Bédar: “El Club de las Solteras”

Después del enorme éxito que supuso su anterior representación teatral, “Los diamantes de Marbella”, el grupo de teatro de Bédar nos ofrece para este domingo “El Club de las Solteras”. Las risas están garantizadas. Os esperamos a todos el próximo domingo día 5 de Agosto a las 22:00 en la plaza del Ayuntamiento de Bédar.

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Bédar: “Ruperta la tuerta”, “los hombres de la luna” y otras comparsas

Ahora que estamos en una época de vacaciones y fiestas, volvemos a tratar de nuevo sobre las tradiciones “de antes”.

Poco a poco va apareciendo nueva documentación sobre las fiestas de moros y cristianos, carnavales, etc. En muchos desvanes deben quedarn antiguos programas de fiestas y, con un poco de suerte, algunas de las viejas comparsas que se cantaban en carnavales y que con tanto talento componían  Ana Josefa la de Juan el Barbero, Paca la Mariana, Anica la de Bartolomé o Sebastiana Jódar. Agradecemos mucho todas las colaboraciones que recibimos. En la página “Tradiciones de Bédar”, que se encuentra en el menú lateral derecho del blog, pueden ver toda la información recopilada (https://farodebedar.com/tradiciones-de-bedar/).

Esta vez contamos con un viejo programa de las fiestas patronales. Aunque desgraciadamente la portada está arrancada y no podemos saber el año, se trata sin duda de un programa de los años 50. Llama la atención que en esos entonces había en Bédar cuatro comercios y una posada. Los establecimientos eran los de los señores Cano, Guerrero, Torres y Campoy, y la posada la de Juan Manojos.

Como hoy en día, todos los negocios no desaprovechaban la oportunidad de publicitarse en el programa:

 

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cano torres

casa guerrero

casa torres

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Por el tipo de tipografía y decoraciones, sabemos que el programa fue impreso por la imprenta Haro de Vera, pues algunas de las decoraciones ya se utilizaron para los billetes locales de Bédar que se emitieron durante la Guerra Civil en 1937.

Entre los diferentes festejos, algunos propios de la época que nos ocupa, destaca la presencia de gigantes y cabezudos anunciando el principio de las fiestas; carreras pedestres con premios de 10 y 15 peseta a los ganadores, y las cucañas y “elevación” de globos y fantoches.

Las otras novedades que aportamos está relacionada con los Carnavales y la rica tradición de las comparsas. Una de ellas es la aparición de una pequeña partitura con la música y letra de una de las comparsas que ya habíamos recogido, la de “Los hombres de la Luna”. Junto con la comparsa de “la prima Margarita”, se trata quizás una de las más ingeniosas y divertidas, cantada por hombres ataviados con gorros cónicos decorados con lunas y estrellas:

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Fotografía en la que se representa la comparsa “la prima Margarita”. Varias mujeres disfrazadas con trajes blancos y sombreros, tocando címbalos y flautines, rodean a la prima Margarita, un poco ya entrada en años y con abundante maquillaje. He aquí el estribillo: “Aquí tenemos a la prima Margarita, que es una joven muy linda y muy bonita. Saben ustedes, la queremos casar, pero ella se ha empeñado, pero ella se ha empeñado que en Bédar se ha de quedar”.

 

Otro de los documentos es bastante más excepcional, se trata de una hoja antigua donde alguno de los compositores dejó escrito el estribillo de una comparsa que desconocíamos.

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Probablemente se llamó la comparsa de “Ruperta la tuerta“, con una rima quizás un poco forzada: “Ruperta, Ruperta, te quiero por tuerta, porque tienes una gracia al mirar, que parece que me vas a tragar”. No sabemos si se representó, pero es un buen ejemplo de la dedicación a este tipo de canciones, en la que se componía la letra, la música, y se diseñaban los disfraces a juego y cierta coreografía.

En fin, esperamos que nos siguan llegando documentos como éstos.

 

 

Villaricos: La toma de Baria por Publio Cornelio Escipión

Hoy vamos a comentar uno de los episodios sin duda más dramáticos de la antigüedad en esta Tierra de Vera. Se trata de la conquista de la ciudad de Baria por Publio Cornelio Escipión durante la segunda Guerra Púnica. Es una historia muy desconocida, a pesar de tratarse de un acontecimiento de importancia durante el desarrollo de la guerra entre romanos y cartagineses por el control del Mediterráneo.

