NOVEDAD- El Pinar de Bédar: conoce como nunca antes este antiguo poblado minero del Levante

Hoy anunciamos la publicación del nuevo libro sobre la historia de El Pinar de Bédar, un importante centro minero del Levante almeriense durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, base de operaciones de la todopoderosa Compañía de Águilas y, posteriormente, la Unión Bedareña. El Pinar se encontraba en el trayecto del cable aéreo de transporte de minerales de Bédar a Garrucha, donde estaba ubicada la principal planta motriz, siendo en su época el segundo cable más largo del mundo y un hito tecnológico en el momento de su construcción, llegando a inspirar proyectos hasta en Estados Unidos. También contó con el lavadero mecanizado de minerales de plomo de más capacidad del mundo en esos momentos, incluso más que el de las minas del Harz superior en Alemania.

Sus minas de plomo y cobre, explotadas desde la antigüedad, fueron de gran importancia para su matriz, Bédar, además de un ejemplo representativo de las diferentes fases mineras en el sureste español, desde fundiciones de plomo, desde las grandes compañías mineras con instalaciones mecanizadas de tecnología puntera hasta los sistemas más artesanales llevados a cabo por mineros locales, en una involución tecnológica muy similar a la experimentada en la minería de la sierra de Cartagena.

El libro, que cuenta con una versión en inglés preparada por Andrew Devey, se inició como el tercer volumen de la trilogía de guías que habíamos planeado, después de la ruta de la minería de Bédar y de la ruta urbana-ruta del agua. Sin embargo, debido a la gran cantidad de hallazgos que hemos llevado a cabo desde que publicamos el libro «Minas, cables , trenes, fundiciones y transporte», la guía fue incrementándose hasta convertirse en una completa revisión y ampliación de la historia de este interesante poblado minero desde sus más antiguos orígenes hasta crisis de 2008 y la urbanización actual.

Muchas son las historias que se recogen en este volumen, desde el día a día de un minero hasta el duro trabajo de los partidarios locales de las minas a finales de los años 1920; sobre el desmantelamiento del viejo poblado en la década de 1930; de los motines de la población local contra los propietarios durante el siglo XIX; de las peleas entre sociedades mineras, a veces a escopetazos; de cómo se salvó la iglesia durante la guerra civil; de sus espectaculares fiestas; de sus instalaciones, de su funcionamiento, y hasta de la resurgencia del poblado actual a manos de ciudadanos ingleses. Como no, se incluye la ruta minera que está implementándose actualmente en este bonito paraje.

Como es habitual en nuestras publicaciones, no hemos reparado en limitaciones a la hora de aportar todo el material disponible (nosotros no nos guardamos nada en el tintero), presentado en un formato manejable y de tapa dura, para más comodidad en caso de utilizarse durante una visita al terreno. La obra consta de 222 páginas y más de 200 ilustraciones (fotografías, muchas inéditas, planos, documentos, representaciones artísticas, etc.). El libro se puede adquirir por AMAZON al precio de 20 euros, tanto en su versión española como en la inglesa (es suficiente con teclear «Pinar de Bédar» en el buscador de Amazon o clicar sobre las imágenes de las portadas en este post). El lector podrá sumergirse en la apasionante historia de este poblado, una muestra a escala reducida de lo que fue toda la minería del sureste de España entre los siglos XIX y XX.

Publicaciones anteriores de venta en AMAZON:

Reconstrucción de los hornos de la fundición Carmelita (Villaricos, Cuevas del Almanzora)

Volvemos al interesante asunto de las fundiciones de plata y plomo del siglo XIX y prinicipios del XX en el Levante almeriense, y que tratamos en profundidad en la obra «Atlas ilustrado de fundiciones del Levante almeriense», que se puede adquirir por Amazon.

