La tolva de la trinchera de los Villaltas: la última gran tolva de Bédar

Tras repasar anteriormente el castillete del pozo P y la gran Tolva Embudo de Tres Amigos, vamos a hablar hoy, a dos años del centenario de su construcción, de otro de los principales elementos del patrimonio arqueológico-minero de Bédar.

La tolva de la trinchera de los Villaltas, o más conocida como tolva de la trinchera Villalta, fue una impresionante tolva de mampostería, la última gran obra de los excelentes pedriceros de Bédar.

Aún hoy, a pesar del estado de ruina en el que se encuentra, es una tolva que asombra por sus colosales dimensiones y excelente trabajo en piedra.

 

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Aun estando en ruinas con el muro frontal derrumbado, impresiona todavía el buen trabajo de mampostería y la altura de los muros de esta tolva. En los muros se observan los gruesos cables que anclaban el muro frontal.

 

A diferencia de otros elementos del patrimonio minero de Bédar, en el caso de la trinchera Villalta tenemos la suerte de disponer de los planos originales, concretamente el plano 15-E, un documento excepcional que nos desvela todos los secretos de esta maravilla.

El motivo de su construcción radica en la desmantelación de parte del cable aéreo de la Compañía de Águilas que, desde Serena, llevaba el mineral hasta Garrucha. Tras el parón en la explotación de las minas debido a la Gran Guerra, se reinició de nuevo la actividad, aunque ante el mercado había cambiado y la única posibilidad de ser competitivos residía en fusionar las dos grandes compañías mineras que actuaban en la zona, la Sociedad de Chávarri y la Compañía de Águilas. Es así como en 1916 surge una nueva compañía, la Unión Bedareña.

La nueva compañía disponía ahora de dos sistemas de transportes paralelos, el ferrocarril y el cable aéreo. Dado que el ferrocarril disponía de una capacidad de carga que el cable aéreo, se decidió desinstalar todo el cable desde la estación de El Pinar de Bédar hasta Garrucha, e instalar una pequeña derivación que desde El Pinar conectara con la línea de ferrocarril.

 

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Solo se conserva completa una de las compuertas de la sección central.

 

El punto elegido fue una de las trincheras más altas de las que atravesaba el ferrocarril, la trinchera de los Villaltas, situada a poca distancia del túnel del Boliche y no muy lejos de El Pinar de Bédar. La enorme trinchera presentaba unas laderas inclinadas que podían aprovecharse para la construcción de una tolva-depósito de gran capacidad. Sería la tolva más tardía y también la más grande de las construidas, superando las dimensiones de las tolvas reguladoras de Tres Amigos.

El proyecto contemplaba una tolva en tres secciones con tres compuertas de carga cada una, el concepto era muy similar a la de la Tolva-depósito de Tres Amigos, la de la mina Esperanza y a las tolvas de Vulcano, que aprovechan una fuerte pendiente para acumular gran cantidad de mineral de hierro, facilitando su carga en los vagones por medio de numerosas compuertas.

 

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Antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha por la Trinchera Villalta. Los escombros del derrumbe del muro frontal obligó a desviar ligeramente el trayecto de camino que discurre por esta antigua vía férrea.

 

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Visión en Google Maps de los restos de esta tolva. Una de las secciones ha prácticamente desaparecido. El ramal de cable aéreo proveniente de El Pinar, de 918 metros, llegaba a la parte superior de la trinchera, donde se había instalado una pequeña estación de descarga del cable. Unos operarios se encargaban de descargar el mineral en las tolvas.

 

El muro frontal era de una altura de algo más de 10 metros y  de más de 50 metros de largo. Disponía de tres secciones con tres compuertas de 1,5 x 0,5 metros, dotadas de un artístico arco de medio punto y a 3,4 metros de altura. La pendiente de la tolva era de 23,6 metros de longitud y no era plana, como en el caso de las otras tolvas, sino que presentaba una forma en “V” que canalizaba el mineral directamente hacia las compuertas.

Las compuertas estaban dotadas de buzones de carga que se abrían gracias a un contrapeso, lo que permitía poder cargar nueve vagones a la vez. Dado que el muro frontal era el que debía soportar la mayor presión, se habían previsto la instalación de gruesos cables insertados tanto en los muros laterales como en los de separación, que anclados en la roca evitaban que el muro frontal cediera hacia afuera por la presión del mineral de hierro.

 

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Planimetría ( plano 15-E) de la Unión Bedareña, vista lateral de la tolva con el sistema de apertura de la compuerta y los cables de anclaje.

 

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Visión frontal de una de las secciones con sus tres compuertas. La superficie en forma de “V” canalizaba directamente el mineral hacia las compuertas y facilitaba la carga.

 

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Perfil de los muros laterales y los de separación con el sistema de anclaje del muro frontal, que era más grueso en su base para que la estructura fuera más estable.

