Fotolibro homenaje a Antonia «la retratista»: el proyecto

Desde hace ya tiempo que manejamos la posibilidad, la casi obligación, de realizar algún tipo de homenaje a Antonia García Vilchez. Esta mujer, peluquera primero y retratista después, fue durante mucho tiempo prácticamente la única persona que realizaba fotografías, no solo en Bédar, también en Los Gallardos.  Su trabajo es el recuerdo visual de mucha gente y sus fotografías llenan los álbumes de muchas familias, especialmente en Los Gallardos y en Bédar.

Aunque hace ya tiempo que se intentó realizar una exposición-homenaje a esta gran mujer, no pudo llevarse a cabo por motivos de la política local de entonces. Sin embargo, el homenaje que se merece esta mujer es algo que trasciende las miserias de los tejemanejes municipales, que realmente no interesan a nadie.

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2017. De izquierda a derecha, Gustavo García, Antonia García, Manuel Gallardo y Juan Antonio Soler. Nos entristece muchísimo decir que poco tiempo después fallecía Gustavo, que descanse en paz y nuestras condolencias a toda la familia.

Es por eso que fuimos a ver a Antonia a su domicilio actual, a La Carolina, y me faltan palabras para describir la amabilidad y sencillez de Antonia «la Retratista» y la forma encantadora en la que nos recibió, tanto ella como su hermano Gustavo, que desgraciadamente nos dejó no mucho tiempo después. Allí estábamos Manuel Gallardo y yo, Manuel en «representación» del pueblo de los Gallardos y yo como «enviado no oficial» por parte de Bedar, donde se hunden mis raíces. Allí entre fotografías e historias, pasamos una fantástica velada, en la que recopilamos mucha información que necesitamos para el proyecto que teníamos en mente y que llevaremos a cabo. Hay que decir que no hubiéramos llegado hasta aquí sin la ayuda de Juan Diego Gallardo, que nos ha ayudado y nos ayuda con fotografías, contactos e información.

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Como la idea original de la exposición fotográfica se nos antoja bastante complicada, la idea de un fotolibro-homenaje nos pareció mucho más sencilla, apropiada y, sobre todo, capaz de llegar a más gente. Muchas familias originarias de Bédar y Los Gallardos viven fuera de ambos pueblos, y muchos no podrían acercarse a ver una exposición realizada en cualquiera de los dos pueblos, por mucho tiempo que estuviera abierta. Un fotolibro, en cambio, sería mucho más fácil de realizar y podría llegar a muchos más sitios. Estamos seguros de que tanto el ayuntamiento de Los Gallardos como el de Bédar estarán encantados de echar una mano con este proyecto.

ANTONIAR1Laboratorio de Antonia en Bédar.

De ahí la gran importancia de la enorme cantidad material fotográfico facilitado por Juan Diego Gallardo y la misma Antonia García, que a su edad y pese a sus problemas médicos, su cabeza le funciona a la perfección, y no le falla ni su memoria ni su buen humor.

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Las fotografías de Antonia se pueden considerar como uno de los patrimonios históricos más importantes de Bédar y Los Gallardos.

Sin embargo, seguimos necesitando ayuda de todos los que tienen fotografías de Antonia, que son muchos, para que nos hagan llegar copias de sus mejores fotografías. El proyecto merece la pena. A pesar de todo, hasta ahora hemos recibido poquísimas fotografías que no vengan directamente de nuestras propias familias y de los archivos de la protagonista. A ver si se animan un poco…

 

Bédar quiere «resucitar» sus minas…

Interesante noticia publicada hoy en la Voz de Almería:

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Mientras tanto, los trabajos de rehabilitación en la mina Higuera continúan, en las fotografías se observan los trabajos de limpieza de uno de los accesos a las galerías:

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Trabajos de rehabilitación de la mina Higuera (Serena, Bédar) Parte 3

Seguimos aportando información de los trabajos de rehabilitación de la mina Higuera. En su primera semana es inevitable las presentaciones y entrevistas. Hoy tocaba una reunión en el Ayuntamiento para presentación a la prensa del proyecto que se realizará durante el mes de Junio.

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De izquierda a derecha, Quentin Brunsmann, Thomas Pesenti, Ine Thijs y José Ramón Muñoz. Fotografía realizada ante la estatua del minero de la plaza San Gregorio de Bédar.

En dicha entrevista, realizada en el Ayuntamiento y bajo la organización del concejal José Ramón Muñoz, se trataron varios aspectos importantes del proyecto. Como Asociación organizadora, la representante de Bédar Sostenible, Ine Thijs, participó en la entrevista.

También participan el proyecto el C.D. Aventura Sierra Almagrera y la Asociación de Amigos del El Argar, asociaciones que como Bédar Sostenible, están muy implicadas en la conservación y promoción del patrimonio arqueológico y minero de nuestra tierra. Se comentó también que los presentes trabajos son continuación de los que ya se realizaron en 2015 por parte de otros dos estudiantes de Nancy, Hélène Velcin y Clément Vorgy.

