INAUGURACION 1ER CURSO DE GEOLOGIA EN BEDAR- 15 DE MARZO DE 2014

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Université de Lorraine – Faculté des Sciences et Techniques
Département Géosciences
U.M.R. GeoRessources n°7359

Christian HIBSCH
Maître de Conférences

Proyecto de cursos de geología en el área de Bédar

Preámbulo del proyecto :
Para entender como se ha gestado este proyecto, es necesario comentar a grandes rasgos cómo se desarrolló la tésis de Vanessa Dyja titulada :

» Interaction entre fluides de différents réservoirs lors de l’évolution d’un prisme orogénique en contexte de déformation partitionnée : les Cordillères bétiques internes (Espagne). Implications sur le transfert de métaux dans la croûte.»
defendida el 10 de marzo de 2014.

Nuestras actividades en las Cordilleras béticas se iniciaron en 2009 en el trascurso del primer año del Master de V. Dyja. En esta ocasión, el objetivo era doble, desarrollar un proyecto de investigación sobre la comprensión de las percolaciones de fluidos mineralizantes en la corteza y sobre la posibilidad de organizar un curso de geología para nuestros estudiantes de la ?Université de Lorraine?. Los trabajos de prospección se extendieron desde Mazarrón hasta Lucainena de las Torres, para finalmente optar por focalizar nuestra atención en la zona minera de Sierra Almagrera, donde los depósitos están alineados a lo largo de una falla principal asociada con un vulcanismo relativamente reciente.

Con el inicio de un doctorado en 2010, se desarrollaron colaboraciones con la Universidad de Granada y también, con Juan Antonio Soler, con el que contacté gracias a su blog sobre las minas de Bédar y con el que tuve el placer de encontrarme sobre el terreno (foto).

DENTRO

Poco a poco, y gracias a este contacto, empezamos a interesarnos en la problemática científica de las minas de hierro de las Sierras de Bédar, Alhamilla, de los Filabres, etc. Anteriores a los depósitos de la zona tectónico-volcánica precedente, los depósitos de hierro en estas sierras muestran una distribución muy diferente de los de la zona de sierra Almagrera. Durante mucho tiempo, estos yacimientos han sido considerados como concentraciones antiguas de hierro formadas durante el Triásico. Este nuevo enfoque lleva a considerar interpretaciones alternativas, en las que se tienen en cuenta el impacto de la tectónica alpina en la creación de estos depósitos de mineral de hierro. De esta manera se contempla la hipótesis de que estos depósitos se deban también a concentraciones ocurridas durante la etapa de orogenia alpina (Cenozoico) y no solo durante el periodo triásico. Por el gran interés que supone este nuevo enfoque, y debido a la excelente acogida que nos ha brindado el pueblo de Bédar, tanto por la colaboración científica como para nuestro alojamiento en el lugar, nos decidimos a organizar las siguientes misiones utilizando el pueblo como base de operaciones.

Proyecto de cursos de geología

Cada año, el departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de Nancy (Université de Lorraine) organiza cursos de formación en el terreno para Licenciaturas y Máster. Hasta ahora, estos cursos se realizaban en territorio francés.
Durante las misiones de investigación en la Bética, hemos disfrutado de un clima agradable, incluso a finales de invierno, muy propicio para los trabajos en el exterior, además de la excelente calidad de los afloramientos (con poca cubierta vegetal), su diversidad y su calidad científica y pedagógica. La Bética es desde hace tiempo la sede de prácticas sobre el terreno para estudiantes ingleses, holandeses, suizos, etc (con más frecuencia para Máster que no Licenciatura) pero muy raramente para estudiantes franceses. Una de las razones está muy relacionada con el funcionamiento de las universidades francesas, en las que las tasas de matrícula son relativamente bajas, y donde los desplazamientos son a cargo casi exclusivamente de la Universidad. A causa de esto, las salidas tenían lugar en Francia, para reducir los costes de transporte, mientras que los viajes al extranjero estaban reservados a los estudiantes que finalizaban sus estudios (nivel más alto).

