El Pinar de Bédar: los partidarios de la Compañía de Águilas

La minería en el Pinar de Bédar tiene una larga e interesante historia. Aunque probablemente fueron explotadas sus vetas de cobre en la prehistoria y las de plomo por los romanos y en época hispano-musulmana, los primeros datos documentales de su explotación nos llevan al siglo XVII, en el que se registra una intensa actividad.

El prolongado periodo de explotación entre 1843 y 1926 se puede dividir en varios periodos muy bien definidos, en los que se alternan fases de minería artesanal y otras de intensa mecanización.

 

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Restos de un ataifor de época nazarita hayado en una escombrera de una mina de plomo en La Gamberra.

 

El periodo más largo y del que tenemos más información es el de los “partidarios de la Compañía de Águilas”, que trabajaron en estas minas aproximadamente entre 1885 y 1926. Esta información procede de varios documentos, en especial algunas cartas de los directores mineros de la Compañía de Águilas, pero el que más información aporta es sin duda el ingeniero Otto Pütz, que en 1906 visita estas minas, experiencias que recoge en un artículo que publicó en una revista alemana.

 

ALBARDILLAp

Los partidarios utilizaban simples tornos de albardilla para el acceso a los pozos. Para bajar simplemente etrelazaban la pierna en la soga de esparto.

 

La Compañía de Águilas, que había adquirido el coto minero de El Pinar de Bédar, había intentado sacar beneficio en esta minas de plomo por medio de una gran inversión en maquinaria. Sin embargo, tuvo que abandonar el proyecto en 1884 ante la falta de beneficios. Sin embargo, esto no supuso el fin de la minería.

La Compañía decidió dar partidos de rebusca a los mineros, con el fin de retener a los trabajadores, pues estaba en marcha un nuevo proyecto de explotar las cercanas minas de hierro de Serena. Estos “rebuscadores de la sierra” o “partidarios”, que era como los conocían, buscaban por cuenta propia el mineral que podía haber quedado en las diferentes minas y vaciaderos, llegando a beneficiar hasta 300 toneladas de mineral al mes.

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Criba cartagenera, esquema realizado por Otto Putz de las utilizadas en el Pinar de Bédar.

 

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Mesa de arroyo o “Royo”, de los utilizados en el Pinar de Bédar (O. Putz).

 

La Compañía de Águilas les arrendaba parcelas de terreno, que explotaban de forma autónoma. Además, la Compañía les proporcionaba el agua necesaria para el lavado de minerales, comprándoles luego el mineral concentrado que habían obtenido.

A pesar de la dificultad del trabajo, llegaron a haber hasta 100 de estas explotaciones en 1906, en las que en algunas trabajaban familias enteras. En estas pequeñas parcelas, por las que pagaban una pequeña cantidad a la Compañía, se concentraban numerosos pozos y galerías. Había muchos niños empleados en los trabajos, y aunque se trabajaba en alguna mina, la mayor parte de las tareas eran de lavado de minerales. No era raro que las escombreras que un partidario había lavado ya, fueran lavadas de nuevo por otro para aprovechar hasta la más pequeña partícula de mineral.

 

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Diferentes casas-cueva ocupadas por los mineros que trabajaban para la Compañía de Águilas. Disponían de alacenas, minúsculas habitaciones y un hogar con chimeneas improvisadas en la roca. La última fotografía muestra uno de los hornos de la fundición Carmen rehabilitado como vivienda.

 

En las pocas minas en explotación se trabajaba a cielo abierto, pero también por medio de pozos. En los pozos se utilizaban los tornos de albardilla, las cuerdas y cestas eran de esparto y los mineros bajaban por ellos simplemente enlazando su pierna en la soga, sin otra medida de seguridad. Los niños eran especialmente utilizados en las minas, pues su pequeño tamaño les permitía acceder más fácilmente, transportando el mineral en unas cestas que llevaban a la espalda.

Casi todo el mineral extraído, al igual que las escombreras, debía ser sometido a un tratamiento que les ocupaba la mayor parte del tiempo. Primero trituraban el mineral con unas pesadas mazas con mango de madera flexible, que volteaban por encima de la cabeza para golpear con más fuerza. Algunas de los partidarios poseían molinos trituradores propulsados por mulas, pero era tal su coste que era muy raro que se utilizaran.

Para el lavado se utilizaban diversas máquinas.  Dejando a parte las cribas cartageneras, se usaban unas copias artesanales de maquinaria moderna, pero fabricadas con los materiales que estos mineros tenían más a mano.  Su construcción permitía que fueran fácilmente desinstaladas y trasladadas a otra zona o vaciadero.

 

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Casa-cueva al parecer realizada aprovechando una explotación minera pre-existente.

 

Primero se usaba la criba cartagenera, con el que se recuperaban las partículas más gruesas. Se trataba de un gran cajón con agua y una criba que se accionaba con una palanca. Lo que pasaba por la criba y se depositaba en el fondo del cajón se llevaba a una máquina llamada “Royo”, o mesa de arroyo. Era una tabla larga ligeramente inclinada en la que se exponía el mineral a una corriente de agua que se llevaba las partículas menos densas.  Conforme se lavaba, y a base de numerosas repeticiones, la tierra se iba volviendo más gris, hasta que la galena estaba lo suficientemente concentrada como para poder ser vendida. Un operario se encargaba de ir retirando el mineral limpio y poniendo más tierra, sin interrumpir el proceso de lavado.

La tercera y última máquina era el “Rumbo”, forma en que se conocía a estas copias artesanales de los “round-buddles” de origen inglés. En el Rumbo se lavaba la tierra arrastrada por el agua en los Royos, que se sacaba con una azada especial llamada “rodillo”. Esta arena fina todavía contenía partículas de galena que eran susceptibles de ser concentradas con el Rumbo.

El Rumbo era una superficie cónica con muy poca inclinación. La arena se arrastraba con agua hasta la superfície cónica, por la que descendía lentamente ayudada por unos fragmentos de lona que rotaban lentamente (de forma manual). La galena se quedaba en la zona más central mientras que las partículas más ligeras eran arrastradas más hacia la periferia. De esta manera se recogía la parte central, que era de nuevo pasada por la máquina, y así de 4 a 5 veces, en un proceso que llevaba aproximadamente una hora.

