Final de stage de rehabilitación de la mina Higuera, Serena (Bédar)

El viernes finalizó el stage en la mina Higuera, en Serena.  El stage es fruto de la colaboración de la asociación Bédar Sostenible con la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad francesa de Nancy en el cuadro de una colaboración que ya dura cuatro años y que ha permitido ya la organización de cuatro stages de formación para los alumnos de esta universidad. , Quentin Brunsmann y Thomas Pesenti, dos estudiantes, espeleólogos y especializados en el diseño, preparación y segurización de rutas, han estado durante un mes estudiando las posibilidades de preparación de la antigua mina de hierro “la Higuera” de Serena, Bédar, explotada a finales del siglo XIX y principios del XX, para poder recibir visitas.

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En la fotografía superior, entrada a la mina Higuera, en Serena. Todavía se encuentra el pie el antiguo cocherón donde se guardaba la locomotora 020T “Santa Catalina” fabricada por la sociedad Saint Léonard. El cargadero del ferrocarril, que disponía de 9 compuertas de carga, se encontraba después de atravesar 60 metros de túnel. También se cargaba el ferrocarril por una rampa dispuesta justo a la salida del túnel con mineral procedente de los niveles superiores de la mina.

Los dos estudiantes han seguido el estudio que iniciaron otros dos alumnos, Hélène Velcin y Clément Vorgy, que cartografiaron la mina en 3D y realizaron las primeras propuestas para su rehabilitación. En esta ocasión los trabajos han ido más allá del simple estudio y elaboración de un proyecto, pues ambos estudiantes han comenzado de hecho a limpiar accesos y caminos, instalar líneas de vida, señalizar y bloquear el acceso a las zonas que se consideran no aptas para la visita.

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De izquierda a derecha, Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, José Ramón Muñoz e Ine Thijs.

Ha habido también grandes novedades en cuanto a la colaboración por parte de los vecinos de Bédar. Desde hace 4 años que colaboramos con la Asociación Amigos de El Argar y con el Ayuntamiento de Bédar, especialmente con el concejal José Ramón Muñoz; pero en este stage varios propietarios de alojamientos y restaurantes en Bédar se han interesado por el proyecto, participando activamente en las discusiones sobre las acciones a llevar a cabo e incluso con una ayuda económica dentro de sus posibilidades.

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En las fotografías superiores dos aspectos de los trabajos de rehabilitación. La instalación de líneas de vida para las “trancadas” o accesos entre diferentes niveles y la delimitación y limpieza de senderos en la parte superior de la mina que cerrarían los diferentes circuitos de visita.

También hemos tenido la inestimable ayuda del CD Aventura Sierra Almagrera, en especial de Francisco Mulero y Elios García, que han ayudado facilitando el material y herramientas necesarios para los trabajos. Tengo que destacar la gran labor de descubrimiento y protección del patrimonio natural, histórico y minero que este club deportivo está realizando en Cuevas de Almanzora, sin ningún tipo de ayudas oficiales ni apoyo de su ayuntamiento, no perdiendo sin embargo la oportunidad de ayudar en otros proyectos en la zona.

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No menos importante es delimitar tanto las zonas peligrosas por ser inestables como las zonas con riesgos de caída como pozos, pozos de luces o buzones. De momento estas zonas están indicadas, pero habrá que protegerlas con barandillas u otros elementos de seguridad.

La mina Higuera presenta una serie de características que la hacen ideal para un proyecto de este tipo. Presenta una extensa red de galerías excavadas en rocas muy estables, presentando varios niveles y una gran variedad geológica que ofrece la posibilidad de realizar visitas muy instructivas. Además, al disponer de varias salidas permite el diseño de diferentes rutas, unas sencillas para personas con movilidad reducida y otras más complicadas para los amantes de las emociones fuertes.

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Las explicaciones de las diferentes zonas geológicas será otro de los atractivos de esta mina. Las galerías atraviesan diferentes capas geológicas, lo que permite también un circuito formativo-informativo en geología.

El Ayuntamiento de Bédar también se ha implicado en el proyecto, así el concejal José Ramón Muñoz se ha reunido con los estudiantes para hablar sobre las posibilidades de preparar la mina para las visitas, que no incluye solo visitas guiadas, además se barajan muchas posibilidades como recreaciones históricas y exposición de materiales originales. Incluso se plantear otras actividades para los adictos a la adrenalina, como disfrutar de aventuras fantásticas en las oscuras galerías, en las que los aventureros tengan que escapar evitando toparse con personajes disfrazados como en las obras de Tolkien o de fantasmas o zombis, por poner algunos ejemplos. Por las noticias que nos han llegado, han avanzado mucho las conversaciones entre el propietario de los terrenos donde se encuentra la mina, un enamorado de Bédar y su historia, está dispuesto a cederlos a cambio que el Ayuntamiento se comprometa a seguir con el proyecto.

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Ya han empezado a instalarse algunas barandillas en puntos con riesgo en zonas vitales para los circuitos.

