La Balsa Alta de Bédar: a 150 metros de perder para siempre un patrimonio único

Hay ocasiones en las que un acontecimiento nos obliga a mirar de nuevo aquello que tenemos delante.

El incendio que este verano de 2026 arrasó buena parte de la sierra de Bédar dejó tras de sí una enorme destrucción ambiental, daños materiales y una profunda preocupación por nuestro patrimonio. La Balsa Alta, afortunadamente, se salvó.

Pero estuvo muy cerca de no hacerlo.

En la visita que realizamos después del incendio pudimos comprobar que el frente de las llamas había llegado aproximadamente a unos 150 metros del lugar donde se conservan las pinturas de la Balsa Alta, en dirección al Castillo de los Moros. Las pinturas no fueron alcanzadas por el fuego y los restos permanecieron a salvo… esta vez tuvimos suerte.

Pero basta imaginar unos metros más de avance del incendio para comprender lo que podríamos estar lamentando hoy: la desaparición irreversible de uno de los testimonios pictóricos andalusíes más singulares conservados en nuestra provincia.

Y eso debería hacernos reaccionar.

Porque la Balsa Alta no es simplemente una antigua construcción hidráulica.

Una historia que lleva décadas esperando

La importancia de la Balsa Alta se conoce desde hace muchos años.

En 2004 existe ya una Ficha de Informe Completo de Patrimonio Inmueble Arqueológico, fechada el 23 de junio, elaborada por Eva Jiménez Jiménez, M.ª del Rosario Torres Fernández y M.ª del Mar Nicolás Martínez.

En mayo de 2007, la Delegación Provincial de Cultura realizó una visita al lugar junto con el arqueólogo Patrice Cressier. A partir de aquella visita se planteó la necesidad de preparar una intervención.

Y en agosto de 2009, la arqueóloga Sophie Gilotte presentó, a petición de la Delegación de Cultura de Almería, un proyecto denominado «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar», contando con Manuel López-Gay Salmerón para la parte correspondiente a restauración.

Gilotte explicaría posteriormente que aquel proyecto de estudio, preservación y puesta en valor no llegó a concretarse, principalmente por razones presupuestarias.

En 2014 publicó su estudio La balsa alta de Bédar (Almería): una pregunta abierta al arte pictórico andalusí en contexto hidráulico, donde señalaba la necesidad de un estudio global que incluyera sondeos arqueológicos, prospección sistemática, limpieza y análisis de las pinturas y estudio del sistema hidráulico y del asentamiento medieval relacionado.

Es decir, hace ya muchos años que los especialistas vienen señalando que este lugar necesitaba una actuación integral.

También desde Bédar hemos contribuido a su conocimiento

Desde El Faro de Bédar hemos intentado durante años documentar y dar a conocer las pinturas y el patrimonio histórico de nuestro municipio.

En el caso de la Balsa Alta, esa labor tuvo además una consecuencia que consideramos importante dejar constancia.

Las fotografías que realizamos y publicamos de las pinturas en 2004 fueron utilizadas posteriormente por la investigadora Carmen Barceló.

En su estudio publicado en 2020 en la revista científica Al-Qanṭara, Barceló explica expresamente que pudo disponer de un reportaje fotográfico de los trazos árabes gracias a la página dedicada a las pinturas de El Faro de Bédar.

Y añade que aquellas imágenes hicieron posible interpretar con mayor facilidad el texto árabe, una tarea que había resultado imposible a partir de las reproducciones publicadas anteriormente.

La investigadora cita además expresamente en su bibliografía nuestro artículo «El Faro de Bédar. Las pinturas de la Balsa Alta».

No pretendemos atribuirnos un mérito que corresponde fundamentalmente a los investigadores que han estudiado el monumento, pero sí creemos importante dejar constancia de que la documentación fotográfica realizada y difundida desde este blog contribuyó al conocimiento científico de las pinturas.

En definitiva, también desde Bédar se ha aportado conocimiento a la investigación de este excepcional conjunto.

966: una fecha que cambió nuestra visión de la Balsa Alta

El trabajo de Carmen Barceló supuso un importante avance.

El estudio de la inscripción árabe permitió fechar el conjunto en el año 355 de la Hégira, 966 de nuestra era, durante el gobierno del califa al-Hakam II.

El propio título del artículo lo deja claro: Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966).

Estamos, por tanto, ante un testimonio de época califal, con una antigüedad de más de mil años.

Las pinturas conservan escritura árabe, representaciones figurativas, animales, posibles escenas de caza, motivos geométricos y otros elementos cuyo estudio completo todavía está pendiente.

