Villaricos: La toma de Baria por Publio Cornelio Escipión

Hoy vamos a comentar uno de los episodios sin duda más dramáticos de la antigüedad en esta Tierra de Vera. Se trata de la conquista de la ciudad de Baria por Publio Cornelio Escipión durante la segunda Guerra Púnica. Es una historia muy desconocida, a pesar de tratarse de un acontecimiento de importancia durante el desarrollo de la guerra entre romanos y cartagineses por el control del Mediterráneo.

No es el lugar par extenderse sobre los orígenes de esta guerra, pero seguro que a muchos les sonará el episodio del general cartaginés Aníbal Barca cruzando los Alpes con su ejército en el 218 a. C. y sorprendiendo a las legiones romanas. La segunda guerra entre romanos y cartaginenses comenzó con la toma de Sagunto por parte de los segundos. Aunque Sagunto se encontraba dentro de la zona de influencia cartaginesa, según el tratado resultante del primer enfrentamiento entre ambas potencias, se trataba de una ciudad aliada de Roma, lo que fue el casus belli que originó el conflicto.

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Publio Cornelio Escipión

Roma planeó un doble ataque sobre Cartago y contra la península ibérica, pero Aníbal sorprendió a los romanos invadiendo la península itálica por el lugar más impensado: atravesando los Alpes. En la famosa batalla de Cannas, que se saldó con victoria del ejército de Aníbal, participó un joven tribuno, Publio Cornelio Escipión, que pudo escapar con vida.

En el 210 a.C. fue el momento de los romanos de devolver el golpe, con la llegada precisamente de Escipión a Tarragona al mando de un ejército. Aprovechando la dispersión de los ejércitos cartaginenses en la península, Escipión lanzó un audaz ataque sorpresa con el que tomó la capital cartaginense en la península, la ciudad de Qart Hadasht (Cartago Nova).

 

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En la fotografía superior, un duplo de Baria de 18,53 gr, el doble de un shekel de unos 10-11 gramos, siguiendo la metrología de los acuñados en Ebusus (Ibiza). En Baria se emiten también mitades, de unos 5-5,5 gramos.  Para sus amonetaciones, las autoridades de una ciudad solían escoger un símbolo de la autonomía política de la ciudad e ilustrar o hacer propaganda de alguno de los elementos identitarios que les fueran más queridos. La iconografía de Baria es muy significativa, presenta una cabeza femenina velada mirando hacia la derecha y una palmera datilera en el reverso, como representación del árbol de la vida. Esta cabeza presenta a la diosa Astarté con un estilo egiptizante (identificada con la Isis egipcia).  La mitad representaba también un símbolo también claramente de influencia egipcia, un ureus (un sol con cobras reales) en el anverso y al igual que un duplo una palmera en el reverso.

 

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Mitad  (medio shekel) de Baria. En su anverso muestra un “ureus” de influencia egipcia, en el reverso, la palmera datilera. En el sistema monetario de Baria solo se usaron los dobles de la unidad (el shekel) y su mitad o divisor, algo que no era  inédito en el mundo púnico. Vendrían a ser como los billetes grandes y la moneda menuda para pequeños intercambios. Pudo haber, sin embargo, otro tipo de divisores a base de amonetaciones en plomo.

 

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Tagilit (Tíjola), ciudad púnica bajo la influencia de Baria, emite moneda posiblemente entre finales del siglo III y la primera mitad del siglo II a. C. En sus amonetaciones, como la representada en el dibujo superior, aparece en el anverso de nuevo la diosa Astarté y una representación de un pilar-estela isíaco, lo que indica una extensión o influencia de los cultos de Baria hacia su ciudad satélite.

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Cuarto de shekel (2,9 gramos) de la ciudad de Ebusus del tipo XII. En el anverso se representa el dios Bes vestido con faldellín y sosteniendo una maza y una serpiente. En el reverso, un toro embistiendo a la izquierda, posiblemente relacionado con el culto al dios Melqart. El dios Bes, al parecer procedente de Nubia, gozó de una gran popularidad en Egipto y de ahí pasó al mundo fenicio. Era un dios atípico, se representaba como un ser bajito que sacaba la lengua burlonamente, con panza, orejas de soplillo y barba. Era un dios muy adorado por las clases populares, como el protector de la casa y encargado de alejar los espíritus maléficos; también estaba relacionado con las relaciones amorosas, el matrimonio y la música. En Baria también se encontraron figuras del dios Bes, pero sin duda donde tuvo más relevancia fue en la ciudad fenicia de Ibossim o Ebusus (Ibiza), lo que se refleja en todas las monedas que acuñaron.

 

Baria se ubicaba sobre la antigua ensenada formada en la desembocadura del río Almanzora, al pie de Sierra Almagrera, conocida por sus ricos recursos minerales, y controlando las fértiles vegas fluviales. Desde su posición en la costa, podía comunicarse con la Bastetania íbera. Su puerto era un punto de paso obligatorio hacia el estrecho de Gibraltar (Gadir) y el norte de África. Tras la toma de Qart Hadasht, Baria era el siguiente paso lógico, su control podría evitar la llegada de refuerzos desde Gadir y el norte de África. Dada la importancia estratégica de Baria para los cartagineses, ésta estaba bien defendida y disponía de una guarnición y fuertes murallas.

