La tolva de la trinchera de los Villaltas: la última gran tolva de Bédar

Tras repasar anteriormente el castillete del pozo P y la gran Tolva Embudo de Tres Amigos, vamos a hablar hoy, a dos años del centenario de su construcción, de otro de los principales elementos del patrimonio arqueológico-minero de Bédar.

La tolva de la trinchera de los Villaltas, o más conocida como tolva de la trinchera Villalta, fue una impresionante tolva de mampostería, la última gran obra de los excelentes pedriceros de Bédar.

Aún hoy, a pesar del estado de ruina en el que se encuentra, es una tolva que asombra por sus colosales dimensiones y excelente trabajo en piedra.

 

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Aun estando en ruinas con el muro frontal derrumbado, impresiona todavía el buen trabajo de mampostería y la altura de los muros de esta tolva. En los muros se observan los gruesos cables que anclaban el muro frontal.

 

A diferencia de otros elementos del patrimonio minero de Bédar, en el caso de la trinchera Villalta tenemos la suerte de disponer de los planos originales, concretamente el plano 15-E, un documento excepcional que nos desvela todos los secretos de esta maravilla.

El motivo de su construcción radica en la desmantelación de parte del cable aéreo de la Compañía de Águilas que, desde Serena, llevaba el mineral hasta Garrucha. Tras el parón en la explotación de las minas debido a la Gran Guerra, se reinició de nuevo la actividad, aunque ante el mercado había cambiado y la única posibilidad de ser competitivos residía en fusionar las dos grandes compañías mineras que actuaban en la zona, la Sociedad de Chávarri y la Compañía de Águilas. Es así como en 1916 surge una nueva compañía, la Unión Bedareña.

La nueva compañía disponía ahora de dos sistemas de transportes paralelos, el ferrocarril y el cable aéreo. Dado que el ferrocarril disponía de una capacidad de carga que el cable aéreo, se decidió desinstalar todo el cable desde la estación de El Pinar de Bédar hasta Garrucha, e instalar una pequeña derivación que desde El Pinar conectara con la línea de ferrocarril.

 

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Solo se conserva completa una de las compuertas de la sección central.

 

El punto elegido fue una de las trincheras más altas de las que atravesaba el ferrocarril, la trinchera de los Villaltas, situada a poca distancia del túnel del Boliche y no muy lejos de El Pinar de Bédar. La enorme trinchera presentaba unas laderas inclinadas que podían aprovecharse para la construcción de una tolva-depósito de gran capacidad. Sería la tolva más tardía y también la más grande de las construidas, superando las dimensiones de las tolvas reguladoras de Tres Amigos.

El proyecto contemplaba una tolva en tres secciones con tres compuertas de carga cada una, el concepto era muy similar a la de la Tolva-depósito de Tres Amigos, la de la mina Esperanza y a las tolvas de Vulcano, que aprovechan una fuerte pendiente para acumular gran cantidad de mineral de hierro, facilitando su carga en los vagones por medio de numerosas compuertas.

 

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Antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha por la Trinchera Villalta. Los escombros del derrumbe del muro frontal obligó a desviar ligeramente el trayecto de camino que discurre por esta antigua vía férrea.

 

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Visión en Google Maps de los restos de esta tolva. Una de las secciones ha prácticamente desaparecido. El ramal de cable aéreo proveniente de El Pinar, de 918 metros, llegaba a la parte superior de la trinchera, donde se había instalado una pequeña estación de descarga del cable. Unos operarios se encargaban de descargar el mineral en las tolvas.

 

El muro frontal era de una altura de algo más de 10 metros y  de más de 50 metros de largo. Disponía de tres secciones con tres compuertas de 1,5 x 0,5 metros, dotadas de un artístico arco de medio punto y a 3,4 metros de altura. La pendiente de la tolva era de 23,6 metros de longitud y no era plana, como en el caso de las otras tolvas, sino que presentaba una forma en “V” que canalizaba el mineral directamente hacia las compuertas.

Las compuertas estaban dotadas de buzones de carga que se abrían gracias a un contrapeso, lo que permitía poder cargar nueve vagones a la vez. Dado que el muro frontal era el que debía soportar la mayor presión, se habían previsto la instalación de gruesos cables insertados tanto en los muros laterales como en los de separación, que anclados en la roca evitaban que el muro frontal cediera hacia afuera por la presión del mineral de hierro.

 

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Planimetría ( plano 15-E) de la Unión Bedareña, vista lateral de la tolva con el sistema de apertura de la compuerta y los cables de anclaje.

 

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Visión frontal de una de las secciones con sus tres compuertas. La superficie en forma de “V” canalizaba directamente el mineral hacia las compuertas y facilitaba la carga.

 

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Perfil de los muros laterales y los de separación con el sistema de anclaje del muro frontal, que era más grueso en su base para que la estructura fuera más estable.

 

Aunque se trataba de una tolva de dimensiones faraónicas, se tardó menos de un año en tenerla lista. Una escueta noticia procedente de un periódico de septiembre de 1919 menciona precisamente al maestro albañil encargado de su construcción: La Benemérita  de Los Gallardos (Bédar) comunica que en la mañana del 20 se le presentó al maestro albañil de la compañía minera “La Unión Bedareña” Juan Pedro Murcia Oliver, denunciando que en el sitio llamado Trinchera de los Villaltas, donde se edifican unas torvas, y a consecuencia de haber descontado un cuarto de día a dos peones  que no habían concurrido a su hora al trabajo, lo habían dejado plantado a éste 16 peones que llevaba pertenecientes al Centro Obrero, reclamando a la vez aumento de jornal. Temía el maestro que pudieran causar desmanes en las obras que realizaba por su cuenta. La Guardia Civil se personó en el lugar indicado, encontrando a los 16 obreros que protestaban del trato que les da el contratista y del poco jornal. Invitados a disolverse pacíficamente si no querían trabajar, acordaron reanudar el trabajo y así lo efectuaron a la una de la tarde, quedando todo normal.

