Huércal-Overa: conferencia “Desentrañando Cerro Minado de Huércal-Overa. Un superviviente de la Minería Prehistórica en el Sudeste”

Juan Luis Fernández Díaz, miembro de la Asociación de Amigos de El Argar, nos invita de parte de la Concejalía de Cultura de Huércal Overa a una interesante conferencia que se llevará a cabo el martes 14 de noviembre a la 20:00 en el Salón de Plenos del Ayuntamiento (Av. Guillermo Reyna, 7, 04600 Huércal-Overa, Almería).

Se trata de la conferencia Desentrañando Cerro Minado de Huércal-Overa. Un superviviente de la Minería Prehistórica en el Sudeste, que correrá a cargo del Doctor en Arqueología Prehistórica Nicolau Escanilla Artigas.

 

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Como los lectores de este  blog ya sabrán, la Asociación Amigos de El Argar, presidida por el arquitecto Julián Pérez Flores, es una asociación de personas dedicadas al estudio y conservación del Patrimonio de la cultura de El Argar, que comprende los importantes yacimientos de El Argar (Antas), Fuente Álamo (Cuevas del Almanzora), Gatas (Turre), entre otros. Nuestro objetivo es de seguir con las excavaciones y conservación y catalogación de las piezas encontradas y su difusión tanto del Patrimonio arqueológico como del arquitectónico.

 

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Cantera oeste de Cerro Minado

 

El Ayuntamiento de Huércal-Overa, que ya ha mostrado su interés por incorporarse a la Confederación de Pueblos Argáricos promovida por nuestra asociación, nos ofrece esta interesante conferencia. Cerro Minado es especialmente importante ya que, aunque la metalurgia en el sureste peninsular jugó un papel muy destacado en el desarrollo de los grupos arqueológicos de Los Millares y El Argar, prácticamente se desconocía la existencia de algo tan importante en todo proceso metalúrgico como son las evidencias de explotaciones mineras prehistóricas. La identificación inequívoca de evidencias de esta minería en Cerro Minado viene a suplir esta carencia. Gracias a un programa de investigación muy especializado, se ha podido identificar un grupo de herramientas líticas mineras del periodo Calcolítico (previas al desarrollo de la cultura de El Argar) que durante largo tiempo habían sido ignoradas.

Gracias a esta conferencia, de mano de uno de los especialistas que mejor conoce este yacimiento, tendremos la oportunidad ponernos al día del estado de las investigaciones y de conocer todo lo referente a este interesantísimo conjunto de artefactos mineros del Calcolítico hallados en Cerro Minado. Además, servirá para conocer la importancia y excepcionalidad de Cerro Minado en el contexto de la minería  prehistórica en el sureste peninsular, comparable a la que tiene las minas de Gavà (Barcelona) y, por lo tanto, comprender el por qué de la necesidad de proteger todo el paraje para evitar su destrucción definitiva.

 

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Sistemas de riego de Bédar: fuentes, nacimientos, minas, balsas y acequias

El sistema de riego tradicional de Bédar es una de las peculiaridades más interesantes del municipio. En pocos sitios se conserva el sistema de riego tradicional como en Bédar, cuyo sistema es heredado del que ya utilizaban los moriscos, y aún se conservan historias sobre las acequias y balsas, historias que parecen remontar a época musulmana.
Este sistema de riego, que intenta aprovechar al máximo la poca agua existente, ha servido desde muy antiguo para convertir esta sierra tan agreste en un auténtico vergel. Desde Rodrigo Alonso en el siglo XVI, pasando por numerosos visitantes que estuvieron en nuestra tierra, todos han admirado el perfeccionado sistema de, nacimientos, cimbras, balsas y acequias, que se remonta hasta los desconocidos orígenes musulmanes de Bédar.
Formando parte de este increíble legado patrimonial de Bédar, se encuentra también uno de los restos arqueológicos más notables, las pinturas murales encontradas en la antigua balsa Alta de Bédar, que datan de los siglos X-XI.
Actualmente el sistema de riego está todavía en funcionamiento, pero es imprescindible su mantenimiento, pues promete ser uno de los atractivos turísticos más importantes del municipio. Ya existe una ruta, la “ruta del Agua” por la que se puede visitar parte de esta red de acequias y balsas, pero todavía está lejos de mostrar toda su importancia.
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Fuente Cahara, caño de agua procedente de “la Pecera” y la entrada de la cimbra.
El escribano del rey, Rodrigo Alonso, al realizar el apeo de los bienes que los moriscos tenían en Bédar, no puede ocultar su admiración por este sistema por tandas, que permitía aprovechar al máximo la poca agua de la que se disponía. De esta manera se podía regar de forma proporcional y equitativa todos los pagos de regadío. A los que conocen el sistema de riego actual, le sorprenderá leer lo que Rodrigo Alonso indicó al respecto en el siglo XVI, y se asombrarán de comprobar que prácticamente no ha variado:

Fuentes y el encaminamiento de aguas:

Preguntado que agua tiene y le pertenece al dicho lugar de Bédar y de que río se saca y por qué acequia se trae y como se regaba con ella y que agua tenían en propiedad los moriscos del dicho lugar, dijeron que en el dicho lugar y su término no hay ríos y que solo hay cuatro fuentes con que se riega la tierra arbolada que son las siguientes:

Una que llaman la fuente Vedarin, que está desde el pueblo hacia la parte de Lubrín, que podrá echar media hazada de agua. Que con ella se riegan las heredades del pago de Vedarín y la dicha agua se recoge en una balsa que está junto a la fuente y los vecinos que tenían heredades en el dicho lugar regaban por sus tandas y orden tomando el agua la primera heredad, conforme al repartimiento que de ella tenían hecho, y todos gozaban igualmente de ella respecto de la tierra que cada uno tenía.

