la gran pendiente del barranco, transportaba el mineral por un sistema tan sencillo como efectivo: disponía tan solo de dos vagonetas, de manera que la que bajaba llena impulsaba otra hacia arriba. Según testigos de estas labores se extrajo gran cantidad de mineral de hierro de excelente calidad.

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Socavón principal de la mina “Angustias”, mina explotada por Hierros de Garrucha sobre una antigua mina que fue propiedad de Manuel Figuera.

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En esta fotografía del barranco de las Angustia se observan las dos bocaminas del yacimiento de las Angustias. En el más cercano se instaló el cargadero del cable aéreo y la entrada principal de la mina.

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Estructura y enganches del cable aéreo en el barranco de las Angustias. En la segunda fotografía se aprecia lo abrupto del barranco, poblado de pinos, apreciándose en la parte inferior la carretera Lubrín-Bédar y parte de Bedarín, en el paraje que se conoce como “La Mortera”.

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Socavón principal y explotación de la mina Las Angustias. Sobre las paredes de la mina se observan las marcas de los barrenos de los mineros de Hierros de Garrucha. La mina ha sido reconocida por en una longitud de unos 200 metros, con importantes labores que confirma lo que se cuenta sobre la explotación de grandes cantidades de mineral en esta mina.

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Para acabar con esta mina, remarcar la belleza natural de este barranco, que desciende directamente desde las Rellanas de Bédar, con unas vistas impresionantes. Aquí dejo esta fotografía de estos bonitos gladiolos silvestres.

Minas de Bédar: la mina Mulata, sobre y bajo la montaña

Quizás sea la mina La Mulata una de las minas más conocidas de Bédar. El motivo es sencillo, está junto al pueblo, es imposible no verla. Sin embargo sorprenderá saber que hace unos 12 años nadie conocía este nombre, otra víctima de la amnesia “degenerativa” que sufrió la historia minera de Bédar durante el “boom” urbanístico que casi se carga toda la sierra. Antes se conocía como “la roza del Indio”, y era habitual escuchar historias de cómo se podía ir del campo del fútbol de Bédar hasta la Cueva Oscura siguiendo oscuras galerías y sorteando pozos.

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Plano de las concesiones junto a Bédar. La concesión de “Dos Amigos” estaría justo donde hoy se encuentra el pueblo, lo que da una idea de lo poco que importaba qué hubiera encima si el mineral que había por debajo era interesante económicamente.

Afortunadamente hoy sabemos bastante más, y el nombre de “Mulata” vuelve a ser conocido y utilizado para hablar de esta mina. Se traba de un registro de doce pertenencias (120.000 metros cuadrados) que incluía al cerro de la Ermita de Bédar. El criadero se componía de diferentes crestones de hematites parda con óxido de manganeso y hierro oligisto, además de una pequeña cantidad de mica, sobre todo en los puntos de contacto con la roca caliza que hace de caja. Estos crestones se disponían en sentido de norte a sur, siendo menores los situados al norte, siendo el más grande el ubicado en la cumbre del cerro de la Ermita o cerro de la Virgen, ocupando la cúspide entera del cerro en una extensión de unos 4.500 metros cuadrados.

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El estudio de Manuel Lacasa era más una estrategia comercial que no una verdadera necesidad de conocer las reservas de mineral. Obsérvese la enorme masa de mineral bajo la ermita de la Virgen de la Cabeza y las líneas de nivel de un cerro que pronto acabó totalmente agujereado… y el pueblo peligrosamente cerca…

Estos datos los sabemos gracias a la memoria realizada por Manuel La casa en 1873.  Cuando se realizó la memoria, existían pequeñas labores sobre las masas de mineral. En concreto se describe una galería ubicada en la ladera norte del barranco de grandes dimensiones pero de poca longitud, en cuyo interior se observaban la boca de dos pequeñas galerías. En la ladera sur del barranco, en la base del cerro de la Ermita, se encontraban la boca de dos pequeñas galerías, una de 6,6 metros de longitud x 3,50 de altura x 2 anchura y otra galería espaciosa de 30 metros de longitud con una anchura variable entre 4 y 10 metros en cuyo interior se encontraba un pozo de unos 3 metros, al parecer relleno de escombros.

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Dos fotografías del barranco de la Cueva Oscura. La masa verde de zarzas y matorrales ocupa el espacio en el que estaba la tolva cónica que recogía el mineral, que actúa como una enorme maceta, llena de escombros del barranco y permite que crezca tan lujuriosa vegetación. Obsérvese enla fotografía superior el tamaño real de la masa verde en comparación con la persona que aparece en primer plano (José Soler Castro, para más señas). En la primera fotografía vemos la Cueva Oscura, justo en frente de la tolva, y la sengunda la Cueva de los Caballos, una de las labores de la Mulata Baja y es más conocida por ser la cueva del Tesoro en una famosa película de piratas de Disney.

Estas labores iniciales están ubicadas en el barranco de la Cueva Oscura, la primera parte de la concesión en ser explotada. La concesión era propiedad de una sociedad de nombre “La Mulata” (nada original en este caso), presidida por Gerónimo Abad Sánchez. Como pasaba con otras minas de hierro, la falta de un ferrocarril o cable aéreo las hacía casi inexplotables, pues los costes de transporte superaban con mucho el beneficio que podrían obtener. Estas primeras explotaciones buscaban extraer los abundantes carbonatos de hierro de estas minas, que eran utilizados en las fundiciones de la costa como fundentes en la reducción de los plomos argentíferos.

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La primera fotografía nos muestra la galería de salida del túnel de transporte a nivel de la Cueva Oscura´. En la fotografía inferior, la zona donde estuvo instalado el plano inclinado de la Mulata y el “Carrete”, en Bedarín. Obsérvese el desnivel que debía de salvar este plano.

Es por eso que la Sociedad Mulata encargó a Manuel Lacasa la realización de este informe. En un movimiento comercial inédito entonces, se hizo pública dicha memoria, que ensalzaba la riqueza en hierro de la mina y el gran beneficio que tendría quien quisiera invertir en la construcción de un ferrocarril. De algo sirvió, primero arrendada por el viceconsul inglés en Garrucha, George Clifton Pecket, y después cedidas al industrial Chávarri, llegó el ferrocarril, que no hubiera sido posible sin la existencia de minas con tanto potencial como el de La Mulata.

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En la primera fotografía observamos el cerro de la Virgen y las cicatrices que le dejó las dos canteras, el pueblo estaba demasiado cerca. Se puede ver como una vía minera partía desde esta cantera. En la segunda fotografía podemos ver el interior de la cantera principal de la mina, un sitio muy utilizado como vertedero ilegal (desgraciadamente). La tercera fotografía, realizada desde la (peligrosa) cima del cerro, nos muestra la otra cantera practicada sobre el cerro, más pequeña y que viene a salir sobre la zona conocida como el Malecom.

Con el ferrocarril en marcha, se inició una explotación a gran escala de esta mina. A grandes rasgos, la mina se dividía en dos, la Mulata “Alta” y la Mulata “Baja” (no se rompieron mucho la cabeza para poner nombres). La Mulata Baja la componían los yacimientos del barranco de la Cueva Oscura, los más accesibles y que ya habían sido explotados para la extracción de carbonatos. La Mulata Alta era el cerro de la Virgen, que no dejaba de ser una enorme masa de mineral de hierro.

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La primera fotografía nos muestra lo poco que queda de la tolva cónica del barranco de la Fuentecica, parte del muro de mampostería y el resbaladero. La segunda fotografía nos muestra la posición relativa de esta tolva (y del campo de fútbol) con respecto al cerro de la Virgen y las labores que se encuentran en esa ladera.

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Aspecto del cerro de la Virgen de Bédar antes de que la sociedad de Chávarri iniciara las labores en la mina Mulata. En la cima del cerro, la primera ermita. (Fotografía procedente del nº 1 del Boletín de la Asociación de Electores Levante Sostenible de Bédar).

