¿Sabías que algunos cables aéreos mineros de Andalucía superaban 10 kilómetros de longitud y atravesaban barrancos donde construir un ferrocarril habría sido prácticamente imposible?
Esa ingeniería, hoy casi olvidada, es la protagonista de Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla.
Durante décadas, decenas de estas impresionantes infraestructuras atravesaron montañas, barrancos y valles del sureste español, uniendo minas, estaciones ferroviarias y puertos. Hoy, muchas han desaparecido casi por completo, pero su historia permanece en documentos, fotografías y en la memoria de los paisajes que transformaron.
El próximo 17 de julio se publicará un libro que reúne el resultado de más de veinte años de investigación sobre los cables aéreos históricos, una obra que combina historia, ingeniería y patrimonio industrial.
El libro incluye un catálogo documental con 42 líneas de cables aéreos, muchas de ellas vinculadas directamente a pueblos y comarcas concretas:
Almería
Serena (Bédar) – Garrucha y trinchera Villalta (Bédar).
Serena (Bédar) – Los Gallardos.
Líneas secundarias de las minas de Bédar: Carabinera, Pobreza, Borrasca, Santiago, Silencio y Angustias.
Mina Cuatro Amigos (Bédar).
Puerto de Garrucha.
Barranco Jaroso, mina Violeta, mina Los Tres Pacos y otras líneas de Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora).
Mina Isabel (Mojácar).
Cuevas Negras y Gran Coloso (Tíjola y Bayarque).
Cable Cabarga San Miguel y cables del Manzano y Cortijuelo (Serón y Bacares).
Minas del Tesorero (Serón y Baza), también en Granada.
Cable de Cóbdar.
Canteras de andesita de Rodalquilar y Mesa Roldán (Níjar y Carboneras).
Rincón de Martos (Níjar).
Colativí – Casa Fuerte (Tabernas, Níjar y Almería).
Calares – ferrocarril de Lucainena de las Torres a Agua Amarga.
Los Baños – estación de El Chorrillo (Pechina).
Alfaro – ferrocarril de Sierra Alhamilla (Rioja y Pechina).
Canteras de Huéchar al Andarax.
Olula de Castro – Fuente Santa.
Gérgal – Cruz de Mayo.
Mina Miguelito (Gérgal).
Nacimiento.
Escúllar.
Beires – Doña María (Beires, Ohanes y Nacimiento).
Granada
Las Piletas – estación de Huéneja.
Minas del Conjuro (Busquístar, La Taha, Órgiva y Vélez de Benaudalla).
Dúrcal – Motril (Dúrcal, Nigüelas, Lecrín, El Pinar, Lanjarón, Vélez de Benaudalla, Órgiva y Motril).
Mina Santa Julia – estación de Riofrío (Loja).
Guájar Alto – Río Verde (Los Guájares, Lentegí, Otívar y Almuñécar).
Jaén
Cable del Centenillo (Baños de la Encina, La Carolina y Carboneros).
Cable del Guindo (La Carolina).
Cable de la mina Sinapismo (La Carolina).
Cable de la mina La Abundancia.
Pozo Mirador – Santo Tomás (Baños de la Encina).
Cable de Grañena (Jaén).
Málaga y Melilla
Altos Hornos de Málaga (desde las minas de Casariche y Badolatosa, en Sevilla).
Línea de Marbella.
Línea de San Juan de las Minas (Guelaya, Melilla).
La obra incorpora además decenas de imágenes históricas recuperadas, incluyendo fotografías inéditas procedentes de archivos públicos y privados, junto con documentos gráficos que permiten reconstruir instalaciones hoy desaparecidas o de las que apenas quedan vestigios. Muchos de estos cables aéreos han desaparecido casi por completo; por ello, este libro pretende conservar su memoria y poner en valor un patrimonio industrial antes de que se pierdan definitivamente sus últimos testimonios materiales.
La portada del libro muestra una fotografía inédita de la línea de cable aéreo del mítico barranco Jaroso de Sierra Almagrera, una de las muchas imágenes recuperadas durante la investigación y que permiten descubrir cómo eran estas instalaciones cuando todavía estaban en funcionamiento. A través de fotografías históricas, planos, informes técnicos y documentación de archivo, la obra reconstruye la evolución de una tecnología que tuvo un papel fundamental en la minería española desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Destacamos, entre otras fotografías inéditas, una vista impresionante del cargadero de cable aéreo de Los Gallardos o una nueva serie de fotografías de Serón-Bacares, entre otras.
Esta obra no solo estudia una tecnología de transporte: recupera la historia de decenas de localidades, de sus explotaciones mineras y de las personas que hicieron posible unas instalaciones que fueron símbolo de innovación e ingenio.
Muchos de estos cables forman hoy parte de un patrimonio frágil y poco conocido. Conocerlos es también conservar la memoria de una época en la que los paisajes estaban unidos por auténticos caminos suspendidos sobre las montañas.
Título: Atlas de cables mineros de Andalucía oriental y Melilla Autor: Juan Antonio Soler Jódar Extensión: 426 páginas con más de 800 ilustraciones (fotografías, planos, documentos, etc.) Formato: tapa dura Contenido: historia + características y evolución tecnológica + instalación de cables aéreos + Carlos Bahlsen y La Maquinista de Almería + catálogo de 42 líneas aéreas documentadas
El próximo 17 de julio verá la luz Atlas ilustrado de cables aéreos mineros en Andalucía oriental y Melilla(1884–1966), una obra que reúne por primera vez un estudio sistemático de una de las infraestructuras más características, y al mismo tiempo más desconocidas, de la minería del sureste peninsular. A través de sus páginas, el lector descubrirá cómo estos ingenios permitieron salvar barrancos, sierras y grandes desniveles para transportar millones de toneladas de mineral desde las explotaciones hasta los ferrocarriles o los embarcaderos. Aunque se trata de un trabajo de investigación, está concebido para que pueda ser disfrutado tanto por especialistas como por cualquier persona interesada en la historia, la ingeniería o el patrimonio industrial.
El libro no se limita a catalogar instalaciones. Cada cable aéreo se estudia en su contexto histórico y tecnológico, analizando las circunstancias de su construcción, las empresas y los ingenieros que participaron en su diseño, las soluciones técnicas adoptadas y su evolución a lo largo del tiempo. El resultado es una obra que combina el rigor de la investigación con una narración accesible, permitiendo comprender no solo cómo eran estas instalaciones, sino también por qué representaron un avance decisivo para la minería de finales del siglo XIX y buena parte del XX.
Uno de sus principales valores reside en la amplitud y diversidad de las fuentes consultadas. La investigación se apoya en una extensa documentación procedente de archivos públicos y privados, prensa histórica, publicaciones técnicas nacionales e internacionales, memorias de empresas mineras, expedientes administrativos, planos originales, catálogos de fabricantes y una extraordinaria colección de fotografías históricas, muchas de ellas inéditas. Ese trabajo de documentación ha permitido identificar instalaciones prácticamente desconocidas, reconstruir trazados desaparecidos y aclarar numerosos aspectos técnicos que hasta ahora permanecían dispersos o sin estudiar.
La estructura de la obra facilita distintos niveles de lectura. Quien busque una visión general encontrará una introducción que explica el desarrollo de la tecnología de los cables aéreos, sus principales fabricantes y los sistemas constructivos empleados. A partir de ahí, el catálogo reúne cada instalación conocida en una extensa región del sureste español mediante fichas ampliamente documentadas, acompañadas de mapas, planos, fotografías históricas, esquemas y referencias documentales que convierten el libro tanto en una obra de consulta como en una referencia para investigadores, historiadores, ingenieros y aficionados al patrimonio industrial.
Con su publicación el 17 de julio, esta obra aspira a convertirse en un referente sobre la historia de los cables aéreos mineros en España y, al mismo tiempo, a contribuir a la difusión y valoración de un patrimonio tecnológico que, pese a haber desaparecido en gran medida del paisaje, sigue siendo fundamental para comprender la historia minera e industrial del sureste español. Es una invitación a descubrir un capítulo poco conocido de nuestro pasado, donde la ingeniería, la minería y el territorio se entrelazan para contar una historia tan fascinante como desconocida.
Con la desaparición del último castillete que permanecía en pie en Bédar, el del pozo P de la mina Mahoma, se cierra un capítulo fundamental de la historia minera del municipio. Esta estructura, que durante décadas formó parte inseparable del paisaje bedarense, no era solo un vestigio industrial, sino también un símbolo de la memoria colectiva de generaciones de mineros y de familias que vivieron vinculadas a la extracción de mineral. Su pérdida supone la desaparición de uno de los últimos testimonios visibles de un pasado que marcó profundamente la identidad de la localidad.
Resulta especialmente triste comprobar cómo, año tras año, el patrimonio histórico minero de Bédar ha ido deteriorándose o desapareciendo sin que se hayan tomado medidas suficientes para garantizar su conservación. Castilletes, galerías, cargaderos y otras infraestructuras que narraban la extraordinaria historia minera de la Sierra de Bédar han sucumbido al abandono y al paso del tiempo. Esta situación contrasta con la de otros municipios de la comarca, como Lubrín, donde se están impulsando iniciativas para recuperar y poner en valor antiguas infraestructuras mineras como parte de su patrimonio cultural y turístico. Mientras allí se trabaja para preservar estas huellas del pasado, en Bédar algunos de sus elementos más emblemáticos terminan desapareciendo por falta de actuaciones que garanticen su mantenimiento.
La desaparición del castillete del pozo P de la mina Mahoma debe servir como una llamada de atención sobre la necesidad urgente de proteger lo que aún queda de este patrimonio excepcional. Conservar estos restos no significa anclarse en el pasado, sino valorar y transmitir una herencia cultural única que forma parte de la historia de Bédar. Hoy decimos adiós al último castillete, pero también lamentamos que con él se haya perdido otra pieza irremplazable de la memoria minera de nuestro pueblo.
Estos dos últimos días han estado cargados de actividades para los investigadores del grupo APAMILE. Ayer, 25 de diciembre, se presentó oficialmente la nueva revista ZAMBRA, la nueva Revista Cultural del Ayuntamiento de Huércal-Overa, en la que han participado con los artículos: «Jesualdo y César Giménez de Cisneros Sevilla: los últimos románticos», de Magda Navarro Arias y «Breve historia de la minería y la metalurgia en Huércal-Overa», por parte de Juan Antonio Soler Jódar y José Berruezo García.
Arriba, fotografía en conjunto de colaboradores del primer número de la revista ZAMBRA, publicada en el portal Overa Viva.
Arriba, presentación en Beires, junto a Joaquín Gaona Villegas, de los artículos publicados en FARUA sobre la minería y el cable aéreo de transporte de mineral de Beires a la estación de Doña María. Una pequeña reseña técnica para comprender la importancia del cable de Beires en la historia de la evolución tecnológica de estos ingenios, ya que supuso un punto de inflexión en su evolución a inicios del siglo XX, un ejemplo claro de la superioridad de las nuevas patentes alemanas sobre los obsoletos sistemas usados hasta entonces. Incidimos también en la relación que hubo entre la minería de mineral de hierro de Beires y la industria de construcción naval y, cómo no, la presentación de un impresionante álbum de fotografías que muestran, con un nivel de detalle nunca antes visto, cómo se instalaba una de estas líneas de transporte aéreo. Una grabación completa del evento se publicará en los medios en la página del Centro Virgitano de Estudios Históricos Berja-La Alpujarra.
Arriba, Juan Antonio Soler y la alcaldesa de Beires, Carmen González, en el Museo minero de Beires, en el momento de la entrega de un ejemplar del libro «»La expedición minera de la sociedad Schneider (1898). Un viaje por el sureste español», recientemente publicado en Granada.
Queremos agradecer a todos los asistentes a la presentación hoy en Beires, un precioso pueblo de la Alpujarra almeriense y su magnífico y acogedor Museo-centro interpretación minero.
El 25 de octubre se presenta en el salón de actos del Molino del Perrillo de Berja, a las 19:30H el número 28 de la revista FARUA. Nos hacemos eco de la publicación, en este número de un artículo publicado en colaboración de Joaquín Gaona Villegas y Juan Antonio Soler Jódar sobre el cable aéreo de transporte de Beires, que conectaba las minas de esta localidad con la estación de Doña María, para la carga en el ferrocarril de Linares a Almería.
En este artículo, se da a conocer un álbum inédito de fotografías en la que se documenta con detalle la instalación del cable aéreo en 1901, siendo la primera colección de fotografías que muestra, con tanto detalle, la instalación de una de estas líneas de carga. Desde la sala de máquinas, estaciones tensoras, de ángulo, diferentes fases de la instalación de los cables, columnas, etc. Todas las fotografías con gran detalles y debidamente comentadas tas un trabajo de identificación y análisis de las fotografías para ubicarlas en su contexto geográfico y tecnológico.
Además se trata de un cable aéreo con muchos paralelismos con el de Bédar-Garrucha de 1888, mostrando las dificultades y esfuerzos de la adaptación de estos ingenios a las zonas montañosas. Sin duda un artículo que no puede perderse ningún aficionado al patrimonio minero-metalúrgico de Almería.
Hoy hablaremos de una de las viejas locomotoras del ferrocarril Bédar-Garrucha, injustamente olvidada: la «Chimpún». Se trataba una pequeña locomotora de gasolina para maniobras adquirida tardíamente por la compañía minera, pocos años antes de la paralización de las labores, pero que tuvo un papel importante en la construcción del puerto de Garrucha durante los difíciles años de preguerra y durante la guerra civil.
Representación artística de la «Chimpún» en las obras de construcción del puerto de Garrucha elaborada a partir de una de las dos fotografías conocidas en las que aparece esta locomotora (abajo). Probablemente estaría pintada en verde oscuro (Deutzgrün), pues era el color corporativo característico de Deutz en esa época y no hay constancia de que fuera pintada a su llegada a Garrucha.
Es posible que recibiera algún nombre de bautizo, aunque no se hace referencia alguna en la documentación conservada. Según testimonios orales (Trenes, cables y minas de Almería, 2000) parece que se la conocía popularmente como la «Chimpún», a causa del característico ruido de su motor a gasolina.
En 1922, la Unión Bedareña compró un tractor diésel Deutz con el número de serie 4224 con motor C XIV F de 10 caballos de potencia para las maniobras en la estación junto a Garrucha. Esta compra formó parte de un gran esfuerzo de inversión de capital, tras la Primera Guerra Mundial, que pretendía modernizar las instalaciones, con un ambicioso plan de nuevas infraestructuras y material. Sin embargo, y a pesar del dinero invertido, los trabajos se demoraron demasiado y el mercado internacional no permitió que la actividad se mantuviera, paralizándose los trabajos en 1923.
Anuncio de locomotoras de combustión con motor Otto-Deutz de 1921. La ilustración muestra una locomotora del mismo tipo que la adquirida por la Unión Bedareña.
Pero no acabó aquí la vida útil de esta locomotora. En 1933 fue arrendada para el servicio en una desconocida línea de ferrocarril de transporte de yesos de 2,8 km de longitud, para unas canteras pertenecientes a los Berruezo cercanas a Garrucha sobre la que pronto publicaremos un artículo dando todos los detalles. Posteriormente, fue adquirida por la empresa constructora del puerto de Garrucha por 6.400 pesetas, siendo utilizada en las obras de construcción del puerto. Las dos únicas fotografías conocidas (hasta el momento) que nos muestran esta locomotora lo hacen a cierta distancia, lo que nos impide apreciar los detalles, pero parece que fue intensamente utilizada para el acarreo de piedras hacia los espigones desde la cantera junto a Garrucha.
Marca de fábrica de la portada de la carpeta que sobre esta locomotora se guardaba en las oficinas de la Unión Bedareña, aunque no contenía documento alguno, probablemente por haberse entregado tras la compra por la empresa constructora del puerto.
Le perdemos la pista durante la guerra civil , aunque es de suponer que se utilizó durante todo el conflicto en dichas obras del puerto, ya que los trabajos se continuaron todo el tiempo, ya que en los documentos de la Unión Bedareña se registra la venta de los repuestos que disponían para la misma al nuevo propietario. No sabemos si la «Chimpún» fue desguazada o si el nuevo propietario le buscó otro destino, pero en todo caso desaparece de la historia conocida. Al igual que pasa con las «gemelas» (las dos locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha), su final sigue siendo un misterio.
El Pinar de Bédar: Historias y rutas mineras.El Pinar de Bédar: A detailed history and the resurgence of a former internationally renowned Spanish mining villageLas rutas de senderismo de Bédar (Almería): Circuito urbano y ruta del aguaAtlas ilustrado de las fundiciones del Levante almeriense (ss. XIX-XX): Historia y rutas turísticas. Atlas ilustrado de las fundiciones del Levante almeriense (ss. XIX-XX): Historia y rutas turísticas. Edición de lujo.Las rutas mineras de Bédar y Los Gallardos (Almería): Historia, secretos y curiosidades
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Hoy hablaremos de una de las viejas locomotoras del ferrocarril Bédar-Garrucha, injustamente olvidada: la «Chimpún». Se trataba una pequeña locomotora de gasolina para maniobras adquirida tardíamente por la compañía minera, pocos años antes de la paralización de las labores, pero que tuvo un papel importante en la construcción del puerto de Garrucha durante los difíciles años de preguerra y durante la guerra civil.
Una de las dos fotografías en las que se ve la «Chimpún» en las obras de construcción del puerto de Garrucha.
Es posible que recibiera algún nombre de bautizo, aunque no se hace referencia alguna en la documentación conservada. Según testimonios orales (Trenes, cables y minas de Almería, 2000) parece que se la conocía popularmente como la «Chimpún», a causa del característico ruido de su motor a gasolina.
En 1922, la Unión Bedareña compró un tractor diésel Deutz con el número de serie 4224 con motor C XIV F de 10 caballos de potencia para las maniobras en la estación junto a Garrucha. Esta compra formó parte de un gran esfuerzo de inversión de capital, tras la Primera Guerra Mundial, que pretendía modernizar las instalaciones, con un ambicioso plan de nuevas infraestructuras y material. Sin embargo, y a pesar del dinero invertido, los trabajos se demoraron demasiado y el mercado internacional no permitió que la actividad se mantuviera, paralizándose los trabajos en 1923.
Anuncio de locomotoras de combustión con motor Otto-Deutz de 1921. La ilustración muestra una locomotora del mismo tipo que la adquirida por la Unión Bedareña.
Pero no acabó aquí la vida útil de esta locomotora. En 1933 fue arrendada para el servicio en una desconocida línea de ferrocarril de transporte de yesos de 2,8 km de longitud, para unas canteras pertenecientes a los Berruezo cercanas a Garrucha sobre la que pronto publicaremos un artículo dando todos los detalles. Posteriormente, fue adquirida por la empresa constructora del puerto de Garrucha por 6.400 pesetas, siendo utilizada en las obras de construcción del puerto. Las dos únicas fotografías conocidas (hasta el momento) que nos muestran esta locomotora lo hacen a cierta distancia, lo que nos impide apreciar los detalles, pero parece que fue intensamente utilizada para el acarreo de piedras hacia los espigones desde la cantera junto a Garrucha.
Marca de fábrica de la portada de la carpeta que sobre esta locomotora se guardaba en las oficinas de la Unión Bedareña, aunque no contenía documento alguno, probablemente por haberse entregado tras la compra por la empresa constructora del puerto.
Le perdemos la pista durante la guerra civil , aunque es de suponer que se utilizó durante todo el conflicto en dichas obras del puerto, ya que los trabajos se continuaron todo el tiempo, ya que en los documentos de la Unión Bedareña se registra la venta de los repuestos que disponían para la misma al nuevo propietario. No sabemos si la «Chimpún» fue desguazada o si el nuevo propietario le buscó otro destino, pero en todo caso desaparece de la historia conocida. Al igual que pasa con las «gemelas» (las dos locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha), su final sigue siendo un misterio.