El ramal de ferrocarril olvidado de la mina Mulata (Bédar)

El antiguo ferrocarril de Bédar a Garrucha partía desde la estación de carga de Tres Amigos. Dos pequeños ramales, operados por dos pequeñas locomotoras 020T llevaban el mineral desde las diferentes minas de Víctor Chávarri hasta Tres Amigos.

El ramal que traía el mineral de Santa Catalina y La Higuera es bien conocido; con 2,5 km de recorrido su trazado está conservado debido a que se ha utilizado (y utiliza) como camino de acceso a Serena. Actualmente forma parte de la ruta minera, siendo el túnel del Servalico con sus 200 metros uno de los puntos más impresionantes de esta ruta.

El otro ramal, el de la mina Mulata, ha sido abandonado. La cercanía al núcleo poblacional de Bédar y su poca utilizada como ruta de acceso, la sentenciaron rápidamente al abandono.

La ruta de la Mulata, con 1,6 km de largo, conectaba con tres amigos la importante mina de la Mulata y la menos conocida de El Negrito. No atravesaba ningún túnel, siendo sus dos puntos más notables el puente de la Palmera y el puente sobre la carretera a Los Gallardos.

Tanto la mina Mulata como El Negrito pertenecían al mismo propietario, la «Sociedad Minera la Mulata y el Negrito» cuyo presidente fue Gerónimo Abad. Recientemente hemos podido localizar una de las acciones de esta sociedad, gracias a nuestro amigo Antonio Moreno.  Se trata de la primera acción minera del siglo XIX que hemos podido localizar, además de una mina de importancia como es la Mulata.

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A pesar de la importancia para la historia de Bédar de esta mina, su nombre casi fue olvidado, siguiendo al abandono y olvido del mismo ramal minero. Solo algunos mayores del pueblo recordaban haber visto en funcionamiento este ramal, y la verdad es que hemos podido confirmar casi todo lo que explicaban, desde la existencia del plano inclinado que bajaba el mineral hacia la Palmera como la construcción posterior del túnel de la Palmera y la tolva en embudo que recogía el mineral a la altura de la Cueva Oscura.

Existe muy poca documentación sobre esta línea, casi todo procedente de las cartas del ingeniero director de la Sociedad Chávarri, Manuel Figuera. De su sucesor, Don Andrés López de la Presa, no se ha conservado ninguna información o documentos, y aunque hemos podido localizar a uno de sus familiares, no ha sido posible obtener más datos. Sin embargo, los datos proporcionados por Manuel Figuera indican claramente que primero se explotó la parte superior del cerro, o «Mulata alta» mediante desmontes, y que posteriormente se explotaron los yacimientos inferiores del cerro y a nivel del barranco de la Cueva Oscura. No está claro cuando se acabaron de construir los túneles de la Cueva Oscura y del Peraico y se desmanteló el plano inclinado de la Mulata, pues se describe por testimonios en fechas tan tardías como 1918 (Unión Bedareña), cuando la construcción de estos túneles está documentada ya en 1897. Pero no es momento ni lugar de tratar estos temas, que requerirían demasiado espacio.

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En la imagen superior la Saint Léonar 020T, modelo del que era la locomotora de 9 toneladas «Mulata». El ferrocarril disponía de 21 vagones de mineral de 3 toneladas y ½ de capacidad.

Lo que sí esta claro es que el plano inclinado se desmanteló tras la construcción del túnel de la Cueva Oscura (que atraviesa todo el cerro de la Señora hasta otra tolva ubicada en la rambla de la Fuentecica, junto al actual campo de fútbol del pueblo) y del túnel del Peraico o de la Palmera, por la que accedía el ferrocarril para cargar el mineral bajo la tolva embudo ubicada ante la salida del primer túnel.

Pero… ¿qué queda del ramal de Mulata y de este plano inclinado? Pues la verdad que muy poco. Aunque todavía existen fragmentos del trazado, ésta se encuentra cortada en diferentes puntos por construcciones modernas y nuevas carreteras y carriles.

Es por esto que hemos ido a buscar lo que queda de esta mítica vía minera. A nivel del viejo plano inclinado de la Mulata, algunos testimonios nos hablaron de la persistencia, durante un tiempo, de lo que se conocía como «El Carrete», o el tambor de freno de este plano inclinado que, ciertamente, debía parecerse a un carrete de hilo. Al final fue demolido, pero según nos contaron se encontraba junto al camino que se dirige hacia Bedarín. Sin duda ese fue el lugar, pues se trata del lugar más favorable para que se hubiese instalado un plano inclinado para salvar el desnivel entre la parte más alta del barranco y la parte inferior, más conocida como «La Palmera».

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En la imagen superior, el plano general de la vía Mulata. Los círculos en rosa muestran la ubicación de las tolvas-embudo típicas de este ramal. La tolva junto al campo de fútbol (la primera a la izquierda) recogía el mineral de las minas Segunda Mulata y Mozambique. Desde esta tolva el mineral pasaba por el túnel de la Cueva Oscura, cruzando el cerro hasta la segunda tolva, o tolva de la Cueva Oscura. Desde esta segunda tolva el mineral se transportaba por el túnel de la Palmera o del Peraico hasta el paraje conocido como «La Palmera». La ubicación del plano inclinado de la Mulata se indica en verde. Este plano se utilizaba para salvar el desnivel existente entre estos dos tramos del barranco, pero dejó de ser útil con la construcción del túnel. A la derecha, el plano inclinado y la tolva embudo de Tres Amigos, de los que ya hemos hablado en muchas ocasiones.

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En la fotografía superior, la Cueva Oscura. La tolva ubicada a su salida está completamente colmatada de escombros, y solo se pueden ver los muros de la parte superior.

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En la fotografía superior vemos lo poco que ha quedado de este plano, en el lugar que debió ocupar «El Carrete». Se distingue el trabajo de la obra típica de la vía férrea Bédar-Garrucha, con las piedras labradas con la que se reforzaban las esquinas.

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En el plano 3D superior procedente de Google Maps se observa el desnivel entre la parte superior del barranco y La Palmera. El «Carrete» estaba situado en la parte superior izquierda de la imagen, descendiendo el plano por la barranquera más clara que se observa hasta la espesa masa de vegetación en la parte más baja del barranco.

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La salida del túnel de la Palmera está hoy en día completamente bloqueado, aunque todavía sale el agua por este túnel, que se recoge en una balsa junto al agua procedente de otras minas. Este barranco es un ejemplo perfecto de los barrancos con agua existentes en Bédar y que generan auténticos vergeles o microclimas húmedos donde se puede encontrar una exuberante vegetación y fértiles campos de cultivo.  La gran masa de cañas bloquea el acceso al túnel. Lo poco que se podía observar en 2004 es lo que se aprecia en la fotografía superior, un fragmento del arco superior. Hoy en día es imposible acceder.

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Uno de los restos más impresionantes que quedan de esta vía son los dos soportes del puente que cruzaba por el barranco. La sólida construcción ha soportado el paso del tiempo y las venidas de agua que periódicamente bajan por aquí. Quedan algunos de los sillares que solían colocar en las esquinas de todas las obras de este ferrocarril. Como curiosidad, junto a uno de los soporte hay una pequeña mina de agua que alimenta la balsa de agua de la Palmera, que parece anterior a la misma construcción del ramal en 1895-1896 y de la que todavía sale agua.

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No muy lejos del puente se encuentra otra «mina de agua» que alimenta la balsa de la Palmera. Desconocemos si se trata de una antigua explotación de hierro o si ya fue realizada para recoger el agua del barranco.

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En la fotografía, la balsa de la Palmera. En ella se recoge el agua procedente del túnel de la Palmera y de otras minas de agua.

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La palmera del paraje de «La Palmera», la presencia del agua hacen de este barranco una de las zonas de riego más ricas de la zona.

