Un casco Adrian M15 en la mina Júpiter de Bédar (Almería), ¿un pionero del salvamento minero en España?

El grupo Shropshire Caving and Mining Club realizó recientemente un descubrimiento excepcional en las minas de Bédar. En su exploración de las profundidades de la mina Júpiter realizaron un hallazgo que podría reescribir la historia de la seguridad minera en España: un casco Adrian M15 oxidado que podría ser el primer casco de protección documentado para equipos de salvamento minero en nuestro país.

Aunque se ha documentado el hallazgo de otros cascos en esta mina y otras cercanas, se trata de cascos de aluminio o baquelita utilizados por mineros la empresa de Hierros de Garrucha en las décadas de 1950 y 1960.


Arriba, vista frontal del casco hallado en la mina Júpiter. Se aprecian restos de pintura clara aplicados sobre vestigios del característico azul horizonte original, así como algunos trazos oscuros que sugieren que el casco estuvo decorado con algún tipo de insignia o marca pintada. También pueden observarse los orificios correspondientes a la insignia frontal original del casco militar y la cresta longitudinal, conservada con su remache de aluminio. En la parte inferior se aprecia una tuerca que sustituyó a uno de los elementos originales de fijación y que servía para sujetar, desde el interior, los enganches del forro de cuero (algo descentrado, claramente una modificación posterior).

Los cascos más antiguos documentados hasta ahora en el coto minero bedarense documentados hasta ahora son los dos ejemplares de los primeros modelos se hallaron en El Pinar de Bédar y se trata de los primeros cascos de protección industrial, fabricados en lona endurecida al vapor, con pegamento y pintura de color negro inspirados claramente en los cascos con ala M1917 «Brodie» que usaron los ingleses durante la Primera Guerra Mundial, ideados por la empresa de Edward D. Bullard en 1919. Estos ejemplares, junto con otros más modernos, están actualmente preservados por la Asociación de amigos del Patrimonio Minero de Bédar (APAMIBE), a la espera de que en la comarca se impulse una iniciativa museística que permita conservar y poner en valor nuestro patrimonio industrial.

Arriba, casco de lona endurecida y pintado de negro, del que aún se conservan algunos restos de pintura. Su diseño está claramente inspirado en los cascos militares británicos M1917 Brodie. En los fondos de la colección de la Asociación de Amigos de Bédar se conservan dos ejemplares de este tipo, procedentes de El Pinar de Bédar.

Pasamos a analizar este nuevo hallazgo. El casco Adrian M15 (casque Adrian en francés) fue diseñado por el Intendente-General Louis Adrian y adoptado por el Ejército Francés en 1915, convirtiéndose en el primer casco de acero moderno de la historia militar. Su introducción revolucionó la protección de los soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Arriba, casco original Adrian M15 francés coompleto, con su característico color azul horizonte.

Estos cascos eran de acero dulce, de aproximadamente 0,7-0,8 mm de espesor y  765 gramos de peso. Disponía de una cresta longitudinal (comb) a lo largo del casco para desviar metralla, una visera de cuero barnizado y una ranura frontal para emblemas. Estaba sujeta con remaches de aluminio correas de cuero, siendo su color estándar el azul horizonte. Se construyeron más de 20 millones de unidades durante y después de la Primera Guerra Mundial, siendo exportado a más de 18 países.

EL HALLAZGO: DESCRIPCIÓN DETALLADA DEL CASCO

Arriba, vista lateral del casco, en la que se aprecian los restos de pintura clara aplicados sobre la capa original de azul horizonte. Se observa nuevamente una tuerca lateral que sustituye al sistema de fijación original y que servía para sujetar el forro interior de cuero.

El casco encontrado en la mina Júpiter se encuentra en un estado de oxidación considerable, por haber permanecido durante más de un siglo en el ambiente húmedo de la mina. El óxido del mineral de hierro ha creado una pátina marrón rojiza que cubre la mayor parte de la superficie.

Sin embargo, se observan restos de pintura, en concreto de dos capas de pintura superpuestas, una inferior del característico azul horizonte original y una capa de pintura clara aplicada sobre la anterior. Esta superposición no es accidental, se trata de una modificación intencionada para transformar un casco militar a otro de uso minero.

Se observa como la pintura clara cubre completamente la zona de sujeción de la visera, lo que indica que la visera fue retirada antes del repintado, lo que es otro indicador de otra modificación técnica de cara a su nuevo uso.

El casco carece de insignia frontal, pero sobre la pintura clara se pueden ver trazos de pintura más oscura, posiblemente rojizo (difícil de apreciar por la capa marrón rojiza del óxido, que sugieren que originalmente portó algún tipo de emblema o marca pintada.

Uno de los remaches originales de aluminio ha sido sustituido por una tuerca, evidencia clara de una reparación posterior con materiales que se pueden encontrar fácilmente en cualquier taller.

Arriba, detalle de la parte posterior del casco, donde se aprecia una tuerca que sustituye al remache original de aluminio.

