Minería de Bédar: los compresores de Hierros de Garrucha

Ilustración que muestra a un minero en unos trabajos de exploración instalando un compresor portátil BETICO DE 20 HP tipo GALÁN.

Uno de los aspectos de dificulta más el estudio de la historia minera en nuestra zona es la falta de documentación de las empresas que explotaron las minas. Esto hace que sea muy complicado conocer el tipo de herramientas que utilizaron, especialmente en la primera época minera (XIX-XX). Con esto no hacemos referencia al material ferroviario, que normalmente es más fácil de rastrear, sino a todo ese tipo de instrumentos y material necesarios en toda mina, como son los elementos de iluminación, explosivos y detonadores, máquinas de tracción de pozos, cables metálicos, cuerdas, vagonetas, compresores, mangueras de presión, martillos picadores, paleadoras, afiladores de barrenos, etc. Aspectos que normalmente no suelen ser tratados en investigación minera.

Diferente publicidad de compresores y martillos neumáticos para minas de las décadas de 1850-1860. La oferta era bastante más amplia y variada de lo que se puede llegar a pensar.
Muchos de los ingenieros de minas eran a la vez representantes de una o varias casas comerciales de material minero. En este anuncio de 1897 vemos como representante de la casa alemana FELTEN Y GUILLEAUME a un viejo conocido de la minería almeriense en general y bedarense en particular, Carlos (Karl) Bahlsen, en su domicilio de Reforma en el Pinar de Bédar. Entre los productos ofertados se encuentran cintas de abacá para minas, el abacá es un tipo de platanero del que se obtenían unas fibras muy resistentes, además de cables metálicos.

De todo esto poco sabemos, aunque es seguro que utilizaron una gran y amplia gama de material procedente de diversos fabricantes, tanto españoles como extranjeros, pues la oferta fue mucho más variada de lo que podamos llegar a pensar. Como hoy en día las grandes empresas, recibirían periódicamente agentes comerciales y folletos publicitarios por correo de las diferentes casas comerciales, ofreciendo todo tipo de maquinaria y efectos para la mina.

Anuncio de época de compresores de aire de la marca alemana FLOTTMANN.

Nuestro conocimiento no es mucho mayor en lo que respecta a la fase minera durante el periodo autárquico. A parte de los conocidos carbureros de patente FISMA, poco se sabe del resto de material utilizado por Hierros de Garrucha, a excepción de nuevo del material ferroviario, en este caso las locomotoras diésel, de las que tratamos también en el libro sobre la minería en el levante almeriense que verá la luz el año que viene.

Hay una pequeña excepción a este desconocimiento general en lo que respecta a los compresores utilizados por Hierros de Garrucha. En un artículo del periódico YUGO del 1 de abril de 1959 se hace una relación de los compresores que poseía la empresa, y que pasamos a detallar:

-Un compresor eléctrio de 125 H.P. de marca DEMAG

-Un compresor de 40 H.P. de marca INGERSOLL

-Un compresor de 40 H.p. de marca FLOTTMANN

-Dos compresores de 40 H.P. de marca BETICO

-Tres compresores portátiles de 20 H.P. de marca BETICO

Fabrica en Eibar y logo de la fábrica de compresores y motores diésel BETICO.

Como se podría esperar, la empresa utilizaba compresores de diferentes fabricantes. El de más potencia, el de 120 H.P. de la marca alemana DEMAG, es sin duda el que se instaló en el Hoyo Júpiter, la mayor explotación del coto. Los demás estarían instalados en las minas Esperanza, el socavón de Los Lobos, la Alerta, la mina Tres Amigos o la Cuadra. En varias de estas minas todavía se pueden ver las casetas y bases de cemento donde estaban instalados estos compresores fijos.

