Nos ha dejado Antonio Imbernón

El domingo pasado nos dejó Antonio Imbernón. Para mí ha sido una noticia especialmente triste, pues es grande el aprecio y el cariño que he sentido y siento por esta gran persona.

Me veo obligado a dedicarle estas palabras. Aún recuerdo cuando lo conocí, de mano de mi padre, en su casa de Serena. Recuerdo como si fuera ayer cuando me acompañó para enseñarme las minas, en esos tiempos en los que la historia minera de Bédar (y toda su historia, en general) estaban todavía envueltas en las brumas del olvido. Si no fuera por Antonio, ni existiría la actual «ruta minera» ni yo hubiera podido seguir investigando las minas. Ni más ni menos.

No olvidaré nunca esa primera impresión, la del agricultor y viejo minero de Hierros de Garrucha, de corazón generoso y sincero, lleno de esa sabiduría que solo una vida honesta de trabajo duro puede dar.

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Aquí vemos a Antonio, la primera vez que vi las tolvas de Vulcano, hace ya unos 10 años, explicando como se utilizaban. Ahora es uno de los puntos más interesantes de la ruta minera.

Contratado por Hierros de Garrucha cuando reabrió las minas, Antonio trabajó como «caballista», dirigiendo las mulas cargadas con hierro desde la mina Esperanza por la vía Vulcano hasta San Manuel. Me contó lo difícil que era el trabajo, y lo mal que lo pasaban los mineros, ya sea en el peligroso interior de las minas o en el caluroso exterior, cargando el pesado mineral de las tolvas a las vagonetas. Las tareas de carga del mineral en San Manuel eran poco menos que una pena de trabajos forzados, y el trabajo en las tolvas de Vulcano también hacía honor a su nombre. Me comentaba como luego instalaron vías en la vía Vulcano y como compraron unas pequeñas máquina diesel para sustituir a los mulos. Daba vértigo ver circular la diesel tirando de numerosas vagonetas cargadas por la diminuta vía junto al barranco. En no pocas ocasiones las vagonetas, descarrilaban y caían hacia el barranco, pero siempre -me comentaba- la locomotora podía volverlas a subir, algo muy digno de ver. Siempre se sorprendía de que no hubiera habido accidentes más graves.

También me comentaba que era de infarto ver como Juan Girona se movía por el cable para repararlo, o el terrible accidente en 1960 en el que falleció Juan Gómez (a) El Vasquiña. Cuando intentando soltar una vagoneta en el plano grande con la máquina diesel, ésta volcó atrapándolo debajo.

Una vez que cerraron las minas, se fue fuera a trabajar, también de minero. No recuerdo si me dijo a unas minas de carbón en Alemania, lo que sí recuerdo es que me contó que allí las minas tenían más de 1000 metros de profundidad, y daba pavor bajar con las vagonetas hasta allí.

En fin, nos deja una gran persona, que descanse en paz.

Aprovecho para dar mi más sincero pésame a Antonia y a toda su familia.

Minas Júpiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Las minas Jupiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Autogestión de la Salud y Economia Sostenible

El 1 de marzo, mi amigo Pedro Cano imparte un taller gratuito en la Casa de la Juventud de Bédar: Autogestión de la Salud y Economía Sostenible.

Creo que el interés es claro, no solo por el contenido de la misma sino por el hecho de que se organicen actividades de este tipo. EcoCenter Bédar es una nueva asociación sin ánimo de lucro, que busca también el desarrollo sostenible de la zona, objetivo que compartimos. Les deseo que todo les vaya muy bien.

ECO CENTER BEDAR

Cualquiera que conozca mínimamente Bédar, sabrá de la riqueza botánica que atesora su sierra. Más sobretodo si han tenido el placer de pasear por Serena y por su rambla. Los pequeños microclimas húmedos que se crean en algunas ramblas, albergan verdaderos paraísos de plantas, con una biodiversidad que quita el aliento, literalmente. Es tal la cantidad y calidad de plantas medicinales que allí crecen, que solo pasear por allí debe ser, a la fuerza, bueno para la salud.

Desgraciadamente ya poca gente conoce las plantas medicinales y su uso. Yo mismo recuerdo a mi abuelo, que tenía siempre un remedio para cada mal, y secaba y preparaba diferentes plantas para poder usarlas cuando fuera menester. Por eso me parece muy interesante el taller de Pedro, para volver a recuperar ese antiguo saber y utilizarlo en nuestro propio beneficio… al margen de empresas farmacéuticas, de sus compuestos sintéticos y de los enormes intereses económicos que las controlan.

Pero yendo un poco más lejos, la medicina tradicional es algo que realmente está en auge. Salvo enfermedades y tratamientos que realmente requieren tratamientos y control médico, son muchos los pequeños males, molestias y problemillas que sin duda podríamos solucionar con los remedios de antes, evitándonos así el atiborrarnos (muchas veces sin control alguno) de diferentes sustancias químicas que más que bien nos pueden dar muchos problemas. Mucha gente demanda este tipo de tratamientos y es, sin duda, otro más de los potenciales económicos que alberga Bédar y que, de momento, a nadie se le ha ocurrido explotar.

Elaborar y vender remedios y medicinas naturales… ¿por qué no? Pero antes hay que saber reconocerlas, conocer sus utilidades y saber como procesarlas, y para eso tenemos a Pedro Cano.

El taller, que recuerdo que es gratuito, es el 1 de marzo de 10:00 a 13:00 en la Casa de la Juventud de Bédar. Doy fe de que quien lo imparte sabe muy bien de lo que habla.

Minas desaparecidas (2): La Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de «entrada», con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

TROMELO

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…

Minas desaparecidas (1): el barranco de la Mina Grande

Son los ingenieros Ramón Pellico y Amalio Maestre los que nos hablan por primera vez del significado de la Mina Grande 1840, que es el nombre que los bedarenses daban entonces a los antiguos restos de minas en el Pinar de Bédar y de la que según nos cuentan, corrían numerosas leyendas sobre su origen.

El nombre, además, ya había sido incorporado como parte de la toponimia del lugar, pues con ese nombre se conocía el barranco donde se encontraban muchos de los restos de estas minas, y así se recoge en las demarcaciones de las diferentes concesiones mineras que se registraron en esa zona a partir de 1843.

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Se documenta actividad minera en la sierra de Bédar al menos desde 1525, aunque se considera que la explotación de los yacimientos del Pinar de Bédar, antiguo pago de Alcornia, desde hace mucho más tiempo.

Cuando hablamos de «Mina Grande» no nos referimos a ninguna mina concreta de la que conozcamos la fecha de demarcación ni si fue explotada, es un término antiguo que, precisamente, rememora esta antigua actividad y que englobaría todas las labores antiguas de el Pinar.

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Sobre la antigua Mina Grande solo queda la escueta descripción de los anteriormente mencionados ingenieros, que describen la presencia de un pozo de más de 20 varas (16,7 metros) y un socavón fortificado con arcos de gneis, tapiado a unas 8-10 varas de la bocamina. Éstos, y otros restos antiguos que pudieran encontrarse, fueron borrados por el desarrollo posterior de la minería en la zona.

Sin embargo, el conocido como barranco de la Mina Grande, con todos sus estratos arqueológicos fue borrado definitivamente entre 2004 y 2005. Y cuando digo borrado quiero decir exactamente eso, eliminado del mapa. Desapareció así la posibilidad de realizar estudios más en profundidad y conocer algo más sobre esta Mina Grande.

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En mi caso solo dio tiempo a realizar un reconocimiento de la zona, antes incluso de saber la importancia que tenía.

Los mineros partidarios que perduraron hasta 1926 explotando estas minas, conocían este barranco como el barranco de San Manuel, pero queda suficientemente demostrado por los documentos de registro de varias minas, que antes era conocido como barranco de la Mina Grande. Allí se demarcaron minas como «Bien estar», «Alarma», «No ganamos para sustos», «Algarroba» o el registro «San Nicolás de Bari». Posteriormente tenemos «La infalible» y, finalmente, la concesión minera conocida como «Reformada» (que no «Reforma», que es otra mina), nombre con la que se conoció después. También se englobaba dentro de esta antigua «Mina Grande» los restos mineros que se encuentran en el barranco de San Marcos, y no es descabellado pensar que, la «Mina Grande» no era más que el nombre que se daban a todas las minas antiguas de El Pinar, cuyas grandes cantidades de escombros debieron estimular sobremanera la imaginación de los lugareños. Sin duda de ahí lo de «grande».

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Pero del barranco de San Manuel, o de la «Mina Grande», hoy en día no queda más que una serie de calles y explanadas de una urbanización a medio construir y abandonada. Un desagradable recuerdo de la «ladrillitis» que afectó a mucha gente no hace tanto tiempo. Triste destino que sufrieron también otras zonas como los tristemente famosos restos desaparecidos del «Lavadero Grande», gran parte del barranco de San Antonio Abad, el desaparecido cerrillo de San Antonio el Alto, o los restos de otras minas como «Suerte», «Por bien de todos» o la de «Allá veremos», que durante mucho tiempo fue considerada la primera mina de la zona (aunque luego se demostró que hubo otras anteriores).

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No estamos viendo ahora las fotografías de lo que hay ahora, ya las he puesto en otras ocasiones. Estamos viendo lo que había antes, en 2004, poco antes de que todo fuera arrasado. Queda tan solo un pequeño montículo que correspondía con la antigua mina «Alarma», posteriormente incluida en «Reformada» y lugar de peregrinación muy conocido y apreciado por parte de los buscadores de minerales.
Vemos, pues, lo que hemos perdido. Restos en los que ahora, con el conocimiento actual sobre la minería de Bédar, reconozco estructuras que antes se me antojaron imposibles de identificar.

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Durante un breve reconocimento realizado el año antes de su destrucción por el arqueólogo industrial Paul Rondelez y su equipo, identificó un posible circulo de «grillage» o de tostación de mineral de plomo, junto a una antigua y minúscula galería que pudimos explorar en su totalidad.

Pude documentar también unos antiguos hornos de tostación de mampostería seca que estaban ubicados en la vieja mina «No ganamos para sustos». Estas instalaciones fueron «eliminadas» por un incomprensible camino practicado hacia ninguna parte y sin objeto aparente, como un tentáculo de la mastodóntica explanada que hizo desaparecer por completo el cerrillo de San Antonio el Alto y que ahora se podría llamar perfectamente «la explanada sin nombre». Parece que el único objetivo de este camino fue hacer desaparecer estos molestos restos(¿¿qué sentido puede tener si no construir un camino de gran pendiente hacia la abrupta cima de un cerro rodeado por riscas?? allí ni se puede construir nada ni hay posibilidades de continuar hacia ningún lado). Ahora, lo único que queda de todo eso son algunos restos de cerámica que pude recoger y las mediciones y acusadoras fotografías que pude hacer de los tres hornos que formaban el complejo de esta mina.

Podemos ver también en las fotografías montones de escombros, producto del lavado de minerales, e incluso una estructura cilíndrica de mampostería seca que antes era una completa incógnita y ahora identifico sin problemas como una chimenea de ventilación de un antiguo pozo.

Sin embargo no todo está perdido, persisten todavía muchas labores antiguas de esta antigua Mina Grande, especialmente en el barranco de San Marcos. Si se ha salvado ha sido por la crisis de la construcción y no por ningún tipo de sensibilización con respecto al patrimonio histórico. Simplemente se ha de valorar si después de haber contemplado las fotografías que adjunto a este texto, consideran que es mucho mejor contar con horribles urbanizaciones mal planificadas (o peor, urbanizaciones abortadas y abandonadas)o si hubiese sido mejor intentar armonizar un crecimiento urbanístico controlado con el debido respeto y conservación de los lugares de especial interés histórico y patrimonial, de cara a un más que posible futura utilización turística. Ahora ya no podemos arreglar el desastre ni hay nadie al que pedirle explicaciones.

Pero de poco sirve lamentarse, a ver si al menos se ha aprendido la lección…

Numismatica

Son pocas, pero se podría decir que son las primeras monedas de origen hispanomusulman que se han estudiado mínimamente y que se conoce a ciencia cierta que proceden de Bédar.

Quizás tengan escaso valor desde el punto de vista de un coleccionista, pero al menos sabemos su procedencia, al contrario de muchas de las piezas de colección, lo cual les quita mucho de su valor histórico.

He podido examinar y fotografiar estas piezas en concreto y, con la ayuda de un coleccionista con experiencia, he intentado clasificarlas. Es por eso que, como siempre digo, esta información se ha de tomar con todas las reservas posibles, y si alguien cree que puede aportar nueva información o corregir los datos que ofrecemos, estaremos encantados en hacer las rectificaciones oportunas. De la misma manera, si alguien ha encontrado monedas de este tipo por la zona y quiere que le echemos un «vistazo», estaremos encantados. Con unas buenas fotografías, las medidas de la pieza y el peso (a ser posible) sería suficiente.

No sorprende que todas sean de la época del reino de Granada, están bien documentadas las poblaciones de Bédar y Serena durante esta época. En primer lugar, tenemos dos medios dirhem cuadrados de plata «tipo almohade». Por el color verdoso que presentan, debía de tratarse de plata con cierta cantidad de cobre. Una de ellas está recortada, pues era habitual en la época obtener moneda «fraccionaria» de esta manera. La otra, que se encuentra en mal estado y las leyendas prácticamente ilegibles, presenta dos perforaciones por haber sido utilizada con fines decorativos.

DIRHEM

El ejemplar más curioso es el que presentamos a continuación. Se trata de un medio dirhem de plata, con leyendas parcialmente legibles en ambas caras. Destaca la tosquedad de la pieza, mal acuñada y muy irregular. En el lugar donde se indica habitualmente el lugar de fabricación (ceca), se pueden observar las letras «LM» (leído de derecha a izquierda), por lo que se cree que es de la ceca de Almería (al-Mariyya). También está perforada para su utilización como adorno.

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Lo que viene a continuación es un felus (moneda de cobre). Estas monedas son interesantes porque solían poner la fecha por uno de los lados, y aunque este ejemplar está en mal estado y solo se ve algo por una de las caras. Por fortuna lo que se puede leer (aunque con dificultad) es precisamente parte de la fecha, lo que permite saber que indicaba «nueve y setenta y ochocientos», es decir, el 879 de la Hégira, o lo que es lo mismo, el año de 1474 d.C.

FELUS

Tendrán muy poco valor económico, sin duda, pero son muy valiosas desde el punto de vista de la historia de Bédar.

Mina Pobreza (2)

El desastroso incendio que sufrió Bédar en 2012 afectó especialmente a la zona del barranco del Servalico. Como ya comenté anteriormente, afectó de lleno los terrenos donde se encuentra una de las minas más importantes en la historia de Bédar, la mina Pobreza.

Mientras documentaba los desastrosos resultados del incendio, aproveché también para documentar los restos de esta mina, en este caso libres de la vegetación que habitualmente dificulta su contemplación. Sinceramente, me gustaría no haber tenido esta oportunidad, y espero que nunca vuelva a ocurrir, aunque sí que da una imagen bastante aproximada de cómo quedarían los restos de esta mina si se preparara adecuadamente para su visita.

Pobreza es una de las minas más importantes y también una de las menos conocidas. Ya he dado anteriormente bastantes datos sobre ella, en ocasión de la descripción de su horno de calcinación de carbonatos de hierro. Ahora veremos más restos de esta mina.

Explotada por la Compañía de Águilas desde finales del siglo XIX hasta el cierre de las minas de la Unión Bedareña en los años veinte, Pobreza fue la mina que permitió que Bédar mantuviera una producción constante de mineral cuando, a finales de siglo, el mineral de las minas de Serena empezó a escasear. Los datos concretos sobre la importancia de esta mina, que todavía estamos investigando, esperamos que sean publicados prontamente.

Junto a la vía de transporte principal, paralela al barranco del Servalico, se encuentran las oficinas y la cuadra para las mulas que se utilizaban para el transporte de las vagonetas:

OFICINAS

Esta vía minera recogía el mineral de las bocaminas de las galerías principales de transporte San Diego y San José para llevarlo a la tolva-cargadero principal del ramal de cable aéreo que lo transportaba hasta la estación de ángulo del Pinar de Bédar. Este cargadero es muy parecido al cargadero-depósito de la mina Carabinera, que contaba también con un ramal de cable aéreo:

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Junto al cargadero se ubicaba la estación de llegada del ramal de cable, con su correspondiente máquina a vapor y junto a un aljibe para el suministro de agua que precisaba para su funcionamiento. Se observan todavía las balsas de suministro y fundamentos de la estación del cable, aon algunos vestigios de la maquinaria, como el tubo que se observa en la fotografía:

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Aquí podemos ver el interior del aljibe:

ALJIBE

Más arriba en la loma, todavía se pueden encontrar alguno de los pozos iniciales que se practicaron para reconocer la capa de mineral que explotaron y que luego sirvieron como pozos de ventilación. En concreto vemos el pozo del Camino, junto al camino que recorría esta parte superior de la mina y que conectaba éste pozo con el pozo Maestro y el pozo de los Almendros. Todos los pozos de reconocimiento junto al camino estaban protegidos mediante con un pequeño muro de mampostería:

POZO CAMINO1

El pozo principal de extracción, ubicado en la parte superior del cerro, era el conocido como pozo Maestro. Unas instalaciones protegían la máquina de vapor que se utilizaba para extraer el mineral. Esto nos indica que, a parte de las galerías de transporte antes mencionadas, el avance de las labores de las minas hacia el interior del cerro, siguiendo una capa de mineral que buzaba ostensiblemente, por lo que elevaba mucho el coste del transporte hasta las bocaminas. Un pozo de extracción hasta el punto más elevado y cerca del cable de transporte facilitaría el movimiento de mineral.

En estas fotografías podemos ver los restos del pozo y de la caseta de máquinas. Parece que disponía de un pequeño castillete de madera y hierro del que solo quedan algunos enganches:

POZO MAESTRO1POZO MAESTRO2POZO MAESTRO3

POZO CAMINO2

Quedan todavía restos de curiosas piezas de cerámica, que como se podrá observar, se fabricaban en la Industrial Alfarera de Barcelona. Se trata de restos de tejas planas alicantinas.

CERAMICACERAMICA 2

Recientemente se hundió la entrada a la galería de San Diego, lo que recuerda lo peligroso de explorar estas minas sin preparación. Curiosamente hay escasos restos de entibación en esta mina (algunos troncos para dar sensación de seguridad más que para otra cosa). La entrada a la galería de San José permanece derrumbada desde hace mucho tiempo.

SAN DIEGO

Cuando la Compañía de Águilas y la sociedad de Chávarri formaron la Unión Bedareña, se desinstaló todo el ramal de cable aéreo y quedó inservible el pozo Maestro. El mineral de nuevo fue extraído por las galerías de transporte San Diego y San Juan y se decidió transportarlo por medio del ramal de ferrocarril de Santa Catalina, que discurría por el otro margen del barranco. El mineral primero se lanzaba hasta el fondo del barranco mediante un «vaciadero» ubicado entre las bocaminas de San Diego y San Juan. Desde allí se elevaba hasta un pequeño cargadero junto al ramal de ferrocarril, mediante un pequeño plano inclinado automotor. En la siguiente fotografía vemos este vaciadero con todo detalle, inapreciable habitualmente a causa de la vegetación. Nótese como todavía queda algo de mineral acumulado a los pies del mismo:

Ya describimos con detalle el horno de calcinación de esta mina, junto a la bocamina de la galería de Santa Bárbara (o trancada nº 3). En la siguiente fotografía podemos ver con detalle todo el conjunto, tal y como ser vería si siempre se mantuviera limpio y listo para las visitas:

HORNO

Pleistoceno (2ª parte)

Adjunto unas interesantísimas fotografías de fósiles de la zona de la cuenca de Vera aportadas por José Francisco Gallardo.

Se trata de ejemplares recolectados en el barranco Baeza de Bédar, Los Gallardos y cerca del Cabezo María.

Algunos ya nos son conocidos, pero hay otros fósiles muy curiosos que hace que merezca mucho la pena compartirlos:

SPONDYLUS

Más ejemplares de Spondylus.

CORAL

Unos inconfundibles fósiles de coral.

MILIOBATIDAE

Aunque inicialmente los confundí con mandíbulas de raya fósil, son realmente parte del borde inferior de un Dendraster.

LABRODON

Placa dental de un pez de género Labrodon, posiblemente un Labrodon pavimentatus.

HEXAPLEX

Inconfundible fósil de Hexaplex trunculus (cañaílla), gasterópodo carnívoro muy conocido en el ámbito culinario andaluz.

PECTEN

Bonita colección de bivalvos, se ven unos bonitos ejemplares de Pecten benedictinus a la izquierda en primer plano. A la derecha y en primer plano destaca un precioso ejemplar de Sellithyris sella, un fósil que por cierto es típico del cretácico inferior (no hablamos ya del Pleistoceno, nos vamos más atrás).

ERIZO

Perfecto ejemplar de erizo de mar fósil.

Pleistoceno

Dado el interés que ha generado el tema de los fósiles que se pueden encontrar en la zona, vuelvo a mostrar algunos de los fósiles de mi colección.

Como siempre y antes de nada, aviso de nuevo que ni soy experto en el tema ni lo pretendo, así que hay que poner todas las reservas posibles en cuanto a las identificaciones que hago, que marcaré convenientemente con los correspondientes signos de interrogación. Solo en las pocas ocasiones en las que estoy seguro de los especímenes que muestro, en esas ocasiones (y solo en esas ocasiones) me atreveré a indicar la especie.

Los fósiles que muestro proceden del barranco Baeza, en plena sierra de Bédar y de los terrenos cercanos a la pedanía de Los Giles. Son zonas fosilíferas del Pleistoceno ya conocidas, mezcladas con icnofósiles. La diferencia entre los fósiles del barranco Baeza y Los Giles es que los procedentes del segundo todavía presentan en muchas ocasiones ese aspecto nacarado, mientras que las del barranco Baeza, ubicadas a mucha más altura (360 metros o más sobre el nivel del mar), están sustituidas completamente por roca.

Me consta que hay algunos que tienen colecciones mucho más grandes y mejores que la mía, si alguien se anima a enviarme fotos de sus ejemplares, gustosamente iré poniéndolas en el blog. Cualquier corrección o indicación sobre la información que aporto será más que bienvenida.

Como curiosidad, todavía recuerdo que había una especie de «ostra» bastante grande, que se podía encontrar en los Giles, muy utilizada como decoración. Todavía recuerdo enormes conchas fósiles en los recibidores de las casas, y todavía debe quedar alguna. Yo me he atrevido a clasificarlas en el género Hinnites y, desgraciadamente, la zona donde se encontraban desapareció bajo la autopista, pero conservo algunos ejemplares.

Pasemos a las fotos…

hinnites

Ejemplo de las enormes «ostras» de Los Giles utilizadas como decoración, posiblemente del género Hinnites (¿?). Ésta es una de las pequeñas, de 15×10 cm.

hinnites2

Otra de estas enormes conchas de braquiópodo (16×13 cm), no era lo suficientemente vistosa como para ser «expuesta», pero si muy útil para mantener las puertas abiertas y que no se cerraran con el viento.

UNOBDOSBTRESB

Tres ejemplares fósiles de Ostrea lamellosa procedentes del barranco Baeza. Recuerdo que este fósil en concreto era el que íbamos a buscar de pequeños al baranco Baeza, rivalizando en ver quien encontraba el fósil más grande y bonito. Los había realmente grandes, pero era muy raro encontrar especímenes completos. Estos son tres de los mejores, con ambas valvas y de tamaños de 10×11, 8×10 y 7×9 cm respectivamente.

DOCE

Este fósil es una auténtica preciosidad. Procede también del barranco Baeza y fue una verdadera sorpresa, tan acostumbrado como estaba a encontrar solo Ostreas lamellosas. Es de 18×20 cm y debe pertenecer al género Chlamys(¿?), aunque no lo tengo muy claro.

NUEVE

Los fósiles que más abundan en Los Giles y Los Gallardos son del género Pecten y Chlamys. Pueden parecer todos iguales, pero a poco que nos fijemos iremos descubriendo muchas diferencias. Clasificarlos en sus especies correspondientes ya es un poco más complicado para mí. Los ejemplares de la fotografía oscilan entre 2 y 3 cm de diámetro aproximado.

CATORCE

Tampoco es complicado encontrar bivalvos del género Spondylus. Este en concreto no es de los más grandes (9×8,5 cm), pero sí que está muy bien conservado y presenta toda la parte del umbo hundida, como si hubiera recibido un gran golpe, lo que hace especular sobre cómo acabo los días este organismo y qué o quién fue el que le ocasionó tan mortal golpe…

TRECE

Esto que parece un mejillón gigante (y que llevó a fabular sobre su utilización en hipotéticas y gigantescas paellas), es un bivalbo del género Pinnidae, una «Nacra». Es de tamaño y peso colosal (18×11 cm) y procede de Los Giles.

ONCE

Uno de mis fósiles favoritos de los Giles, una inconfundible estrella de mar de 2,5×3 cm.

QUINCE

Paleodictyon strozzii de Los Giles que ya comenté en otra ocasión. Se cree que es un icnofósil de un género de gusano que hasta hace poco se creía extinto, pero se ha encontrado un pariente en las fosas abisales en el Atlántico, junto a volcanes submarinos.

DIEZ

La clase gastrópoda también está presente en los Giles, aquí tenemos algunos ejemplares (entre 2,5 y 3 cm) sobre los que no me atrevo a esepecular sobre su género.

SIETE

Hablando de gasterópodos, no puedo evitar comentar esta curiosidad (2,5×2 cm). No procede ni del barranco Baeza ni de los Giles, lo encontré en otro punto de la sierra donde tradicionalmente no se encontraban fósiles, pero ahí está.

SEISOCHO

Para acabar, estos son los dos últimos fósiles, procedentes de Los Gallardos. El primero es un bivalvo, posiblemente de la familia Glycymerididae (una almeja, vamos), con un curioso umbo curvado, de 5×6 cm. El otro, sinceramente, ni idea (5 centímetros de largo y 1 de ancho).