Arriba, detalle de uno de los laterales del casco, donde se aprecia otra de las tuercas utilizadas para sustituir los elementos de fijación originales, junto con los restos de pintura clara superpuestos a la capa original de azul horizonte.

Arriba, otra imagen de detalle del lateral, con restos de pintura clara sobre la azul original en la zona de fijación de la visera, lo que indica que esta fue retirada antes de repintar el casco.

Arriba, detalle de uno de los enganches interiores para el forro. Al haberse desprendido, fue fijado posteriormente mediante los tornillos y tuercas que se observan en la parte exterior.


Arriba, detalle macro de la zona de fijación de la visera, donde se observa la pintura azul original, azul horizonte, recubierta por una capa de pintura clara.

Arriba, imagen de la calota para apreciar los restos tanto de la pintura original como de la pintura clara de repintado, cuyo color marrón se debe a los óxidos de hierro de la mina, acumulados tras 100 años de abandono.

DE LA TRINCHERA A LA MINA: LOS CASCOS ADRIAN EN USO CIVIL

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, millones de cascos Adrian quedaron como excedente de guerra. Estos llegaron a España a precios muy bajos, representando una oportunidad para las industrias que necesitaban equipos de protección.

Se han documentado su uso en servicios civiles como es el caso de los bomberos de París hasta la década de 1960 (curiosamente, el diseño original del Adrian se basó en los cascos que usaban los bomberos parisinos). También en Finlandia se utilizaron por brigadas de bomberos municipales, como la de Turku.

En la Segunda Guerra Mundial y en el periodo de entreguerras se produjeron cascos M26, una versión mejorada, utilizados para la «Défense Passive» francesa. También se usaron para servicios Air Raid Precautions (ARP, medidas de precaución ante ataques aéreos) y servicios de rescate, a veces pintados de blanco u otros colores de alta visibilidad. Otros usos documentados fueron en guardias ferroviarios, policía y gendarmería.

Específicamente, se utilizaron cascos Adrian M26 por franceses y belgas de la Segunda Guerra Mundial con distintivos relacionados con «sauvetage minier» (rescate minero) y protección civil. Estos cascos fueron, pues adoptados por cuerpos de rescate industrial y minero. Estos cascos M26 presentaba mejoras, como la sustitución del gran orificio de ventilación bajo la cresta, un punto débil, acero de mejor calidad y construcción de una sola pieza.

LA MINERÍA DE BÉDAR: UN CONTEXTO PELIGROSO

La mina Júpiter, lugar del hallazgo, pertenecía a la francesa Compañía de Águilas (Compagnie d’Aguilas). Constituida en París el 19 de julio de 1881, explotó minas de plomo y hierro en Murcia y Almería, creando la filial Mines d’exploitation des mines de fer de Bédar en 1885. Tras el parón de la Primera Guerra Mundial, la Compañía de Águilas, integrada en una nueva sociedad llamada la Unión Bedareña, reanudó los trabajos de explotación en 1919 hasta 1922, en la que la actividad se paralizó definitivamente.

Se han documentado numerosos accidentes en las minas de la Compañía de Águilas en Bédar, con más de 75 accidentes mortales durante la década de 1880 y 1919. Entre estos accidentes tenemos  dos fallecidos por desprendimientos en 1905 y 1908 en esta misma mina Júpiter.

Aunque el accidente más recordado fue en cercana mina de San Manuel, en la que, el 23 de junio de 1906, un desprendimiento sorprendió a 6 mineros en una galería, matando a uno inmediatamente. El rescate duró más de 50 horas, rescatando finalmente a 4 obreros. El equipo de rescate estuvo liderado por el capataz facultativo de minas Darío González y el capataz Cipriano Perchenar. Este accidente tuvo un gran impacto en la población, los mineros atrapados daban golpes de «retreta» y se escuchaban voces pidiendo auxilio, mientras que una multitud de familiares se agolpaba a la entrada.

LOS PRIMEROS EQUIPOS DE SALVAMENTO

El 21 de junio de 1902, se publicó una Real Orden que obligaba a las empresas mineras a disponer de equipos de respiración artificial y personal suficientemente entrenado para salvamento. En esta normativa no se mencionaba cascos de protección. De hecho, en 1920, cada minero vestía como quería y se protegía como podía, sin que hubiera una normativa que obligara a proporcionar cascos a los mineros ordinarios.

La Brigada Central de Salvamento Minero nació en 1912 en Asturias, impulsada por las empresas mineras asturianas para intervenir en los frecuentes accidentes. Por su lado, la Compañía de Águilas organizó en Bédar sus propios equipos de rescate. Además del rescate documentado en 1906 en la mina San Manuel, se sabe que en 1902 otro equipo de rescate consiguió rescatar con vida al minero Juanito «el Moro», atrapado por un derrumbe en el interior del pozo de la Cabra, en El Pinar de Bédar. En este rescate de 1902 también participó el capataz facultativo Darío González, que se vio obligado a despejar con guardas la zona para realizar las tareas de rescate.

