Mina San Marcos

Esta vez nos vamos a los inicios de la minería moderna en Bédar, en esa desconocida época que arranca en 1843, cuando se iniciaron los primeros trabajos mineros en el pago de Alcornia.

Entonces El Pinar no era más que un conjunto de grandes escombreras y minas antiguas, que en Bédar llamaban, simplemente, la “Mina Grande”, de la que contaban leyendas sobre su origen que no nos han llegado.

CONVENIO

Plano de demarcación de la mina Convenio, en el barranco de San Marcos (El Pinar, Bédar).

Fue cuando la minería en Almagrera empezó a perder fuelle cuando se empezó a trabajar de nuevo en las viejas minas de El Pinar. No han quedado muchos datos sobre este periodo, tampoco muchos restos, pues la intensa actividad posterior los borró, como hizo desparecer también los vestigios de la antigua explotación medieval.

Afortunadamente, hemos encontrado datos sobre una de estas primeras explotaciones mineras, y sorprendentemente, todavía pudimos examinar los restos de la misma, gracias a que se encontraban en uno de los rincones de más difícil acceso de la zona. Me refiero a la mina San Marcos.

LOMA MEDIO

En la fotografía, la loma del Medio del barranco de San Marcos, a la izquierda de la fotografía, y cubierta de pinos, se encuentra la Umbría del Medio (2005).

Estas primeras minas, monopolizadas por pequeñas sociedades mineras participadas por gente de la zona, funcionaban de una manera muy sencilla, equiparable a las primeras explotaciones de Almagrera. A partir de un acceso, pozo o trancada, se extraía el mineral y se trataba directamente en bocamina, ya fuera con garbillo incialmente (cribas manuales) o posteriormente utilizando sistemas de lavado, por medio de percusión en tinas o harneros suspendidos (cribas cartageneras). El mineral procesado se solía guardar en pequeños cortijos-almacén, donde eran almacenados hasta que, al final de cada varada, el mineral era llevado al punto de venta para ser subastado a los agentes de las fundiciones.

Por la disposición del mineral de plomo en Almagrera predominaron los pozos. En Bédar, al estar el mineral más superficial y diseminado, predominaron las pequeñas galerías, trancadas y socavones, pero también se utilizaron pozos en ocasiones.

DEPOSITO

Depósito de agua ubicado en la loma del Medio, cercano al cortijo-almacén y pozo de la mina San Marcos. Podría tratarse de un depósito para suministro de agua para los procesos de lavado del mineral (2005).

San Marcos se demarcó en el paraje conocido como la Umbría del Medio, el 25 de abril de 1844. Se trata, pues, de una de las primeras minas. No podemos dudar de la importancia de esta mina, como ocurrió con otras minas muy conocidas de la zona (Unión de Tres Amigos o Silencio), la mina acabó dando nombre al barranco entero, y hoy todavía se conoce este barranco como de San Marcos.
Entre los restos de esta mina distinguimos un cortijo-almacén y un pozo principal, que disponde una protección en mampostería no muy alto. Probablemente, se accedería a las labores por el pozo mediante la utilización de un torno manual, como era habitual en las minas de Almagrera y de El Pinar. El mineral se trataría cerca del pozo, mediante triturado y garbillado. Hay que decir que el garbillo, dadas las características de la roca madre de cada lugar, debió ser mucho más efectivo en las minas de El Pinar que no en las de Almagrera. Sorprende, no muy lejos del cortijo, la presencia de un pequeño depósito de agua con restos de canalizaciones que, sin duda, están relacionadas con labores de lavado del mineral.

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Interior del depósito de la loma del Medio (2005).

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Pero ¿de donde traían el agua? Está muy documentada la ausencia de fuentes de agua en esta sierra, y en no pocas minas de El Pinar el agua para el tratamiento de mineral se tenía que llevar a lomos de mulas. No fue hasta que la Compañía de Águilas perforó el “pozo Bomba” en la década de 1870, que no se dispuso de agua suficiente, y aun así había muchos lugares a donde no llegaba porque no existían canalizaciones. Sin embargo, antes de la llegada de la Compañía de Águilas tenemos indicios más que suficientes para creer que se construyeron pozos y sistemas de abastecimiento de agua, como por ejemplo la red de acequias y canales de suministro de la fundición Carmen de Bédar o la galería de 150 metros que, desde la zona de San Atonio el Alto, atraviesa la sierra para conectar con el barranco de San Marcos.