No es el lugar par extenderse sobre los orígenes de esta guerra, pero seguro que a muchos les sonará el episodio del general cartaginés Aníbal Barca cruzando los Alpes con su ejército en el 218 a. C. y sorprendiendo a las legiones romanas. La segunda guerra entre romanos y cartaginenses comenzó con la toma de Sagunto por parte de los segundos. Aunque Sagunto se encontraba dentro de la zona de influencia cartaginesa, según el tratado resultante del primer enfrentamiento entre ambas potencias, se trataba de una ciudad aliada de Roma, lo que fue el casus belli que originó el conflicto.

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Publio Cornelio Escipión

Roma planeó un doble ataque sobre Cartago y contra la península ibérica, pero Aníbal sorprendió a los romanos invadiendo la península itálica por el lugar más impensado: atravesando los Alpes. En la famosa batalla de Cannas, que se saldó con victoria del ejército de Aníbal, participó un joven tribuno, Publio Cornelio Escipión, que pudo escapar con vida.

En el 210 a.C. fue el momento de los romanos de devolver el golpe, con la llegada precisamente de Escipión a Tarragona al mando de un ejército. Aprovechando la dispersión de los ejércitos cartaginenses en la península, Escipión lanzó un audaz ataque sorpresa con el que tomó la capital cartaginense en la península, la ciudad de Qart Hadasht (Cartago Nova).

 

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En la fotografía superior, un duplo de Baria de 18,53 gr, el doble de un shekel de unos 10-11 gramos, siguiendo la metrología de los acuñados en Ebusus (Ibiza). En Baria se emiten también mitades, de unos 5-5,5 gramos.  Para sus amonetaciones, las autoridades de una ciudad solían escoger un símbolo de la autonomía política de la ciudad e ilustrar o hacer propaganda de alguno de los elementos identitarios que les fueran más queridos. La iconografía de Baria es muy significativa, presenta una cabeza femenina velada mirando hacia la derecha y una palmera datilera en el reverso, como representación del árbol de la vida. Esta cabeza presenta a la diosa Astarté con un estilo egiptizante (identificada con la Isis egipcia).  La mitad representaba también un símbolo también claramente de influencia egipcia, un ureus (un sol con cobras reales) en el anverso y al igual que un duplo una palmera en el reverso.

 

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Mitad  (medio shekel) de Baria. En su anverso muestra un “ureus” de influencia egipcia, en el reverso, la palmera datilera. En el sistema monetario de Baria solo se usaron los dobles de la unidad (el shekel) y su mitad o divisor, algo que no era  inédito en el mundo púnico. Vendrían a ser como los billetes grandes y la moneda menuda para pequeños intercambios. Pudo haber, sin embargo, otro tipo de divisores a base de amonetaciones en plomo.

 

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Tagilit (Tíjola), ciudad púnica bajo la influencia de Baria, emite moneda posiblemente entre finales del siglo III y la primera mitad del siglo II a. C. En sus amonetaciones, como la representada en el dibujo superior, aparece en el anverso de nuevo la diosa Astarté y una representación de un pilar-estela isíaco, lo que indica una extensión o influencia de los cultos de Baria hacia su ciudad satélite.

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Cuarto de shekel (2,9 gramos) de la ciudad de Ebusus del tipo XII. En el anverso se representa el dios Bes vestido con faldellín y sosteniendo una maza y una serpiente. En el reverso, un toro embistiendo a la izquierda, posiblemente relacionado con el culto al dios Melqart. El dios Bes, al parecer procedente de Nubia, gozó de una gran popularidad en Egipto y de ahí pasó al mundo fenicio. Era un dios atípico, se representaba como un ser bajito que sacaba la lengua burlonamente, con panza, orejas de soplillo y barba. Era un dios muy adorado por las clases populares, como el protector de la casa y encargado de alejar los espíritus maléficos; también estaba relacionado con las relaciones amorosas, el matrimonio y la música. En Baria también se encontraron figuras del dios Bes, pero sin duda donde tuvo más relevancia fue en la ciudad fenicia de Ibossim o Ebusus (Ibiza), lo que se refleja en todas las monedas que acuñaron.