Horno de manga de la fundición Carmelita según las descripciones y planos de Saglio, en 1848. El horno, construido en ladrillo, disponía de una rampa anterior por la que se deslizaban las escorias (las «gachas»), mientras que el plomo líquido se depositaba en una pequeña cubeta lateral a la rampa, por medio de un orificio conocido domo «bigote». El aire se inyectaba por la parte trasera, procedente de unos grandes fuelles llamados «pavas», accionados por mulas. La carga del mineral calcinado y el combustible (carbón destilado o coque) se efectuaba por la parte superior trasera, a la que se accedía por una escaleras que daba acceso a una plataforma de carga. Los humos se evacuaban por la parte superior, que se conectaba a una serie de galerías de condensación que conducirían los tóxicos humos hasta la chimenea, alejada convenientemente de las instalaciones. La construcción era especialmente esmerada, las instalaciones contaban con artísticos arcos y columnas, todo un lujo para una instalación de este tipo, que denota los grandes beneficios que estaban recibiendo todos los socios de la mina Virgen del Carmen del Jaroso.

Una de las fundiciones más icónicas es la de Carmelita, ubicada en Villaricos, instalada por los socios de la mítica mina de plata Virgen del Carmen, en el barranco Jaroso de sierra Almagrera, la primera en la que se llegó al celebérrimo filón de plomo argentífero. Al igual que su contemporánea, la fundición San Ramón de Garrucha, instalada por los socios de la mina Observación, los afortunados socios de la Virgen del Carmen también instalaron una fundición para el tratamiento de sus minerales en 1842. El lugar elegido fue Villaricos, ocupando los terrenos que hoy ocupa el barrio del Carmen, sobre los restos de la antigua ciudad púnico-romana de Baria. De esta fundición tan solo quedan algunos tramos de las galerías de condensación de humos, además del nombre del barrio y de la calle que lo cruza, la calle del Carmen.

En 1848 fue visitada por Saglio, quien nos legó unas precisas descripciones de las instalaciones, del funcionamiento y también algunos planos, que han sido vitales para reconstruir cómo era esta fundición. Saglio nos indica que los acaudalados socios de Carmen habían instalado una fundición con cierto lujo, los hornos principales eran sólidos y las instalaciones contaban con arcos y columnas. Se trataba de los hornos conocidos como de manga, diseñados para obtener el plomo metálico de los minerales calcinados, cuya primera porción contenía toda la plata, que se extraía en unos hornos especiales llamados copelas. La fundición disponía de algunos adelantos de la época, especialmente un bocarte de triturado de mineral movido por una máquina de vapor. En 1848, sin embargo, los 5 hornos de manga de los que disponía la fundición eran ventilados por un gran fuelle (conocido como «pava») movido por mulas.

Así acabaron la casi totalidad de los algo más de una docena de lingotes de Carmelita recuperados de los restos del vapor holandés Grete, hundido por un submarino inglés en 1943. Lo vemos en una caja de anillas de plomo de redes de pesca rotos, listos para ser reciclados y reutilizar el plomo para fabricar nuevas anillas. El fundidor que se encargaba de estas labores, en Vinaroz, comenta lo difícil que era fundir estos lingotes, ya que no era un plomo puro. Lo que no sabía es que la impureza era de plata.

Los detallados planos de Saglio nos permiten reconstruir, artísticamente, como era el mítico horno de la no menos mítica fundición Carmen (o Carmelita). Curiosamente, varios lingotes de esta fundición fueron localizados en un pecio cerca del cabo Oropesa, en Castellón, lo que no deja de ser un misterio visto el barco en el que se descubrieron (un barco holandés hundido por un submarino inglés en 1943).

Para más información, pueden consultar toda la historia de esta fundición, y todas las demás de la zona, en el mencionado atlas ilustrado de fundiciones, de venta en Amazon.

El misterio de los lingotes de la fundición Carmelita de Villaricos

A principios del mes de agosto pasado publicamos nuestro primer libro independiente con un catálogo completo de las fundiciones históricas de nuestro levante (Atlas ilustrado de fundiciones del Levante Almeriense, ss. XIX-XX). Una de las historias que más nos sorprendieron, de las muchas que se cuentan en esta obra, es el de los lingotes de plomo argentífero (plomo y plata) de la mítica fundición de Villaricos «Carmelita», que fundía los no menos míticos minerales de la mina Virgen del Carmen del barranco Jaroso de Almagrera. Estos lingotes para exportación, también llamados galápagos, podían sobrepasar los 50 kilogramos de peso y tenían forma alargada, y no eran muy diferentes de los antiguos lingotes de plomo romanos que se han podido recuperar. Para indicar su procedencia, solían tener marcado el nombre de la fundición.

