Bédar: comienza el 5° Curso de Campo

Los estudiantes de la universidad de Nancy comienzan hoy con sus tareas de formación sobre el terreno, aunque siempre hay tiempo para un poco de relax tras un día de trabajo duro, aprovechando el excelente tiempo que, como vemos, siempre acompaña a esta tierra.

 

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Recepción oficial en Bédar: 5° Curso de Campo

Como estaba previsto, hoy se la llevado a cabo la recepción oficial del grupo de estudiantes franceses y profesores de la universidad de Nancy que realizarán el quinto Curso de Campo en Bédar, que se desarrollará durante las dos siguientes semanas.

 

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Durante su estancia, y como viene ya siendo habitual, se tratarán diversos proyectos de puesta en valor del patrimonio geológico y minero de Bédar, para su posterior explotación turística.

El material de seguridad que utilizarán fue repartido por José Ramón, concejal del ayuntamiento. Les esperan dos semanas de duro trabajo de formación por diferentes localidades del levante almeriense.

Como siempre, iremos informando.

 

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Crónicas de Bédar: la inauguración de los lavaderos de la fuente en 1952

Hoy inauguramos una de las secciones que esperamos sea de las más interesantes. Se trata de “crónicas de Bédar”, en la que recogeremos las principales noticias que hayan sido publicadas en cualquier medio .

Hablando de acontecimientos especiales, queremos recordarles también que hoy domingo día 4 de marzo, se emitirá el primero de los dos reportajes sobre Bédar en Canal Sur (Salud al día) a las 15:35 horas, el primero de los dos que se emitirán. También recordamos la llegada el día 6 de marzo de los estudiantes franceses del 5º Curso de Campo de Bédar, del que ya volveremos a hablar.

Volviendo a las crónicas, vamos a empezar la sección con una noticia referente a una de los inmuebles más conocidos de Bédar y reconocido como “maravilla” de la misma junto a la antigua fuente Temprana. Realmente estos lavaderos, ya lógicamente en desuso, no son tan antiguos como puede parecer. En la plaza en la que se encuentra esta fuente, con una vista inmejorable del pueblo, antes solo había dos lavaderos no muy diferentes del abrevadero que se encuentra hoy todavía junto a los caños.

 

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Lavaderos de Bédar, 2017

 

Los lavaderos, tal y como los conocemos, fueron inaugurados realmente el 24 de septiembre, durante las fiestas patronales del año 1952. Aún no disponían de la cobertura, que se añadiría posteriormente. Se trató de una mejora de los dos lavaderos que ya existían. Sin embargo, su inauguración se llevó a cabo por todo lo alto, con presencia del gobernador civil, Manuel Urbina Carrera. Según la crónica, el gobernador Civil llegó en compañía del lugarteniente Alfredo Ortiz Requena y el arquitecto Antonio Góngora Galera. Fue recibido por el alcalde Luis Fernández Tapia; el primer teniente de alcalde Simón Torres Fernández; la delegada local de la Sección Femenina, Dolores Caparrós Lozano; el jefe de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, Francisco Guerrero Castaño; el juez de paz, Francisco Castro Mañas; el jefe de la Guardia Civil, Juan Pla Diéguez; un sacerdote comisionado por el obispo de la Diócesis para las fiestas en honor de la Virgen de la Cabeza, Bartolomé Marín Fernández; el sacerdote de Lubrín, Rafael López Luipáñez; el secretario de ayuntamiento, Diego Balastegui Ruíz; el secretario del ayuntamiento de Los Gallardos, Aurelio Martínez Muñoz; el juez de paz también de Los Gallardos, José García Angulo;  así como los concejales de Bédar y Los Gallardos.

 

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Recorte de el periódico “Yugo” de 25 de septiembre de 1952. Fotografías realizadas por el fotógrafo Luis Ruiz Marín. En la de la izquierda, el gobernador Civil Manuel Urbina inaugura los nuevos lavaderos, a la izquierda se encuentra junto a un grupo de mineros de Hierros de Garrucha.

 

Las mejoras consistieron en la instalación de quince pilas individuales y una común. Además, el gobernador visitó el edificio en el que se proyectaba la instalación de las escuelas primarias y las obras de reforma del ayuntamiento. Según la crónica, el edificio se encontraba prácticamente en ruinas.