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En la fotografía superior, fragmento del antiguo ramal de la vía Mulata conservado. A este nivel se aprecia una extraña trinchera transversal en uno de los lados.  Esta trinchera parece corresponderse a antiguos trabajos mineros, posiblemente de algún tipo de cargadero de mineral de una mina adyacente.  Aunque en un principio especulamos con que podía tratarse de lo que queda del antiguo cargadero de cable proveniente de la mina Silencio, pronto lo descartamos. No disponemos de más información.

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En las dos fotografías superiores podemos ver la trinchera transversal a la antigua vía férrea, ubicada a un nivel superior. El trabajo para construirla no fue poco, por lo que puede que se trate de una vía de carga para otra mina, aunque no disponemos de ningún dato al respecto ni aparecen otros trabajos mineros que puedan confirmar esta hipótesis.

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No tardamos mucho en localizar el antiguo cargadero de la mina «El Silencio», que podemos observar en las fotografías superiores. Esta mina, propiedad de la «Sociedad minera La Ilusión», fue otra de las explotadas por la sociedad de Chávarri. Ubicada a algo más de un kilómetro y medio del ramal de la Mulata, la compañía decidió instalar un monocable Roe de transporte de 1,6 km para cargar los minerales en el ferrocarril. Los restos del cargadero, de unos 15 metros de largo y algo más de dos metros de alto, se encuentra cerca del desvío que lleva al paraje de Los Castros y la casa rural del mismo nombre. Se encuentra perpendicular a la vía y permitiría la carga de los vagones del ferrocarril en una vía acesoria mediante una pequeña rampa.

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En el plano superior, trayecto del cable de la mina Silencio.

 A partir del cargadero del Silencio, la antigua vía minera se encuentra muy fragmentada, aunque todavía se pueden ver las impresionantes trincheras que se excavaron.

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En las fotografías superiores, algunas trincheras del ramal de la vía Mulata. En el tramo medio del trayecto solo se conservan algunas partes del trazado, la presencia de carreteras y algunas casas han difuminado el trayecto.

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El trayecto del ferrocarril finalmente llega hasta la mina el Negrito, que también formaba parte de la misma sociedad minera que explotaba la Mulata. En las fotos superiores podemos ver algunas imagenes. Algunos desmontes y galerías es lo que queda de esta mina, que al estar ubicada junto a la vía no tendría ningún problema para cargar el mineral en el ferrocarril.

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El nombre de esta mina ha persistido como topónimo, al igual que otras minas como Unión de Tres Amigos o el Silencio.

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Entre el Negrito y el antiguo puente sobre la carretera a Los Gallardos, no quedan más que algunos fragmentos de la vía y algunas trincheras. Algunas partes han sido transformadas en terrenos arbolados, como se observa en la fotografía superior, con unos almendros en una de las trincheras de la vía Mulata.

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El puente mismo ha sido derribado. Como se observa en esta ampliación de una fotografía de los años 60, el puente conservaba los estribos, pero posteriormente fueron derribados, seguramente para ampliar la carretera.

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En la fotografía superior, lo que queda del puente sobre la carretera.

Finalmente, entre el puente y la cabecera del cable inclinado hacia la Tolva-embudo, había dos edificios. El primero era el cocherón de la locomotora «Mulata», gemelo del existente junto a la mina Higuera. Este cocherón fue derribado hace mucho tiempo para construir una casa. Solo nos resta una fotografía publicada en el libro «Trenes, Cables y Minas de Almería»:

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El otro edificio era el taller, cuyas ruinas creemos que siguen todavía en pie junto a otro fragmento del viejo ramal de ferrocarril, como vemos en la fotografía inferior, con la sierra Cabrera al fondo:

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Y aquí acaba nuestro pequeño viaje por lo que queda por este ramal de ferrocarril. Quedaría el plano y la tolva-embudo de Tres Amigos, pero ya hemos hablado en varias ocasiones de esa impresionante tolva.

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Acción minera de la Sociedad Minera La Mulata y El Negrito

Mina Higuera, Serena (Bédar)

Empiezan a legarnos fotografías de los trabajos realizados durante el «stage» de rehabilitación de la mina Higuera. A esta mina no le falta de nada, grandes cavidades creadas a base de pico y martillo neumático, trancadas de vértigo, profundos pozos, galerías estrechas, patios de luces, diferentes salidas… pero valen más unas imágenes que mil palabras…

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Final de stage de rehabilitación de la mina Higuera, Serena (Bédar)

El viernes finalizó el stage en la mina Higuera, en Serena.  El stage es fruto de la colaboración de la asociación Bédar Sostenible con la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad francesa de Nancy en el cuadro de una colaboración que ya dura cuatro años y que ha permitido ya la organización de cuatro stages de formación para los alumnos de esta universidad. , Quentin Brunsmann y Thomas Pesenti, dos estudiantes, espeleólogos y especializados en el diseño, preparación y segurización de rutas, han estado durante un mes estudiando las posibilidades de preparación de la antigua mina de hierro “la Higuera” de Serena, Bédar, explotada a finales del siglo XIX y principios del XX, para poder recibir visitas.

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En la fotografía superior, entrada a la mina Higuera, en Serena. Todavía se encuentra el pie el antiguo cocherón donde se guardaba la locomotora 020T «Santa Catalina» fabricada por la sociedad Saint Léonard. El cargadero del ferrocarril, que disponía de 9 compuertas de carga, se encontraba después de atravesar 60 metros de túnel. También se cargaba el ferrocarril por una rampa dispuesta justo a la salida del túnel con mineral procedente de los niveles superiores de la mina.

Los dos estudiantes han seguido el estudio que iniciaron otros dos alumnos, Hélène Velcin y Clément Vorgy, que cartografiaron la mina en 3D y realizaron las primeras propuestas para su rehabilitación. En esta ocasión los trabajos han ido más allá del simple estudio y elaboración de un proyecto, pues ambos estudiantes han comenzado de hecho a limpiar accesos y caminos, instalar líneas de vida, señalizar y bloquear el acceso a las zonas que se consideran no aptas para la visita.

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De izquierda a derecha, Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, José Ramón Muñoz e Ine Thijs.

Ha habido también grandes novedades en cuanto a la colaboración por parte de los vecinos de Bédar. Desde hace 4 años que colaboramos con la Asociación Amigos de El Argar y con el Ayuntamiento de Bédar, especialmente con el concejal José Ramón Muñoz; pero en este stage varios propietarios de alojamientos y restaurantes en Bédar se han interesado por el proyecto, participando activamente en las discusiones sobre las acciones a llevar a cabo e incluso con una ayuda económica dentro de sus posibilidades.

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En las fotografías superiores dos aspectos de los trabajos de rehabilitación. La instalación de líneas de vida para las «trancadas» o accesos entre diferentes niveles y la delimitación y limpieza de senderos en la parte superior de la mina que cerrarían los diferentes circuitos de visita.

También hemos tenido la inestimable ayuda del CD Aventura Sierra Almagrera, en especial de Francisco Mulero y Elios García, que han ayudado facilitando el material y herramientas necesarios para los trabajos. Tengo que destacar la gran labor de descubrimiento y protección del patrimonio natural, histórico y minero que este club deportivo está realizando en Cuevas de Almanzora, sin ningún tipo de ayudas oficiales ni apoyo de su ayuntamiento, no perdiendo sin embargo la oportunidad de ayudar en otros proyectos en la zona.

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No menos importante es delimitar tanto las zonas peligrosas por ser inestables como las zonas con riesgos de caída como pozos, pozos de luces o buzones. De momento estas zonas están indicadas, pero habrá que protegerlas con barandillas u otros elementos de seguridad.

La mina Higuera presenta una serie de características que la hacen ideal para un proyecto de este tipo. Presenta una extensa red de galerías excavadas en rocas muy estables, presentando varios niveles y una gran variedad geológica que ofrece la posibilidad de realizar visitas muy instructivas. Además, al disponer de varias salidas permite el diseño de diferentes rutas, unas sencillas para personas con movilidad reducida y otras más complicadas para los amantes de las emociones fuertes.

