Los rumbos de Reforma

Una de las tareas que tenía pendiente, dejando a parte el importante tema de la estancia de los estudiantes de la Université de Lorraine, era el de la confirmación definitiva de la existencia de vestigios de los viejos rumbos del lavadero «pequeño» de Reforma.

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Como ya he comentado en otras ocasiones, se trataba de sistema de lavado de los lodos resultantes de diferentes procesos previos de selección y separación por gravedad del mineral de plomo. En los rumbos, se recuperaban hasta las partículas más minúsculas de galena, haciendo deslizar los lodos por unas plataformas ligeramente inclinadas, mientras unas escombrillas giraban continuamente distribuyendo uniformemente el lodo.

Hace ya aproximadamente un mes que publiqué unas fotografías de lo que suponía eran los restos de uno de estos antiguos rumbos del Pinar de Bédar, para gran sorpresa mía, pues no pensaba que quedaría nada de un lavadero de mineral que estuvo funcionando entre 1882 y 1884.

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Pero como en otras ocasiones, el Pinar ha resultado ser una caja de sorpresas, y no sólo había conservado «fragmentos» de un rumbo, lo que pude encontrar, ni más ni menos, es con una plataforma casi completa de uno de estos rumbos.

El círculo, apenas distinguible del entorno por que no crecía hierba encima, tenía el diámetro justo (4 metros) y estaba ubicado en el lugar preciso donde yo creía haber ubicado los restos del viejo lavadero. Pero faltaba la confirmación definitiva, que solo tendría tras excavar en el interior del círculo y descubrir si quedaba algo de la superfície original, en el caso que fuera un rumbo, y poder saber también de qué estaba hecha (cerámica, piedras plantas, etc.)

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La sorpresa fue mayúscula cuando encontré una superfície de mortero de cal de superfície enlucida, con una ligera inclinación, formando una característica superficie cónica de un rumbo. Me conformé con excavar una sección triangular del rumbo, aunque de buena gana lo hubiera limpiado todo sólo por ver «resurgir» de nuevo el antiguo artefacto. Pero eso quizás lo dejaré para más adelante.

La zona del eje faltaba, como era de esperar, desaparecida cuando desmantelaron el aparato, pero no pude por menos de observar como quedaban al descubierto dos «costillas» que revelan la forma de construcción de la superfície. En efecto, ya había visto otra vez cómo se construían superfícies de cemento para patios, ligeramente cónicas para encauzar el agua de la lluvia hacia los desagües. Primero se construyen varias costillas bien niveladas con la forma deseada, y luego se rellenan los espacios entre costillas.

El radio de la plataforma, de 2 metros y el borde exterior del rumbo, de unos 18 cm. conforman la plataforma cónica por la que se hacía deslizar el mineral.

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Estos rumbos, que podríamos llamar «avanzados» contrastan notablemente con otros rumbo, de los artesanales que he dado en llamar «tipo Bédar». Como para que se vea la diferencia, hay uno de ellos muy cerca del que acabo de describir.

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Nótense las diferencias. La primera y evidente es la del tamaño, 4 metros el más antiguo y 2 metros el «artesanal», uno de los más completos que se puede encontrar en la sierra del Pinar. Está construida a base de piedras planas o «lajas», que se pueden encontrar fácilmente en la zona.

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Tampoco se ve ningún tipo de estructura o perforación en el centro para la inserción de un eje para las escombrillas, si es que disponía de ellas. Quizás disponía de otro dispositivo para depositar los lodos sobre la plataforma.

La misma plataforma, francamente plana, está formada por piedras planas, simplemente encajadas, sin ningún mortero y sobre una capa de grava compacta, como se puede ver en las fotografías. Es posible que fuera, a su vez, el soporte de la verdadera plataforma de lavado, aunque no quedan restos que nos indiquen nada al respecto. Tampoco los restos metálicos que se pueden encontrar cerca ayudan mucho, pues se trata principalmente de pequeños clavos y otras piezas de hierro.

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Como casi siempre, más preguntas que respuestas. Es, sin embargo, muy curioso e inusual, encontrar restos de rumbos tan antiguos en tan buen estado. No voy a insistir de nuevo en el tema del «patrimonio desaprovechado» de Bédar, pero me gustaría saber si se conocen ejemplos de restos de rumbos que se conserven tan bien como los de éste rumbo de finales del XIX. Salvando los rumbos descritos en Almagrera por Antonio González, no conozco más ejemplos.

Visita a la mina la Higuera 22-23 de marzo de 2014

Los días 22 y 23 de marzos se llevó a cabo la visita programada a la mina La Higuera por parte de los estudiantes en prácticas de geología de la Universitat de Lorraine.

La estancia del grupo está a punto de acabar y todo ha salido tal y como fue planeado, incluso el tiempo ha acompañado a esta primera experiencia que esperamos se repita año tras año y que atraiga, cada vez más, a más estudiantes y durante más tiempo.

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La mina La Higuera ha sido la elegida para la visita por varias razones. En primer lugar, es una de las minas con más recorrido explorado, está excavada en la dura caliza y presenta dos entradas a distinto nivel y «patios de luces» que aseguran una buena ventilación.

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En segundo lugar, se trata de un auténtico museo-reliquia de lo que fue la minería del hierro a finales del siglo XIX y principios del XX. La galería de transporte principal, de unos 240 metros de recorrido (visitables en casi su totalidad) era utilizado para el transporte del mineral desde la vecina mina de Santa Catalina. Como en el camino natural desde Santa Catalina hasta Tres Amigos se interponía Serena, se tuvo que excavar este túnel, que según cuentan fue iniciado desde ambos extremos por dos grupos de trabajadores, encontrándose en el centro de la montaña, allá por 1896.