Desgraciadamente la tolva no ha soportado bien el paso del tiempo. Pese a los pesados cables de anclaje y debido a la falta de mantenimiento, el muro frontal hace tiempo que se derrumbó sobre la antigua vía del ferrocarril, dejando expuestos los grueso cables, que no pudieron ser rapiñados por los chatarristas, estaban demaisado sólidamente fijados a la roca. Todos los demás elementos metálicos hace tiempo que desaparecieron (compuertas, sistema de poleas, etc.) Además, y debido a la excelente piedra utilizada para su construcción, la tolva fue durante mucho tiempo una cantera de piedra para muchas de las construcciones de los alrededores.

Actualmente deberían realizarse tareas de limpieza de los restos y apuntalar las partes más inestables para evitar que continúe el lento pero imparable deterioro. La tolva de la Trinchera Villalta es uno de los principales elementos patrimoniales del antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha. Hasta aquí nuestra pequeña sección del patrimonio minero de Bédar.

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Reconstrucción de las tolvas de la trinchera de los Villaltas, cuya construcción fue dirigida por el maestro albañil Juan Pedro Murcia Oliver. Un convoy está procediendo a posicionar los vagones bajo las compuertas para poder comenzar las tareas de carga.

 

 

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Minería de Bédar: el castillete del Pozo P y la mina Mahoma

El pasado 11 de noviembre se llevó a cabo una excursión por la ruta de la minería de Bédar, dentro de las Rutas por la Arqueología industrial de Almería, promocionadas por la Diputación Provincial de Almería y coordinadas por el doctor en Historia del Arte Alfonso Ruiz García. Además del itinerario habitual para ver las minas de Serena, se incluyó también la fundición de plomo de El Pinar de Bédar, una de las más peculiares. Dirigida como viene siendo habitual por el concejal de Bédar José Ramón Muñoz, las plazas para la excursión se agotaron mucho antes de la fecha prevista.

 

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Algunas imágenes de la ruta minera realizada el 11 de noviembre de 2017

 

Uno de los puntos que más llama la atención de todo el itinerario (de los muchos que lo hacen) es un curioso castillete minero que parece encontrarse totalmente aislado en un barranco al final de la ruta, antes de llegar a Serena. El senderista bien informado, o acompañado de un guía que conozca la zona, sabrá que se trata del castillete del pozo P, en la mina Mahoma. Dado lo pintoresco de su ubicación y debido a su forma poco usual para el tipo de castilletes que se usaron en Bédar, poco a poco va convirtiéndose en un símbolo de la ruta.

Se trata del único castillete de Bédar que queda en pie de los muchos que hubo. De todos los restos de Bédar es quizás uno de los elementos típicos mineros que más se echa en falta, y aunque quedan todavía los restos muy reconocibles de algunas casas de máquinas y muchos pozos, sorprendentemente no han llegado hasta nosotros otros castilletes, salvo éste, que recuerda mucho a los que se pueden encontrar en sierra Almagrera.

 

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Castillete del pozo P, mina Mahoma (barranco de la Hoya, Serena) Obsérvese a la izquierda las sujeciones de la escala que debía permitir acceder a la parte superior para reparación y mantenimiento. Mucho cuidado a los visitantes que se acerquen a este castillete, pues el pozo sobre el que está erigido no está protegido y la caída sería mortal de necesidad.

 

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Vista lateral del pozo P en la que se aprecia el anclaje en “x” que se utilizó para fijar el eje de las poleas.

 

La ausencia de castilletes, a diferencia de la multitud de tolvas y otros edificios que sí se conservan, es seguramente debido a que fueron por lo general estructuras de hierro o madera, por lo que o bien fueron desmanteladas o bien rapiñadas tras el cierre de las minas. Este castillete, en cambio, fue construido en mampostería, siguiendo más la tradición minera de la vecina sierra de Almagrera. Tras el cierre de las minas fue desprovista de todos sus elementos metálicos, incluida la escala metálica que disponía para acceder a la parte superior, pero los pilares de mampostería se ha mantenido en pie gracias a unas traviesas de madera que estabilizan la estructura. Como venimos diciendo siempre, debería actuarse antes de que esos maderos acaben por pudrirse definitivamente y este bonito y peculiar castillete pase definitivamente a la historia.

Las minas de Serena fueron explotadas por la Compañía de Águilas. Dentro del plan general de explotación, que fue diseñado por uno de sus primeros directores, de origen noruego, el ingeniero Fredrik Dietrichon, los pozos de extracción estaban identificados con letras mayúsculas. Así, además del pozo P, conocemos la situación de otros de los pozos principales, como son los pozos H, M, J y el F, o pozo de la Zaranda. El resto de pozos, o pocillos, bien podían ser de exploración o de ventilación, y estaban denominados simplemente con números. Las galerías, por contra, eran bautizadas con nombres de santos.

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El conocimiento de que se trataba del pozo P fue gracias a los testimonios de antiguos mineros de Hierros de Garrucha que, al parecer, lo habían escuchado a sus mayores. Más adelante hemos podido comprobar a ciencia cierta de que no estaban equivocados. Habiendo sido localizado en un plano de 1922 (ver plano superior) y habiendo comprobado que la posición se corresponde, efectivamente, con el castillete en cuestión, podemos afirmar con total seguridad de que se trata del pozo P y no de otroPor otra parte, no sabemos por qué se decidió instalar este pozo de extracción en esta ubicación, en medio del barranco de la Hoya, muy alejado de las principales vías de transporte. Aunque hoy parece que el barranco de la Hoya (es decir, la mina Mahoma) esté desprovisto prácticamente de restos mineros, en su tiempo debió haber varias vías de transporte que desconocemos donde se situaban.