El trabajo se llevaba a cabo durante largas horas bajo el sol abrasador. El beneficio era muy poco, pero les permitía sobrevivir. Muchos de estos mineros vivían en pequeñas e insalubres casas-cueva. Incluso se llegaron a habilitar los hornos de la antigua fundición Carmen como vivienda improvisada para estos mineros. A pesar de la ineficiencia de estas máquinas artesanales, estos mineros obtenían beneficios gracias a la repetición sin pausa de los diferentes procesos de lavado. Además del plomo, se obtenía, como producto secundario, una cierta cantidad de mineral de cobre, pero de escasa calidad.

 

 

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Dibujo y reconstrucción a escala de uno de estos rumbos descritos por O. Putz en 1906. como los rumbos mecanizados de los que derivaban, la plataforma circular era de de 4 métros de diámetro, tamaño óptimo para rentabilizar el lavado.

 

rumbo reforma

Plataforma de un “round-buddle” parcialente desenterrada. Se trata de una de las que funcionaron en lavadero mecánico de la mina Reforma a la par que el lavadero Grande de El Pinar (1882-1884). La plataforma está construida de mortero de cal y se puede observar el lugar donde estaba el eje y los radios que se utilizaron para su construcción. El diámetro es de 4 métros.

RUMBOS REFORMA 2

Ampliación de una fotografía de José Rodrigo en el que se muestra el round-buddle excavado en la fotografía anterior, que formaba parte de una batería de estos artefactos, todos movidos por una máquina de vapor. Los elementos básicos eran los mismos, en azul se observa la plataforma circular de 4 métros, el amarillo los soportes del eje, y el rosa los depósitos para el mineral  y el agua.

 

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Restos de un rumbo artesanal ubicado en la mina Aprovechado. de 1,8 métros de diámetro, está ya lejos de los 4 metros de los primeros Rumbos, por lo que debe tratarse de uno de fase tardía.

 

MAQUETA RUMBO

Ensayo de lavado con “Rumbo” a escala, de 15 cm de plataforma. La característica más importante para su funcionamiento era la inclinación de la pendiente de la plataforma de lavado. Rumbos con plataformas de menos de 4 metros podían funcionar perfectamente, tal y como lo demuestra esta miniatura de 15 centímetros de plataforma pero con la inclinación correcta. Sin embargo, estos Rumbos en miniatura debían ser muy ineficaces y requérir de muchas más repeticiones para obtener los mismos resultados que con uno más grande.

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El lavado con el Rumbo era una tarea repetitiva y monótona. A falta de máquina que moviera el ingenio, habitualmente era un muchacho el que, subido a la traviesa, accionaba el eje.

 

Aunque cueste de creer, este tipo de minería se mantuvo hasta 1926. Los restos estudiados en El Pinar nos llevan a pensar que los diferentes sistemas de lavado utilizados por estos partidarios sufrieron una especie de “regresión”. Por ejemplo, de los 4 métros de diámetros que tienen los Rumbos descritos por Putz (al igual que los rumbos mecanizados de los que derivan), se han encontrado algunos rumbos de tan solo 1,5 metros de diámetro. Aunque estos “mini-rumbos” eran sin duda capaces de lavar mineral, debían ser muy ineficaces, lo que en la práctica supondría un aumento del tiempo necesario para lavar una misma cantidad de mineral.

Sea como fuere, en 1916 se registra una producción anual ya bastante reducida procedente de los “partidarios”, tan solo 74,6 toneladas. Esta cantidad se redujo a unas casi residuales 44 toneladas en 1926, cuando ya solo trabajaban en las minas 62 mineros. Aunque se dio posteriormente algún partido de rebusca, se puede considerar este año de 1926 como el del fin de la minería del plomo.

 

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Marcados en rojo, la ubicación de los restos de “Rumbos” artesanales conocidos. Estos se encuentran en el paraje de La Gamberra, mina Reforma, mina Aprovechado y barranco de San Marcos. En cuanto a los puntos en amarillo, indica la presencia de casas-cueva, especialmente abundantes cerca de la fundición Carmen de Bédar y en la parte más alta del barranco del Gato. Había más de estas casas-cueva cerca el centro de la urbanización, desparecidas actualmente.

 

 

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Todo sobre la fundición Carmen de Bédar

Hoy voy a hablar extensamente de la fundición Carmen de Bédar. Es una pena que todavía no se haya hecho ninguna actuación en este importante resto, y  antes de que acabe desapareciendo por pura desidia, quiero que quede bien clara su importancia, pues aún dirán que no sabían nada.

Todavía recuerdo bien la impresión que me dio la primera vez que la vi, debería ser 2003, cuando ya me empezaba a interesar mucho todo el tema de la minería. Acompañaba a mi padre a por higos, él me llevó allí sin duda a sabiendas de que me iba a gustar bastante. Y así fue, La chimenea en la cima de la colina y las abundantes ruinas me dejaron atónito, y eso que ya sabía los suficiente como para saber que se trataba de una fundición de plomo, básicamente por la galería de condensación que subía hasta la chimenea.

Me podía esperar minas e incluso algún resto de un cortijo-almacén de las mina, pero nunca una fábrica de fundición completa  ¿Qué se sabía entonces de ella? Pues absolutamente nada. Lo conocían, y no todos en Bédar, como “La Chimenea”, y más por las tres o cuatro higueras reales que allí hay, que proporcionaban una buena cantidad de higos y brevas.La investigación fue muy difícil, tanto como las dificultades para interpretar los restos como la casi absoluta falta de documentación sobre ella. El hecho de que Rodrigo no la retratara en sus famosa serie fotográfica sobre El Pinar me convenció que no era una de las estructuras construidas por la Compañía de Águilas, como hubiera sido fácil pensar. Finalmente pude asociarla a una época concreta y a una casi desconocida sociedad minera de mediados del siglo XIX; pude establecer una fecha de construcción, 1845, y lo más importante: el nombre: Carmen de Bédar. Al fin lo publicamos en el primer catálogo de las minas de Bédar, y desde entonces todo el mundo la llama por su nombre. Antes de eso, se desconocía practicamente su existencia.

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Sin duda es muy notoria la presencia en el Pinar de los restos bien conservados de una fábrica de fundición, en todo equiparable a las que se construyeron en el levante almeriense en esa época. Tenemos que encuadrarla entre las muchas construidas a partir de 1841, aunque debió tener una vida muy efímera; hemos de descartar el dato que hubiera estado en funcionamiento en 1848 a tenor de los datos aportados por Madoz en su obra.

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En 1843 se consiguió por fin fundir en Cartagena escorias antiguas con éxito y aprovechar el plomo que contenían. así ya se podrían beneficiar los escoriales antiguos que antes de esto se consideraban sin valor. Rápidamente se registraron concesiones en todas aquellas zonas con escoriales, incluida Bédar. Para regular todo este frenesí registrador, se exigió que para la concesión y explotación de registros de escoriales se establecieran, en un plazo no superior a un año, una fábrica de beneficio donde se llevarían esos escoriales.

