La cerámica esgrafiada del castillo de los moros de Bédar

 

CASTILLO

 

Volvemos a uno de los lugares más icónicos de Bédar, el castillico de los moros, para hablar esta vez sobre cerámica. Desde hace mucho tiempo, he visto aparecer pequeños fragmentos de una cerámica decorada en blanco y negro, con motivos a veces muy llamativos,  siempre procedentes del castillo roquero bedarense.

Como ya he comentado otras veces, en la época en la que los caminos hacia el castillo eran practicables, era un pasatiempo habitual entre los más pequeños el ir a la búsqueda de tesoros. Esto consistía básicamente en subir al castillo y hacer algún agujero. Como siempre surgía cerámica, a veces se recogía alguno como «trofeo» y, claro está, siempre se acababa perdiendo. Recuerdo haber visto bastante de esta cerámica, que ahora reconozco pero que por esos entonces no era más que una simple curiosidad pasajera que, por lo general, se quedaba donde se encontraba.

Con el tiempo, y al ir interesándome más por la historia de Bédar, empecé a fijarme más en estos fragmentos.  Por lo general, los muchachos perdían rápidamente el interés por los «tesoros» que encontraban. Otras veces yo mismo pude observar algunos fragmentos interesantes que habían caído por la pendiente del cerro, puestos al descubierto por la erosión y arrastrados por el viento, la lluvia o los animales, todos procedentes de la antigua fortaleza.

Hoy vamos a hablar un poco de estos fragmentos, en especial de los que guardo fotografías, aunque desafortunadamente es una pequeña proporción de los que he llegado a ver. Quiero advertir que quien escribe estas líneas lo hace desde la casi total ignorancia sobre cerámica medieval, así que toda rectificación o información adicional será más que bienvenida.

Así que nos encontramos con una serie de fragmentos de cerámica decoradas con una técnica mixta en la que se combina la pintura y la incisión. La pieza se recubría con una capa de óxido de manganeso, que posteriormente se rasgaba con un buril o con punzones para mostrar el color natural del barro o bien de una capa de engalba blanca o amarillenta que se aplicaba previamente. También se completaba la decoración aplicando el manganeso a modo de pintura.  Las pastas utilizadas eran generalmente calcáreas de color claro y de paredes finas, lo que contrastaba vivamente con el color negro del óxido de manganeso.

 

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Diferentes fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se observan diferentes tipos de decoración, motivos vegetales, rombos, rectángulos, triángulos a base de líneas paralelas, etc.

 

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Más fragmentos de cerámica esgrafiada procedente del castillo de Bédar mostrando diferentes tipos de decoración.

 

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Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se presentan básicamente líneas, la mayor parte pintadas.

 

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Uno de los fragmentos de cerámica esgrafiada más interesante. Se trata de un fragmento  del borde superior de, seguramente, una jarrita o  jarra. Presenta una decoración a base de una cenefa de espirales esgrafiadas superior junto a otros motivos de espirales. Nótese el parecido con otra cerámica del mismo tipo hallada en Cádiz. Además, parece presentar motivos pseudoepigráficos.

 

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Algunos de los fragmentos hallados parecen estar decorados con caracteres pseudoepigráficos (vocablos en cúfico ilegibles).

 

Cronológicamente, la cerámica esgrafiada se fecha entre la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII (desde el inicio del dominio almohade en la península), aunque hay formas más tardías atribuidas a los siglos XIV y XV, siendo algo más toscas y con menos desarrollo de la decoración, muchas veces limitado a la parte superior de jarritas y jarritos.

Este tipo de cerámica se extendió por el litoral mediterráneo occidental (desde Castellón hasta Cádiz) y el norte de África, aunque también aparece en zonas interiores de la Península Ibérica. Los centros de producción en su época de mayo esplendor (siglos XII y XIII) se encuentran en el área levantina y murciana. La producción de este tipo de cerámica fue desapareciendo conforme los reinos cristianos fueron avanzando hacia el Sur.

 

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Este curioso fragmento, correspondiente posiblemente al borde superior de una taza o copa, presenta una decoración con líneas paralelas y lo que parece escritura en cúfico, aunque puede tratarse de pseudoepigrafía o del algún otro tipo de decoración (¿triángulos?)

 

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Solo conocemos un fragmento con epigrafía clara. Pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra «AL-GHIBTA», o lo que es lo mismo «la dicha».

 

Este tipo de decoración esgrafiada se utilizaba especialmente para recipientes destinados a la contención, transporte y servicio de líquidos como el agua, siendo la jarrita la forma más habitual, aunque se pueden encontrar en otros tipos cerámicos, como jarras, tazas, tinajas, etc.

Los motivos decorativos son los habituales en este tipo de cerámica, encontramos motivos vegetales, geométricos y también epigráficos en cúfico o bien vocablos ilegibles (pseudoepigráficos). Entre los motivos geométricos encontramos espirales, cordones, puntos, reticulados de rombos, líneas paralelas y retículas cuadradas.

 

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Algunos fragmentos de cerámica del castillo de Bédar se pueden correlacionar fácilmente con la decoración típica de los alfares de la zona de levante. En este caso concreto, nótese el parecido de la decoración que presentan varios fragmentos con los de una jarra esgrafiada estilo almohade procedente de la Alcazaba de Almería (Muso de Almería). Esta jarra presenta una decoración dispuesta en bandas transversales independientes con una cenefa central de triángulos a base de un par de líneas paralelas zigzagueantes.

 

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Nótese también el parecido de la decoración hexagonal que presenta este fragmento de cerámica esgrafiada de Bédar con piezas de cerámica halladas en el Pozo de San Nicolás, en Murcia.

 

Este tipo de cerámica esgrafiada y pintada al manganeso no es muy abundante si la comparamos con otros tipos. De hecho se la considera como un tipo de cerámica de lujo, muy ligada a los recipientes para la contención y servicio de líquidos, es posible que se tratara de una cerámica de tipo ritual, para la ablución antes de la oración de los viernes.

Durante los siglos XIV y XV se produjo una nueva fase de producción de este tipo de cerámica, con motivos más descuidados, menor desarrollo del esgrafiado y más motivos pintados (líneas y motivos geométricos). Estas producciones están vinculadas a la influencia del imperio meriní, de origen bereber surgido tras la caída del imperio almohade (siglos XIII y XIV) y que  llegó a controlar algunas partes de Andalucía.

 

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Destaca la casi total ausencia de fragmentos de cerámica esgrafiada en la vecina fortaleza de Serena. Esto puede ser debido a que hace relativamente poco tiempo que se descubrió esta fortaleza. También se ha encontrado un pequeño fragmento de cerámica esgrafiada al manganeso en la antigua atalaya del cerro de la Cruz, que debió estar asociada a la fortaleza de Serena, vigilando el camino que la comunicaba con Bédar y también como forma de comunicarse con la fortaleza del pueblo vecino en caso de necesidad.

 

Se considera como un tipo de cerámica urbana, pues se encuentra especialmente en ciudades o pueblos grandes, pero también es posible encontrarla en fortalezas rurales, como es el caso de Bédar, aunque en mucha  menor cantidad. En la fortaleza de Serena está prácticamente ausente, solo conocemos dos pequeños fragmentos. También se conoce un pequeño fragmento procedente de la atalaya vigía que estuvo ubicada en el cerro de la Cruz.

Y hasta aquí este pequeño viaje al pasado y a esta interesantísima fortaleza de Bédar con un pasado todavía muy desconocido. Esperamos que sirva para dar a conocerla más entre los vecinos y todos los apasionados por la historia y la arqueología de nuestra tierra, y para que algún día se puedan realizar algún tipo de puesta en valor de estos elementos de nuestro patrimonio que puedan, además, repercutir positivamente en el potencial turístico de este bello pueblo.

Bibliografía:

-Las cerámicas esgrafiadas de Cádiz y la difusión de las producciones esgrafiadas en el suroeste peninsular y el magreb. Francisco Cavilla Sánchez-Molero.

-Producción y comercialización d la cerámica esgrafiada y pintada en el  ámbito del estrecho de Gibraltar. El caso de Ceuta. José Manuel Hita Ruiz y Fernando Villada Paredes. Almoraina 42, 2011.