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Publicación en el Ideal del día de hoy (02/07/2017) que hace referencia a los trabajos de rehabilitación en esta mina.

En todo caso, lo que Bédar está demostrando es que no siempre se necesitan grandes subvenciones para llevar a cabo proyectos de este tipo, con interés, paciencia y esfuerzo se pueden encontrar otras soluciones, como la colaboración con la universidad de Nancy que hemos mencionado. Creemos un gran error esperar sentado a que las soluciones vengan de la Junta o de la Diputación. No es aceptable que en una región con un patrimonio histórico-minero tan importante como el nuestro, especialmente en la sierra de Bédar y Almagrera, no haya ni una sola mina  visitable. Esperamos que eso cambie muy pronto.

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Aspecto que debía tener la mina Higuera a finales del siglo XIX. En el dibujo, la locomotora Santa Catalina sale del túnel de la Higuera en dirección a Tres Amigos, atravesando un pequeño puente que salvaba el barranco de Serena y pasando junto al cocherón.

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Continuación de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Bédar)

Entramos ya en la última semana del stage de preparación de la mina Higuera en Bédar. Se ultiman los trabajos de instalación en la trancada principal de acceso al segundo nivel, colocando una línea de vida y protegiendo el peligroso recodo al final de dicha escalera que hacía especialmente peligroso cualquier caída en la misma.

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Estos trabajos no pueden ser realizados por cualquiera. Se trata de unos elementos de seguridad vitales y para su instalación se tienen que tener conocimientos específicos para poder estudiar el tipo de roca y poder elegir así los anclajes adecuados que aseguren que sean suficientemente resistentes para el importante cometido que se les da.

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En las fotografías superiores, la galería de acceso al segundo nivel de estas minas, aún tienen que ser reparadas las escaleras para hacer más seguro el ascenso.

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Instalación de pasamanos de metal para evitar puntos peligrosos como el mostrado en las fotos superiores. Ciertamente no sirve simplemente con una cinta de precaución, hacen falta medios más expeditivos.

También han explorado el pozo de 64 metros de profundidad que se encuentra en su interior, un pozo realizado con mucho cuidado y revestido de mortero, encontrándose obturado en su fondo… el misterio sobre la utilidad de este pozo sigue ahí.

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En las fotografías superiores, la parte inferior del pozo interior de la mina Higuera. Se trata de tierra que ha caído (deliberadamente o no) y obtura el pozo. Mientras no se excave un poco seguiremos sin saber la utilidad de este pozo, que no parece cruzar capas de mineral de importancia. En todo caso, sigue siendo un punto muy peligroso que hay que proteger.

 

Los hornos del barranco de los Burgos (Los Gallardos)

Hoy vamos a hablar de unos de los restos mineros arqueológicos más desconocidos de la sierra de Bédar.

Tras escuchar historias sobre la existencia de unos hornos en el barranco de los Burgos, a la altura del término municipal de Los Gallardos, nos acercamos a ver de qué se trataba. Esperábamos encontrar los típicos hornos de cuba para la fabricación de cal, algo habitual por estos parajes, pero lo que encontramos fue algo muy diferente.

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Zona donde se encuentran los restos, en el barranco de Los Burgos, cerca del cerro del Tabaquico, en el límite entre los términos municipales de Bédar y Los Gallardos, y no muy lejos del de Antas. La cercanía del antiguo camino de Bédar a Vera hubiera facilitado el transporte de los productos de dicho horno.

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No muy lejos de dichos restos, nos sorprendió esta zanja en uno de los cerros cercanos al barranco. La ausencia de otros restos cercanos a esta zanja dificulta mucho la interpretación.

Los hornos se ubican en una de las laderas del barranco, tratándose de una estructura enterrada en la que no se observan estructuras de mampostería evidentes, aunque no son descartables dada la presencia de numerosos cascotes por toda la zona, aunque sin restos de mortero de ninguna clase.

De forma general, los restos se pueden representar como sigue:

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Sobre el terreno se aprecia una estructura rectangular de unos 8 metros x 3 metros. Bien delimitada en su parte superior, en la inferior la ladera desciende hasta el cauce del barranco. En el interior de este rectánculo se observan tres accesos u oquedades excavadas en el terreno, una de los cuales presenta todavía claramente los restos de haber estado revestida con ladrillos refractarios. El mal estado de los restos, con abundantes escombros y vegetación, hace imposible visualizar el interior de estas oquedades. A la izquierda aún se pueden observar al menos dos depresiones en el terreno, podría tratarse de más registros, pero estarían totalmente colapsados. Otra perforación, esta vez más circular y sin un rebaje del terreno que permita el acceso, se encuentra en el límite de la zona rectangular descrita.

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En la fotografía superior, aspecto del terreno donde se encuentra este horno.

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Delimitación por su parte superior del rectángulo donde se encuentra el horno mediante una línea de piedras y tierra.

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Registro principal, obsérvese a la derecha restos del revestimiento con ladrillos refractarios. Este registro es el más ancho de los tres.