FUERA

La puesta en marcha de un curso de geología para estudiantes franceses que terminan la Licenciatura ha ido madurando lentamente. El proyecto ha tenido que esperar a la llegada de una nueva habilitación de enseñanza (renovada cada 4-5 años) para preverlo oficialmente y se ha visto favorecido por un apoyo técnico por parte del Ayuntamiento de Bédar y con la colaboración de Juan Antonio Soler (asociación Bédar Sostenible) y EcoCenter Bédar. Este apoyo se ha traducido en la cesión de una sala de trabajo por parte del Ayuntamiento durante toda la duración del curso, así como por la cesión por parte de Bédar Sostenible del equipo de seguridad obligatorio que necesitan nuestros estudiantes para el trabajo de campo (chalecos reflectantes, gafas de seguridad y cascos, eventualmente), además de otro material como linternas, baterías, material de primeras curas para los botiquines y una impresora-escáner A3 necesaria para el trabajo de los estudiantes. Se organizará una visita a una de las minas de Bédar durante el periodo de formación, en el que se aprovechará para exponer los numerosos atractivos geo-turísticos de esta región con una arqueología minera tan rica y tan bien documentada.

Por otra parte, me gustaría agradecer la excelente acogida de Francisco Castro Sánchez y Ana María Jódar Cintas, que también nos han permitido llevar a cabo organizar este curso con unas condiciones técnicas y financieras tan favorables que facilitaron la validación del proyecto por parte de nuestro Departamento de Ciencias de la Tierra.

Solo nos queda esperar que este curso se desarrolle lo mejor posible y ¡que sea el primero de muchos!

Christian HIBSCH, Albert GALY y Cédric CARPENTIER

Minas del barranco de la Mina Grande: Suerte y Reformada

Son los ingenieros Ramón Pellico y Amalio Maestre los que nos hablan por primera vez del significado de la Mina Grande 1840, que es el nombre que los bedarenses daban entonces a los antiguos restos de minas en el Pinar de Bédar y de la que según nos cuentan, corrían numerosas leyendas sobre su origen.

El nombre, además, ya había sido incorporado como parte de la toponimia del lugar, pues con ese nombre se conocía el barranco donde se encontraban muchos de los restos de estas minas, y así se recoge en las demarcaciones de las diferentes concesiones mineras que se registraron en esa zona a partir de 1843.

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Se documenta actividad minera en la sierra de Bédar al menos desde 1525, aunque se considera que la explotación de los yacimientos del Pinar de Bédar, antiguo pago de Alcornia, desde hace mucho más tiempo.

Cuando hablamos de “Mina Grande” no nos referimos a ninguna mina concreta de la que conozcamos la fecha de demarcación ni si fue explotada, es un término antiguo que, precisamente, rememora esta antigua actividad y que englobaría todas las labores antiguas de el Pinar.

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Sobre la antigua Mina Grande solo queda la escueta descripción de los anteriormente mencionados ingenieros, que describen la presencia de un pozo de más de 20 varas (16,7 metros) y un socavón fortificado con arcos de gneis, tapiado a unas 8-10 varas de la bocamina. Éstos, y otros restos antiguos que pudieran encontrarse, fueron borrados por el desarrollo posterior de la minería en la zona.

Sin embargo, el conocido como barranco de la Mina Grande, con todos sus estratos arqueológicos fue borrado definitivamente entre 2004 y 2005. Y cuando digo borrado quiero decir exactamente eso, eliminado del mapa. Desapareció así la posibilidad de realizar estudios más en profundidad y conocer algo más sobre esta Mina Grande.

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En mi caso solo dio tiempo a realizar un reconocimiento de la zona, antes incluso de saber la importancia que tenía.

Los mineros partidarios que perduraron hasta 1926 explotando estas minas, conocían este barranco como el barranco de San Manuel, pero queda suficientemente demostrado por los documentos de registro de varias minas, que antes era conocido como barranco de la Mina Grande. Allí se demarcaron minas como “Bien estar”, “Alarma”, “No ganamos para sustos”, “Algarroba” o el registro “San Nicolás de Bari”. Posteriormente tenemos “La infalible” y, finalmente, la concesión minera conocida como “Reformada” (que no “Reforma”, que es otra mina), nombre con la que se conoció después. También se englobaba dentro de esta antigua “Mina Grande” los restos mineros que se encuentran en el barranco de San Marcos, y no es descabellado pensar que, la “Mina Grande“ no era más que el nombre que se daban a todas las minas antiguas de El Pinar, cuyas grandes cantidades de escombros debieron estimular sobremanera la imaginación de los lugareños. Sin duda de ahí lo de “grande”.