Así sabemos que en Bédar, la sociedad Alfonso Moreno y Compañía demarcó una serie de escoriales desde abril de 1845, una vez finalizados estos registros, en junio del mismo año, Francisco Cano Torres resgistraba la fábrica de beneficio “Carmen de Bédar” en el paraje de la Arboleja del Pino. Es éste el motivo por el que se instaló en Bédar esta fundición, y podemos afirmar con bastante seguridad que estaba relacionada con esta desconocida sociedad Alfonso Moreno y Compañía. Sin embargo y a tenero de los restos estudiado, no solo se pretendía explotar los escoriales, la fábrica incluía un pozo de extracción y un lavadero de mineral. El suministro de agua se garantizaba mediante un sistema de acequias de los cuales quedan numerosos restos todavía.

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Al lado de los hornos se encuentran tres muros paralelos que hemos interpretado como los restos del lavadero de mineral asociado a la fundición.

CARMEN1

A un nivel inferior, al nivel del pozo y junto a la estructura de muros paralelos, se han encontrado diversos restos que suponen una evidencia clara que esta fundición contaba con un lavadero. En la parte inferior del complejo y tapada por una arena fina, se encuentra la base de una balsa de agua de varios metros de amplitu. Entre la arena que la cubre y la rodea se han hallado diversas piezas metálicas (tuercas, tornillos…) y entre ellas dos fragmentos de chapa perforada de 0,8 cm y una pieza rectangular de hierro de 17,4x24cm con uno de los bordes doblado que pudo ser utilizada como rascadora. Pero la pieza más importante es una antigua bomba de agua en hierro forjado con sus soportes, con un tamaño de 21 cm de largo, con una abertura de 2 cm por un lado y otra de 0,5 por otra, que apareció cubierta de la misma capa de sedimentos que el resto de material rescatado. En el boceto superior se describe una curiosa estructura junto a los tres hornos de fundición que es donde suponemos que estuvo instalado el sistema de lavado. No en vano, presenta como tres muros paralelos con una hendidura central. El agua llegaba por la parte superior, procedente del suministro general, y hay restos de acequias en su parte inferior, seguramente de recogida del agua. Por lo que sabemos de estos tipos de lavadero, debió de tratarse de algún sistema de lavado con cribas oscilantes o móviles.

BOMBA DE AGUACRIBA

                      DIVERSO
Todos estas piezas metálicas se descubrieron en los residuos que tababan una balsa de recogida de agua del lavadero de la fundición y que denotan que, con seguridad, estaba mecanizado. Los restos de cribas de 8 mm de perforación y el resto de elementos metálicos hallados, confirman esta suposición. Todos estos elementos estaban cubiertos por la misma capa de sedimentos endurecidos, han tenido que ser limpiados con mucha paciencia. Casi todo los elementos aparecieron en los bordes o el interior de la mencionada balsa, ubicada en el piso inferior de la fundición.

RASCADORA
Esta chapa presenta un borde doblado, podría haber sido utilizada como rascadora para elmiminar las capas superiores de estériles en las operaciones de cribado o lavado. Apareció en medio de la balsa de recogida de aguas.

SISTEMA CONDUCCION AGUAACEQUIA

Se puede seguir las acequias que suministraban el agua a la fundición y aún parte de las conducciones que la llevaban dentro de las instalaciones (están marcadas en azul en los bocetos). Se pueden seguir las conducciones, que llevan en dirección al actual núcleo de la urbanización de El Pinar. Desgraciadamente, las obras de allanamiento (por llamarlas de alguna forma) que han realizado en los alrededores de la fundición, han destrozado algunas, pero adjunto un esquema de como estaba dispuesto. Incluso disponía de un pequeño acueducto para salvar un pequeño barranco.

CARMEN2

Formando parte de la fundición se puede encontrar un pozo de mina y que parecía estar cubierto de alguna estructura,  en uno de sus esquinas se observan restos de unos pilares de una obra que cubría o rodeaba este pozo o que podrían formar parte de un castillete o soporte de cabestrante. Cercano a este pozo existe una piedra (2) donde había estado instalado algún tipo de maquina o maquinaria para el acceso al pozo (presenta marcas de fijaciones de pernos). Existen otras estructuras identificables, como los restos de dos casetas y lo que es parte de una tercera (los restos situados más a la derecha en el esquema, justo debajo del pozo) aunque de extraña forma y difícil interpretación. Hay que destacar una especie de pozo cubierto (4) de unos 10 metros de altura, con unos artísticos arcos y con una abertura inferior, por lo que podría tratarse de un horno de cuba. En la parte superior existe un curioso sistema que parece diseñado para recoger agua de lluvia (5) y cuya conducción está quebrado por una grieta sobre el terreno. Justo debajo de este sistema de recogida de agua de lluvia se encuentra una pequeña cueva. Unas escaleras daba acceso a la parte inferior donde se encontraban las edificaciones, posiblemente unas oficinas o almacén.

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INTERIOR CUBACUBA

Esta estructura se ha interpretado como un horno de cuba, presenta unos decorativos arcos en su parte superior, pero en su parte inferior se puede encontrar la abertura típica de estos hornos de cuba. Como se ve en la fotografía, unas obras de mantenimiento podrían evitar que esta curiosísima estructura no se viniese abajo.

POZOPOZO2

El pozo, rectangular, es de gran profundidad y se pueden apreciar como llegan a él galerías a distinta profundidad. Es muy peligroso y recomiendo no acercarse. Antaño estaba señalado por una cinta de aviso (véase la fotografía de la izquierda), pero creo que actualmente no hay nada que indique su existencia.
 
CONDENSACIONchimenea

La chimenea de esta fundición está ubicada en lo alto de un cerro para la evacuación de los gases venenosos, se aprecian los hogares de tres hornos con bóveda de cañón (dimensiones 2 x 1.5 x 6 m) situados bajo la planta principal y un edificio auxiliar de función incierta que creemos puede ser un horno de cuba. En comparación con establecimientos similares de la época, hay que destacar la poca longitud de la galería de condensación (27 m) y su pequeño diámetro (0,72X1m).  En este tipo de instalaciones, las galerías de condensación tenían dos funciones básicas, alejar los humos tóxicos y permitir la sublimación del plomo en las paredes para luego poder recogerlo (aunque en esa época no se conocía bien el mecanismo por el cual el plomo de los humos se depositaba en la galería). A más longitud de la galería, más plomo era posible recoger (algunas llegaban a tener 3,5 km de largo), pero la chimenea tenía menos tiro por lo que se tenía que gastar más combustible. Dada la lejanía de esta fundición de la costa, es seguro que primaba el ahorro de combustible (el coke traído desde Inglaterra en vapores), por lo que es lógico que se tratara de una galería pequeña y corta, que permitiera un buen tiro y ahorrara combustible, aunque no permitiera luego recoger el plomo contenido en los humos.

