Incendio de Bédar: el barranco del Servalico, entre las cenizas y la memoria minera

La reciente visita al barranco del Servalico y a la antigua mina Pobreza deja una impresión difícil de olvidar. El incendio ha arrasado por completo este paraje, transformando un paisaje que hasta hace poco estaba cubierto por pinares y matorral mediterráneo en una extensión de terreno ennegrecido. La violencia del fuego no solo ha afectado al medio natural, sino también a varias viviendas de la zona, recordándonos que este tipo de catástrofes tiene consecuencias tanto ambientales como humanas.

Arriba: el poste indicador, derribado y calcinado por el incendio, se ha convertido en un triste símbolo de la tragedia que ha asolado el barranco del Servalico.

Arriba: indicador de la Ruta de la Minería parcialmente calcinado por el incendio.

Paradójicamente, la desaparición de la cubierta vegetal ha dejado al descubierto numerosos restos del patrimonio minero que durante décadas permanecían ocultos entre la maleza. Hoy es posible recorrer con facilidad las ruinas de la mina Pobreza y contemplar elementos que hasta hace poco apenas eran visibles. Destacan especialmente las antiguas bocaminas de San José y San Diego, así como las tolvas del antiguo cable aéreo minero que transportaba el mineral hasta El Pinar de Bédar, vestigios de una intensa actividad minera que marcó profundamente la historia del municipio.

Arriba: las arboledas calcinadas son lo que queda tras el devastador paso del incendio.

Arriba: una de las casas alcanzadas por el incendio, testimonio de los daños causados más allá del medio natural.

Entre las imágenes más representativas del desastre se encuentra el poste indicador de direcciones, derribado por el incendio, con el mástil completamente quemado y los indicadores de la ruta reducidos a estructuras calcinadas. Se ha convertido, de forma involuntaria, en un símbolo de la devastación sufrida por el barranco del Servalico y de la fragilidad tanto del patrimonio natural como del histórico frente a este tipo de episodios.

Arriba: bocamina de la galería San José.

Arriba: bocamina de la galería San Diego.

Arriba; ruinas del edificio de la fragua de la mina Pobreza.

Arriba: tolvas de mampostería de la estación de carga del cable aéreo minero de la mina Pobreza.

Arriba: aljibe de la mina Pobreza.

Cuando la naturaleza comience a recuperarse, la vegetación volverá a cubrir progresivamente estas antiguas explotaciones mineras. Sin embargo, esta visita también invita a reflexionar sobre la necesidad de actuar para conservar y proteger este legado. No basta con dejar que el tiempo siga su curso y confiar en que el monte oculte nuevamente estos restos. La recuperación del entorno natural debe ir acompañada de medidas destinadas a documentar, consolidar y poner en valor el patrimonio minero, de manera que ambos, naturaleza e historia, puedan coexistir y preservarse para las generaciones futuras.

El incendio de Bédar: Tres Amigos y La Cuadra, el fuego deja al descubierto un patrimonio olvidado

Hoy hemos recorrido las zonas de Tres Amigos y La Cuadra para evaluar sobre el terreno los efectos del incendio. El panorama difícilmente podría ser más desolador. Toda la masa arbórea de este sector ha resultado gravemente afectada, transformando por completo un paisaje que durante décadas había recuperado parte de su cubierta vegetal.

Las ruinas de la mina La Cuadra han sufrido de lleno el impacto del fuego. La desaparición de la vegetación permite distinguir con claridad las estructuras donde estuvieron instalados los compresores y otras dependencias auxiliares de esta explotación de hierro, perteneciente a la concesión minera de la antigua Pobreza. Entre los restos aparecen también pequeños testimonios de la vida cotidiana de quienes trabajaron en ella: un depósito de latas oxidadas y varias botellas antiguas, entre ellas alguna de cerveza Cruz Blanca, una marca desaparecida en 1979. Objetos humildes, pero cargados de valor histórico, que permanecían ocultos bajo la maleza y que constituyen auténticas reliquias del pasado minero de Bédar.