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En uno de los patios de luces de este túnel se encontraba el cargadero de Santa Catalina, con sus 9 compuertas. Todas las labores que se desarrollaron a partir de este túnel convergían en él, ya bien sea por pequeñas vías de transporte o por buzones de distintos tamaños que llevaban el mineral al túnel principal o hacia el cargadero de Santa Catalina. En la parte superior de esta mina se desarrolló una gran explotación en huecos y pilares, en lo que parece una fase más tardía de explotación de esta mina.

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Desde la parte superior de la explotación el mineral se sacaba a la parte superior de la montaña, donde mediante un plano inclinado se llevaba el mineral hasta la misma entrada del túnel por la parte Este, donde aprovechando cuando la locomotora salía del túnel arrastrando los vagones, se cargaba el mineral en éstos. Los estériles se desviaban por dos vías, acumulándose todo el material a un extremo de la salida del túnel, donde se formó con el tiempo dos inmensas montones que actualmente han sido reaprovechados en parte.

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La visita a la mina Higuera es, por tanto, una visita a una red casi laberíntica de galerías y trancadas, donde podemos observar gigantescos «buzones» para el transporte del mineral, inmensas salas sustentadas por pilares y los estragos de las últimas explosiones de dinamita cuyo mineral no llegó a ser extraído.

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No falta la fauna habitual en estas minas, como son los pequeños insectos, escarabajos, alguna que otra serpiente que ha buscado refugio y los habituales «morciguillos» -pues así llaman a los murciélagos-. Pero en esta última visita nos encontramos además con un sapo, que se vio seguramente sorprendido por tan inesperados visitantes en un lugar que, sin duda, consideraba muy tranquilo.

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Como ya he comentado alguna vez, La Higuera, junto a la mina Mulata, son perfectas para ser «musealizadas».

Minas Júpiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

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Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Las minas Jupiter y Porfiado

Hoy visitaremos una de las minas más importantes de toda la sierra de Bédar y uno de los puntos culminantes de la ya conocida «ruta minera» de Bédar, uno de los miradores de parada obligatoria. Pocos nombres despiertan tan malos recuerdos entre los viejos mineros de Hierros de Garrucha que el de «Hoyo Júpiter», y no de extrañar, solo hay que adentrarse por esas galerías para entender lo que debía ser trabajar allí dentro jornadas enteras…

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La mina es también una de las más antiguas, las Peñicas Negras, en las «Cañadicas», no muy lejos de Serena. Estoy seguro que muchos de los que ya han hecho la ruta se acordarán del mirador del Hoyo Júpiter. Pero si quieren ver lo que hay en ese inmenso Hoyo, no se pierdan estas fotografías.

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No quiero aburrir con muchos datos históricos, que los hay, sobre esta mina en concreto. Junto a San Manuel, Porfiado y Mahoma, son las más importantes del «grupo de Serena» y las grandes cantidades de hierro que contienen (o contenían) fueron el motivo de que se construyeran dos cables aéreos de transporte. Se calcula que, de estas minas de Serena, se extrajeron cerca de 3.000.000 de toneladas, gran parte de este mineral se extrajo a «cielo abierto», y donde antes había una montaña, ahora hay un enorme agujero de unos 200 metros de largo y 50 de ancho, que recorre las concesiones mineras de Porfiado y Júpiter. Y si impresionante es verlo desde arriba, más sobrecogedor es, si cabe, verlo desde abajo, desde la famosa cota 360.

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Para facilitar el transporte, una galería recorría todo el fondo del Hoyo hasta salir en lo que era la cabecera del gran plano inclinado que llevaba el mineral al cargadero del cable. Todo este fondo del Hoyo está surcado por numerosas cicatrices y depresiones, los restos de las antiguas labores de extracción y vías de transporte superficial. Así podemos diferenciar antiguas depresiones que se corresponden con los tres planes de Hoyo de Júpiter, dos de ellos conocidos como roza Colorada y roza Negra. Los hoyos de San Marcos y de Porfiado y la roza del Teléfono, en Porfiado.

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Si descendemos al fondo del hoyo, podemos llegar con algo de dificultad al «socavón general», pero hay que saber cual es, pues en el hoyo hay multitud de bocaminas. Cuando el Hoyo llegó a la cota 360, debido a que las capas de mineral profundizaban en la tierra siguiendo un ángulo, era tal la cantidad de estéril que se tenía que movilizar que la Compañía minera se vio obligada a iniciar labores subterráneas. Estas labores se extienden como una red en todas direcciones, pero principalmente se desarrollaron en dirección al barranco de la Hoya, en la concesión de Mahoma.

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Una vez dentro, diferentes trancadas llevan a los diversos niveles de la mina. La red de galerías es compleja, y se encuentr a diversos niveles. Desgraciadamente no existen muchos planos de estas minas ni tampoco son muy fiables, como hemos podido comprobar. Los diversos periodos de explotación en un periodo de tiempo tan dilatado y el posterior reaprovechamiento por parte de Hierros de Garrucha, hace difícil la tarea. A Pesar de todo estamos bastante seguros que nos movemos por el antiguo sector de San Jacinto, internándonos en la concesión de Mahoma.

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Nos movemos por galerías que ya han sido visitadas, en alguna ocasión, por buscadores de minerales, aunque no es buen sitio para minerales, dada la presencia masiva de óxidos de hierro con pocos minerales «bonitos». Podemos encontrar, eso sí, diferentes restos que dejaron los mineros de Hierros de Garrucha, como espuertas, puntas de barrena rotas, fragmentos de vagonetas, etc. También impresiona un fragmento de vía de transporte que no pudieron llevarse para reaprovechar el hierro porque fue atrapada, creo que para siempre, por una enorme piedra desprendida del techo de la galería.