Y precisamente aquí encontramos una de las cuestiones que hacen que la conservación de la Balsa Alta sea todavía más urgente. Barceló concluyó su estudio señalando la necesidad de realizar una excavación profesional del monumento.

La recomendación científica está ahí. El proyecto de intervención de 2009 también está ahí. La documentación patrimonial de la Junta está ahí.

Y el monumento sigue esperando.

Una nueva visita y una posible nueva figura

Durante una de nuestras visitas a la Balsa Alta, en el verano de 2025, ocurrió algo que nos hizo volver a pensar en todo aquello que todavía puede estar oculto.

Mientras examinábamos las pinturas, uno de los asistentes llamó nuestra atención sobre una zona que hasta entonces no habíamos identificado como una posible representación figurativa.

Entre las gruesas concreciones de carbonatos que cubren buena parte de las pinturas parecía distinguirse otra posible figura de un cánido. Insistimos en una palabra: posible. En la imagen superior vemos a la izquierda la zona que examinamos y, a la derecha, la posible figura de un cánido, casi completamente cubierta por las concreciones.

No pretendemos que una observación realizada durante una visita sustituya al trabajo de un restaurador, arqueólogo o especialista en pintura mural.Precisamente lo contrario.

Lo que esta observación demuestra es la necesidad de que ese trabajo especializado se realice.

Porque si la interpretación se confirmase, estaríamos ante un nuevo elemento figurativo que se añadiría al repertorio ya conocido de la Balsa Alta.

Y aparece entonces una pregunta mucho más importante:

¿Qué puede haber debajo de las zonas que hoy permanecen cubiertas por las concreciones?

Podría no haber nada más. Pero también podrían conservarse nuevos dibujos, nuevas figuras o incluso nuevos fragmentos de escritura. Ya en el primer estudio que se realizó se realizaron varias catas y se confirmó esta posibilidad.

La única forma de saberlo es mediante una intervención científica, controlada y realizada por especialistas.

Y entonces llegó el incendio

El incendio de julio de 2026 ha convertido esa necesidad en algo todavía más evidente.

Las llamas no alcanzaron finalmente las pinturas, pero llegaron aproximadamente hasta 150 metros de ellas.

Cualquiera que conozca el terreno puede comprender lo que significa esa distancia cuando un incendio forestal avanza impulsado por el viento y la vegetación seca.

Un cambio de dirección del viento o unas condiciones meteorológicas ligeramente diferentes… y hoy podríamos estar hablando de las pinturas de la Balsa Alta en pasado.

No estamos exagerando el peligro: el fuego estuvo allí.

Y la Balsa Alta no dispone de una protección acorde con el valor que hoy sabemos que tiene.

El incendio nos ha dado un aviso que no deberíamos desaprovechar.

¿Qué puede hacer el Ayuntamiento?

Esta es la parte en la que queremos ser especialmente claros.

No pensamos que el Ayuntamiento de Bédar deba esperar pasivamente a que otra Administración tome la iniciativa.

La Ley 4/2026 de Patrimonio Cultural de Andalucía atribuye a los municipios funciones en materia de protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural situado en su término municipal.

Eso no significa que el Ayuntamiento pueda excavar o restaurar las pinturas directamente sin autorización.

Las intervenciones arqueológicas y determinadas actuaciones sobre bienes patrimoniales deben realizarse conforme a los procedimientos establecidos por la Junta de Andalucía.

Pero hay una diferencia fundamental entre no tener competencia para autorizar una excavación y no poder impulsar una actuación.

El Ayuntamiento sí puede impulsar el proyecto.

–Puede presupuestarlo.

–Puede contratar los estudios técnicos que correspondan.

–Puede buscar financiación.

–Puede solicitar formalmente la colaboración de la Junta.

–Y puede promover que la actuación se tramite con carácter prioritario cuando exista un riesgo para la conservación.

Otros municipios de nuestro entorno ya han demostrado que es posible

No hace falta imaginar un modelo teórico, tenemos ejemplos muy próximos:

En Vera, el Ayuntamiento ha impulsado un Proyecto General de Investigación de seis años para la antigua ciudad de Bayra, con una dotación anunciada de 1.347.218 euros, con la intención de convertir el yacimiento en un parque arqueológico visitable. El proyecto contempla excavación, conservación y puesta en valor, y se acompaña de actuaciones relacionadas con la ampliación del BIC, un centro de interpretación y recepción de visitantes, vallado y mejora de accesos.

