
El Centro Virgitano de Estudios Históricos ha publicado un video de la presentación celebrada el pasado sábado, 27 de diciembre.
Hoy damos la exclusiva de la publicación prevista de una nueva obra sobre el rico patrimonio minero-industrial de nuestra comarca del Levante. El título de la obra es muy esclarecedor al respecto: «Atlas ilustrado de las fundiciones del Levante almeriense, ss. XIX-XX» y los autores son ya conocidos autores muy conocedores del patrimonio y la historia minera y metalúrgica: Juan Antonio Soler Jódar, Antonio González Jódar, Magda Navarro Arias y José Berruezo García.
Según nos indican los autores, estará disponible a partir del próximo mes de agosto, y consta de más de 400 páginas y más de 600 ilustraciones, entre gráficas, fotografías y reconstrucciones de las diferentes instalaciones. Se tratan los antecedentes históricos y se actualiza la información sobre todas las antiguas fundiciones instaladas en nuestra comarca desde 1839, con un catálogo de restos conservados, con su correspondiente interpretación tecnológica, sus propietarios y todo lo necesario para poder visitarlas (rutas incluidas), interpretarlas y conocer todos sus secretos.
El completo catálogo, profusamente ilustrado, recorre todas las fundiciones instaladas en Cuevas del Almanzora, Pulpí, Huércal-Overa, Vera, Garrucha, Turre, Los Gallardos y Vera. Es una historia muy ligada a la minería en la comarca, y una muestra evidente del gran dinamismo e iniciativa en el Levante almeriense en una época (mediados del siglo XIX y principios del XX) que se considera, generalmente, un periodo de miseria, penalidades y poco interés desde el punto de vista histórico. Nada que ver.
Sin duda, una obra que será indispensable para todo aficionado al patrimonio histórico-industrial y minero y, en general, a todo el que quiera saber un poco más sobre su comarca. Iremos informando en cuanto tengamos más detalles sobre las fechas de publicación.

Hoy vamos a hablar del patrimonio minero de Bédar y concretamente de las dos viejas locomotoras 020T del ferrocarril Bédar-Garrucha de la empresa minera de Chávarri que se usaron en los ramales de La Mulata y de Santa Catalina. Habiendo propuesto la idea de presentar un modelo a escala de una de sus hermanas mayores a escala 1:25 para la exitosa exposición «Luces y Sombras» celebrada en Vera, no pudimos resistir la tentación de elaborar otra de las pequeñas 020T Saint Léonard del ferrocarril. Faltos de tiempo, optamos por una escala más pequeña, concretamente la una 1:35, lo suficiente para poder realizar un detallado correcto de la misma. Otro ejemplo más de las numerosas piezas relacionadas con Bédar en esta exposición.
Como es habitual en el modelismo, se utilizaron los planos disponibles y todo el material fotográfico disponible sobre estas locomotoras, que no es muy abundante pero que está recogido en la obra sobre la minería del levante publicada en 2021.
Fotografía de la locomotora expuesta en la exposición «Luces y Sombras» (fotografía de Marc Dolci)
Estos nombres se recogieron gracias a entrevistas con testigos, y es muy posible que esos nombres como los que popularmente se conocían estos ingenios de vapor entre los mineros y vecinos de Bédar, Los Gallardos y Garrucha. Sin embargo, y gracias a unos documentos de la policía minera, sabemos que no eran exactamente así. Ya comentaremos en otra ocasión en lo que hace referencia a las locomotoras grandes, pero la sorpresa es que los nombres que llevaban en las placas de latón de las dos 020T eran los de «Mulata» y «Angelita».


Modelo a medio construir sobre los planos utilizados
Tampoco ha sido una sorpresa completa. Ya en una noticia de un periódico de la época se la menciona con este nombre, concretamente cuando Clifton Pecket, montado en ella, se dirigía a visitar una de sus minas en Los Pinos, concretamente la mina Angelita. Considerando que una sola noticia no podía confirmar el nombre real de la locomotora, sí que hay que considerar a la mina Angelita, y no a la mina Santa Catalina, como el verdadero inicio de ese ramal de ferrocarril, lo que justificaría el nombre de la locomotora. Con el tiempo Santa Catalina llegó a ser una mina más importante y productiva que Angelita, y seguramente debido a eso empezó a llamársela más como «Santa Catalina» y no con su nombre real de «Angelita».