JUPITER7

Las galerías dan acceso a las zonas de explotación´, gigantescas e impresionantes cavidades excavadas a base de explosivos.

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Diferentes «trancadas» conectan los niveles, así se conocían las galerías de acceso para los mineros desde el exterior o las conexiones entre diferentes galerías. Entre los diferentes pisos de la minas se observan lo que se conocían como «pocillos», o pozos que conectaban galerías a diverso nivel y que servían para transportar el mineral. Los pozos inclinados que conectaban zonas de explotación a diverso nivel, recibían el nombre de «chimeneas», mientras que los «buzones» eran también conexiones a diferente nivel, pero diseñadas específicamente para el transporte entre niveles, en forma de embudo generalmente y provistos por lo general en su parte inferior de compuertas de carga.

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Avanzamos por las galerías, aunque nos es imposible saber si es la vieja galería de San Andrés o la de San Augusto. Sabemos, sin embargo, que avanzamos hacia el Pozo P, pozo de extracción con castillete que se encuentra en el barranco de la Hoya. Pero no conseguimos alcanzar el objetivo, un derrumbe lo impide. A pesar de todo, encontramos restos que nos indican claramente que nos encontramos cerca de alguna de las salidas al barranco de la Hoya.

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La única forma de continuar es por medio de un «pocillo» provisto de una escalera metálica y los restos de un cabrestante, pero como observarán en las fotografías, no parecía estar en perfectas condiciones como para ser utilizado. Aquí finalizaba nuestra aventura.

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Minas desaparecidas (2): La Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de «entrada», con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…

Los Rumbos "tipo Bedar"

Empezamos nuevo año y empezaré este año con uno de mis temas favoritos, como es la arqueología minera de Bédar. Hacía ya tiempo que no realizaba ningún avance de cómo van las investigaciones, pero viendo que hay interés, hablaré un poco más.

Hoy voy a tratar un tema muy curioso: los «Rumbos bedarenses».

No, no se trata de un nuevo coro rociero ni del último disco de un grupo musical de Bédar. Para quien no lo sepa y en contra de los que algunos en Bédar afirman, los restos más antiguos y la historia más compleja de la minería en Bédar no corresponde con la minería del hierro, es la del plomo y cobre del Pinar de Bédar. Aunque hay pocas pruebas claras que lo confirmen, se da por hecho que las minas de El Pinar se explotaron desde bastante antiguo. Quizás de momento solo los análisis de isótopos indican que ya se extraía cobre de El Pinar en la Edad del Bronce, pero con el tiempo estoy seguro de que aparecerán nuevas pruebas.

Hay todavía grandes incógnitas, como la ubicación original del lavadero de plomo medieval, pero sobre la minería a partir del siglo XIX los avances han sido bastante importantes. Se pueden distinguir diferentes fases «tecnológicas» muy diferentes, relacionadas con numerosos factores que no es momento ni lugar para analizar. Al igual que el cable aéreo Bédar-Garrucha llegó a ser el «no va más» de la tecnología de la época, lo mismo pasó con los lavaderos mecánicos de la Compañía de Águilas, tecnología punta en el momento, sin rival alguno ni en tecnología ni en capacidad de producción.

Sin extenderme más, el caso es que hay numerosos restos de antiguas estructuras en las minas del Pinar que son, digamos, de muy difícil interpretación. El trabajo ha sido muy complicado dada la superposición de trabajos de diferentes épocas y el poco cuidado que se ha tenido en conservar estos restos (sin hablar de la destrucción que ha supuesto la locura urbanizadora). Entre otras estructuras, encontramos una serie de «circulos» extraños, de función desconocida… hasta hace relativamente poco.

Hasta la invención del sistema de flotación, el lavado de minerales de plomo se realizaba mediante separación por gravedad, aprovechando la mayor densidad del mineral de plomo con respecto a la roca que lo contiene. Para ello se necesitaba agua, maquinaria de trituración y sistemas de lavado. Se utilizaron varios sistemas de diferentes tipos y grado de teconología, pero el producto de todos estos procesos de lavado era un lodo (partículas muy finas) que todavía contenía algo de mineral de plomo. Como todo se aprovechaba, mediante una serie de «artefactos», se podían lavar estos lodos para sacar el plomo que aún contenía. Para lavar el lodo se inventaron varias máquinas, pero la más efectiva siempre fue el Round-Buddle inglés. Ideado en Cornualles para el lavado de mineral de estaño, pronto fue adoptado en las cuencas mineras de Murcia y no tardó mucho en utilizarse también en las de Almería.

Claro que hablamos de sistemas de lavado de última generación (para la época, claro), movidos con máquinas de vapor y con unas dimensiones especialmente escogidas para cumplir con su función de lavado. Básicamente se trataba de una superficie plana con una ligera inclinación, en la que el mineral de plomo, al ser más pesado, se resistía más a ser arrastrado por el agua, de esta manera se podía separar.

Entonces pasó una cosa curiosa. Dada la simplicidad del artefacto, en algunos cotos mineros comenzaron a fabricarse unas versiones «artesanales» de la máquina que eran movidas a mano. Claro que eran mucho menos eficaces que las mecanizadas, pero lo barato de su construcción y la posibilidad de moverlas de un lugar a otro (eran transportables) las hizo una de las máquinas más utilizadas para el lavado de estos lodos resultantes de los diversos procesos de lavado. Estos «cacharros» comenzaron a llamarse «Rumbos», por una españolización de la pronunciación en inglés de «Round-Buddle».

