De Bédar al mundo: veinte años de investigación sobre los cables aéreos mineros

Más de veinte años de investigación han dado lugar a la obra más completa publicada hasta la fecha sobre los cables aéreos mineros en el sureste español. El próximo 13 de agosto tendrá lugar la presentación pública de este libro, una oportunidad única para descubrir una parte esencial de nuestro patrimonio industrial y tecnológico.

Aunque el libro comenzó a gestarse a partir de las investigaciones sobre el cable aéreo minero de Bédar, pronto trascendió el ámbito local para convertirse en un estudio de alcance mucho más amplio. A través de cientos de documentos, fotografías inéditas y archivos consultados en España, Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Noruega, reconstruye la historia y la evolución de unos sistemas de transporte que fueron decisivos para el desarrollo de la minería moderna.

La obra analiza por primera vez de forma sistemática la evolución tecnológica de los cables aéreos, el papel de ingenieros y empresas que marcaron su desarrollo y reúne un extenso catálogo de las líneas documentadas en el este de Andalucía y Melilla. Es el resultado de más de dos décadas de investigación y constituye una valiosa aportación tanto para especialistas como para cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

La presentación tendrá lugar el 13 de agosto y será una excelente ocasión para conocer de primera mano el proceso de investigación, descubrir algunas de las historias más sorprendentes que esconde el libro y conversar con su autor. Una invitación a mirar con nuevos ojos unas infraestructuras que, aunque en muchos casos han desaparecido, contribuyeron de forma decisiva al desarrollo económico y social de nuestro territorio.

Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.

Disponible dentro de dos días, el 17 de julio.

Nuevo libro: 42 cables aéreos históricos que recuperan la memoria industrial del sureste español

¿Hubo un cable aéreo cerca de tu pueblo?


Durante décadas, decenas de estas impresionantes infraestructuras atravesaron montañas, barrancos y valles del sureste español, uniendo minas, estaciones ferroviarias y puertos. Hoy, muchas han desaparecido casi por completo, pero su historia permanece en documentos, fotografías y en la memoria de los paisajes que transformaron.

El próximo 17 de julio se publicará un libro que reúne el resultado de más de veinte años de investigación sobre los cables aéreos históricos, una obra que combina historia, ingeniería y patrimonio industrial.

El libro incluye un catálogo documental con 42 líneas de cables aéreos, muchas de ellas vinculadas directamente a pueblos y comarcas concretas:

Almería

  • Serena (Bédar) – Garrucha y trinchera Villalta (Bédar).
  • Serena (Bédar) – Los Gallardos.
  • Líneas secundarias de las minas de Bédar: Carabinera, Pobreza, Borrasca, Santiago, Silencio y Angustias.
  • Mina Cuatro Amigos (Bédar).
  • Puerto de Garrucha.
  • Barranco Jaroso, mina Violeta, mina Los Tres Pacos y otras líneas de Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora).
  • Mina Isabel (Mojácar).
  • Cuevas Negras y Gran Coloso (Tíjola y Bayarque).
  • Cable Cabarga San Miguel y cables del Manzano y Cortijuelo (Serón y Bacares).
  • Minas del Tesorero (Serón y Baza), también en Granada.
  • Cable de Cóbdar.
  • Canteras de andesita de Rodalquilar y Mesa Roldán (Níjar y Carboneras).
  • Rincón de Martos (Níjar).
  • Colativí – Casa Fuerte (Tabernas, Níjar y Almería).
  • Calares – ferrocarril de Lucainena de las Torres a Agua Amarga.
  • Los Baños – estación de El Chorrillo (Pechina).
  • Alfaro – ferrocarril de Sierra Alhamilla (Rioja y Pechina).
  • Canteras de Huéchar al Andarax.
  • Olula de Castro – Fuente Santa.
  • Gérgal – Cruz de Mayo.
  • Mina Miguelito (Gérgal).
  • Nacimiento.
  • Escúllar.
  • Beires – Doña María (Beires, Ohanes y Nacimiento).