Comprobando la simetría
Comprobando que las dimensiones son correctas, las medidas están tomadas de los datos proporcionados por el fabricante, la Société Anonyme Saint Léonard (Liège, Bélgica)
Aunque también persiste el secreto del destino posterior de estas locomotoras, la misma documentación nos va dando pistas sobre su final. En efecto, al menos una de esas locomotoras fue utilizada en la construcción del puerto de Garrucha, como confirman las fotografías de la época. Lo que desconocíamos (hasta ahora) es que a las dos locomotoras las llamaban las «gemelas», lo que no es de extrañar dado que eran dos locomotoras idénticas. También queda claro que se les dio un uso intenso y sufrieron un gran desgaste, por lo que es muy posible que en las obras del puerto se mantuviera una de ellas en funcionamiento gracias a piezas de la otra, como ya sabemos que pasó con sus hermanas mayores. Tras un uso continuado durante largos años y al final de su vida, las pocas referencias a ellas en la documentación por la empresa se indica que, en 1939, tras la Guerra Civil, estaban «inutilizadas» y que «las gemelas» fueron vendidas por la empresa propietaria en 1941, aunque de momento no sabemos a quién ni para qué. Seguramente fueron desmanteladas, pues ahí se les pierde la pista.



Todo comienza con la construcción del chasis en poliestireno y finaliza con el hiperdetallado artesanal, lo cual toma muchísimo tiempo (tuberías, indicadores, válvulas, remaches, etc.)
Para el modelo a 1:35 se utilizó poliestireno, resinas y láminas de latón. Se caracterizó como la «Mulata», que ahora sabemos que era su nombre correcto y decidimos darle un aspecto de acorde a una locomotora que debió sufrir un gran desgaste por el enorme uso, los muchos años en los que estuvo en servicio y el medio duro en el que se utilizó: la sierra de Bédar. En el artículo incluimos algunas fotografías de las diferentes fases de su construcción.
Se ha publicado el n.º 3 de la revista REAL (Revista de Estudios Almerienses) en las que José Berruezo y un servidor hemos publicado un artículo sobre un aspecto tan desconocido de la historia del Levante Almeriense como fue la fiebre del oro negro que siguió a la aparición de petróleo en unos pozos de Garrucha entre 1930 y 1934.
Contamos la historia tal y como ocurrió, con todos los protagonistas y recuperamos además el plano de concesiones mineras petrolíferas que cubrió prácticamente toda la depresión de Vera. Pueden acceder al artículo en la página web del REAL pulsando sobre la imagen.
Juan Antonio Soler
RESUMEN: El inicio de la década de 1930 trajo consigo la esperanza a Almería, pues en unos pozos de agua de la población de Garrucha apareció petróleo. Se desató una auténtica fiebre minera por los beneficios económicos que podía reportar el oro negro y entre 1930 y 1934 se llegaron a registrar más de doscientas minas de petróleo en la provincia. Aunque se interesaron diversas empresas, tanto españolas como extranjeras, fue la Investigadora Española de Petróleos, M.L.A, de Modesto Largo Álvarez, la que apostó fuertemente para hacer los sondeos de viabilidad comercial de los yacimientos. En 1932 constituyó la Sociedad Anónima Minero Petrolífera de Níjar-Garrucha-Vera para la exploración y explotación de los campos petrolíferos existentes en las pertenencias mineras de la sociedad y al anunciarla en prensa se originó una pública disputa con el Director General de Minas y Combustibles Félix Gordón Ordás. Este, por las investigaciones oficiales realizadas hasta ese momento, dudaba de que fuera explotable comercialmente el petróleo descubierto. Finalmente, no se explotó ningún yacimiento petrolífero en Almería.
Presentamos aquí un video que sin duda quedará para la historia de Bédar y de la minería del Levante almeriense. El proyecto de libro sobre minería en el Levante almeriense del que hemos hablado en otras ocasiones está cercano a ver la luz, y para su publicidad han editado este video en el que se recogen los testimonios de dos testigos de excepción de esa época: Diego Rubio (Bédar) y Mario Guillén (Los Gallardos) El video está basado en dos entrevistas realizadas por Juan Antonio Soler en un video realizado y editado por Juan Pedro Collado y publicado en la red YouTube (Iron Mountain).
El vídeo está subtitulado en inglés para que sea accesible a la importante comunidad inglesa de la zona, algo que se ha tenido especialmente en cuenta, dado que dicha obra es fruto del trabajo conjunto de dos apasionados del patrimonio minero del Levante, el inglés Andrew Devey y el bedarense Juan Antonio Soler, que ofrecen el libro en los dos idiomas.