 

Aunque se trataba de una tolva de dimensiones faraónicas, se tardó menos de un año en tenerla lista. Una escueta noticia procedente de un periódico de septiembre de 1919 menciona precisamente al maestro albañil encargado de su construcción: La Benemérita  de Los Gallardos (Bédar) comunica que en la mañana del 20 se le presentó al maestro albañil de la compañía minera “La Unión Bedareña” Juan Pedro Murcia Oliver, denunciando que en el sitio llamado Trinchera de los Villaltas, donde se edifican unas torvas, y a consecuencia de haber descontado un cuarto de día a dos peones  que no habían concurrido a su hora al trabajo, lo habían dejado plantado a éste 16 peones que llevaba pertenecientes al Centro Obrero, reclamando a la vez aumento de jornal. Temía el maestro que pudieran causar desmanes en las obras que realizaba por su cuenta. La Guardia Civil se personó en el lugar indicado, encontrando a los 16 obreros que protestaban del trato que les da el contratista y del poco jornal. Invitados a disolverse pacíficamente si no querían trabajar, acordaron reanudar el trabajo y así lo efectuaron a la una de la tarde, quedando todo normal.

Desgraciadamente la tolva no ha soportado bien el paso del tiempo. Pese a los pesados cables de anclaje y debido a la falta de mantenimiento, el muro frontal hace tiempo que se derrumbó sobre la antigua vía del ferrocarril, dejando expuestos los grueso cables, que no pudieron ser rapiñados por los chatarristas, estaban demaisado sólidamente fijados a la roca. Todos los demás elementos metálicos hace tiempo que desaparecieron (compuertas, sistema de poleas, etc.) Además, y debido a la excelente piedra utilizada para su construcción, la tolva fue durante mucho tiempo una cantera de piedra para muchas de las construcciones de los alrededores.

Actualmente deberían realizarse tareas de limpieza de los restos y apuntalar las partes más inestables para evitar que continúe el lento pero imparable deterioro. La tolva de la Trinchera Villalta es uno de los principales elementos patrimoniales del antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha. Hasta aquí nuestra pequeña sección del patrimonio minero de Bédar.

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Reconstrucción de las tolvas de la trinchera de los Villaltas, cuya construcción fue dirigida por el maestro albañil Juan Pedro Murcia Oliver. Un convoy está procediendo a posicionar los vagones bajo las compuertas para poder comenzar las tareas de carga.

 

 

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Minería de Bédar: el castillete del Pozo P y la mina Mahoma

El pasado 11 de noviembre se llevó a cabo una excursión por la ruta de la minería de Bédar, dentro de las Rutas por la Arqueología industrial de Almería, promocionadas por la Diputación Provincial de Almería y coordinadas por el doctor en Historia del Arte Alfonso Ruiz García. Además del itinerario habitual para ver las minas de Serena, se incluyó también la fundición de plomo de El Pinar de Bédar, una de las más peculiares. Dirigida como viene siendo habitual por el concejal de Bédar José Ramón Muñoz, las plazas para la excursión se agotaron mucho antes de la fecha prevista.

 

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Algunas imágenes de la ruta minera realizada el 11 de noviembre de 2017

 

Uno de los puntos que más llama la atención de todo el itinerario (de los muchos que lo hacen) es un curioso castillete minero que parece encontrarse totalmente aislado en un barranco al final de la ruta, antes de llegar a Serena. El senderista bien informado, o acompañado de un guía que conozca la zona, sabrá que se trata del castillete del pozo P, en la mina Mahoma. Dado lo pintoresco de su ubicación y debido a su forma poco usual para el tipo de castilletes que se usaron en Bédar, poco a poco va convirtiéndose en un símbolo de la ruta.

Se trata del único castillete de Bédar que queda en pie de los muchos que hubo. De todos los restos de Bédar es quizás uno de los elementos típicos mineros que más se echa en falta, y aunque quedan todavía los restos muy reconocibles de algunas casas de máquinas y muchos pozos, sorprendentemente no han llegado hasta nosotros otros castilletes, salvo éste, que recuerda mucho a los que se pueden encontrar en sierra Almagrera.

 

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Castillete del pozo P, mina Mahoma (barranco de la Hoya, Serena) Obsérvese a la izquierda las sujeciones de la escala que debía permitir acceder a la parte superior para reparación y mantenimiento. Mucho cuidado a los visitantes que se acerquen a este castillete, pues el pozo sobre el que está erigido no está protegido y la caída sería mortal de necesidad.

 

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Vista lateral del pozo P en la que se aprecia el anclaje en “x” que se utilizó para fijar el eje de las poleas.

 

La ausencia de castilletes, a diferencia de la multitud de tolvas y otros edificios que sí se conservan, es seguramente debido a que fueron por lo general estructuras de hierro o madera, por lo que o bien fueron desmanteladas o bien rapiñadas tras el cierre de las minas. Este castillete, en cambio, fue construido en mampostería, siguiendo más la tradición minera de la vecina sierra de Almagrera. Tras el cierre de las minas fue desprovista de todos sus elementos metálicos, incluida la escala metálica que disponía para acceder a la parte superior, pero los pilares de mampostería se ha mantenido en pie gracias a unas traviesas de madera que estabilizan la estructura. Como venimos diciendo siempre, debería actuarse antes de que esos maderos acaben por pudrirse definitivamente y este bonito y peculiar castillete pase definitivamente a la historia.