Para llevar el mineral a la cabecera del ferrocarril de Bédar (ramal de la Mulata), que estaba a la altura de la Palmera, más abajo en la rambla, se instaló un plano inclinado, ya que el desnivel era demasiado importante como para una vía sencilla. En la parte superior del plano se instaló el freno del mismo, que evitaba que las vagonetas cargadas bajaran demasiado deprisa. Este freno, que tenía la forma de un carrete gigante, persistió bastante tiempo después de que el plano fuera desinstalado, y seguro que hay muchos todavía en Bédar que se acuerdan del “Carrete” de Bedarín. Uno de los túneles o labores a nivel del barranco de la Cueva Oscura se llamaba “Túnel del Peraico”. Curiosamente, este nombre se ha conservado en el paraje que cruza la carretera que va hacia Bedarín.

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El interior del cerro está hueco. Como se puede ver en las fotografías, se trata de una explotación en huecos y pilares, con grandes cámaras y enormes pilares, tanto de mineral como de mampostería. Dentro, la fauna típica de estas minas, murciélagos (morcigillos para los bedarenses) y exploradores mal pertrechados.

Cuando los ingenieros de minas pusieron el objetivo en las enormes reservas de mineral del cerro de la Señora, a una altura considerable sobre el barranco, se plantearon si instalar otro plano inclinado para bajar el mineral “controladamente”. En un principio ese fue el plan, pero abandonaron esta idea y idearon algo bastante más complicado. Dado que la sociedad minera tenía otras minas al otro lado del cerro de la Señora, y puesto que también tenían que darle una salida hacia el barranco de la Cueva Oscura para llevarlo hasta el ferrocarril, idearon un sistema de transporte consistente en realizar una galería que, desde el barranco de la Cueva Oscura (desde la misma Cueva Oscura), llegara hasta el barranco de la Fuentecica, junto al lugar donde hoy se encuentra el campo de fútbol de Bédar.

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En el barranco de la Fuentecica instalaron una tolva de mampostería en forma de embudo, que recogía el mineral de la mina Segunda Mulata (Pozo Plaza) y Mozambique. Este túnel cruzaba todo el cerro de la Virgen y venía a salir en lo que hoy en día es la Cueva Oscura. De esta manera, tan solo tenían que dirigir el mineral del Cerro de la Virgen hasta el túnel inferior, lo que facilitaba mucho el transporte, pues solo tenían que dejar caer el mineral.

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Sabemos que este fue el sistema de transporte elegido finalmente, aunque desconocemos exactamente cuando se llevó a cabo, pues sobre esta mina no se han conservado planos (que sepamos) y la documentación es muy escasa y rara de encontrar. Como en otras ocasiones, la exploración de campo ayuda a entender lo que pasó, pues el cerro de la Virgen presenta dos grandes canteras a cielo abierto, como dos grandes cicatrices, a parte de un nutrido grupo de galerías que, por varias vías, conducen el mineral a la galería inferior de transporte. Una vía minera, que partía de la cantera de más tamaño, contornaba el cerro evitando pasar por el pueblo (que se encarama por una de las laderas del cerro de la Virgen). Esta vieja vía minera podía haberse utilizado tanto para llevar el mineral desde las canteras hasta el barranco de la Cueva Oscura, como para el transporte de estériles (o puede que ambas cosas). Hoy en día, esa vieja vía minera, ampliada, es el camino que lleva al Malecom y que nos permite llegar cómodamente hasta Bédar desde el barranco de la Basalta.

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La mina también ha recibido la visita de verdaderos especialistas. Aquí tenemos a Christian Hibchs, de la universidad de Nancy, inspeccionando la mina.

Pero sigamos. Independientemte de si las canteras fueron antes, después o a la vez que se desarrolló el sistema inferior de transporte (todo parece indicar que fue a la vez), el hecho de que se trabajara en dos grandes canteras justo al lado del pueblo, tuvo que dar problemas. Efectivamente los hubo, y los periódicos reflejan el malestar que las continuas explosiones de barrenos (con la conbsiguiente lluvia de pedruscos) resonaran un día sí y otro también en Bédar. Hay que imaginarse la situación, te encuentras tranquilamente junto a tu casa realizando cualquier tarea cotidiana, cuando de repente resuena el sonido inconfundible de una caracola. Más vale que corrieras entonces, pues era la señal de la “pega” de barrenos, y tenías unos minutos para ponerte a cubierto en casa antes de que el suelo temblara y una lluvia de pedruscos aporreara el techo de tu casa. Esto, que parece un poco exagerado, es justamente lo que ocurría en Bédar. No acabaron ahí los disgustos. La ermita de la querida patrona de Bédar, la Virgen de la Cabeza, estaba justo encima del Cerro de la Virgen. Como el gran tajo o roza estaba tan cerca ya de la ermita, los ingenieros temieron que algun vecino acabara despeñándose cantera abajo, con los disgustos y retrasos que eso hubiera provocado en la explotación. Así que se decidió derribar la ermita y trasladar la Virgen a otra ermita, más cerca de Bédar, que fue financiada por la Sociedad de Chávarri. Muchos se acordarán de esta otra ermita, que fue derribada en tiempos recientes, pese a su valor histórico, siendo sustituida por la ermita actual, más pequeña y con cierto parecido con la ermita antigua.

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En algunas de las galerías que conectan los diferentes huecos podemos ver todavía las marcas de las vías mineras por las que circulaban las vagonetas.

Es fácil pensar que los ingenieros que explotaban el hierro de este cerro decidieran en cómodas y económicas canteras, decidieron en un  momento dado seguir la explotación en galerías, para evitar así seguir molestando a los vecinos y convertir su cerro de la Señora en algo así como “El gran agujero”, algo ciertamente peligros para tener junto a una zona poblada. Realmente no debió ser así, porque por lo que parece, en esos entonces a las compañías mineras les importaba bien poco si causaban o no perjuicios a los vecinos. No se puede esperar otra cosa de una compañía minera que siguió utilizando a niños para el transporte del mineral hasta bien entrado el siglo XX.

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Algunos pasos son sencillamente espectaculares, como este camino elevado que comunica con una galería, pasando a cierta altura por uno de los huecos más grandes bajo el cerro, que hemos dado en llamar “sala Grande”, justo bajo la cima del cerro.

Si queremos conocer los motivos reales, tenemos que buscar un motivo económico, lo único que les importaba. Este motivo lo encontramos rápidamente cuando descubrimos que la gran masa de mineral que creían que formaba el Cerro de la Virgen no era tal. La escasa documentación que disponemos de esta mina deja bien claro que, lejos de ser una masa uniforme, existían numerosas zonas con mineral de muy baja ley o simplemente estéril. Este es uno de los pocos motivos que pueden inducir a realizar galerías subterráneas en vez de explotaciones a cielo abierto. El motivo es sencillo, si para obtener una tonelada de mineral bueno has de movilizar cien  toneladas de rocas y mineral inútil, la explotación a cielo abierto puede ser mucho más costosa que unas galerías que recorran simplemente las zonas más ricas de mineral. Debió ser este, y no otro, el motivo por el cual se desarrolló una red tan extensa de galerías bajo el cerro y no se siguió con la explotación a cielo abierto, motivo por el cual todavía Bédar tiene un Cerro de la Virgen.

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Los diferentes niveles de la mina se comunican con sencillas tolvas excavadas en la roca, aquí tenemos el “agujero” de carga utilizado para cargar el mineral procedente de la “Sala Grande” hasta el túnel inferior de transporte.

