



















Como ya comentábamos anteriormente, se considera que el asentamiento más conocido como «Cadima» ha estado ocupado de forma ininterrumpida desde el siglo II a.C. hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII d.C. Se habla del hallazgo de monedas íbero-romanas, correspondientes a las cecas de Gádir (Cádiz), Carmona, Aipora (Sanlúcar de la Barrameda), Caura (Coria del Río), etc. A pesar de todo, no hemos podido ver fotografía o dibujo de ninguna de las piezas.
Pero el tiempo de esperar ha acabado y por fin hemos podido estudiar una de estas monedas íbero-romanas de Cadima, y la sorpresa ha sido mayúscula, el dictamen de nuestro experto numismático es claro: se trata de una moneda de Arse/Saguntum.

Se trata concretamente de un As partido para ser utilizado como una fracción (un semis), de 2,6 mm de diámetro, datado entre el 130 y el 80 a.C. El partir este tipo de monedas era algo habitual dada la escasez de moneda fraccionaria. Se observa en el reverso la proa de una embarcación y en el anverso un busto con algún tipo de decoración a nivel del cabello.

El libro de referencia para estas monedas es «Catalogo General de la Moneda Hispanica, desde sus origenes hasta el siglo V. F. Alvarez Burgos.» de donde proceden los dibujos que aquí se representan. Nuestro ejemplar de Cadima se correspondería con uno de estos dos tipos, aunque falta claramente el «caduceo» que está representado justo delante de la proa de la embarcación, que no aparece en nuestro ejemplar de Cadima. Podría tratarse, sin embargo, de una variante sin este elemento. En este sentido se trata de un hallazgo realmente interesante, pues no nos consta que se hallan encontrado este tipo de moneda en Almería. Los hallazgos más cercanos de este tipo (ases con reverso de proa) han sido encontrados en Murcia (Arse-Saguntum: la difusión de su moneda. Manuel Gozalbes Fernández de Palencia.)
Recordamos que hoy, a las 19:30 horas se presenta el nuevo número de la Axarquía, el número 16, en el salón de actos del Colegio Público Juan XXIII. En este número, y referente a Bédar, se publica un artículo completo sobre la «Sociedad de explotación de las minas de hierro de Bédar», más comúnmente conocida como «Compañía de Águilas», que explotó diversas minas de hierro en Bédar y Serena desde 1884 hasta 1916. El artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Lise Hansen, nuestra colaboradora noruega, gracias a las que hemos podido tener acceso a importante documentación sobre esta compañía que se guardaba en este país, allí llevada por varios de los ingenieros de nacionalidad noruega que estuvieron al frente de las explotaciones en Bédar.
Entre esta nueva documentación analizada, se incluyen los diarios de Gustav Thorkildssen, con una descripción pormenorizada de la construcción del importante cable aéreo minero que desde Serena iba hasta Garrucha; fotografías inéditas de los archivos de la familia Dietrichson, incluyendo la primera fotografía del primer cargadero de Serena (barranco Baeza) allá por 1888, y mucha más información referente a este importante periodo histórico de nuestro municipio.
RECORDATORIO: PRESENTACIÓN HOY EN LOS GALLARDOS:
INVITACIÓN:
Hola amigos/as:
Hoy miércoles, día 28 de diciembre de 2016, a las 19,30 horas presentamos en Los Gallardos (salón de actos del Colegio Público Juan XXIII), el número 16 de Axarquía. Revista Cultural del Levante Almeriense, 2ª Época, un ejemplar cargado de estudios divulgativos sobre investigación de nuestra comarca, con una parte importante dedicada a varios Aniversarios que se han cumplido (XX de la aprobación término municipal de Garrucha; 50 de la caída Bombas Palomares; el Centenario de la Primera Guerra Mundial y sus repercusiones en nuestras costas; el Centenario del nacimiento del Padre Tapia); varias biografías: sobre el ilustrado y agrónomo veratense Pedro de Torres; sobre la figura de Antonio María Bernabé y Lentisco, director de El Minero de Almagrera de Cuevas; sobre el compositor garruchero José Fuentes Aynat; y en general trabajos sobre piratas berberiscos, moriscos, historia minera, fiestas de moros y cristianos, industrias que ya no existen, literarios, necrológicas de la comarca, con un amplio repertorio de noticias culturales y bibliográficas de estos años en que no hemos podido acudir a nuestra cita anual.
En la mesa intervendrán María González (alcaldesa de Los Gallardos), Domingo Fernández (Presidente de la Mancomunidad de Municipios); María Dolores García de Madariaga (Jefa del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses), Antonio Luis Rodríguez Ridao (profesor de Historia en la Universidad Autónoma de Chile); Federico Moldenhauer (Presidente del Colectivo Almagrera) y Juan Grima (coordinador de la Revista Axarquía).
En definitiva, os esperamos en esta presentación, como en otras ocasiones, a los «axarquianos o axarquistas» y a todos los que tengan inquietudes por nuestra cultura, el patrimonio y el medio ambiente, y especialmente en el porvenir de estos pueblos del Levante Almeriense. Volvemos con más fuerza que nunca. Queremos convertir nuestra revista en un referente en todos los sentidos, incluido el de la periodicidad que a partir de ahora será semestral.
Rogamos déis a la presentación de este acto la mayor difusión posible.
Un saludo
Juan Grima Cervantes (Coordinador de Axarquía)
Federico Moldenhauer Carrillo (Presidente del Colectivo de Arte Almagrera)
Al final del acto se servirá una copa de vino español, por gentileza del municipio anfitrión, Los Gallardos.
NOTA: Con el patrocinio o colaboración de la Mancomunidad de Municipios del Levante Almeriense, el Instituto de Estudios Almerienses de la Diputación Provincial de Almería y el Ayuntamiento de Los Gallardos.