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Entrevista en el salón de plenos del Ayuntamiento de Bédar.

El objetivo es sencillo, se trata de preparar para las visitas una de las minas más características e interesante de la sierra de Bédar, la mina Higuera. Su inclusión dentro de los circuitos actualmente existentes, complementará la oferta a los interesados en la historia y el patrimonio, permitiendo la visita de una auténtica mina trabajada desde finales del siglo XIX hasta principios del XX.

DSC_3986Thomas Pesenti mostrando el primer boceto provisional de una de las zonas de la mina Higuera donde trabajan.

Entre los proyectos de visita se plantea la realización de dos trayectos diferentes, una para menores y personas con movilidad reducida y otro para visitantes más atrevidos y más dispuestos a explorar todos los rincones de esta extensa mina. Los trabajos de securización son vitales para este proyecto, de ahí la decisión de que los realicen dos personas especialmente formadas para realizar este tipo de trabajos.

La colaboración con la Universidad de Nancy es vital para este proyecto. La relación con esta Universidad viene de hace 4 años, en las que se han realizado diversos «stages» de estudiantes de geología. Todos estos proyectos han sido posibles gracias a las gestiones realizadas por Bédar Sostenible con dicha Universidad, siendo el Ayuntamiento de Bédar una pieza vital que ha proporcionado el apoyo necesario para que dichos proyectos hayan sido exitosos, en especial su concejal José Ramón Muñoz, que ha actuado en diversas ocasiones como guía para la visita a esta mina de los estudiantes franceses.

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El concejal José Ramón Muñoz, contemplando los bocetos de la mina.

 

El beneficio es también para estos estudiantes y para la misma universidad, pues permite una formación complementaria práctica sobre el terreno, en un lugar geológicamente muy interesante, como es Bédar. La geología peculiar de la mina permite al visitante no sólo acercarse a lo que era la vida del minero en esa época, también es un auténtico viaje al centro de la sierra en el que se pueden observar las diferentes capas de rocas que la forman.

 

Inicio de los trabajos de rehabilitación en la mina Higuera (Serena, Bédar) Parte 2.

Comienzan los trabajos de preparación para visitas de la mina Higuera. Desde el lunes, dos estudiantes de la universidad de Nancy especializados en securización de rutas realizan los trabajos preliminares, planeando las posibles rutas y medidas de seguridad a adoptar.

En las fotografías inferiores vemos como han limpiado y despejado el primer «patio de luces» de la mina, acceso obligado para los visitantes. En este patio de luces se encontraba el cargadero de mineral de Santa Catalina. Los vagones de mineral eran conducidas hasta aquí por una locomotora de vapor de 10 toneladas, hasta un cargadero compuesto por 9 compuertas metálicas, desde la que se cargaba directamente el mineral en los vagones.

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Una vez limpio de maleza, se observa con claridad la trinchera de mampostería donde estaba dicho cargadero.

Thomas Pesenti y Quentin Brunsmann nos han hecho llegar uno de los planos-boceto de las galerías de la parte superior de la mina. No somos especialistas, pero sabemos identificar un trabajo profesional cuando lo vemos. Sin duda, podemos esperar un excelente trabajo de estos dos profesionales.

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Seguiremos informando…

Los anillos «ojo» nazarís del Hisn Serena (Bédar)

El castillo roquero nazarí de Serena (Hisn Serena) sigue reportando sorpresas. Ya son bastantes los restos metálicos procedentes de este castillo de los que hemos podido conseguir fotografías, incluyendo una punta de flecha, un virote de ballesta, una contera de estilete y varias dirhenes de plata y un felus de época nazarí.

El felus, una moneda fraccionaria de bronce, tenían el interés añadido de poder llevar una fecha. Es el caso del felus procedente del castillo, en su único lado visible se lee parte de la fecha «nueve setenta y ochocientos», es decir, el 897 de la Hégira, o lo que es lo mismo, el año 1474 d. C., año en el que reinaba en Granada Abū al-Hasan ‘Ali ben Saad, más conocido como Mulhacén.

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Felus nazarí de época de Mulhacen. Hisn Serena.

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Dirhem de plata nazarí con perforaciones, seguramente con fines decorativos.  Hisn Serena.

El resto de restos se corresponde con lo que se espera entre los restos de un castillo, clavos y diferentes fragmentos de hierro, incluyendo lo que parece una aguja y dos fragmentos de herraduras.

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A la derecha, una punta de virote (ballesta) y una punta de flecha de bronce procedentes del Hisn Serena. A la izquierda, una punta de flecha de hierro procedente del Hisn Bédar. La punta de virote presenta la punta doblada, y la de flecha doblada y rota.

