La vía verde Garrucha-Bédar

vagonvagon3Jardinera del ferrocarril Bédar-Garrucha siendo arrastrada por caballos en sentido a Bédar.

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Portada de los planos de la línea del ferrocarril.

 

Uno de los asuntos de los que se habla con cierta frecuencia en el levante almeriense es el de la vía verde del viejo ferrocarril de los Chávarri que conectaba Garrucha con Bédar.

En muchos lugares se han reconvertido las viejas líneas de ferrocarril en vías verdes, una forma fácil de favorecer el Turismo por medio de unas infraestructuras sin uso. Pero hasta para esto parece que no somos capaces de reaccionar en nuestro levante almeriense, tan rico en patrimonio como escaso en iniciativa e interés de sus habitantes.

En efecto, esta antigua vía minera, de unos 17 km de recorrido, conecta la costa con la sierra de Bédar, lo que supondría un eje de conexión perfecto entre una serie de municipios que tendrían mucho que ganar, desde el punto de vista de promoción turística. Para Garrucha y Mojácar se trataría de una novedad en la oferta de actividades, y para Los Gallardos y Bédar supondría una nueva e interesante forma de atraer visitantes.

 

Tres Amigos webLocomotora del ferrocarril Bédar-Garrucha en la estación de Tres Amigos.

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Recorrido del ferrocarril en la actualidad, hasta su origen en la mina Mulata de Bédar.

 

La vía recorre los municipios de Mojácar, Garrucha, Los Gallardos y Bédar, que son  los que tendrían que ponerse de acuerdo para dicho proyecto. Los terrenos del ferrocarril, como antigua vía minera volvieron ya a ser propiedad del Estado, al haber finalizado su periodo de cesión para explotación.

La vía se conserva razonablemente en buen estado si tenemos en cuenta que tiene más de 100 años y que en varios puntos ha sido invadida por cultivos privados y otras estructuras, aunque no se trata de daños irreparables. En su recorrido, puentes y túneles pueden ser fácilmente recuperados, aunque el cruce de las principales vías de transporte podrían suponer un problema , en especial el paso por la autopista y el recorrido del AVE.

El aspecto histórico-patrimonial también sería un punto importante a tratar, con paneles informativos que rememoren su uso original como ferrocarril minero. Desde el punto de carga en Garrucha como las diferentes casas de peones vieros, cuyos restos todavía se encuentran junto al recorrido de la vía. Si olvidar de la conducción de agua con la que los Chávarri regaban sus cultivos de uva con el agua que se alumbraba en las minas.

 

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Vía minera en su recorrido por la sierra de Bédar.

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Caseta de los peones de vías.

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Estación de Garrucha.

 

En el aspecto histórico, últimamente se están recuperado muchos datos históricos referentes a este ferrocarril, incluidas fotografías de las locomotoras. Como dato curioso, recogido en el libro Trenes, Cables y Minas de Almería, el ferrocarril disponía de una “jardinera” o pequeño vagón para el transporte del personal de las minas. Esta jardinera se acoplaba a los convoyes para ir hasta la estación de Tres Amigos de Bédar. Pero para la bajada la jardinera podía aprovechar la pendiente favorable de la vía para bajar sola, con la sola ayuda del freno. Los días que no había convoy que subiera a Bédar, la jardinera podia subir por tracción animal, a modo de los viejos tranvías a caballos.

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El ferrocarril Bédar-Garrucha: luz al final del túnel

En diversas ocasiones hemos comentado la falta de fotografías del ferrocarril de Bédar y, en general, la casi ausencia de fotografías de las labores mineras que la Sociedad Chávarri, Lecoq y Compañía desarrolló en Bédar entre 1896 y 1926.

 

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Una de las locomotoras con un convoy de mineral saliendo del cargadero de Tres Amigos. Se trata de un dibujo pero está inspirado en el aspecto real que tenían estas locomotoras y vagones de mineral.

 

No disponemos hasta el momento de ninguna fotografía de época que nos muestre los trabajos de minas tan importantes como son la mina Mulata, la Higuera o Santa Catalina, tampoco del ferrocarril cuando estaba en funcionamiento, salvo una solitaria fotografía realizada en Garrucha en la que se observan algunos vagones del ferrocarril.

Y desde luego, fotografías tuvo que haber. Los esfuerzos para localizarlas hasta ahora han sido infructuosos, aún tras el contacto con uno de los familiares del ingeniero jefe de la compañía de Chávarri, Andrés López de La Presa.