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La mina Mahoma se explotó como una extensión de las labores a partir de la de Júpiter, aunque la única información que disponemos de esta fase de la explotación proviene del ingeniero director Wilhelm Friedrich Karl Baron von Fircks, que lo fue entre 1901 y 1903. Fircks nos describe cómo se explotó el yacimiento de hierro bajo este barranco, en lo que se conoció como la “fosa de Mahoma”.

Finalmente, y en cuanto al tipo de máquina de vapor que dio servicio a este castillete, hay que decir que no hay ni el más mínimo rastro de la existencia de una caseta de máquinas o de fundamentos de ningún tipo. Esto tampoco debe sorprender, pues era muy habitual en la época la utilización de locomóviles, sobre todo en terrenos tan abruptos como los de la sierra de Bédar. Las locomóviles eran máquinas de vapor instaladas sobre un soporte con ruedas que permitía poder desplazarlas hasta donde fuera necesario, se desinstalaban las ruedas y se ubicaban en algún tipo de soporte, normalmente de mampostería. Eran muy útiles para la minería, pues permitía instalar máquinas de vapor de manera fácil y económica. Cuando dejaban de ser útiles en esa ubicación concreta, solo tenían que volver a instalarle las ruedas y podían llevarla a otro lugar donde hiciera falta.

 

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A diferencia de otros pozos que disponían de una “caseta de máquinas” en la que se instalaba la máquina a vapor, junto al pozo P no hay ni el más mínimo rastro de una construcción de tal tipo. No era infrecuente que se instalaran máquinas de vapor portátiles, o “locomóviles”, como la que debió estar instalada en este castillete. Si se esperaba que la locomóvil estuviera instalada un cierto tiempo, a veces se construían pequeñas estructuras de protección para las locomóviles, como ocurrió con la locomóvil que accionaba el cable de Carabinera o la del lavadero de Reforma, pero dado el clima habitual de la zona muchas veces se de dejaba a la intemperie.

 

A pesar de la escasez documental que caracteriza a la minería en Bédar, disponemos de varios ejemplos documentados de locomóviles usadas por la Compañía de Águilas:

 

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En el plano superior, se aprecia el esquema de la locomóvil que se instaló para el cable de Carabinera. Se instaló sobre una base de mampostería y se dispuso en una caseta de protección.

 

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En esta otra fotografía observamos otra locomóvil, que es la que se usaba para accionar los lavaderos mecánicos de plomo de la mina Reforma. También estaba instalada en una base de mampostería y disponía de un techo de protección.

 

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En la excelente fotografía superior, realizada en Bédar en 1890 y procedente del archivo Dietrichson. En ella aparecen una serie de ingenieros de la Compañía de Águilas, seguramente en el Pinar de Bédar. Destacan el ingeniero difector noruego Fredrik Dietrichson, quien diseñó el sistema de explotación de las minas de Serena (en el centro apoyado y con sombrero de hongo claro), y el director general de la Compañía, Ferdinanz Pütz (el personaje central con el bastón). Llama mucho la atención a la derecha dos ruedas enormes, que son precisamente las de una locomóvil. Una vez instalada, las ruedas se guardaban para cuando se necesitaran de nuevo.

Y hasta aquí la pequeña reseña sobre la historia minera de Bédar de hoy, que puedes serle muy útil para cuando hagan la ruta minera y reparen este bonito castillete. Esperamos también que se asegure correctamente para evitar que acabe en ruinas, no en vano es el último castillete de Bédar, un símbolo de su patrimonio minero.

 

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Artículo: La sociedad de explotación de las minas de hierro de Bédar

Realizado en colaboración con Lise Hansen, en el artículo se realiza un recorrido por la historia de esta filial de la Compañía de Águilas, que dirigió la explotación de las minas de hierro en Serena y que instaló uno de los cables aéreos de transporte más largos de su época.

Desde los mismos orígenes de la minería en Bédar, se recoge también como la Compañía de Águilas realizó una fuerte inversión para la explotación de las minas de plomo de El Pinar de Bédar, con la construcción de unos impresionantes lavaderos mecánicos. Tras el fracaso de este proyecto, la Compañía se centró en las minas de hierro de Serena, instalando el célebre cable aéreo que desde Serena llevaba el mineral hasta Garrucha. En el artículo se cita y comenta la actuación de los diferentes directores de la sociedad, desde Anton Getz hasta Alfredo Dörn, pasando por Fredrik Dietrichson, Rafael Homedes Cabrera, José Pié y Allué y Wilhelm Friedrich.

En el artículo se publican fotografías y documentación inédita procedentes de fuentes noruegas, en especial procedente de las colecciones de Tuva Halbo y de la familia Dietrichson, heredera de uno de los directores noruegos que dirigieron la Compañía de Águilas y su filial a finales del siglo XIX, Fredrik Dietrichson.

Destacan fotografías inéditas como la del cargadero de cable aéreo de San Manuel en Serena, fotografías de El Pinar de Bédar o la casa de los Ingenieros de Tres Amigos. Fue publicado en la revista Axarquía número 16 de diciembre de 2016.

 

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Debido a su longitud, el artículo ha sido dividido en dos partes, se pueden descargar pulsando la imagen o el link inferior:

 

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Bédar: la Sociedad vizcaína de Bédar y la especulación minera

Pasadas las fiestas en honor de la Virgen de la Cabeza, consideramos que no es necesario publicar ninguna fotografía. El evento, uno de los más importantes del calendario de fiestas del pueblo, ha sido ampliamente cubierto (fotográficamente hablando), incluso con un vídeo reportaje, facilitado por Carmen del Castillo: He aquí el acceso al vídeo y a una muy completa galería fotográfica:

 

Bédar es una de las pocas poblaciones del levante almeriense donde todavía podemos observar las típicas construcciones…

Posted by Almería por ti. on Sunday, September 24, 2017

 

Hecho este pequeño paréntesis, vamos con un episodio olvidado de la historia de nuestro pueblo. No es extraño que se trate, de nuevo, de algo relacionado con las minas. Desde mediados del siglo XIX la historia de Bédar ha ido ligada, irremediablemente, a la historia de sus minas. De ser una pequeña aldea que subsistía a duras penas de la agricultura, pasó a ser un importante centro minero cuya población llegó a alcanzar 9000 almas. Hoy subsiste como zona residencial, albergando una importante comunidad de ingleses (básicamente), con un turismo no muy desarrollado pero con mucho potencial, y algo de agricultura y ganadería.