No es, desde luego, la primera vez que aparecen lingotes de fundiciones de plomo del siglo XIX en Almería, pero son más bien raros, pues solo se conocen lingotes de la fundición San Andrés de Adra y de la fundición de Presidio de Andarax (Fuente Victoria). Todos proceden de pecios hundidos.

Sin embargo, los de Carmelita son los primeros que se localizan procedentes de la región metalúrgica de Sierra Almagrera. Y todo sea dicho, si hubiéramos podido elegir de qué fundición hubiéramos deseado localizar uno de estos lingotes, Carmelita hubiera sido una de las primeras opciones. La fábrica que fundió el mineral argentífero del mítico barranco Jaroso, ¿quién puede pedir más?

Pero no acaban ahí las sorpresas. Si hubiera aparecido entre los restos de uno de los navíos franceses que transportaban habitualmente el plomo de Almagrera hasta el puerto de Marsella a finales del siglo XIX , pues sería hasta casi de esperar. Y, curiosamente, los lingotes de Carmelita han aparecido efectivamente entre los restos de un pecio que los llevaba a Marsella, pero no se trataba de un barco francés ni se hundió a finales del siglo XIX. La sorpresa viene cuando comprobamos que se trataba de un elegante mercante danés hundido en 1943 a la altura de Castellón cuando se dirigía a Marsella, que es lo mismo que decir que se trataba de un barco nazi. Y no se hundió a causa de una tormenta, fue gracias a los torpedos de un submarino inglés.

Si tenemos en cuenta que Carmelita cesó su actividad de fundición antes de 1900… ¿qué hacían los lingotes de una fundición que había cesado su actividad unos 50 años antes en un barco nazi en 1943? En el «Atlas de fundiciones del levante» exponemos todos las informaciones y datos al respecto, porque no hemos reparado en gastos ni en esfuerzos, porque hemos entrevistado a todos los implicados en el hallazgo de estos lingotes. A pesar de todo todavía quedan muchas incógnitas… como no podía ser menos cuando se trata de una buena historia de nuestra tierra.

Las «Fundiciones del Levante Almeriense» despiertan interés: en la lista de los más vendidos de Amazon en la sección Arqueología.

Queremos agradecer a todos por la gran acogida de nuestro libro «Fundiciones del Levante Almeriense ss. XIX-XX», ocupando las posiciones 3ª y 4ª en ventas en la sección Arqueología de Amazon en sus versiones de tapa dura y color premium y en tapa blanda y color estándar, tan solo 5 días después de su lanzamiento.

Aprovechamos para invitarles a la charla-coloquio que se va a organizar frente al castillo de Garrucha el día 19 de agosto a las 20:30h, en la que contaremos con el Excmo. Sr. Decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería, Juan Luis de Aynat Bañón.

Fundiciones del Levante almeriense

Hoy damos la exclusiva de la publicación prevista de una nueva obra sobre el rico patrimonio minero-industrial de nuestra comarca del Levante. El título de la obra es muy esclarecedor al respecto: «Atlas ilustrado de las fundiciones del Levante almeriense, ss. XIX-XX» y los autores son ya conocidos autores muy conocedores del patrimonio y la historia minera y metalúrgica: Juan Antonio Soler Jódar, Antonio González Jódar, Magda Navarro Arias y José Berruezo García.

Según nos indican los autores, estará disponible a partir del próximo mes de agosto, y consta de más de 400 páginas y más de 600 ilustraciones, entre gráficas, fotografías y reconstrucciones de las diferentes instalaciones. Se tratan los antecedentes históricos y se actualiza la información sobre todas las antiguas fundiciones instaladas en nuestra comarca desde 1839, con un catálogo de restos conservados, con su correspondiente interpretación tecnológica, sus propietarios y todo lo necesario para poder visitarlas (rutas incluidas), interpretarlas y conocer todos sus secretos.

El completo catálogo, profusamente ilustrado, recorre todas las fundiciones instaladas en Cuevas del Almanzora, Pulpí, Huércal-Overa, Vera, Garrucha, Turre, Los Gallardos y Vera. Es una historia muy ligada a la minería en la comarca, y una muestra evidente del gran dinamismo e iniciativa en el Levante almeriense en una época (mediados del siglo XIX y principios del XX) que se considera, generalmente, un periodo de miseria, penalidades y poco interés desde el punto de vista histórico. Nada que ver.