Sin duda se trata de un documento imprescindible para conocer el importante pasado minero de la comarca del Levante almeriense, de manos de trabajadores de la empresa Hierros de Garrucha, que nos explicas sus recuerdos y vivencias desde el trabajo en las minas de Bédar hasta su embarque en el puerto de Garrucha.
trata con detalle la historia de la minería en las áreas de Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar y Turre. Tras un periodo inicial de actividad rudimentaria, se siguió un proceso de industrialización puntero a nivel mundial, gracias a la implicación de importantes compañías mineras. La Compañía de Águilas instaló una planta de lavado mecánico sin precedentes que pronto fue seguida de la instalación del cable aéreo de Serena a Garrucha, el de más capacidad y de mayor longitud en la década de 1880. Por su parte, la Sociedad minera Chávarri, Lecoq y Compañía instaló un ferrocarril minero entre Bédar y Garrucha en la década de 1890, continuando la explotación del coto hasta la gran depresión que siguió al crack de Wall Street de 1929. También se incluyen la construcción del nuevo puerto de refugio en Garrucha y la última fase minera hasta el cese definitivo de actividad de 1970. En el libro se tratan todos los aspectos del proceso de industrialización, desde el punto de vista técnico hasta el social y económico. Las casi 500 ilustraciones la componen fotografías, planos, mapas y documentos originales, muchos de ellos inéditos. También incluimos cientos de textos originales de ingenieros, testigos y recortes de periódicos descriptivos, que se presentan a medida que se desarrollan los diferentes temas.
This book covers in detail the history of mining and its wider effects on the areas of Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar and Turre. The early rudimentary activities were followed by a world leading industrialisation process as the wealthy mining companies became involved. La Compañía de Águilas installed a record-breaking mechanical wash plant in El Pinar de Bédar that was soon followed by the Serena to Garrucha aerial cable, the longest and largest capacity system in the world in the 1880’s. Chávarri Lecoq y Compañía installed the mining railway between Bédar and Garrucha in the 1890’s and the mining activities continued until the great depression that followed the 1929 Wall Street crash. The construction of a new port of refuge in Garrucha and the last phase of mining are also included until the mining operations finally ceased in 1970. Here we present all aspects of the industrialisation process from the technical, social and economic viewpoints. With almost 500 images we have compiled a visual feast of photographs, plans, maps and original documents many of which are previously unpublished. We also include hundreds of original texts from the engineers, witnesses and the newspaper reporters involved that describe the numerous different activities as they gradually unfolded.
Para adquisición del libro en:
andy1devey@outlook.com
juan.ant.soler@gmail.com
Este fin de semana pasado, el presidente de la asociación APAMIBE de Bédar acudió a la fiesta anual que se celebra el el municipio de Nueves-Maisons, cercano a Nancy (Francia). En una reunión organizada por el miembro de la universidad de Nancy, Christian Hibchs, entre otros objetivos, se trataba de realizar un análisis de los trabajos realizados en este antiguo pueblo minero.
Al igual que Bédar, Neuves-Maisons fue en su momento próspera gracias a sus yacimientos de mineral de hierro. Se trata de un mineral famoso entre los conocedores del tema, pues fue el mineral de hierro con el que Gustave Eiffel edificó su mítica torre.
A los vecinos de Bédar se les hará seguramente familiar la historia de Neuves-Maisons. En los años 60 las minas de hierro de Neuves-Maisons cerraron y toda la rica historia de mineros y fundidores se deslizó peligrosamente en el olvido. Sin embargo, el pueblo, desarrollado al calor de la minería, reaccionó a tiempo creando una asociación con la intención de recuperar su pasado minero y rehabilitar las minas para fomentar el turismo minero.
La «fiesta del Hierro» (la Fête du Fer) es un acontecimiento anual que va ya por su quinta edición, con diversos espectáculos y demostraciones del trabajo con el hierro, incluida la reproducción hornos antiguos medievales con ejemplos de la producción de hierro a partir del mineral y de carbón vegetal.