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Panorámica de la mina Alerta.

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Panorámica de la mina Unión de Tres Amigos

Se puede afirmar que el verdadero “boom” de crecimiento empieza en 1895 con la construcción del ferrocarril de carga minera a cargo de la empresa minera del marqués de Chávarri. La llegada de la nueva empresa vizcaína acabó con el monopolio del que, hasta el momento, disfrutaba la Compañía de Águilas. La construcción del ferrocarril hizo que de repente muchas zonas mineras inexplotables hasta entonces por no disponer de un medio de transporte, se convirtieran de repente en un negocio muy prometedor.

El movimiento especulativo que se siguió a la construcción del ferrocarril hizo que se dispararan las solicitudes de concesiones mineras en Bédar. Tanto mineros locales como inversores extranjeros no tardaron en lanzarse en el negocio. A pesar de la falta de fuentes y documentación. Poco a poco vamos indagando y recuperando información sobre ese periodo, alguna vez la trataremos con más profundidad, pero a grandes rasgos podemos identificar tres tipos de actividades.

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La primera sin duda son las grandes empresas explotadoras. Estas compañías disponían del capital suficiente como para adquirir concesiones mineras y permitirse los costosos sistemas de transporte y explotación a gran escala de las minas. Básicamente fueron la Compañía de Águilas y la Sociedad minera de Chávarri. También podríamos incluir la The Garrucha Iron Mining Company y la Haxton Mc Farlane y Compañía, aunque estas dos últimas subcontrataban los medios de transporte de las primeras.

El segundo tipo de empresas mineras eran mucho más modestas. Formada habitualmente por miembros de una misma familia o por pequeños capitales. Disponemos de pocos ejemplos de este tipo, como la Sociedad minera Santa Isabel, o las que explotaron las minas San Antonio Segundo y La Gracia. Normalmente arrendaban (o subarrendaban) minas, que trabajaban con pocos efectivos. Para que fueran rentables debían contar con la cercanía de uno de los sistemas de transporte de mineral, bien fuera el cable aéreo o, con preferencia, el ferrocarril, de mayor capacidad. Aún con todo, estas pequeñas sociedades mineras explotaban por sus medios las minas.

Un tipo especial de empresas eran los contratistas, formadas en su mayoría por obreros locales. Estas empresas eran contratadas por las grandes compañías para la realización de trabajos concretos (galerías, pozos…) o para la explotación de algunas de las minas. Según los datos que poseemos, las grandes compañías recelaban mucho de estos contratistas, pero recurrían a ellos muchas veces porque era menos costosa que la utilización de sus propios obreros a jornal.

El cuarto tipo de empresas eran las de corte puramente especulativo. Era quizás el negocio más beneficioso, pues consistía en registrar concesiones mineras en zonas prometedoras y esperar pacientemente a que contuvieran bastante mineral y fueran arrendadas por alguna de las compañías explotadoras. Por lo general solían tener concesiones mineras en otras muchas zonas mineras. Podríamos mencionar muchas de este tipo, empezando por las más conocidas como la Sociedad la Recuperada, la Sociedad minera La Mulata y El Negrito o las menos conocidas como la Sociedad Santa Margarita y la Sociedad Gómez Hermanos. Pocas de ellas consiguieron beneficios arrendando sus minas, solo las que primero supieron ver el negocio y demarcar las mejores concesiones. En algunos de los casos los propietarios de acciones de estas minas las consideraron durante mucho tiempo como una carga, pero cuando empezaron a explotarse y a dar rendimiento, no faltaron pleitos entre los diferentes herederos por su control. Raramente los dueños de estas sociedades pisaban las minas, solían disponer de alguien delegado en la zona que controlaba los negocios, si es que llegaba a haberlos.

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Acción minera de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito

Dentro de éstas destaca una por su implicación, la Sociedad Vizcaína de Bédar. Esta sociedad llegó casi al mismo tiempo que la Sociedad de Chávarri, y pronto se hizo con una interesante cartera de concesiones mineras, aunque finalmente el negocio no pareció ser muy rentable. El gerente de esta sociedad, el bilbaíno José Manuel Aguirre, no dudó el luchar por conseguir las concesiones mineras más prometedoras.

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Diversos ejemplos de crestones superficiales de mineral en la zona colindante a Alerta.

Una de las disputas más célebres fue la que envolvió a los terrenos colindantes a la rica concesión de Alerta. La Sociedad Vizcaína de Bédar poseía una concesión minera colindante a Alerta (de nombre Aguirre), que a su vez colindaba con la Pobreza, que explotaba la Compañía de Águilas. Según la ley minera, las compañías podían pedir como “demasía” los terrenos francos colindantes a las minas que ya poseían, a modo de ampliación de la misma. Cuando en 1894 la Compañía de Águilas pidió esos terrenos como demasía a Pobreza, José Manuel Aguirre pidió la anulación de la misma porque consideraba que pertenecían a su concesión Aguirre. Como los terrenos mostraban signos evidentes de poseer importantes cantidades de mineral de hierro, la Compañía de Águilas no dio fácilmente su brazo a torcer, llegando incluso a plantearse modificaciones de otras concesiones colindantes de su propiedad para poder incluir dichos terrenos. El pleito tuvo que resolverse finalmente en Madrid, cuya resolución fue finalmente favorable a los intereses de la Sociedad Vizcaína de Bédar en 1916, aunque de poco le sirvió ya, la minería en Bédar ya se encontraba en franco retroceso.

