La Balsa Alta de Bédar: a 150 metros de perder para siempre un patrimonio único

Hay ocasiones en las que un acontecimiento nos obliga a mirar de nuevo aquello que tenemos delante.

El incendio que este verano de 2026 arrasó buena parte de la sierra de Bédar dejó tras de sí una enorme destrucción ambiental, daños materiales y una profunda preocupación por nuestro patrimonio. La Balsa Alta, afortunadamente, se salvó.

Pero estuvo muy cerca de no hacerlo.

En la visita que realizamos después del incendio pudimos comprobar que el frente de las llamas había llegado aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan las pinturas de la Balsa Alta, en dirección al Castillo de los Moros. Las pinturas no fueron alcanzadas por el fuego y los restos permanecieron a salvo… esta vez tuvimos suerte.

Pero basta imaginar unos metros más de avance del incendio para comprender lo que podríamos estar lamentando hoy: la desaparición irreversible de uno de los testimonios pictóricos andalusíes más singulares conservados en nuestra provincia.

Y eso debería hacernos reaccionar.

Porque la Balsa Alta no es simplemente una antigua construcción hidráulica.

Una historia que lleva décadas esperando

La importancia de la Balsa Alta se conoce desde hace muchos años.

En 2004 existe ya una Ficha de Informe Completo de Patrimonio Inmueble Arqueológico, fechada el 23 de junio, elaborada por Eva Jiménez Jiménez, M.ª del Rosario Torres Fernández y M.ª del Mar Nicolás Martínez.

En mayo de 2007, la Delegación Provincial de Cultura realizó una visita al lugar junto con el arqueólogo Patrice Cressier. A partir de aquella visita se planteó la necesidad de preparar una intervención.

Y en agosto de 2009, la arqueóloga Sophie Gilotte presentó, a petición de la Delegación de Cultura de Almería, un proyecto denominado «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar», contando con Manuel López-Gay Salmerón para la parte correspondiente a restauración.

Gilotte explicaría posteriormente que aquel proyecto de estudio, preservación y puesta en valor no llegó a concretarse, principalmente por razones presupuestarias.

En 2014 publicó su estudio La balsa alta de Bédar (Almería): una pregunta abierta al arte pictórico andalusí en contexto hidráulico, donde señalaba la necesidad de un estudio global que incluyera sondeos arqueológicos, prospección sistemática, limpieza y análisis de las pinturas y estudio del sistema hidráulico y del asentamiento medieval relacionado.

Es decir, hace ya muchos años que los especialistas vienen señalando que este lugar necesitaba una actuación integral.

También desde Bédar hemos contribuido a su conocimiento

Desde El Faro de Bédar hemos intentado durante años documentar y dar a conocer las pinturas y el patrimonio histórico de nuestro municipio.

En el caso de la Balsa Alta, esa labor tuvo además una consecuencia que consideramos importante dejar constancia.

Las fotografías que realizamos y publicamos de las pinturas en 2004 fueron utilizadas posteriormente por la investigadora Carmen Barceló.

En su estudio publicado en 2020 en la revista científica Al-Qanṭara, Barceló explica expresamente que pudo disponer de un reportaje fotográfico de los trazos árabes gracias a la página dedicada a las pinturas de El Faro de Bédar.

Y añade que aquellas imágenes hicieron posible interpretar con mayor facilidad el texto árabe, una tarea que había resultado imposible a partir de las reproducciones publicadas anteriormente.

La investigadora cita además expresamente en su bibliografía nuestro artículo «El Faro de Bédar. Las pinturas de la Balsa Alta».

No pretendemos atribuirnos un mérito que corresponde fundamentalmente a los investigadores que han estudiado el monumento, pero sí creemos importante dejar constancia de que la documentación fotográfica realizada y difundida desde este blog contribuyó al conocimiento científico de las pinturas.

En definitiva, también desde Bédar se ha aportado conocimiento a la investigación de este excepcional conjunto.

966: una fecha que cambió nuestra visión de la Balsa Alta

El trabajo de Carmen Barceló supuso un importante avance.

El estudio de la inscripción árabe permitió fechar el conjunto en el año 355 de la Hégira, 966 de nuestra era, durante el gobierno del califa al-Hakam II.

El propio título del artículo lo deja claro: Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966).

Estamos, por tanto, ante un testimonio de época califal, con una antigüedad de más de mil años.

Las pinturas conservan escritura árabe, representaciones figurativas, animales, posibles escenas de caza, motivos geométricos y otros elementos cuyo estudio completo todavía está pendiente.

Y precisamente aquí encontramos una de las cuestiones que hacen que la conservación de la Balsa Alta sea todavía más urgente. Barceló concluyó su estudio señalando la necesidad de realizar una excavación profesional del monumento.

La recomendación científica está ahí. El proyecto de intervención de 2009 también está ahí. La documentación patrimonial de la Junta está ahí.

Y el monumento sigue esperando.

Una nueva visita y una posible nueva figura

Durante una de nuestras visitas a la Balsa Alta, en el verano de 2025, ocurrió algo que nos hizo volver a pensar en todo aquello que todavía puede estar oculto.

Mientras examinábamos las pinturas, uno de los asistentes llamó nuestra atención sobre una zona que hasta entonces no habíamos identificado como una posible representación figurativa.

Entre las gruesas concreciones de carbonatos que cubren buena parte de las pinturas parecía distinguirse otra posible figura de un cánido. Insistimos en una palabra: posible. En la imagen superior vemos a la izquierda la zona que examinamos y, a la derecha, la posible figura de un cánido, casi completamente cubierta por las concreciones.

No pretendemos que una observación realizada durante una visita sustituya al trabajo de un restaurador, arqueólogo o especialista en pintura mural.Precisamente lo contrario.