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Contera de estilete  (protección de la punta de la vaina) de claro estilo nazarí.

Sin embargo destacan algunos elementos algo inusuales, un clavo decorativo, un botón… y varios anillos. Los anillos, dos de bronce y uno de plata, no parecen especialmente de lujo ni están muy elaborados. Precisamente uno de estos anillos, el segundo de bronce, es una de las últimas piezas de las que  hemos tenido conocimiento, y presenta un gran parecido con el otro anillo, siendo incluso más pequeño que éste (1,9 x 1,3 cm el primero y 1,7 x 1,3 cm el segundo). Su pequeño tamaño parece indicar que se trataba de anillos de mujeres o incluso niños. El anillo de plata, que se encuentra deformado, es más grande, de 2,2 cm de ancho.

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Primer anillo de bronce. Parece llevar representado un ojo.

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Segundo anillo de bronce con un tamaño y un motivo decorativo muy similar al anillo anterior.

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La similitud entre ambos anillos es más que evidente.

Es muy significativo que ambos anillos presenten esta representación de un ojo. El ojo ha tenido un significado muy especial desde la antigüedad, desde un amuleto protector hasta el “ojo que todo lo ve”. En el sufismo existe una expresión, el “ayn al-qalb”, el “ojo del corazón”, una alusión simbólica a la cualidad de la intuición, a la comprensión.

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El anillo de plata, con una decoración muy tosca, presenta un disco decorado con líneas onduladas, que parecía en un primer momento escritura.

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Los restos metálicos procedentes del Hisn Bédar son mucho menos numerosos, pero incluye algunos elementos muy interesantes. Incluye un fragmento de herradura, un clavo de herradura y varios fragmentos de plomo. No tenemos conocimiento de fragmentos de plomo en el Hisn Serena, sin embargo cuatro de los fragmentos del Hisn Bédar son de este metal. Se encuentra también una punta de flecha de hierro.

Pero lo más interesante son, sin duda, unas pinzas de médico, utilizadas para pequeñas intervenciones en la piel y una moneda un tanto extraña.

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Estas pinzas de médico son una de los restos antiguos más interesantes e inusuales de los encontrados en el Hisn Bédar.

Pero la palma se la lleva sin duda la moneda procedente del Hisn Bédar. Se trata de una pequeña pieza de cobre de cospel rectangular de 20×22 mm y 1,2 grs de peso. La característica principal es que lleva un muy inusual resello árabe sobre una moneda que podría haber sido bizantina o visigoda . A parte de la rareza intrínseca de dicha moneda, este hallazgo pone en duda lo que pensábamos sobre este castillo roquero.

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Moneda con resello árabe procedente del Hisn Bédar. La moneda fue calentada para aplicar el resello, lo que hizo que se perdiera mucho detalle de la moneda original. Además, el resello se aplicó directamente sobre el rostro del busto representado en la moneda. En todo caso, se trata de una pieza extrañísima de de difícil interpretación dado su hallazgo en en castillo nazarí de Bédar.

Esta moneda nos retrotrae, de hecho, al inicio de la dominación musulmana de la península, en el siglo VIII d.C. Lo que pone en duda la suposición de que el castillo de Bédar fuera edificado, como otras fortificaciones, durante el periodo del reino de Granada. Es muy posible que este castillo sea mucho más antiguo de lo que se cree, castillo que sin duda sufriría modificaciones cuando la frontera con los reinos cristianos se instaló cerca de Bédar.

Como siempre, seguiremos informando.

Seguimos con Cadima (Los Gallardos)

Seguimos aportando datos sobre el patrimonio del levante almeriense. Esta vez volvemos a la antigua villa romana de Cadima, en Los Gallardos. Todavía esperamos a que las autoridades se decidan a rescatar del olvido estos importantes restos de nuestro pasado. Mientras tanto, siguen llegándonos nuevos datos.

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Las ruinas, junto al curso del río Aguas, siguen su lenta e imparable erosión. Nuevos bloques han caído al río, otros pronto seguirán el camino.

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Los restos procedentes de esta antigua villa y que nos han hecho llegar diferentes particulares dejan bien clara la importancia de este emplazamiento arqueológico, entre ellas diversas monedas del emperador romano Constancio II, lo que eleva ya el total de monedas bajoimperiales de este emperador haladas en Cadima a 23, de un total de 86 monedas romanas que se pueden datar entre el 216 d.C hasta el 392 d.C, al final del reinado de Valentiniano II.

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Destaca una moneda recortada procedente de Arse-Saguntum, que puede datarse en el siglo uno antes de Cristo. En el lado contrario, varias monedas y un ponderal de época del Califato de Córdoba y de la Taifa de Almería (siglo X y principios del XI) indican la presencia de una población estable también durante esta época.

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Denario del emperador Caracalla del 216 d.C. procedente de Cadima.

