Recuperando el patrimonio minero: el martillo neumático

Hay pocas herramientas tan representativas del trabajo del minero como los martillos neumáticos de perforación, sin embargo, en lo que respecta a la minería en nuestra región, dar con uno se puede considerar como algo realmente excepcional. Tras el cierre de las minas, la venta de material primero y el expolio por parte de chatarreros hace que sea muy difícil encontrar cualquier resto metálico más grande que un tornillo. Pero a veces hay suerte. Ya habíamos encontrado restos realmente interesantes (barrenas, candiles, ruedas de vagonetas…) pero hoy presentamos el excepcional hallazgo de un martillo neumático (con barrena incluida). El instrumento, que puede datar de los años 1950 o 1970, se encuentra en un buen estado de conservación, hasta tal punto que, dada la simplicidad de estas herramientas y con un poco de aceite, no dudamos que pudiera ponerse en funcionamiento de nuevo.

En la mina, el trabajo de martillero era de los más duros y de más riesgo para la salud a causa del gran esfuerzo necesario para esta tarea y la presencia de grandes cantidades de polvo, sin olvidar el riesgo de accidente. Fueron los martilleros los más afectados por las afecciones pulmonares típicas de los mineros, y dado el peso del martillo neumático hallado, resulta difícil imaginar cómo podían manipular dicha herramienta en esos espacios, a veces tan estrechos.

Martillo de aire comprimido con barrena perforadora.

En minería el arranque se puede hacer mediante arranque mecánico y por explosivos. Para el arranque mecánico se utilizan dos tipos de martillos. Los martillos quebrantadores se pueden utilizar cuando las condiciones del trabajo impiden el poner explosivos. Los martillos excavadores no son tan potentes como los anteriores, aunque sí más ligeros y manejables, pudiéndoseles adaptar palas, y se utilizan cuando los materiales a excavar son de poca dureza.

El arranque por explosivos es mucho más rápido, y es el de elección siempre que las condiciones lo permitan. Para colocar el explosivo se han de perforar barrenos en la roca que posteriormente se llenarán de explosivos, para realizar estos barrenos se utilizan largas barrenas perforadoras. Para rocas muy blandas se pueden utilizar perforadoras rotativas, que pueden ser eléctricas o de aire comprimido, pero para rocas duras se utilizaban en la época principalmente martillos perforadores de aire comprimido, que pueden combinar movimientos de golpeo y de rotación.

Detalle del martillo neumático con su barrena perforadora.

Existen diferentes tipos de martillos neumáticos percutores, los ligeros (11 a 17 kg), como el hallado en Bédar y los semipesados (18-22 kg) podían ser manejados por un solo hombre, pero cuando sobrepasaban los 22 kg debían utilizarse métodos de soporte . Los martillos con soporte neumático pueden usarse en casi todo tipo de terrenos y especialmente en aquellos donde no podían usarse máquinas perforadoras de mayor rendimiento, como por ejemplo los carros barrenadores o perforadoras de columna, dotadas de mecanismo de avance automáticos, de los que no tenemos constancia que se utilizaran en la época de Hierros de Garrucha en las minas de Bédar.

José Soler Campoy nos muestra el martillo neumático en Bédar.

La perforación de los barrenos podía hacerse en seco, en el cual el aire a presión llega al fondo del barreno para ir eliminando los detritus. También se podían utilizar la perforación húmeda. La inyección de agua normalmente es beneficiosa, pues aumenta la duración del útil y puede facilitar la salida de los detritus, pero su utilización era obligada cuando el polvo resultante de la perforación era nocivo para la salud. Según nos cuentan varios testimonios (entre ellos Diego Rubio, antiguo minero de Bédar), si no se regulaba bien la salida de agua en el martillo (y aparentemente no era nada fácil) se generaba bastante barro, que dificultaba mucho el trabajo, por lo que los martilleros no usaron este sistema todo lo que hubiera sido deseable.

Publicidad de la época de martillos neumáticos Flottmann, similares al de la fotografía. Realmente hacían falta unos brazos como los del operario de la ilustración para manejar estas herramientas.

Sin duda, un buen hallazgo que puede tener un lugar destacado en cualquier museo de la minería.

Minero instalando un compresor portátil marca Bético en la mina Angustias de Bédar, transporta al hombro uno de estos martillos de aire comprimido.

Inauguración del centro de interpretación minera de Bédar durante las fiestas de San Gregorio

Entrada a centro de interpretación de la minería y del agua en Bédar.
Interior del centro de interpretación de Bédar.

