La locomotora “Santa Catalina” y la mina Alerta (minas de Bédar)

Desde hace tres semanas dos estudiantes franceses de Nancy especializados en la securización de minas para visitas están trabajando en la mina Higuera de Bédar. Esta mina no era más que una parte más de uno de los dos ramales de ferrocarril que llevaban el mineral desde las diferentes minas propiedad de la Sociedad de Chávarri hasta la estación de Tres Amigos. Hoy en día es la arteria principal en la ruta minera de Bédar, pues permite ir desde Tres Amigos (origen de la ruta) hasta el núcleo de minas de Serena. Por el camino se puede observar la mina Pobreza y atravesar el túnel del Servalico, pero esta ruta tiene mucha más historia de la que parece a primera vista.

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Reconstrucción de las tareas de carga en la Tolva-cargadero de Tres Amigos. Es una de las dos tolvas que componían la Estación de ferrocarril de Tres Amigos, y donde se recogía el mineral procedente del ramal de Santa Catalina. La locomotora Santa Catalina llegaba a un nivel superior, desde donde el desnivel se salvaba por medio de un plano inclinado que llevaba el mineral hasta esta enorme tolva. La tolva, de excelente factura, permitía la carga simultánea de dos trenes, uno en el interior del túnel y otro en el exterior.

A diferencia de la su vía gemela, la de la mina Mulata, el ramal de ferrocarril de Santa Catalina se ha conservado gracias que ha sido usada como carretera para llegar hasta Serena. La mina Higuera era el origen del ramal, pues el punto de partida (el cargadero de Santa Catalina) estaba literalmente dentro de esta mina.

Pero hasta la Higuera llegaba el mineral de otras minas más lejanas, como la misma Santa Catalina, la mina Angelita y otras como Soria y Santiago, todas alrededor de la barriada de Los Pinos. por medio de complicados sistemas de transporte que incluyen galerías de transporte y cables aéreos.

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Entrada al túnel del Servalico, de 200 metros de longitud y construido en 1895 como parte del ramal de ferrocarril a la mina Santa Catalina.
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Compuerta de carga en el ferrocarril dentro del túnel del Servalico, observen los enganches utilizados para el contrapeso que permitía abrir la compuerta.

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Antiguo apartadero dentro del túnel del Servalico.

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Compuerta de carga del túnel del Servalico para la mina Alerta. La tolva se encuentra totalmente colmatada de material y  al parecer fueron los mismos mineros los que lo hicieron. A través de las compuertas se pueden ver las ruedas y eje de una vagoneta que se lanzó dentro de la tolva. Sería interesante poder recuperarla para el museo de la minería de Bédar.

Por el camino, aún el ferrocarril recogía mineral de otras minas, entre ellas la de la mina Pobreza (tras la creación de la Unión Bedareña) y la mina Gracia, ya tocando al cargadero de Tres Amigos. Pero lo que poca gente sabe es que la mina Alerta también utilizaba este ramal de ferrocarril para el transporte de su mineral, que era de los mejores que se extraía en Bédar.

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El túnel tiene también su historia triste, no pocos visitantes se percatan de la presencia de numerosas cruces grabadas a la entrada del túnel. En 1906 la locomotora “Santa Catalina” arrolló en este punto a un muchacho de 14 años, Bernabé Moreno, que ya trabajaba para la sociedad minera y que en esos momentos conducía una mula, que también murió en el accidente. Esas cruces se grabaron allí en su recuerdo. No lo hemos olvidado.

La mina Alerta es una de las más antiguas de Bédar, demarcada en 1860 era una de las minas propiedad de la familia Berruezo que arrendaron a la sociedad de Chávarri. La mina se encontraba a cierta distancia al norte del túnel del Servalico, por lo que el mineral se transportaba por medio de una vía minera hasta la parte superior del túnel, por el lado más cercano a Tres Amigos.

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Reconstrucción de los trabajos de carga en el túnel del Servalico. La vía procedente de la mina Alerta llegaba hasta la tolva del túnel. Las vagonetas, llevadas por caballerizas, descargaban el mineral en la tolva, que luego era cargado en el ferrocarril por medio de su única compuerta. La locomotora debía ir ubicando uno a uno los vagones del ferrocarril bajo la compuerta para realizar la carga. Por encima del túnel se observan las viejas canteras de esta mina, que se corresponden con las primeras labores que se realizaron en 1892 a cargo de Clifton Pecket. En esos entonces ni el túnel se había construido ni tampoco el ferrocarril, por lo que el mineral se llevaba por medio de mulas o carretas hasta la tolva de los Ingleses, no muy lejos de la mina Higuera, para poder cargarla en el cable aéreo que la Compañía de Águilas había instalado para el transporte del mineral de sus minas en Serena hasta Garrucha.
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Reconstrucción del aspecto de la locomotora 020T Saint Léonard según los planos de fábrica. Cada una de los dos ramales de ferrocarril disponía de una, llamadas “Santa Catalina” y “Mulata”.