Sin duda, una obra que será indispensable para todo aficionado al patrimonio histórico-industrial y minero y, en general, a todo el que quiera saber un poco más sobre su comarca. Iremos informando en cuanto tengamos más detalles sobre las fechas de publicación.

Trinidad (Palomares): la fundición olvidada de Hilarion Roux

Volviendo al asunto de las fundiciones y sin abandonar el área de Palomares. En los primeros tiempos tras el descubrimiento del filón de plomo argentífero en Almagrera, se instalaron diversos establecimientos de fundición, no solo de los tradicionales “boliches” sino también de fundiciones basadas en hornos de cuba, como ya vimos en nuestro anterior artículo, cuyo coste no era tampoco especialmente exagerado. Muchas de estas primeras fundiciones, generalmente de pequeñas dimensiones, no fueron muy exitosas y rápidamente cerraron, como es el caso de Carmen de Bédar; San Juan (Los Gallardos); Los Pobres de Huércal (Huércal-Overa); Concepción en Vera, y las de Grima, la Encantada y Santa Rosalía en Cuevas del Almanzora.

La fundición que hoy analizamos forma parte de estas fundiciones del periodo que hemos denominado “de primera fase” y que hemos establecido entre el descubrimiento del filón de Almagrera en 1839 y 1850, con la crisis del mercado del plomo. Aunque no es muy conocido, en esta primera fase hubo un factor adicional que favoreció la instalación de fundiciones en toda la comarca: la presencia de antiguas escorias de fundición.

Inicialmente las escorias de fundición de trabajos antiguos eran despreciadas y consideradas perjudiciales para el cultivo de las tierras. Las primeras denuncias de concesiones para la explotación de escorias se realizaron en los distritos de Cuevas del Almanzora y Vera, tras encontrarse granos de plomo fundido entre algunas escorias en 1841. No fue, sin embargo, hasta 1843 que los fundidores de Cartagena consiguieron fundir escorias con éxito y aprovechar el plomo que todavía contenían, especialmente de los escoriales romanos y fenicios, que debido a los métodos más primitivos usados para su fundición (hornos de baja temperatura), podían obtener hasta un 17% de plomo. Rápidamente se reguló la concesión estas demarcaciones, de manera que para que se aceptara se exigió que se estableciera, en un plazo no superior a un año, el lugar en el que esos escoriales se iban a beneficiar.

Plano de 1904 de los terrenos propiedad de la Compañía de Águilas.

Los motivos por los que este punto del litoral delante de Palomares (playa de Quitapellejos y Vera-Playa) fue un punto de concentración metalúrgica desde mediados del siglo XIX y hasta principios del XX, es una de las cuestiones que no tiene una respuesta clara. Aparentemente demasiado lejos de la principal fuente de minerales. San Javier, Madrileña (no muy lejos), San Andrés y Don Guillermo/Santo Tomás, sin contar la fundición de la que nos ocupamos hoy y otra que estuvo casi a punto de construirse al lado de Don Guillermo por parte de la Sociedad Metalúrgica de Mazarrón, nos indican que era un punto propicio para los industriales que hicieron su inversión en dichos negocios.

La principal ventaja fue sin duda el tratarse de un punto de la costa con la profundidad suficiente para facilitar las tareas de cargas y descarga de vapores de cierto tonelaje. Estas fundiciones contaban con sus propios embarcaderos y, la aparente ventaja de la lejanía de las minas, debía verse compensada con no tener que transportar el combustible necesario, que llegaba usualmente en vapores desde Inglaterra. Tampoco tenemos que olvidar que el coto de Herrerías no está muy lejos, así como la zona minera de Los Pelados, y que la Compañía de Águilas acabó instalando un ferrocarril que conectaba Palomares con Herrerías.

Una de las chimeneas de la fundición San Javier a la izquierda con los restos de una de las galerías de humos. A la derecha, vista de un barco de carga de yeso desde Quitapellejos.

A la derecha, los restos del molino que se confunde muchas veces con un horno de fundición por su forma. A la izquierda, escorias cercanas a donde se encontraba la fundición Trinidad.