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Bédar: los grafitis de la posguerra

Imagino que como en otros muchos lugares, en estos pueblos de la sierra corren historias de como tras el fin de la terrible Guerra Civil española hubo quienes se “echaron al monte”. Aunque perseguidos continuamente por la Guardia Civil, su conocimiento de la sierra les permitía poder esquivarlos. En Bédar, además, la gran cantidad de minas abandonadas podría permitir miles de escondites y pasajes secretos entre las montañas. Si duda es este tipo de conocimiento el que permitió a el “Bidón” dar el esquinazo continuamente a los guardias que le perseguían por la sierra de Bédar.

En una de las visitas de exploración en la Carrasquica (cerca de Bedarín, en Bédar) nos encontramos con una antigua mina de hierro con una entrada escondida. Si localizamos la mina fue porque un derrumbe había dejado al descubierto algunas galerías y de esa manera pudimos localizar la entrada, muy bien disimulada entre la vegetación.

Se trata de una pequeña mina de hierro excavada en un terreno muy inestable. Los trabajos de entibación con mampostería seca y algunos troncos de pino, seguramente procedentes del pequeño bosque de la Mortera. Estas características nos hablan de una de las muchas minas de hierro que, a principios de siglo, proliferaron por casi toda la sierra.

Todo dentro de lo esperable, salvo que la entrada está cubierta de pelladas de yeso de mala calidad (yeso aprovechado, como se solía utilizar en la época de escasez de la posguerra).

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Entrada de la mina (La Carrasquica)

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Galería con mampostería seca ante la inestabilidad del terreno.

int3Algunos troncos de pino dan la sensación de seguridad. A pesar de todo, la mina ha aguantado hasta no hace mucho. Un derrumbe de una sección de la galería ha permitido su redescubrimiento.

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La mina tiene su propia fauna, entre ellos centenares de opiliones, que son un tipo de arácnidos pero no son arañas (ni tienen veneno). Están sordos y son medio ciegos, pero usan sus patas como sensores. Cuando se les molesta se ponen a oscilar rápidamente, como método de defensa, quizás por eso se conocen como “cascabeles”.

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El filón de hierro aparece a la derecha de la galería.

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El derrumbe de la galería ha dejado al descubierto la red de galerías en el terreno inestable de esta mina.

Sin duda lo más curioso de esta mina son los graffitis que aparecen con profusión en el yeso blando de la entrada. Entre las numerosas marcas se pueden leer diferentes nombres, pero lo que nos puede ayudar a saber en qué época se hicieron en una curiosa inscripción que no transcribiremos pero que sin duda podran ver rápidamente:

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Esta inscripción nos lleva sin duda a la época de la posguerra y puede que esta mina fuera utilizada como escondite, dado el difícil acceso a su entrada. Hay algunos nombres grabados en el yeso, pero destaca una especie de listado, enmarcado en un rectángulo.

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El mal estado del yeso y los continuos graffitis efectuados no permiten leer más que dos o tres nombres, de manera parcial. Parece repetirse el de José Collado, otro es el de María M… (¿Mulero?):

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Otras inscripciones son muescas como las que podría hacer un preso en su cárcel:

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Hasta aquí este curioso hallazgo.

Bédar: la mina del cerro del Silencio

 

Son días festivos de calor, diversión y jolgorio, quizás ya un poco saturados de “Dreambeaches” y otras festividades. Hay numerosas fotografías de los diferentes eventos que corren por internet, en posteriores post ya incluiremos fotografías, conforme nos vayan llegando, para los que no hayan tenido la suerte de asistir.

Por nuestra parte seguimos con temas mineros, en concreto el bastante olvidado ramal de la Mulata y las minas a las que daba servicio. Entre ella la mina “Silencio”, mina ubicada en el paraje de la Carrasquica, en el lugar llamado también como la vieja mina, el “Silencio” (habiendo escuchado en diversas ocasiones como se referían a ella como el cerro o la sierra del Silencio). En nombre primigenio era sin embargo el de Cueva Horadada.

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En la fotografía Superior, imagen de Google Earth de la mina “Silencio”. En la parte Superior se observan dos explotaciones a cielo abierto, una a la que se accede por medio de una trinchera y otra más grande con los restos de un plano inclinado. En la ladera sur se encuentran los socavones de entrada y las instalaciones de la mina, la tolva y la estación de carga del cable aéreo.

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En la fotografía Superior, entrada doble de la mina Silencio, a pocos metros de la entrada se situa un pozo.

Para la explotación de esta mina se constituyó la Sociedad Minera la Ilusión en 1891, en la que encontramos a destacados comerciantes y mineros ya conocidos de la minería en la zona como José García Suesa, Francisco Berruezo y Antonio Pérez.

La mina disponía de un interesante yacimiento de hierro que no pasó desapercibido para las sociedades explotadoras, siendo la sociedad minera de Chávarri la que finalmente la puso en explotación. Sin duda fue su posición aislada con respecto al resto de cotos mineros en Bédar lo que retrasó su explotación. Ubicada a unos 2 km al NO de Bédar, la vía de transporte más cercana el ramal minero de la línea Mulata, donde a principios del siglo XX ya un ferrocarril efectuaba el acarreo del mineral procedente de esta importante mina en explotación por la empresa de Chávarri.

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En las tres fotografías superiores observamos la tolva cónica de la mina Silencio, con un diámetro superior de unos 12 metros. La imagen inferior nos muestra el túnel de acceso a la compuerta de carga de la tolva.

La enervante falta de documentación y de fotografías es de nuevo el principal problema para conocer un poco más esta desconocida mina de Bédar y de su cable de transporte. Sin embargo, no fue una mina más sin importancia, la compañía minera tuvo que realizar una importante inversión para poder explotarla. Hoy en día poco queda de todo lo que se construyó, y visitando la zona es difícil imaginar el esfuerzo realizado para instalar un cable minero de estas características.

La documentación procedente de los archivos de la familia Berruezo, así como la escasa documentación procedente de la empresa de Chávarri y la Unión Bedareña arrojan algo de luz sobre esta mina.