En Mojácar, el Ayuntamiento ha impulsado junto con la Universidad de Granada proyectos de investigación, conservación y puesta en valor de Mojácar la Vieja, con la intención de convertir el yacimiento en un recurso cultural y visitable.

En Antas, el patrimonio arqueológico se ha convertido igualmente en una línea de actuación municipal. El municipio cuenta con el Centro de Interpretación de la Cultura Argárica y ha impulsado diferentes actuaciones relacionadas con la investigación y difusión de su patrimonio. Las investigaciones recientes en el Cabezo María han sacado además a la luz una iglesia tardoantigua y han planteado la posible existencia de una comunidad monástica cristiana.

Y Macael ofrece otro ejemplo de colaboración entre administraciones para convertir un patrimonio histórico e industrial en recurso turístico. El municipio ha trabajado con la Junta de Andalucía en la puesta en valor y difusión de su patrimonio relacionado con el mármol, culminando recientemente con la apertura del Parque Minero.

No se trata de comparar unos municipios con otros, cada localidad tiene sus necesidades, sus presupuestos y sus circunstancias.

Pero estos ejemplos demuestran algo:

Un Ayuntamiento puede tomar la iniciativa, buscar investigadores, elaborar proyectos, conseguir financiación y trabajar conjuntamente con la Junta y otras instituciones para convertir el patrimonio en un recurso cultural y turístico.

¿Qué proponemos para la Balsa Alta?

Creemos que el Ayuntamiento podría comenzar por algo perfectamente concreto.

1. Un diagnóstico técnico

Encargar a especialistas una evaluación del estado actual de la estructura y de las pinturas.

Especialmente después del incendio, debería comprobarse también el estado de la vegetación, los riesgos derivados del fuego y las condiciones de seguridad del enclave.

2. Recuperar el proyecto de 2009

Localizar el «Estudio integral y recuperación de la balsa de Bédar» presentado por Sophie Gilotte en agosto de 2009.

Comprobar qué actuaciones contemplaba, cuáles llegaron a realizarse y cuáles quedaron pendientes.

3. Actualizarlo

Incorporar los conocimientos obtenidos posteriormente, especialmente el estudio de Carmen Barceló y la datación de 966.

Y estudiar específicamente las zonas cubiertas por carbonatos, incluida la posible nueva figura que observamos durante nuestra visita de 2025.

4. Pedir formalmente a Cultura el expediente actual

El Ayuntamiento debería solicitar a la Delegación Territorial de Cultura de Almería el estado actual del expediente (fecha de inicio, actuaciones realizadas y pendientes, el régimen de protección aplicable y las autorizaciones necesarias para la intervención).

Es importante saber si ese expediente corresponde al procedimiento iniciado a raíz del proyecto de 2009 o si se trata de un expediente posterior.

5. Elaborar un proyecto por fases

No es necesario plantear que todo se haga de golpe.

Podría comenzar con una primera fase de documentación y diagnóstico, pasar a una investigación arqueológica con estudio de las pinturas, plantear proyectos de conservación y proteción y, finalmente, su puesta en valor.

Y cada fase podría tener su correspondiente presupuesto y financiación.

6. Presupuestarlo

Este punto nos parece esencial.

La Balsa Alta necesita una partida presupuestaria.

No necesariamente para ejecutar de inmediato una actuación completa, que puede requerir varios años, sino para comenzar por aquello que resulta imprescindible: conocer con precisión su estado, protegerla y redactar el proyecto.

La Ley 4/2026 contempla además mecanismos de actuación urgente cuando existe peligro de pérdida o destrucción del patrimonio arqueológico.

La cercanía a la que llegó el incendio debería ser, como mínimo, motivo suficiente para que los técnicos valoren específicamente esta cuestión.

Naturalmente, las necesidades urgentes derivadas del incendio (protección de las personas, viviendas, caminos, infraestructuras y recuperación de los daños materiales) deben tener prioridad cuando exista una necesidad inmediata.

Pero eso no significa que la Balsa Alta deba quedar nuevamente relegada.

Una inversión que puede devolver mucho más de lo que cuesta

En los últimos años hemos visto en Bédar inversiones en nuevas infraestructuras y equipamientos.Todas pueden tener su utilidad y no pretendemos cuestionar la conveniencia de atender las necesidades del municipio.

Pero creemos que también es legítimo plantear una pregunta:

¿No merece un monumento de más de mil años, único por sus pinturas y su cronología califal, un esfuerzo de planificación y financiación al menos comparable al que dedicamos a algunas infraestructuras mucho más recientes?

No estamos hablando de construir algo desde cero, estamos hablando de conservar algo que ya existe.