Lo que esta observación demuestra es la necesidad de que ese trabajo especializado se realice.

Porque si la interpretación se confirmase, estaríamos ante un nuevo elemento figurativo que se añadiría al repertorio ya conocido de la Balsa Alta.

Y aparece entonces una pregunta mucho más importante:

¿Qué puede haber debajo de las zonas que hoy permanecen cubiertas por las concreciones?

Podría no haber nada más. Pero también podrían conservarse nuevos dibujos, nuevas figuras o incluso nuevos fragmentos de escritura. Ya en el primer estudio que se realizó se realizaron varias catas y se confirmó esta posibilidad.

La única forma de saberlo es mediante una intervención científica, controlada y realizada por especialistas.

Y entonces llegó el incendio

El incendio de julio de 2026 ha convertido esa necesidad en algo todavía más evidente.

Las llamas no alcanzaron finalmente las pinturas, pero llegaron aproximadamente hasta 150 metros de ellas.

Cualquiera que conozca el terreno puede comprender lo que significa esa distancia cuando un incendio forestal avanza impulsado por el viento y la vegetación seca.

Un cambio de dirección del viento o unas condiciones meteorológicas ligeramente diferentes… y hoy podríamos estar hablando de las pinturas de la Balsa Alta en pasado.

No estamos exagerando el peligro: el fuego estuvo allí.

Y la Balsa Alta no dispone de una protección acorde con el valor que hoy sabemos que tiene.

El incendio nos ha dado un aviso que no deberíamos desaprovechar.

¿Qué puede hacer el Ayuntamiento?

Esta es la parte en la que queremos ser especialmente claros.

No pensamos que el Ayuntamiento de Bédar deba esperar pasivamente a que otra Administración tome la iniciativa.

La Ley 4/2026 de Patrimonio Cultural de Andalucía atribuye a los municipios funciones en materia de protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural situado en su término municipal.

Eso no significa que el Ayuntamiento pueda excavar o restaurar las pinturas directamente sin autorización.

Las intervenciones arqueológicas y determinadas actuaciones sobre bienes patrimoniales deben realizarse conforme a los procedimientos establecidos por la Junta de Andalucía.

Pero hay una diferencia fundamental entre no tener competencia para autorizar una excavación y no poder impulsar una actuación.

El Ayuntamiento sí puede impulsar el proyecto.

–Puede presupuestarlo.

–Puede contratar los estudios técnicos que correspondan.

–Puede buscar financiación.

–Puede solicitar formalmente la colaboración de la Junta.

–Y puede promover que la actuación se tramite con carácter prioritario cuando exista un riesgo para la conservación.

Otros municipios de nuestro entorno ya han demostrado que es posible

No hace falta imaginar un modelo teórico, tenemos ejemplos muy próximos:

En Vera, el Ayuntamiento ha impulsado un Proyecto General de Investigación de seis años para la antigua ciudad de Bayra, con una dotación anunciada de 1.347.218 euros, con la intención de convertir el yacimiento en un parque arqueológico visitable. El proyecto contempla excavación, conservación y puesta en valor, y se acompaña de actuaciones relacionadas con la ampliación del BIC, un centro de interpretación y recepción de visitantes, vallado y mejora de accesos.

En Mojácar, el Ayuntamiento ha impulsado junto con la Universidad de Granada proyectos de investigación, conservación y puesta en valor de Mojácar la Vieja, con la intención de convertir el yacimiento en un recurso cultural y visitable.

En Antas, el patrimonio arqueológico se ha convertido igualmente en una línea de actuación municipal. El municipio cuenta con el Centro de Interpretación de la Cultura Argárica y ha impulsado diferentes actuaciones relacionadas con la investigación y difusión de su patrimonio. Las investigaciones recientes en el Cabezo María han sacado además a la luz una iglesia tardoantigua y han planteado la posible existencia de una comunidad monástica cristiana.

Y Macael ofrece otro ejemplo de colaboración entre administraciones para convertir un patrimonio histórico e industrial en recurso turístico. El municipio ha trabajado con la Junta de Andalucía en la puesta en valor y difusión de su patrimonio relacionado con el mármol, culminando recientemente con la apertura del Parque Minero.

No se trata de comparar unos municipios con otros, cada localidad tiene sus necesidades, sus presupuestos y sus circunstancias.

Pero estos ejemplos demuestran algo:

Un Ayuntamiento puede tomar la iniciativa, buscar investigadores, elaborar proyectos, conseguir financiación y trabajar conjuntamente con la Junta y otras instituciones para convertir el patrimonio en un recurso cultural y turístico.

¿Qué proponemos para la Balsa Alta?

Creemos que el Ayuntamiento podría comenzar por algo perfectamente concreto.

1. Un diagnóstico técnico

Encargar a especialistas una evaluación del estado actual de la estructura y de las pinturas.

Especialmente después del incendio, debería comprobarse también el estado de la vegetación, los riesgos derivados del fuego y las condiciones de seguridad del enclave.

2. Recuperar el proyecto de 2009

Localizar el «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar» presentado por Sophie Gilotte en agosto de 2009.

Comprobar qué actuaciones contemplaba, cuáles llegaron a realizarse y cuáles quedaron pendientes.

3. Actualizarlo

Incorporar los conocimientos obtenidos posteriormente, especialmente el estudio de Carmen Barceló y la datación de 966.

Y estudiar específicamente las zonas cubiertas por carbonatos, incluida la posible nueva figura que observamos durante nuestra visita de 2025.

4. Pedir formalmente a Cultura el expediente actual

El Ayuntamiento debería solicitar a la Delegación Territorial de Cultura de Almería el estado actual del expediente (fecha de inicio, actuaciones realizadas y pendientes, el régimen de protección aplicable y las autorizaciones necesarias para la intervención).