En el túnel del Servalico construyeron una tolva cónica en la parte final del túnel, con una única compuerta de carga dentro del túnel. Dado que solo contaba con una sola compuerta, el ferrocarril debía ir posicionando uno a uno los vagones bajo la compuerta para efectuar a la carga.

El mineral “tipo Alerta” era de lo mejor que producían las minas de Bédar, por lo que era muy apreciado entre los compradores. La compañía lo vendía bien sin mezclar o bien lo usaba para enriquecer la ley de hierro del mineral procedente de otras minas, especialmente el mineral de la mina Higuera, que no era especialmente rico aunque sí muy abundante.

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Planos de la mina Alerta, se trata de los pocos documentos de las minas de la Sociedad de Chávarri que han llegado hasta nosotros. Formaba parte de los planos de Ovidio Fernández que fueron entregados a Hierros de Garrucha cuando se reabrieron las minas en 1952. Hierros de Garrucha estuvo muy interesado en esta mina dado la buena calidad del mineral que de ella se extraía, aunque los trabajos fueron muy difíciles dado la inestabilidad del terreno.
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Caseta para los compresores para alimentar los martillos neumáticos construida por Hierros de Garrucha a la entrada del socavón de San Toribio. La mina sufrió continuos derrumbes, algunos muy estrepitosos aunque afortunadamente sin bajas que lamentar. La mina precisó de un trabajo muy esmerado de entibación, pero el director de Hierros de  Garrucha, Felipe Guillén, siempre insistió en su explotación, dada la buena calidad del mineral.

Quizás, una vez que la mina Higuera esté lista para recibir visitantes, se pueda plantear la instalación de un ferrocarril turístico que recorra el viejo camino de la locomotora Santa Catalina. El proyecto no es para nada descabellado, pues es posible construir una réplica de la locomotora (hay empresas especializadas que lo pueden hacer, a precios no especialmente desorbitados), ya que lo más importante se conserva todavía: el trazado del ramal. Este ramal de Santa Catalina iba desde la vieja estación para esta locomotora cerca de Tres Amigos, con la que se conectaba mediante un plano inclinado, hasta el cargadero de Santa Catalina en la Higuera, tras pasar por dos túneles, uno de 200 metros y otro de 60 ya dentro de la mina. Hasta todavía se conserva el viejo cocherón donde se guardaba la locomotora, a la entrada del túnel de 60 metros…

 

Bédar quiere “resucitar” sus minas…

Interesante noticia publicada hoy en la Voz de Almería:

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Mientras tanto, los trabajos de rehabilitación en la mina Higuera continúan, en las fotografías se observan los trabajos de limpieza de uno de los accesos a las galerías:

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Trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Serena, Bédar) Parte 3

Seguimos aportando información de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera. En su primera semana es inevitable las presentaciones y entrevistas. Hoy tocaba una reunión en el Ayuntamiento para presentación a la prensa del proyecto que se realizará durante el mes de Junio.

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De izquierda a derecha, Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, Ine Thijs y José Ramón Muñoz. Fotografía realizada ante la estatua del minero de la plaza San Gregorio de Bédar.

En dicha entrevista, realizada en el Ayuntamiento y bajo la organización del concejal José Ramón Muñoz, se trataron varios aspectos importantes del proyecto. Como Asociación organizadora, la representante de Bédar Sostenible, Ine Thijs, participó en la entrevista.

También participan el proyecto el C.D. Aventura Sierra Almagrera y la Asociación de Amigos del El Argar, asociaciones que como Bédar Sostenible, están muy implicadas en la conservación y promoción del patrimonio arqueológico y minero de nuestra tierra. Se comentó también que los presentes trabajos son continuación de los que ya se realizaron en 2015 por parte de otros dos estudiantes de Nancy, Hélène Velcin y Clément Vorgy.

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Entrevista en el salón de plenos del Ayuntamiento de Bédar.

El objetivo es sencillo, se trata de preparar para las visitas una de las minas más características e interesante de la sierra de Bédar, la mina Higuera. Su inclusión dentro de los circuitos actualmente existentes, complementará la oferta a los interesados en la historia y el patrimonio, permitiendo la visita de una auténtica mina trabajada desde finales del siglo XIX hasta principios del XX.

DSC_3986Thomas Pesenti mostrando el primer boceto provisional de una de las zonas de la mina Higuera donde trabajan.

Entre los proyectos de visita se plantea la realización de dos trayectos diferentes, una para menores y personas con movilidad reducida y otro para visitantes más atrevidos y más dispuestos a explorar todos los rincones de esta extensa mina. Los trabajos de securización son vitales para este proyecto, de ahí la decisión de que los realicen dos personas especialmente formadas para realizar este tipo de trabajos.

La colaboración con la Universidad de Nancy es vital para este proyecto. La relación con esta Universidad viene de hace 4 años, en las que se han realizado diversos “stages” de estudiantes de geología. Todos estos proyectos han sido posibles gracias a las gestiones realizadas por Bédar Sostenible con dicha Universidad, siendo el Ayuntamiento de Bédar una pieza vital que ha proporcionado el apoyo necesario para que dichos proyectos hayan sido exitosos, en especial su concejal José Ramón Muñoz, que ha actuado en diversas ocasiones como guía para la visita a esta mina de los estudiantes franceses.