 

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Una de las 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha durante las obras de construcción del puerto de Garrucha, donde fue rebautizada como “Fortuna”.

 

Pero es sobre todo con el asunto del ferrocarril donde más se nota la ausencia. La importante comunidad de aficionados al ferrocarril no comprenden la existencia de este inexplicable “agujero negro”, pues hay diferentes fotografías de las locomotoras una vez cerrada la línea férrea. De hecho, salvo las dos pequeñas locomotoras que realizaban el servicio en los ramales de las minas Santa Catalina y Mulata, hemos podido seguir gran parte de la carrera de las tres grandes locomotoras cuando salieron de Bédar.

Las tres locomotoras que prestaron servicio en el trayecto Bédar-Garrucha eran las únicas de la serie 7AC de 1895, donde las siglas AC hacen referencia a locomotoras de 3 ejes acoplados para vía métrica. Los modelos más parecidos del fabricante, la belga Saint Léonard, fueron unas locomotoras que se enviaron al “CF du Congo”, el ferrocarril del Congo.

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Publicidad de la Sociedad Anónima de Saint-Léonard, fabricante de locomotoras entre 1817 y 1843

 

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Placa de matrícula que portaban la mayor parte de las locomotoras fabricadas por la sociedad St. Léonard. Las locomotoras de Bédar llevaban los números 993, 994 y 995, de 1985.

 

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Pero esta ausencia de fotografías puede cambiar en poco tiempo si las siglas que aquí presentamos significan lo que sospechamos:  CLCª… sí, Chávarri, Lecoq y Cª.  Además del ferrocarril, es posible que pronto nos encontremos también con material gráfico de minas muy conocidas por todos los bedarenses. Seguiremos informando.

 

Bédar Sostenible: entrega de premios Los mejores del Levante

El jueves pasado se celebró la ceremonia de entrega de los premios Los Mejores del Levante, otorgados por el periódico el Ideal. Ine Thijs, nuestra representante, recogió el premio.

Las propuestas de habilitación de las minas Higuera y Mulata para el turismo es uno de los proyectos que más pueden repercutir en el futuro económico de Bédar, con una oferta difícilmente igualable de cara al visitante, con experiencias más allá del sol y la playa. Almería es, sin duda, mucho más que eso, pocos sitios tienen una concentración tal de arqueología antigua e industrial, y no podemos dejar que se pierda sin hacer nada.

 

 

Agradecemos al Ideal el reconocimiento a nuestro trabajo que supone el premio. La ceremonia fue muy emotiva y el video elaborado para la misma nos ha complacido mucho, es por eso que queremos compartirlo con todos ustedes:

 

 

 

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El alcalde de Bédar, Angel Collado, junto al concejal José Ramón Muñoz en un momento de la gala de entrega de premios, junto a Ine Thijs y Rocío Jódar Bolea.

 

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También incluimos el artículo publicado  el 28 de octubre en el que se hace referencia a la entregas de premios:

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Juan Girona Gallardo: trabajos en las alturas en el cable aéreo de Bédar a Los Gallardos

Como no podía ser de otra forma, la historia minera de Bédar ha dejado muchas historias, hombres valientes que se enfrentaban a los numerosos peligros del trabajo en la mina con tal de llevar un jornal a sus hogares.

El puesto de mecánico del cable no era de los más sencillos. Para empezar no podían permitirse tener fobia a las alturas, los desperfectos y averías en las columnas y en el cable exigía subir a las columnas y, en ocasiones, desplazarse por el cable. Esto desde luego suponía un riesgo importante, sobre todo cuando no había los sistemas de seguridad que hoy en día existen para hacer este tipo de trabajos con seguridad.

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Antes lo más habitual era desplazarse utilizando las mismas vagonetas, así lo atestigua unaccidente acaecido en 1891. El guarda del antiguo cable Bédar-Garrucha de la Compañía de Águilas se encontraba recorriendo la línea de 17 kilómetros montado en una de las vagonetas, su trabajo consistía en ir engrasando la línea. Cuando se encontraba ya cerca de la estación de Garrucha, una de las anillas que sujetaban su vagoneta al cable se abrió y cayó desde una altura de unos 10 metros, muriendo al instante.

