Un casco Adrian M15 en la mina Júpiter de Bédar (Almería), ¿un pionero del salvamento minero en España?

El grupo Shropshire Caving and Mining Club realizó recientemente un descubrimiento excepcional en las minas de Bédar. En su exploración de las profundidades de la mina Júpiter realizaron un hallazgo que podría reescribir la historia de la seguridad minera en España: un casco Adrian M15 oxidado que podría ser el primer casco de protección documentado para equipos de salvamento minero en nuestro país.

Aunque se ha documentado el hallazgo de otros cascos en esta mina y otras cercanas, se trata de cascos de aluminio o baquelita utilizados por mineros la empresa de Hierros de Garrucha en las décadas de 1950 y 1960.


Arriba, vista frontal del casco hallado en la mina Júpiter. Se aprecian restos de pintura clara aplicados sobre vestigios del característico azul horizonte original, así como algunos trazos oscuros que sugieren que el casco estuvo decorado con algún tipo de insignia o marca pintada. También pueden observarse los orificios correspondientes a la insignia frontal original del casco militar y la cresta longitudinal, conservada con su remache de aluminio. En la parte inferior se aprecia una tuerca que sustituyó a uno de los elementos originales de fijación y que servía para sujetar, desde el interior, los enganches del forro de cuero (algo descentrado, claramente una modificación posterior).

Los cascos más antiguos documentados hasta ahora en el coto minero bedarense documentados hasta ahora son los dos ejemplares de los primeros modelos se hallaron en El Pinar de Bédar y se trata de los primeros cascos de protección industrial, fabricados en lona endurecida al vapor, con pegamento y pintura de color negro inspirados claramente en los cascos con ala M1917 «Brodie» que usaron los ingleses durante la Primera Guerra Mundial, ideados por la empresa de Edward D. Bullard en 1919. Estos ejemplares, junto con otros más modernos, están actualmente preservados por la Asociación de amigos del Patrimonio Minero de Bédar (APAMIBE), a la espera de que en la comarca se impulse una iniciativa museística que permita conservar y poner en valor nuestro patrimonio industrial.

Arriba, casco de lona endurecida y pintado de negro, del que aún se conservan algunos restos de pintura. Su diseño está claramente inspirado en los cascos militares británicos M1917 Brodie. En los fondos de la colección de la Asociación de Amigos de Bédar se conservan dos ejemplares de este tipo, procedentes de El Pinar de Bédar.

Pasamos a analizar este nuevo hallazgo. El casco Adrian M15 (casque Adrian en francés) fue diseñado por el Intendente-General Louis Adrian y adoptado por el Ejército Francés en 1915, convirtiéndose en el primer casco de acero moderno de la historia militar. Su introducción revolucionó la protección de los soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Arriba, casco original Adrian M15 francés coompleto, con su característico color azul horizonte.

Estos cascos eran de acero dulce, de aproximadamente 0,7-0,8 mm de espesor y  765 gramos de peso. Disponía de una cresta longitudinal (comb) a lo largo del casco para desviar metralla, una visera de cuero barnizado y una ranura frontal para emblemas. Estaba sujeta con remaches de aluminio correas de cuero, siendo su color estándar el azul horizonte. Se construyeron más de 20 millones de unidades durante y después de la Primera Guerra Mundial, siendo exportado a más de 18 países.

EL HALLAZGO: DESCRIPCIÓN DETALLADA DEL CASCO

Arriba, vista lateral del casco, en la que se aprecian los restos de pintura clara aplicados sobre la capa original de azul horizonte. Se observa nuevamente una tuerca lateral que sustituye al sistema de fijación original y que servía para sujetar el forro interior de cuero.

El casco encontrado en la mina Júpiter se encuentra en un estado de oxidación considerable, por haber permanecido durante más de un siglo en el ambiente húmedo de la mina. El óxido del mineral de hierro ha creado una pátina marrón rojiza que cubre la mayor parte de la superficie.

Sin embargo, se observan restos de pintura, en concreto de dos capas de pintura superpuestas, una inferior del característico azul horizonte original y una capa de pintura clara aplicada sobre la anterior. Esta superposición no es accidental, se trata de una modificación intencionada para transformar un casco militar a otro de uso minero.

Se observa como la pintura clara cubre completamente la zona de sujeción de la visera, lo que indica que la visera fue retirada antes del repintado, lo que es otro indicador de otra modificación técnica de cara a su nuevo uso.

El casco carece de insignia frontal, pero sobre la pintura clara se pueden ver trazos de pintura más oscura, posiblemente rojizo (difícil de apreciar por la capa marrón rojiza del óxido, que sugieren que originalmente portó algún tipo de emblema o marca pintada.

Uno de los remaches originales de aluminio ha sido sustituido por una tuerca, evidencia clara de una reparación posterior con materiales que se pueden encontrar fácilmente en cualquier taller.

Arriba, detalle de la parte posterior del casco, donde se aprecia una tuerca que sustituye al remache original de aluminio.

Arriba, detalle de uno de los laterales del casco, donde se aprecia otra de las tuercas utilizadas para sustituir los elementos de fijación originales, junto con los restos de pintura clara superpuestos a la capa original de azul horizonte.

Arriba, otra imagen de detalle del lateral, con restos de pintura clara sobre la azul original en la zona de fijación de la visera, lo que indica que esta fue retirada antes de repintar el casco.

Arriba, detalle de uno de los enganches interiores para el forro. Al haberse desprendido, fue fijado posteriormente mediante los tornillos y tuercas que se observan en la parte exterior.


