Bédar: el mineral tipo Alerta

La mina Alerta es una de las minas míticas de Bédar. El mineral “tipo Alerta” era de los más demandados por los exportadores, a pesar que no se extraía en gran cantidad. Esto explica la determinación por parte de la Sociedad minera del marqués de Chávarri de explotar los yacimientos, a pesar de la inestabilidad del terreno. El ramal de Santa Catalina atravesaba los terrenos de esta concesión minera, cargándose el mineral de esta mina en una tolva ubicada en uno de los extremos del túnel del Servalico.

Es la riqueza de mineral en esta zona la que provocó diferentes enfrentamientos por la propiedad entre las distintas sociedades mineras que operaban a finales del siglo XIX y principios del XX. Es especial fue larga y complicada la guerra judicial por varias demasías mineras (ampliaciones adjudicadas a concesiones mineras ya existentes) entre la Sociedad Vizcaína, representada por José Manuel Aguirre en Bédar, y la Compañía de Águilas. Ambos pretendían la propiedad de varias demasías adyacentes a la mina Alerta para sus respectivas concesiones mineras de Pobreza (Compañía de Águilas) y Aguirre (Sociedad Vizcaína de Bédar). La batalla judicial fue larga y al parecer la Sociedad Vizcaína fue la vencedora bien avanzado el siglo XIX, aunque para entonces de poco le sirvió la victoria ante el declive de la minería en la zona.

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Maniobras de carga en el ferrocarril en el cargadero de la mina Alerta

Ya en 1952, y con el reinicio de la actividad minera por parte de la sociedad Hierros de Garrucha, la mina y su rico mineral no pasaron desapercibida para su director, don Felipe Guillén. Tal es así que algunos mineros citan la “obsesión” con la que se pretendía explotar esta mina, a pesar de la inestabilidad del terreno, que provocaba numerosos derrumbes en la galería principal.

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Restos de la caseta de compresores de Hierros de Garrucha en la mina Alerta. 

Eran tan continuos los derrumbes que decidió fortificarse la galería principal de acceso con troncos de pino procedentes del paraje de la Mortera, trabajos de refuerzo a cargo de la cuadrilla de Juan Soler Barón. Don Felipe Guillén insistía en la explotación de la mina, a buen seguro por la fama de sus minerales. A pesar de los continuos derrumbes, algunos muy aparatosos, no hubo que lamentar accidentes mortales.

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Pequeño acceso a la galería principal de la mina Alerta.

Tras el abandono de la mina, la galería se derrumbó y la entrada quedó completamente colapsada, haciendo imposible el reconocimiento de las labores internas de esta mina. Sin embargo, y gracias al descubrimiento de un pequeño acceso, hemos podido acceder a uno de los tramos de la galería principal que todavía no ha colapsado.

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En este segmento de la galería principal podemos ver el importante trabajo realizado para estabilizarla, con muros de mampostería y un entibado con troncos de pino y tablones en la parte superior, tal y como han explicado todos los testigos. La inestabilidad del terreno es evidente y los continuos desprendimientos no tardarán en colapsar toda la galería.

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Vieja roza minera en terrenos de la concesión Alerta.

En la zona abundan los crestones de mineral y otros signos de yacimientos de mineral de hierro de buena calidad. Esto explica sin duda en interés que generó esta zona entre las diferentes compañías mineras y la presencia de diferentes minas y registros, que deben ser enmarcadas en los trabajos mineros efectuados anteriormente por parte de la sociedad minera del vicecónsul inglés George Pecket primero y posteriormente por la Sociedad bilbaína del marqués de Chávarri, que fue la que finalmente inició los trabajos por medio de galerías subterráneas que posteriormente siguió explotando Hierros de Garrucha. Las labores antiguas de más envergadura se encuentran sobre el trazado del túnel del Servalico y a la izquierda del antiguo trazado de la vía Mulata en dirección a la Higuera, con diversos trabajos subterráneos y los restos de lo que parece ser un antiguo cargadero de mampostería.

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Aspecto de la mineralización de uno de los crestones localizados en terrenos de la mina Alerta, con hematites, magnetita y goethita.

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Parte del mineral, de excelente calidad, que aflora en superficie se presenta en esta especie de conglomerado, que fue intensamente explotado por medio de rozas y pequeñas labores subterráneas. Este mineral de hierro, formado en gran parte por magnetitas, se caracteriza por contener gran cantidad de calcopirita

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Muestra de mineral de la mina Alerta con numerosas inclusiones de calcopirita.

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Otra muestra de mineral procedente de la mina Alerta, magnetita con un bonito cristal de cuarzo.

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Bédar: la mina del cerro del Silencio

 

Son días festivos de calor, diversión y jolgorio, quizás ya un poco saturados de “Dreambeaches” y otras festividades. Hay numerosas fotografías de los diferentes eventos que corren por internet, en posteriores post ya incluiremos fotografías, conforme nos vayan llegando, para los que no hayan tenido la suerte de asistir.

Por nuestra parte seguimos con temas mineros, en concreto el bastante olvidado ramal de la Mulata y las minas a las que daba servicio. Entre ella la mina “Silencio”, mina ubicada en el paraje de la Carrasquica, en el lugar llamado también como la vieja mina, el “Silencio” (habiendo escuchado en diversas ocasiones como se referían a ella como el cerro o la sierra del Silencio). En nombre primigenio era sin embargo el de Cueva Horadada.

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En la fotografía Superior, imagen de Google Earth de la mina “Silencio”. En la parte Superior se observan dos explotaciones a cielo abierto, una a la que se accede por medio de una trinchera y otra más grande con los restos de un plano inclinado. En la ladera sur se encuentran los socavones de entrada y las instalaciones de la mina, la tolva y la estación de carga del cable aéreo.