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Túnel de 150 metros que conecta con el barranco de San Marcos desde la zona de San Antonio el Alto. Se observa a la derecha los soportes de la tubería que atravesaba este túnel.

Este túnel conserva los restos de las estructuras de soporte y mampostería de una tubería que, supuestamente, abastecería de agua a las minas del barranco de San Marcos desde un antiguo pozo, ya desaparecido. No hay dudas sobre su utilización, aunque no podemos asegurar que abasteciera precisamente a la mina San Marcos,aunque el hecho de que la galería se encuentre a la altura del barranco donde está el almacén y la presencia del pequeño depósito de agua antes descrito, no hacen descabellado pensar que se trató de un esfuerzo en optimizar el lavado de mineral asegurando el suministro, más o menos continuo y económico, del agua necesaria.

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Restos del cortijo-almacén de la mina de San Marcos (2005).

Lo que sí que podemos dar por sentado es la antiguedad de esta mina y estos restos. A partir de 1949, sociedades mineras más poderosas, como la sociedad Filantropía de los Orozco, se hizo con la propiedad de todas estas minas. En concreto, en el barranco de San Marcos, demarcaron sus minas allí, aunque siguieron trabajándose de la misma forma precaria que antes. En 1870, se utilizó este cortijo como punto de partida de la concesión minera de Filantropía de nombre “Convenio”. Para entonces ya se informaba de que este cortijo estaba abandonado.

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Pozo de la mina de San Marcos con su murete de protección (2005).

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Interior del pozo de la mina de San Marcos (2005).

Desgraciadamente, en el año de la “gran destrucción” de 2008, las excavadoras que cambiaron la fisonomía de este paraje llegaron a los restos de este cortijo, de una mina de 1844, borraron (literalemente) el pozo de la mina y echaron abajo casi todos los muros que quedaban del almacén. No voy a denunciar de nuevo este hecho, cosa que ya he hecho en innumerables ocasiones anteriores, pero está muy feo destrozar cosas que no sabes ni lo que son y sobre todo sin ningún sentido, porque no había planeado construir nada en el barranco de San Marcos. ¿Por qué entonces molestarse en hacer un camino hacia ninguna parte y destrozar estos restos?

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Los rumbos de Reforma

Una de las tareas que tenía pendiente, dejando a parte el importante tema de la estancia de los estudiantes de la Université de Lorraine, era el de la confirmación definitiva de la existencia de vestigios de los viejos rumbos del lavadero “pequeño” de Reforma.

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Como ya he comentado en otras ocasiones, se trataba de sistema de lavado de los lodos resultantes de diferentes procesos previos de selección y separación por gravedad del mineral de plomo. En los rumbos, se recuperaban hasta las partículas más minúsculas de galena, haciendo deslizar los lodos por unas plataformas ligeramente inclinadas, mientras unas escombrillas giraban continuamente distribuyendo uniformemente el lodo.

Hace ya aproximadamente un mes que publiqué unas fotografías de lo que suponía eran los restos de uno de estos antiguos rumbos del Pinar de Bédar, para gran sorpresa mía, pues no pensaba que quedaría nada de un lavadero de mineral que estuvo funcionando entre 1882 y 1884.

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Pero como en otras ocasiones, el Pinar ha resultado ser una caja de sorpresas, y no sólo había conservado “fragmentos” de un rumbo, lo que pude encontrar, ni más ni menos, es con una plataforma casi completa de uno de estos rumbos.