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Las explicaciones de las diferentes zonas geológicas será otro de los atractivos de esta mina. Las galerías atraviesan diferentes capas geológicas, lo que permite también un circuito formativo-informativo en geología.

El Ayuntamiento de Bédar también se ha implicado en el proyecto, así el concejal José Ramón Muñoz se ha reunido con los estudiantes para hablar sobre las posibilidades de preparar la mina para las visitas, que no incluye solo visitas guiadas, además se barajan muchas posibilidades como recreaciones históricas y exposición de materiales originales. Incluso se plantear otras actividades para los adictos a la adrenalina, como disfrutar de aventuras fantásticas en las oscuras galerías, en las que los aventureros tengan que escapar evitando toparse con personajes disfrazados como en las obras de Tolkien o de fantasmas o zombis, por poner algunos ejemplos. Por las noticias que nos han llegado, han avanzado mucho las conversaciones entre el propietario de los terrenos donde se encuentra la mina, un enamorado de Bédar y su historia, está dispuesto a cederlos a cambio que el Ayuntamiento se comprometa a seguir con el proyecto.

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Ya han empezado a instalarse algunas barandillas en puntos con riesgo en zonas vitales para los circuitos.

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Publicación en el Ideal del día de hoy (02/07/2017) que hace referencia a los trabajos de rehabilitación en esta mina.

En todo caso, lo que Bédar está demostrando es que no siempre se necesitan grandes subvenciones para llevar a cabo proyectos de este tipo, con interés, paciencia y esfuerzo se pueden encontrar otras soluciones, como la colaboración con la universidad de Nancy que hemos mencionado. Creemos un gran error esperar sentado a que las soluciones vengan de la Junta o de la Diputación. No es aceptable que en una región con un patrimonio histórico-minero tan importante como el nuestro, especialmente en la sierra de Bédar y Almagrera, no haya ni una sola mina  visitable. Esperamos que eso cambie muy pronto.

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Aspecto que debía tener la mina Higuera a finales del siglo XIX. En el dibujo, la locomotora Santa Catalina sale del túnel de la Higuera en dirección a Tres Amigos, atravesando un pequeño puente que salvaba el barranco de Serena y pasando junto al cocherón.

Continuación de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Bédar)

Entramos ya en la última semana del stage de preparación de la mina Higuera en Bédar. Se ultiman los trabajos de instalación en la trancada principal de acceso al segundo nivel, colocando una línea de vida y protegiendo el peligroso recodo al final de dicha escalera que hacía especialmente peligroso cualquier caída en la misma.

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Estos trabajos no pueden ser realizados por cualquiera. Se trata de unos elementos de seguridad vitales y para su instalación se tienen que tener conocimientos específicos para poder estudiar el tipo de roca y poder elegir así los anclajes adecuados que aseguren que sean suficientemente resistentes para el importante cometido que se les da.

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En las fotografías superiores, la galería de acceso al segundo nivel de estas minas, aún tienen que ser reparadas las escaleras para hacer más seguro el ascenso.

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Instalación de pasamanos de metal para evitar puntos peligrosos como el mostrado en las fotos superiores. Ciertamente no sirve simplemente con una cinta de precaución, hacen falta medios más expeditivos.

También han explorado el pozo de 64 metros de profundidad que se encuentra en su interior, un pozo realizado con mucho cuidado y revestido de mortero, encontrándose obturado en su fondo… el misterio sobre la utilidad de este pozo sigue ahí.

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En las fotografías superiores, la parte inferior del pozo interior de la mina Higuera. Se trata de tierra que ha caído (deliberadamente o no) y obtura el pozo. Mientras no se excave un poco seguiremos sin saber la utilidad de este pozo, que no parece cruzar capas de mineral de importancia. En todo caso, sigue siendo un punto muy peligroso que hay que proteger.

 

La locomotora «Santa Catalina» y la mina Alerta (minas de Bédar)

Desde hace tres semanas dos estudiantes franceses de Nancy especializados en la securización de minas para visitas están trabajando en la mina Higuera de Bédar. Esta mina no era más que una parte más de uno de los dos ramales de ferrocarril que llevaban el mineral desde las diferentes minas propiedad de la Sociedad de Chávarri hasta la estación de Tres Amigos. Hoy en día es la arteria principal en la ruta minera de Bédar, pues permite ir desde Tres Amigos (origen de la ruta) hasta el núcleo de minas de Serena. Por el camino se puede observar la mina Pobreza y atravesar el túnel del Servalico, pero esta ruta tiene mucha más historia de la que parece a primera vista.

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Reconstrucción de las tareas de carga en la Tolva-cargadero de Tres Amigos. Es una de las dos tolvas que componían la Estación de ferrocarril de Tres Amigos, y donde se recogía el mineral procedente del ramal de Santa Catalina. La locomotora Santa Catalina llegaba a un nivel superior, desde donde el desnivel se salvaba por medio de un plano inclinado que llevaba el mineral hasta esta enorme tolva. La tolva, de excelente factura, permitía la carga simultánea de dos trenes, uno en el interior del túnel y otro en el exterior.

A diferencia de la su vía gemela, la de la mina Mulata, el ramal de ferrocarril de Santa Catalina se ha conservado gracias que ha sido usada como carretera para llegar hasta Serena. La mina Higuera era el origen del ramal, pues el punto de partida (el cargadero de Santa Catalina) estaba literalmente dentro de esta mina.

Pero hasta la Higuera llegaba el mineral de otras minas más lejanas, como la misma Santa Catalina, la mina Angelita y otras como Soria y Santiago, todas alrededor de la barriada de Los Pinos. por medio de complicados sistemas de transporte que incluyen galerías de transporte y cables aéreos.

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Entrada al túnel del Servalico, de 200 metros de longitud y construido en 1895 como parte del ramal de ferrocarril a la mina Santa Catalina.
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Compuerta de carga en el ferrocarril dentro del túnel del Servalico, observen los enganches utilizados para el contrapeso que permitía abrir la compuerta.

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Antiguo apartadero dentro del túnel del Servalico.

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Compuerta de carga del túnel del Servalico para la mina Alerta. La tolva se encuentra totalmente colmatada de material y  al parecer fueron los mismos mineros los que lo hicieron. A través de las compuertas se pueden ver las ruedas y eje de una vagoneta que se lanzó dentro de la tolva. Sería interesante poder recuperarla para el museo de la minería de Bédar.

Por el camino, aún el ferrocarril recogía mineral de otras minas, entre ellas la de la mina Pobreza (tras la creación de la Unión Bedareña) y la mina Gracia, ya tocando al cargadero de Tres Amigos. Pero lo que poca gente sabe es que la mina Alerta también utilizaba este ramal de ferrocarril para el transporte de su mineral, que era de los mejores que se extraía en Bédar.

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El túnel tiene también su historia triste, no pocos visitantes se percatan de la presencia de numerosas cruces grabadas a la entrada del túnel. En 1906 la locomotora «Santa Catalina» arrolló en este punto a un muchacho de 14 años, Bernabé Moreno, que ya trabajaba para la sociedad minera y que en esos momentos conducía una mula, que también murió en el accidente. Esas cruces se grabaron allí en su recuerdo. No lo hemos olvidado.

La mina Alerta es una de las más antiguas de Bédar, demarcada en 1860 era una de las minas propiedad de la familia Berruezo que arrendaron a la sociedad de Chávarri. La mina se encontraba a cierta distancia al norte del túnel del Servalico, por lo que el mineral se transportaba por medio de una vía minera hasta la parte superior del túnel, por el lado más cercano a Tres Amigos.