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En la fotografía Superior, entrada doble de la mina Silencio, a pocos metros de la entrada se situa un pozo.

Para la explotación de esta mina se constituyó la Sociedad Minera la Ilusión en 1891, en la que encontramos a destacados comerciantes y mineros ya conocidos de la minería en la zona como José García Suesa, Francisco Berruezo y Antonio Pérez.

La mina disponía de un interesante yacimiento de hierro que no pasó desapercibido para las sociedades explotadoras, siendo la sociedad minera de Chávarri la que finalmente la puso en explotación. Sin duda fue su posición aislada con respecto al resto de cotos mineros en Bédar lo que retrasó su explotación. Ubicada a unos 2 km al NO de Bédar, la vía de transporte más cercana el ramal minero de la línea Mulata, donde a principios del siglo XX ya un ferrocarril efectuaba el acarreo del mineral procedente de esta importante mina en explotación por la empresa de Chávarri.

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En las tres fotografías superiores observamos la tolva cónica de la mina Silencio, con un diámetro superior de unos 12 metros. La imagen inferior nos muestra el túnel de acceso a la compuerta de carga de la tolva.

La enervante falta de documentación y de fotografías es de nuevo el principal problema para conocer un poco más esta desconocida mina de Bédar y de su cable de transporte. Sin embargo, no fue una mina más sin importancia, la compañía minera tuvo que realizar una importante inversión para poder explotarla. Hoy en día poco queda de todo lo que se construyó, y visitando la zona es difícil imaginar el esfuerzo realizado para instalar un cable minero de estas características.

La documentación procedente de los archivos de la familia Berruezo, así como la escasa documentación procedente de la empresa de Chávarri y la Unión Bedareña arrojan algo de luz sobre esta mina.

El modo escogido de transporte elegido hacia la arteria principal que suponía la vía de la mina Mulata fue la de un monocable de 1,6 Km hasta un punto en el paraje de La Palmera, donde se construyó el cargadero en el ferrocarril en 1905. Se realizaron las obras de mampostería de excelente calidad, tolvas y cargaderos, que la sociedad de Chávarri acostumbraba a construir. Siguiendo la extraña costumbre en el ramal de la Mulata de construir tolvas-embudo, para el depósito de mineral en la mina se construyó una tolva de este estilo, aunque de sección más o menos rectangular y mucho más pequeña que las otras tolvas de la zona. Desde la única compuerta de esta tolva, ubicada como en el resto en un túnel de acceso, el mineral se conducía hasta el cargadero del cable, que disponía de una superestructura de mampostería en forma de herradura de la calidad acostumbrada y dispuesta de una rampa, en todo comparable con la construida en la mina de Cuatro Amigos.

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En la fotografía superior, los restos del cargadero de cable, mostrando la rampa de la estructura en herradura que debió acoger las estructuras de carga del cable aéreo y el freno del mismo.

Aunque desconocemos si se explotó durante el periodo de la Unión Bedareña (los testimonios parecen indicar que sí), sabemos que tan solo entre 1905 y 1907 se declararon casi 48.000 toneladas de mineral procedentes de esta mina.

El cable de transporte tampoco fue algo improvisado. Se trataba de un monocable, seguramente del fabricante Roe, de 1.600 metros de longitud en un solo tramo y provista de 40 vagones. No disponía de motor ya que la pendiente era favorable, solo estaba provista de un freno (presumiblemente instalado en la mina) que permitía que las vagonetas cargadas impulsaran a las vacías que subían hacia la mina. El cable disponía también de una línea telefónica que permitía mantener conectado ambas estaciones del cable. En la mina se instaló una fragua en una chabola y para el transporte de mineral disponían de dos vagonetas de 1 tonelada y otra más pequeña de 400 kilos.

No disponemos de planos que nos indiquen el tipo de explotación que se llevó a cabo en esta mina, pero por los restos existentes parece claro que se trabajó a roza abierta en la cima del cerro mientras que a una cota inferior se abrieron varias galerías, que parten desde la parte S del cerro y que se dirigen en dirección NE. En una de estas galerías, aparentemente la principal, se excavó un pozo de 40 metros de profundidad a pocos metros de la entrada.

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En las fotografías superiores vemos lo que queda de la estación de descarga del cable de la mina Silencio. Un muro de unos 20 metros de largo y 2,5 de alto y una plataforma elevada es lo único que queda. La parte superior inclinada del muro, de excelente mampostería, delata su función de sistema de carga en los vagones del tren. La plataforma, ampliada en su parte posterior y ocupada actualmente por un local, debió estar ocupado por un pequeño edificio que haría las funciones de taller almacén y oficina de control del cable, que disponía de una línea de teléfono para comunicarse con la mina.

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El plano superior nos muestra una reconstrucción de este cargadero. Estas estaciones de descarga eran bastante similares en cuanto a su funcionamiento fuera cual fuera el tipo de cable. Una estructura sobreelevada de raíles permitía que las vagonetas cargadas pasaran del cable a unos raíles rígidos, por diferentes sistemas según el fabricante. Un operario empujaba la vagoneta, lo basculaba para descargar el mineral sobre una tolva de descarga o en un espacio que hacía las veces de depósito, y luego acompañaba la vagoneta vacía, dando la vuelta hasta volver a conectar la vagoneta vacía con el cable en dirección contraria. El cable pivotaba habitualmente sobre una gran rueda, donde se encontraban también los anclajes y contrapesos que tensaban los cables (el tipo de anclajes y sistema de contrapesos dependía del constructor). En el descargadero de la mina Silencio parece que el mineral se descargaba junto al muro, junto a la cual se estacionaban los vagones del ferrocarril. Varios operarios se encargarían de la carga en los vagones.