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Como observamos en la fotografía superior, se pueden observar numerosos ladrillos refractarios procedentes de este revestimiento. No se trata de ladrillos refractarios industriales importados, como ocurre muchas veces (tipo RAMSAY o similar). Se trata de pequeños ladrillos rectangulares cuadrados, seguramente de producción local.

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En la fotografía superior tenemos otro de estos ladrillos refractarios junto a un cartucho de cazador, para hacerse una idea del tamaño. Como se observa, el ladrillo ha estado expuesto al fuego.

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Junto a los ladrillos refractarios, se encuentran diferentes fragmentos de cerámica, concretamente de lo que parece una gran orza de almacenamiento de líquidos, claramente asociados a la actividad en el horno.

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En la fotografía, uno de los registros laterales sin revestimiento. Obsérvese el rebaje del terreno que permitía un acceso fácil a la oquedad y la coloración de la misma.

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Dada la descripción de los restos, nuestra primera opción es considerar que se trata de un horno de reverbero excavado en el terreno. Los hornos de reverberos disponían de un hogar donde se quemaba el combustible (en este caso sería leña y atochas de esparto) y una cámara donde se ubicaban los minerales a fundir. Unos registros permitían acceder a esta cámara para remover los minerales y permitir que el calor se distribuyera más uniformemente y también para permitir la salida del mineral fundido (o sangrado).

De esta manera, el calor generado en el hogar, se trasmitía a la cámara por radiación y así se alcanzaba la temperatura necesaria para fundir los minerales. Finalmente, el horno disponía de una chimenea o salida de humos, que además generaba la corriente que seguía el aire caliente.

Una explicación a los restos descritos podrían ser la de un horno reverbero, con un hogar recubierto de ladrillos refractarios artesanales, dos registros para poder introducir y manipular el mineral y para realizar el sangrado. Finalmente, la pequeña abertura circular se correspondería con la “chimenea” o salida de gases. Se trataría de un pequeño “boliche”, que es como se conocían los hornos artesanales que se construían para la fundición de plomo.

Pero ¿que fundían exactamente en este horno? La total ausencia de documentación sobre minas en esta zona hace muy difícil saber qué mineral se explotaba y fundía. La rafa minera antes descrita podría tener relación, pero se encuentra bastante lejos bajando por el barranco. Tampoco hay restos evidentes de escorias, aunque pudieron haberse acumulado en el mismo barranco y luego fueran arrastrados por el agua, de ahí su ausencia.

Lo que sí destaca justo al otro lado del barranco es una pequeña cueva, seguramente una explotación, muy poco profunda. Se podría tratar de la explotación de una bolsada de mineral.

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Obsérvese en las fotografías superiores el corte en el lado opuesto del barranco, en la que se observa un mineral más oscuro en vetas, que podría haber sido el mineral extraído.

Un horno de reverbero como éste podría haberse utilizado tanto para fundir plomo como cobre, y las minas de plomo y cobre de El Pinar no están tampoco muy lejos. La mina más cercana, la de San Antonio Segundo, es de hierro, pero allí se han encontrado malaquitas, lo mismo que ocurre en algunos puntos de este mismo barranco de Los Burgos.  No nos consta la descripción de galena en este barranco, aunque no ha sido muy estudiado, que sepamos.

Como realizamos esta investigación de campo en abril, no dejamos de observar, un poco asombrados, barranco abajo, una vieja conocida, la Rumex bucephalophorus.

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En la fotografía superior, ejemplares de Rumex bucephalophorus en el barranco de Los Burgos, con su característica floración de color rojo.

La Rumex bucephalophorus es una acedera que florece en abril, durante unas dos semanas, con un característico color rojo durante la floración. La característica que más nos interesa de esta planta es su capacidad de hiperacumular metales pesados, lo que la permite crecer en terrenos mineros contaminados con estos metales, asociándose a la existencia de iones metálicos típicos de los sulfuros complejos (plomo, zinc o cobre). Florece en primavera y desaparece enseguida, sin dejar rastro, hasta la primavera siguiente.

De esta plantita recogimos dos muestras en El Pinar, que fueron llevadas a analizar por Gonzalo Leal. Se calcinaron y analizaron las cenizas, con los resultados (en ppm o gramos por Tm) de 2.630 y 2.820 para el plomo, 191 y 280 para el Cu y 3.677 y 9.912 para el Zn. Nos llamó también la atención de valores altos de fósforo.

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La capacidad de acumular estos iones y los mecanismos que han desarrollado para defenderse de sus efectos nocivos es una forma adaptativa de esta planta, lo que la permite crecer en lugares donde otras plantas no pueden, aparte de ser realmente venenosas para potenciales hervíboros. Obsérvese en las fotografías superiores como esta planta crece casi exclusivamente en una zona muy delimitada, donde no parece que crezcan otras plantas. Esta imagen es muy típica y nos indica claramente la presencia de una antigua escombrera de mina, como hemos visto muchas veces en El Pinar. La escombrera podría haber sido tanto de cobre como de plomo.