Hoy se celebran las fiestas de San Gregorio en Bédar. A pesar de la situación debida a la pandemia, el ayuntamiento no ha dejado de programar unas fiestas, eso sí, respetando todas las medidas de protección contra el covid, con una “procesión” reducida y la banda de música con un trayecto limitado y manteniendo las distancias. Se aprovechó también para inaugurar el centro de interpretación en Bédar, que queda ubicado en la plaza de Antonio Bolea. Se trata de un centro de interpretación de la minería y del agua, con numeroso material gráfico, paneles explicativos, documentación, interesantes maquetas y una colección de minerales. Todo lo necesario para completar una visita por la reconocida ruta minera de Bédar.

No faltó tampoco la representación teatral del grupo de teatro amateur de Bédar, esta vez muy relacionada con el tema minero y que pueden ver en el video que incluimos en este post. A destacar la interpretación del himno minero por excelencia, Santa Bárbara Bendita, a cargo de una de las actrices.

Otra imagen del interior del centro. Se aprecia una maqueta explicativa de los sistemas de riego.
Colección de minerales del centro.
Una serie de paneles explicativos y de maquetas ayudan a comprender la minería en la zona.
“A la sombra del minero” es la obra teatral interpretada por el Grupo de teatro aficionado de Bédar.
Centro de interpretación en la plaza de Antonio Bolea de Bédar.
Procesión modificada de San Gregorio.
El alcalde de Bédar, Ángel Collado, presentando la función de teatro.
En el evento se respetó en todo momento las medidas contra el covid.

“Coleccionistas” de minerales expolian El Pinar de Bédar

Antes de nada, me gustaría dar las gracias por los comentarios efectuados ayer en la edición radiofónica efectuada en Comunicación Vera Levante, sobre todo en lo que respecta a este humilde blog y hacia mi persona. Es importante que se promueva todo lo que es cultura y patrimonio del levante almeriense.

Solo querría hacer dos pequeñas precisiones, para que no haya malentendidos. Yo descubrí, en efecto, los restos del castillo de época musulmana de Serena (Bédar), pero no obviamente el que se encuentra cerca de Bédar (el conocido como castillico de los moros). Aunque creo que queda claro que se habla del de Serena en la referida emisión, este castillo es todavía es poco conocido y puede haber quien se confunda y piense que se trata del castillico de Bédar. En cuanto a las pinturas de la Basalta, no fui yo el descubridor, de hecho, son pinturas que eran conocidas por los vecinos de Bédar desde hace mucho tiempo. Si que se puede decir que, en cierto modo, las he “redescubierto”, pues he tenido bastante que ver en su difusión y he facilitado que pudieran ser estudiadas por los verdaderos especialistas, lo que se ha traducido en dos artículos científicos de lo más interesante y que incluyen la traducción de las leyendas.

Incluyo la grabación para quien no haya tenido la oportunidad de escucharlo:

Por otro lado, aprovecho para denunciar una situación que creo que está llegando a un punto insostenible. Siempre ha habido coleccionistas, aficionados a la geología y todo tipo de profesionales que se han acercado al El Pinar de Bédar a estudiar y a buscar minerales en las viejas minas. Pero volvemos a detectar una serie de actividades que consideramos inadecuadas y que quiero denunciar públicamente. En efecto, ciertos individuos, por medio de martillos picadores y otras herramientas, han estado recogiendo gran cantidad de minerales de estas minas para su venta posterior, o sea, expoliando, derribando gran cantidad de terreno y dejando los escombros de cualquier manera. Además, os habéis comportado como una panda de puercos, tirando latas vacías a la mina y dejando vuestras mascarillas allí. No es la primera vez que pasa, pero esta vez no estamos dispuestos a permitir que continúe la actividad de expoliadores que destrozan nuestro patrimonio para extraer un beneficio vendiendo minerales. A estos expoliadores les importa muy poco la conservación de nuestro patrimonio, que con tanto esfuerzo estudiamos e intentamos poner en valor.

Así que advertimos a todos los “coleccionistas” que quieran hacer negocio a costa de nuestro patrimonio, que vayan con cuidado porque los vecinos han sido advertidos y no dudarán en llamar a las autoridades si volvéis.

Advertidos quedáis.