Adjuntamos algunas fotografías del estado en el que han quedado el barranco de los Chorreadores y el de la Balsa Alta después de las últimas lluvias. Son fotografías subidas a Facebook por Francisco Soler Antequera. También nos indica que una piedra de grandes proporciones ha caído en el camino a Serena, cerca del cortijo Alambre.














Por fin, tras varios años se publica un número nuevo de la revista Axarquía. Desde hace mucho tiempo, la revista Axarquía ha sido un referente obligado para para el conocimiento de nuestra rica herencia cultural, patrimonial e histórica. Es además uno de los pocos medios de divulgación en el que los investigadores pueden dar a conocer sus estudios sobre el Levante Almeriense, muchos de los cuales realizan una gran labor y de una forma absolutamente altruísta. Es por eso que nos alegramos mucho de la vuelta de la Axarquía. Publicamos a continuación la invitación enviada por el Director-coordinador, Juan Grima Cervantes, y os pedimos también un máximo de difusión posible del evento.
Presentación Revista Axarquía nº 16 en LOS GALLARDOS
INVITACIÓN:
Hola amigos/as:
El próximo miércoles, día 28 de diciembre de 2016, a las 19,30 horas presentamos en Los Gallardos (salón de actos del Colegio Público Juan XXIII), el número 16 de Axarquía. Revista Cultural del Levante Almeriense, 2ª Época, un ejemplar cargado de estudios divulgativos sobre investigación de nuestra comarca, con una parte importante dedicada a varios Aniversarios que se han cumplido (XX de la aprobación término municipal de Garrucha; 50 de la caída Bombas Palomares; el Centenario de la Primera Guerra Mundial y sus repercusiones en nuestras costas; el Centenario del nacimiento del Padre Tapia); varias biografías: sobre el ilustrado y agrónomo veratense Pedro de Torres; sobre la figura de Antonio María Bernabé y Lentisco, director de El Minero de Almagrera de Cuevas; sobre el compositor garruchero José Fuentes Aynat; y en general trabajos sobre piratas berberiscos, moriscos, historia minera, fiestas de moros y cristianos, industrias que ya no existen, literarios, necrológicas de la comarca, con un amplio repertorio de noticias culturales y bibliográficas de estos años en que no hemos podido acudir a nuestra cita anual.
En la mesa intervendrán María González (alcaldesa de Los Gallardos), Domingo Fernández (Presidente de la Mancomunidad de Municipios); María Dolores García de Madariaga (Jefa del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses), Antonio Luis Rodríguez Ridao (profesor de Historia en la Universidad Autónoma de Chile); Federico Moldenhauer (Presidente del Colectivo Almagrera) y Juan Grima (coordinador de la Revista Axarquía).
En definitiva, os esperamos en esta presentación, como en otras ocasiones, a los «axarquianos o axarquistas» y a todos los que tengan inquietudes por nuestra cultura, el patrimonio y el medio ambiente, y especialmente en el porvenir de estos pueblos del Levante Almeriense.
Volvemos con más fuerza que nunca. Queremos convertir nuestra revista en un referente en todos los sentidos, incluido el de la periodicidad que a partir de ahora será semestral.
Rogamos déis a la presentación de este acto la mayor difusión posible.
Un saludo
Juan Grima Cervantes (Coordinador de Axarquía)
Federico Moldenhauer Carrillo (Presidente del Colectivo de Arte Almagrera)
Al final del acto se servirá una copa de vino español, por gentileza del municipio anfitrión, Los Gallardos.
NOTA: Con el patrocinio o colaboración de la Mancomunidad de Municipios del Levante Almeriense, el Instituto de Estudios Almerienses de la Diputación Provincial de Almería y el Ayuntamiento de Los Gallardos.