En el barranco de la Cueva Oscura también se produjo un cambio importante en el sistema de transporte. Sabemos que se acabó desinstalando el plano inclinado y que, en una fecha que desconocemos, se instaló otra enorme tolva de embudo y se realizó un túnel que conectaba ésta con la Palmera, el el “Túnel de la Palmera”. Las vagonetas podían llevarse a cargar justo bajo la tolva. ¿Por qué cambiaron el sistema de transporte? Aunque era más cómodo cargar los vagones del ferrocarril justo bajo la tolva, no creemos que lo hicieran para evitar que los pobres operarios no se cansaran mucho descargando las vagonetas que llegaban por el plano y cargándola en los vagones del tren. No sabemos a ciencia cierta por qué (no hay ninguna prueba documental), pero existe una historia transmitida por tradición oral que sí que nos explica lo que pasó…  Cuentan que vinieron unos ingenieros ingleses a ver las minas, los cuales hicieron un estudio y estimaro que bajo el barranco de la Cueva Oscura había grandes cantidades de mineral. Como no tenía sentido elevar este mineral hasta el barranco para luego hacerlo descender por el plano de la Mulata hasta la Palmera (eso no es nada económico), decidieron sencillamente realizar un túnel que llevara directamente hacia el punto de carga en el ferrocarril. Ahora bien, aprovechando el túnel para explotar este mineral bajo el barranco, no sería ya  muy complicado cargar en este túnel el mineral que llegaba por la Cueva Oscura, para lo cual solo tuvieron que añadir una de las bonitas tolvas en embudo de mampostería que esta sociedad gustaba instalar.

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Algunas partes de la mina son muy espectaculares. Cabe decir que parte de esta mina se utiliza como “almacén”. Aunque pongan puertas, las minas pertenencen al Estado…

Y hasta aquí este repaso a esta bonita mina. Hay que decir que es cierto que desde el campo de fútbol se puede llegar hasta el barranco de la Cueva Oscura “bajo la montaña”. Son oscuras galerías y algún paso un poco angosto, pero el que esto escribe lo ha hecho ya en varias ocasiones. Eso sí, desaconsejo vivamente que nadie intente nada parecido, es ciertamente muy peligroso. El interior del cerro está casi completamente hueco, aunque los ingenieros de la sociedad de Chávarri se preocuparon en dejar enormes columnas (ya sea de mineral o de mampostería) para sostener la el cerro, lo que hace que a al recorrer la mina a veces tengamos la sensación  de encontrarnos en una enorme catedral (o en las minas de Moria, para que me entiendan los fans de “El Señor de los Anillos”). Algún día puede que pueda ser visitable, eso sí, si los cerdos (y lo siento mucho, pero son unos cerdos) que tiran basura y escombros a la roza del Indio dejaran de hacerlo ¿se piensan acaso que nadie los ve?

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En estas fotografías, más recientes, vemos un vertedero ilegal de escombros y restos vegetales lanzado desde la parte que da al pueblo. Es más, mientras realizaba las fotos, alguien se limitaba tranquilamente a tirar escombros sin importarle lo más mínimo si le veían. Además de ser ilegal abocar basuras sin control, este es el respeto que algunos en Bédar muestran por su patrimonio.Es una pena que para informar del patrimonio minero de Bédar muchas veces tenga que tirar de fotos de archivo, ya que lo que pretendo mostrar o bien ha desaparecido, o bien está lleno de basura.

Hierros de Garrucha, S. A. (Minas de Bédar)

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En la ya mítica revista La Cimbra de Los Gallardos nº 9 de 2001 se publicaba por primera vez un artículo completo y bien estructurado sobre el periodo de las minas de Bédar que va desde 1952 a 1970. El artículo estaba firmado por Mario Guillén Valdivia, Segundo Ramírez Rodríguez y Emilio Ruiz Ruiz. Dicho artículo incluía un completo listado de trabajadores de las minas procedentes de Los Gallardos. A pesar que para entonces ya había iniciado yo por mi cuenta el estudio de las minas de Bédar, me dejó impresionado la cantidad y calidad de la información que aportaba, además de mostrarme lo mucho que todavía faltaba por descubrir y saber. Más tarde pude conocer a Mario Guillén y Emilio Ruiz, y éste último me dejó consultar la diferente documentación de Hierros de Garrucha que se había conservado en Los Gallardos. Fue entonces cuando decidí recopilar y completar toda la información al respecto, aprovechando que muchos de los protagonistas estaban vivos.

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Homenaje a los trabajadores de Hierros de Garrucha durante la inauguración del homenaje al minero en Bédar. 2005.

 Ahora, quince años después, puedo decir que se ha avanzado bastante, aunque todavía falta mucho por saber. La última novedad es la aparición de una serie de acciones mineras de Hierros de Garrucha. No hace mucho que apareció la primera, que fue subastada por poco más de 15 euros. No hace mucho se han puesto a la venta una decena más de acciones del mismo lote (seguramente pertenecieron a un mismo accionista). Es raro encontrar documentación original sobre las minas de Bédar, especialmente acciones mineras, a pesar de que hubo miles de ellas. Esta nueva aparición de información, interesante por lo rara pero que no aporta mucho a esta historia, me ha decidido a realizar este post-artículo recopilatorio sobre esta “Hierros de Garrucha – Minas de Bédar”.  El listado original de trabajadores de Hierros de Garrucha de Garrucha fue completado posteriormente con trabajadores procedentes de Bédar y sus pedanías.

A la izquierda, acción de la empresa matriz Duro Felguera de 1963. A la derecha, acción de Hierros de Garrucha, S. A.

La decadencia de la minería de mineral de hierro en Almería posterior a 1930 se explica por el hundimiento de los precios de los minerales y la de la demanda. Muchas de las minas eran antiguas, con galerías de gran longitud, lo que suponía un transporte interior costoso, muchas de ellas también estaban agotadas. Tras la Guerra Civil, los víveres eran escasos en todas las zonas mineras, y la carestía de los artículos y materiales necesarios para las explotaciones, lo que junto a la falta de vagones y locomotoras en los ferrocarriles mantenía cerrados numerosos cotos mineros de la zona.

En 1952 tan solo se trabajaba en las minas de Serón-Bacares y en la sierra de Doña María-Ocaña. La alta cotización que estaba alcanzando el mineral de hierro hizo que en 1953 se formara una empresa para explotar las minas de Bédar, por parte de un consorcio liderado por el Banco Urquijo y la Sociedad Minero-Metalúrgica Duro Felguera, S.A. La llegada de Felipe Guillén Montoya a Los Gallardos en mayo del año 1952 marca el inicio de la reactivación de la actividad minera en la Sierra de Bédar, actividad que se prolongaría durante 18 años. La Sociedad Minero-Metalúrgica Duro Felguera, S.A. encarga a Felipe Guillén valorar  la posibilidad de volver a explotar las minas de Bédar y para ello se pone en contacto con el Ingeniero de Minas jubilado Alfredo Dörn, con Ovidio Fernández y también con Ismael Fernández. Don Felipe no duda en adquirir los planos que don Alfredo poseía sobre la etapa minera anterior.

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Antonio Imbernón, caballista de Hierros de Garrucha, fue una gran fuente de información. Aquí lo tenemos explicando el funcionamiento delante de las compuertas de las tolvas de Vulcano

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Diego Rubio, gran conocedor de la historia minera de Bédar y de Hierros de Garrucha.

El Banco Urquijo había concertado el arrendamiento de las concesiones más importantes de aquella zona, posteriormente constituyeron la Sociedad de Hierro de Garrucha, S.A. con capital de 15.000.000 de pesetas, de la que forman parte Duro-Felguera, Banco Urquijo y otros Bancos. Se organizó una recogida de muestras de mineral para comprobar la viabilidad del proyecto. Guiados por Pedro Ruiz Castaño, gran conocedor de la sierra que Don Felipe pudo recoger las muestras del mejor mineral, por lo que los análisis resultaron ser completamente satisfactorios y Duro Felguera accedió finalmente reabrir las minas de Bédar. Se imponía establecer un plan de ataque de las minas basándose en los informes obtenidos y los datos que contenían los planos comprados a don Alfredo. El alcalde de Bédar de entonces, Luis Fernández, aceptó con dificultades que el nombre de la empresa fuera Hierros de Garrucha SA, que se justificaba por una cuestión puramente de marketing empresarial al ser más conocida Garrucha como puerto de embarque. No obstante se acordó que siempre llevaría la coletilla de “Minas de Bédar.”