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Antoniniano del emperador Galieno procedente de Cadima. Acuñado entre el 260 y el 268 d.C, en el reverso está representado un antílope.

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Follis de Constantino I «Magno» procedente de Cadima. Fue acuñada en Roma entre el 315 y 316 d.C.

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Nueva aportación de una moneda muy desgastada de época del emperador Valente (364-375 d.C.)

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Dos de las nuevas aportaciones del emperador Constancio II procedentes de Cadima. Se trata de dos medio centenionales de este emperador, que se pueden datar entre el 337 y el 354 d.C.

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Centenional del emperador Constancio procedente de Cadima. Moneda acuñada en un lugar tan distante de Los Gallardos como lo es Alejandría, entre el 351 y el 355 d.C.

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Fracción de dirham de Man ben Muhammad ben Sumadih, de la Taifa de Almería (1041-1051 d.C.)

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Fragmentos de «terra sigillata» decorada procedente de Cadima.

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Otro fragmento de «terra sigillata» romana decorada. Hay que destacar que se trata del mismo tipo de decoración que presenta otro trozo de «terra sigillata» procedente de la vecina Roceipón y que ya presentamos en este blog:

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Otra de las fotografías enviadas nos muestra un pequeño fragmento mural de estuco pintado, la antigua decoración de una vivienda romana de época:

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Este pequeño fragmento de estuco decorado, procedente de Cadima, nos recuerda mucho de nuevo a los observados en Roceipón, de dos poblaciones que debieron ser contemporáneas:

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En fin, las fotografías también van llegando, lo que confirma la importancia de estos enclaves.

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Restos de cerámica en Cadima.

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Fragmento de una «tegulae» (teja)  romana.

Minas San Ignacio y Santa Cecilia. Serena (Bédar)

El Hoyo Júpiter y toda la zona minera que la rodea es una de las más importantes de la sierra de Bédar. A finales del siglo XIX, y partiendo de una serie de concesiones mineras que allí poseía la familia Orozco, la todopoderosa Compañía de Águilas estableció un plan de explotación de las inmensas reservas de mineral que atesora esta sierra.

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Para que la explotación resultara rentable, se instaló en 1888 un cable aéreo de transporte hasta Garrucha, del que mucho hemos hablado. Sin embargo, fue en 1885 cuando los ingenieros cubicaron la masa de mineral e idearon un ambicioso plan de explotación de la sierra. Este plan lo debemos al ingeniero noruego Fredrik Dietrichson y al alemán Ferdinand Putz.

Descubrir este plan de acción no ha sido fácil, dado la escasez de documentación preservada, pero gracias a los escritos de Dietrichson, a varios planos conservados, a la correspondencia de Manuel Figuera y a una exhausta investigación del terreno, tenemos una buena idea de cómo se desarrollaron estas labores, hasta configurar los restos mineros que, hoy en día, pueden ser visitados en la ya conocida ruta minera de Bédar.

Una de los planos que más información han dado ha sido uno de los que más nos ha costado interpretar. Veámolos aquí escaneado y reducido (el plano original es de unos 1,8 metros de largo):

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Plano inédito de superfície de las Cañadicas en 1896 perteneciente a la planimetría de la Compañía de Águilas. Al Norte (parte superior del plano) se observa una colina y el avance de las hoyas de explotación de la mina Júpiter, las rozas Colorada y Negra. Destaca el complejo sistema de transporte en superície, con planos automotores y diferentes túneles y tolvas.

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Fotografía de Los Pinos y el barranco de la Hoya desde la cima de la colina al norte de la concesión de Júpiter.

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Desde esa cima, y hacia en NE, se observa el pozo P con su castillete en el centro del barranco de la Hoya y al fondo el impresionante cerro Cabrero.

A diferencia de la mayoría de planos, éste representa las labores superficiales del Hoyo Júpiter y de la concesión de Porfiado durante 1896. Se observan las diferentes vías de transporte de mineral y de escombros, así como los principales «hoyos» o canteras de extracción de mineral. Como punto muy interesante, se ve la salida de la galería a la altura de la cabecera del Plano Grande, punto vital que fue la base del «descifrado» del plano.

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En las laderas de este cerro no faltan preocupantes fracturas del terreno que denotan la intensa actividad de minería subterránea. en algunos lugares, las vetas de óxidos de hierro son visibles en la calcita.

De una manera resumida, y para no aburrir al lector con demasiados detalles, cabe decir que donde hoy hay un enorme hoyo, antes había un cerro. Este cerro, casi de puro mineral de hierro, fue explorado en profundidad mediante una serie de pocillos. Gracias a la información obtenida por los pocillos, Dietrichson estimó que las reservas de mineral alcanzaban los 3.000.000 de toneladas, algo que al resto de ingenieros de la Compañía le pareció excesivo, para algunos incluso una idiotez. Nadie pensaba que las reservas sobrepasaran las 750.000 toneladas, y ese debió ser el parecer de los directores de la Compañía, pues ni compraron las concesiones a sus propietarios cuando tuvieron la oportunidad, ni instalaron un sistema de transporte de demasiada capacidad (el cable era barato y fácil de construir, pero de mucha menos capacidad que un ferrocarril).