La toma de Qart Hadasht debió alertar a los habitantes de Baria, aliados de los cartagineses, que se aprestaron a la defensa. De hecho, fue Baria la única ciudad del sur de la península que resistió a los romanos, el resto, simplemente, capitularon.  Sin duda el asalto de Baria fue un mensaje claro de lo que pasaba a los que se les oponían al poder romano.

Las fuentes que nos hablan de este asedio son coherentes entre sí, además se ha podido documentar arqueológicamente este episodio, lo cual no es muy habitual. Según estas fuentes, Escipión puso asedio a las murallas de Baria, y mientras impartía justicia en su campamento (como era la costumbre), afirmó que al día siguiente impartiría justicia en el tempo situado tras las murallas de la ciudad, en el templo de Afrodita (equiparable a la diosa Astarté púnica) que dominaba la ciudad (en esa época era habitual impartir justicia en los templos).

 

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Cráneo hallado en la fosa común de la tumba 62 de la necrópolis de Villaricos que muestra marcas de arma blanca en el occipital y parietales posteriores (Siret).

 

A parecer, el asedio de la ciudad duró 3 días y la ciudad fue tomada al asalto. Los registros arqueológicos han confirmado esta destrucción de la ciudad, que fue realmente traumática. Estratos de ceniza con numerosos fragmentos cerámicos indican el suceso, rotas de forma voluntaria, junto a numerosos adobos descompuestos. Tras el ataque, quedaron amplias áreas abandonadas que no volvieron a ocuparse. Además, la ciudad dejó de acuñar moneda, a pesar de que contaba con numerosos recursos mineros. Otras ciudades de fundación fenicia siguieron emitiendo moneda con toda normalidad, pero el asalto romano paró la evolución de estas emisiones de Baria. Además, Siret excavó tumbas en las que se encontraron enterramientos colectivos, sin ajuares, en los que un cráneo estaba marcado por marcas de un arma blanca, sin duda una víctima del asalto.

Baria fue la única ciudad fenicia que se resistió por la fuerza de las armas, todo el litoral hasta Gadir cayó en manos de Escipión sin lucha. En la batalla de Baecula en el 208 a. C., Escipión derrotó al hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca; posteriormente vencería en la batalla de Ilipa, en el 206 a. C. a los últimos caudillos cartagineses en la Turdetania, Asdrúbal Giscón y Magón Barca. Así acaba el dominio cartaginés de la península.

Posteriormente Publio Cornelio Escipión acabaría derrotando a Aníbal en la batalla de Zama, cerca de Cartago, en el 202 a. C. poniendo fin al conflicto.

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Las ermitas desaparecidas de Bédar

Volvemos a hablar de las ermitas que fueron parte de la historia de Bédar pero que, por unos motivos u otros, acabaron desapareciendo. Han quedado muy pocos vestigios de estas ermitas, tanto físicos como fotográficos.

La más significativa es sin duda la ermita de N. S. de la Cabeza. Según cuenta la leyenda, la devoción a esta Virgen se remonta a la aparición el 12 de agosto de 1227 a un pastor llamado Juan Alonso de Rivas en el Cerro de la Cabeza, cerca de la localidad de Andújar, en Jaén. Este acontecimiento ocurre poco después de la entrega del castillo de Andújar al rey Fernando III en 1225, para facilitar la repoblación cristiana se promovía la devoción en esos lugares, y es en 1227 cuando se inicia la devoción a la Virgen de la Cabeza. La expansión  fue gracias a los pastores trashumantes, que llevaron esta devoción a numerosos lugares de la península.

La historia de la construcción de la primera ermita de la Virgen de la Cabeza en Bédar es muy conocida, ya recogida por Flores González Grano de Oro. La parroquia de Bédar era inicialmente un anejo de la de Antas y ambas celebraban las fiestas en honor a esta Virgen. A medida que los pueblos fueron creciendo, se decidió que uno de ellos se quedaría con la imagen, y sería aquél que construyera antes una ermita en su punto más alto. Fueron los vecinos de Bédar quienes acabaron antes una ermita en el cerro de la Señora, esta es la primera ermita del pueblo.

 

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Reconstrucción del aspecto que debió tener la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar.

 

La ermita, de planta rectangular, disponía de un pequeño patio a la entrada, un tejado a cuatro aguas y un pequeño campanario. Quedan pocas fotografías que nos muestran como era, porque su ubicación en la cima del cerro fue también el motivo de su desaparición.

 

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Dos de las imágenes conocidas de la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar, a finales del siglo XIX.