Diferentes sellos utilizados por la empresa

La nueva empresa quedó bajo la dirección de Felipe Guillén Montoya. Contaba con tres administrativos: Pepe Flores Simón, Martín González Flores y Mario Guillén Valdivia (químico); dos auxiliares administrativos: Juan Alarcón y Antonio Guillén Valdivia; cinco jefes de cuadrilla y un vigilante mayor: Bautista Díaz. Según testimonios, los ingenieros jefes se llamaban Don Ricardo y Don Arturo, aunque desconocemos los apellidos. En un borrador corregido del informe que para la Duro Felguera redactó don Felipe en julio de 1952 se describe este plan de ataque, en él se describen los trabajos previos de recuperación y preparación de las minas para la explotación. Como datos interesantes, en el informe se indica que en la etapa minera anterior se había extraído una cantidad de mineral de hierro que superaba los 3.000.000 de toneladas (dato obtenido de documentos de embarque consultados en Garrucha) y se estimaba la reserva de mineral en 1.200.000 oneladas. En el informe se indica expresamente que la paralización de las minas fue debido a una bajada en el precio del hierro y no a un agotamiento de los yacimientos.

Para la explotación se divide el coto minero en dos zonas: el Grupo de Serena y el de Tres Amigos. Los trabajos se iniciarían en la zona de Serena, según el informe comienzan los trabajos de limpieza y rehabilitación de las viejas galerías y vías mineras en Las Cañadicas en julio de 1952 con la rehabilitación del Socavón General y el desatoro de las galerías de las viejas concesiones mineras de Mahoma y Júpiter en el conocido como Hoyo Júpiter. También se recupera la vieja Vía de Vulcano que permitiría el acceso a las minas del Pozo Esperanza, de la Trancada de San Marcial y del Socavón San Pablo.

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Plano de concesiones de Hierros de Garrucha (Instituto de cartografía de la Junta de Andalucía)

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Comparativa de los trazados de la vía Vulcano y la vía Esperanza entre las antiguas minas y Hierros de Garrucha (elaboración propia a base de planimetría antigua)

ATAQUE EN LA ZONA MINERA DE SERENA

 En esta etapa, prosiguieron las explotaciones en el Hoyo Júpiter, explotando a cielo abierto una masa de mineral que anteriormente lo había sido mediante labores subterráneas, en la mayoría de los casos mediante labores de rapiña del mineral que había permanecido en los pilares de las explotaciones anteriores, motivo por el cual la mayor parte de las labores se hundieron.

Para dar servicio a los compresores, en 1954 se proyectó un ramal de 25 Kv desde la subestación de La Ballabona de Hidroeléctrica El Chorro, hasta un transformador en la mina del Hoyo Júpiter, desde donde partían dos sub-ramales hasta San Manuel y el Pozo Esperanza (Expediente 2255 del Archivo Histórico Provincial de Almería.) De esta manera se daba servicio para dos compresores de 40 y 50 H.P. y un taller de 10 H.P. En el Pozo Esperanza se instaló una máquina de extracción de 30 H.P. y un compresor de 50 H.P. En San Manuel se daba  electricidad para los cables de transporte de 30 y 40 H.P. y otro taller de 10 H.P.

En el BOPA del Martes 22 de marzo de 1955 (nº66), se publica la autorización (expediente 3.148) para la construcción de tres ramales de línea eléctrica trifásica a 25.000 voltios y tres centros de transformación en los parajes de Hoyo de Júpiter (14.000 m), Pozo Esperanza y San Manuel. En el diario Yugo de 1 de Abril de 1959 se destaca la presencia de un compresor eléctrico de 125 H.P. “Demag”, dos de 40 H.P. marcas “Ingersoll” y “Flottomamm”, cinco marca “Bético”, de los cuales dos eran de 40 H.P. y tres de 20 H.P., estos últimos eran aparatos portátiles para las investigaciones.

Referente a la producción, en el diario Yugo de 1 de Abril de 1959 se menciona una producción en esos momentos de más de 4000 toneladas mensuales, cuya producción era destinada a Duro Felguera desde hacía siete años. Los sueldos iban desde unas trece pesetas diarias de los obreros hasta las dieciséis de los administrativos, sin tener en cuenta los diferentes trabajos especiales, que eran tratados aparte.

En el BOPA nº 100 de 22 de Julio de 1961 se publica la petición de Hierros de Garrucha de una prolongación de la línea de 25.000 voltios, haciendo la toma en el transformador de La Carabinera, hasta la Higuera, con un recorrido total de 4.194 metros de longitud e instalación de dos transformadores de intemperio en Los Trances y La Higuera (recorrido de la mina La Carabinera a la mina La Higuera, pasando por Los Trances.) La potencia de transformación era de 160 K.V.A., con un presupuesto de 337.195,00 pesetas.

En el Boletín Oficial del Martes, 1 de Agosto de 1961 (nº173) se publica la petición para el suministro de energía eléctrica de la mina Alerta. Dicho suministro se establecería a partir del poste número 185 de la línea de 25.000 voltios que partía de la caseta de entronque, situada al lado de la subestación de la Hidroeléctrica del Chorro de Vera a la mina Hoyo Júpiter. Con un recorrido de 32 metros, mismo voltaje y caseta de transformación tipo intemperio de 40 K.V.A. El plazo de construcción se estimó en tres meses, con un presupuesto de 72.103,42 pesetas, con toda la maquinaria de procedencia nacional.

TRABAJOS DE REHABILITACIÓN REALIZADOS

Para el transporte del mineral desde el Hoyo Júpiter se reconstruyó el antiguo Plano Grande desde el Socavón General. De esta manera no se construye ninguna nueva estructura, tan solo se repararon las de las viejas minas que se consideraron necesarias.  En el informe de Don Felipe al hablar de la rehabilitación de la Vía Vulcano se habla de recuperar la “vía complementaria más alta” del Pozo Esperanza como parte de la vía de transporte que se continúa con la Vía Vulcano.

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Año 1955: vista del plano inclinado que va desde el Socavón General a la Tolva de San Manuel. (Fotografía Mario Guillén). La Cimbra nº 9 de 2001.

Poco después de pasar por delante del antiguo Socavón de San Pablo la vía procedente del Pozo Esperanza y de la Trancada de San Marcial se dividía en dos. Uno de los ramales bajaba por un plano inclinado que permitía a las vagonetas descender hasta llegar a nivel de las compuertas de unas tolvas conocidas como Tolvas de Vulcano, poco antes de internarse en el primer túnel de la Vía; el otro ramal continuaba al mismo nivel y se utilizaba como vía de carga de dichas tolvas. No hay rastro de estas tolvas de la Vía Vulcano en los planos de don Alfredo Dörn que se conservan y tampoco se hace referencia a ellas en el informe de don Felipe. A pesar de esto varios testigos afirman que estas conocidas como Tolvas de Vulcano eran antiguas tolvas que simplemente fueron reparadas, en estas labores de reparación participaron  José Soler Barón y Pedro Castro Cánovas. Todo hace pensar que en este tramo se respetó también el funcionamiento de la Vía Vulcano tal y como era antes, al igual que pasó con el Plano Grande siendo las Tolvas de Vulcano una de las pocas tolvas de las viejas minas (junto a las del cargadero del cable de la antigua estación de Serena y la tolva del Pozo Esperanza) que fueron reparadas y puestas en funcionamiento; en otras minas tan solo se instalaron tolvas metálicas y no se llegó a construir ninguna tolva de mampostería. Lo mismo se puede decir del plano inclinado, que sin duda tan solo fue reparado y que sería la conexión entre la antigua Vía Esperanza y la de Vulcano, salvando un desnivel de unos 10 metros.

En el informe de Don Felipe se comenta la intención de rehabilitar las labores del Socavón San Pablo, que se situa en la vieja concesión de Sagunto a la altura de la Vía Vulcano, para avanzar los trabajos hasta llegar a los yacimientos  del Hoyo Júpiter a un nivel de 350 metros sobre el nivel del mar. De esta manera se pudo explotar en sentido ascendente e iniciar un  movimiento de mineral en sentido contrario por la Vía Vulcano hasta el cargadero, concentrando de esta manera el mineral en estas tolvas. Por los testimonios podemos decir que este plan se llevó a cabo, ya que se iniciaron los trabajos a nivel de dicho socavón desde el que, efectivamente, se llegó a las labores del Hoyo Júpiter siendo explotados los yacimientos tal y como se había planeado. Este socavón era conocido por los mineros como el Socavón de Los Lobos.