Arriba: el cráneo ennegrecido de una cabra emerge entre las cenizas como un sobrecogedor símbolo de la devastación provocada por el incendio.

Las arboledas de La Cuadra han sido completamente arrasadas. La recuperación forestal de este importante espacio verde deberá convertirse, sin duda, en una de las prioridades de las futuras actuaciones, si realmente existe voluntad de restaurar un entorno de enorme valor ambiental e histórico.

El fuego llegó incluso a las inmediaciones del cargadero de Tres Amigos. Afortunadamente, el panel informativo de la Ruta Minera se ha salvado de las llamas. También han quedado al descubierto los restos del antiguo almacén de Sintas y Plá, desde donde los mineros de Bédar se abastecían de herramientas, efectos y comestibles, un lugar estrechamente ligado a la historia cotidiana de las explotaciones.

Arriba: tres fotografías que muestran el aspecto desolador del pinar de La Cuadra tras el paso del fuego, que ha destruido por completo la masa forestal.

Arriba: restos del antiguo almacén de efectos de Sintas y Plá, gravemente afectados por el incendio, que ha dejado al descubierto las ruinas de este histórico edificio.

Arriba: el incendio ha dejado al descubierto un pequeño depósito de residuos de los últimos años de explotación de la mina La Cuadra, a comienzos de la década de 1970. Entre las cenizas reaparecen fragmentos de la vida cotidiana de aquellos mineros: cántaros rotos, latas de conserva, botellas de licor y de cerveza Cruz Blanca, así como alpargatas con suelas de neumáticos reciclados, testigos silenciosos de una época ya desaparecida.

Arriba: el panel de la Ruta de las Minas ha sobrevivido al incendio. Sería un buen momento para corregir la fotografía que identifica erróneamente una «torre del cable», ya que en realidad corresponde al castillete del pozo P de la mina Mahoma, que se desplomó hace apenas unas semanas como consecuencia de décadas de abandono.

La zona del polvorín y de la tolva-embudo tampoco ha escapado al incendio. Paradójicamente, este último elemento, una de las construcciones más singulares y valiosas del patrimonio minero bedarense, aparece ahora despojado de la vegetación que durante años ha ido ocultándolo y deteriorándolo. La desaparición de esa cubierta vegetal permite contemplar nuevamente la extraordinaria fábrica de mampostería de la tolva en toda su magnitud.

Del mismo modo, hoy pueden apreciarse como hacía décadas que no era posible la trinchera de salida del ferrocarril situada bajo la tolva y las ruinas de las instalaciones del cable aéreo minero de Cuatro Amigos.

Arriba: el paraje que integran la tolva-embudo, la mina Unión de Tres Amigos y la estación del cable aéreo de Cuatro Amigos presenta un aspecto desolador tras el paso del incendio, que ha devastado por completo la vegetación.

La situación resulta profundamente irónica. Durante años se ha insistido en la necesidad de eliminar de forma controlada la vegetación que amenazaba estos restos históricos, sin que se adoptara medida alguna. Finalmente, ha sido un incendio devastador el que, de la peor manera imaginable, ha realizado ese trabajo. Es difícil no preguntarse cuántos daños podrían haberse evitado mediante una mínima política de conservación y prevención. Mucho nos tememos que, una vez apagado el incendio y desaparecida la atención mediática, el patrimonio minero continúe sumido en el mismo abandono institucional que ha padecido durante décadas.

Arriba: trinchera por la que discurría el ferrocarril en dirección al túnel inferior de la tolva-embudo. Este espacio cumplía una doble función: por el andén izquierdo se cargaba el mineral procedente de la mina Unión de Tres Amigos, mientras que por el lado derecho se realizaba la descarga del mineral de hierro transportado por el cable aéreo desde la mina Cuatro Amigos, situada en el paraje del Curato.

Arriba: edificio de máquinas de la estación de descarga del cable aéreo minero de la mina Cuatro Amigos. Aunque el incendio ha ennegrecido sus muros, la estructura permanece, por el momento, prácticamente intacta.