Posteriormente, el gobernador acudió a la iglesia para orar ante la Virgen de la Cabeza y de vuelta en el ayuntamiento, recibió a una comisión de mineros, con los que estuvo hablando sobre las condiciones laborales, legislaciones laborales y seguros sociales.

5º Curso de campo de Bédar

El martes 6 de marzo está prevista la llegada a Bédar del grupo de estudiantes y profesores que participarán en el 5º “stage de terrain” de Bédar, o curso de campo para los estudiantes del departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Université de Lorraine (Nancy).

Es el quinto año  consecutivo que se realiza este curso de campo, en el que durante dos semanas, los estudiantes realizarán sus estudios y prácticas en diferentes lugares del levante almeriense, con su base en el punto estratégico de Bédar.

Como años anteriores, las Asociaciones Bédar Sostenible y Asociación Amigos de El Argar participan facilitando el material de seguridad que precisan los estudiantes y ponen a su disposición la impresora A4 necesaria para la elaboración de los planos de trabajo. El ayuntamiento de Bédar con el apoyo logístico indispensable y cediendo los locales municipales. En fin, todo lo necesario para el correcto desarrollo del curso.

 

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La cerámica esgrafiada del castillo de los moros de Bédar

 

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Volvemos a uno de los lugares más icónicos de Bédar, el castillico de los moros, para hablar esta vez sobre cerámica. Desde hace mucho tiempo, he visto aparecer pequeños fragmentos de una cerámica decorada en blanco y negro, con motivos a veces muy llamativos,  siempre procedentes del castillo roquero bedarense.

Como ya he comentado otras veces, en la época en la que los caminos hacia el castillo eran practicables, era un pasatiempo habitual entre los más pequeños el ir a la búsqueda de tesoros. Esto consistía básicamente en subir al castillo y hacer algún agujero. Como siempre surgía cerámica, a veces se recogía como “trofeo” y, claro está, siempre se acababa perdiendo. Recuerdo haber visto bastante de esta cerámica, que ahora reconozco pero que por esos entonces no era más que una simple curiosidad pasajera.

Con el tiempo, y al ir interesándome más por la historia de Bédar, empecé a guardar los fragmentos que me llamaban más la atención.  Por lo general, los muchachos perdían rápidamente el interés por los “tesoros” que encontraban. Otras veces yo mismo pude recoger algunos fragmentos interesantes que habían caído por la pendiente del cerro, puestos al descubierto por la erosión y arrastrados por el viento, la lluvia o los animales, todos procedentes de la antigua fortaleza.

Hoy vamos a hablar un poco de estos fragmentos, aunque desafortunadamente es una pequeña proporción de los que he llegado a ver. Quiero advertir que quien escribe estas líneas lo hace desde la casi total ignorancia sobre cerámica medieval, así que toda rectificación o información adicional será más que bienvenida.

Así que nos encontramos con una serie de fragmentos de cerámica decoradas con una técnica mixta en la que se combina la pintura y la incisión. La pieza se recubría con una capa de óxido de manganeso, que posteriormente se rasgaba con un buril o con punzones para mostrar el color natural del barro o bien de una capa de engalba blanca o amarillenta que se aplicaba previamente. También se completaba la decoración aplicando el manganeso a modo de pintura.  Las pastas utilizadas eran generalmente calcáreas de color claro y de paredes finas, lo que contrastaba vivamente con el color negro del óxido de manganeso.

 

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Diferentes fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se observan diferentes tipos de decoración, motivos vegetales, rombos, rectángulos, triángulos a base de líneas paralelas, etc.

 

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Más fragmentos de cerámica esgrafiada procedente del castillo de Bédar mostrando diferentes tipos de decoración.

 

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Fragmentos de cerámica esgrafiada al manganeso procedentes del castillo de Bédar. Se presentan básicamente líneas, la mayor parte pintadas.

 

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Uno de los fragmentos de cerámica esgrafiada más interesante. Se trata de un fragmento  del borde superior de, seguramente, una jarrita o  jarra. Presenta una decoración a base de una cenefa de espirales esgrafiadas superior junto a otros motivos de espirales. Nótese el parecido con otra cerámica del mismo tipo hallada en Cádiz. Además, parece presentar motivos pseudoepigráficos.