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Pero del barranco de San Manuel, o de la “Mina Grande”, hoy en día no queda más que una serie de calles y explanadas de una urbanización a medio construir y abandonada. Un desagradable recuerdo de la “ladrillitis” que afectó a mucha gente no hace tanto tiempo. Triste destino que sufrieron también otras zonas como los tristemente famosos restos desaparecidos del “Lavadero Grande”, gran parte del barranco de San Antonio Abad, el desaparecido cerrillo de San Antonio el Alto, o los restos de otras minas como “Suerte”, “Por bien de todos” o la de “Allá veremos”, que durante mucho tiempo fue considerada la primera mina de la zona (aunque luego se demostró que hubo otras anteriores).

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No estamos viendo ahora las fotografías de lo que hay ahora, ya las he puesto en otras ocasiones. Estamos viendo lo que había antes, en 2004, poco antes de que todo fuera arrasado. Queda tan solo un pequeño montículo que correspondía con la antigua mina “Alarma”, posteriormente incluida en “Reformada” y lugar de peregrinación muy conocido y apreciado por parte de los buscadores de minerales.
Vemos, pues, lo que hemos perdido. Restos en los que ahora, con el conocimiento actual sobre la minería de Bédar, reconozco estructuras que antes se me antojaron imposibles de identificar.

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Durante un breve reconocimento realizado el año antes de su destrucción por el arqueólogo industrial Paul Rondelez y su equipo, identificó un posible circulo de «grillage» o de tostación de mineral de plomo, junto a una antigua y minúscula galería que pudimos explorar en su totalidad.

Pude documentar también unos antiguos hornos de tostación de mampostería seca que estaban ubicados en la vieja mina «No ganamos para sustos». Estas instalaciones fueron «eliminadas» por un incomprensible camino practicado hacia ninguna parte y sin objeto aparente, como un tentáculo de la mastodóntica explanada que hizo desaparecer por completo el cerrillo de San Antonio el Alto y que ahora se podría llamar perfectamente «la explanada sin nombre». Parece que el único objetivo de este camino fue hacer desaparecer estos molestos restos(¿¿qué sentido puede tener si no construir un camino de gran pendiente hacia la abrupta cima de un cerro rodeado por riscas?? allí ni se puede construir nada ni hay posibilidades de continuar hacia ningún lado). Ahora, lo único que queda de todo eso son algunos restos de cerámica que pude recoger y las mediciones y acusadoras fotografías que pude hacer de los tres hornos que formaban el complejo de esta mina.

Podemos ver también en las fotografías montones de escombros, producto del lavado de minerales, e incluso una estructura cilíndrica de mampostería seca que antes era una completa incógnita y ahora identifico sin problemas como una chimenea de ventilación de un antiguo pozo.

Sin embargo no todo está perdido, persisten todavía muchas labores antiguas de esta antigua Mina Grande, especialmente en el barranco de San Marcos. Si se ha salvado ha sido por la crisis de la construcción y no por ningún tipo de sensibilización con respecto al patrimonio histórico. Simplemente se ha de valorar si después de haber contemplado las fotografías que adjunto a este texto, consideran que es mucho mejor contar con horribles urbanizaciones mal planificadas (o peor, urbanizaciones abortadas y abandonadas)o si hubiese sido mejor intentar armonizar un crecimiento urbanístico controlado con el debido respeto y conservación de los lugares de especial interés histórico y patrimonial, de cara a un más que posible futura utilización turística. Ahora ya no podemos arreglar el desastre ni hay nadie al que pedirle explicaciones.

Pero de poco sirve lamentarse, a ver si al menos se ha aprendido la lección…

Mina Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de «entrada», con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

TROMELO

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…

Minas Júpiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Mina Pobreza (2)

El desastroso incendio que sufrió Bédar en 2012 afectó especialmente a la zona del barranco del Servalico. Como ya comenté anteriormente, afectó de lleno los terrenos donde se encuentra una de las minas más importantes en la historia de Bédar, la mina Pobreza.

Mientras documentaba los desastrosos resultados del incendio, aproveché también para documentar los restos de esta mina, en este caso libres de la vegetación que habitualmente dificulta su contemplación. Sinceramente, me gustaría no haber tenido esta oportunidad, y espero que nunca vuelva a ocurrir, aunque sí que da una imagen bastante aproximada de cómo quedarían los restos de esta mina si se preparara adecuadamente para su visita.