Observamos Rumex en varios puntos del barranco por debajo del mencionado horno, hasta llegar a esta gran concentración de esta planta, más o menos a la altura de la rafa o trinchera que comentamos en el primer lugar, que no está muy lejos, y junto a los restos de un pozo de agua o noria:

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En las fotografías superiores vemos los restos de un pozo de agua con noria y una pequeña balsa de almacenamiento. La utilización en su construcción de las características canalizaciones de cerámica que se instalaron en la cercana vía del ferrocarril de Chávarri de Bédar a Garrucha, nos indica que el pozo se excavó en el primer tercio del siglo XX. Una bocamina colapasada junto al pozo y cercana a la concentración de Rumex pudiera tener que ver con esta escombrera delatada por la plantita hiperacumuladora de metales pesados, aunque la presencia de plantas en diferentes puntos del barranco nos hace plantearnos también la hipótesis de que se trate de las escombreras del horno que hayan sido arrastradas por las lluvias hasta ese recodo del barranco.

Muchas hipótesis y pocas respuestas, pero nos quedamos con los datos principales: un horno de reverbero de pequeño tamaño junto a una pequeña explotación y cerca del antiguo camino de Bédar a Vera; además de restos escombreras (de plomo o cobre) a lo largo del barranco, delatadas por la presencia de Rumex bucephalophorus de forma aislada.

Seguiremos investigando.

Estado actual del patrimonio arqueológico minero en Bédar.

Es inevitable que los restos mineros de Bédar estén sometidos a un proceso continuo de deterioro. Al deterioro propio al abandono, se han sumado en muchos puntos la destrucción deliberada, sobre todo en la época de los “locos años” de la construcción, en la que se vio afectado especialmente el patrimonio minero de El Pinar, uno de los más antiguos y característicos de Bédar. A esta destrucción de la mano del hombre, se ha de añadir la provocada por los desastres naturales, sin ir más lejos el terrorífico incendio del año 2012, que afectó de lleno los restos mineros de las minas Pobreza y Alerta, provocando daños irreparables.

Es por eso que lo asombroso sea que muchos de ellos, con más de un siglo de antigüedad sigan ahí, a pesar de que nunca se haya realizado ningún tipo de trabajo de mantenimiento o restauración sobre ninguno de ellos.

De vez en cuando supervisamos las estructuras más importantes, y comprobamos como el deterioro es imparable. No nos hacemos ilusiones con que se puedan realizar trabajos de restauración de algunos elementos. En una provincia donde los políticos incumplen repetidamente con su deber de proteger el patrimonio de su tierra no esperamos que se fijen en el patrimonio minero-industrial de Bédar (véanse las vergonzosas actuaciones de la Junta con respecto a los yacimientos arqueológicos en El Argar y las intolerables declaraciones de diputados con raíces almerienses como José Luis Sánchez Teruel). Al menos, creemos, se deberían llevar algunas acciones de urgencia para asegurar y evitar el previsible deterioro y pérdida de algunos elementos claves de nuestro patrimonio que amenazan derrumbe, como apuntalar la única chimenea que queda en pie en Bédar, perteneciente a una fundición de plomo de mediados del siglo XIX; pero ni eso se plantea.

Esto no impide que vigilemos y alertemos de todos aquellos elementos que corren más riesgo.

El último deterioro documentado afecta a los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza, en la mina de demasía a Sagunto. La caseta, construida a finales del siglo XIX y rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha, ha sufrido el derrumbe de algunos de sus muros, como se puede ver en las fotografías:

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En las fotografías superiores, vemos los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza en 2011.

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En nuestra última visita en 2017, hemos observado con pesar cómo se ha caído casi toda la fachada.

Una de las pérdidas más sentidas fue a causa del pavoroso incendio de 2012, que acabó con la icónica entibación de madera del socavón San Toribio de la mina Alerta. Las fotografías dejan clara la pérdida:

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En las fotografaís superiores, aspecto de la entibación conservada en el socavón San Toribio en 2011.

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En la fotografía superior, realizada por José Manuel Sanchís en 2014, se observa como la entibación a ardido completamente, colapsando la galería. Una pérdida irreparable, ya solo nos quedan las fotografías para recordarlo.

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Otra pérdida, menos conocida, es la del hundimiento del socavón de San Darío de la mina Pobreza, que contemplamos en las dos fotografías superiores. Esta galería permitía un acceso sencillo a las labores interiores de esta tan importante como desconocida mina de Bédar. De hecho, había algunos proyectos para investigar los yacimientos de esta mina. El que esto escribe pudo explorar esta galería durante un buen trecho hasta que la prudencia le aconsejó dar media vuelta para volver con ayuda más especializada, dada la enormidad y complejidad de la red de galerías. Sin embargo, en 2012 comprobamos que había colapsado, aunque no sepamos si el incendio tuvo algo que ver.