Arriba, detalle macro de la zona de fijación de la visera, donde se observa la pintura azul original, azul horizonte, recubierta por una capa de pintura clara.

Arriba, imagen de la calota para apreciar los restos tanto de la pintura original como de la pintura clara de repintado, cuyo color marrón se debe a los óxidos de hierro de la mina, acumulados tras 100 años de abandono.

DE LA TRINCHERA A LA MINA: LOS CASCOS ADRIAN EN USO CIVIL

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, millones de cascos Adrian quedaron como excedente de guerra. Estos llegaron a España a precios muy bajos, representando una oportunidad para las industrias que necesitaban equipos de protección.

Se han documentado su uso en servicios civiles como es el caso de los bomberos de París hasta la década de 1960 (curiosamente, el diseño original del Adrian se basó en los cascos que usaban los bomberos parisinos). También en Finlandia se utilizaron por brigadas de bomberos municipales, como la de Turku.

En la Segunda Guerra Mundial y en el periodo de entreguerras se produjeron cascos M26, una versión mejorada, utilizados para la «Défense Passive» francesa. También se usaron para servicios Air Raid Precautions (ARP, medidas de precaución ante ataques aéreos) y servicios de rescate, a veces pintados de blanco u otros colores de alta visibilidad. Otros usos documentados fueron en guardias ferroviarios, policía y gendarmería.

Específicamente, se utilizaron cascos Adrian M26 por franceses y belgas de la Segunda Guerra Mundial con distintivos relacionados con «sauvetage minier» (rescate minero) y protección civil. Estos cascos fueron, pues adoptados por cuerpos de rescate industrial y minero. Estos cascos M26 presentaba mejoras, como la sustitución del gran orificio de ventilación bajo la cresta, un punto débil, acero de mejor calidad y construcción de una sola pieza.

LA MINERÍA DE BÉDAR: UN CONTEXTO PELIGROSO

La mina Júpiter, lugar del hallazgo, pertenecía a la francesa Compañía de Águilas (Compagnie d’Aguilas). Constituida en París el 19 de julio de 1881, explotó minas de plomo y hierro en Murcia y Almería, creando la filial Mines d’exploitation des mines de fer de Bédar en 1885. Tras el parón de la Primera Guerra Mundial, la Compañía de Águilas, integrada en una nueva sociedad llamada la Unión Bedareña, reanudó los trabajos de explotación en 1919 hasta 1922, en la que la actividad se paralizó definitivamente.

Se han documentado numerosos accidentes en las minas de la Compañía de Águilas en Bédar, con más de 75 accidentes mortales durante la década de 1880 y 1919. Entre estos accidentes tenemos  dos fallecidos por desprendimientos en 1905 y 1908 en esta misma mina Júpiter.

Aunque el accidente más recordado fue en cercana mina de San Manuel, en la que, el 23 de junio de 1906, un desprendimiento sorprendió a 6 mineros en una galería, matando a uno inmediatamente. El rescate duró más de 50 horas, rescatando finalmente a 4 obreros. El equipo de rescate estuvo liderado por el capataz facultativo de minas Darío González y el capataz Cipriano Perchenar. Este accidente tuvo un gran impacto en la población, los mineros atrapados daban golpes de «retreta» y se escuchaban voces pidiendo auxilio, mientras que una multitud de familiares se agolpaba a la entrada.

LOS PRIMEROS EQUIPOS DE SALVAMENTO

El 21 de junio de 1902, se publicó una Real Orden que obligaba a las empresas mineras a disponer de equipos de respiración artificial y personal suficientemente entrenado para salvamento. En esta normativa no se mencionaba cascos de protección. De hecho, en 1920, cada minero vestía como quería y se protegía como podía, sin que hubiera una normativa que obligara a proporcionar cascos a los mineros ordinarios.

La Brigada Central de Salvamento Minero nació en 1912 en Asturias, impulsada por las empresas mineras asturianas para intervenir en los frecuentes accidentes. Por su lado, la Compañía de Águilas organizó en Bédar sus propios equipos de rescate. Además del rescate documentado en 1906 en la mina San Manuel, se sabe que en 1902 otro equipo de rescate consiguió rescatar con vida al minero Juanito «el Moro», atrapado por un derrumbe en el interior del pozo de la Cabra, en El Pinar de Bédar. En este rescate de 1902 también participó el capataz facultativo Darío González, que se vio obligado a despejar con guardas la zona para realizar las tareas de rescate.

Estudiantes de Minas probando diferentes tipos de equipos de respiración artificial destinados a los equipos de rescate minero. Como puede observarse, no parecen especialmente cómodos (Escuela Especial de Ingenieros de Minas, Madrid, 1916-1920).

EL CASCO DE BÉDAR. ANÁLISIS DE LAS MODIFICACIONES

Las modificaciones observadas en el casco Adrian M15 encontrado en la mina Júpiter no son accidentales, son adaptaciones técnicas específicas para el trabajo minero subterráneo.

La retirada de la visera mejoraba la visibilidad, esta visera estaba diseñada para desviar metralla y proteger del agua de lluvia, pero en la mina obstruye la visión hacia arriba, algo fundamental para detectar desprendimientos del techo; además, la visera podía engancharse fácilmente en vigas de madera, irregularidades de la roca o cables, provocando tirones peligrosos. La pintura clara cubriendo la zona de fijación de la visera confirma que fue retirada  antes del repintado, una modificación necesaria que prioriza la funcionalidad sobre la forma original.