-Cerámica esgrafiada: estado de la cuestión. Almudena Crespo Pascual. AAC12, 2001, pp. 353-370

 

La fundición Carmen de Bédar: estado de la investigación

Volvemos hoy a hablar de un elemento del patrimonio arqueológico industrial más notables de Bédar, la fundición Carmen. Su nombre era el de Carmen de Bédar y no Virgen del Carmen como hemos visto en algún lado.

No hay absolutamente ninguna documentación sobre esta fundición, al menos de momento. Tan solo sabemos que fue registrada en 1845 por Francisco Cano Torres en el paraje de la arboleja del Pino. Es casi seguro que estuvo ligada a una sociedad minera poco conocida, de nombre Alfonso Moreno y Compañía, que en esos años parece que desarrolló una intensa actividad tanto en el Pinar como en escoriales de plomo cercanos al pueblo.

 

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Barajamos la posibilidad de que la actividad de esta fundición se prolongara hasta 1848, en la que posiblemente fue completada con una estación de lavado de minerales para el aprovechamiento de escoriales procedente de unas concesiones registradas por Miguel Aduncín y José Giménez Peña. De esta manera, se recoge la instalación de un lavadero de nombre muy poco imaginativo (se llamó Lavadero), en febrero de 1848, a nombre del mismo José Giménez.

Sin embargo, no deja de ser una mera hipótesis que Lavadero fuera una ampliación de Carmen de Bédar, aunque es posible por las fechas. Lo que es seguro es que la actividad de esta fábrica no continuara más allá de 1848, de otra manera hubiera sido mencionada por Madoz en su obra.

 

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Imagen Google Maps de la fundición Carmen de Bédar.

 

Los restos de la fundición son en todo equiparables a las construidas en toda la zona a partir de 1841, tras la fiebre minera desatada tras el descubrimiento del Jaroso en sierra Almagrera. A diferencia de otras fundiciones más conocidas de la costa, la fundición bedarense ha pasado mucho tiempo desapercibida, creyéndose parte de las instalaciones que la todopoderosa Compañía de Águilas estableció a partir de 1885. Sin embargo, la vetusta fundición sobrevivió a esta agitada época de finales del siglo XIX. Poco faltó para que desapareciera definitivamente en 2004 víctima de las urbanizaciones, tal y como le pasó al desafortunado Lavadero Grande, pero se salvó casi milagrosamente.

Sin embargo, la fundición sigue amenazada por el abandono. Tampoco se ha respetado su entorno inmediato, que ha sido allanado como parte del ya obsoleto plan urbanístico de El Pinar. Pero si no se actúa rápido, tanto la chimenea como el inusual horno de cuba de la fundición pronto no serán más que recuerdos, amenazados como están por grietas que ponen en peligro su estabilidad estructural. Vuelvo a señalar a las autoridades competentes, y no sé cuantas veces van ya, que si no se apuntalan rápido estas estructuras, acabarán cayendo.

La fundición bedarense posee algunas características muy inusuales, si las comparamos con sus contemporáneas, características que nos ha llevado mucho tiempo analizar y comprender y que expondremos en el presente post, con ánimo de despertar el interés de las autoridades que han de conservar este importante elemento patrimonial de Bédar.

Nos ayudaremos para ello de una imagen de Google Maps donde hemos marcado las principales secciones de la fundición y donde hemos marcado la procedencia de los principales restos encontrados.

 

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Estructuras principales de la fundición Carmen de Bédar. En amarillo se representan los hornos de reverbero y de manga. En azul las conducciones hidráulicas, lavadero y depósitos. En naranja el pozo de extracción. En verde almacenes y oficinas. En rojo se indican la posición de diferentes artefactos hallados durante la investigación.

 

La primera de las estructuras que identificamos son las de fundición (A-amarillo). Es innegable la presencia de tres hornos de reverbero, con tres hogares paralelos que permitirían fundir el plomo en los hornos que habrían estado ubicados justo encima, en una sección que, por la presencia de restos de pilares, estuvo cubierta. De estos hornos no quedan más que algunos restos de ladrillos refractarios y algunas escorias de fundición.

 

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La chimenea de la fundición Carmen de Bédar lleva más de 150 en pie, pero el tiempo y el abandono pasan factura. Si no se toman medidas pronto, acabará cayendo la última chimenea de Bédar.

 

La evacuación de los humos, de toxicidad conocida desde antaño, eran conducidos por una pequeña galería de condensación de humos de 28 metros hasta la chimenea, ubicada en lo más alto de un pequeño cerro. Esta es la primera característica anómala de esta fundición. Aunque la chimenea se alejaba para evitar intoxicar a los operarios, las galerías de humos tenían otra función más práctica, pues eran la forma de recuperar el plomo que se encontraba en los humos. Por sublimación, el plomo se condensaba en las paredes de dichas galerías. Cuanto más larga era la galería, más plomo podía recuperarse. Es por eso que estas galerías eran lo suficientemente grandes como para permitir el paso a un hombre, siendo a veces muy largas y sinuosa para maximizar la recuperación del preciado metal.

 

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Galería de humos de la fundición Carmen de Bédar. Con 28 metros de largo y apenas 1 metro de ancho por 72 cm de alto, no permitía la recuperación de plomos sublimados y alejaba a duras penas los humos tóxicos de la fundición, priorizando del tiro de los hornos para el ahorro de combustible.

 

Sin embargo, cuanto más larga era la galería, menor era el tiro del horno y más combustible se precisaba para la fundición (en el caso que nos ocupa, carbón coke inglés). Esta corta galería, que además era de muy pequeñas dimensiones (imposible que un operario pudiera pasar por dentro para recuperar el plomo sublimado) indica que la prioridad era el ahorro de combustible. No es nada raro, pues la lejanía relativa del puerto de Garrucha debía suponer un gasto de transporte que no debía ser compensado por el plomo recuperado en dicha galería. Recordamos la presencia de preocupantes grietas que amenazan con acabar con la última chimenea de Bédar.

 

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Hogares de los hornos de reverbero de la fundición Carmen de Bédar. Posteriormente fueron rehabilitados como vivienda (precaria) de los mineros partidarios que, para la Compañía de Águilas, extraían y lavaba el mineral de plomo de los agotados criaderos.

 

Otro aspecto  muy curioso el extraño y artístico horno de cuba o de manga (B-amarillo), de unos 10 metros de altura, ubicado en uno de los extremos del complejo. Estos hornos se utilizaban para tratar minerales de segunda, por estar muy oxidados o contener muchas impurezas, o bien para tratar los residuos procedentes de los hornos de reverbero, que podían contener todavía una cantidad aprovechable de plomo. En todo caso la identificación de esta estructura fue complicada hasta que descubrimos la abertura inferior típica de este tipo de hornos, del mismo tipo que las conocidas «caleras» muy utilizadas en la zona. Este horno único por su curiosa construcción también está amenazado por preocupantes grietas que ponen en riesgo la estructura.

 

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Estado actual de la curiosa parte superior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. Si no se actúa pronto, la estructura corre el riesgo de hundirse.

 

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Interior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. en la parte inferior se aprecia la abertura típica de este tipo de hornos y que identifica a esta estructura como tal.

 

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Esquema de la ubicación del horno de manga y del pozo en la fundición Carmen de Bédar.

 

En azul hemos representado todas las canalizaciones y estructuras que, sin lugar a dudas, denotan la existencia de un lavadero en esta fundición (C, D y E azules). Las instalaciones se pueden dividir en un sistema de aporte de agua, representado por una serie de acequias y pequeños depósitos de almacenamiento que se dirigen sin duda alguna desde alguna zona desconocida ubicada en la actual urbanización (posiblemente un pozo), hasta la fundición. Dentro de la fundición se aprecian restos de acequias que permitían llevar el agua hacia una estructura formada por muros paralelos donde estaba instala algún tipo de lavadero mecánico, hay que destacar la presencia de una muesca en la que estaba instalado algún tipo de mecanismo rotativo. El Hallazgo de unas placas perforadas de 8 milímetros (b-rojo) deja pocas dudas sobre la existencia de este lavadero.

En tercer lugar, había otras acequias que llevaban el agua resultante hacia unos pequeños depósitos de decantación, sistema habitualmente utilizado para poder recuperar las pequeñas partículas de plomo que hubieran podido quedar tras el proceso de lavado.