Algo que ha sobrevivido durante más de mil años.

Algo que ha sido estudiado por investigadores como Patrice Cressier, Sophie Gilotte y Carmen Barceló.

Algo cuya inscripción nos permite situarlo en el año 966.

Y algo que este verano estuvo aproximadamente a 150 metros de desaparecer para siempre.

Bédar tiene aquí una oportunidad

La recuperación de la Balsa Alta no debería contemplarse únicamente como un gasto, puede convertirse en una oportunidad para Bédar.

Una actuación científica rigurosa permitiría incorporar un nuevo elemento a la historia que podemos contar sobre nuestro municipio: la historia de su pasado andalusí, de sus sistemas hidráulicos, de sus paisajes históricos y de una pequeña pero extraordinaria muestra de arte pictórico califal.

Podría integrarse además en la Ruta del Agua, conectarse con otros elementos del patrimonio histórico de Bédar y convertirse, con el tiempo, en un nuevo recurso para el turismo cultural.

Y hay una última razón para hacerlo ahora:

El incendio de este verano ha dejado una imagen muy dura de nuestra sierra y de nuestro municipio. Necesitamos reconstruir y recuperar lo que el fuego destruyó, pero también puede demostrar que sabe proteger aquello que el fuego no consiguió destruir.

Por eso hacemos desde aquí un llamamiento respetuoso al Ayuntamiento de Bédar:

No dejemos que la Balsa Alta tenga que esperar otros veinte años.

Antes de que sea demasiado tarde.

Presentados en Vera dos libros que recuperan la memoria de las fundiciones y los cables mineros de Almería

La presentación de los dos libros celebrada ayer, 13 de agosto, en la Plaza de la Pérgola de Playa de Vera, dejó una agradable sensación entre todos los que tuvieron la oportunidad de acompañarnos. La tarde, con el mar y las palmeras como escenario, fue el marco perfecto para hablar de nuestra historia y, especialmente, de una parte de nuestro patrimonio industrial que merece ser conocida y conservada.

La asistencia fue muy buena, con alrededor de setenta personas siguiendo la presentación y mostrando su interés por unas publicaciones que nos acercan a dos aspectos muy ligados a la historia de Almería: las antiguas fundiciones del Levante almeriense y los cables aéreos utilizados en la minería de Andalucía Oriental y Melilla.

Queremos agradecer especialmente a los autores y participantes, Magda Navarro Arias, Miguel Ángel Sebastián Pérez, Antonio Aguilera Cantón y Juan Antonio Soler Jódar, su presencia y sus explicaciones. Sus conocimientos y su manera de acercarnos a estos temas hicieron que la presentación resultara amena y, sobre todo, nos ayudaron a valorar mejor un patrimonio que muchas veces tenemos cerca y no conocemos suficientemente.

Los dos atlas presentados ofrecen temáticas diferentes, pero complementarias. Uno nos lleva por las antiguas fundiciones del Levante almeriense y sus paisajes, mientras que el otro recupera la memoria de los cables aéreos mineros, aquellas instalaciones que durante décadas formaron parte de la actividad minera de nuestra tierra. Dos libros que no solo aportan información, sino que también invitan a descubrir lugares, historias y caminos que forman parte de nuestro pasado.

Queremos dar las gracias de manera muy especial a todas las personas que asistieron a la presentación. Entre el público se dieron cita tanto personas interesadas en conocer mejor estos temas como otras estrechamente vinculadas, por su trayectoria profesional, sus investigaciones o sus propias experiencias, con el mundo de la minería, las fundiciones y el patrimonio industrial de nuestra provincia. Contar con un público tan diverso, pero unido por el interés y el conocimiento de nuestra historia, enriqueció especialmente el encuentro.

Nuestro agradecimiento también al Ayuntamiento de Vera y al concejal de cultura y deportes, Antonio Jesús Soler Castaño, por hacer posible y colaborar en la organización de este encuentro, así como por su apoyo a la divulgación de nuestra historia y nuestro patrimonio. Este tipo de actividades son una buena manera de acercar la cultura y la memoria local a vecinos y visitantes.

También queremos agradecer a «La Degustación», tienda delicatessen situada en la Calle del Mar de Vera, y especialmente a su propietario, Sebastián, el aperitivo que pudimos compartir después de la presentación. El jamón cortado en el momento, los embutidos y otros productos, acompañados de cerveza, agua y refrescos, pusieron un estupendo punto final a la tarde y permitieron continuar las conversaciones de una manera más distendida. Un detalle que agradecemos sinceramente y que contribuyó a completar una jornada muy agradable.