En el análisis de las fotografías aéreas de los vuelos americanos y gracias a la documentación consultada, nuestro equipo pudo identificar rápidamente las cuatro principales fundiciones: Madrileña, San Javier, Don Guillermo y San Andrés. Sin embargo, los restos de uno de los edificios, unas instalaciones con los típicos arcos que se instalaban en las baterías de cuba, seguían sin ser identificados.

La respuesta a la fundición sin nombre la encontramos finalmente en el Archivo Histórico Provincial de Almería, en la que pudimos documentar una fundición de nombre Trinidad que se instaló en Palomares, término de Cuevas, lo que deja clara su ubicación y lo diferencia de los restos de la fundición Don Guillermo, que se encuentran justo al lado, pero ya en el pago de Palomares del término de Vera.

Mención al «pago de Palomares» en el pleno de una sesión ordinaria del Ayuntamiento de Vera de 4 de julio de 1897.

La efímera fundición fue construida por el banquero e industrial de origen marsellés Hilarion Roux (1819-1898), que en 1842 se trasladó a España como corresponsal de la casa Rothschild y para gestionar sus propios negocios. Instalado en Cartagena, se fue introduciendo progresivamente en la minería y metalurgia, especialmente en la sierra de Cartagena-La Unión y en Mazarrón, además de otros negocios fura de España, creando la Compagnie Française des Mines et Usines de Escombrera-Bleyberg.

Esta, hasta ahora, desconocida fundición almeriense de Hilarion Roux estuvo muy poco tiempo activa, entre agosto y octubre de 1845, con una producción de tan solo 109 quintales con 2 libras de plomo argentífero, que fue transportado hasta la fundición San José de Cartagena para desplatarla, porque por su contenido en plata no podía exportarse. El objetivo de esta fundición está bien definido: “esta fábrica fue construida para fundir las horruras de las demás de este distrito, y no teniendo cuenta a sus dueños continuarla, fue abandonada el 27 de octubre.”

Fotografía aérea y reconstrucción artística de los restos de la fundición Trinidad junto a los de Don Guillermo en funcionamiento.

Los terrenos fueron adquiridos posteriormente por la Compañía de Águilas cuando adquirió la fundición San Javier, instalándose unos almacenes en donde se encontraba la fundición, tal y como podemos ver en el plano de las propiedades que adjuntamos.

Actualmente no queda absolutamente nada de esta fundición, tampoco hemos localizado fotografías de los restos. Las fotografías aéreas nos muestran varias estructuras alargadas con los típicos arcos de mampostería donde se instalaban los hornos de cuba como los que podemos ver en otras fundiciones de la zona y, posiblemente, se intuye también un patio. En los planos de la Compañía de Águilas se observan depósitos de “horruras” cerca de la misma, cerca de los restos del molino que, aún en día, se sigue confundiendo con los restos de un horno de fundición.

Y hasta aquí la historia de esta efímera, pero interesante fundición.

Reconstrucción artística de antiguo grabado que representa la fundición Carmelita en funcionamiento en Villaricos, con Sierra Almagrera a la derecha.

Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de un equipo de investigadores: Antonio González Jódar, M.ª Magdalena Navarro Arias  y José Berruezo García.

Juan Antonio Soler Jódar

30 de julio de 2023

Metalurgia en Palomares: patrimonio del levante almeriense

Finalizan dos semanas intensas de actividades, en especial en lo relacionado a la exitosa exposición inaugurada en Vera el 11 de marzo pasado. El viernes finalizaba con una conferencia sobre las fundiciones en Palomares, en las que se han presentado el estado actual de la investigación de estos interesantes establecimientos tan característicos del patrimonio de nuestra comarca y de las cuales se conservan verdaderas joyas, como son las fundiciónes Esperanza Segunda, San Andrés, Encarnación y por supuesto, nuestra fundición local, Carmen de Bédar.

En la conferencia del viernes pasado (gracias al Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora y a su cronista oficial, Enrique Fernández Bolea por la invitación) expusimos por primera vez aspectos interesantes como son los restos del foco metalúrgico de Palomares de finales del siglo XIX, con la identificación de Trinidad, una desconocida fundición (hasta ahora) del industrial Hilarion Roux; la identificación de los restos de Don Guillermo, y el importante papel en la génesis de la propia Palomares por parte de San Francisco Javier, la importante fundición Guillermo H. Huelin.