La desaparición de la vegetación en la cercana mina de Unión de Tres Amigos, que da nombre al paraje, permite acceder nuevamente a sus pozos y planos inclinados. Aunque parcialmente colmatados y afectados por derrumbes, siguen siendo estructuras peligrosas, cuya exposición vuelve a poner de manifiesto la ausencia de medidas de protección y señalización en un enclave de extraordinario interés histórico.

Arriba: irónicamente, ha sido el incendio el que ha liberado de la vegetación a la tolva-embudo, permitiendo contemplar de nuevo, en todo su esplendor, esta excepcional obra de ingeniería minera. Con más de 20 metros de diámetro y otros tantos de profundidad, desde su base se cargaban los vagones del ferrocarril mediante una única compuerta. Un trabajo de limpieza que debió haberse realizado hace años mediante una adecuada política de conservación, y no como consecuencia de una catástrofe.

Pocas notas positivas pueden extraerse de una jornada como la de hoy. Aun así, hemos podido observar varias cabras refugiadas en las escasas zonas que conservan algo de vegetación, así como algunos conejos que han logrado sobrevivir al incendio. Son pequeñas señales de esperanza que recuerdan la enorme capacidad de recuperación de la naturaleza. El monte volverá a renacer con el tiempo. Lo que no debería repetirse es la combinación de abandono, falta de gestión y ausencia de prevención que ha contribuido a que un paisaje de tan alto valor ambiental y patrimonial haya sufrido una destrucción de esta magnitud.

Crónica de una pérdida anunciada: el incendio que arrasó la Ruta de las Minas de Bédar

Esta primera jornada de evaluación de primera mano del alcance de los daños en el patrimonio minero ha sido especialmente triste. Recorrer los terrenos de Serena y Los Pinos, una de las zonas más afectadas tras el reciente incendio en Bédar, ha sido una experiencia difícil de olvidar. Allí donde hace apenas unas semanas predominaban el verde, la vida y el silencio propio del campo, ahora se extiende un paisaje cubierto por cenizas, troncos ennegrecidos y un suelo que todavía conserva las huellas del fuego. La magnitud del incendio se aprecia en cada paso, recordándonos la enorme fragilidad de nuestros espacios naturales frente a este tipo de catástrofes.

Arriba, estado desolador de la zona de Serena-Los Pinos, en el barranco de la Hoya.

Aun así, también pudimos observar pequeños signos de esperanza: algunos árboles que resistieron, la presencia de fauna que comienza a regresar y la certeza de que, con el paso del tiempo y una adecuada gestión del entorno, la recuperación será posible. La naturaleza posee una extraordinaria capacidad de regeneración, pero no debemos dar por hecho que siempre podrá hacerlo sin nuestra ayuda.

Arriba, el barranco Baeza, uno de los puntos más importantes por los que trascurre la ruta de la minería de Bédar, completamente arrasado por el fuego.

Arriba, núcleo urbano de Serena, una isla de verde en un entorno completamente arrasado.

El impacto sobre el patrimonio está todavía por completar. En la fotografía superior vemos como el fuego ha afectado a la chimenea de ventilación de uno de los pozos de las minas de Serena.

Esta devastadora imagen debe servirnos también como una llamada de atención. No basta con lamentar las consecuencias cuando el daño ya está hecho; es imprescindible replantear la forma en que protegemos y gestionamos nuestro medio natural. La prevención de incendios, el mantenimiento de los montes, la recuperación de los usos tradicionales del territorio y un mayor compromiso colectivo con la conservación son medidas que no pueden seguir esperando. De lo contrario, corremos el riesgo de que tragedias como la vivida en Bédar dejen de ser acontecimientos excepcionales para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El futuro de nuestro patrimonio natural y cultural dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

El incendio ha golpeado de lleno todo el recorrido de la Ruta de las Minas de Bédar. Los parajes que daban sentido a este itinerario, donde naturaleza e historia convivían en un equilibrio único, presentan ahora un aspecto desolador. El fuego no solo ha arrasado la vegetación; también ha herido profundamente un paisaje cultural que durante más de un siglo ha conservado las huellas de la actividad minera y de las personas que forjaron la historia de la sierra.