Las minas de Serena fueron explotadas por la Compañía de Águilas. Dentro del plan general de explotación, que fue diseñado por uno de sus primeros directores, de origen noruego, el ingeniero Fredrik Dietrichon, los pozos de extracción estaban identificados con letras mayúsculas. Así, además del pozo P, conocemos la situación de otros de los pozos principales, como son los pozos H, M, J y el F, o pozo de la Zaranda. El resto de pozos, o pocillos, bien podían ser de exploración o de ventilación, y estaban denominados simplemente con números. Las galerías, por contra, eran bautizadas con nombres de santos.

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El conocimiento de que se trataba del pozo P fue gracias a los testimonios de antiguos mineros de Hierros de Garrucha que, al parecer, lo habían escuchado a sus mayores. Más adelante hemos podido comprobar a ciencia cierta de que no estaban equivocados. Habiendo sido localizado en un plano de 1922 (ver plano superior) y habiendo comprobado que la posición se corresponde, efectivamente, con el castillete en cuestión, podemos afirmar con total seguridad de que se trata del pozo P y no de otroPor otra parte, no sabemos por qué se decidió instalar este pozo de extracción en esta ubicación, en medio del barranco de la Hoya, muy alejado de las principales vías de transporte. Aunque hoy parece que el barranco de la Hoya (es decir, la mina Mahoma) esté desprovisto prácticamente de restos mineros, en su tiempo debió haber varias vías de transporte que desconocemos donde se situaban.

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La mina Mahoma se explotó como una extensión de las labores a partir de la de Júpiter, aunque la única información que disponemos de esta fase de la explotación proviene del ingeniero director Wilhelm Friedrich Karl Baron von Fircks, que lo fue entre 1901 y 1903. Fircks nos describe cómo se explotó el yacimiento de hierro bajo este barranco, en lo que se conoció como la “fosa de Mahoma”.

Finalmente, y en cuanto al tipo de máquina de vapor que dio servicio a este castillete, hay que decir que no hay ni el más mínimo rastro de la existencia de una caseta de máquinas o de fundamentos de ningún tipo. Esto tampoco debe sorprender, pues era muy habitual en la época la utilización de locomóviles, sobre todo en terrenos tan abruptos como los de la sierra de Bédar. Las locomóviles eran máquinas de vapor instaladas sobre un soporte con ruedas que permitía poder desplazarlas hasta donde fuera necesario, se desinstalaban las ruedas y se ubicaban en algún tipo de soporte, normalmente de mampostería. Eran muy útiles para la minería, pues permitía instalar máquinas de vapor de manera fácil y económica. Cuando dejaban de ser útiles en esa ubicación concreta, solo tenían que volver a instalarle las ruedas y podían llevarla a otro lugar donde hiciera falta.

 

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A diferencia de otros pozos que disponían de una “caseta de máquinas” en la que se instalaba la máquina a vapor, junto al pozo P no hay ni el más mínimo rastro de una construcción de tal tipo. No era infrecuente que se instalaran máquinas de vapor portátiles, o “locomóviles”, como la que debió estar instalada en este castillete. Si se esperaba que la locomóvil estuviera instalada un cierto tiempo, a veces se construían pequeñas estructuras de protección para las locomóviles, como ocurrió con la locomóvil que accionaba el cable de Carabinera o la del lavadero de Reforma, pero dado el clima habitual de la zona muchas veces se de dejaba a la intemperie.

 

A pesar de la escasez documental que caracteriza a la minería en Bédar, disponemos de varios ejemplos documentados de locomóviles usadas por la Compañía de Águilas:

 

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En el plano superior, se aprecia el esquema de la locomóvil que se instaló para el cable de Carabinera. Se instaló sobre una base de mampostería y se dispuso en una caseta de protección.

 

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En esta otra fotografía observamos otra locomóvil, que es la que se usaba para accionar los lavaderos mecánicos de plomo de la mina Reforma. También estaba instalada en una base de mampostería y disponía de un techo de protección.

 

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En la excelente fotografía superior, realizada en Bédar en 1890 y procedente del archivo Dietrichson. En ella aparecen una serie de ingenieros de la Compañía de Águilas, seguramente en el Pinar de Bédar. Destacan el ingeniero difector noruego Fredrik Dietrichson, quien diseñó el sistema de explotación de las minas de Serena (en el centro apoyado y con sombrero de hongo claro), y el director general de la Compañía, Ferdinanz Pütz (el personaje central con el bastón). Llama mucho la atención a la derecha dos ruedas enormes, que son precisamente las de una locomóvil. Una vez instalada, las ruedas se guardaban para cuando se necesitaran de nuevo.