No hace mucho, Antonio González Jódar localizó por primera vez los primeros restos de estos Rumbos en sierra Almagrera, que podían ser o bien los ejemplares «mecanizados» bien construidos, normalmente asociados a fundiciones o establecimientos modernos, o bien las versiones más artesanales en negocios mineros más modestos.

¿Hubo Rumbos en Bédar? Por supuesto. Los primeros Round-Buddles se utilizaron en los modernos lavaderos de la Compañía de Águilas en el Pinar. De hecho, en El Pinar se probaron o utilizaron todos los tipos de sistema de lavado de mineral que existía en esos entonces. Tal es así que era como una especie de escuela a la que iban los ingenieros que querían conocer los diferentes sistemas de lavado que existían entonces.

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Uno de los Rumbos del tipo Bédar más curiosos. Con tan solo 1,5 metros de diámetro, superfície de piedra plana (en naranja) y una estructura o base del depósito de agua (en rojo) muy elaborado, más grande (en relación a la plataforma) y ubicado a más altitud (1,8 metros).

De momento, en Bédar hemos localizado unos restos que son un firme candidato a ser uno de los primeros rumbos «mecanizados» o Round-Buddles auténticos que se describen en Bédar, aunque falta realizar una serie de comprobaciones para confirmar que es así, por lo que nada más diré ahora.

Lo que sí está comprobado, tanto documentalmente como por la localización de diversos restos, es de la presencia de diveros modelos de Rumbos artesanales. Hemos podido explicar así una parte de las extrañas «ruinas» que hay en estas minas.

Estos descubrimientos indican, como ya comenté en su momento en el congreso del SEDPGYM celebrado hace unos años en Boltaña, lo que se puede considerar como una evolución (más bien involución) de estos artefactos. Si estuviésemos hablando de especies animales, sería como si en una isla aislada, una especie cualquiera hubiera ido evolucionando apartada de sus congéneres hasta formar nuevas especies extrañas.

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En efecto, con el cierre de los lavaderos mecanizados en 1884, la Compañía de Águilas delegó la explotación de las minas de plomo en pequeños mineros partidarios que sobrevivían con medios muy rudimentarios, entre ellos las ya conocidas copias artesanales de los Round-Buddles. Estos partidarios persistieron hasta 1926, aunque cada vez eran menos, más pobres y con menos medios. Los Rumbos también evolucionaron, cada vez más pequeños e ineficaces, pero lo suficientemente baratos como para ser utilizados por mineros que, más que vivir, sobrevivían como podían.

Los Rumbos resultantes, son pues, «especies» de Rumbos propios y característicos de Bédar. Los parámetros que, de momento, estamos analizando en los mismos y que creemos pueden ayudar a clasificarlos en su época y momento adecuados son, precisamente, el diámetro de la plataforma de lavado y el material con la que está construida.

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Rumbo en el Pinar de Bédar de 2 metros de plataforma (no quedan restos de la superfície original, posiblemente fue reaprovechada) junto al pilar del depósito de agua.

En 1906 están documentados en el Pinar Rumbos artesanales con plataformas de unos 4 metros diámetro y superficie de cerámica, que es la que se utilizaba en los Rumbos mecanizados. Por otro lado, el rumbo estaba construido con materiales de la zona y era movido manualmente por un muchacho (un niño) que se subía en el travesaño que sujetaba el eje.
Eran muy ineficaces, pero se podía suplir aumentando los tiempos de lavado con resultados más que aceptables.

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A partir de aquí, los Rumbos involucionaron (degeneraron, de hecho) hasta llegar a los pequeños Rumbos con plataformas de a duras penas 1,5 metros y superficies a base de piedras planas. Éstos debieron ser los últimos y además sumamente ineficaces Rumbos, pero de alguna manera servían a los propósitos de estos partidarios. Parece que solo se desarrollaron en Bédar, debido a las circunstancias únicas que concurrieron entre 1884 y 1926 en los criaderos de plomo del Pinar de Bédar.

Para comprobar si se podía lavar mineral de plomo con rumbos de tamaño tan reducido, fabricamos un pequeño rumbo a escala 1:27 de los rumbos de 4 metros de 1906. Tras machacar una parte de dolomía con algo de galena y mezclarlo con un poco de agua para crear un barro con partículas de mineral de plomo, lo pasamos por este mini-rumbo de 15 cm de plataforma, y pudimos observar que… podíamos separar el mineral, aunque de una manera muy imperfecta y a base de pasar bastante agua por el artefacto. Las fotografías hablan por sí solas:

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Creemos pues, que estas estructuras eran variaciones artesanales muy «degeneradas» de Rumbos ya de por sí artesanales, copias a su vez de los Round-Buddles ingleses. Debían ser muy ineficaces y sería necesario numerosas repeticiones para conseguir resultados apreciables, y en todo caso sería muy limitado y para cantidades pequeñas de mineral.

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Plataforma de Rumbo en el Pinar de Bédar de 1,8 metros de diámetro (en naranja) delimitado por piedras planas en empalizada (en rojo).

Hemos dado en llamar «Rumbos tipo Bédar» a estos Rumbos pequeños, de entre 1,5 y 2 metros de plataforma y con superfície de piedra plana, toscamente pulida.

Cadima la antigua

Acabo con este último post de 2013, esperando y deseando que el próximo año 2014 sea mucho mejor para todos.