Anuncio de época con la gama de herramientas neumáticas de la marca alemana FLOTTMANN

También disponínan de 3 compresores portátiles de 20 HP de la marca BETICO, que se utilizaban para los trabajos de investigación. Hay que recordar que en la época el único método de transporte posible por muchos de los accidentados caminos de la sierra eran los burros, único transporte capaz de llevar el necesario material de construcción y demás herramientas. Los tres compresores portátiles de los que disponía de compañía minera se utilizaban para realizar labores de investigación, como las que sabemos que se realizaron en minas como Cuatro Amigos (Majá la Cana) y Carabinera. Estos compresores podían llevarse hasta la zona de trabajo con la ayuda de burros, aunque a veces se encontraran en zonas de muy difícil acceso, permitiendo que los mineros pudieran utilizar sus herramientas neumáticas. Se trataban de pequeños compresores montados sobre un chasis con ruedas de 20 H.P. del fabricante eibarrés, seguramente de los tipos B-F-7 (FOGOSO) o G-F-7 (GALÁN).

Otro de los elementos imprescindibles eran las mangueras para alimentar los martillos neumáticos, fabricadas en caucho. Algunas empresas estaban (y están) especializadas en estos productos, como la muy conocida Pirelli, que aquí vemos en un anuncio de la época.

Aunque no disponemos de ningún dato, es muy posible que también se hubieran comprado martillos neumáticos a los mismos fabricantes a los que compraron los compresores. Sin duda compraron a diferentes frabricantes en función de las necesidades y de las ofertas o contactos que hubieran podido tener. Los mineros de Hierros de Garrucha comentaban que utilizaban martillos “españoles” y “alemanes”, pero que preferían especialmente los de fabricación alemana, ya que eran mucho más eficaces y resistentes.

El mayor compresor de Hierros de Garrucha era de fabricación alemana, de la empresa DEMAG.
Los martillos “alemanes” que algunos testimonios refieren que utilizaron en las minas de Bédar podrían tratarse de los fabricados por la marca alemana FLOTTMANN o bien DEMAG.

Ferrocarriles y cables aéreos mineros (continuación)

Aparte de las extensas descripciones de las vías de ferrocarril y de cable aéreo, se presta especial atención a las condiciones en las que trabajaban los mineros, así como a los accidentes y enfermedades a los que estaban expuestos. A finales del siglo XIX el hecho que la vida de un minero fuera corta era algo comúnmente aceptado, en aras del desarrollo y la prosperidad del país.

En 1888 el 30 por ciento de los operarios que trabajaban en las minas eran menores. Empezaban a trabajar normalmente a los 9 años y hasta los 16 eran conocidos como los “muchachos”, que debían trabajar en condiciones lamentables y, en no pocas ocasiones, eran maltratados. Por 1,75 pesetas e jornal, un minero sin experiencia se jugaba diariamente la vida en las minas, los muchachos empezaban con tan solo 0,75 pesetas de jornal y como mucho llegaban a 1,25 pesetas.

Placa de fabricante con el número de fabricación que llevaban las locomotoras fabricadas por la Saint Léonard de Liège en su lateral derecho. Las tres locomotoras del ferrocarril de Bédar a Garrucha eran las únicas de su tipo y llevaron este tipo de placas con los números 993, 994 y 995.

Además de la deficiente alimentación y de las duras jornadas laborales, literalmente de sol a sol, los mineros estaban expuestos a numerosos y variados riesgos de seguridad, como explosiones, desprendimiento de techos y colapso de galerías, caídas a pozos y por terraplenes, atropellos por vagonetas, etc. No faltaron tampoco atropellos mortales por las locomotoras y caída desde las vagonetas del cable, aunque estuviera prohibido viajar en ellas.

El anquilostoma o “gusano ganchudo” (hookworms en inglés), era el desagradable nemátodo con aspecto casi alienígena que causaba la “anemia del minero”.

Por si fueran ya pocos problemas, los riesgos de higiene no estaban tampoco ausentes. El trabajo agotador y la deficiente alimentación hacían mella en los trabajadores, que además de las enfermedades que periódicamente afectaban a toda la población, hubieran de soportar las propias de su profesión. A las ya más conocidas silicosis y saturnismo (intoxicación por plomo), se le añadió una enfermedad producida por unos desagradables gusanos cuyas larvas se encontraban en el agua que inundaba muchas minas y que tras atravesar la piel se instalaban en el intestino provocando una desnutrición y pérdida de sangre que llevaba a la anemia, la temida “anemia de los mineros”.