El modo escogido de transporte elegido hacia la arteria principal que suponía la vía de la mina Mulata fue la de un monocable de 1,6 Km hasta un punto en el paraje de La Palmera, donde se construyó el cargadero en el ferrocarril en 1905. Se realizaron las obras de mampostería de excelente calidad, tolvas y cargaderos, que la sociedad de Chávarri acostumbraba a construir. Siguiendo la extraña costumbre en el ramal de la Mulata de construir tolvas-embudo, para el depósito de mineral en la mina se construyó una tolva de este estilo, aunque de sección más o menos rectangular y mucho más pequeña que las otras tolvas de la zona. Desde la única compuerta de esta tolva, ubicada como en el resto en un túnel de acceso, el mineral se conducía hasta el cargadero del cable, que disponía de una superestructura de mampostería en forma de herradura de la calidad acostumbrada y dispuesta de una rampa, en todo comparable con la construida en la mina de Cuatro Amigos.

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En la fotografía superior, los restos del cargadero de cable, mostrando la rampa de la estructura en herradura que debió acoger las estructuras de carga del cable aéreo y el freno del mismo.

Aunque desconocemos si se explotó durante el periodo de la Unión Bedareña (los testimonios parecen indicar que sí), sabemos que tan solo entre 1905 y 1907 se declararon casi 48.000 toneladas de mineral procedentes de esta mina.

El cable de transporte tampoco fue algo improvisado. Se trataba de un monocable, seguramente del fabricante Roe, de 1.600 metros de longitud en un solo tramo y provista de 40 vagones. No disponía de motor ya que la pendiente era favorable, solo estaba provista de un freno (presumiblemente instalado en la mina) que permitía que las vagonetas cargadas impulsaran a las vacías que subían hacia la mina. El cable disponía también de una línea telefónica que permitía mantener conectado ambas estaciones del cable. En la mina se instaló una fragua en una chabola y para el transporte de mineral disponían de dos vagonetas de 1 tonelada y otra más pequeña de 400 kilos.

No disponemos de planos que nos indiquen el tipo de explotación que se llevó a cabo en esta mina, pero por los restos existentes parece claro que se trabajó a roza abierta en la cima del cerro mientras que a una cota inferior se abrieron varias galerías, que parten desde la parte S del cerro y que se dirigen en dirección NE. En una de estas galerías, aparentemente la principal, se excavó un pozo de 40 metros de profundidad a pocos metros de la entrada.

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En las fotografías superiores vemos lo que queda de la estación de descarga del cable de la mina Silencio. Un muro de unos 20 metros de largo y 2,5 de alto y una plataforma elevada es lo único que queda. La parte superior inclinada del muro, de excelente mampostería, delata su función de sistema de carga en los vagones del tren. La plataforma, ampliada en su parte posterior y ocupada actualmente por un local, debió estar ocupado por un pequeño edificio que haría las funciones de taller almacén y oficina de control del cable, que disponía de una línea de teléfono para comunicarse con la mina.

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El plano superior nos muestra una reconstrucción de este cargadero. Estas estaciones de descarga eran bastante similares en cuanto a su funcionamiento fuera cual fuera el tipo de cable. Una estructura sobreelevada de raíles permitía que las vagonetas cargadas pasaran del cable a unos raíles rígidos, por diferentes sistemas según el fabricante. Un operario empujaba la vagoneta, lo basculaba para descargar el mineral sobre una tolva de descarga o en un espacio que hacía las veces de depósito, y luego acompañaba la vagoneta vacía, dando la vuelta hasta volver a conectar la vagoneta vacía con el cable en dirección contraria. El cable pivotaba habitualmente sobre una gran rueda, donde se encontraban también los anclajes y contrapesos que tensaban los cables (el tipo de anclajes y sistema de contrapesos dependía del constructor). En el descargadero de la mina Silencio parece que el mineral se descargaba junto al muro, junto a la cual se estacionaban los vagones del ferrocarril. Varios operarios se encargarían de la carga en los vagones.

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El descargadero se encontraba junto a la vía de la mina Mulata. Una vía de desvío debía permitir estacionar la vagonetas del ferrocarril junto al muro, maniobradas por la locomotora 020T Saint Léonard “Mulata” que prestaba servicio en este ramal. En la fotografía superior vemos el final del muro del cargadero a la izquierda y el trazado de la antigua mina Mulata a la derecha. En el medio se encuentra un carril reciente que lleva hacia el cortijo rura de Los Castros, que se encuentra a poca distancia.

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Fotografía superior: antiguo trazado de la vía de la mina Mulata, a poca distancia del cargadero de la mina Silencio.

mulataEn la foto superior el cerro de la Señora, ubicación de la mina Mulata, justo al lado de Bédar. Esta rica mina fue la que motivó la construcción del ramal que llevaba su nombre. Todavía se observan las cicatrices que dejó la minería, sus dos enormes canteras y una extensa red de galerías y explotaciones en huecos y pilares bajo su superfície.

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La falta de fotografías de época de estas instalaciones (del ferrocarril de los Chávarri en la actualidad) hace difícil imaginar la escala de las obras realizadas donde hoy ya no queda nada. Es por eso que nos ayudamos de estas reconstrucciones para hacernos una idea. En imagen superior, aspecto que debió tener el descargadero de la mina Silencio junto a la vía prinicipal de la vía Mulata. La vía de desvío hacia el cargadero permitiría que la locomotora Saint Léonard, de 9 toneladas, pudiera maniobrar con otras vagonetas cargadas procedentes de las minas Mulata, Segunda Mulata y Mozambique, mientras que los operarios descargaban el mineral de las vagonetas del cable aéreo y lo cargaban en las vagonetas del ferrocarril. Esta vía de la Mulata era de 1,6 kilómetros de longitud y conducía hasta la estación de Tres Amigos, se disponía de 21 vagones de mineral con una capacidad de 3 toneladas y media.