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Los hornos de fundición fueron “rehabilitados” como viviendas de mineros pobres, seguramente por los partidarios de la Compañía de Águilas, que sabemos que vivían en pésimas condiciones en estas casas-cueva minúsculas e insalubres. En El Pinar se podían ver muchos ejemplos de estas casas de mineros, aunque la urbanización las ha destruido casi todas. A pesar de todo quedan algunas, incluidas las que aprovechaban los hornos de la fundición (véase como la chimenea va adosada a la pared con yeso), para lo cual excavaron puertas de comunicación entre ellas y alacenas en las paredes.

INTERIOR CASA CUEVAINTERIOR CASA CUEVA2

Estos son otros ejemplos de casas-cueva de mineros cercanas a la fundición. Véase como están encaladas por dentro. Son diminutas, a duras penas una persona de 1,7 metros puede estar de pie dentro.  Todas disponían de hogares con perforaciones a modo de chimenea (fotograía de la derecha) y una o dos “habitaciones” en las que a veces excavaban alacenas.

CONTRAPESOAlgunas de las piezas recogidas son de función desconocida, como esta pieza de hierro fundido que presenta una perforación central.

Y hasta aquí hemos llegado, es el estado actual de investigación de estos restos. La idea es que de una vez se reconozca su importancia y empiecen a ponerse medios para su rehabilitación, antes de que acabe cayendo la chimenea y otras estructuras que presentan grandes grietas como el horno de cuba, que piden a gritos una actuación urgente de consolidación. También queda muy feo el vertedero de restos de obra que se puede ver en la fotografía inferior y que denota la poca importancia que le dan a estras ruinas. Ni siquiera se ha respetado un perímetro, las “excavaciones” han llegado hasta el límite mismo de los restos e incluso los han afectado. Sin embargo, como ya dije en el anterior post, no pueden ya tocarlo, es un resto reconocido y sobre todo CONOCIDO, siendo ésto último lo que creo que lo ha salvado de las palas de las excavadoras.

GENERAL1

El lavadero de mineral de la mina Reforma

Tras comentar lo tristemente ocurrido con el Lavadero Grande de El Pinar, hoy hablaremos de otro de los tres lavaderos que estuvieron funcionando en El Pinar de Bédar entre 1881 y 1884. Se trata del Lavadero de la mina Reforma. Disponemos de unas magní­ficas fotografí­as de Rodrigo de esta mina, que hemos utilizado para identificar las diferentes partes del mismo y su funcionamiento.
REFORMA
El ingeniero director Dietrichson, aunque describe ampliamente el Lavadero Grande, no dedica tiempo a comentar cómo eran los otros dos lavaderos, el de Reforma y el misterioso tercer lavadero. Por suerte, la carencia de descripciones se suple sobradamente con la fotografía de Rodrigo, pues al ser un lavadero al aire libre, podemos observar los diferentes elementos del mismo. También, a diferencia de lo que ocurre con el Lavadero Grande, el hecho de que el emplazamiento original solo haya sido destruido parcialmente, ha permitido buscar restos sobre el terreno, con resultados más que interesantes. No ha sido fácil la tarea, pero tenemos por fin identificados los diferentes elementos.

VIA SANGRE

De entrada, hemos de suponer que se trata de material suministrado también por la casa Humboldt. Siempre se instalaban en diferentes pisos, de manera que facilitara el transporte de un piso a otro, sin tener que dedicar esfuerzos a subir el mineral para seguir las diferentes fases del lavado. El mineral llegaba directamente a la estación por medio de una vía procedente del Socavón Reforma y, seguramente, de otro socavón que tenemos localizado en la zona y que disponía también de una ví­a que conectaba con el complejo. En la fotografí­a de Rodrigo observamos claramente que se trata de un ferrocarril de sangre, es decir, las vagonetas eran arrastradas por mulas por la ví­a. La vagoneta es muy curiosa, seguramente una de los varios tipos de vagonetas especiales mencionados por Dietrichson. Ésta, en concreto, se trata de una vagoneta muy corta y de descarga frontal.

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El mineral era tratado en el piso superior dle lavadero, el mineral se lanzaba por un resbaladero hasta la plataforma en la que observamos a varios operarios, algunos apoyándose en alguna herramienta con mango. En este lugar el mineral debí­a ser machacado de forma manual, pues no se observa maquinaria de triturado.

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Toda la maquinaria es movida por una sola locomóvil, instalada bajo un techo. Las locomóviles no eran más que máquinas de vapor portátiles. Disponían de ruedas para poder llevarlas allí donde hicieran falta (normalmente arrastradas por bueyes) y, una vez llegada al lugar de destino, se desmontaban las ruedas y se instalaba sobre una plataforma). En este caso, vemos la locomóvil instalada. Ésta mueve un árbol de poleas instalado sobre un muro elevado que serví­a de eje motor a todas las máquinas del lavadero.

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En el mismo piso nos encontramos con dos máquinas identificadas como dos trómeles, accionados por la locomóvil descrita. No sorprende la presencia de trómeles, en el Lavadero Grande también se utilizaban y su presencia refuerza la idea de que se trataba de maquinaria suministrada por la casa Humbodlt, pues estaban especializados en este tipo de maquinaria. Sobre el terreno hemos encontrado fragmentos recortados de criba de 1 mm, procedentes sin duda de estos trómeles. Tal y como comenta Dietrichson, el diámetro más pequeño de las perforaciones de los trómeles del Lavadero Grande eran precisamente de 1 mm. El “Schlamm” resultante de este primer lavado, pasaba al piso inferior, por otro resbaladero que se aprecia perfectamente en la fotografía. En este piso inferior nos encontramos con tres tipos de maquinaria muy diferentes: cribas cartageneras, Round-buddles mecanizados y una inmensa criba mecanizada oscilante. Con la criba oscilante y las cribas cartageneras se lavaba el Schlamm, aunque desconocemos los criterior y/o indicaciones de una u otra máquina, es muy posible que dependiera del tamaño del mineral lavado. Lo que sí­ que está claro es que el mineral procedente de las cribas y de la criba oscilante, los “lodos”, eran lavados por última vez en los round-buddles, para aprovechar así hasta las más ínfimas partículas de galena, obteniendo un barro de mineral. Para observar las diferentes partes de la criba oscilante mecanizada, precisamos de una ampliación coloreada:

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Estas cribas oscilantes estaban compuestas por unos ejes móviles accionadas por poleas, que hacían oscilar las cribas con el mineral inmersas en un gran recipiente de agua. El movimiento que imprimían a las cribas suspendidas permitía separar el mineral, al ser más densa la galena que la caliza acompañante. Las cribas cartageneras funcionaban con el mismo mecanismo, pero en este caso la criba suspendida en un cajón de agua era accionada por una gran palanca que accionaba un operario y que observamos claramente en la fotografía. Estos operarios accionaban la palanca con movimientos cortos y bruscos, permitiendo separar de la misma manera la densa y pesada galena de la roca acompañante. En la fotografí­a coloreada vemos que la criba oscilante de Reforma era bastante grande y provista de tres ejes. Un sistema de poleas y correas moví­an los ejes del mecanismo (en amarillo, incluidos los soportes de las cribas), mientras que un sistema de distribución (azul claro) permitiría llevar el mineral hasta las cribas. Por un mecanismo que desconocemos, el mineral lavado podía ser extraí­do por los laterales de la máquina, donde observamos dos curiosas estructuras (en azul claro). Alrededor, vemos varias espuertas llenas y una montañita de mineral lavado.

RUMBOS REFORMA 2

Desgraciadamente no ha quedado resto alguno de ninguna de estas máquinas, lo cual es normal, pues al ser desinstaladas no quedaría absolutamente nada. Sin embargo no pasa lo mismo con los round-buddles. Los round-buddles se utilizaban para lavar el mineral que quedaba todaví­a en el rechazo de las cribas suspendidas. Este rechazo, una especie de lodo, contenía todaví­a partí­culas diminutas de galena. El round-buddle constaba de una superficie cónica con una inclinación muy específica por la que se iba lanzando el lodo con galena. De esta manera, y ayudado por unos cepillos giratorios que ayudaban a distribuir bien la capa de ganga y mineral, la galena, más densa, se quedaba más cerca del vértice del cono que no la roca caliza, que al ser más ligera era arrastrada hacia la periferia. El eje giratorio era accionado, como no, por medio de correas conectadas con el árbol motor principal, como se observa sin muchas dificultades. Observamos una batería de round-buddles en los que se distinque el depósito y canal de distribución (en rosa) donde se depositaban los lodos a lavar y que eran conducidos al vértice del cono de la plataforma (en azul). Un caballete (en amarillo) sujetaba el eje principal que accionaba el eje rotatorio y los cepillos. Vemos claramente como las correas motrices se dirigen hacia unas poleas dispuestas en un costado de los caballetes de cada uno de los round-buddles. La plataforma y la inclinación de la plataforma estaban estudiadas específicamente para poder separar de manera óptima el mineral, de manera que las plataformas tenían que ser de, exactamente, 4 metros.

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De estos round-buddles quedan todavía las plataformas cónicas, como se ve en la imagen, que eran de mortero de cal. Vemos las costillas utilizadas para la construcción de la plataforma, partiendo del vértice de la misma, donde queda el agujero donde se articulaba el eje rotatorio. El diametro es, como no podía ser de otra forma, de 4 metros justos. Finalmente, el rechado procedente de los round buddles, era llevado en vagonetas hacia el vaciadero. El agua utilizado por las máquinas se suministraba por una serie de tuberí­as que se observan también en la fotografía. El agua seguramente procedía del pozo Bomba. Como no abundaba, el agua era reciclado, al igual que se hací­a en el Lavadero Grande. Así­ vemos unas “piscinas”, de las que todaví­a quedan algunos restos sobre el terreno, donde se recogí­a el agua que pasaba por las máquinas, para poder ser reutilizado de nuevo.

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En la imagen, balsa de recogida de agua y vía con vagoneta para el material de rechazo. 

En memoria del Lavadero Grande de Bédar

Ya se han cumplido 11 años del derribo del Lavadero Grande de El Pinar, y quería recordar un poco una de las joyas arqueológicas de Bédar que fue, desgraciadamente, arrasada por culpa de la voracidad de la urbanización de El Pinar y ante la inoperancia, o incluso colaboración, del Ayuntamiento de Bédar, que permitió el “patrimonicidio” cometido ese nefasto año de 2004.

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Una de las fotografías tomadas en 2003, poco antes de que arrasaran con todos los restos.

En aquel año, hacía todavía poco que me había interesado por esos restos y por su historia, sin embargo, ya se sabía (todos lo sabían) que se trataba de un lavadero de mineral de plomo muy antiguo y de bastante importancia en la historia de El Pinar (y por ende, en la de Bédar). A parte de eso, poca cosa más, que pertenecieron a la Compañía de Águilas, y que parece ser que estuvo en funcionamiento durante muy pocos años.

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Otras de las fotografías de 2003, se observan las balsas y una curiosa conducción- acequia por medio de un acueducto. No hubo tiempo de estudiar los restos de conducciones internas de agua ni de buscar los emplazamientos de las round-buddles.

Según mi procedimiento habitual de trabajo, primero examino los restos, hago esquemas, fotografío y anoto todo aquello que me parece interesante (aunque no sepa lo que es) y, posteriormente, realizo una investigación documental. Si hay suerte y consigo obtener datos, algo no muy habitual dada la misteriosa desaparición de todo lo que tenga que ver con minería en Bédar, intento interpretar los restos y, habitualmente, suelo hacer otras visitas posteriores para acabar de recabar datos.

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Otra de las fotografías de 2003 mostrando los muros de soprote de la estructura. En estas naves debía estar instalada toda la maquinaria de triturado y lavado.

En este caso, con los restos del lavadero de El Pinar, solo pude hacer un primer reconcimiento inicial en 2003. Es decir, unas primeras fotografías del complejo, que a la larga se convertirían en unas de las pocas que hay. En 2004, armado con mi cámara de fotos,fui de nuevo para ampliar las fotografías de las estructuras. Pero me quedé de piedra cuando vi los restos del lavadero… ya no estaban.

