Dr. Bernardo Renovales Cabeza-Olias

Nacido en Mora (Toledo) en 1857, estudió medicina en la Universidad Central de Madrid, se doctoró con una tesis sobre la pústula maligna. Se casó con su primera mujer, Brígida Romero López en Huéscar (Granada), del matrimonio nacerían Luisa y José Manuel Renovales Romero, falleciendo la primera siendo niña.

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Bernardo Renovales Cabeza-Olías de joven.

Tras el fallecimiento de su primera mujer, contrajo matrimonio en segundas nupcias con Francisca Tejedor Calcia, matrimonio del cual nacerían Bernardo, Francisco, Antonio, Ángel y Luisa.

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Brígida, primera mujer de Bernardo Renovales.

Brígida era hija de Manuel romero Ortiz, relacionado con la sociedad minera Compañía de Águilas, siendo también administrativo de la misma el padre de Bernardo Renovales, Pantaleón José Renovales y Saracha. Estas relaciones fueron, posiblemente, el motivo por el cual se ofreciera a Bernardo Renovales el trabajo de médico en esta compañía minera, concretamente para la segunda sección de la Compañía de Águilas, bajo la dirección del noruego Fredrik Dietrichson, que se ocupaba de las minas de plomo y hierro de Sierra Almagrera y Bédar.

Posiblemente el Dr. Renovales llegaría a Bédar para sustituir al Dr. Pedro Bolea García, natural de Albánchez, que falleció en 1889 tras tres años ejerciendo como médico rural en Bédar. Era una época difícil, la minería era la principal actividad económica y la población de Bédar superaba entonces los 3.000 habitantes.

El sueldo de un médico rural estaba en relación con la gente del pueblo en el que se ejercía, el Dr. Bolea cobraba una cantidad pequeña y los bedarenses, en gran parte dispersos por el campo, solicitaban con frecuencia la asistencia de facultativos de otros pueblos, más cercanos.
El Dr. Bolea dejaba viuda, Elísea García Torrecilla, y tres hijos menores.

Bernardo se trasladó a Bédar con toda la familia a excepción del hijo del primer matrimonio, José Manuel Renovales, aunque tras el fallecimiento de sus abuelos pasó una temporada en Bédar, marchando posteriormente a Huescar y después a Valencia, donde opositó al cuerpo de policía y llegó a ser comisario, trabajando en Barcelona y Puerto de Sagunto, fue también Guardia secreta del Rey Alfonso XIII.

En Bédar la familia residía en la calle Clavel, números 1, 5 y 7. Como otros muchos bedarenses en plena fiebre minera, el Dr. Renovales intentó participar del negocio minero, sabemos que en Octubre de 1897 arrendó la mina llamada Liga Italiana y su demasía.

En cumplimiento de la Ley Benot de 1873 y como médico de la Compañía de Águilas, el Dr. Bernardo Renovales Cabeza-Olías estaba encargado de dar asistencia a los mineros accidentados. Para tal fin se construyó un hospital en los terrenos que dicha sociedad poseía en El Pinar de Bédar. Para realizar sus tareas asistenciales contaba también con la ayuda de un practicante facultativo.

En 1896 debía desplazarse a las minas de las Cañadicas para reconocer el cadáver de un minero, Francisco Guerrero Gallardo, víctima de un desprendimiento en la mina Mahoma, al que realizó la autopsia poco tiempo después.

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El Dr. Bernardo Renovales.

A partir de 1900 y como consecuencia de la Ley de Accidentes de Trabajo, las actuaciones del médico de la Compañía cobraron gran relevancia. Entre sus funciones se incluían el realizar los diagnósticos, autopsias y tratamiento a los mineros accidentados hasta su recuperación incapacidades temporales o, en su caso, la declaración de una incapacidad permanente parcial o total fruto de esas lesiones. Al mismo tiempo era miembro permanente de la Junta de Bédar por su condición de médico titular del pueblo.

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El Dr. Bernardo Renovales.