La presencia de estos depósitos de decantación hemos podido demostrarla mediante una pequeña cata en la zona indicada en azul en el plano, llegando hasta la base de una de ellas, que por lo demás estaba impregnada de partículas de plomo. El hallazgo de una pequeña bomba de agua (a-rojo) así como de diferentes elementos metálicos (c-rojo) confirma la existencia de un sistema de control del agua en estos depósitos. Dada la presencia de los restos de una acequia que parece dirigirse a la zona delante de los hornos de reverbero, es muy posible que hubiera más depósitos de decantación en esa zona.

 

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Esquema del lavadero con restos de acequias de la fundición Carmen de Bédar.

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Chapa perforada de 8 milímetros, parte del sistema de cribado del lavadero. Hallada en el punto b-rojo, en la zona donde estuvo ubicado uno de los depósitos de decantación.

 

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Bomba de agua encontrada en el punto a-rojo. La presencia de este elemento concreto indica la presencia de un lavadero mecanizado, lo que comporta que necesariamente estuvo dotada de algún tipo de máquina de vapor.

 

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Diferentes elementos metálicos encontrados en el punto c-rojo. Podría tratarse de restos de la maquinaria utilizada para accionar el lavadero de la fundición.

 

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Pieza de hierro fundico hayada en el punto d-rojo. Provista de una perforación central, es de función desconocida, posiblemente algún componente de la maquinaria de los lavaderos de la fundición.

 

También es a destacar la presencia de un pozo de explotación minero, con restos que indica que estuvo dotado de un pequeño castillete de explotación, movidos por un pequeño motor o torno. Está marcado en el plano con la G-naranja. La instalaciones de esta fundición cuenta con todos los elementos propios del proceso de extracción, lavado y fundición de mineral, algo que la diferencia de otros establecimientos similares, solo dedicados a la fundición y, más raramente, al lavado del mineral cuando éste no llegaba lo suficientemente limpio.

 

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Pozo ubicado en la fundición Carmen de Bédar. En el interior se pueden ver diferentes niveles en la explotación

 

Finalmente, no podría faltar algún tipo de edificio de almacén y oficinas. El marcado como G-verde debió ser el almacén para guardar el valioso mineral ya procesado. El edificio disponía de dos puertas paralelas y una sola ventana, justo al lado de las instalaciones de la fundición. Prudentemente alejada de las instalaciones (y de su tóxico producto) se encuentra otra edificación H-verde, sin duda algún tipo de oficinas o alojamiento del director de la fundición.

 

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Entorno degradado alrededor de los restos de la fundición Carmen de Bédar.

 

Un estudio más pormenorizado sin duda depararía más sorpresas sobre el funcionamiento y origen de esta fundición, así como de la misteriosa compañía minera Alfonso Moreno y Compañía, exponente de un periodo de la minería de Bédar muy poco conocida.  Mientras tanto, exhortamos a las autoridades competentes a tomar las medidas necesarias para evitar su deterioro, siendo urgente el apuntalamiento provisional de las estructuras mencionadas, a la espera de poder aplicar otras medidas que permitan evitar su colapso, como por ejemplo los cerclajes metálicos usados en muchas chimeneas antiguas.

 

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Reconstrucción artística del aspecto que debió tener la fundición Carmen de Bédar cuando estuvo en funcionamiento a mediados del siglo XIX. Una de las fundiciones más singulares del siglo minero almeriense.

Asociación Amigos de El Argar: presentación de su nueva página web

Presentamos hoy lla nueva página web de la Asociación Amigos de El Argar . Tras varios años alojada en nuestro Faro de Bédar, la AAA por fin inaugura su propio sitio, incluyendo una sección blog en la que se irán publicando todas las noticias de interés e información sobre las diferentes actividades de la asociación.

https://amigosargar.com/blog/

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De la misma manera, se pone en marcha el sitio Facebook (@amigoselargar) de la asociación, que se hará eco de todos las noticias del blog.

 

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La creación de estas herramientas en las redes sociales era algo necesario para una asociación que aspira a promover la excavación arqueológica, puesta en valor y musealización del importante lugar arqueológico de El Argar, en Antas, a imagen de los importantes trabajos ya realizados en La Bastida y en La Almoloya, en la vecina Murcia (http://www.la-bastida.com/LaBastida/):

 

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No es aceptable que en Almería todavía no se haya ni siquiera iniciado un proyecto de las mismas características, debido en gran parte a una falta de reactividad de nuestros políticos ante un proyecto que debería ser uno de los principales atractivos turísticos para toda la comarca del levante almeriense.

No olvidamos tampoco el proyecto de la Confederaciones de municipios de la cultura de El Argar, que ya cuenta con la adhesión de municipios como Totana, Turre, Antas, Cuevas y algunos municipios de Granada.

 

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En Almería, ante la dejadez de los responsables políticos, es la AAA la que anima y promueve todas las actuaciones orientadas a la puesta en valor y excavación arqueológica de los yacimientos de la provincia. No olvidamos tampoco la importante tarea de dar a conocer a todos los vecinos de los diferentes municipios la importancia de los yacimientos de la cultura de El Argar que, muchas veces, se ubican a muy poca distancia de sus propios domicilios. Para ello llevan promoviéndose desde 2015 varias conferencias, siempre impartidas por especialistas de la materia. Todas estas actividades se llevan a cabo con el esfuerzo de los miembros de la AAA, sin subvenciones ni otras ayudas públicas, incluyendo la actual web y página de facebook que presentamos hoy.

 

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En realidad, no se trata tan solo de rescatar del olvido y del expolio nuestro importante patrimonio arqueológico, se trata también en utilizar estos recursos como motor para el desarrollo turístico de nuestra comarca, tan falto de iniciativas económicas que nos ayuden a salir de la situación de crisis en la que se encuentra la comarca. No es, por tanto, un problema solo de los municipios en cuyos términos se encuentran estos yacimientos, es un problema de todos. Es nuestro futuro.

 

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Cadima (Los Gallardos), villa romana de la Bética

Algo realmente no funciona cuando la gente no se preocupa de proteger su patrimonio histórico y arqueólogico, y algo falla cuando es incapaz de ponerlo en valor y sacar el beneficio que en otros lugares sí que son capaces de obtener.

Da un poco de envidia ver como en otros lugares, no muy lejos de aquí, se lucha por poner en valor y explotar turísticamente este patrimonio. Sin más lejos la asociación ASBA de Totana y el importante yacimiento argárico de La Bastida (https://www.facebook.com/AsbaDeTotana/), pese a las trabas que se encuentran por el camino. Aquí, en Almería, a pesar de los importantes esfuerzos por parte de asociaciones como la AAA (Asociación Amigos de El Argar, https://farodebedar.com/asociacion-amigos-de-el-argar/), no hay nada hasta el momento realizado en los importantes yacimientos de El Argar de Antas, que no tienen nada que envidiar a los de La Bastida.

 

 

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Excavaciones arqueológicas en Cadima, Los Gallardos

Podría decirse que la culpa es de los políticos, y no nos equivocaríamos, solo falta ver las declaraciones ridículas al respecto por parte de varios diputados de la Comisión de «Cultura» de la Junta de Andalucía (ver https://farodebedar.com/2016/10/12/que-verguenza-de-politicos-el-argar-despreciado-por-los-diputados-del-psoe/). Pero también no se puede negar la falta de interés por parte de los vecinos, que aun siendo los mayores interesados en que todo esto se ponga en valor, muchas veces ni conocen la importancia de lo que puede que tengan a escasos metros de sus casas. Si los vecinos no presionan a sus respectivos representantes políticos, nunca se conseguirá nada, al fin y al cabo somos nosotros los que, con nuestros votos, los ponemos donde están.

Aunque el yacimiento de El Argar es uno de los más importantes desde el punto de vista arqueológico, comparable al de La Bastida, y a pesar de los esfuerzos de la AAA y de su presidente Julián Pérez Flores, hay muchas dificultades para que la gente tome conciencia de la importancia de estos yacimientos. Pese a que los políticos locales de Antas parecen entender que es algo que no puede esperar más, se encuentran a su vez con el bloqueo resultante de las habituales luchas entre grupos políticos, llegando en ocasiones a escucharse justificaciones absurdas para ocultar lo que no es más que la eterna lucha por mantenerse en el poder. La correcta gestión de los bienes públicos es, como pasa casi siempre, la última de las prioridades.