Las tres fotografías superiores muestran los restos del castillete minero del pozo P tras su derrumbe. Su colapso no fue consecuencia del incendio: se produjo unas semanas antes del devastador fuego que ha arrasado la sierra, como resultado de décadas de abandono y de la falta de actuaciones destinadas a conservar un elemento patrimonial de incalculable valor. Con él desapareció, en medio de una preocupante indiferencia, uno de los símbolos más emblemáticos de la Ruta de las Minas de Bédar y el último castillete minero que permanecía en pie en la sierra.

Como triste precedente, y casi como una funesta premonición, el antiguo castillete minero del pozo P de la mina Mahoma, en Serena, había colapsado apenas unas semanas antes del devastador incendio. Aquel era el último castillete minero que permanecía en pie en la Sierra de Bédar. Tras más de un siglo resistiendo el paso del tiempo, terminó sucumbiendo al abandono, a la ausencia de proyectos de restauración y mantenimiento y, en definitiva, a la indiferencia colectiva hacia un patrimonio único e irrepetible. Su derrumbe fue una pérdida irreparable que, vista con la perspectiva de lo ocurrido después, adquiere un doloroso significado simbólico.

De este castillete ya solo quedarán el recuerdo, las fotografías y las investigaciones que durante años permitieron documentarlo. Se conservan incluso sus planos originales, testimonio de una estructura que presidió uno de los pozos de extracción de la mina Mahoma de Serena y que constituyó una de las obras más representativas del patrimonio minero de la Sierra de Bédar. Las imágenes superiores muestran su estado antes del derrumbe, una copia de los planos de principios del siglo XX y una reconstrucción artística de su aspecto cuando se encontraba en funcionamiento, junto a los edificios auxiliares que albergaban la máquina de extracción y los almacenes. Fue uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos y mejor conocidos de la sierra, un símbolo indiscutible de la Ruta de las Minas de Bédar, perdido para siempre por la falta de conservación..

Hoy, tras un incendio que ha costado muchas, demasiadas vidas humanas, la lección resulta imposible de ignorar. No podemos permitirnos seguir perdiendo, por desidia o por falta de previsión, ni nuestro patrimonio natural ni nuestro patrimonio histórico. Ambos forman parte de una misma herencia, un legado que tenemos la obligación moral de conservar y transmitir a las generaciones que nos sucederán. Cuando dejamos que un bosque desaparezca o que un monumento histórico se derrumbe por abandono, no solo estamos perdiendo parte de nuestro pasado: estamos privando a nuestros hijos y nietos de conocerlo y disfrutarlo. Esta falta de planificación, conservación y protección no puede seguir considerándose una fatalidad inevitable; constituye una incompetencia intolerable que exige un compromiso firme y decidido por parte de toda la sociedad y de las administraciones responsables.

El cable minero español que inspiró un proyecto para Yellowstone

A finales del siglo XIX, mientras el Parque Nacional de Yellowstone comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos naturales de Estados Unidos, un periódico norteamericano publicaba una curiosa propuesta para facilitar la visita a uno de sus parajes más espectaculares. La idea consistía en construir un tranvía aéreo que permitiera a los viajeros cruzar el impresionante cañón del río Yellowstone suspendidos sobre el vacío.

Lo sorprendente no era únicamente el proyecto, sino la fuente de inspiración elegida por sus promotores.

El modelo propuesto no procedía de Suiza ni de los Alpes, sino del sureste de España. Más concretamente, de un cable aéreo minero construido entre las sierras de Bédar y el puerto de Garrucha, en la provincia de Almería.

Puede parecer una afirmación exagerada, pero la documentación de la época no deja lugar a dudas.

En marzo de 1897, el periódico estadounidense The Abilene Monitor explicaba que los visitantes más aventureros podrían recorrer el desfiladero «según los planos del paso de Villa Reforma del teleférico Bédar-Garrucha, en la provincia de Almería, sur de España«. La ilustración que acompañaba la noticia (abajo a la derecha) reproducía, además, una estructura extraordinariamente parecida al célebre paso de Villa Reforma, uno de los puntos más espectaculares del cable almeriense.