Otra fuente que se llama Alain, que nace encima del pueblo en una rambla que echa media hazada de agua con la cual se riega el pago de Jumintal, que tiene una balsa junto a la fuente, y de ella sale una acequia con que se regaban todas las heredades del dicho pago por sus tandas, y con la misma orden que el pago antes de este, prefiriendo siempre el riego las heredades más cercanas al agua. Y acabado de regar el dicho pago se tomaba la dicha agua por otra acequia de la misma balsa y se llevaba al pago de Vedarin y se regaban las heredades que alcanzaba. Y las que no se podían regar con ella se acababan de regar con el agua de la fuente de Vedarin, y que las dichas tandas se tomaban de doce en doce e de quince en quince días conforme a como tenían necesidad la tierra de riego, y por ser poco el hilo de estas dos fuentes se metía siempre en las balsas y no se regaba con él.

Hay otra fuente encima del pueblo en una rambla que nace de la sierra que está frontero del Castillo que se llama la fuente de Cahara, que echará una hazada de agua con la cual se riega el pago de Cahara y otro pago que está junto al pueblo que se dice el pago de Aofar. Los cuales dichos pagos se riegan por sus tandas en esta manera que está una balsa en bajo de la dicha fuente donde siempre entra el hilo de agua en ella con la cual se riegan las heredades de los dichos pagos. Y primero se riegan las heredades del pago de Cahara y acabadas se riegan la del pago de Aofar, y la más tierra que de allí abajo alcanza tomándola por sus tandas y orden como se ha declarado, y el que ha de regar tiene cuenta el día antes a la puesta del sol de tapar la balsa.

Tiene otra fuente junto de la Almazara del pueblo que se llama el Begira, que en nuestro lenguaje quiere decir la fuente temprana, que tiene poca agua con la cual se regaban las heredades que alcanzaba del pago de Baguira. Recogiéndose en una balsa que está junto a la fuente y la orden que tenían de regar con la dicha agua era la que tenían con las demás fuentes del dicho lugar y todos los dichos pagos tienen su acequia principal, y de ellas salen sus ramales por donde se riegan las heredades conforme al orden de tandas que tenían.

Haremos un recorrido, tanto por las fuentes y balsas principales como por algunas de las secudarias. Como otras secciones en este blog, el post pasará a ser página fija y se irá completando a medida que se vaya obteniendo más información o fotografías.

 

FUENTE CAHARA (BALSA ALTA)

 

La fuente Cahara se correspondería con la famosa Balsa Alta o “Basalta”. El descubrimiento de graffitis de época musulmana en la antigua balsa datados en el siglo XI denota la gran antigüedad de este sistema de balsas y acequias. Aunque no hay documentación histórica oficial, la tradición oral de Bédar cuenta que la antigua balsa de los moros era bastante pequeña, por lo que cuando construyeron una cimbra en el barranco del mismo nombre se vieron obligados a construir otra balsa más grande junto a la antigua. La cimbra hoy en día sigue proporcionando parte del agua a la balsa, a parte de la proveniente de la antigua “fuente Cahara”.

De la Basalta, que tiene una tanda de 13 días, salen dos acequias madre. La primera acequia madre se dirige hacia la fuente Temprana (Begira), con los que se riegan tierras en el pago de la Fuente y llegando hasta la huerta de don Pepe y algunas tierras del cortijo Bernardo.

La segunda acequia madre se dirige hacia el Malecom (antiguo pago Aofar), desde aquí una acequia cubierta atraviesa el pueblo hasta la parte más baja, el paraje conocido como “la Meseta”, acabando en “las Oliveras”, junto a la carretera a Los Gallardos.

 

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Antigua Balsalta, la “de los moros”.

 

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Graffitis musulmanes en la Basalta de los moros. Según los especialistas, datan del siglo XI. En el perro que aparece en el centro, de representa una escena de caza, se ha basado el logo de la asociación Bédar Sostenible.

 

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El sistema de medida de las tandas se sigue haciendo con una caña, con la que se mide el descenso del nivel del agua. Este sistema, imaginamos, no ha cambiado desde que los moriscos regaban.

 

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Acequia en dirección a la Basalta.

 

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Basalta, la balsa de recogida del agua de la fuente Cahara.

 

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Salida de la Basalta, división en las dos acequias madre.

 

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Acequia madre en dirección a la Fuente Temprana. junto a la acequia discurre un pequeño camino utilizado por los regantes. Este camino es estrecho y muy frecuentemente junto a barrancos bastante profundos. No siempre está en buen estado, por lo que hay que recorrerlos con cuidado, en especial esta acequia madre, que es la que sigue la actual “ruta del Agua” de Bédar, que utiliza este trayecto existente entre la Fuente Temprana y la Basalta.