Representación de una de las locomotoras 030T Saint Léonard del ferrocarril Bédar-Garrucha en la Estación de Tres Amigos de Bédar, ante la casa de los Ingenieros, residencia del ingeniero director de las minas.

Aún están a tiempo de reservar sus ejemplares, ya sea en su versión inglesa (andy-tank-1@hotmail.co.uk) o española (juan.ant.soler@gmail.com).

Ferrocarriles y cables aéreos mineros

Más de 30 años de funcionamiento del cable aéreo y del ferrocarril de Bédar a Garrucha han dejado muchas historias detrás suyo. Desde las obras de instalación, en tiempo récord, hasta la paralización definitiva no han faltado accidentes, sabotajes y robos. Los ingenieros de minas tuvieron que aplicarse a fondo para poder conectar las diferentes minas diseminadas por la accidentada Sierra de Bédar con las líneas de transporte general, lo que se tradujo en decenas de diferentes planos inclinados, vías de transporte, túneles, ramales de cable… que han dejado numerosos restos que hoy en día pueden visitarse en la actual ruta minera de Bédar.

Uno de los diversos accidentes que sufrió el ferrocarril acabó con una locomotora bocabajo, la chimenea clavada en el suelo. ¿Hubo heridos? ¿cómo pudo ocurrir?

Uno de los objetivos del libro “Minas, cables, ferrocarriles, fundiciones y embarque de minerales” es el de recoger todos los datos históricos disponibles, tanto desde el punto de vista técnico como el social y económico, un pasado minero que conforma una parte importante de la historia de Bédar, Los Gallardos y Garrucha, municipios que estuvieron conectados por el cordón umbilical que suponían estas líneas de transporte, pero también de Mojácar y Turre, cuya actividad se vio muy influenciada por la minería, que también se desarrolló, aunque a diferente escala, en Sierra Cabrera.

<p value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">Desde los viejos cotos mineros de Mojácar, Garrucha y Turre, hasta los restos de las importantes minas de plomo y hierro de la Sierra de Bédar, la antigua ruta del ferrocarril sigue reclamando su protagonismo, esta vez como vía verde, asegurando como antaño una conexión entre la costa y la sierra. Este eje sería el complemento perfecto para completar la oferta del levante almeriense, que ya encabeza la geoda de Pulpí y que ha de completarse, necesariamente, con la recuperación turística de la importante zona minera de Sierra Almagrera. Desde los viejos cotos mineros de Mojácar, Garrucha y Turre, hasta los restos de las importantes minas de plomo y hierro de la Sierra de Bédar, la antigua ruta del ferrocarril sigue reclamando su protagonismo, esta vez como vía verde, asegurando como antaño una conexión entre la costa y la sierra. Este eje sería el complemento perfecto para completar la oferta del levante almeriense, que ya encabeza la geoda de Pulpí y que ha de completarse, necesariamente, con la recuperación turística de la importante zona minera de Sierra Almagrera.

Aún están a tiempo de reservar sus ejemplares, ya sea en su versión inglesa (andy-tank-1@hotmail.co.uk) o española (juan.ant.soler@gmail.com).

Minas, cables, ferrocarriles y transporte de mineral en Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Turre y Mojácar

Por fin disponemos de una fecha para la publicación del libro bilingüe que llevamos tiempo preparando Andy Devey y el que suscribe este artículo. Con el permiso del virus que todavía nos amenaza, está previsto para marzo de 2021, un retraso debido a la desgraciada situación que todos conocemos.

