Bédar: los grafitis de la posguerra

Imagino que como en otros muchos lugares, en estos pueblos de la sierra corren historias de como tras el fin de la terrible Guerra Civil española hubo quienes se “echaron al monte”. Aunque perseguidos continuamente por la Guardia Civil, su conocimiento de la sierra les permitía poder esquivarlos. En Bédar, además, la gran cantidad de minas abandonadas podría permitir miles de escondites y pasajes secretos entre las montañas. Si duda es este tipo de conocimiento el que permitió a el “Bidón” dar el esquinazo continuamente a los guardias que le perseguían por la sierra de Bédar.

En una de las visitas de exploración en la Carrasquica (cerca de Bedarín, en Bédar) nos encontramos con una antigua mina de hierro con una entrada escondida. Si localizamos la mina fue porque un derrumbe había dejado al descubierto algunas galerías y de esa manera pudimos localizar la entrada, muy bien disimulada entre la vegetación.

Se trata de una pequeña mina de hierro excavada en un terreno muy inestable. Los trabajos de entibación con mampostería seca y algunos troncos de pino, seguramente procedentes del pequeño bosque de la Mortera. Estas características nos hablan de una de las muchas minas de hierro que, a principios de siglo, proliferaron por casi toda la sierra.

Todo dentro de lo esperable, salvo que la entrada está cubierta de pelladas de yeso de mala calidad (yeso aprovechado, como se solía utilizar en la época de escasez de la posguerra).

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Entrada de la mina (La Carrasquica)

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Galería con mampostería seca ante la inestabilidad del terreno.

int3Algunos troncos de pino dan la sensación de seguridad. A pesar de todo, la mina ha aguantado hasta no hace mucho. Un derrumbe de una sección de la galería ha permitido su redescubrimiento.

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La mina tiene su propia fauna, entre ellos centenares de opiliones, que son un tipo de arácnidos pero no son arañas (ni tienen veneno). Están sordos y son medio ciegos, pero usan sus patas como sensores. Cuando se les molesta se ponen a oscilar rápidamente, como método de defensa, quizás por eso se conocen como “cascabeles”.

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El filón de hierro aparece a la derecha de la galería.

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El derrumbe de la galería ha dejado al descubierto la red de galerías en el terreno inestable de esta mina.

Sin duda lo más curioso de esta mina son los graffitis que aparecen con profusión en el yeso blando de la entrada. Entre las numerosas marcas se pueden leer diferentes nombres, pero lo que nos puede ayudar a saber en qué época se hicieron en una curiosa inscripción que no transcribiremos pero que sin duda podran ver rápidamente:

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Esta inscripción nos lleva sin duda a la época de la posguerra y puede que esta mina fuera utilizada como escondite, dado el difícil acceso a su entrada. Hay algunos nombres grabados en el yeso, pero destaca una especie de listado, enmarcado en un rectángulo.

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El mal estado del yeso y los continuos graffitis efectuados no permiten leer más que dos o tres nombres, de manera parcial. Parece repetirse el de José Collado, otro es el de María M… (¿Mulero?):

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Otras inscripciones son muescas como las que podría hacer un preso en su cárcel:

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Hasta aquí este curioso hallazgo.

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