 

La explotación a cielo abierto de la enorme masa de mineral de hierro donde se ubicaba la ermita hizo muy peligroso que los feligreses se acercaran a ella, por lo que al final se decidió derruirla. Esto debió ocurrir poco después de la puesta en funcionamiento del ferrocarril Bédar-Garrucha, en 1897. La compañía minera, en compensación, construyó una monumental ermita cerca de la primera, en el lugar conocido como “el Pecho”, en la parte más alta de Bédar. Esta ermita disponía de sacristía y de todo lo necesario para realizar los oficios en ella, incluido un púlpito. No hay constancia de que dispusiera de campanario, aunque tampoco podemos descartarlo, dado la falta de fotografías de época de esta ermita.

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Fotografía de las fiestas de Moros y Cristianos del año 1989 en Bédar, que se celebran habitualmente en “el Pecho”. La parte posterior de las ruinas de esta ermita, convenientemente encalada, servía de fondo a la Virgen de la Cabeza, que preside las fiestas. Es a destacar las enormes dimensiones de esta ermita, construida por la sociedad minera del marqués de Chávarri en compensación por la pérdida de la primera ermita.

 

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Reconstrucción de los restos de esta ermita antes de su derribo para la renovación de la plaza del Pecho y la construcción de la tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Los agujeros laterales se formaron en los huecos laterales de los que disponía la ermita para colocar las imágenes.

Esta segunda ermita fue derribada para la renovación de la plaza, construyéndose la que sería la nueva ermita de la Virgen de la Cabeza, la que haría número tres.

 

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Tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Con un cierto parecido a la primera, aunque más pequeña, dispone también de un pequeño campanario.

La otra ermita de la que vamos a hablar es una de las más desconocidas, la ermita del otro patrón de Bédar, San Gregorio. Éste disponía de una pequeña ermita donde se guardaba la imagen, y que estaba ubicada precisamente en la plaza de San Gregorio, más conocida como “la Cruz”.

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Reconstrucción de la ermita de San Gregorio según la descripción de los testigos.

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En esta fotografía de los años 50, realizada por la fotógrafa Antonia García, se aprecian los restos del muro de la ermita de San Gregorio, justo al lado del grupo de gente que posa, a la derecha de la fotografía.

 

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Por dimensiones y forma, la ermita de San Gregorio debió ser muy similar a la actual de Santiago, en Serena.

 

Desconocemos cuando se construyó y el aspecto que tenía. Los testimonios la describe como una ermita rectangular muy pequeña y sencilla, con el espacio apenas necesario para guardar la imagen. Adosada al muro de la calle nueva, estaba provista también de un pequeño campanario.

La ermita fue derribada durante la guerra civil, y durante un tiempo no quedó más vestigio de ella que los restos de un muro.

La estación de embarque del ferrocarril Bédar-Garrucha

Cuando hablamos de algún aspecto relacionado con estación de descarga del ferrocarril Bédar-Garrucha, tenemos que recurrir de forma obligatoria a la que sigue siendo una de las obras de referencia para estos temas. No es ni más ni menos que “Trenes, Cables y Minas de Almería”, de José Antonio Gómez. En ella describe los elementos principales, la rampa de carga con capacidad para 17.000 toneladas, el depósito de las locomotoras, los talleres y un recinto especialmente dedicado a las actividades vitícolas de Chávarri.

 

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De la misma manera, el dibujo de José Vicente Coves que se publica en dicho libro sigue siendo la principal referencia visual para conocer como estaban dispuestas las instalaciones de estra estación. Sin embargo, nosotros no seríamos quienes somos si no colaboráramos con nuestra aportación a su estudio, avanzando así en su conocimiento… aunque sea “a hombros de gigantes”. Para ello nos ha sido de enorme ayuda un inventario de 1916 que hemos podido localizar, con una completa relación de todo lo que contenía esta estación en el momento de la fusión en la Sociedad minera Unión Bedareña.

 

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Una de las escasas fotografías conocidas de la estación de ferrocarril de Garrucha cuando estaba en funcionamiento. Se observa el puente-depósito y varios vagones estacionados no muy lejos. Llama mucho la atención las estructuras tipo puente que se observan al fondo de la misma, estructuras que solo pueden corresponderse con parte de la instalación de la isla-embarcadero que inicialmente se proyectó.

 

La idea original de este puerto de embarque de mineral era mucho más ambiciosa de lo que resultó finalmente. Chávarri pretendía construir un embarcadero a 400 metros de la costa, en el sitio denominado Moro Manco, al que llegaría el mineral por medio de un cable aéreo, cargándose el mineral directamente en los barcos gracias a un castillete. El proyecto fue aprobado por el ministerio de Hacienda en mayo de 1895.

El problema es que esta estructura, a tan solo 500 metros del fondeadero de Garrucha, iba a dificultar mucho la navegación, obligando a las embarcaciones a realizar complicadas maniobras. Como podía verse afectado tanto el comercio como la pesca, un grupo de armadores, patrones y marineros de Garrucha protestaron ante el Capitán General del Departamento de Cartagena, alegando que dichas instalaciones afectaban el servicio público.

 

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Frontal del soporte del puente-depósito, plataforma inclinada sobre la que se disponía una plataforma metálica y que era usada como depósito, con una capacidad para 17.000 toneladas de mineral. La fotografía está tomada en 2002 y todavía se aprecian los edificios al fondo.