Expoliadores de minerales en 2010 realizando una excavación incontrolada y cargando cajas y cajas de minerales en El Pinar de Bédar. Cuando se fueron dejaron toda su basura sin recoger y destrozaron parte de las paredes de la mina.
Destrozos provocados por los mal llamados “coleccionistas”, simples expoliadores para la venta de minerales que no dudan en utilizar todos los medios necesarios, entre ellos martillos neumáticos y hasta expansores químicos.
Marcas de martillos neumáticos recientes en el mismo lugar. Nuevos expoliadores sin escrúpulos destrozan grandes cantidades de las viejas minas para su beneficio personal.

Juan Antonio Soler Jódar, 18/04/2021

Minas, cables y ferrocarriles del Levante almeriense: dos testimonios de excepción

Presentamos aquí un video que sin duda quedará para la historia de Bédar y de la minería del Levante almeriense. El proyecto de libro sobre minería en el Levante almeriense del que hemos hablado en otras ocasiones está cercano a ver la luz, y para su publicidad han editado este video en el que se recogen los testimonios de dos testigos de excepción de esa época: Diego Rubio (Bédar) y Mario Guillén (Los Gallardos) El video está basado en dos entrevistas realizadas por Juan Antonio Soler en un video realizado y editado por Juan Pedro Collado y publicado en la red YouTube (Iron Mountain).

El vídeo está subtitulado en inglés para que sea accesible a la importante comunidad inglesa de la zona, algo que se ha tenido especialmente en cuenta, dado que dicha obra es fruto del trabajo conjunto de dos apasionados del patrimonio minero del Levante, el inglés Andrew Devey y el bedarense Juan Antonio Soler, que ofrecen el libro en los dos idiomas.

Sin duda se trata de un documento imprescindible para conocer el importante pasado minero de la comarca del Levante almeriense, de manos de trabajadores de la empresa Hierros de Garrucha, que nos explicas sus recuerdos y vivencias desde el trabajo en las minas de Bédar hasta su embarque en el puerto de Garrucha.

trata con detalle la historia de la minería en las áreas de Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar y Turre. Tras un periodo inicial de actividad rudimentaria, se siguió un proceso de industrialización puntero a nivel mundial, gracias a la implicación de importantes compañías mineras. La Compañía de Águilas instaló una planta de lavado mecánico sin precedentes que pronto fue seguida de la instalación del cable aéreo de Serena a Garrucha, el de más capacidad y de mayor longitud en la década de 1880. Por su parte, la Sociedad minera Chávarri, Lecoq y Compañía instaló un ferrocarril minero entre Bédar y Garrucha en la década de 1890, continuando la explotación del coto hasta la gran depresión que siguió al crack de Wall Street de 1929. También se incluyen la construcción del nuevo puerto de refugio en Garrucha y la última fase minera hasta el cese definitivo de actividad de 1970. En el libro se tratan todos los aspectos del proceso de industrialización, desde el punto de vista técnico hasta el social y económico. Las casi 500 ilustraciones la componen fotografías, planos, mapas y documentos originales, muchos de ellos inéditos. También incluimos cientos de textos originales de ingenieros, testigos y recortes de periódicos descriptivos, que se presentan a medida que se desarrollan los diferentes temas.

This book covers in detail the history of mining and its wider effects on the areas of Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar and Turre. The early rudimentary activities were followed by a world leading industrialisation process as the wealthy mining companies became involved. La Compañía de Águilas installed a record-breaking mechanical wash plant in El Pinar de Bédar that was soon followed by the Serena to Garrucha aerial cable, the longest and largest capacity system in the world in the 1880’s. Chávarri Lecoq y Compañía installed the mining railway between Bédar and Garrucha in the 1890’s and the mining activities continued until the great depression that followed the 1929 Wall Street crash. The construction of a new port of refuge in Garrucha and the last phase of mining are also included until the mining operations finally ceased in 1970. Here we present all aspects of the industrialisation process from the technical, social and economic viewpoints. With almost 500 images we have compiled a visual feast of photographs, plans, maps and original documents many of which are previously unpublished. We also include hundreds of original texts from the engineers, witnesses and the newspaper reporters involved that describe the numerous different activities as they gradually unfolded.

Para adquisición del libro en:
andy1devey@outlook.com
juan.ant.soler@gmail.com

El Hoyo Júpiter de Bédar (Serena), algo más que una simple roza

A pocos días de navidad de este atípico año, volvemos a los temas clásicos que tratamos en en este blog y, concretamente, a la joya de la minería de Bédar, el Hoyo Júpiter de Serena.