Estudiantes de Minas probando diferentes tipos de equipos de respiración artificial destinados a los equipos de rescate minero. Como puede observarse, no parecen especialmente cómodos (Escuela Especial de Ingenieros de Minas, Madrid, 1916-1920).

EL CASCO DE BÉDAR. ANÁLISIS DE LAS MODIFICACIONES

Las modificaciones observadas en el casco Adrian M15 encontrado en la mina Júpiter no son accidentales, son adaptaciones técnicas específicas para el trabajo minero subterráneo.

La retirada de la visera mejoraba la visibilidad, esta visera estaba diseñada para desviar metralla y proteger del agua de lluvia, pero en la mina obstruye la visión hacia arriba, algo fundamental para detectar desprendimientos del techo; además, la visera podía engancharse fácilmente en vigas de madera, irregularidades de la roca o cables, provocando tirones peligrosos. La pintura clara cubriendo la zona de fijación de la visera confirma que fue retirada  antes del repintado, una modificación necesaria que prioriza la funcionalidad sobre la forma original.

Los cascos Adrian originales estaban pintados con pintura azul horizonte, que observamos en nuestro casco en diferentes lugares. Este color no era especialmente visible en la mina, iluminada solo con lámparas de carburo o las primeras lámparas eléctricas en 1920. Los cascos claros reflejaban la luz, haciendo al trabajador mucho más visible para sus compañeros, haciendo más fácil identificar a los miembros de un eventual equipo de rescate. Los colores más comunes usados en defensa civil y servicios de la época eran el blanco, el gris pálido o un azul muy lavado.

Los remaches originales de aluminio o metal blando podían soltarse con el sudor, los golpes y la humedad de la mina. El taller de la mina no dispondría de remaches originales, por lo que sustituir uno de ellos por una tuerca es una reparación clásica y sencilla que podría llevarse a cabo en cualquier taller y que es la prueba más auténtica de la vida laboral industrial de este casco, diferenciándolo de un casco militar reciclado casualmente.

Los restos de pintura en la parte frontal sugieren que portó originalmente algún emblema o marca pintado. Posiblemente, tras retirar la insignia militar y repintar el casco, se añadió alguna marca de la compañía o del equipo de salvamento, que desgraciadamente no se observa con claridad en nuestro ejemplar a causa de la corrosión.

HIPÓTESIS: EL PRIMER CASCO DE SALVAMENTO MINERO DOCUMENTADO EN ESPAÑA

  1. El casco fue abandonado en la mina en el periodo entre 1919 y 1922. Este periodo coincide con el fin de la Primera Guerra Mundial (1918), en la que grandes cantidades de cascos Adrian M15 estaban disponibles como excedente de guerra a precios muy bajos.
  2. Ya existía obligación de disponer de equipos de rescate, sin mencionar específicamente cascos (Real orden de 1902).
  3. La Compañía de Águilas ya había organizado equipos de salvamento anteriormente, como está documentado en 1902 y 1906.
  4. Los repetidos accidentes mortales, especialmente el dramático rescate de 1906, que acabó con el rescate de 4 mineros vivos tras trabajar 50 horas, debió genera una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger a los equipos de rescate.

¿Qué argumentos nos llevan a pensar que se trata de un casco de salvamento y no de un minero ordinario?

  1. En 1920 no era práctica habitual proporcionar cascos a todos los mineros. Cada uno vestía como quería y se usaban, normalmente, sombreros de fieltro o cuero.
  2. Los cascos Adrian, aunque baratos, seguían siendo demasiado costosos para equipar a todos los mineros, no obstante eran asequibles para equipar a pequeños equipos de salvamento.
  3. Las modificaciones técnicas observadas en nuestro casco (visera retirada, repintado y reemplazamiento de remaches por tuercas) son modificaciones intencionadas, que indican un programa sistemático de adaptación de material militar a uso industrial especializado.
  4. Era un casco de origen francés, y la Compañía de Águilas era francesa, por lo que debió contar con la capacidad y contactos para adquirir excedentes de la Primera Guerra Mundial directamente en Francia.
  5. La Compañía de Águilas ya tenía experiencia y capacidad para organizar equipos de rescate coordinados, como en los accidentes de 1902 y 1906 ycon captaces especializados como Darío González.
  6. El casco ha sido hallado directamente en el interior de la mina Júpiter, donde están documentados accidentes mortales, como los de 1905 y 1908. Es posible que esta mina, por su importancia y por su historial de accidentes, fuera priorizada para recibir equipos de protección.
  7. En un contexto internacional, en 1919 se patentaba el primer casco de seguridad industrial por Edward Bullard, inspirado en cascos militares ingleses. El casco estudiado es contemporáneo a los primeros cascos Bullard, por lo que la Compañía de Águilas pudo haber hecho lo mismo adaptando cascos franceses. En tal caso, se situaría a la vanguardia de la seguridad minera en España, décadas antes de que se generalizara el uso de cascos en la minería nacional.