Esta asociación, con el apoyo de la alcaldía, ha conseguido no solo recuperar muchas de las minas y diferentes elementos arqueológicos que en ellas se encontraban. Pero es la apertura a los visitantes, con visitas guiadas, lo que ha permitido atraer cada vez más visitantes tras realizar los trabajos de securización exigidos por la Prefectura francesa para cumplir con la legislación. Esta recuperación ha sido posible gracias sobre todo al trabajo desinteresado de los voluntarios, cuyo trabajo incesante en la preparación de la fiesta pudo ser contemplado por el presindente de la APAMIBE.

Cartel de bienvenida para los asistentes a la fiesta.

Concentrador de mineral junto a las minas. Tras la adjudicación de una subvención con fondos europeos de 4 millones de euros, se han comenzado las obras de rehabilitación del imponente edificio, que pudo conservarse.

Diferentes vagonetas recuperadas de las labores mineras y en diferentes estados de recuperación. Es posible desplazarlas sobre los raíles.
Las diferencias con lo que pasa, no solo en Bédar sino en otros municipios del levante almeriense que disponen de un importante patrimonio minero. Aunque la finalización de la actividad minera y el olvido posterior siguieron caminos paralelos, la reacción y trabajo asociativo de nuestros vecinos europeos de Neuves-Maisons ha permitido la recuperación y el crecimiento económico gracias a esta nueva actividad turística. Uno de sus grandes éxitos es también el de hacer entender a sus vecinos la importancia de su patrimonio y conseguir una actividad colaborativa y de voluntariado que nosotros en Bédar (y en prácticamente todo el levante almeriense) solo podemos soñar.
Nosotros, desgraciadamente, estamos muy lejos de todo estos y objetivos, y nuestra actitud pasiva e indolente con nuestro propio patrimonio, nos lleva a su deterioro y a su pérdida, en muchos casos definitiva. Las pocas asociaciones que intentan revertir esta situación, pequeñas y con escaso apoyo tanto de los ayuntamientos como de los propios vecinos, se encuentran en una situación de una lucha contra molinos de viento.



Diferentes fotografías de una visita guiada por las galerías securizadas que, sin embargo, no pierden su encanto de mina antigua.

La mina incluye una exposición de carteles mineros y se muestra numeroso material recuperado que se mostrará en un museo en la mina. En la fotografía, un botiquín minero que llamó la atención del presidente de la APAMIBE, aunque contaban con numerosos martillos perforadores de aire comprimido, herramientas, barrenadoras, purgadores de techos, carbureros… en diferentes estados de recuperación.

Aspecto de una de las galerías «en bruto» todavía sin los trabajos de securización y, por tanto, no abierta al público. Nos recuerda poderosamente a algunas de las minas de Bédar.
¿Y qué es lo que nos estamos perdiendo? pues la puesta en valor de un patrimonio para nuestro propio desarrollo económico. El ejemplo de Neuves-Maisons es verdaderamente sangrante si lo comparamos a nuestra situación actual que debería causarnos vergüenza. No solo sus minas son visitables, con una afluencia creciente de vistas año tras año, sino que además han conseguido la financiación de fondos europeos para la rehabilitación de una de sus «joyas» de patrimonio arqueológico, el «concentrador de mineral». Este concentrado es un antiguo edificio que permitía el tratamiento rápido del mineral para su fundición. En concreto, con una ayuda que ronda los 4 millones de euros, se preveen una serie de mejoras que incrementarán sustancialmente el número de visitas y el beneficio económico para el pueblo.
Nosotros, con un patrimonio arqueológico-industrial que no tiene nada que envidiar al de Neuves-Maisons, nos mantenemos inactivos e indolentes, con actuaciones sobre el patrimonio que se pueden contar con los dedos de una mano (y sobran dedos) y de escaso impacto en lo global (la restauración de la máquina de vapor del Chaparral o la más reciente de la geoda gigante de Pulpí son dos de los ejemplos). Proyectos prometedores como la recuperación de la mina romana de Cuevas, que inicialmente contó con un presupuesto de algo más de 40.000 euros fue parado en seco por no se sabe muy bien qué intereses políticos (un muy mal signo que delata el estado precario de salud de nuestra sociedad), sin apenas reacción de los vecinos (prácticamente nula). En Bédar parece los proyectos empiezan a ponerse en marcha, pero demasiado lentamente como para esperar resultados a corto plazo.
En fin, pueden disfrutar de las fotografías que el presidente de APAMIBE realizó a las minas de Neuves-Maisons, en una pequeña visita guiada especialmente organizada en ocasión de su visita y de la de varios miembros de la universidad de Nancy, junto a algunos familiares de los guías. Esas podrían ser nuestras minas antiguas, ese podría ser el dinero que entra en nuestros pueblos y en nuestros bolsillos, pero desgraciadamente estamos tan ciegos que no somos capaces de ver más allá de nuestras propias narices.
Quede como ejemplo para todos aquellos que la idea de abrir minas a los turistas no son más que sueños irrealizables. Ya ven que están muy equivocados.

Se puede observar una de las primeras vagonetas eléctricas utilizadas en la mina, en proceso de restauración.

Vagoneta basculante completamente restaurada muy parecida a las que se utilizaron en Bédar durante la primera fase minera. Se encuentra expuesta en el exterior de una de las entradas.

Seguimos con un apartado más de la investigación minera en Bédar. Volvemos a El Pinar de Bédar, a otra de las minas poco conocidas, la Mentira, que, aunque parezca mentira y sin querer repetirme mucho, antes se llamaba Verdad, aunque la verdad es que sabemos muy poco sobre ella.
Lo que sí que parece claro es que a veces los nombres de las minas, especialmente los registros de plomo más antiguos, recibían nombres muy curiosos, y en El Pinar de Bédar tenemos numerosos ejemplos.