El tema de Los Gallardos y de su yacimiento romano es un ejemplo claro de este desinterés tan típico de esta comarca del levante almeriense. En este mismo blog llevamos desde hace tiempo recopilando y estudiando decenas de hallazgos numismáticos procedentes de esa zona. Históricamente ya se hablaba de este tipo de hallazgos, por lo general de agricultores que hallaban pequeños bronces durante la labranza, como es el caso de lo que se cuenta del labrador llamado Jacinto, que llegó a acumular una medida de celemín de estas monedas (Turre. Historia, Cultura, Tradición y Fotografía, coordinada por Juan Grima).

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Denario del emperador Caracalla. Por los títulos de «Trib. Pont» y «Consulado» se puede datar de forma exacata en el año 216 d. C. En el reverso repreenta a Júpiter estante, portando cetro y rayo. Cadima (Los Gallardos)

 

Precisamente ilustramos este post con algunas de las últimas monedas estudiadas procedentes de este yacimiento y que conocemos gracias a las fotografías aportadas. Creemos que el gran número de hallazgos de los últimos años está muy relacionado con los movimientos de tierra efectuados tanto por las obras del AVE como por las mismas excavaciones arqueológicas, por no contar por las continuas roturaciones de terreno y obras agrícolas que sin cesar se realizan sobre la zona.

Siendo del emperador Caracalla la moneda más antigua (216 d.C.) y la de Arcadio la más reciente (392-395 d.C.), el grupo de monedas comprende casi dos siglos, uno de los periodos de mayor desarrollo de esta villa romana de Cadima. Del casi centenar de monedas estudiadas por diferentes aportaciones fotográficas, la mayor proporción corresponde al emperador Constancio II (por motivos que ya explicamos en otros posts), con una importante proporción también de monedas «Divo Claudio», imitaciones bárbaras de monedas oficiales.

Llevamos, de la misma manera, comentando el hecho de las actuaciones y excavaciones arqueológicas realizadas en 2009 y 2010, en relación con las obras del AVE en el tramo Vera-Los Gallardos. Estas excavaciones, que pudieron ser contempladas por algunos gallarderos y en algunas excursiones de colegios, fueron luego convenientemente cubiertas para su protección (como es habitual), a la espera de nuevos estudios o de una puesta en valor para poder ser mostradas al público.

 

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Antoniniano de vellón de la emperatriz Herennia Etruscila, mujer dle emperador Trajano Decio (249-251 d.C.). En el reverso, la Modestia sedente con la leyenda «PVDICIA AVG.» Cadima (Los Gallardos)

 

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Antoniniano del emperador Galieno del 265 d. C. En el reverso Esperanza estante a la izquierda con la leyenda «SPES PUBLICA». Cadima (Los Gallardos)

 

Pues bien, desde entonces hemos hablado bastante de Cadima y no lográbamos dar con ningún informe o publicación al respecto. Tan solo referencias a un artículo sobre el torcularium (prensas de aceite) de Cadima que, todavía, no hemos podido leer. No ha sido poca nuestra sorpresa descubrir que, en realidad, un artículo al respecto ya fue publicado en 2016 en un libro de nombre «Las villas romanas de la Bética», coordinado por Rafael Hidalgo Prieto y publicado en Sevilla en 2016.

Esta publicación, muy especializada, no es fácil de encontrar para los que no estamos en medios académicos, y en todo caso estamos muy seguros de que no es prácticamente desconocido para la mayor parte de los vecinos de Los Gallardos. El libro en sí es una verdadera maravilla para los que nos gustan estas cosas, y no solo nos referimos al apartado de Cadima, que junto a otro yacimiento en Chirivel, son los dos únicos que aparecen en esta publicación en Almería.

 

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Acuñación bárbara imitando moneda oficial de Claudio II Gótico, posterior al 270 d.C. En el posterior, Altar y leyenda «CONSEGRATIO». Cadima (Los Gallardos)

 

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Follis del emperador Constantino I, acuñada en el 315-316 d.C. en Arelate (Gallia Narbonensis). En el reverso, Sol estante a izquierda portando globo, leyenda «SOLI INVICTO COMITI». Cadima (Los Gallardos)

 

Sin embargo algo falla, a la falta de interés de los que deberían estar verdaderamente interesados se suma la casi nula difusión de este tipo de trabajos, que por lo general queda limitado a círculos académicos muy especializados. Es muy importante poder hacer accesible esta información en las zonas más o menos inmediatas a los yacimientos, en un lenguaje comprensible y evitando los tecnicismos propios de la profesión. ¿Quién realiza este trabajo? Absolutamente nadie. Es por eso que son vitales iniciativas como la AAA sobre el Argar o la ASBA de Totana, cuya principal labor es la de divulgación de toda esta información.

 

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Medio centenional del emperador Constancio II, acuñada en Arelate (Arlés) en el 333-335 d.C. Reverso «GLORIA EXERCITVS», con dos soldados estantes y entre ellos dos estandartes.

 

 

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Pasando a cosas prácticas, quien esté interesado en adquirir el libro, solo tiene que buscar «Las villas romanas de la Bética», tomos I y II. Puede adquirirse por aproximadamente 70 euros en diversas librerías de internet. El artículo sobre Cadima es especialmente interesante y, creemos, bastante accesible al público en general, aunque no deja de ser un reporte arqueológico, centrado en la fase romana, con fundación en la época flavia (siglo I d.C.) y con persistencia hasta su abandono a finales del siglo IV, con una fase tardorromana y otra islámica en los siglos X-XI (que no se trata en esta publicación).

 

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Fracción de centenional del emperador Arcadio, acuñada en la oficina cuarta de la ceca de Antiochia (Syria) entre el 392 y 395 d.C. En el reverso, «SALVS REIPVPLICAE». Presenta una Victoria en marcha a la izquierda, portando globo y arrastrando un cautivo.

 

 

Castillico de los moros (Bédar): amuleto de plomo con hexalfa

Hoy, cuando hace ya unos días que se ha empezado a grabar en Bédar un programa de «Este es tu pueblo», de Canal Sur, vamos a centrarnos en uno de los hallazgos más interesantes procedente del castillico de los moros de Bédar tras la moneda resellada que comentamos en un post anterior.

Los amuletos son objetos de uso personal destinados a proteger de las fuerzas malignas. Se han usado en todos los pueblos y épocas. El pueblo andalusí no fue una excepción. En su gran mayoría estaban realizados en plomo, pues era un material abundante y fácil de trabajar. En el mundo religioso islámico los amuletos y talismanes fueron profusamente utilizados, aunque con un marcado carácter popular, pues eran rechazados por la heterodoxia religiosa. Para algunos autores, estos amuletos circulares seguirían la tradición marcada por el Picatrix (Gayat al-hakim), un grimorio mágico compuesto en el siglo XI, en el que se describen las técnicas para construir talismanes y amuletos, que incluyen varios rituales como la realización de rezos y la aplicación de diferentes productos, con el fin de acumular en el mismo las fuerzas naturales y sobrenaturales necesarias para cumplir su función protectora.

 

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Amuleto de plomo del castillo de Bédar. Se encuentra muy deteriorado y presenta tres agujeros practicados para poder reutilizarlo una vez quedó inservible el enganche superior. A pesar de su estado, se aprecia el sello de Salomón en uno de sus lados y parte de las inscripciones del otro, que permiten identificar la sura CXII del corán, la más utilizada en este tipo de objetos.

 

La mayor parte de este tipo de amuletos que se conocen proceden de colecciones particulares y se desconoce su origen arqueológico. Es ahí donde radica el interés de este amuleto, pues sabemos que procede del castillo de Bédar o sus inmediaciones, al parecer hace ya tiempo y que gracias a una serie de fotografías hemos podido analizar.

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Reconstrucción del castillico de los moros de Bédar tal y como debió ser antes de su destrucción por las tropas de los Reyes Católicos en 1488 tras la entrega de la plaza por El Macarche.

 

Se trata de un amuleto monetiforme realizado a molde, en relieve y por ambas caras. En una de sus caras se aprecia una inscripción, la sura CXII del Corán, un resumen del credo islámico en el que se hace mención a la unicidad de Dios, una fórmula muy utilizada también en monedas y en la arquitectura. Vendría a decir: «Di: Él es Dios Único, Dios Eterno, no engendró ni fue engendrado, y no hay otro semejante a Él.» De hecho, es la leyenda más utilizada en este tipo de objetos.