¿Cómo había llegado una instalación minera española a convertirse en referencia para un proyecto al otro lado del Atlántico?

La respuesta hay que buscarla en la extraordinaria importancia técnica que alcanzó aquel cable aéreo.

Construido entre 1887 y 1888 para transportar el mineral de hierro desde las minas de Serena, en Bédar, hasta el embarcadero de Garrucha, la línea tenía una longitud cercana a los dieciséis kilómetros. En el momento de su inauguración era una de las mayores obras de ingeniería de este tipo existentes en el mundo y, según la documentación técnica de la época, poseía la mayor capacidad de transporte conocida entre los cables aéreos entonces en funcionamiento.

Su construcción fue dirigida por el ingeniero noruego Gustav Thorkildssen para la firma alemana Julius Pohlig, una de las empresas más prestigiosas del sector. En ella participó también Karl Bahlsen, quien años después se establecería definitivamente en Almería y desarrollaría una intensa actividad industrial como constructor e instalador de cables aéreos.

El éxito de la instalación fue inmediato.

Las revistas especializadas comenzaron a publicar artículos sobre sus soluciones técnicas. Los fabricantes de teleféricos utilizaron fotografías del cable en sus catálogos comerciales y algunos de sus elementos constructivos pasaron a estudiarse como ejemplo de las posibilidades que ofrecía el sistema alemán de transporte por cable.

Entre todas las imágenes difundidas destacó especialmente la del paso de Villa Reforma, donde la línea salvaba un profundo barranco mediante una elevada estructura metálica que impresionó a ingenieros y técnicos de numerosos países.

No resulta extraño, por tanto, que cuando alguien imaginó una forma espectacular de atravesar el gran cañón de Yellowstone recurriera precisamente a aquel ejemplo español que ya era conocido en los ambientes internacionales de la ingeniería.

Aunque el proyecto norteamericano nunca llegó a construirse, constituye un magnífico ejemplo del prestigio alcanzado por una obra que hoy permanece prácticamente olvidada, cuyo perfil y principales características técnicas, procedentes del Archivo Nacional Noruego, se representan en la imagen inferior.

Paradójicamente, mientras miles de personas visitan cada año Yellowstone sin conocer esta curiosa conexión histórica, en Almería apenas sobreviven algunos restos dispersos de una infraestructura que fue admirada en todo el mundo y considerada una referencia tecnológica de su tiempo.

La historia del cable de Bédar-Garrucha es solo una de las muchas que forman parte del patrimonio industrial español. Durante décadas, los cables aéreos permitieron explotar yacimientos situados en lugares donde el ferrocarril resultaba inviable, modificando el paisaje y convirtiéndose en piezas fundamentales del desarrollo económico de numerosas comarcas mineras.

Sin embargo, la mayor parte de estas instalaciones desaparecieron tras el cierre de las explotaciones. Lo que hoy conocemos sobre ellas se debe, en gran medida, a la conservación de planos, fotografías, archivos empresariales y documentación técnica dispersa en numerosos archivos nacionales e internacionales.

Precisamente esa labor de recuperación documental es la que ha permitido reconstruir episodios tan sorprendentes como la influencia del cable de Bédar en el proyecto de Yellowstone.

Para saber más

Esta historia forma parte del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla, una obra que reúne más de veinte años de investigación sobre los sistemas históricos de transporte por cable en el sureste español. El libro documenta su evolución tecnológica, sus protagonistas y más de un centenar de líneas mediante fotografías históricas, planos originales y abundante documentación inédita procedente de archivos españoles y extranjeros.

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Mañana verá la luz una historia que permanecía casi oculta…

Entre las páginas del Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía Oriental y Melilla aparece la figura de Carlos Bahlsen, un ingeniero de origen alemán que llegó a Almería y terminó convirtiéndose en uno de los grandes impulsores de su desarrollo industrial.