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Esta estructura se encontraba cerca de los restos del lavadero, en los terrenos de la famosa mina “Allá Veremos”. Podría haberse tratado de un cargadero, ya que destaca un resbaladero, aunque desconocemos quien lo construyó y para qué. Todo el terreno fue completamente allanado, aunque no sabemos para qué, pues no se construyó nada encima. Quizás solo se trataba de hacer desaparecer cualquier resto que oliese a minero o a antiguo.

Quedaba tan solo parte del horno que estaba instalado al fondo de los lavaderos y las balsas para la recogida del agua de lavado. Hice fotografías de todo, incidiendo sobre todo en las balsas (pues intuía que podría ser la última vez que pudiera verlas) y me fui, bastante desanimado.

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Tras la destrucción del lavadero solo se salvaron las balsas de recogida del agua de lavado. Prometieron que las respetarían, pero incumplieron su palabra.

Lo que pasó a partir de ahí ya lo he contado alguna vez. El tema no quedó tapado, como esperaban que ocurriera. Una asociación ecologista se hizo eco de la barbaridad que cometieron y lo denunció. Cuando la prensa fue al Ayuntamiento para pedir explicaciones, alguien debió ponerse muy nervioso y prometieron que ya no tocarían nada más y que respetarían lo que quedaba de las balsas del lavadero y la antigua fundición Carmen, que era (al parecer) el siguiente objetivo de las excavadoras. Pero como no te puedes fiar de los políticos, está claro que rompieron su palabra y destrozaron las balsas de la fundición, sustituyéndolas… que ironía… por unas piscinas para la horrorosa ampliación de la urbanización que ocuparía los restos del lavadero.

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Otra imagen de las balsas del Lavadero Grande.

Por suerte, parece ser que al salir a la luz los perversos planes de la urbanización, parece que los responsables recibieron una seria advertencia. Si tocaban los restos de la fundición Carmen, tendrían problemas. Y esta vez sí que lo respetaron, pero no se puede decir mucho de otros muchos restos que fueron completamente arrasados sin miramientos.

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La destrucción del complejo fue total, “respetaron” los muros laterales y la parte posterior, al parecer un horno de fundición. Estas partes luego fueron “rehabilitadas” a base de rebozarlas en hormigón. Se perdió mucha información y potenciales restos metálicos que hubieran quedado entre las ruinas.

Lo peor de todo es que, para el caso del Lavadero Grande, si que pude encontrar bastante información (gracias a Lise Hansen, todo hay que decirlo), gracias a las descripciones del ingeniero director, el ingeniero Dietrichson. La importancia y relevancia de este complejo lavadero quedó claramente al descubierto, haciendo todavía más deleznable el acto de los responsables que decidieron o no quisieron impedir su derribo en 2004. Nadie debería poder decidir tan sumariamente y con tan poca sensibilidad y respeto, sobre el patrimonio que es de todos nosotros.

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Parte posterior del complejo tras el derribo de los restos, parece un pequeño horno de fundición acoplado al lavadero. Tiene sentido porque en todas las fotografías antiguas se observa una pequeña galería de condensación que lleva a una chimenea.

Las obras de construcción del Lavadero Grande (pues ese era su nombre), comenzaron en 1871, cuando se excavó un pozo para el abastecimiento de agua en 1871. El Lavadero formaría parte del ambicioso plan de la Compañía de Águilas para explotar los yacimientos de plomo, incluyendo dos lavadero más pequeños (uno de ellos el de Reforma) y todas las construcciones auxiliares necesarias (talleres, viviendas, oficinas, etc.) El plan de explotación de las minas pretendía crear tres canteras o labores a cielo abierto, conectando éstas con los lavaderos por más de 10 kilómetros de vías, por las que llegaron a circular más de 200 vagonetas, empujadas por mulos por los mismos operarios. La principal vía, de 1 km de largo, acababa en un plano inclinado movido por una máquina de vapor, que llevaba el mineral hasta los lavaderos

  100-0021_IMG Vista general en 2004 de lo que queda del Lavadero Grande tras la “intervención”

Las canteras se trabajaban en pisos de 10 metros, y en 1884 se estaba trabajando ya en la tercera planta de una de ellas, teniendo previsto explotar 6 plantas en total. El recuerdo de aquel gran proyecto es la gran Hoya que hoy ya conocen como de Aprovechado.

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Cómo sustituir un resto arqueológico de más de 100 años de antigüedad por una horrorsa urbanización tipo “nicho”. Mostramos esta composición en el Congreso Internacional del SEDPGYM de Mieres. Los asistentes no podían creer que hubieran podido hacer esta barbaridad.

El Lavadero Grande estaba provisto de la maquinaria más moderna de la época, fabricada por la Sociedad Humboldt. La planta disponía de modernas quebrantadoras y machacadoras, molinos Herbel y trituradoras de cilindros para preparar el mineral. El lavado se realizaba mediante el sistema de trómeles de separación (tambores de lavado), por el cual el mineral pasaba por un sistema de trómeles cónicos escalonados que iban separando el mineral según el tamaño. El resultado del lavado, una especie de barro con algo de mineral llamado “Schlamm”, pasaba a un sistema de lavado por corrientes de agua. Todo el sistema permitía separar trozos de mieneral desde 1,5 hasta 0,5 milímetros.

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Detalle de la urbanización, obsérvese como están rellenando de cemento las balsas de decantación del Lavadero Grande para utilizarlas de cimientos para una piscina. Un concepto muy extraño de lo que significa “preservar”.

Aún de lo que sobraba (los lodos), que contenía todavía algo de galena, se trataba con otra serie de maquinaria especializada. De hecho en El Pinar de Bédar se probaron diversos sistemas de lavado de lodos, aunque no todos fueron útiles. Así se podía encontrar cámaras alemanas de precipitación Spitzkasten, round buddles ingleses, cribas francesas, mesas giratorias alemanas Rundheerde y mesas Rittinger de percusión continua. Tal era la variedad de sistemas, que El Pinar era un lugar donde los ingenieros en formación viajaban para ver y analizar los diferentes sistemas existentes de lavado. El Lavadero Grande tenía capacidad para procesar 1.000 toneladas de mineral cada 24 horas, superando la capacidad del lavadero más grande conocido hasta el momento, el de las minas del Harz superior en Alemania. A pesar de todo, y a causa del agotamiento del criadero, no se llegó a procesar más de 260-270 toneladas diarias de mineral, del que se obtenía un producto con un 56% de plomo y 7,4 onzas de plata por tonelada.

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Fotografía clásica de Rodrigo que muestra el Lavadero Grande en funcionamiento. A destacar la chimenea y la galería de condensación, elementos que indican la posible presencia de un horno de fundición anexo al Lavadero.