 

Baria se ubicaba sobre la antigua ensenada formada en la desembocadura del río Almanzora, al pie de Sierra Almagrera, conocida por sus ricos recursos minerales, y controlando las fértiles vegas fluviales. Desde su posición en la costa, podía comunicarse con la Bastetania íbera. Su puerto era un punto de paso obligatorio hacia el estrecho de Gibraltar (Gadir) y el norte de África. Tras la toma de Qart Hadasht, Baria era el siguiente paso lógico, su control podría evitar la llegada de refuerzos desde Gadir y el norte de África. Dada la importancia estratégica de Baria para los cartagineses, ésta estaba bien defendida y disponía de una guarnición y fuertes murallas.

La toma de Qart Hadasht debió alertar a los habitantes de Baria, aliados de los cartagineses, que se aprestaron a la defensa. De hecho, fue Baria la única ciudad del sur de la península que resistió a los romanos, el resto, simplemente, capitularon.  Sin duda el asalto de Baria fue un mensaje claro de lo que pasaba a los que se les oponían al poder romano.

Las fuentes que nos hablan de este asedio son coherentes entre sí, además se ha podido documentar arqueológicamente este episodio, lo cual no es muy habitual. Según estas fuentes, Escipión puso asedio a las murallas de Baria, y mientras impartía justicia en su campamento (como era la costumbre), afirmó que al día siguiente impartiría justicia en el tempo situado tras las murallas de la ciudad, en el templo de Afrodita (equiparable a la diosa Astarté púnica) que dominaba la ciudad (en esa época era habitual impartir justicia en los templos).

 

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Cráneo hallado en la fosa común de la tumba 62 de la necrópolis de Villaricos que muestra marcas de arma blanca en el occipital y parietales posteriores (Siret).

 

A parecer, el asedio de la ciudad duró 3 días y la ciudad fue tomada al asalto. Los registros arqueológicos han confirmado esta destrucción de la ciudad, que fue realmente traumática. Estratos de ceniza con numerosos fragmentos cerámicos indican el suceso, rotas de forma voluntaria, junto a numerosos adobos descompuestos. Tras el ataque, quedaron amplias áreas abandonadas que no volvieron a ocuparse. Además, la ciudad dejó de acuñar moneda, a pesar de que contaba con numerosos recursos mineros. Otras ciudades de fundación fenicia siguieron emitiendo moneda con toda normalidad, pero el asalto romano paró la evolución de estas emisiones de Baria. Además, Siret excavó tumbas en las que se encontraron enterramientos colectivos, sin ajuares, en los que un cráneo estaba marcado por marcas de un arma blanca, sin duda una víctima del asalto.

Baria fue la única ciudad fenicia que se resistió por la fuerza de las armas, todo el litoral hasta Gadir cayó en manos de Escipión sin lucha. En la batalla de Baecula en el 208 a. C., Escipión derrotó al hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca; posteriormente vencería en la batalla de Ilipa, en el 206 a. C. a los últimos caudillos cartagineses en la Turdetania, Asdrúbal Giscón y Magón Barca. Así acaba el dominio cartaginés de la península.

Posteriormente Publio Cornelio Escipión acabaría derrotando a Aníbal en la batalla de Zama, cerca de Cartago, en el 202 a. C. poniendo fin al conflicto.

Las ermitas desaparecidas de Bédar

Volvemos a hablar de las ermitas que fueron parte de la historia de Bédar pero que, por unos motivos u otros, acabaron desapareciendo. Han quedado muy pocos vestigios de estas ermitas, tanto físicos como fotográficos.

La más significativa es sin duda la ermita de N. S. de la Cabeza. Según cuenta la leyenda, la devoción a esta Virgen se remonta a la aparición el 12 de agosto de 1227 a un pastor llamado Juan Alonso de Rivas en el Cerro de la Cabeza, cerca de la localidad de Andújar, en Jaén. Este acontecimiento ocurre poco después de la entrega del castillo de Andújar al rey Fernando III en 1225, para facilitar la repoblación cristiana se promovía la devoción en esos lugares, y es en 1227 cuando se inicia la devoción a la Virgen de la Cabeza. La expansión  fue gracias a los pastores trashumantes, que llevaron esta devoción a numerosos lugares de la península.