Aunque no cierro este año con buenas noticias, ha habido muy pocas durante este largo año de 2013. De Bédar, menos aún. No sabe/No contesta, calificación que se utiliza en las encuentas para quien no se entera de nada o no quiere darse por enterado y que debería ser utilizado como lema oficial del pueblo de Bédar.

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No voy a hacer, por lo tanto, ningún resumen, porque sería irritantemente escueto: se han celebrado las fiestas de rigor y nada más que contar (por lo menos que a mí me conste).

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Pero ¿nada interesante que contar de este 2013? Que en Bédar se viva en un feliz estado aislamiento (en la inopia, vamos), no quiere decir que no haya habido noticias que se puedan calificar de «interés general».

SERENA

Si no me había hecho eco de esta noticia antes es, lo confieso, porque no me había enterado. Es en parte culpa mía, porque siempre estoy atento a estas cosas, pero en gran parte es culpa también del mal endémico que afecta a esta tierra: la falta de concienciación ciudadana sobre su propio patrimonio histórico y su enorme dejadez en cuanto a su conservación y puesta en valor. Si ni siquiera lo han publicitado ni se puede visitar ¿como quieren que el potencial turista medianamente interesado como yo se pueda enterar?

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El caso es que a principios de 2013, el avance de las obras del AVE tenían previsto pasar entre las ruinas de la antigua Cadima. Cadima, para los muchos a los que no les sonará este nombre de nada (aunque vivan al lado mismo), fue una gran villa antigua ubicada en el término de Los Gallardos con restos íberos, romanos y califales. Como quiera que las obras tenían que pasar por allí, se realizó una intervención arqueológica de emergencia, costeada por ADIF, donde se pudo comprobar la gran riqueza de este yacimiento.

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Quien quiera saber más, puede pulsar encima de la fotografía de Cadima hacia el enlace del que procede en el ideal.es

Además de la prensa local, solo parece que se han hecho eco de esta noticia en Turre, concretamente la Asociación de amigos del Museo de Turre, realizándose incluso una conferencia a cargo de los arqueólogos que realizaron en estudio: Óscar López Jiménez, Francisco Llidó López y Victoria Martínez Calvo.

Pero ahí ha quedado la cosa, y la noticia se ha ido difuminando y olvidando, como otras tantas muchas cosas que ocurren por aquí.

CASTILLO

¿Qué importancia tiene esta noticia? Ya se conocía la existencia de Cadima (ya digo, no por muchos), y no es algo excepcional la existencia de yacimientos importantes por toda la zona: los yacimientos argáricos de Antas, Roceipón, Qurénima, Mojácar la vieja… No hemos de olvidar los numerosos yacimientos estudiados por Luis Siret por estas tierras. La noticia es que, de repente y por motivos ajenos completamente al propio interés por poner en valor todo este patrimonio, se pone al descubierto el inmenso valor e infinitas posibilidades de lo que sería un reclamo turístico de primer orden. ¿Y qué hacen los insignes de las localidades potencialmente beneficiadas como la misma Los Gallardos o la propia Bédar? pues o no saben o no contestan. Salvo la meritoria reacción de la asociación mencionada, no destaca ningún tipo de iniciativa, ni se espera que la haya, y lo peor de todo, a nadie le importa un carajo.

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¿Tendremos la suerte de poder ver los restos encontrados en Cadima en el museo de Turre? ¿Hay que ir a Almería? ¿alguien sabe algo? Es para preocuparse, no duden que si esto mismo se hubiese encontrado en Barcelona, por poner un ejemplo que tengo cercano, ya lo hubieran preparado y promocionado, y las colas de turistas deseosos de verlo no se harían esperar mucho.

Y me dirán lo de siempre: no hay dinero. Bueno, señores encargados de la gestión del dinero público: cuando sí que hubo dinero tampoco hicieron nada, fue mejor malgastarlo. A otros con ese cuento.

NUMIS-REFORMA

En fin, lo dicho, feliz 2014. He intentado amenizar el texto con diferentes imágenes de la arqueología propia de Bédar, que tambien la hay. Si alguien quiere saber más, que no dude en preguntar.

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No-maravilla nº 4: El Pinar de Bédar

Mucho he hablado ya de El Pinar y mucho podría hablar todavía. Creo que es más que justo que se considere como no-maravilla porque se trata de la zona más antigua en cuanto a minería se refiere y por su importante papel en la historia del pueblo.

De hecho, es más que probable de que antes de que Bédar fuera Bédar, ya había minería en el Pinar. Recuerdo cuando empecé a interesarme seriamente en esas minas, fue por el año 2000. Nada que ver con el Pinar de ahora. Lo que yo me encontré fue un montón de barrancos de nombres olvidados y trabajos mineros y ruinas de nombres que nadie recordaba. Estaba la mina «Reforma», la «chimenea», «Las minas de la Gamberra», los «lavaderos» y diversas historias sobre viejas minas de plomo y plata. Poco más.

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En su momento, la conocida como «Chimenea» pasó a ser la Fundición Carmen de Bédar. Fue construida en 1845 y el estado de conservación es realmente muy bueno. Además de las características típicas de este tipo de instalaciones históricas, posee una serie de características que la hacen peculiar y única. Integra una mina y lavaderos de mineral, además de poseer el récord de tener la galería de condensación más diminuta de todas las fundiciones almerienses (podían medir kilómetros). Después de mucho luchar para dar a conocer la importancia de los restos de esta fundición de plomo centenaria, el ayuntamiento ha reconocido ya por escrito el valor de estas ruinas, reconocido por fin como elemento importante del patrimonio industrial de Almería. Al menos tenemos la seguridad de que las ruinas no serán derribadas y sustituidas por unos modernos apartamentos. Pero a pesar de haber pedido en reiteradas ocasiones que se limpien las ruinas y se apuntale la chimenea para evitar que se caiga (presenta grietas muy preocupantes), el ayuntamiento se lava las manos y delega toda la responsabilidad en la promotora urbanística propietaria del terreno. Cuando se caiga todo serán lamentos y excusas.