 

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Algunos de los fragmentos hallados parecen estar decorados con caracteres pseudoepigráficos (vocablos en cúfico ilegibles).

 

Cronológicamente, la cerámica esgrafiada se fecha entre la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII (desde el inicio del dominio almohade en la península), aunque hay formas más tardías atribuidas a los siglos XIV y XV, siendo algo más toscas y con menos desarrollo de la decoración, muchas veces limitado a la parte superior de jarritas y jarritos.

Este tipo de cerámica se extendió por el litoral mediterráneo occidental (desde Castellón hasta Cádiz) y el norte de África, aunque también aparece en zonas interiores de la Península Ibérica. Los centros de producción en su época de mayo esplendor (siglos XII y XIII) se encuentran en el área levantina y murciana. La producción de este tipo de cerámica fue desapareciendo conforme los reinos cristianos fueron avanzando hacia el Sur.

 

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Este curioso fragmento, correspondiente posiblemente al borde superior de una taza o copa, presenta una decoración con líneas paralelas y lo que parece escritura en cúfico, aunque puede tratarse de pseudoepigrafía o del algún otro tipo de decoración (¿triángulos?)

 

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Solo conocemos un fragmento con epigrafía clara. Pintado y delimitado por gruesas líneas, se aprecia parte de, probablemente, la palabra “AL-GHIBTA”, o lo que es lo mismo “la dicha”.

 

Este tipo de decoración esgrafiada se utilizaba especialmente para recipientes destinados a la contención, transporte y servicio de líquidos como el agua, siendo la jarrita la forma más habitual, aunque se pueden encontrar en otros tipos cerámicos, como jarras, tazas, tinajas, etc.

Los motivos decorativos son los habituales en este tipo de cerámica, encontramos motivos vegetales, geométricos y también epigráficos en cúfico o bien vocablos ilegibles (pseudoepigráficos). Entre los motivos geométricos encontramos espirales, cordones, puntos, reticulados de rombos, líneas paralelas y retículas cuadradas.

 

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Algunos fragmentos de cerámica del castillo de Bédar se pueden correlacionar fácilmente con la decoración típica de los alfares de la zona de levante. En este caso concreto, nótese el parecido de la decoración que presentan varios fragmentos con los de una jarra esgrafiada estilo almohade procedente de la Alcazaba de Almería (Muso de Almería). Esta jarra presenta una decoración dispuesta en bandas transversales independientes con una cenefa central de triángulos a base de un par de líneas paralelas zigzagueantes.

 

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Nótese también el parecido de la decoración hexagonal que presenta este fragmento de cerámica esgrafiada de Bédar con piezas de cerámica halladas en el Pozo de San Nicolás, en Murcia.

 

Este tipo de cerámica esgrafiada y pintada al manganeso no es muy abundante si la comparamos con otros tipos. De hecho se la considera como un tipo de cerámica de lujo, muy ligada a los recipientes para la contención y servicio de líquidos, es posible que se tratara de una cerámica de tipo ritual, para la ablución antes de la oración de los viernes.

Durante los siglos XIV y XV se produjo una nueva fase de producción de este tipo de cerámica, con motivos más descuidados, menor desarrollo del esgrafiado y más motivos pintados (líneas y motivos geométricos). Estas producciones están vinculadas a la influencia del imperio meriní, de origen bereber surgido tras la caída del imperio almohade (siglos XIII y XIV) y que  llegó a controlar algunas partes de Andalucía.

 

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Destaca la casi total ausencia de fragmentos de cerámica esgrafiada en la vecina fortaleza de Serena. Esto puede ser debido a que hace relativamente poco tiempo que se descubrió esta fortaleza. También se ha encontrado un pequeño fragmento de cerámica esgrafiada al manganeso en la antigua atalaya del cerro de la Cruz, que debió estar asociada a la fortaleza de Serena, vigilando el camino que la comunicaba con Bédar y también como forma de comunicarse con la fortaleza del pueblo vecino en caso de necesidad.

 

Se considera como un tipo de cerámica urbana, pues se encuentra especialmente en ciudades o pueblos grandes, pero también es posible encontrarla en fortalezas rurales, como es el caso de Bédar, aunque en mucha  menor cantidad. En la fortaleza de Serena está prácticamente ausente, solo conocemos dos pequeños fragmentos. También se conoce un pequeño fragmento procedente de la atalaya vigía que estuvo ubicada en el cerro de la Cruz.