Es importante saber si ese expediente corresponde al procedimiento iniciado a raíz del proyecto de 2009 o si se trata de un expediente posterior.

5. Elaborar un proyecto por fases

No es necesario plantear que todo se haga de golpe.

Podría comenzar con una primera fase de documentación y diagnóstico, pasar a una investigación arqueológica con estudio de las pinturas, plantear proyectos de conservación y proteción y, finalmente, su puesta en valor.

Y cada fase podría tener su correspondiente presupuesto y financiación.

6. Presupuestarlo

Este punto nos parece esencial.

La Balsa Alta necesita una partida presupuestaria.

No necesariamente para ejecutar de inmediato una actuación completa, que puede requerir varios años, sino para comenzar por aquello que resulta imprescindible: conocer con precisión su estado, protegerla y redactar el proyecto.

La Ley 4/2026 contempla además mecanismos de actuación urgente cuando existe peligro de pérdida o destrucción del patrimonio arqueológico.

La cercanía a la que llegó el incendio debería ser, como mínimo, motivo suficiente para que los técnicos valoren específicamente esta cuestión.

Naturalmente, las necesidades urgentes derivadas del incendio (protección de las personas, viviendas, caminos, infraestructuras y recuperación de los daños materiales) deben tener prioridad cuando exista una necesidad inmediata.

Pero eso no significa que la Balsa Alta deba quedar nuevamente relegada.

Una inversión que puede devolver mucho más de lo que cuesta

En los últimos años hemos visto en Bédar inversiones en nuevas infraestructuras y equipamientos.Todas pueden tener su utilidad y no pretendemos cuestionar la conveniencia de atender las necesidades del municipio.

Pero creemos que también es legítimo plantear una pregunta:

¿No merece un monumento de más de mil años, único por sus pinturas y su cronología califal, un esfuerzo de planificación y financiación al menos comparable al que dedicamos a algunas infraestructuras mucho más recientes?

No estamos hablando de construir algo desde cero, estamos hablando de conservar algo que ya existe.

Algo que ha sobrevivido durante más de mil años.

Algo que ha sido estudiado por investigadores como Patrice Cressier, Sophie Gilotte y Carmen Barceló.

Algo cuya inscripción nos permite situarlo en el año 966.

Y algo que este verano estuvo aproximadamente a 150 metros de desaparecer para siempre.

Bédar tiene aquí una oportunidad

La recuperación de la Balsa Alta no debería contemplarse únicamente como un gasto, puede convertirse en una oportunidad para Bédar.

Una actuación científica rigurosa permitiría incorporar un nuevo elemento a la historia que podemos contar sobre nuestro municipio: la historia de su pasado andalusí, de sus sistemas hidráulicos, de sus paisajes históricos y de una pequeña pero extraordinaria muestra de arte pictórico califal.

Podría integrarse además en la Ruta del Agua, conectarse con otros elementos del patrimonio histórico de Bédar y convertirse, con el tiempo, en un nuevo recurso para el turismo cultural.

Y hay una última razón para hacerlo ahora:

El incendio de este verano ha dejado una imagen muy dura de nuestra sierra y de nuestro municipio. Necesitamos reconstruir y recuperar lo que el fuego destruyó, pero también puede demostrar que sabe proteger aquello que el fuego no consiguió destruir.

Por eso hacemos desde aquí un llamamiento respetuoso al Ayuntamiento de Bédar:

No dejemos que la Balsa Alta tenga que esperar otros veinte años.

Antes de que sea demasiado tarde.

Presentados en Vera dos libros que recuperan la memoria de las fundiciones y los cables mineros de Almería

La presentación de los dos libros celebrada ayer, 13 de agosto, en la Plaza de la Pérgola de Playa de Vera, dejó una agradable sensación entre todos los que tuvieron la oportunidad de acompañarnos. La tarde, con el mar y las palmeras como escenario, fue el marco perfecto para hablar de nuestra historia y, especialmente, de una parte de nuestro patrimonio industrial que merece ser conocida y conservada.

La asistencia fue muy buena, con alrededor de setenta personas siguiendo la presentación y mostrando su interés por unas publicaciones que nos acercan a dos aspectos muy ligados a la historia de Almería: las antiguas fundiciones del Levante almeriense y los cables aéreos utilizados en la minería de Andalucía Oriental y Melilla.

Queremos agradecer especialmente a los autores y participantes, Magda Navarro Arias, Miguel Ángel Sebastián Pérez, Antonio Aguilera Cantón y Juan Antonio Soler Jódar, su presencia y sus explicaciones. Sus conocimientos y su manera de acercarnos a estos temas hicieron que la presentación resultara amena y, sobre todo, nos ayudaron a valorar mejor un patrimonio que muchas veces tenemos cerca y no conocemos suficientemente.

Los dos atlas presentados ofrecen temáticas diferentes, pero complementarias. Uno nos lleva por las antiguas fundiciones del Levante almeriense y sus paisajes, mientras que el otro recupera la memoria de los cables aéreos mineros, aquellas instalaciones que durante décadas formaron parte de la actividad minera de nuestra tierra. Dos libros que no solo aportan información, sino que también invitan a descubrir lugares, historias y caminos que forman parte de nuestro pasado.

Queremos dar las gracias de manera muy especial a todas las personas que asistieron a la presentación. Entre el público se dieron cita tanto personas interesadas en conocer mejor estos temas como otras estrechamente vinculadas, por su trayectoria profesional, sus investigaciones o sus propias experiencias, con el mundo de la minería, las fundiciones y el patrimonio industrial de nuestra provincia. Contar con un público tan diverso, pero unido por el interés y el conocimiento de nuestra historia, enriqueció especialmente el encuentro.