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El descargadero se encontraba junto a la vía de la mina Mulata. Una vía de desvío debía permitir estacionar la vagonetas del ferrocarril junto al muro, maniobradas por la locomotora 020T Saint Léonard “Mulata” que prestaba servicio en este ramal. En la fotografía superior vemos el final del muro del cargadero a la izquierda y el trazado de la antigua mina Mulata a la derecha. En el medio se encuentra un carril reciente que lleva hacia el cortijo rura de Los Castros, que se encuentra a poca distancia.

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Fotografía superior: antiguo trazado de la vía de la mina Mulata, a poca distancia del cargadero de la mina Silencio.

mulataEn la foto superior el cerro de la Señora, ubicación de la mina Mulata, justo al lado de Bédar. Esta rica mina fue la que motivó la construcción del ramal que llevaba su nombre. Todavía se observan las cicatrices que dejó la minería, sus dos enormes canteras y una extensa red de galerías y explotaciones en huecos y pilares bajo su superfície.

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La falta de fotografías de época de estas instalaciones (del ferrocarril de los Chávarri en la actualidad) hace difícil imaginar la escala de las obras realizadas donde hoy ya no queda nada. Es por eso que nos ayudamos de estas reconstrucciones para hacernos una idea. En imagen superior, aspecto que debió tener el descargadero de la mina Silencio junto a la vía prinicipal de la vía Mulata. La vía de desvío hacia el cargadero permitiría que la locomotora Saint Léonard, de 9 toneladas, pudiera maniobrar con otras vagonetas cargadas procedentes de las minas Mulata, Segunda Mulata y Mozambique, mientras que los operarios descargaban el mineral de las vagonetas del cable aéreo y lo cargaban en las vagonetas del ferrocarril. Esta vía de la Mulata era de 1,6 kilómetros de longitud y conducía hasta la estación de Tres Amigos, se disponía de 21 vagones de mineral con una capacidad de 3 toneladas y media.

 

 

Final de stage de rehabilitación de la mina Higuera, Serena (Bédar)

El viernes finalizó el stage en la mina Higuera, en Serena.  El stage es fruto de la colaboración de la asociación Bédar Sostenible con la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad francesa de Nancy en el cuadro de una colaboración que ya dura cuatro años y que ha permitido ya la organización de cuatro stages de formación para los alumnos de esta universidad. , Quentin Brunsmann y Thomas Pesenti, dos estudiantes, espeleólogos y especializados en el diseño, preparación y segurización de rutas, han estado durante un mes estudiando las posibilidades de preparación de la antigua mina de hierro “la Higuera” de Serena, Bédar, explotada a finales del siglo XIX y principios del XX, para poder recibir visitas.

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En la fotografía superior, entrada a la mina Higuera, en Serena. Todavía se encuentra el pie el antiguo cocherón donde se guardaba la locomotora 020T “Santa Catalina” fabricada por la sociedad Saint Léonard. El cargadero del ferrocarril, que disponía de 9 compuertas de carga, se encontraba después de atravesar 60 metros de túnel. También se cargaba el ferrocarril por una rampa dispuesta justo a la salida del túnel con mineral procedente de los niveles superiores de la mina.

Los dos estudiantes han seguido el estudio que iniciaron otros dos alumnos, Hélène Velcin y Clément Vorgy, que cartografiaron la mina en 3D y realizaron las primeras propuestas para su rehabilitación. En esta ocasión los trabajos han ido más allá del simple estudio y elaboración de un proyecto, pues ambos estudiantes han comenzado de hecho a limpiar accesos y caminos, instalar líneas de vida, señalizar y bloquear el acceso a las zonas que se consideran no aptas para la visita.

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De izquierda a derecha, Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, José Ramón Muñoz e Ine Thijs.

Ha habido también grandes novedades en cuanto a la colaboración por parte de los vecinos de Bédar. Desde hace 4 años que colaboramos con la Asociación Amigos de El Argar y con el Ayuntamiento de Bédar, especialmente con el concejal José Ramón Muñoz; pero en este stage varios propietarios de alojamientos y restaurantes en Bédar se han interesado por el proyecto, participando activamente en las discusiones sobre las acciones a llevar a cabo e incluso con una ayuda económica dentro de sus posibilidades.

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En las fotografías superiores dos aspectos de los trabajos de rehabilitación. La instalación de líneas de vida para las “trancadas” o accesos entre diferentes niveles y la delimitación y limpieza de senderos en la parte superior de la mina que cerrarían los diferentes circuitos de visita.

También hemos tenido la inestimable ayuda del CD Aventura Sierra Almagrera, en especial de Francisco Mulero y Elios García, que han ayudado facilitando el material y herramientas necesarios para los trabajos. Tengo que destacar la gran labor de descubrimiento y protección del patrimonio natural, histórico y minero que este club deportivo está realizando en Cuevas de Almanzora, sin ningún tipo de ayudas oficiales ni apoyo de su ayuntamiento, no perdiendo sin embargo la oportunidad de ayudar en otros proyectos en la zona.

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No menos importante es delimitar tanto las zonas peligrosas por ser inestables como las zonas con riesgos de caída como pozos, pozos de luces o buzones. De momento estas zonas están indicadas, pero habrá que protegerlas con barandillas u otros elementos de seguridad.

La mina Higuera presenta una serie de características que la hacen ideal para un proyecto de este tipo. Presenta una extensa red de galerías excavadas en rocas muy estables, presentando varios niveles y una gran variedad geológica que ofrece la posibilidad de realizar visitas muy instructivas. Además, al disponer de varias salidas permite el diseño de diferentes rutas, unas sencillas para personas con movilidad reducida y otras más complicadas para los amantes de las emociones fuertes.