Y hasta aquí la pequeña reseña sobre la historia minera de Bédar de hoy, que puedes serle muy útil para cuando hagan la ruta minera y reparen este bonito castillete. Esperamos también que se asegure correctamente para evitar que acabe en ruinas, no en vano es el último castillete de Bédar, un símbolo de su patrimonio minero.

 

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Huércal-Overa: conferencia “Desentrañando Cerro Minado de Huércal-Overa. Un superviviente de la Minería Prehistórica en el Sudeste”

Juan Luis Fernández Díaz, miembro de la Asociación de Amigos de El Argar, nos invita de parte de la Concejalía de Cultura de Huércal Overa a una interesante conferencia que se llevará a cabo el martes 14 de noviembre a la 20:00 en el Salón de Plenos del Ayuntamiento (Av. Guillermo Reyna, 7, 04600 Huércal-Overa, Almería).

Se trata de la conferencia Desentrañando Cerro Minado de Huércal-Overa. Un superviviente de la Minería Prehistórica en el Sudeste, que correrá a cargo del Doctor en Arqueología Prehistórica Nicolau Escanilla Artigas.

 

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Como los lectores de este  blog ya sabrán, la Asociación Amigos de El Argar, presidida por el arquitecto Julián Pérez Flores, es una asociación de personas dedicadas al estudio y conservación del Patrimonio de la cultura de El Argar, que comprende los importantes yacimientos de El Argar (Antas), Fuente Álamo (Cuevas del Almanzora), Gatas (Turre), entre otros. Nuestro objetivo es de seguir con las excavaciones y conservación y catalogación de las piezas encontradas y su difusión tanto del Patrimonio arqueológico como del arquitectónico.

 

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Cantera oeste de Cerro Minado

 

El Ayuntamiento de Huércal-Overa, que ya ha mostrado su interés por incorporarse a la Confederación de Pueblos Argáricos promovida por nuestra asociación, nos ofrece esta interesante conferencia. Cerro Minado es especialmente importante ya que, aunque la metalurgia en el sureste peninsular jugó un papel muy destacado en el desarrollo de los grupos arqueológicos de Los Millares y El Argar, prácticamente se desconocía la existencia de algo tan importante en todo proceso metalúrgico como son las evidencias de explotaciones mineras prehistóricas. La identificación inequívoca de evidencias de esta minería en Cerro Minado viene a suplir esta carencia. Gracias a un programa de investigación muy especializado, se ha podido identificar un grupo de herramientas líticas mineras del periodo Calcolítico (previas al desarrollo de la cultura de El Argar) que durante largo tiempo habían sido ignoradas.

Gracias a esta conferencia, de mano de uno de los especialistas que mejor conoce este yacimiento, tendremos la oportunidad ponernos al día del estado de las investigaciones y de conocer todo lo referente a este interesantísimo conjunto de artefactos mineros del Calcolítico hallados en Cerro Minado. Además, servirá para conocer la importancia y excepcionalidad de Cerro Minado en el contexto de la minería  prehistórica en el sureste peninsular, comparable a la que tiene las minas de Gavà (Barcelona) y, por lo tanto, comprender el por qué de la necesidad de proteger todo el paraje para evitar su destrucción definitiva.

 

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Artículo: La sociedad de explotación de las minas de hierro de Bédar

Realizado en colaboración con Lise Hansen, en el artículo se realiza un recorrido por la historia de esta filial de la Compañía de Águilas, que dirigió la explotación de las minas de hierro en Serena y que instaló uno de los cables aéreos de transporte más largos de su época.

Desde los mismos orígenes de la minería en Bédar, se recoge también como la Compañía de Águilas realizó una fuerte inversión para la explotación de las minas de plomo de El Pinar de Bédar, con la construcción de unos impresionantes lavaderos mecánicos. Tras el fracaso de este proyecto, la Compañía se centró en las minas de hierro de Serena, instalando el célebre cable aéreo que desde Serena llevaba el mineral hasta Garrucha. En el artículo se cita y comenta la actuación de los diferentes directores de la sociedad, desde Anton Getz hasta Alfredo Dörn, pasando por Fredrik Dietrichson, Rafael Homedes Cabrera, José Pié y Allué y Wilhelm Friedrich.

En el artículo se publican fotografías y documentación inédita procedentes de fuentes noruegas, en especial procedente de las colecciones de Tuva Halbo y de la familia Dietrichson, heredera de uno de los directores noruegos que dirigieron la Compañía de Águilas y su filial a finales del siglo XIX, Fredrik Dietrichson.

Destacan fotografías inéditas como la del cargadero de cable aéreo de San Manuel en Serena, fotografías de El Pinar de Bédar o la casa de los Ingenieros de Tres Amigos. Fue publicado en la revista Axarquía número 16 de diciembre de 2016.