Como médico de la Compañía sólo estaba obligado a dar asistencia a los trabajadores contratados a jornal por ésta y no a los partidarios o contratistas, disponiendo para ello de un listado de trabajadores en los que constaba esta condición. Para asegurar que el accidente se había producido en la mina éstos debían aportar la «papeleta de la baja». A pesar de esto y tal como se refleja en la documentación consultada, el mismo Dr. Renovales manifestaba que también atendía por caridad a los partidarios que se accidentaban en la mina, siempre previa presentación de la pertinente papeleta, pero sin expedir las certificaciones prevenidas por la Ley de Accidentes porque, sencillamente, no podía.

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José Manuel Renovales Romero. De su matrimonio con Josefa Navarro Pelejero nacieron Manuel, Brígida, Luisa, Pepe y Josefa.

Además de las presiones propias por parte de los trabajadores, la empresa debió ejercer a su vez una gran presión sobre su trabajo. No en vano, en esos entonces la declaración por parte del médico de la empresa de una incapacidad comportaba que la empresa tuviera que pagar la pertinente indemnización, pero cuando se trataba de una incapacidad permanente parcial la sociedad mineral debía buscar además un puesto de trabajo apropiado a la minusvalía que presentaba el trabajador.

Contamos con varios ejemplos de cómo era su trabajo. En 1906 un partidario de la Compañía sufrió un accidente mientras trabajaba en la mina Sagunto (Las Cañadicas) el 19 de mayo, sufriendo una lesión en la pierna por la que fue atendido en el hospital de El Pinar. El accidentado cobró medio jornal hasta el 28 de junio en el que fue dado de alta y siguió trabajando hasta diciembre. A raíz del abandono de la mina del que era partidario, dicho trabajador denunció a la Compañía solicitando una indemnización por su estado de incapacidad permanente total a consecuencia del accidente ocurrido en mayo. El trabajador accidentado acusaba además al médico de la Compañía de haber cedido a las presiones del Director (en esos entonces Alfredo Dörn) para que le diera el alta a pesar de no estar curado. La defensa del Dr. Renovales se basó simplemente en demostrar que el trabajador era partidario, la asistencia médica fue por caridad y no procedía ninguna indemnización.

El 31 de octubre 1906, Manuel Caparrós Fernández, que acababa de encender un barreno en una galería de la mina Júpiter (Las Cañadicas) cayó en un hoyo mientras se retiraba precipitadamente en busca de un lugar seguro, con resultado de una hernia inguinal traumática provocada en la caída. Los compañeros de trabajo lo sacaron del hoyo y empezó a recibir tratamiento en el hospital hasta el 31 de diciembre, cobrando el medio jornal que consistía en 1,12 ½ pesetas. El trabajador denunció posteriormente las malas condiciones de la mina en la que se accidentó, pues no se había rellenado la parte explotada. Además se quejaba que lo habían declarado curado y útil para el trabajo, cuando la hernia que había sufrido y las lesiones articulares le provocaban dolores agudos y claudicación pronunciada de la pierna izquierda, lo que le impedía realizar cualquier actividad. La Compañía contestó afirmando que no era cierto que se hubiera declarado curado sino que se declaró como incapacidad permanente parcial, alegando además que si se produjo la hernia fue debido a la existencia previa de una «relajación inguinal.» Sin embargo, su condición de minero a jornal de la Compañía y el tipo de lesión que presentaba, hacía difícil que el fallo no accediera a las pretensiones del trabajador.

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Luisa Renovales Tejedor.

Desde luego no parece que el ambiente fuera especialmente tranquilo para ejercer su profesión, en Enero de 1907 y tal como relata la prensa de la época, tras la asistencia a Francisco Crespo Gallardo, accidentado en la mina Mulata, los obreros denunciaron que se había negado a facilitar el documento y certificado acreditativo de la lesión como accidente laboral. Se lo considera en la noticia como representante de la sociedad minera Chávarri, Lecoq y Compañía, aunque no indica si el trabajador accidentado era partidario o estaba a jornal de la sociedad minera referida.

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Francisco Renovales Tejedor.

En Julio de 1909 de nuevo asistía a un trabajador en las minas de Las Cañadicas, Francisco Collado Campoy estaba bebiendo agua cuando una enorme piedra se desprendió fracturándole la pierna derecha. Acompañado del practicante facultativo, Sr. Leirves, asistieron convenientemente al herido.