Poco a poco fue surgiendo la historia del lugar y la rica toponimia antigua y nombres de mina. Ahora todo el mundo habla del barranco del Gato, la fundición Carmen, la mina Aprovechado, la corta de los Madriles, etc. Pocos saben el trabajo que hay detrás de toda esa información.

Por supuesto, hay mucho más. Daré un pequeño repaso por varios de los antiguos nombres de El Pinar que he estado manejando, algunos sonarán, pero muchos no: La Majada de Bartolo, los cerrillos de San Antonio el Alto, El cerro del Manco… el barranco de los Corrales, el de las Palomas, el de San Antonio Abad, el de los Coconcicos, el de la Mina Grande y el de San Marcos. Las Cuevas del Pinar, la Cueva fría, el llano del Almacén, la cuesta del Café, la loma del Medio, la Cuerda del Pinar, la Umbría del Medio, la cerrada del barranco del Gato, la risca de Juan Artero, el asiento de Juan Pié, la solana de Jauto…

¿Y qué decir de los nombres de las minas? Aprovechado y Reforma son las más conocidas, pero hay muchas más y con nombres de lo más curioso. Veamos algunas: «Allá Veremos», «Por bien de todos», «Esto sí», «Medidas extraordinarias», «Aquí te quiero escopeta», «Bien estar», «Alarma», «Asilo minero», «El Pensamiento», «Garrobera», «Mirar y Desengaño», «Sanguijuela», «Mentira», «Justicia del cielo», «Del cielo vendrá todo», «Manos a la obra»…

Pero la construcción de antes de la crisis no entendía de patrimonios. Las enormes explanaciones que se realizaron para construir, ni más ni menos, que unos centenares de viviendas, ha destrozado por completo todos los restos mineros existentes en el barranco de la Mina Grande y los cerrillos de San Antonio el Alto.

Sin embargo, el peor atentado contra el patrimonio de Bédar y su historia fue la muy desafortunada decisión de derribar los restos del Lavadero Grande del Pinar. La destrucción de este patrimonio está muy bien documentada:

LAVADERO GRANDE

El Lavadero Grande es (o era), como su propio nombre indica, el lavadero de plomo más grande de los 3 (ó 4, estamos en ello) que se instalaron a finales del siglo XIX en el Pinar. Las obras preparatorias empezaron pronto, en 1874, pero no se puso en funcionamiento hasta 1881. Aunque duró pocos años, se trataba del lavadero más grande de toda Europa (y del mundo), más grande que los lavaderos del Harz (Alemania), que eran los más grandes hasta entonces. Lo de «Grande» era un nombre más que justo para esta instalación. En 1884, año en el que se cerró por la bajada del precio del plomo, trabajaban en el Pinar más de 900 personas. Es decir, casi la totalidad de la población en edad de trabajar del pueblo (y entonces incluía niños).

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La maquinaria que utilizaba era la más moderna que se podía conseguir entonces, fabricada por la casa Humboldt de Colonia: quebrantadoras, trómeles, molinos de rodillos, etc… y prácticamente todos los tipos de mecanismos de lavado de plomo que existían. Era, podría decirse, un museo de maquinaria de lavado de mineral, hasta tal punto de que los ingenieros en prácticas iban al Pinar a estudiar todos los tipos de lavado existentes hasta la fecha.

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En 2004 me dirigí al Pinar para hacer más fotografías de los restos de este lavadero, pero ¡oh sorpresa! solo había un descampado. El estropicio fue de tal magnitud que hasta llegó a ser denunciado por una asociación ecologista. Recuerdo que se montó un gran revuelo, intervino la prensa y llegó a comentarse que la promotora no derribaría las balsas del lavadero, lo único que quedaba en pie. Y es cierto, no las derribaron, pero las deformaron convirtiéndolas en… piscinas. Triste fin para el viejo lavadero Grande del Pinar.

¿Quien tomó la decisión de derribarlo? ¿donde estaba el ayuntamiento mientras eso ocurría? ¿el ayuntamiento tenía conocimiento de estos planes en contra del patrimonio? Si lo sabía… ¿por qué no hizo nada?

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No llego a entender como alguien pudo tomar esa decisión, y acuso por igual al que la tomó, a los que cometieron el destrozo y a los que le dejaron hacerlo. Afectaron de esa manera a un patrimonio que era propiedad de todos (no lo olvidemos) y produjeron un daño irreparable en un más que posible activo turístico para Bédar. Tarde o temprano la verdad saldrá a la luz.

Pues vaya…

Seguimos recibiendo información. Tras mucyo investigar y preguntar, ya conocemos las 7 maravillas. Para ser un acto promocional, ha costado horrores conocer el listado, igual es que no se ha entendido muy bien lo que significa «promocional».

No sé como han hecho la elección ni quien ha participado, ni de qué manera. He de decir que conozco gente que vive en Bédar casi todo el año, que no se ha enterado de qué va esto de las siete maravillas. Para variar, nadie fuera de Bédar ha tenido oportunidad de participar en la elección, aunque supieran que se elegía algo. Quiero recordar que hay muchos bedarenses fuera de Bédar, pero parece que se olvidan de eso.