Por el otro costado presenta una estrella de seis puntas, una hexalfa o sello de Salomón. Se utiliza para protegerse del mal de ojo, sobre todo si está rodeada por un círculo, lo que es el caso. Es un símbolo antiguo ya usado en Mesopotamia y en la India, asociado desde la Edad Media con el rey David. En el Islam está asociada con Salomón, estando muy extendida la creencia de que este símbolo le servía par doblegar a los genios o demonios (yins). Es un símbolo muy utilizado y en los amuletos se solía combinar con leyendas religiosas, siendo su poder protector mayor si se representa rodeado de un círculo.

 

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El amuleto de Bédar es similar a otros descritos, aunque de procedencia desconocida. En concreto hay que destacar el parecido con este otro amuleto de plomo descrito en un formo de identificación numismática (OMNI:  http://www.identificacion-numismatica.com/t5547-amuleto-hispano-musulman). La orla rallada es muy similar en el reverso. El anverso presenta un sello de Salomón muy similar, aunque difiere en la orla, que es rallada mientras que en el de Bédar presenta una triple línea, con una leyenda central («al-mulk lillah» -el poder es para Dios-) y seis flores de loto esquematizadas (antiguo signo que simboliza la pureza y la vida eterna) en los ángulos de la hexalfa, que están ausentes en la de Bédar. Aunque no se aprecia muy bien debido a una grieta, el plomo de Bédar parece que representaba un circulo con un punto. en su parte central, aunque no se puede descartar otros motivos.

 

El amuleto de plomo hallado en el castillico de Bédar se encuentra en bastante mal estado, lo que no impide apreciar, aunque con dificultad, los diferentes elementos del mismo, tratándose de un tipo de amuleto muy parecido a otros, mucho mejor conservados. Originalmente presentaba un enganche en su parte superior, del que queda un vestigio, pero posteriormente fue perforado, de una forma un tanto brusca con dos agujeros, seguramente para poder reutilizarlo. Un tercer agujero fue necesario al resultar inútil uno de ellos, demasiado cerca del borde.

En cuanto a la datación, se trata de un asunto difícil. Su hallazgo en el castillo de Bédar tampoco ayuda en exceso, pues se desconoce exactamente cuando se construyó. Se tiende a datarlos en función del tipo de cúfico utilizado, por lo que podría corresponderse al siglo XI, y en todo caso, anterior a la época de la que datan la mayoría de restos conocidos hasta ahora de este castillo (salvo la ya mencionada moneda resellada), con cerámica esgrafiada al manganeso típica de la época almohade-nazarí. Este pequeño amuleto de plomo retrasa la datación del castillo, siendo contemporáneo a las pinturas de la Balsa Alta, cercanas a éste.

Cadima (Los Gallardos): un poblado hispano-musulmán del siglo XI

Uno de los aspectos más desconocidos de los importantes yacimientos arqueológicos en Los Gallardos es la presencia de vestigios de un asentamiento de época islámica, ocupando parte de la antigua «villae» (o puede que «municipium«, dada su importancia) del paraje de Cadima.

Realmente hay muy poca información publicada a este respecto. Las escasas referencias a la existencia de poblado de época hispano-musulmana en Los Gallardos provienen de los datos relativos a la excavación de emergencia realizada en Cadima por la empresa Gipsia en 2009-2010, estudio que no nos consta que haya sido publicado todavía. En este estudio se afirma que en época islámica se instaló sobre en la ubicación que antaño ocupara la villa romana conocida como “Cadima” una necrópolis de los siglos X-XIII, utilizándose algunos espacios como vertederos y un posible hogar.

Ante la escasa información existente, vamos a hablar en este post de una serie de hallazgos casuales que hemos podido documentar por medio de fotografías aportadas. Tras una pequeña investigación y gracias a los datos aprotados por los descubridores, hemos podido identificar su procedencia en una zona muy concreta y delimitada en el yacimiento de Cadima, en Los Gallardos. Desgraciadamente, actualmente la zona es prácticamente irreconocible debido a las continuas roturaciones agrícolas, que dañan sin duda cualquier resto superficial que pueda encontrarse, como ocurrió no hace mucho en el también importante yacimiento romano de Roceipón, en Vera.

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Ponderal de dinar (3,7 gr de peso). Presenta tres veces repetida la leyenda «LA JUSTICIA ES DE DIOS» por ambas caras. Cadima, Los Gallardos.

En concreto contamos con nueve fragmentos de dirham y un ponderal de dinar. Aunque de muy escaso valor desde el punto de vista de rareza (salvo una de ellas), el conocimiento de su lugar de procedencia las convierte en objeto de gran interés para aproximarnos más a lo que pudo ser una villa asentada en esta zona en los siglos X y XI. El hecho de que se trate de pequeños fragmentos recortados, indica que se trata de moneda muy circulada, pues recortar la moneda era una forma habitual de convertirla en moneda fraccionaria, ya que lo importante era el peso en plata. La presencia del ponderal refuerza la idea de un mercado, ligado seguramente a una pequeña población hispano-musulmana en lo que fue anteriormente una villa romana.

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Abd-al-Rahman III (Califato de Córdoba). Fragmento de dirham correspondiente a la zona central. 0,4 gr. 915-916 d.C. Cadima, Los Gallardos.

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Hisham II. Califato de Córdoba. Fragmento de dirham de 0,31 gr. Muestra parte de la orla con la fecha de acuñación 38?. 990-998 d.C. Cadima, Los Gallardos.

Dos de los fragmentos corresponden a dirhams de época del Califato de Córdoba (siglo X, Abd al-Rahman III y Hisham II). El hecho de encontrar estos dos fragmentos no significa necesariamente que el asentamiento del que proceden sea de esta época (siglo X). Tras la descomposición del Califato con la fitna (guerra civil) en el 1009, tras deposición de Hisham II. En el desorden que siguió, muchos territorios se fueron independizando, entre ellas la de Almería. La moneda del califato se siguió utilizando tras su desaparición. El valor de la moneda andalusí lo daba su peso en plata, y las emisiones que efectuaron las taifas fueron por lo general de peor calidad, no es extraño que se siguiera utilizando la moneda de origen califal.

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Abd al-Aziz. Taifa de Almería anexionada al reino de Valencia. Fragmento de fracción de dirhem de 0,7 gr. Acuñada a nombre del imam Hisham, se indica en su cara IA IC el título de «Al-Nasir». 1038.1039 d.C. Cadima, Los Gallardos.

Tras la muerte del régulo de la taifa de Almería, Zuhayr, los notables de Almería ofrecieron el reino al rey de Valencia, Abd al-Aziz al-Mansur. Los nuevos reyes tenían que legitimizar, de alguna manera, su ocupación del poder. Precisamente una de las prerrogativas de los soberanos era la de poder emitir moneda a su nombre, por lo que se la emisión de moneda se convertía en una forma de legitimarse en el poder. Para ello siguieron diferentes estrategias, la seguida por Abd al-Aziz fue la de reconocer a un falso Hisham II impuesto por el rey de la taifa de Sevilla, lo que no les obligaba a nada en la práctica.

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Abd al-Aziz, taifa de Almería anexionada al reino de Valencia. Fracción (divisor) de dirham recortado de vellón, 0,8 gr. Desgraciadamente está recortada precisamente por donde indica el nombre del imán, que debe ser Hisham, aunque por su tipología se trata con bastante seguridad de una de las emisiones de este rey. 1007-1061 d.C. Cadima, Los Gallardos.

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Abd al-Aziz. Taifa de Almería anexionada al reino de Valencia. Fracción (divisor) de dirham recortado, vellón, 0,59 gr. En cara IIC «(EL IMAN) HISHAM». 1007-1061 d.C. Cadima, Los Gallardos.

Abd al-Aziz nombró como gobernador de Almería a su hijo, Abd Allah al-Nasir. Sin embargo, Abd Allah al-Nasir murió muy rápidamente, antes de que pudiera dejar rastro como gobernador de la taifa. Es por eso muy interesante el fragmento de fracción de dirhem de Los Gallardos en el que se menciona precisamente su título de «al-Nasir», siendo una moneda completamente inédita, con el añadido de conocer su origen, algo nada habitual en muchas monedas conservadas en diferentes colecciones.

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Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería. Fragmento de dirham de vellón, 2,4 gr. En IA  «NO DIOS SINO DIOS» y en IIA «MAHOMA EL ENVIADO DE DIOS».  1041-1051 d.C. Cadima, Los Gallardos.

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Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería. Fragmento de un dirham de vellón del mismo tpo que la anterior, 1,28 gr. 1041-1051 d.C. Cadima, Los Gallardos.