Sin embargo, el tiempo le dio la razón a Dietrichson, pues las reservas de esta zona parecía no agotarse nunca. En especial cuando empezaron a explotarse las minas aledañas, que, poco a poco, fueron conectándose al cargadero de mineral ubicado en la concesión de San Manuel.

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Al Este del cerro se observa un pequeño desmonte donde antes se situó el pozo J (que durante un tiempo confundimos erróneamente con el pozo F). El pozo en sí ya no existe, en algún momento fue cubierto. Al fondo, y ya en el barranco de la Hoya junto al camino, se encuentran las escombreras de lo que fue el pocillo de exploración nº 8, que también fue enterrado.

En lo que concreta a la explotación, las concesiones de Júpiter, Porfiado y Mahoma fueron las más productivas, junto con la de San Manuel. Todo empezó con una enorme cantera, ubicada en las concesiones de San Manuel, Porfiado y Júpiter, siendo esta última la situada más al norte. De esta cantera, donde llegaron a trabajar 200 mineros en superfície, se extrajeron cantidades ingentes de mineral, y aún la capa de mineral de hierro seguía en profundidad. El problema fue que una vez alcanzada la cota 365, la cantidad de estériles que tenían que transportar para seguir trabajando en cantera era tan grande, que no había literalmente espacio para su almacenamiento. Fue entonces cuando empezó la explotación por galerías, que partían de forma radial de la parte más al Norte, al Este y al Oeste de esta enorme cantera. Desde ahí, la explotación se dirigió fundamentalmente hacia el Oeste, pues allí la Compañía disponía de más concesiones mineras con bastante buen mineral, mientras que las concesiones mineras al norte y Este fueron adquiridas por Chávarri (Santa Catalina y la Higuera, fundamentalmente).

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Al sur del cerrillo de Júpiter nos encontramos con un paisaje totalmente diferente. Se tratan de las minas San Ignacio y Santa Cecilia, al norte del Hoyo Júpiter. En el terreno, totalmente colapsado, se observan parte de las labores al descubierto.

Es por eso que hoy en día se puede observar el enorme Hoyo, que se correspondería con las concesiones de Porfiado y Júpiter, y más al norte una gran cantidad de bocaminas. El explicar cómo se desarrollaron y planificaron estas labores internas es algo complicado y no es éste el lugar, pero hay que decir que las explotaciones se dividían en numerosos trabajos diferentes. Estos trabajos, también llamados «minas», muchas veces eran entregados a partidarios (contratistas), pequeñas empresas mineras, muchas veces familiares, que explotaban a partido una pequeña parte de la mina, entregando el mineral a la Compañía. Tan solo algunos trabajos eran realizados por mineros a jornal de la Compañía, normalmente los más ricos o los que la Compañía considerara más importantes.

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El terreno irregular de las minas de San Ignacio y Santa Cecilia están sembradas de galerías y depósitos de mineral. Entre los restos, dos peligrosos pozos.

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Uno de los pozos, muy irregular y sin obra de refuerzo de mampostería, dispone de un pequeño murete en su parte superior. Siempre hay que andar con mucho cuidado por terrenos mineros.

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El segundo pozo, tan irregular como el anterior, conserva parte de una estructura de madera en su parte superior. Da la impresión que el pozo quedó al descubierto al hundirse parte del terreno.

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Vista del Hoyo Júpiter y de Porfiado desde la parte superior de las labores de San Ignacio.

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Depósitos de mineral en Santa Cecilia.

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Entre los restos, dispuestos de forma anárquica, se encuentra esta traviesa de vía minera.

En este trabajo «a partido», muy bien documentado, participaban no pocos mineros de Bédar, en pequeñas empresas de partidarios. Algunos de los nombres de estas «minas» nos han llegado hasta hoy día, como por ejemplo «Dos de Mayo», «Los lobos» o «la mina de Diego», sin que sepamos exactamente donde estaban. A parte de estas «minas a partido», las labores se dividían en diferentes sectores, independientemente de las concesiones donde se ubicaban. Estas zonas o «sectores» eran zonas más amplias que las «minas», aunque no sabemos qué criterios seguían para realizar estas divisiones.

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Las labores al Este del Hoyo Júpiter están menos desarrolladas. No sabemos si por disponer de menos reservas de mineral o por estar demasiado cerca de las concesiones de Chávarri (la Higuera y Santa Catalina).