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Reconstrucción de los trabajos de carga en el túnel del Servalico. La vía procedente de la mina Alerta llegaba hasta la tolva del túnel. Las vagonetas, llevadas por caballerizas, descargaban el mineral en la tolva, que luego era cargado en el ferrocarril por medio de su única compuerta. La locomotora debía ir ubicando uno a uno los vagones del ferrocarril bajo la compuerta para realizar la carga. Por encima del túnel se observan las viejas canteras de esta mina, que se corresponden con las primeras labores que se realizaron en 1892 a cargo de Clifton Pecket. En esos entonces ni el túnel se había construido ni tampoco el ferrocarril, por lo que el mineral se llevaba por medio de mulas o carretas hasta la tolva de los Ingleses, no muy lejos de la mina Higuera, para poder cargarla en el cable aéreo que la Compañía de Águilas había instalado para el transporte del mineral de sus minas en Serena hasta Garrucha.
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Reconstrucción del aspecto de la locomotora 020T Saint Léonard según los planos de fábrica. Cada una de los dos ramales de ferrocarril disponía de una, llamadas «Santa Catalina» y «Mulata».

En el túnel del Servalico construyeron una tolva cónica en la parte final del túnel, con una única compuerta de carga dentro del túnel. Dado que solo contaba con una sola compuerta, el ferrocarril debía ir posicionando uno a uno los vagones bajo la compuerta para efectuar a la carga.

El mineral «tipo Alerta» era de lo mejor que producían las minas de Bédar, por lo que era muy apreciado entre los compradores. La compañía lo vendía bien sin mezclar o bien lo usaba para enriquecer la ley de hierro del mineral procedente de otras minas, especialmente el mineral de la mina Higuera, que no era especialmente rico aunque sí muy abundante.

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Planos de la mina Alerta, se trata de los pocos documentos de las minas de la Sociedad de Chávarri que han llegado hasta nosotros. Formaba parte de los planos de Ovidio Fernández que fueron entregados a Hierros de Garrucha cuando se reabrieron las minas en 1952. Hierros de Garrucha estuvo muy interesado en esta mina dado la buena calidad del mineral que de ella se extraía, aunque los trabajos fueron muy difíciles dado la inestabilidad del terreno.
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Caseta para los compresores para alimentar los martillos neumáticos construida por Hierros de Garrucha a la entrada del socavón de San Toribio. La mina sufrió continuos derrumbes, algunos muy estrepitosos aunque afortunadamente sin bajas que lamentar. La mina precisó de un trabajo muy esmerado de entibación, pero el director de Hierros de  Garrucha, Felipe Guillén, siempre insistió en su explotación, dada la buena calidad del mineral.

Quizás, una vez que la mina Higuera esté lista para recibir visitantes, se pueda plantear la instalación de un ferrocarril turístico que recorra el viejo camino de la locomotora Santa Catalina. El proyecto no es para nada descabellado, pues es posible construir una réplica de la locomotora (hay empresas especializadas que lo pueden hacer, a precios no especialmente desorbitados), ya que lo más importante se conserva todavía: el trazado del ramal. Este ramal de Santa Catalina iba desde la vieja estación para esta locomotora cerca de Tres Amigos, con la que se conectaba mediante un plano inclinado, hasta el cargadero de Santa Catalina en la Higuera, tras pasar por dos túneles, uno de 200 metros y otro de 60 ya dentro de la mina. Hasta todavía se conserva el viejo cocherón donde se guardaba la locomotora, a la entrada del túnel de 60 metros…

 

Minas San Ignacio y Santa Cecilia. Serena (Bédar)

El Hoyo Júpiter y toda la zona minera que la rodea es una de las más importantes de la sierra de Bédar. A finales del siglo XIX, y partiendo de una serie de concesiones mineras que allí poseía la familia Orozco, la todopoderosa Compañía de Águilas estableció un plan de explotación de las inmensas reservas de mineral que atesora esta sierra.

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Para que la explotación resultara rentable, se instaló en 1888 un cable aéreo de transporte hasta Garrucha, del que mucho hemos hablado. Sin embargo, fue en 1885 cuando los ingenieros cubicaron la masa de mineral e idearon un ambicioso plan de explotación de la sierra. Este plan lo debemos al ingeniero noruego Fredrik Dietrichson y al alemán Ferdinand Putz.

Descubrir este plan de acción no ha sido fácil, dado la escasez de documentación preservada, pero gracias a los escritos de Dietrichson, a varios planos conservados, a la correspondencia de Manuel Figuera y a una exhausta investigación del terreno, tenemos una buena idea de cómo se desarrollaron estas labores, hasta configurar los restos mineros que, hoy en día, pueden ser visitados en la ya conocida ruta minera de Bédar.

Una de los planos que más información han dado ha sido uno de los que más nos ha costado interpretar. Veámolos aquí escaneado y reducido (el plano original es de unos 1,8 metros de largo):

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Plano inédito de superfície de las Cañadicas en 1896 perteneciente a la planimetría de la Compañía de Águilas. Al Norte (parte superior del plano) se observa una colina y el avance de las hoyas de explotación de la mina Júpiter, las rozas Colorada y Negra. Destaca el complejo sistema de transporte en superície, con planos automotores y diferentes túneles y tolvas.

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Fotografía de Los Pinos y el barranco de la Hoya desde la cima de la colina al norte de la concesión de Júpiter.

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Desde esa cima, y hacia en NE, se observa el pozo P con su castillete en el centro del barranco de la Hoya y al fondo el impresionante cerro Cabrero.

A diferencia de la mayoría de planos, éste representa las labores superficiales del Hoyo Júpiter y de la concesión de Porfiado durante 1896. Se observan las diferentes vías de transporte de mineral y de escombros, así como los principales «hoyos» o canteras de extracción de mineral. Como punto muy interesante, se ve la salida de la galería a la altura de la cabecera del Plano Grande, punto vital que fue la base del «descifrado» del plano.

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En las laderas de este cerro no faltan preocupantes fracturas del terreno que denotan la intensa actividad de minería subterránea. en algunos lugares, las vetas de óxidos de hierro son visibles en la calcita.

De una manera resumida, y para no aburrir al lector con demasiados detalles, cabe decir que donde hoy hay un enorme hoyo, antes había un cerro. Este cerro, casi de puro mineral de hierro, fue explorado en profundidad mediante una serie de pocillos. Gracias a la información obtenida por los pocillos, Dietrichson estimó que las reservas de mineral alcanzaban los 3.000.000 de toneladas, algo que al resto de ingenieros de la Compañía le pareció excesivo, para algunos incluso una idiotez. Nadie pensaba que las reservas sobrepasaran las 750.000 toneladas, y ese debió ser el parecer de los directores de la Compañía, pues ni compraron las concesiones a sus propietarios cuando tuvieron la oportunidad, ni instalaron un sistema de transporte de demasiada capacidad (el cable era barato y fácil de construir, pero de mucha menos capacidad que un ferrocarril).

Sin embargo, el tiempo le dio la razón a Dietrichson, pues las reservas de esta zona parecía no agotarse nunca. En especial cuando empezaron a explotarse las minas aledañas, que, poco a poco, fueron conectándose al cargadero de mineral ubicado en la concesión de San Manuel.

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Al Este del cerro se observa un pequeño desmonte donde antes se situó el pozo J (que durante un tiempo confundimos erróneamente con el pozo F). El pozo en sí ya no existe, en algún momento fue cubierto. Al fondo, y ya en el barranco de la Hoya junto al camino, se encuentran las escombreras de lo que fue el pocillo de exploración nº 8, que también fue enterrado.

En lo que concreta a la explotación, las concesiones de Júpiter, Porfiado y Mahoma fueron las más productivas, junto con la de San Manuel. Todo empezó con una enorme cantera, ubicada en las concesiones de San Manuel, Porfiado y Júpiter, siendo esta última la situada más al norte. De esta cantera, donde llegaron a trabajar 200 mineros en superfície, se extrajeron cantidades ingentes de mineral, y aún la capa de mineral de hierro seguía en profundidad. El problema fue que una vez alcanzada la cota 365, la cantidad de estériles que tenían que transportar para seguir trabajando en cantera era tan grande, que no había literalmente espacio para su almacenamiento. Fue entonces cuando empezó la explotación por galerías, que partían de forma radial de la parte más al Norte, al Este y al Oeste de esta enorme cantera. Desde ahí, la explotación se dirigió fundamentalmente hacia el Oeste, pues allí la Compañía disponía de más concesiones mineras con bastante buen mineral, mientras que las concesiones mineras al norte y Este fueron adquiridas por Chávarri (Santa Catalina y la Higuera, fundamentalmente).