Como médico titular de Bédar, el Dr. Renovales formaba parte como miembro nato de la Junta de Reformas Sociales. Este hecho y su trabajo como médico de la Compañía fueron suficientes para granjearse la antipatía de los obreros, que seguramente lo veían como un mero instrumento a las órdenes de la empresa.

El 20 de Julio de 1908 fallecía su hijo Ángel Renovales Tejedor, otro de sus hijos, Bernardo Renovales Tejedor, estuvo trabajando en Vera como maestro, participando en las Juntas locales de primera enseñanza de Gérgal y Bédar, fallecía en Noviembre de 1925. Francisco Renovales Tejedor, nacido el 11 de Junio de 1890, aparece también en varios estallidos de la prensa de 1912 por secundar, junto a su padre, una campaña contra el alcalde de Bédar, acusándole por malversación de fondos. Finalmente llegaría a ser concejal del ayuntamiento de Bédar, alcanzando la alcaldía un año después. Acabó emigrando a Cuba, falleciendo el 30 de Marzo de 1947.

Además de sus labores como médico, el Dr. Renovales participó activamente en la política del pueblo, en la campaña contra el Alcalde junto a su hijo Francisco y también como Presidente del Comité de la Unión Patriótica de Bédar, llegando a celebrar una entrevista con el gobernador civil de Almería, Huelín, en Junio de 1927.

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Diego Fernández Moreno, practicante facultativo entre 1916 y 1918.

En Diciembre de 1929 tuvo que ser operado en Almería por una enfermedad grave. Al parecer se restableció pero persistieron molestias en las piernas que le impedían deambular correctamente.

Ya mayor, su mujer Francisca Tejedor Calcia fallecía el 22 de Abril de 1934, ya solo vivía en Bédar con su hija Luisa Renovales Tejedor.

El Dr. Bernardo Renovales Cabeza-Olías fallecía finalmente el 16 de Octubre de 1935, acompañado de su hija Luisa y su hijo José Manuel.

La biografía ha sido posible gracias a las aportaciones de la familia del Dr. Renovales, a la cual agradezco su colaboración. Agradecimientos especiales a Antonio y Miguel de la Cruz Renovales, Rosa Cabanes Renovales y Maria José Renovales.

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Cosas que no cambian

Para quien no lo sepa, he de anunciar que el concejal en el ayuntamiento por parte de Levante Sostenible, Gonzalo Leal, ha dimitido recientemente del puesto por motivos de salud, tal y como ya había anunciado.

http://data6.blog.de/media/614/4225614_f4c8363166_v.avi

Mi opinión personal al respecto es que, más que los motivos de salud, han sido de mayor peso en esta decisión la soledad con la que ha tenido que ejercer su puesto, gracias a la desidia del resto del grupo en el proyecto, la hostilidad y ninguneo constante por parte del ayuntamiento, el desprecio continuo del mismo a todas sus propuestas y el aparente desinterés de casi todo el pueblo.

Me da vergüenza tener que afirmar, a riesgo que me vuelvan a acusar de maltratar a mi tierra, que hasta una persona tan poco bedarense, según los estrictos criterios de algunos, como lo es Gonzalo (asturiano residente en una casa de alquiler en Bédar) ha mostrado más interés y ha hecho más por Bédar y por su futuro de lo que muchos bedarenses “de pura cepa” han hecho durante toda su vida. Solo hay que leer su despedida en el último número del boletín de Levante Sostenible para darse cuenta de eso.

A él debemos que por primera vez haya habido una oposición de verdad en el ayuntamiento, que ha hecho que el grupo municipal se vea obligado a empezar a hacer algo (o aparentar que lo hace.) Yo personalmente lo he visto prepararse los plenos con muchos días de antelación, buscando información, preparando preguntas, planteando soluciones… y luchando siempre para que todos los del pueblo estén bien informados de todo lo que se mueve en el ayuntamiento. En definitiva, ha hecho lo que se espera que haga un concejal que quiere a su pueblo y tiene ganas de trabajar por él. Me gustaría saber qué es lo que el resto de concejales hace, o cuanto tiempo dedican a cada uno de los plenos.