En definitiva, fue una tarde sencilla, agradable y con una buena participación, que nos permitió compartir conocimiento, recordar nuestra historia y pasar un buen rato juntos. Gracias a todos los que lo hicieron posible y, muy especialmente, a todos los asistentes, cuya presencia y participación hicieron que la presentación de estos dos libros fuera un éxito. Esperamos que esta iniciativa sirva también para despertar el interés por nuestra memoria industrial y animarnos a seguir descubriendo y poniendo en valor ese patrimonio que forma parte de la historia de Almería.

Las fotografías son gentileza Ayuntamiento de Vera y María Jesús Cazorla.

Incendio de Bédar: el barranco del Servalico, entre las cenizas y la memoria minera

La reciente visita al barranco del Servalico y a la antigua mina Pobreza deja una impresión difícil de olvidar. El incendio ha arrasado por completo este paraje, transformando un paisaje que hasta hace poco estaba cubierto por pinares y matorral mediterráneo en una extensión de terreno ennegrecido. La violencia del fuego no solo ha afectado al medio natural, sino también a varias viviendas de la zona, recordándonos que este tipo de catástrofes tiene consecuencias tanto ambientales como humanas.

Arriba: el poste indicador, derribado y calcinado por el incendio, se ha convertido en un triste símbolo de la tragedia que ha asolado el barranco del Servalico.

Arriba: indicador de la Ruta de la Minería parcialmente calcinado por el incendio.

Paradójicamente, la desaparición de la cubierta vegetal ha dejado al descubierto numerosos restos del patrimonio minero que durante décadas permanecían ocultos entre la maleza. Hoy es posible recorrer con facilidad las ruinas de la mina Pobreza y contemplar elementos que hasta hace poco apenas eran visibles. Destacan especialmente las antiguas bocaminas de San José y San Diego, así como las tolvas del antiguo cable aéreo minero que transportaba el mineral hasta El Pinar de Bédar, vestigios de una intensa actividad minera que marcó profundamente la historia del municipio.

Arriba: las arboledas calcinadas son lo que queda tras el devastador paso del incendio.

Arriba: una de las casas alcanzadas por el incendio, testimonio de los daños causados más allá del medio natural.

Entre las imágenes más representativas del desastre se encuentra el poste indicador de direcciones, derribado por el incendio, con el mástil completamente quemado y los indicadores de la ruta reducidos a estructuras calcinadas. Se ha convertido, de forma involuntaria, en un símbolo de la devastación sufrida por el barranco del Servalico y de la fragilidad tanto del patrimonio natural como del histórico frente a este tipo de episodios.

Arriba: bocamina de la galería San José.

Arriba: bocamina de la galería San Diego.

Arriba; ruinas del edificio de la fragua de la mina Pobreza.

Arriba: tolvas de mampostería de la estación de carga del cable aéreo minero de la mina Pobreza.

Arriba: aljibe de la mina Pobreza.

Cuando la naturaleza comience a recuperarse, la vegetación volverá a cubrir progresivamente estas antiguas explotaciones mineras. Sin embargo, esta visita también invita a reflexionar sobre la necesidad de actuar para conservar y proteger este legado. No basta con dejar que el tiempo siga su curso y confiar en que el monte oculte nuevamente estos restos. La recuperación del entorno natural debe ir acompañada de medidas destinadas a documentar, consolidar y poner en valor el patrimonio minero, de manera que ambos, naturaleza e historia, puedan coexistir y preservarse para las generaciones futuras.

El incendio de Bédar: Tres Amigos y La Cuadra, el fuego deja al descubierto un patrimonio olvidado

Hoy hemos recorrido las zonas de Tres Amigos y La Cuadra para evaluar sobre el terreno los efectos del incendio. El panorama difícilmente podría ser más desolador. Toda la masa arbórea de este sector ha resultado gravemente afectada, transformando por completo un paisaje que durante décadas había recuperado parte de su cubierta vegetal.

Las ruinas de la mina La Cuadra han sufrido de lleno el impacto del fuego. La desaparición de la vegetación permite distinguir con claridad las estructuras donde estuvieron instalados los compresores y otras dependencias auxiliares de esta explotación de hierro, perteneciente a la concesión minera de la antigua Pobreza. Entre los restos aparecen también pequeños testimonios de la vida cotidiana de quienes trabajaron en ella: un depósito de latas oxidadas y varias botellas antiguas, entre ellas alguna de cerveza Cruz Blanca, una marca desaparecida en 1979. Objetos humildes, pero cargados de valor histórico, que permanecían ocultos bajo la maleza y que constituyen auténticas reliquias del pasado minero de Bédar.