El cable que construyó Hierros de Garrucha para llevar el mineral desde las minas de Serena hasta Los Gallardos (algo menos de 4 kilómetros) empezó a funcionar en 1956 y su mantenimiento estaba encargado a la empresa “García de Legarda, Hijo”. El mecánico, Juan Girona, era sin duda un hombre excepcional. No sentía ningún respeto por las alturas y sus reparaciones del cable, a veces a muchos metros de altura, eran espectáculos dignos del mejor espectáculo de equilibristas.

 

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Juan Girona Gallardo

A veces ocurría que el cable, a su vez compuesto de diferentes cables más pequeños, sufría desperfectos y se deshilachaba. Estos cables rotos podían hacer descarrilar las vagonetas. Alguien debía entonces acercarse para cortar estos filamentos con unas tenazas, y ese era Juan Girona.

Sin embargo Juan no utilizaba una vagoneta para realizar estas tareas, era demasiado arriesgado acercarse utilizando el motor del propio cable. Juan tiró de ingenio e inventó él mismo lo que necesitaba. Con el marco de una vieja bicicleta de acero y los pendientes de dos vagonetas (el sistema de enganche con rodaduras que permitía a la vagoneta desplazarse por el cable) dio instrucciones al taller para que le construyeran lo que vendría a ser una original bicicleta para cable aéreo. Conectando la cadena de la bicicleta a una de las rodaduras, podía desplazarse por el cable sin necesitar de ninguna ayuda externa.

 

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Juan Girona trabajando en Alicante después del cierre de las minas.

 

Quien lo vio en acción en el barranco Baeza, donde a más altura discurría el cable aéreo, no olvidan el “espectáculo” que suponía ver a ese hombre moviéndose por el cable con su extraño artefacto, un espectáculo de vértigo.

 

 

 

La estación de embarque del ferrocarril Bédar-Garrucha

Cuando hablamos de algún aspecto relacionado con estación de descarga del ferrocarril Bédar-Garrucha, tenemos que recurrir de forma obligatoria a la que sigue siendo una de las obras de referencia para estos temas. No es ni más ni menos que “Trenes, Cables y Minas de Almería”, de José Antonio Gómez. En ella describe los elementos principales, la rampa de carga con capacidad para 17.000 toneladas, el depósito de las locomotoras, los talleres y un recinto especialmente dedicado a las actividades vitícolas de Chávarri.

 

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De la misma manera, el dibujo de José Vicente Coves que se publica en dicho libro sigue siendo la principal referencia visual para conocer como estaban dispuestas las instalaciones de estra estación. Sin embargo, nosotros no seríamos quienes somos si no colaboráramos con nuestra aportación a su estudio, avanzando así en su conocimiento… aunque sea “a hombros de gigantes”. Para ello nos ha sido de enorme ayuda un inventario de 1916 que hemos podido localizar, con una completa relación de todo lo que contenía esta estación en el momento de la fusión en la Sociedad minera Unión Bedareña.

 

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Una de las escasas fotografías conocidas de la estación de ferrocarril de Garrucha cuando estaba en funcionamiento. Se observa el puente-depósito y varios vagones estacionados no muy lejos. Llama mucho la atención las estructuras tipo puente que se observan al fondo de la misma, estructuras que solo pueden corresponderse con parte de la instalación de la isla-embarcadero que inicialmente se proyectó.

 

La idea original de este puerto de embarque de mineral era mucho más ambiciosa de lo que resultó finalmente. Chávarri pretendía construir un embarcadero a 400 metros de la costa, en el sitio denominado Moro Manco, al que llegaría el mineral por medio de un cable aéreo, cargándose el mineral directamente en los barcos gracias a un castillete. El proyecto fue aprobado por el ministerio de Hacienda en mayo de 1895.

El problema es que esta estructura, a tan solo 500 metros del fondeadero de Garrucha, iba a dificultar mucho la navegación, obligando a las embarcaciones a realizar complicadas maniobras. Como podía verse afectado tanto el comercio como la pesca, un grupo de armadores, patrones y marineros de Garrucha protestaron ante el Capitán General del Departamento de Cartagena, alegando que dichas instalaciones afectaban el servicio público.

 

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Frontal del soporte del puente-depósito, plataforma inclinada sobre la que se disponía una plataforma metálica y que era usada como depósito, con una capacidad para 17.000 toneladas de mineral. La fotografía está tomada en 2002 y todavía se aprecian los edificios al fondo.