Desde La Maquinista, su fábrica junto a Las Almadrabillas, salieron soluciones técnicas que ayudaron a mover la minería almeriense: cables aéreos, maquinaria e instalaciones que hoy forman parte de la memoria industrial de nuestra tierra.

Gracias a la documentación conservada por la familia Bahlsen-Lacal y a otros archivos consultados, este libro recupera la trayectoria de un hombre apasionado por la ingeniería y devuelve a Bahlsen el lugar que merece en la historia industrial de Almería.

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Solo faltan dos días

¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?

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La sierra que amamos, devastada por el fuego

Aún no hemos salido del shock provocado por la tragedia que está viviendo nuestra sierra. En estos momentos no cabe otra valoración que no sea la de confiar en que el incendio pueda ser controlado cuanto antes, que se localice a las personas desaparecidas y que se preste toda la ayuda posible a quienes han resultado damnificados. Lo primero son las víctimas, sus familias y todas aquellas personas que, además del sufrimiento y la incertidumbre, ni siquiera saben todavía si conservan sus hogares o sus propiedades. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los servicios de extinción de incendios, a los cuerpos de seguridad, a los equipos de emergencias, a los voluntarios, a los profesionales de la información y a los ayuntamientos que han habilitado espacios de acogida y han prestado apoyo a quienes lo necesitaban. Gracias a todos los que, de una u otra forma, están ayudando en estos momentos tan difíciles.

Como blog dedicado al estudio, la divulgación y la defensa del patrimonio, especialmente del patrimonio minero, vivimos también estos días con una enorme tristeza. Nos duele profundamente el inmenso daño causado a nuestro patrimonio natural, a la flora y la fauna que forman parte inseparable de la identidad de esta sierra, pero también nos preocupa el patrimonio histórico y cultural que ha quedado amenazado por las llamas. La imagen que acompaña estas líneas, con el fuego avanzando peligrosamente cerca del histórico Palacete de los Chávarri, en Bédar, refleja la angustia que hemos sentido durante estas interminables horas.

Sabemos que, cuando llegue el momento, habrá que evaluar los daños y trabajar para recuperar todo aquello que sea posible. Será un camino largo y difícil, pero queremos dejar claro desde hoy nuestro compromiso de no dejar de trabajar por la recuperación de nuestra querida sierra, de su patrimonio natural, histórico e industrial, porque constituye una parte irremplazable de nuestra memoria colectiva y de nuestra identidad.

Hoy, sin embargo, es tiempo de solidaridad, de respeto y de esperanza. Esperanza en que el incendio quede definitivamente controlado, en que no haya que lamentar más pérdidas y en que todas las administraciones competentes pongan los medios necesarios para que una tragedia como esta no vuelva a repetirse. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes están sufriendo y la mejor forma de honrar y proteger el extraordinario legado que todos tenemos la responsabilidad de conservar.

Presentaciones en Huércal-Overa y Beires

Estos dos últimos días han estado cargados de actividades para los investigadores del grupo APAMILE. Ayer, 25 de diciembre, se presentó oficialmente la nueva revista ZAMBRA, la nueva Revista Cultural del Ayuntamiento de Huércal-Overa, en la que han participado con los artículos: «Jesualdo y César Giménez de Cisneros Sevilla: los últimos románticos», de Magda Navarro Arias y «Breve historia de la minería y la metalurgia en Huércal-Overa», por parte de Juan Antonio Soler Jódar y José Berruezo García.

Arriba, fotografía en conjunto de colaboradores del primer número de la revista ZAMBRA, publicada en el portal Overa Viva.

Arriba, presentación en Beires, junto a Joaquín Gaona Villegas, de los artículos publicados en FARUA sobre la minería y el cable aéreo de transporte de mineral de Beires a la estación de Doña María. Una pequeña reseña técnica para comprender la importancia del cable de Beires en la historia de la evolución tecnológica de estos ingenios, ya que supuso un punto de inflexión en su evolución a inicios del siglo XX, un ejemplo claro de la superioridad de las nuevas patentes alemanas sobre los obsoletos sistemas usados hasta entonces. Incidimos también en la relación que hubo entre la minería de mineral de hierro de Beires y la industria de construcción naval y, cómo no, la presentación de un impresionante álbum de fotografías que muestran, con un nivel de detalle nunca antes visto, cómo se instalaba una de estas líneas de transporte aéreo. Una grabación completa del evento se publicará en los medios en la página del Centro Virgitano de Estudios Históricos Berja-La Alpujarra.