Nuestro agradecimiento también al Ayuntamiento de Vera y al concejal de cultura y deportes, Antonio Jesús Soler Castaño, por hacer posible y colaborar en la organización de este encuentro, así como por su apoyo a la divulgación de nuestra historia y nuestro patrimonio. Este tipo de actividades son una buena manera de acercar la cultura y la memoria local a vecinos y visitantes.

También queremos agradecer a «La Degustación», tienda delicatessen situada en la Calle del Mar de Vera, y especialmente a su propietario, Sebastián, el aperitivo que pudimos compartir después de la presentación. El jamón cortado en el momento, los embutidos y otros productos, acompañados de cerveza, agua y refrescos, pusieron un estupendo punto final a la tarde y permitieron continuar las conversaciones de una manera más distendida. Un detalle que agradecemos sinceramente y que contribuyó a completar una jornada muy agradable.

En definitiva, fue una tarde sencilla, agradable y con una buena participación, que nos permitió compartir conocimiento, recordar nuestra historia y pasar un buen rato juntos. Gracias a todos los que lo hicieron posible y, muy especialmente, a todos los asistentes, cuya presencia y participación hicieron que la presentación de estos dos libros fuera un éxito. Esperamos que esta iniciativa sirva también para despertar el interés por nuestra memoria industrial y animarnos a seguir descubriendo y poniendo en valor ese patrimonio que forma parte de la historia de Almería.

Las fotografías son gentileza Ayuntamiento de Vera y María Jesús Cazorla.

Incendio de Bédar: el barranco del Servalico, entre las cenizas y la memoria minera

La reciente visita al barranco del Servalico y a la antigua mina Pobreza deja una impresión difícil de olvidar. El incendio ha arrasado por completo este paraje, transformando un paisaje que hasta hace poco estaba cubierto por pinares y matorral mediterráneo en una extensión de terreno ennegrecido. La violencia del fuego no solo ha afectado al medio natural, sino también a varias viviendas de la zona, recordándonos que este tipo de catástrofes tiene consecuencias tanto ambientales como humanas.

Arriba: el poste indicador, derribado y calcinado por el incendio, se ha convertido en un triste símbolo de la tragedia que ha asolado el barranco del Servalico.

Arriba: indicador de la Ruta de la Minería parcialmente calcinado por el incendio.

Paradójicamente, la desaparición de la cubierta vegetal ha dejado al descubierto numerosos restos del patrimonio minero que durante décadas permanecían ocultos entre la maleza. Hoy es posible recorrer con facilidad las ruinas de la mina Pobreza y contemplar elementos que hasta hace poco apenas eran visibles. Destacan especialmente las antiguas bocaminas de San José y San Diego, así como las tolvas del antiguo cable aéreo minero que transportaba el mineral hasta El Pinar de Bédar, vestigios de una intensa actividad minera que marcó profundamente la historia del municipio.

Arriba: las arboledas calcinadas son lo que queda tras el devastador paso del incendio.

Arriba: una de las casas alcanzadas por el incendio, testimonio de los daños causados más allá del medio natural.

Entre las imágenes más representativas del desastre se encuentra el poste indicador de direcciones, derribado por el incendio, con el mástil completamente quemado y los indicadores de la ruta reducidos a estructuras calcinadas. Se ha convertido, de forma involuntaria, en un símbolo de la devastación sufrida por el barranco del Servalico y de la fragilidad tanto del patrimonio natural como del histórico frente a este tipo de episodios.

Arriba: bocamina de la galería San José.

Arriba: bocamina de la galería San Diego.

Arriba; ruinas del edificio de la fragua de la mina Pobreza.

Arriba: tolvas de mampostería de la estación de carga del cable aéreo minero de la mina Pobreza.

Arriba: aljibe de la mina Pobreza.

Cuando la naturaleza comience a recuperarse, la vegetación volverá a cubrir progresivamente estas antiguas explotaciones mineras. Sin embargo, esta visita también invita a reflexionar sobre la necesidad de actuar para conservar y proteger este legado. No basta con dejar que el tiempo siga su curso y confiar en que el monte oculte nuevamente estos restos. La recuperación del entorno natural debe ir acompañada de medidas destinadas a documentar, consolidar y poner en valor el patrimonio minero, de manera que ambos, naturaleza e historia, puedan coexistir y preservarse para las generaciones futuras.

De Bédar al mundo: veinte años de investigación sobre los cables aéreos mineros

Más de veinte años de investigación han dado lugar a la obra más completa publicada hasta la fecha sobre los cables aéreos mineros en el sureste español. El próximo 13 de agosto tendrá lugar la presentación pública de este libro, una oportunidad única para descubrir una parte esencial de nuestro patrimonio industrial y tecnológico.

Aunque el libro comenzó a gestarse a partir de las investigaciones sobre el cable aéreo minero de Bédar, pronto trascendió el ámbito local para convertirse en un estudio de alcance mucho más amplio. A través de cientos de documentos, fotografías inéditas y archivos consultados en España, Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Noruega, reconstruye la historia y la evolución de unos sistemas de transporte que fueron decisivos para el desarrollo de la minería moderna.

La obra analiza por primera vez de forma sistemática la evolución tecnológica de los cables aéreos, el papel de ingenieros y empresas que marcaron su desarrollo y reúne un extenso catálogo de las líneas documentadas en el este de Andalucía y Melilla. Es el resultado de más de dos décadas de investigación y constituye una valiosa aportación tanto para especialistas como para cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

La presentación tendrá lugar el 13 de agosto y será una excelente ocasión para conocer de primera mano el proceso de investigación, descubrir algunas de las historias más sorprendentes que esconde el libro y conversar con su autor. Una invitación a mirar con nuevos ojos unas infraestructuras que, aunque en muchos casos han desaparecido, contribuyeron de forma decisiva al desarrollo económico y social de nuestro territorio.