 

El material para el embarcadero llegó a Garrucha, pero no pudo ser completamente instalado. Una de las pocas fotografías de época que se conocen muestra una estructuras metálicas que indican que llegó a iniciarse la instalación, aunque finalmente no se pudo acabar, aunque parece que fue solamente debido a la poca profundidad de las aguas y no a las protestas. Se recurrió finalmente al conocido puente-depósito, desde el cual se cargaban los vapores por medio de barcazas. El material para el cable y la isla-embarcadero quedó depositada en Garrucha al menos hasta 1916, incluyendo una máquina de vapor sistema Fritz Bozs nueva de trinca, dos compresoras de aire (uno de los cuales fue desplazado a las minas de Bédar) y todo el equipo necesario para los buzos que deberían haber participado en la instalación.

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Dos fotografías, también de 2002, que muestran los restos de los edificios de esta estación de descarga.

 

Los edificios construidos en la Marina de la Torre incluían un taller de reparaciones y fundición; un almacén; una casa de planta baja y principal para vivienda del Jefe de taller y maquinaria; una casa de planta baja y principal para empleados y una cochera. Una línea de teléfono conectaba esta estación con la de Tres Amigos en Bédar, y dos tanques aseguraban el suministro de agua para las locomotoras.

Para el pesado del mineral y el transporte hacia los muelles de carga se disponía de dos básculas para pesos de hasta 8000 kilogramos y 12 mesillas para el transporte del mineral.

Las instalaciones contaban con un taller de carpintería y otro de fundición, con diversos hornos y crisoles para la fabricación de las piezas necesarias para el mantenimiento de la vía y el material rodante. También se disponía de todo el material necesario para los trabajos de ajuste, forja y calderería, imprescindibles para el correcto mantenimiento de las locomotoras, vagones y vías, incluyendo dos fraguas portátiles. Como curiosidad, para levantar las locomotoras y realizar reparaciones en ellas se utilizaban una serie de vigas de pino canadiense de diferentes tamaños.

Otros de los útiles de los que se disponían eran los repuestos de ruedas, una bomba de desagüe de 25.000 litros por hora y una larga lista de máquinas, herramientas y útiles.

Para el funcionamiento del taller se disponía de una máquina motora fija que precisaba de la nada despreciable cantidad de 131 metros de correas para hacer funcionar todas las máquinas del taller.

 

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Los talleres de la estación de Marina de la Torre en el año 2000.

 

Y hasta aquí este pequeño resumen de esta conocida (y a la vez muy desconocida) instalación emblemática de Garrucha. Es una pena que se hayan derribado todos estos viejos edificios de la estación, de la que tan solo queda la base del puente-depósito. Podemos ver los edificios perdidos en un reportaje de Barry Emmott en 2000 (http://www.majorcarailways.com/garrucha.htm).

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En 1922 la Unión Bedareña compró un tractor diésel de vía métrica fabricado por la casa Deutz y dotado de un motor de tipo C XIV F de 10 caballos de potencia. Este tractor de maniobras se utilizó para los movimientos de los 50 vagones y el coche de tracción de 10 asientos de los que disponía la Compañía. Posteriormente fue utilizada también en las obras del puerto de Garrucha, junto con otras de las locomotoras que se usaron en la línea de ferrocarril Bédar-Garrucha. Debido al ruido característico de su motor, este tractor se conoció popularmente como la CHIMPÚN. En la imagen, el tractor Deutz C XIV F de la Unión Bedareña cruzándose con una de las 030T Saint Léonard de la línea principal mientras arrastra dos vagones de mineral.

La mina Mulata de Bédar: fin de los trabajos de cartografía

Finalizados ya los trabajos en la mina Mulata, los dos geólogos franceses preparan ya el informe definitivo que será entregado al ayuntamiento de Bédar en el plazo de unas semanas.

 

Son varios proyectos de uso turístico los que se propondrán para esta mina, que presenta galerías irregulares e inmensas salas, cuya estabilidad aseguran diversos pilares. La particularidad de esta mina es que se encuentra muy cerca del núcleo de población de Bédar, por lo que facilita cualquier tipo de actividad que en ella se quiera realizar, ya sean espectáculos en sus enormes salas o bien en las enormes rozas a cielo abierto, especialmente en la conocida como roza del Indio.

 

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La mina fue explotada entre 1896 y 1927, aproximadamente. Gracias al esquema superior podemos hacernos una idea de la disposición de la mina con respecto a Bédar. Ésta ocupa el cerro en el que se encarama Bédar y que antaño estaba coronada por la antigua ermita de la Virgen de la Cabeza, que tuvo que ser derribada con el avance de las labores mineras. Las labores se realizaron en superficie por medio de dos grandes rozas o canteras, pero también se iniciaron trabajos subterráneos en una explotación en huecos y pilares.

 

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Bédar a finales del siglo XIX antes de que las labores en el cerro obligaran a derribar la ermita de la Virgen de la Cabeza, que se observa en el ángulo superior izquierdo de la fotografía.