 

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Debido a su longitud, el artículo ha sido dividido en dos partes, se pueden descargar pulsando la imagen o el link inferior:

 

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Bédar: la Sociedad vizcaína de Bédar y la especulación minera

Pasadas las fiestas en honor de la Virgen de la Cabeza, consideramos que no es necesario publicar ninguna fotografía. El evento, uno de los más importantes del calendario de fiestas del pueblo, ha sido ampliamente cubierto (fotográficamente hablando), incluso con un vídeo reportaje, facilitado por Carmen del Castillo: He aquí el acceso al vídeo y a una muy completa galería fotográfica:

 

Bédar es una de las pocas poblaciones del levante almeriense donde todavía podemos observar las típicas construcciones…

Posted by Almería por ti. on Sunday, September 24, 2017

 

Hecho este pequeño paréntesis, vamos con un episodio olvidado de la historia de nuestro pueblo. No es extraño que se trate, de nuevo, de algo relacionado con las minas. Desde mediados del siglo XIX la historia de Bédar ha ido ligada, irremediablemente, a la historia de sus minas. De ser una pequeña aldea que subsistía a duras penas de la agricultura, pasó a ser un importante centro minero cuya población llegó a alcanzar 9000 almas. Hoy subsiste como zona residencial, albergando una importante comunidad de ingleses (básicamente), con un turismo no muy desarrollado pero con mucho potencial, y algo de agricultura y ganadería.

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Panorámica de la mina Alerta.

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Panorámica de la mina Unión de Tres Amigos

Se puede afirmar que el verdadero “boom” de crecimiento empieza en 1895 con la construcción del ferrocarril de carga minera a cargo de la empresa minera del marqués de Chávarri. La llegada de la nueva empresa vizcaína acabó con el monopolio del que, hasta el momento, disfrutaba la Compañía de Águilas. La construcción del ferrocarril hizo que de repente muchas zonas mineras inexplotables hasta entonces por no disponer de un medio de transporte, se convirtieran de repente en un negocio muy prometedor.

El movimiento especulativo que se siguió a la construcción del ferrocarril hizo que se dispararan las solicitudes de concesiones mineras en Bédar. Tanto mineros locales como inversores extranjeros no tardaron en lanzarse en el negocio. A pesar de la falta de fuentes y documentación. Poco a poco vamos indagando y recuperando información sobre ese periodo, alguna vez la trataremos con más profundidad, pero a grandes rasgos podemos identificar tres tipos de actividades.

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La primera sin duda son las grandes empresas explotadoras. Estas compañías disponían del capital suficiente como para adquirir concesiones mineras y permitirse los costosos sistemas de transporte y explotación a gran escala de las minas. Básicamente fueron la Compañía de Águilas y la Sociedad minera de Chávarri. También podríamos incluir la The Garrucha Iron Mining Company y la Haxton Mc Farlane y Compañía, aunque estas dos últimas subcontrataban los medios de transporte de las primeras.

El segundo tipo de empresas mineras eran mucho más modestas. Formada habitualmente por miembros de una misma familia o por pequeños capitales. Disponemos de pocos ejemplos de este tipo, como la Sociedad minera Santa Isabel, o las que explotaron las minas San Antonio Segundo y La Gracia. Normalmente arrendaban (o subarrendaban) minas, que trabajaban con pocos efectivos. Para que fueran rentables debían contar con la cercanía de uno de los sistemas de transporte de mineral, bien fuera el cable aéreo o, con preferencia, el ferrocarril, de mayor capacidad. Aún con todo, estas pequeñas sociedades mineras explotaban por sus medios las minas.

Un tipo especial de empresas eran los contratistas, formadas en su mayoría por obreros locales. Estas empresas eran contratadas por las grandes compañías para la realización de trabajos concretos (galerías, pozos…) o para la explotación de algunas de las minas. Según los datos que poseemos, las grandes compañías recelaban mucho de estos contratistas, pero recurrían a ellos muchas veces porque era menos costosa que la utilización de sus propios obreros a jornal.

El cuarto tipo de empresas eran las de corte puramente especulativo. Era quizás el negocio más beneficioso, pues consistía en registrar concesiones mineras en zonas prometedoras y esperar pacientemente a que contuvieran bastante mineral y fueran arrendadas por alguna de las compañías explotadoras. Por lo general solían tener concesiones mineras en otras muchas zonas mineras. Podríamos mencionar muchas de este tipo, empezando por las más conocidas como la Sociedad la Recuperada, la Sociedad minera La Mulata y El Negrito o las menos conocidas como la Sociedad Santa Margarita y la Sociedad Gómez Hermanos. Pocas de ellas consiguieron beneficios arrendando sus minas, solo las que primero supieron ver el negocio y demarcar las mejores concesiones. En algunos de los casos los propietarios de acciones de estas minas las consideraron durante mucho tiempo como una carga, pero cuando empezaron a explotarse y a dar rendimiento, no faltaron pleitos entre los diferentes herederos por su control. Raramente los dueños de estas sociedades pisaban las minas, solían disponer de alguien delegado en la zona que controlaba los negocios, si es que llegaba a haberlos.