Granada

  • Las Piletas – estación de Huéneja.
  • Minas del Conjuro (Busquístar, La Taha, Órgiva y Vélez de Benaudalla).
  • Dúrcal – Motril (Dúrcal, Nigüelas, Lecrín, El Pinar, Lanjarón, Vélez de Benaudalla, Órgiva y Motril).
  • Mina Santa Julia – estación de Riofrío (Loja).
  • Guájar Alto – Río Verde (Los Guájares, Lentegí, Otívar y Almuñécar).

Jaén

  • Cable del Centenillo (Baños de la Encina, La Carolina y Carboneros).
  • Cable del Guindo (La Carolina).
  • Cable de la mina Sinapismo (La Carolina).
  • Cable de la mina La Abundancia.
  • Pozo Mirador – Santo Tomás (Baños de la Encina).
  • Cable de Grañena (Jaén).

Málaga y Melilla

  • Altos Hornos de Málaga (desde las minas de Casariche y Badolatosa, en Sevilla).
  • Línea de Marbella.
  • Línea de San Juan de las Minas (Guelaya, Melilla).

La obra incorpora además decenas de imágenes históricas recuperadas, incluyendo fotografías inéditas procedentes de archivos públicos y privados, junto con documentos gráficos que permiten reconstruir instalaciones hoy desaparecidas o de las que apenas quedan vestigios. Muchos de estos cables aéreos han desaparecido casi por completo; por ello, este libro pretende conservar su memoria y poner en valor un patrimonio industrial antes de que se pierdan definitivamente sus últimos testimonios materiales.

La portada del libro muestra una fotografía inédita de la línea de cable aéreo del mítico barranco Jaroso de Sierra Almagrera, una de las muchas imágenes recuperadas durante la investigación y que permiten descubrir cómo eran estas instalaciones cuando todavía estaban en funcionamiento. A través de fotografías históricas, planos, informes técnicos y documentación de archivo, la obra reconstruye la evolución de una tecnología que tuvo un papel fundamental en la minería española desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Destacamos, entre otras fotografías inéditas, una vista impresionante del cargadero de cable aéreo de Los Gallardos o una nueva serie de fotografías de Serón-Bacares, entre otras.

Esta obra no solo estudia una tecnología de transporte: recupera la historia de decenas de localidades, de sus explotaciones mineras y de las personas que hicieron posible unas instalaciones que fueron símbolo de innovación e ingenio.

Muchos de estos cables forman hoy parte de un patrimonio frágil y poco conocido. Conocerlos es también conservar la memoria de una época en la que los paisajes estaban unidos por auténticos caminos suspendidos sobre las montañas.

Título: Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla
Autor: Juan Antonio Soler Jódar
Extensión: 426 páginas con más de 800 ilustraciones (fotografías, planos, documentos, etc.)
Formato: tapa dura
Contenido: historia + características y evolución tecnológica + instalación de cables aéreos + Carlos Bahlsen y La Maquinista de Almería + catálogo de 42 líneas aéreas documentadas

Disponible a partir del 17 de julio en Amazon.

Un viaje por los cables aéreos de la minería: un nuevo libro recupera una historia casi olvidada

El próximo 17 de julio verá la luz Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla (1884–1966), una obra que reúne por primera vez un estudio sistemático de una de las infraestructuras más características, y al mismo tiempo más desconocidas, de la minería del sureste peninsular. A través de sus páginas, el lector descubrirá cómo estos ingenios permitieron salvar barrancos, sierras y grandes desniveles para transportar millones de toneladas de mineral desde las explotaciones hasta los ferrocarriles o los embarcaderos. Aunque se trata de un trabajo de investigación, está concebido para que pueda ser disfrutado tanto por especialistas como por cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

El libro no se limita a catalogar instalaciones. Cada cable aéreo se estudia en su contexto histórico y tecnológico, analizando las circunstancias de su construcción, las empresas y los ingenieros que participaron en su diseño, las soluciones técnicas adoptadas y su evolución a lo largo del tiempo. El resultado es una obra que combina el rigor de la investigación con una narración accesible, permitiendo comprender no solo cómo eran estas instalaciones, sino también por qué representaron un avance decisivo para la minería de finales del siglo XIX y buena parte del XX.