 

Como el pueblo de Bédar bloqueaba una de las posibles salidas del mineral, para dar salida al mineral se excavó una galería a una cota inferior que conectaba los barrancos a ambos lados del túnel (representado en el esquema con un segmento del mismo), este es el túnel de transporte. A su paso por debajo de la roza del Indio, un pozo permitía su conexión.

 

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Galería inferior de transporte, medio inundada a día de hoy.

 

La roza más grande es conocida como “roza del Indio” y es fácilmente accesible por medio de un pequeño camino, permitiendo un acceso al complejo subterráneo, aunque para ello debería adecuarse, pue el paso es muy complicado.

Uno de las últimas visitas realizadas a la mina durante los trabajos ha sido la de los dueños del restaurante Miramar  (https://www.facebook.com/pages/El-Miramar/441517149263822) y la casa rural Los Castros (https://www.facebook.com/Alojamiento-Rural-Los-Castros-B%C3%A9dar-393312804199368/), dos reconocidos negocios de Bédar. Para que todos podamos compartir su experiencia, han grabado esta visita, dirigida por los geólogos franceses, sin duda unos guías de excepción.  Adjuntamos al inicio de este blog el enlace del video en Youtube, que aconsejamos vivamente visionar.

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La fotografía superior da una idea de la dimensiones de alguna de las salas de esta mina. Se encuentran en lo que podría llamarse la “Gran Sala”, justo delante de una vertiginosa trancada que lleva al nivel inferior de la mina.

 

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Dos pilares de sostén de la “Gran Sala”, uno de ellos no es más que una columna de mineral que se ha conservado sin explotar, detrás de ella, una columna rectangular de grandes dimensiones fabricada en mampostería.

 

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Esta fotografía es útil para apreciar las dimensiones del pilar de mampostería de la “Gran Sala” de la mina.

 

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En general, los huecos de explotación han dejado enormes salas de formas muy caprichosas.

 

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Thomas Pesenti y Maxence Regnault, los geólogos franceses que han llevado a cabo los trabajos de cartografía 2D-3D de la mina.

 

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El nivel inferior de la mina no es menos espectacular que el superior. Grandes salas de nuevo aseguradas por pilares de mineral y de mampostería de enormes dimensiones. En este punto observamos un tronco solitario. Aunque pueda parecer que está puesto como soporte del techo, no es en absoluto esa su función. Un tronco como éste sería totalmente ineficaz como soporte, además de estar junto a dos pilares de soporte. Realmente, estos troncos, que eran importados de Europa central, tenían como característica principal que crujían ostensiblemente antes de romperse, lo que daba tiempo a los mineros a ponerse a salvo. Cuando “la madera cantaba” más vale que se pusieran a salvo. El tronco de la fotografía lleva casi 100 años como testigo.

Como siempre, iremos informando de las novedades en cuanto a la evolución de este interesante proyecto.

 

Bédar: trabajos para la rehabilitación de la mina Mulata.

Entramos en la recta final de los trabajos de cartografía de la mina Mulata. A la espera de la elaboración de los planos definitivos y presentación de los proyectos turísticos más apropiados para esta mina, Thomas Pesenti y Maxence Regnault comienzan a facilitarnos numerosos datos y planos provisionales de la mina.

El estudio no se ha limitado a una simple cartografía 3D, se ha estudiado también desde un punto de vista geológico y mineralogico, identificándose las zonas seguras y las que hay que evitar por su inestabilidad o peligrosidad. También confirma que, contrariamente de lo que se podría pensar, las galerías no se encuentran por debajo del pueblo y que no hay  ninguna casa que haya sido construida enteramente sobre labores subterráneas. En el siguiente plano superpuesto en Google Maps podemos ver la extensión de estas galerías con respecto a la montaña:

 

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Los datos confirman la presencia de amplias salas bajo la montaña, apropiadas para diversas actividades turísticas y, posiblemente, a otras actividades económicas que pueden suponer un plus para la población. La red de galerías es caótica, tal y como lo hacía suponer la historia de esta mina, en los que se siguió una capa muy irregular de mineral de hierro.

 

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En las fotografías superiores, la sala principal de la mina Mulata, iluminada en ocasión de la visita del alcalde de Bédar, Angel Collado, junto a uno de los concejales y el policía local.

Otro de los objetivos era confirmar los datos tanto históricos como procedentes de la tradición oral que afirmaban la existencia de un túnel de transporte en la parte más baja de la mina que comunicaba los barrancos de la Fuentecica con el de la Cueva Oscura y que se utilizó para dirigir el mineral de hierro de La Mulata hasta el cargadero del ferrocarril.

 

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En la fotografía superior, la búsqueda de minerales en la pared de una de las galerías.

 

 

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Dicha galería de transporte se construyó en el emplazamiento de un antiguo punto de agua de la localidad, la Cueva Oscura. Esta galería, a la que por el momento solo se puede acceder por el interior de la mina, sigue recogiendo este agua. Para su exploración y cartografiado, los geólogos han tenido que improvisar un calzado impermeable que les permitiera pasar por la galería semi-inundada, como se observa en la fotografía superior.