Esquema de horno de manga de la fundición San Jacinto (Garrucha)

También expusimos los descubrimientos referente al importante episodio de la minería del cobre, la caracterización tecnológica y evolución de los procedimientos mineralúrgicos y metalúrgicos de estas fundiciones, así como interesantes aspectos refererente a los laboratorios y métodos de ensayo de estos establecimientos. Destacamos los últimos datos referentes a los restos de crisoles y copelas de ensayo hayados en estas fundiciones, entre los que destacan los descubiertos por la arqueóloga Laura Larios Boqué utilizados desde finales del siglo XIX para el ensayo por vía seca de minerales cobrizos.

Plano de la fundición San Francisco Javier de Palomares, con su sistema de galerías de condensación en rojo y sus dos chimeneas, de las cuales solo queda la más cercana a las instalaciones.

Conferencia en Palomares: «La Industria metalúrgica en Palomares y su entorno durante el siglo XIX», celebrada el pasado 11 de marzo.

Reconstrucción artístcia de la fundición Don Guillermo (luego conocida como Santo Tomás) que se encontraba en el actual Playazo de Vera, junto a la rambla del Jatico. A la derecha, los restos de Trinidad.

EL FERROCARRIL MINERO DEL SOCAVÓN SANTA BÁRBARA (SIERRA ALMAGRERA)

Hoy presentamos otro de los trabajos de nuestro equipo de investigación sobre patrimonio e historia de Vive Levante Almeriense. En este caso nos ocupamos de una de las obras de ingeniería más impactantes, el túnel de 4 km de Santa Bárbara. De la mano de uno de los mejores conocedores de Sierra Almagrera, Antonio González Jódar, con la ayuda de los mejores conocedores de la historia ferroviaria almeriense, utilizando abundante documentación y con el soporte de una buena selección de fotografías inéditas de la época de MASA, recordamos las visicitudes de la construcción de este túnel ferroviario de transporte. Atravesando 4 Km de una sierra y con la dificultad de atravesar terrenos minados desde hacía más de 100 años, se trata de una verdadera proeza técnica que merece ser recordada.

Nuestro agradecimiento a todos los que han colaborado: Antonio González Jódar, Ine Thijs, José Berruezo García, Magdalena Navarro, Juan Antonio Soler, Mario López, Antonio Aguilera Cantón y José Antonio Gómez Martínez. Pueden descargar el documento pulsando sobre cualquier imagen. Para más información sobre la Sierra de Almagrera y su patrimonio recomendamos visitar la página web BAJO LOS ESPARTALES gestionada por Antonio González.

Resumen:

En el presente artículo analizamos la fase minera protagonizada por Minas de Almagrera Sociedad Anónima (MASA) entre 1945 y 1958 en este mítico coto minero almeriense. Considerada generalmente como una inversión fallida por falta de previsión, MASA consiguió lo que nunca antes se había conseguido: la unificación de un coto minero tradicionalmente muy dividido, un desagüe efectivo y un socavón único de transporte. Existiendo ya estudios extensos de los aspectos económicos y sobre el desagüe, en el presente trabajo nos centramos en la construcción del socavón de transporte, de más de 4 km de longitud, todo un logro tecnológico; incidimos en las características del ferrocarril; y analizamos las técnicas mineras y la tecnología utilizadas para su construcción y para la explotación de las minas y escombreras, con base en la documentación existente y diferentes trabajos de campo.

Investigación de minas y fundiciones antiguas: la utilidad de la Rumex bucephalophorus

Es posible que la hayan viso muchas veces en primavera, una pequeña planta, sin más aparente interés que su tono rojizo. Se trata de la Rumex bucephalohorus, una buena amiga de los que investigamos minas antiguas y que nos facilita sobremanera nuestro rastreo de viejas labores.