A la derecha, plano de la zona explotada hacia 1850, entre las minas de Dos Hermanas y Sanguijuela encontramos la concesión de explotación de terreras Aquí te quiero escopeta y la mina la Verdad. El plano de la derecha muestra la misma zona hacia 1870, la zona está ocupada ahora por una concesión mayor de nombre Mentira, propiedad de la sociedad Filantropía.

Diferentes elementos estudiados ubicados sobre un plano de google maps. Se observan los grandes depósitos de escombreras entre los vestigios del antiguo bosque de pinos que ocupa la parte alta del barranco del Gato, uno de los pocos que queda en la zona.
Un conjunto de estas pequeñas y antiguas minas de plomo se encuentran en la parte más alta del barranco del Gato, justo al norte de las más conocidas minas de Dos Hermanas y Medidas Extraordinarias. Sin embargo, la práctica ausencia de documentación sobre ellas contrasta con la gran cantidad de restos mineros que existen en la zona, que indican una más que intensa actividad extractiva y mineralúrgica para la extracción de la galena, en especial de triturado y lavado de minerales.
Aunque sospechamos que se trata de una de las zonas en las que está documentado que se extrajo mineral durante el siglo XVI, la intensa actividad minera posterior ha borrado los posibles vestigios que hubieran quedar.
La Mentira aparece como una de las concesiones mineras propiedad de la sociedad Filantropía cuando ésta fue adquirida por la Compañía de Aguilas previo arriendo en 1878. Sabemos, sin embargo, que hacia 1850 el espacio ocupado por Mentira lo ocupaban las pequeñas minas Verdad, una de las minas pertenecientes a la sociedad Constancia, participada por Heredia y la familia Berruezo de Garrucha, y una pequeña concesión para la explotación de terreras (escombreras) con el curioso nombre de Aquí te quiero escopeta, demarcada al menos desde 1848. El hecho de la existencia de una concesión para el aprovechamiento de escombreras nos lleva ya a la existencia de una actividad minera anterior, sabiendo que el inicio de la minería moderna de plomo en el Pinar de Bédar data de 1843.
El estudio en detalle sobre el terreno nos da muchas más pistas, que merecen ser comentadas.





Zona de escombreras y minas superficiales (alguna de ellas reaprovechada como vivienda de minero) de la zona de la concesión de Aquí te quiero escopeta, con el aspecto habitual de las minas de El Pinar, con numerosos vestigios del tratamiento y lavado de minerales.
Este sector del barranco del Gato, en su lado izquierdo ascendiendo por ella, presenta grandes escombreras, procedentes de diversas galerías muy irregulares y de poca profundidad que jalonan toda esta ladera. Las escombreras, que corresponderían a la vieja concesión de Aquí te quiero escopeta, presentan diferente granulometría, lo que nos habla de diferentes procesos de triturado y lavado para la obtención de la preciada galena.
En su margen derecho, sin embargo, muestra una serie de restos mineros que difieren en parte de lo que viene siendo habitual en este coto minero. La presencia de lo que a primera vista parece un cortijo, con numerosos restos de cerámica doméstica, puede engañar, ya que no existen tierras cultivables en las cercanías. Junto al cortijo hay pequeñas galerías, pero destacan principalmente la presencia de un pozo y de una galería de características muy diferentes a las que habitualmente se encuentras en estas minas.
El «cortijo» está claramente ligado a esta mina, en terrenos de lo que fue la mina Verdad, y seguramente se trataba de un almacén de mineral y habitación para un guarda de minas. Desconocemos a qué compañía pudo pertenecer, pues no se trata del cortijo-almacén que poseía la mina Constancia, cuyo almacén sabemos hoy que estaba en la mina Justicia del Cielo, ni tampoco del almacén de la sociedad Filantropía, pues se encontraba también en otro lugar.



Ruinas del cortijo-almacén y pozo de la concesión.
La principal galería supone el punto más misterioso de esta mina, ya se explotara como Verdad o como Mentira. A diferencia de las galerías típicas de la zona, irregulares, poco cuidadas y poco profundas, esta mina es regular y bien labrada (para lo que es la zona, claro está), sin marcas de martillos neumáticos ni de barrenos, pero sin espacios claramente dispuestos para la disposición de candiles, aunque algunas hubieran podido servir para ello sin dificultad. La galería desciende en una pendiente pronunciada, aproximadamente unos 20 metros (lo cual es bastante para la media de la zona), sin bifurcaciones, hasta el frente de corte.
A la salida de la mina se haya una zona de escombrera con restos evidentes de machacado, así como un pequeño edificio en ruinas cuya funcionalidad desconocemos. El pozo parece un esfuerzo de explorar y acceder a un yacimiento que se asociaba claramente a esta galería, digamos, inusual.