En las minas y los lavaderos trabajaban unos 900 operarios, incluidos niños y mujeres. Las instalaciones contaban con nueve máquinas de vapor, incluida la máquina sistema Kley para la extracción de agua y cinco más para las estaciones de lavado.

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Restos del Lavadero antes de su destrucción. La cantidad de restos que podrían quedar entre las ruinas podrían haber aclarado muchos aspectos sobre la distribución y funcionamiento de esta excepcional estructura.

A pesar de la impresionante inversión realizada en estas instalaciones, el margen de beneficio era muy escaso, por lo que cuando el precio del mineral de plomo cayó, no pudo seguir funcionando y la Compañía de Águilas tuvo que cerrar y desmantelar las instalaciones. En total, estuvo funcionando entre 1881 y 1884, siendo, en tan corto periodo de tiempo, el lavadero de mineral más grande conocido.

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Lavadero Grande en 1910. Se observa el Lavadero desmontado, con la chimenea en pie. Se sabe que tras desinstalar el lavadero en 1884-1885, se guardó todo el costoso material de lavado por un tiempo. La Compañía recibió de ofertas de compra del mismo, pero no sabemos finalmente qué fue de él. Como curiosidad, a la derecha se ve el cable aéreo Serena-Garrucha, y destacan dos chimeneas más en el Pinar. Una de ellas es la de la fábrica San Jacinto (la que está más a la derecha), la que está en medio podría corresponder a la del misterioso “tercer lavadero” que se instaló en El Pinar (lo que hoy correspondería al Bar El Pinar, cuya piscina aprovecha la antigua balsae la misma) o la chimenea de la máquina de extracción Kley del pozo Bomba, que alcanzaba casi los 200 metros d eprofundidad.

A veces la historia es demasiado “Grande” como para ser borrada y olvidada, por muchos intereses económicos que haya habido por medio. En este caso, sin duda, el interés económico prevaleció sobre el interés de todos los bedarenses, y eso ha supuesto la pérdida de algo que podría haber sido un potencial atractivo turístico más para el pueblo. Sea como fuere, unos pocos no pueden destrozar lo que no es suyo. No me cansaré de recordárselo. Ellos ya saben a quién me refiero.

Mina San Marcos

Esta vez nos vamos a los inicios de la minería moderna en Bédar, en esa desconocida época que arranca en 1843, cuando se iniciaron los primeros trabajos mineros en el pago de Alcornia.

Entonces El Pinar no era más que un conjunto de grandes escombreras y minas antiguas, que en Bédar llamaban, simplemente, la “Mina Grande”, de la que contaban leyendas sobre su origen que no nos han llegado.

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Plano de demarcación de la mina Convenio, en el barranco de San Marcos (El Pinar, Bédar).

Fue cuando la minería en Almagrera empezó a perder fuelle cuando se empezó a trabajar de nuevo en las viejas minas de El Pinar. No han quedado muchos datos sobre este periodo, tampoco muchos restos, pues la intensa actividad posterior los borró, como hizo desparecer también los vestigios de la antigua explotación medieval.

Afortunadamente, hemos encontrado datos sobre una de estas primeras explotaciones mineras, y sorprendentemente, todavía pudimos examinar los restos de la misma, gracias a que se encontraban en uno de los rincones de más difícil acceso de la zona. Me refiero a la mina San Marcos.

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En la fotografía, la loma del Medio del barranco de San Marcos, a la izquierda de la fotografía, y cubierta de pinos, se encuentra la Umbría del Medio (2005).

Estas primeras minas, monopolizadas por pequeñas sociedades mineras participadas por gente de la zona, funcionaban de una manera muy sencilla, equiparable a las primeras explotaciones de Almagrera. A partir de un acceso, pozo o trancada, se extraía el mineral y se trataba directamente en bocamina, ya fuera con garbillo incialmente (cribas manuales) o posteriormente utilizando sistemas de lavado, por medio de percusión en tinas o harneros suspendidos (cribas cartageneras). El mineral procesado se solía guardar en pequeños cortijos-almacén, donde eran almacenados hasta que, al final de cada varada, el mineral era llevado al punto de venta para ser subastado a los agentes de las fundiciones.

Por la disposición del mineral de plomo en Almagrera predominaron los pozos. En Bédar, al estar el mineral más superficial y diseminado, predominaron las pequeñas galerías, trancadas y socavones, pero también se utilizaron pozos en ocasiones.

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Depósito de agua ubicado en la loma del Medio, cercano al cortijo-almacén y pozo de la mina San Marcos. Podría tratarse de un depósito para suministro de agua para los procesos de lavado del mineral (2005).

San Marcos se demarcó en el paraje conocido como la Umbría del Medio, el 25 de abril de 1844. Se trata, pues, de una de las primeras minas. No podemos dudar de la importancia de esta mina, como ocurrió con otras minas muy conocidas de la zona (Unión de Tres Amigos o Silencio), la mina acabó dando nombre al barranco entero, y hoy todavía se conoce este barranco como de San Marcos.
Entre los restos de esta mina distinguimos un cortijo-almacén y un pozo principal, que disponde una protección en mampostería no muy alto. Probablemente, se accedería a las labores por el pozo mediante la utilización de un torno manual, como era habitual en las minas de Almagrera y de El Pinar. El mineral se trataría cerca del pozo, mediante triturado y garbillado. Hay que decir que el garbillo, dadas las características de la roca madre de cada lugar, debió ser mucho más efectivo en las minas de El Pinar que no en las de Almagrera. Sorprende, no muy lejos del cortijo, la presencia de un pequeño depósito de agua con restos de canalizaciones que, sin duda, están relacionadas con labores de lavado del mineral.

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Interior del depósito de la loma del Medio (2005).

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Pero ¿de donde traían el agua? Está muy documentada la ausencia de fuentes de agua en esta sierra, y en no pocas minas de El Pinar el agua para el tratamiento de mineral se tenía que llevar a lomos de mulas. No fue hasta que la Compañía de Águilas perforó el “pozo Bomba” en la década de 1870, que no se dispuso de agua suficiente, y aun así había muchos lugares a donde no llegaba porque no existían canalizaciones. Sin embargo, antes de la llegada de la Compañía de Águilas tenemos indicios más que suficientes para creer que se construyeron pozos y sistemas de abastecimiento de agua, como por ejemplo la red de acequias y canales de suministro de la fundición Carmen de Bédar o la galería de 150 metros que, desde la zona de San Atonio el Alto, atraviesa la sierra para conectar con el barranco de San Marcos.