Pobreza es una de las minas más importantes y también una de las menos conocidas. Ya he dado anteriormente bastantes datos sobre ella, en ocasión de la descripción de su horno de calcinación de carbonatos de hierro. Ahora veremos más restos de esta mina.

Explotada por la Compañía de Águilas desde finales del siglo XIX hasta el cierre de las minas de la Unión Bedareña en los años veinte, Pobreza fue la mina que permitió que Bédar mantuviera una producción constante de mineral cuando, a finales de siglo, el mineral de las minas de Serena empezó a escasear. Los datos concretos sobre la importancia de esta mina, que todavía estamos investigando, esperamos que sean publicados prontamente.

Junto a la vía de transporte principal, paralela al barranco del Servalico, se encuentran las oficinas y la cuadra para las mulas que se utilizaban para el transporte de las vagonetas:

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Esta vía minera recogía el mineral de las bocaminas de las galerías principales de transporte San Diego y San José para llevarlo a la tolva-cargadero principal del ramal de cable aéreo que lo transportaba hasta la estación de ángulo del Pinar de Bédar. Este cargadero es muy parecido al cargadero-depósito de la mina Carabinera, que contaba también con un ramal de cable aéreo:

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Junto al cargadero se ubicaba la estación de llegada del ramal de cable, con su correspondiente máquina a vapor y junto a un aljibe para el suministro de agua que precisaba para su funcionamiento. Se observan todavía las balsas de suministro y fundamentos de la estación del cable, aon algunos vestigios de la maquinaria, como el tubo que se observa en la fotografía:

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Aquí podemos ver el interior del aljibe:

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Más arriba en la loma, todavía se pueden encontrar alguno de los pozos iniciales que se practicaron para reconocer la capa de mineral que explotaron y que luego sirvieron como pozos de ventilación. En concreto vemos el pozo del Camino, junto al camino que recorría esta parte superior de la mina y que conectaba éste pozo con el pozo Maestro y el pozo de los Almendros. Todos los pozos de reconocimiento junto al camino estaban protegidos mediante con un pequeño muro de mampostería:

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El pozo principal de extracción, ubicado en la parte superior del cerro, era el conocido como pozo Maestro. Unas instalaciones protegían la máquina de vapor que se utilizaba para extraer el mineral. Esto nos indica que, a parte de las galerías de transporte antes mencionadas, el avance de las labores de las minas hacia el interior del cerro, siguiendo una capa de mineral que buzaba ostensiblemente, por lo que elevaba mucho el coste del transporte hasta las bocaminas. Un pozo de extracción hasta el punto más elevado y cerca del cable de transporte facilitaría el movimiento de mineral.

En estas fotografías podemos ver los restos del pozo y de la caseta de máquinas. Parece que disponía de un pequeño castillete de madera y hierro del que solo quedan algunos enganches:

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Quedan todavía restos de curiosas piezas de cerámica, que como se podrá observar, se fabricaban en la Industrial Alfarera de Barcelona. Se tratan de restos de la cubierta de la caseta de máquinas, tejas planas alicantinas:

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Recientemente se hundió la entrada a la galería de San Diego, lo que recuerda lo peligroso de explorar estas minas sin preparación. Curiosamente hay escasos restos de entibación en esta mina (algunos troncos para dar sensación de seguridad más que para otra cosa). La entrada a la galería de San José permanece derrumbada desde hace mucho tiempo.

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Cuando la Compañía de Águilas y la sociedad de Chávarri formaron la Unión Bedareña, se desinstaló todo el ramal de cable aéreo y quedó inservible el pozo Maestro. El mineral de nuevo fue extraído por las galerías de transporte San Diego y San Juan y se decidió transportarlo por medio del ramal de ferrocarril de Santa Catalina, que discurría por el otro margen del barranco. El mineral primero se lanzaba hasta el fondo del barranco mediante un «vaciadero» ubicado entre las bocaminas de San Diego y San Juan. Desde allí se elevaba hasta un pequeño cargadero junto al ramal de ferrocarril, mediante un pequeño plano inclinado automotor. En la siguiente fotografía vemos este vaciadero con todo detalle, inapreciable habitualmente a causa de la vegetación. Nótese como todavía queda algo de mineral acumulado a los pies del mismo:

 

Ya describimos con detalle el horno de calcinación de esta mina, junto a la bocamina de la galería de Santa Bárbara (o trancada nº 3). En la siguiente fotografía podemos ver con detalle todo el conjunto, tal y como ser vería si siempre se mantuviera limpio y listo para las visitas:

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Accidentes en las minas: la historia negra

Sin duda lo ocurrido en tantos y tantos años de minería en Bédar han supuesto una gran aportación a la historia negra de Bédar. Las desgracias ocurridas durante la última fase de la minería en Bédar son más o menos conocidas, pero a buen seguro muy pocos conocen loso accidentes acaecidos en las antiguas minas de finales del XIX y principios del XX. Intentaremos dar hoy algunos datos al respecto.