 

El material para el embarcadero llegó a Garrucha, pero no pudo ser completamente instalado. Una de las pocas fotografías de época que se conocen muestra una estructuras metálicas que indican que llegó a iniciarse la instalación, aunque finalmente no se pudo acabar, aunque parece que fue solamente debido a la poca profundidad de las aguas y no a las protestas. Se recurrió finalmente al conocido puente-depósito, desde el cual se cargaban los vapores por medio de barcazas. El material para el cable y la isla-embarcadero quedó depositada en Garrucha al menos hasta 1916, incluyendo una máquina de vapor sistema Fritz Bozs nueva de trinca, dos compresoras de aire (uno de los cuales fue desplazado a las minas de Bédar) y todo el equipo necesario para los buzos que deberían haber participado en la instalación.

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Dos fotografías, también de 2002, que muestran los restos de los edificios de esta estación de descarga.

 

Los edificios construidos en la Marina de la Torre incluían un taller de reparaciones y fundición; un almacén; una casa de planta baja y principal para vivienda del Jefe de taller y maquinaria; una casa de planta baja y principal para empleados y una cochera. Una línea de teléfono conectaba esta estación con la de Tres Amigos en Bédar, y dos tanques aseguraban el suministro de agua para las locomotoras.

Para el pesado del mineral y el transporte hacia los muelles de carga se disponía de dos básculas para pesos de hasta 8000 kilogramos y 12 mesillas para el transporte del mineral.

Las instalaciones contaban con un taller de carpintería y otro de fundición, con diversos hornos y crisoles para la fabricación de las piezas necesarias para el mantenimiento de la vía y el material rodante. También se disponía de todo el material necesario para los trabajos de ajuste, forja y calderería, imprescindibles para el correcto mantenimiento de las locomotoras, vagones y vías, incluyendo dos fraguas portátiles. Como curiosidad, para levantar las locomotoras y realizar reparaciones en ellas se utilizaban una serie de vigas de pino canadiense de diferentes tamaños.

Otros de los útiles de los que se disponían eran los repuestos de ruedas, una bomba de desagüe de 25.000 litros por hora y una larga lista de máquinas, herramientas y útiles.

Para el funcionamiento del taller se disponía de una máquina motora fija que precisaba de la nada despreciable cantidad de 131 metros de correas para hacer funcionar todas las máquinas del taller.

 

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Los talleres de la estación de Marina de la Torre en el año 2000.

 

Y hasta aquí este pequeño resumen de esta conocida (y a la vez muy desconocida) instalación emblemática de Garrucha. Es una pena que se hayan derribado todos estos viejos edificios de la estación, de la que tan solo queda la base del puente-depósito. Podemos ver los edificios perdidos en un reportaje de Barry Emmott en 2000 (http://www.majorcarailways.com/garrucha.htm).

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En 1922 la Unión Bedareña compró un tractor diésel de vía métrica fabricado por la casa Deutz y dotado de un motor de tipo C XIV F de 10 caballos de potencia. Este tractor de maniobras se utilizó para los movimientos de los 50 vagones y el coche de tracción de 10 asientos de los que disponía la Compañía. Posteriormente fue utilizada también en las obras del puerto de Garrucha, junto con otras de las locomotoras que se usaron en la línea de ferrocarril Bédar-Garrucha. Debido al ruido característico de su motor, este tractor se conoció popularmente como la CHIMPÚN. En la imagen, el tractor Deutz C XIV F de la Unión Bedareña cruzándose con una de las 030T Saint Léonard de la línea principal mientras arrastra dos vagones de mineral.

The Garrucha Iron Mining Company Limited: un proyecto fallido

En vísperas de la previsible votación de las municipales el domingo,voy a retomar un poco la costumbre de hablar de pequeñas minas olvidadas en Bédar.

Con tanto hablar de los ingleses de Bédar, me ha venido a la cabeza la poco conocida “sociedad minera inglesa” de Bédar, de la cual escuché hablar por primera vez al hijo del practicante facultativo que trabajaba en el hospital del Pinar de Bédar. Por eso, en este post voy a hablar de un pequeño grupo de minas que fueron explotadas por la compañía minera que se conoció siplemente como… “la inglesa”.

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Una de las pocas acciones conocidas de la Garrucha Iron Mining Company Limited, que explotó algunas minas de mineral de hierro en la sierra de Bédar.