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Man ben Muhammad ben Sumadih. Taifa de Almería, fragmento (divisor) de dirham recortado de vellón, 1,09 gr. Variante con adornos (luna creciente y punto) de la fracción de dirham de plata baja con las inscripciones centrales s IA «NO DIOS SINO (DIOS)» y IIA «(MAHO)MA ES (EL ENVIADO) DE DIOS» Según Vives 1040 y Prieto 354 (Las monedas fraccionarias de los reinos de Taifas. Rafael Frochoso Sánchez y Antonio Medina Gómez. NUMISMA N. 242, P. 81). Cadima, Los Gallardos.

Tras la muerte de Abd Allah, Abd al-Aziz nombró como gobernador a su cuñado Man ben Muhammad ben Sumadih el año 1041, que no tardó en proclamar su independencia aprovechando una rebelión contra el rey de Valencia. Nacía así la dinastía de los banu Sumadih. En sus emisiones monetarias, Man ben Sumadih no siguió la estrategia de reconocer al falso Hisham, ni hizo aparecer su nombre, como hicieron otros reyes de Taifas. Simplemente no hizo constar nombre alguno, solo las leyendas religiosas habituales.

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Muhammad al-Mutasim «Almotacín». Taifa de Almería, dirham de vellón de procedencia desconocida (colección particular). En la moneda aparece el título del rey.

Man ben Sumadih reinó en paz durante diez años, sucediéndole su hijo, Muhammad al-Mutasim. De este periodo hay tres fragmentos de moneda, dos fracciones de dirham y una curiosa fracción de dirham recortada, una variante con adornos de una moneda ya clasificada por Vives y Prieto.

Al-Mutasim reinó hasta el año 1091, pero no hay ninguna fracción de este rey entre los fragmentos procedentes de Cadima. Durante el reinado de Al-Mutasim el territorio de la taifa quedó limitado al final al norte por el Almanzora y los Filabres, presionado por sus poderosos vecinos, la taifa de Granada y la de Sevilla. En torno al año 1054, Al-Mutasim pierde el control de la zona de los Vélez, a cargo de al-Mutamid de Sevilla. La frontera retrocede hasta el Almanzora.

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Pendiente de bronce medieval de Cadima (Los Gallardos)

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Fragmento de contera medieval de espada, Cadima (Los Gallardos)

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Punta de flecha medieval, Cadima (Los Gallardos)

 

Cuando el rey de Valencia, Abd al-Aziz muere en 1061, le sucede su hijo Abd al-Malik. Este momento es aprovechado por Al-Mutasim, con la ayuda de Badis, el rey de Granada, para intentar arrebatarle la fortaleza de Vera, que al parecer se mantenía fiel al rey valenciano, pero no pudo conseguirlo al ser socorrido Abd al-Malik por las tropas del rey de la taifa de Toledo. Al parecer, Vera, junto con Lorca, se habían separado de la taifa de Almería alrededor del año 1054, con ayuda de Abd al-Aziz. Es este posiblemente el motivo de la ausencia de emisiones de Al-Mutasim, aunque lo reducido de la cantidad estudiada evita poder realizar más hipótesis.

 

 

 

 

 

Los Gallardos: moneda de Flavio Arcadio Augusto en Cadima

Hacía tiempo que no teníamos noticias del importante yacimiento arqueológico romano que se encuentra en Los Gallardos.

Tras informarnos de la aparición de una pequeña moneda de bronce procedente de Cadima, y creyendo que sería una de las habituales monedas del emperador Constancio II, procedemos, tras conseguir las fotografías y  medidas, a que las analice nuestro numismático de cabecera.

 

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En el reverso de esta moneda se representa a una Victoria en marcha, a la izquierda arrastrando un cautivo. Como ceca se indica ANTΔ, la cuarta oficina de Antiochía. Pese a su pequeño tamaño (14 mm) presenta representado un Crismón (monograma de Cristo).

 

 

La sorpresa viene cuando recibimos el diagnóstico: se trata de una fracción de centenional de Flavio Arcadio Augusto, acuñada en la oficina cuarta de la ceca de Antiochia (Síria) entre el 392 y el 395 d. C. Se trata, pues de la moneda más tardía del Bajo Imperio romano conocida procedente de este yacimiento, superando a la que hasta ahora ostentaba este récord, un medio centenional del emperador Valentiniano II acuñada en Sisciak (Croacia).  La presencia de monedas con cecas de la parte oriental del imperio demuestra la importante actividad económica de la antigua villa romana que conocemos actualmente como Cadima, o «Cardinar», como aparece en planos más antiguos.

Flavio Arcadio Augusto, más comúnmente conocido como Arcadio, fue el hijo mayor del gran emperador Teodosio I. Nacido en el 377 d. C, fue elevado al rango de Augusto del imperio por su padre en el 383 d. C. A la muerte de su padre en el 395 d. C, fue nombrado emperador de la pars orientalis del imperio, mientras que su hermano Honorio lo fue de la occidental.

 

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Esta fue división fue la definitiva, el imperio nunca más volvió a estar unido. Arcadio sería, por lo tanto, el primer emperador del Imperio romano de Oriente.

A diferencia que su padre, Teodosio I el Grande, Arcadio era débil de carácter y siempre fue dominado por otros personajes influyentes, que afortunadamente siempre le fueron leales.  A su muerte, lo único bueno que se pudo decir de él es que tenía buena letra manuscrita. A decir de sus contemporáneos, era tonto por encima de toda medida, además de débil y enfermizo. A pesar de todo, el reinado de su hijo Teodosio II y de la emperatriz Pulqueria, aseguraron una larga vida al Imperio romano de Oriente.

 

 

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Los enigmas sobre el origen del «castillo de los moros» de Bédar.

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El «castillo de los moros» o «castillico de los moros» es uno de los elementos patrimoniales más importantes de Bédar, también es uno de los más misteriosos. Era uno de los lugares favoritos a los que acudir, de pequeños, a la búsqueda del tesoro que todo castillo que se precie debe necesariamente guardar.

 

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A falta de un estudio arqueológico reglado, desconocemos cuando fue construido, aunque sí que conocemos como fue su final. El castillo fue derribado en 1488 tras la entrega de la pedanía a los Reyes Católicos por parte de El Macarche, se pretendía evitar de esta manera que fuera utilizado en caso de rebelión.

Se consideró su construcción en época del reino nazarita de Granada, concretamente durante del periodo del rey Muhammad V (siglo XIV) periodo en la que el «iqlim» de Vera se convirtió en la frontera con los reinos  cristianos, tal y como ocurrió con el castillo homólogo de la vecina Serena.  Sin embargo el «redescubrimiento» de las pinturas de la Balsa Alta, que pudieran datar del siglo X-XI, hizo que se empezara a dudar seriamente de esta suposición. La construcción del «castillico» de Bédar podría ser mucho anterior. No es un tema baladí, la historia de este castillo puede ser muy bien la de la misma Bédar, de la que se desconoce también el origen.

 

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Fragmento de cerámica esgrafiada al manganeso procedente del castillo de Bédar (siglos XIII-XIV). El fragmento presente una decoración epigráfica, con lo que parece el final de la palabra «Al-Gibta» (la Dicha).

 

La presencia de numerosos fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso, una cerámica típica de los siglos XIII y XIV, podrían asociarse sin problemas al periodo nazarita, aunque no deja de sorprender la cantidad de fragmentos hallados en un castillo o «hisn» rural, pues se trata de un tipo de cerámica considerado de «lujo» y más típica de zonas urbanas. Los motivos decorativos representados son los típicos producidos en esta zona del levante, incluyendo decoración epigráfica. Esta cerámica podría datar también de época de la invasión almohade (siglo XIII).

Poco a poco han ido apareciendo más objetos que fueron hallados en este castillo, y a cada nuevo objeto estudiado, más antiguo se nos antoja el origen. El hallazgo de unas pinzas utilizadas para realizar pequeñas intervenciones médicas pueden incluirse también en el periodo nazarita.

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Amuleto de plomo monetiforme procedente del castillico de Bédar. En el anverso se representa el sello de Salomón o hexalfa (estrella de seis puntas) rodeada de círculos. En el reverso se representa la sura 112 del corán, la sura de la adoración pura. El amuleto presenta perforaciones practicada para poder fijarlo a la ropa. Según las creencias, estos elementos representados dotaban al talismán de su poder protector. Podría datarse de época del Califato o de las primeras taifas.