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Sin duda, una de las peores pérdidas es la completa destrucción de los restos del importante Lavadero mecánico de El Pinar de Bédar, de finales del siglo XIX (pieza clave del patrimonio minero de Bédar), a manos del urbanismo descontrolado. Las dos fotografías superiores se realizaron en 2004, poco antes de que fueran derribadas. Son de las pocas fotografías que nos han quedado.

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Además de estas estructuras afectadas, nos preocupa (y mucho) el deterioro imparable de unas de las joyas del patrimonio minero de Bédar, la tolva embudo de Tres Amigos. A pesar de su impresionante tamaño y esmerada construcción (el cono, de más de 25 metros de diámetro en su parte superior) apenas se aprecia en la fotografía superior. A pesar de todo, sigue impresionando cuando se ve en directo, pero si no se limpia y se evita la proliferación de maleza de todo tipo (incluso pequeños árboles), el trabajo de mampostería acabará por destruirse, quizás irreparablemente.

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Otra de nuestras principales preocupaciones es, y sigue siendo, la chimenea de la fundición Carmen (en la fotografía superior). Este es uno de los restos más antiguos de la minería de Bédar, de mediados del siglo XIX. Se trata de una fundición de plomo que incluye un lavadero mecánico y una explotación (un pozo  minero). A pesar de su antigüedad, está bastante bien conservado y se pueden apreciar numerosas características que diferencian esta fundición de las que se construyeron en la época cerca la costa, convirtiéndola en una estructura única que nos puede ayudar mucho a comprender el importante episodio minero del plomo del siglo XIX.

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Como pueden ver en la fotografía superior, la chimenea presenta una gran grieta en el lateral que amenaza seriamente la estructura. Lo ideal sería un cerclaje con bandas metálicas, como se hace en numerosas chimeneas antiguas para evitar que se abran y se derrumben. Si eso no fuera posible (aunque no entendemos por qué no puede serlo), al menos realizar algún tipo de obra de apuntalamiento que evite el derrumbe hasta que se pueda hacer algo mejor. Es la última chimenea de Bédar, es un símbolo de la minería de esta zona y cuando caiga (lo que ocurrirá tarde o temprano si no se hace nada) perderemos algo más que una vieja chimenea.

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Si la chimenea de la fundición Carmen de El Pinar es la última chimenea y un símbolo de la vieja minería bedarense del plomo, el castillete del pozo P (Mina Mahoma) es el último castillete de extracción que queda en pie en Bédar. Es, por méritos propios, un símbolo de la otra gran minería de Bédar, la del hierro. Y empieza a preocuparnos. Estructuralmente muy parecida a algunos castilletes de Sierra Almagrera, parece que si no se ha colapsado todavía es porque las traviesas de madera que sujetaban las poleas mantienen unido ambos muros del castillete. Eso hasta ahora, pero habría que empezar a analizar su estabilidad y, en caso necesario, proponer medidas que eviten su más que previsible colapso cuando las maderas que la unen acaben cediendo al tiempo y la podredumbre.

¡Agua!

El sistema de riego tradicional de Bédar es una de las peculiaridades más interesantes del municipio. En pocos sitios se conserva el sistema de riego tradicional como en Bédar, cuyo sistema es heredado del que ya utilizaban los moriscos, y aún se conservan historias sobre las acequias y balsas, historias que se remontan a la época musulmana.
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Fuente Cahara, agua procedente de “la Pecera” y la entrada de la cimbra.
El mismo escribano del rey, Rodrigo Alonso, al realizar el apeo de los bienes que los moriscos tenían en Bédar, no puede ocultar su admiración por este sistema por tandas, que permitía aprovechar al máximo la poca agua de la que se disponía y regar, de forma proporcional y equitativa, todos los pagos de regadío. A los que conocen el sistema de riego actual, le sorprenderá leer lo que Rodrigo Alonso indicó al respecto en el siglo XVI, y se asombrarán de comprobar que prácticamente no ha variado:

Fuentes y el encaminamiento de aguas:

Preguntado que agua tiene y le pertenece al dicho lugar de Bédar y de que río se saca y por qué acequia se trae y como se regaba con ella y que agua tenían en propiedad los moriscos del dicho lugar, dijeron que en el dicho lugar y su término no hay ríos y que solo hay cuatro fuentes con que se riega la tierra arbolada que son las siguientes:

Una que llaman la fuente Vedarin, que está desde el pueblo hacia la parte de Lubrín, que podrá echar media hazada de agua. Que con ella se riegan las heredades del pago de Vedarín y la dicha agua se recoge en una balsa que está junto a la fuente y los vecinos que tenían heredades en el dicho lugar regaban por sus tandas y orden tomando el agua la primera heredad, conforme al repartimiento que de ella tenían hecho, y todos gozaban igualmente de ella respecto de la tierra que cada uno tenía.