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Al sur del cerrillo de Júpiter nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Se tratan de las minas San Ignacio y Santa Cecilia, al norte del Hoyo Júpiter. En el terreno, totalmente colapsado, se observan parte de las labores al descubierto.

Es por eso que hoy en día se puede observar el enorme Hoyo, que se correspondería con las concesiones de Porfiado y Júpiter, y más al norte una gran cantidad de bocaminas. El explicar cómo se desarrollaron y planificaron estas labores internas es algo complicado y no es éste el lugar, pero hay que decir que las explotaciones se dividían en numerosos trabajos diferentes. Estos trabajos, también llamados «minas», muchas veces eran entregados a partidarios (contratistas), pequeñas empresas mineras, muchas veces familiares, que explotaban a partido una pequeña parte de la mina, entregando el mineral a la Compañía. Tan solo algunos trabajos eran realizados por mineros a jornal de la Compañía, normalmente los más ricos o los que la Compañía considerara más importantes.

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El terreno irregular de las minas de San Ignacio y Santa Cecilia están sembradas de galerías y depósitos de mineral. Entre los restos, dos peligrosos pozos.

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Uno de los pozos, muy irregular y sin obra de refuerzo de mampostería, dispone de un pequeño murete en su parte superior. Siempre hay que andar con mucho cuidado por terrenos mineros.

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El segundo pozo, tan irregular como el anterior, conserva parte de una estructura de madera en su parte superior. Da la impresión que el pozo quedó al descubierto al hundirse parte del terreno.

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Vista del Hoyo Júpiter y de Porfiado desde la parte superior de las labores de San Ignacio.

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Depósitos de mineral en Santa Cecilia.

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Entre los restos, dispuestos de forma anárquica, se encuentra esta traviesa de vía minera.

En este trabajo «a partido», muy bien documentado, participaban no pocos mineros de Bédar, en pequeñas empresas de partidarios. Algunos de los nombres de estas «minas» nos han llegado hasta hoy día, como por ejemplo «Dos de Mayo», «Los lobos» o «la mina de Diego», sin que sepamos exactamente donde estaban. A parte de estas «minas a partido», las labores se dividían en diferentes sectores, independientemente de las concesiones donde se ubicaban. Estas zonas o «sectores» eran zonas más amplias que las «minas», aunque no sabemos qué criterios seguían para realizar estas divisiones.

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Las labores al Este del Hoyo Júpiter están menos desarrolladas. No sabemos si por disponer de menos reservas de mineral o por estar demasiado cerca de las concesiones de Chávarri (la Higuera y Santa Catalina).

De esta manera, sabemos que la zona minera al Este del Hoyo Júpiter (la zona entre las concesiones mineras Mahoma y Júpiter) se llamaba la «zona de San Jacinto». Disponemos de un plano de labores de esta zona, y tiene su interés porque se trata de toda la zona al Este del Hoyo, justo por debajo de donde se observa el Hoyo Júpiter en la actual ruta mineral y que llega hasta el pozo J, en Mahoma.

Siguiendo sin duda una forma sistemática y ordenada de trabajo, los pozos principales de extracción se denominaban con letras mayúsculas, así tenemos localizados con cierta seguridad el pozo F o «pozo de la Zaranda«, el pozo P (el que dispone de castillete), el Pozo J, el pozo M y el pozo H. Junto a éstos, había otros pocillos que eran de ventilación, con nombres de santos, sin olvidar los originales pocillos de exploración que se practicaron para explorar la zona (numerados del 1 al 10).

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Impresionante fotografía de los «balcones» y del socavón general del Hoyo Júpiter desde las labores de Santa Cecilia.

Las diferentes Hoyas o canteras (tambén rozas) a cielo abierto de Júpiter y Porfiado también recibieron nombres. Sabemos que en Porfiado se encontraban las rozas de Porfiado, San Marcos y del Teléfono. En Júpiter estaban las rozas Negra y Colorada, denominadas así por los diferentes minerales que se extraían, uno negro más rico en hierro y pobre en fósforo; y otro rojo más pobre en hierro y con más fósforo. En general, la Compañía  mezclaba los minerales de diferente calidad para obtener un producto homogéneo, en especial controlando la cantidad de fósforo, que no interesaba en absoluto a los compradores.

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Castillete del pozo P. Se trata del único castillete conservado en Bédar y que recuerda mucho a los de sierra de Almagrera. Una impresionante y simbólica obra que debería conservarse, el castillete amenaza derrumbarse si no se actúa a medio plazo.

La zona al Norte de los hoyos de Júpiter, que se encuentra justo al pie de la colina que se ve representada en el plano de superficie de 1896, fue explotada por galerías durante la fase de galerías, con varios pozos que creemos que fueron básicamente de ventilación. En esta zona se delimitaron las «minas» de las que hoy hablamos, las de San Ignacio y Santa Cecilia. Si los nombres se han conservado no es porque aparezcan en ningún mapa de los que quedan, se conservaron porque ambas minas fueron explotadas también por Hierros de Garrucha a mediados del siglo XIX. Muchos de estos antiguos nombres fueron recogidos por los mineros de Hierros de Garrucha, seguramente como parte de la información que el ingeniero Don Ovidio Fernández facilitó a Don Felipe Guillén. Los mineros de Hierros de Garrucha explotaron estas antiguas minas de San Ignacio y Santa Cecilia, explotando en retirada los pilares de mineral o «claves» que dejaron los viejos mineros, de manera que todo el terreno acabó colapsándose. Este hundimiento ha dejado una marca visible, un paisaje característico, en la zona al norte del Hoyo.

Y hasta aquí por hoy. Seguiremos con la minería de este interesante paraje.

El pozo San Fidel, mina Esperanza (Bédar)

Uno de los aspectos más peligrosos de la exploración de los restos mineros antiguos es el de la presencia de pozos desconocidos. Aunque en este sentido es mucho más peligrosa Sierra Almagrera, no faltan en Bédar pozos por toda la sierra que no están ni indicados ni mucho menos protegidos. Todos los años, descubrimos y/o documentamos uno o dos nuevos. Algunos están siendo difíciles de ubicar correctamente, como ocurre con el pozo «J» de la mina Mahoma o el pozo «F» o pozo de la Zaranda. A la inversa también ocurre, con la presencia de pozos de nombre desconocido.

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Corte lateral a la altura del pozo Esperanza entre la concesión de demasía a Sagunto y la de Neptuno. En el mismo se representa la posición del pozo de San Fidel, que se representa en línea discontinua al no se cortada por el perfil, la profundidad era similar a la del pozo Esperanza.

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Representación de las labores a nivel de la concesión demasía a Sagunto. El pozo San Fidel se encuentra en un pequeño barranco entre las montañas que separan el barranco de los Lobos y el río Jauto. Se indica también la posición del pozo Fortuna y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). En rojo se indica el trayecto de la vía de transporte o Vía Esperanza.

Otras veces tenemos más suerte, con en el pozo que nos ocupa hoy. Las labores de la demasía a Sagunto, eran más conocidas como mina Esperanza, por uno de sus pozos principales de extracción, pero en la concesión había más pozos, de los cuales hemos identificado el pozo Fortuna y el pozo San Víctor.