 

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En la fotografía superior, sección de la galería inferior de transporte de la vía Mulata, con el curso de agua.

 

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Punto final del túnel de transporte de la mina Mulata. El trayecto se encuentra obstruido en el punto en el que se alcanzaba la tolva cónica que se encontraba en el barranco de la Fuentecica y que sería para transportar el mineral de otras minas adyacentes a la Mulata, en concreto la Segunda Mulata (el conocido como Pozo Plaza) y la mina Mozambique. Como se observa en la fotografía superior, la galería estaba reforzada con mampostería en este punto. La tolva fue completamente colmatada de escombros y tierra, que a su vez obstruyó la galería inferior al caer por la compuerta de carga.

 

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A la galería de transporte también conecta con este pozo, que se corresponde en superficie al pozo que se encuentra más o menos en el centro de la roza del Indio, y que se encuentra parcialmente obstruido. Fue utilizado seguramente para poder cargar el mineral de la cantera.

 

Trabajos de rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Llegado al ecuador de los trabajos en la mina Mulata, el equipo formado por Thomas Pesenti y Maxence Regnault, han avanzado bastante en los trabajos de cartografía y análisis geológico, a inicativa del Ayuntamiento de Bédar. Los geólogos reciben la ayuda de la representante de la asociación Bédar Sostenible, Ine Thijs, que nos ha enviado una serie de fotografías del trabajo que realizan en la mina. No queremos dejar de agradecer el apoyo de la Asociación Amigos de El Argar y a su presidente, Julián Pérez Flores, que ha hecho posible finalmente posible la realización de estos trabajos.

Gracias a Ine, podemos hacernos una idea del trabajo que, en estos momentos, se están realizando en el subsuelo de Bédar.

 

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Material utilizado por los geólogos en los trabajos de cartografía de la mina (Fotografía cortesía de Thomas Pesenti)

 

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Thomas Pesenti tomando notas sobre el plano (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnault y Thomas Pesenti recogiendo datos(fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Pilar de mineral dejado por los mineros. La explotación por “huecos y pilares” prevee el dejar estos pilares, normalmente del mismo mineral explotado, para asegurar la estabilidad de la explotación (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Otro de estos pilares en la mina Mulata (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Algunos de los huecos de la mina Mulata son de grandes dimensiones, lo que ofrece múltiples posibilidades como museo, sala de proyecciones o de exposiciones, son las “grandes salas” de la mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Fantástica fotografía realizada en el momento exacto en la que Thomas Pesenti saltaba desde una de las paredes de la galería (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnault descendiendo por la vertiginosa trancada que da acceso a la zona inferior de la mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Maxence Regnaul descendiendo por una de los varios desniveles que presenta esta mina. Nos da una idea de las dimensiones de los huecos (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

 

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Thomas Pesenti y Maxence Regnault analizando uno de los minerales presentes en esta mina (fotografía cortesía de Ine Thijs)

 

Seguiremos informando…

 

 

En marcha el proyecto para la rehabilitación de la mina Mulata (Bédar)

Desde la semana pasada, los geólogos Thomas Pesenti y Maxence Regnault, se encuentran estudiando la mina Mulata de Bédar. Durante todo un mes, se encargarán de cartografiar esta mina, estudiar su estructura geológica, los diferentes minerales que en ella se encuentra, evaluar la seguridad de la misma y elaborar los proyectos más adecuados para ponerla en valor.

 

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Noticia publicada en la Voz de Almería el sábado 9 de junio.

 

El ayuntamiento de Bédar, tras la compra de los terrenos en los que se encuentra esta mina, ha dado un paso importante en el desarrollo turístico del municipio, que posee importantes vestigios mineros en casi todo su término municipal.

El proyecto, con la ayuda de las asociaciones Bédar Sostenible y Asociación de Amigos de El Argar, cuenta con la colaboración de la Universidad de Lorraine, acuerda con algunos de los alumnos que cada año vienen a realizar un curso de campo la realización de estas estancias de puesta en valor del patrimonio minero. Gracias a esta colaboración se pueden realizar a precios muy razonables lo que de otra manera sería muy costoso, la principal dificultad para un pueblo pequeño como Bédar.

La elección de esta mina, la Mulata, se explica esencialmente por su cercanía al pueblo. Tras años de funcionamiento de la ruta minera de Bédar, con un éxito más que considerable, el Ayuntamiento pretende invitar a estos visitantes a visitar el pueblo con una oferta irresistible: la visita a auténticas minas de finales del siglo XIX, la mina Higuera y la mina Mulata.

 

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De izquierda a derecha, Rocío Jódar, Ine Thijs, Thomas Pesenti, Maxence Regnaul y José Ramón Muñoz, posando a la entrada de la mina Mulata.

 

La Higuera ya fue cartografiada y estudiada durante 2017, por un equipo también dirigido por Thomas Pesenti, estando situada junto al trayecto de la vía de senderismo. La combinación de ambas minas junto a la ruta de senderismo pueden resultar uno de los complejos turísticos más interesantes de toda la zona.