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El concejal José Ramón Muñoz, contemplando los bocetos de la mina.

 

El beneficio es también para estos estudiantes y para la misma universidad, pues permite una formación complementaria práctica sobre el terreno, en un lugar geológicamente muy interesante, como es Bédar. La geología peculiar de la mina permite al visitante no sólo acercarse a lo que era la vida del minero en esa época, también es un auténtico viaje al centro de la sierra en el que se pueden observar las diferentes capas de rocas que la forman.

 

Inicio de los trabajos de rehabilitación en la mina Higuera (Serena, Bédar) Parte 2.

Comienzan los trabajos de preparación para visitas de la mina Higuera. Desde el lunes, dos estudiantes de la universidad de Nancy especializados en securización de rutas realizan los trabajos preliminares, planeando las posibles rutas y medidas de seguridad a adoptar.

En las fotografías inferiores vemos como han limpiado y despejado el primer “patio de luces” de la mina, acceso obligado para los visitantes. En este patio de luces se encontraba el cargadero de mineral de Santa Catalina. Los vagones de mineral eran conducidas hasta aquí por una locomotora de vapor de 10 toneladas, hasta un cargadero compuesto por 9 compuertas metálicas, desde la que se cargaba directamente el mineral en los vagones.

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Una vez limpio de maleza, se observa con claridad la trinchera de mampostería donde estaba dicho cargadero.

Thomas Pesenti y Quentin Brunsmann nos han hecho llegar uno de los planos-boceto de las galerías de la parte superior de la mina. No somos especialistas, pero sabemos identificar un trabajo profesional cuando lo vemos. Sin duda, podemos esperar un excelente trabajo de estos dos profesionales.

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Seguiremos informando…

Continuación de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Bédar, Serena)

Desde el día de hoy prosiguen los trabajos de estudio y puesta a punto de la mina Higuera, en Serena. Thomas Pesenti y Quentin Brunsmann son dos alumnos de geología de la Universidad de Nancy. Thomas y Quentin continuarán con el trabajo iniciado en 2015 por Helene Velcin y Clément Vorgy, en el que cartografiaron en 3D esta mina de Serena y realizaron el primer estudio de circuitos de visitas y medidas de seguridad a realizar.

El stage de trabajo de este año se planeó en Nancy junto Thomas Pesenti, tras el stage anual que la universidad de Nancy viene realizando en Bédar desde hace 4 años. Se propone a los mejores alumnos de esta universidad un stage de preparación en Bédar de cara a mejorar su preparación, a la vez que se realizan importantes avances en el objetivo que nos hemos marcado, objetivo también del Ayuntamiento de Bédar, de hacer visitable una de las minas más impresionantes de Bédar, la mina Higuera.

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En la fotografía, realizada a la entrada de la mina y de izquierda a derecha: Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, José Ramón Muñoz (concejal del Ayuntamiento de Bédar) e Ine Thijs, representante de Bédar Sostenible.

Este año, además de la habitual colaboración de los miembros de Bédar Sostenible, del ayuntamiento de Bédar y de la Asociación de Amigos del Argar, nos complace contar con la importante colaboración del Club Deportivo Aventura Sierra Almagrera. Francisco Mulero y Elios García, miembros del CD Aventura Sierra Almagrera, se reunieron con los estudiantes franceses para revisar el material que utilizaran éstos durante el mes de estudio.

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Los estudiantes franceses entre Francisco Mulero (izquierda) y Elios García (derecha), miembros del Club Deportivo Aventura Sierra Almagrera.

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Ambos estudiantes, acompañados de miembros de Bédar Sostenible y del concejal del Ayuntamiento de Bédar, José Ramón Muñoz, realizaron una pequeña visita a la mina en la que se realizarán los estudios.

José Ramón Muñoz además es la única persona que realiza visitas guiadas a las minas de Bédar, por lo que conoce bien la historia minera de Bédar, como pueden ver en su página web: http://www.bedarminera.com/ruta_minera.php

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En el interior del a mina, recorrieron algunas de las galerías más importantes, mientras realizaban observaciones generales sobre la geología de la misma y la diferente mineralogía que presenta. El trabajo sin duda se presenta interesante.

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Los visitantes de la mina Higuera, al final del túnel principal.

Los trabajos se realizarán durante todo el mes de junio. Iremos informando.

Estado actual del patrimonio arqueológico minero en Bédar.

Es inevitable que los restos mineros de Bédar estén sometidos a un proceso continuo de deterioro. Al deterioro propio al abandono, se han sumado en muchos puntos la destrucción deliberada, sobre todo en la época de los “locos años” de la construcción, en la que se vio afectado especialmente el patrimonio minero de El Pinar, uno de los más antiguos y característicos de Bédar. A esta destrucción de la mano del hombre, se ha de añadir la provocada por los desastres naturales, sin ir más lejos el terrorífico incendio del año 2012, que afectó de lleno los restos mineros de las minas Pobreza y Alerta, provocando daños irreparables.