La historia de la construcción de la primera ermita de la Virgen de la Cabeza en Bédar es muy conocida, ya recogida por Flores González Grano de Oro. La parroquia de Bédar era inicialmente un anejo de la de Antas y ambas celebraban las fiestas en honor a esta Virgen. A medida que los pueblos fueron creciendo, se decidió que uno de ellos se quedaría con la imagen, y sería aquél que construyera antes una ermita en su punto más alto. Fueron los vecinos de Bédar quienes acabaron antes una ermita en el cerro de la Señora, esta es la primera ermita del pueblo.

 

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Reconstrucción del aspecto que debió tener la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar.

 

La ermita, de planta rectangular, disponía de un pequeño patio a la entrada, un tejado a cuatro aguas y un pequeño campanario. Quedan pocas fotografías que nos muestran como era, porque su ubicación en la cima del cerro fue también el motivo de su desaparición.

 

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Dos de las imágenes conocidas de la primera ermita de N. S. de la Cabeza de Bédar, a finales del siglo XIX.

 

La explotación a cielo abierto de la enorme masa de mineral de hierro donde se ubicaba la ermita hizo muy peligroso que los feligreses se acercaran a ella, por lo que al final se decidió derruirla. Esto debió ocurrir poco después de la puesta en funcionamiento del ferrocarril Bédar-Garrucha, en 1897. La compañía minera, en compensación, construyó una monumental ermita cerca de la primera, en el lugar conocido como “el Pecho”, en la parte más alta de Bédar. Esta ermita disponía de sacristía y de todo lo necesario para realizar los oficios en ella, incluido un púlpito. No hay constancia de que dispusiera de campanario, aunque tampoco podemos descartarlo, dado la falta de fotografías de época de esta ermita.

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Fotografía de las fiestas de Moros y Cristianos del año 1989 en Bédar, que se celebran habitualmente en “el Pecho”. La parte posterior de las ruinas de esta ermita, convenientemente encalada, servía de fondo a la Virgen de la Cabeza, que preside las fiestas. Es a destacar las enormes dimensiones de esta ermita, construida por la sociedad minera del marqués de Chávarri en compensación por la pérdida de la primera ermita.

 

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Reconstrucción de los restos de esta ermita antes de su derribo para la renovación de la plaza del Pecho y la construcción de la tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Los agujeros laterales se formaron en los huecos laterales de los que disponía la ermita para colocar las imágenes.

Esta segunda ermita fue derribada para la renovación de la plaza, construyéndose la que sería la nueva ermita de la Virgen de la Cabeza, la que haría número tres.

 

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Tercera ermita de N. S. de la Cabeza. Con un cierto parecido a la primera, aunque más pequeña, dispone también de un pequeño campanario.

La otra ermita de la que vamos a hablar es una de las más desconocidas, la ermita del otro patrón de Bédar, San Gregorio. Éste disponía de una pequeña ermita donde se guardaba la imagen, y que estaba ubicada precisamente en la plaza de San Gregorio, más conocida como “la Cruz”.

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Reconstrucción de la ermita de San Gregorio según la descripción de los testigos.

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En esta fotografía de los años 50, realizada por la fotógrafa Antonia García, se aprecian los restos del muro de la ermita de San Gregorio, justo al lado del grupo de gente que posa, a la derecha de la fotografía.

 

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Por dimensiones y forma, la ermita de San Gregorio debió ser muy similar a la actual de Santiago, en Serena.

 

Desconocemos cuando se construyó y el aspecto que tenía. Los testimonios la describe como una ermita rectangular muy pequeña y sencilla, con el espacio apenas necesario para guardar la imagen. Adosada al muro de la calle nueva, estaba provista también de un pequeño campanario.

La ermita fue derribada durante la guerra civil, y durante un tiempo no quedó más vestigio de ella que los restos de un muro.

La estación de embarque del ferrocarril Bédar-Garrucha

Cuando hablamos de algún aspecto relacionado con estación de descarga del ferrocarril Bédar-Garrucha, tenemos que recurrir de forma obligatoria a la que sigue siendo una de las obras de referencia para estos temas. No es ni más ni menos que “Trenes, Cables y Minas de Almería”, de José Antonio Gómez. En ella describe los elementos principales, la rampa de carga con capacidad para 17.000 toneladas, el depósito de las locomotoras, los talleres y un recinto especialmente dedicado a las actividades vitícolas de Chávarri.

