Las visitas que estamos realizando a distintos enclaves mineros de Bédar después del incendio de julio de 2026 están permitiendo comprobar sobre el terreno el impacto del fuego y, al mismo tiempo, recordar hasta qué punto nuestro patrimonio industrial es frágil. Entre los lugares que hemos visitado se encuentran los restos de la antigua fundición Carmen de Bédar, en El Pinar de Bédar. Milagrosamente, el conjunto se ha salvado de las llamas, aunque el incendio pasó bastante cerca. Una vez más, la fortuna ha jugado a favor de unos restos que constituyen uno de los testimonios más interesantes de la actividad minera y metalúrgica de Bédar en el siglo XIX.
Arriba: reconstrucción artística de la fundición Carmen de Bédar en su época de actividad, con los hornos de reverbero, el sistema de lavado de mineral y las distintas instalaciones que formaban este antiguo establecimiento metalúrgico. Ilustración de Juan Antonio Soler Jódar.
La fundición aparece documentada en 1845, cuando fue registrada como Oficina de Beneficio o fábrica de fundición con el nombre de Carmen de Bédar. Ese mismo año produjo al menos 805 quintales de plomo en barras, una cifra que permite hacerse una idea de la actividad que llegó a concentrarse en este pequeño establecimiento. El plomo obtenido no se trasladaba directamente a la costa, sino a la fundición de San Ramón, mejor situada para su posterior embarque. La distancia y el coste del transporte condicionaron, de hecho, tanto el funcionamiento de Carmen de Bédar como las propias características de sus instalaciones.
Arriba: estado actual de los restos de la fundición, milagrosamente preservados de las llamas, aunque el fuego pasó muy cerca del conjunto.
Arriba: fotografía que muestra lo cerca que llegaron las llamas de este importante elemento del patrimonio industrial de Bédar.
La Carmen de Bédar no era únicamente una fundición. Disponía también de un lavadero de mineral, del que todavía quedan diversos vestigios: balsas, conducciones de agua, muros, fragmentos de cribas e incluso parte de una bomba. En la zona principal se conservan los hogares de tres cámaras abovedadas, probablemente correspondientes a hornos de reverbero utilizados para la fundición del plomo. Estos espacios fueron reutilizados posteriormente como viviendas para los mineros, una muestra de cómo las antiguas instalaciones industriales se adaptaban a las necesidades de quienes trabajaban y vivían en torno a la minería.
Uno de los elementos más singulares es una estructura prismática de unos diez metros de altura, decorada con arcos y con una abertura en su parte inferior. Todo apunta a que se trataba de un horno de cuba, posiblemente destinado al tratamiento de las escorias ricas producidas por los hornos de reverbero. Su configuración permitía cargarlo desde la parte superior, siguiendo modelos de tradición inglesa que tuvieron una importante presencia en las fundiciones del sureste peninsular. Junto a los hornos y al sistema de lavado, estos restos permiten imaginar cómo funcionaba un establecimiento metalúrgico de mediados del siglo XIX.
Arriba: estado actual de la última chimenea de Bédar, la de la fundición Carmen. Su deterioro hace necesaria una intervención de emergencia que permita asegurarla y evitar su colapso. Llevamos muchos años reclamando su protección, sin que hasta ahora se haya actuado. Esperamos que la historia no se repita y que no tengamos que lamentar con la chimenea de Carmen lo mismo que sucedió recientemente con el último castillete minero de Bédar, el del pozo P de Mahoma.
También resulta especialmente interesante la pequeña galería de condensación, asociada a la chimenea, que conserva unas dimensiones sorprendentes por lo reducidas: apenas 27 metros de longitud y una sección aproximada de 0,72 por 1 metro. No permitía la entrada de operarios para recuperar los humos condensados. Su pequeño tamaño pudo responder a la necesidad de reducir el consumo de combustible en una instalación alejada de la costa y sometida a elevados costes de transporte. Era una solución que permitía optimizar el tiro y ahorrar combustible, aunque a costa de perder parte del plomo contenido en los humos.
La historia de la fundición también refleja la compleja realidad empresarial de la minería de aquellos años. En agosto de 1845 se constituyó la Sociedad del Boliche de fundición titulada Carmen de Bédar, con doce acciones repartidas entre distintos propietarios e inversores. La sociedad estableció acuerdos con los dueños de varias minas cercanas para garantizar el suministro de mineral. Sin embargo, pocos meses después comenzó una rápida compraventa de participaciones y una espectacular depreciación de las acciones, que pasaron de valorarse en torno a 1.400 reales a venderse por cantidades muy inferiores. Tras estos documentos notariales se esconde la historia económica de un sector sometido a grandes riesgos, pero también la de las personas que intentaron convertir el mineral de las sierras de Bédar en riqueza industrial.
Arriba: tres fotografías que muestran, sin paliativos, la magnitud de la devastación causada por el incendio y la destrucción de buena parte de los pinares de la zona.
Hoy, casi dos siglos después, Carmen de Bédar ha vuelto a enfrentarse a una amenaza. El incendio de julio de 2026 pasó muy cerca de sus restos, pero, afortunadamente, las llamas no consiguieron destruirlos. Es una suerte extraordinaria, aunque no podemos confiar siempre en la fortuna. La visita ha servido también para poner de manifiesto la necesidad de actuar sobre un elemento especialmente vulnerable: la chimenea de la fundición. Su estado requiere una evaluación y, sobre todo, una intervención que garantice su estabilidad antes de que pueda desplomarse. Si la perdemos, desaparecerá una pieza fundamental de este paisaje industrial y será mucho más difícil comprender sobre el terreno cómo funcionaba la antigua fundición. El incendio nos ha dejado una advertencia clara: proteger el patrimonio no consiste únicamente en lamentar su pérdida cuando ya se ha producido. Carmen de Bédar se ha salvado de las llamas; ahora tenemos la responsabilidad de evitar que termine cayendo por abandono.

Todo lo referente a la fundición Carmen de Bédar se recoge en esta obra, que tendremos ocasión de presentar y comentar el próximo 13 de agosto, a las 20:30 h, en la Pérgola de Vera. Una buena oportunidad para conocer mejor la historia de este y otros elementos de nuestro patrimonio minero.

