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Uno de los albaranes de registro de jornales, éste concretamente se refiere a las labores de limpieza y explanación del plano inclinado de la “tolva San Manuel”. Cortesía de Emilio Ruiz Ruiz.

La conservación de un pormenorizado albarán de jornales del mes de agosto de 1952 nos permite conocer que labores se llevaron a cabo entonces:

Nos encontramos a Francisco Imbernón Ramos, Geordano Ureña Fernández y Juan Martínez Gallardo ocupados durante este mes en la limpieza y explanación del plano inclinado de la tolva de San Manuel, dedicando 21 jornales entre todos a la labor. A la rehabilitación de la Vía Vulcano durante este mes ocuparon 17 jornales los trabajadores José Imbernón Ramos, Francisco López Guerrero y Pedro Castro Cánovas. La rehabilitación del Socavón General requirió mucho más esfuerzo, en total se invirtieron 251 jornales por parte de numerosos obreros.

También se trabajó en la rehabilitación del Socavón de la mina Alerta, invirtiéndose 103 jornales y en el que participaron los trabajadores Pedro Balastegui López, Juan Guerrero Sánchez, José López Guerrero y Juan Soler Barón. Durante este mes se trabajó también en la rehabilitación del Socavón San Pablo con 79 jornales invertidos en su realización.

CABLE AÉREO A LOS GALLARDOS, INSTALACIONES EN SAN MANUEL

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En el centor, Joaquín Larragoiti Larragoichea, ingeniero encargado de la instalación del cable aéreo Bédar-Los Gallardos.

En el informe de Don Felipe no se hace mención a los trabajos realizados en la antigua estación de cable aéreo de Serena y tan solo menciona la “tolva de carga de San Manuel”, desde la que se prevé la construcción de un cable aéreo que partiría desde el mismo punto desde donde partía el antiguo cable hacia Garrucha. La financiación para la construcción del cable aéreo corrió a cargo del Banco Urquijo S.A. (Alcalá, 47), quien hace la petición para la instalación (BOPA 264 de 20 de Noviembre de 1953.) En el proyecto original el cable parte de San Manuel y termina en las proximidades del km 194,130 de la carretera nacional nº 340 cerca del pueblo de Los Gallardos, con una capacidad de 50 toneladas métricas/ hora. El trazado, único, por sistema bicable, se cruzaba con la línea eléctrica a 60.000 voltios de la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, que iba a Sierra Almagrera. El presupuesto era de 3.554,140 pesetas y el plazo de montaje previsto inicialmente era de 5 meses. Atravesaba los terrenos propiedad de  los bedarenses Isabel Ruiz Castaño, José Castro Soler, Benito Barón Padilla, Benito Padilla Guerrero, Francisco López Padilla, Francisca Ramos Mañas y Juan Fulquie Amarón. También atravesaba el terreno de los gallarderos Francisca Simón Rodríguez, Francisco Castro López y Pedro Rodríguez Ros. Según afirman los testigos este cable se construyó desde cero y solo conservaba del antiguo las tolvas de carga y el trayecto, aunque el nuevo cable solo llegaría hasta la Venta del Empalme de la Carretera de Almería-Murcia (Las Canteras), teniendo por lo tanto 3.849 m. de longitud horizontal. En esta ubicación se  construiría un cargadero de 500 toneladas de capacidad desde el que se cargaba el mineral en camiones. La capacidad de transporte de este cable se calcula en unas 35 toneladas/hora.  La construcción del cable duró 2 años bajo la dirección de Joaquín Larragoiti Larragoichea, ingeniero de la empresa vizcaína instaladora (García de Legarda, Hijo, domiciliada en Bilbao), empezó a funcionar en 1956. Esta empresa se encargaría, además, del mantenimiento del mismo.

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Fotografía actual del depósito y cargadero de cable de San Manuel. Al fondo, el transformador que alimentaba el motor del cable.

De la infraestructura de edificios de la antigua estación de Serena no se conservaría nada, desaparecen el Almacén, las básculas, la casa y la fragua. En el lugar donde antes se ubicaba el almacén nos encontramos con un depósito de mineral. La nueva estación de cable fue dotada de una nueva infraestructura: un motor eléctrico que movía el cable con la consiguiente torre del transformador que lo alimentaba, además de una caseta y las poleas del cable. Posteriormente se construyó una caseta para la pequeña locomotora diesel que prestaba servicio en la Vía Vulcano.

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Descargadero del cable de Hierros de Garrucha en Los Gallardos. La fotografía fue publicada en el número 9 de La Cimbra. Desde este punto, el mineral se cargaba en camiones que llevaban el mineral hasta Garrucha.

Encima del depósito se instaló un torno manual que permitía subir las vagonetas cargadas que, procedentes del plano inclinado, debían ser subidas a la parte superior del depósito para ser basculadas por el lado que daba a las tolvas. En la antigua estación de Serena y, según los planos que nos la muestran, las vagonetas que procedían del plano salvaban, mediante un pequeño túnel, la elevación natural en la cual se encontraba el almacén y que todavía se conserva en la actualidad.

garrucha1007Cable de transporte del mineral desde la playa de Garrucha hasta el cargadero en el puerto.

La misma tolva de carga parece tener modificaciones, la tolva original contaba con varias vías de desvío mientras que la de la nueva estación cargaba los vagones del cable mediante 6 buzones.

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Año 1956: tramo final del monocable en el puerto de Garrucha (fotografía Mario Guillén). La Cimbra nº 9 de 2001.

Se planeó también la instalación de un sistema de carga para almacenar y cargar el mineral en el puerto de Garrucha. Para ello se planeó construir unas tolvas de 3000 toneladas de capacidad desde la cual se transportaría el mineral por un monocable aéreo de unos 720 metros de longitud y una capacidad de 50 toneladas por hora que pasaría por el Dique de Lepanto. Para la carga en los barcos se utilizaría una cinta transportadora móvil que descargaría directamente sobre el barco. De esta manera se proyectó un sistema de carga que acabó siendo instalado según estas disposiciones aunque se desconoce si las tolvas, que estaban situadas en la playa norte de Garrucha, fueron construidas con la capacidad indicada.

INSTALACIONES EN LAS CAÑADICAS

Las oficinas de la empresa se instalaron inicialmente en los Gallardos, en la casa de Andrés Flores en la Calle Mayor, pero solo permanecieron aquí unos meses. La ubicación en Los Gallardos produjo tal malestar en Bédar que no quedó más remedio que construir unas nuevas oficinas en las Cañadicas, en la cabecera del plano.

La construcción de las nuevas oficinas se construyeron bajo la dirección del maestro albañil Juan Albarracín, ayudado por su hijo Luis y Luis Cazorla Ortega. Las oficinas incluían un despacho para Felipe Guillén y su facultativo ayudante, Juan Herrerías Mora, además de administración, comedor, cocinas y aseos.

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Panorámica de Las Cañadicas, plano inclinado y cargadero de San Manuel (cortesía Mario Guillén).

Se construyó además un taller de reparaciones con fragua, un botiquín y un polvorín (sustituyendo a la cueva que hasta entonces cumplía esa función.) Las Oficinas de Las Cañadicas se convirtieron en el centro de reunión de los trabajadores que esperaban la asignación de tareas. Cerca de las oficinas, en dirección al Hoyo Júpiter, se encontraba un edificio que se utilizó como almacén de carburo, más adelante se encontraba la oficina del guarda (una pequeña cueva abovedada que dotaron de un pequeño aseo.) Tras una visita de un inspector del Trabajo, que observó como los mineros salían del trabajo completamente cubiertos de polvo de hierro, se obligó a la empresa a que construyera unas duchas, que fueron instaladas cerca del Hoyo.

Nueva Alerta y la Higuera

 En el informe se hace referencia a la mina de Nueva Alerta en la que se hace mención a informes de los asesores que indican la presencia de mineral de muy buena calidad y sin explotar en gran parte. En el informe se continúa hablando de esta mina, al parecer encontraron el socavón de entrada de la misma hundido unos 40 metros desde la entrada por lo que se precisaría madera para poder poner las labores en condiciones de ser visitadas. En las muestras que se tomaron en esta mina por Mario Guillén se confirmó que se trataba de una mena de hierro de excelente calidad, llegándose a obtener muestras con una riqueza de un 60% de hierro y tan solo un 1% de sílice.

