Traducción de las pinturas de la alberca califal de Bédar de la época de al-Hakam

«El primero del mes de ŷumādà al-ājira / del año cincuenta y cinco / y trescientos. Fue escrito…» es lo que se indica en el texto fundacional de la Balsa Alta de Bédar según un nuevo estudio, o que es lo mismo, que fue escrito el 25 de mayo del 966 según el calendario cristiano, con Al-Hakam como califa en Córdoba.

Casi como regalo de navidad, tenemos esta importantísima noticia que concierne a uno de los elementos más importantes del patrimonio bedarense. Siguiendo el primer artículo de Sophie Gillote, se ha publicado un nuevo artículo por parte de Carmen Barceló, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Valencia. Se trata de «Pintura califal de Bédar (Almería, 355/966)» en la revista especializada Al-Qanṭara, al que pueden acceder pulsando en cualquiera de las imágenes de este post.

A la derecha de este texto, se encuentra una conocida doxología; «al-mulk li-llāh«, expresada en el Corán con la formulación «la-hu al-mulk» o «suyo es el dominio».

«El primero del mes de ŷumādà al-ājira / del año cincuenta y cinco / y trescientos. Fue escrito…»
«Suyo es el dominio»

Siguiendo a la autora, se utilizó la modalidad de árabe utilizado, el árabe clásico, y sorprende su corrección en un contexto rural como es el de Bédar, pues incluso en Córdoba se solía errar el género del mes lunar citado en la balsa. Se trata de un modelo califal cúfico, idéntico al de una lápida que celebra la construcción de un alminar en Baeza (Jaén) por orden del califa al-Hakam.

Además, por otras características el texto, la autora propone como hipótesis que quien realizó la pintura caligráfica se hubiera formado en Córdoba, cerca del círculo del omeya Abd al-Rahman III, según los singos gráficos empleados.

Dicha decoración era más apropiada para zócalos de paredes de habitaciones, por lo que es todavía desconocido el motivo por el que se llevó a decorar una balsa de agua, sin que haya casos similares documentados en época califal. Por las dimensiones de la alberca, podría tratarse de un edificio de ámbito familiar, teoría que solo podrá confirmarse por medio de una excavación arqueológica, que viendo la importancia de estos restos se antoja necesaria e urgente. Es por eso que desde de APAMIBE solicitamos a las autoridades competentes que procedan a la protección de los restos y que se promueva una excavación arqueológica en el menor tiempo posible.

Imagen 042

Queremos agradecer a la autora del artículo, Carmen Barceló, su interés por el estudio de este elemento patrimonial de Bédar. Por otro lado, nos sentimos orgullosos que nuestro humilde trabajo, desde este blog, haya sido de utilidad para tan importantes resultados.

El Hoyo Júpiter de Bédar (Serena), algo más que una simple roza

A pocos días de navidad de este atípico año, volvemos a los temas clásicos que tratamos en en este blog y, concretamente, a la joya de la minería de Bédar, el Hoyo Júpiter de Serena.

Es uno de los puntos estrella de la ruta minera de Bédar, cuando ya cerca de Serena queda a la vista un enorme hoyo de unos 200 metros de largo y 50 de ancho en la que se vilsumbran los restos de algunos edificios. Si tiene la suerte de ir con un guía o con alguien que conozca la historia minera de Bédar, posiblemente le cuente cómo en ese lugar se ubicaba un cerro que fue completamente explotado por la Compañía de Águilas, y su mineral transportado por el cable aéreo hasta Garrucha, desde donde se distribuyó entre diferentes acerías inglesas, alemanas e incluso norteamericanas.

Se calcula en más de dos millones de toneladas de mineral de hierro lo que se extrajo del «Hoyo» durante toda su historia minera, con una cantidad desconocida de estériles que tuvo que ser movilizado para permitir el avance de la explotación.

Si bien ha quedado muy poco material documental, hemos podido recoger los suficientes para dibujar con bastante exactitud la planificación y avances de esta mina (en realidad tres, Porfiado), que fue siempre el «buque insignia» de la Compañía de Águilas. Si bien se conoce actualmente como Hoyo Júpiter, realmente el Hoyo se extiende por las concesiones de Porfiado, Mahoma y Júpiter, donde existían gruesas capas de mineral de hierro oxidado con bastante manganesa y muy poco fósforo, lo que lo hacía especialmente interesante para la fabricación de acero. La presencia de de grandes «conchas» de estériles siempre puso a prueba la competencia de los ingenieros que se encargaron de su explotación, preocupados siempre en poder evacuar los estériles y depositarlos sin poner en riesgo el avance de la explotación.

Es por eso que, a pesar del aparente caos que se observa hoy en día, se trata de una explotación muy planificada, desde que en 1895 los ingenieros Putz y Dietrichon planearon el ataque inicial a la montaña de hierro que ocupaba el lugar, a partir de una serie de pocillos de exploración. La explotación se llevó a cabo a cielo abierto durante sus primeros años, donde llegaron a emplearse 480 operarios (incluida la vecina mina San Manuel, donde se encontraba la estación del cable aéreo). La explotación, dividida en diferentes zonas de trabajo o «Hoyos», semejaba un hormiguero, con numerosas vías mineras de superficie, con planos inclinados y sus correspondientes máquinas de vapor para salvar los diferentes desniveles. Un plano conservado de 1895 nos muestra el complejo sistema de vías superficiales del Hoyo (plano adjunto), donde se aprecian, al menos dos planos automotores y varios de los «hoyos» o rozas en explotación en esos momentos.