 

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De la misma manera, el dibujo de José Vicente Coves que se publica en dicho libro sigue siendo la principal referencia visual para conocer como estaban dispuestas las instalaciones de estra estación. Sin embargo, nosotros no seríamos quienes somos si no colaboráramos con nuestra aportación a su estudio, avanzando así en su conocimiento… aunque sea “a hombros de gigantes”. Para ello nos ha sido de enorme ayuda un inventario de 1916 que hemos podido localizar, con una completa relación de todo lo que contenía esta estación en el momento de la fusión en la Sociedad minera Unión Bedareña.

 

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Una de las escasas fotografías conocidas de la estación de ferrocarril de Garrucha cuando estaba en funcionamiento. Se observa el puente-depósito y varios vagones estacionados no muy lejos. Llama mucho la atención las estructuras tipo puente que se observan al fondo de la misma, estructuras que solo pueden corresponderse con parte de la instalación de la isla-embarcadero que inicialmente se proyectó.

 

La idea original de este puerto de embarque de mineral era mucho más ambiciosa de lo que resultó finalmente. Chávarri pretendía construir un embarcadero a 400 metros de la costa, en el sitio denominado Moro Manco, al que llegaría el mineral por medio de un cable aéreo, cargándose el mineral directamente en los barcos gracias a un castillete. El proyecto fue aprobado por el ministerio de Hacienda en mayo de 1895.

El problema es que esta estructura, a tan solo 500 metros del fondeadero de Garrucha, iba a dificultar mucho la navegación, obligando a las embarcaciones a realizar complicadas maniobras. Como podía verse afectado tanto el comercio como la pesca, un grupo de armadores, patrones y marineros de Garrucha protestaron ante el Capitán General del Departamento de Cartagena, alegando que dichas instalaciones afectaban el servicio público.

 

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Frontal del soporte del puente-depósito, plataforma inclinada sobre la que se disponía una plataforma metálica y que era usada como depósito, con una capacidad para 17.000 toneladas de mineral. La fotografía está tomada en 2002 y todavía se aprecian los edificios al fondo.

 

El material para el embarcadero llegó a Garrucha, pero no pudo ser completamente instalado. Una de las pocas fotografías de época que se conocen muestra una estructuras metálicas que indican que llegó a iniciarse la instalación, aunque finalmente no se pudo acabar, aunque parece que fue solamente debido a la poca profundidad de las aguas y no a las protestas. Se recurrió finalmente al conocido puente-depósito, desde el cual se cargaban los vapores por medio de barcazas. El material para el cable y la isla-embarcadero quedó depositada en Garrucha al menos hasta 1916, incluyendo una máquina de vapor sistema Fritz Bozs nueva de trinca, dos compresoras de aire (uno de los cuales fue desplazado a las minas de Bédar) y todo el equipo necesario para los buzos que deberían haber participado en la instalación.

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Dos fotografías, también de 2002, que muestran los restos de los edificios de esta estación de descarga.

 

Los edificios construidos en la Marina de la Torre incluían un taller de reparaciones y fundición; un almacén; una casa de planta baja y principal para vivienda del Jefe de taller y maquinaria; una casa de planta baja y principal para empleados y una cochera. Una línea de teléfono conectaba esta estación con la de Tres Amigos en Bédar, y dos tanques aseguraban el suministro de agua para las locomotoras.

Para el pesado del mineral y el transporte hacia los muelles de carga se disponía de dos básculas para pesos de hasta 8000 kilogramos y 12 mesillas para el transporte del mineral.

Las instalaciones contaban con un taller de carpintería y otro de fundición, con diversos hornos y crisoles para la fabricación de las piezas necesarias para el mantenimiento de la vía y el material rodante. También se disponía de todo el material necesario para los trabajos de ajuste, forja y calderería, imprescindibles para el correcto mantenimiento de las locomotoras, vagones y vías, incluyendo dos fraguas portátiles. Como curiosidad, para levantar las locomotoras y realizar reparaciones en ellas se utilizaban una serie de vigas de pino canadiense de diferentes tamaños.

Otros de los útiles de los que se disponían eran los repuestos de ruedas, una bomba de desagüe de 25.000 litros por hora y una larga lista de máquinas, herramientas y útiles.

Para el funcionamiento del taller se disponía de una máquina motora fija que precisaba de la nada despreciable cantidad de 131 metros de correas para hacer funcionar todas las máquinas del taller.

 

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Los talleres de la estación de Marina de la Torre en el año 2000.