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Las explicaciones de las diferentes zonas geológicas será otro de los atractivos de esta mina. Las galerías atraviesan diferentes capas geológicas, lo que permite también un circuito formativo-informativo en geología.

El Ayuntamiento de Bédar también se ha implicado en el proyecto, así el concejal José Ramón Muñoz se ha reunido con los estudiantes para hablar sobre las posibilidades de preparar la mina para las visitas, que no incluye solo visitas guiadas, además se barajan muchas posibilidades como recreaciones históricas y exposición de materiales originales. Incluso se plantear otras actividades para los adictos a la adrenalina, como disfrutar de aventuras fantásticas en las oscuras galerías, en las que los aventureros tengan que escapar evitando toparse con personajes disfrazados como en las obras de Tolkien o de fantasmas o zombis, por poner algunos ejemplos. Por las noticias que nos han llegado, han avanzado mucho las conversaciones entre el propietario de los terrenos donde se encuentra la mina, un enamorado de Bédar y su historia, está dispuesto a cederlos a cambio que el Ayuntamiento se comprometa a seguir con el proyecto.

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Ya han empezado a instalarse algunas barandillas en puntos con riesgo en zonas vitales para los circuitos.

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Publicación en el Ideal del día de hoy (02/07/2017) que hace referencia a los trabajos de rehabilitación en esta mina.

En todo caso, lo que Bédar está demostrando es que no siempre se necesitan grandes subvenciones para llevar a cabo proyectos de este tipo, con interés, paciencia y esfuerzo se pueden encontrar otras soluciones, como la colaboración con la universidad de Nancy que hemos mencionado. Creemos un gran error esperar sentado a que las soluciones vengan de la Junta o de la Diputación. No es aceptable que en una región con un patrimonio histórico-minero tan importante como el nuestro, especialmente en la sierra de Bédar y Almagrera, no haya ni una sola mina  visitable. Esperamos que eso cambie muy pronto.

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Aspecto que debía tener la mina Higuera a finales del siglo XIX. En el dibujo, la locomotora Santa Catalina sale del túnel de la Higuera en dirección a Tres Amigos, atravesando un pequeño puente que salvaba el barranco de Serena y pasando junto al cocherón.

Continuación de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Bédar)

Entramos ya en la última semana del stage de preparación de la mina Higuera en Bédar. Se ultiman los trabajos de instalación en la trancada principal de acceso al segundo nivel, colocando una línea de vida y protegiendo el peligroso recodo al final de dicha escalera que hacía especialmente peligroso cualquier caída en la misma.

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Estos trabajos no pueden ser realizados por cualquiera. Se trata de unos elementos de seguridad vitales y para su instalación se tienen que tener conocimientos específicos para poder estudiar el tipo de roca y poder elegir así los anclajes adecuados que aseguren que sean suficientemente resistentes para el importante cometido que se les da.

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En las fotografías superiores, la galería de acceso al segundo nivel de estas minas, aún tienen que ser reparadas las escaleras para hacer más seguro el ascenso.

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Instalación de pasamanos de metal para evitar puntos peligrosos como el mostrado en las fotos superiores. Ciertamente no sirve simplemente con una cinta de precaución, hacen falta medios más expeditivos.

También han explorado el pozo de 64 metros de profundidad que se encuentra en su interior, un pozo realizado con mucho cuidado y revestido de mortero, encontrándose obturado en su fondo… el misterio sobre la utilidad de este pozo sigue ahí.

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En las fotografías superiores, la parte inferior del pozo interior de la mina Higuera. Se trata de tierra que ha caído (deliberadamente o no) y obtura el pozo. Mientras no se excave un poco seguiremos sin saber la utilidad de este pozo, que no parece cruzar capas de mineral de importancia. En todo caso, sigue siendo un punto muy peligroso que hay que proteger.

 

Los hornos del barranco de los Burgos (Los Gallardos)

Hoy vamos a hablar de unos de los restos mineros arqueológicos más desconocidos de la sierra de Bédar.

Tras escuchar historias sobre la existencia de unos hornos en el barranco de los Burgos, a la altura del término municipal de Los Gallardos, nos acercamos a ver de qué se trataba. Esperábamos encontrar los típicos hornos de cuba para la fabricación de cal, algo habitual por estos parajes, pero lo que encontramos fue algo muy diferente.

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Zona donde se encuentran los restos, en el barranco de Los Burgos, cerca del cerro del Tabaquico, en el límite entre los términos municipales de Bédar y Los Gallardos, y no muy lejos del de Antas. La cercanía del antiguo camino de Bédar a Vera hubiera facilitado el transporte de los productos de dicho horno.

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No muy lejos de dichos restos, nos sorprendió esta zanja en uno de los cerros cercanos al barranco. La ausencia de otros restos cercanos a esta zanja dificulta mucho la interpretación.

Los hornos se ubican en una de las laderas del barranco, tratándose de una estructura enterrada en la que no se observan estructuras de mampostería evidentes, aunque no son descartables dada la presencia de numerosos cascotes por toda la zona, aunque sin restos de mortero de ninguna clase.

De forma general, los restos se pueden representar como sigue:

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Sobre el terreno se aprecia una estructura rectangular de unos 8 metros x 3 metros. Bien delimitada en su parte superior, en la inferior la ladera desciende hasta el cauce del barranco. En el interior de este rectánculo se observan tres accesos u oquedades excavadas en el terreno, una de los cuales presenta todavía claramente los restos de haber estado revestida con ladrillos refractarios. El mal estado de los restos, con abundantes escombros y vegetación, hace imposible visualizar el interior de estas oquedades. A la izquierda aún se pueden observar al menos dos depresiones en el terreno, podría tratarse de más registros, pero estarían totalmente colapsados. Otra perforación, esta vez más circular y sin un rebaje del terreno que permita el acceso, se encuentra en el límite de la zona rectangular descrita.