Arriba: el cráneo ennegrecido de una cabra emerge entre las cenizas como un sobrecogedor símbolo de la devastación provocada por el incendio.

Las arboledas de La Cuadra han sido completamente arrasadas. La recuperación forestal de este importante espacio verde deberá convertirse, sin duda, en una de las prioridades de las futuras actuaciones, si realmente existe voluntad de restaurar un entorno de enorme valor ambiental e histórico.

El fuego llegó incluso a las inmediaciones del cargadero de Tres Amigos. Afortunadamente, el panel informativo de la Ruta Minera se ha salvado de las llamas. También han quedado al descubierto los restos del antiguo almacén de Sintas y Plá, desde donde los mineros de Bédar se abastecían de herramientas, efectos y comestibles, un lugar estrechamente ligado a la historia cotidiana de las explotaciones.

Arriba: tres fotografías que muestran el aspecto desolador del pinar de La Cuadra tras el paso del fuego, que ha destruido por completo la masa forestal.

Arriba: restos del antiguo almacén de efectos de Sintas y Plá, gravemente afectados por el incendio, que ha dejado al descubierto las ruinas de este histórico edificio.

Arriba: el incendio ha dejado al descubierto un pequeño depósito de residuos de los últimos años de explotación de la mina La Cuadra, a comienzos de la década de 1970. Entre las cenizas reaparecen fragmentos de la vida cotidiana de aquellos mineros: cántaros rotos, latas de conserva, botellas de licor y de cerveza Cruz Blanca, así como alpargatas con suelas de neumáticos reciclados, testigos silenciosos de una época ya desaparecida.

Arriba: el panel de la Ruta de las Minas ha sobrevivido al incendio. Sería un buen momento para corregir la fotografía que identifica erróneamente una «torre del cable», ya que en realidad corresponde al castillete del pozo P de la mina Mahoma, que se desplomó hace apenas unas semanas como consecuencia de décadas de abandono.

La zona del polvorín y de la tolva-embudo tampoco ha escapado al incendio. Paradójicamente, este último elemento, una de las construcciones más singulares y valiosas del patrimonio minero bedarense, aparece ahora despojado de la vegetación que durante años ha ido ocultándolo y deteriorándolo. La desaparición de esa cubierta vegetal permite contemplar nuevamente la extraordinaria fábrica de mampostería de la tolva en toda su magnitud.

Del mismo modo, hoy pueden apreciarse como hacía décadas que no era posible la trinchera de salida del ferrocarril situada bajo la tolva y las ruinas de las instalaciones del cable aéreo minero de Cuatro Amigos.

Arriba: el paraje que integran la tolva-embudo, la mina Unión de Tres Amigos y la estación del cable aéreo de Cuatro Amigos presenta un aspecto desolador tras el paso del incendio, que ha devastado por completo la vegetación.

La situación resulta profundamente irónica. Durante años se ha insistido en la necesidad de eliminar de forma controlada la vegetación que amenazaba estos restos históricos, sin que se adoptara medida alguna. Finalmente, ha sido un incendio devastador el que, de la peor manera imaginable, ha realizado ese trabajo. Es difícil no preguntarse cuántos daños podrían haberse evitado mediante una mínima política de conservación y prevención. Mucho nos tememos que, una vez apagado el incendio y desaparecida la atención mediática, el patrimonio minero continúe sumido en el mismo abandono institucional que ha padecido durante décadas.

Arriba: trinchera por la que discurría el ferrocarril en dirección al túnel inferior de la tolva-embudo. Este espacio cumplía una doble función: por el andén izquierdo se cargaba el mineral procedente de la mina Unión de Tres Amigos, mientras que por el lado derecho se realizaba la descarga del mineral de hierro transportado por el cable aéreo desde la mina Cuatro Amigos, situada en el paraje del Curato.

Arriba: edificio de máquinas de la estación de descarga del cable aéreo minero de la mina Cuatro Amigos. Aunque el incendio ha ennegrecido sus muros, la estructura permanece, por el momento, prácticamente intacta.

La desaparición de la vegetación en la cercana mina de Unión de Tres Amigos, que da nombre al paraje, permite acceder nuevamente a sus pozos y planos inclinados. Aunque parcialmente colmatados y afectados por derrumbes, siguen siendo estructuras peligrosas, cuya exposición vuelve a poner de manifiesto la ausencia de medidas de protección y señalización en un enclave de extraordinario interés histórico.