Creemos que la espera merecerá la pena, pues en esta obra hemos volcado muchos años de investigación e incluido numeroso material inédito, lo que comprende numerosas fotografías, planos, documentos y todo tipo de ilustraciones que ayudarán a arrojar luz sobre la importante época minera que va desde 1840 y 1970. No es un libro que trata solo de Bédar y Los Gallardos, aunque sin duda bedarenses y gallarderos encontrarán numerosa información sobre su historia minera. En un sentido más amplio, se trata la minería de todas las zonas puestas en relación por el ferrocarril minero de Chávarri y el cable aéreo de la Compañía de Águilas, esto es, Garrucha, Mojácar y Turre.

Incluimos las últimas novedades de la historia minera que desde hace un tiempo investigo junto a José Berruezo García, investigaciones que todavía continúan y que están desvelando una época minera sorprendente y muy desconocida, previa a la llegada de las grandes compañías mineras en el último tercio del siglo XIX que inauguraron lo que podríamos considerar como la “Edad del hierro” de la minería almeriense. Entre ellas destaca la mina mojaquera de Fraternidad (conocida vulgarmente como Las Menas), como una de las más importantes, sin olvidar un muy desconocido coto minero de mineral de plomo y de hierro en Garrucha, con minas tan importantes como Felicidad y Unión, o la poco estudiada minería de mercurio en Turre. Todo sin olvidar las fundiciones de mineral en la zona, tanto las conocidas, como las desconocidas hasta ahora, interpretadas desde novedosos puntos de vista.

Como libro centrado en los sistemas de transporte y todo lo relacionado con las tareas de carga del mineral en los vapores, se presta especial atención a todos los aspectos técnicos, lo que estamos seguro que será del agrado de las personas interesadas en los detalles más técnicos relacionados con las tareas de instalación y funcionamiento de un cable aéreo y de un ferrocarril minero de vía estrecha. Numerosa información procedente de los mismos ingenieros que dirigieron las instalaciones se incluye, con gran detalle, en los que destacan el diario del ingeniero director de la instalación del cable aéreo, Gustav Thorkildssen (traducido de un incomprensible antiguo noruego gracias a nuestra amiga Lise Hansen), y diferentes escritos profesionales de Pohlig y Dietrichson. Entre otras sorprendentes novedades, sabemos que el cable aéreo Bédar-Garrucha llegó a ser el más largo del mundo tras su construcción y fue el banco de pruebas para la construcción del famoso (y posterior) cable del Transvaal (para las minas de oro de Sudáfrica), que lo superó en longitud, pero no en capacidad.

Se trata también con mucho detalle las tareas de embarque de minerales en Garrucha y las obras de construcción del puerto, con sus vías férreas. No nos olvidamos también de todo el aspecto humano y social ligado a las minas, con los movimientos obreros, las enfermedades, las costumbres y otros muchos aspectos curiosos, como pueden ser los espectaculares robos de los que fueron objeto las principales compañías mineras.

Finalmente, también se trata la última fase de la minería en la zona de Bédar y Garrucha durante la fase de autarquía en la dictadura franquista, con la empresa Hierros de Garrucha, lo que puso punto y final a la intensa fase minera de esta zona del levante almeriense.

Como ejemplos veremos algunos documentos y curiosidades. Entre la numerosa información hemos contado con numerosa correspondencia de ingenieros, lo que agradecemos especialmente a Juan Grima Cervantes. Esta correspondencia ha sido de gran ayuda para la interpretación de algunos aspectos sobre los que no existe mucha información, como son la evolución de las diferentes explotaciones mineras y la construcción de los embarcaderos de la Compañía de Águilas en la playa norte de Garrucha. Es menos frecuente encontrar los sobres de esas cartas, generalmente desprovistas de su valioso contenido y vendidas en diferentes subastas simplemente por su valor filatélico. Así nos encontramos con el sobre reproducido arriba, enviado desde Vera en 1901 a la Bergakademie (Escuela de minas) de Freiberg en Alemania, lugar en el que estudiaron casi todos los ingenieros jefes de la Compañía de Águilas en Bédar (Dietrichson, Putz, Dörn…). En este caso se trata de una carta dirigida a Profesor Friedr. Kollbeck, cuyo nombre completo era Friedrich Ludwig Wilhelm Kolbeck (1860-1943) y que podemos ver en la fotografía de la izquierda, fue profesor de mineralogía y petrología y el creador de varias colecciones especiales para la educación de los estudiantes, colecciones que luego fueron trasladadas al castillo de Freudenstein. En su honor se puso el nombre de Kolbeckita a un mineral descubierto en la mina de cobre de Sadisdorf, un fosfato de escandio hidratado. ¿Se trataría de alguna pregunta por parte de alguno de los ingenieros de la Compañía de Águilas a su viejo profesor ? ¿Se trataría a lo mejor del descubrimiento de algún espécimen interesante de mineral? ¿Puede que se enviaran minerales de la zona a Alemania que pudieron acabar formando parte de esas colecciones? Seguramente no lo sepamos nunca, pero ahí tenemos ese viejo sobre como testigo de una todavía muy poco conocida época minera bedarense que, a todas luces, guarda todavía muchos secretos e historias.