Es por eso que lo asombroso sea que muchos de ellos, con más de un siglo de antigüedad sigan ahí, a pesar de que nunca se haya realizado ningún tipo de trabajo de mantenimiento o restauración sobre ninguno de ellos.

De vez en cuando supervisamos las estructuras más importantes, y comprobamos como el deterioro es imparable. No nos hacemos ilusiones con que se puedan realizar trabajos de restauración de algunos elementos. En una provincia donde los políticos incumplen repetidamente con su deber de proteger el patrimonio de su tierra no esperamos que se fijen en el patrimonio minero-industrial de Bédar (véanse las vergonzosas actuaciones de la Junta con respecto a los yacimientos arqueológicos en El Argar y las intolerables declaraciones de diputados con raíces almerienses como José Luis Sánchez Teruel). Al menos, creemos, se deberían llevar algunas acciones de urgencia para asegurar y evitar el previsible deterioro y pérdida de algunos elementos claves de nuestro patrimonio que amenazan derrumbe, como apuntalar la única chimenea que queda en pie en Bédar, perteneciente a una fundición de plomo de mediados del siglo XIX; pero ni eso se plantea.

Esto no impide que vigilemos y alertemos de todos aquellos elementos que corren más riesgo.

El último deterioro documentado afecta a los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza, en la mina de demasía a Sagunto. La caseta, construida a finales del siglo XIX y rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha, ha sufrido el derrumbe de algunos de sus muros, como se puede ver en las fotografías:

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En las fotografías superiores, vemos los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza en 2011.

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En nuestra última visita en 2017, hemos observado con pesar cómo se ha caído casi toda la fachada.

Una de las pérdidas más sentidas fue a causa del pavoroso incendio de 2012, que acabó con la icónica entibación de madera del socavón San Toribio de la mina Alerta. Las fotografías dejan clara la pérdida:

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En las fotografaís superiores, aspecto de la entibación conservada en el socavón San Toribio en 2011.

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En la fotografía superior, realizada por José Manuel Sanchís en 2014, se observa como la entibación a ardido completamente, colapsando la galería. Una pérdida irreparable, ya solo nos quedan las fotografías para recordarlo.

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Otra pérdida, menos conocida, es la del hundimiento del socavón de San Darío de la mina Pobreza, que contemplamos en las dos fotografías superiores. Esta galería permitía un acceso sencillo a las labores interiores de esta tan importante como desconocida mina de Bédar. De hecho, había algunos proyectos para investigar los yacimientos de esta mina. El que esto escribe pudo explorar esta galería durante un buen trecho hasta que la prudencia le aconsejó dar media vuelta para volver con ayuda más especializada, dada la enormidad y complejidad de la red de galerías. Sin embargo, en 2012 comprobamos que había colapsado, aunque no sepamos si el incendio tuvo algo que ver.

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Sin duda, una de las peores pérdidas es la completa destrucción de los restos del importante Lavadero mecánico de El Pinar de Bédar, de finales del siglo XIX (pieza clave del patrimonio minero de Bédar), a manos del urbanismo descontrolado. Las dos fotografías superiores se realizaron en 2004, poco antes de que fueran derribadas. Son de las pocas fotografías que nos han quedado.

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Además de estas estructuras afectadas, nos preocupa (y mucho) el deterioro imparable de unas de las joyas del patrimonio minero de Bédar, la tolva embudo de Tres Amigos. A pesar de su impresionante tamaño y esmerada construcción (el cono, de más de 25 metros de diámetro en su parte superior) apenas se aprecia en la fotografía superior. A pesar de todo, sigue impresionando cuando se ve en directo, pero si no se limpia y se evita la proliferación de maleza de todo tipo (incluso pequeños árboles), el trabajo de mampostería acabará por destruirse, quizás irreparablemente.

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Otra de nuestras principales preocupaciones es, y sigue siendo, la chimenea de la fundición Carmen (en la fotografía superior). Este es uno de los restos más antiguos de la minería de Bédar, de mediados del siglo XIX. Se trata de una fundición de plomo que incluye un lavadero mecánico y una explotación (un pozo  minero). A pesar de su antigüedad, está bastante bien conservado y se pueden apreciar numerosas características que diferencian esta fundición de las que se construyeron en la época cerca la costa, convirtiéndola en una estructura única que nos puede ayudar mucho a comprender el importante episodio minero del plomo del siglo XIX.

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Como pueden ver en la fotografía superior, la chimenea presenta una gran grieta en el lateral que amenaza seriamente la estructura. Lo ideal sería un cerclaje con bandas metálicas, como se hace en numerosas chimeneas antiguas para evitar que se abran y se derrumben. Si eso no fuera posible (aunque no entendemos por qué no puede serlo), al menos realizar algún tipo de obra de apuntalamiento que evite el derrumbe hasta que se pueda hacer algo mejor. Es la última chimenea de Bédar, es un símbolo de la minería de esta zona y cuando caiga (lo que ocurrirá tarde o temprano si no se hace nada) perderemos algo más que una vieja chimenea.