Uno de sus principales valores reside en la amplitud y diversidad de las fuentes consultadas. La investigación se apoya en una extensa documentación procedente de archivos públicos y privados, prensa histórica, publicaciones técnicas nacionales e internacionales, memorias de empresas mineras, expedientes administrativos, planos originales, catálogos de fabricantes y una extraordinaria colección de fotografías históricas, muchas de ellas inéditas. Ese trabajo de documentación ha permitido identificar instalaciones prácticamente desconocidas, reconstruir trazados desaparecidos y aclarar numerosos aspectos técnicos que hasta ahora permanecían dispersos o sin estudiar.

La estructura de la obra facilita distintos niveles de lectura. Quien busque una visión general encontrará una introducción que explica el desarrollo de la tecnología de los cables aéreos, sus principales fabricantes y los sistemas constructivos empleados. A partir de ahí, el catálogo reúne cada instalación conocida en una extensa región del sureste español mediante fichas ampliamente documentadas, acompañadas de mapas, planos, fotografías históricas, esquemas y referencias documentales que convierten el libro tanto en una obra de consulta como en una referencia para investigadores, historiadores, ingenieros y aficionados al patrimonio industrial.

Con su publicación el 17 de julio, esta obra aspira a convertirse en un referente sobre la historia de los cables aéreos mineros en España y, al mismo tiempo, a contribuir a la difusión y valoración de un patrimonio tecnológico que, pese a haber desaparecido en gran medida del paisaje, sigue siendo fundamental para comprender la historia minera e industrial del sureste español. Es una invitación a descubrir un capítulo poco conocido de nuestro pasado, donde la ingeniería, la minería y el territorio se entrelazan para contar una historia tan fascinante como desconocida.

Presentaciones en Huércal-Overa y Beires

Estos dos últimos días han estado cargados de actividades para los investigadores del grupo APAMILE. Ayer, 25 de diciembre, se presentó oficialmente la nueva revista ZAMBRA, la nueva Revista Cultural del Ayuntamiento de Huércal-Overa, en la que han participado con los artículos: «Jesualdo y César Giménez de Cisneros Sevilla: los últimos románticos», de Magda Navarro Arias y «Breve historia de la minería y la metalurgia en Huércal-Overa», por parte de Juan Antonio Soler Jódar y José Berruezo García.

Arriba, fotografía en conjunto de colaboradores del primer número de la revista ZAMBRA, publicada en el portal Overa Viva.

Arriba, presentación en Beires, junto a Joaquín Gaona Villegas, de los artículos publicados en FARUA sobre la minería y el cable aéreo de transporte de mineral de Beires a la estación de Doña María. Una pequeña reseña técnica para comprender la importancia del cable de Beires en la historia de la evolución tecnológica de estos ingenios, ya que supuso un punto de inflexión en su evolución a inicios del siglo XX, un ejemplo claro de la superioridad de las nuevas patentes alemanas sobre los obsoletos sistemas usados hasta entonces. Incidimos también en la relación que hubo entre la minería de mineral de hierro de Beires y la industria de construcción naval y, cómo no, la presentación de un impresionante álbum de fotografías que muestran, con un nivel de detalle nunca antes visto, cómo se instalaba una de estas líneas de transporte aéreo. Una grabación completa del evento se publicará en los medios en la página del Centro Virgitano de Estudios Históricos Berja-La Alpujarra.

Arriba, Juan Antonio Soler y la alcaldesa de Beires, Carmen González, en el Museo minero de Beires, en el momento de la entrega de un ejemplar del libro «»La expedición minera de la sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español», recientemente publicado en Granada.

Queremos agradecer a todos los asistentes a la presentación hoy en Beires, un precioso pueblo de la Alpujarra almeriense y su magnífico y acogedor Museo-centro interpretación minero.

Un año de publicaciones

¡Gracias a todos los que han adquirido nuestros libros y guías! Todos están disponibles en Amazon. Un nuevo proyectos está en preparación, les mantendremos informados.

El Pinar de Bédar: objetos curiosos del mayor archivo privado conocido referente a la minería histórica.

En primer lugar querríamos agradecer a todos los que ya han adquirido el libro sobre El Pinar, ya sea en su versión en españolo o en inglés. Para los que dudan, vamos a comentar alguna de las novedades incluidas en esta obra, especialmente para los aficionados a la historia y patrimonio del Levante almeriense.