La Ruta del Agua de Bédar y sus pinturas murales andalusíes: a salvo del incendio, pero no del abandono

En los últimos días hemos querido comprobar sobre el terreno el estado de la Ruta del Agua de Bédar tras el grave incendio que ha afectado a buena parte de la sierra. Aunque las llamas llegaron a aproximarse peligrosamente a los núcleos urbanos de Bédar y Bedarín, el entorno inmediato por el que discurre este conocido itinerario se ha librado, afortunadamente, de los efectos del fuego. Del mismo modo, las importantes pinturas murales andalusíes del siglo XI de la Balsa Alta de Bédar también han quedado intactas, evitando así una pérdida patrimonial de enorme relevancia.

Arriba: Contraste entre el entorno de Bédar, que ha permanecido afortunadamente a salvo del incendio, y la ladera de la sierra, completamente calcinada, visible al fondo.

Esta es, sin duda, una noticia positiva dentro de una tragedia ambiental de grandes dimensiones. Sin embargo, conviene recordar que el hecho de que la ruta no haya sido alcanzada por el incendio no significa que pueda recorrerse sin precauciones.

La Ruta del Agua continúa mostrando las consecuencias de las lluvias torrenciales sufridas el pasado año. Es cierto que se han llevado a cabo algunos trabajos de reparación, consolidándose diversos caminos e instalándose barandillas de madera en determinados puntos para mejorar la seguridad. No obstante, el itinerario sigue presentando tramos que requieren especial atención. El sector comprendido entre la Fuente Temprana y la Balsa Alta continúa siendo el más delicado, tanto por el deterioro del sendero como por la abundante vegetación, que en algunos puntos dificulta considerablemente el paso.

Arriba: Una de las protecciones de madera en un punto cercano a la Balsa Alta.

Dado que actualmente no nos consta ninguna señalización que prohíba transitar por la ruta, consideramos oportuno advertir a quienes deseen recorrerla de que no se trata de un itinerario apto para personas con movilidad reducida y de que es imprescindible extremar la precaución, especialmente en aquellos tramos que discurren junto a las acequias, donde el terreno puede resultar resbaladizo o presentar zonas estrechas y expuestas.

Arriba: Uno de los tramos más delicados del recorrido entre la Balsa Alta y la Fuente Temprana. El deterioro del sendero obliga en algunos puntos a transitar por la propia acequia, por lo que es necesario extremar la precaución.

Un patrimonio excepcional que sigue esperando protección

Si la situación del sendero invita a la prudencia, mucho más preocupante es la de uno de los elementos patrimoniales más singulares que alberga este paraje: las pinturas murales andalusíes del siglo XI.

A día de hoy permanecen completamente inaccesibles para el público, sin medidas de protección efectivas y sin que exista un proyecto conocido para su restauración, estudio o puesta en valor. Han transcurrido décadas desde su descubrimiento y, pese a tratarse de un conjunto excepcional dentro del patrimonio andalusí, su situación continúa siendo la misma: abandono e indiferencia administrativa.

Arriba: La Balsa Alta de Bédar, uno de los enclaves más emblemáticos del patrimonio histórico e hidráulico de la localidad, afortunadamente preservado del incendio.

Desde este blog hemos venido denunciando esta realidad de forma reiterada. Hemos trasladado nuestras preocupaciones tanto a las autoridades municipales como a los responsables competentes en materia de patrimonio cultural, impulsando además las iniciativas encaminadas a su estudio y difusión. Resulta difícil no constatar que buena parte del conocimiento generado sobre este enclave ha partido precisamente de este modesto espacio de divulgación, mientras las instituciones responsables siguen sin ofrecer una respuesta acorde con el valor histórico del conjunto.

Arriba: Fotografía de las pinturas murales andalusíes de la Balsa Alta de Bédar, realizada en 2004. El reportaje fotográfico llevado a cabo por este blog fue fundamental para que la profesora Carmen Barceló, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Valencia, pudiera estudiar y traducir las inscripciones conservadas. Gracias a ese trabajo se identificó el texto fundacional del conjunto: «El primero del mes de ŷumādà al-ājira del año cincuenta y cinco y trescientos. Fue escrito…», una inscripción que permite fechar las pinturas el 25 de mayo de 966, durante el califato de al-Ḥakam II. Publicados en la revista científica Al-Qanṭara bajo el título Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966), estos resultados confirmaron la extraordinaria importancia histórica de unas pinturas únicas que, pese a su relevancia y a la contribución decisiva de este blog para su documentación y estudio, continúan hoy sin protección efectiva, sin restaurar y sin posibilidad de ser visitadas.

En esta ocasión, además, las pinturas han escapado literalmente de la destrucción. Hemos podido comprobar que el frente del incendio llegó aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan, en dirección al Castillo de los Moros, una zona que todavía no nos ha sido posible visitar para evaluar su estado.

La proximidad del fuego obliga a una reflexión inevitable. De haber ardido la espesa vegetación que rodea este enclave, es muy probable que hoy estuviéramos lamentando la desaparición irreversible de un bien patrimonial único. Habría sido una pérdida irreparable para la historia de Bédar y para el patrimonio andalusí en su conjunto.

Arriba: Tramo de la Ruta del Agua entre la Balsa Alta y la fuente de los Chorreadores. Tras los daños ocasionados por las lluvias torrenciales del pasado año, el camino ha sido reparado y dotado de nuevas protecciones de madera para mejorar la seguridad de los visitantes.

Confiamos en que esta grave tragedia sirva, al menos, para poner de manifiesto la extraordinaria vulnerabilidad de estos bienes culturales. La conservación del patrimonio no puede depender únicamente de la fortuna o de que un incendio cambie de dirección en el último momento. Es necesaria una actuación decidida que garantice su protección, su estudio y su adecuada puesta en valor antes de que sea demasiado tarde.