 

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Acequia a la altura del Malecón, el antiguo pago Aofar.

FUENTE ALAIN (LOS CHORREADORES)

El pago de Jamontar (antiguo pago de Jumintal mencionado en el libro de Apeo) posee su propia balsa, que se corresponde con la fuente Alaín mencionada por Rodrigo Alonso. La tanda es de 11 días, tres de los cuales es para el riego de tierras (heredades) del pago de Jamontar y los 8 siguientes el de Bedarín. La acequia madre de esta balsa es la conocida como “acequia de los moros”, sobre la cual existe una curiosa historia. Cuentan que los regantes de Bedarín, necesitados de agua para sus tierras y tras algunos problemas con los regantes de Jamontar, construyeron en una sola noche una acequia para poder llevar el agua a sus tierras.

 

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La fuente Alaín se corresponde con “los Chorreadores”, “Chorradores” o “Chorreaores”. El agua procede tanto de la fuente, actualmente protegida por una caseta y de una mina de agua, la mina de los Chorreadores. Se trata de una mina moderna, construida a finales del siglo XIX o principios del XX. La galería es de 80 metros y posee una “lumbrera”, o pozo de aireación de sección circular. La mina atraviesa terrenos de diferente consistencia, por lo que tuvo que realizarse trabajos de entibado con mampostería, como se puede observar en la fotografía, realizada a la altura de la “lumbrera” de la mina.

 

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Aunque no podemos afirmarlo con seguridad, la construcción de la mina de agua de los Chorreadores tenga que ver con esta sociedad de nombre “La Fortuna”, constituida el 15 de abril de 1915 para la explotación de aguas subterráneas en dicho barranco.

 

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Se pueden observar preciosas concreciones en las paredes de la mina, consecuencia de los muchos años de paso del agua.

 

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La Balsa de Jamontar tal y como estaba en 2003, sin verja de protección.

 

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Actualmente la Balsa de Jamonar luce este aspecto.

 

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Regulador de salida de la Balsa de Jamontar. Hay dos acequias madre, una es la acequia de los moros y la otra sirve para regar los terrenos por debajo de la balsa, en el pago de Jamontar.

 

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Acequia de los moros, en dirección a Bedarín.

FUENTE VEDARIN (FUENTE BEDARÍN)

La fuente Vedarin mencionada por Rodrigo Alonso se corresponde con la Balsa Nueva de Bedarín, con una tanda de 11 días.

Aquí tenemos que  mencionar la balsa del Queque, también en Bedarín.

 

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Balsa del Queque, Bedarín

 

FUENTE EL BEGIRA (FUENTE TEMPRANA)

La cuarta fuente mencionada en el Libro de Apeo de Bédar es la fuente el Begira o Fuente Temprana, más conocida simplemente como “la Fuente”. Con sus aguas se riegan las tierras del mismo pago. Es la fuente de referencia para todo el pueblo.

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Fuente Al Begira, la fuente Temprana

 

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Balsa de recogida del agua de la fuente Temprana, junto a los lavaderos de Bédar.

 

FUENTE DE SERENA

Mencionada en el libro de Apeo de Serena, se trata de la única fuente referida en esta población por el escribano del Rey. Sus aguas se recogían, como de costumbre, en una serie de balsas para el riego de los pagos de la Coca y de la Mar. El sistema, como la misma Serena, no ha cambiado apenas. Ha de considerarse también como una de las fuentes principales.

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La fuente de Serena antes de ser remodelada.

 

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Una de las balsas en desuso en Serena.

 

FUENTES Y NACIMIENTOS SECUNDARIOS

El listado de fuentes menores, más o menos estacionarias, es casi interminable. Ante cualquier nacimiento de agua, por pequeño que fuera, siempre se procedía de la misma manera, construyendo una balsa de agua adecuada a la cantidad de agua que se podía recoger. Luego el agua se canalizaba por diferentes acequias (con “gomas” hoy en día). Alguna de las balsas, aun con nacimiento propio, también se llenaba con el agua procedente de las balsas principales.

Muchas de ellas están abandonadas o secas. De manera rápida y sin ser exhaustivos podemos mencionar las fuentes de El Campico, la mina de los Marcelos, la fuente del Albarico, la fuente de la Torrecica, el balsón de los Brunos, la mina dle Agüica en el Servalico, la fuente de los Matreros, la mina de los Olivicos, la balsa del Cañico, el balsón de Jamontar y el Medio Celemín; las minas del Curato, Las Molinas, las Yeseras, la Nava y La Mortera; el balsón de Los Álamos, la balsa del Queque, la balsa del Maestro, la balsa de los Mercaderes o Balsa Seca, la mina del barranco del Escribano; la mina de Las Majás y la de Anica Morales.

Son numerosos los restos antiguos de balsas y acequias sin uso que sería interesante poder identificar, como ocurre con esta curiosa acequia que cruza el barranco de MaCayetano y que, manifiestamente, está sin uso desde hace bastante tiempo.