Los cascos Adrian originales estaban pintados con pintura azul horizonte, que observamos en nuestro casco en diferentes lugares. Este color no era especialmente visible en la mina, iluminada solo con lámparas de carburo o las primeras lámparas eléctricas en 1920. Los cascos claros reflejaban la luz, haciendo al trabajador mucho más visible para sus compañeros, haciendo más fácil identificar a los miembros de un eventual equipo de rescate. Los colores más comunes usados en defensa civil y servicios de la época eran el blanco, el gris pálido o un azul muy lavado.

Los remaches originales de aluminio o metal blando podían soltarse con el sudor, los golpes y la humedad de la mina. El taller de la mina no dispondría de remaches originales, por lo que sustituir uno de ellos por una tuerca es una reparación clásica y sencilla que podría llevarse a cabo en cualquier taller y que es la prueba más auténtica de la vida laboral industrial de este casco, diferenciándolo de un casco militar reciclado casualmente.

Los restos de pintura en la parte frontal sugieren que portó originalmente algún emblema o marca pintado. Posiblemente, tras retirar la insignia militar y repintar el casco, se añadió alguna marca de la compañía o del equipo de salvamento, que desgraciadamente no se observa con claridad en nuestro ejemplar a causa de la corrosión.

HIPÓTESIS: EL PRIMER CASCO DE SALVAMENTO MINERO DOCUMENTADO EN ESPAÑA

  1. El casco fue abandonado en la mina en el periodo entre 1919 y 1922. Este periodo coincide con el fin de la Primera Guerra Mundial (1918), en la que grandes cantidades de cascos Adrian M15 estaban disponibles como excedente de guerra a precios muy bajos.
  2. Ya existía obligación de disponer de equipos de rescate, sin mencionar específicamente cascos (Real orden de 1902).
  3. La Compañía de Águilas ya había organizado equipos de salvamento anteriormente, como está documentado en 1902 y 1906.
  4. Los repetidos accidentes mortales, especialmente el dramático rescate de 1906, que acabó con el rescate de 4 mineros vivos tras trabajar 50 horas, debió genera una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger a los equipos de rescate.

¿Qué argumentos nos llevan a pensar que se trata de un casco de salvamento y no de un minero ordinario?

  1. En 1920 no era práctica habitual proporcionar cascos a todos los mineros. Cada uno vestía como quería y se usaban, normalmente, sombreros de fieltro o cuero.
  2. Los cascos Adrian, aunque baratos, seguían siendo demasiado costosos para equipar a todos los mineros, no obstante eran asequibles para equipar a pequeños equipos de salvamento.
  3. Las modificaciones técnicas observadas en nuestro casco (visera retirada, repintado y reemplazamiento de remaches por tuercas) son modificaciones intencionadas, que indican un programa sistemático de adaptación de material militar a uso industrial especializado.
  4. Era un casco de origen francés, y la Compañía de Águilas era francesa, por lo que debió contar con la capacidad y contactos para adquirir excedentes de la Primera Guerra Mundial directamente en Francia.
  5. La Compañía de Águilas ya tenía experiencia y capacidad para organizar equipos de rescate coordinados, como en los accidentes de 1902 y 1906 ycon captaces especializados como Darío González.
  6. El casco ha sido hallado directamente en el interior de la mina Júpiter, donde están documentados accidentes mortales, como los de 1905 y 1908. Es posible que esta mina, por su importancia y por su historial de accidentes, fuera priorizada para recibir equipos de protección.
  7. En un contexto internacional, en 1919 se patentaba el primer casco de seguridad industrial por Edward Bullard, inspirado en cascos militares ingleses. El casco estudiado es contemporáneo a los primeros cascos Bullard, por lo que la Compañía de Águilas pudo haber hecho lo mismo adaptando cascos franceses. En tal caso, se situaría a la vanguardia de la seguridad minera en España, décadas antes de que se generalizara el uso de cascos en la minería nacional.

LA HIPÓTESIS MÁS PLAUSIBLE

El casco Adrian M15 encontrado en la mina Júpiter de Bédar fue proporcionado por la Compañía de Águilas hacia 1919-1920 a un equipo especializado de salvamento minero, siendo el PRIMER casco de protecció metálico documentado para uso de salvamento minero en España.

  1. No es un casco militar reciclado casualmente. Las modificaciones documentadas indican un programa deliberado de adaptación.
  2. No es un casco de minero ordinario. En 1920 no se proporcionaban cascos a los mineros ordinarios.
  3. Es un precedente histórico, no hay evidencia de otros cascos de protección metálicos en la minería española antes de 1950, por lo que podría ser el primero documentado.
  4. Existe una conexión con accidentes documentados y equipos de rescate: los accidentes de 1902, 1905, 1906 y 1908 sin duda generaron la necesidad operativa de proteger a los equipos de rescate.

El casco, que pasa a ser custodiado por la Asociación de amigos del Patrimonio Minero de Bédar, es una pieza de arqueología industrial rara e interesante ya que documenta:

  1. Uno de los primeros equipos de protección individual especializados en salvamento minero en España.
  2. La adaptación temprana de material militar excedente a usos industriales.
  3. La conciencia de seguridad de una empresa minera francesa operando en España, décadas antes de la normativa española.
  4. La historia de los equipos de rescate y la intervención de capataces especializados como Darío González y Cipriano Perchenar. Es de especial relevancia el equipo que, en 1906 y tras 50 horas de trabajo, consiguió rescatar con vida a 4 mineros en la mina San Manuel.
  5. El inicio de la protección laboral en la minería española, 30-40 años antes de que se generalizara el uso de cascos.

Gracias a los miembros del Shropshire Caving and Ming Club: Andrew Thompson, Garry Parsons, Kat Rosier, Oliver Beard, Richard Timms y Tracy Elliott, y especialmente a Oliver y Tracy, los que realizaron el hallazgo del objeto que luego cedieron para su estudio y conservación.