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La idea de todo este asunto es promocionar el patrimonio del pueblo tanto para los potenciales turistas como para los propios habitantes del pueblo, que desconocen en gran medida lo que tienen tan cerca. No es que lo diga yo, así se especifica en las bases de este acto promocional, que dicho sea de paso, me parece una magnífica iniciativa. La promoción empieza en la misma discusión de los patrimonios candidatos a ser maravilla y los méritos que unos y otros podrían ir argumentando para justificar una u otra elección… pero claro, de esto nada de nada.

Es una oportunidad perdida y un claro signo que esto del turismo sigue sin tomarse en serio en Bédar. Vamos mal si queremos ser villa eco-turística. Como bedarense me veo estafado, como deberían estarlo especialmente todos los que allí viven del turismo.

Veamos las maravillas:

1. acto de moros y cristianos
2. iglesia virgen de la cabeza
3. paraje del barranco baeza
4. rincones del pueblo
5. fuente de serena
6. mirador de la plaza de san gregorio
7. fuente temprana y lavaderos

En primer lugar he de decir que no se conseguido el objetivo principal, ni se ha promocionado fuera el patrimonio histórico-arqueológico-cultural de Bédar ni se ha promocionado dentro. Que me expliquen si no como puede ser que alguien como yo, con cierto interés por la zona y un potencial turista, he tenido serias dificultades tan sólo para conocer el listado. No ha habido discusión, ni promoción, no ha habido nada.

En segundo lugar, y más grave, parece que los bedarenses desconocen su propio patrimonio. No voy a decir que no me parezca fantástica y genial la fiesta de moros y cristianos, ni que la iglesia parroquial no deba aparecer (que me parece muy bien, es del siglo XVI), pero ¿qué pasa con la mezquita nazarita de Serena con almazara incorporada.- siglo XV-?, ¿qué pasa con el castillo de Bédar -s. XV?, ¿que pasa con las pinturas del siglo XI en la antibua Balsa Alta?, ¿y la antigua fundición de plomo de mediados del XIX del Pinar de Bédar? ¿y qué me dicen de la tortuga mora? Esas son las cosas más o menos desconocidas que la gente quiere ver. Los pocos que suben a ver tortugas, que los hay, se tienen que conformar con ver la casa de cría de tortugas sin tortugas. Quien quiere subir al castillo nazarita no puede, simplemente no hay caminos para subir… «como no subas en helicóptero»… eso dicen algunos con guasa. Las minas, para variar, ni mencionarlas, la «minafobia» sigue afectando a muchos por el ayuntamiento, parece. Sin embargo la ruta minera es, con diferencia, lo más visitado de Bédar desde que se creó.

Lo de «los rincones del pueblo» no sé muy bien que son, en todo caso hablaríamos de la configuración típica de pueblo morisco de Bédar, en consonancia con su «maravilloso» sistema de riego morisco con balsas, acequias, bancales… El paraje del barranco Baeza es muy espectacular, pero no lo es más que otros parajes en el barranco de Los Lobos, la muy pintoresca Serena o el cauce del mismo río Jauto… que había que promocionar más ¿no?. En cuestión de paisajes, nada puede compararse con la espectacular panorámica que hay desde el castillo de los moros, que esa sí que quita el hipo.

Las fuentes, vale, comprendo lo de la fuente Temprana por lo antigua que es. Pero actualmente ambas fuentes están muy modificadas y por muy antiguas que sean no creo que nadie venga a Bédar a ver dos fuentes o un lavadero de cemento construido a mitad del siglo XX. No se pueden poner antes las dos fuentes que otras muchas maravillas que tiene Bédar.

Por suerte, no han elegido los nuevos elementos decorativos de la plaza de la Constitución (principios del siglo XXI) o la fiesta andalusí-morisco-mora (principios del siglo XXI)… algo es algo.

MEZQUITA DE SERENA

Es estupendo poder leer la noticia que sigue:

La ermita de La Serena, cerca de ser declarada BIC
Europa Press [ 25/09/2011 – 0:12: ]

La Delegación Provincial de Cultura de Almería ha sometido a información pública el procedimiento de inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Interés Cultural (BIC), de la Ermita de La Serena en el término municipal de Bédar, según indica el anuncio publicado este miércoles en el BOJA.

Así, dado que se encuentra en tramitación el procedimiento para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, y dado el estado en que se encuentran las actuaciones, se anuncia la apertura de un período de información pública, de forma que el expediente se expone en la Delegación durante un mes.

Según expresa el anuncio, las personas interesadas en conocer dicho expediente pueden acudir a partir de este jueves a consultarlo y examinarlo, de forma que también podrán formular alegaciones si lo estiman pertinente. El lugar de exhibición es la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura.

Recuerdo que todo esto empezó cuando publiqué en este mismo blog una fotografía en la que aparecía la mezquita con un cartel de «en venta», indignado por el hecho que se pusiera en venta un bien histórico del pueblo porque el ayuntamiento no se interesaba en su compra. A partir de ahí se interesó la prensa, llegó a diferentes organismos interesados en la protección del patrimonio histórico y… voilà, se hizo el milagro.

Y ¡oh sorpresa! justo desde que saltó el tema a la prensa, el alcalde se excusó diciendo que los propietarios pedían mucho dinero y que por eso no la habían comprado, pero yo ya había podido comprobar por mí mismo que tampoco habían puesto interés en negociar con ellos; por entonces era todavía concejal de Bédar y pude experimentar como el alcalde eludía mis preguntas y peticiones al respecto de la mezquita y otros temas en un famoso pleno del que ya hablé en su momento (todavía no me ha contestado, por cierto.) Por todo esto me sorprende leer en la prensa como afirma sin ningún pudor que la mezquita siempre ha sido una prioridad para su gobierno. Pues menos mal. Vivir para ver.