Otras historias conectan más con la misma tradición de los pueblos que estuvieron implicados en esta fase minera. Todo el mundo en Bédar sabe quién fue Antonio Bolea García, el médico. Pocos conocen, sin embargo, lo relacionado que estuvo su padre, Antonio Bolea Rodríguez, con la minería bedarense y, especialmente, con el mineral de plomo de El Pinar de Bédar. Parte de esta desconocida historia ha sido investigada por José Berruezo y esperamos que pronto su trabajo vea la luz, pues a pesar de haber sido recogida en sus términos generales en la obra que nos ocupa, todos los pormenores e interesantes datos que lo acompañan los aportará su inédito artículo. Esto muestra, en definitiva, que lejos de lo que se pudiera pensar, la población de finales del siglo XIX y principios del XX en Bédar y en Los Gallardos y, en menor medida, en Garrucha, Mojácar y Turre, giraban casi en exclusiva en torno a estos negocios mineros. También sorprenderá como la participación de elementos locales de forma autónoma (partidarios, contratistas, etc.) estaba muy generalizada, descartando la idea tan comúnmente aceptada de mineros casi esclavizados por las grandes compañías. Algunos incluso llegaron a tener la iniciativa y el capital suficiente como para crear sus propias empresas mineras y llegar a contar con sus propios trabajadores. Tenemos ejemplos como Francisco Ureña, pero el que más impacto tuvo y que más sorprenderá es sin duda Antonio Bolea Rodríguez, de manera que el negocio minero pudo estar en la base del importante patrimonio que dejó a sus descendientes y del que todavía queda de testigo la imponente casa de Antonio Bolea en Bédar (fotografía a la izquierda), que tanto nos hacer recordar otras como la que poseía en Somontín Manuel Berruezo, señal inequívoca de su prestigio social.

Para quien esté interesado en historias como éstas, todavía es posible reservar su libro a los mails habituales (juan.ant.soler@gmail.com) para las reservas en español y (andy-tank-1@hotmail.co.uk) para las reservas del libro en inglés.

13/09/2020

Juan Antonio Soler Jódar

 

Pozos mineros en Bédar: el peligro a evitar

A causa de un accidente reciente en El Pinar de Bédar en el que un perro ha caído a un pozo de unos 12 metros de profundidad (afortunadamente el animal ha podido ser rescatado con vida) nos ha parecido interesante volver sobre el tema de los pozos, que ya hemos tratado alguna vez.

No es un problema solo de Bédar, sin ir muy lejos tenemos el caso de Sierra Almagrera, con multitud de pozos de profundidades que sobrepasan tranquilamente los 100 metros, pero no solo pasa en zonas mineras tan conocidas, hasta en Garrucha se ha dado el caso de la necesidad de enterrar pozos mineros. El problema es casi siempre la falta de estudio y catálogo adecuado del patrimonio minero, lo que hace que sea muy difícil que las autoridades puedan estar al tanto de estas peligrosos accesos mineros, que no fueron protegidos como era necesario tras el cierre de las correspondientes compañías mineras que los utilizaron y de los que, en muchas ocasiones, se olvidó su existencia, salvo para los que frecuentan esos lugares que los conocen y evitan.