Completamos las fotografías de la exposición de 2002. Se llevó a cabo en la plaza de Don Antonio Bolea en 2002. Las fotografías que vienen a continuación son de esa exposición, durante las navidades de 2002. Fue una buena iniciativa, en la que participó el historiador Juan Grima, con cuyas explicaciones se rotularon los principales edificios históricos del pueblo. Desgraciadamente, y pasados ya 14 años, no se ha vuelto a realizar nada parecido, y es una pena. A lamencionada exposición tampoco se le dio mucha publicidad, por lo que muchos no nos enteramos (no tenemos la suerte de vivir todo el año en Bédar), pero afortunadamente siempre hay alguien que piensa en el resto y nos facilitó estas fantasticas fotografías de las fotografía (extraño, pero es así). Cuentan que la exposición fue después víctima de un acto vandálico… así como varios de los cartelitos explicativos que se instalaron. Se llega a pensar que hay quien tiene un verdadero problema con la historia en este pueblo… Disfruten de las fotografías, algunas son verdaderos clásicos, de las pocas que tenemos.





















Por una solicitud específica, publicamos de nuevo esta fotografía, que forma parte de la colección de Juan Grima. La fotografía es anterior a 1896, fecha en la que se construyó el ferrocarril Bédar-Garrucha. Las labores en la mina Mulata obligó a derribar la Ermita de encima del cerro, para evitar accidentes por caídas en la cantera.

En pueblos como Bédar se echa en falta un archivo histórico municipal o algún pequeño museo local. Es bastante incomprensible que con la importante historia y patrimonio que tiene este pueblo, incluida la minera, no exista todavía ni un centro ni ningún tipo de libro o publicación en que se recopile nada de esto. La cosa se comprende mejor cuando uno se da cuenta que la enfermedad es un poco de todo el Levante almeriense, donde parece que se cumple una una extraña regla: a más patrimonio arqueológico e histórico, menor interés por él por parte de vecinos y autoridades. De los políticos que nos representan mejor no comentamos nada, pues no es momento hoy de hablar de ineptitud (e inaptitud) y de corrupción. Hoy recordaremos que hubo un año en que esto empezó a cambiar un poco. No sin cierto asombro, se inauguró una exposción fotográfica que incluía interesantísimas fotografías históricas de nuestra época minera de 1910, procedentes de la colección de Isabel Bolea Nieto. Entre las fotografías, muchas otras recientes que nos hablan de nuestra rica historia y tradición. Hoy quiero recordar algunas de estas fotografías de la exposición de 2002 (todas las fotografías fueran fotografiadas a su vez durante el invierno de ese año), de las cuales incluyo hoy algunas de ellas, junto a la explicación que las acompañaba:
«Las celebraciones nupciales son muy importantes en la vida de los pueblos pequeños, como sucede en Bédar:. En la imagen la boda de Josefina Campoy Torres. Hacia 1966. (Colección José Manuel Castaño).









Cuando se habla de minería en la sierra de Bédar, se cree generalmente que Hierros de Garrucha fue la última iniciativa minera antes del cese de toda actividad. Sin embargo no es así, todavía en 1973 se explotaban unas canteras, pero no eran de mineral de hierro, eran de serpentina. Esta parte de la historia es bastante más desconocida, pero hoy vamos a intentar arrojar un poco más de luz sobre la explotación de serpentina verde en Bédar.