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Túnel de 150 metros que conecta con el barranco de San Marcos desde la zona de San Antonio el Alto. Se observa a la derecha los soportes de la tubería que atravesaba este túnel.

Este túnel conserva los restos de las estructuras de soporte y mampostería de una tubería que, supuestamente, abastecería de agua a las minas del barranco de San Marcos desde un antiguo pozo, ya desaparecido. No hay dudas sobre su utilización, aunque no podemos asegurar que abasteciera precisamente a la mina San Marcos,aunque el hecho de que la galería se encuentre a la altura del barranco donde está el almacén y la presencia del pequeño depósito de agua antes descrito, no hacen descabellado pensar que se trató de un esfuerzo en optimizar el lavado de mineral asegurando el suministro, más o menos continuo y económico, del agua necesaria.

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Lo que sí que podemos dar por sentado es la antiguedad de esta mina y estos restos. A partir de 1949, sociedades mineras más poderosas, como la sociedad Filantropía de los Orozco, se hizo con la propiedad de todas estas minas. En concreto, en el barranco de San Marcos, demarcaron sus minas allí, aunque siguieron trabajándose de la misma forma precaria que antes. En 1870, se utilizó este cortijo como punto de partida de la concesión minera de Filantropía de nombre “Convenio”. Para entonces ya se informaba de que este cortijo estaba abandonado.

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Pozo de la mina de San Marcos con su murete de protección (2005).

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Interior del pozo de la mina de San Marcos (2005).

Desgraciadamente, en el año de la “gran destrucción” de 2008, las excavadoras que cambiaron la fisonomía de este paraje llegaron a los restos de este cortijo, de una mina de 1844, borraron (literalemente) el pozo de la mina y echaron abajo casi todos los muros que quedaban del almacén. No voy a denunciar de nuevo este hecho, cosa que ya he hecho en innumerables ocasiones anteriores, pero está muy feo destrozar cosas que no sabes ni lo que son y sobre todo sin ningún sentido, porque no había planeado construir nada en el barranco de San Marcos. ¿Por qué entonces molestarse en hacer un camino hacia ninguna parte y destrozar estos restos?

Los rumbos de Reforma

Una de las tareas que tenía pendiente, dejando a parte el importante tema de la estancia de los estudiantes de la Université de Lorraine, era el de la confirmación definitiva de la existencia de vestigios de los viejos rumbos del lavadero “pequeño” de Reforma.

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Como ya he comentado en otras ocasiones, se trataba de sistema de lavado de los lodos resultantes de diferentes procesos previos de selección y separación por gravedad del mineral de plomo. En los rumbos, se recuperaban hasta las partículas más minúsculas de galena, haciendo deslizar los lodos por unas plataformas ligeramente inclinadas, mientras unas escombrillas giraban continuamente distribuyendo uniformemente el lodo.

Hace ya aproximadamente un mes que publiqué unas fotografías de lo que suponía eran los restos de uno de estos antiguos rumbos del Pinar de Bédar, para gran sorpresa mía, pues no pensaba que quedaría nada de un lavadero de mineral que estuvo funcionando entre 1882 y 1884.

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Pero como en otras ocasiones, el Pinar ha resultado ser una caja de sorpresas, y no sólo había conservado “fragmentos” de un rumbo, lo que pude encontrar, ni más ni menos, es con una plataforma casi completa de uno de estos rumbos.

El círculo, apenas distinguible del entorno por que no crecía hierba encima, tenía el diámetro justo (4 metros) y estaba ubicado en el lugar preciso donde yo creía haber ubicado los restos del viejo lavadero. Pero faltaba la confirmación definitiva, que solo tendría tras excavar en el interior del círculo y descubrir si quedaba algo de la superfície original, en el caso que fuera un rumbo, y poder saber también de qué estaba hecha (cerámica, piedras plantas, etc.)

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La sorpresa fue mayúscula cuando encontré una superfície de mortero de cal de superfície enlucida, con una ligera inclinación, formando una característica superficie cónica de un rumbo. Me conformé con excavar una sección triangular del rumbo, aunque de buena gana lo hubiera limpiado todo sólo por ver “resurgir” de nuevo el antiguo artefacto. Pero eso quizás lo dejaré para más adelante.

La zona del eje faltaba, como era de esperar, desaparecida cuando desmantelaron el aparato, pero no pude por menos de observar como quedaban al descubierto dos “costillas” que revelan la forma de construcción de la superfície. En efecto, ya había visto otra vez cómo se construían superfícies de cemento para patios, ligeramente cónicas para encauzar el agua de la lluvia hacia los desagües. Primero se construyen varias costillas bien niveladas con la forma deseada, y luego se rellenan los espacios entre costillas.

El radio de la plataforma, de 2 metros y el borde exterior del rumbo, de unos 18 cm. conforman la plataforma cónica por la que se hacía deslizar el mineral.

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Estos rumbos, que podríamos llamar “avanzados” contrastan notablemente con otros rumbo, de los artesanales que he dado en llamar “tipo Bédar”. Como para que se vea la diferencia, hay uno de ellos muy cerca del que acabo de describir.

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Nótense las diferencias. La primera y evidente es la del tamaño, 4 metros el más antiguo y 2 metros el “artesanal”, uno de los más completos que se puede encontrar en la sierra del Pinar. Está construida a base de piedras planas o “lajas”, que se pueden encontrar fácilmente en la zona.

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Tampoco se ve ningún tipo de estructura o perforación en el centro para la inserción de un eje para las escombrillas, si es que disponía de ellas. Quizás disponía de otro dispositivo para depositar los lodos sobre la plataforma.

La misma plataforma, francamente plana, está formada por piedras planas, simplemente encajadas, sin ningún mortero y sobre una capa de grava compacta, como se puede ver en las fotografías. Es posible que fuera, a su vez, el soporte de la verdadera plataforma de lavado, aunque no quedan restos que nos indiquen nada al respecto. Tampoco los restos metálicos que se pueden encontrar cerca ayudan mucho, pues se trata principalmente de pequeños clavos y otras piezas de hierro.

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Como casi siempre, más preguntas que respuestas. Es, sin embargo, muy curioso e inusual, encontrar restos de rumbos tan antiguos en tan buen estado. No voy a insistir de nuevo en el tema del “patrimonio desaprovechado” de Bédar, pero me gustaría saber si se conocen ejemplos de restos de rumbos que se conserven tan bien como los de éste rumbo de finales del XIX. Salvando los rumbos descritos en Almagrera por Antonio González, no conozco más ejemplos.

Mina Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de “entrada”, con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…