Entre 1840 y 1919 se registraron un total de 75 accidentes mortales ocurridos en las minas, especialmente duro fue la década 1880-1890, con 21 accidentes mortales, coincidiendo con una de las fases de más actividad de la minería en Bédar.

Uno de los primeros accidentes mortales que tenemos registrados es de 1849, cuando un minero murió en El Pinar de Bédar al derrumbarse la galería en la que trabajaba. Los derrumbes y muertes por aplastamiento eran los más frecuentes, como es de esperar que ocurra en trabajos mineros, aunque no eran infrecuentes los atropellos, caídas en pozos y accidentes durante la explosión de barrenos.

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Viendo esta fotografía tomada en la estación de cable de Cuatro Amigos solo cabe decir que si no hubo más accidentes fue de milagro.

Sin duda el accidente que más debió impresionar es el ocurrido en 1895, mientras se construía el ferrocarril que iba de Bédar a Garrucha. El opeario A.R.R.trabajaba en las obras transportando tierra con un carro cuando se dio aviso de que iban a explotar unos barrenos. El operario se colocó a 204 metros de distancia mientras sujetaba las caballerías de su carro para que no se espantaran, con tan mala suerte que al estallar el barreno una de las piedras salió disparada y le alcanzó, matándolo en el acto. El mismo año un encargado de la sociedad Chávarri moría debido a las heridas sufridas por un destajista de Mojácar, descontento con el jornal que había recibido.

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Entrada a la galería San Diego en la mina Pobreza.

En 1897 se produjo un espectacular descarrilamiento del tren cuando se dirigía hacia Bédar. Debido a un desprendimiento reciente por la lluvia la vía quedó cortada y debido al agua acumulada el maquinista no pudo advertirlo a tiempo, de manera que la locomotora salió despedida y acabó tumbada con las ruedas hacia arriba en uno de los bancales. A pesar de lo aparatoso del accidente no hubo ningún muerto esta vez, eso sí, tuvieron que sacar al fogonero y al maquinista de debajo de la locomotora. Ese mismo año el ferrocarril arrollaba a un operario que quedó en estado muy grave. Durante este nefasto año de 1897 otro encargado de la sociedad de Chávarri moría en la mina Santa Catalina al ser arrollado por una vagoneta tras caer accidentalmente a las vías.

En 1905 de nuevo un trabajador moría en un desprendimiento de terrenos, esta vez en la mina Júpiter. En 1906 se produce uno de los accidentes más sentidos, cuando un muchacho de 14 años moría atropellado por una de las locomotoras del ramal de ferrocarril de Santa Catalina, justo a la salida del tunel del Servalico. En el lugar del accidente se conservan una serie de cruces grabadas en la piedra. No sabemos si la costumbre de grabar ahí esas cruces tiene que ver con este accidente, pues fue el primero de una serie de accidentes que alcanzaron una gran repercusión tanto en la población como en la prensa de la época.

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Sin duda 1906 fue un año fatídico, ese año tenemos registrado el que fue el peor accidente de todos. Ocurrió en junio en la mina San Manuel, mientras una cuadrilla de seis operarios trabajaba en una de las galerías se produjo un desprendimiento que mató inmediatamente a uno de ellos y dejó sepultados a los otros cinco. Siguieron dos días de tensión y angustia porque se sabía que algunos mineros estaban vivos, pues daban golpes de retreta y se escuchaban los ecos de voces pidiendo auxilio. Pero finalmente dejaron de responder, y la desesperación se extendió entre todos los compañeros que trabajaban para salvarlos y los familiares que se habían acercado a la mina tras conocer lo ocurrido. Los trabajos de salvamento avanzaban muy lentamente y una gran multitud de gente se agolpaba a la entrada esperando ver lo que ocurría, mientras los familiares no cesaban de llorar y gritar. Finalmente y tras duros trabajos, se pudo encontrar con vida a cuatro obreros para alegría de muchos de los familiares. Los mineros estuvieron cincuenta horas sepultados a oscuras, sin poder beber ni comer. Entre los que más se distinguieron en los trabajos de salvamento se menciona al capataz Cipriano Perchenar. Finalmente el resultado fue de dos mineros muertos. Durante este trágico año de 1906 todavía moriría un minero más de 19 años, sepultado en la mina Reforma.