Zona a la salida de la galería, con los restos de un edificio pequeño rectangular y una escombrera con morfología de zona de triturado y posiblemente lavado.


Aspecto y entrada de la galería principal de la concesión, cuya morfología es claramente diferente de las otras explotaciones de la zona, como las que hemos visto en Aquí te quiero escopeta.
Lo único que podemos afirmar con seguridad es que esta mina fue explotada o al menos investigada por rebuscadores de la sierra (mineros que buscaban mineral en minas abandonadas y escombreras), pues hayamos la parte superior de un carburero que data de principios del siglo XX, si tenemos en cuenta que las lámparas de acetileno se patentaron en 1899 y que se trata de un modelo de estilo antiguo.
A penas quedan restos del mineral explotado en esta galería, cuyo yacimiento, seguramente una veta de galena de mejor calidad que lo habitual, fue explotado a conciencia. Sin duda la galería se abandonó al perderse dicha veta en profundidad, ya que existen catas laterales en algunos puntos, pero que no se continuaron.
La antigüedad originaria de esta galería nos ofrece algunas dudas, aunque no disponemos de ningún indicio que sustente esta hipótesis, más que las características mismas de la galería.

Algunas de las muestras recogidas en las paredes de la galería muestran sin duda alguna cual era el mineral explotado: la galena.

Parte superior de un carburo encontrado en el frente de corte de la galería principal. Por su diseño se puede datar de principios del siglo XX.
Antes de empezar el tema de hoy, nuestra más sincera felicitación para el grupo de bordado que ha llevado a cabo el manto de la virgen, bajo la dirección de Juan Luis González Gallardo, cuya labor fue reconocida el pasado día de Andalucía.

Entrega del reconocimiento el 28 de febrero de 2019

Presentación del manto en una exposición en Olula del río y nuevo proyecto previsto para la Virgen de los Dolores. En la fotografía, el alcalde de Olula del río, Antonio Martinez junto a un concejal del ayuntamiento.
Siguiendo con con el tema que nos ocupa, en el anterior post comentábamos el proyecto de la vía verde Garrucha-Bédar de la que se oye hablar desde hace tiempo. En interés que Los Gallardos y Bédar podrían tener en este proyecto es más que evidente, pues facilitaría enormemente el flujo de visitantes desde las playas. El problema es, como casi siempre, saber aprovechar de estas oportunidades.
En Bédar, la ruta verde acaba oficialmente en la antigua estación de Tres Amigos, punto de partida de la ruta de las minas de este municipio, que aprovecha el antiguo ramal minero que provenía de la mina Santa Catalina, junto a la pedanía de Serena. Sin embargo, la segunda vía, la de la mina Mulata, ha prácticamente desaparecido bajo nuevas construcciones y campos de cultivo.

La Cueva Oscura en 2004. Gran parte de la entrada se encuentra cubierta con escombros que han sido arrastrados por el barranco.

Aspecto de la mina en 1898. Dado que la locomotora no podía subir por el plano inclinado, desde la bocamina hasta el plano inclinado los vagones del tren tuvieron que ser conducidos por medio de caballerizas.

Imagen actual de la Cueva Oscura de Bédar, punto de partida del ramal de la vía Mulata. Actualmente está en gran parte cubierta por el material arrastrado por el barranco, pero en su momento la mina disponía de dos galerías de transporte.

Galería de transporte de la mina Mulata, Cueva Oscura.
El abandono de este antiguo ramal de la mina Mulata es un problema para el pueblo de Bédar, pues se trataría de la vía de acceso perfecto hacia la mina Mulata y hacia el mismo pueblo y su zona comercial. En efecto, el antiguo trazado del ramal de la mina Mulata se ve interrumpido en numerosos tramos por parte de edificios y campos de cultivos. El puente que cruzaba la antigua carretera a los Gallardos está prácticamente destruido e impracticable, mientras que el otro puente que se ubicaba a la altura del paraje de la Palmera todavía presenta los estribos, lo que permitiría el emplazar un nuevo tablero. La rehabilitación de esta vía, con las modificaciones necesarias, sería uno de los puntos importantes a tratar para poder reconducir el flujo de visitantes hacia el pueblo.
La propia mina, la Mulata, ha sido objetivo de estudio de cara a su explotación turística, estudio que ya está en manos del ayuntamiento. Esta mina, origen del otro gran ramal minero del ferrocarril junto al de la mina Santa Catalina, parte desde el punto conocido como Cueva Oscura, antiguo punto de partida del ramal. Un plano inclinado se encargaba de hacer descender los vagones cargados del ferrocarril hacia un punto ubicado a un nivel inferior en el barranco de Bédar, en el punto conocido como la Palmera, desde donde la pequeña locomotora 020T «Mulata» podía conducirlos hacia la gran Tolva en embudo de Tres Amigos.