Candil de piquera de época califal con decoraciones epigráficas.

Es conocido lo difícil que es acceder, con fines de investigación, a la documentación y objetos de época de las empresas mineras del XIX y principios del XX, no digamos ya fotografías. Por lo general, lo poco que hay es buscado con avidez y atesorado por coleccionistas privados, en un lucrativo mercado de libros, periódicos, planos de época, minerales de colecciones antiguas, acciones mineras y las siempre codiciadas fotografías de época. De esta manera, los descubrimientos documentales rápidamente se fragmentan y distribuyen por los diferentes mercados con destino a coleccionistas, cuyo único objetivo es adquirir una nueva pieza para sus respectivas colecciones, sin importarles su contexto o valor para los investigadores.

Nos queda, casi en exclusiva, los archivos públicos, en especial el Archivo Municipal de Vera y el Archivo Histórico Provincial de Almería, además de las diferentes hemerotecas públicas nacionales. Estos archivos nos permiten suplir en parte esta carencia, pero echamos mucho de menos los documentos de primera mano de las empresas, que son los que suelen contener dar más pistas sobre las motivaciones y los por qués de los acontecimientos investigados.

Dos de los objetos procedentes del hospital minero de El Pinar. Se trata de un inhalador de cloroformo en su estuche, utilizado para anestesias (izquierda) y una Pipe of Peace de Sir Hiram Maxim (derecha), un inhalador para tratar afecciones bronquiales ideado por el inventor de la famosa metralleta que lleva su nombre.

Al enfrentar el estudio de la minería de El Pinar nos encontramos tan solo con una serie de tradiciones orales de difícil comprobación y, eso sí, gran cantidad de documentación en los referidos archivos. Esto nos permitió perfilar su historia con algo más de precisión, pero quedaban muchas preguntas en el aire y enormes lagunas sober las que solo podíamos emitir algunas hipótesis.

Esto cambió con el descubrimiento de los archivos familiares de Dietrichson y Thorkildssen en Noruega (gracias a nuestra amiga Lise Hansen). Este es un momento clave que marca un punto de inflexión claro en nuestra forma de investigar, atisbando la dimensión internacional de lo que ocurrió en nuestra tierra, buscando y localizando documentación en lugares tan distantes como Alemania, Inglaterra, Francia y EEUU. Es evidente que, además de suponer un avance significativo en nuestras pesquisas, este nuevo enfoque nos permitió expandir nuestras investigaciones más alla de las fronteras de la provincia, escapando al tradicional localismo de la investigación histórica almeriense y de sus dogmas históricos establecidos, ya un poco manidos y faltos de actualización. Además pudimos liberarnos de la dependencia asfixiante de los pocos archivos locales, privados o no, existentes.

El nuevo flujo de datos, documentos y fotografías nos permitió elaborar una primera obra de síntesis que seguramente muchos conocerán, se trata del libro «MINASCABLES, FERROCARRILES, FUNDICIONES Y EMBARQUE DE MINERALES», publicado en 2021. En esta obra volcamos toda la información y documentación recopilada hasta el momento, lo que la ha convertido en una referencia para la minería en el Levante.

Báscula de precisión del laboratorio de El Pinar.

Pero a pesar de todo, no estaría completo sin la documentación de primera mano, la de las propias empresas que gestionaron la minería en El Pinar de Bédar. Y finalmente, ya sea a causa de nuestra constancia o por algún tipo de milagro, llegó finalmente. Así llegaron accedimos a los archivos de la 2ª división de la Compañía de Águilas y de la Unión Bedareña, con domicilio social en El Pinar de Bédar primero y en Vera después. Siguendo la buena racha, también localizamos los de la empresa TRAMISA, que siguieron los trabajos de las primeras

No entraremos en cómo se descubrió este completo archivo de una empresa histórica, que creemos único, lo importante es que pasamos de contar, con suerte, con una carta sobre un tema específico a tener que seleccionar las cartas más relevantes. En efecto, con más de 5.000 cartas, muchas personales, unos 300 planos, objetos topográficos y administrativos, libros, cuadernos de notas, folletos de proveedores. Por primera vez nos vimos desbordados de documentación, lo que supuso un ardúo trabajo de identificación, clasificación y catalogación de la documentación y objetos encontrados, lo que llevó un trabajo continuado de 4 meses.