El círculo, apenas distinguible del entorno por que no crecía hierba encima, tenía el diámetro justo (4 metros) y estaba ubicado en el lugar preciso donde yo creía haber ubicado los restos del viejo lavadero. Pero faltaba la confirmación definitiva, que solo tendría tras excavar en el interior del círculo y descubrir si quedaba algo de la superfície original, en el caso que fuera un rumbo, y poder saber también de qué estaba hecha (cerámica, piedras plantas, etc.)

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La sorpresa fue mayúscula cuando encontré una superfície de mortero de cal de superfície enlucida, con una ligera inclinación, formando una característica superficie cónica de un rumbo. Me conformé con excavar una sección triangular del rumbo, aunque de buena gana lo hubiera limpiado todo sólo por ver “resurgir” de nuevo el antiguo artefacto. Pero eso quizás lo dejaré para más adelante.

La zona del eje faltaba, como era de esperar, desaparecida cuando desmantelaron el aparato, pero no pude por menos de observar como quedaban al descubierto dos “costillas” que revelan la forma de construcción de la superfície. En efecto, ya había visto otra vez cómo se construían superfícies de cemento para patios, ligeramente cónicas para encauzar el agua de la lluvia hacia los desagües. Primero se construyen varias costillas bien niveladas con la forma deseada, y luego se rellenan los espacios entre costillas.

El radio de la plataforma, de 2 metros y el borde exterior del rumbo, de unos 18 cm. conforman la plataforma cónica por la que se hacía deslizar el mineral.

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Estos rumbos, que podríamos llamar “avanzados” contrastan notablemente con otros rumbo, de los artesanales que he dado en llamar “tipo Bédar”. Como para que se vea la diferencia, hay uno de ellos muy cerca del que acabo de describir.

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Nótense las diferencias. La primera y evidente es la del tamaño, 4 metros el más antiguo y 2 metros el “artesanal”, uno de los más completos que se puede encontrar en la sierra del Pinar. Está construida a base de piedras planas o “lajas”, que se pueden encontrar fácilmente en la zona.

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Tampoco se ve ningún tipo de estructura o perforación en el centro para la inserción de un eje para las escombrillas, si es que disponía de ellas. Quizás disponía de otro dispositivo para depositar los lodos sobre la plataforma.

La misma plataforma, francamente plana, está formada por piedras planas, simplemente encajadas, sin ningún mortero y sobre una capa de grava compacta, como se puede ver en las fotografías. Es posible que fuera, a su vez, el soporte de la verdadera plataforma de lavado, aunque no quedan restos que nos indiquen nada al respecto. Tampoco los restos metálicos que se pueden encontrar cerca ayudan mucho, pues se trata principalmente de pequeños clavos y otras piezas de hierro.

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Como casi siempre, más preguntas que respuestas. Es, sin embargo, muy curioso e inusual, encontrar restos de rumbos tan antiguos en tan buen estado. No voy a insistir de nuevo en el tema del “patrimonio desaprovechado” de Bédar, pero me gustaría saber si se conocen ejemplos de restos de rumbos que se conserven tan bien como los de éste rumbo de finales del XIX. Salvando los rumbos descritos en Almagrera por Antonio González, no conozco más ejemplos.

Mina Reforma

VIA SANGRE

Quizás sea La Reforma la mina más accesible y a la vez una de las minas menos conocidas de El Pinar de Bédar. La incluyo dentro de las minas desaparecidas porque parte importante de los restos de esta mina fueron destruidos durante la ampliación de la entrada a la urbanización al Pinar. Justo en el desvío que lleva a esta urbanización, encontramos una especie de “entrada”, con unos edificios y un pequeño aparcamiento. Junto a ellas, unas discretas ruinas a penas llaman la atención del visitante. Esta es la mina Reforma.

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La Reforma es más conocida por los coleccionistas de minerales, pues no es difícil encontrar bonitos minerales de carbonato de cobre (si sabes donde buscarlos, claro), y la mina, propiamente dicha, empieza en el conocido Socavón de Reforma, junto a la confluencia del barranco del Gato y el barranco de las Norias. Un puente cruzaba el barranco hasta las instalaciones propiamente de la mina, donde en 1881, La Compañía de Águilas instaló unos de los tres lavaderos mecánicos que funcionaron hasta 1884, bajo la dirección primero de Anton Getz y posteriormente de Federico Dietrichson. Las fotografías que podemos osbservar se hicieron en 2004, antes de que se llevaran a cabo los desafortunados trabajos de ampliación de la urbanización y de su acceso.