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Si la chimenea de la fundición Carmen de El Pinar es la última chimenea y un símbolo de la vieja minería bedarense del plomo, el castillete del pozo P (Mina Mahoma) es el último castillete de extracción que queda en pie en Bédar. Es, por méritos propios, un símbolo de la otra gran minería de Bédar, la del hierro. Y empieza a preocuparnos. Estructuralmente muy parecida a algunos castilletes de Sierra Almagrera, parece que si no se ha colapsado todavía es porque las traviesas de madera que sujetaban las poleas mantienen unido ambos muros del castillete. Eso hasta ahora, pero habría que empezar a analizar su estabilidad y, en caso necesario, proponer medidas que eviten su más que previsible colapso cuando las maderas que la unen acaben cediendo al tiempo y la podredumbre.

Minas San Ignacio y Santa Cecilia. Serena (Bédar)

El Hoyo Júpiter y toda la zona minera que la rodea es una de las más importantes de la sierra de Bédar. A finales del siglo XIX, y partiendo de una serie de concesiones mineras que allí poseía la familia Orozco, la todopoderosa Compañía de Águilas estableció un plan de explotación de las inmensas reservas de mineral que atesora esta sierra.

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Para que la explotación resultara rentable, se instaló en 1888 un cable aéreo de transporte hasta Garrucha, del que mucho hemos hablado. Sin embargo, fue en 1885 cuando los ingenieros cubicaron la masa de mineral e idearon un ambicioso plan de explotación de la sierra. Este plan lo debemos al ingeniero noruego Fredrik Dietrichson y al alemán Ferdinand Putz.

Descubrir este plan de acción no ha sido fácil, dado la escasez de documentación preservada, pero gracias a los escritos de Dietrichson, a varios planos conservados, a la correspondencia de Manuel Figuera y a una exhausta investigación del terreno, tenemos una buena idea de cómo se desarrollaron estas labores, hasta configurar los restos mineros que, hoy en día, pueden ser visitados en la ya conocida ruta minera de Bédar.

Una de los planos que más información han dado ha sido uno de los que más nos ha costado interpretar. Veámolos aquí escaneado y reducido (el plano original es de unos 1,8 metros de largo):

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Plano inédito de superfície de las Cañadicas en 1896 perteneciente a la planimetría de la Compañía de Águilas. Al Norte (parte superior del plano) se observa una colina y el avance de las hoyas de explotación de la mina Júpiter, las rozas Colorada y Negra. Destaca el complejo sistema de transporte en superície, con planos automotores y diferentes túneles y tolvas.

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Fotografía de Los Pinos y el barranco de la Hoya desde la cima de la colina al norte de la concesión de Júpiter.

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Desde esa cima, y hacia en NE, se observa el pozo P con su castillete en el centro del barranco de la Hoya y al fondo el impresionante cerro Cabrero.

A diferencia de la mayoría de planos, éste representa las labores superficiales del Hoyo Júpiter y de la concesión de Porfiado durante 1896. Se observan las diferentes vías de transporte de mineral y de escombros, así como los principales “hoyos” o canteras de extracción de mineral. Como punto muy interesante, se ve la salida de la galería a la altura de la cabecera del Plano Grande, punto vital que fue la base del “descifrado” del plano.

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En las laderas de este cerro no faltan preocupantes fracturas del terreno que denotan la intensa actividad de minería subterránea. en algunos lugares, las vetas de óxidos de hierro son visibles en la calcita.

De una manera resumida, y para no aburrir al lector con demasiados detalles, cabe decir que donde hoy hay un enorme hoyo, antes había un cerro. Este cerro, casi de puro mineral de hierro, fue explorado en profundidad mediante una serie de pocillos. Gracias a la información obtenida por los pocillos, Dietrichson estimó que las reservas de mineral alcanzaban los 3.000.000 de toneladas, algo que al resto de ingenieros de la Compañía le pareció excesivo, para algunos incluso una idiotez. Nadie pensaba que las reservas sobrepasaran las 750.000 toneladas, y ese debió ser el parecer de los directores de la Compañía, pues ni compraron las concesiones a sus propietarios cuando tuvieron la oportunidad, ni instalaron un sistema de transporte de demasiada capacidad (el cable era barato y fácil de construir, pero de mucha menos capacidad que un ferrocarril).

Sin embargo, el tiempo le dio la razón a Dietrichson, pues las reservas de esta zona parecía no agotarse nunca. En especial cuando empezaron a explotarse las minas aledañas, que, poco a poco, fueron conectándose al cargadero de mineral ubicado en la concesión de San Manuel.

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Al Este del cerro se observa un pequeño desmonte donde antes se situó el pozo J (que durante un tiempo confundimos erróneamente con el pozo F). El pozo en sí ya no existe, en algún momento fue cubierto. Al fondo, y ya en el barranco de la Hoya junto al camino, se encuentran las escombreras de lo que fue el pocillo de exploración nº 8, que también fue enterrado.