 

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Por supuesto, estaremos encantados si alguien quiere aportar fotografías de algunas de estas balsas y nacimientos, con el fin de poder documentar el rico patrimonio de sistemas de riegos de Bédar.

 

FUENTE DE LA PALMERA

 

A pesar de no estar recogida en el libro de Apeo, esta fuente también tiene sus tandas, por lo que se le presupone cierta antigüedad. El agua procede de diferentes nacimientos, especialmente el procedente de la antigua galería minera de La Palmera, y recoge el agua que discurre por el barranco de los Chorreadores.

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El frondoso paraje de La Palmera, uno de los vergeles creados a base de un uso racional del agua.

 

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Uno de los nacimientos de la Palmera

 

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Mina de agua en La Palmera

 

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Balsa de la Palmera.

MINA Y BALSA DEL MAESTRO

 

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Mina y balsa del Maestro. Sepultada en las riadas del 21 de octubre de 1948, fue recientemente restaurada.

 

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Artículo: La sociedad de explotación de las minas de hierro de Bédar

Realizado en colaboración con Lise Hansen, en el artículo se realiza un recorrido por la historia de esta filial de la Compañía de Águilas, que dirigió la explotación de las minas de hierro en Serena y que instaló uno de los cables aéreos de transporte más largos de su época.

Desde los mismos orígenes de la minería en Bédar, se recoge también como la Compañía de Águilas realizó una fuerte inversión para la explotación de las minas de plomo de El Pinar de Bédar, con la construcción de unos impresionantes lavaderos mecánicos. Tras el fracaso de este proyecto, la Compañía se centró en las minas de hierro de Serena, instalando el célebre cable aéreo que desde Serena llevaba el mineral hasta Garrucha. En el artículo se cita y comenta la actuación de los diferentes directores de la sociedad, desde Anton Getz hasta Alfredo Dörn, pasando por Fredrik Dietrichson, Rafael Homedes Cabrera, José Pié y Allué y Wilhelm Friedrich.

En el artículo se publican fotografías y documentación inédita procedentes de fuentes noruegas, en especial procedente de las colecciones de Tuva Halbo y de la familia Dietrichson, heredera de uno de los directores noruegos que dirigieron la Compañía de Águilas y su filial a finales del siglo XIX, Fredrik Dietrichson.

Destacan fotografías inéditas como la del cargadero de cable aéreo de San Manuel en Serena, fotografías de El Pinar de Bédar o la casa de los Ingenieros de Tres Amigos. Fue publicado en la revista Axarquía número 16 de diciembre de 2016.

 

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Debido a su longitud, el artículo ha sido dividido en dos partes, se pueden descargar pulsando la imagen o el link inferior:

 

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Bédar: la Sociedad vizcaína de Bédar y la especulación minera

Pasadas las fiestas en honor de la Virgen de la Cabeza, consideramos que no es necesario publicar ninguna fotografía. El evento, uno de los más importantes del calendario de fiestas del pueblo, ha sido ampliamente cubierto (fotográficamente hablando), incluso con un vídeo reportaje, facilitado por Carmen del Castillo: He aquí el acceso al vídeo y a una muy completa galería fotográfica:

 

Bédar es una de las pocas poblaciones del levante almeriense donde todavía podemos observar las típicas construcciones…

Posted by Almería por ti. on Sunday, September 24, 2017

 

Hecho este pequeño paréntesis, vamos con un episodio olvidado de la historia de nuestro pueblo. No es extraño que se trate, de nuevo, de algo relacionado con las minas. Desde mediados del siglo XIX la historia de Bédar ha ido ligada, irremediablemente, a la historia de sus minas. De ser una pequeña aldea que subsistía a duras penas de la agricultura, pasó a ser un importante centro minero cuya población llegó a alcanzar 9000 almas. Hoy subsiste como zona residencial, albergando una importante comunidad de ingleses (básicamente), con un turismo no muy desarrollado pero con mucho potencial, y algo de agricultura y ganadería.

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Panorámica de la mina Alerta.

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Panorámica de la mina Unión de Tres Amigos

Se puede afirmar que el verdadero “boom” de crecimiento empieza en 1895 con la construcción del ferrocarril de carga minera a cargo de la empresa minera del marqués de Chávarri. La llegada de la nueva empresa vizcaína acabó con el monopolio del que, hasta el momento, disfrutaba la Compañía de Águilas. La construcción del ferrocarril hizo que de repente muchas zonas mineras inexplotables hasta entonces por no disponer de un medio de transporte, se convirtieran de repente en un negocio muy prometedor.

El movimiento especulativo que se siguió a la construcción del ferrocarril hizo que se dispararan las solicitudes de concesiones mineras en Bédar. Tanto mineros locales como inversores extranjeros no tardaron en lanzarse en el negocio. A pesar de la falta de fuentes y documentación. Poco a poco vamos indagando y recuperando información sobre ese periodo, alguna vez la trataremos con más profundidad, pero a grandes rasgos podemos identificar tres tipos de actividades.

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La primera sin duda son las grandes empresas explotadoras. Estas compañías disponían del capital suficiente como para adquirir concesiones mineras y permitirse los costosos sistemas de transporte y explotación a gran escala de las minas. Básicamente fueron la Compañía de Águilas y la Sociedad minera de Chávarri. También podríamos incluir la The Garrucha Iron Mining Company y la Haxton Mc Farlane y Compañía, aunque estas dos últimas subcontrataban los medios de transporte de las primeras.