La empresa se llamaba IMPOSSA (Industrial Poliminera de Serpentinas, S.A.), y estaba domiciliada en Tíjola. La cantera de serpentina que se explotó en el barranco de los Chorreadores se llamaba «Mis hijos«, pero no fue la única, otra cantera de serpentina fue explotada también cerca de la cortijada abandonada de la Torrecica, cerca de Los Pinos, su nombre: «San Francisco«. Además, esta empresa explotaba otra concesión de mármol de color caramelo, de nombre «Amarillo Oro«, cuyo lugar exacto desconocemos, pero que seguramente tiene relación con la dolomía de color caramelo de El Pinar de Bédar.


Un informe de J.C. Jacquin de febrero de 1973 nos da más información sobre esta empresa. IMPOSSA se constituyó en Tíjola en 1966, compuesta por 5 accionistas principales. El accionista mayoritario vendió sus acciones a sus nietos. En 1973 el accionista mayoritario era José Oliver Corsera, presidente del Consejo de Administración. En el momento de la constitución de la sociedad, el capital era de 1.050.000 pesetas. IMPOSSA adquirió posteriormente la empresa CODOMA, una pequeña sociedad que disponía de material de calidad, parece que la compra de esta sociedad fue para evitar la competencia que ésta les podría ocasionar.

Esta empresa disponía de una concesión de dolomía en Tíjola («Nacarina«), otra de mármol en Macael («Plan 72″, otra de serpentina en Bayarque («Recuperada«) y dos concesiones en Bédar, una de serpentina («San Francisco«) de 540 pertenencias y otra de mármol («Amarillo Oro«, de 1 Ha 90 a). CODOMA disponía de una concesión de serpentina en Lubrín («La Milagrosa«), que estaba en funcionamiento en 1973 y que producía 70 toneladas por día, de manera casi continua.



IMPOSSA disponía de otras concesiones que eran propiedad de los accionarios de la sociedad y que arrendadas a la empresa. Propiedad de José Oliver eran las concesiones «Mis Hijos» (serpentina, Bédar) y «José Manuel» (serpentina, Bayarque), además de otra concesión en Lubrín («Nuestra Señora del Socorro«). Antonio Molina, otro de los accionistas, tenía arrendada la concesión de serpentina «Dos Amigos«, en Albanchez.


En total, la empresa disponía de 780 pertenencias de serpentina y dos hectáreas y media de mármol. En 1973 estaban en producción la cantera de La Milagrosa (CODOMA) que proporcionaba 1000 toneladas mensuales de serpentina triturada para la fabricación de aglomerados. Las canteras «San Francisco», «José Manuel», «Nuestra Señora del Socorro» y «Dos Amigos» proporcionaban de 2.000 a 2.500 toneladas de serpentina triturada, así como bloques de 40 cm para la fabricación de placas. Se trataba de una serpentina de color verde, más o menos oscura, que era transportado a Tíjola para su trituración. La tonelada de serpentina triturada de primera calidad se vendía a 700 pesetas la tonelada.
La cantera de mármol «Amarillo Oro«, de Bédar, proporcionaba un material con un tono entre beige y caramelo oscuro, destinado a la fabricación de aglomerados. La cantera «Plan 72″ de Macael proporcionaba un mármol entre beige y rosa, estando a la espera de poder explotar mármol blanco.

Además de la fábrica en Tíjola, la empresa disponía de un “almacén-regulador” en Zurgena. En asociación con LLOBREFGAT-FAYOS, IMPOSSA disponía también de un almacén en Felanitx-Porto Colom (Mallorca). Esta empresa suministraba de serpentina verde a Cataluña, Baleares , Valencia, Almería, Madrid, La Mancha y Sevilla. De esta manera monopolizaba un 60% del mercado nacional de triturados de serpentina.
Concretamente, la concesión de «Mis Hijos» producía una serpentina color verde manzana medianamente compacta. La de «San Francisco» producía una serpentina verde oscura, muy compacta y de primera clase, que permitía extraer bloques.