En especial, esta documentación venía a cubrir el muy desconocido periodo minero entre 1910 y el final de la guerra civil española, por lo que a la historia se se añadía el difícil periodo bélico, con una cantidad asombrosa de documentación que haría las delicias de cualquier investigador de ese periodo, incluyendo el espinoso asunto del contrabando de wolframio por parte de los alemanes durante la segunda guerra mundial.

Este reloj de pared es el original que estuvo instalado en la fachada de las Oficinas centrales de la Compañía minera en El Pinar de Bédar.

La obra sobre el Pinar de Bédar que hemos publicado recientemente incluye mucha información procedente de este archivo. Es precisamente esa información la que nos ha permitido completar y actualizar la información que ya pubicamos en nuestra anterior obra. Por motivos obvios, no está incluida toda la documentación, como solemos hacer, pero sí la más relevante y los objetos más curiosos.

Entre algunas de las curiosidades encontramos los recibos de avance de fondos para los últimos partidarios de las minas de plomo en 1926; unos rarísimos vales para bienes de consumo de la guerra civil española, la tercerola rolling block de calibre 43 de uno de los guardias jurados de El Pinar, una de las máquinas de escribir originales Remington de las oficinas o incluso el antiguo reloj de pared, objetos de la iglesia y del hospital del poblado minero, etc.

Reconstrucción de los hornos de la fundición Carmelita (Villaricos, Cuevas del Almanzora)

Volvemos al interesante asunto de las fundiciones de plata y plomo del siglo XIX y prinicipios del XX en el Levante almeriense, y que tratamos en profundidad en la obra «Atlas ilustrado de fundiciones del Levante almeriense», que se puede adquirir por Amazon.

Horno de manga de la fundición Carmelita según las descripciones y planos de Saglio, en 1848. El horno, construido en ladrillo, disponía de una rampa anterior por la que se deslizaban las escorias (las «gachas»), mientras que el plomo líquido se depositaba en una pequeña cubeta lateral a la rampa, por medio de un orificio conocido domo «bigote». El aire se inyectaba por la parte trasera, procedente de unos grandes fuelles llamados «pavas», accionados por mulas. La carga del mineral calcinado y el combustible (carbón destilado o coque) se efectuaba por la parte superior trasera, a la que se accedía por una escaleras que daba acceso a una plataforma de carga. Los humos se evacuaban por la parte superior, que se conectaba a una serie de galerías de condensación que conducirían los tóxicos humos hasta la chimenea, alejada convenientemente de las instalaciones. La construcción era especialmente esmerada, las instalaciones contaban con artísticos arcos y columnas, todo un lujo para una instalación de este tipo, que denota los grandes beneficios que estaban recibiendo todos los socios de la mina Virgen del Carmen del Jaroso.

Una de las fundiciones más icónicas es la de Carmelita, ubicada en Villaricos, instalada por los socios de la mítica mina de plata Virgen del Carmen, en el barranco Jaroso de sierra Almagrera, la primera en la que se llegó al celebérrimo filón de plomo argentífero. Al igual que su contemporánea, la fundición San Ramón de Garrucha, instalada por los socios de la mina Observación, los afortunados socios de la Virgen del Carmen también instalaron una fundición para el tratamiento de sus minerales en 1842. El lugar elegido fue Villaricos, ocupando los terrenos que hoy ocupa el barrio del Carmen, sobre los restos de la antigua ciudad púnico-romana de Baria. De esta fundición tan solo quedan algunos tramos de las galerías de condensación de humos, además del nombre del barrio y de la calle que lo cruza, la calle del Carmen.