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En la fotografía superior, aspecto del terreno donde se encuentra este horno.

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Delimitación por su parte superior del rectángulo donde se encuentra el horno mediante una línea de piedras y tierra.

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Registro principal, obsérvese a la derecha restos del revestimiento con ladrillos refractarios. Este registro es el más ancho de los tres.

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Como observamos en la fotografía superior, se pueden observar numerosos ladrillos refractarios procedentes de este revestimiento. No se trata de ladrillos refractarios industriales importados, como ocurre muchas veces (tipo RAMSAY o similar). Se trata de pequeños ladrillos rectangulares cuadrados, seguramente de producción local.

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En la fotografía superior tenemos otro de estos ladrillos refractarios junto a un cartucho de cazador, para hacerse una idea del tamaño. Como se observa, el ladrillo ha estado expuesto al fuego.

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Junto a los ladrillos refractarios, se encuentran diferentes fragmentos de cerámica, concretamente de lo que parece una gran orza de almacenamiento de líquidos, claramente asociados a la actividad en el horno.

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En la fotografía, uno de los registros laterales sin revestimiento. Obsérvese el rebaje del terreno que permitía un acceso fácil a la oquedad y la coloración de la misma.

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Dada la descripción de los restos, nuestra primera opción es considerar que se trata de un horno de reverbero excavado en el terreno. Los hornos de reverberos disponían de un hogar donde se quemaba el combustible (en este caso sería leña y atochas de esparto) y una cámara donde se ubicaban los minerales a fundir. Unos registros permitían acceder a esta cámara para remover los minerales y permitir que el calor se distribuyera más uniformemente y también para permitir la salida del mineral fundido (o sangrado).

De esta manera, el calor generado en el hogar, se trasmitía a la cámara por radiación y así se alcanzaba la temperatura necesaria para fundir los minerales. Finalmente, el horno disponía de una chimenea o salida de humos, que además generaba la corriente que seguía el aire caliente.

Una explicación a los restos descritos podrían ser la de un horno reverbero, con un hogar recubierto de ladrillos refractarios artesanales, dos registros para poder introducir y manipular el mineral y para realizar el sangrado. Finalmente, la pequeña abertura circular se correspondería con la “chimenea” o salida de gases. Se trataría de un pequeño “boliche”, que es como se conocían los hornos artesanales que se construían para la fundición de plomo.

Pero ¿que fundían exactamente en este horno? La total ausencia de documentación sobre minas en esta zona hace muy difícil saber qué mineral se explotaba y fundía. La rafa minera antes descrita podría tener relación, pero se encuentra bastante lejos bajando por el barranco. Tampoco hay restos evidentes de escorias, aunque pudieron haberse acumulado en el mismo barranco y luego fueran arrastrados por el agua, de ahí su ausencia.

Lo que sí destaca justo al otro lado del barranco es una pequeña cueva, seguramente una explotación, muy poco profunda. Se podría tratar de la explotación de una bolsada de mineral.

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Obsérvese en las fotografías superiores el corte en el lado opuesto del barranco, en la que se observa un mineral más oscuro en vetas, que podría haber sido el mineral extraído.

Un horno de reverbero como éste podría haberse utilizado tanto para fundir plomo como cobre, y las minas de plomo y cobre de El Pinar no están tampoco muy lejos. La mina más cercana, la de San Antonio Segundo, es de hierro, pero allí se han encontrado malaquitas, lo mismo que ocurre en algunos puntos de este mismo barranco de Los Burgos.  No nos consta la descripción de galena en este barranco, aunque no ha sido muy estudiado, que sepamos.

Como realizamos esta investigación de campo en abril, no dejamos de observar, un poco asombrados, barranco abajo, una vieja conocida, la Rumex bucephalophorus.

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En la fotografía superior, ejemplares de Rumex bucephalophorus en el barranco de Los Burgos, con su característica floración de color rojo.

La Rumex bucephalophorus es una acedera que florece en abril, durante unas dos semanas, con un característico color rojo durante la floración. La característica que más nos interesa de esta planta es su capacidad de hiperacumular metales pesados, lo que la permite crecer en terrenos mineros contaminados con estos metales, asociándose a la existencia de iones metálicos típicos de los sulfuros complejos (plomo, zinc o cobre). Florece en primavera y desaparece enseguida, sin dejar rastro, hasta la primavera siguiente.

De esta plantita recogimos dos muestras en El Pinar, que fueron llevadas a analizar por Gonzalo Leal. Se calcinaron y analizaron las cenizas, con los resultados (en ppm o gramos por Tm) de 2.630 y 2.820 para el plomo, 191 y 280 para el Cu y 3.677 y 9.912 para el Zn. Nos llamó también la atención de valores altos de fósforo.

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La capacidad de acumular estos iones y los mecanismos que han desarrollado para defenderse de sus efectos nocivos es una forma adaptativa de esta planta, lo que la permite crecer en lugares donde otras plantas no pueden, aparte de ser realmente venenosas para potenciales hervíboros. Obsérvese en las fotografías superiores como esta planta crece casi exclusivamente en una zona muy delimitada, donde no parece que crezcan otras plantas. Esta imagen es muy típica y nos indica claramente la presencia de una antigua escombrera de mina, como hemos visto muchas veces en El Pinar. La escombrera podría haber sido tanto de cobre como de plomo.