Otra fuente que se llama Alain, que nace encima del pueblo en una rambla que echa media hazada de agua con la cual se riega el pago de Jumintal, que tiene una balsa junto a la fuente, y de ella sale una acequia con que se regaban todas las heredades del dicho pago por sus tandas, y con la misma orden que el pago antes de este, prefiriendo siempre el riego las heredades más cercanas al agua. Y acabado de regar el dicho pago se tomaba la dicha agua por otra acequia de la misma balsa y se llevaba al pago de Vedarin y se regaban las heredades que alcanzaba. Y las que no se podían regar con ella se acababan de regar con el agua de la fuente de Vedarin, y que las dichas tandas se tomaban de doce en doce e de quince en quince días conforme a como tenían necesidad la tierra de riego, y por ser poco el hilo de estas dos fuentes se metía siempre en las balsas y no se regaba con él.

Hay otra fuente encima del pueblo en una rambla que nace de la sierra que está frontero del Castillo que se llama la fuente de Cahara, que echará una hazada de agua con la cual se riega el pago de Cahara y otro pago que está junto al pueblo que se dice el pago de Aofar. Los cuales dichos pagos se riegan por sus tandas en esta manera que está una balsa en bajo de la dicha fuente donde siempre entra el hilo de agua en ella con la cual se riegan las heredades de los dichos pagos. Y primero se riegan las heredades del pago de Cahara y acabadas se riegan la del pago de Aofar, y la más tierra que de allí abajo alcanza tomándola por sus tandas y orden como se ha declarado, y el que ha de regar tiene cuenta el día antes a la puesta del sol de tapar la balsa.

Tiene otra fuente junto de la Almazara del pueblo que se llama el Begira, que en nuestro lenguaje quiere decir la fuente temprana, que tiene poca agua con la cual se regaban las heredades que alcanzaba del pago de Baguira. Recogiéndose en una balsa que está junto a la fuente y la orden que tenían de regar con la dicha agua era la que tenían con las demás fuentes del dicho lugar y todos los dichos pagos tienen su acequia principal, y de ellas salen sus ramales por donde se riegan las heredades conforme al orden de tandas que tenían.

Sin duda sorprende que este sistema haya sobrevivido durante cuatro siglos con tan pocos cambios, y sorprende más aunque todavía se siga regando así. Sin embargo cada vez son menos los que riegan y, como ya sabrán muchos, los acuíferos están siendo sobreexplotados. En un paraje donde apenas ha habido agua para llegar 4 balsas, es raro encontrarse un chalet campestre que no disponga de piscina. Sería necesario empezar a pensar en cómo proteger y conservar este sistema tradicional de riego, uno de las más importantes bienes históricos que posee el municipio, antes de que acabe siendo un simple recuerdo.

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Antigua Balsalta, la “de los moros”.

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Graffitis musulmanes en la Basalta de los moros. Según los especialistas, datan del siglo XI. En el perro que aparece en el centro, de representa una escena de caza, se ha basado el logo de la asociación Bédar Sostenible.

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Acequia en dirección a la Basalta.

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Basalta, la balsa de recogida del agua de la fuente Cahara.

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Salida de la Basalta, división en las dos acequias madre.

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Acequia madre en dirección a la Fuente Temprana. junto a la acequia discurre un pequeño camino utilizado por los regantes. Este camino es estrecho y muy frecuentemente junto a barrancos bastante profundos. No siempre está en buen estado, por lo que hay que recorrerlos con cuidado, en especial esta acequia madre, que es la que sigue la actual “ruta del Agua” de Bédar, que utiliza este trayecto existente entre la Fuente Temprana y la Basalta.

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Acequia a la altura del Malecón, el antiguo pago Aofar.

Para comprender hasta qué punto el sistema se ha mantenido, veamos algunos datos recogidos en 2012:

El pago de Jamontar posee su propia balsa, que se corresponde con la fuente Alaín mencionada por Rodrigo Alonso. La tanda es de 11 días, tres de los cuales es para el riego de tierras (heredades) del pago de Jamontar y los 8 siguientes el de Bedarín. La acequia madre de esta balsa es la conocida como “acequia de los moros”, sobre la cual existe una curiosa historia. Cuentan que los regantes de Bedarín, necesitados de agua para sus tierras y tras algunos problemas con los regantes de Jamonar, construyeron en una sola noche una acequia para poder llevar el agua a sus tierras.

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La fuente Alaín se corresponde con “los Chorreadores”, “Chorradores” o “Chorreaores”. El agua procede tanto de la fuente, actualmente protegida por una caseta y de una mina de agua, la mina de los Chorreadores. Se trata de una mina moderna, construida a finales del siglo XIX o principios del XX. La galería es de 80 metros y posee una “lumbrera”, o pozo de aireación de sección circular. La mina atraviesa terrenos de diferente consistencia, por lo que tuvo que realizarse trabajos de entibado con mampostería, como se puede observar en la fotografía, realizada a la altura de la “lumbrera” de la mina.

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Aunque no podemos afirmarlo con seguridad, la construcción de la mina de agua de los Chorreadores tenga que ver con esta sociedad de nombre “La Fortuna”, constituida el 15 de abril de 1915 para la explotación de aguas subterráneas en dicho barranco.

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Se pueden observar preciosas concreciones en las paredes de la mina, consecuencia de los muchos años de paso del agua.