En 1848 fue visitada por Saglio, quien nos legó unas precisas descripciones de las instalaciones, del funcionamiento y también algunos planos, que han sido vitales para reconstruir cómo era esta fundición. Saglio nos indica que los acaudalados socios de Carmen habían instalado una fundición con cierto lujo, los hornos principales eran sólidos y las instalaciones contaban con arcos y columnas. Se trataba de los hornos conocidos como de manga, diseñados para obtener el plomo metálico de los minerales calcinados, cuya primera porción contenía toda la plata, que se extraía en unos hornos especiales llamados copelas. La fundición disponía de algunos adelantos de la época, especialmente un bocarte de triturado de mineral movido por una máquina de vapor. En 1848, sin embargo, los 5 hornos de manga de los que disponía la fundición eran ventilados por un gran fuelle (conocido como «pava») movido por mulas.

Así acabaron la casi totalidad de los algo más de una docena de lingotes de Carmelita recuperados de los restos del vapor holandés Grete, hundido por un submarino inglés en 1943. Lo vemos en una caja de anillas de plomo de redes de pesca rotos, listos para ser reciclados y reutilizar el plomo para fabricar nuevas anillas. El fundidor que se encargaba de estas labores, en Vinaroz, comenta lo difícil que era fundir estos lingotes, ya que no era un plomo puro. Lo que no sabía es que la impureza era de plata.

Los detallados planos de Saglio nos permiten reconstruir, artísticamente, como era el mítico horno de la no menos mítica fundición Carmen (o Carmelita). Curiosamente, varios lingotes de esta fundición fueron localizados en un pecio cerca del cabo Oropesa, en Castellón, lo que no deja de ser un misterio visto el barco en el que se descubrieron (un barco holandés hundido por un submarino inglés en 1943).

Para más información, pueden consultar toda la historia de esta fundición, y todas las demás de la zona, en el mencionado atlas ilustrado de fundiciones, de venta en Amazon.

Emisiones locales de Bédar: la locura entre los coleccionistas

En este blog seguimos, desde hace ya bastante tiempo, la evolución del mercado coleccionista de las emisiones locales de la guerra civil española, es decir, el dinero local emitido por prácticamente todos los municipios republicanos ante la falta de dinero fiduciario. Se trata de un momento dramático y muy particular de nuestra historia, en la que los ayuntamientos se vieron obligados a emitir su propio dinero, garantizado con fondos propios, para permitir las transacciones comerciales más habituales.

En el momento en el que estalló la guerra había en circulación monedas de 50 céntimos, 1, 2 y 5 pesetas de plata emitidas durante la monarquía; monedas de 5, 10 y 25 céntimos de cobre, 25 céntimos en cuproníquel y de 1 peseta de plata emitidas por el gobierno republicano. Además de las monedas circulaban billetes de 25, 50, 100, 500 y 1000 pesetas. Debido al miedo que provocaba la guerra, la gente empezó a guardar todas las monedas de plata, ya que por el mismo hecho de estar fabricados de este metal las hacía más valiosas que lo que realmente indicaban. Además, el gobierno había empezado a recogerlas para sustituir las piezas monárquicas por otras republicanas, usar esta plata para hacer frente al esfuerzo económico que suponía la guerra y, de paso, evitar que pudieran ser llevadas al extranjero.

Anverso del billete de 1 peseta de la emisión del 20 de agosto de 1937.

Pero la tendencia a acumular las monedas de plata era imparable, lo que llevó a una carestía de estas monedas fraccionarias, es por este motivo que se comienzan a crear vales en algunos comercios para facilitar los intercambios, vales no respaldados por ninguna entidad bancaria ni organismo oficial. Este era un problema importante, porque la ausencia de moneda fraccionaria dificultaba mucho el correcto desarrollo de las transacciones mercantiles.

A lo largo de 1937 los diferentes municipios van tomando la decisión de emitir billetes locales garantizados por fondos propios, pero no siempre los ayuntamientos depositaban le equivalente en moneda de curso legal para avalar estas emisiones.  Aunque hubo, de alguna manera, consentimiento por parte del Gobierno, éste intentó acabar con esta situación con una emisión de monedas de bronce de 1 y 2 pesetas, de las cuales solo llegaron a realizarse las de 1 peseta y ésta no circuló hasta finales del año 1937, tomando medidas para acabar con el acaparamiento de las monedas de plata.

Anverso del rarísimo ejemplar de 2 pesetas, de la emisión de 12 de noviembre de 1937.

