El lavadero de mineral de la mina Reforma

Tras comentar lo tristemente ocurrido con el Lavadero Grande de El Pinar, hoy hablaremos de otro de los tres lavaderos que estuvieron funcionando en El Pinar de Bédar entre 1881 y 1884. Se trata del Lavadero de la mina Reforma. Disponemos de unas magní­ficas fotografí­as de Rodrigo de esta mina, que hemos utilizado para identificar las diferentes partes del mismo y su funcionamiento.
REFORMA
El ingeniero director Dietrichson, aunque describe ampliamente el Lavadero Grande, no dedica tiempo a comentar cómo eran los otros dos lavaderos, el de Reforma y el misterioso tercer lavadero. Por suerte, la carencia de descripciones se suple sobradamente con la fotografía de Rodrigo, pues al ser un lavadero al aire libre, podemos observar los diferentes elementos del mismo. También, a diferencia de lo que ocurre con el Lavadero Grande, el hecho de que el emplazamiento original solo haya sido destruido parcialmente, ha permitido buscar restos sobre el terreno, con resultados más que interesantes. No ha sido fácil la tarea, pero tenemos por fin identificados los diferentes elementos.

VIA SANGRE

De entrada, hemos de suponer que se trata de material suministrado también por la casa Humboldt. Siempre se instalaban en diferentes pisos, de manera que facilitara el transporte de un piso a otro, sin tener que dedicar esfuerzos a subir el mineral para seguir las diferentes fases del lavado. El mineral llegaba directamente a la estación por medio de una vía procedente del Socavón Reforma y, seguramente, de otro socavón que tenemos localizado en la zona y que disponía también de una ví­a que conectaba con el complejo. En la fotografí­a de Rodrigo observamos claramente que se trata de un ferrocarril de sangre, es decir, las vagonetas eran arrastradas por mulas por la ví­a. La vagoneta es muy curiosa, seguramente una de los varios tipos de vagonetas especiales mencionados por Dietrichson. Ésta, en concreto, se trata de una vagoneta muy corta y de descarga frontal.

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El mineral era tratado en el piso superior dle lavadero, el mineral se lanzaba por un resbaladero hasta la plataforma en la que observamos a varios operarios, algunos apoyándose en alguna herramienta con mango. En este lugar el mineral debí­a ser machacado de forma manual, pues no se observa maquinaria de triturado.

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Toda la maquinaria es movida por una sola locomóvil, instalada bajo un techo. Las locomóviles no eran más que máquinas de vapor portátiles. Disponían de ruedas para poder llevarlas allí donde hicieran falta (normalmente arrastradas por bueyes) y, una vez llegada al lugar de destino, se desmontaban las ruedas y se instalaba sobre una plataforma). En este caso, vemos la locomóvil instalada. Ésta mueve un árbol de poleas instalado sobre un muro elevado que serví­a de eje motor a todas las máquinas del lavadero.

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En el mismo piso nos encontramos con dos máquinas identificadas como dos trómeles, accionados por la locomóvil descrita. No sorprende la presencia de trómeles, en el Lavadero Grande también se utilizaban y su presencia refuerza la idea de que se trataba de maquinaria suministrada por la casa Humbodlt, pues estaban especializados en este tipo de maquinaria. Sobre el terreno hemos encontrado fragmentos recortados de criba de 1 mm, procedentes sin duda de estos trómeles. Tal y como comenta Dietrichson, el diámetro más pequeño de las perforaciones de los trómeles del Lavadero Grande eran precisamente de 1 mm. El “Schlamm” resultante de este primer lavado, pasaba al piso inferior, por otro resbaladero que se aprecia perfectamente en la fotografía. En este piso inferior nos encontramos con tres tipos de maquinaria muy diferentes: cribas cartageneras, Round-buddles mecanizados y una inmensa criba mecanizada oscilante. Con la criba oscilante y las cribas cartageneras se lavaba el Schlamm, aunque desconocemos los criterior y/o indicaciones de una u otra máquina, es muy posible que dependiera del tamaño del mineral lavado. Lo que sí­ que está claro es que el mineral procedente de las cribas y de la criba oscilante, los “lodos”, eran lavados por última vez en los round-buddles, para aprovechar así hasta las más ínfimas partículas de galena, obteniendo un barro de mineral. Para observar las diferentes partes de la criba oscilante mecanizada, precisamos de una ampliación coloreada:

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Estas cribas oscilantes estaban compuestas por unos ejes móviles accionadas por poleas, que hacían oscilar las cribas con el mineral inmersas en un gran recipiente de agua. El movimiento que imprimían a las cribas suspendidas permitía separar el mineral, al ser más densa la galena que la caliza acompañante. Las cribas cartageneras funcionaban con el mismo mecanismo, pero en este caso la criba suspendida en un cajón de agua era accionada por una gran palanca que accionaba un operario y que observamos claramente en la fotografía. Estos operarios accionaban la palanca con movimientos cortos y bruscos, permitiendo separar de la misma manera la densa y pesada galena de la roca acompañante. En la fotografí­a coloreada vemos que la criba oscilante de Reforma era bastante grande y provista de tres ejes. Un sistema de poleas y correas moví­an los ejes del mecanismo (en amarillo, incluidos los soportes de las cribas), mientras que un sistema de distribución (azul claro) permitiría llevar el mineral hasta las cribas. Por un mecanismo que desconocemos, el mineral lavado podía ser extraí­do por los laterales de la máquina, donde observamos dos curiosas estructuras (en azul claro). Alrededor, vemos varias espuertas llenas y una montañita de mineral lavado.

RUMBOS REFORMA 2

Desgraciadamente no ha quedado resto alguno de ninguna de estas máquinas, lo cual es normal, pues al ser desinstaladas no quedaría absolutamente nada. Sin embargo no pasa lo mismo con los round-buddles. Los round-buddles se utilizaban para lavar el mineral que quedaba todaví­a en el rechazo de las cribas suspendidas. Este rechazo, una especie de lodo, contenía todaví­a partí­culas diminutas de galena. El round-buddle constaba de una superficie cónica con una inclinación muy específica por la que se iba lanzando el lodo con galena. De esta manera, y ayudado por unos cepillos giratorios que ayudaban a distribuir bien la capa de ganga y mineral, la galena, más densa, se quedaba más cerca del vértice del cono que no la roca caliza, que al ser más ligera era arrastrada hacia la periferia. El eje giratorio era accionado, como no, por medio de correas conectadas con el árbol motor principal, como se observa sin muchas dificultades. Observamos una batería de round-buddles en los que se distinque el depósito y canal de distribución (en rosa) donde se depositaban los lodos a lavar y que eran conducidos al vértice del cono de la plataforma (en azul). Un caballete (en amarillo) sujetaba el eje principal que accionaba el eje rotatorio y los cepillos. Vemos claramente como las correas motrices se dirigen hacia unas poleas dispuestas en un costado de los caballetes de cada uno de los round-buddles. La plataforma y la inclinación de la plataforma estaban estudiadas específicamente para poder separar de manera óptima el mineral, de manera que las plataformas tenían que ser de, exactamente, 4 metros.

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De estos round-buddles quedan todavía las plataformas cónicas, como se ve en la imagen, que eran de mortero de cal. Vemos las costillas utilizadas para la construcción de la plataforma, partiendo del vértice de la misma, donde queda el agujero donde se articulaba el eje rotatorio. El diametro es, como no podía ser de otra forma, de 4 metros justos. Finalmente, el rechado procedente de los round buddles, era llevado en vagonetas hacia el vaciadero. El agua utilizado por las máquinas se suministraba por una serie de tuberí­as que se observan también en la fotografía. El agua seguramente procedía del pozo Bomba. Como no abundaba, el agua era reciclado, al igual que se hací­a en el Lavadero Grande. Así­ vemos unas “piscinas”, de las que todaví­a quedan algunos restos sobre el terreno, donde se recogí­a el agua que pasaba por las máquinas, para poder ser reutilizado de nuevo.

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En la imagen, balsa de recogida de agua y vía con vagoneta para el material de rechazo. 

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Rumbos tipo Bédar

Los restos más antiguos y la historia más compleja de la minería en Bédar no corresponde con la minería del hierro, es la del plomo y cobre del Pinar de Bédar. Aunque hay pocas pruebas claras que lo confirmen, se da por hecho que las minas de El Pinar se explotaron desde bastante antiguo. Quizás de momento solo los análisis de isótopos indican que ya se extraía cobre de El Pinar en la Edad del Bronce, pero con el tiempo estoy seguro de que aparecerán nuevas pruebas.