La planimetría conservada nos mostraba otro pozo más en terrenos de esta concesión, el pozo San Fidel, cercano a los límites con las concesiones de Neptuno y de la Gloria, en una zona que tenía fama de disponer de importantes reservas de mineral (en especial la concesión La Gloria). Tras algunas comprobaciones pudimos localizar la ubicación aproximada de dicho pozo y, a diferencia de otras veces, el pozo seguía todavía allí. Cabe decir que muchos de los pozos fueron cubiertos o «tapados», ya sea por las propias compañías mineras (cuando dejaban de tener utilidad) o bien por agricultores o los propietarios de los terrenos, por el riesgo evidente que suponían tanto para personas como para animales.

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El pozo, de sección circular, está protegido por un pequeño murete. Junto a él se encuentra el inicio de una galería pero sin recorrido y una escombrera.

El pozo de San Fidel se encontraba donde se suponía que debía de estar. Según los planos disponibles, conectaba con la galería de San Mateo 2º. No debió tratarse de un pozo de extracción, su difícil ubicación en un barranco entre dos montañas, el pequeño murete de protección que presenta y la ausencia de restos de cualquier instalación de extracción (castillete o casa de máquinas) nos hace pensar en un pozo de exploración y/o ventilación.

En la escombrera adyacente al pozo se pueden encontrar carbonatos, limonitas y bonitos ejemplares de hematites con geodas con cristales de calcita.

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Escombreras junto al pozo.

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Diferentes minerales de hierro de la escombrera del pozo San Fidel. Se observan las formaciones características de hematites así como geodas con cristales de calcita.

 

Mina Concepción: los Trances del río Jauto, Bédar.

Hoy vamos a hablar de una de las minas más desconocidas de toda la sierra de Bédar. Se trata de la mina Concepción. Quizás sea más conocido el paraje conocido como «Trance» o «Trances» del río Jauto, al oeste de Carabinera, junto al camino que lleva hasta los Castaños. Aunque no muy lejos de el Albarico, se trata de una zona muy aislada a la que solo se puede llegar por un pequeño carril de tierra desde Los Castaños.

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Trances del río Jauto. El número 1 se correspondería con una galería que llega hasta el río Jauto, donde forma una gran oquedad, conectada con la superfície con una especie de tolva o pozo con obra de mampostería. El número 2 se corresponde con una explotación a cielo abierto, donde se encontrarían algunas galerías. El número 3 indica la posición de un pequeño desmonte con un pozo. Quedaría una cuarta zona minera que no hemos estudiado pero que se encontraría cerca del cortijo de los Sotos.

La zona pasó por tiempos mejores, numerosos cortijos en ruinas  se encuentran a lo largo de todo el trayecto del río Jauto, aprovechando el agua de este río, que captaban por medio de pozos y norias. Hoy en día son pocos los que viven en este paraje. Entre ellos Daniel, que habita actualmente en el viejo cortijo de los Trances, que compró y rehabilitó, y que nos acompañó a ver los restos mineros de esta vieja mina, que se encuentran en sus terrenos.

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Los trances del río Jauto y el cortijo de los Trances.

No muy lejos del cortijo, en dirección al Jauto, se encuentra una pequeña explotación a cielo abierto y una galería que, desde un terreno de cultivo, se dirige hacia el Jauto, junto al que se encuentra un gran hueco o galería de la que se debió extraer una cantidad respetable de mineral. Una especie de pozo (o tolva), protegida por obra de mampostería, conecta con este gran hueco o gruta. Daniel nos cuenta que entre la pequeña explotación con el pozo o tolva y la pequeña explotación a cielo abierto, había dos o tres pozos, uno de los cuales alcanzaba los 130 metros de profundidad (?), cubiertos todos actualmente.

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Bocmina de la galería que conecta con el río Jauto (1)

En cuanto a las minas en sí, Daniel poco nos pudo decir. La explotación no fue nunca muy grande, y el motivo de que fueran tan lejos para explotar el mineral solo se justificaba por la riqueza del mineral de hierro que contiene. Hasta que llegamos nosotros, poca gente se había interesado por ellas, incluyendo un hombre que cierto día llegó a la zona y que comentó que tenían intención de hacer sondeos para ver la cantidad de mineral disponible. Claro está que no hicieron nada, pudo tratarse de algún agente de Hierros de Garrucha que fue a interesarse por los yacimientos de hierro de la zona.

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Pozo-tolva de mampostería que conecta con las labores (1)

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Salida de la galería junto al río Jauto  (1)

La documentación antigua que hemos podido consultar nos ofrece más información sobre esta mina. Se trataría de una de las minas del vicecónsul inglés George Pecket, demarcada el 20 de octubre de 1892. Dada su ubicación, el transporte del mineral de esta mina era un problema y dificultaba mucho su explotación. Así lo reconoce Miguel Figuera en su correspondencia, que comenta las dificultades de transportar el mineral desde esta mina hasta el ferrocarril de Chávarri, y que tan solo sería posible llegar a un acuerdo de transporte con la Compañía de Águilas, cuya mina más cercana conectada al sistema de transporte general era la mina Carabinera, siguiendo el río Jauto.

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Explotación a cielo abierto junto al cortijo de los Trances (2)

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Ubicación de uno de los pozos (según el testigo) ya tapado, entre las zonas 1 y 2.

Sabemos que Concepción fue una de las minas explotadas a partido por Carlos Bahlsen, junto con otras también propiedad de Clifton Pecket (Angelita y Soria). Esta explotación se limitó al año 1898 y se contabilizaron 3700 toneladas de mineral de hierro extraído, que seguramente fue transportado hacia el cable aéreo de la Compañía por medio de carretas y mulos, siguiendo el río Jauto. Fue sin duda durante este año de 1898 cuando se realizaron los trabajos que se pueden observar hoy en día.

Además de las labores junto al cortijo de los Trances, hay otras labores de menor entidad en dos puntos no muy lejos del cortijo. Una de estas labores consisten en un pequeño desmonte con un pozo, el segundo punto de explotación no pudimos explorarlo, pero se trataría también de pequeños trabajos.

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Desmonte y pozo en la zona 3.

En 1920, la empresa Unión Bedareña rehabilitó el registro minero de Concepción, aunque no nos consta que se realizaran trabajos en ella. En 1975 la mina fue explorada en 1975, describiéndose una capa de mineral sobre una capa de oligisto micáceo, describiendo cuatro galerías a distinto nivel siguiendo la mineralización, siendo la más importante la inferior, provista de una tolva donde descargaban el mineral las labores superiores.

Bédar: la mina Santa Catalina

Hoy hablaremos de una de las minas poco conocidas de Bédar. Se trata, sin embargo, de una de las minas más importantes de la Sierra, y va siendo hora que tratemos un poco en profundidad sobre ella. Aunque disponemos de información sobre ella, la falta de planos y otros documentos sobre ella hace bastante difícil su estudio. Dentro de lo que es la carencia de documentación minera en Bédar, las minas de la Sociedad de Chávarri son de las que menos información se ha conservado.

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Visión panorámica de la mina Santa Catalina.

La concesión Santa Catalina fue demarcada en 1873 por el vecino de Almería Pedro Lledó y Valdivia, en terrenos de Pedro Simón Castaño, muy cerca de Serena. La concesión se encuentra junto a concesiones muy ricas en mineral, como la Higuera, Júpiter y Mahoma, es por eso que fue pretendida por la Compañía de Águilas. El director de la Compañía, Juan Pié y Allué, viajó Almería para llegar a un acuerdo con el representante de los propietarios, José España y Lledó, aunque llegó tarde, pues el contrato ya había sido firmado con el representante de Clifton Pecket, que actuó como un mero intermediario de la sociedad de Víctor Chávarri.

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Pequeño barranco entre las concesiones de La Higuera (a la derecha) y Santa Catalina. En el centro se encuentra un pequeño depósito de estériles procedente de Santa Catalina.