La mina Mulata se encuentra en uno de los lugares más icónicos, el cerro que preside el pueblo, lo cual supuso no pocas molestias para los bedarenses, es quizás por eso que esta antigua explotación se había casi olvidado. Sin embargo, una exhaustiva investigación nos ha permitido devolverla a la vida, aunque todavía quedan muchas incógnitas alrededor de esta antigua mina.

 

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Dos fotografías del interior de la mina Mulata, concretamente en la “sala” más grande de la mina, donde existen pasos elevados y estrechas trancadas que conducen a otros niveles de la misma.

 

Fue demarcada en 1873 por Gerónimo Abad, un comerciante y agente de minas de Almería. Junto a la mina El Negrito, creó una sociedad minera, que sería la que gestionaría esta mina hasta su caducidad, se trataba de la Sociedad Minera La Mulata y el Negrito”. Su propietario encargó un informe ingeniero Manuel Lacasa, cuya memoria resultó ser un auténtico folleto publicitario, en el que se destacaban las bondades de la mina y se exponían las condiciones de arrendamiento, es quizás la primera vez que se realizaba algo parecido. Manuel Lacasa estimó en más de un millón de toneladas de mineral de hierro, una cantidad nada despreciable.

Aunque no fue hasta 1896 que la mina fue preparada para su explotación a la vez que la construcción del ferrocarril que la sociedad minera de Chávarri había construido para llevar el mineral a Garrucha, se llevó a cabo cierta actividad minera, a la altura del barranco de la Cueva Oscura, de carbonatos de hierro, que se utilizaban como fundentes para reducir los plomos argentíferos de sierra Almagrera.

La verdadera historia de esta mina comenzó en 1896. La Mulata, arrendada a la sociedad propietaria por el marqués de Chávarri por mediación del vicecónsul inglés en Garrucha, George Pecket, que disponía de diversas minas en arrendamiento en Bédar. La Mulata era una de las dos principales minas, una de las más prometedoras y punto de partida de uno de los ramales del ferrocarril.

 

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Pilares dejados por los mineros para estabilizar el techo de la explotación.

 

Sin embargo, las cosas no serían para Chávarri. Las poderosas empresas mineras como la Chávarri Lecoq y Compañía estaban acostumbradas a manejar a su antojo los poderes políticos de la época. Sin embargo podemos decir que al marqués de Chávarri se le atragantó este negocio.

A pesar del trabajo que la industria minera podía aportar al pueblo, no todo discurrió como previsto. El director jefe de la sociedad, Manuel Figuera, se encontró con un problema análogo al de la mina Santa Catalina, en Serena, pues la parte habitaba limitaba mucho tanto las labores como la vía para transportar el mineral. Atrapado entre Bédar y la sierra (las Rellanas), Manuel Figuera optó por una solución análoga a la adoptada en Santa Catalina, con la construcción de un túnel inferior de transporte que daría fácil salida a los minerales contenidos en el cerro. A la vez, se inició el trabajo a cielo abierto en la cima del cerro, donde se ubicaban importantes masas de mineral. El túnel desembocaba en el barranco de la Cueva Oscura, pero hasta la cabecera del ramal de ferrocarril había un importante desnivel. Un plano inclinado permitiría bajar las vagonetas para cargarlas en el ferrocarril.

 

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Plano incluido en la memoria de Manuel Lacasa de 1873. Se aprecia la masa de mineral en el cerro además de los diversos yacimientos en el barranco de la Cueva Oscura.

 

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Acción de la Sociedad minera La Mulata y El Negrito.

 

No nos consta que se construyera ningún tipo de tolva para la carga en los vagones del tren (a diferencia de su mina melliza, Santa Catalina), por lo que seguramente se cargaba directamente en los vagones desde una plataforma de madera elevada. El plano inclinado, o plano de la Mulata, estuvo en funcionamiento hasta 1916, fecha en el que se desmanteló para construir una tolva cónica y un túnel (el túnel de la Palmera) que permitiría al ferrocarril acceder justo debajo de la salida de la Cueva Oscura.

Para llevar a cabo una explotación no bastaba con disponer de la concesión minera, debía realizarse la expropiación de los terrenos que se necesitaban. Esta expropiación era forzosa siempre que no se demostrara que la explotación del subsuelo sería beneficiosa, cosa harto difícil de demostrar.

Solo la explotación de la mina Mulata supuso la expropiación de 40 terrenos, la mayor parte buenos terrenos de regadío con árboles frutales, naranjos y parras, comprendiendo también 5 casas. El problema con las expropiaciones es que siempre surgían divergencias entre el precio por los terrenos que se iban a ocupar, lo que hacía que muchas veces estos expedientes se retrasaran mucho.

 

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Maxence Regnault durante los trabajos de cartografía de la mina.