 

Y hasta aquí este pequeño resumen de esta conocida (y a la vez muy desconocida) instalación emblemática de Garrucha. Es una pena que se hayan derribado todos estos viejos edificios de la estación, de la que tan solo queda la base del puente-depósito. Podemos ver los edificios perdidos en un reportaje de Barry Emmott en 2000 (http://www.majorcarailways.com/garrucha.htm).

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En 1922 la Unión Bedareña compró un tractor diésel de vía métrica fabricado por la casa Deutz y dotado de un motor de tipo C XIV F de 10 caballos de potencia. Este tractor de maniobras se utilizó para los movimientos de los 50 vagones y el coche de tracción de 10 asientos de los que disponía la Compañía. Posteriormente fue utilizada también en las obras del puerto de Garrucha, junto con otras de las locomotoras que se usaron en la línea de ferrocarril Bédar-Garrucha. Debido al ruido característico de su motor, este tractor se conoció popularmente como la CHIMPÚN. En la imagen, el tractor Deutz C XIV F de la Unión Bedareña cruzándose con una de las 030T Saint Léonard de la línea principal mientras arrastra dos vagones de mineral.

La mina Mulata de Bédar: fin de los trabajos de cartografía

Finalizados ya los trabajos en la mina Mulata, los dos geólogos franceses preparan ya el informe definitivo que será entregado al ayuntamiento de Bédar en el plazo de unas semanas.

 

Son varios proyectos de uso turístico los que se propondrán para esta mina, que presenta galerías irregulares e inmensas salas, cuya estabilidad aseguran diversos pilares. La particularidad de esta mina es que se encuentra muy cerca del núcleo de población de Bédar, por lo que facilita cualquier tipo de actividad que en ella se quiera realizar, ya sean espectáculos en sus enormes salas o bien en las enormes rozas a cielo abierto, especialmente en la conocida como roza del Indio.

 

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La mina fue explotada entre 1896 y 1927, aproximadamente. Gracias al esquema superior podemos hacernos una idea de la disposición de la mina con respecto a Bédar. Ésta ocupa el cerro en el que se encarama Bédar y que antaño estaba coronada por la antigua ermita de la Virgen de la Cabeza, que tuvo que ser derribada con el avance de las labores mineras. Las labores se realizaron en superficie por medio de dos grandes rozas o canteras, pero también se iniciaron trabajos subterráneos en una explotación en huecos y pilares.

 

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Bédar a finales del siglo XIX antes de que las labores en el cerro obligaran a derribar la ermita de la Virgen de la Cabeza, que se observa en el ángulo superior izquierdo de la fotografía.

 

Como el pueblo de Bédar bloqueaba una de las posibles salidas del mineral, para dar salida al mineral se excavó una galería a una cota inferior que conectaba los barrancos a ambos lados del túnel (representado en el esquema con un segmento del mismo), este es el túnel de transporte. A su paso por debajo de la roza del Indio, un pozo permitía su conexión.

 

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Galería inferior de transporte, medio inundada a día de hoy.

 

La roza más grande es conocida como “roza del Indio” y es fácilmente accesible por medio de un pequeño camino, permitiendo un acceso al complejo subterráneo, aunque para ello debería adecuarse, pue el paso es muy complicado.

Uno de las últimas visitas realizadas a la mina durante los trabajos ha sido la de los dueños del restaurante Miramar  (https://www.facebook.com/pages/El-Miramar/441517149263822) y la casa rural Los Castros (https://www.facebook.com/Alojamiento-Rural-Los-Castros-B%C3%A9dar-393312804199368/), dos reconocidos negocios de Bédar. Para que todos podamos compartir su experiencia, han grabado esta visita, dirigida por los geólogos franceses, sin duda unos guías de excepción.  Adjuntamos al inicio de este blog el enlace del video en Youtube, que aconsejamos vivamente visionar.

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La fotografía superior da una idea de la dimensiones de alguna de las salas de esta mina. Se encuentran en lo que podría llamarse la “Gran Sala”, justo delante de una vertiginosa trancada que lleva al nivel inferior de la mina.

 

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Dos pilares de sostén de la “Gran Sala”, uno de ellos no es más que una columna de mineral que se ha conservado sin explotar, detrás de ella, una columna rectangular de grandes dimensiones fabricada en mampostería.