En lo que concreta a la explotación, las concesiones de Júpiter, Porfiado y Mahoma fueron las más productivas, junto con la de San Manuel. Todo empezó con una enorme cantera, ubicada en las concesiones de San Manuel, Porfiado y Júpiter, siendo esta última la situada más al norte. De esta cantera, donde llegaron a trabajar 200 mineros en superfície, se extrajeron cantidades ingentes de mineral, y aún la capa de mineral de hierro seguía en profundidad. El problema fue que una vez alcanzada la cota 365, la cantidad de estériles que tenían que transportar para seguir trabajando en cantera era tan grande, que no había literalmente espacio para su almacenamiento. Fue entonces cuando empezó la explotación por galerías, que partían de forma radial de la parte más al Norte, al Este y al Oeste de esta enorme cantera. Desde ahí, la explotación se dirigió fundamentalmente hacia el Oeste, pues allí la Compañía disponía de más concesiones mineras con bastante buen mineral, mientras que las concesiones mineras al norte y Este fueron adquiridas por Chávarri (Santa Catalina y la Higuera, fundamentalmente).

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Al sur del cerrillo de Júpiter nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Se tratan de las minas San Ignacio y Santa Cecilia, al norte del Hoyo Júpiter. En el terreno, totalmente colapsado, se observan parte de las labores al descubierto.

Es por eso que hoy en día se puede observar el enorme Hoyo, que se correspondería con las concesiones de Porfiado y Júpiter, y más al norte una gran cantidad de bocaminas. El explicar cómo se desarrollaron y planificaron estas labores internas es algo complicado y no es éste el lugar, pero hay que decir que las explotaciones se dividían en numerosos trabajos diferentes. Estos trabajos, también llamados “minas”, muchas veces eran entregados a partidarios (contratistas), pequeñas empresas mineras, muchas veces familiares, que explotaban a partido una pequeña parte de la mina, entregando el mineral a la Compañía. Tan solo algunos trabajos eran realizados por mineros a jornal de la Compañía, normalmente los más ricos o los que la Compañía considerara más importantes.

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El terreno irregular de las minas de San Ignacio y Santa Cecilia están sembradas de galerías y depósitos de mineral. Entre los restos, dos peligrosos pozos.

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Uno de los pozos, muy irregular y sin obra de refuerzo de mampostería, dispone de un pequeño murete en su parte superior. Siempre hay que andar con mucho cuidado por terrenos mineros.

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El segundo pozo, tan irregular como el anterior, conserva parte de una estructura de madera en su parte superior. Da la impresión que el pozo quedó al descubierto al hundirse parte del terreno.

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Vista del Hoyo Júpiter y de Porfiado desde la parte superior de las labores de San Ignacio.

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Depósitos de mineral en Santa Cecilia.

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Entre los restos, dispuestos de forma anárquica, se encuentra esta traviesa de vía minera.

En este trabajo “a partido”, muy bien documentado, participaban no pocos mineros de Bédar, en pequeñas empresas de partidarios. Algunos de los nombres de estas “minas” nos han llegado hasta hoy día, como por ejemplo “Dos de Mayo”, “Los lobos” o “la mina de Diego”, sin que sepamos exactamente donde estaban. A parte de estas “minas a partido”, las labores se dividían en diferentes sectores, independientemente de las concesiones donde se ubicaban. Estas zonas o “sectores” eran zonas más amplias que las “minas”, aunque no sabemos qué criterios seguían para realizar estas divisiones.

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Las labores al Este del Hoyo Júpiter están menos desarrolladas. No sabemos si por disponer de menos reservas de mineral o por estar demasiado cerca de las concesiones de Chávarri (la Higuera y Santa Catalina).

De esta manera, sabemos que la zona minera al Este del Hoyo Júpiter (la zona entre las concesiones mineras Mahoma y Júpiter) se llamaba la “zona de San Jacinto”. Disponemos de un plano de labores de esta zona, y tiene su interés porque se trata de toda la zona al Este del Hoyo, justo por debajo de donde se observa el Hoyo Júpiter en la actual ruta mineral y que llega hasta el pozo J, en Mahoma.

Siguiendo sin duda una forma sistemática y ordenada de trabajo, los pozos principales de extracción se denominaban con letras mayúsculas, así tenemos localizados con cierta seguridad el pozo F o “pozo de la Zaranda“, el pozo P (el que dispone de castillete), el Pozo J, el pozo M y el pozo H. Junto a éstos, había otros pocillos que eran de ventilación, con nombres de santos, sin olvidar los originales pocillos de exploración que se practicaron para explorar la zona (numerados del 1 al 10).

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Impresionante fotografía de los “balcones” y del socavón general del Hoyo Júpiter desde las labores de Santa Cecilia.