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Planimetría antigua procedente de la empresa minera de Chávarri de la mina Alerta. Estos planos fueron utilizados por Hierros de Garrucha para rehabilitar las labores y ponerlas de nuevo en explotación. Cortesia de Emilio Ruiz Ruiz.

El hecho de una mina casi sin explotar y con mineral de buena calidad explica la insistencia de Felipe Guillén por explotarla. Como capataz de esta mina se designó a Antonio Rodríguez (a) El Serafín. La puesta a punto fue muy dificultosa, las galerías se hundían con frecuencia  e incluso se habla de un aparatoso hundimiento que dejó un enorme cráter, que casi deja atrapados a varios mineros dentro, el entibador José Soler Barón y el martillero Juan (a) l Cojo. Pero estos contratiempos no minaron la voluntad de explotar sus ricos yacimientos y se volvió a insistir en ella hasta que la junta de accionistas se negó a invertir más dinero en la explotación de esta mina a pesar de la insistencia de Don Felipe.

Para dar servicio a Alerta se instaló un compresor en una caseta, transportándose el mineral hasta la pequeña tolva que hay a la salida del túnel del Servalico para cargarlo en los camiones. En 1975, en un informe que hace referencia a esta mina Alerta, se menciona un socavón hundido de unos 100 m en dirección S 10º O, además de recoger testimonios que afirmaban que se excavaron 500 m de galerías y planos, explotando por huecos y pilares las masas de mineral; recoge también la existencia de una roza excavada al otro lado del barranco

En cuanto a la mina Higuera (conocida por los mineros como roza del Castillico), los testimonios nos revelan que este socavón, lejos de ser abandonado, fue usado intensamente como vía de acceso a las labores del Hoyo Júpiter. Pero el uso de esta galería (el conocido como túnel de la Higuera) no se queda en una mera vía de acceso alternativa, según testimonio de los mineros se extrajo mineral de registros laterales en la Higuera (provistos de unas pequeñas tolvas),  que se transportaba por una vía minera que se instaló dentro hacia el Socavón General para ser cargado en el cable. Se sabe, por lo tanto, que estas labores conectaban con el Hoyo Júpiter, pero a pesar de las diferentes exploraciones que se han llevado a cabo en esta mina, no ha podido ser hayada dicha conexión. Es posible que el túnel de la Higuera, bloqueado deliberadamente por el lanzamiento de escombros por un antiguo buzón, conectara con las labores del Hoyo Júpiter a nivel de lo que se conoce como “los balcones“, o galerías que desembocaban a cierta altura desde el Hoyo y que eran utilizadas como depósitos de mineral.

Hoyo Júpiter

En pocos meses se preparó esta mina para su explotación, durante el segundo semestre de 1.952, desatorando y entibando las galerías, reconstruyendo el Plano Grande e instalando el tendido eléctrico. El Hoyo fue el principal centro de explotación, para lo cual fue reparado el Plano Grande y desatorado el Socavón San Pablo. En la memoria de 1975 sobre estas minas, y referente a las labores llevadas a cabo por Hierros de Garrucha, se comenta su explotación a cielo abierto, ampliando la corta original, explotando a cielo abierto una masa que anteriormente lo había sido en labores subterráneas (EPM pág. 11 y 88.) Estas zonas son las de San Ignacio y Santa Cecilia, al NE y N del Hoyo, aunque también hubo labores subterráneas en la zona O, con el pozo H, el Socavón San Pablo y otras, no existiendo prácticamente labores que no fueran en menor o mayor medida exploradas. Como ya comentábamos, existen testimonios de la realización de labores a nivel de las galerías en La Higuera, donde existen varias tolvas pequeñas y restos de explotación de esta época (barrenas perforadas, tolvas, etc.), mineral que era extraído a través del Hoyo, aunque hubiera parecido más beneficiosa su extracción por el viejo ramal de Santa Catalina por medio de camiones. Claro que existen testimonios que afirman que había que justificar de alguna manera la costosa instalación del cable aéreo…

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Año 1955: impresionante vista del Hoyo Júpiter y el socavón general. Obsérvese los depósitos de mineral desde bocaminas a más altura (los balcones), (fotografía Mario Guillén).  La Cimbra nº 9 de 2001.

En estas minas de las Cañadicas trabajaron como capataces los bedarenses Ginés González y Frasquito Moreno (a) El Dido. El rendimiento del Hoyo Júpiter decayó a principios de los sesenta, por lo que se añadieron la explotación de Alerta y Pozo Esperanza.

En la memoria de 1975 se afirma que en la mayor parte de las labores donde se prosiguieron las explotaciones se rapiñó el mineral que había permanecido en los pilares de las explotaciones anteriores, resultando por ello inaccesibles la mayoría de las labores por presentar hundimientos (EPM pág. 11.)

El Pozo Esperanza y la Trancada de San Marcial.

En el albarán conservado del mes de agosto de 1952 aparece una hoja correspondiente a las labores de desatoro y limpieza del Pozo Esperanza, pero en ella no hay anotación alguna. Es posible que estos trabajos se realizaran en meses posteriores pero el hecho es que la mina del Pozo Esperanza fue rehabilitada y su tolva de carga reparada. También se rehabilitó la galería de San Bartolomé, mas conocida por los mineros como Pozo de las Palas. Inicialmente el mineral extraído en estas minas se transportaba con caballerías (conducidos por los caballistas, como Antonio Imbernón) hacia San Manuel siguiendo un camino que llevaba hasta el cargadero, distinto la Vía de Vulcano, pero cuando la producción del Hoyo Júpiter empezó a decaer se aumentó su producción y una pequeña locomotora diesel tomó el relevo al transporte con mulas. La nueva vía seguía el trayecto de las viejas vía Vulcano, utilizando como depósito la tolvas de Vulcano. Las vagonetas de mineral podían salvar el desnivel entre la vía Esperanza y la Vía Vulcano por medio de un plano inclinado junto a las tolvas, pero por lo general se almacenaba en las tolvas hasta que llegaba un barco a Garrucha para ser cargado de mineral. En este ramal trabajaba una locomotora diesel. En Bédar se utilizaron las siguientes máquinas:

  1. Batignolles-Châtillon, nº bastidor 5842, nº fábrica 43106-11, modelo M-4115-BE del año 1955.

     2. Batignolles-Châtillon, nº bastidor 5843, nº fábrica 43106-12, modelo M-4115-BE del año 1955.

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Fotografía de fábrica de un pequeño tractor M 4115 BE como los adquiridos por HIerros de Garrucha. (Colección de Philippe Royer; LLD, Batignolles-Châtillon y Batiruhr en España, Luis Caillot y José antonio Gómez Martínez – Revistia de historia ferroviaira, año 4 número 8, diciembre de 2007).

     3. Orenstein-Koppel, construida por Construcciones Ferroviarias Industriales de Cornellá (Barcelona) y posiblemente destinada al pozo Esperanza (Según Luis Caillot y J.A. Gómez Martínez).

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Planos de una Orenstein-Koppel M00 construida por Construcciones Ferroviarias Industriales de Cornellà de Llobregat (Barcelona). Pudo ser utilizada en el ramal de la mina Esperanza y el pozo de las Palas, aunque pudo ser también la que se utilizó en la vía de servicio de la mina del Buitre (Mi Bernardo).

Según esta misma publicación, fue bajo la dirección de José María Magariño que se amplió la vía férrea principal a los pozos Esperanza y Las Palas.

El funcionamiento del Pozo Esperanza era casi idéntico al que se llevaba a cabo en las antiguas minas pues la información que se puede extraer de los planos de don Alfredo Dörn coincide con las descripciones de mineros y los restos que quedan en la zona.