Con el cierre de estas canteras, cuya fecha exacta desconocemos, acaba oficialmente la actividad minera. Posteriormente se realizaron trabajos de para la extracción de muestras y sondeos para valorar las posibilidades de algunas de las minas, pero no volvería a reactivarse ninguna explotación. Al menos hasta hoy.
Seguimos con otra mina de hierro de Bédar, las minas «Las Angustias» y «Adela y Leonor». Estas concesiones fueron registradas en 1887 y 1888 en el barranco de la Mortera, sobre una mineralización de carbonatos y óxidos de hierro. Se ubican en un abrupto barranco que baja de las Rellanas. Es de remarcar que todavía se conserva el nombre de «Mortera» para designar este paraje, aunque el barranco se conoce actualmente con el nombre de la mina que una vez se explotó: Las Angustias.

De estas dos concesiones, en 1897 la Sociedad minera de Víctor Chávarri poseía 25 acciones de de las 100 que conformaban la Sociedad propietaria de las mismas, de las cuales 7 pertenecían al mismísimo Víctor Chávarri y 18 a Manuel Figuera, entonces ingeniero director de la sociedad de Chávarri. Sabemos que durante este periodo, Manuel Figuera intentó buscar partidarios para que explotaran la mina, pues el mineral no estaba excesivamente lejos de la cabecera del ramal de ferrocarril de la Mulata. Sabemos que ofreció las minas a unos compradores de Cuevas de Almanzora, que visitaron estas minas en marzo de 1897, llegando a firmar un contrato de arrendamiento en el cual Manuel Figuera dispondría del 42% de las acciones de la Sociedad, vendiendo el mineral a la Sociedad de Chávarri, que lo transportaría a Garrucha. El problema principal era que las concesiones se encontraban demasiado lejos de la cabecera del ferrocarril, por lo que sería necesario construir algún tipo de sistema de transporte por medio de un pequeño ramal de cable aéreo.


Sin embargo, el negocio no prosperó, al parecer Víctor Chávarri se opuso finalmente cuando todo el proyecto de negocio estaba ya realizado, algo que tiene que ver con los motivos por los que finalmente Manuel Figuera dejó el cargo de director de las minas de Chávarri, siendo sustituido por el nuevo director, y mano derecha de Víctor Chávarri para temas mineros, Don Andrés López de la Presa.



Manuel Figuera siguió intentando hacer negocio con estas concesiones. En 1900, y ante la noticia de la llegada a la sierra de Bédar de una nueva sociedad con capital vasco e inglés, la The Garrucha Iron Mining Company Ltd, intentó vender estas concesiones. Según los datos que poseemos sobre este ofrecimiento, Manuel Figuera afirma haber adquirido ambas concesiones por un total de 17.000 pesetas. Finalmente, parece que el negocio volvió a salir mal.




Tenemos que esperar hasta 1952, cuando Hierros de Garrucha reinició los trabajos de extracción en las viejas minas del coto de Bédar. Entre las minas «re-explotadas» por esta sociedad se encuentra la mina de las Angustias.
En los terrenos de estas dos concesiones podemos encontrar una serie de trabajos de exploración: una vía minera, varias trincheras y pozos, además de una pequeña edificación. Sin duda se tratan de los trabajos realizados a finales del siglo XIX de cara a evaluar el yacimiento de minerales de hierro de estas concesiones. Estos trabajos sin duda no pasaron desapercibidos para los ingenieros de Garrucha, que pudieron comprobar la buena calidad del mineral, como ya había indicado Manuel Figuera en su época. Hierros de Garrucha decidió explotar este rico mineral, por lo que instaló un cable aéreo que conectaba la bocamina principal de esta mina con la carretera de Lubrín a bédar, donde instaló una tolva metálica junto a la carretera, donde se cargaban los camiones que llevaban el mineral hasta Garrucha.

No hay ningún documento ni fotografía de este cable aéreo, toda la información procede de testimonios. Los restos que quedan en esta mina confirman, sin lugar a dudas, la existencia de este cable aéreo. Según estos testimonios, Juan Girona se encargó de instalar este cable aéreo que, aprovechando la gran pendiente del barranco, transportaba el mineral por un sistema tan sencillo como efectivo: disponía tan solo de dos vagonetas, de manera que la que bajaba llena impulsaba otra hacia arriba. Según testigos de estas labores se extrajo gran cantidad de mineral de hierro de excelente calidad.