En 1908 un desprendimiento en la mina Carabinera dejó herido a un niño (en esta época todavía trabajaban los niños en la mina), éste sería un aviso de lo que pasaría más tarde, pues un mes después moría un minero debido también a un desprendimiento de terrenos en esta mina. Pero dejemos que sea un minero de Carabinera el que nos cuente cómo era el trabajo en Carabinera, el texto es de 1911: «Fuimos avisados para cenar, según costumbre. Para salir de la mina a la calle hay que subir por una trancada mal construida, donde apenas puede uno poner los pies en firme por la estrechez de sus escalones y lo resbaladizo de la mina que conduce a una galería designada con el número 2; y como en la referida mina hay agua en abundancia en este sitio nos detenemos para secarnos o mudarnos de ropas y efectuando que es esta operación, marchamos a la cena. La noche que me refiere, al regresar de haber comido, nos encontramos reundida la galería donde momentos antes habíamos cambiado de ropas y enterrados, en los escombros, los trajes qe nos quitamos para salir. Y esto ocurrió en el paso de todo el relevo». Visto esto, el milagro es que no haya habido más muertes.

Aún tenemos más accidentes registrados, como un minero muerto en Júpiter por un desprendimiento en 1908, otro en 1909 por desprendimiento en San Manuel y otro más en 1911 por el mismo motivo y en la misma mina. En 1913 otro minero moría aplastado por otro derrumbe en la mina Pobreza. En 1914 otro minero moría, pero esta vez debido a la explosión de un barreno en la mina Santiago.

En 1916 aún se recoge otro accidente mortal por desprendimiento y dos muertos más en 1920, uno por caída en un pozo.

Es difícil imaginar lo terrible que tenía que ser el trabajo del minero en esa época, se me hace difícil pensar que alguien haya podido estar trabajando en esos agujeros durante largas jornadas, hay estrechas trancadas por las que solo se puede pasar tumbado y claustrofóbicas galerías que solo invitan a salir de allí lo antes posible y siempre con el miedo de que se pueda hundir la galería de entrada y no poder salir de esa ratonera. Por ejemplo, la galería de San Diego de la mina Pobreza era accesible hasta hace dos años, pude acceder entre 100 y 150 metros hasta que el aire enrarecido me impidió continuar; pero en mi última visita hace un mes descubrí que la galería se había hundido a unos 15 metros de la bocamina…

Los inicios

La actividad minera en Bédar viene de antiguo y no es extraño que haya sido así pues la población está asentada en una región rica en minerales de hierro y plomo, pero no es hasta mediados del siglo XIX con la llegada de la industrialización y el ferrocarril que se inicia en Bédar una explotación a gran escala que afectaría en gran manera a la población de la zona, el impacto medio-ambiental fue considerable. La deforestación fue intensa y las huellas y heridas que dejó la actividad minera que se llevó a cabo todavía son bien visibles aunque la naturaleza se ha encargado de atenuarlas en gran parte.

Desde pequeño he venido observando con curiosidad los extraños restos que poco ha poco han ido difuminándose, recuerdo vivamente una vieja vagoneta oxidada volcada cerca de la carretera que acabó por desaparecer como si no hubiera estado nunca, galerías, rozas, las ruinas de El Pinar, maquinaria extraña en medio de ninguna parte, la extraña construcción sin techo de Tres Amigos, algún casco abollado… y mis preguntas sobre estos vestigios siempre recibían la misma respuesta: «son cosas de las minas» y todo quedaba ahí; pero no es hasta la llegada a mis manos de un ejemplar de un libro extraordinario «Trenes, Cables y Minas de Almería» que no vuelvo a sentir curiosidad, me parecía imposible que por allí hubieran instalado una línea de ferrocarril y un espectacular cable de aéreo, grandes locomotoras, cargaderos y tolvas enormes… ¿que quedaba de todo eso?