Abajo, alguna de las fotografías del equipo que realizó el hallazgo en la mina Júpiter:

La conexión minera Bédar–Níjar: Santa Bárbara, una mina en Cabo de Gata

La historia minera de la sierra del Cabo de Gata, en las proximidades de San José, se remonta a la primera mitad del siglo XIX. Hacia 1825 ya encontramos actividad minera en este territorio, que alcanzaría uno de sus momentos de mayor intensidad alrededor de 1870. Lugares como el Rincón de Martos, la Boca de Albelda, El Pinar o Los Alemanes llegaron a concentrar numerosas explotaciones, dejando una profunda huella en el paisaje y en la historia económica de la comarca.

Arriba: la chimenea de la mina Santa Bárbara es uno de los elementos más característicos y singulares de este antiguo conjunto minero, conservado pese a décadas de abandono. Su estado requiere atención, especialmente en la parte superior, donde resulta necesario acometer trabajos de estabilización para evitar su posible desplome.

Décadas después, la minería de esta zona continuó vinculada a importantes compañías. La Compañía de Águilas, establecida en Bédar y Vera, llegó a poseer diversas minas de plomo argentífero y zinc en Cabo de Gata, entre ellas Santa Bárbara, Geomail, Algezami, Ingratitud y Tres Martillos. Pero es importante precisar que Santa Bárbara no era explotada directamente por la Compañía de Águilas, la mina estaba arrendada y explotada por la sociedad francesa Plakalnitza, vinculada a importantes negocios mineros y metalúrgicos en Bulgaria. Al frente de la actividad en la zona se encontraba el alemán Alfredo Dorn, director de la Compañía de Águilas, un dato que refleja la compleja red internacional de capitales, empresas y técnicos que estaba detrás de la minería almeriense.

Arriba: vista general de los restos del pozo San Casimiro, pozo principal de la explotación, actualmente colapsado. Es importante extremar la precaución en estas antiguas zonas mineras, donde todavía existen pozos y otras estructuras sin protección. Por este motivo, no recomendamos realizar este tipo de visitas sin el equipo de seguridad adecuado y sin la compañía de personas conocedoras del terreno y de los riesgos asociados a estas explotaciones.

Arriba: fragmento de una viga metálica, vestigio del antiguo castillete del pozo San Casimiro, que permite imaginar la estructura que coronaba el principal pozo de la explotación.

Arriba: restos de un rumbo (Round-Buddle), sistema de lavado y concentración utilizado para recuperar las pequeñas partículas de plomo y blenda presentes en el mineral. La explotación contaba con un complejo lavadero, dotado de balsas de decantación y, posiblemente, de quebrantadoras, trituradoras, cribadoras de tipo trómel y un rumbo. Todas estas instalaciones se abastecían con agua procedente de las propias explotaciones. El conjunto se completaba con una casa de máquinas, viviendas, cuarteles, un laboratorio y un polvorín.

La relación entre la Compañía de Águilas y la Unión Bedareña constituye además una de las claves para comprender la dimensión territorial de esta actividad y los vínculos entre las explotaciones de la sierra del Cabo de Gata, cerca de San José, y el importante núcleo minero de Bédar. Las minas no eran enclaves aislados: formaban parte de una extensa red empresarial y minera en la que las concesiones, los arrendamientos, el tratamiento del mineral y su transporte conectaban distintos puntos del territorio.

Precisamente el pasado 6 de agosto visitamos las ruinas de la mina Santa Bárbara, guiados por miembros de Amigos del Patrimonio Geominero Almeriense. La visita se produjo después de analizar nueva documentación sobre esta explotación, especialmente planos inéditos, que están permitiendo avanzar en el conocimiento de sus instalaciones. Estos documentos nos han permitido identificar la base del pozo principal, denominado San Casimiro, y realizar una primera interpretación de los lavaderos de mineral, que se conservan razonablemente bien pese a décadas de abandono.

La visita también sirvió para llamar la atención sobre el preocupante estado de algunos elementos de este patrimonio. En particular, la chimenea de la mina Santa Bárbara precisa de trabajos para estabilizar su parte superior, que amenaza con desplomarse. Se trata de un elemento singular del paisaje minero y creemos importante actuar antes de que su deterioro provoque la pérdida de una parte significativa de este patrimonio.

Arriba: vista de San José desde la mina, en un día brumoso que resta nitidez a la fotografía, pero que hizo mucho más llevadera la visita durante un caluroso día de agosto.

Arriba: autofoto de grupo de los miembros de Amigos del Patrimonio Geominero Almeriense que participaron en la visita de investigación a la mina Santa Bárbara.

La historia de Santa Bárbara y de las demás minas de Cabo de Gata forma parte de los contenidos del libro Cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla, que se presentará el 13 de agosto en la plaza de la Pérgola de Vera. Una oportunidad para recuperar la memoria de una actividad que conectó diversas localidades almerienses, y para reivindicar la conservación de unas instalaciones que todavía hoy nos permiten acercarnos a aquella intensa historia industrial.

Arriba: uno de los perfiles de los planos inéditos utilizados durante la visita, en los que se pueden apreciar las dimensiones de la explotación y la profundidad del pozo principal, San Casimiro, ofreciendo una idea de la importancia que llegó a alcanzar esta mina.