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Han llegado hasta nosotros unas bonitas fotografías de José Rodrigo de esta mina, cuando el lavadero estaba en plena actividad. Fíjese en las fotografías como el lavadero, que no disponia de ninguna cubierta (a diferencia del Lavadero Grande), estaba organizado en diferentes niveles. La vía con el mineral procedente del Socavón Reforma llegaba por la parte superior, seguidamente un grupo de operarios trituraban el mineral y éste empezaba a clasificarse y lavarse en una serie de aparatos que son un buen muestrario de la tecnología de lavado de mineral de plomo de la época.

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En estas fotografías se puede observar lo que quedaba de este lavadero en 2004. El espacio de las fotografías se corresponde con el de la fotografía de José Rodrigo anterior. Del complejo lavadero a duras penas quedaba nada, pero con un poco de atención se podían observar los fundamentos de las diferentes estructuras.

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El extraño artefacto que aparece en la parte central, que durante un tiempo fue para mí inclasificable, fue identificado finalemente como una criba de sacudidas u oscilante. Vemos un ejemplo de un solo eje en el dibujo, la de Reforma contaba con dos, movidas por una serie de poleas que se accionaban con una máquina de vapor locomóvil.

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Esta parte ha sido la más afectada por la ampliación de la entrada a la urbanización, y es una pena, porque es muy extraño contar con fotografías de lavaderos de este tipo y saber, con tanta exactitud, donde se encontraba. También es raro ver lavaderos tan despreocupadamente descubiertos. Está claro que el riesgo de lluvia no les preocupaba mucho.

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Entre el resto de aparatos de lavado que aparecen, observamos también tres baterías compuestas de dos rumbos cada una, accionados por el eje de poleas instalada encima de los pilares. Para sorpresa mía, todavía es identificable la superfície circular enterrada de uno de estos rumbos, aunque se tratan de genuinos y auténticos round-buddles mecanizados. Las dimensiones de la misma no deja dudas sobre lo que es, consta de los 4 metros reglamentarios que los hacían tan eficaces a la hora de lavar los lodos.

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Inconfundible son estos dos trómeles, que estaban instalados a un nivel superior a la criba oscilante. Estos trómeles ya se usaban también en el Lavadero Grande, y no es muy desaventurado pensar que eran del mismo tipo y del mismo fabricante (la casa Humboldt de Colonia, Alemania).

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Los restos de las casas que estaban junto a las instalaciones del lavadero son difíciles de interpretar. Sabemos que al menos una de ellas era para alojamiento de ingenieros y directivos de la Compañía, pero sorprende ver una estructura que parece un pequeño horno de cuba dentro de una de ellas. Podría ser un pequeño horno para ensayos, es decir, podría ser un laboratorio.

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Mucho más extraño es la presencia de esta estructura. La forma es casi idéntica a los hornos de reverbero de la antigua fundición de Carmen, y el interior presenta un espacio similar, cubierto de una bóveda de cañón. Sin duda podría ser un horno de fundición, pero ¿de qué época?

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Por último, todavía es posible recorrer los 200 metros del socavón Reforma, galería de transporte que daba acceso a las labores internas. En la entrada permanecen los restos de un antiguo almacén o alojamiento (no hay referencias tampoco a este edificio).