Los “ingleses” coexistieron durante unos pocos años junto a los “franceses” (La Compañía de Águilas) y a los “vizcaínos” (Minas de Bédar Chávarri). A pesar de que la compañía era inglesa, contaba con un importante grupo de accionistas vascos. Se puede considerar que la empresa fue un absoluto fracaso. A pesar contar con un capital inicial ipomrtante, los esfuerzos no se vieron coronados por el éxito. ¿Qué es lo que pasó? ¿No estimaron bien las reservas de mineral?

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Vista del cargadero de Cuatro Amigos.

Desde 1895, una sociedad minera poco conocida, la Sociedad Vizcaína de Bédar, se hizo con una serie de concesiones mineras en Bédar. ESta sociedad nunca tuvo la intención de explotar esas minas, su negocio era el sacarles beneficios vendiéndolas o arrendándolas. La oportunidad llegó en 1901, cuando se formó la sociedad llamada “The Garrucha Iron Mining Company Ltd”, con la pretensión de explotar una serie de minas de hierros ubicadas en el paraje conocido como El Curato.

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Lo que hoy se conoce como “Cortijada de las Minas” no es más que las ruinas de las oficinas de la Garrucha Iron Mining en el Curato. En esto han acabado las lujosas dependencias construidas para los directivos de la compañía.

De esta manera, minas que la Sociedad Vizcaína había adquirido a bajo precio, pudo venderlas a la nueva sociedad minera. Así adquirieron las concesiones de “San Joaquín”, “El Borracho” y “Mi compadre Frasquito” a 5.000 pesetas por mina, que posteriormente vendieron por 10.200 pesetas (cada una) a la Iron Mining. Especulación pura y dura.

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Las labores consistieron en costosas labores de exploración para conocer las masas de mineral y su dirección. Algunas de las que se pueden observar dejan serias dudas de su utilidad.

El ingeniero director de la nueva compañía no tardó en llegar a Bédar, Juan Gardner, empezando a realizarse labores de investigación en las concesiones de “Cuatro Amigos”, “Mi Bernardo” y “San Joaquín”, las minas principales del grupo. Para transportar el mineral, se decidió la construcción de un cable aéreo que, desde “Cuatro Amigos” conectara con “Tres Amigos”, para poder transportar el mineral hasta Garrucha con el ferrocarril de los Chávarri.

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Esta enorme rafa, de 300 metros y en su mayor parte en estéril, es una de las obras faraónicas que se pueden observar en “Cuatro Amigos”. Es difícil imaginar cual es exactamente el objeto de excavar aquí esta enorme zanja. ¿Una trinchera para algún sistema de transporte que no se llegó a completar?

Se puede decir que no ahorraron en gastos. La construcción de las oficinas, importantes trabajos de investigación y la instalación del cable aéreo supusieron una importante inversión. Además, la nueva compañía inglesa tenía fama de tratar bien al personal. En vez de pagar a los quince o veinte días de cumplidos los meses (como era la costumbre), los “ingleses” hacían los pagos el primer día de cada mes. El presidente de la compañía era S.Dobrée, mientras que de la Dirección administrativa se encargó el accionista Hollaud Poter.

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Enormes escombreras de mineral de hierro rodean las instalaciones de la mina.

Los inicios fueron esperanzadores. En 1902 se empezaron a cargar los primeros vapores en Garrucha con mineral procedente de El Curato. Así se registra la salida del vapor Vera, con 2.300 toneladas de mineral de hierro rumbo a Stokton, y el Fornsaid, con 1.900 toneladas con destino a Garston.

Pero no fue más que un espejismo. Desde junio de 1902 se había encargado de la explotación de las minas al ingeniero Cristóbal Goldsurthy, y ya en septiembre se comenta que “la empresa tropieza con dificultades por la falta de reconocimientos en sus minas”. Es decir, no había tanto mineral como en un principio se pensaba… pero eso no es lo que decían los informes previos sobre las reservas de mineral.

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Las instalaciones del cargadero de cable de “Cuatro Amigos” estaban construidas en buena mampostería, al estilo de la arquitectura minera de Bédar.

Los accionistas vascos de la sociedad, preocupados sobre todo por la mala gestión inglesa, comisionaron a Emilio Olano y Santiago Meave para que viajaran a Inglaterra. Se pretendía trasladar la dirección de la compañía de Londres a Bilbao.