Tramo conservado del ramal de la mina Mulata.

Sólidos estribos del puente de la Palmera.

Vista de Bédar y la mina Mulata desde la Palmera. Frente a la fotografía, el desnivel que salvaba el plano inclinado.
Como no podía ser de otra forma, la historia minera de Bédar ha dejado muchas historias, hombres valientes que se enfrentaban a los numerosos peligros del trabajo en la mina con tal de llevar un jornal a sus hogares.
El puesto de mecánico del cable no era de los más sencillos. Para empezar no podían permitirse tener fobia a las alturas, los desperfectos y averías en las columnas y en el cable exigía subir a las columnas y, en ocasiones, desplazarse por el cable. Esto desde luego suponía un riesgo importante, sobre todo cuando no había los sistemas de seguridad que hoy en día existen para hacer este tipo de trabajos con seguridad.

Antes lo más habitual era desplazarse utilizando las mismas vagonetas, así lo atestigua unaccidente acaecido en 1891. El guarda del antiguo cable Bédar-Garrucha de la Compañía de Águilas se encontraba recorriendo la línea de 17 kilómetros montado en una de las vagonetas, su trabajo consistía en ir engrasando la línea. Cuando se encontraba ya cerca de la estación de Garrucha, una de las anillas que sujetaban su vagoneta al cable se abrió y cayó desde una altura de unos 10 metros, muriendo al instante.
El cable que construyó Hierros de Garrucha para llevar el mineral desde las minas de Serena hasta Los Gallardos (algo menos de 4 kilómetros) empezó a funcionar en 1956 y su mantenimiento estaba encargado a la empresa «García de Legarda, Hijo». El mecánico, Juan Girona, era sin duda un hombre excepcional. No sentía ningún respeto por las alturas y sus reparaciones del cable, a veces a muchos metros de altura, eran espectáculos dignos del mejor espectáculo de equilibristas.

Juan Girona Gallardo
A veces ocurría que el cable, a su vez compuesto de diferentes cables más pequeños, sufría desperfectos y se deshilachaba. Estos cables rotos podían hacer descarrilar las vagonetas. Alguien debía entonces acercarse para cortar estos filamentos con unas tenazas, y ese era Juan Girona.
Sin embargo Juan no utilizaba una vagoneta para realizar estas tareas, era demasiado arriesgado acercarse utilizando el motor del propio cable. Juan tiró de ingenio e inventó él mismo lo que necesitaba. Con el marco de una vieja bicicleta de acero y los pendientes de dos vagonetas (el sistema de enganche con rodaduras que permitía a la vagoneta desplazarse por el cable) dio instrucciones al taller para que le construyeran lo que vendría a ser una original bicicleta para cable aéreo. Conectando la cadena de la bicicleta a una de las rodaduras, podía desplazarse por el cable sin necesitar de ninguna ayuda externa.

Juan Girona trabajando en Alicante después del cierre de las minas.
Quien lo vio en acción en el barranco Baeza, donde a más altura discurría el cable aéreo, no olvidan el «espectáculo» que suponía ver a ese hombre moviéndose por el cable con su extraño artefacto, un espectáculo de vértigo.
Cuando hablamos de algún aspecto relacionado con estación de descarga del ferrocarril Bédar-Garrucha, tenemos que recurrir de forma obligatoria a la que sigue siendo una de las obras de referencia para estos temas. No es ni más ni menos que «Trenes, Cables y Minas de Almería», de José Antonio Gómez. En ella describe los elementos principales, la rampa de carga con capacidad para 17.000 toneladas, el depósito de las locomotoras, los talleres y un recinto especialmente dedicado a las actividades vitícolas de Chávarri.

De la misma manera, el dibujo de José Vicente Coves que se publica en dicho libro sigue siendo la principal referencia visual para conocer como estaban dispuestas las instalaciones de estra estación. Sin embargo, nosotros no seríamos quienes somos si no colaboráramos con nuestra aportación a su estudio, avanzando así en su conocimiento… aunque sea «a hombros de gigantes». Para ello nos ha sido de enorme ayuda un inventario de 1916 que hemos podido localizar, con una completa relación de todo lo que contenía esta estación en el momento de la fusión en la Sociedad minera Unión Bedareña.