Porque el patrimonio histórico no solo se pierde por la acción del fuego. También desaparece lentamente cuando el abandono se convierte en la norma y la inacción institucional acaba siendo la respuesta habitual.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.

Disponible dentro de dos días, el 17 de julio.

Nuevo libro: 42 cables aéreos históricos que recuperan la memoria industrial del sureste español

¿Hubo un cable aéreo cerca de tu pueblo?


Durante décadas, decenas de estas impresionantes infraestructuras atravesaron montañas, barrancos y valles del sureste español, uniendo minas, estaciones ferroviarias y puertos. Hoy, muchas han desaparecido casi por completo, pero su historia permanece en documentos, fotografías y en la memoria de los paisajes que transformaron.

El próximo 17 de julio se publicará un libro que reúne el resultado de más de veinte años de investigación sobre los cables aéreos históricos, una obra que combina historia, ingeniería y patrimonio industrial.

El libro incluye un catálogo documental con 42 líneas de cables aéreos, muchas de ellas vinculadas directamente a pueblos y comarcas concretas:

Almería

  • Serena (Bédar) – Garrucha y trinchera Villalta (Bédar).
  • Serena (Bédar) – Los Gallardos.
  • Líneas secundarias de las minas de Bédar: Carabinera, Pobreza, Borrasca, Santiago, Silencio y Angustias.
  • Mina Cuatro Amigos (Bédar).
  • Puerto de Garrucha.
  • Barranco Jaroso, mina Violeta, mina Los Tres Pacos y otras líneas de Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora).
  • Mina Isabel (Mojácar).
  • Cuevas Negras y Gran Coloso (Tíjola y Bayarque).
  • Cable Cabarga San Miguel y cables del Manzano y Cortijuelo (Serón y Bacares).
  • Minas del Tesorero (Serón y Baza), también en Granada.
  • Cable de Cóbdar.
  • Canteras de andesita de Rodalquilar y Mesa Roldán (Níjar y Carboneras).
  • Rincón de Martos (Níjar).
  • Colativí – Casa Fuerte (Tabernas, Níjar y Almería).
  • Calares – ferrocarril de Lucainena de las Torres a Agua Amarga.
  • Los Baños – estación de El Chorrillo (Pechina).
  • Alfaro – ferrocarril de Sierra Alhamilla (Rioja y Pechina).
  • Canteras de Huéchar al Andarax.
  • Olula de Castro – Fuente Santa.
  • Gérgal – Cruz de Mayo.
  • Mina Miguelito (Gérgal).
  • Nacimiento.
  • Escúllar.
  • Beires – Doña María (Beires, Ohanes y Nacimiento).

Granada

  • Las Piletas – estación de Huéneja.
  • Minas del Conjuro (Busquístar, La Taha, Órgiva y Vélez de Benaudalla).
  • Dúrcal – Motril (Dúrcal, Nigüelas, Lecrín, El Pinar, Lanjarón, Vélez de Benaudalla, Órgiva y Motril).
  • Mina Santa Julia – estación de Riofrío (Loja).
  • Guájar Alto – Río Verde (Los Guájares, Lentegí, Otívar y Almuñécar).

Jaén

  • Cable del Centenillo (Baños de la Encina, La Carolina y Carboneros).
  • Cable del Guindo (La Carolina).
  • Cable de la mina Sinapismo (La Carolina).
  • Cable de la mina La Abundancia.
  • Pozo Mirador – Santo Tomás (Baños de la Encina).
  • Cable de Grañena (Jaén).

Málaga y Melilla

  • Altos Hornos de Málaga (desde las minas de Casariche y Badolatosa, en Sevilla).
  • Línea de Marbella.
  • Línea de San Juan de las Minas (Guelaya, Melilla).

La obra incorpora además decenas de imágenes históricas recuperadas, incluyendo fotografías inéditas procedentes de archivos públicos y privados, junto con documentos gráficos que permiten reconstruir instalaciones hoy desaparecidas o de las que apenas quedan vestigios. Muchos de estos cables aéreos han desaparecido casi por completo; por ello, este libro pretende conservar su memoria y poner en valor un patrimonio industrial antes de que se pierdan definitivamente sus últimos testimonios materiales.

La portada del libro muestra una fotografía inédita de la línea de cable aéreo del mítico barranco Jaroso de Sierra Almagrera, una de las muchas imágenes recuperadas durante la investigación y que permiten descubrir cómo eran estas instalaciones cuando todavía estaban en funcionamiento. A través de fotografías históricas, planos, informes técnicos y documentación de archivo, la obra reconstruye la evolución de una tecnología que tuvo un papel fundamental en la minería española desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Destacamos, entre otras fotografías inéditas, una vista impresionante del cargadero de cable aéreo de Los Gallardos o una nueva serie de fotografías de Serón-Bacares, entre otras.

Esta obra no solo estudia una tecnología de transporte: recupera la historia de decenas de localidades, de sus explotaciones mineras y de las personas que hicieron posible unas instalaciones que fueron símbolo de innovación e ingenio.

Muchos de estos cables forman hoy parte de un patrimonio frágil y poco conocido. Conocerlos es también conservar la memoria de una época en la que los paisajes estaban unidos por auténticos caminos suspendidos sobre las montañas.

Título: Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla
Autor: Juan Antonio Soler Jódar
Extensión: 426 páginas con más de 800 ilustraciones (fotografías, planos, documentos, etc.)
Formato: tapa dura
Contenido: historia + características y evolución tecnológica + instalación de cables aéreos + Carlos Bahlsen y La Maquinista de Almería + catálogo de 42 líneas aéreas documentadas

Disponible a partir del 17 de julio en Amazon.