Como en muchos otros municipios con historia minera, en Bédar desde luego hay pozos mineros sin proteger, aunque ya se han realizado intervenciones en algunos de ellos. Queremos recordar que, sin embargo, lo mejor no es meter una máquina para taparlo, destrozando parte del patrimonio y toda posibilidad de estudio posterior. Lo ideal es poder indicarlos y protejerlos con alguna estructura que impida que nada ni nadie caiga dentro, pero que puerda permitir en un futuro el acceso a posibles investigadores (por ejemplo una protección de ladrillo con puerta con candado o rejillas).

pozos bédar

Por el momento y para los habitantes de Bédar, facilitamos un plano en My Maps con los pozos localizados hasta el momento en las diferentes investigaciones sobre el patrimonio minero que se ha realizado. Por supuesto estamos abierto a modificaciones y añadidos, pues toda información puede ser útil para los posibles senderistas y también para las autoridades competentes, que podrán evaluar el riesgo y tomar así las medidas que consideren más adecuadas para proteger a su población. He aquí el enlace:

https://www.google.com/maps/d/u/0/edit?mid=1OwHFDVl2NLLMLDsDH3XdAK-ZAsDPImVc&ll=37.17621009669951%2C-1.9675607189369382&z=16

La hipótesis de un origen íbero de Bédar

El origen etimológico de “Bédar” es uno de los misterios de este bonito pueblo de la sierra del levante almeriense, sobre el que ya hemos hablado en otras ocasiones. Con el tiempo, y ante la falta de un origen confirmado y oficial, se acabó desarrollando una curiosa historia que afirma que su origen procede el nombre de un influyente personaje hispano-musulmán, ben Beder, que habitó en el lugar. Nadie sabe ni dónde ni cuándo surgió este relato, pero sin duda era algo necesario y pronto empezó a usarse “ben Beder” de forma más o menos oficial como origen, siendo adoptado como por ejemplo por la Asociación musical ben Beder.

Pero queda claro que se trata de un relato inventado, sin ninguna base documental ni arqueológica. Fue precisamente Joan Corominas, un famoso lingüista y filólogo español que además se casó con Barbara Haro, originaria de Bédar, quien apuntó a un origen íbero. Joan Corominas y Josep María de Casacubierta escriben en su Onomasticon Cataloniae que las terminaciones átonas -ar y -al están muy extendidas en la toponimia que se considera íbera. Considera así que procede del íbero-vasco (bide/beda) “camino” del que cita como ejemplo precisamente al pueblo de Bédar.

Pero no todos los autores están de acuerdo en la relación que pudo haber existido entre el vasco y la lengua íbera, habiendo intentos en los que se ha intentado leer la hasta ahora muy desconocida lengua íbera por medio del vasco actual (a pesar de que el vasco moderno no debe parecerse mucho al proto-vasco). Siguiendo esta hipótesis, se habría propuesto que Bédar significa “hierba”,” hierbas”,” herbazal” en íbero, pues compartiría la raíz etimológica de la palabra vasca bedartz (=” hierba”,” herbazal”).

 Hay autores, como Georges Díaz-Montexano, que apuntan más bien a un origen del íbero como antiguo idioma paleo-Eurasiático relacionado principalmente con las lenguas de la macrofamilia Altaica (túrquicos, mongoles y tungús). Los parecidos con el proto-vasco podría explicarse más como transferencias procedentes del íbero. Así, en Eurasia se encuentra el mongol bide- “viaje” y el altaico peda, beda “vado”

alcaldia

Hay que decir que Bédar no siempre se ha escrito tal cual. A mitad del siglo XIX no era raro verlo escrito como “VEDAR”, e incluso en un documento de 1495 se refieren al pueblo como “VIDAR” (Un padrón de los mudéjares de la “Tierra” de Vera en 1495. Victoriano del Cerro Bex, Chronica Nova 11, 1980, 57-87), lo cual no deja de recordar el bide (“camino”) que indica Corominas como origen íbero-vasco o el bide- del mongol en la hipótesis del origen euroasiático (“viaje”).