Incendio de Bédar: el barranco del Servalico, entre las cenizas y la memoria minera

La reciente visita al barranco del Servalico y a la antigua mina Pobreza deja una impresión difícil de olvidar. El incendio ha arrasado por completo este paraje, transformando un paisaje que hasta hace poco estaba cubierto por pinares y matorral mediterráneo en una extensión de terreno ennegrecido. La violencia del fuego no solo ha afectado al medio natural, sino también a varias viviendas de la zona, recordándonos que este tipo de catástrofes tiene consecuencias tanto ambientales como humanas.

Arriba: el poste indicador, derribado y calcinado por el incendio, se ha convertido en un triste símbolo de la tragedia que ha asolado el barranco del Servalico.

Arriba: indicador de la Ruta de la Minería parcialmente calcinado por el incendio.

Paradójicamente, la desaparición de la cubierta vegetal ha dejado al descubierto numerosos restos del patrimonio minero que durante décadas permanecían ocultos entre la maleza. Hoy es posible recorrer con facilidad las ruinas de la mina Pobreza y contemplar elementos que hasta hace poco apenas eran visibles. Destacan especialmente las antiguas bocaminas de San José y San Diego, así como las tolvas del antiguo cable aéreo minero que transportaba el mineral hasta El Pinar de Bédar, vestigios de una intensa actividad minera que marcó profundamente la historia del municipio.

Arriba: las arboledas calcinadas son lo que queda tras el devastador paso del incendio.

Arriba: una de las casas alcanzadas por el incendio, testimonio de los daños causados más allá del medio natural.

Entre las imágenes más representativas del desastre se encuentra el poste indicador de direcciones, derribado por el incendio, con el mástil completamente quemado y los indicadores de la ruta reducidos a estructuras calcinadas. Se ha convertido, de forma involuntaria, en un símbolo de la devastación sufrida por el barranco del Servalico y de la fragilidad tanto del patrimonio natural como del histórico frente a este tipo de episodios.

Arriba: bocamina de la galería San José.

Arriba: bocamina de la galería San Diego.

Arriba; ruinas del edificio de la fragua de la mina Pobreza.

Arriba: tolvas de mampostería de la estación de carga del cable aéreo minero de la mina Pobreza.

Arriba: aljibe de la mina Pobreza.

Cuando la naturaleza comience a recuperarse, la vegetación volverá a cubrir progresivamente estas antiguas explotaciones mineras. Sin embargo, esta visita también invita a reflexionar sobre la necesidad de actuar para conservar y proteger este legado. No basta con dejar que el tiempo siga su curso y confiar en que el monte oculte nuevamente estos restos. La recuperación del entorno natural debe ir acompañada de medidas destinadas a documentar, consolidar y poner en valor el patrimonio minero, de manera que ambos, naturaleza e historia, puedan coexistir y preservarse para las generaciones futuras.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

La sierra que amamos, devastada por el fuego

Aún no hemos salido del shock provocado por la tragedia que está viviendo nuestra sierra. En estos momentos no cabe otra valoración que no sea la de confiar en que el incendio pueda ser controlado cuanto antes, que se localice a las personas desaparecidas y que se preste toda la ayuda posible a quienes han resultado damnificados. Lo primero son las víctimas, sus familias y todas aquellas personas que, además del sufrimiento y la incertidumbre, ni siquiera saben todavía si conservan sus hogares o sus propiedades. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los servicios de extinción de incendios, a los cuerpos de seguridad, a los equipos de emergencias, a los voluntarios, a los profesionales de la información y a los ayuntamientos que han habilitado espacios de acogida y han prestado apoyo a quienes lo necesitaban. Gracias a todos los que, de una u otra forma, están ayudando en estos momentos tan difíciles.

Como blog dedicado al estudio, la divulgación y la defensa del patrimonio, especialmente del patrimonio minero, vivimos también estos días con una enorme tristeza. Nos duele profundamente el inmenso daño causado a nuestro patrimonio natural, a la flora y la fauna que forman parte inseparable de la identidad de esta sierra, pero también nos preocupa el patrimonio histórico y cultural que ha quedado amenazado por las llamas. La imagen que acompaña estas líneas, con el fuego avanzando peligrosamente cerca del histórico Palacete de los Chávarri, en Bédar, refleja la angustia que hemos sentido durante estas interminables horas.

Sabemos que, cuando llegue el momento, habrá que evaluar los daños y trabajar para recuperar todo aquello que sea posible. Será un camino largo y difícil, pero queremos dejar claro desde hoy nuestro compromiso de no dejar de trabajar por la recuperación de nuestra querida sierra, de su patrimonio natural, histórico e industrial, porque constituye una parte irremplazable de nuestra memoria colectiva y de nuestra identidad.

Hoy, sin embargo, es tiempo de solidaridad, de respeto y de esperanza. Esperanza en que el incendio quede definitivamente controlado, en que no haya que lamentar más pérdidas y en que todas las administraciones competentes pongan los medios necesarios para que una tragedia como esta no vuelva a repetirse. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes están sufriendo y la mejor forma de honrar y proteger el extraordinario legado que todos tenemos la responsabilidad de conservar.

Nuevo libro: 42 cables aéreos históricos que recuperan la memoria industrial del sureste español

¿Hubo un cable aéreo cerca de tu pueblo?


Durante décadas, decenas de estas impresionantes infraestructuras atravesaron montañas, barrancos y valles del sureste español, uniendo minas, estaciones ferroviarias y puertos. Hoy, muchas han desaparecido casi por completo, pero su historia permanece en documentos, fotografías y en la memoria de los paisajes que transformaron.

El próximo 17 de julio se publicará un libro que reúne el resultado de más de veinte años de investigación sobre los cables aéreos históricos, una obra que combina historia, ingeniería y patrimonio industrial.