 

 

El ramal de ferrocarril olvidado de la mina Mulata (Bédar)

El antiguo ferrocarril de Bédar a Garrucha partía desde la estación de carga de Tres Amigos. Dos pequeños ramales, operados por dos pequeñas locomotoras 020T llevaban el mineral desde las diferentes minas de Víctor Chávarri hasta Tres Amigos.

El ramal que traía el mineral de Santa Catalina y La Higuera es bien conocido; con 2,5 km de recorrido su trazado está conservado debido a que se ha utilizado (y utiliza) como camino de acceso a Serena. Actualmente forma parte de la ruta minera, siendo el túnel del Servalico con sus 200 metros uno de los puntos más impresionantes de esta ruta.

El otro ramal, el de la mina Mulata, ha sido abandonado. La cercanía al núcleo poblacional de Bédar y su poca utilizada como ruta de acceso, la sentenciaron rápidamente al abandono.

La ruta de la Mulata, con 1,6 km de largo, conectaba con tres amigos la importante mina de la Mulata y la menos conocida de El Negrito. No atravesaba ningún túnel, siendo sus dos puntos más notables el puente de la Palmera y el puente sobre la carretera a Los Gallardos.

Tanto la mina Mulata como El Negrito pertenecían al mismo propietario, la “Sociedad Minera la Mulata y el Negrito” cuyo presidente fue Gerónimo Abad. Recientemente hemos podido localizar una de las acciones de esta sociedad, gracias a nuestro amigo Antonio Moreno.  Se trata de la primera acción minera del siglo XIX que hemos podido localizar, además de una mina de importancia como es la Mulata.

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A pesar de la importancia para la historia de Bédar de esta mina, su nombre casi fue olvidado, siguiendo al abandono y olvido del mismo ramal minero. Solo algunos mayores del pueblo recordaban haber visto en funcionamiento este ramal, y la verdad es que hemos podido confirmar casi todo lo que explicaban, desde la existencia del plano inclinado que bajaba el mineral hacia la Palmera como la construcción posterior del túnel de la Palmera y la tolva en embudo que recogía el mineral a la altura de la Cueva Oscura.

Existe muy poca documentación sobre esta línea, casi todo procedente de las cartas del ingeniero director de la Sociedad Chávarri, Manuel Figuera. De su sucesor, Don Andrés López de la Presa, no se ha conservado ninguna información o documentos, y aunque hemos podido localizar a uno de sus familiares, no ha sido posible obtener más datos. Sin embargo, los datos proporcionados por Manuel Figuera indican claramente que primero se explotó la parte superior del cerro, o “Mulata alta” mediante desmontes, y que posteriormente se explotaron los yacimientos inferiores del cerro y a nivel del barranco de la Cueva Oscura. No está claro cuando se acabaron de construir los túneles de la Cueva Oscura y del Peraico y se desmanteló el plano inclinado de la Mulata, pues se describe por testimonios en fechas tan tardías como 1918 (Unión Bedareña), cuando la construcción de estos túneles está documentada ya en 1897. Pero no es momento ni lugar de tratar estos temas, que requerirían demasiado espacio.

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En la imagen superior la Saint Léonar 020T, modelo del que era la locomotora de 9 toneladas “Mulata”. El ferrocarril disponía de 21 vagones de mineral de 3 toneladas y ½ de capacidad.

Lo que sí esta claro es que el plano inclinado se desmanteló tras la construcción del túnel de la Cueva Oscura (que atraviesa todo el cerro de la Señora hasta otra tolva ubicada en la rambla de la Fuentecica, junto al actual campo de fútbol del pueblo) y del túnel del Peraico o de la Palmera, por la que accedía el ferrocarril para cargar el mineral bajo la tolva embudo ubicada ante la salida del primer túnel.

Pero… ¿qué queda del ramal de Mulata y de este plano inclinado? Pues la verdad que muy poco. Aunque todavía existen fragmentos del trazado, ésta se encuentra cortada en diferentes puntos por construcciones modernas y nuevas carreteras y carriles.

Es por esto que hemos ido a buscar lo que queda de esta mítica vía minera. A nivel del viejo plano inclinado de la Mulata, algunos testimonios nos hablaron de la persistencia, durante un tiempo, de lo que se conocía como “El Carrete”, o el tambor de freno de este plano inclinado que, ciertamente, debía parecerse a un carrete de hilo. Al final fue demolido, pero según nos contaron se encontraba junto al camino que se dirige hacia Bedarín. Sin duda ese fue el lugar, pues se trata del lugar más favorable para que se hubiese instalado un plano inclinado para salvar el desnivel entre la parte más alta del barranco y la parte inferior, más conocida como “La Palmera”.

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En la imagen superior, el plano general de la vía Mulata. Los círculos en rosa muestran la ubicación de las tolvas-embudo típicas de este ramal. La tolva junto al campo de fútbol (la primera a la izquierda) recogía el mineral de las minas Segunda Mulata y Mozambique. Desde esta tolva el mineral pasaba por el túnel de la Cueva Oscura, cruzando el cerro hasta la segunda tolva, o tolva de la Cueva Oscura. Desde esta segunda tolva el mineral se transportaba por el túnel de la Palmera o del Peraico hasta el paraje conocido como “La Palmera”. La ubicación del plano inclinado de la Mulata se indica en verde. Este plano se utilizaba para salvar el desnivel existente entre estos dos tramos del barranco, pero dejó de ser útil con la construcción del túnel. A la derecha, el plano inclinado y la tolva embudo de Tres Amigos, de los que ya hemos hablado en muchas ocasiones.

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En la fotografía superior, la Cueva Oscura. La tolva ubicada a su salida está completamente colmatada de escombros, y solo se pueden ver los muros de la parte superior.

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En la fotografía superior vemos lo poco que ha quedado de este plano, en el lugar que debió ocupar “El Carrete”. Se distingue el trabajo de la obra típica de la vía férrea Bédar-Garrucha, con las piedras labradas con la que se reforzaban las esquinas.