Dentro de los problemas por impagos que tuvo Chávarri con casi todos los propietarios de las minas que tuvo arrendadas en Bédar, la de Santa Catalina fue la que más complicaciones le causó. José España y Lledó, propietario de un 57,5% de acciones de la mina y representante del resto, era además un abogado muy competente, que plantó cara a la poderosa compañía minera. El pleito, que fue ampliamente seguido por la prensa, se conoció como «El Asunto Chávarri», y en cierta manera espoleó al resto de propietarios de minas arrendadas por la sociedad de Chávarri y que también consideraban que se habían incumplido los contratos. Se dice que Don Andrés López de la Presa, ingeniero director de estas minas, recibió amenazas de muerte a causa de los pleitos con los propietarios. El conflicto llegó a su fin en 1901 con la compra de la concesión minera por un total de 40.000 pesetas, una importante suma para la época.

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Cargadero de mineral en Santa Catalina. Aunque está cubierto por vegetación, se observa bien el resbaladero del cargadero y un muro lateral.

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Muro lateral del cargadero de Santa Catalina.

La explotación de la mina fue irregular, se retrasó el inicio de la explotación porque surgieron problemas con la expropiación de los terrenos. En 1897 la mina estaba en explotación mediante un pozo y  un plano inclinado, bajo la dirección inicialmente del ingeniero Manuel Figuera. En 1899, y ya siendo Don Andrés López director, se indica las dificultades que se encontraban los mineros debido a la ligereza con la que se habían realizado alguna de las primeras obras, así el muro del plano inclinado amenazaba con derrumbarse, o el pozo se obstruía o bien las vagonetas descarrilaban en el túnel.

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Túnel de la Higuera en su extremo a la altura de la concesión de Santa Catalina. Obsérvese que se trata de un túnel amplio y con un cuidadoso trabajo de mampostería, lo llama la atención al tratarse de una labor interior. El motivo es que en un principio se pretendió que la locomotora de Santa Catalina pudiera arrastrar los vagones hasta este punto para su carga, aunque bien sea por el coste o por dificultades para su construcción, se abandonó esta idea y se acabó el túnel con una galería simple sin ningún tipo de refuerzo. El transporte se realizaba con vagonetas, seguramente arrastradas por mulas y se estableció el cargadero para la carga del ferrocarril en el otro extremo del túnel.

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Compuertas de carga en el extremo del túnel de la Higuera. Gracias a los trabajos de cartografía realizados por los estudiantes de Nancy, podemos ubicar estas compuertas en la zona donde se encontraba la tolva de carga de la mina Santa Catalina. Precisamente el túnel se encuentra obstruido a causa de los escombros lanzados por la tolva.

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Ubicación de la tolva de carga en el túnel de La Higuera

A pesar de las dificultades, siempre fue considerada como una de las minas más ricas de la zona, siendo la cabecera de uno de los dos ramales del ferrocarril, que recibía su nombre de esta mina. Según las Declaraciones de los mineros, fue la tercera más productiva, con casi 45.000 toneladas de mineral explotado, solo detrás de La Mulata y El Silencio. La concesión caducó en marzo de 1941.

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Corta junto al cargadero. El cargadero se alimentaba con el mineral extraído en esta corta, que está atravesada por una vía minera. Sin embargo es posible que también recibiera mineral por otra vía minera que se rodea el cerro, en dirección hacia otra pequeña corta.

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Muro de mampostería de refuerzo para vía minera.

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Muro de mampostería y mortero de cal. Parecen los restos de una pequeña balsa.

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Dos vistas del Socavón General

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En las dos fotografías superiores se ven algunas bocaminas cercanas al Socavón general.

En cuanto al funcionamiento de esta mina, la falta de documentación dificulta mucho la interpretación de los restos que todavía se pueden observar. Se sabe que se explotaba mediante un pozo principal y un plano inclinado. Información recogida en 1975  describe varias rozas, un socavón hundido y un pozo, el pozo del Embudo, que podría tratarse del pozo principal de explotación. A pesar de esto, se sabe que el mineral era transportado a través del túnel de La Higuera, la concesión colindante. El mineral se cargaba en las vagonetas dentro del túnel, posiblemente mediante una tolva desde el exterior, tal y como se recoge de testimonios de algunos mineros de Hierros de Garrucha.

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En las dos fotografías superiores, algunas galerías de la mina Santa Catalina.

Por el túnel de la Higuera el mineral llegaba hasta el cargadero conocido como de Santa Catalina, en el primer pozo de luces de la mina Higuera, donde se acumulaba en una tolva provista de nueve compuertas para la carga en los vagones del ferrocarril, que accedían mediante un túnel de 60 metros. Cabe decir que inicialmente se planteó en preparar el túnel de la Higuera para que la locomotora pudiera atravesar toda la Higuera hasta la misma mina Santa Catalina, motivo por el cual ambos extremos del túnel están preparados para ello, con una anchura mayor de lo normal y con una cobertura de mampostería de buena calidad (el túnel de la Higuera se empezó a la vez por ambos extremos). Pero finalmente se abandonó el proyecto (supuestamente por su coste) y se completó el túnel como un simple túnel de transporte con vagonetas.

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Plano de demarcación y algunas de las labores en la mina Santa Catalina.

Disponemos más información gracias a un inventario de mineral de 1916, en el que se da contabilizan cuatro volquetes de mina de una tonelada de capacidad, un volquete de 400 kilos y dos vertederas de tolvas, una de ellas de hierro fundido. También disponía de un malacate y un torno de pozo, además de una chabola de mampostería para fragua. En referencia al malacate de esta mina, en el único plano donde se muestran algunas de las galerías de esta mina se encuentra precisamente el «pozo del Malacate», aunque ante la ausencia de más documentación, no podemos reconstruir de momento el funcionamiento de la mina, la ubicación del pozo de explotación o pozo del Embudo (si es que eran el mismo) ni conocemos la ubicación y utilidad del plano inclinado. Los testimonios posteriores solo hablan del «Socavón principal o general» de la mina, de una vía minera de superficie que recorría el centro de la concesión y de la «tolva» de carga en el túnel de la Higuera. Los mineros de Hierros de Garrucha podían ir por estas galerías desde la entrada del túnel de la Higuera hasta las labores del hoyo Júpiter, pues las galerías de Santa Catalina llegaron a conectar con las de Júpiter.

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Paralizados los trabajos con el cierre de las minas en los años veinte, Santa Catalina no volvió a ser explotada durante la época de Hierros de Garrucha. No han quedado restos de los trabajos realizados en esta mina, todos los elementos metálicos fueron desmantelados. Tan solo hemos podido encontrar esta punta de barrena, con incisiones en espiga, en uno de los frentes de trabajo de las galerías de la mina. Debe de datar de principios del siglo XX.

Bédar-Neufchef: cuando la madera canta (quand le bois chante)

En el día de ayer realizamos una visita al museo de las minas de hierro de Neufchef, en la Lorraine francesa, acompañados de Christian Hibsch y uno de los alumnos que participaron en el último stage en Bédar, Thomas Pesenti. El objetivo era el de conocer un modelo de musealización minera y de un centro de interpretación-museo, de cara a recoger ideas para la musealización de una mina en Bédar. Aunque las diferencias entre ambas zonas mineras es evidente, desde el tipo de yacimiento minero hasta el histórico minero, también existen muchas similitudes y sobre todo, interesa cómo han conseguido organizar y gestionar un museo de este tipo.

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Entrada de transporte principal de las minas de Neufchef, 1990.

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Preparación a la visita, hay cascos para niños también.

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Stock de cascos y material de seguridad para visitas en la Casa de la Juventud de Bédar. Es curiosa la similitud, parece que cada vez nos acercamos más.