Arriba: irónicamente, ha sido el incendio el que ha liberado de la vegetación a la tolva-embudo, permitiendo contemplar de nuevo, en todo su esplendor, esta excepcional obra de ingeniería minera. Con más de 20 metros de diámetro y otros tantos de profundidad, desde su base se cargaban los vagones del ferrocarril mediante una única compuerta. Un trabajo de limpieza que debió haberse realizado hace años mediante una adecuada política de conservación, y no como consecuencia de una catástrofe.

Pocas notas positivas pueden extraerse de una jornada como la de hoy. Aun así, hemos podido observar varias cabras refugiadas en las escasas zonas que conservan algo de vegetación, así como algunos conejos que han logrado sobrevivir al incendio. Son pequeñas señales de esperanza que recuerdan la enorme capacidad de recuperación de la naturaleza. El monte volverá a renacer con el tiempo. Lo que no debería repetirse es la combinación de abandono, falta de gestión y ausencia de prevención que ha contribuido a que un paisaje de tan alto valor ambiental y patrimonial haya sufrido una destrucción de esta magnitud.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

El cable minero español que inspiró un proyecto para Yellowstone

A finales del siglo XIX, mientras el Parque Nacional de Yellowstone comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos naturales de Estados Unidos, un periódico norteamericano publicaba una curiosa propuesta para facilitar la visita a uno de sus parajes más espectaculares. La idea consistía en construir un tranvía aéreo que permitiera a los viajeros cruzar el impresionante cañón del río Yellowstone suspendidos sobre el vacío.

Lo sorprendente no era únicamente el proyecto, sino la fuente de inspiración elegida por sus promotores.

El modelo propuesto no procedía de Suiza ni de los Alpes, sino del sureste de España. Más concretamente, de un cable aéreo minero construido entre las sierras de Bédar y el puerto de Garrucha, en la provincia de Almería.

Puede parecer una afirmación exagerada, pero la documentación de la época no deja lugar a dudas.

En marzo de 1897, el periódico estadounidense The Abilene Monitor explicaba que los visitantes más aventureros podrían recorrer el desfiladero «según los planos del paso de Villa Reforma del teleférico Bédar-Garrucha, en la provincia de Almería, sur de España«. La ilustración que acompañaba la noticia (abajo a la derecha) reproducía, además, una estructura extraordinariamente parecida al célebre paso de Villa Reforma, uno de los puntos más espectaculares del cable almeriense.

¿Cómo había llegado una instalación minera española a convertirse en referencia para un proyecto al otro lado del Atlántico?

La respuesta hay que buscarla en la extraordinaria importancia técnica que alcanzó aquel cable aéreo.

Construido entre 1887 y 1888 para transportar el mineral de hierro desde las minas de Serena, en Bédar, hasta el embarcadero de Garrucha, la línea tenía una longitud cercana a los dieciséis kilómetros. En el momento de su inauguración era una de las mayores obras de ingeniería de este tipo existentes en el mundo y, según la documentación técnica de la época, poseía la mayor capacidad de transporte conocida entre los cables aéreos entonces en funcionamiento.

Su construcción fue dirigida por el ingeniero noruego Gustav Thorkildssen para la firma alemana Julius Pohlig, una de las empresas más prestigiosas del sector. En ella participó también Karl Bahlsen, quien años después se establecería definitivamente en Almería y desarrollaría una intensa actividad industrial como constructor e instalador de cables aéreos.

El éxito de la instalación fue inmediato.

Las revistas especializadas comenzaron a publicar artículos sobre sus soluciones técnicas. Los fabricantes de teleféricos utilizaron fotografías del cable en sus catálogos comerciales y algunos de sus elementos constructivos pasaron a estudiarse como ejemplo de las posibilidades que ofrecía el sistema alemán de transporte por cable.

Entre todas las imágenes difundidas destacó especialmente la del paso de Villa Reforma, donde la línea salvaba un profundo barranco mediante una elevada estructura metálica que impresionó a ingenieros y técnicos de numerosos países.

No resulta extraño, por tanto, que cuando alguien imaginó una forma espectacular de atravesar el gran cañón de Yellowstone recurriera precisamente a aquel ejemplo español que ya era conocido en los ambientes internacionales de la ingeniería.

Aunque el proyecto norteamericano nunca llegó a construirse, constituye un magnífico ejemplo del prestigio alcanzado por una obra que hoy permanece prácticamente olvidada, cuyo perfil y principales características técnicas, procedentes del Archivo Nacional Noruego, se representan en la imagen inferior.