Es uno de los puntos estrella de la ruta minera de Bédar, cuando ya cerca de Serena queda a la vista un enorme hoyo de unos 200 metros de largo y 50 de ancho en la que se vilsumbran los restos de algunos edificios. Si tiene la suerte de ir con un guía o con alguien que conozca la historia minera de Bédar, posiblemente le cuente cómo en ese lugar se ubicaba un cerro que fue completamente explotado por la Compañía de Águilas, y su mineral transportado por el cable aéreo hasta Garrucha, desde donde se distribuyó entre diferentes acerías inglesas, alemanas e incluso norteamericanas.

Se calcula en más de dos millones de toneladas de mineral de hierro lo que se extrajo del “Hoyo” durante toda su historia minera, con una cantidad desconocida de estériles que tuvo que ser movilizado para permitir el avance de la explotación.

Si bien ha quedado muy poco material documental, hemos podido recoger los suficientes para dibujar con bastante exactitud la planificación y avances de esta mina (en realidad tres, Porfiado), que fue siempre el “buque insignia” de la Compañía de Águilas. Si bien se conoce actualmente como Hoyo Júpiter, realmente el Hoyo se extiende por las concesiones de Porfiado, Mahoma y Júpiter, donde existían gruesas capas de mineral de hierro oxidado con bastante manganesa y muy poco fósforo, lo que lo hacía especialmente interesante para la fabricación de acero. La presencia de de grandes “conchas” de estériles siempre puso a prueba la competencia de los ingenieros que se encargaron de su explotación, preocupados siempre en poder evacuar los estériles y depositarlos sin poner en riesgo el avance de la explotación.

Es por eso que, a pesar del aparente caos que se observa hoy en día, se trata de una explotación muy planificada, desde que en 1895 los ingenieros Putz y Dietrichon planearon el ataque inicial a la montaña de hierro que ocupaba el lugar, a partir de una serie de pocillos de exploración. La explotación se llevó a cabo a cielo abierto durante sus primeros años, donde llegaron a emplearse 480 operarios (incluida la vecina mina San Manuel, donde se encontraba la estación del cable aéreo). La explotación, dividida en diferentes zonas de trabajo o “Hoyos”, semejaba un hormiguero, con numerosas vías mineras de superficie, con planos inclinados y sus correspondientes máquinas de vapor para salvar los diferentes desniveles. Un plano conservado de 1895 nos muestra el complejo sistema de vías superficiales del Hoyo (plano adjunto), donde se aprecian, al menos dos planos automotores y varios de los “hoyos” o rozas en explotación en esos momentos.

Es díficil imaginar como pudieron trasladar hasta esas minas las calderas y maquinaria necesaria para los planos inclinados, sin contar la ingente cantidad de traviesas y raíles necesarios para toda la infraestructura. Como para la construcción del cable aéreo, debió utilizarse la vía natural de acceso a esa zona, el cauce del río Jauto, por medio de carretas tiradas por bueyes. Sin embargo, el subirlos al cerro donde se encuentran las minas y emplazarlos en la parte superior de las crestas y relieves no debió ser nada fácil.

Sobre los trabajos no sabemos gran cosa, a parte de algunos de los nombres de las rozas. Así tenemos la roza de San Marcos, la del Teléfono y la de Porfiado en la concesión de Porfiado y la roza Colorada, la roza Negra y los diferentes planes del “hoyo Júpiter”. En algunos documentos se mencionan las malas condiciones en las que tenían que trabajar en ocasiones, como cuando se comenta en 1906 cómo los operarios trabajaban en la roza de San Marcos colgados de cuerdas por la cintura en los cortes de la misma. Sin embargo, no todos eran jornaleros a sueldo de la Compañía. Muchos de los mineros eran autónomos (contratistas), pequeñas cuadrillas a las que se les encargaba trabajos muy concretos (cortar cierta cantidad de mineral, la construcción de una galería, un pozo…), muchos de ellos originarios de Bédar. Así sabemos por ejemplo que en 1898 en la roza de San Marcos trabajaba en contratista Felipe Guirao Ródenas, en la de San Manuel Francisco Crespo Campoy y Francisco Quilés Caparrós y en la de Mahoma Antonio Martínez López, Juan Guerrero Yáñez, Andrés Caparrós y Nicolás Collado Gómez.