Todos hemos perdido de esta manera tan irresponsable todos los beneficios que habría aportado al pueblo la experiencia y los conocimientos de un hombre como Gonzalo, cuya preparación y currículum supera con mucho la de cualquier otro componente del actual grupo municipal y que sobretodo tenía algo que los demás no tienen: ganas de trabajar por Bédar. Esa es la gran diferencia entre los que han trabajado para Bédar y los que han vivido a costa de Bédar.

Pero en fin, como siempre ya nos explicarán lo mucho que han hecho cuando lleguen las próximas elecciones, entonces nos explicarán cómo se han gastado el dinero de las diferentes subvenciones que nos han ido dando(omitiendo ese pequeño dato: el dinero no ha salido de las arcas del ayuntamiento), y si no me equivoco, no faltarán amplias descripciones sobre lo bonitas que están las calles con sus pavimentos nuevos y sobre el ingente trabajo que han llevado a cabo los grupos de promoción del turismo.

Claro que entonces surgirán voces (de antipatriotas y maltratadores de tierras como yo) que dirán que los nuevos pavimentos, a parte de no ser algo de vital necesidad y de dudoso gusto en ocasiones, ayuda mucho a que algunas casas sufran problemas de humedades e inundaciones cuando llueve. Y que no se ha notado para nada el supuesto aumento del turismo que la tan cacareada promoción turística debería haber aportado, además de la clamorosa falta de información sobre lo que están haciendo, porque cobrar bien que cobran, pero solo ellos sabrán lo que hacen, porque lo que es el resto… A mí el pueblo me parece más muerto que vivo, la verdad, como no sigan promocionando más solo quedarán cuatro jubilados. Ese es el futuro que nos espera si esto sigue así.

Por cierto, me parece una discriminación absolutamente intolerable que hagan pagar más para la cena de navidad a los jubilados “no empadronados” en Bédar, que han de desembolsar 30 euros por tan solo los 15 euros los que sí lo están. Eso debe ser porque son poco bedarenses por no haberse empadronado, imagino yo que si no se empadronan no podrán votar a los que organizan la cena. Desde luego, al lumbreras que se le haya ocurrido la idea ya le pueden dar las felicitaciones de mi parte, porque hay que tener mucha caradura y muy pocas luces para plantear siquiera tremenda estupidez (sí, he dicho estupidez.) Desde luego, por 30 euros cenas de lujo en cualquier restaurante en vez de ir con cara de tonto a la dichosa cenita. Castigar de esta manera a los no empadronados es un absoluto despropósito.

Y aún siendo consciente que esto que acabo de escribir ocasionará que haya menos gente en el pueblo que quieran (o puedan) hablar conmigo, aprovecho la marcha de mi amigo Gonzalo para desvelar el fin del último médico “oficial” que tuvo el pueblo, porque creo que viene a cuento y demuestra que hay cosas que nunca cambian. Y digo médico “oficial” porque aunque después estuvo Antonio Bolea ejerciendo de médico por estos lugares, el último médico titular pagado por el ayuntamiento que tuvo Bédar y dedicado en exclusiva a este pueblo (cuando Bédar era importante y tenía varios miles de habitantes) fue el Dr. Bernardo Renovales. Algunos, los más viejos, sabrán de quien hablo, pero para los que no han de saber que ejerció de médico durante muchos años en Bédar, asistiendo además a los mineros enfermos en el Pinar. Este es el triste fin que tuvo:

UN CASO QUE URGE ATENDER

El médico titular de Bédar, doctor D. Bernardo Renovales Cabeza, después de ¡cuarenta y dos años de servicios! fué jubilado por inutilidad física, no se le reconoció el derecho a la pensión de jubilación, y el alcalde se viene negando a pagarle las once mil quinientas pesetas que le adeuda aquel Ayuntamiento, ni siquiera una mínima parte de dicha cantidad. A consecuencia de este atropello inaudito y criminal dicho honrado facultativo carece de lo más indispensable para su subsistencia y alimento y arrastra una vida miserable. Todas las gestiones que hasta ahora se han hecho para ayudarle han obtenido un resultado negativo, pues las sanas intenciones y órdenes que a ello han tendido han tenido que pasar por el repugnante tamiz de la cazurra habilidad caciquil, que las ha anulado y desobedecido reiteradamente.

EL HERALDO DE MADRID
2 de febrero de 1934

Asombroso, ¿verdad?
Que cada uno saque sus propias conclusiones.