Observamos Rumex en varios puntos del barranco por debajo del mencionado horno, hasta llegar a esta gran concentración de esta planta, más o menos a la altura de la rafa o trinchera que comentamos en el primer lugar, que no está muy lejos, y junto a los restos de un pozo de agua o noria:

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En las fotografías superiores vemos los restos de un pozo de agua con noria y una pequeña balsa de almacenamiento. La utilización en su construcción de las características canalizaciones de cerámica que se instalaron en la cercana vía del ferrocarril de Chávarri de Bédar a Garrucha, nos indica que el pozo se excavó en el primer tercio del siglo XX. Una bocamina colapasada junto al pozo y cercana a la concentración de Rumex pudiera tener que ver con esta escombrera delatada por la plantita hiperacumuladora de metales pesados, aunque la presencia de plantas en diferentes puntos del barranco nos hace plantearnos también la hipótesis de que se trate de las escombreras del horno que hayan sido arrastradas por las lluvias hasta ese recodo del barranco.

Muchas hipótesis y pocas respuestas, pero nos quedamos con los datos principales: un horno de reverbero de pequeño tamaño junto a una pequeña explotación y cerca del antiguo camino de Bédar a Vera; además de restos escombreras (de plomo o cobre) a lo largo del barranco, delatadas por la presencia de Rumex bucephalophorus de forma aislada.

Seguiremos investigando.

Estado actual del patrimonio arqueológico minero en Bédar.

Es inevitable que los restos mineros de Bédar estén sometidos a un proceso continuo de deterioro. Al deterioro propio al abandono, se han sumado en muchos puntos la destrucción deliberada, sobre todo en la época de los “locos años” de la construcción, en la que se vio afectado especialmente el patrimonio minero de El Pinar, uno de los más antiguos y característicos de Bédar. A esta destrucción de la mano del hombre, se ha de añadir la provocada por los desastres naturales, sin ir más lejos el terrorífico incendio del año 2012, que afectó de lleno los restos mineros de las minas Pobreza y Alerta, provocando daños irreparables.

Es por eso que lo asombroso sea que muchos de ellos, con más de un siglo de antigüedad sigan ahí, a pesar de que nunca se haya realizado ningún tipo de trabajo de mantenimiento o restauración sobre ninguno de ellos.

De vez en cuando supervisamos las estructuras más importantes, y comprobamos como el deterioro es imparable. No nos hacemos ilusiones con que se puedan realizar trabajos de restauración de algunos elementos. En una provincia donde los políticos incumplen repetidamente con su deber de proteger el patrimonio de su tierra no esperamos que se fijen en el patrimonio minero-industrial de Bédar (véanse las vergonzosas actuaciones de la Junta con respecto a los yacimientos arqueológicos en El Argar y las intolerables declaraciones de diputados con raíces almerienses como José Luis Sánchez Teruel). Al menos, creemos, se deberían llevar algunas acciones de urgencia para asegurar y evitar el previsible deterioro y pérdida de algunos elementos claves de nuestro patrimonio que amenazan derrumbe, como apuntalar la única chimenea que queda en pie en Bédar, perteneciente a una fundición de plomo de mediados del siglo XIX; pero ni eso se plantea.

Esto no impide que vigilemos y alertemos de todos aquellos elementos que corren más riesgo.

El último deterioro documentado afecta a los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza, en la mina de demasía a Sagunto. La caseta, construida a finales del siglo XIX y rehabilitada posteriormente por Hierros de Garrucha, ha sufrido el derrumbe de algunos de sus muros, como se puede ver en las fotografías:

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En las fotografías superiores, vemos los restos de la caseta de máquinas del pozo Esperanza en 2011.

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En nuestra última visita en 2017, hemos observado con pesar cómo se ha caído casi toda la fachada.

Una de las pérdidas más sentidas fue a causa del pavoroso incendio de 2012, que acabó con la icónica entibación de madera del socavón San Toribio de la mina Alerta. Las fotografías dejan clara la pérdida:

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En las fotografaís superiores, aspecto de la entibación conservada en el socavón San Toribio en 2011.

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En la fotografía superior, realizada por José Manuel Sanchís en 2014, se observa como la entibación a ardido completamente, colapsando la galería. Una pérdida irreparable, ya solo nos quedan las fotografías para recordarlo.

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Otra pérdida, menos conocida, es la del hundimiento del socavón de San Darío de la mina Pobreza, que contemplamos en las dos fotografías superiores. Esta galería permitía un acceso sencillo a las labores interiores de esta tan importante como desconocida mina de Bédar. De hecho, había algunos proyectos para investigar los yacimientos de esta mina. El que esto escribe pudo explorar esta galería durante un buen trecho hasta que la prudencia le aconsejó dar media vuelta para volver con ayuda más especializada, dada la enormidad y complejidad de la red de galerías. Sin embargo, en 2012 comprobamos que había colapsado, aunque no sepamos si el incendio tuvo algo que ver.

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Sin duda, una de las peores pérdidas es la completa destrucción de los restos del importante Lavadero mecánico de El Pinar de Bédar, de finales del siglo XIX (pieza clave del patrimonio minero de Bédar), a manos del urbanismo descontrolado. Las dos fotografías superiores se realizaron en 2004, poco antes de que fueran derribadas. Son de las pocas fotografías que nos han quedado.

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Además de estas estructuras afectadas, nos preocupa (y mucho) el deterioro imparable de unas de las joyas del patrimonio minero de Bédar, la tolva embudo de Tres Amigos. A pesar de su impresionante tamaño y esmerada construcción (el cono, de más de 25 metros de diámetro en su parte superior) apenas se aprecia en la fotografía superior. A pesar de todo, sigue impresionando cuando se ve en directo, pero si no se limpia y se evita la proliferación de maleza de todo tipo (incluso pequeños árboles), el trabajo de mampostería acabará por destruirse, quizás irreparablemente.