De esta manera, sabemos que la zona minera al Este del Hoyo Júpiter (la zona entre las concesiones mineras Mahoma y Júpiter) se llamaba la «zona de San Jacinto». Disponemos de un plano de labores de esta zona, y tiene su interés porque se trata de toda la zona al Este del Hoyo, justo por debajo de donde se observa el Hoyo Júpiter en la actual ruta mineral y que llega hasta el pozo J, en Mahoma.

Siguiendo sin duda una forma sistemática y ordenada de trabajo, los pozos principales de extracción se denominaban con letras mayúsculas, así tenemos localizados con cierta seguridad el pozo F o «pozo de la Zaranda«, el pozo P (el que dispone de castillete), el Pozo J, el pozo M y el pozo H. Junto a éstos, había otros pocillos que eran de ventilación, con nombres de santos, sin olvidar los originales pocillos de exploración que se practicaron para explorar la zona (numerados del 1 al 10).

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Impresionante fotografía de los «balcones» y del socavón general del Hoyo Júpiter desde las labores de Santa Cecilia.

Las diferentes Hoyas o canteras (tambén rozas) a cielo abierto de Júpiter y Porfiado también recibieron nombres. Sabemos que en Porfiado se encontraban las rozas de Porfiado, San Marcos y del Teléfono. En Júpiter estaban las rozas Negra y Colorada, denominadas así por los diferentes minerales que se extraían, uno negro más rico en hierro y pobre en fósforo; y otro rojo más pobre en hierro y con más fósforo. En general, la Compañía  mezclaba los minerales de diferente calidad para obtener un producto homogéneo, en especial controlando la cantidad de fósforo, que no interesaba en absoluto a los compradores.

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Castillete del pozo P. Se trata del único castillete conservado en Bédar y que recuerda mucho a los de sierra de Almagrera. Una impresionante y simbólica obra que debería conservarse, el castillete amenaza derrumbarse si no se actúa a medio plazo.

La zona al Norte de los hoyos de Júpiter, que se encuentra justo al pie de la colina que se ve representada en el plano de superficie de 1896, fue explotada por galerías durante la fase de galerías, con varios pozos que creemos que fueron básicamente de ventilación. En esta zona se delimitaron las «minas» de las que hoy hablamos, las de San Ignacio y Santa Cecilia. Si los nombres se han conservado no es porque aparezcan en ningún mapa de los que quedan, se conservaron porque ambas minas fueron explotadas también por Hierros de Garrucha a mediados del siglo XIX. Muchos de estos antiguos nombres fueron recogidos por los mineros de Hierros de Garrucha, seguramente como parte de la información que el ingeniero Don Ovidio Fernández facilitó a Don Felipe Guillén. Los mineros de Hierros de Garrucha explotaron estas antiguas minas de San Ignacio y Santa Cecilia, explotando en retirada los pilares de mineral o «claves» que dejaron los viejos mineros, de manera que todo el terreno acabó colapsándose. Este hundimiento ha dejado una marca visible, un paisaje característico, en la zona al norte del Hoyo.

Y hasta aquí por hoy. Seguiremos con la minería de este interesante paraje.

Algunos interesantes hallazgos

En ocasiones nos envían fotografías de diversas piezas encontradas en nuestros campos. De las fotografías recibidas, queremos destacar dos piezas realmente bonitas y/o curiosas, aunque desconocemos su procedencia.

La primera se trata de una hebilla de bronce de aspecto medieval con una bonita decoración representando un león (aunque la cabeza se asemeje más bien a la de un gato)

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La segunda de ellas nos ha llamado muchísimo la atención por la figura que se representa. Se trata, al parecer, de un pequeño colgante de cobre, una especie de amuleto. La figura que se representa nos recuerda a los chamanes con características de animales que se representan en algunas pinturas prehistóricas.

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No cabe duda que este «amuleto» lleva representada una figura que porta un cuchillo en una mano y que ostenta claramente lo que parece una cola de cánido (lobo o perro). Hemos resaltado en azul la figura para que se aprecie. Podría tratarse de un chamán en alguna ceremonia, puede que íbero (no nos es desconocido el importante simbolismo que poseía el lobo para el pueblo íbero y para muchas otras culturas), aunque es algo que se escapa a nuestros limitados conocimientos. En todo caso ahí está la pieza, de indudable belleza, con tan extraña criatura que hemos decidido adoptar como logo de este blog.

Ponderal andalusí hallado en Los Gallardos

Las escasas referencias a la existencia de poblado de época hispano-musulmana en Los Gallardos provienen de los datos relativos a la excavación de emergencia realizada en Cadima por la empresa Gipsia en 2009-2010, estudio que no nos consta que haya sido publicado todavía. En este estudio se afirma que en época islámica se instaló sobre en la ubicación que antaño ocupara la villa romana conocida como «Cadima» una necrópolis de los siglos X-XIII, utilizándose algunos espacios como vertederos y un posible hogar.