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Acción minera de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito

Dentro de éstas destaca una por su implicación, la Sociedad Vizcaína de Bédar. Esta sociedad llegó casi al mismo tiempo que la Sociedad de Chávarri, y pronto se hizo con una interesante cartera de concesiones mineras, aunque finalmente el negocio no pareció ser muy rentable. El gerente de esta sociedad, el bilbaíno José Manuel Aguirre, no dudó el luchar por conseguir las concesiones mineras más prometedoras.

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Diversos ejemplos de crestones superficiales de mineral en la zona colindante a Alerta.

Una de las disputas más célebres fue la que envolvió a los terrenos colindantes a la rica concesión de Alerta. La Sociedad Vizcaína de Bédar poseía una concesión minera colindante a Alerta (de nombre Aguirre), que a su vez colindaba con la Pobreza, que explotaba la Compañía de Águilas. Según la ley minera, las compañías podían pedir como “demasía” los terrenos francos colindantes a las minas que ya poseían, a modo de ampliación de la misma. Cuando en 1894 la Compañía de Águilas pidió esos terrenos como demasía a Pobreza, José Manuel Aguirre pidió la anulación de la misma porque consideraba que pertenecían a su concesión Aguirre. Como los terrenos mostraban signos evidentes de poseer importantes cantidades de mineral de hierro, la Compañía de Águilas no dio fácilmente su brazo a torcer, llegando incluso a plantearse modificaciones de otras concesiones colindantes de su propiedad para poder incluir dichos terrenos. El pleito tuvo que resolverse finalmente en Madrid, cuya resolución fue finalmente favorable a los intereses de la Sociedad Vizcaína de Bédar en 1916, aunque de poco le sirvió ya, la minería en Bédar ya se encontraba en franco retroceso.

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Bédar: el mineral tipo Alerta

La mina Alerta es una de las minas míticas de Bédar. El mineral “tipo Alerta” era de los más demandados por los exportadores, a pesar que no se extraía en gran cantidad. Esto explica la determinación por parte de la Sociedad minera del marqués de Chávarri de explotar los yacimientos, a pesar de la inestabilidad del terreno. El ramal de Santa Catalina atravesaba los terrenos de esta concesión minera, cargándose el mineral de esta mina en una tolva ubicada en uno de los extremos del túnel del Servalico.

Es la riqueza de mineral en esta zona la que provocó diferentes enfrentamientos por la propiedad entre las distintas sociedades mineras que operaban a finales del siglo XIX y principios del XX. Es especial fue larga y complicada la guerra judicial por varias demasías mineras (ampliaciones adjudicadas a concesiones mineras ya existentes) entre la Sociedad Vizcaína, representada por José Manuel Aguirre en Bédar, y la Compañía de Águilas. Ambos pretendían la propiedad de varias demasías adyacentes a la mina Alerta para sus respectivas concesiones mineras de Pobreza (Compañía de Águilas) y Aguirre (Sociedad Vizcaína de Bédar). La batalla judicial fue larga y al parecer la Sociedad Vizcaína fue la vencedora bien avanzado el siglo XIX, aunque para entonces de poco le sirvió la victoria ante el declive de la minería en la zona.

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Maniobras de carga en el ferrocarril en el cargadero de la mina Alerta

Ya en 1952, y con el reinicio de la actividad minera por parte de la sociedad Hierros de Garrucha, la mina y su rico mineral no pasaron desapercibida para su director, don Felipe Guillén. Tal es así que algunos mineros citan la “obsesión” con la que se pretendía explotar esta mina, a pesar de la inestabilidad del terreno, que provocaba numerosos derrumbes en la galería principal.

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Restos de la caseta de compresores de Hierros de Garrucha en la mina Alerta. 

Eran tan continuos los derrumbes que decidió fortificarse la galería principal de acceso con troncos de pino procedentes del paraje de la Mortera, trabajos de refuerzo a cargo de la cuadrilla de Juan Soler Barón. Don Felipe Guillén insistía en la explotación de la mina, a buen seguro por la fama de sus minerales. A pesar de los continuos derrumbes, algunos muy aparatosos, no hubo que lamentar accidentes mortales.

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Pequeño acceso a la galería principal de la mina Alerta.

Tras el abandono de la mina, la galería se derrumbó y la entrada quedó completamente colapsada, haciendo imposible el reconocimiento de las labores internas de esta mina. Sin embargo, y gracias al descubrimiento de un pequeño acceso, hemos podido acceder a uno de los tramos de la galería principal que todavía no ha colapsado.

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En este segmento de la galería principal podemos ver el importante trabajo realizado para estabilizarla, con muros de mampostería y un entibado con troncos de pino y tablones en la parte superior, tal y como han explicado todos los testigos. La inestabilidad del terreno es evidente y los continuos desprendimientos no tardarán en colapsar toda la galería.

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Vieja roza minera en terrenos de la concesión Alerta.