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Otra de nuestras principales preocupaciones es, y sigue siendo, la chimenea de la fundición Carmen (en la fotografía superior). Este es uno de los restos más antiguos de la minería de Bédar, de mediados del siglo XIX. Se trata de una fundición de plomo que incluye un lavadero mecánico y una explotación (un pozo  minero). A pesar de su antigüedad, está bastante bien conservado y se pueden apreciar numerosas características que diferencian esta fundición de las que se construyeron en la época cerca la costa, convirtiéndola en una estructura única que nos puede ayudar mucho a comprender el importante episodio minero del plomo del siglo XIX.

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Como pueden ver en la fotografía superior, la chimenea presenta una gran grieta en el lateral que amenaza seriamente la estructura. Lo ideal sería un cerclaje con bandas metálicas, como se hace en numerosas chimeneas antiguas para evitar que se abran y se derrumben. Si eso no fuera posible (aunque no entendemos por qué no puede serlo), al menos realizar algún tipo de obra de apuntalamiento que evite el derrumbe hasta que se pueda hacer algo mejor. Es la última chimenea de Bédar, es un símbolo de la minería de esta zona y cuando caiga (lo que ocurrirá tarde o temprano si no se hace nada) perderemos algo más que una vieja chimenea.

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Si la chimenea de la fundición Carmen de El Pinar es la última chimenea y un símbolo de la vieja minería bedarense del plomo, el castillete del pozo P (Mina Mahoma) es el último castillete de extracción que queda en pie en Bédar. Es, por méritos propios, un símbolo de la otra gran minería de Bédar, la del hierro. Y empieza a preocuparnos. Estructuralmente muy parecida a algunos castilletes de Sierra Almagrera, parece que si no se ha colapsado todavía es porque las traviesas de madera que sujetaban las poleas mantienen unido ambos muros del castillete. Eso hasta ahora, pero habría que empezar a analizar su estabilidad y, en caso necesario, proponer medidas que eviten su más que previsible colapso cuando las maderas que la unen acaben cediendo al tiempo y la podredumbre.

¡Agua!

El sistema de riego tradicional de Bédar es una de las peculiaridades más interesantes del municipio. En pocos sitios se conserva el sistema de riego tradicional como en Bédar, cuyo sistema es heredado del que ya utilizaban los moriscos, y aún se conservan historias sobre las acequias y balsas, historias que se remontan a la época musulmana.
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Fuente Cahara, agua procedente de “la Pecera” y la entrada de la cimbra.
El mismo escribano del rey, Rodrigo Alonso, al realizar el apeo de los bienes que los moriscos tenían en Bédar, no puede ocultar su admiración por este sistema por tandas, que permitía aprovechar al máximo la poca agua de la que se disponía y regar, de forma proporcional y equitativa, todos los pagos de regadío. A los que conocen el sistema de riego actual, le sorprenderá leer lo que Rodrigo Alonso indicó al respecto en el siglo XVI, y se asombrarán de comprobar que prácticamente no ha variado:

Fuentes y el encaminamiento de aguas:

Preguntado que agua tiene y le pertenece al dicho lugar de Bédar y de que río se saca y por qué acequia se trae y como se regaba con ella y que agua tenían en propiedad los moriscos del dicho lugar, dijeron que en el dicho lugar y su término no hay ríos y que solo hay cuatro fuentes con que se riega la tierra arbolada que son las siguientes:

Una que llaman la fuente Vedarin, que está desde el pueblo hacia la parte de Lubrín, que podrá echar media hazada de agua. Que con ella se riegan las heredades del pago de Vedarín y la dicha agua se recoge en una balsa que está junto a la fuente y los vecinos que tenían heredades en el dicho lugar regaban por sus tandas y orden tomando el agua la primera heredad, conforme al repartimiento que de ella tenían hecho, y todos gozaban igualmente de ella respecto de la tierra que cada uno tenía.

Otra fuente que se llama Alain, que nace encima del pueblo en una rambla que echa media hazada de agua con la cual se riega el pago de Jumintal, que tiene una balsa junto a la fuente, y de ella sale una acequia con que se regaban todas las heredades del dicho pago por sus tandas, y con la misma orden que el pago antes de este, prefiriendo siempre el riego las heredades más cercanas al agua. Y acabado de regar el dicho pago se tomaba la dicha agua por otra acequia de la misma balsa y se llevaba al pago de Vedarin y se regaban las heredades que alcanzaba. Y las que no se podían regar con ella se acababan de regar con el agua de la fuente de Vedarin, y que las dichas tandas se tomaban de doce en doce e de quince en quince días conforme a como tenían necesidad la tierra de riego, y por ser poco el hilo de estas dos fuentes se metía siempre en las balsas y no se regaba con él.

Hay otra fuente encima del pueblo en una rambla que nace de la sierra que está frontero del Castillo que se llama la fuente de Cahara, que echará una hazada de agua con la cual se riega el pago de Cahara y otro pago que está junto al pueblo que se dice el pago de Aofar. Los cuales dichos pagos se riegan por sus tandas en esta manera que está una balsa en bajo de la dicha fuente donde siempre entra el hilo de agua en ella con la cual se riegan las heredades de los dichos pagos. Y primero se riegan las heredades del pago de Cahara y acabadas se riegan la del pago de Aofar, y la más tierra que de allí abajo alcanza tomándola por sus tandas y orden como se ha declarado, y el que ha de regar tiene cuenta el día antes a la puesta del sol de tapar la balsa.