Las diferentes Hoyas o canteras (tambén rozas) a cielo abierto de Júpiter y Porfiado también recibieron nombres. Sabemos que en Porfiado se encontraban las rozas de Porfiado, San Marcos y del Teléfono. En Júpiter estaban las rozas Negra y Colorada, denominadas así por los diferentes minerales que se extraían, uno negro más rico en hierro y pobre en fósforo; y otro rojo más pobre en hierro y con más fósforo. En general, la Compañía  mezclaba los minerales de diferente calidad para obtener un producto homogéneo, en especial controlando la cantidad de fósforo, que no interesaba en absoluto a los compradores.

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Castillete del pozo P. Se trata del único castillete conservado en Bédar y que recuerda mucho a los de sierra de Almagrera. Una impresionante y simbólica obra que debería conservarse, el castillete amenaza derrumbarse si no se actúa a medio plazo.

La zona al Norte de los hoyos de Júpiter, que se encuentra justo al pie de la colina que se ve representada en el plano de superficie de 1896, fue explotada por galerías durante la fase de galerías, con varios pozos que creemos que fueron básicamente de ventilación. En esta zona se delimitaron las “minas” de las que hoy hablamos, las de San Ignacio y Santa Cecilia. Si los nombres se han conservado no es porque aparezcan en ningún mapa de los que quedan, se conservaron porque ambas minas fueron explotadas también por Hierros de Garrucha a mediados del siglo XIX. Muchos de estos antiguos nombres fueron recogidos por los mineros de Hierros de Garrucha, seguramente como parte de la información que el ingeniero Don Ovidio Fernández facilitó a Don Felipe Guillén. Los mineros de Hierros de Garrucha explotaron estas antiguas minas de San Ignacio y Santa Cecilia, explotando en retirada los pilares de mineral o “claves” que dejaron los viejos mineros, de manera que todo el terreno acabó colapsándose. Este hundimiento ha dejado una marca visible, un paisaje característico, en la zona al norte del Hoyo.

Y hasta aquí por hoy. Seguiremos con la minería de este interesante paraje.

El pozo San Fidel, mina Esperanza (Bédar)

Uno de los aspectos más peligrosos de la exploración de los restos mineros antiguos es el de la presencia de pozos desconocidos. Aunque en este sentido es mucho más peligrosa Sierra Almagrera, no faltan en Bédar pozos por toda la sierra que no están ni indicados ni mucho menos protegidos. Todos los años, descubrimos y/o documentamos uno o dos nuevos. Algunos están siendo difíciles de ubicar correctamente, como ocurre con el pozo “J” de la mina Mahoma o el pozo “F” o pozo de la Zaranda. A la inversa también ocurre, con la presencia de pozos de nombre desconocido.

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Corte lateral a la altura del pozo Esperanza entre la concesión de demasía a Sagunto y la de Neptuno. En el mismo se representa la posición del pozo de San Fidel, que se representa en línea discontinua al no se cortada por el perfil, la profundidad era similar a la del pozo Esperanza.

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Representación de las labores a nivel de la concesión demasía a Sagunto. El pozo San Fidel se encuentra en un pequeño barranco entre las montañas que separan el barranco de los Lobos y el río Jauto. Se indica también la posición del pozo Fortuna y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). En rojo se indica el trayecto de la vía de transporte o Vía Esperanza.

Otras veces tenemos más suerte, con en el pozo que nos ocupa hoy. Las labores de la demasía a Sagunto, eran más conocidas como mina Esperanza, por uno de sus pozos principales de extracción, pero en la concesión había más pozos, de los cuales hemos identificado el pozo Fortuna y el pozo San Víctor.

La planimetría conservada nos mostraba otro pozo más en terrenos de esta concesión, el pozo San Fidel, cercano a los límites con las concesiones de Neptuno y de la Gloria, en una zona que tenía fama de disponer de importantes reservas de mineral (en especial la concesión La Gloria). Tras algunas comprobaciones pudimos localizar la ubicación aproximada de dicho pozo y, a diferencia de otras veces, el pozo seguía todavía allí. Cabe decir que muchos de los pozos fueron cubiertos o “tapados”, ya sea por las propias compañías mineras (cuando dejaban de tener utilidad) o bien por agricultores o los propietarios de los terrenos, por el riesgo evidente que suponían tanto para personas como para animales.

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El pozo, de sección circular, está protegido por un pequeño murete. Junto a él se encuentra el inicio de una galería pero sin recorrido y una escombrera.

El pozo de San Fidel se encontraba donde se suponía que debía de estar. Según los planos disponibles, conectaba con la galería de San Mateo 2º. No debió tratarse de un pozo de extracción, su difícil ubicación en un barranco entre dos montañas, el pequeño murete de protección que presenta y la ausencia de restos de cualquier instalación de extracción (castillete o casa de máquinas) nos hace pensar en un pozo de exploración y/o ventilación.

En la escombrera adyacente al pozo se pueden encontrar carbonatos, limonitas y bonitos ejemplares de hematites con geodas con cristales de calcita.

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Escombreras junto al pozo.

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Diferentes minerales de hierro de la escombrera del pozo San Fidel. Se observan las formaciones características de hematites así como geodas con cristales de calcita.