El segundo tipo de empresas mineras eran mucho más modestas. Formada habitualmente por miembros de una misma familia o por pequeños capitales. Disponemos de pocos ejemplos de este tipo, como la Sociedad minera Santa Isabel, o las que explotaron las minas San Antonio Segundo y La Gracia. Normalmente arrendaban (o subarrendaban) minas, que trabajaban con pocos efectivos. Para que fueran rentables debían contar con la cercanía de uno de los sistemas de transporte de mineral, bien fuera el cable aéreo o, con preferencia, el ferrocarril, de mayor capacidad. Aún con todo, estas pequeñas sociedades mineras explotaban por sus medios las minas.

Un tipo especial de empresas eran los contratistas, formadas en su mayoría por obreros locales. Estas empresas eran contratadas por las grandes compañías para la realización de trabajos concretos (galerías, pozos…) o para la explotación de algunas de las minas. Según los datos que poseemos, las grandes compañías recelaban mucho de estos contratistas, pero recurrían a ellos muchas veces porque era menos costosa que la utilización de sus propios obreros a jornal.

El cuarto tipo de empresas eran las de corte puramente especulativo. Era quizás el negocio más beneficioso, pues consistía en registrar concesiones mineras en zonas prometedoras y esperar pacientemente a que contuvieran bastante mineral y fueran arrendadas por alguna de las compañías explotadoras. Por lo general solían tener concesiones mineras en otras muchas zonas mineras. Podríamos mencionar muchas de este tipo, empezando por las más conocidas como la Sociedad la Recuperada, la Sociedad minera La Mulata y El Negrito o las menos conocidas como la Sociedad Santa Margarita y la Sociedad Gómez Hermanos. Pocas de ellas consiguieron beneficios arrendando sus minas, solo las que primero supieron ver el negocio y demarcar las mejores concesiones. En algunos de los casos los propietarios de acciones de estas minas las consideraron durante mucho tiempo como una carga, pero cuando empezaron a explotarse y a dar rendimiento, no faltaron pleitos entre los diferentes herederos por su control. Raramente los dueños de estas sociedades pisaban las minas, solían disponer de alguien delegado en la zona que controlaba los negocios, si es que llegaba a haberlos.

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Acción minera de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito

Dentro de éstas destaca una por su implicación, la Sociedad Vizcaína de Bédar. Esta sociedad llegó casi al mismo tiempo que la Sociedad de Chávarri, y pronto se hizo con una interesante cartera de concesiones mineras, aunque finalmente el negocio no pareció ser muy rentable. El gerente de esta sociedad, el bilbaíno José Manuel Aguirre, no dudó el luchar por conseguir las concesiones mineras más prometedoras.

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Diversos ejemplos de crestones superficiales de mineral en la zona colindante a Alerta.

Una de las disputas más célebres fue la que envolvió a los terrenos colindantes a la rica concesión de Alerta. La Sociedad Vizcaína de Bédar poseía una concesión minera colindante a Alerta (de nombre Aguirre), que a su vez colindaba con la Pobreza, que explotaba la Compañía de Águilas. Según la ley minera, las compañías podían pedir como “demasía” los terrenos francos colindantes a las minas que ya poseían, a modo de ampliación de la misma. Cuando en 1894 la Compañía de Águilas pidió esos terrenos como demasía a Pobreza, José Manuel Aguirre pidió la anulación de la misma porque consideraba que pertenecían a su concesión Aguirre. Como los terrenos mostraban signos evidentes de poseer importantes cantidades de mineral de hierro, la Compañía de Águilas no dio fácilmente su brazo a torcer, llegando incluso a plantearse modificaciones de otras concesiones colindantes de su propiedad para poder incluir dichos terrenos. El pleito tuvo que resolverse finalmente en Madrid, cuya resolución fue finalmente favorable a los intereses de la Sociedad Vizcaína de Bédar en 1916, aunque de poco le sirvió ya, la minería en Bédar ya se encontraba en franco retroceso.

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Bédar: el mineral tipo Alerta

La mina Alerta es una de las minas míticas de Bédar. El mineral “tipo Alerta” era de los más demandados por los exportadores, a pesar que no se extraía en gran cantidad. Esto explica la determinación por parte de la Sociedad minera del marqués de Chávarri de explotar los yacimientos, a pesar de la inestabilidad del terreno. El ramal de Santa Catalina atravesaba los terrenos de esta concesión minera, cargándose el mineral de esta mina en una tolva ubicada en uno de los extremos del túnel del Servalico.

Es la riqueza de mineral en esta zona la que provocó diferentes enfrentamientos por la propiedad entre las distintas sociedades mineras que operaban a finales del siglo XIX y principios del XX. Es especial fue larga y complicada la guerra judicial por varias demasías mineras (ampliaciones adjudicadas a concesiones mineras ya existentes) entre la Sociedad Vizcaína, representada por José Manuel Aguirre en Bédar, y la Compañía de Águilas. Ambos pretendían la propiedad de varias demasías adyacentes a la mina Alerta para sus respectivas concesiones mineras de Pobreza (Compañía de Águilas) y Aguirre (Sociedad Vizcaína de Bédar). La batalla judicial fue larga y al parecer la Sociedad Vizcaína fue la vencedora bien avanzado el siglo XIX, aunque para entonces de poco le sirvió la victoria ante el declive de la minería en la zona.