Hay todavía grandes incógnitas, como la ubicación original del lavadero de plomo medieval, pero sobre la minería a partir del siglo XIX los avances han sido bastante importantes. Se pueden distinguir diferentes fases “tecnológicas” muy diferentes, relacionadas con numerosos factores que no es momento ni lugar para analizar. Al igual que el cable aéreo Bédar-Garrucha llegó a ser el “no va más” de la tecnología de la época, lo mismo pasó con los lavaderos mecánicos de la Compañía de Águilas, tecnología punta en el momento, sin rival alguno ni en tecnología ni en capacidad de producción.

Sin extenderme más, el caso es que hay numerosos restos de antiguas estructuras en las minas del Pinar que son, digamos, de muy difícil interpretación. El trabajo ha sido muy complicado dada la superposición de trabajos de diferentes épocas y el poco cuidado que se ha tenido en conservar estos restos (sin hablar de la destrucción que ha supuesto la locura urbanizadora). Entre otras estructuras, encontramos una serie de “circulos” extraños, de función desconocida… hasta hace relativamente poco.

Hasta la invención del sistema de flotación, el lavado de minerales de plomo se realizaba mediante separación por gravedad, aprovechando la mayor densidad del mineral de plomo con respecto a la roca que lo contiene. Para ello se necesitaba agua, maquinaria de trituración y sistemas de lavado. Se utilizaron varios sistemas de diferentes tipos y grado de teconología, pero el producto de todos estos procesos de lavado era un lodo (partículas muy finas) que todavía contenía algo de mineral de plomo. Como todo se aprovechaba, mediante una serie de “artefactos”, se podían lavar estos lodos para sacar el plomo que aún contenía. Para lavar el lodo se inventaron varias máquinas, pero la más efectiva siempre fue el Round-Buddle inglés. Ideado en Cornualles para el lavado de mineral de estaño, pronto fue adoptado en las cuencas mineras de Murcia y no tardó mucho en utilizarse también en las de Almería.

Claro que hablamos de sistemas de lavado de última generación (para la época, claro), movidos con máquinas de vapor y con unas dimensiones especialmente escogidas para cumplir con su función de lavado. Básicamente se trataba de una superficie plana con una ligera inclinación, en la que el mineral de plomo, al ser más pesado, se resistía más a ser arrastrado por el agua, de esta manera se podía separar.

Entonces pasó una cosa curiosa. Dada la simplicidad del artefacto, en algunos cotos mineros comenzaron a fabricarse unas versiones “artesanales” de la máquina que eran movidas a mano. Claro que eran mucho menos eficaces que las mecanizadas, pero lo barato de su construcción y la posibilidad de moverlas de un lugar a otro (eran transportables) las hizo una de las máquinas más utilizadas para el lavado de estos lodos resultantes de los diversos procesos de lavado. Estos “cacharros” comenzaron a llamarse “Rumbos”, por una españolización de la pronunciación en inglés de “Round-Buddle”.

No hace mucho, Antonio González Jódar localizó por primera vez los primeros restos de estos Rumbos en sierra Almagrera, que podían ser o bien los ejemplares “mecanizados” bien construidos, normalmente asociados a fundiciones o establecimientos modernos, o bien las versiones más artesanales en negocios mineros más modestos.

¿Hubo Rumbos en Bédar? Por supuesto. Los primeros Round-Buddles se utilizaron en los modernos lavaderos de la Compañía de Águilas en el Pinar. De hecho, en El Pinar se probaron o utilizaron todos los tipos de sistema de lavado de mineral que existía en esos entonces. Tal es así que era como una especie de escuela a la que iban los ingenieros que querían conocer los diferentes sistemas de lavado que existían entonces.

RUMBO  1

Uno de los Rumbos del tipo Bédar más curiosos. Con tan solo 1,5 metros de diámetro, superfície de piedra plana (en naranja) y una estructura o base del depósito de agua (en rojo) muy elaborado, más grande (en relación a la plataforma) y ubicado a más altitud (1,8 metros).