Y hasta aquí este pequeño viaje al pasado y a esta interesantísima fortaleza de Bédar con un pasado todavía muy desconocido. Esperamos que sirva para dar a conocerla más entre los vecinos y todos los apasionados por la historia y la arqueología de nuestra tierra, y para que algún día se puedan realizar algún tipo de puesta en valor de estos elementos de nuestro patrimonio que puedan, además, repercutir positivamente en el potencial turístico de este bello pueblo.

Bibliografía:

-Las cerámicas esgrafiadas de Cádiz y la difusión de las producciones esgrafiadas en el suroeste peninsular y el magreb. Francisco Cavilla Sánchez-Molero.

-Producción y comercialización d la cerámica esgrafiada y pintada en el  ámbito del estrecho de Gibraltar. El caso de Ceuta. José Manuel Hita Ruiz y Fernando Villada Paredes. Almoraina 42, 2011.

-Cerámica esgrafiada: estado de la cuestión. Almudena Crespo Pascual. AAC12, 2001, pp. 353-370

 

La fundición Carmen de Bédar: estado de la investigación

Volvemos hoy a hablar de un elemento del patrimonio arqueológico industrial más notables de Bédar, la fundición Carmen. Su nombre era el de Carmen de Bédar y no Virgen del Carmen como hemos visto en algún lado.

No hay absolutamente ninguna documentación sobre esta fundición, al menos de momento. Tan solo sabemos que fue registrada en 1845 por Francisco Cano Torres en el paraje de la arboleja del Pino. Es casi seguro que estuvo ligada a una sociedad minera poco conocida, de nombre Alfonso Moreno y Compañía, que en esos años parece que desarrolló una intensa actividad tanto en el Pinar como en escoriales de plomo cercanos al pueblo.

 

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Barajamos la posibilidad de que la actividad de esta fundición se prolongara hasta 1848, en la que posiblemente fue completada con una estación de lavado de minerales para el aprovechamiento de escoriales procedente de unas concesiones registradas por Miguel Aduncín y José Giménez Peña. De esta manera, se recoge la instalación de un lavadero de nombre muy poco imaginativo (se llamó Lavadero), en febrero de 1848, a nombre del mismo José Giménez.

Sin embargo, no deja de ser una mera hipótesis que Lavadero fuera una ampliación de Carmen de Bédar, aunque es posible por las fechas. Lo que es seguro es que la actividad de esta fábrica no continuara más allá de 1848, de otra manera hubiera sido mencionada por Madoz en su obra.

 

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Imagen Google Maps de la fundición Carmen de Bédar.

 

Los restos de la fundición son en todo equiparables a las construidas en toda la zona a partir de 1841, tras la fiebre minera desatada tras el descubrimiento del Jaroso en sierra Almagrera. A diferencia de otras fundiciones más conocidas de la costa, la fundición bedarense ha pasado mucho tiempo desapercibida, creyéndose parte de las instalaciones que la todopoderosa Compañía de Águilas estableció a partir de 1885. Sin embargo, la vetusta fundición sobrevivió a esta agitada época de finales del siglo XIX. Poco faltó para que desapareciera definitivamente en 2004 víctima de las urbanizaciones, tal y como le pasó al desafortunado Lavadero Grande, pero se salvó casi milagrosamente.

Sin embargo, la fundición sigue amenazada por el abandono. Tampoco se ha respetado su entorno inmediato, que ha sido allanado como parte del ya obsoleto plan urbanístico de El Pinar. Pero si no se actúa rápido, tanto la chimenea como el inusual horno de cuba de la fundición pronto no serán más que recuerdos, amenazados como están por grietas que ponen en peligro su estabilidad estructural. Vuelvo a señalar a las autoridades competentes, y no sé cuantas veces van ya, que si no se apuntalan rápido estas estructuras, acabarán cayendo.

La fundición bedarense posee algunas características muy inusuales, si las comparamos con sus contemporáneas, características que nos ha llevado mucho tiempo analizar y comprender y que expondremos en el presente post, con ánimo de despertar el interés de las autoridades que han de conservar este importante elemento patrimonial de Bédar.

Nos ayudaremos para ello de una imagen de Google Maps donde hemos marcado las principales secciones de la fundición y donde hemos marcado la procedencia de los principales restos encontrados.