El libro incluye un catálogo documental con 42 líneas de cables aéreos, muchas de ellas vinculadas directamente a pueblos y comarcas concretas:

Almería

  • Serena (Bédar) – Garrucha y trinchera Villalta (Bédar).
  • Serena (Bédar) – Los Gallardos.
  • Líneas secundarias de las minas de Bédar: Carabinera, Pobreza, Borrasca, Santiago, Silencio y Angustias.
  • Mina Cuatro Amigos (Bédar).
  • Puerto de Garrucha.
  • Barranco Jaroso, mina Violeta, mina Los Tres Pacos y otras líneas de Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora).
  • Mina Isabel (Mojácar).
  • Cuevas Negras y Gran Coloso (Tíjola y Bayarque).
  • Cable Cabarga San Miguel y cables del Manzano y Cortijuelo (Serón y Bacares).
  • Minas del Tesorero (Serón y Baza), también en Granada.
  • Cable de Cóbdar.
  • Canteras de andesita de Rodalquilar y Mesa Roldán (Níjar y Carboneras).
  • Rincón de Martos (Níjar).
  • Colativí – Casa Fuerte (Tabernas, Níjar y Almería).
  • Calares – ferrocarril de Lucainena de las Torres a Agua Amarga.
  • Los Baños – estación de El Chorrillo (Pechina).
  • Alfaro – ferrocarril de Sierra Alhamilla (Rioja y Pechina).
  • Canteras de Huéchar al Andarax.
  • Olula de Castro – Fuente Santa.
  • Gérgal – Cruz de Mayo.
  • Mina Miguelito (Gérgal).
  • Nacimiento.
  • Escúllar.
  • Beires – Doña María (Beires, Ohanes y Nacimiento).

Granada

  • Las Piletas – estación de Huéneja.
  • Minas del Conjuro (Busquístar, La Taha, Órgiva y Vélez de Benaudalla).
  • Dúrcal – Motril (Dúrcal, Nigüelas, Lecrín, El Pinar, Lanjarón, Vélez de Benaudalla, Órgiva y Motril).
  • Mina Santa Julia – estación de Riofrío (Loja).
  • Guájar Alto – Río Verde (Los Guájares, Lentegí, Otívar y Almuñécar).

Jaén

  • Cable del Centenillo (Baños de la Encina, La Carolina y Carboneros).
  • Cable del Guindo (La Carolina).
  • Cable de la mina Sinapismo (La Carolina).
  • Cable de la mina La Abundancia.
  • Pozo Mirador – Santo Tomás (Baños de la Encina).
  • Cable de Grañena (Jaén).

Málaga y Melilla

  • Altos Hornos de Málaga (desde las minas de Casariche y Badolatosa, en Sevilla).
  • Línea de Marbella.
  • Línea de San Juan de las Minas (Guelaya, Melilla).

La obra incorpora además decenas de imágenes históricas recuperadas, incluyendo fotografías inéditas procedentes de archivos públicos y privados, junto con documentos gráficos que permiten reconstruir instalaciones hoy desaparecidas o de las que apenas quedan vestigios. Muchos de estos cables aéreos han desaparecido casi por completo; por ello, este libro pretende conservar su memoria y poner en valor un patrimonio industrial antes de que se pierdan definitivamente sus últimos testimonios materiales.

La portada del libro muestra una fotografía inédita de la línea de cable aéreo del mítico barranco Jaroso de Sierra Almagrera, una de las muchas imágenes recuperadas durante la investigación y que permiten descubrir cómo eran estas instalaciones cuando todavía estaban en funcionamiento. A través de fotografías históricas, planos, informes técnicos y documentación de archivo, la obra reconstruye la evolución de una tecnología que tuvo un papel fundamental en la minería española desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Destacamos, entre otras fotografías inéditas, una vista impresionante del cargadero de cable aéreo de Los Gallardos o una nueva serie de fotografías de Serón-Bacares, entre otras.

Esta obra no solo estudia una tecnología de transporte: recupera la historia de decenas de localidades, de sus explotaciones mineras y de las personas que hicieron posible unas instalaciones que fueron símbolo de innovación e ingenio.

Muchos de estos cables forman hoy parte de un patrimonio frágil y poco conocido. Conocerlos es también conservar la memoria de una época en la que los paisajes estaban unidos por auténticos caminos suspendidos sobre las montañas.

Título: Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla
Autor: Juan Antonio Soler Jódar
Extensión: 426 páginas con más de 800 ilustraciones (fotografías, planos, documentos, etc.)
Formato: tapa dura
Contenido: historia + características y evolución tecnológica + instalación de cables aéreos + Carlos Bahlsen y La Maquinista de Almería + catálogo de 42 líneas aéreas documentadas

Disponible a partir del 17 de julio en Amazon.

Duodécimo curso de campo en Bédar para los alumnos de la Université de Lorraine de Nancy / Douzième cours de terrain à Bédar pour les étudiants de l’Université de Lorraine de Nancy.

Le douzième cours de terrain des étudiants du département Sciences de la Terre de la Faculté des Sciences et Technologies de l’Université de Lorraine à Nancy s’est achevé avec succès le mardi 17 mars, après deux semaines d’activités intensives menées du 3 au 17 mars. Cette édition a permis aux étudiants de mettre en pratique leurs connaissances théoriques dans un cadre exceptionnel, tout en développant leurs compétences d’observation, d’analyse et de travail en équipe sur le terrain.

Au cours de ce séjour, les participants ont pu réaliser de nombreux travaux géologiques et cartographiques, dans des conditions globalement favorables, malgré quelques épisodes de pluie qui n’ont heureusement pas entravé de manière significative le bon déroulement des activités prévues.