En la zona abundan los crestones de mineral y otros signos de yacimientos de mineral de hierro de buena calidad. Esto explica sin duda en interés que generó esta zona entre las diferentes compañías mineras y la presencia de diferentes minas y registros, que deben ser enmarcadas en los trabajos mineros efectuados anteriormente por parte de la sociedad minera del vicecónsul inglés George Pecket primero y posteriormente por la Sociedad bilbaína del marqués de Chávarri, que fue la que finalmente inició los trabajos por medio de galerías subterráneas que posteriormente siguió explotando Hierros de Garrucha. Las labores antiguas de más envergadura se encuentran sobre el trazado del túnel del Servalico y a la izquierda del antiguo trazado de la vía Mulata en dirección a la Higuera, con diversos trabajos subterráneos y los restos de lo que parece ser un antiguo cargadero de mampostería.

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Aspecto de la mineralización de uno de los crestones localizados en terrenos de la mina Alerta, con hematites, magnetita y goethita.

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Parte del mineral, de excelente calidad, que aflora en superficie se presenta en esta especie de conglomerado, que fue intensamente explotado por medio de rozas y pequeñas labores subterráneas. Este mineral de hierro, formado en gran parte por magnetitas, se caracteriza por contener gran cantidad de calcopirita

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Muestra de mineral de la mina Alerta con numerosas inclusiones de calcopirita.

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Otra muestra de mineral procedente de la mina Alerta, magnetita con un bonito cristal de cuarzo.

Bédar: la mina del cerro del Silencio

 

Son días festivos de calor, diversión y jolgorio, quizás ya un poco saturados de “Dreambeaches” y otras festividades. Hay numerosas fotografías de los diferentes eventos que corren por internet, en posteriores post ya incluiremos fotografías, conforme nos vayan llegando, para los que no hayan tenido la suerte de asistir.

Por nuestra parte seguimos con temas mineros, en concreto el bastante olvidado ramal de la Mulata y las minas a las que daba servicio. Entre ella la mina “Silencio”, mina ubicada en el paraje de la Carrasquica, en el lugar llamado también como la vieja mina, el “Silencio” (habiendo escuchado en diversas ocasiones como se referían a ella como el cerro o la sierra del Silencio). En nombre primigenio era sin embargo el de Cueva Horadada.

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En la fotografía Superior, imagen de Google Earth de la mina “Silencio”. En la parte Superior se observan dos explotaciones a cielo abierto, una a la que se accede por medio de una trinchera y otra más grande con los restos de un plano inclinado. En la ladera sur se encuentran los socavones de entrada y las instalaciones de la mina, la tolva y la estación de carga del cable aéreo.

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En la fotografía Superior, entrada doble de la mina Silencio, a pocos metros de la entrada se situa un pozo.

Para la explotación de esta mina se constituyó la Sociedad Minera la Ilusión en 1891, en la que encontramos a destacados comerciantes y mineros ya conocidos de la minería en la zona como José García Suesa, Francisco Berruezo y Antonio Pérez.

La mina disponía de un interesante yacimiento de hierro que no pasó desapercibido para las sociedades explotadoras, siendo la sociedad minera de Chávarri la que finalmente la puso en explotación. Sin duda fue su posición aislada con respecto al resto de cotos mineros en Bédar lo que retrasó su explotación. Ubicada a unos 2 km al NO de Bédar, la vía de transporte más cercana el ramal minero de la línea Mulata, donde a principios del siglo XX ya un ferrocarril efectuaba el acarreo del mineral procedente de esta importante mina en explotación por la empresa de Chávarri.

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En las tres fotografías superiores observamos la tolva cónica de la mina Silencio, con un diámetro superior de unos 12 metros. La imagen inferior nos muestra el túnel de acceso a la compuerta de carga de la tolva.

La enervante falta de documentación y de fotografías es de nuevo el principal problema para conocer un poco más esta desconocida mina de Bédar y de su cable de transporte. Sin embargo, no fue una mina más sin importancia, la compañía minera tuvo que realizar una importante inversión para poder explotarla. Hoy en día poco queda de todo lo que se construyó, y visitando la zona es difícil imaginar el esfuerzo realizado para instalar un cable minero de estas características.

La documentación procedente de los archivos de la familia Berruezo, así como la escasa documentación procedente de la empresa de Chávarri y la Unión Bedareña arrojan algo de luz sobre esta mina.

El modo escogido de transporte elegido hacia la arteria principal que suponía la vía de la mina Mulata fue la de un monocable de 1,6 Km hasta un punto en el paraje de La Palmera, donde se construyó el cargadero en el ferrocarril en 1905. Se realizaron las obras de mampostería de excelente calidad, tolvas y cargaderos, que la sociedad de Chávarri acostumbraba a construir. Siguiendo la extraña costumbre en el ramal de la Mulata de construir tolvas-embudo, para el depósito de mineral en la mina se construyó una tolva de este estilo, aunque de sección más o menos rectangular y mucho más pequeña que las otras tolvas de la zona. Desde la única compuerta de esta tolva, ubicada como en el resto en un túnel de acceso, el mineral se conducía hasta el cargadero del cable, que disponía de una superestructura de mampostería en forma de herradura de la calidad acostumbrada y dispuesta de una rampa, en todo comparable con la construida en la mina de Cuatro Amigos.