Para acabar con esta mina, remarcar la belleza natural de este barranco, que desciende directamente desde las Rellanas de Bédar, con unas vistas impresionantes. Aquí dejo esta fotografía de estos bonitos gladiolos silvestres.
Quizás sea la mina La Mulata una de las minas más conocidas de Bédar. El motivo es sencillo, está junto al pueblo, es imposible no verla. Sin embargo sorprenderá saber que hace unos 12 años nadie conocía este nombre, otra víctima de la amnesia «degenerativa» que sufrió la historia minera de Bédar durante el «boom» urbanístico que casi se carga toda la sierra. Antes se conocía como «la roza del Indio», y era habitual escuchar historias de cómo se podía ir del campo del fútbol de Bédar hasta la Cueva Oscura siguiendo oscuras galerías y sorteando pozos.

Afortunadamente hoy sabemos bastante más, y el nombre de «Mulata» vuelve a ser conocido y utilizado para hablar de esta mina. Se traba de un registro de doce pertenencias (120.000 metros cuadrados) que incluía al cerro de la Ermita de Bédar. El criadero se componía de diferentes crestones de hematites parda con óxido de manganeso y hierro oligisto, además de una pequeña cantidad de mica, sobre todo en los puntos de contacto con la roca caliza que hace de caja. Estos crestones se disponían en sentido de norte a sur, siendo menores los situados al norte, siendo el más grande el ubicado en la cumbre del cerro de la Ermita o cerro de la Virgen, ocupando la cúspide entera del cerro en una extensión de unos 4.500 metros cuadrados.

Estos datos los sabemos gracias a la memoria realizada por Manuel La casa en 1873. Cuando se realizó la memoria, existían pequeñas labores sobre las masas de mineral. En concreto se describe una galería ubicada en la ladera norte del barranco de grandes dimensiones pero de poca longitud, en cuyo interior se observaban la boca de dos pequeñas galerías. En la ladera sur del barranco, en la base del cerro de la Ermita, se encontraban la boca de dos pequeñas galerías, una de 6,6 metros de longitud x 3,50 de altura x 2 anchura y otra galería espaciosa de 30 metros de longitud con una anchura variable entre 4 y 10 metros en cuyo interior se encontraba un pozo de unos 3 metros, al parecer relleno de escombros.


Estas labores iniciales están ubicadas en el barranco de la Cueva Oscura, la primera parte de la concesión en ser explotada. La concesión era propiedad de una sociedad de nombre «La Mulata» (nada original en este caso), presidida por Gerónimo Abad Sánchez. Como pasaba con otras minas de hierro, la falta de un ferrocarril o cable aéreo las hacía casi inexplotables, pues los costes de transporte superaban con mucho el beneficio que podrían obtener. Estas primeras explotaciones buscaban extraer los abundantes carbonatos de hierro de estas minas, que eran utilizados en las fundiciones de la costa como fundentes en la reducción de los plomos argentíferos.


Es por eso que la Sociedad Mulata encargó a Manuel Lacasa la realización de este informe. En un movimiento comercial inédito entonces, se hizo pública dicha memoria, que ensalzaba la riqueza en hierro de la mina y el gran beneficio que tendría quien quisiera invertir en la construcción de un ferrocarril. De algo sirvió, primero arrendada por el viceconsul inglés en Garrucha, George Clifton Pecket, y después cedidas al industrial Chávarri, llegó el ferrocarril, que no hubiera sido posible sin la existencia de minas con tanto potencial como el de La Mulata.



Con el ferrocarril en marcha, se inició una explotación a gran escala de esta mina. A grandes rasgos, la mina se dividía en dos, la Mulata «Alta» y la Mulata «Baja» (no se rompieron mucho la cabeza para poner nombres). La Mulata Baja la componían los yacimientos del barranco de la Cueva Oscura, los más accesibles y que ya habían sido explotados para la extracción de carbonatos. La Mulata Alta era el cerro de la Virgen, que no dejaba de ser una enorme masa de mineral de hierro.



Para llevar el mineral a la cabecera del ferrocarril de Bédar (ramal de la Mulata), que estaba a la altura de la Palmera, más abajo en la rambla, se instaló un plano inclinado, ya que el desnivel era demasiado importante como para una vía sencilla. En la parte superior del plano se instaló el freno del mismo, que evitaba que las vagonetas cargadas bajaran demasiado deprisa. Este freno, que tenía la forma de un carrete gigante, persistió bastante tiempo después de que el plano fuera desinstalado, y seguro que hay muchos todavía en Bédar que se acuerdan del «Carrete» de Bedarín. Uno de los túneles o labores a nivel del barranco de la Cueva Oscura se llamaba «Túnel del Peraico». Curiosamente, este nombre se ha conservado en el paraje que cruza la carretera que va hacia Bedarín.