LA HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLE

El casco Adrian M15 encontrado en la mina Júpiter de Bédar fue proporcionado por la Compañía de Águilas hacia 1919-1920 a un equipo especializado de salvamento minero, siendo el PRIMER casco de protecció metálico documentado para uso de salvamento minero en España.

  1. No es un casco militar reciclado casualmente. Las modificaciones documentadas indican un programa deliberado de adaptación.
  2. No es un casco de minero ordinario. En 1920 no se proporcionaban cascos a los mineros ordinarios.
  3. Es un precedente histórico, no hay evidencia de otros cascos de protección metálicos en la minería española antes de 1950, por lo que podría ser el primero documentado.
  4. Existe una conexión con accidentes documentados y equipos de rescate: los accidentes de 1902, 1905, 1906 y 1908 sin duda generaron la necesidad operativa de proteger a los equipos de rescate.

El casco, que pasa a ser custodiado por la Asociación de amigos del Patrimonio Minero de Bédar, es una pieza de arqueología industrial rara e interesante ya que documenta:

  1. Uno de los primeros equipos de protección individual especializados en salvamento minero en España.
  2. La adaptación temprana de material militar excedente a usos industriales.
  3. La conciencia de seguridad de una empresa minera francesa operando en España, décadas antes de la normativa española.
  4. La historia de los equipos de rescate y la intervención de capataces especializados como Darío González y Cipriano Perchenar. Es de especial relevancia el equipo que, en 1906 y tras 50 horas de trabajo, consiguió rescatar con vida a 4 mineros en la mina San Manuel.
  5. El inicio de la protección laboral en la minería española, 30-40 años antes de que se generalizara el uso de cascos.

Gracias a los miembros del Shropshire Caving and Ming Club: Andrew Thompson, Garry Parsons, Kat Rosier, Oliver Beard, Richard Timms y Tracy Elliott, y especialmente a Oliver y Tracy, los que realizaron el hallazgo del objeto que luego cedieron para su estudio y conservación.

Abajo, alguna de las fotografías del equipo que realizó el hallazgo en la mina Júpiter:

De Bédar al mundo: veinte años de investigación sobre los cables aéreos mineros

Más de veinte años de investigación han dado lugar a la obra más completa publicada hasta la fecha sobre los cables aéreos mineros en el sureste español. El próximo 13 de agosto tendrá lugar la presentación pública de este libro, una oportunidad única para descubrir una parte esencial de nuestro patrimonio industrial y tecnológico.

Aunque el libro comenzó a gestarse a partir de las investigaciones sobre el cable aéreo minero de Bédar, pronto trascendió el ámbito local para convertirse en un estudio de alcance mucho más amplio. A través de cientos de documentos, fotografías inéditas y archivos consultados en España, Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Noruega, reconstruye la historia y la evolución de unos sistemas de transporte que fueron decisivos para el desarrollo de la minería moderna.

La obra analiza por primera vez de forma sistemática la evolución tecnológica de los cables aéreos, el papel de ingenieros y empresas que marcaron su desarrollo y reúne un extenso catálogo de las líneas documentadas en el este de Andalucía y Melilla. Es el resultado de más de dos décadas de investigación y constituye una valiosa aportación tanto para especialistas como para cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

La presentación tendrá lugar el 13 de agosto y será una excelente ocasión para conocer de primera mano el proceso de investigación, descubrir algunas de las historias más sorprendentes que esconde el libro y conversar con su autor. Una invitación a mirar con nuevos ojos unas infraestructuras que, aunque en muchos casos han desaparecido, contribuyeron de forma decisiva al desarrollo económico y social de nuestro territorio.

Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.

Disponible dentro de dos días, el 17 de julio.

Nuevo libro: 42 cables aéreos históricos que recuperan la memoria industrial del sureste español

¿Hubo un cable aéreo cerca de tu pueblo?


Durante décadas, decenas de estas impresionantes infraestructuras atravesaron montañas, barrancos y valles del sureste español, uniendo minas, estaciones ferroviarias y puertos. Hoy, muchas han desaparecido casi por completo, pero su historia permanece en documentos, fotografías y en la memoria de los paisajes que transformaron.

El próximo 17 de julio se publicará un libro que reúne el resultado de más de veinte años de investigación sobre los cables aéreos históricos, una obra que combina historia, ingeniería y patrimonio industrial.