Cuando el Hoyo alcanzó cierta profundidad, se habilitó una galería a la cota 365 que recogía el mineral de forma más económica y la llevaba hacia el cargadero del cable aéreo. Finalmente, cuando los costes de extraer el estéril superaron al beneficio del mineral, empezaron a realizarse explotaciones subterráneas, que partían de la periferia del Hoyo, aunque siguieron los trabajos a cielo abierto. Pero esto ya es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

Minería de Bédar: los compresores de Hierros de Garrucha

Ilustración que muestra a un minero en unos trabajos de exploración instalando un compresor portátil BETICO DE 20 HP tipo GALÁN.

Uno de los aspectos de dificulta más el estudio de la historia minera en nuestra zona es la falta de documentación de las empresas que explotaron las minas. Esto hace que sea muy complicado conocer el tipo de herramientas que utilizaron, especialmente en la primera época minera (XIX-XX). Con esto no hacemos referencia al material ferroviario, que normalmente es más fácil de rastrear, sino a todo ese tipo de instrumentos y material necesarios en toda mina, como son los elementos de iluminación, explosivos y detonadores, máquinas de tracción de pozos, cables metálicos, cuerdas, vagonetas, compresores, mangueras de presión, martillos picadores, paleadoras, afiladores de barrenos, etc. Aspectos que normalmente no suelen ser tratados en investigación minera.

Diferente publicidad de compresores y martillos neumáticos para minas de las décadas de 1850-1860. La oferta era bastante más amplia y variada de lo que se puede llegar a pensar.
Muchos de los ingenieros de minas eran a la vez representantes de una o varias casas comerciales de material minero. En este anuncio de 1897 vemos como representante de la casa alemana FELTEN Y GUILLEAUME a un viejo conocido de la minería almeriense en general y bedarense en particular, Carlos (Karl) Bahlsen, en su domicilio de Reforma en el Pinar de Bédar. Entre los productos ofertados se encuentran cintas de abacá para minas, el abacá es un tipo de platanero del que se obtenían unas fibras muy resistentes, además de cables metálicos.

De todo esto poco sabemos, aunque es seguro que utilizaron una gran y amplia gama de material procedente de diversos fabricantes, tanto españoles como extranjeros, pues la oferta fue mucho más variada de lo que podamos llegar a pensar. Como hoy en día las grandes empresas, recibirían periódicamente agentes comerciales y folletos publicitarios por correo de las diferentes casas comerciales, ofreciendo todo tipo de maquinaria y efectos para la mina.

Anuncio de época de compresores de aire de la marca alemana FLOTTMANN.

Nuestro conocimiento no es mucho mayor en lo que respecta a la fase minera durante el periodo autárquico. A parte de los conocidos carbureros de patente FISMA, poco se sabe del resto de material utilizado por Hierros de Garrucha, a excepción de nuevo del material ferroviario, en este caso las locomotoras diésel, de las que tratamos también en el libro sobre la minería en el levante almeriense que verá la luz el año que viene.

Hay una pequeña excepción a este desconocimiento general en lo que respecta a los compresores utilizados por Hierros de Garrucha. En un artículo del periódico YUGO del 1 de abril de 1959 se hace una relación de los compresores que poseía la empresa, y que pasamos a detallar:

-Un compresor eléctrio de 125 H.P. de marca DEMAG

-Un compresor de 40 H.P. de marca INGERSOLL

-Un compresor de 40 H.p. de marca FLOTTMANN

-Dos compresores de 40 H.P. de marca BETICO

-Tres compresores portátiles de 20 H.P. de marca BETICO

Fabrica en Eibar y logo de la fábrica de compresores y motores diésel BETICO.

Como se podría esperar, la empresa utilizaba compresores de diferentes fabricantes. El de más potencia, el de 120 H.P. de la marca alemana DEMAG, es sin duda el que se instaló en el Hoyo Júpiter, la mayor explotación del coto. Los demás estarían instalados en las minas Esperanza, el socavón de Los Lobos, la Alerta, la mina Tres Amigos o la Cuadra. En varias de estas minas todavía se pueden ver las casetas y bases de cemento donde estaban instalados estos compresores fijos.