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En la fotografía superior, los restos del cargadero de cable, mostrando la rampa de la estructura en herradura que debió acoger las estructuras de carga del cable aéreo y el freno del mismo.

Aunque desconocemos si se explotó durante el periodo de la Unión Bedareña (los testimonios parecen indicar que sí), sabemos que tan solo entre 1905 y 1907 se declararon casi 48.000 toneladas de mineral procedentes de esta mina.

El cable de transporte tampoco fue algo improvisado. Se trataba de un monocable, seguramente del fabricante Roe, de 1.600 metros de longitud en un solo tramo y provista de 40 vagones. No disponía de motor ya que la pendiente era favorable, solo estaba provista de un freno (presumiblemente instalado en la mina) que permitía que las vagonetas cargadas impulsaran a las vacías que subían hacia la mina. El cable disponía también de una línea telefónica que permitía mantener conectado ambas estaciones del cable. En la mina se instaló una fragua en una chabola y para el transporte de mineral disponían de dos vagonetas de 1 tonelada y otra más pequeña de 400 kilos.

No disponemos de planos que nos indiquen el tipo de explotación que se llevó a cabo en esta mina, pero por los restos existentes parece claro que se trabajó a roza abierta en la cima del cerro mientras que a una cota inferior se abrieron varias galerías, que parten desde la parte S del cerro y que se dirigen en dirección NE. En una de estas galerías, aparentemente la principal, se excavó un pozo de 40 metros de profundidad a pocos metros de la entrada.

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En las fotografías superiores vemos lo que queda de la estación de descarga del cable de la mina Silencio. Un muro de unos 20 metros de largo y 2,5 de alto y una plataforma elevada es lo único que queda. La parte superior inclinada del muro, de excelente mampostería, delata su función de sistema de carga en los vagones del tren. La plataforma, ampliada en su parte posterior y ocupada actualmente por un local, debió estar ocupado por un pequeño edificio que haría las funciones de taller almacén y oficina de control del cable, que disponía de una línea de teléfono para comunicarse con la mina.

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El plano superior nos muestra una reconstrucción de este cargadero. Estas estaciones de descarga eran bastante similares en cuanto a su funcionamiento fuera cual fuera el tipo de cable. Una estructura sobreelevada de raíles permitía que las vagonetas cargadas pasaran del cable a unos raíles rígidos, por diferentes sistemas según el fabricante. Un operario empujaba la vagoneta, lo basculaba para descargar el mineral sobre una tolva de descarga o en un espacio que hacía las veces de depósito, y luego acompañaba la vagoneta vacía, dando la vuelta hasta volver a conectar la vagoneta vacía con el cable en dirección contraria. El cable pivotaba habitualmente sobre una gran rueda, donde se encontraban también los anclajes y contrapesos que tensaban los cables (el tipo de anclajes y sistema de contrapesos dependía del constructor). En el descargadero de la mina Silencio parece que el mineral se descargaba junto al muro, junto a la cual se estacionaban los vagones del ferrocarril. Varios operarios se encargarían de la carga en los vagones.

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El descargadero se encontraba junto a la vía de la mina Mulata. Una vía de desvío debía permitir estacionar la vagonetas del ferrocarril junto al muro, maniobradas por la locomotora 020T Saint Léonard “Mulata” que prestaba servicio en este ramal. En la fotografía superior vemos el final del muro del cargadero a la izquierda y el trazado de la antigua mina Mulata a la derecha. En el medio se encuentra un carril reciente que lleva hacia el cortijo rura de Los Castros, que se encuentra a poca distancia.

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Fotografía superior: antiguo trazado de la vía de la mina Mulata, a poca distancia del cargadero de la mina Silencio.

mulataEn la foto superior el cerro de la Señora, ubicación de la mina Mulata, justo al lado de Bédar. Esta rica mina fue la que motivó la construcción del ramal que llevaba su nombre. Todavía se observan las cicatrices que dejó la minería, sus dos enormes canteras y una extensa red de galerías y explotaciones en huecos y pilares bajo su superfície.

CARGADERO SILENCIO

La falta de fotografías de época de estas instalaciones (del ferrocarril de los Chávarri en la actualidad) hace difícil imaginar la escala de las obras realizadas donde hoy ya no queda nada. Es por eso que nos ayudamos de estas reconstrucciones para hacernos una idea. En imagen superior, aspecto que debió tener el descargadero de la mina Silencio junto a la vía prinicipal de la vía Mulata. La vía de desvío hacia el cargadero permitiría que la locomotora Saint Léonard, de 9 toneladas, pudiera maniobrar con otras vagonetas cargadas procedentes de las minas Mulata, Segunda Mulata y Mozambique, mientras que los operarios descargaban el mineral de las vagonetas del cable aéreo y lo cargaban en las vagonetas del ferrocarril. Esta vía de la Mulata era de 1,6 kilómetros de longitud y conducía hasta la estación de Tres Amigos, se disponía de 21 vagones de mineral con una capacidad de 3 toneladas y media.