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En el plano 3D superior procedente de Google Maps se observa el desnivel entre la parte superior del barranco y La Palmera. El “Carrete” estaba situado en la parte superior izquierda de la imagen, descendiendo el plano por la barranquera más clara que se observa hasta la espesa masa de vegetación en la parte más baja del barranco.

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La salida del túnel de la Palmera está hoy en día completamente bloqueado, aunque todavía sale el agua por este túnel, que se recoge en una balsa junto al agua procedente de otras minas. Este barranco es un ejemplo perfecto de los barrancos con agua existentes en Bédar y que generan auténticos vergeles o microclimas húmedos donde se puede encontrar una exuberante vegetación y fértiles campos de cultivo.  La gran masa de cañas bloquea el acceso al túnel. Lo poco que se podía observar en 2004 es lo que se aprecia en la fotografía superior, un fragmento del arco superior. Hoy en día es imposible acceder.

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Uno de los restos más impresionantes que quedan de esta vía son los dos soportes del puente que cruzaba por el barranco. La sólida construcción ha soportado el paso del tiempo y las venidas de agua que periódicamente bajan por aquí. Quedan algunos de los sillares que solían colocar en las esquinas de todas las obras de este ferrocarril. Como curiosidad, junto a uno de los soporte hay una pequeña mina de agua que alimenta la balsa de agua de la Palmera, que parece anterior a la misma construcción del ramal en 1895-1896 y de la que todavía sale agua.

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No muy lejos del puente se encuentra otra “mina de agua” que alimenta la balsa de la Palmera. Desconocemos si se trata de una antigua explotación de hierro o si ya fue realizada para recoger el agua del barranco.

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En la fotografía, la balsa de la Palmera. En ella se recoge el agua procedente del túnel de la Palmera y de otras minas de agua.

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La palmera del paraje de “La Palmera”, la presencia del agua hacen de este barranco una de las zonas de riego más ricas de la zona.

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En la fotografía superior, fragmento del antiguo ramal de la vía Mulata conservado. A este nivel se aprecia una extraña trinchera transversal en uno de los lados.  Esta trinchera parece corresponderse a antiguos trabajos mineros, posiblemente de algún tipo de cargadero de mineral de una mina adyacente.  Aunque en un principio especulamos con que podía tratarse de lo que queda del antiguo cargadero de cable proveniente de la mina Silencio, pronto lo descartamos. No disponemos de más información.

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En las dos fotografías superiores podemos ver la trinchera transversal a la antigua vía férrea, ubicada a un nivel superior. El trabajo para construirla no fue poco, por lo que puede que se trate de una vía de carga para otra mina, aunque no disponemos de ningún dato al respecto ni aparecen otros trabajos mineros que puedan confirmar esta hipótesis.

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No tardamos mucho en localizar el antiguo cargadero de la mina “El Silencio”, que podemos observar en las fotografías superiores. Esta mina, propiedad de la “Sociedad minera La Ilusión”, fue otra de las explotadas por la sociedad de Chávarri. Ubicada a algo más de un kilómetro y medio del ramal de la Mulata, la compañía decidió instalar un monocable Roe de transporte de 1,6 km para cargar los minerales en el ferrocarril. Los restos del cargadero, de unos 15 metros de largo y algo más de dos metros de alto, se encuentra cerca del desvío que lleva al paraje de Los Castros y la casa rural del mismo nombre. Se encuentra perpendicular a la vía y permitiría la carga de los vagones del ferrocarril en una vía acesoria mediante una pequeña rampa.

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En el plano superior, trayecto del cable de la mina Silencio.

 A partir del cargadero del Silencio, la antigua vía minera se encuentra muy fragmentada, aunque todavía se pueden ver las impresionantes trincheras que se excavaron.

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En las fotografías superiores, algunas trincheras del ramal de la vía Mulata. En el tramo medio del trayecto solo se conservan algunas partes del trazado, la presencia de carreteras y algunas casas han difuminado el trayecto.

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El trayecto del ferrocarril finalmente llega hasta la mina el Negrito, que también formaba parte de la misma sociedad minera que explotaba la Mulata. En las fotos superiores podemos ver algunas imagenes. Algunos desmontes y galerías es lo que queda de esta mina, que al estar ubicada junto a la vía no tendría ningún problema para cargar el mineral en el ferrocarril.

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El nombre de esta mina ha persistido como topónimo, al igual que otras minas como Unión de Tres Amigos o el Silencio.

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Entre el Negrito y el antiguo puente sobre la carretera a Los Gallardos, no quedan más que algunos fragmentos de la vía y algunas trincheras. Algunas partes han sido transformadas en terrenos arbolados, como se observa en la fotografía superior, con unos almendros en una de las trincheras de la vía Mulata.

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El puente mismo ha sido derribado. Como se observa en esta ampliación de una fotografía de los años 60, el puente conservaba los estribos, pero posteriormente fueron derribados, seguramente para ampliar la carretera.

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En la fotografía superior, lo que queda del puente sobre la carretera.

Finalmente, entre el puente y la cabecera del cable inclinado hacia la Tolva-embudo, había dos edificios. El primero era el cocherón de la locomotora “Mulata”, gemelo del existente junto a la mina Higuera. Este cocherón fue derribado hace mucho tiempo para construir una casa. Solo nos resta una fotografía publicada en el libro “Trenes, Cables y Minas de Almería”:

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El otro edificio era el taller, cuyas ruinas creemos que siguen todavía en pie junto a otro fragmento del viejo ramal de ferrocarril, como vemos en la fotografía inferior, con la sierra Cabrera al fondo:

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Y aquí acaba nuestro pequeño viaje por lo que queda por este ramal de ferrocarril. Quedaría el plano y la tolva-embudo de Tres Amigos, pero ya hemos hablado en varias ocasiones de esa impresionante tolva.

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Acción minera de la Sociedad Minera La Mulata y El Negrito