Durante este tiempo nos han ido enviando diferentes fotografías de fragmentos de monedas de esta época hallados en Cadima, al parecer procedentes de un área muy concreta, a tenor de la información facilitada.  Se trataría de monedas muy fragmentadas y desgastadas, que claramente han sido utilizadas para intercambios comerciales. Dos son fragmentos de época del califato, una de la taifa de Almería anexionada a la de Valencia y cuatro fragmentos de dirhams y divisores de dirham de la taifa de Almería.

Destaca especialmente el fragmento de divisor de Abd al-Aziz, rey de la taifa de Valencia, pues en ella se lee con claridad «Al-Nasir» (El Protector). Es conocido que Abd Al-Aziz nombró como gobernador de Almería a su hijo Abd Allah, al que precisamente dio el título de «Al-Nasir». Sin embargo, Abd Allah murió muy rápidamente, sin dejar rastro de lo que hubiera podido hacer como gobernador… al menos hasta que localizamos esta moneda. Tras la muerte de Abd-Allah, el cuñado de Abd Al-Aziz, Man ben Sumadih, se independizó de Valencia, inaugurando la dinastía de los Banu Sumadih, al que pertenecen cuatro divisores de dirham encontrados en Cadima.

Este conjunto de monedas pueden comprenderse entre el año 915 d. C. y el 1051 d. C. A continuación podemos ver estos fragmentos analizados y comentados:

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 1. Año 915-916 d.C. Abd-Al-Rahman III. Califato de Córdoba.

Fragmento de dirham  correspondiente a la zona central de 0,4 gr. En su cara IA se lee «WAHDAHU LAHU (SA)RIKA» (SOLO ÉL, COMPROMISO PARA ÉL). En la cara IIA se lee el título y nombre de Abd-Al-Rahman III «AL NASIR, AL-RHAMAN».

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2. Año 990-998. Hisham II. Califato de Córdoba.

 Fragmento de dirham  de 0,31 gramos. En la cara IA parte de la fecha de acuñación 38? H. En la cara IIA se aprecia parte de un fragmento de El Corán (Sura 61, misión profética de Mahoma).

 AlNasir 3. Año 1038-1039. Abd Al-Aziz. Taifa de Almería anexionada al reino de Valencia.

Fragmento de una fracción de dirhem (posiblemente medio dirhem) de 0,7 grs. En la cara IA IC: «AL-NASIR (NO DIOS) SINO DIOS … (MAHOMA EL ENVIADO DE DIOS). En cara IIA IIC: acuñación a nombre del Imán Hisam, leyendas no legibles o incompletas. Leyendas IM: ilegibles.  

 mon3mon2 4. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento de un dirham de vellón, 1,28 grs. Se aprecia la doble orla y parte de las leyendas de la cara IA.

Taifa de Almería, 433-443 H. 2,4 gr. Vellón. Man Ben Sumadih. Fracción de Dirham.  5. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento de dirham de vellón, 2,4 gramos. En IA: «NO DIOS SINO DIOS». En IIA: «MAHOMA EL ENVIADO DE DIOS».

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6. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fracción (divisor) de dirham recortado de vellón, 0,8 grs. 12×10 mm. Las orlas no se pueden leer por estar recortadas.  Leyenda en IA: «MAHOMA ES EL ENVIADO DE (DIOS). En IIA: «AL IMAN (…) AMIR AL-MUMININ (PRINCIPE DE LOS CREYENTES). Desgraciadamente está recortada en donde estaría el nombre el Imán.

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 7. Año 1041-1051. Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería.

 Fragmento (divisor) de dirham recortado de vellón, 1,09 grs. 18×8 mm. Leyendas IA: «NO DIOS SINO (DIOS)». En IIA: «(MAHO)MA ES (EL ENVIADO) DE DIOS». Variante con adornos (luna creciente y punto) de la fracción de dirham de plata Baja con las inscripciones centrales según VIVES 1040 y PRIETO 354 (Las monedas fraccionarias de los reinos de Taifas. Rafael Frochoso Sánchez y Antonio Medina Gómez. NUMISMA N. 242, P. 81).

Hasta aquí, todo encaja perfectamente con el periodo indicado anteriormente (siglos X-XIII), aunque la abundancia de fragmentos de este tipo nos hace pensar en que existió una población permanente durante este periodo en los terrenos que ocupaba la antigua villa romana Cadima, en el actual término municipal de Los Gallardos.

Llama también la atención el hallazgo de una «blanca» de los Reyes Católicos en la misma zona y que también hemos podido analizar:

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blanca

Se trata de una «Blanca» de 18-19 mm y 1,1 grs de peso. Como ceca parece que lleva una «G» (Granada) invertida en el anverso, algo extraña, pero es alta la variabilidad en este tipo de monedas, prácticamente se puede decir que no hay dos iguales.  La blanca era una moneda de vellón de escaso valor (de ahí lo de «no tener ni blanca»), con un valor de medio maravedí. El nombre de «blanca» le venía por un tratamiento que recibían para que adquirieran un brillo plateado, que se conserva muy raramente. Su presencia en esta zona es, sin embargo, de muy difícil interpretación, puede que se trate simplemente de una pérdida casual.