En todo caso, parece descartarse las teorías que hacen derivar el origen de Bédar del Badr árabe. Aunque esto nos lleva a una cuestión clave, ¿existe alguna traza arqueológica que indique la presencia íbera en la actual Bédar? Aunque no hay ningún estudio ni excavación arqueológica oficial que sepamos, todo parece apuntar al lugar que ocupa actualmente el castillico de los moros, en la cima amesetada de un cerro, junto a las ruinas de un poblado y que parecen ser de mayor antigüedad que otros castillos roqueros cercanos como por ejemplo el de la vecina Serena la de Teresa.

CASTILLO

Como hallazgos ocasionales, ya apuntamos en este blog de la existencia de dos hallazgos ocasionales de dos ponderales de plomo que pudimos localizar y documentar. El primero parece que se encontró en la ladera sur del cerro del castillico, en el que existen numerosos restos del castillo, en una lenta erosión que hace desprenderse numerosos materiales desde la cima. La segunda se encontró se encontró hace unos 40 o 50 años cuando se labraba un campo de cultivo, puede que cerca de la Basalta, a los pies del mismo cerro.

Estos ponderales nos recuerdan mucho a otros procedentes de la vecina zona de la Contestania ibérica (vecina en su tiempo de la Bastetania, donde se ubica el pueblo de Bédar actualmente) y publicados en el artículo de Ignacio Grau Mira y Jesús Moratalla Jávega del Área de Arqueología de la Universidad de Alicante (La regulación del peso en la Contestania ibérica. Contribución al estudio formal y metrológico de las pesas de balanza). En este artículo se describen ponderales típicos en forma de disco, muchas veces perforados para facilitar su transporte mediante un alambre o vástago central, pero no siempre.

Estos discos podían estar fabricados en bronce o plomo, teorizando con la posibilidad de que los de bronce, más perfectos y de pesos más constantes, serían los modelos a partir de los cuales se realizarían copias en plomo, material sujeto a más posibles variaciones en el tiempo, para su utilización en el día a día. Estos discos raramente llevan signos o marcas, pero si la dicha perforación central para el transporte o diferentes muescas, que podrían interpretarse como algún tipo de soporte que facilitaría poder guardarlas en algún tipo de recipiente.

El estudio de estos ponderales íberos parece indicar un sistema predominantemente basado en la dracma griega, de 8,6 gr. en el siglo IV a. C; otro en una unidad de 7,2 gr. durante el s. III a. C, y  una época final en la que se basaría en los 7 gr. o incluso menores.

Nuestros ponderales presentan la siguiente metrología:

fd

Destaca el hecho que ambos tienen el mismo diámetro y que podrían considerarse como múltiplos de una unidad de valor aproximado de 7.

El ponderal número 1, de casi 15 gramos de peso, correspondería perfectamente a un múltiplo de una unidad basada en la dracma griega. La presencia de un bebedero cuidadosamente limado en uno de los costados, nos indica que se trata de una pieza fundida con molde, incluyendo la muesca que presente, que podría tratarse bien de una marca de identificación o para sujetarlo al guardar el ponderal en, por ejemplo, alguna caja.

plomo bedar

El ponderal número 2 presenta una marca de rascado que se presume de hace bastantes años, seguramente realizado por su descubridor para comprobar si se trataba de un metal precioso. El hecho que la rascada, que ha deteriorado parte de la superficie, esté repatinada con un color más oscuro, indica que se hizo hace bastantes años. Presenta también un signo inciso con una pátina igual al del resto del ponderal.  Sus casi 27,2 gr del peso podrían corresponderse a los de un As uncial (peso estándar del As de bronce romano, unidad de las monedas de bronce) que se utilizó entre el 179 y el 158 a. C (siglo II a. C.). Esta medida fue usada para la acuñación de Ases Íbero-romanos en Cástulo, importante ciudad minera, capital de la Turdetania íbera y cuyas monedas se han encontrado en Baria y Cadima. La coincidencia de peso nos hizo formular la hipótesis de que la marca incisa que presenta el ponderal (marcado en color rojo en la imagen inferior) se tratara de una letra íbera, concretamente la “Ka” del alfabeto íbero del sur, como acrófono del nombre íbero de Castulo, KASTILO kastilo.jpg, pues de ser correcta esta hipótesis, el ponderal serviría para comprobar el peso de estas monedas.