Un viaje por los cables aéreos de la minería: un nuevo libro recupera una historia casi olvidada

El próximo 17 de julio verá la luz Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla (1884–1966), una obra que reúne por primera vez un estudio sistemático de una de las infraestructuras más características, y al mismo tiempo más desconocidas, de la minería del sureste peninsular. A través de sus páginas, el lector descubrirá cómo estos ingenios permitieron salvar barrancos, sierras y grandes desniveles para transportar millones de toneladas de mineral desde las explotaciones hasta los ferrocarriles o los embarcaderos. Aunque se trata de un trabajo de investigación, está concebido para que pueda ser disfrutado tanto por especialistas como por cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.

El libro no se limita a catalogar instalaciones. Cada cable aéreo se estudia en su contexto histórico y tecnológico, analizando las circunstancias de su construcción, las empresas y los ingenieros que participaron en su diseño, las soluciones técnicas adoptadas y su evolución a lo largo del tiempo. El resultado es una obra que combina el rigor de la investigación con una narración accesible, permitiendo comprender no solo cómo eran estas instalaciones, sino también por qué representaron un avance decisivo para la minería de finales del siglo XIX y buena parte del XX.

Uno de sus principales valores reside en la amplitud y diversidad de las fuentes consultadas. La investigación se apoya en una extensa documentación procedente de archivos públicos y privados, prensa histórica, publicaciones técnicas nacionales e internacionales, memorias de empresas mineras, expedientes administrativos, planos originales, catálogos de fabricantes y una extraordinaria colección de fotografías históricas, muchas de ellas inéditas. Ese trabajo de documentación ha permitido identificar instalaciones prácticamente desconocidas, reconstruir trazados desaparecidos y aclarar numerosos aspectos técnicos que hasta ahora permanecían dispersos o sin estudiar.

La estructura de la obra facilita distintos niveles de lectura. Quien busque una visión general encontrará una introducción que explica el desarrollo de la tecnología de los cables aéreos, sus principales fabricantes y los sistemas constructivos empleados. A partir de ahí, el catálogo reúne cada instalación conocida en una extensa región del sureste español mediante fichas ampliamente documentadas, acompañadas de mapas, planos, fotografías históricas, esquemas y referencias documentales que convierten el libro tanto en una obra de consulta como en una referencia para investigadores, historiadores, ingenieros y aficionados al patrimonio industrial.

Con su publicación el 17 de julio, esta obra aspira a convertirse en un referente sobre la historia de los cables aéreos mineros en España y, al mismo tiempo, a contribuir a la difusión y valoración de un patrimonio tecnológico que, pese a haber desaparecido en gran medida del paisaje, sigue siendo fundamental para comprender la historia minera e industrial del sureste español. Es una invitación a descubrir un capítulo poco conocido de nuestro pasado, donde la ingeniería, la minería y el territorio se entrelazan para contar una historia tan fascinante como desconocida.

El castillico de Serena (Bédar)

Hoy continuamos con el otro castillico de Bédar, el de Serena. Olvidado durante mucho tiempo, fue redescubierto por el investigador Juan Antonio Soler en 2010, siguiendo las indicaciones del Libro de Apeo y convencido de que una población independiente en época nazarí como lo fue Serena, debía contar con su propio castillo defensivo.

Como se indica en el Libro de Apeo y Repartimiento de Serena, la «antigua fortaleza» se encontraba a un lado del gollizno del camino que seguía desde el pago de la Coca hasta el pago de la Mar. 

Una vez localizado, la abundancia de cerámica medieval en superficie y la identificación de un felus de 1474 acabaron por confirmar el hallazgo. Más tarde, se pudo documentar algunos dirhemes de plata procedentes de este castillo, posiblemente hallados en los trabajos realizados para enterrar un cable telefónico o de la luz. También aparecierón otros restos, algunos de los cuales hemos podido documentar, como por ejemplo una punta de flecha, un virote de ballesta, clavos antiguos, una contera de estilete, un viejo anillo decorado con unas líneas onduladas, etc.

Veamos, algunos de estos restos:

dinr5

Nº 1. Fracción de 1/2 dirham de ‘Alī ibn Sa’ad (Abū al-Hasan ‘Alī, conocido como Muley Hacén o Mulhacén, 1464–1485) de 0,19 gramos de plata. Medina n.º 263. Es a destacar que el recorte de este medio dirham es muy cuidadoso y parece que con la intención de conservar una parte de las leyendas religiosas.

Leyendas (las leyendas que se indican entre paréntesis están fuera del cospel por recorte):

IA (izquierda): (No dios sino) / Dios, Mahoma / enviado de Dios

IIA (derecha): (Siervo de D)ios ‘Alī / (Al-Gaih) Bīllāh / Granada

medir2

Nº 2. Medio dirham anónimo del reino nazarí de Granada de 0,73 gramos de plata, Medina n.º 266 (Vives n.º 2197) Datada entre el 1238-1492.  Presenta dos perforaciones.

En cuanto a las leyendas, este tipo de dirham llevaba únicamente leyendas religiosas, de las que en este ejemplar se pueden ver la primera línea y la segunda parcialmente (IA izquierda y IIA derecha, respectivamente, por lo que la ceca no es visible en nuestro ejemplar:

dirhem nazari

Las monedas de plata nazaríes no llevan fecha y tan solo el nombre del emir con Muḥammad I (1230–1273), después son anónimas y no vuelven a tener el nombre del sultán hasta ‘Alī ibn Sa’ad (1464–1485) y Muḥammad XIII. Es por este motivo que este tipo de dirham no es útil para estimar muy precisamente la fecha, ya que se emitieron desde 1238 hasta 1492. De los 4 medios dirham anónimos descritos en Serena, es el de mejor factura, a pesar de que la acuñación es defectuosa.

medio

Nº 3. 1/2 dirham. A diferencia de la anterior la acuñación es más descuidada y la escritura más tosca y con ceca de Almería (Medina nº. 266 d). Es de vellón de 0,78 grs. Presenta una grieta, al parecer por el intento fallido de perforarla.