Sin embargo, una última aportación es mucho más significativa. No se trata de una moneda, pero sí de algo muy relacionado con ellas y con el comercio:

 

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Lo que observamos aquí es un ponderal hispano-árabe rectangular (12×12 mm) de 3,7 grs de peso. Gracias a la clasificación realizada por Tawfíq Ibrāhīm sobre estos ponderales, sabemos que en las leyendas que presenta (repetida tres veces en ambas caras) es la siguiente:

justicia

Viene a decir lo siguiente: «La justicia es de Dios«. Este concepto de «justicia» en un ponderal se ha de interpretar como que se trata de un peso completo y justo. En el mundo musulmán, la obligatoriedad del peso justo viene claramente indicada en el Corán.  El peso se corresponde con el de un dinar (mientras el dirham era la moneda de plata, la de oro era el dinar). Este tipo de ponderales están ampliamente descritos en la obra de Ibrāhīm, con la repetición de esta leyenda en ambas caras, siendo una de las más habituales.

Lo importante es que la presencia de un ponderal, junto con las monedas fragmentarias, va a favor de la existencia de un intercambio comercial y, por lo tanto, de un núcleo estable de población.

Para saber más:

-Ponderales andalusíes. Tawfíq Ibrāhīm. NUMISMA, núm 223, año XLIII, julio-diciembre 1993.

 

El pozo San Fidel, mina Esperanza (Bédar)

Uno de los aspectos más peligrosos de la exploración de los restos mineros antiguos es el de la presencia de pozos desconocidos. Aunque en este sentido es mucho más peligrosa Sierra Almagrera, no faltan en Bédar pozos por toda la sierra que no están ni indicados ni mucho menos protegidos. Todos los años, descubrimos y/o documentamos uno o dos nuevos. Algunos están siendo difíciles de ubicar correctamente, como ocurre con el pozo «J» de la mina Mahoma o el pozo «F» o pozo de la Zaranda. A la inversa también ocurre, con la presencia de pozos de nombre desconocido.

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Corte lateral a la altura del pozo Esperanza entre la concesión de demasía a Sagunto y la de Neptuno. En el mismo se representa la posición del pozo de San Fidel, que se representa en línea discontinua al no se cortada por el perfil, la profundidad era similar a la del pozo Esperanza.

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Representación de las labores a nivel de la concesión demasía a Sagunto. El pozo San Fidel se encuentra en un pequeño barranco entre las montañas que separan el barranco de los Lobos y el río Jauto. Se indica también la posición del pozo Fortuna y del socavón de San Bartolomé (pozo de las Palas). En rojo se indica el trayecto de la vía de transporte o Vía Esperanza.

Otras veces tenemos más suerte, con en el pozo que nos ocupa hoy. Las labores de la demasía a Sagunto, eran más conocidas como mina Esperanza, por uno de sus pozos principales de extracción, pero en la concesión había más pozos, de los cuales hemos identificado el pozo Fortuna y el pozo San Víctor.

La planimetría conservada nos mostraba otro pozo más en terrenos de esta concesión, el pozo San Fidel, cercano a los límites con las concesiones de Neptuno y de la Gloria, en una zona que tenía fama de disponer de importantes reservas de mineral (en especial la concesión La Gloria). Tras algunas comprobaciones pudimos localizar la ubicación aproximada de dicho pozo y, a diferencia de otras veces, el pozo seguía todavía allí. Cabe decir que muchos de los pozos fueron cubiertos o «tapados», ya sea por las propias compañías mineras (cuando dejaban de tener utilidad) o bien por agricultores o los propietarios de los terrenos, por el riesgo evidente que suponían tanto para personas como para animales.

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El pozo, de sección circular, está protegido por un pequeño murete. Junto a él se encuentra el inicio de una galería pero sin recorrido y una escombrera.

El pozo de San Fidel se encontraba donde se suponía que debía de estar. Según los planos disponibles, conectaba con la galería de San Mateo 2º. No debió tratarse de un pozo de extracción, su difícil ubicación en un barranco entre dos montañas, el pequeño murete de protección que presenta y la ausencia de restos de cualquier instalación de extracción (castillete o casa de máquinas) nos hace pensar en un pozo de exploración y/o ventilación.

En la escombrera adyacente al pozo se pueden encontrar carbonatos, limonitas y bonitos ejemplares de hematites con geodas con cristales de calcita.

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Escombreras junto al pozo.

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Diferentes minerales de hierro de la escombrera del pozo San Fidel. Se observan las formaciones características de hematites así como geodas con cristales de calcita.