 

Sin embargo, ha sido el hallazgo de un amuleto de plomo, del tipo redondo y portando un «sello de salomón» y, posiblemente, la sura 112 del corán (sura de la adoración pura) en su reverso, la que nos traslada ya el origen de este castillo hasta mucho más atrás, hasta la época de taifas o del mismo Califato (siglo X-XI). Hemos retrocedido ya hasta la época en que se considera fueron realizadas las pinturas de la Balsa Alta.

 

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Moneda de bronce procedente del castillico de Bédar. Muy desgastada, están marcados en verde los pocos relieves que se pueden apreciar de la moneda original, y en naranja el resello, una letra árabe, seguramente en referencia a Allah ( الله  )

 

Pero el hallazgo más perturbador es el de la única moneda que sabemos seguro que procede de este castillo bedarense. Lejos de tratarse de la típica moneda nazarí (un dirhem o un felus) como las del castillo de Serena, nos encontramos con una moneda casi irreconocible en el que se representa un busto de frente con armadura con un resello de una letra árabe que fisura la moneda, aplicada justo en lo que vendría a ser rostro del busto. Independientemente de que se trate de una moneda visigoda o bizantina (esta última opción parece la más plausible por el tipo de moneda), y sabiendo que el patrón monetario que predominaría en el Al-Andalus se estableció en el 720 d. C. con la reforma de Al-Malik, una moneda «reutilizada» por los musulmanes nos retrotrae a los primeros tiempos de la invasión, es decir, al siglo VII-VIII.

¿Qué más sorpresas nos deparará este castillo?

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La tolva de la trinchera de los Villaltas: la última gran tolva de Bédar

Tras repasar anteriormente el castillete del pozo P y la gran Tolva Embudo de Tres Amigos, vamos a hablar hoy, a dos años del centenario de su construcción, de otro de los principales elementos del patrimonio arqueológico-minero de Bédar.

La tolva de la trinchera de los Villaltas, o más conocida como tolva de la trinchera Villalta, fue una impresionante tolva de mampostería, la última gran obra de los excelentes pedriceros de Bédar.

Aún hoy, a pesar del estado de ruina en el que se encuentra, es una tolva que asombra por sus colosales dimensiones y excelente trabajo en piedra.

 

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Aun estando en ruinas con el muro frontal derrumbado, impresiona todavía el buen trabajo de mampostería y la altura de los muros de esta tolva. En los muros se observan los gruesos cables que anclaban el muro frontal.

 

A diferencia de otros elementos del patrimonio minero de Bédar, en el caso de la trinchera Villalta tenemos la suerte de disponer de los planos originales, concretamente el plano 15-E, un documento excepcional que nos desvela todos los secretos de esta maravilla.

El motivo de su construcción radica en la desmantelación de parte del cable aéreo de la Compañía de Águilas que, desde Serena, llevaba el mineral hasta Garrucha. Tras el parón en la explotación de las minas debido a la Gran Guerra, se reinició de nuevo la actividad, aunque ante el mercado había cambiado y la única posibilidad de ser competitivos residía en fusionar las dos grandes compañías mineras que actuaban en la zona, la Sociedad de Chávarri y la Compañía de Águilas. Es así como en 1916 surge una nueva compañía, la Unión Bedareña.

La nueva compañía disponía ahora de dos sistemas de transportes paralelos, el ferrocarril y el cable aéreo. Dado que el ferrocarril disponía de una capacidad de carga que el cable aéreo, se decidió desinstalar todo el cable desde la estación de El Pinar de Bédar hasta Garrucha, e instalar una pequeña derivación que desde El Pinar conectara con la línea de ferrocarril.

 

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Solo se conserva completa una de las compuertas de la sección central.

 

El punto elegido fue una de las trincheras más altas de las que atravesaba el ferrocarril, la trinchera de los Villaltas, situada a poca distancia del túnel del Boliche y no muy lejos de El Pinar de Bédar. La enorme trinchera presentaba unas laderas inclinadas que podían aprovecharse para la construcción de una tolva-depósito de gran capacidad. Sería la tolva más tardía y también la más grande de las construidas, superando las dimensiones de las tolvas reguladoras de Tres Amigos.

El proyecto contemplaba una tolva en tres secciones con tres compuertas de carga cada una, el concepto era muy similar a la de la Tolva-depósito de Tres Amigos, la de la mina Esperanza y a las tolvas de Vulcano, que aprovechan una fuerte pendiente para acumular gran cantidad de mineral de hierro, facilitando su carga en los vagones por medio de numerosas compuertas.

 

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Antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha por la Trinchera Villalta. Los escombros del derrumbe del muro frontal obligó a desviar ligeramente el trayecto de camino que discurre por esta antigua vía férrea.

 

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Visión en Google Maps de los restos de esta tolva. Una de las secciones ha prácticamente desaparecido. El ramal de cable aéreo proveniente de El Pinar, de 918 metros, llegaba a la parte superior de la trinchera, donde se había instalado una pequeña estación de descarga del cable. Unos operarios se encargaban de descargar el mineral en las tolvas.

 

El muro frontal era de una altura de algo más de 10 metros y  de más de 50 metros de largo. Disponía de tres secciones con tres compuertas de 1,5 x 0,5 metros, dotadas de un artístico arco de medio punto y a 3,4 metros de altura. La pendiente de la tolva era de 23,6 metros de longitud y no era plana, como en el caso de las otras tolvas, sino que presentaba una forma en «V» que canalizaba el mineral directamente hacia las compuertas.

Las compuertas estaban dotadas de buzones de carga que se abrían gracias a un contrapeso, lo que permitía poder cargar nueve vagones a la vez. Dado que el muro frontal era el que debía soportar la mayor presión, se habían previsto la instalación de gruesos cables insertados tanto en los muros laterales como en los de separación, que anclados en la roca evitaban que el muro frontal cediera hacia afuera por la presión del mineral de hierro.

 

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Planimetría ( plano 15-E) de la Unión Bedareña, vista lateral de la tolva con el sistema de apertura de la compuerta y los cables de anclaje.

 

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Visión frontal de una de las secciones con sus tres compuertas. La superficie en forma de «V» canalizaba directamente el mineral hacia las compuertas y facilitaba la carga.

 

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Perfil de los muros laterales y los de separación con el sistema de anclaje del muro frontal, que era más grueso en su base para que la estructura fuera más estable.

 

Aunque se trataba de una tolva de dimensiones faraónicas, se tardó menos de un año en tenerla lista. Una escueta noticia procedente de un periódico de septiembre de 1919 menciona precisamente al maestro albañil encargado de su construcción: La Benemérita  de Los Gallardos (Bédar) comunica que en la mañana del 20 se le presentó al maestro albañil de la compañía minera “La Unión Bedareña” Juan Pedro Murcia Oliver, denunciando que en el sitio llamado Trinchera de los Villaltas, donde se edifican unas torvas, y a consecuencia de haber descontado un cuarto de día a dos peones  que no habían concurrido a su hora al trabajo, lo habían dejado plantado a éste 16 peones que llevaba pertenecientes al Centro Obrero, reclamando a la vez aumento de jornal. Temía el maestro que pudieran causar desmanes en las obras que realizaba por su cuenta. La Guardia Civil se personó en el lugar indicado, encontrando a los 16 obreros que protestaban del trato que les da el contratista y del poco jornal. Invitados a disolverse pacíficamente si no querían trabajar, acordaron reanudar el trabajo y así lo efectuaron a la una de la tarde, quedando todo normal.

Desgraciadamente la tolva no ha soportado bien el paso del tiempo. Pese a los pesados cables de anclaje y debido a la falta de mantenimiento, el muro frontal hace tiempo que se derrumbó sobre la antigua vía del ferrocarril, dejando expuestos los grueso cables, que no pudieron ser rapiñados por los chatarristas, estaban demaisado sólidamente fijados a la roca. Todos los demás elementos metálicos hace tiempo que desaparecieron (compuertas, sistema de poleas, etc.) Además, y debido a la excelente piedra utilizada para su construcción, la tolva fue durante mucho tiempo una cantera de piedra para muchas de las construcciones de los alrededores.