Cuando los ingenieros de minas pusieron el objetivo en las enormes reservas de mineral del cerro de la Señora, a una altura considerable sobre el barranco, se plantearon si instalar otro plano inclinado para bajar el mineral «controladamente». En un principio ese fue el plan, pero abandonaron esta idea y idearon algo bastante más complicado. Dado que la sociedad minera tenía otras minas al otro lado del cerro de la Señora, y puesto que también tenían que darle una salida hacia el barranco de la Cueva Oscura para llevarlo hasta el ferrocarril, idearon un sistema de transporte consistente en realizar una galería que, desde el barranco de la Cueva Oscura (desde la misma Cueva Oscura), llegara hasta el barranco de la Fuentecica, junto al lugar donde hoy se encuentra el campo de fútbol de Bédar.

En el barranco de la Fuentecica instalaron una tolva de mampostería en forma de embudo, que recogía el mineral de la mina Segunda Mulata (Pozo Plaza) y Mozambique. Este túnel cruzaba todo el cerro de la Virgen y venía a salir en lo que hoy en día es la Cueva Oscura. De esta manera, tan solo tenían que dirigir el mineral del Cerro de la Virgen hasta el túnel inferior, lo que facilitaba mucho el transporte, pues solo tenían que dejar caer el mineral.

Sabemos que este fue el sistema de transporte elegido finalmente, aunque desconocemos exactamente cuando se llevó a cabo, pues sobre esta mina no se han conservado planos (que sepamos) y la documentación es muy escasa y rara de encontrar. Como en otras ocasiones, la exploración de campo ayuda a entender lo que pasó, pues el cerro de la Virgen presenta dos grandes canteras a cielo abierto, como dos grandes cicatrices, a parte de un nutrido grupo de galerías que, por varias vías, conducen el mineral a la galería inferior de transporte. Una vía minera, que partía de la cantera de más tamaño, contornaba el cerro evitando pasar por el pueblo (que se encarama por una de las laderas del cerro de la Virgen). Esta vieja vía minera podía haberse utilizado tanto para llevar el mineral desde las canteras hasta el barranco de la Cueva Oscura, como para el transporte de estériles (o puede que ambas cosas). Hoy en día, esa vieja vía minera, ampliada, es el camino que lleva al Malecom y que nos permite llegar cómodamente hasta Bédar desde el barranco de la Basalta.

Pero sigamos. Independientemte de si las canteras fueron antes, después o a la vez que se desarrolló el sistema inferior de transporte (todo parece indicar que fue a la vez), el hecho de que se trabajara en dos grandes canteras justo al lado del pueblo, tuvo que dar problemas. Efectivamente los hubo, y los periódicos reflejan el malestar que las continuas explosiones de barrenos (con la conbsiguiente lluvia de pedruscos) resonaran un día sí y otro también en Bédar. Hay que imaginarse la situación, te encuentras tranquilamente junto a tu casa realizando cualquier tarea cotidiana, cuando de repente resuena el sonido inconfundible de una caracola. Más vale que corrieras entonces, pues era la señal de la «pega» de barrenos, y tenías unos minutos para ponerte a cubierto en casa antes de que el suelo temblara y una lluvia de pedruscos aporreara el techo de tu casa. Esto, que parece un poco exagerado, es justamente lo que ocurría en Bédar. No acabaron ahí los disgustos. La ermita de la querida patrona de Bédar, la Virgen de la Cabeza, estaba justo encima del Cerro de la Virgen. Como el gran tajo o roza estaba tan cerca ya de la ermita, los ingenieros temieron que algun vecino acabara despeñándose cantera abajo, con los disgustos y retrasos que eso hubiera provocado en la explotación. Así que se decidió derribar la ermita y trasladar la Virgen a otra ermita, más cerca de Bédar, que fue financiada por la Sociedad de Chávarri. Muchos se acordarán de esta otra ermita, que fue derribada en tiempos recientes, pese a su valor histórico, siendo sustituida por la ermita actual, más pequeña y con cierto parecido con la ermita antigua.