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La Balsa de Jamontar tal y como estaba en 2003, sin verja de protección.

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Actualmente la Balsa de Jamonar luce este aspecto.

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Regulador de salida de la Balsa de Jamontar. Hay dos acequias madre, una es la acequia de los moros y la otra sirve para regar los terrenos por debajo de la balsa, en el pago de Jamontar.

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Acequia de los moros, en dirección a Bedarín.

La fuente Vedarin mencionada por Rodrigo Alonso se corresponde con la Balsa Nueva de Bedarín, con una tanda de 11 días.

La fuente Cahara se correspondería, a su vez, con la ya famosa Balsa Alta o “Basalta”. El descubrimiento de graffitis de época musulmana en la antigua balsa datadoso en el siglo XI denota la gran antigüedad de este sistema de balsas y acequias. Aunque no hay documentación histórica oficial, la tradición oral de Bédar cuenta que la antigua balsa de los moros era bastante pequeña, por lo que cuando construyeron una cimbra en el barranco del mismo nombre se vieron obligados a construir otra balsa más grande junto a la antigua. La cimbra hoy en día sigue proporcionando parte del agua a la balsa, a parte de la proveniente de la antigua “fuente Cahara”.

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El sistema de medida de las tandas se sigue haciendo con una caña, con la que se mide el descenso del nivel del agua. Este sistema, imaginamos, no ha cambiado desde que los moriscos regaban.

De la Basalta, que tiene una tanda de 13 días, salen dos acequias madre. La primera acequia madre se dirige hacia la fuente Temprana (Begira), con los que se riegan tierras en el pago de la Fuente y llegando hasta la huerta de don Pepe y algunas tierras del cortijo Bernardo.

La segunda acequia madre se dirige hacia el Malecom (antiguo pago Aofar), desde aquí una acequia cubierta atraviesa el pueblo hasta la parte más baja, el paraje conocido como “la Meseta”, acabando en “las Oliveras”, junto a la carretera a Los Gallardos.

La cuarta fuente es la de Begira o Fuente Temprana, más conocida como “la Fuente”. Con sus aguas se riegan las tierras del mismo pago.

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Vieja balsa en Serena.

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Balsa de Bedarín, un hilo de agua alimenta la balsa.

Minas de Bédar: restos mineros

Cuando se plantea la creación de un museo minero en Bédar, surge el problema de dónde se sacará el material que se utilizaría. A diferencia de otros lugares, en los que el museo se pudo prever el museo poco antes o poco después del cierre de las minas, en Bédar hace ya muchos años que éstas cerraron, así que el material que queda es casi inexistente. Además, en periodos de necesidad, la “rebúsqueda de hierros” era una forma más de conseguir algo de dinero, por lo que es prácticamente imposible encontrar restos metálicos que correspondan al periodo minero, ya sea del periodo de Hierros de Garrucha o, mucho más difícil, al periodo de minas entre 1850 y finales de los años veinte del siglo pasado.

Dado el caso, es seguro que se podría recuperar material guardado por los vecinos del pueblo, pero es posible que solo se trataran de carburos de época de Hierros de Garrucha y, puede, algún casco.

El problema sería mucho mayor en caso de querer habilitar un museo en la mina, pues no se podría contar ni con una sola vagoneta para recrear el ambiente minero de entonces (difícil en el caso de Hierros de Garrucha y casi imposible en las minas más antiguas). A la falta de material de época, se añade la dificultad de conocer los sistemas extractivos de entonces, aunque en ese aspecto, y gracias a la documentación que hemos podido recuperar (perforación, explosivos, diferentes tareas y oficios, etc.), algo podría hacerse. También existe la posibilidad de reconstruir alguna de las vagonetas antiguas, pues quedan planos originales de dos de ellas, en concreto de las vagonetas utilizadas en la mina Carabinera y la mina Higuera.

A lo largo de estos años hemos ido documentando una serie de objetos, muchos de ellos muy interesantes, que pasamos a repasar hoy. No están todos, faltan bastantes, pero esta selección sin duda es muy representativa de lo que un museo de la minería en Bédar podría o debería mostrar al público.

CANDILES Y CARBUROS

Empezamos con los candiles y carbureros. Los instrumentos de iluminación son uno de los más característicos de los trabajos mineros. Empezando por los más antiguos, los candiles de aceite, petróleo o grasa, a los más modernos utilizados en Bédar (carburos), disponemos de algunos ejemplos muy interesantes.

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Candil de petróleo. Procedencia exacta desconocida.

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Candil de aceite artesanal, claramente inspirado en el modelo anterior. Minas del barranco de San Marcos (El Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Candil de aceite tipo “Almadén”. Minas del barranco de San Antonio el Alto (El Pinar de Bédar), de finales del siglo XIX.

 

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Parte superior de un carburo. Minas del barranco del Gato (Pinar de Bédar), principios del siglo XX.

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Carburo de motocicleta utilizado en las vagonetas. Hierros de Garrucha.