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Tras transitar 200 metros por una ancha galería, llegamos a una bifurcación. Dicen algunos testimonios recogidos en 1974, que por el socavón Reforma se podía llegar a las labores del Pinar y al pozo Centro, ubicado precisamente en el centro de lo que hoy es el núcleo principal de la urbanización, pero el viaje acaba necesariamente en esta bifurcación. Uno de las galerías no lleva a ningún sitio y la otra es un pozo por al que no apetece mucho acercarse por lo poco estable que parece el borde. Nadie debe meterse en minas abandonadas, pero si alguien lo hiciera, que tenga mucho cuidado en no saltar alegremente el montículo de arena que aparece justo ante la bifurcación, pues el pozo está justo detrás y nadie sabe cuanta profundidad tiene…

Rumbos tipo Bédar

Los restos más antiguos y la historia más compleja de la minería en Bédar no corresponde con la minería del hierro, es la del plomo y cobre del Pinar de Bédar. Aunque hay pocas pruebas claras que lo confirmen, se da por hecho que las minas de El Pinar se explotaron desde bastante antiguo. Quizás de momento solo los análisis de isótopos indican que ya se extraía cobre de El Pinar en la Edad del Bronce, pero con el tiempo estoy seguro de que aparecerán nuevas pruebas.

Hay todavía grandes incógnitas, como la ubicación original del lavadero de plomo medieval, pero sobre la minería a partir del siglo XIX los avances han sido bastante importantes. Se pueden distinguir diferentes fases “tecnológicas” muy diferentes, relacionadas con numerosos factores que no es momento ni lugar para analizar. Al igual que el cable aéreo Bédar-Garrucha llegó a ser el “no va más” de la tecnología de la época, lo mismo pasó con los lavaderos mecánicos de la Compañía de Águilas, tecnología punta en el momento, sin rival alguno ni en tecnología ni en capacidad de producción.

Sin extenderme más, el caso es que hay numerosos restos de antiguas estructuras en las minas del Pinar que son, digamos, de muy difícil interpretación. El trabajo ha sido muy complicado dada la superposición de trabajos de diferentes épocas y el poco cuidado que se ha tenido en conservar estos restos (sin hablar de la destrucción que ha supuesto la locura urbanizadora). Entre otras estructuras, encontramos una serie de “circulos” extraños, de función desconocida… hasta hace relativamente poco.

Hasta la invención del sistema de flotación, el lavado de minerales de plomo se realizaba mediante separación por gravedad, aprovechando la mayor densidad del mineral de plomo con respecto a la roca que lo contiene. Para ello se necesitaba agua, maquinaria de trituración y sistemas de lavado. Se utilizaron varios sistemas de diferentes tipos y grado de teconología, pero el producto de todos estos procesos de lavado era un lodo (partículas muy finas) que todavía contenía algo de mineral de plomo. Como todo se aprovechaba, mediante una serie de “artefactos”, se podían lavar estos lodos para sacar el plomo que aún contenía. Para lavar el lodo se inventaron varias máquinas, pero la más efectiva siempre fue el Round-Buddle inglés. Ideado en Cornualles para el lavado de mineral de estaño, pronto fue adoptado en las cuencas mineras de Murcia y no tardó mucho en utilizarse también en las de Almería.

Claro que hablamos de sistemas de lavado de última generación (para la época, claro), movidos con máquinas de vapor y con unas dimensiones especialmente escogidas para cumplir con su función de lavado. Básicamente se trataba de una superficie plana con una ligera inclinación, en la que el mineral de plomo, al ser más pesado, se resistía más a ser arrastrado por el agua, de esta manera se podía separar.

Entonces pasó una cosa curiosa. Dada la simplicidad del artefacto, en algunos cotos mineros comenzaron a fabricarse unas versiones “artesanales” de la máquina que eran movidas a mano. Claro que eran mucho menos eficaces que las mecanizadas, pero lo barato de su construcción y la posibilidad de moverlas de un lugar a otro (eran transportables) las hizo una de las máquinas más utilizadas para el lavado de estos lodos resultantes de los diversos procesos de lavado. Estos “cacharros” comenzaron a llamarse “Rumbos”, por una españolización de la pronunciación en inglés de “Round-Buddle”.

No hace mucho, Antonio González Jódar localizó por primera vez los primeros restos de estos Rumbos en sierra Almagrera, que podían ser o bien los ejemplares “mecanizados” bien construidos, normalmente asociados a fundiciones o establecimientos modernos, o bien las versiones más artesanales en negocios mineros más modestos.