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Maniobras de carga en el ferrocarril en el cargadero de la mina Alerta

Ya en 1952, y con el reinicio de la actividad minera por parte de la sociedad Hierros de Garrucha, la mina y su rico mineral no pasaron desapercibida para su director, don Felipe Guillén. Tal es así que algunos mineros citan la “obsesión” con la que se pretendía explotar esta mina, a pesar de la inestabilidad del terreno, que provocaba numerosos derrumbes en la galería principal.

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Restos de la caseta de compresores de Hierros de Garrucha en la mina Alerta. 

Eran tan continuos los derrumbes que decidió fortificarse la galería principal de acceso con troncos de pino procedentes del paraje de la Mortera, trabajos de refuerzo a cargo de la cuadrilla de Juan Soler Barón. Don Felipe Guillén insistía en la explotación de la mina, a buen seguro por la fama de sus minerales. A pesar de los continuos derrumbes, algunos muy aparatosos, no hubo que lamentar accidentes mortales.

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Pequeño acceso a la galería principal de la mina Alerta.

Tras el abandono de la mina, la galería se derrumbó y la entrada quedó completamente colapsada, haciendo imposible el reconocimiento de las labores internas de esta mina. Sin embargo, y gracias al descubrimiento de un pequeño acceso, hemos podido acceder a uno de los tramos de la galería principal que todavía no ha colapsado.

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En este segmento de la galería principal podemos ver el importante trabajo realizado para estabilizarla, con muros de mampostería y un entibado con troncos de pino y tablones en la parte superior, tal y como han explicado todos los testigos. La inestabilidad del terreno es evidente y los continuos desprendimientos no tardarán en colapsar toda la galería.

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Vieja roza minera en terrenos de la concesión Alerta.

En la zona abundan los crestones de mineral y otros signos de yacimientos de mineral de hierro de buena calidad. Esto explica sin duda en interés que generó esta zona entre las diferentes compañías mineras y la presencia de diferentes minas y registros, que deben ser enmarcadas en los trabajos mineros efectuados anteriormente por parte de la sociedad minera del vicecónsul inglés George Pecket primero y posteriormente por la Sociedad bilbaína del marqués de Chávarri, que fue la que finalmente inició los trabajos por medio de galerías subterráneas que posteriormente siguió explotando Hierros de Garrucha. Las labores antiguas de más envergadura se encuentran sobre el trazado del túnel del Servalico y a la izquierda del antiguo trazado de la vía Mulata en dirección a la Higuera, con diversos trabajos subterráneos y los restos de lo que parece ser un antiguo cargadero de mampostería.

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Aspecto de la mineralización de uno de los crestones localizados en terrenos de la mina Alerta, con hematites, magnetita y goethita.

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Parte del mineral, de excelente calidad, que aflora en superficie se presenta en esta especie de conglomerado, que fue intensamente explotado por medio de rozas y pequeñas labores subterráneas. Este mineral de hierro, formado en gran parte por magnetitas, se caracteriza por contener gran cantidad de calcopirita

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Muestra de mineral de la mina Alerta con numerosas inclusiones de calcopirita.

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Otra muestra de mineral procedente de la mina Alerta, magnetita con un bonito cristal de cuarzo.

Bédar: los grafitis de la posguerra

Imagino que como en otros muchos lugares, en estos pueblos de la sierra corren historias de como tras el fin de la terrible Guerra Civil española hubo quienes se “echaron al monte”. Aunque perseguidos continuamente por la Guardia Civil, su conocimiento de la sierra les permitía poder esquivarlos. En Bédar, además, la gran cantidad de minas abandonadas podría permitir miles de escondites y pasajes secretos entre las montañas. Si duda es este tipo de conocimiento el que permitió a el “Bidón” dar el esquinazo continuamente a los guardias que le perseguían por la sierra de Bédar.

En una de las visitas de exploración en la Carrasquica (cerca de Bedarín, en Bédar) nos encontramos con una antigua mina de hierro con una entrada escondida. Si localizamos la mina fue porque un derrumbe había dejado al descubierto algunas galerías y de esa manera pudimos localizar la entrada, muy bien disimulada entre la vegetación.

Se trata de una pequeña mina de hierro excavada en un terreno muy inestable. Los trabajos de entibación con mampostería seca y algunos troncos de pino, seguramente procedentes del pequeño bosque de la Mortera. Estas características nos hablan de una de las muchas minas de hierro que, a principios de siglo, proliferaron por casi toda la sierra.

Todo dentro de lo esperable, salvo que la entrada está cubierta de pelladas de yeso de mala calidad (yeso aprovechado, como se solía utilizar en la época de escasez de la posguerra).

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Entrada de la mina (La Carrasquica)

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Galería con mampostería seca ante la inestabilidad del terreno.

int3Algunos troncos de pino dan la sensación de seguridad. A pesar de todo, la mina ha aguantado hasta no hace mucho. Un derrumbe de una sección de la galería ha permitido su redescubrimiento.