Socavón Los Pinos

Se iniciaron los trabajos de preparación para explotar el conocido como Socavón del Balsón, situado en la vieja concesión minera de Nunca es tarde. Situada en el barranco existente entre la cortijada de Los Pinos y Serena, hubo problemas con el propietario de los terrenos que debía cruzar el puente que debía construirse para salvar dicho barranco, aunque llegó a construirse parte del mismo. En 1975 se describe como un socavón de 200 m excavado en dirección Norte en la base del cerro de la Cruz.

Pozo Los Pinos y San Gregorio

Se recuperaron los pozos mineros de Los Pinos y San Gregorio en la cortijada de Los Pinos, que daban acceso a labores de explotación. El de Los Pinos fue reprofundizado y utilizado para regadío, pero no se realizó explotación en ninguno de los dos.

Mina Carabinera

También se pretendió la explotación de las minas de la vieja y conocida concesión minera de Carabinera. Como sus galerías estaban anegadas por el agua se instaló una bomba con la que, tras sufrir dificultades iniciales, consiguieron extraer toda el agua. Juan Girona participó en las labores de desagüe, al parecer el agua que se extraía por medio de una bomba volvía a filtrarse de nuevo.  Se extrajo cierta cantidad de mineral de esta mina que se mezclaba con el de la mina de Las Pastoras.

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Trabajos de desagüe en la mina Carabinera. En la actualidad, las labores siguen inundadas.

ATAQUE EN LA ZONA MINERA DE TRES AMIGOS

En el informe de Don Felipe ya se hace mención a las minas de Previsión y Nueva El Porvenir, Nueva Cuatro Amigos y Nuevas Mulatas. Para la explotación de estas minas se propuso construir un cable aéreo que, partiendo de Tres Amigos, llegaría hasta la tolva de San Manuel, lo que harían un total de 2.761 metros de longitud horizontal y que formaría un ángulo con el Cable de San Manuel de 62,04º. Incluso llegó a preverse la construcción de unas tolvas que recogieran el mineral de todo el grupo de Tres Amigos para poder ser transportado a las tolvas de San Manuel.

Nunca llegó a construirse el citado cable ya que el transporte con camiones era más efectivo. No hemos podido descubrir a que mina se refería al hablar de Previsión. Con Nuevas Mulatas hacían referencia a las viejas concesiones de La Mulata, Los Mulatos y Segunda Mulata, todas muy cercanas al pueblo de Bédar. Con Nueva El Povenir se referían a la concesión que fue propiedad de la Compañía de Águilas conocida como El Porvenir, situada en la Rambla de Bédar, aunque es más conocida como la mina de Tres Amigos.  Con Nueva Cuatro Amigos se referían a la antigua mina de Cuatro Amigos propiedad de la Garrucha Iron Mining y situada en El Curato de los Bolea.

Nueva Silencio

Esta concesión se demarcó englobando los restos de la antigua Silencio, y aunque se realizaron trabajos de reconocimiento, no se llegó a poner en explotación. (EPM pág. 54.)

Mina La Cuadra y Tres Amigos

Ambas minas están situadas en la Rambla de Bédar. En cuanto a la mina de La Cuadra se comenta que era muy profunda y que las vagonetas cargadas de mineral eran movidas por mulas, su capataz se llamaba Melchor y era de Los Gallardos; todavía se puede observar el trabajo de entibación en esta mina. Está descrita en 1975 como un socavón en dirección Este-Oeste con explotación por cámaras (EPM pág. 62), vendria a corresponderse con uno de los accesos a las labores de la antigua mina Pobreza.

TRES AMIGOS

Panorámica de la mina de Tres Amigos. El mineral se acumulaba en una tolva metálica desde la cual se cargaba en los camiones.

La mina Tres Amigos se explotó un pozo de 50 metros, donde se instaló un castillete metálico, máquina de extracción y otras casetas de infraestructura. Se almacenaba en ambas minas el mineral en unas tolvas metálicas desde donde se cargaban directamente en los camiones que los llevaban a Garrucha. Ya se menciona que estaba en explotación en el diario Yugo de 1 de Abril de 1959.

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En la fotografía, los mineros Ginés y Manolo reciben la visita de unos familiares (fotografía de Miguel Gómez publicada en La Cimbra nº 9 de 2001). Se aprecia el castillete metálico de la mina.

Mina de Majada de la Cana (Cuatro Amigos)

Cuatro Amigos no llegó a explotarse a pesar de que se construyó un carril de acceso e incluso se pensó en la construcción de una vía férrea o un cable aéreo; se sabe que estuvieron trabajando unos hombres con un compresor y un martillo durante unos días (José (a) El Serafín como martillero, Robustiano Jódar como compresorista manejando un compresor portátil de la marca “Bético” de 20 Hp, José Soler Barón como pedricero/entibador y  Reyes Barón como peón). No se hizo nada en las concesiones colindantes a Bédar, las denominadas Nuevas Mulatas. En el diario Yugo de 1 de Abril de 1959 se refiere el comienzo de los trabajos en Cuatro Amigos, desde donde se estaba haciendo en esos momentos un estudio de un cable o ferrocarril de cuatro kilómetros que la enlazase con Tres Amigos, lo que finalmente no llegó a hacerse.

Mina Las Pastoras (Mi Gitana)

Ubicada entre la pedanía de Las Pastoras de Los Gallardos y El Pinar de Bédar, se trata de una mineralización pobre de hierro, con siderita, ocre amarillento, hematites parda y goethita. Vuelta a explotar hacia 1963, se extrajeron algunas toneladas de mineral de baja calidad que mezclaban con el procedente de Carabinera.

Mina Las Angustias

Al estar la mina situada en la parte superior del abrupto e impracticable barranco de Las Angustias (en las Rellanas de Bédar) se decidió instalar un pequeño cable aéreo para bajar el mineral hasta la carretera Bédar-Lubrín a la altura de La Mortera, donde instalaron tolvas metálicas desde las cuales se cargaba el mineral en los camiones. Juan Girona se encargó de instalar este cable aéreo que, aprovechando la gran pendiente del barranco, transportaba el mineral por un sistema tan sencillo como efectivo: disponía tan solo de dos vagonetas de manera que la que bajaba llena impulsaba otra hacia arriba. Según testigos de estas labores se extrajo gran cantidad de mineral de hierro de excelente calidad. Siguiendo la costumbre de Hierros de Garrucha, no se trata de ninguna mina nueva, se pueden observar todavía trabajos de prospección antiguos aunque no disponemos datos antiguos sobre prospección. El mineral se bajabahasta la carretera a Lubrín, donde se almacenaba en una tolva metálica desde donde se cargaba el mineral en camiones.

Mina Santiago

La concesión de Santiago se encuentra cerca de la cortijada de Los Pinos, en lo que se conoce como el barranco del Atajo o de Los Rincones de Los Pinos. Se planeó volver a explotarla mediante la construcción de un plano inclinado que la llevara al camino entre Los Pinos y Vulcano. Aunque llegó a construirse parte del plano y una pequeña tolva en el camino hacia Vulcano, no llegó a ponerse en funcionamiento.

 Mina del barranco del Buitre-San Bernardo.

También se pretendió explotar la calicata del Buitre, situada en el barranco del mismo nombre y cuya capa de mineral, de siderita sobretodo (también con hematites, ocre amarillo, magnetita, pirita y pirolusita), presentaba una potencia de entre 1 y 2 metros.

Al parecer llegaron a hacerse algunos trabajos en esta mina entre las décadas de los años 50 y 60. Según testimonios se extrajo cierta cantidad de mineral de uno de los socavones, emboquillándose posteriormente otro situado a 50 metros; este mineral se transportaba por una pequeña máquina unos 500 metros y por un plano inclinado se almacenaba en unas tolvas metálicas para el transporte en camiones hasta Garrucha. En la obra Trenes, cables y minas de Almería se describe la explotación de la mina Buitre y socavón de San Bernardo (Mi Bernardo), en la que se describe un ramal exterior de vía de 60 centímetros de ancho de unos 600 metros de longitud a la que puede que fuera destinada la locomotora diesel construida en Cornellà de Llobregat (Barcelona) por la firma Construcciones Ferroviarias e Industriales. Desde el final del ramal el mineral era transportado en camiones hasta Garrucha. Otros testimonios indican que se preparó un presupuesto para construir un carril de acceso (presupuesto que ascendió a unas 400.000 pesetas.)