¿Hubo Rumbos en Bédar? Por supuesto. Los primeros Round-Buddles se utilizaron en los modernos lavaderos de la Compañía de Águilas en el Pinar. De hecho, en El Pinar se probaron o utilizaron todos los tipos de sistema de lavado de mineral que existía en esos entonces. Tal es así que era como una especie de escuela a la que iban los ingenieros que querían conocer los diferentes sistemas de lavado que existían entonces.

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Uno de los Rumbos del tipo Bédar más curiosos. Con tan solo 1,5 metros de diámetro, superfície de piedra plana (en naranja) y una estructura o base del depósito de agua (en rojo) muy elaborado, más grande (en relación a la plataforma) y ubicado a más altitud (1,8 metros).

De momento, en Bédar hemos localizado unos restos que son un firme candidato a ser uno de los primeros rumbos “mecanizados” o Round-Buddles auténticos que se describen en Bédar, aunque falta realizar una serie de comprobaciones para confirmar que es así, por lo que nada más diré ahora.

Lo que sí está comprobado, tanto documentalmente como por la localización de diversos restos, es de la presencia de diveros modelos de Rumbos artesanales. Hemos podido explicar así una parte de las extrañas “ruinas” que hay en estas minas.

Estos descubrimientos indican, como ya comenté en su momento en el congreso del SEDPGYM celebrado hace unos años en Boltaña, lo que se puede considerar como una evolución (más bien involución) de estos artefactos. Si estuviésemos hablando de especies animales, sería como si en una isla aislada, una especie cualquiera hubiera ido evolucionando apartada de sus congéneres hasta formar nuevas especies extrañas.

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En efecto, con el cierre de los lavaderos mecanizados en 1884, la Compañía de Águilas delegó la explotación de las minas de plomo en pequeños mineros partidarios que sobrevivían con medios muy rudimentarios, entre ellos las ya conocidas copias artesanales de los Round-Buddles. Estos partidarios persistieron hasta 1926, aunque cada vez eran menos, más pobres y con menos medios. Los Rumbos también evolucionaron, cada vez más pequeños e ineficaces, pero lo suficientemente baratos como para ser utilizados por mineros que, más que vivir, sobrevivían como podían.

Los Rumbos resultantes, son pues, “especies” de Rumbos propios y característicos de Bédar. Los parámetros que, de momento, estamos analizando en los mismos y que creemos pueden ayudar a clasificarlos en su época y momento adecuados son, precisamente, el diámetro de la plataforma de lavado y el material con la que está construida.

RUMBO MADRILES

Rumbo en el Pinar de Bédar de 2 metros de plataforma (no quedan restos de la superfície original, posiblemente fue reaprovechada) junto al pilar del depósito de agua.

En 1906 están documentados en el Pinar Rumbos artesanales con plataformas de unos 4 metros diámetro y superficie de cerámica, que es la que se utilizaba en los Rumbos mecanizados. Por otro lado, el rumbo estaba construido con materiales de la zona y era movido manualmente por un muchacho (un niño) que se subía en el travesaño que sujetaba el eje.
Eran muy ineficaces, pero se podía suplir aumentando los tiempos de lavado con resultados más que aceptables.

RUMBOX

A partir de aquí, los Rumbos involucionaron (degeneraron, de hecho) hasta llegar a los pequeños Rumbos con plataformas de a duras penas 1,5 metros y superficies a base de piedras planas. Éstos debieron ser los últimos y además sumamente ineficaces Rumbos, pero de alguna manera servían a los propósitos de estos partidarios. Parece que solo se desarrollaron en Bédar, debido a las circunstancias únicas que concurrieron entre 1884 y 1926 en los criaderos de plomo del Pinar de Bédar.