Es díficil imaginar como pudieron trasladar hasta esas minas las calderas y maquinaria necesaria para los planos inclinados, sin contar la ingente cantidad de traviesas y raíles necesarios para toda la infraestructura. Como para la construcción del cable aéreo, debió utilizarse la vía natural de acceso a esa zona, el cauce del río Jauto, por medio de carretas tiradas por bueyes. Sin embargo, el subirlos al cerro donde se encuentran las minas y emplazarlos en la parte superior de las crestas y relieves no debió ser nada fácil.

Sobre los trabajos no sabemos gran cosa, a parte de algunos de los nombres de las rozas. Así tenemos la roza de San Marcos, la del Teléfono y la de Porfiado en la concesión de Porfiado y la roza Colorada, la roza Negra y los diferentes planes del «hoyo Júpiter». En algunos documentos se mencionan las malas condiciones en las que tenían que trabajar en ocasiones, como cuando se comenta en 1906 cómo los operarios trabajaban en la roza de San Marcos colgados de cuerdas por la cintura en los cortes de la misma. Sin embargo, no todos eran jornaleros a sueldo de la Compañía. Muchos de los mineros eran autónomos (contratistas), pequeñas cuadrillas a las que se les encargaba trabajos muy concretos (cortar cierta cantidad de mineral, la construcción de una galería, un pozo…), muchos de ellos originarios de Bédar. Así sabemos por ejemplo que en 1898 en la roza de San Marcos trabajaba en contratista Felipe Guirao Ródenas, en la de San Manuel Francisco Crespo Campoy y Francisco Quilés Caparrós y en la de Mahoma Antonio Martínez López, Juan Guerrero Yáñez, Andrés Caparrós y Nicolás Collado Gómez.

Cuando el Hoyo alcanzó cierta profundidad, se habilitó una galería a la cota 365 que recogía el mineral de forma más económica y la llevaba hacia el cargadero del cable aéreo. Finalmente, cuando los costes de extraer el estéril superaron al beneficio del mineral, empezaron a realizarse explotaciones subterráneas, que partían de la periferia del Hoyo, aunque siguieron los trabajos a cielo abierto. Pero esto ya es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión.

BARIA EN PELIGRO (de nuevo): todos a la manifestación del domingo 20 de diciembre a las 12:00 horas

Los admistradores del Blog del Faro de Bédar y la Asociación de Amigos del Patrimonio Minero de Bédar apoyamos incondicionalmente la manifestación en defensa de lo restos de la antigua e importantísima ciudad de Baria (Villaricos), que de nuevo vuelve a estar en peligro por culpa de especuladores sin escrúpulos y de la negligencia de la Administración. Es indigno e insultante para todos nosotros esta afrenta a nuestro patrimonio. Todo nuestro apoyo a la campaña y a la manifestación, y pedimos a todos que difundan al máximo esta convocatoria.

Incluímos el comunicado de Juan Grima Cervantes, vocal de la asociación Unidos con Baria:

Entre 2003 y 2004 se libramos una batalla grandísima para salvar una parte importante de la historia y del legado almeriense cuando una empresa constructora quiso hacer un edificio de 7 plantas de altura en una zona protegida arqueológicamente en el caserío de Villaricos (Cuevas del Almanzora), donde se sitúan las ruinas ocultas de la antigua BARIA, una ciudad de origen fenicio (fundada en el siglo VII a.C.), con un pasado esplendoroso durante la época púnica, romana, visigoda y árabe (en palabras de Luis Siret, el célebre arqueólogo belga que excavó su necrópolis).

En aquellos años, con la opinión pública de nuestra parte, pudimos parar aquella barrabasada y expolio que se quería cometer con nuestro patrimonio. Desgraciadamente la historia se repite. Junto a la zona que entonces salvamos, existía otra contigua y bien protegida gracias a la delimitación arqueológica hecha por la Adminsitración muchos años atrás, pero desde entonces hasta el prsente su propietario, Villaricos, S.L., ha conseguido lo inconsegible, o sea anular la delimitación arqueológica precedente con la ayuda de un negligente abogado de Junta de Andalucía, que no presentó ninguna alegación en su contra, como era su obligación para cumplir la Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico de andalucía, lo que provocó que el tribunal dictara una sentencia que puede parecer legal, pero que es injusta porque viola hasta la última coma de esa misma Ley. Y ahora, en base a ese despropósito, pretenden hacer 24 apartamentos justo en ese lugar, en el corazón de la antigua Baria, donde se sabe que están los restos más importantes de la época fenicia y romana.

¿Vamos a permitir que un slar que es el epicentro de la más esplendorosa ciudad d ela Antigüedad en nuestra provincia, se destruya para construir apartamentos turísticos? ¿No hay otro sitio en toda la costa del Levante donde edificar esos apartamentos? ¿Tiene que ser forzosamente ahí, sí, ahí, aniquilando la historia? Por favor, un poco de decencia, un mínimo de respeto por las cosas que merecen proteción y veneración, una miaja de amor y de querenica por lo neustro. ¿Acaso, esto, lo permitirían en Granada o en Antequera, por nombrar a dos ciuades que viven de su patrimonio histórico? ¿Y vamos a ser tan cobardes de mirar para otro sitio y que hagan lo que quieran unos desaprensivos capitalistas en el peor sentido de la palabra?

Yo lo tengo claro. Yo voy a luchar. Súmate y defiende con nosotros esta provicnia y su legado histórico.

Juan Grima Cervantes

Vocal de Unidos con Baria.

Minería de Bédar: los compresores de Hierros de Garrucha

Ilustración que muestra a un minero en unos trabajos de exploración instalando un compresor portátil BETICO DE 20 HP tipo GALÁN.

Uno de los aspectos de dificulta más el estudio de la historia minera en nuestra zona es la falta de documentación de las empresas que explotaron las minas. Esto hace que sea muy complicado conocer el tipo de herramientas que utilizaron, especialmente en la primera época minera (XIX-XX). Con esto no hacemos referencia al material ferroviario, que normalmente es más fácil de rastrear, sino a todo ese tipo de instrumentos y material necesarios en toda mina, como son los elementos de iluminación, explosivos y detonadores, máquinas de tracción de pozos, cables metálicos, cuerdas, vagonetas, compresores, mangueras de presión, martillos picadores, paleadoras, afiladores de barrenos, etc. Aspectos que normalmente no suelen ser tratados en investigación minera.

Diferente publicidad de compresores y martillos neumáticos para minas de las décadas de 1850-1860. La oferta era bastante más amplia y variada de lo que se puede llegar a pensar.
Muchos de los ingenieros de minas eran a la vez representantes de una o varias casas comerciales de material minero. En este anuncio de 1897 vemos como representante de la casa alemana FELTEN Y GUILLEAUME a un viejo conocido de la minería almeriense en general y bedarense en particular, Carlos (Karl) Bahlsen, en su domicilio de Reforma en el Pinar de Bédar. Entre los productos ofertados se encuentran cintas de abacá para minas, el abacá es un tipo de platanero del que se obtenían unas fibras muy resistentes, además de cables metálicos.

De todo esto poco sabemos, aunque es seguro que utilizaron una gran y amplia gama de material procedente de diversos fabricantes, tanto españoles como extranjeros, pues la oferta fue mucho más variada de lo que podamos llegar a pensar. Como hoy en día las grandes empresas, recibirían periódicamente agentes comerciales y folletos publicitarios por correo de las diferentes casas comerciales, ofreciendo todo tipo de maquinaria y efectos para la mina.

Anuncio de época de compresores de aire de la marca alemana FLOTTMANN.

Nuestro conocimiento no es mucho mayor en lo que respecta a la fase minera durante el periodo autárquico. A parte de los conocidos carbureros de patente FISMA, poco se sabe del resto de material utilizado por Hierros de Garrucha, a excepción de nuevo del material ferroviario, en este caso las locomotoras diésel, de las que tratamos también en el libro sobre la minería en el levante almeriense que verá la luz el año que viene.

Hay una pequeña excepción a este desconocimiento general en lo que respecta a los compresores utilizados por Hierros de Garrucha. En un artículo del periódico YUGO del 1 de abril de 1959 se hace una relación de los compresores que poseía la empresa, y que pasamos a detallar:

-Un compresor eléctrio de 125 H.P. de marca DEMAG

-Un compresor de 40 H.P. de marca INGERSOLL

-Un compresor de 40 H.p. de marca FLOTTMANN

-Dos compresores de 40 H.P. de marca BETICO

-Tres compresores portátiles de 20 H.P. de marca BETICO

Fabrica en Eibar y logo de la fábrica de compresores y motores diésel BETICO.

Como se podría esperar, la empresa utilizaba compresores de diferentes fabricantes. El de más potencia, el de 120 H.P. de la marca alemana DEMAG, es sin duda el que se instaló en el Hoyo Júpiter, la mayor explotación del coto. Los demás estarían instalados en las minas Esperanza, el socavón de Los Lobos, la Alerta, la mina Tres Amigos o la Cuadra. En varias de estas minas todavía se pueden ver las casetas y bases de cemento donde estaban instalados estos compresores fijos.

Anuncio de época con la gama de herramientas neumáticas de la marca alemana FLOTTMANN

También disponínan de 3 compresores portátiles de 20 HP de la marca BETICO, que se utilizaban para los trabajos de investigación. Hay que recordar que en la época el único método de transporte posible por muchos de los accidentados caminos de la sierra eran los burros, único transporte capaz de llevar el necesario material de construcción y demás herramientas. Los tres compresores portátiles de los que disponía de compañía minera se utilizaban para realizar labores de investigación, como las que sabemos que se realizaron en minas como Cuatro Amigos (Majá la Cana) y Carabinera. Estos compresores podían llevarse hasta la zona de trabajo con la ayuda de burros, aunque a veces se encontraran en zonas de muy difícil acceso, permitiendo que los mineros pudieran utilizar sus herramientas neumáticas. Se trataban de pequeños compresores montados sobre un chasis con ruedas de 20 H.P. del fabricante eibarrés, seguramente de los tipos B-F-7 (FOGOSO) o G-F-7 (GALÁN).

Otro de los elementos imprescindibles eran las mangueras para alimentar los martillos neumáticos, fabricadas en caucho. Algunas empresas estaban (y están) especializadas en estos productos, como la muy conocida Pirelli, que aquí vemos en un anuncio de la época.

Aunque no disponemos de ningún dato, es muy posible que también se hubieran comprado martillos neumáticos a los mismos fabricantes a los que compraron los compresores. Sin duda compraron a diferentes frabricantes en función de las necesidades y de las ofertas o contactos que hubieran podido tener. Los mineros de Hierros de Garrucha comentaban que utilizaban martillos «españoles» y «alemanes», pero que preferían especialmente los de fabricación alemana, ya que eran mucho más eficaces y resistentes.

El mayor compresor de Hierros de Garrucha era de fabricación alemana, de la empresa DEMAG.
Los martillos «alemanes» que algunos testimonios refieren que utilizaron en las minas de Bédar podrían tratarse de los fabricados por la marca alemana FLOTTMANN o bien DEMAG.

LA EXPLOTACIÓN DEL TALCO DE SOMONTÍN (ALMERÍA) DURANTE EL PERIODO DE ACTIVIDAD EMPRESARIAL DE MANUEL BERRUEZO AYORA (1845-1874)

Ya está disponible la versión completa de este artículo, el último publicado por J. Berruezo García y J.A. Soler Jódar. En este artículo se describe la primera época de explotación del talco de Somontín (1845-1874), periodo que coincide con la actividad comercial de Manuel Berruezo Ayora, principal referente empresarial de este sector en el levante almeriense, cuyas cartas comerciales y otros documentos conservados han permitido conocer la exportación desde la rada de Garrucha (Almería) de miles de quintales de talco (jaboncillo) para la industria textil de Cataluña. También se detallan las diferentes formas de contratación del jaboncillo; los litigios habidos con el Ayuntamiento, en cuyos montes comunales se encontraban las canteras, así como las técnicas mineras empleadas para su explotación, que tanto beneficios reportó a los vecinos de Somontín durante más de un sigl

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Ferrocarriles y cables aéreos mineros (continuación)

Aparte de las extensas descripciones de las vías de ferrocarril y de cable aéreo, se presta especial atención a las condiciones en las que trabajaban los mineros, así como a los accidentes y enfermedades a los que estaban expuestos. A finales del siglo XIX el hecho que la vida de un minero fuera corta era algo comúnmente aceptado, en aras del desarrollo y la prosperidad del país.

En 1888 el 30 por ciento de los operarios que trabajaban en las minas eran menores. Empezaban a trabajar normalmente a los 9 años y hasta los 16 eran conocidos como los «muchachos», que debían trabajar en condiciones lamentables y, en no pocas ocasiones, eran maltratados. Por 1,75 pesetas e jornal, un minero sin experiencia se jugaba diariamente la vida en las minas, los muchachos empezaban con tan solo 0,75 pesetas de jornal y como mucho llegaban a 1,25 pesetas.

Placa de fabricante con el número de fabricación que llevaban las locomotoras fabricadas por la Saint Léonard de Liège en su lateral derecho. Las tres locomotoras del ferrocarril de Bédar a Garrucha eran las únicas de su tipo y llevaron este tipo de placas con los números 993, 994 y 995.

Además de la deficiente alimentación y de las duras jornadas laborales, literalmente de sol a sol, los mineros estaban expuestos a numerosos y variados riesgos de seguridad, como explosiones, desprendimiento de techos y colapso de galerías, caídas a pozos y por terraplenes, atropellos por vagonetas, etc. No faltaron tampoco atropellos mortales por las locomotoras y caída desde las vagonetas del cable, aunque estuviera prohibido viajar en ellas.

El anquilostoma o «gusano ganchudo» (hookworms en inglés), era el desagradable nemátodo con aspecto casi alienígena que causaba la «anemia del minero».

Por si fueran ya pocos problemas, los riesgos de higiene no estaban tampoco ausentes. El trabajo agotador y la deficiente alimentación hacían mella en los trabajadores, que además de las enfermedades que periódicamente afectaban a toda la población, hubieran de soportar las propias de su profesión. A las ya más conocidas silicosis y saturnismo (intoxicación por plomo), se le añadió una enfermedad producida por unos desagradables gusanos cuyas larvas se encontraban en el agua que inundaba muchas minas y que tras atravesar la piel se instalaban en el intestino provocando una desnutrición y pérdida de sangre que llevaba a la anemia, la temida «anemia de los mineros».

Representación de una de las locomotoras 030T Saint Léonard del ferrocarril Bédar-Garrucha en la Estación de Tres Amigos de Bédar, ante la casa de los Ingenieros, residencia del ingeniero director de las minas.

Aún están a tiempo de reservar sus ejemplares, ya sea en su versión inglesa (andy-tank-1@hotmail.co.uk) o española (juan.ant.soler@gmail.com).

Ferrocarriles y cables aéreos mineros

Más de 30 años de funcionamiento del cable aéreo y del ferrocarril de Bédar a Garrucha han dejado muchas historias detrás suyo. Desde las obras de instalación, en tiempo récord, hasta la paralización definitiva no han faltado accidentes, sabotajes y robos. Los ingenieros de minas tuvieron que aplicarse a fondo para poder conectar las diferentes minas diseminadas por la accidentada Sierra de Bédar con las líneas de transporte general, lo que se tradujo en decenas de diferentes planos inclinados, vías de transporte, túneles, ramales de cable… que han dejado numerosos restos que hoy en día pueden visitarse en la actual ruta minera de Bédar.

Uno de los diversos accidentes que sufrió el ferrocarril acabó con una locomotora bocabajo, la chimenea clavada en el suelo. ¿Hubo heridos? ¿cómo pudo ocurrir?

Uno de los objetivos del libro «Minas, cables, ferrocarriles, fundiciones y embarque de minerales» es el de recoger todos los datos históricos disponibles, tanto desde el punto de vista técnico como el social y económico, un pasado minero que conforma una parte importante de la historia de Bédar, Los Gallardos y Garrucha, municipios que estuvieron conectados por el cordón umbilical que suponían estas líneas de transporte, pero también de Mojácar y Turre, cuya actividad se vio muy influenciada por la minería, que también se desarrolló, aunque a diferente escala, en Sierra Cabrera.

<p value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">Desde los viejos cotos mineros de Mojácar, Garrucha y Turre, hasta los restos de las importantes minas de plomo y hierro de la Sierra de Bédar, la antigua ruta del ferrocarril sigue reclamando su protagonismo, esta vez como vía verde, asegurando como antaño una conexión entre la costa y la sierra. Este eje sería el complemento perfecto para completar la oferta del levante almeriense, que ya encabeza la geoda de Pulpí y que ha de completarse, necesariamente, con la recuperación turística de la importante zona minera de Sierra Almagrera. Desde los viejos cotos mineros de Mojácar, Garrucha y Turre, hasta los restos de las importantes minas de plomo y hierro de la Sierra de Bédar, la antigua ruta del ferrocarril sigue reclamando su protagonismo, esta vez como vía verde, asegurando como antaño una conexión entre la costa y la sierra. Este eje sería el complemento perfecto para completar la oferta del levante almeriense, que ya encabeza la geoda de Pulpí y que ha de completarse, necesariamente, con la recuperación turística de la importante zona minera de Sierra Almagrera.

Aún están a tiempo de reservar sus ejemplares, ya sea en su versión inglesa (andy-tank-1@hotmail.co.uk) o española (juan.ant.soler@gmail.com).

Los orígenes de Bédar

El topónimo «Bédar» parece proceder del íbero, así lo indicó el lingüista y filólogo español Joan Corominas, que en su Onomasticon Cataloniae indica que procede del íbero-vasco (bide/beda) “camino” del que cita como ejemplo precisamente al pueblo de Bédar. Otros autores, como Georges Díaz-Montexano, sostienen la teoría del origen paleo-Euroasiático del íbero, Así, en Eurasia se encuentra el mongol bide- «viaje» y el altaico peda, beda «vado». No ha de sorprender que en un documento de 1495 se utilice el topónimo «Vidar» (Un padrón de los mudéjares de la “Tierra” de Vera en 1495. Victoriano del Cerro Bex, Chronica Nova 11, 1980, 57-87). Esta hipótesis se ve reforzada con la documentación de lo que parecen ser dos ponderales íberos en lo que hoy es el castillo de los moros. No ha de extrañar la posible presencia de un asentamiento íbero en esta zona, tan rica en minerales (hierro, plomo y cobre), si tenemos en cuenta que en la cercana Cadima está documentada una fase también íbera, que fue seguida de otra romana con una ocupación ininterrumpida desde el siglo II a.C. hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII d.C. En este contexto cobra sentido la presencia de un asentamiento en lo que debió ser un camino de acceso al interior de la sierra, de ahí a ese sentido de «paso» o «camino».

Ponderal de plomo con lo que parece ser un signo íbero

Durante la época romana y tardo-romana la población de lo que después será la tierra de Vera estaba ubicada principalmente en núcleos de la costa y cuencas de los ríos Aguas y Almanzora (Baria, Cadima, Roceipón y Mojácar la Vieja). Estos pueblos empezaron a declinar, acabando despobladas, mientras aparecían poblaciones situadas en la sierra. Juan Grima expone los factores que propiciaron el abandono de estos núcleos y la aparición de asentamientos situados en las sierras circundantes. En el siglo III se inicia una crisis con el declive de la esclavitud, la ruralización de la zona y expansión de la gran propiedad, la llegada de los bárbaros tras la caída del Imperio romano de occidente y la posterior ocupación bizantina de la zona. La crisis afecta especialmente nuestra comarca, prolongándose y siendo de especial relevancia entre los siglos VIII y XIII bajo el dominio musulmán. Fue en este periodo en el que parece que se fundaron diversas poblaciones situadas en la sierra, buscando zonas más protegidas. Desconocemos completamente si hubo continuidad del asentamiento en Bédar hasta la llegada de los musulmanes. A pesar de no existir ninguna prueba, es muy posible que durante el periodo romano se continuaran explotando las minas, especialmente las de plomo y cobre de El Pinar, ya que sí existen datos documentales que se explotaron durante la época de dominación musulmana, tanto las de hierro de Serena como las de El Pinar.

Representación artística del aspecto que debió tener la mezquita de Bédar.

En todo caso, tras el abandono de las ciudades del valle, una parte de esa población debió asentarse en Bédar, como lo hizo también en Serena y otras poblaciones de la sierra como Cabrera o Teresa. Tras la invasión musulmana, esta población debió estar formada por mozárabes (cristianos que siguen profesando su fe bajo dominio musulmán). En este sentido se han recogido algunas palabras en Bédar de origen mozárabe , como por ejemplo la forma payuelas (viruelas) o el topónimo Fornos. Esta población mozárabe debió convirtiéndose poco a poco al islam (mudéjares) y no es descartable la llegada otros pobladores, posiblemente bereberes, que implantaron un aprovechamiento del agua que favorecería el desarrollo de los cultivos. Destacan las pinturas murales de la Balsa Alta, precisamente una balsa de agua, que han sido datadas en el siglo XI, así como otros restos documentados como un amuleto en plomo de la misma época.

No hay que olvidar que en la vieja ciudad romana de Cadima persistió una alquería durante el periodo califal y de las primeras taifas, tal y como lo demuestran varios hallazgos documentados en esa zona. Sin duda debieron mantenerse estrechas relaciones entre ambos núcleos de población.

Pinturas murales de la Balsa Alta de Bédar
El amuleto de plomo del castillico de Bédar en una exposición en Chipiona (el segundo por la izquierda).
Dirham del rey Almotacín procedente de Cadima (Los Gallardos).

Los mozárabes que hubieran podido quedar en Bédar debieron marcharse el año 1125 durante la incursión del rey aragonés Alfonso I el Batallador, ya que los que no huyeron con él fueron expulsados como venganza por los almorávides. La población bereber de Bédar fue la que implantó las nuevas técnicas de aprovechamiento del agua que permitió que durante el reino nazarí Bédar contara con una huerta productiva y se criara gusano de seda, lo que le otorgó cierta prosperidad. Sin embargo, conforme la frontera con los cristianos se iba acercando, los conflictos comenzaron a volverse frecuentes.

Cerámica esgrafiada al manganeso de época almohade o nazarí.

En el año 1304, una tropa compuesta de unos 400 jinetes y 150 infantes asolaron la tierra de Vera, quemando y talando el terreno. En 1316 se firmó un pacto entre Castilla, Murcia y Granada para pacificar la frontera oriental, pero duró poco y en el 1319 volvieron los ataques de los cristianos. Se sabe que en 1436 las tropas murcianas ocuparon Bédar, pero no Serena. Bédar permaneció bajo dominación cristiana hasta que fue recuperada por las tropas nazaritas entre 1446 y 1447, bajo el reinado de Muhammad X “El Cojo”.

El 9 de julio de 1488 el marqués de Cádiz se acercó a Vera y tras dialogar con su alcalde se acordó la entrega de la plaza al día siguiente. El día 12 Mojácar también fue tomada. Tras la caída de estas dos ciudades nazaritas, las demás poblaciones también se entregaron. Los habitantes de las alquerías y villas de Teresa, Cabrera, Sorbas, Mojácar, Bédar y Lubrín acudieron a Vera (el campamento estaba ubicado en el Real de Antas) para rendir homenaje al rey Don Fernando. Este hecho se refleja en el escudo de Bédar con una llave entre dos torres terrazadas árabes de oro. El Macarche, por Bédar y Almaf Canif por Serena, se entregaron al rey Don Fernando. Tras la conquista, las fortalezas de Bédar y Serena fueron derribadas para evitar que fueran utilizadas en caso de sublevación.

La parroquia de Bédar se creó el año 1505 con la conversión forzosa de la población musulmana (mudéjares), convertidos así en moriscos. La cristianización del antiguo reino musulmán de Granada supuso en la práctica que se utilizaran las antiguas mezquitas para el culto católico. Así pasó con las de Bédar y Serena. Tras un periodo de utilización se decició la construcción de nuevas iglesias. Así, en 1501 se promulgó una Bula para la construcción de las iglesias del Arzobispado de Granada, haciéndolo en 1505 las de la diócesis de Amería. La mayoría ya estaban construidas cuando se produjo la sublevación de los moriscos.

Se trataban de pequeñas iglesias rurales que, a parte de ofrecer los servicios religiosos, sirvieron de refugio ante ataques de piratas o monfíes. La función de fortaleza de la iglesia de Bédar. El edificio original, sin las ampliaciones posteriores, daba una impresión de solidez, con sus muros altos sin grandes ventanas y con su sólida torre provista de saeteras defensivas.

Representación artística de la iglesia «nueva» de Bédar tras su construcción por la población morisca de Bédar en el siglo XVI y antes de las ampliaciones que sufrió en los siglos XVII y XVIII.

Con la sublevación de los moriscos de 1568 muchas de estas iglesias fueron parcialmente destruidas o incendiadas, por lo que tuvieron que ser reconstruidas a partir de 1570, cuando finalizó el levantamiento. Es por eso que varias de estas iglesias de la diocesis de Almería ostentan el escudo del obispo de Almería Antonio Corrionero (1558-1570). Con respecto a las iglesas de Bédar, el LAR es claro en este sentido: se indica que la iglesia de Bédar era nueva y buena para que se pudiera celebrar el culto divino, y otra “iglesia vieja” que se menciona al describir las propiedades de moriscos y cristianos viejos. Esta «iglesia vieja» se corresponde con la antigua mezquita de Bédar, que se ubicaba no lejos de a actual iglesia, tal y como hemos podido documentar.

Primera representación de la iglesia de Bédar. Catastro de la Ensenada (1750).

La despoblación en Bédar y Serena se mantuvo durante mucho tiempo, los archivos parroquiales de la iglesia de Santa María de la Cabeza de Bédar no se inician hasta 1682,cuando en otros lugares cercanos se inician mucho antes, como pasa en Antas (1612) o Turre (1660). Conforme fue aumentando la población estas iglesias se empezaron a quedar pequeñas, por lo que tuvieron que ser ampliadas la mayoría de ellas durante los siglos XVII y XVIII. Las ampliaciones en la de la iglesia de Bédar datan de esa época.

Conferencia 14 agosto 2020: Mujeres e infancia en El Argar

Hoy recordaremos una de las conferencias más interesantes promovidas por la Asociación Amigos de El Argar y que pudimos grabar para todos los que no pudieron asistir. Se trata de la conferencia impartida por Margarita Sánchez Romero en la iglesia de Herrerías. Con la asistencia de las concejalas de cultura de los ayuntamientos de Cuevas y Totana. La introducción fue realizada por el alcalde de Cuevas, el presidente de la Asociación Amigos de El Argar, Julián Pérez Flores y el arqueólogo Domingo Ortiz Soler.

Hablando Siret 2019 -

La conferencia resultó realmente interesante, con un lenguaje sencillo y bien adaptado para los que no somos arqueólogos y de manera muy didáctica y amena. El tema no puede ser de más actualidad, pues se trata de una revisión de la forma en la que se han realizado históricamente las interpretaciones arqueológicas, en el que ha predominado siempre un punto de vista excesivamente masculino, algo que no se acaba de superar hoy en día.

Se ha dado quizás excesiva importancia a ciertos aspectos que se podrían considerar como «masculinos», como podrían ser las armas de guerra, infravalorando o incluso obviando avances tecnológicos de vital importancia como la preparación de alimentos o el desarrollo de las técnicas textiles que, por considerarse como más «femeninos», no se han tomado con la consideración que merecían y no ocupan actualmente el lugar que les pertenece en el desarrollo de las civilizaciones.

Evidentemente, la conferencia se ha centrado en la cultura de El Argar, que como recordó Julián Pérez Flores al final de la conferencia, es un patrimonio de todo el levante Almeriense que tenemos que poner en valor, animando a que todos los municipios del se unan a la Confederación de Pueblos Argáricos, como manera de conseguir que algún día se decida a actuar sobre importantes yacimientos como los de Gatas (Turre), El Oficio (Cuevas) o el icónico yacimiento de El Argar (Antas), que da nombre a una cultura que es conocida y reconocida internacionalmente… salvo en Almería.

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Julio de 2019: «La reutilización de los monumentos megalíticos en El Argar»

El 5 de julio de 2019, el Profesor de Prehistoria, Gonzalo Aranda Jiménez impartió la conferencia «La reutilización de monumentos megalíticos en el Argar», dentro de las IX Jornadas de estudio sobre la  Cultura de El Argar. La conferencia se llevó a cabo en el Edificio Museo Pedro Flores de Antas. Como novedad en las conferencias promocionadas por la Asociación Amigos de El Argar, se organizó una visita a los yacimientos arqueológicos, de la mano de Gonzalo Aranda y el arqueólogo Domingo Ortiz Soler.

 

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La asistencia superó todas las espectativas, lo que demuestra el interés de este importante yacimiento cercano a Antas.

 

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Este importante yacimiento de la Edad del Bronce, que dio nombre a la cultura de El Argar, es de una importancia equivalente a otros como La Almoloya o La Bastida, que ya han sido puestos en valor y que experimentan cada año un número creciente de visitantes. En nuestro levante de Almería, podría ser la joya de toda una serie de ofertas culturales turísticas de renombre, entre las que ya se encuentra la visita  a la geoda gigante de Pulpí y el museo de Villaricos como los más importantes, pero que pronto esperamos que se aumente con las proyectadas minas visitables en Bédar, las que podrían serlo en Cuevas de Almanzora, y el rico patrimonio medieval que atesora nuestra tierra. Este valor añadido al turismo de playa y sol, puede hacer del levante una de las zonas más atractivas para todo tipo de visitantes.

El éxito de esta convocatoria nos anima a seguir trabajando por la puesta en valor de este yacimiento. Gracias de nuevo a todos.

 

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Adjuntamos un resumen de la conferencia:

LA CONFERENCIA QUE IMPARTIÓ EL DR. GONZALO ARANDA EN EL MUSEO EDIFICIO PEDRO FLORES DE ANTAS, ALMERIA, EXPUSO LAS PRÁCTICAS DE RESISTENCIA A LA DIVISIÓN SOCIAL. LA CONTINUIDAD Y REUTILIZACIÓN DE MONUMENTOS MEGALÍTICOS EN El ARGAR

Las sociedades argáricas han sido tradicionalmente consideradas como culturalmente monolíticas y uniformes. Desde una perspectiva evolucionista, la aparición en torno al ca. 2200 cal BC de la cultura de El Argar supuso el abrupto final de las sociedades calcolíticas y sus características formas culturales. Efectivamente, el inicio de El Argar dio paso a numerosas innovaciones como la fundación de nuevos poblados en donde se generalizaron las viviendas de planta rectangular, trapezoidal o absidal que se yuxtaponen unas a otras creando un denso caserío. La nueva casa argárica fue concebida el espacio social por antonomasia que incorporaba no solo a los vivos, sino también a los muertos. La aparición de sepulturas individuales en el interior de los poblados, habitualmente bajo los pisos de las viviendas, es otra importante innovación cultural. Además, se produjeron destacados cambios en la forma y propiedades de objetos tan habituales como las vasijas cerámicas o los metales cuya producción experimentó un relevante proceso de intensificación y especialización artesanal.

Este proyecto singular sobre la Cultura Argárica, tiene sus objetivos principales en la investigación arqueológica del poblamiento argárico en el Sudeste de la Península Ibérica, a la luz de los estudios de los yacimientos de esta cultura en todo el amplio territorio referenciado, para la contribución al progreso del conocimiento histórico de las primeras manifestaciones de una civilización -estado.

El Proyecto  debe contribuir a la superación de los paradigmas histórico-culturales que desde los tiempos de Luis Siret y Pedro Flores venían siendo reciclados sin profundizar en el estudio de la «Economía Política» de la sociedad argárica, y sin desarrollar un estudio parangonable con el impacto antrópico de dicha cultura con respecto de la transformación de la naturaleza del Sudeste peninsular durante la Edad del Bronce.

En cuanto a las conclusiones sobre esta Cultura han quedado puestas en evidencia las características urbanas propias de esos poblados y la función de producción de cada una de ellos, así como en particular el yacimiento arqueológico de El Argar, ubicado en  una planicie sobre el río Antas  en el área nuclear del territorio argárico, como estado central. Permitiendo los resultados obtenidos a partir del año 1984 (Schubart y Arteaga, en Homenaje a Luis Siret, Sevilla, 1986) postular por primera vez respecto de la prehistoria de la Península Ibérica la existencia de una «sociedad clasista inicial» (Arteaga, 1992), mostrativa de la aparición del Estado en el Sudeste (Arteaga, 2000).

En referencia al tema de la imagen del territorio en aquellos momentos de esplendor de la Cultura Argárica a través del análisis geoarqueológico de la Depresión litoral de Vera, decir que este tema es parte de una de sus muchas líneas de investigación, que radica en la aplicación de la Geoarqueología como una ciencia interdisciplinar abocada en el estudio de las transformaciones paleoambientales y alteraciones ecológicas ocurridas en las costas atlánticas-mediterráneas de Andalucía durante todo el Holoceno, mostrando ejemplos de líneas litorales fósiles que conformarían pequeñas islotes,  cuando la depresión quedaría totalmente ocupada por una amplia llanura aluvial inundada, trayendo consigo, desde el punto de vista paleogeográfico, la formación de lenguas de agua en las desembocaduras de los tres ríos, Almanzora, Antas y Aguas, y tierra adentro de la comarca litoral, con niveles de marismas, que confirmaría que el núcleo urbano de El Argar tendría salida al mar mediante fondeadero.

El enorme énfasis puesto en el cambio y la innovación que supuso El Argar ha provocado que todos aquellos aspectos culturales relacionados con la continuidad y permanencia de tradiciones calcolíticas hayan sido minusvalorados o considerados como propios de sociedades marginales o en proceso de aculturación. Este es el caso de la aparición de objetos típicos de época argárica como parte de los ajuares de sepulturas megalíticas. Sin embargo, el análisis de la continuidad y reutilización de estos espacios funerarios durante época argárica permite plantear una situación muy diferente.

Lejos de la consideración residual de estos espacios rituales colectivos, el análisis de la documentación disponible muestra que las más importantes necrópolis megalíticas del sureste peninsular fueron objeto de una intensa actividad ritual durante la Edad del Bronce. En ellas se documentaron ajuares funerarios cuyas características formales y tecnológicas son indistinguibles de los que aparecen en las sepulturas argáricas del interior de los poblados. Se trata fundamentalmente de recipientes cerámicos, entre los que destacan formas clásicas como las copas, y objetos metálicos como los puñales de remaches, punzones, brazaletes, cuentas, anillos y pendientes.

Además de la documentación de objetos argáricos, en el año 2012 iniciaron un programa de dataciones radiocarbóncias sobre hueso humano con el objetivo de profundizar en la escala, intensidad y temporalidad de las prácticas de reutilización de sepulturas megalíticas. Para ello, centraron su atención en las necrópolis de Panoría (Darro, Granada), El Barranquete (Níjar, Almería), Las Churuletas, La Atalaya y El Llano de El Jautón (Purchena, Almería). Como resultado se han obtenido 90 nuevas dataciones, lo que supone un considerable avance si tenemos en cuenta que hasta 2012 solo se conocían 10 fechas.

La nueva serie radiocarbónica permite establecer diferentes valoraciones. La actividad funeraria megalítica comenzó entre el 3810–3635 cal BC y los últimos enterramientos se produjeron entre el 425–690 cal AD, aunque la mayor intensidad ritual se concentró durante el tercer y segundo milenio. Sorprende que en la serie radiométrica no existe ninguna interrupción o hiatus en el ca. 2200 cal BC cuando aparecen las sociedades argáricas. Al contrario, las sepulturas megalíticas fueron intensamente utilizadas hasta el final de la Edad del Bronce. La discontinuidad cultural entre las Edades del Cobre y Bronce no parece que tuviera ningún efecto en los tradicionales rituales funerarios megalíticos.

Las dataciones pertenecientes a la Edad del Bronce se concentran muy especialmente en las sepulturas tipo tholoi. Si centramos nuestra atención en la serie radiocarbónica de estas sepulturas destaca la escala y relevancia de las prácticas de reutilización. De las cuarenta y seis fechas disponibles, el 48% pertenece a la Edad de Bronce, una situación imaginable antes de que se llevara a cabo este programa de datación por radiocarbono. Si descendemos al análisis comparativo de las tres sepulturas de la necrópolis de El Barranquete que poseen amplias series radiocarbónicas encontramos igualmente algunas consideraciones relevantes. En primer lugar, las series radiocarbónicas de las sepulturas 8 y 11 presentan muchas similaridades. En ambos casos se distinguen dos fases, la más antigua de la Edad del Cobre concentra la mayoría de los inhumados y en la más reciente todos los enterramientos pertenecen a la Edad del Bronce. Sin embargo, en la serie radiocarbónica de la sepultura 9  sorprende que solo una datación pertenezca a la Edad del Cobre. Su situación contextual en el corredor, en la capa más superficial de enterramientos permite sospechar que se trata de un enterramiento secundario de restos antropológicos procedentes probablemente de otro sitio. Si este fuera el caso, todas la deposiciones de restos antropológicos se habría realizado durante el Bronce argárico.

Las prácticas de reutilización de sepulturas megalíticas durante la Edad del Bronce evidencian un fenómeno de enorme relevancia que pone en tela de juicio la supuesta uniformidad cultural de las sociedades argáricas. Durante la cultura de El Argar coexistirían dos prácticas rituales y funerarias muy diferentes: una nueva caracterizada por enterramientos individuales en el interior de los poblados con significativas diferencias en sus ajuares funerarios, y otra tradicional consistente en la continuidad y reutilización de monumentos funerarios colectivos. Las primeras se han asociado al surgimiento de las elites sociales argáricas y la construcción de nuevas identidades basadas en el proceso de fragmentación y división social. Por el contrario, las segundas supondrían un claro énfasis en prácticas rituales colectivas relacionadas con el pasado, la memoria y los ancestros.

Estas formas claramente diferenciadas de construcción de las identidades sociales pueden explicarse en términos de resistencia a los procesos de cambio e innovación cultural argárica. La reutilización de tumbas megalíticas podría considerarse como parte de estrategias de resistencia al proceso de diferenciación social argárico. Los intentos de consolidar profundas asimetrías sociales habrían entrado en conflicto con el deseo de mantener formas culturales ancestrales que se oponían a la división social en favor de las identidades colectivas.

 

Julián Pérez Flores

Arquitecto

Presidente de la Asociación Amigos de El Argar