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Vía minera para servicio de la mina del Buitre. Con aproximadamente 1 km de longitud, conectaba con un plano inclinado por el que se transportaba el mineral hasta unas tolvas metálicas, desde donde se cargaban los camiones. Una de las tres pequeñas locomotoras diesel fue destinada prestar servicio en esta mina.

Cuando estas labores fueron exploradas en 1975, se observó un socavón inferior hundido y otro a un nivel superior de 120 m de recorrido con una dirección media N 160º E, estando ambos comunicados por diversos coladeros con el nivel inferior y con otro nivel superior. Ladera arriba, a unos 50 m de desnivel, describieron un pozo.

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Interior de la galería con entibación de la mina del Buitre (Mi Bernardo).

Los testimonios antes descritos hablan del emboquillamiento de otro socavón a nivel más bajo al E, que tuvo que ser abandonado por culpa del agua y errores en el proyecto. Puede corresponderse esta labor con el mencionadio Socavón San Bernardo y con la mina Torbas mencionada en 1975, cercana a la anterior y que se encontraba hundido cuando fue visitado, donde se describe un pequeño socavón en dirección a unas capas de espesores entre decimétricos y métricos hacia el E y con buzamiento 40º N.

JUAN A. SOLER JODAR (julio 2016).

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Instituto Geológico y MInero de España. Memoria: Establecimiento de las posibilidades mineras de la zona Pb, Zn, Cu del Pinar de Bédar. 1975-76.
  2. Mario Guillén Valdivia, Segundo Ramírez Rodríguez y Emilio Ruiz Ruiz. 1952-1970, Minas de Bédar (I). La Cimbra nº 9, 2001.
  3. Juan A. Soler Jódar. Minas de Bédar (II). La Cimbra nº 13, 2004.
  4. Louis Caillot y José Antonio Gómez Martínez. LLD, Batignolles-Châtillon y Batiruhr en España. Revista de Historia Ferroviaria, número 8, diciembre 2007.
  5. José Antonio Gómez Martínez y José Vicente Coves Navarro. Trenes, Cables y Minas de Almería. Instituto de Estudios Almerienses, 2000.

 

Minas Júpiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida “ruta minera” de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de “Hoyo Júpiter”, y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las “Cañadicas”, no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del “grupo de Serena” y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a “cielo abierto”, y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al “socavón general”, pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales “bonitos”. Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes “trancadas” conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como “pocillos”, o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de “chimeneas”, mientras que los “buzones” eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un “pocillo” provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Mina Pobreza (2)

El desastroso incendio que sufrió Bédar en 2012 afectó especialmente a la zona del barranco del Servalico. Como ya comenté anteriormente, afectó de lleno los terrenos donde se encuentra una de las minas más importantes en la historia de Bédar, la mina Pobreza.

Mientras documentaba los desastrosos resultados del incendio, aproveché también para documentar los restos de esta mina, en este caso libres de la vegetación que habitualmente dificulta su contemplación. Sinceramente, me gustaría no haber tenido esta oportunidad, y espero que nunca vuelva a ocurrir, aunque sí que da una imagen bastante aproximada de cómo quedarían los restos de esta mina si se preparara adecuadamente para su visita.

Pobreza es una de las minas más importantes y también una de las menos conocidas. Ya he dado anteriormente bastantes datos sobre ella, en ocasión de la descripción de su horno de calcinación de carbonatos de hierro. Ahora veremos más restos de esta mina.

Explotada por la Compañía de Águilas desde finales del siglo XIX hasta el cierre de las minas de la Unión Bedareña en los años veinte, Pobreza fue la mina que permitió que Bédar mantuviera una producción constante de mineral cuando, a finales de siglo, el mineral de las minas de Serena empezó a escasear. Los datos concretos sobre la importancia de esta mina, que todavía estamos investigando, esperamos que sean publicados prontamente.

Junto a la vía de transporte principal, paralela al barranco del Servalico, se encuentran las oficinas y la cuadra para las mulas que se utilizaban para el transporte de las vagonetas:

OFICINAS

Esta vía minera recogía el mineral de las bocaminas de las galerías principales de transporte San Diego y San José para llevarlo a la tolva-cargadero principal del ramal de cable aéreo que lo transportaba hasta la estación de ángulo del Pinar de Bédar. Este cargadero es muy parecido al cargadero-depósito de la mina Carabinera, que contaba también con un ramal de cable aéreo:

POBREZA1

Junto al cargadero se ubicaba la estación de llegada del ramal de cable, con su correspondiente máquina a vapor y junto a un aljibe para el suministro de agua que precisaba para su funcionamiento. Se observan todavía las balsas de suministro y fundamentos de la estación del cable, aon algunos vestigios de la maquinaria, como el tubo que se observa en la fotografía:

MAQUINA

TUBERIA

Aquí podemos ver el interior del aljibe:

ALJIBE

Más arriba en la loma, todavía se pueden encontrar alguno de los pozos iniciales que se practicaron para reconocer la capa de mineral que explotaron y que luego sirvieron como pozos de ventilación. En concreto vemos el pozo del Camino, junto al camino que recorría esta parte superior de la mina y que conectaba éste pozo con el pozo Maestro y el pozo de los Almendros. Todos los pozos de reconocimiento junto al camino estaban protegidos mediante con un pequeño muro de mampostería:

POZO CAMINO1

El pozo principal de extracción, ubicado en la parte superior del cerro, era el conocido como pozo Maestro. Unas instalaciones protegían la máquina de vapor que se utilizaba para extraer el mineral. Esto nos indica que, a parte de las galerías de transporte antes mencionadas, el avance de las labores de las minas hacia el interior del cerro, siguiendo una capa de mineral que buzaba ostensiblemente, por lo que elevaba mucho el coste del transporte hasta las bocaminas. Un pozo de extracción hasta el punto más elevado y cerca del cable de transporte facilitaría el movimiento de mineral.

En estas fotografías podemos ver los restos del pozo y de la caseta de máquinas. Parece que disponía de un pequeño castillete de madera y hierro del que solo quedan algunos enganches:

POZO MAESTRO1

POZO MAESTRO2

POZO MAESTRO3

POZO CAMINO2

Quedan todavía restos de curiosas piezas de cerámica, que como se podrá observar, se fabricaban en la Industrial Alfarera de Barcelona. Se tratan de restos de la cubierta de la caseta de máquinas, tejas planas alicantinas:

CERAMICA

CERAMICA 2

Recientemente se hundió la entrada a la galería de San Diego, lo que recuerda lo peligroso de explorar estas minas sin preparación. Curiosamente hay escasos restos de entibación en esta mina (algunos troncos para dar sensación de seguridad más que para otra cosa). La entrada a la galería de San José permanece derrumbada desde hace mucho tiempo.

SAN DIEGO

Cuando la Compañía de Águilas y la sociedad de Chávarri formaron la Unión Bedareña, se desinstaló todo el ramal de cable aéreo y quedó inservible el pozo Maestro. El mineral de nuevo fue extraído por las galerías de transporte San Diego y San Juan y se decidió transportarlo por medio del ramal de ferrocarril de Santa Catalina, que discurría por el otro margen del barranco. El mineral primero se lanzaba hasta el fondo del barranco mediante un “vaciadero” ubicado entre las bocaminas de San Diego y San Juan. Desde allí se elevaba hasta un pequeño cargadero junto al ramal de ferrocarril, mediante un pequeño plano inclinado automotor. En la siguiente fotografía vemos este vaciadero con todo detalle, inapreciable habitualmente a causa de la vegetación. Nótese como todavía queda algo de mineral acumulado a los pies del mismo:

 

Ya describimos con detalle el horno de calcinación de esta mina, junto a la bocamina de la galería de Santa Bárbara (o trancada nº 3). En la siguiente fotografía podemos ver con detalle todo el conjunto, tal y como ser vería si siempre se mantuviera limpio y listo para las visitas:

HORNO