Anuncio de época con la gama de herramientas neumáticas de la marca alemana FLOTTMANN

También disponínan de 3 compresores portátiles de 20 HP de la marca BETICO, que se utilizaban para los trabajos de investigación. Hay que recordar que en la época el único método de transporte posible por muchos de los accidentados caminos de la sierra eran los burros, único transporte capaz de llevar el necesario material de construcción y demás herramientas. Los tres compresores portátiles de los que disponía de compañía minera se utilizaban para realizar labores de investigación, como las que sabemos que se realizaron en minas como Cuatro Amigos (Majá la Cana) y Carabinera. Estos compresores podían llevarse hasta la zona de trabajo con la ayuda de burros, aunque a veces se encontraran en zonas de muy difícil acceso, permitiendo que los mineros pudieran utilizar sus herramientas neumáticas. Se trataban de pequeños compresores montados sobre un chasis con ruedas de 20 H.P. del fabricante eibarrés, seguramente de los tipos B-F-7 (FOGOSO) o G-F-7 (GALÁN).

Otro de los elementos imprescindibles eran las mangueras para alimentar los martillos neumáticos, fabricadas en caucho. Algunas empresas estaban (y están) especializadas en estos productos, como la muy conocida Pirelli, que aquí vemos en un anuncio de la época.

Aunque no disponemos de ningún dato, es muy posible que también se hubieran comprado martillos neumáticos a los mismos fabricantes a los que compraron los compresores. Sin duda compraron a diferentes frabricantes en función de las necesidades y de las ofertas o contactos que hubieran podido tener. Los mineros de Hierros de Garrucha comentaban que utilizaban martillos “españoles” y “alemanes”, pero que preferían especialmente los de fabricación alemana, ya que eran mucho más eficaces y resistentes.

El mayor compresor de Hierros de Garrucha era de fabricación alemana, de la empresa DEMAG.
Los martillos “alemanes” que algunos testimonios refieren que utilizaron en las minas de Bédar podrían tratarse de los fabricados por la marca alemana FLOTTMANN o bien DEMAG.

Ferrocarriles y cables aéreos mineros (continuación)

Aparte de las extensas descripciones de las vías de ferrocarril y de cable aéreo, se presta especial atención a las condiciones en las que trabajaban los mineros, así como a los accidentes y enfermedades a los que estaban expuestos. A finales del siglo XIX el hecho que la vida de un minero fuera corta era algo comúnmente aceptado, en aras del desarrollo y la prosperidad del país.

En 1888 el 30 por ciento de los operarios que trabajaban en las minas eran menores. Empezaban a trabajar normalmente a los 9 años y hasta los 16 eran conocidos como los “muchachos”, que debían trabajar en condiciones lamentables y, en no pocas ocasiones, eran maltratados. Por 1,75 pesetas e jornal, un minero sin experiencia se jugaba diariamente la vida en las minas, los muchachos empezaban con tan solo 0,75 pesetas de jornal y como mucho llegaban a 1,25 pesetas.

Placa de fabricante con el número de fabricación que llevaban las locomotoras fabricadas por la Saint Léonard de Liège en su lateral derecho. Las tres locomotoras del ferrocarril de Bédar a Garrucha eran las únicas de su tipo y llevaron este tipo de placas con los números 993, 994 y 995.

Además de la deficiente alimentación y de las duras jornadas laborales, literalmente de sol a sol, los mineros estaban expuestos a numerosos y variados riesgos de seguridad, como explosiones, desprendimiento de techos y colapso de galerías, caídas a pozos y por terraplenes, atropellos por vagonetas, etc. No faltaron tampoco atropellos mortales por las locomotoras y caída desde las vagonetas del cable, aunque estuviera prohibido viajar en ellas.

El anquilostoma o “gusano ganchudo” (hookworms en inglés), era el desagradable nemátodo con aspecto casi alienígena que causaba la “anemia del minero”.

Por si fueran ya pocos problemas, los riesgos de higiene no estaban tampoco ausentes. El trabajo agotador y la deficiente alimentación hacían mella en los trabajadores, que además de las enfermedades que periódicamente afectaban a toda la población, hubieran de soportar las propias de su profesión. A las ya más conocidas silicosis y saturnismo (intoxicación por plomo), se le añadió una enfermedad producida por unos desagradables gusanos cuyas larvas se encontraban en el agua que inundaba muchas minas y que tras atravesar la piel se instalaban en el intestino provocando una desnutrición y pérdida de sangre que llevaba a la anemia, la temida “anemia de los mineros”.

Representación de una de las locomotoras 030T Saint Léonard del ferrocarril Bédar-Garrucha en la Estación de Tres Amigos de Bédar, ante la casa de los Ingenieros, residencia del ingeniero director de las minas.

Aún están a tiempo de reservar sus ejemplares, ya sea en su versión inglesa (andy-tank-1@hotmail.co.uk) o española (juan.ant.soler@gmail.com).