                                           plomoib2.jpg

Sin embargo, otros hallazgos arqueológicos apuntan a otra posibilidad para explicar la marca en este ponderal. El hallazgo de dados con signos íberos han ayudado a comprender mejor los números en escritura ibera, expresados como acrófonos: bi, e, l, ti, be y ta:

https://i2.wp.com/euskararenjatorria.net/wp-content/uploads/2018/08/Numantziako-dadoa.jpg

Dado ibérico (Museo Numantino)

Siguiendo la hipótesis del origen euroasiático del íbero del mencionado Georges Díaz-Montexano, el signo que correspondería al 3  se correspondería con l1 (l) o l2 (u) como acrófonos del ibero (i)lun/(i)lur o lur/lun, que significa 3 o tercero, que podrían proceder del proto-tungúsico ilan (3) o del proto-túrquico üč (3), ambas lenguas euroasiáticas. Es decir, en cualquiera de los dos sentidos en los que se leyera este signo, significaría “3” según la hipótesis euroasiática. dado

No cabe duda de la similitud entre ambos signos, por lo que el signo sobre el ponderal de Bédar podría tratarse, simplemente, de un acrófono del “3” íbero para poder identificarlo más fácilmente

Podemos concluir que nos encontramos con varias pruebas claras en favor de la hipótesis de un origen íbero de Bédar:

1. Ambos ponderales pueden considerarse como múltiplos de unidad equiparable a la dracma griega y que se sabe que era usada en la vecina Contestania ibérica hacia el siglo III a. C. y que era diferente del sistema que usaron los romanos.

2. La forma de los ponderales descritos(discos de plomo) también era característica de los pueblos íberos. Independientement del significado, la inscripción en uno de los ponderales puede corresponderse también a un signo en lengua íbera.

3. El origen etimológico (Bédar) parece también tener un origen íbero (camino, vado o viaje).

 

Bédar: publicaciones de Virginia Fernández Collado

Hoy realizamos una pequeña sección de libros de escritores bedarenses, lo que hoy en día es lo mismo que decir Virginia Fernández Collado.

En la espera de su próximo libro “Forest”, del cual informaremos debidamente, nuestra autora acaba de publicar un libro ideal para aquellos que preparan las oposiciones al cuerpo de profesores de Enseñanza secundaria. Pulsando sobre la imagen podrán acceder al punto de venta en Amazon.

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Virginia Fernández Collado es profesora de Administración de Empresas en Educación Secundaria. Ha realizado los cursos de doctorado en Economía Aplicada, tiene una master en “Asesoría Fiscal” de la escuela de negocios GADE en Madrid. Ha publicado en “El periódico urbano” en Santiago de Chile y en Quillota (Chile). Ha colaborado en la revista “Axarquía”. Algunos de sus poemas aparecen en libros conjuntos. Ha publicado los libros Depredador, ed. La oficina, 2015, Poemas 2006-2016, ediciones del Genal y Fundación Fondo Kati, 2017. Ha coordinado varias antologías poéticas. Ha recibido el 1er Premio (modalidad poesía) en el XIII Concurso de Creación Joven, Ciudad de Almería en 2011.

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De la misma autora, también se ha reeditado de Poemas 2006-2016, bajo el título de “Lluvia” con prefacio de Pilar Quirosa-Cheyrouze , también disponible en Amazon (pulsar sobre la imagen).

LLUVIA

 

 

https://authorcentral.amazon.com/gp/books