 

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Estructuras principales de la fundición Carmen de Bédar. En amarillo se representan los hornos de reverbero y de manga. En azul las conducciones hidráulicas, lavadero y depósitos. En naranja el pozo de extracción. En verde almacenes y oficinas. En rojo se indican la posición de diferentes artefactos hallados durante la investigación.

 

La primera de las estructuras que identificamos son las de fundición (A-amarillo). Es innegable la presencia de tres hornos de reverbero, con tres hogares paralelos que permitirían fundir el plomo en los hornos que habrían estado ubicados justo encima, en una sección que, por la presencia de restos de pilares, estuvo cubierta. De estos hornos no quedan más que algunos restos de ladrillos refractarios y algunas escorias de fundición.

 

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La chimenea de la fundición Carmen de Bédar lleva más de 150 en pie, pero el tiempo y el abandono pasan factura. Si no se toman medidas pronto, acabará cayendo la última chimenea de Bédar.

 

La evacuación de los humos, de toxicidad conocida desde antaño, eran conducidos por una pequeña galería de condensación de humos de 28 metros hasta la chimenea, ubicada en lo más alto de un pequeño cerro. Esta es la primera característica anómala de esta fundición. Aunque la chimenea se alejaba para evitar intoxicar a los operarios, las galerías de humos tenían otra función más práctica, pues eran la forma de recuperar el plomo que se encontraba en los humos. Por sublimación, el plomo se condensaba en las paredes de dichas galerías. Cuanto más larga era la galería, más plomo podía recuperarse. Es por eso que estas galerías eran lo suficientemente grandes como para permitir el paso a un hombre, siendo a veces muy largas y sinuosa para maximizar la recuperación del preciado metal.

 

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Galería de humos de la fundición Carmen de Bédar. Con 28 metros de largo y apenas 1 metro de ancho por 72 cm de alto, no permitía la recuperación de plomos sublimados y alejaba a duras penas los humos tóxicos de la fundición, priorizando del tiro de los hornos para el ahorro de combustible.

 

Sin embargo, cuanto más larga era la galería, menor era el tiro del horno y más combustible se precisaba para la fundición (en el caso que nos ocupa, carbón coke inglés). Esta corta galería, que además era de muy pequeñas dimensiones (imposible que un operario pudiera pasar por dentro para recuperar el plomo sublimado) indica que la prioridad era el ahorro de combustible. No es nada raro, pues la lejanía relativa del puerto de Garrucha debía suponer un gasto de transporte que no debía ser compensado por el plomo recuperado en dicha galería. Recordamos la presencia de preocupantes grietas que amenazan con acabar con la última chimenea de Bédar.

 

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Hogares de los hornos de reverbero de la fundición Carmen de Bédar. Posteriormente fueron rehabilitados como vivienda (precaria) de los mineros partidarios que, para la Compañía de Águilas, extraían y lavaba el mineral de plomo de los agotados criaderos.

 

Otro aspecto  muy curioso el extraño y artístico horno de cuba o de manga (B-amarillo), de unos 10 metros de altura, ubicado en uno de los extremos del complejo. Estos hornos se utilizaban para tratar minerales de segunda, por estar muy oxidados o contener muchas impurezas, o bien para tratar los residuos procedentes de los hornos de reverbero, que podían contener todavía una cantidad aprovechable de plomo. En todo caso la identificación de esta estructura fue complicada hasta que descubrimos la abertura inferior típica de este tipo de hornos, del mismo tipo que las conocidas “caleras” muy utilizadas en la zona. Este horno único por su curiosa construcción también está amenazado por preocupantes grietas que ponen en riesgo la estructura.

 

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Estado actual de la curiosa parte superior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. Si no se actúa pronto, la estructura corre el riesgo de hundirse.

 

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Interior del horno de manga de la fundición Carmen de Bédar. en la parte inferior se aprecia la abertura típica de este tipo de hornos y que identifica a esta estructura como tal.

 

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Esquema de la ubicación del horno de manga y del pozo en la fundición Carmen de Bédar.