Esta pequeña planta estacional de flores rojas, que florece en primavera y que no sobrepasa los 40 centímetros de altura en su mayor fase de desarrollo tiene una relación muy especial con los yacimientos mineros, sobre todo con los de cobre, zinc y  plomo. En efecto, se trata de una planta hiperacumuladora de metales. Es conocida la toxicidad de ciertos metales pesados, lo que impide a muchas plantas un normal desarrollo sobre estos suelos contaminados por diversos procedimientos mineralúrgicos. Hay plantas que desarrollan mecanismos que les permiten vivir en suelos de este tipo, lo que le da una ventaja con respecto a otras posibles competidoras, pero el mecanismo de Rumex bucephalophorus consiste en absorber y acumular estos metales en sus tejidos, lo que no solo le permite vivir en suelos contaminados con metales sino además se provee de un excelente mecanismo de defensa frente a parásitos y herbívoros.

 

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Rumex bucephalophorus con su característica floración roja en una escombrera antigua en El Pinar de Bédar. En la zona de la escombrera es prácticamente la única planta que consigue desarrollarse.

 

Ya nuestro buen amigo e ingeniero de minas, Gonzalo Leal, nos puso sobre la pista de la utilidad de esta plantita, pues le fue de gran utilidad como guía de prospección en la confección del Plano Metalogénico del Área (Plan Nacional de la Minería 1968-69), por su asociación a la presencia de iones metálicos típicos de los sulfuros complejos de plomo, zinc y cobre. También se ha descrito asociada a los vaciaderos de piritas de cobre en la Faja Pirítica de Huelva (Hunt Ortiz, 1996). En Bédar, empezamos a utilizarla en 2004 en El Pinar de Bédar, como forma de localizar antiguas escombreras de las minas de plomo que ya no eran reconocibles. Un análisis de una muestra de estas plantas procedentes de Bédar arrojaron valores de 2.630 y 2.820 ppm (gramos por tonelada) para el plomo, 280 ppm para el cobre y 3.677/9.912 ppm para el zinc. Entre otros metales analizados, también presentó altos niveles de fósforo.

Con el tiempo, nuestra amiga también nos ayudó a localizar nuevas minas desconocidas, ya fueran de cobre o plomo, habiéndola encontrado en otros municipios como Antas o Turre, siempre ligadas a antiguas minas. Pero el mayor servicio que esperamos que nos brinde es que nos ayude a localizar el lavadero (podemos decir «perdido») de plomo que estuvo funcionando cerca de Bédar en el siglo XVII. Llegada a las fechas actuales, no dejamos de recorrer las zonas donde con más probabilidad estuvo esta instalación de lavado, esperando encontrar el delatador color rojo de la Rumex bucephalophorus.

 

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Rumex bucephalophorus en sierra de Cabrera, junto a una vieja mina de cobre, a mediados de marzo. En este caso se trata duna escombrera poco visible.

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Unas de las características más útiles de esta planta es, a parte del color, de que es prácticamente la única planta que crece en estos suelos contaminados. En la fotografía, tomada en sierra Cabrera, se observa claramente delimitada una zona que seguramente se utilizó para el triturado del mineral procedente de una mina de cobre.

 

Sabemos que tras la expulsión de los moriscos, se retrasó mucho la repoblación de Bédar y Serena a causa de la peligrosidad de la zona. La presencia de monfíes (bandoleros moriscos) en la sierra de Filabres se mantuvo hasta 1577 y en 1576 el comisario Tello Gómez atestiguaba su estado de abandono. El miedo perduró mucho tiempo, todavía en 1593 los 41 vecinos de Turre residían todavía en Mojácar, al estar mejor defendida, a donde volvían todas las noches tras cultivar las tierras.

 

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Otras veces los hallazgos son completamente casuales. Como esta acumulación de Rumex bucephalophorus en Antas, sin morfología de escombrera y sin ninguna mina cercana que la explique. El círculo de acumulación de Rumex bucephalophorus es visible a distancia gracias a su color rojizo.

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Salvo por la presencia de Rumex bucephalophorus, nada indicaría la presencia de un antiguo escorial.

Los libros parroquiales de Bédar no se inician hasta 1682, cuando en otros lugares se habían iniciado mucho antes, como en Antas (1612) o Turre (1660). Pero Bédar no estuvo tan despoblada como parece pensarse, pues las minas de plomo que ya se explotaban en el Pinar de Bédar en 1613 precisaban de agua para el lavado y fundido de sus minerales. Es por eso que eligieron el entonces despoblado pueblo de Bédar para ello, ya que disponía de agua suficiente. Las minas estuvieron funcionando al menos hasta 1629, aunque no sabemos cuando dejaron de trabajarse.