En una pequeña conversación con Antoine Bach, director del museo y antiguo minero, nos contó como las minas de hierro de la zona de Lorraine, explotadas desde la Edad Media, pasó por las mismas fases que las de Bédar: primera fase de explotación local, modernización a finales del siglo XIX, las crisis de las Guerras mundiales, etc. La principal diferencia es que en estas minas, tras el inicio de la importación de mineral de hierro, de mejor ley y a precio de coste más barato procedente del continente africano, se intentó mantener la producción minera modernizando las minas y optimizando la extracción de mineral, por lo que las minas se mantuvieron en producción hasta el cierre de la última en 1997, tras un largo declive en el que las empresas  mineras (y los mineros) perdieron la lucha para mantener las minas abiertas. En Bédar, sin embargo, las minas cerraron en los años setenta, incapaces de afrontar la modernización necesaria para mantener la competitividad de precios frente al mineral de hierro africano. El máximo de mecanización en Bédar en el punto de vista de la explotación fue el de la compra de al menos una paletizadora y algunas locomotoras diésel para el transporte de vagonetas.

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Aspecto del museo de las minas de Neufchef.

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El museo cuenta con la impresionante colección Armand Willaume de equipamiento de iluminación, con 25o candiles, carburos, lámparas de seguridad, lámparas de señalización, etc.

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Imágenes de Santa Bárbara veneradas por los mineros de la mina de Lorraine y recogidas en el museo.

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También cuenta con una impresionante colección de 43 modelos reducidos de diferentes vagonetas y locomotoras de Emile Kreins. Las reproducciones son una excelente calidad.

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Alguno de los elementos mineros más antiguos que se exponen en el museo. Restos de cerámica medieval, una tégula romana, algunas herramientas antiguas y restos de fundición.

Según nos comentó M. Bach, cuando ya veían que la guerra estaba perdida y que las minas cerrarían, un grupo de mineros se reunieron para transformar en museo lo que entonces todavía era una mina activa, eligiendo para ello las minas de Neufchef y Autmez. Estos mineros se asociaron en la AMOMFERLOR (Association mémoire ouvrière des mines de fer de Lorraine). Esa es otra de las diferencias importantes con las minas de Bédar, que tras el cierre definitivo en los años setenta, todo el material fue vendido o desapareció. En Neufchef y Autmez, cerca de la ciudad de Metz, a pesar de encontrarse con dificultades inicialmente, estos mineros consiguieron el apoyo del ayuntamiento, recibiendo las subvenciones necesarias para la construcción del museo-centro de interpretación (con su propio restaurante), la musealización de la mina y el acondicionamiento de material y equipamiento minero restante. Una subvención anual ayuda a mantener la actividad.

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Entrada de los visitantes a la mina de Neufchef.

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Las explicaciones dentro de la mina.

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Vagoneta de madera, uno de los primeros modelos utilizados en estas minas.

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Máquina de carga, con este tipo de maquinaria empezó la modernización en la explotación en estas minas, para poder competir con el mineral procedente de las minas africanas. En Bédar también llegaron a utilizarse «paleadoras» como ésta, al menos nos consta la utilización de una de ellas en Júpìter. La máquina, accionada con aire comprimido, avanzaba por los raíles arrastrando una o dos vagonetas, cargando rápidamente el mineral en las vagonetas gracias a la pala.

El resultado lo dice todo, el museo es muy recomendable, con numerosas maquetas y material audiovisual que ayuda a comprender el funcionamiento y un restaurante totalmente funcional en el que se come más que bien y a un muy buen precio (para lo que son los precios por esa zona). La entrada, de 8 euros para adultos, da derecho a una visita al museo y una visita guiada a la mina.

Entre las muchas explicaciones del trabajo minero, se incluye el encendido de un típico carburador. Muchos de nosotros tenemos o hemos visto carburadores, pero nunca hemos visto uno funcionar. Pudimos experimentar el olor típico del carburo y el del acetileno cuando se le añade el agua. Sencillamente impresionante, tal y como pueden ver en el video.

Lo mejor, sin duda, la visita a la mina. Guiados por un antiguo minero, nos lleva desde la parte más antigua de la mina hasta la más moderna, mostrando la evolución de los sistemas de explotación, desde el simple pico a la más moderna maquinaria de explotación, con un amplio repaso a todo lo que es importante en una mina: explosivos, drenaje del agua, iluminación, transporte, purgas de techos, entibación, etc.

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En el exterior se expone numeroso material procedente de las minas, entre ellos compresores portátiles para desagüe, perforadoras automáticas, apisonadoras, locomotoras eléctricas, máquinas de carga, de transporte de estrío…

La visita no solo nos ha aportado muchas ideas de cómo musealizar las minas de Bédar, además, y por sorprendente que parezca, nos ha dado algunas respuestas a algunas cosas observadas en las minas de Bédar para las cuales no teníamos respuestas satisfactorias. Una de ellas es la presencia de troncos de árboles en algunas de la minas antiguas. En un principio tomamos dichos «palos» como un sistema de entibación. Evidentemente, ni el más tonto puede creer que un simple tronco puede sostener un techo de una galería, por lo que esta explicación para estos «troncos» era más que insatisfactoria, sobre todo porque la madera empleada es claramente importada ¿por qué importar madera? ¿para qué servían estos troncos?. Conocíamos historias de entibaciones para «dar seguridad» a los mineros, procedentes de las minas de Gádor, en la que se instalaba una precaria entibación más que por su eficacia por su efecto tranquilizador de los mineros que en ella trabajaba. Pero en Bédar no es el caso. No tardarmos en reparar la presencia de los mismos troncos (emplados de idéntica manera en Bédar), y el guía nos dio la respuesta que habíamos buscado.

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En Bédar cada vez más nos acercamos a este obtetivo, ya tenemos seleccionadas las minas y se han realizado importantes trabajos de cartografía y planificación. Para estos trabajos ha sido vital la ayuda y colaboración de los profesores y alumnos de la universidad de Nancy que hace 4 años realizan estancias en Bédar. En las fotografías superiores vemos la entrega del material de seguridad de la estancia de 2017 y a Christian Hibchs e Ine Thijs en la entrada de la Casa de la Juventud de Bédar.

Efectivamente, es un elemento de seguridad en las minas, pero no de la forma en que creíamos. Nos contó el guía que los troncos eran de una madera específica, de abeto. El motivo de usar esta madera era su resistencia a la humedad y por tardar mucho en pudrirse, pero sobre todo es porque esta madera suele crujir ostensiblemente cuando empieza a romperse. De esta manera, cuando estos pilares empieza a crujir, es decir «quand le bois chante», cuando la madera canta, los mineros sabían que esa zona iba a hundirse y tenían tiempo de salir. Los desprendimientos en la mina eran la causa más frecuente de muerte, por lo que los trabajos de inspección y purga de los techos eran vitales. Posteriormente instalaron un sistema de «sujeción suspendida» por medio de unos tornillos de 1,5-2 metros, tecnología importada de norteamérica, que disminuyó drásticamente el riesgo de desprendimientos.

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Vagonetas dentro de una galería de la mina de Neufchef. Obsérvese el tronco a la izquierda. No se trata de un elemento de entibación, es un sistema de seguridad que avisaba a los mineros en caso de riesgo de hundimiento.
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Troncos de madera, realmente un sistema de seguridad que avisa en caso de riesgo de hundimiento. Mina Júpiter.

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De nuevo, uno de estos troncos «de seguridad», en esta ocasión parcialmente cubierto por obras de mejora de época de Hierros de Garrucha. Mina Júpiter.

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De nuevo, pilones «de seguridad», estra vez en la mina Pobreza.

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Aunque parezca que han colocado este tronco para «sujetar» el muro lateral, realmente servía para avisar en caso de riesgo de derrumbe. Puede tratarse también de abeto, como en las minas de Neufchef, importadas desde Francia o Alemania. El caso es que el tronco lleva ahí desde principios del siglo XX.

Este tipo de sistema de seguridad lo encontramos en Bédar en algunas minas, especialmente las más antiguas, como Pobreza, Júpiter y la Higuera. Data, como en las minas de Neufchef, de finales del XIX y principios del siglo XIX, hasta después de la Gran Guerra. En Bédar, los mineros también estaban atentos al estado de estos pilares, y si la madera «empezaba a cantar» también se daban prisa en salir antes de que todo se hundiera.