 

Chávarri tuvo problemas no solo con los propietarios de los terrenos, también con los propietarios de las concesiones mineras. En especial alcanzó cierta fama el pleito con la sociedad propietaria de la mina Santa Catalina, pero también hubo problemas con los de la Mulata. Chávarri no estaba de nada contento con la calidad y distribución del hierro de estas minas, que a su parecer eran demasiado pobres y en poca cantidad, aunque eso no impidió que las explotara extensamente. Además, parte de la culpa era del mismo Chávarri, pues el deficiente el estrío del mineral (operaciones que se llevan a cabo para eliminar la ganga o impurezas del mineral) rebajaba mucho el valor del hierro exportado.

Además, el yacimiento de mineral de hierro no era tan regular como lo hacía presuponer las masas de mineral en superficie. Con numerosas zonas estériles, el trabajo subterráneo no fue nada fácil, con el desarrollo de galerías irregulares y explotaciones en huecos y pilares que buscaban las zonas más ricas.

 

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Panorámica del cerro de la Señora de Bédar, con las dos principales rozas (explotaciones a cielo abierto) y las numerosas bocaminas. Nótese la cercanía de Bédar a la mina.

 

Pero que los propietarios de la mina, que vivían en Almería, cobraran o no, a los bedarenses les traía sin cuidado. A parte del espinoso asunto de las expropiaciones, los trabajos en las canteras en el cerro, a escasos metros del pueblo, ocasionaban importantes molestias. Por lo general un minero hacía sonar una caracola para avisar a la gente del pueblo que empezaba la tira de barrenos, ante tal señal más valía ponerse a cubierto ante la eventualidad de que cayeran piedras, como sucedió en diversas ocasiones. Además, las vibraciones continuas debieron producir no pocas grietas en las casas.

También debió ocasionar gran disgusto el que se derribara la ermita de la cima del cerro, dedicada a la Virgen de la Cabeza. La progresión de la cantera obligó a derribarla. Como compensación, la sociedad minera hizo construir otra ermita no muy lejos.

Por otro lado, el supuesto beneficio al crear más trabajo para las explotaciones de Chávarri, tampoco fue lo que se esperaba. Las continuas paralizaciones de la actividad minera hicieron que el trabajo fuera muy irregular y precario.

Suponemos que todas estas dificultades son las que obligaron a la compañía a paralizar los trabajos de desmonte del cerro (es decir, el trabajo de las canteras) en octubre de 1897, despidiendo a un gran número de operarios que se ocupaban de esta explotación. Suponemos que su paralización se debió a todos los problemas que la cercanía de Bédar conllevaba, pues este tipo de explotación siempre es el más rentable para el explotador, lo cual seguramente no ayudó a mejorar el concepto que de ella tenía el marqués de Chávarri.

A partir de entonces las labores fueron siempre subterráneas, trabajándose en dos grandes socavones (bocaminas), el superior, a media altura del cerro, y otro más inferior. Todo el mineral era canalizado por medio de la galería de transporte inferior. Seguramente, de no haberse paralizado la evolución de esta mina, Bédar no tendría la misma fisonomía que hoy presenta, situada al lado de un enorme hoyo o, lo más seguro, viéndose obligada a buscar un emplazamiento menos peligroso.

 

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Ante la falta de documentos gráficos, podemos ver aquí una reconstrucción de como debió ser el plano inclinado de la mina Mulata. Ubicado en el barranco de la Cueva Oscura, el plano servía para salvar el desnivel existente entre la parte más alta, conocida como el Peraico y la parte más baja, llamada La Palmera. El plano solo contaba con un freno, un tambor montado en una estructura de mampostería que era frenado a voluntad por medio de un cable tensado que se controlaba desde un pequeño volante. Este freno permitía controlar la bajada de la vagoneta cargada (evitando que bajara muy deprisa y se estrellara), impulsando a su vez a una vagoneta vacía que subía. En funcionamiento era sencillo, el volante, dispuesto sobre una estructura parecida a una pera, hacía subir y bajar un tornillo central que, conectado a un cable, tensaba o destensaba el cable del tambor, al igual que los frenos de algunas bicicletas estáticas actuales. El volante del freno podía estar junto al tambor (como en el caso del plano de Santa Catalina) o en la parte baja del mismo (como ocurría con el plano de la mina Higuera). En este caso el volante del freno parece que estaba en la parte inferior, a tenor de las pocas noticias de época en las que se menciona este plano inclinado. Un operario se encargaría de estar atento al freno y regular el descenso de las vagonetas cargadas, mientras que otros dos operarios descargaban las vagonetas. No hay noticia de la existencia de tolvas de carga, por lo que seguramente los operarios descargaban las vagonetas en los vagones del ferrocarril por medio de una plataforma de madera elevada al pie del plano inclinado. No es probable que el plano fuera de doble vía, un pequeño desdoblamiento a mitad del plano permitiría el cruce entre la vagoneta que subía y la que bajaba.

Hoy en día, y como vestigio de este tumultuoso pasado, resta un cerro que más parece un queso de Gruyere, prácticamente hueco y manteniéndose gracias a varios pilares de mampostería que dejaron los explotadores.

Y hasta aquí este pequeño repaso histórico a la mina que hoy en día el Ayuntamiento quiere poner en valor. Seguiremos informando.