Para poner fin a las emisiones municipales se adoptaron varias medidas: se publicó un decreto el 24 de diciembre que autorizaba la entrada en circulación de monedas de 10, 25 y 50 céntimos.  Más tarde, el 6 de febrero de 1938, se publicó otro decreto que obliga a la recogida de estos billetes locales en el plazo de un mes por aquellos que las habían realizado, a cambio de monedas o billetes del Estado o del Banco de España; acabado el plazo no podrían usarlas. El incumplimiento de esta disposición conllevaba la imposición de multas. Este decreto se amplió con otro del 7 de febrero en el que se reduce el plazo a 20 días y sin prórroga hasta el 28 de febrero.  A pesar de estas medidas, algunos de estos billetes siguieron circulando hasta finales de 1938.

Billete de Mójacar reparado con un recosido, no es difícil encontrar ejemplares reparados con esparadrapo y hasta con celo.

El Consejo Municipal de Bédar realiza una emisión de billetes locales en agosto de 1937. Los billetes, impresos en las Imprentas Haro de Vera  (uno de los principales centros de fabricación de moneda local) eran de  25 y 50 céntimos y 1 peseta y  usaban el mismo diseño que los emitidos en otras localidades cercanas: Turre, Antas, Mojácar y Los Gallardos. Estos billetes solo tenían validez dentro del término municipal de Bédar. Otra emisión, esta vez de billetes de 2 pesetas, fue realizada en noviembre del mismo año. Los billetes eran firmados por el presidente del Comité, Juan Fernández, en un edificio, cercano a donde ahora está el campo de fútbol, al que llamaban precisamente por eso y algo irónicamente como «El Banco».

Vale improvisado nominal para 10 pesetas en géneros en el comercio de referencia de la sociedad minera la Unión Bedareña, de septiembre de 1936, el único vale de este tipo que hemos podido localizar en la provincia de Almería.

Otro vale minero para comestibles de 25 céntimos de octubre de 1937, de las minas del Centenillo, en Jaén.

En Bédar, muy pocos recuerdan ya haber usado estos billetes, a los que se referían como «el dinero del alcalde». La falta de papel hizo que la imprenta de Haro aprovechara todo el papel disponible, por lo que muchos están impresos en simple papel de libreta, lo que hacía que los billetes se degradasen rápidamente y tenían que ser reparados de las formas más diversas. Los que no fueron recogidos por las autoridades gubernamentales fueron destruidos o perdidos al ser considerados como papeles inútiles, por lo que muy pocos sobrevivieron. Muchos de los que se conservaron, más como curiosidades que otra cosa, acabaron en manos de coleccionistas catalanes, a donde llegaron por vía de los inmigrantes. Es precisamente en los mercados y subastas en Cataluña donde más ejemplares hemos podido observar.

Valor de 50 céntimos de la emisión del 20 de agosto de 1937.

Por su rareza y curiosa historia, el precio de estos billetes no ha hecho más que incrementarse con el tiempo, su incremento progresivo de precio los convierte también en un claro activo de inversión. Claro que no todos son igual de codiciados por los coleccionistas, los de municipios grandes como Vera o Cuevas del Almanzora, con mayores tiradas, son relativamente fáciles de encontrar y con precios asequibles, aunque todo depende de su grado de conservación o de otros factores, como el que presenten sello del Consejo municipal o la firma legible del presidente. Sin embargo, los de pueblos pequeños o los más escasos vales de comercios o compañías mineras son mucho más raros y pueden superar fácilmente los 300 euros, aunque no se encuentren buen buen estado de conservación. Numerosos ejemplos de este tipo aparecen en subastas o portales de venta por internet, como la conocida Todocolección.

Valor de 25 céntimos de la emisión de 20 de agosto de 1937.

Un ejemplo son los billetes de Bédar, que son unos de los más buscados y que más precio alcanzan en subastas. Especialmente los valores más escasos, el de 1 peseta y el casi imposible de encontrar de 2 pesetas, superan sin problemas los 300 euros. En una de las últimas subastas un ejemplar de 2 pesetas superó los 400 euros en pujas antes de que dejamos de seguirlo (desconocemos hasta dónde llegó) y una reciente subasta en Todocolección por los valores de 1 y 2 pesetas superó los 800 euros, toda una locura.