Arriba, Juan Antonio Soler y la alcaldesa de Beires, Carmen González, en el Museo minero de Beires, en el momento de la entrega de un ejemplar del libro «»La expedición minera de la sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español», recientemente publicado en Granada.

Queremos agradecer a todos los asistentes a la presentación hoy en Beires, un precioso pueblo de la Alpujarra almeriense y su magnífico y acogedor Museo-centro interpretación minero.

La expedición minera de la Sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español

Ayer se presentó, en la Casa Molino Ángel Ganivet de Granada el libro «La expedició minera de la Sociedad Schneider (1898)», con la participación de la diputada de Cultura y Educación, Pilar Caracuel, Juan Antonio Soler Jódar, Manuel Titos Martínez y Ángel Bañuelos Arroyo.

El álbum fotográfico, con casi 300 fotografías, muestra el viaje de una expedición en 1898 de la sociedad francesa Schneider, una importante multinacional en la actualidad, en busca de yacimientos de hierro. Desde Cartagena a Moncorvo (Portugal), pasando por Almería, Granada y la Alpujarra Granadina, se trata de un testimonio fotográfico de primer orden. Con algunas fotografías mineras, destacan sobre todo las fotografías de escenas del día a día de las gentes de los diferentes pueblos, paisajes, edificios y todo lo relacionado con el viaje (carruajes, posadas, pasos de vados, etc.), incluidos edificios desaparecidos, como la fábrica de azúcar de Nuestra Señora de la Cabeza en Motril, víctima de un incendio en 1901.

Son numerosas las ciudades y pueblos que fueron retratados: Murcia, Cartagena, Almería, Berja, Benaudalla, Padul, Cástaras, Motril, Vélez, Salobreña, Motril, Calahonda, Órgiva, Trevélez, Busquistar, Almejijar, Loja, Córdoba, Sevilla, Moncorvo, Madrid… Destacan series fotográficas como las de Cástaras o las de Motril, con la industria de la caña de azúcar.

Entre los pueblos por los que pasaron se encuentra también Bédar, al parecer invitados por el vicecónsul inglés en Garrucha, Clifton Pecket. El resultado fueron unas 20 fotografías de Cuatro Amigos, el Jauto y Serena, incluidas las principales minas de hierro, Santa Catalina y La Mulata, la icónica Cueva Oscura de Bédar (abajo).

25/10/2025- Presentación de la Revista FARUA en Berja: el cable aéreo de Beires al detalle

El 25 de octubre se presenta en el salón de actos del Molino del Perrillo de Berja, a las 19:30H el número 28 de la revista FARUA. Nos hacemos eco de la publicación, en este número de un artículo publicado en colaboración de Joaquín Gaona Villegas y Juan Antonio Soler Jódar sobre el cable aéreo de transporte de Beires, que conectaba las minas de esta localidad con la estación de Doña María, para la carga en el ferrocarril de Linares a Almería.

En este artículo, se da a conocer un álbum inédito de fotografías en la que se documenta con detalle la instalación del cable aéreo en 1901, siendo la primera colección de fotografías que muestra, con tanto detalle, la instalación de una de estas líneas de carga. Desde la sala de máquinas, estaciones tensoras, de ángulo, diferentes fases de la instalación de los cables, columnas, etc. Todas las fotografías con gran detalles y debidamente comentadas tas un trabajo de identificación y análisis de las fotografías para ubicarlas en su contexto geográfico y tecnológico.

Además se trata de un cable aéreo con muchos paralelismos con el de Bédar-Garrucha de 1888, mostrando las dificultades y esfuerzos de la adaptación de estos ingenios a las zonas montañosas. Sin duda un artículo que no puede perderse ningún aficionado al patrimonio minero-metalúrgico de Almería.