Las leyendas, que se ven parcialmente, son las siguientes en IA (izquierda) y IIA (derecha):

ALMERIA

Parece que las emisiones con ceca de Almería eran de peor calidad que las de Granada. en este ejmplar se puede apreciar además parte de la grafila de otro cuño en IIA (derecha).

medir1

Nº 4. Fragmento de 1/2 dirham de plata de 0,26 gr de peso. Se pueden leer parcialmente las dos primeras líneas del texto, lo que permite su clasificación aunque la ceca no es visible. Presenta una única perforación que ha agrietado la pieza.

dir4

Nº 5. Fragmento de 1/2 dirham de vellón de 0,73 gr de peso de acuñación descuidada, con escritura tosca y con ceca de Almería, del mismo tipo que la nº. 3 pero más tosca. Presenta igualmente una perforación que parece haber sido hecha con un estilete.

cuarto1(1)

N.º 6. 1/4 de dirham de plata de 0,38 gramos del reino nazarí de Granada (Medina n.º 269). Son tres los ejemplares de este tipo y de los tres éste es el que presenta una escritura menos tosca y una mejor acuñación a pesar de lo irregular del cospel. Es la única que no está perforada. Se trata del tipo «almohade» o «rombo» con la datación entre 1238-1492.

Las leyendas son como siguen:

c

La ceca se encuentra en las esquinas que delimita el rombo, se trata también de monedas anónimas sin fecha.

medir3

N.º 7. 1/4 de dirham de vellón de 0,38 gramos del reino nazarí de Granada tipo rombo (Medina n.º 269). La escritura es tosca si se compara con la anterior (aunque lleva las mismas leyendas) y la plata es de menos calidad, pues contiene cobre (vellón.) Presenta dos perforaciones, lo que es remarcable para una moneda tan pequeña.

cuarto2

N.º 8. Fragmento de 1/4 de dirham de vellón del que no disponemos del peso. Por el tamaño se trata con toda seguridad de un 1/4 de dirham tipo rombo (Medina n.º 269).

almoh

N.º 9. Esta  pieza es una de las más sorprendentes de todo el conjunto. Se trata de un dirham incompleto almohade de plata de Abd al Mu’min ben Alī de 0,24 gramos de peso. Está muy deteriorado y sus leyendas casi ilegibles. Presenta una perforación única (es posible que otra perforación sea la causante de la parte faltante pues no presenta las marcas de corte típicas de los fragmentos.) 

Las pocas leyendas y orlas restantes muestran una orla cuadrada dentro de una circular. Las únicas leyendas visibles se encuentran en IIA (derecha), lo que permite identificarla como una Vives nº 196 a nombre de  Abd al Mu’min ben Alī pero atribuida a Idris I (1227-1232). Los nazaríes utilizaron las monedas existentes a su llegada al poder, aunque inmediatamente empezaron a acuñar las suyas propias, sustitutendo paulatinamiente. De hecho, el sistema nazarí siguió el patrón almohade en sus emisiones.

felus

N.º 10.  Se trata de una moneda muy diferente al resto, ya que se trata de una emisión en bronce de 1,34 gr. Se trata de un felus de cobre del reino nazarí de Granada, Medina n.º 272 y atribuido a ‘Alī ibn Sa’ad (Muley Hacén.)

Solo son legibles parcialmente las leyendas por uno de sus lados. El interés de estos felus es que solía indicarse la fecha, y afortunadamente las leyenas legibles de este ejemplar nos indican la misma:

f

Se trata del año 1474 (897 de la Hégira), catorce años antes de la entrega de las plazas de Mojácar y Vera al rey Don Fernado, lo que aconteció en julio de 1488, tras lo cual todas las alquerías de la zona se entregaron, entre ellas la de Serena, representada por Almaf Canif. Tras su entrega, todas las fortalezas fueron derribadas excepto las de Vera y Mojácar, para evitar que fueran utilizadas en caso de insurrección.

Este grupo de monedas documentadas nos permite llegar a algunas conclusiones sobre el mismo castillo. Nos encontramos con un muy limitado número de monedas, lo que parece ser solo una parte de un acúmulo de monedas de época nazarí que pudo haberse ocultado poco antes de la entrega de Serena a Fernando el Católico en 1488. La presencia de un fragmento de dirham del sultán Abū al-Hasan ‘Alī, además de un felus de 1474 que con toda evidencia formaba parte del conjunto, parecen indicar que el ocultamiento se produjo poco antes de este hecho histórico, entre 1474 y 1488, seguramente como consecuencia del miedo ante la llegada de las huestes cristianas. La mayor parte se compone de monedas anónimas y sin fecha de las cecas de Granada y Almería, varias fragmentadas y casi todas con diferentes perforaciones. La presencia de una moneda atribuible a la época almohade puede resultar extraña, pero según se ha comentado en alguna ocasión, parece que hubo acuñaciones almohades con un período de circulación muy prolongado e incluso algunos tipos almohades que continuaron acuñándose por los nazaríes, según el historiador Ibn Jatib, que las describe entre las que circulaban en su tiempo.

Para acabar, veremos otros de los restos que hemos podido documentar:

 Dos anillos de bronce que parecen representar ojos (un elemento de buena suerte) y uno de plata con líneas onduladas.

Esta contera de espada atestigua la función primordialmente militar de esta estructura.

Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes de Bédar de origen probable nazarí. A la izquierda encontramos un interesante fragmento procedente del castillico de Serena en el que se aprecia lo que parece un índalo, seguramente algún tipo de decoración que aparenta una forma antropomorfa y que recuerda vivamente a otro fragmento hallado en Bédar (derecha), cercano a la fuente, con una figura similar.