Es fácil pensar que los ingenieros que explotaban el hierro de este cerro decidieran en cómodas y económicas canteras, decidieron en un momento dado seguir la explotación en galerías, para evitar así seguir molestando a los vecinos y convertir su cerro de la Señora en algo así como «El gran agujero», algo ciertamente peligros para tener junto a una zona poblada. Realmente no debió ser así, porque por lo que parece, en esos entonces a las compañías mineras les importaba bien poco si causaban o no perjuicios a los vecinos. No se puede esperar otra cosa de una compañía minera que siguió utilizando a niños para el transporte del mineral hasta bien entrado el siglo XX.


Si queremos conocer los motivos reales, tenemos que buscar un motivo económico, lo único que les importaba. Este motivo lo encontramos rápidamente cuando descubrimos que la gran masa de mineral que creían que formaba el Cerro de la Virgen no era tal. La escasa documentación que disponemos de esta mina deja bien claro que, lejos de ser una masa uniforme, existían numerosas zonas con mineral de muy baja ley o simplemente estéril. Este es uno de los pocos motivos que pueden inducir a realizar galerías subterráneas en vez de explotaciones a cielo abierto. El motivo es sencillo, si para obtener una tonelada de mineral bueno has de movilizar cien toneladas de rocas y mineral inútil, la explotación a cielo abierto puede ser mucho más costosa que unas galerías que recorran simplemente las zonas más ricas de mineral. Debió ser este, y no otro, el motivo por el cual se desarrolló una red tan extensa de galerías bajo el cerro y no se siguió con la explotación a cielo abierto, motivo por el cual todavía Bédar tiene un Cerro de la Virgen.

En el barranco de la Cueva Oscura también se produjo un cambio importante en el sistema de transporte. Sabemos que se acabó desinstalando el plano inclinado y que, en una fecha que desconocemos, se instaló otra enorme tolva de embudo y se realizó un túnel que conectaba ésta con la Palmera, el el «Túnel de la Palmera». Las vagonetas podían llevarse a cargar justo bajo la tolva. ¿Por qué cambiaron el sistema de transporte? Aunque era más cómodo cargar los vagones del ferrocarril justo bajo la tolva, no creemos que lo hicieran para evitar que los pobres operarios no se cansaran mucho descargando las vagonetas que llegaban por el plano y cargándola en los vagones del tren. No sabemos a ciencia cierta por qué (no hay ninguna prueba documental), pero existe una historia transmitida por tradición oral que sí que nos explica lo que pasó… Cuentan que vinieron unos ingenieros ingleses a ver las minas, los cuales hicieron un estudio y estimaro que bajo el barranco de la Cueva Oscura había grandes cantidades de mineral. Como no tenía sentido elevar este mineral hasta el barranco para luego hacerlo descender por el plano de la Mulata hasta la Palmera (eso no es nada económico), decidieron sencillamente realizar un túnel que llevara directamente hacia el punto de carga en el ferrocarril. Ahora bien, aprovechando el túnel para explotar este mineral bajo el barranco, no sería ya muy complicado cargar en este túnel el mineral que llegaba por la Cueva Oscura, para lo cual solo tuvieron que añadir una de las bonitas tolvas en embudo de mampostería que esta sociedad gustaba instalar.



Y hasta aquí este repaso a esta bonita mina. Hay que decir que es cierto que desde el campo de fútbol se puede llegar hasta el barranco de la Cueva Oscura «bajo la montaña». Son oscuras galerías y algún paso un poco angosto, pero el que esto escribe lo ha hecho ya en varias ocasiones. Eso sí, desaconsejo vivamente que nadie intente nada parecido, es ciertamente muy peligroso. El interior del cerro está casi completamente hueco, aunque los ingenieros de la sociedad de Chávarri se preocuparon en dejar enormes columnas (ya sea de mineral o de mampostería) para sostener la el cerro, lo que hace que a al recorrer la mina a veces tengamos la sensación de encontrarnos en una enorme catedral (o en las minas de Moria, para que me entiendan los fans de «El Señor de los Anillos»). Algún día puede que pueda ser visitable, eso sí, si los cerdos (y lo siento mucho, pero son unos cerdos) que tiran basura y escombros a la roza del Indio dejaran de hacerlo ¿se piensan acaso que nadie los ve?