Para comprobar si se podía lavar mineral de plomo con rumbos de tamaño tan reducido, fabricamos un pequeño rumbo a escala 1:27 de los rumbos de 4 metros de 1906. Tras machacar una parte de dolomía con algo de galena y mezclarlo con un poco de agua para crear un barro con partículas de mineral de plomo, lo pasamos por este mini-rumbo de 15 cm de plataforma, y pudimos observar que… podíamos separar el mineral, aunque de una manera muy imperfecta y a base de pasar bastante agua por el artefacto. Las fotografías hablan por sí solas:

MAQUETA RUMBO

Creemos pues, que estas estructuras eran variaciones artesanales muy “degeneradas” de Rumbos ya de por sí artesanales, copias a su vez de los Round-Buddles ingleses. Debían ser muy ineficaces y sería necesario numerosas repeticiones para conseguir resultados apreciables, y en todo caso sería muy limitado y para cantidades pequeñas de mineral.

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Plataforma de Rumbo en el Pinar de Bédar de 1,8 metros de diámetro (en naranja) delimitado por piedras planas en empalizada (en rojo).

Hemos dado en llamar “Rumbos tipo Bédar” a estos Rumbos pequeños, de entre 1,5 y 2 metros de plataforma y con superfície de piedra plana, toscamente pulida.

EL UNICO CAMINO POSIBLE

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Antes de empezar con la imagen quiero felicitar al ayuntamiento y a la Junta de Andalucía (sin que sirva de precedente) por iniciar por fin los trámites para comprar la mezquita de Serena para el pueblo. Esta noticia compensa totalmente los esfuerzos que he llevado a cabo para que así sea. Quien más va a ganar va a ser, sin duda, Bédar. Espero que hagan una buena rehabilitación y que aprovechen para hacer algún tipo de “museo del aceite”, aprovechando que están todavía dentro todos los elementos de3 la vieja almazara. Es sin duda una buena noticia también para los explotadores de la ruta minera de Serena, al incluir un nuevo atractivo monumental a la ya de por sí monumental ruta de las minas de Serena.

Pasemos a otro tema, cuando repetidamente se menciona la creación de un museo minero en Bédar… ¿qué es lo que se debería incluir? yo voy a dar unas cuantas ideas, con diferentes elementos procedentes de diversas épocas y minas del municipio. Empecemos:

1.Carburo que usaban los mineros de Hierros de Garrucha.

2.Parte inferior de un carburo de principios de siglo XX, encontrado en un frente de avance de una mina de plomo del barranco de San Antonio.

3.Carburo de vagoneta usado durante Hierros de Garrucha.

4.Candil de aceite utilizado, propiedad de un minero de las viejas minas de hierro, primeras décadas del siglo XX.

5.Lámpara de aceite del tipo “siciliano”, llamadas “sapos”, que perteneció a un capataz de las minas de hierro, primeras décadas del siglo XX.

6.Cadil de tipo “Almadén” encontrado en el interior de una de las galerías de una mina de plomo del barranco de San Antonio, segunda mitad del siglo XIX.

7.Candil de aceite artesanal fabricado en latón con garabato pequeño para poder ser transportado cómodamente enganchado en el pulgar y que no tocase el suelo. Procedencia desconocida.

8.Rueda de una vagoneta de una tonelada, barranco de Baeza.

9.Rueda de carro de transporte de los utilizados en el Pinar de Bédar para mineral o escombros. Segunda mitad del siglo XIX.

10.Botijo de minero, se observa la boquilla agujereada para evitar entrada de tierra. Encontrado en el interior de la mina Higuera.

11.Clavos de vía férrea de diferentes tamaños.

12.Rodamiento de vagoneta aérea, eran las que se deslizaban por el cable fijo de cable aéreo Bédar-Garrucha.

13.Espuerta de esparto encontrada en el interior de la mina Higuera. El esparto fue un elemento importante en la fabricación de los diferentes elementos usados por los mineros.

14.Bomba de agua de hierro colado de 1843, elemento encontrado en un viejo lavadero de minerales en el Pinar de Bédar, cubierto completamente de sedimentos.

15.Manivela de accionamiento de freno del plano inclinado de Santa Catalina, que permitía el acceso de las vagonetas al cargadero de Tres Amigos.

16.Extremo de uno de los enganches de anclaje de los postes del cable aéreo Bédar-Garrucha.