Comme lors des années précédentes, et en coordination avec le professeur M. Hibsch, l’Association des Amis du Patrimoine Minier de Bédar (APAMIBE) et l’Association des Amis d’El Argar pour la réhabilitation des sites archéologiques néolithiques, ainsi que la mairie de Bédar, ont apporté un soutien logistique précieux. Leur collaboration s’est traduite par la mise à disposition d’équipements de sécurité, de trousses de premiers secours, ainsi que des locaux municipaux (Guadalinfo), contribuant ainsi à garantir de bonnes conditions de travail et de séjour pour l’ensemble des participants.

Nous adressons nos sincères remerciements à toutes les personnes et institutions impliquées dans l’organisation de ce cours de terrain, dont l’engagement et la disponibilité ont été déterminants. Nous félicitons également les étudiants et les enseignants pour leur investissement tout au long de ces deux semaines, et nous espérons que cette expérience aura été aussi enrichissante sur le plan scientifique qu’humain.

El duodécimo curso de campo de los estudiantes del departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad de Lorena en Nancy concluyó con éxito el martes 17 de marzo, tras dos semanas de actividades intensivas desarrolladas del 3 al 17 de marzo. Esta edición ha permitido a los estudiantes poner en práctica sus conocimientos teóricos en un entorno excepcional, al tiempo que desarrollaban sus competencias de observación, análisis y trabajo en equipo sobre el terreno.

Durante esta estancia, los participantes han podido realizar numerosos trabajos geológicos y cartográficos, en condiciones globalmente favorables, a pesar de algunos episodios de lluvia que, afortunadamente, no han dificultado de manera significativa el buen desarrollo de las actividades previstas.

Como en años anteriores, y en coordinación con el profesor M. Hibsch, la Asociación de Amigos del Patrimonio Minero de Bédar (APAMIBE) y la Asociación de Amigos de El Argar para la rehabilitación de los yacimientos arqueológicos neolíticos, así como el Ayuntamiento de Bédar, han aportado un valioso apoyo logístico. Su colaboración se ha traducido en la puesta a disposición de equipos de seguridad, botiquines de primeros auxilios, así como de locales municipales (Guadalinfo), contribuyendo así a garantizar buenas condiciones de trabajo y de estancia para todos los participantes.

Expresamos nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas e instituciones implicadas en la organización de este curso de campo, cuyo compromiso y disponibilidad han sido determinantes. Felicitamos también a los estudiantes y a los profesores por su implicación a lo largo de estas dos semanas, y esperamos que esta experiencia haya sido tan enriquecedora en el plano científico como en el humano.

La expedición minera de la Sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español

Ayer se presentó, en la Casa Molino Ángel Ganivet de Granada el libro «La expedició minera de la Sociedad Schneider (1898)», con la participación de la diputada de Cultura y Educación, Pilar Caracuel, Juan Antonio Soler Jódar, Manuel Titos Martínez y Ángel Bañuelos Arroyo.

El álbum fotográfico, con casi 300 fotografías, muestra el viaje de una expedición en 1898 de la sociedad francesa Schneider, una importante multinacional en la actualidad, en busca de yacimientos de hierro. Desde Cartagena a Moncorvo (Portugal), pasando por Almería, Granada y la Alpujarra Granadina, se trata de un testimonio fotográfico de primer orden. Con algunas fotografías mineras, destacan sobre todo las fotografías de escenas del día a día de las gentes de los diferentes pueblos, paisajes, edificios y todo lo relacionado con el viaje (carruajes, posadas, pasos de vados, etc.), incluidos edificios desaparecidos, como la fábrica de azúcar de Nuestra Señora de la Cabeza en Motril, víctima de un incendio en 1901.

Son numerosas las ciudades y pueblos que fueron retratados: Murcia, Cartagena, Almería, Berja, Benaudalla, Padul, Cástaras, Motril, Vélez, Salobreña, Motril, Calahonda, Órgiva, Trevélez, Busquistar, Almejijar, Loja, Córdoba, Sevilla, Moncorvo, Madrid… Destacan series fotográficas como las de Cástaras o las de Motril, con la industria de la caña de azúcar.

Entre los pueblos por los que pasaron se encuentra también Bédar, al parecer invitados por el vicecónsul inglés en Garrucha, Clifton Pecket. El resultado fueron unas 20 fotografías de Cuatro Amigos, el Jauto y Serena, incluidas las principales minas de hierro, Santa Catalina y La Mulata, la icónica Cueva Oscura de Bédar (abajo).

El misterioso final de la locomotora «Chimpún» de Garrucha

Hoy hablaremos de una de las viejas locomotoras del ferrocarril Bédar-Garrucha, injustamente olvidada: la «Chimpún». Se trataba una pequeña locomotora de gasolina para maniobras adquirida tardíamente por la compañía minera, pocos años antes de la paralización de las labores, pero que tuvo un papel importante en la construcción del puerto de Garrucha durante los difíciles años de preguerra y durante la guerra civil.

Representación artística de la «Chimpún» en las obras de construcción del puerto de Garrucha elaborada a partir de una de las dos fotografías conocidas en las que aparece esta locomotora (abajo). Probablemente estaría pintada en verde oscuro (Deutzgrün), pues era el color corporativo característico de Deutz en esa época y no hay constancia de que fuera pintada a su llegada a Garrucha.

Es posible que recibiera algún nombre de bautizo, aunque no se hace referencia alguna en la documentación conservada. Según testimonios orales (Trenes, cables y minas de Almería, 2000) parece que se la conocía popularmente como la «Chimpún», a causa del característico ruido de su motor a gasolina.