El libro incluye un catálogo documental con 42 líneas de cables aéreos, muchas de ellas vinculadas directamente a pueblos y comarcas concretas:

Almería

  • Serena (Bédar) – Garrucha y trinchera Villalta (Bédar).
  • Serena (Bédar) – Los Gallardos.
  • Líneas secundarias de las minas de Bédar: Carabinera, Pobreza, Borrasca, Santiago, Silencio y Angustias.
  • Mina Cuatro Amigos (Bédar).
  • Puerto de Garrucha.
  • Barranco Jaroso, mina Violeta, mina Los Tres Pacos y otras líneas de Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora).
  • Mina Isabel (Mojácar).
  • Cuevas Negras y Gran Coloso (Tíjola y Bayarque).
  • Cable Cabarga San Miguel y cables del Manzano y Cortijuelo (Serón y Bacares).
  • Minas del Tesorero (Serón y Baza), también en Granada.
  • Cable de Cóbdar.
  • Canteras de andesita de Rodalquilar y Mesa Roldán (Níjar y Carboneras).
  • Rincón de Martos (Níjar).
  • Colativí – Casa Fuerte (Tabernas, Níjar y Almería).
  • Calares – ferrocarril de Lucainena de las Torres a Agua Amarga.
  • Los Baños – estación de El Chorrillo (Pechina).
  • Alfaro – ferrocarril de Sierra Alhamilla (Rioja y Pechina).
  • Canteras de Huéchar al Andarax.
  • Olula de Castro – Fuente Santa.
  • Gérgal – Cruz de Mayo.
  • Mina Miguelito (Gérgal).
  • Nacimiento.
  • Escúllar.
  • Beires – Doña María (Beires, Ohanes y Nacimiento).

Granada

  • Las Piletas – estación de Huéneja.
  • Minas del Conjuro (Busquístar, La Taha, Órgiva y Vélez de Benaudalla).
  • Dúrcal – Motril (Dúrcal, Nigüelas, Lecrín, El Pinar, Lanjarón, Vélez de Benaudalla, Órgiva y Motril).
  • Mina Santa Julia – estación de Riofrío (Loja).
  • Guájar Alto – Río Verde (Los Guájares, Lentegí, Otívar y Almuñécar).

Jaén

  • Cable del Centenillo (Baños de la Encina, La Carolina y Carboneros).
  • Cable del Guindo (La Carolina).
  • Cable de la mina Sinapismo (La Carolina).
  • Cable de la mina La Abundancia.
  • Pozo Mirador – Santo Tomás (Baños de la Encina).
  • Cable de Grañena (Jaén).

Málaga y Melilla

  • Altos Hornos de Málaga (desde las minas de Casariche y Badolatosa, en Sevilla).
  • Línea de Marbella.
  • Línea de San Juan de las Minas (Guelaya, Melilla).

La obra incorpora además decenas de imágenes históricas recuperadas, incluyendo fotografías inéditas procedentes de archivos públicos y privados, junto con documentos gráficos que permiten reconstruir instalaciones hoy desaparecidas o de las que apenas quedan vestigios. Muchos de estos cables aéreos han desaparecido casi por completo; por ello, este libro pretende conservar su memoria y poner en valor un patrimonio industrial antes de que se pierdan definitivamente sus últimos testimonios materiales.

La portada del libro muestra una fotografía inédita de la línea de cable aéreo del mítico barranco Jaroso de Sierra Almagrera, una de las muchas imágenes recuperadas durante la investigación y que permiten descubrir cómo eran estas instalaciones cuando todavía estaban en funcionamiento. A través de fotografías históricas, planos, informes técnicos y documentación de archivo, la obra reconstruye la evolución de una tecnología que tuvo un papel fundamental en la minería española desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Destacamos, entre otras fotografías inéditas, una vista impresionante del cargadero de cable aéreo de Los Gallardos o una nueva serie de fotografías de Serón-Bacares, entre otras.

Esta obra no solo estudia una tecnología de transporte: recupera la historia de decenas de localidades, de sus explotaciones mineras y de las personas que hicieron posible unas instalaciones que fueron símbolo de innovación e ingenio.

Muchos de estos cables forman hoy parte de un patrimonio frágil y poco conocido. Conocerlos es también conservar la memoria de una época en la que los paisajes estaban unidos por auténticos caminos suspendidos sobre las montañas.

Título: Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla
Autor: Juan Antonio Soler Jódar
Extensión: 426 páginas con más de 800 ilustraciones (fotografías, planos, documentos, etc.)
Formato: tapa dura
Contenido: historia + características y evolución tecnológica + instalación de cables aéreos + Carlos Bahlsen y La Maquinista de Almería + catálogo de 42 líneas aéreas documentadas

Disponible a partir del 17 de julio en Amazon.

Un viaje por los cables aéreos de la minería: un nuevo libro recupera una historia casi olvidada

El próximo 17 de julio verá la luz Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla (1884–1966), una obra que reúne por primera vez un estudio sistemático de una de las infraestructuras más características, y al mismo tiempo más desconocidas, de la minería del sureste peninsular. A través de sus páginas, el lector descubrirá cómo estos ingenios permitieron salvar barrancos, sierras y grandes desniveles para transportar millones de toneladas de mineral desde las explotaciones hasta los ferrocarriles o los embarcaderos. Aunque se trata de un trabajo de investigación, está concebido para que pueda ser disfrutado tanto por especialistas como por cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

El libro no se limita a catalogar instalaciones. Cada cable aéreo se estudia en su contexto histórico y tecnológico, analizando las circunstancias de su construcción, las empresas y los ingenieros que participaron en su diseño, las soluciones técnicas adoptadas y su evolución a lo largo del tiempo. El resultado es una obra que combina el rigor de la investigación con una narración accesible, permitiendo comprender no solo cómo eran estas instalaciones, sino también por qué representaron un avance decisivo para la minería de finales del siglo XIX y buena parte del XX.

Uno de sus principales valores reside en la amplitud y diversidad de las fuentes consultadas. La investigación se apoya en una extensa documentación procedente de archivos públicos y privados, prensa histórica, publicaciones técnicas nacionales e internacionales, memorias de empresas mineras, expedientes administrativos, planos originales, catálogos de fabricantes y una extraordinaria colección de fotografías históricas, muchas de ellas inéditas. Ese trabajo de documentación ha permitido identificar instalaciones prácticamente desconocidas, reconstruir trazados desaparecidos y aclarar numerosos aspectos técnicos que hasta ahora permanecían dispersos o sin estudiar.

La estructura de la obra facilita distintos niveles de lectura. Quien busque una visión general encontrará una introducción que explica el desarrollo de la tecnología de los cables aéreos, sus principales fabricantes y los sistemas constructivos empleados. A partir de ahí, el catálogo reúne cada instalación conocida en una extensa región del sureste español mediante fichas ampliamente documentadas, acompañadas de mapas, planos, fotografías históricas, esquemas y referencias documentales que convierten el libro tanto en una obra de consulta como en una referencia para investigadores, historiadores, ingenieros y aficionados al patrimonio industrial.

Con su publicación el 17 de julio, esta obra aspira a convertirse en un referente sobre la historia de los cables aéreos mineros en España y, al mismo tiempo, a contribuir a la difusión y valoración de un patrimonio tecnológico que, pese a haber desaparecido en gran medida del paisaje, sigue siendo fundamental para comprender la historia minera e industrial del sureste español. Es una invitación a descubrir un capítulo poco conocido de nuestro pasado, donde la ingeniería, la minería y el territorio se entrelazan para contar una historia tan fascinante como desconocida.

Presentaciones en Huércal-Overa y Beires

Estos dos últimos días han estado cargados de actividades para los investigadores del grupo APAMILE. Ayer, 25 de diciembre, se presentó oficialmente la nueva revista ZAMBRA, la nueva Revista Cultural del Ayuntamiento de Huércal-Overa, en la que han participado con los artículos: «Jesualdo y César Giménez de Cisneros Sevilla: los últimos románticos», de Magda Navarro Arias y «Breve historia de la minería y la metalurgia en Huércal-Overa», por parte de Juan Antonio Soler Jódar y José Berruezo García.

Arriba, fotografía en conjunto de colaboradores del primer número de la revista ZAMBRA, publicada en el portal Overa Viva.

Arriba, presentación en Beires, junto a Joaquín Gaona Villegas, de los artículos publicados en FARUA sobre la minería y el cable aéreo de transporte de mineral de Beires a la estación de Doña María. Una pequeña reseña técnica para comprender la importancia del cable de Beires en la historia de la evolución tecnológica de estos ingenios, ya que supuso un punto de inflexión en su evolución a inicios del siglo XX, un ejemplo claro de la superioridad de las nuevas patentes alemanas sobre los obsoletos sistemas usados hasta entonces. Incidimos también en la relación que hubo entre la minería de mineral de hierro de Beires y la industria de construcción naval y, cómo no, la presentación de un impresionante álbum de fotografías que muestran, con un nivel de detalle nunca antes visto, cómo se instalaba una de estas líneas de transporte aéreo. Una grabación completa del evento se publicará en los medios en la página del Centro Virgitano de Estudios Históricos Berja-La Alpujarra.

Arriba, Juan Antonio Soler y la alcaldesa de Beires, Carmen González, en el Museo minero de Beires, en el momento de la entrega de un ejemplar del libro «»La expedición minera de la sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español», recientemente publicado en Granada.

Queremos agradecer a todos los asistentes a la presentación hoy en Beires, un precioso pueblo de la Alpujarra almeriense y su magnífico y acogedor Museo-centro interpretación minero.

Un año de publicaciones

¡Gracias a todos los que han adquirido nuestros libros y guías! Todos están disponibles en Amazon. Un nuevo proyectos está en preparación, les mantendremos informados.

El Pinar de Bédar: objetos curiosos del mayor archivo privado conocido referente a la minería histórica.

En primer lugar querríamos agradecer a todos los que ya han adquirido el libro sobre El Pinar, ya sea en su versión en españolo o en inglés. Para los que dudan, vamos a comentar alguna de las novedades incluidas en esta obra, especialmente para los aficionados a la historia y patrimonio del Levante almeriense.

Candil de piquera de época califal con decoraciones epigráficas.

Es conocido lo difícil que es acceder, con fines de investigación, a la documentación y objetos de época de las empresas mineras del XIX y principios del XX, no digamos ya fotografías. Por lo general, lo poco que hay es buscado con avidez y atesorado por coleccionistas privados, en un lucrativo mercado de libros, periódicos, planos de época, minerales de colecciones antiguas, acciones mineras y las siempre codiciadas fotografías de época. De esta manera, los descubrimientos documentales rápidamente se fragmentan y distribuyen por los diferentes mercados con destino a coleccionistas, cuyo único objetivo es adquirir una nueva pieza para sus respectivas colecciones, sin importarles su contexto o valor para los investigadores.

Nos queda, casi en exclusiva, los archivos públicos, en especial el Archivo Municipal de Vera y el Archivo Histórico Provincial de Almería, además de las diferentes hemerotecas públicas nacionales. Estos archivos nos permiten suplir en parte esta carencia, pero echamos mucho de menos los documentos de primera mano de las empresas, que son los que suelen contener dar más pistas sobre las motivaciones y los por qués de los acontecimientos investigados.

Dos de los objetos procedentes del hospital minero de El Pinar. Se trata de un inhalador de cloroformo en su estuche, utilizado para anestesias (izquierda) y una Pipe of Peace de Sir Hiram Maxim (derecha), un inhalador para tratar afecciones bronquiales ideado por el inventor de la famosa metralleta que lleva su nombre.

Al enfrentar el estudio de la minería de El Pinar nos encontramos tan solo con una serie de tradiciones orales de difícil comprobación y, eso sí, gran cantidad de documentación en los referidos archivos. Esto nos permitió perfilar su historia con algo más de precisión, pero quedaban muchas preguntas en el aire y enormes lagunas sober las que solo podíamos emitir algunas hipótesis.

Esto cambió con el descubrimiento de los archivos familiares de Dietrichson y Thorkildssen en Noruega (gracias a nuestra amiga Lise Hansen). Este es un momento clave que marca un punto de inflexión claro en nuestra forma de investigar, atisbando la dimensión internacional de lo que ocurrió en nuestra tierra, buscando y localizando documentación en lugares tan distantes como Alemania, Inglaterra, Francia y EEUU. Es evidente que, además de suponer un avance significativo en nuestras pesquisas, este nuevo enfoque nos permitió expandir nuestras investigaciones más alla de las fronteras de la provincia, escapando al tradicional localismo de la investigación histórica almeriense y de sus dogmas históricos establecidos, ya un poco manidos y faltos de actualización. Además pudimos liberarnos de la dependencia asfixiante de los pocos archivos locales, privados o no, existentes.

El nuevo flujo de datos, documentos y fotografías nos permitió elaborar una primera obra de síntesis que seguramente muchos conocerán, se trata del libro «MINASCABLES, FERROCARRILES, FUNDICIONES Y EMBARQUE DE MINERALES», publicado en 2021. En esta obra volcamos toda la información y documentación recopilada hasta el momento, lo que la ha convertido en una referencia para la minería en el Levante.

Báscula de precisión del laboratorio de El Pinar.

Pero a pesar de todo, no estaría completo sin la documentación de primera mano, la de las propias empresas que gestionaron la minería en El Pinar de Bédar. Y finalmente, ya sea a causa de nuestra constancia o por algún tipo de milagro, llegó finalmente. Así llegaron accedimos a los archivos de la 2ª división de la Compañía de Águilas y de la Unión Bedareña, con domicilio social en El Pinar de Bédar primero y en Vera después. Siguendo la buena racha, también localizamos los de la empresa TRAMISA, que siguieron los trabajos de las primeras

No entraremos en cómo se descubrió este completo archivo de una empresa histórica, que creemos único, lo importante es que pasamos de contar, con suerte, con una carta sobre un tema específico a tener que seleccionar las cartas más relevantes. En efecto, con más de 5.000 cartas, muchas personales, unos 300 planos, objetos topográficos y administrativos, libros, cuadernos de notas, folletos de proveedores. Por primera vez nos vimos desbordados de documentación, lo que supuso un ardúo trabajo de identificación, clasificación y catalogación de la documentación y objetos encontrados, lo que llevó un trabajo continuado de 4 meses.

En especial, esta documentación venía a cubrir el muy desconocido periodo minero entre 1910 y el final de la guerra civil española, por lo que a la historia se se añadía el difícil periodo bélico, con una cantidad asombrosa de documentación que haría las delicias de cualquier investigador de ese periodo, incluyendo el espinoso asunto del contrabando de wolframio por parte de los alemanes durante la segunda guerra mundial.

Este reloj de pared es el original que estuvo instalado en la fachada de las Oficinas centrales de la Compañía minera en El Pinar de Bédar.