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La mina tiene su propia fauna, entre ellos centenares de opiliones, que son un tipo de arácnidos pero no son arañas (ni tienen veneno). Están sordos y son medio ciegos, pero usan sus patas como sensores. Cuando se les molesta se ponen a oscilar rápidamente, como método de defensa, quizás por eso se conocen como “cascabeles”.

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El filón de hierro aparece a la derecha de la galería.

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El derrumbe de la galería ha dejado al descubierto la red de galerías en el terreno inestable de esta mina.

Sin duda lo más curioso de esta mina son los graffitis que aparecen con profusión en el yeso blando de la entrada. Entre las numerosas marcas se pueden leer diferentes nombres, pero lo que nos puede ayudar a saber en qué época se hicieron en una curiosa inscripción que no transcribiremos pero que sin duda podran ver rápidamente:

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Esta inscripción nos lleva sin duda a la época de la posguerra y puede que esta mina fuera utilizada como escondite, dado el difícil acceso a su entrada. Hay algunos nombres grabados en el yeso, pero destaca una especie de listado, enmarcado en un rectángulo.

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El mal estado del yeso y los continuos graffitis efectuados no permiten leer más que dos o tres nombres, de manera parcial. Parece repetirse el de José Collado, otro es el de María M… (¿Mulero?):

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Otras inscripciones son muescas como las que podría hacer un preso en su cárcel:

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Hasta aquí este curioso hallazgo.

Bédar: la mina del cerro del Silencio

 

Son días festivos de calor, diversión y jolgorio, quizás ya un poco saturados de “Dreambeaches” y otras festividades. Hay numerosas fotografías de los diferentes eventos que corren por internet, en posteriores post ya incluiremos fotografías, conforme nos vayan llegando, para los que no hayan tenido la suerte de asistir.

Por nuestra parte seguimos con temas mineros, en concreto el bastante olvidado ramal de la Mulata y las minas a las que daba servicio. Entre ella la mina “Silencio”, mina ubicada en el paraje de la Carrasquica, en el lugar llamado también como la vieja mina, el “Silencio” (habiendo escuchado en diversas ocasiones como se referían a ella como el cerro o la sierra del Silencio). En nombre primigenio era sin embargo el de Cueva Horadada.

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En la fotografía Superior, imagen de Google Earth de la mina “Silencio”. En la parte Superior se observan dos explotaciones a cielo abierto, una a la que se accede por medio de una trinchera y otra más grande con los restos de un plano inclinado. En la ladera sur se encuentran los socavones de entrada y las instalaciones de la mina, la tolva y la estación de carga del cable aéreo.

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En la fotografía Superior, entrada doble de la mina Silencio, a pocos metros de la entrada se situa un pozo.

Para la explotación de esta mina se constituyó la Sociedad Minera la Ilusión en 1891, en la que encontramos a destacados comerciantes y mineros ya conocidos de la minería en la zona como José García Suesa, Francisco Berruezo y Antonio Pérez.

La mina disponía de un interesante yacimiento de hierro que no pasó desapercibido para las sociedades explotadoras, siendo la sociedad minera de Chávarri la que finalmente la puso en explotación. Sin duda fue su posición aislada con respecto al resto de cotos mineros en Bédar lo que retrasó su explotación. Ubicada a unos 2 km al NO de Bédar, la vía de transporte más cercana el ramal minero de la línea Mulata, donde a principios del siglo XX ya un ferrocarril efectuaba el acarreo del mineral procedente de esta importante mina en explotación por la empresa de Chávarri.

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En las tres fotografías superiores observamos la tolva cónica de la mina Silencio, con un diámetro superior de unos 12 metros. La imagen inferior nos muestra el túnel de acceso a la compuerta de carga de la tolva.

La enervante falta de documentación y de fotografías es de nuevo el principal problema para conocer un poco más esta desconocida mina de Bédar y de su cable de transporte. Sin embargo, no fue una mina más sin importancia, la compañía minera tuvo que realizar una importante inversión para poder explotarla. Hoy en día poco queda de todo lo que se construyó, y visitando la zona es difícil imaginar el esfuerzo realizado para instalar un cable minero de estas características.

La documentación procedente de los archivos de la familia Berruezo, así como la escasa documentación procedente de la empresa de Chávarri y la Unión Bedareña arrojan algo de luz sobre esta mina.

El modo escogido de transporte elegido hacia la arteria principal que suponía la vía de la mina Mulata fue la de un monocable de 1,6 Km hasta un punto en el paraje de La Palmera, donde se construyó el cargadero en el ferrocarril en 1905. Se realizaron las obras de mampostería de excelente calidad, tolvas y cargaderos, que la sociedad de Chávarri acostumbraba a construir. Siguiendo la extraña costumbre en el ramal de la Mulata de construir tolvas-embudo, para el depósito de mineral en la mina se construyó una tolva de este estilo, aunque de sección más o menos rectangular y mucho más pequeña que las otras tolvas de la zona. Desde la única compuerta de esta tolva, ubicada como en el resto en un túnel de acceso, el mineral se conducía hasta el cargadero del cable, que disponía de una superestructura de mampostería en forma de herradura de la calidad acostumbrada y dispuesta de una rampa, en todo comparable con la construida en la mina de Cuatro Amigos.