Una de las escasas fotografías conocidas de la estación de ferrocarril de Garrucha cuando estaba en funcionamiento. Se observa el puente-depósito y varios vagones estacionados no muy lejos. Llama mucho la atención las estructuras tipo puente que se observan al fondo de la misma, estructuras que solo pueden corresponderse con parte de la instalación de la isla-embarcadero que inicialmente se proyectó.
La idea original de este puerto de embarque de mineral era mucho más ambiciosa de lo que resultó finalmente. Chávarri pretendía construir un embarcadero a 400 metros de la costa, en el sitio denominado Moro Manco, al que llegaría el mineral por medio de un cable aéreo, cargándose el mineral directamente en los barcos gracias a un castillete. El proyecto fue aprobado por el ministerio de Hacienda en mayo de 1895.
El problema es que esta estructura, a tan solo 500 metros del fondeadero de Garrucha, iba a dificultar mucho la navegación, obligando a las embarcaciones a realizar complicadas maniobras. Como podía verse afectado tanto el comercio como la pesca, un grupo de armadores, patrones y marineros de Garrucha protestaron ante el Capitán General del Departamento de Cartagena, alegando que dichas instalaciones afectaban el servicio público.

Frontal del soporte del puente-depósito, plataforma inclinada sobre la que se disponía una plataforma metálica y que era usada como depósito, con una capacidad para 17.000 toneladas de mineral. La fotografía está tomada en 2002 y todavía se aprecian los edificios al fondo.
El material para el embarcadero llegó a Garrucha, pero no pudo ser completamente instalado. Una de las pocas fotografías de época que se conocen muestra una estructuras metálicas que indican que llegó a iniciarse la instalación, aunque finalmente no se pudo acabar, aunque parece que fue solamente debido a la poca profundidad de las aguas y no a las protestas. Se recurrió finalmente al conocido puente-depósito, desde el cual se cargaban los vapores por medio de barcazas. El material para el cable y la isla-embarcadero quedó depositada en Garrucha al menos hasta 1916, incluyendo una máquina de vapor sistema Fritz Bozs nueva de trinca, dos compresoras de aire (uno de los cuales fue desplazado a las minas de Bédar) y todo el equipo necesario para los buzos que deberían haber participado en la instalación.


Dos fotografías, también de 2002, que muestran los restos de los edificios de esta estación de descarga.
Los edificios construidos en la Marina de la Torre incluían un taller de reparaciones y fundición; un almacén; una casa de planta baja y principal para vivienda del Jefe de taller y maquinaria; una casa de planta baja y principal para empleados y una cochera. Una línea de teléfono conectaba esta estación con la de Tres Amigos en Bédar, y dos tanques aseguraban el suministro de agua para las locomotoras.
Para el pesado del mineral y el transporte hacia los muelles de carga se disponía de dos básculas para pesos de hasta 8000 kilogramos y 12 mesillas para el transporte del mineral.
Las instalaciones contaban con un taller de carpintería y otro de fundición, con diversos hornos y crisoles para la fabricación de las piezas necesarias para el mantenimiento de la vía y el material rodante. También se disponía de todo el material necesario para los trabajos de ajuste, forja y calderería, imprescindibles para el correcto mantenimiento de las locomotoras, vagones y vías, incluyendo dos fraguas portátiles. Como curiosidad, para levantar las locomotoras y realizar reparaciones en ellas se utilizaban una serie de vigas de pino canadiense de diferentes tamaños.
Otros de los útiles de los que se disponían eran los repuestos de ruedas, una bomba de desagüe de 25.000 litros por hora y una larga lista de máquinas, herramientas y útiles.
Para el funcionamiento del taller se disponía de una máquina motora fija que precisaba de la nada despreciable cantidad de 131 metros de correas para hacer funcionar todas las máquinas del taller.
Los talleres de la estación de Marina de la Torre en el año 2000.
Y hasta aquí este pequeño resumen de esta conocida (y a la vez muy desconocida) instalación emblemática de Garrucha. Es una pena que se hayan derribado todos estos viejos edificios de la estación, de la que tan solo queda la base del puente-depósito. Podemos ver los edificios perdidos en un reportaje de Barry Emmott en 2000 (http://www.majorcarailways.com/garrucha.htm).

En 1922 la Unión Bedareña compró un tractor diésel de vía métrica fabricado por la casa Deutz y dotado de un motor de tipo C XIV F de 10 caballos de potencia. Este tractor de maniobras se utilizó para los movimientos de los 50 vagones y el coche de tracción de 10 asientos de los que disponía la Compañía. Posteriormente fue utilizada también en las obras del puerto de Garrucha, junto con otras de las locomotoras que se usaron en la línea de ferrocarril Bédar-Garrucha. Debido al ruido característico de su motor, este tractor se conoció popularmente como la CHIMPÚN. En la imagen, el tractor Deutz C XIV F de la Unión Bedareña cruzándose con una de las 030T Saint Léonard de la línea principal mientras arrastra dos vagones de mineral.