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Es difícil hoy en día encontrar documentación sobre estas minas y la Iron Mining. Hay pocos planos de concesiones que nos muestren las concesiones de “Cuatro Amigos”, “San Joaquín” y “Mi compadre Frasquito”. Éste plano es uno de ellos, muestra las concesiones tal y como estaban distribuidas a principios del siglo XX. Se sabe que se hicieron también numerosas fotografías, que estaban en poder de Dobree,

Inicialmente pareció que las gestiones de los comisionados fueron positivas: se comunicó que se consiguió liquidez suficiente como para pagar los créditos pendientes y levantar los embargos que pesaban sobre los materiales y las minas. Se esperaba así reiniciar pronto los trabajos de las minas “Cuatro Amigos” y “Mi Bernardo”.

Pero esta noticia también fue una ilusión. El 2 de octubre de 1903 se editó el anuncio oficial de la entrada en liquidación de la Garrucha Iron Mining. Aún así, corrió la noticia que se estaba intentando ceder las minas a otras sociedad minera; incluso se comentaba que el consejo de administración contaba con una suma de diez mil libras esterlinas para poder reactivar las minas. Pero como ya imaginaréis a estas alturas, nada de eso ocurrió.

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La concesión más importante, la de “Cuatro Amigos”, se encuentra muy cerca de la cortijada de Centinares (en la fotografía). Cerca de Centinares se pueden encontrar varios registros mineros que pertenencen también a esta mina.

El motivo principal del fracaso de esta compañía fue, tal y como expuso en sus trabajos el ingeniero José Prats y García-Olalla, que los propietarios iniciaron las labores con tanta generosidad, que en pocos años acabaron con todo el capital social. De ahí que en 1904 el personal solo se limitase a varios guardas (Soler, Gallardo y Ramón Meca) que vigilaban las herramientas y el material que quedaba, y un solo capataz, un tal Rodriguez. Parece que todo el material fue vendido para pagar las deudas que dejó la sociedad.

Milagro de navidad

Hoy contaré una historia muy curiosa que seguro que poca gente conoce, aunque antes de empezar quiero comentar un poco lo que ocurre con las elecciones municipales, cuya campaña hace poco que ha empezado. No comentaré mucho, pues tampoco hay mucho que comentar. Pese a los rumores insistentes que hablaban de que se presentaban varias listas (una incluso de ingleses), al final y vistas las listas publicadas, éstas se reducen a dos. Son los de siempre, PSOE y PP, y casi ni eso. La verdad es que la lista del PP parece una lista fantasma, pero no lo puedo asegurar. Es realmente una pena, porque un poco de oposición de verdad siempre va muy bien, y tampoco en Bédar se tendrá la oportunidad de votar a los nuevos partidos emergentes, tipo Podemos o Ciudadanos, ni siquiera a Izquierda Unida. En fin, espero al menos que no se gasten mucho dinero en la campaña. Realmente no hará falta.

También aprovecho para decir que se publicó en abril la segunda parte del artículo sobre el ferrocarril Bédar-Garrucha en la revista Hobbytren. Como no es fácil conseguir un número, quien quiera leerlos puede escribirme. Se hace un buen repaso de la historia de este ferrocarril, para quien no la conozca, y se completan muchas incógnitas, para quien ya sepa algo. Entre las novedades está la del aspecto original real de las locomotoras Saint Léonard, como era la Deutz “Chimpún” de la Unión Bedareña, e incluso el aspecto de las pequeñas locomotoras LLD y Orenstein & Koppel de Hierros de Garrucha.

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La historia que vengo a contar está recogida en las memorias de Wilhelm von Fircks, uno de los directores de la Compañía de Águilas menos conocidos. La historia está recogida en su libro de memorias “Meine Reisedecke”, en la que dedicas varios capítulos a sus experiencias en España. Director entre 1901 y 1903, a von Fircks le tocó vivir una época agitada en la historia de las minas en Bédar.

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Candil tipo almadén de finales del siglo XX encontrado en una de las minas de la concesión de “Dos Hermanas”, en el Pinar de Bédar.

Acostumbrado como estoy a encontrar casi siempre historias trágicas y accidentes mortales (muertes por hambruna, accidentes en la mina, atropellos por ferrocarril…), se agradece una historia que acabe bien. Como curiosidad hay que decir que Fircks consideraba las minas de El Pinar como muy antiguas (de época romana), aunque no explica el por qué de esta afirmación. No es el único autor que hace esta afirmación, aunque de momento no hay descripciones o restos que lo confirmen objetivamente.