Paradójicamente, mientras miles de personas visitan cada año Yellowstone sin conocer esta curiosa conexión histórica, en Almería apenas sobreviven algunos restos dispersos de una infraestructura que fue admirada en todo el mundo y considerada una referencia tecnológica de su tiempo.

La historia del cable de Bédar-Garrucha es solo una de las muchas que forman parte del patrimonio industrial español. Durante décadas, los cables aéreos permitieron explotar yacimientos situados en lugares donde el ferrocarril resultaba inviable, modificando el paisaje y convirtiéndose en piezas fundamentales del desarrollo económico de numerosas comarcas mineras.

Sin embargo, la mayor parte de estas instalaciones desaparecieron tras el cierre de las explotaciones. Lo que hoy conocemos sobre ellas se debe, en gran medida, a la conservación de planos, fotografías, archivos empresariales y documentación técnica dispersa en numerosos archivos nacionales e internacionales.

Precisamente esa labor de recuperación documental es la que ha permitido reconstruir episodios tan sorprendentes como la influencia del cable de Bédar en el proyecto de Yellowstone.

Para saber más

Esta historia forma parte del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla, una obra que reúne más de veinte años de investigación sobre los sistemas históricos de transporte por cable en el sureste español. El libro documenta su evolución tecnológica, sus protagonistas y más de un centenar de líneas mediante fotografías históricas, planos originales y abundante documentación inédita procedente de archivos españoles y extranjeros.

Ya disponible a la venta en AMAZON

Mañana verá la luz una historia que permanecía casi oculta…

Entre las páginas del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla aparece la figura de Carlos Bahlsen, un ingeniero de origen alemán que llegó a Almería y terminó convirtiéndose en uno de los grandes impulsores de su desarrollo industrial.

Desde La Maquinista, su fábrica junto a Las Almadrabillas, salieron soluciones técnicas que ayudaron a mover la minería almeriense: cables aéreos, maquinaria e instalaciones que hoy forman parte de la memoria industrial de nuestra tierra.

Gracias a la documentación conservada por la familia Bahlsen-Lacal y a otros archivos consultados, este libro recupera la trayectoria de un hombre apasionado por la ingeniería y devuelve a Bahlsen el lugar que merece en la historia industrial de Almería.

Mañana, 17 de julio, disponible en Amazon.

Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.

Disponible dentro de dos días, el 17 de julio.

La sierra que amamos, devastada por el fuego

Aún no hemos salido del shock provocado por la tragedia que está viviendo nuestra sierra. En estos momentos no cabe otra valoración que no sea la de confiar en que el incendio pueda ser controlado cuanto antes, que se localice a las personas desaparecidas y que se preste toda la ayuda posible a quienes han resultado damnificados. Lo primero son las víctimas, sus familias y todas aquellas personas que, además del sufrimiento y la incertidumbre, ni siquiera saben todavía si conservan sus hogares o sus propiedades. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los servicios de extinción de incendios, a los cuerpos de seguridad, a los equipos de emergencias, a los voluntarios, a los profesionales de la información y a los ayuntamientos que han habilitado espacios de acogida y han prestado apoyo a quienes lo necesitaban. Gracias a todos los que, de una u otra forma, están ayudando en estos momentos tan difíciles.

Como blog dedicado al estudio, la divulgación y la defensa del patrimonio, especialmente del patrimonio minero, vivimos también estos días con una enorme tristeza. Nos duele profundamente el inmenso daño causado a nuestro patrimonio natural, a la flora y la fauna que forman parte inseparable de la identidad de esta sierra, pero también nos preocupa el patrimonio histórico y cultural que ha quedado amenazado por las llamas. La imagen que acompaña estas líneas, con el fuego avanzando peligrosamente cerca del histórico Palacete de los Chávarri, en Bédar, refleja la angustia que hemos sentido durante estas interminables horas.

Sabemos que, cuando llegue el momento, habrá que evaluar los daños y trabajar para recuperar todo aquello que sea posible. Será un camino largo y difícil, pero queremos dejar claro desde hoy nuestro compromiso de no dejar de trabajar por la recuperación de nuestra querida sierra, de su patrimonio natural, histórico e industrial, porque constituye una parte irremplazable de nuestra memoria colectiva y de nuestra identidad.

Hoy, sin embargo, es tiempo de solidaridad, de respeto y de esperanza. Esperanza en que el incendio quede definitivamente controlado, en que no haya que lamentar más pérdidas y en que todas las administraciones competentes pongan los medios necesarios para que una tragedia como esta no vuelva a repetirse. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes están sufriendo y la mejor forma de honrar y proteger el extraordinario legado que todos tenemos la responsabilidad de conservar.