Pues bien, la mezquita ya va camino de ser BIC, y me alegro por la parte que me toca, y sobretodo porque es una de las cosas que en su momento prometimos hacer cuando Levante Sostenible era todavía un partido político en activo, y recuerdo exactamente lo que dijimos entonces en nuestro programa:

Mezquita de Serena
Desde el Ayuntamiento se realizarán negociaciones tendentes a la adquisición para el pueblo de la antigua mezquita/iglesia de Serena, o bien a proceder a su expropiación mediante justiprecio establecido por tasadores imparciales. Queremos restaurar este edificio, declararlo BIC y darle una aplicación, como ubicar temporalmente el Museo arqueológico y etnográfico

Ahora ya tenemos a nuestro alcalde declarando a la prensa que está inmerso en negociaciones para su adquisición. Pero una vez pasada la tormenta estoy seguro que volverán a las andadas y volverán a dejar dormido el tema, que es lo que mejor saben hacer, a ver si hay suerte y se cae esa mezquita tan molesta. Pero bueno, ahí estaré para ir dando empujoncitos.
Lo más importante de todo es que a pesar de tenerlo todo en contra, con constancia y tenacidad se pueden conseguir muchas cosas.

Al fin y al cabo, yo no gano nada con todo esto. Realmente, y pese a quien pese, es Bédar la que ha ganado. La mezquita es de Bédar y para Bédar debe ser.

Para finalizar este tema adjunto algunas cosillas que tenía publicadas en mi antigua página web, además de los bocetos que hice en su momento (creo que por 2004), cuando la mezquita no importaba a nadie. Solo quiero añadir a lo que dije en su momento es que se trata de una mezquita-fortaleza, al igual que la iglesia de Bédar era una iglesia-fortaleza, donde los musulmanes se escondían cuando atacaban asaltantes cristianos. De ahí la austeridad en la decoración y la solidez de la construcción.

El edificio impresiona por su austeridad, los fuertes muros de mampostería de piedra y ladrillo dan un aspecto de solidez. En la fachada principal se observa una entrada con un arco de medio punto con un alfiz de ladrillo que sobresale ligeramente de la fachada en el cual no se aprecian restos de ningún tipo de decoración. Las fachadas laterales son anodinas, solo hay una pequeña ventana rectangular en la fachada izquierda.

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La sala de oración es un espacio rectangular dividido en tres naves por dos sencillos arcos de medio punto. Hay dos aberturas en sendas naves laterales que dan paso a la parte posterior de la mezquita, también rectangular y más pequeña donde se instalaron los atroces para el almacenamiento de la oliva. El interior está bastante deteroriado, por los largos años de uso como almazara y por su posterior abandono. En la actualidad está cubierto de matojos y es usado como trastero para muebles viejos entre los cuales se pueden ver todavía los diferentes elementos que componían la almazara.

No queda ni rastro de las cubiertas originales, debió estar provista de una cubierta a dos a dos aguas provista de teja curva o árabe. Posteriormente fue provista de otra cubierta más baja que cuya parte central se acabó derrumbando, todavía se mantiene el de las naves laterales. Esta techumbre posterior cruza a nivel de la ventana lateral, tal y como se puede observar en la fotografía que acompaña a este texto. en la estancia posterior de la mezquita se pueden observar dos cubiertas a diferente nivel, aproximadamente el tercio derecho tiene una techumbre que comienza en la parte más alta parte del muro posterior de la sala de oración, en los dos tercios de la izquierda comienza en cambio a un nives más bajo del mismo muro.

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Hay todavía muchos lugareños que recuerdan como funcionaba esa almazara. Según recuerdan, las bestias cargadas con las olivas pasaban por la anteriormente citada puerta en su parte lateral, una vez dentro y por medio de una abertura a la izquierda pasaban a un pasillo donde se encontraban una serie de recipientes llamados «atroces», en ellos se almacenaba la oliva, a la espera de que le llegara su turno para ser convertida en aceite.

Al fondo de la nave principal se encontraba el molino, con tres piedras cónicas y que, movidas por una mula o burro, trituraba la oliva que se iba colocando sobre la solera. La pulpa resultante se colocaba en unos cojines fabricados con esparto esparto, eran redondos y con un agujero en medio que encajaba con el tornillo de la prensa, sus bordes se curvaban hacia arriba formando un fondo de saco donde se colocaba la pulpa. Se colocaban varios de estos cojines en el tornillos de la prensa, que se encontraba más hacia el centro de la nave y una vez así dispuestos varios hombres se encargaban de accionar la prensa obteniendo del prensado un líquido que iba a caer a un depósito situado al pie de la prensa.

Una vez prensada la pulpa el líquido resultante se lavaba con agua caliente para separar el aceite de los turbios, para calentar el agua se disponía de una caldera que era alimentada con leña o con la sipia resultante del prensado que quedaba en los cojines. Los turbios se echaba por una acequia que pasaba por un agujero practicado en la vieja entrada tapiada de la mezquita e iba a parar al exterior. Estos turbios podían ser recogidos para hacer jabón. El aceite se guardaba en unos cántaros de aceite de hojalata que se usaban para su transporte pues eran más resistentes en caso de caídas evitando en tales casos la pérdida del preciado líquido.

Se podía pagar al almazarero con una parte del aceite (la maquila) o en dinero, y el dueño del aceite se llevaba la sipia, si no se había gastado para calentar el agua ya que algunos llevaban leña para tal menester, que podía ser utilizada como pienso para el ganado (para cerdos o gallinas, mezcladas con harina de cebada o de maíz) o también como abono.