La obra sobre el Pinar de Bédar que hemos publicado recientemente incluye mucha información procedente de este archivo. Es precisamente esa información la que nos ha permitido completar y actualizar la información que ya pubicamos en nuestra anterior obra. Por motivos obvios, no está incluida toda la documentación, como solemos hacer, pero sí la más relevante y los objetos más curiosos.

Entre algunas de las curiosidades encontramos los recibos de avance de fondos para los últimos partidarios de las minas de plomo en 1926; unos rarísimos vales para bienes de consumo de la guerra civil española, la tercerola rolling block de calibre 43 de uno de los guardias jurados de El Pinar, una de las máquinas de escribir originales Remington de las oficinas o incluso el antiguo reloj de pared, objetos de la iglesia y del hospital del poblado minero, etc.

Reconstrucción de los hornos de la fundición Carmelita (Villaricos, Cuevas del Almanzora)

Volvemos al interesante asunto de las fundiciones de plata y plomo del siglo XIX y prinicipios del XX en el Levante almeriense, y que tratamos en profundidad en la obra «Atlas ilustrado de fundiciones del Levante almeriense», que se puede adquirir por Amazon.

Horno de manga de la fundición Carmelita según las descripciones y planos de Saglio, en 1848. El horno, construido en ladrillo, disponía de una rampa anterior por la que se deslizaban las escorias (las «gachas»), mientras que el plomo líquido se depositaba en una pequeña cubeta lateral a la rampa, por medio de un orificio conocido domo «bigote». El aire se inyectaba por la parte trasera, procedente de unos grandes fuelles llamados «pavas», accionados por mulas. La carga del mineral calcinado y el combustible (carbón destilado o coque) se efectuaba por la parte superior trasera, a la que se accedía por una escaleras que daba acceso a una plataforma de carga. Los humos se evacuaban por la parte superior, que se conectaba a una serie de galerías de condensación que conducirían los tóxicos humos hasta la chimenea, alejada convenientemente de las instalaciones. La construcción era especialmente esmerada, las instalaciones contaban con artísticos arcos y columnas, todo un lujo para una instalación de este tipo, que denota los grandes beneficios que estaban recibiendo todos los socios de la mina Virgen del Carmen del Jaroso.

Una de las fundiciones más icónicas es la de Carmelita, ubicada en Villaricos, instalada por los socios de la mítica mina de plata Virgen del Carmen, en el barranco Jaroso de sierra Almagrera, la primera en la que se llegó al celebérrimo filón de plomo argentífero. Al igual que su contemporánea, la fundición San Ramón de Garrucha, instalada por los socios de la mina Observación, los afortunados socios de la Virgen del Carmen también instalaron una fundición para el tratamiento de sus minerales en 1842. El lugar elegido fue Villaricos, ocupando los terrenos que hoy ocupa el barrio del Carmen, sobre los restos de la antigua ciudad púnico-romana de Baria. De esta fundición tan solo quedan algunos tramos de las galerías de condensación de humos, además del nombre del barrio y de la calle que lo cruza, la calle del Carmen.

En 1848 fue visitada por Saglio, quien nos legó unas precisas descripciones de las instalaciones, del funcionamiento y también algunos planos, que han sido vitales para reconstruir cómo era esta fundición. Saglio nos indica que los acaudalados socios de Carmen habían instalado una fundición con cierto lujo, los hornos principales eran sólidos y las instalaciones contaban con arcos y columnas. Se trataba de los hornos conocidos como de manga, diseñados para obtener el plomo metálico de los minerales calcinados, cuya primera porción contenía toda la plata, que se extraía en unos hornos especiales llamados copelas. La fundición disponía de algunos adelantos de la época, especialmente un bocarte de triturado de mineral movido por una máquina de vapor. En 1848, sin embargo, los 5 hornos de manga de los que disponía la fundición eran ventilados por un gran fuelle (conocido como «pava») movido por mulas.

Así acabaron la casi totalidad de los algo más de una docena de lingotes de Carmelita recuperados de los restos del vapor holandés Grete, hundido por un submarino inglés en 1943. Lo vemos en una caja de anillas de plomo de redes de pesca rotos, listos para ser reciclados y reutilizar el plomo para fabricar nuevas anillas. El fundidor que se encargaba de estas labores, en Vinaroz, comenta lo difícil que era fundir estos lingotes, ya que no era un plomo puro. Lo que no sabía es que la impureza era de plata.

Los detallados planos de Saglio nos permiten reconstruir, artísticamente, como era el mítico horno de la no menos mítica fundición Carmen (o Carmelita). Curiosamente, varios lingotes de esta fundición fueron localizados en un pecio cerca del cabo Oropesa, en Castellón, lo que no deja de ser un misterio visto el barco en el que se descubrieron (un barco holandés hundido por un submarino inglés en 1943).

Para más información, pueden consultar toda la historia de esta fundición, y todas las demás de la zona, en el mencionado atlas ilustrado de fundiciones, de venta en Amazon.