Tiene otra fuente junto de la Almazara del pueblo que se llama el Begira, que en nuestro lenguaje quiere decir la fuente temprana, que tiene poca agua con la cual se regaban las heredades que alcanzaba del pago de Baguira. Recogiéndose en una balsa que está junto a la fuente y la orden que tenían de regar con la dicha agua era la que tenían con las demás fuentes del dicho lugar y todos los dichos pagos tienen su acequia principal, y de ellas salen sus ramales por donde se riegan las heredades conforme al orden de tandas que tenían.

Sin duda sorprende que este sistema haya sobrevivido durante cuatro siglos con tan pocos cambios, y sorprende más aunque todavía se siga regando así. Sin embargo cada vez son menos los que riegan y, como ya sabrán muchos, los acuíferos están siendo sobreexplotados. En un paraje donde apenas ha habido agua para llegar 4 balsas, es raro encontrarse un chalet campestre que no disponga de piscina. Sería necesario empezar a pensar en cómo proteger y conservar este sistema tradicional de riego, uno de las más importantes bienes históricos que posee el municipio, antes de que acabe siendo un simple recuerdo.

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Antigua Balsalta, la “de los moros”.

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Graffitis musulmanes en la Basalta de los moros. Según los especialistas, datan del siglo XI. En el perro que aparece en el centro, de representa una escena de caza, se ha basado el logo de la asociación Bédar Sostenible.

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Acequia en dirección a la Basalta.

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Basalta, la balsa de recogida del agua de la fuente Cahara.

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Salida de la Basalta, división en las dos acequias madre.

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Acequia madre en dirección a la Fuente Temprana. junto a la acequia discurre un pequeño camino utilizado por los regantes. Este camino es estrecho y muy frecuentemente junto a barrancos bastante profundos. No siempre está en buen estado, por lo que hay que recorrerlos con cuidado, en especial esta acequia madre, que es la que sigue la actual “ruta del Agua” de Bédar, que utiliza este trayecto existente entre la Fuente Temprana y la Basalta.

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Acequia a la altura del Malecón, el antiguo pago Aofar.

Para comprender hasta qué punto el sistema se ha mantenido, veamos algunos datos recogidos en 2012:

El pago de Jamontar posee su propia balsa, que se corresponde con la fuente Alaín mencionada por Rodrigo Alonso. La tanda es de 11 días, tres de los cuales es para el riego de tierras (heredades) del pago de Jamontar y los 8 siguientes el de Bedarín. La acequia madre de esta balsa es la conocida como “acequia de los moros”, sobre la cual existe una curiosa historia. Cuentan que los regantes de Bedarín, necesitados de agua para sus tierras y tras algunos problemas con los regantes de Jamonar, construyeron en una sola noche una acequia para poder llevar el agua a sus tierras.

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La fuente Alaín se corresponde con “los Chorreadores”, “Chorradores” o “Chorreaores”. El agua procede tanto de la fuente, actualmente protegida por una caseta y de una mina de agua, la mina de los Chorreadores. Se trata de una mina moderna, construida a finales del siglo XIX o principios del XX. La galería es de 80 metros y posee una “lumbrera”, o pozo de aireación de sección circular. La mina atraviesa terrenos de diferente consistencia, por lo que tuvo que realizarse trabajos de entibado con mampostería, como se puede observar en la fotografía, realizada a la altura de la “lumbrera” de la mina.

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Aunque no podemos afirmarlo con seguridad, la construcción de la mina de agua de los Chorreadores tenga que ver con esta sociedad de nombre “La Fortuna”, constituida el 15 de abril de 1915 para la explotación de aguas subterráneas en dicho barranco.

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Se pueden observar preciosas concreciones en las paredes de la mina, consecuencia de los muchos años de paso del agua.

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La Balsa de Jamontar tal y como estaba en 2003, sin verja de protección.

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Actualmente la Balsa de Jamonar luce este aspecto.

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Regulador de salida de la Balsa de Jamontar. Hay dos acequias madre, una es la acequia de los moros y la otra sirve para regar los terrenos por debajo de la balsa, en el pago de Jamontar.

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Acequia de los moros, en dirección a Bedarín.

La fuente Vedarin mencionada por Rodrigo Alonso se corresponde con la Balsa Nueva de Bedarín, con una tanda de 11 días.

La fuente Cahara se correspondería, a su vez, con la ya famosa Balsa Alta o “Basalta”. El descubrimiento de graffitis de época musulmana en la antigua balsa datadoso en el siglo XI denota la gran antigüedad de este sistema de balsas y acequias. Aunque no hay documentación histórica oficial, la tradición oral de Bédar cuenta que la antigua balsa de los moros era bastante pequeña, por lo que cuando construyeron una cimbra en el barranco del mismo nombre se vieron obligados a construir otra balsa más grande junto a la antigua. La cimbra hoy en día sigue proporcionando parte del agua a la balsa, a parte de la proveniente de la antigua “fuente Cahara”.

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El sistema de medida de las tandas se sigue haciendo con una caña, con la que se mide el descenso del nivel del agua. Este sistema, imaginamos, no ha cambiado desde que los moriscos regaban.

De la Basalta, que tiene una tanda de 13 días, salen dos acequias madre. La primera acequia madre se dirige hacia la fuente Temprana (Begira), con los que se riegan tierras en el pago de la Fuente y llegando hasta la huerta de don Pepe y algunas tierras del cortijo Bernardo.

La segunda acequia madre se dirige hacia el Malecom (antiguo pago Aofar), desde aquí una acequia cubierta atraviesa el pueblo hasta la parte más baja, el paraje conocido como “la Meseta”, acabando en “las Oliveras”, junto a la carretera a Los Gallardos.

La cuarta fuente es la de Begira o Fuente Temprana, más conocida como “la Fuente”. Con sus aguas se riegan las tierras del mismo pago.

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Vieja balsa en Serena.

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Balsa de Bedarín, un hilo de agua alimenta la balsa.