 

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Esta fotografía es útil para apreciar las dimensiones del pilar de mampostería de la “Gran Sala” de la mina.

 

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En general, los huecos de explotación han dejado enormes salas de formas muy caprichosas.

 

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Thomas Pesenti y Maxence Regnault, los geólogos franceses que han llevado a cabo los trabajos de cartografía 2D-3D de la mina.

 

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El nivel inferior de la mina no es menos espectacular que el superior. Grandes salas de nuevo aseguradas por pilares de mineral y de mampostería de enormes dimensiones. En este punto observamos un tronco solitario. Aunque pueda parecer que está puesto como soporte del techo, no es en absoluto esa su función. Un tronco como éste sería totalmente ineficaz como soporte, además de estar junto a dos pilares de soporte. Realmente, estos troncos, que eran importados de Europa central, tenían como característica principal que crujían ostensiblemente antes de romperse, lo que daba tiempo a los mineros a ponerse a salvo. Cuando “la madera cantaba” más vale que se pusieran a salvo. El tronco de la fotografía lleva casi 100 años como testigo.

Como siempre, iremos informando de las novedades en cuanto a la evolución de este interesante proyecto.

 

Bédar: trabajos para la rehabilitación de la mina Mulata.

Entramos en la recta final de los trabajos de cartografía de la mina Mulata. A la espera de la elaboración de los planos definitivos y presentación de los proyectos turísticos más apropiados para esta mina, Thomas Pesenti y Maxence Regnault comienzan a facilitarnos numerosos datos y planos provisionales de la mina.

El estudio no se ha limitado a una simple cartografía 3D, se ha estudiado también desde un punto de vista geológico y mineralogico, identificándose las zonas seguras y las que hay que evitar por su inestabilidad o peligrosidad. También confirma que, contrariamente de lo que se podría pensar, las galerías no se encuentran por debajo del pueblo y que no hay  ninguna casa que haya sido construida enteramente sobre labores subterráneas. En el siguiente plano superpuesto en Google Maps podemos ver la extensión de estas galerías con respecto a la montaña:

 

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Los datos confirman la presencia de amplias salas bajo la montaña, apropiadas para diversas actividades turísticas y, posiblemente, a otras actividades económicas que pueden suponer un plus para la población. La red de galerías es caótica, tal y como lo hacía suponer la historia de esta mina, en los que se siguió una capa muy irregular de mineral de hierro.

 

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En las fotografías superiores, la sala principal de la mina Mulata, iluminada en ocasión de la visita del alcalde de Bédar, Angel Collado, junto a uno de los concejales y el policía local.

Otro de los objetivos era confirmar los datos tanto históricos como procedentes de la tradición oral que afirmaban la existencia de un túnel de transporte en la parte más baja de la mina que comunicaba los barrancos de la Fuentecica con el de la Cueva Oscura y que se utilizó para dirigir el mineral de hierro de La Mulata hasta el cargadero del ferrocarril.

 

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En la fotografía superior, la búsqueda de minerales en la pared de una de las galerías.

 

 

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Dicha galería de transporte se construyó en el emplazamiento de un antiguo punto de agua de la localidad, la Cueva Oscura. Esta galería, a la que por el momento solo se puede acceder por el interior de la mina, sigue recogiendo este agua. Para su exploración y cartografiado, los geólogos han tenido que improvisar un calzado impermeable que les permitiera pasar por la galería semi-inundada, como se observa en la fotografía superior.

 

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En la fotografía superior, sección de la galería inferior de transporte de la vía Mulata, con el curso de agua.

 

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Punto final del túnel de transporte de la mina Mulata. El trayecto se encuentra obstruido en el punto en el que se alcanzaba la tolva cónica que se encontraba en el barranco de la Fuentecica y que sería para transportar el mineral de otras minas adyacentes a la Mulata, en concreto la Segunda Mulata (el conocido como Pozo Plaza) y la mina Mozambique. Como se observa en la fotografía superior, la galería estaba reforzada con mampostería en este punto. La tolva fue completamente colmatada de escombros y tierra, que a su vez obstruyó la galería inferior al caer por la compuerta de carga.

 

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A la galería de transporte también conecta con este pozo, que se corresponde en superficie al pozo que se encuentra más o menos en el centro de la roza del Indio, y que se encuentra parcialmente obstruido. Fue utilizado seguramente para poder cargar el mineral de la cantera.