Mucho hemos hipotetizado sobre el lugar donde podría encontrarse los restos que pudieran quedar de ese antiguo lavadero. Algunos indicios documentales nos llevan a pensar que lo más probable es que estuviera estado en el barranco de los Chorreadores- Cueva Oscura o en Bedarín. La aparición de algunas monedas reselladas de Felipe III que podrían datarse de mediados del siglo XVII (entre 1641-1652). Sabiendo estos resellos dejaron de realizarse por la pragmática de 29 de octubre de 1660 y que fueron sustituidos por nuevas monedas, las monedas documentadas podrían haber pertenecido bien a pobladores que trabajaban tierras en Bédar pero que no residían allí (como los vecinos de Turre que vivían en Mojácar) o bien las perdieran los trabajadores de la fundición de plomo.

 

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Moneda hallada en Bédar (Jamontar/Dehesa Real). Por su buena factura sabemos que fue acuñada en “el Ingenio” de Segovia. Esta bonita pieza tiene la característica de que se puede ver la moneda “base”, a pesar de los resellos, y podemos comprobar que se trata de una moneda de dos maravedís de Felipe III (Philippvs III) de 1601. En cuanto a los resellos, observamos claramente un resello de cuatro maravedís (IIII) y otro de seis (VI). Sabemos que resellos con un IIII se hicieron en los años 1603 (con una corona en la parte superior y la inicial de la ceca debajo) y 1654-5 (llevaba estampado en la parte posterior la fecha).

 

En todo caso, la aparición típica de Rumex bucephalophorus en alguno de estos parajes podría ser definitiva para su identificación.

Bédar: posible nuevo ponderal Ibero-romano con marca incisa

Seguimos en este nuevo año de 2019 con las fotografías que nos han enviado sobre un objeto muy interesante que se encontró hace unos 40 o 50 años cuando se labraba un campo de cultivo. Desconocemos donde se encontró exactamente, pero por la persona que se trata, debió ser en un bancal de una zona cercana a la Balsa Alta; de Bédar, en todo caso.
plomoib1La fotografía nos muestra un plomo monetiforme de 23 mm de diámetro y 6 mm de grueso que nos recuerda casi inmediatamente el ponderal de plomo de casi el mismo diámetro cuyas fotografías nos enviaron para identificación en octubre del año pasado. Su peso, de 15 gramos, nos hizo pensar que se tratase de un ponderal ibérico, por la coincidencia con los pesos y factura de los ponderales ibéricos estudiados en la vecina zona ibérica de Contestania.

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Ponderal de plomo de 21-23 mm de diámetro y 15 gramos de peso, Bédar.

La presente pieza, que también parece un ponderal, presenta una muestra de rascado que se presume de hace bastantes años, seguramente realizado por su descubridor para descubrir el material del que estaba hecha. El hecho que la rascada, que ha deteriorado parte de la superficie, esté repatinada con un color más oscuro, indica que se hizo hace bastantes años. Pero junto a esta marca aparece otra marca incisa que es contemporánea a la fabricación del plomo, como indica el tipo de pátina que la recubre, y que se puede identificar con una letra íbera, concretamente la «Ka» del alfabeto íbero del sur.

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Si la identificación de la marca con una letra del alfabeto íbero podría ser discutible, la sorpresa nos la da el peso, de 27,19 gr, casi los 27,2 gr del peso de un As uncial (peso estándar del As de bronce romano, unidad de las monedas de bronce) que se utilizaba entre el 179 y el 158 a. C (siglo II a. C.). Esta medida, fue usada para la acuñación de Ases Íbero-romanos en Cástulo, importante ciudad minera, capital de la Turdetania íbera y cuyas monedas se han encontrado en Baria y Cadima. Es interesante notar como Cástulo en íbero se escribía «KASTILO», empezando kastilo.jpg, que como pueden observar comienza con una «Ka» íbera.

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As de Cástulo con esfinge y leyenda íbera «KASTILO»