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En la fotografía superior, los restos del cargadero de cable, mostrando la rampa de la estructura en herradura que debió acoger las estructuras de carga del cable aéreo y el freno del mismo.

Aunque desconocemos si se explotó durante el periodo de la Unión Bedareña (los testimonios parecen indicar que sí), sabemos que tan solo entre 1905 y 1907 se declararon casi 48.000 toneladas de mineral procedentes de esta mina.

El cable de transporte tampoco fue algo improvisado. Se trataba de un monocable, seguramente del fabricante Roe, de 1.600 metros de longitud en un solo tramo y provista de 40 vagones. No disponía de motor ya que la pendiente era favorable, solo estaba provista de un freno (presumiblemente instalado en la mina) que permitía que las vagonetas cargadas impulsaran a las vacías que subían hacia la mina. El cable disponía también de una línea telefónica que permitía mantener conectado ambas estaciones del cable. En la mina se instaló una fragua en una chabola y para el transporte de mineral disponían de dos vagonetas de 1 tonelada y otra más pequeña de 400 kilos.

No disponemos de planos que nos indiquen el tipo de explotación que se llevó a cabo en esta mina, pero por los restos existentes parece claro que se trabajó a roza abierta en la cima del cerro mientras que a una cota inferior se abrieron varias galerías, que parten desde la parte S del cerro y que se dirigen en dirección NE. En una de estas galerías, aparentemente la principal, se excavó un pozo de 40 metros de profundidad a pocos metros de la entrada.

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En las fotografías superiores vemos lo que queda de la estación de descarga del cable de la mina Silencio. Un muro de unos 20 metros de largo y 2,5 de alto y una plataforma elevada es lo único que queda. La parte superior inclinada del muro, de excelente mampostería, delata su función de sistema de carga en los vagones del tren. La plataforma, ampliada en su parte posterior y ocupada actualmente por un local, debió estar ocupado por un pequeño edificio que haría las funciones de taller almacén y oficina de control del cable, que disponía de una línea de teléfono para comunicarse con la mina.

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El plano superior nos muestra una reconstrucción de este cargadero. Estas estaciones de descarga eran bastante similares en cuanto a su funcionamiento fuera cual fuera el tipo de cable. Una estructura sobreelevada de raíles permitía que las vagonetas cargadas pasaran del cable a unos raíles rígidos, por diferentes sistemas según el fabricante. Un operario empujaba la vagoneta, lo basculaba para descargar el mineral sobre una tolva de descarga o en un espacio que hacía las veces de depósito, y luego acompañaba la vagoneta vacía, dando la vuelta hasta volver a conectar la vagoneta vacía con el cable en dirección contraria. El cable pivotaba habitualmente sobre una gran rueda, donde se encontraban también los anclajes y contrapesos que tensaban los cables (el tipo de anclajes y sistema de contrapesos dependía del constructor). En el descargadero de la mina Silencio parece que el mineral se descargaba junto al muro, junto a la cual se estacionaban los vagones del ferrocarril. Varios operarios se encargarían de la carga en los vagones.

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El descargadero se encontraba junto a la vía de la mina Mulata. Una vía de desvío debía permitir estacionar la vagonetas del ferrocarril junto al muro, maniobradas por la locomotora 020T Saint Léonard “Mulata” que prestaba servicio en este ramal. En la fotografía superior vemos el final del muro del cargadero a la izquierda y el trazado de la antigua mina Mulata a la derecha. En el medio se encuentra un carril reciente que lleva hacia el cortijo rura de Los Castros, que se encuentra a poca distancia.

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Fotografía superior: antiguo trazado de la vía de la mina Mulata, a poca distancia del cargadero de la mina Silencio.

mulataEn la foto superior el cerro de la Señora, ubicación de la mina Mulata, justo al lado de Bédar. Esta rica mina fue la que motivó la construcción del ramal que llevaba su nombre. Todavía se observan las cicatrices que dejó la minería, sus dos enormes canteras y una extensa red de galerías y explotaciones en huecos y pilares bajo su superfície.

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La falta de fotografías de época de estas instalaciones (del ferrocarril de los Chávarri en la actualidad) hace difícil imaginar la escala de las obras realizadas donde hoy ya no queda nada. Es por eso que nos ayudamos de estas reconstrucciones para hacernos una idea. En imagen superior, aspecto que debió tener el descargadero de la mina Silencio junto a la vía prinicipal de la vía Mulata. La vía de desvío hacia el cargadero permitiría que la locomotora Saint Léonard, de 9 toneladas, pudiera maniobrar con otras vagonetas cargadas procedentes de las minas Mulata, Segunda Mulata y Mozambique, mientras que los operarios descargaban el mineral de las vagonetas del cable aéreo y lo cargaban en las vagonetas del ferrocarril. Esta vía de la Mulata era de 1,6 kilómetros de longitud y conducía hasta la estación de Tres Amigos, se disponía de 21 vagones de mineral con una capacidad de 3 toneladas y media.