 

Mina Concepción: los Trances del río Jauto, Bédar.

Hoy vamos a hablar de una de las minas más desconocidas de toda la sierra de Bédar. Se trata de la mina Concepción. Quizás sea más conocido el paraje conocido como “Trance” o “Trances” del río Jauto, al oeste de Carabinera, junto al camino que lleva hasta los Castaños. Aunque no muy lejos de el Albarico, se trata de una zona muy aislada a la que solo se puede llegar por un pequeño carril de tierra desde Los Castaños.

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Trances del río Jauto. El número 1 se correspondería con una galería que llega hasta el río Jauto, donde forma una gran oquedad, conectada con la superfície con una especie de tolva o pozo con obra de mampostería. El número 2 se corresponde con una explotación a cielo abierto, donde se encontrarían algunas galerías. El número 3 indica la posición de un pequeño desmonte con un pozo. Quedaría una cuarta zona minera que no hemos estudiado pero que se encontraría cerca del cortijo de los Sotos.

La zona pasó por tiempos mejores, numerosos cortijos en ruinas  se encuentran a lo largo de todo el trayecto del río Jauto, aprovechando el agua de este río, que captaban por medio de pozos y norias. Hoy en día son pocos los que viven en este paraje. Entre ellos Daniel, que habita actualmente en el viejo cortijo de los Trances, que compró y rehabilitó, y que nos acompañó a ver los restos mineros de esta vieja mina, que se encuentran en sus terrenos.

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Los trances del río Jauto y el cortijo de los Trances.

No muy lejos del cortijo, en dirección al Jauto, se encuentra una pequeña explotación a cielo abierto y una galería que, desde un terreno de cultivo, se dirige hacia el Jauto, junto al que se encuentra un gran hueco o galería de la que se debió extraer una cantidad respetable de mineral. Una especie de pozo (o tolva), protegida por obra de mampostería, conecta con este gran hueco o gruta. Daniel nos cuenta que entre la pequeña explotación con el pozo o tolva y la pequeña explotación a cielo abierto, había dos o tres pozos, uno de los cuales alcanzaba los 130 metros de profundidad (?), cubiertos todos actualmente.

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Bocmina de la galería que conecta con el río Jauto (1)

En cuanto a las minas en sí, Daniel poco nos pudo decir. La explotación no fue nunca muy grande, y el motivo de que fueran tan lejos para explotar el mineral solo se justificaba por la riqueza del mineral de hierro que contiene. Hasta que llegamos nosotros, poca gente se había interesado por ellas, incluyendo un hombre que cierto día llegó a la zona y que comentó que tenían intención de hacer sondeos para ver la cantidad de mineral disponible. Claro está que no hicieron nada, pudo tratarse de algún agente de Hierros de Garrucha que fue a interesarse por los yacimientos de hierro de la zona.

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Pozo-tolva de mampostería que conecta con las labores (1)

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Salida de la galería junto al río Jauto  (1)

La documentación antigua que hemos podido consultar nos ofrece más información sobre esta mina. Se trataría de una de las minas del vicecónsul inglés George Pecket, demarcada el 20 de octubre de 1892. Dada su ubicación, el transporte del mineral de esta mina era un problema y dificultaba mucho su explotación. Así lo reconoce Miguel Figuera en su correspondencia, que comenta las dificultades de transportar el mineral desde esta mina hasta el ferrocarril de Chávarri, y que tan solo sería posible llegar a un acuerdo de transporte con la Compañía de Águilas, cuya mina más cercana conectada al sistema de transporte general era la mina Carabinera, siguiendo el río Jauto.

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Explotación a cielo abierto junto al cortijo de los Trances (2)

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Ubicación de uno de los pozos (según el testigo) ya tapado, entre las zonas 1 y 2.

Sabemos que Concepción fue una de las minas explotadas a partido por Carlos Bahlsen, junto con otras también propiedad de Clifton Pecket (Angelita y Soria). Esta explotación se limitó al año 1898 y se contabilizaron 3700 toneladas de mineral de hierro extraído, que seguramente fue transportado hacia el cable aéreo de la Compañía por medio de carretas y mulos, siguiendo el río Jauto. Fue sin duda durante este año de 1898 cuando se realizaron los trabajos que se pueden observar hoy en día.

Además de las labores junto al cortijo de los Trances, hay otras labores de menor entidad en dos puntos no muy lejos del cortijo. Una de estas labores consisten en un pequeño desmonte con un pozo, el segundo punto de explotación no pudimos explorarlo, pero se trataría también de pequeños trabajos.

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Desmonte y pozo en la zona 3.

En 1920, la empresa Unión Bedareña rehabilitó el registro minero de Concepción, aunque no nos consta que se realizaran trabajos en ella. En 1975 la mina fue explorada en 1975, describiéndose una capa de mineral sobre una capa de oligisto micáceo, describiendo cuatro galerías a distinto nivel siguiendo la mineralización, siendo la más importante la inferior, provista de una tolva donde descargaban el mineral las labores superiores.

Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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