Cuenta Fircks que en las navidades de 1902, estando en las oficinas de la Compañía, lo que hoy en día es la urbanización de El Pinar de Bédar, apareció un niño que vino corriendo para avisar de una desgracia: “en una trancada profunda del pozo de la Cabra, una roca ha matado a Juanito el Moro”. Firkcs acudió rápidamente al lugar del accidente, junto a los encargados de las minas Darío y Juan Crespo. El espectáculo con el que se encontró era el habitual en este tipo de desgracias. A la entrada del pozo se agolpaba una multitud de la que emanaban los lamentos lastimeros de mujeres y niños. Los guardas de las minas, armados con rifles, patrullaban por la entrada intentando mantener el orden.

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Minas de plomo de La Gamberra: concesión “Ello es preciso”.

Lo que parecía que iba a ser una simple operación para rescatar un cadáver se convirtió en algo muy diferente. Según el relato de Fircks, este pozo de la Cabra consistía en una profunda trancada, desde la cual partían numerosas labores anárquicas en busca de las pequeñas vetas de mineral. En el fondo de la misma, Juanito el Moro estaba vivo, pero una gran piedra se había desprendido y estaba atrapado por el tobillo. Juanito estaba consciente.

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Pequeño candil de aceite en hojalata hallado por Jose F. Castro Medina en una mina de la concesión “Este año ha de ser”. Este candil, de factura artesanal, data de principios de siglo, por lo que podría ser del tipo que llevaba Juanito el Moro.

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Candil de aceite en el lugar en el que lo dejó su propietario hace más de 100 años, mina Dos Hermanas.

Según Fircks, el trabajador no tenía autorización para estar en esa mina, pues estaba prohibido acceder a esa mina. Sin embargo, Juanito parecía tener buenas razones: tenía que llevar el pan a sus hijos y se decía que en esa mina quedaba todavía buen mineral.

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Las minas de El Pinar se caracterizan por estrechas trancadas y peligrosas galería irregulares que siguen las principales vetas de mineral.

Trabajar en esa estrecha trancada era peligroso, el techo era muy inestable y enviar a operarios para intentar sacarlo era ponerlos en grave peligro, pues continuamente caían piedras y arena del techo inestable, a punto de ceder por completo. Sin embargo, Juanito solo estaba atrapado por un tobillo y,milagrosamente, parecía que no se había roto nada. De esta manera decidieron lanzarle una cuerda para que se la atara a la parte superior del tórax y, desde una zona segura, intentarían sacarlo de ahí.

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Galería para conducción del agua necesaria para las tareas de lavado del mineral de plomo.

Tras la oración de rigor, cuatro operarios procedieron a tirar de la cuerda. Cuenta Fricks que la extracción fue dolorosa para Juanito, pero pudieron liberarlo de la roca que le aprisionaba el tobillo y tirar de él hasta ponerlo a salvo para después ser conducido en una camilla por los caminos de montaña. Juanito no sufrió ninguna secuela en un accidente en el que, según toda lógica, tendría que haber muerto. Comenta Fircks que acabó trabajando de agricultor en una finca de Cuevas y que le iba muy bien.

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Este carburo de principios de siglo fue encontrado abollado y roto en el fondo de una profunda trancada en la mina “Mentira”. Quien podía permitírselo utilizaba carburo y no candiles de aceite, más seguros y con mayor poder de iluminación eran, sin embargo, bastante más caros. Aunque con cierto parecido con la trancada descrita por Fircks, esta trancada no disponía de registros laterales “en busca del mineral de plomo” como la descrita en el relato.

Interesante historia, que para variar acaba bien, lo cual no es muy habitual. Todavía no sé donde se encuentra ese pozo de la Cabra en el Pinar. Aunque sí se conocen los nombres de las minas, la Compañía concedía pequeñas concesiones de terreno para que mineros autónomos las explotaran a partido. Juanito el Moro era uno de estos mineros a partido, que disponía de una concesión para su explotación, aunque era tan poco el mineral y tanto el hambre, que no sería el único que efectuaba rebúsquedas en otros lugares a escondidas, incluso en lugares manifiestamente peligrosos. No en vano, Fircks habla de la presencia de guardas armados con rifles, que creo que más que para evitar que los mineros entraran en lugares peligrosos, era para evitar que fueran a saquear las minas con mejor mineral. Dadas las condiciones en las que trabajaban, aue Juanito el Moro sobreviviera a un accidente en una de estas peligrosas minas es, sin duda, un auténtico milagro.