En 1922, la Unión Bedareña compró un tractor diésel Deutz con el número de serie 4224 con motor C XIV F de 10 caballos de potencia para las maniobras en la estación junto a Garrucha. Esta compra formó parte de un gran esfuerzo de inversión de capital, tras la Primera Guerra Mundial, que pretendía modernizar las instalaciones, con un ambicioso plan de nuevas infraestructuras y material. Sin embargo, y a pesar del dinero invertido, los trabajos se demoraron demasiado y el mercado internacional no permitió que la actividad se mantuviera, paralizándose los trabajos en 1923.

Anuncio de locomotoras de combustión con motor Otto-Deutz de 1921. La ilustración muestra una locomotora del mismo tipo que la adquirida por la Unión Bedareña.

Pero no acabó aquí la vida útil de esta locomotora. En 1933 fue arrendada para el servicio en una desconocida línea de ferrocarril de transporte de yesos de 2,8 km de longitud, para unas canteras pertenecientes a los Berruezo cercanas a Garrucha sobre la que pronto publicaremos un artículo dando todos los detalles. Posteriormente, fue adquirida por la empresa constructora del puerto de Garrucha por 6.400 pesetas, siendo utilizada en las obras de construcción del puerto. Las dos únicas fotografías conocidas (hasta el momento) que nos muestran esta locomotora lo hacen a cierta distancia, lo que nos impide apreciar los detalles, pero parece que fue intensamente utilizada para el acarreo de piedras hacia los espigones desde la cantera junto a Garrucha.

Marca de fábrica de la portada de la carpeta que sobre esta locomotora se guardaba en las oficinas de la Unión Bedareña, aunque no contenía documento alguno, probablemente por haberse entregado tras la compra por la empresa constructora del puerto.

Le perdemos la pista durante la guerra civil , aunque es de suponer que se utilizó durante todo el conflicto en dichas obras del puerto, ya que los trabajos se continuaron todo el tiempo, ya que en los documentos de la Unión Bedareña se registra la venta de los repuestos que disponían para la misma al nuevo propietario. No sabemos si la «Chimpún» fue desguazada o si el nuevo propietario le buscó otro destino, pero en todo caso desaparece de la historia conocida. Al igual que pasa con las «gemelas» (las dos locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha), su final sigue siendo un misterio.

Para más información:

El misterioso final de la locomotora «Chimpún» de Garrucha

Hoy hablaremos de una de las viejas locomotoras del ferrocarril Bédar-Garrucha, injustamente olvidada: la «Chimpún». Se trataba una pequeña locomotora de gasolina para maniobras adquirida tardíamente por la compañía minera, pocos años antes de la paralización de las labores, pero que tuvo un papel importante en la construcción del puerto de Garrucha durante los difíciles años de preguerra y durante la guerra civil.

Una de las dos fotografías en las que se ve la «Chimpún» en las obras de construcción del puerto de Garrucha.

Es posible que recibiera algún nombre de bautizo, aunque no se hace referencia alguna en la documentación conservada. Según testimonios orales (Trenes, cables y minas de Almería, 2000) parece que se la conocía popularmente como la «Chimpún», a causa del característico ruido de su motor a gasolina.

En 1922, la Unión Bedareña compró un tractor diésel Deutz con el número de serie 4224 con motor C XIV F de 10 caballos de potencia para las maniobras en la estación junto a Garrucha. Esta compra formó parte de un gran esfuerzo de inversión de capital, tras la Primera Guerra Mundial, que pretendía modernizar las instalaciones, con un ambicioso plan de nuevas infraestructuras y material. Sin embargo, y a pesar del dinero invertido, los trabajos se demoraron demasiado y el mercado internacional no permitió que la actividad se mantuviera, paralizándose los trabajos en 1923.

Anuncio de locomotoras de combustión con motor Otto-Deutz de 1921. La ilustración muestra una locomotora del mismo tipo que la adquirida por la Unión Bedareña.

Pero no acabó aquí la vida útil de esta locomotora. En 1933 fue arrendada para el servicio en una desconocida línea de ferrocarril de transporte de yesos de 2,8 km de longitud, para unas canteras pertenecientes a los Berruezo cercanas a Garrucha sobre la que pronto publicaremos un artículo dando todos los detalles. Posteriormente, fue adquirida por la empresa constructora del puerto de Garrucha por 6.400 pesetas, siendo utilizada en las obras de construcción del puerto. Las dos únicas fotografías conocidas (hasta el momento) que nos muestran esta locomotora lo hacen a cierta distancia, lo que nos impide apreciar los detalles, pero parece que fue intensamente utilizada para el acarreo de piedras hacia los espigones desde la cantera junto a Garrucha.

Marca de fábrica de la portada de la carpeta que sobre esta locomotora se guardaba en las oficinas de la Unión Bedareña, aunque no contenía documento alguno, probablemente por haberse entregado tras la compra por la empresa constructora del puerto.

Le perdemos la pista durante la guerra civil , aunque es de suponer que se utilizó durante todo el conflicto en dichas obras del puerto, ya que los trabajos se continuaron todo el tiempo, ya que en los documentos de la Unión Bedareña se registra la venta de los repuestos que disponían para la misma al nuevo propietario. No sabemos si la «Chimpún» fue desguazada o si el nuevo propietario le buscó otro destino, pero en todo caso desaparece de la historia conocida. Al igual que pasa con las «gemelas» (las dos locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha), su final sigue siendo un misterio.

Para más información: