YACIMIENTOS PREHISTORICOS- Conferencia Hermanfrid Schubart. Nueva asociación ARGAR-FUENTE ALAMO

YACIMIENTOS PREHISTÓRICOS es una de esas conferencias a las que no se puede dejar de asistir. Estará a cargo, ni más ni menos, que del arqueólogo Hermanfrid Schubart, que se celebrará el 24 de abril de 2014 en el museo «Pedro Flores» de Antas. Además, durante el evento se presentará la nueva asociación ARGAR-FUENTE ÁLAMO.

Abril 2014 v10 Antas

Pocas personas conoce mejor nuestra prehistoria que Hermanfrid Schubart, por lo que esta conferencia es una oportunidad única para acercarnos un poco a nuestro pasado.

El coordinador de las Jornadas es el Arquitecto Julián Pérez Flores, oriundo de Antas, biznieto de Pedro Flores que fue colaborador de Luis Siret durante casi 50 años y autor material de la mayoría de excavaciones en las que anotaba con todo detalle en sus cuadernos de campo con un método prusiano (llegando a ser 220 cuadernos depositados en el Museo Arqueológico de Madrid) lo que iba descubriendo en los yacimientos (como Gárcel, Millares, Almizaraque, El Argar, Cabezo María, Lugarico Viejo, Fuente Vermeja, Fuente Álamo, Gatas, Villaricos, etc.)

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En cuanto a la Asociación ARGAR-FUENTE ALAMO el presidente honorífico será el Profesor H. Schubart y los socios honoríficos, los Catedráticos eméritos de arqueología de la Universidad de Sevilla, Oswaldo Arteaga Matute y Manuel Pellicer Catalán; la Doctora Arqueólogo alemana, Anna Mª Roos; de la Universidad Autónoma de Barcelona, el Catedrático Vicente Lull Santiago y su equipo, los Doctores en Arqueología Rafael Mico, Roberto Risch y Cristina Rihuete; el Catedrático de arqueología de la Universidad de Alicante Alberto Lorrio Albarado; la Arqueóloga Monserrat Menasanch (todos ellos han aceptado su incorporación) y otras personalidades que se incorporarán. El Secretario será el Profesor Cayetano Cano Soler y el Presidente será Julián Pérez Flores. El grupo de los vocales se compondrá de personas de diversas profesiones como arqueólogos, arquitectos, médicos, ingenieros, historiadores, profesores, técnicos de la concejalía de cultura y otras personas sensibles al origen de nuestro pasado.

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Nadie mejor que el mismo Julián Pérez Flores para explicarnos los objetivos de esta asociación:

El espíritu de la asociación ARGAR-FUENTE ALAMO, es empezar a caminar y contar con una serie de experiencias didácticas que sirvan de apoyo a los docentes. Para ello he presentado un proyecto pedagógico con el objetivo de potenciar el conocimiento desde una temprana edad a nuestros niños y adolescentes (sin olvidar al resto del tejido social), difundirlo y enseñarlo en centros de educación primaria y secundaria. Se pretende que la Asociación ARGAR-FUENTE-ALAMO sea un elemento vehicular para proteger losyacimientos y difundir el conocimiento, así como un laboratorio de ideas e investigación de nuestro pasado, trazar caminos que converjan desde distintos rincones donde se extendió la cultura de El Argar (civilizaciones anteriores y posteriores) y que poco a poco puedan ir incorporándose otras asociaciones como ASBA del yacimiento de la Bastida (Totana, Murcia).

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Necesitamos complicidades para llevar a buen puerto el proyecto y sentar las bases para difundir el conocimiento del pasado y la revalorización cultural de la herencia arqueológica del sureste mediterráneo. No olvidemos que los pueblos con una rica Prehistoria-Historia deben saber preservar las señales de identidad y la mejor forma de hacerlo es protegerlos, revalorizarlos y difundirlos. Julián Pérez Flores.

Por cierto, al congreso acudirán numerosos de los profesionales que están trabajando ahora mismo en los importantes yacimientos de La Bastida en Totana, pues no quieren perderse la oportunidad de asistir a un Congreso impartido por Schubart. Para quien no conozca a Hermanfrid Schubart, comentaré, de una forma muy resumida, cual es su currículum:

Nacido en Kassel, en 1939, cursó sus estudios en las universidades de Greifswald y Leipzig, doctorándose en la Universidad de Greiswald en 1955, con una tesis sobre la Edad del Bronce en Mecklenburgo.
Desarrolló su actividad docente en las Universidades de Greiswald y Munich, en Alemania. De 1957 a 1959 fue colaborador del instituto de Prehistoria y Protohistoria de la Deutsche Akademie de Ciencias.
Desde 1981 hasta 1994, fue Director del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid.
Ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por las Universidades de Oporto y Madrid, desarrollando gran parte de sus investigaciones en la Península Ibérica, participando en excavaciones como las de Zambujal (Portugal).

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Bibliografía:

Schubart, H.: La Cerámica argárica en la estatigrafía de Fuente Álamo: campañas de 1977-1982. SPAL: Revista de prehistoria y arqueología de la Universidad de Sevilla, nº 13, pags: 35-82.
Schubart, H.: Toscanos y Alarcón, el asentamiento fenicio en la desembocadura de la ría de Vélez: excavaciones de 1967-1984. Cuadernos de arqueología mediterránea, nº 8, 2002, pags: 1-251.
Schubart, H.: El Argar: vorbericht über die Probegrabung 1991: «mit 4 Textabbidingen und Tafel 5-8». Madrider Mitteilingen, nº 34, 1993. Pags: 13-21.
Schubart, H.: Almizaraque y Zambujal como plazas portuarias de la Edad del Cobre. Verdolay: Revista del Museo Arqueológico de Murcia, nº 2, 1990, pags: 19-25.

¿Cemento? No, gracias

No es que yo entienda mucho, y me parece bien que se ponga freno al deterioro que sufría la mezquita de Serena. Ya denuncié en su momento el grave deterioro que sufría la mezquita, especialmente en una de sus esquinas, la más expuesta, que se derrumbaba ostensiblemente.

Lo que no esperaba es lo que ví cuando fui de visita. La mezquita, rodeada de unas vallas de obra, inusualmente limpia, presentaba un rebozado de cemento desde la esquina afectada, extendiéndose por toda la fachada en su parte inferior.

Repito que no entiendo mucho de restauraciones, pero… ¿con cemento? ¿no hubiera sido mejor utilizar las piedras de la zona -no será por piedras-, y un mortero de cal?

Comprobé que estaba limpio por dentro, lo cual me gustó bastante, pues hace tiempo que no lo veía tan bien y es algo que se ha de agradecer. Desapareció también el arbusto que crecía en la entrada y que amenazaba con derribar el arco de medio punto. Creo, sin embargo, que ha sido un error utilizar cemento para parar el deterioro de la fachada.

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Estoy seguro que se ha hecho con buena intención, y recuerdo que en los elementos de patrimonio histórico reconocidos, como lo es éste, es imprescindible avisar antes de hacer cualquier tipo de obra o intervención a la autoridad competente. Recuerdo la disposición al respecto:

«»Tercero. Hacer saber a los propietarios, titulares de derechos y simples poseedores de los bienes, que será necesario comunicar a la Consejería competente en patrimonio histórico la realización de cualquier obra o intervención con carácter previo a las mismas.»»

Si se ha avisado y se ha autorizado a utilizar cemento, cosa que me niego a creer, he de decir que no deberían realizarse restauraciones con cemento de esta manera. Creo que la fotografía habla por sí sola.

Considero, sin embargo, que no es nada grave y que puede fácilmente solucionarse, aunque me gustaría que si no se ha consultado sobre la mejor manera de hacer estas reparaciones (que sin duda necesita), se realicen dichas consultas.

Por otro lado, el hecho de que se empiece a actuar sobre el patrimonio, cosa muy positiva a mi parecer, denota que existe algún plan o proyecto en marcha… ¿es posible?

Los rumbos de Reforma

Una de las tareas que tenía pendiente, dejando a parte el importante tema de la estancia de los estudiantes de la Université de Lorraine, era el de la confirmación definitiva de la existencia de vestigios de los viejos rumbos del lavadero «pequeño» de Reforma.

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Como ya he comentado en otras ocasiones, se trataba de sistema de lavado de los lodos resultantes de diferentes procesos previos de selección y separación por gravedad del mineral de plomo. En los rumbos, se recuperaban hasta las partículas más minúsculas de galena, haciendo deslizar los lodos por unas plataformas ligeramente inclinadas, mientras unas escombrillas giraban continuamente distribuyendo uniformemente el lodo.

Hace ya aproximadamente un mes que publiqué unas fotografías de lo que suponía eran los restos de uno de estos antiguos rumbos del Pinar de Bédar, para gran sorpresa mía, pues no pensaba que quedaría nada de un lavadero de mineral que estuvo funcionando entre 1882 y 1884.

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Pero como en otras ocasiones, el Pinar ha resultado ser una caja de sorpresas, y no sólo había conservado «fragmentos» de un rumbo, lo que pude encontrar, ni más ni menos, es con una plataforma casi completa de uno de estos rumbos.

El círculo, apenas distinguible del entorno por que no crecía hierba encima, tenía el diámetro justo (4 metros) y estaba ubicado en el lugar preciso donde yo creía haber ubicado los restos del viejo lavadero. Pero faltaba la confirmación definitiva, que solo tendría tras excavar en el interior del círculo y descubrir si quedaba algo de la superfície original, en el caso que fuera un rumbo, y poder saber también de qué estaba hecha (cerámica, piedras plantas, etc.)

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La sorpresa fue mayúscula cuando encontré una superfície de mortero de cal de superfície enlucida, con una ligera inclinación, formando una característica superficie cónica de un rumbo. Me conformé con excavar una sección triangular del rumbo, aunque de buena gana lo hubiera limpiado todo sólo por ver «resurgir» de nuevo el antiguo artefacto. Pero eso quizás lo dejaré para más adelante.

La zona del eje faltaba, como era de esperar, desaparecida cuando desmantelaron el aparato, pero no pude por menos de observar como quedaban al descubierto dos «costillas» que revelan la forma de construcción de la superfície. En efecto, ya había visto otra vez cómo se construían superfícies de cemento para patios, ligeramente cónicas para encauzar el agua de la lluvia hacia los desagües. Primero se construyen varias costillas bien niveladas con la forma deseada, y luego se rellenan los espacios entre costillas.

El radio de la plataforma, de 2 metros y el borde exterior del rumbo, de unos 18 cm. conforman la plataforma cónica por la que se hacía deslizar el mineral.

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Estos rumbos, que podríamos llamar «avanzados» contrastan notablemente con otros rumbo, de los artesanales que he dado en llamar «tipo Bédar». Como para que se vea la diferencia, hay uno de ellos muy cerca del que acabo de describir.

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Nótense las diferencias. La primera y evidente es la del tamaño, 4 metros el más antiguo y 2 metros el «artesanal», uno de los más completos que se puede encontrar en la sierra del Pinar. Está construida a base de piedras planas o «lajas», que se pueden encontrar fácilmente en la zona.

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Tampoco se ve ningún tipo de estructura o perforación en el centro para la inserción de un eje para las escombrillas, si es que disponía de ellas. Quizás disponía de otro dispositivo para depositar los lodos sobre la plataforma.

La misma plataforma, francamente plana, está formada por piedras planas, simplemente encajadas, sin ningún mortero y sobre una capa de grava compacta, como se puede ver en las fotografías. Es posible que fuera, a su vez, el soporte de la verdadera plataforma de lavado, aunque no quedan restos que nos indiquen nada al respecto. Tampoco los restos metálicos que se pueden encontrar cerca ayudan mucho, pues se trata principalmente de pequeños clavos y otras piezas de hierro.

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Como casi siempre, más preguntas que respuestas. Es, sin embargo, muy curioso e inusual, encontrar restos de rumbos tan antiguos en tan buen estado. No voy a insistir de nuevo en el tema del «patrimonio desaprovechado» de Bédar, pero me gustaría saber si se conocen ejemplos de restos de rumbos que se conserven tan bien como los de éste rumbo de finales del XIX. Salvando los rumbos descritos en Almagrera por Antonio González, no conozco más ejemplos.

Visita a la mina la Higuera 22-23 de marzo de 2014

Los días 22 y 23 de marzos se llevó a cabo la visita programada a la mina La Higuera por parte de los estudiantes en prácticas de geología de la Universitat de Lorraine.

La estancia del grupo está a punto de acabar y todo ha salido tal y como fue planeado, incluso el tiempo ha acompañado a esta primera experiencia que esperamos se repita año tras año y que atraiga, cada vez más, a más estudiantes y durante más tiempo.

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La mina La Higuera ha sido la elegida para la visita por varias razones. En primer lugar, es una de las minas con más recorrido explorado, está excavada en la dura caliza y presenta dos entradas a distinto nivel y «patios de luces» que aseguran una buena ventilación.

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En segundo lugar, se trata de un auténtico museo-reliquia de lo que fue la minería del hierro a finales del siglo XIX y principios del XX. La galería de transporte principal, de unos 240 metros de recorrido (visitables en casi su totalidad) era utilizado para el transporte del mineral desde la vecina mina de Santa Catalina. Como en el camino natural desde Santa Catalina hasta Tres Amigos se interponía Serena, se tuvo que excavar este túnel, que según cuentan fue iniciado desde ambos extremos por dos grupos de trabajadores, encontrándose en el centro de la montaña, allá por 1896.

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En uno de los patios de luces de este túnel se encontraba el cargadero de Santa Catalina, con sus 9 compuertas. Todas las labores que se desarrollaron a partir de este túnel convergían en él, ya bien sea por pequeñas vías de transporte o por buzones de distintos tamaños que llevaban el mineral al túnel principal o hacia el cargadero de Santa Catalina. En la parte superior de esta mina se desarrolló una gran explotación en huecos y pilares, en lo que parece una fase más tardía de explotación de esta mina.

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Desde la parte superior de la explotación el mineral se sacaba a la parte superior de la montaña, donde mediante un plano inclinado se llevaba el mineral hasta la misma entrada del túnel por la parte Este, donde aprovechando cuando la locomotora salía del túnel arrastrando los vagones, se cargaba el mineral en éstos. Los estériles se desviaban por dos vías, acumulándose todo el material a un extremo de la salida del túnel, donde se formó con el tiempo dos inmensas montones que actualmente han sido reaprovechados en parte.

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La visita a la mina Higuera es, por tanto, una visita a una red casi laberíntica de galerías y trancadas, donde podemos observar gigantescos «buzones» para el transporte del mineral, inmensas salas sustentadas por pilares y los estragos de las últimas explosiones de dinamita cuyo mineral no llegó a ser extraído.

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No falta la fauna habitual en estas minas, como son los pequeños insectos, escarabajos, alguna que otra serpiente que ha buscado refugio y los habituales «morciguillos» -pues así llaman a los murciélagos-. Pero en esta última visita nos encontramos además con un sapo, que se vio seguramente sorprendido por tan inesperados visitantes en un lugar que, sin duda, consideraba muy tranquilo.

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Como ya he comentado alguna vez, La Higuera, junto a la mina Mulata, son perfectas para ser «musealizadas».

Minas Júpiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Las minas Jupiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Minas desaparecidas (2): La Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de «entrada», con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…

Los Rumbos "tipo Bedar"

Empezamos nuevo año y empezaré este año con uno de mis temas favoritos, como es la arqueología minera de Bédar. Hacía ya tiempo que no realizaba ningún avance de cómo van las investigaciones, pero viendo que hay interés, hablaré un poco más.

Hoy voy a tratar un tema muy curioso: los «Rumbos bedarenses».

No, no se trata de un nuevo coro rociero ni del último disco de un grupo musical de Bédar. Para quien no lo sepa y en contra de los que algunos en Bédar afirman, los restos más antiguos y la historia más compleja de la minería en Bédar no corresponde con la minería del hierro, es la del plomo y cobre del Pinar de Bédar. Aunque hay pocas pruebas claras que lo confirmen, se da por hecho que las minas de El Pinar se explotaron desde bastante antiguo. Quizás de momento solo los análisis de isótopos indican que ya se extraía cobre de El Pinar en la Edad del Bronce, pero con el tiempo estoy seguro de que aparecerán nuevas pruebas.

Hay todavía grandes incógnitas, como la ubicación original del lavadero de plomo medieval, pero sobre la minería a partir del siglo XIX los avances han sido bastante importantes. Se pueden distinguir diferentes fases «tecnológicas» muy diferentes, relacionadas con numerosos factores que no es momento ni lugar para analizar. Al igual que el cable aéreo Bédar-Garrucha llegó a ser el «no va más» de la tecnología de la época, lo mismo pasó con los lavaderos mecánicos de la Compañía de Águilas, tecnología punta en el momento, sin rival alguno ni en tecnología ni en capacidad de producción.

Sin extenderme más, el caso es que hay numerosos restos de antiguas estructuras en las minas del Pinar que son, digamos, de muy difícil interpretación. El trabajo ha sido muy complicado dada la superposición de trabajos de diferentes épocas y el poco cuidado que se ha tenido en conservar estos restos (sin hablar de la destrucción que ha supuesto la locura urbanizadora). Entre otras estructuras, encontramos una serie de «circulos» extraños, de función desconocida… hasta hace relativamente poco.

Hasta la invención del sistema de flotación, el lavado de minerales de plomo se realizaba mediante separación por gravedad, aprovechando la mayor densidad del mineral de plomo con respecto a la roca que lo contiene. Para ello se necesitaba agua, maquinaria de trituración y sistemas de lavado. Se utilizaron varios sistemas de diferentes tipos y grado de teconología, pero el producto de todos estos procesos de lavado era un lodo (partículas muy finas) que todavía contenía algo de mineral de plomo. Como todo se aprovechaba, mediante una serie de «artefactos», se podían lavar estos lodos para sacar el plomo que aún contenía. Para lavar el lodo se inventaron varias máquinas, pero la más efectiva siempre fue el Round-Buddle inglés. Ideado en Cornualles para el lavado de mineral de estaño, pronto fue adoptado en las cuencas mineras de Murcia y no tardó mucho en utilizarse también en las de Almería.

Claro que hablamos de sistemas de lavado de última generación (para la época, claro), movidos con máquinas de vapor y con unas dimensiones especialmente escogidas para cumplir con su función de lavado. Básicamente se trataba de una superficie plana con una ligera inclinación, en la que el mineral de plomo, al ser más pesado, se resistía más a ser arrastrado por el agua, de esta manera se podía separar.

Entonces pasó una cosa curiosa. Dada la simplicidad del artefacto, en algunos cotos mineros comenzaron a fabricarse unas versiones «artesanales» de la máquina que eran movidas a mano. Claro que eran mucho menos eficaces que las mecanizadas, pero lo barato de su construcción y la posibilidad de moverlas de un lugar a otro (eran transportables) las hizo una de las máquinas más utilizadas para el lavado de estos lodos resultantes de los diversos procesos de lavado. Estos «cacharros» comenzaron a llamarse «Rumbos», por una españolización de la pronunciación en inglés de «Round-Buddle».

No hace mucho, Antonio González Jódar localizó por primera vez los primeros restos de estos Rumbos en sierra Almagrera, que podían ser o bien los ejemplares «mecanizados» bien construidos, normalmente asociados a fundiciones o establecimientos modernos, o bien las versiones más artesanales en negocios mineros más modestos.

¿Hubo Rumbos en Bédar? Por supuesto. Los primeros Round-Buddles se utilizaron en los modernos lavaderos de la Compañía de Águilas en el Pinar. De hecho, en El Pinar se probaron o utilizaron todos los tipos de sistema de lavado de mineral que existía en esos entonces. Tal es así que era como una especie de escuela a la que iban los ingenieros que querían conocer los diferentes sistemas de lavado que existían entonces.

RUMBO  1

Uno de los Rumbos del tipo Bédar más curiosos. Con tan solo 1,5 metros de diámetro, superfície de piedra plana (en naranja) y una estructura o base del depósito de agua (en rojo) muy elaborado, más grande (en relación a la plataforma) y ubicado a más altitud (1,8 metros).

De momento, en Bédar hemos localizado unos restos que son un firme candidato a ser uno de los primeros rumbos «mecanizados» o Round-Buddles auténticos que se describen en Bédar, aunque falta realizar una serie de comprobaciones para confirmar que es así, por lo que nada más diré ahora.

Lo que sí está comprobado, tanto documentalmente como por la localización de diversos restos, es de la presencia de diveros modelos de Rumbos artesanales. Hemos podido explicar así una parte de las extrañas «ruinas» que hay en estas minas.

Estos descubrimientos indican, como ya comenté en su momento en el congreso del SEDPGYM celebrado hace unos años en Boltaña, lo que se puede considerar como una evolución (más bien involución) de estos artefactos. Si estuviésemos hablando de especies animales, sería como si en una isla aislada, una especie cualquiera hubiera ido evolucionando apartada de sus congéneres hasta formar nuevas especies extrañas.

RUMBOW

En efecto, con el cierre de los lavaderos mecanizados en 1884, la Compañía de Águilas delegó la explotación de las minas de plomo en pequeños mineros partidarios que sobrevivían con medios muy rudimentarios, entre ellos las ya conocidas copias artesanales de los Round-Buddles. Estos partidarios persistieron hasta 1926, aunque cada vez eran menos, más pobres y con menos medios. Los Rumbos también evolucionaron, cada vez más pequeños e ineficaces, pero lo suficientemente baratos como para ser utilizados por mineros que, más que vivir, sobrevivían como podían.

Los Rumbos resultantes, son pues, «especies» de Rumbos propios y característicos de Bédar. Los parámetros que, de momento, estamos analizando en los mismos y que creemos pueden ayudar a clasificarlos en su época y momento adecuados son, precisamente, el diámetro de la plataforma de lavado y el material con la que está construida.

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Rumbo en el Pinar de Bédar de 2 metros de plataforma (no quedan restos de la superfície original, posiblemente fue reaprovechada) junto al pilar del depósito de agua.

En 1906 están documentados en el Pinar Rumbos artesanales con plataformas de unos 4 metros diámetro y superficie de cerámica, que es la que se utilizaba en los Rumbos mecanizados. Por otro lado, el rumbo estaba construido con materiales de la zona y era movido manualmente por un muchacho (un niño) que se subía en el travesaño que sujetaba el eje.
Eran muy ineficaces, pero se podía suplir aumentando los tiempos de lavado con resultados más que aceptables.

RUMBOX

A partir de aquí, los Rumbos involucionaron (degeneraron, de hecho) hasta llegar a los pequeños Rumbos con plataformas de a duras penas 1,5 metros y superficies a base de piedras planas. Éstos debieron ser los últimos y además sumamente ineficaces Rumbos, pero de alguna manera servían a los propósitos de estos partidarios. Parece que solo se desarrollaron en Bédar, debido a las circunstancias únicas que concurrieron entre 1884 y 1926 en los criaderos de plomo del Pinar de Bédar.

Para comprobar si se podía lavar mineral de plomo con rumbos de tamaño tan reducido, fabricamos un pequeño rumbo a escala 1:27 de los rumbos de 4 metros de 1906. Tras machacar una parte de dolomía con algo de galena y mezclarlo con un poco de agua para crear un barro con partículas de mineral de plomo, lo pasamos por este mini-rumbo de 15 cm de plataforma, y pudimos observar que… podíamos separar el mineral, aunque de una manera muy imperfecta y a base de pasar bastante agua por el artefacto. Las fotografías hablan por sí solas:

MAQUETA RUMBO

Creemos pues, que estas estructuras eran variaciones artesanales muy «degeneradas» de Rumbos ya de por sí artesanales, copias a su vez de los Round-Buddles ingleses. Debían ser muy ineficaces y sería necesario numerosas repeticiones para conseguir resultados apreciables, y en todo caso sería muy limitado y para cantidades pequeñas de mineral.

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Plataforma de Rumbo en el Pinar de Bédar de 1,8 metros de diámetro (en naranja) delimitado por piedras planas en empalizada (en rojo).

Hemos dado en llamar «Rumbos tipo Bédar» a estos Rumbos pequeños, de entre 1,5 y 2 metros de plataforma y con superfície de piedra plana, toscamente pulida.

Cadima la antigua

Acabo con este último post de 2013, esperando y deseando que el próximo año 2014 sea mucho mejor para todos.

Aunque no cierro este año con buenas noticias, ha habido muy pocas durante este largo año de 2013. De Bédar, menos aún. No sabe/No contesta, calificación que se utiliza en las encuentas para quien no se entera de nada o no quiere darse por enterado y que debería ser utilizado como lema oficial del pueblo de Bédar.

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No voy a hacer, por lo tanto, ningún resumen, porque sería irritantemente escueto: se han celebrado las fiestas de rigor y nada más que contar (por lo menos que a mí me conste).

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Pero ¿nada interesante que contar de este 2013? Que en Bédar se viva en un feliz estado aislamiento (en la inopia, vamos), no quiere decir que no haya habido noticias que se puedan calificar de «interés general».

SERENA

Si no me había hecho eco de esta noticia antes es, lo confieso, porque no me había enterado. Es en parte culpa mía, porque siempre estoy atento a estas cosas, pero en gran parte es culpa también del mal endémico que afecta a esta tierra: la falta de concienciación ciudadana sobre su propio patrimonio histórico y su enorme dejadez en cuanto a su conservación y puesta en valor. Si ni siquiera lo han publicitado ni se puede visitar ¿como quieren que el potencial turista medianamente interesado como yo se pueda enterar?

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El caso es que a principios de 2013, el avance de las obras del AVE tenían previsto pasar entre las ruinas de la antigua Cadima. Cadima, para los muchos a los que no les sonará este nombre de nada (aunque vivan al lado mismo), fue una gran villa antigua ubicada en el término de Los Gallardos con restos íberos, romanos y califales. Como quiera que las obras tenían que pasar por allí, se realizó una intervención arqueológica de emergencia, costeada por ADIF, donde se pudo comprobar la gran riqueza de este yacimiento.

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Quien quiera saber más, puede pulsar encima de la fotografía de Cadima hacia el enlace del que procede en el ideal.es

Además de la prensa local, solo parece que se han hecho eco de esta noticia en Turre, concretamente la Asociación de amigos del Museo de Turre, realizándose incluso una conferencia a cargo de los arqueólogos que realizaron en estudio: Óscar López Jiménez, Francisco Llidó López y Victoria Martínez Calvo.

Pero ahí ha quedado la cosa, y la noticia se ha ido difuminando y olvidando, como otras tantas muchas cosas que ocurren por aquí.

CASTILLO

¿Qué importancia tiene esta noticia? Ya se conocía la existencia de Cadima (ya digo, no por muchos), y no es algo excepcional la existencia de yacimientos importantes por toda la zona: los yacimientos argáricos de Antas, Roceipón, Qurénima, Mojácar la vieja… No hemos de olvidar los numerosos yacimientos estudiados por Luis Siret por estas tierras. La noticia es que, de repente y por motivos ajenos completamente al propio interés por poner en valor todo este patrimonio, se pone al descubierto el inmenso valor e infinitas posibilidades de lo que sería un reclamo turístico de primer orden. ¿Y qué hacen los insignes de las localidades potencialmente beneficiadas como la misma Los Gallardos o la propia Bédar? pues o no saben o no contestan. Salvo la meritoria reacción de la asociación mencionada, no destaca ningún tipo de iniciativa, ni se espera que la haya, y lo peor de todo, a nadie le importa un carajo.

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¿Tendremos la suerte de poder ver los restos encontrados en Cadima en el museo de Turre? ¿Hay que ir a Almería? ¿alguien sabe algo? Es para preocuparse, no duden que si esto mismo se hubiese encontrado en Barcelona, por poner un ejemplo que tengo cercano, ya lo hubieran preparado y promocionado, y las colas de turistas deseosos de verlo no se harían esperar mucho.

Y me dirán lo de siempre: no hay dinero. Bueno, señores encargados de la gestión del dinero público: cuando sí que hubo dinero tampoco hicieron nada, fue mejor malgastarlo. A otros con ese cuento.

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En fin, lo dicho, feliz 2014. He intentado amenizar el texto con diferentes imágenes de la arqueología propia de Bédar, que tambien la hay. Si alguien quiere saber más, que no dude en preguntar.

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No-maravilla nº 4: El Pinar de Bédar

Mucho he hablado ya de El Pinar y mucho podría hablar todavía. Creo que es más que justo que se considere como no-maravilla porque se trata de la zona más antigua en cuanto a minería se refiere y por su importante papel en la historia del pueblo.

De hecho, es más que probable de que antes de que Bédar fuera Bédar, ya había minería en el Pinar. Recuerdo cuando empecé a interesarme seriamente en esas minas, fue por el año 2000. Nada que ver con el Pinar de ahora. Lo que yo me encontré fue un montón de barrancos de nombres olvidados y trabajos mineros y ruinas de nombres que nadie recordaba. Estaba la mina «Reforma», la «chimenea», «Las minas de la Gamberra», los «lavaderos» y diversas historias sobre viejas minas de plomo y plata. Poco más.

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En su momento, la conocida como «Chimenea» pasó a ser la Fundición Carmen de Bédar. Fue construida en 1845 y el estado de conservación es realmente muy bueno. Además de las características típicas de este tipo de instalaciones históricas, posee una serie de características que la hacen peculiar y única. Integra una mina y lavaderos de mineral, además de poseer el récord de tener la galería de condensación más diminuta de todas las fundiciones almerienses (podían medir kilómetros). Después de mucho luchar para dar a conocer la importancia de los restos de esta fundición de plomo centenaria, el ayuntamiento ha reconocido ya por escrito el valor de estas ruinas, reconocido por fin como elemento importante del patrimonio industrial de Almería. Al menos tenemos la seguridad de que las ruinas no serán derribadas y sustituidas por unos modernos apartamentos. Pero a pesar de haber pedido en reiteradas ocasiones que se limpien las ruinas y se apuntale la chimenea para evitar que se caiga (presenta grietas muy preocupantes), el ayuntamiento se lava las manos y delega toda la responsabilidad en la promotora urbanística propietaria del terreno. Cuando se caiga todo serán lamentos y excusas.

Poco a poco fue surgiendo la historia del lugar y la rica toponimia antigua y nombres de mina. Ahora todo el mundo habla del barranco del Gato, la fundición Carmen, la mina Aprovechado, la corta de los Madriles, etc. Pocos saben el trabajo que hay detrás de toda esa información.

Por supuesto, hay mucho más. Daré un pequeño repaso por varios de los antiguos nombres de El Pinar que he estado manejando, algunos sonarán, pero muchos no: La Majada de Bartolo, los cerrillos de San Antonio el Alto, El cerro del Manco… el barranco de los Corrales, el de las Palomas, el de San Antonio Abad, el de los Coconcicos, el de la Mina Grande y el de San Marcos. Las Cuevas del Pinar, la Cueva fría, el llano del Almacén, la cuesta del Café, la loma del Medio, la Cuerda del Pinar, la Umbría del Medio, la cerrada del barranco del Gato, la risca de Juan Artero, el asiento de Juan Pié, la solana de Jauto…

¿Y qué decir de los nombres de las minas? Aprovechado y Reforma son las más conocidas, pero hay muchas más y con nombres de lo más curioso. Veamos algunas: «Allá Veremos», «Por bien de todos», «Esto sí», «Medidas extraordinarias», «Aquí te quiero escopeta», «Bien estar», «Alarma», «Asilo minero», «El Pensamiento», «Garrobera», «Mirar y Desengaño», «Sanguijuela», «Mentira», «Justicia del cielo», «Del cielo vendrá todo», «Manos a la obra»…

Pero la construcción de antes de la crisis no entendía de patrimonios. Las enormes explanaciones que se realizaron para construir, ni más ni menos, que unos centenares de viviendas, ha destrozado por completo todos los restos mineros existentes en el barranco de la Mina Grande y los cerrillos de San Antonio el Alto.

Sin embargo, el peor atentado contra el patrimonio de Bédar y su historia fue la muy desafortunada decisión de derribar los restos del Lavadero Grande del Pinar. La destrucción de este patrimonio está muy bien documentada:

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El Lavadero Grande es (o era), como su propio nombre indica, el lavadero de plomo más grande de los 3 (ó 4, estamos en ello) que se instalaron a finales del siglo XIX en el Pinar. Las obras preparatorias empezaron pronto, en 1874, pero no se puso en funcionamiento hasta 1881. Aunque duró pocos años, se trataba del lavadero más grande de toda Europa (y del mundo), más grande que los lavaderos del Harz (Alemania), que eran los más grandes hasta entonces. Lo de «Grande» era un nombre más que justo para esta instalación. En 1884, año en el que se cerró por la bajada del precio del plomo, trabajaban en el Pinar más de 900 personas. Es decir, casi la totalidad de la población en edad de trabajar del pueblo (y entonces incluía niños).

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La maquinaria que utilizaba era la más moderna que se podía conseguir entonces, fabricada por la casa Humboldt de Colonia: quebrantadoras, trómeles, molinos de rodillos, etc… y prácticamente todos los tipos de mecanismos de lavado de plomo que existían. Era, podría decirse, un museo de maquinaria de lavado de mineral, hasta tal punto de que los ingenieros en prácticas iban al Pinar a estudiar todos los tipos de lavado existentes hasta la fecha.

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En 2004 me dirigí al Pinar para hacer más fotografías de los restos de este lavadero, pero ¡oh sorpresa! solo había un descampado. El estropicio fue de tal magnitud que hasta llegó a ser denunciado por una asociación ecologista. Recuerdo que se montó un gran revuelo, intervino la prensa y llegó a comentarse que la promotora no derribaría las balsas del lavadero, lo único que quedaba en pie. Y es cierto, no las derribaron, pero las deformaron convirtiéndolas en… piscinas. Triste fin para el viejo lavadero Grande del Pinar.

¿Quien tomó la decisión de derribarlo? ¿donde estaba el ayuntamiento mientras eso ocurría? ¿el ayuntamiento tenía conocimiento de estos planes en contra del patrimonio? Si lo sabía… ¿por qué no hizo nada?

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No llego a entender como alguien pudo tomar esa decisión, y acuso por igual al que la tomó, a los que cometieron el destrozo y a los que le dejaron hacerlo. Afectaron de esa manera a un patrimonio que era propiedad de todos (no lo olvidemos) y produjeron un daño irreparable en un más que posible activo turístico para Bédar. Tarde o temprano la verdad saldrá a la luz.