 

En azul hemos representado todas las canalizaciones y estructuras que, sin lugar a dudas, denotan la existencia de un lavadero en esta fundición (C, D y E azules). Las instalaciones se pueden dividir en un sistema de aporte de agua, representado por una serie de acequias y pequeños depósitos de almacenamiento que se dirigen sin duda alguna desde alguna zona desconocida ubicada en la actual urbanización (posiblemente un pozo), hasta la fundición. Dentro de la fundición se aprecian restos de acequias que permitían llevar el agua hacia una estructura formada por muros paralelos donde estaba instala algún tipo de lavadero mecánico, hay que destacar la presencia de una muesca en la que estaba instalado algún tipo de mecanismo rotativo. El Hallazgo de unas placas perforadas de 8 milímetros (b-rojo) deja pocas dudas sobre la existencia de este lavadero.

En tercer lugar, había otras acequias que llevaban el agua resultante hacia unos pequeños depósitos de decantación, sistema habitualmente utilizado para poder recuperar las pequeñas partículas de plomo que hubieran podido quedar tras el proceso de lavado.

La presencia de estos depósitos de decantación hemos podido demostrarla mediante una pequeña cata en la zona indicada en azul en el plano, llegando hasta la base de una de ellas, que por lo demás estaba impregnada de partículas de plomo. El hallazgo de una pequeña bomba de agua (a-rojo) así como de diferentes elementos metálicos (c-rojo) confirma la existencia de un sistema de control del agua en estos depósitos. Dada la presencia de los restos de una acequia que parece dirigirse a la zona delante de los hornos de reverbero, es muy posible que hubiera más depósitos de decantación en esa zona.

 

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Esquema del lavadero con restos de acequias de la fundición Carmen de Bédar.

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Chapa perforada de 8 milímetros, parte del sistema de cribado del lavadero. Hallada en el punto b-rojo, en la zona donde estuvo ubicado uno de los depósitos de decantación.

 

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Bomba de agua encontrada en el punto a-rojo. La presencia de este elemento concreto indica la presencia de un lavadero mecanizado, lo que comporta que necesariamente estuvo dotada de algún tipo de máquina de vapor.

 

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Diferentes elementos metálicos encontrados en el punto c-rojo. Podría tratarse de restos de la maquinaria utilizada para accionar el lavadero de la fundición.

 

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Pieza de hierro fundico hayada en el punto d-rojo. Provista de una perforación central, es de función desconocida, posiblemente algún componente de la maquinaria de los lavaderos de la fundición.

 

También es a destacar la presencia de un pozo de explotación minero, con restos que indica que estuvo dotado de un pequeño castillete de explotación, movidos por un pequeño motor o torno. Está marcado en el plano con la G-naranja. La instalaciones de esta fundición cuenta con todos los elementos propios del proceso de extracción, lavado y fundición de mineral, algo que la diferencia de otros establecimientos similares, solo dedicados a la fundición y, más raramente, al lavado del mineral cuando éste no llegaba lo suficientemente limpio.

 

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Pozo ubicado en la fundición Carmen de Bédar. En el interior se pueden ver diferentes niveles en la explotación

 

Finalmente, no podría faltar algún tipo de edificio de almacén y oficinas. El marcado como G-verde debió ser el almacén para guardar el valioso mineral ya procesado. El edificio disponía de dos puertas paralelas y una sola ventana, justo al lado de las instalaciones de la fundición. Prudentemente alejada de las instalaciones (y de su tóxico producto) se encuentra otra edificación H-verde, sin duda algún tipo de oficinas o alojamiento del director de la fundición.

 

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Entorno degradado alrededor de los restos de la fundición Carmen de Bédar.

 

Un estudio más pormenorizado sin duda depararía más sorpresas sobre el funcionamiento y origen de esta fundición, así como de la misteriosa compañía minera Alfonso Moreno y Compañía, exponente de un periodo de la minería de Bédar muy poco conocida.  Mientras tanto, exhortamos a las autoridades competentes a tomar las medidas necesarias para evitar su deterioro, siendo urgente el apuntalamiento provisional de las estructuras mencionadas, a la espera de poder aplicar otras medidas que permitan evitar su colapso, como por ejemplo los cerclajes metálicos usados en muchas chimeneas antiguas.

 

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Reconstrucción artística del aspecto que debió tener la fundición Carmen de Bédar cuando estuvo en funcionamiento a mediados del siglo XIX. Una de las fundiciones más singulares del siglo minero almeriense.