De momento, en Bédar hemos localizado unos restos que son un firme candidato a ser uno de los primeros rumbos “mecanizados” o Round-Buddles auténticos que se describen en Bédar, aunque falta realizar una serie de comprobaciones para confirmar que es así, por lo que nada más diré ahora.

Lo que sí está comprobado, tanto documentalmente como por la localización de diversos restos, es de la presencia de diveros modelos de Rumbos artesanales. Hemos podido explicar así una parte de las extrañas “ruinas” que hay en estas minas.

Estos descubrimientos indican, como ya comenté en su momento en el congreso del SEDPGYM celebrado hace unos años en Boltaña, lo que se puede considerar como una evolución (más bien involución) de estos artefactos. Si estuviésemos hablando de especies animales, sería como si en una isla aislada, una especie cualquiera hubiera ido evolucionando apartada de sus congéneres hasta formar nuevas especies extrañas.

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En efecto, con el cierre de los lavaderos mecanizados en 1884, la Compañía de Águilas delegó la explotación de las minas de plomo en pequeños mineros partidarios que sobrevivían con medios muy rudimentarios, entre ellos las ya conocidas copias artesanales de los Round-Buddles. Estos partidarios persistieron hasta 1926, aunque cada vez eran menos, más pobres y con menos medios. Los Rumbos también evolucionaron, cada vez más pequeños e ineficaces, pero lo suficientemente baratos como para ser utilizados por mineros que, más que vivir, sobrevivían como podían.

Los Rumbos resultantes, son pues, “especies” de Rumbos propios y característicos de Bédar. Los parámetros que, de momento, estamos analizando en los mismos y que creemos pueden ayudar a clasificarlos en su época y momento adecuados son, precisamente, el diámetro de la plataforma de lavado y el material con la que está construida.

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Rumbo en el Pinar de Bédar de 2 metros de plataforma (no quedan restos de la superfície original, posiblemente fue reaprovechada) junto al pilar del depósito de agua.

En 1906 están documentados en el Pinar Rumbos artesanales con plataformas de unos 4 metros diámetro y superficie de cerámica, que es la que se utilizaba en los Rumbos mecanizados. Por otro lado, el rumbo estaba construido con materiales de la zona y era movido manualmente por un muchacho (un niño) que se subía en el travesaño que sujetaba el eje.
Eran muy ineficaces, pero se podía suplir aumentando los tiempos de lavado con resultados más que aceptables.

RUMBOX

A partir de aquí, los Rumbos involucionaron (degeneraron, de hecho) hasta llegar a los pequeños Rumbos con plataformas de a duras penas 1,5 metros y superficies a base de piedras planas. Éstos debieron ser los últimos y además sumamente ineficaces Rumbos, pero de alguna manera servían a los propósitos de estos partidarios. Parece que solo se desarrollaron en Bédar, debido a las circunstancias únicas que concurrieron entre 1884 y 1926 en los criaderos de plomo del Pinar de Bédar.

Para comprobar si se podía lavar mineral de plomo con rumbos de tamaño tan reducido, fabricamos un pequeño rumbo a escala 1:27 de los rumbos de 4 metros de 1906. Tras machacar una parte de dolomía con algo de galena y mezclarlo con un poco de agua para crear un barro con partículas de mineral de plomo, lo pasamos por este mini-rumbo de 15 cm de plataforma, y pudimos observar que… podíamos separar el mineral, aunque de una manera muy imperfecta y a base de pasar bastante agua por el artefacto. Las fotografías hablan por sí solas:

MAQUETA RUMBO

Creemos pues, que estas estructuras eran variaciones artesanales muy “degeneradas” de Rumbos ya de por sí artesanales, copias a su vez de los Round-Buddles ingleses. Debían ser muy ineficaces y sería necesario numerosas repeticiones para conseguir resultados apreciables, y en todo caso sería muy limitado y para cantidades pequeñas de mineral.

RUMBO 3

Plataforma de Rumbo en el Pinar de Bédar de 1,8 metros de diámetro (en naranja) delimitado por piedras planas en empalizada (en rojo).

Hemos dado en llamar “Rumbos tipo Bédar” a estos Rumbos pequeños, de entre 1,5 y 2 metros de plataforma y con superfície de piedra plana, toscamente pulida.