Actualmente deberían realizarse tareas de limpieza de los restos y apuntalar las partes más inestables para evitar que continúe el lento pero imparable deterioro. La tolva de la Trinchera Villalta es uno de los principales elementos patrimoniales del antiguo trayecto del ferrocarril Bédar-Garrucha. Hasta aquí nuestra pequeña sección del patrimonio minero de Bédar.

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Reconstrucción de las tolvas de la trinchera de los Villaltas, cuya construcción fue dirigida por el maestro albañil Juan Pedro Murcia Oliver. Un convoy está procediendo a posicionar los vagones bajo las compuertas para poder comenzar las tareas de carga.

 

 

Minería de Bédar: el castillete del Pozo P y la mina Mahoma

El pasado 11 de noviembre se llevó a cabo una excursión por la ruta de la minería de Bédar, dentro de las Rutas por la Arqueología industrial de Almería, promocionadas por la Diputación Provincial de Almería y coordinadas por el doctor en Historia del Arte Alfonso Ruiz García. Además del itinerario habitual para ver las minas de Serena, se incluyó también la fundición de plomo de El Pinar de Bédar, una de las más peculiares. Dirigida como viene siendo habitual por el concejal de Bédar José Ramón Muñoz, las plazas para la excursión se agotaron mucho antes de la fecha prevista.

 

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Algunas imágenes de la ruta minera realizada el 11 de noviembre de 2017

 

Uno de los puntos que más llama la atención de todo el itinerario (de los muchos que lo hacen) es un curioso castillete minero que parece encontrarse totalmente aislado en un barranco al final de la ruta, antes de llegar a Serena. El senderista bien informado, o acompañado de un guía que conozca la zona, sabrá que se trata del castillete del pozo P, en la mina Mahoma. Dado lo pintoresco de su ubicación y debido a su forma poco usual para el tipo de castilletes que se usaron en Bédar, poco a poco va convirtiéndose en un símbolo de la ruta.

Se trata del único castillete de Bédar que queda en pie de los muchos que hubo. De todos los restos de Bédar es quizás uno de los elementos típicos mineros que más se echa en falta, y aunque quedan todavía los restos muy reconocibles de algunas casas de máquinas y muchos pozos, sorprendentemente no han llegado hasta nosotros otros castilletes, salvo éste, que recuerda mucho a los que se pueden encontrar en sierra Almagrera.

 

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Castillete del pozo P, mina Mahoma (barranco de la Hoya, Serena) Obsérvese a la izquierda las sujeciones de la escala que debía permitir acceder a la parte superior para reparación y mantenimiento. Mucho cuidado a los visitantes que se acerquen a este castillete, pues el pozo sobre el que está erigido no está protegido y la caída sería mortal de necesidad.

 

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Vista lateral del pozo P en la que se aprecia el anclaje en «x» que se utilizó para fijar el eje de las poleas.

 

La ausencia de castilletes, a diferencia de la multitud de tolvas y otros edificios que sí se conservan, es seguramente debido a que fueron por lo general estructuras de hierro o madera, por lo que o bien fueron desmanteladas o bien rapiñadas tras el cierre de las minas. Este castillete, en cambio, fue construido en mampostería, siguiendo más la tradición minera de la vecina sierra de Almagrera. Tras el cierre de las minas fue desprovista de todos sus elementos metálicos, incluida la escala metálica que disponía para acceder a la parte superior, pero los pilares de mampostería se ha mantenido en pie gracias a unas traviesas de madera que estabilizan la estructura. Como venimos diciendo siempre, debería actuarse antes de que esos maderos acaben por pudrirse definitivamente y este bonito y peculiar castillete pase definitivamente a la historia.

Las minas de Serena fueron explotadas por la Compañía de Águilas. Dentro del plan general de explotación, que fue diseñado por uno de sus primeros directores, de origen noruego, el ingeniero Fredrik Dietrichon, los pozos de extracción estaban identificados con letras mayúsculas. Así, además del pozo P, conocemos la situación de otros de los pozos principales, como son los pozos H, M, J y el F, o pozo de la Zaranda. El resto de pozos, o pocillos, bien podían ser de exploración o de ventilación, y estaban denominados simplemente con números. Las galerías, por contra, eran bautizadas con nombres de santos.

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El conocimiento de que se trataba del pozo P fue gracias a los testimonios de antiguos mineros de Hierros de Garrucha que, al parecer, lo habían escuchado a sus mayores. Más adelante hemos podido comprobar a ciencia cierta de que no estaban equivocados. Habiendo sido localizado en un plano de 1922 (ver plano superior) y habiendo comprobado que la posición se corresponde, efectivamente, con el castillete en cuestión, podemos afirmar con total seguridad de que se trata del pozo P y no de otroPor otra parte, no sabemos por qué se decidió instalar este pozo de extracción en esta ubicación, en medio del barranco de la Hoya, muy alejado de las principales vías de transporte. Aunque hoy parece que el barranco de la Hoya (es decir, la mina Mahoma) esté desprovisto prácticamente de restos mineros, en su tiempo debió haber varias vías de transporte que desconocemos donde se situaban.

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La mina Mahoma se explotó como una extensión de las labores a partir de la de Júpiter, aunque la única información que disponemos de esta fase de la explotación proviene del ingeniero director Wilhelm Friedrich Karl Baron von Fircks, que lo fue entre 1901 y 1903. Fircks nos describe cómo se explotó el yacimiento de hierro bajo este barranco, en lo que se conoció como la «fosa de Mahoma».

Finalmente, y en cuanto al tipo de máquina de vapor que dio servicio a este castillete, hay que decir que no hay ni el más mínimo rastro de la existencia de una caseta de máquinas o de fundamentos de ningún tipo. Esto tampoco debe sorprender, pues era muy habitual en la época la utilización de locomóviles, sobre todo en terrenos tan abruptos como los de la sierra de Bédar. Las locomóviles eran máquinas de vapor instaladas sobre un soporte con ruedas que permitía poder desplazarlas hasta donde fuera necesario, se desinstalaban las ruedas y se ubicaban en algún tipo de soporte, normalmente de mampostería. Eran muy útiles para la minería, pues permitía instalar máquinas de vapor de manera fácil y económica. Cuando dejaban de ser útiles en esa ubicación concreta, solo tenían que volver a instalarle las ruedas y podían llevarla a otro lugar donde hiciera falta.

 

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A diferencia de otros pozos que disponían de una «caseta de máquinas» en la que se instalaba la máquina a vapor, junto al pozo P no hay ni el más mínimo rastro de una construcción de tal tipo. No era infrecuente que se instalaran máquinas de vapor portátiles, o «locomóviles», como la que debió estar instalada en este castillete. Si se esperaba que la locomóvil estuviera instalada un cierto tiempo, a veces se construían pequeñas estructuras de protección para las locomóviles, como ocurrió con la locomóvil que accionaba el cable de Carabinera o la del lavadero de Reforma, pero dado el clima habitual de la zona muchas veces se de dejaba a la intemperie.

 

A pesar de la escasez documental que caracteriza a la minería en Bédar, disponemos de varios ejemplos documentados de locomóviles usadas por la Compañía de Águilas:

 

CABLE CARABINERA

 

En el plano superior, se aprecia el esquema de la locomóvil que se instaló para el cable de Carabinera. Se instaló sobre una base de mampostería y se dispuso en una caseta de protección.

 

locomovilo

 

En esta otra fotografía observamos otra locomóvil, que es la que se usaba para accionar los lavaderos mecánicos de plomo de la mina Reforma. También estaba instalada en una base de mampostería y disponía de un techo de protección.

 

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En la excelente fotografía superior, realizada en Bédar en 1890 y procedente del archivo Dietrichson. En ella aparecen una serie de ingenieros de la Compañía de Águilas, seguramente en el Pinar de Bédar. Destacan el ingeniero difector noruego Fredrik Dietrichson, quien diseñó el sistema de explotación de las minas de Serena (en el centro apoyado y con sombrero de hongo claro), y el director general de la Compañía, Ferdinanz Pütz (el personaje central con el bastón). Llama mucho la atención a la derecha dos ruedas enormes, que son precisamente las de una locomóvil. Una vez instalada, las ruedas se guardaban para cuando se necesitaran de nuevo.

Y hasta aquí la pequeña reseña sobre la historia minera de Bédar de hoy, que puedes serle muy útil para cuando hagan la ruta minera y reparen este bonito castillete. Esperamos también que se asegure correctamente para evitar que acabe en ruinas, no en vano es el último castillete de Bédar, un símbolo de su patrimonio minero.

 

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