BARRENAS Y OTROS ELEMENTOS DE PERFORACIÓN

Son pocos los restos encontrados, y proceden en su mayor parte de la época de Hierros de Garrucha.

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Barrenas de la época de Hierros de Garrucha, desde las más simples (a martillo) hasta las utilizadas en los martillos neumáticos. Proceden de las minas Júpiter y la Higuera.

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Punta de barrena procedente de las antiguas minas, mina Júpiter.

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Punta de barrena de las minas antiguas. Mina Santa Catalina.

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Curiosa punta de barrena de las minas antiguas fabricada con un fragmento de raíl. Mina Higuera.

VÍAS DE TRANSPORTE

Los rieles de vía, ya sea de las diferentes vías para vagonetas como la del ferrocarril, fueron usadas para la construcción de edificios, como vigas de casas o para rejas y otros elementos. Es por eso que no es difícil encontrar hasta rieles enteros, traviesas, así como clavos rieleros (o “escarpias”), tornillos y placas de conexión.

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Diferentes clavos rieleros y diferentes tornillos y piezas correspondientes al periodo de Hierros de Garrucha.

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Más clavos rieleros de diversas procedencias.

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Detalle de clavos rieleros y otros tornillos procedentes de la vía Vulcano.

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Placas de conexión de rieles, túnel de la Higuera.

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Detalle de placa de conexión de rieles.

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Más ejemplos de clavos rieleros, tuercas y fragmentos de placas de conexión. Vía Vulcano.

SISTEMAS DE TRANSPORTE DE MINERAL

Desgraciadamente queda muy poco actualmente, lo que dificultaría mucho crear, por ejemplo, un museo en la mina. No se conoce que quede ninguna vagoneta entera, y los restos se limitan a algunas ruedas.

Los elementos más básicos son las espuertas, eran de esparto en las antiguas minas y de lona durante Hierros de Garrucha.

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Restos de espuerta de esparto, mina Higuera.

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Espuerta de esparto y puntal de madera, mina Higuera.

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Espuertas de lona de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

Con respecto a las canastas de los cables aéreos, los restos se limitan a una canasta completa del viejo cable y otra del cable de Hierros de Garrucha, además de dos “pendientes” de vagoneta de este último.

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Rueda de vagoneta procedente del barranco de Los Lobos.

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Rodadura de un pendiente del antiguo cable aéreo. Se trata de las ruedas que permitían el desplazamiento de las vagonetas aéreas sobre el cable.

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Extraña rueda de vagoneta procedente de El Pinar de Bédar. Se trataba de una carreta minera que no iba sobre raíles.

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Vagoneta aérea (conteniendo barrena) de época de Hierros de Garrucha.

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Dos pendientes completos de vagonetas del cable de Hierros de Garrucha. Están completos, con las rodaduras.

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Vagoneta del antiguo cable. Obsérvense las diferencias con las canastas de época de Hierros de Garrucha y el fondo de madera.

Aunque raros, también disponemos de algunos elementos procedentes de los sistemas de sostén de los cables aéreos (pilares, restos de cables y diferentes elementos de enganche). Pueden encontrarse todavía trozos del cable aéreo de Hierros de Garrucha hasta Los Gallardos, pero también algunos elementos del antiguo cable.

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Fragmento de cable de época de Hierros de Garrucha con enganches.

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Enganche de fijación de una columna del cable aéreo todavía engarzada en el soporte. Procede de los restos de uno de los accidentes sufridos por el viejo cable a la altura de El Pinar de Bédar.

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Otros fragmentos procedentes del accidente mencionado en la anterior fotografía. Se observan algunos filamentos del antiguo cable aéreo (cortados con alicates, sin duda durante los trabajos de reparación), una arandela, una tuerca y un fragmento de una de las rodaduras.

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Otro enganche de fijación de una columna del antiguo cable.

OTROS RESTOS MINEROS

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Manivela del freno del plano de Santa Catalina. Mediante esta manivela se podía tensar o destensar el tambor de freno del plano inclinado y regular de esta manera la velocidad de bajada de las vagonetas cargadas de mineral.

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Torno manual (winche) de Hierros de Garrucha utilizado en San Manuel.

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Botijo minero, mina Higuera. La abertura con perforaciones intentaba evitar la entrada de piedras y polvo.

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Desconocíamos la utilidad de estas extrañas cuñas de madera hasta que Diego Rubio nos dio la respuesta. Se ubicaban en el techo para poder seguir la dirección correcta de la galería. Esta explicación nos parece más que plausible desde que encontramos una de ellas ubicada justamente en el techo de una de las viejas galerías, justo en el centro de la misma:

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Fragmento de rueda dentada, El Pinar de Bédar. Algunos de los dientes están reparados en fragua.

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Extraña lata de transporte de algún líquido (¿aceite?). Llevan el sello de Minas del Rif:

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Para terminar, esta fantástica bomba de agua procedente de la vieja fundición Carmen, de El Pinar de Bédar, quizás uno de los restos de maquinaria más antiguos de todo Bédar:

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